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martes, 24 de marzo de 2015

La MATERIA ARTÚRICA

ilustración de Aubrey Beardsley
Llevo unas cuantas semanas cruzando un brumoso y mítico territorio. Los cascos y el piafar de los caballos, las voces de los caballeros, el chocar de espadas, la presencia etérea de las damas y los ecos de unas gestas que concitan el valor y la nobleza resuenan en mi mente como en un sueño.

Tengo la impresión, según leo, de que el texto me revela algo de mí. La promesa de la gracia, la dulzura del amor, la embriaguez de la gallardía. Empuja mi corazón un deseo irrefrenable de nobleza, un anhelo voluptuoso de trascendencia.

Sin premeditación, la otra tarde retiré de su estante El cuento del Grial. Su venero me condujo a un lago donde confluían cascadas fantásticas. En el laberinto de obras y siglos encontré una guía, el estupendo ensayo de Victoria Cirlot, La Novela Artúrica.

Se concitan ante mí arquetipos ancestrales como el Rey Arturo (o Artús) y sus caballeros de la Tabla Redonda, Lancelot, Perceval, Galahad y Gauvain. La reina Ginebra, el mago Merlín y la Dama del Lago, depositaria de la espada Excalibur. Finalmente he sido enajenado por un maravilloso universo del que sólo tenía referencias cinematográficas: Excalibur (John Boorman) o Lancelot du Lac (Robert Bresson).
El último sueño de Arturo - de E. Burne-Jones
Me interesa ahora menos la historia -por muy conocida- que su etiología. Cómo surgen y quedan plasmados los textos originales en los albores de nuestra literatura. Sobretodo en el sentido que Victoria Cirlot encuentra en algunos de estos textos. Según ella "en la forma artúrica cristalizó la creación novelesca". O lo que es lo mismo, en la novela artúrica encontramos el origen de la ficción tal y como la conocemos hoy en Occidente.

“Un nuevo género literario apareció a mediados del siglo XII en el Norte de Francia. El roman se inscribió dentro de aquel proceso según el cual las literaturas en lengua vulgar abandonaron la oralidad para adoptar la escritura. Junto a la literatura latina de procedencia eclesiástica se comenzaron a escribir obras dirigidas a un público laico cuyos gustos y aficiones se iban transformando lentamente, y que aspiraba ya a la permanencia y duración de una cultura propia. Desde principios del siglo XII las zonas septentrionales y meridionales de Francia desarrollaron el hábito de la escritura en un tipo de manifestación literaria que indudablemente había poseído una productiva y larga etapa oral. Los cantares de gesta, surgidos de las sagas y los cantos heroicos, comenzaron a recibir forma escrita al igual que la poesía lírica, procedente en parte de cantos primaverales de origen folklórico. Mientras el género épico adquiría rasgos constitutivos en la elaboración manuscrita que lo diferenciaba de su expresión primitiva, la lengua francesa fue utilizada para configurar ese nuevo género, el roman, sin precedentes en las culturas anteriores, ajeno desde sus orígenes a la oralidad, distinto de la épica en sus aspectos formales, en sus contenidos e intencionalidad.

La historia del roman como género literario atestigua el profundo dinamismo de este proceso de escritura. La capacidad de transformación y cambio frente a la persistencia y el inmovilismo se comprueba en la evolución del género que, en menos de veinte años, se vio radicalmente alterado en sus presupuestos iniciales. El cambio semántico del concepto roman es prueba de ello: una primera utilización adverbializada en la expresión mettre en roman (traducir a la lengua románica) fue sustituido por otras sustantivizada, emprendre un roman, manifestándose así esa transformación según la cual el roman dejó de ser traducción para convertirse en novela. En pocos años, el roman que había nacido a la sombra de la historia, se vio invadido por un plano de construcción de la realidad absolutamente novedoso: la ficcionalidad. Casi de modo imperceptible, la figura del rey Arturo tratada desde una perspectiva histórica fue absorbida por el plano de la ficción. En la forma artúrica cristalizó la creación novelesca; de ahí que ambos aspectos, resulten indesligables cuando se trata de analizar el nacimiento del roman en el Norte de Francia. De la traducción a la novela y, concretamente, a la novela artúrica. Ese cambio y ese hallazgo no parecen desprenderse de la vida propia del género, sino que más bien parecen deberse a la intervención individual, a la imaginación peculiar de un escritor del segundo tercio del siglo XII: Chrétien de Troyes. Síntesis de todas las posibilidades de su época, en ello reside justamente la genialidad del escritor de la Champaña."
...

