viernes, 2 de octubre de 2020

La TRANSFORMACIÓN - de Kveta Legátová

Serie InCitaciones
 













Reproduzco completa esta InCitación de Mercedes Monmany, autora de un libro sobre las literaturas europeas, que expande nuestro conocimiento sobre  autores/ras y obras que sin su ayuda experta correrían el riesgo de pasarnos desapercibidos. 



KVETA LEGÁTOVÁ: MILAGRO EN TIEMPOS DE GUERRA 

El 15 de marzo de 1939, la Wehrmacht invadiría Checoslovaquia, transformándola en el protectorado de Bohemia-Moravia, por un lado, y en un Estado eslovaco independiente, satélite de la Alemania nazi, por otro. La valerosa Resistencia checa sería duramente reprimida y los judíos de esa nacionalidad, exterminados. Éste es el trasfondo histórico, el telón argumental que recubre la historia basada en hechos reales de la escritora checa Kveta Legátová La transformación. Un emocionante y conmovedor relato salpicado sin cesar de imágenes y cortocircuitos poéticos de gran belleza; de flujos interiores en los que oscilan y se suceden en cada momento una intensa y aguda mezcla de pánico, desesperación, capacidad de compasión y deslumbramiento ante las cosas y seres más sencillos de la vida, hasta entonces, el momento de una guerra que da un vuelco a mucho de lo conocido y concebido como único, ignorados. 

Nacida en 1919, en Brno, el mismo lugar de origen del que es probablemente el más grande escritor en lengua checa del siglo XX, Bohumil Hrabal, Legátová no conocería la fama hasta comienzos del siglo XXI, de forma tardía, cuando ya había cumplido los 80 años. Con los estudios interrumpidos a causa de la invasión de su país, más tarde, una vez finalizada la contienda, trabajaría en diversas escuelas de aldeas y pueblos de Moravia. 

Considerada «problemática» por el régimen comunista, a menudo era trasladada de una escuela a otra. De esta región, llamada Kopanice, surgiría la inspiración de sus historias de tema rural, elaboradas con un delicado e intenso lirismo, y recopiladas en el volumen Gente de Zelary. Unas historias que obtendrían el premio Nacional de Literatura Checa del 2002. Su relato Jozova Hanule (traducido al español como La transformación) sería llevado al cine con el título de Zelary, en una película dirigida por Ondrej Tojan, seleccionada en el 2004 como candidata a Mejor Película Extranjera en los Oscar. 
Fotograma de la película "Zelary"


















La bellísima y singular historia de amor de Legátová comienza en un hospital de la ciudad de Brno, en el protectorado de Bohemia-Moravia, en 1942-1943. Ahí trabajan como médicos, a la vez que colaboran con la Resistencia, varios jóvenes. Entre ellos está la protagonista que narra los sucesos, Eliska. Perseguida por la Gestapo al ser la responsable de la huida de un grupo de disidentes que ha curado, sólo se le ofrece una escapatoria posible: refugiarse, cambiándose de nombre y de identidad, en alguna remota aldea de las montañas. Acaba de curar de una muerte casi segura a un joven campesino que le cuenta sin cesar historias de su pueblo y de su gente. A la vez, sin ser un secreto para nadie, la idolatra como a un ser superior, inalcanzable, como a un ángel. Eliska no lo ama pero entre ella y sus compañeros, rápidamente, deciden que la única salida es que se vaya con Joza, el «palurdo», como lo llaman, y que al llegar a su minúsculo pueblo de la frontera eslovaca, contraigan matrimonio. Allí precisamente, en un mundo de una belleza pura, desconcertante, embriagadora, cercana a lo inconcebible, al resguardo de viejos prejuicios, de la inconmovible sangre fría que los dominaba a todos hasta deshumanizarlos, ignorando los precisos cálculos materiales, los temores que sacudían sin descanso sus vidas en continua amenaza, poco a poco, comenzará su «transformación». 
Es decir, la transformación de la racional «Belleza de Hielo» Eliska en la rústica y confiada Hanule. Su peculiar «milagro». La revelación inesperada de algo que va más allá del amor o de nada hasta entonces conocido. Algo experimentado ahora junto a su tosco, simple, pero muy delicado marido Joza: «En lo atemporal de nuestro encuentro me di cuenta de la singularidad de nuestra relación (…) Me di cuenta de que en estas montañas, en esta mágica región, había vivido mi milagro personal». Un sentimiento privado e inexpresable ante los demás, o ante su antiguo, inteligente y elegante amante que regresará cuando acabe la guerra. Un sentimiento al que «no puede dársele nombre», pero que ya nunca la abandonará, dando pie a «una soldadura indestructible» y eterna. Aunque Hanule, en su «nueva realidad aparte del mundo de los sentidos, más allá de la conciencia», sobre todo, descubrirá sin cesar nuevas y desconocidas formas de sabiduría, antes, siempre, arrogantemente despreciadas: «Para todo hace falta talento. Incluso para la felicidad».