"La gran transformación del roman como traducción al roman como novela que tuvo lugar en la década de los setenta del siglo XII, fue posible gracias a una menor presión de la auctoritas, a un desprendimiento de la materia antigua y al abandono del texto latino. A una mayor libertad. A una noción diferente de la noción de veracidad."

Mi plan es leer algunos de los textos fundacionales: los Mabinogion galeses, la Historia Regum Britanniae de Geoffrey de Monmouth, , el Perceval o Cuento del Grial de Chrétien de Troyes, La demanda del Graal (correspondiente a la Vulgata) y el clásico más conocido que culmina y se puede decir que pone fin a la materia artúrica La Muerte de Arturo de sir Thomas Malory.

 






























Los datos verdaderamente históricos sobre Arturo son bien escuetos: Un dux britonum, o sea un conductor de ejércitos bretón, que vivió en el siglo VI, luchó contra los sajones en la batalla de Badon y fue vencido en la de Kamblan en el año 542.

Fue Geoffrey de Monmouth quien recreó el mito aunando tanto fuentes cultas de historiadores como leyendas procedentes de los bardos galeses. A partir de ahí los tiempos brumosos y legendarios cobran forma en un rey de los britanos que luchó contra los invasores anglosajones. Hijo de Uther Pendragon, junto a su esposa Ginebra dio forma a una espléndida corte en Caerleon-upon-Usk (la legendaria Camelot), en el límite sur de Gales, donde habitaban los britanos. Llegó a medir sus fuerzas contra el Imperio Romano en el continente pero tuvo que regresar para aplacar la rebeldía de su sobrino (en algunos textos es hijo) Mordred. En la determinante batalla de Camlan, ambos caerán atravesados por sus respectivas lanzas. El cuerpo de Arturo es enviado en una barca a la fabulosa isla de Avalon, donde se dice que podrá curar sus heridas.

La cronología de la materia artúrica desde sus inicios hasta nuestros días podemos dividirla en cinco episodios:
I.- Origen y construcción del mito que llega hasta mediados del siglo XII, cuando Geoffrey de Monmouth escribe su Historia de los Reyes Britanos, vertida luego al francés por Wace.
II.- Chrétien de Troyes y sus continuadores (s. XII – s. XIII)
III.- El Lanzarote en prosa (s. XIII) que supone la cristianización del mito.
IV.- Culminación y fijación del mito: la Morte d´Arthur de Thomas Malory (siglo XV)
V.- Recuperación y difusión del mito (sigloXIX hasta hoy)

Los caballeros ya armados y dispuestos a partir en busca del Grial. Edward Burne-Jones.
I.- Arturo ya aparece citado por el poeta bretón Aneirin en su "Y Gododdin" en el siglo VII. También en la "Historia de los bretones" de Nennius en el IX y en los Mabinogion alrededor de 1.100; todos ellos en galés. Pero es Geoffrey de Monmouth quien recogió la figura del rey Arturo y la encumbró en su Historia regum Britanniae (1136).

Geoffrey de Monmouth relata, con la pátina seria de una crónica histórica, la historia de los britanos desde su primer rey, remontándose, nada menos que hasta Bruto, bisnieto de Eneas. La genealogía se imbuye así de esplendor clásico. En esta Historia... ya se encuentran definidos los principales elementos del mito: el mago Merlín obrando el hechizo para que Uther posea a Ygrain y engendren a Arturo; la reina Ginebra, la traición de Mordred, la batalla final y la marcha del rey malherido hacia la isla de Avalon.

Robert Wace traduce en 1155 la Historia de Geoffrey de Monmouth del latín al francés -Roman de Brut- e introduce nuevos elementos, entre ellos uno esencial: la Tabla Redonda.

II.- Estos dos hechos resultan determinantes para el mito de Arturo y entre ellos sólo transcurren dos décadas. Muy poco tiempo después otro escritor francés, Chrétien de Troyes, crea la imagen definitiva del mundo artúrico introduciendo dos elementos sustanciales, la estructura narrativa de la búsqueda –la queste- que todo caballero ha de afrontar y, sobretodo, la introducción de un nuevo elemento que resultaría emblemático: el Grial. Chrétien de Troyes dota a los caballeros de "una fisonomía propia y hace de ellos auténticos seres vivos: el odio y el amor, la valentía y la generosidad comienzan a desempeñar su papel; cada héroe actuará influido por alguna de estas motivaciones. El embrión que hallamos en Monmouth acaba de tomar una forma nueva, la más semejante al ser definitivo, a la vez que el tema adquiere su mayor auge: El Perceval, que Chrétien no acabó, halló muy pronto continuadores."(Carlos Alvar)


Resulta curioso que pese a que la materia artúrica se compone de personajes, historias y tierras inglesas (galesas y celtas), la elaboración literaria que le da forma definitiva y éxito por toda Europa es netamente francesa. En Francia recibiría el nombre de la materia de Bretaña.


La obra de Chrétien de Troyes tuvo muchos continuadores tanto en Francia como en Alemania, hasta que a finales del siglo XII, Robert de Boron realiza la primera recopilación cíclica del tema: Li livres dou Graal (El libro del Graal).
Esta obra es una trilogía formada por Le Roman de L´Estoirie dou Graal (también titulada Joseph d´Arimathie), Merlin y Perceval.

III.- Pero es hacia el año 1230 cuando se recopila la Vulgata, una extensa obra en prosa escrita en francés y centrada en dos motivos, las peripecias caballerescas de Lanzarote del Lago y la búsqueda del Grial. Lanzarote es considerado el mejor caballero del mundo y parece destinado a alcanzar el Santo Grial, pero su adulterio con la reina Ginebra le impedirá conseguirlo. No obstante, Dios le concederá que sea su hijo Galahad (Galaz) quien lo consiga. La última parte de la recopilación se ocupa del castigo de Lanzarote y Ginebra. Sus amores serán la causa del enfrentamiento y muerte final de los compañeros de la Mesa Redonda. 


La Vulgata constituye uno de los principales corpus narrativos que componen la materia de Bretaña. También es conocida como «Lanzarote en prosa» (para diferenciarla del ciclo anterior escrito en verso), «Lancelot-Graal» o ciclo de «Pseudo-Map» (debido a que en el propio texto se atribuía falsamente la autoría a Walter Map, un historiador medieval que ya había fallecido cuando se escribió).

La Vulgata es de una extraordinaria longitud y consta de cinco partes: Estoire du Graal, Merlín, Lancelot, Quête du Graal y la Morte d´Arthur. Las tres últimas son las partes más antiguas del conjunto y son las que han logrado más fama. Incluso han sido publicadas independientemente bajo el título de Lanzarote en prosa.




Las cinco novelas anónimas que constituyen el Lanzarote en prosa son una reconstrucción del ciclo artúrico desde la óptica cristiana. Esta orientación se materializa en la aparición de símbolos cristianos y en paralelismos con la vida de Jesús o los caminos hacia Dios. También en que las quêtes ya no son mundanas sino místicas, en la caracterización de los caballeros según un ideal religioso y en la condena del espíritu mundano de la caballería y de las relaciones amorosas que llevan el desastre a Camelot.


IV.- En la segunda mitad del siglo XV, Thomas Malory daría forma definitiva y moderna al universo artúrico, a partir de su propia recopilación de viejas fuentes francesas y británicas. Según parece, la obra fue escrita mientras el aristócrata permaneció en prisión. Se tituló Le Morte D´Arhur y se imprimió en 1485 en el taller de William Caxton, el primer impresor de Inglaterra. Caxton prologó y unificó las ocho novelas que escribió Malory en veintiún libros, dando así coherencia temática a la maestría narrativa de su autor.