Mercedes Monmany

domingo, 20 de septiembre de 2020

PRIMER AMOR - de Iván Turguénev



Hay libros sin más acción que la ir de una casa a otra o dar un paseo por el jardín y que, sin embargo, pueden albergar en su interior violentas batallas e impetuosos tornados. Los suelo colocar bajo el epígrafe "las zozobras del alma". Aunque claro está, sólo caben allí obras escritas con profundidad y sutileza como es este caso. 

En esta novela corta de Turguénev la historia es liviana, pero la intensidad lírica y dramática que logra imprimir el autor pone en pie un texto de una viveza atemporal, en la que cualquiera de nosotros podemos percibir trazos de nuestra primera juventud. 
"Me perdía en mis pensamientos y buscaba lugares apartados. Sentía predilección por las ruinas de invernadero. Me subía al alto muro, me sentaba y permanecía sentado tan desconsolado, tan solo y tan triste en mi juventud, que me compadecía de mí mismo. ¡Cuánto me complacían estos sentimientos tristes! ¡Cuánto me deleitaba en ellos!".
16 años tiene el protagonista, Vladimir Petrovich. Está pendiente del examen para acceder a la Universidad y en ese verano vacío pero lleno de expectativas se siente mecido por el violento vaivén que produce el ímpetu juvenil y la melancolía: 
"Siempre recordaré las primeras semanas que pasé en la villa. Hacía un tiempo soberbio. Nos habíamos instalado en ella el 9 de mayo, día de San Nicolás. Yo solía ir a pasear por nuestro parque, el Neskuchny, o por el otro lado de la Puerta de Kalugsky; me llevaba cualquier libro de texto -el de Kaidanov, por ejemplo-, pero raras veces lo abría, y me pasaba la mayor parte del tiempo declamando versos, de los cuales sabía muchísimos de memoria. La sangre me hervía, y mi corazón se hallaba henchido de anhelos, dulces y absurdos: lo esperaba todo, lo quería todo y todo me sorprendía, y estaba preparado para cualquier cosa; mi imaginación volaba alrededor y se posaba fugazmente sobre los mismos temas una y otra vez, como los vencejos rodeando un campanario al amanecer. Me perdía en mis pensamientos, me entristecía e incluso me entregaba al llanto. Pero a través de todo aquello, brotaba, como la hierba en primavera, una vida joven e hirviente."
At the window - de Konstantin Korovin


Pronto conocerá a su nueva vecina, la hermosa Zinaida Aleksándrovna, hija de una princesa venida a menos, que es cortejada por varios pretendientes de distinto pelaje. Vladimir sufrirá los embates del amor, el miedo, la osadía, el desconcierto y finalmente el desengaño, como un duro e inexorable aprendizaje del camino a la edad adulta. 
"Por aquellos días comenzó mi pasión. Recuerdo que sentí lo mismo que debe de sentir un hombre cuando ocupa por primera vez un cargo: dejaba de ser un chiquillo, me había enamorado. He dicho que mi pasión comenzó en aquellos días; hubiera podido añadir que a la vez comenzaron mis tribulaciones."
A pesar de que nos encontramos en pleno siglo XIX, con sus reglas morales y sociales ya caducas y un cortejo del todo trasnochado para el lector actual, no creo que nadie deje de sucumbir a la viveza y autenticidad de lo narrado. Nos conmoverá la ternura e inocencia de esa mirada juvenil que descubre el amor. Viviremos de primera mano el alboroto de su corazón. La indecisión, las dudas o la osadía por las que transita. Del mismo modo compartiremos el dolor genuino que le provocará la decepción y el engaño cuando Vladímir descubra que Zinaida está saliendo en secreto con alguien muy cercano a él.

La novela está narrada bajo el esquema de una historia dentro de otra historia, puesto que el asunto comienza con una reunión de amigos que tras la cena se han prometido contar la historia de su primer amor. Turguénev logra así colocarnos en la perspectiva de un adulto rememorando sus recuerdos de juventud, ya que él mismo contaba con 42 años cuando escribió la obra. Una vez metidos en ella me admira el modo en que el autor se convierte en un joven de 16 años, con toda su pasión e inocencia. También percibo que la creación de personajes es su cimiento fundamental. El padre frío y distante, la madre siempre irritable, la princesa venida a menos un tanto zafia y vulgar, los pretendientes de diversa procedencia (el húsar, el médico, el conde y el poeta) y la joven coqueta y apasionada: "De todos mis tipos femeninos el que más me satisface es Zinaida. Pude mostrar en él una persona realmente viva, coqueta por naturaleza, pero un coqueta atractiva", dejó escrito Turguénev.