V.- Después de permanecer en el olvido, el siglo XIX supone el renacer del mito artúrico gracias a los románticos ingleses, al músico Richard Wagner y a Mark Twain (Un yanqui en la corte del rey Arturo). Luego vendrían los pintores prerrafaelistas y las ilustraciones de Howard Pyle y Aubrey Beardsley para fijar la imaginería artúrica. 

A día de hoy esta materia perdura en nuestra memoria gracias al texto de John SteinbeckLos hechos del rey Arturo y sus nobles caballeros y la película de John Boorman, Excalibur. Ambas obras se basan en la canónica de Malory y son excelentes. Hay que recordar que Steinbeck no se propuso realizar una mera actualización del mito, sino que su intención era reescribirlo como una leyenda viva, "reinventando lo legendario en pleno siglo XX con toda su capacidad simbólica y onírica" (Rosa Montero).

El rastro de las leyendas artúricas llega hasta los caballeros Jedi de la saga Star Wars, las fantásticas Crónicas de Narnia de C.S. Lewis o hasta ayer mismo en la entretenidísima Kingsman.

Arturo y los caballeros de la Tabla Redonda han adquirido sin duda, la categoría de arquetipos en la cultura occidental. 




BONUS 
-Sobre el mito del Rey Arturo, aquí hay una artículo tan ameno como exhaustivo.
-El blog Glatissant, dedicado el atema artúrico, nos explica la vulgata
-Una conferencia de Victoria Cirlot sobre el Grial y la experiencia visionaria.

jueves, 19 de febrero de 2015

El CUENTO del GRIAL - de Chrétien de Troyes











El autor francés escribió en el siglo XII varias novelas referidas a caballeros del entorno del Rey Arturo. De todas ellas nos han llegado cinco: Érec et Énide, Cligès, Lancelot ou le Chevalier de la charrete, Yvain ou le Chevalier au Lion, Perceval ou le Conte du Graal. Lancelot recorre la contradicción moral entre el sentido del honor y la pasión adúltera. Yvain trata de la dificultad de conciliar la aventura caballeresca y el amor conyugal. Todas ellas están escritas en versos octosílabos pareados.


Pero sin duda la más interesante es Perceval o el Cuento del Grial. Murió dejándola inacabada; pero en ella consta su gran aportación, introducir el sentido místico cristiano en la novela artúrica. Chrétien lo personifica en el Grial.
 "Salió un paje de una cámara trayendo empuñada por el centro una blanca lanza, y pasó entre el fuego y los que estaban sentados en el lecho. Todos los que estaban allí veían la lanza blanca y el blanco hierro, de cuyo extremo manaba una gota de sangre bermeja. Hasta la mano del paje rodaba aquella gota de sangre bermeja. El muchacho recién llegado aquella noche ve este prodigio, pero se abstiene de preguntar cómo puede suceder tal cosa, porque recuerda la advertencia que le hizo sobre hablar mucho el caballero que le enseñó y aleccionó. Cree que si lo preguntara le considerarán necio, y por eso no inquiere nada. Entonces vinieron otros dos pajes llevando en sus manos candelabros de oro fino, trabajado con nieles. Los pajes que llevaban los candelabros eran muy hermosos. En cada candelabro ardían diez candelas por lo menos. Una doncella, hermosa, gentil y bien ataviada, que venía con los pajes, sostenía entre sus dos manos un grial. Cuando hubo entrado con el grial que llevaba surgió tal resplandor que al instante perdieron su claridad las candelas, así como les ocurre a las estrellas cuando se levanta el sol o la luna."
Perceval es hospedado por el lisiado Rey Pescador y ve el Santo Grial, pero no logra hacer la pregunta que habría curado las heridas del monarca y de sus tierras. Tras aprender de su errores hace voto para encontrar el Grial y completar la búsqueda. En esta quête implicará a todos los caballeros de la Tabla Redonda.
"Y Perceval habló de otra manera: dijo que no descansaría dos noches seguidas en el mismo hostal durante toda su vida, que no recibirá noticias de un paso peligroso sin ir a pasarle, ni de caballero que sea más valioso que otro o que otros dos sin ir a combatirle, hasta que sepa a quién se sirve con el grial y sea dicha con toda verdad por qué sangra; y que no abandonará ante ninguna dificultad. Y se levantaron hasta cincuenta, comprometiéndose y jurándose los unos a los otros que no tendrán noticia de maravilla o aventura sin ir en su busca, aunque sea en una tierra dañina."
Perceval representa la sencillez, la inocencia: estas son sus virtudes para llegar tan lejos en la búsqueda del Grial. En otros relatos quien encuentra el Grial es Galahad, hijo de Lancelot.