Por su parte al protagonista no le cabe otra que la candidez. Subyugado por la idealización que ha hecho de Zinaida y por su inocencia en los asuntos mundanos, no se percata de lo que está ocurriendo de verdad, más allá de lo evidente. La relación entre Zinaida y su padre. Esto le permite al autor insinuar los hechos más que narrarlos, dejar que el lector vaya componiendo una realidad más compleja de la puramente narrada. La relación se sugiere en los juegos y adivinanzas que organiza la joven, en cierto diálogos que mantiene con sus invitados, en ciertos avatares del argumento. También en los gestos cómplices y cariñosos que ella tiene con el hijo del hombre al que ama.

Hacia el final de la novela, Turguénev deja correr el tiempo, cuatro años, para ver el poso que dejó aquel verano. Vladimir ha terminado la Universidad, su padre ha fallecido de un súbito ataque; pero inopinadamente, un día tiene la oportunidad de volver a ver a Zinaida, ahora casada. 

El final es amargo y nos ofrece un enorme contraste con aquel verano tan luminoso  y feraz. Es entonces cuando el joven puede reflexionar ya sobre el esplendor de la juventud perdida, sobre la lozanía de ese primer amor que permanecerá inmarcesible ("...la querré y la adoraré hasta el fin de mis días") y la presencia de la muerte hasta entonces omitida.






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Iván Turguénev (1819-1883), es uno de los grandes autores rusos del siglo XIX.
Publicó "Primer amor" en 1860.
Es reconocido sobre todo por la recopilación de relatos Memorias de un cazador (1852) y su novela Padres e hijos (1862), en la que muestra sin medias tintas el sistema aún feudal que persistía a lo largo de toda Rusia.
Fue contemporáneo de Flaubert, con quien mantuvo una buena amistad, y de figuras como Gógol, Dostoyevski y Tolstoi.

jueves, 17 de septiembre de 2020

TENET - de Christopher Nolan



Qué lastima.
No podré poner esta TENET junto a obras tan soberbias como El Caballero Oscuro u Origen. Se quedará en un segundo escalón, junto a Interstellar. Dos películas imposibles por las enormidades que abarcan....pero que el guionista y director ha logrado llevar a puerto, tanto en el guión como en la realización.
Eso es lo que hay que agradecerle.
Porque ver ambas en el cine resulta de lo más gratificante.

Nolan vuelve a demostrar que posee una ambición sin límites a la hora de rodar tramas atravesadas por conceptos espacio-temporales y una capacidad asombrosa para desarrollarlas coherentemente en pantalla. 
Porque lo consigue. 
Hay acción y hay virtuosismo en las imágenes que nos regala. 
No quiero ni imaginarme el esfuerzo de imaginación y conceptualización para desarrollar tanto Interstellar como TeneT.
Enorme. 
Y arriesgado: por lo peliagudo de introducir conceptos cuánticos espaciotemporales y, encima, ofrecer espectáculo.


Pero claro, otra cosa es emocionar.
Uno de los problemas que arrastra la película es que su desarrollo es tan complejo que, el montaje del mecanismo tritura todo lo demás. Apenas hay factor humano. Sólo al final, cuando la mujer del villano (Elizabeth Debicki), en una de las revueltas del tiempo, descubre quién es esa mujer que se tira desde el barco. O también cuando Neil (Robert Pattinson), el colega del protagonista, entrega su parte del botín (código) y se despide para volver al jaleo. Sólo en esos dos momentos siento el pellizco de la emoción. El resto es un ingenio de física teórica cuyas ecuaciones y derivadas se arrastran por la pizarra, obligándote a un ejercicio meramente intelectual.


TENET cuenta la captación de un agente sin nombre (John David Washington) para afrontar una misión de espionaje titánica: evitar la destrucción del mundo que pretende llevar a cabo una enigmática organización del futuro, usando la inversión temporal. La llave de esta operación es el típico malvado megalomaníaco, interpretado por Kenneth Brannagh, quien está recibiendo del futuro un algoritmo que invertirá la totalidad del flujo del tiempo, provocando una catástrofe.