El Perceval de Chrétien nos traslada a la Britania preanglosajona. El castillo de Arturo está en el sur de Gales. Los tiempos son muy remotos, el siglo V; justo cuando surgen los reinos célticos independientes.

En la novela se cuentan en paralelo los hechos de Perceval y Gauvain. Asistimos a la formación de Perceval. Primero su madre y luego el caballero Gornemans de Gorhaut, su maestro, le inculcarán los valores caballerescos. Él siempre se mostrará respetuoso y decidido. 
Ambos caballeros siempre estarán en camino, buscando lances y cruzando justas que reafirmen su nobleza: la doncella sitiada, la doncella perversa, el caballero Orgulloso, el Vado Peligroso, etc.

La historia de cada uno de ellos tiene un punto de inflexión. En el caso de Perceval lo es su encuentro con el Rey Pescador, pleno de símbolos y misticismo. Un río que no ofrece vado, la hospitalidad del Rey Pescador, la lanza que sangra, el grial. Comparten cena en un mantel blanquísimo y el caballero recibe el presente de una espada que tenía "escrito que estaba hecha de tan buen acero que nunca podría romperse sino en determinada circunstancia que nadie conocía salvo aquel que la había forjado y templado".

Toda la novela está transida de símbolos y leyendas sean clásicas o celtas. Comienza en la "Gaste Forêt", una tierra devastada que ya para los celtas era un paso previo para una nueva vida, más llena de sacralidad. El valor sagrado de la copa, el poder de evocación de la sangre en la nieve (en el pasaje "la sangre de la oca blanca"),  la existencia de puentes y vados peligrosos o el barquero que necesita Gauvain para cruzar hasta el Castillo de las Reinas y descansar en el Lecho Maravilloso. Por cierto que dicho Castillo es habitado sólo por mujeres, como el paraíso de los celtas, y es morada de los muertos (allí Gauvain encuentra a personas que creía perdidas para siempre).

Resulta curioso cómo, después de distintos hechos y haber abandonado el castillo del Rey Pescador, Perceval descubre su nombre. 
"-¿Cómo os llamáis, amigo?
Y él, que desconocía su nombre, lo adivina y dice que se llama Perceval el Galés, aunque no sabe si dice verdad o no, pero dice la verdad aunque lo ignore."
Percibimos que con este hecho, Perceval concluye su aprendizaje, sus mocedades, que son precisamentde los dos sentidos de la palabra galesa "mabinogi", las historias y leyendas galesas que son una clara influencia para Chrétien.

En cuanto a Gauvain, su apogeo es el descubrimiento del Castillo de las Reinas. Ningún caballero ha salido vivo de allí donde esperan al caballero que "tendría que ser perfectamente hermoso, discreto, sin codicia, valiente y audaz, franco, leal, sin villanía y mal ninguno." El único merecedor de tal edén.

Las quêtes de Perceval y Gauvain traslucen una noción iniciática. Perceval pasará años vagando hasta encontrar al ermitaño que le revela a quién sirve el Grial. Aunque Perceval fracasa en su búsqueda, el ermitaño le hace reconocer sus pecados y le impone penitencia.
"El rico Pescador es hijo de este rey que se hace servir con el Grial. Pero no os figuréis que en él vaya lucio, lamprea ni salmón; con una sola hostia que le sirven y llevan en ese grial, sostiene y fortalece su vida; tan santa cosa es el grial". 
Por su parte Gauvain conseguirá arrivar al Castillo de las Reinas, logrando incluso salir con vida de donde nadie jamás volvió.