El hecho de que todos acaben conociendo el mecanismo de ir y venir en el tiempo, convierte a la película en un ejercicio de suspense y acción verdaderamente frenético. Las escenas de persecución entre coches que están en distinta línea temporal son superlativas. Los "set-pièces" de acción (asalto a la opera y al almacén del aeropuerto, persecución de coches, combates a gran escala del final) se suceden sin cesar con una puesta en escena grandiosa y de enorme precisión técnica. Las escenas ya vistas que volvemos a visitar desde otro momento temporal resultan especialmente fascinantes. 

Para mí lo peor de todo es el tufo a James Bond que tiene la aventura. Esa simplificación del asunto con un supermalvado que quiere estrujar el mundo entre sus manos, frente a un héroe indestructible y elegante (aunque Nolan ironiza mucho y bien con los trajes de su protagonista), me parece un tanto simplona. 
En cambio valoro mucho el gusto de Nolan por el rodaje físico, sin CGI. El director considera que el espectador sabe y siente cuando las cosas están ocurriendo de verdad delante de la cámara. Y esto, en la sala, se agradece. Aquí puedes encontrar las localizaciones reales.



Nolan ya ha demostrado en películas precedentes que es un tipo cerebral cuya tramas dibujan laberintos repletos de símbolos encriptados. Memento y Origen ya eran laberintos hechos de recuerdos y tiempo, mientras que los planes del Joker en El Caballero Oscuro eran endiabladamente metódicos y milimétricos. Nolan funda sus películas sobre detalles fascinantes que parecen conducir al caos, pero que finalmente se delatan geométricos. Así es TENET, una película que, como su título, transcurre y se lee tanto hacia adelante como hacia atrás, en una trama que avanza y retrocede constantemente a través del tiempo.

El palíndromo TENET es el centro del famoso y enigmático Cuadrado Sator. Una inscripción latina que fue encontrada por primera vez en Pompeya, en 1925, y que posteriormente ha aparecido también en un templo de Siria, en una pared de la catedral de Siena y en Santigago de Compostela. El cuadrado está formado por 5 palabras: SATOR - AREPO - TENET - OPERA - ROTAS; las cuales componen un palíndromo múltiple ya que se pueden leer tanto de arriba abajo como a la inversa y de izquierda a derecha o viceversa; siendo TENET el palíndromo que ocupa la cruz central, pudiéndose leer desde los cuatro puntos cardinales. 





















Por supuesto todas estas palabras aparecen a lo largo de la cinta. Andrei Sator es el supermalvado traficante de armas ruso que tiene en su poder la tecnología del futuro para llevar a cabo la inversión. Rotas es su empresa. Arepo es el falsificador de un cuadro de Goya que el protagonista utiliza para acercarse a Sator a través de su mujer, una experta en arte. Ópera queda ilustrada en la impresionante secuencia de apertura y TENET es la palabra que le da su nuevo jefe al protagonista que "te servirá para abrir y cerrar puertas"; tradicionales símbolos esotéricos de acceso a distintas dimensiones.

La película aborda el concepto de la inversión de la entropía y Nolan lo transforma en algo espectacularmente cinematográfico: coches abollados que rebotan y dan vueltas sobre el asfalto hasta quedar tersos y brillantes sobre sus ruedas; o balas que no salen de la pistola, sino que regresan a ella. Recordemos que la entropía puede definirse como la medida del desorden de un sistema. Cuanto más desordenadas están las partículas, mayor es su entropía: Un sistema termodinámico en equilibrio como un bol de cubitos de hielo tiene una alta probabilidad de desordenarse entrópicamente y convertirse en agua. El matemático James R. Newman lo definió como "la tendencia general del universo hacia la muerte y el desorden".

La entropía hace referencia a la transferencia de energía que se efectúa cuando algo se deteriora. Es decir, cómo generamos energía con el simple paso del tiempo, que usualmente percibimos como una degeneración, pero que en términos físicos es una mera transferencia de energía. TeneT no es científicamente precisa, pero sí coherente con su hipótesis de partida, invertir el flujo de la entropía. Esta coherencia la aporta de nuevo, como en Interstellar, la colaboración del físico teórico y Premio Nobel, Kip Thorne.

Otra de las teorías que se cita la refiere Neil en su presentación en el aeropuerto de Oslo, la teoría de los electrones de Richard Feynman. Esta teoría respalda las declaraciones de Nolan cuando defiende que "TeneT no es una película de viajes en el tiempo". En una entrevista quiso explicarlo: "Sí trata del tiempo y las diferentes formas en que puede funcionar; pero sin que parezca una lección de física, la inversión es la idea de que la materia ha invertido su entropía, por lo que está retrocediendo en el tiempo, en relación a nosotros." O sea, el agua está invirtiendo el proceso para volver a ser cubitos, o el huevo estrellado se está recomponiendo.

Los estudios sobre la antimateria nos explican que un electrón es una partícula que tiene una carga negativa, y su existencia implica que exista su hermano gemelo de antimateria, el positrón, con características idénticas pero con carga positiva. Los electrones y los positrones son imágenes especulares entre sí y Feynman teorizó “que lo que percibimos como positrones son en realidad solo electrones que han alcanzado un punto en el tiempo en el que giraron y ahora están regresando en sentido contrario con su carga invertida”. Está comprobado que la antimateria es algo real. Todas las partículas elementales tienen una contraparte con la misma masa pero carga opuesta. Cuando una partícula choca contra su antipartícula, ambas se destruyen, produciendo otras partículas, por ejemplo fotones o rayos gamma. 

Pero más allá de jugar con la paradoja temporal del abuelo (que no puede ser asesinado por un nieto antes de poder concebir a su padre), la película mezcla con enorme brillantez el cine de acción, espías y ciencia ficción con una "buddie movie", para hablarnos de la percepción del tiempo y de la amenaza del caos y la entropía, algo que el hombre sufre y practica con trágica inconsciencia.  





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Bonus Track.- -Las teorías científicas detrás de Tenet

jueves, 13 de agosto de 2020

El ENTENADO - de Juan José Saer




Novela elocuente y reveladora.
Su lectura diáfana nos traslada la crónica de Indias de una expedición española al Río de la Plata, a principios del siglo XVI. El narrador es un grumete que es capturado por los indios colastinés, mientras el resto de la partida de soldados primero es asesinada y posteriormente descuartizada, asada y comida en un festejo que deviene en un frenesí orgiástico. Inopinadamente el joven es respetado, pudiendo vivir libremente entre los indios que le proporcionan habitáculo y comida, pero ninguna instrucción.


Toda la primera parte de la novela está ocupada por ese relato casi antropológico de su vida en la tribu. Durante 10 años intentará comprender el idioma y las costumbres, tradiciones y rituales que le parecen ininteligibles; hasta que un día, inadvertidamente, los indios le colocan en una barca llena de víveres y lo liberan río abajo.






























Sólo años más tarde, después de varias aventuras por Europa y con el grumete convertido en un anciano que escribe su historia, comprenderá hasta qué punto aquella experiencia le provocó una nueva forma de percibir y habitar la realidad: “después de sesenta años esos indios ocupan, invencibles, mi memoria”.

Por ahí vienen las aguas subterráneas de esta novela y sus páginas más formidables. En el último tercio del libro la antropología inicial se convierte en una metafísica profunda. Como en Borges, el relato que ha comenzado desde el exterior de una peripecia de pronto se abisma más allá de la realidad, trascendiendo su simple apariencia. Analizando de nuevo el lenguaje de los indios y rememorando sus costumbres y su concepción del mundo, el "hijastro" (entenado) de aquellos indígenas se percata de que, en su cosmovisión, "ellos y el mundo eran una y la misma cosa". De hecho se consideraban a sí mismos como los únicos "hombres verdaderos"; estimando que todo lo demás, lo exterior a ellos mismos o a su aldea, es una niebla informe y carente de una consistencia real.





































Ya desde el principio el narrador nos había ofrecido indicios de que el viaje lo estaba conduciendo hacia el origen del mundo y de la realidad. 
"El olor de esos ríos es sin par sobre esta tierra. Es un olor a origen, a formación húmeda y trabajosa, a crecimiento. Salir del mar monótono y penetrar en ellos fue como bajar del limbo a la tierra. Casi nos parecía ver la vida rehaciéndose del musgo en putrefacción, el barro vegetal acunar millones de criaturas sin forma, minúsculas y ciegas." pág. 24
Incluso recordando aquella primera noche entre los indios, en la soledad desmesurada de su camastro, el anciano observa que "esa criatura que llora en un mundo desconocido asiste, sin saberlo, a su propio nacimiento. No se sabe nunca cuando se nace: el parto es una simple convención."pág 38 

El argumento va mucho más allá de contrastar lo civilizado y lo primitivo. El padre Quesada, que lo acogió y educó a su regreso a España, opinaba que los indios
"eran hijos de Adán, putativos sin duda, pero hijos de Adán, lo cual significaba para él que eran hombres. Yo, silencioso, pensé esa noche, me acuerdo bien ahora, que para mí no había más hombres sobre esta tierra que esos indios y que, desde el día en que me habían mandado de vuelta yo no había encontrado, aparte del padre Quesada, otra cosa que seres extraños y problemáticos a los cuales únicamente por costumbre o convención la palabra hombres podía aplicárseles. pág 120

El verdadero centro gravitacional del relato está en la exposición de la metafísica que rige el mundo de los indígenas: ¿que es la realidad? ¿somos reales o meras apariencias? ¿hay un ser que permanece inmutable? ¿Cuando abandono el río, éste sigue existiendo? Casi nada.