Crhrétien de Troyes es el más genial de los escritores de este periodo de la Baja Edad Media. Él es, como dice el profesor Carlos Alvar, quien da a los caballeros de la Tabla Redonda
 "una fisonomía propia y hace de ellos auténticos seres vivos: el odio y el amor, la valentía y la generosidad comienzan a desempeñar su papel; cada héroe actuará influido por alguna de estas motivaciones. El embrión que hallamos en Monmouth acaba de tomar una forma nueva, la más semejante al ser definitivo, a la vez que el tema adquiere su mayor auge: el Perceval, que Chrétien no acabó, halló muy pronto continuadores" 
Se puede decir que, con Chrétien, la materia de Bretaña cobra forma definitiva y se expande por toda Europa. Chrétien recoge la influencias de dos historiadores: Geoffrey de Monmouth, autor de "Historia regum Britanniae" y "Vita Merlini"; y Wace, autor del "Roman de Brut", prácticamente una traducción del anterior. Monmouth enriquece enormemente la escueta figura histórica del Rey Arturo hasta convertirla en mito e incorpora a la historia las leyendas célticas. Peredur, el Perceval de Gales, ya es nombrado en el canto de Gododdin, de Aneirin, escrito hacia el 600 en la frontera de Escocia. A lo largo del Cuento del Grial podemos encontrar, asimismo, reminiscencias de los Mabinogion, un conjunto de leyendas galesas. 

Este desarrollo novelesco de lo puramente histórico cristaliza definitivamente en Chrétien de Troyes, autor del cambio trascendental que alumbrará el nacimiento de la novela occidental. Así lo señala de forma elocuente Victoria Cirlot en su ensayo "La novela artúrica".

"En pocos años, el roman que había nacido a la sombra de la historia, se vio invadido por un plano de construcción de la realidad absolutamente novedoso: la ficcionalidad. Casi de modo imperceptible, la figura del rey Arturo tratada desde una perspectiva histórica fue absorbida por el plano de la ficción. En la forma artúrica cristalizó la creación novelesca; de ahí que ambos aspectos, resulten indesligables cuando se trata de analizar el nacimiento del roman en el Norte de Francia. De la traducción a la novela y, concretamente, a la novela artúrica. Ese cambio y ese hallazgo no parecen desprenderse de la vida propia del género, sino que más bien parecen deberse a la intervención individual, a la imaginación peculiar de un escritor del segundo tercio del siglo XII: Chrétien de Troyes."







P.D.
Muchos significados se le han dado al Grial. El más común lo identifica con el cáliz de la Última Cena. No han sido pocos los autores que le han asignado distintas virtudes esotéricas y místicas; llegando incluso a registrarlo como algo estrictamente espiritual, algo así como un estado de iluminación.
El recorrido del Grial cruza toda nuestra historia y literatura hasta el mismísimo día de hoy. Este místico cáliz aparece en las leyendas de Merlín, de los caballeros templarios, la masonería, la alquimia, la saga cinematográfica de Indiana Jones y por supuesto el best seller de Dan Brown,  El
Código da Vinci.

El hecho de que la primera obra donde aparece el grial quedase inacabada, así como el acontecimiento histórico de las Cruzadas provocó una multiplicidad de obras que afrontaron este enigma: José de Arimatea de Boron, Perlesvaus de autor anónimo, Parzival de Wolfram von Eschenbach, la Demanda del Santo Grial de autor también anónimo dentro del ciclo del Lancelot en prosa. De nuevo Victoria Cirlot nos ilumina en su libro Grial: poética y mito (siglos XII-XV).

Uno de los muchos continuadores de Chrétien de Troyes fue Robert de Boron que vivió entre los siglos XII y XIII. En su novela Joseph d'Arimathie planteó una hipótesis pseudohistórica, que José de Arimatea, hermano del padre de la Virgen María, fue quien solicitó el cadáver de Jesús y le dio sepultura. Boron, además, identifica la casa de José de Arimatea como el lugar donde se celebró la Última Cena, siendo unas de sus copas la que acabó convirtiéndose en el Santo Grial donde posteriormente recogería la sangre de Jesús. Para redondear la historia, Boron cuenta que José de Arimatea llevó la copa a la isla de Avalon, donde el Grial se mantuvo oculto hasta la llegada del caballero Perceval.
El Santo Cáliz de Valencia

Esta mezcla de historia y leyenda tiene varias encarnaciones que, aun hoy en día, sus fieles presentan como el auténtico Grial.
La Sacra Catina de Génova es un pequeño cuenco de piedra que fue llevado a esta ciudad después de la Primera Cruzada en 1.099. Efectivamente la pieza ha sido fechada al inicio del siglo I. Asimismo existe una copa de plata de grandes dimensiones que se encontró en las ruinas de una iglesia cristiana en Antioquía. Esta rica copa labrada contiene en su interior otra lisa de plata cuya factura también ha sido fechada en el siglo I.

El Santo Cáliz de Valencia

Por último tenemos el Santo Cáliz de Valencia. Una taza de ágata finamente pulida que muestra muestra hermosísimas vetas de colores. Es una preciosa "copa alejandrina" que los arqueólogos consideran de origen oriental y tienen fechada entre los años 100 al 50 a.C. 

Mucho más posteriores son las asas y el pie de oro finamente grabado, diferente a la copa. Todo ello, lo mismo que las joyas que adornan la base son de época medieval.

Su historia es bien novelesca. Según esta tradición, la Última Cena no se habría celebrado en la casa de José de Arimatea sino en la vivienda de algún familiar del apóstol San Marcos. La Copa que utilizó el Señor en la última Cena fue llevada a Roma por San Pedro. Allí la conservaron los Papas hasta San Sixto II cuando, por mediación de su diácono San Lorenzo, oriundo de España, fue enviada a su tierra natal de Huesca en el siglo III, para librarla de la persecución del emperador Valeriano. Durante la invasión musulmana, a partir del año 713, fue ocultado en la región del Pirineo. Posteriormente la reliquia fue entregada, en el año 1399, al Rey de Aragón, Martín el Humano, que lo tuvo en el palacio real de La Aljafería de Zaragoza y luego, hasta su muerte, en el Real de Barcelona en 1410, mencionándose el Santo Cáliz en el inventario de sus bienes. Hacia 1424 el Rey Alfonso V el Magnánimo llevó el relicario real al palacio de Valencia, y con motivo de la estancia de este Rey en Nápoles, fue entregado con las demás regias reliquias a la Catedral de Valencia en el año 1437. Sin pronunciarse sobre su legitimidad, tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI, oficiaron misa con este cáliz en sus visitas a la ciudad de Valencia.

viernes, 18 de octubre de 2013

Rubaiyat de Omar Khayyam


1
Despertaos, despertaos, durmientes, que la aurora
arrojó ya la piedra al piélago nocturno
ahuyentando a los astros, y el Cazador de Sombras
prendió en un haz de Luz la Torre del Silencio.

7
El tiempo, inexorable, va fluyendo ¿qué ha sido
de Bagdad y de Balk? Un leve roce puede
matar la rosa. Bebe , y al mirar las estrellas
medita en las culturas que se tragó el desierto.

17
¿Al mundo, a qué venimos? ¿Por qué nos vamos?
¿Qué quiere esta existencia que nos ha sido impuesta?
Arden las almas y se convierten bajo su peso
en ceniza, pero yo no veo la hoguera.

22
Créeme, bebe vino. El vino es vida eterna,
filtro que nos devuelve la juventud. Con vino
y alegres compañías, la estación de las rosas
vuelve. Goza el fugaz momento que es la vida.

37
Entre impiedad y fe tan solo un soplo existe,
así como también separa un simple soplo 
dudas y convicciones. Goza el soplo presente,
que está la vida entera en el soplo que pasa.

42
Natura crea la rosa y la destruye luego,
tornándola a la tierra. Si polvo en vez de agua
aspirasen las nubes, hasta el último día
del mundo, llovería sangre de enamorados.

58
Si dejaste pasar tus días a la vera
de tu amor; si de todos los placeres del mundo
gozaste, puedes irte.  Comprenderás entonces
que toda tu existencia ha sido sólo un sueño.