Efectivamente aquel decenio entre los indios se convierte en algo más que una simple aventura, para volverse una experiencia existencial. Poco a poco, con el paso de los años y contrastando su experiencia entre los indios con la vivida posteriormente en las ciudades y puertos de Europa, el narrador discierne el cambio que se ha producido en su percepción. Para los indígenas lo real está permanentemente amenazado por la informe nada y ellos son el único soporte de la realidad. Para ellos el universo es muy frágil, cada cosa amenaza con disolverse y debe ser forzada a permanecer a diario, a través del incesante sistema de rituales que exige la incertidumbre.

 


De ahí que sean tan organizados y no dejen que nada ni nadie se extravíe. De ahí que no se alejen nunca del único mundo real, su pequeña aldea. De ahí que en su idioma no exista palabra alguna equivalente a "ser" o "estar", y que la única más cercana signifique "parecer".

De ahí que una vez al año se vean arrastrados, contra su voluntad, por una fuerza oscura e inmemorial, a una orgía de antropofagia, sexo y alcohol. Un ritual que no tiene nada que ver con un salvajismo atávico, puesto que viven esas bajezas con poca satisfacción y mucha culpa; sino con el intento de estos "hombres verdaderos" por distinguirse de esa masa viscosa y sin sentido que es el mundo; un intento de eludir el acecho de la nada primigenia, la amenaza constante de no ser. Frente a esa exterioridad que se hunde en la nada, devorar a los otros, a lo exterior, supondrá afianzar su existencia: "de esa carne que devoraban, de esos huesos que roían y que chupaban con obstinación penosa iban sacando por un tiempo, hasta que se les gastara otra vez, su propio ser, endeble y pasajero".

Por su parte el entenado también se encuentra explorando su experiencia y su identidad, definitivamente anclada entre dos mundos.

"Mientras me alejaba río abajo, sin destino conocido, sentía algo que recién esta noche, sesenta años más tarde, cuando ya no se desplega, frente a mí, casi ningún porvenir, me atrevo, sin estar sin embargo demasiado seguro, a formular: que no venía nadie, remando río abajo, en la canoa, que nadie existía ni había existido nunca, fuera de alguien que, durante diez años, había deambulado, incierto y confuso, en ese espacio de evidencia. Así hasta que un recodo del río borró, abrupto, la visión, y salí de ese sueño para siempre." pág. 103

Para los indígenas "lo exterior era su principal problema. No lograban, como hubiesen querido, verse desde afuera", porque en el exterior reina y amenaza la nada. 


De ahí que en cada expedición para hacer acopio de prisioneros que sacrificar en el ritual, siempre traían a uno vivo. Cada festín contaba con su entenado, que durante unas cuantas semanas era adoptado y alimentado hasta liberarlo unas semanas después, acompañado de todo tipo de vituallas y agasajos: 
"querían que de su pasaje por ese espejismo material quedase un testigo y un sobreviviente que fuese, ante el mundo, su narrador”. 

Al grumete le costó muchos años descubrir que él era el Otro, el ojo exterior que los indígenas requerían. Por eso no lo instruyeron, por eso preservaron su diferencia. El entenado se convertirá en el testimonio de su prodigiosa existencia.
























P.D. ⏩______________________________________________

No puedo acabar sin referirme al estilo de Saer, elegante y rítmico, caracterizado por unas largas oraciones que se subordinan y solapan en busca de precisión. Cualquier párrafo de los seleccionados más arriba puede servir de ejemplo, también estos:

“Era una lengua imprevisible, contradictoria, sin forma aparente. Cuando creía haber entendido el significado de una palabra, un poco más tarde me daba cuenta de que esa misma palabra significaba también lo contrario, y después de haber sabido esos dos significados, otros nuevos se me hacían evidentes, sin que yo comprendiese muy bien por qué razón el mismo vocablo designaba al mismo tiempo cosas tan dispares. Engui, por ejemplo, significaba los hombres, la gente, nosotros, yo, comer, aquí, mirar, adentro, uno, despertar, y muchas cosas más. (...)
En ese idioma, no hay ninguna palabra que equivalga a ser o estar. La más cercana significa parecer. Como tampoco tienen artículos, si quien decir que hay un árbol, o que un árbol es un árbol dicen parece árbol. Pero parece tiene menos el sentido de similitud que el de desconfianza. Es más un vocablo negativo que positivo. Implica más objeción que comparación. No es que emita a una imagen yua conocida sino que tiende, más bien, a desgastar la percepción y a restarle contundencia. La misma palabra que designa la apariencia, designa lo exterior, la mentira, los eclipses, el enemigo. El horizonte circular, que me había parecido al principio indiscutible y compacto, era en realidad, tal como lo designaba el idioma de esos indios, un almacén de supercherías y una máquina de engaños. En ese idioma, liso y rugoso se nombran de la misma manera. también una misma palabra, con variantes de pronunciación, nombra lo presente y lo ausente. Para los indios, todo parece y nada es." pág. 142

La novela fue publicada en 1983 y se basa en un par de hechos históricos. Por un lado Francisco del Puerto fue un joven grumete español embarcado en la expedición de Juan Díaz de Solís. El grumete fue hecho prisionero por una tribu de aborígenes durante diez años, después de los cuales le permitieron regresar a su tierra, siendo rescatado por Sebastián Caboto.
Por otro lado de los Colastiné apenas se sabe que habitaron en las inmediaciones del río Paraná y cuyos miembros eran originarios de lo que hoy es la región de Santiago del Estero.

Con esos pocos datos Saer teje una fascinante novela siguiendo su propia admonición: “Lo desconocido es una abstracción; lo conocido, un desierto; pero lo conocido a medias, lo vislumbrado, es el lugar perfecto para hacer ondular deseo y alucinación”.

lunes, 10 de agosto de 2020

LOS HOMBRES que MIRABAN FIJAMENTE a las CABRAS - de Grant Heslov

EEUU,2009


Veo por tercera o cuarta vez esta película y me provoca dos reflexiones.
Una. La comedia es una cosa muy seria. 
Aunque eso ya lo sabían Lubitch, Wilder, Berlanga o Woody Allen.  
No se trata de hacer payasadas. Aunque el humor físico y la parodia sean muy agradecidos, la mejor comedia es existencial y encuentra su punto exacto entre el absurdo y la verosimilitud. Esta película lo consigue en varios momentos de la primera parte. 

Otra. Si quieres contar una historia contemporánea de guerras preventivas y decisiones políticas desastrosas (para el mundo, no para ellos) como las tomadas por tipos tan psicóticos como Dick Cheney o tan estúpidos y peligrosos como George W. Bush o Trump ¿Qué hacer?. Quizás solo quede reproducir la estupidez con toda seriedad.

Así se lo plantea Lynn Cassady (George Clooney) al estupefacto periodista Bob Wilton (Ewan McGregor) cuando le descubre el pastel: EEUU ha creado el Ejército de la Nueva Tierra compuesto por un grupo de guerreros Jedi que practican nuevas tácticas de combate: guerra psicológica, paralizar al enemigo con la mente, atravesar paredes, practicar la invisibilidad e incluso matar cabras sólo con la mirada. Por supuesto Bob Wilton se queda con la boca abierta. Como nosotros los espectadores.

Pero ajustemos el foco. 
La película comienza con una afirmación: “Mucho más de lo que usted creería es cierto”, y así es. Jon Ronson escribió un best seller acerca de los experimentos paranormales llevados a cabo por el ejército estadounidense en los años 70. Tras la derrota de Vietnam, el ejército exploró todo tipo de posibilidades para impedir nuevos fracasos militares y el control mental fue una de ellas. Quizás el comienzo no fue muy distinto de lo que muestra la película en una conversación entre dos generales. 

-"¿Por qué empezaron los soviéticos estos experimentos?
-Bueno, señor. Parece ser que se enteraron de nuestro intento de comunicar telepáticamente con uno de nuestros submarinos nucleares, el Nautilus, cuando estaba bajo la capa polar.
-¿qué intento?
-No hubo tal intento. La historia fue un montaje de los franceses. Pero los rusos creen que la historia sobre la historia del montaje de los franceses era una historia sólida.
-¿Hicieron experimentos psíquicos creyendo que nosotros hacíamos experimentos psíquicos cuando en realidad no era así?
-Sí, señor. Pero ahora que están haciendo experimentos psíquicos vamos a tener que hacer experimentos psíquicos. No podemos permitir que los rusos nos adelanten en el campo de lo paranormal."

Esta escena, absurda y verosímil, hubiese encajado como un guante en el clásico de Kubrick, Teléfono rojo, volamos hacia Moscú

La película se articula en torno al periodista Bob Wilton cuando es enviado a Irak para realizar un reportaje sobre los combates. Allí se encuentra con Lynn Cassady, con el que intima y quien le pone en antecedentes de lo que fue la creación del Ejército de la Nueva Tierra. Un encargo del alto mando que llevó a cabo el fundador Bill Django (Jeff Bridges), hippie experto en yoga, sustancias psicotrópicas y alcohol. De hecho Cassady está en camino de encontrarse con su jefe fundador, quien le ha enviado una comunicación mental para que se reúna con él en un lugar indeterminado de Irak. Los flashback de la instrucción del Nuevo Ejército se van sucediendo mientras Wilton y Cassady se acercan a su destino. 

Parece una tontería pero el libro de Ronson documenta la presencia de estos guerreros jedi en Irak, Panamá (con Noriega), Abu Grahib y...Waco. Las páginas que explican el asedio a la secta de los Davidianos en Waco, en 1993, es insólita y brutal. Por su parte la película elige ilustrar otra de las tácticas más innovadoras, cuya absurda lógica la convierte en terrorífica: la utilización de música del programa infantil Barrio Sésamo, a todo volumen, como arma de tortura.

La película tiene los trazos de una de los Coen Bros., con su humor negro y personajes estrafalarios. Incluso el Django que interpreta el gran Jeff Bridges, como líder hippie de ese nuevo Ejército, parece una continuación del antológico personaje que encarnó en El Gran Lewoski, el Nota. 

La lástima es que la cinta tiene una primera parte vigorosa (a la escena de los dos generales hay que sumar un confuso tiroteo, en las calles de Irak, entre los mercenarios de dos contratistas americanos. Los muertos son varios pobres iraquíes a los que se les está regalando la libertad y la democracia). Pero en su segunda parte languidece y deriva hacia lo convencional. Hubiese necesitado una inyección más potente de vitriolo y mala leche para convertirse en una pequeña joya. 

Pese a ello, se nota que el elenco protagonista se lo toma en serio y convierten el aburdo asunto en una gozada. Algunos golpes son bestiales y te llevan directamente a la carcajada. 

Creo que a estas alturas ya se podría articular todo un subgénero cinematográfico titulado La Caída del Imperio Americano; en donde podríamos ver el reverso tenebroso del sueño americano: en lo militar, lo político, lo económico, o con lobbys tan ladinos como el del tabaco o la Asociación Nacional del Rifle, los frecuentes tiroteos indiscriminados, el racismo, la brutalidad policial....

La lista sería larga y nos aportaría una certera exploración de una sociedad con múltiples patologías en las que el lucro obsesivo es capaz de ocultar cualquier absurdo (siendo el 5 % de la población mundial atesoran el 48 % de las armas del mundo). Un país que lleva casi un siglo en estado de guerra permanente y cuyo eslogan más descriptivo es "puritanos en público y pervertidos en privado".

Ahí encontraríamos la reciente "Vice", de Adam McKay, retrato de un halcón como Dick Cheney, que convirtió en legal la tortura y el secuestro. La violentísima "Detroit" de Kathryn Bigelow, sobre los disturbios raciales de 1967; "La Gran Apuesta", (The Big short) de Adam McKay, sobre la crisis financiera de 2008; "Money Monster" de Jodie Foster; "El lobo de Wall Street" (2014) de Martin Scorsese; "Margin Call" (2011) de J. C. Chandor, sobre el derrumbe de Lehmann Brothers; "El caso Sloan" de John Madden, sobre la batalla judicial para el control de armas; "El Dilema", 1999, de Michael Mann, sobre el marketing engañoso de la industria del tabaco; "El Político", 1949, de Robert Rossen, sobre la refriega electoral; documentales como "Inside Job", 2008, de Charles Ferguson, sobre la sistemática corrupción de los EEUU por la industria de servicios financieros y sus consecuencias; o "Bowling for Columbine" de Michael Moore, sobre los tiroteos masivos y las facilidades para comprar armas en EEUU.

Sin olvidar series recientes tan dramáticas como "Así nos ven" (When they see us), 2019, de Ava DuVernay; sobre el brutal racismo, omisiones y manipulación que llevó a cuatro adolescentes negros a pasar un calvario judicial y ser condenados por la violación de una abogada blanca. Ya en 1989 el venenoso Donald Trump estaba alimentando su discurso de racismo y odio: pagó una página de publicidad en cuatro periódicos, incluido The New York Times, para exigir mano dura contra estos jóvenes y que se recuperara la pena de muerte en Nueva York.