59
El día que yo muera se acabarán las rocas,
los labios, los cipreses, las albas, los crepúsculos,
la pena y la alegría. Y el mundo habrá dejado 
de ser, que su existencia está en nosotros mismos.

81
Las alas de la noche reposan sobre el alba.
Se habla de aquel que crea al ser y lo destruye.
No comprendo la obra del Creador. Dame vino
del que enternece el pecho y alegra la memoria.

83
Nos prometen el vino, la aguamiel y un edén
con huríes de ojos de jade. Si nos damos
al vino y a las bellas, no está mal, que es el premio
que allá en el paraíso nos está reservado.

98
La Rueda, que con todo termina, acabar puede
con tu alma y la mía. Vaciemos ya las copas
y vamos a tumbarnos en el césped, pues pronto
sobre nuestras cenizas ha de crecer la hierba.















135
Cierra tu libro y piensa. Mira impasible al Cielo
y a la Tierra. Da al pobre la mitad de tus bienes,
perdona las ofensas, no le hagas daño a nadie
y apártate a un rincón si quieres ser dichoso.

136
Descubrir quise en vano el Cielo y el Infierno
más allá de la Tierra y aun del infinito.
Pero una voz me dijo: ¡Necio! Cielo e Infierno,
hasta el fin de los siglos, viven sólo en tí mismo.


141
Te basta saber que todo es un misterio:
la creación y el destino de la Tierra y el tuyo.
Sonríe, pues, ante ellos. No sabrás nada más
cuando hayas franqueado las puertas de la Nada.

154
Tuve grandes maestros. Llegué a estar orgulloso
de mis progresos. Cuando recuerdo que fui sabio,
me comparo a ese líquido que llena el vaso y toma
su forma, y a ese humo que el viento desvanece.

170
A través de lo ignoto, mi alma tuvo empeño
en descorrer el velo del más allá. De pronto
volvió y me dijo esto. "¿Sabes? He comprobado
que el cielo y el infierno se encuentran en mí misma".

175
Igual que una linterna mágica es esta Rueda
en torno de la cual vamos todos girando:
la lámpara es el sol, el mundo la pantalla,
nosotros las imágenes que pasan y se esfuman.

179
El dedo del destino tan solo una palabra
escribió antes de irse. Nada, ni inteligencia,
ni amor, ni compasión, hará que se retracte.
No hay lágrimas bastantes para poder borrarla.

197
Se nos da un breve instante para gustar del agua 
en este ardiente páramo. Ya el astro de la noche 
palidece. La vida va a llegar a su término: 
el alba de la Nada. Vamos, pues, date prisa.

219
¿Qué es el mundo? Una parte pequeña del espacio.
¿Qué es la ciencia? Palabras. ¿Y qué son las naciones,
las flores y las bestias? Sombras. ¿Y tus continuos
tus inquietos cuidados?  Sólo nada en la nada.


243
En iglesias, mezquitas y sinagogas, sólo
se refugian los débiles que temen al infierno.
Aquel que bebe vino, en su pecho no siembra
las dañosas semillas del ruego y el espanto.



Admitamos que hayas resuelto el enigma de la creación. ¿Cuál es tu destino?
Admitamos que hayas podido despojar de todos sus vestidos a la Verdad. ¿Cuál es tu destino?
Admitamos que hayas vivido cien años dichoso y que vayas a vivir otros cien más. ¿Cuál es tu destino?


¡Cuán pobre el corazón que no sabe amar, que no puede embriagarse de amor! Si no amas, ¿cómo te explicas la luz enceguecedora del sol y la más leve claridad que trae la luna?
Sabes que no tienes poder sobre tu destino.


Lámparas que se apagan,
esperanzas que se encienden.
Aurora. Lámparas que se encienden,
esperanzas que se apagan. Noche.


Omar Khayyam fue amigo íntimo de Ibn Sabbah y su figura prolifera en las páginas de la admirable novela Alamut.  Su lectura me ha desvelado muchos aspectos históricos y del islam; pero sobre todo un concepto filosófico radical y furiosamente escéptico. Quisiera aprovechar esta coyuntura para recordar alguno de los Rubaiyat que Khayyam  escribió allá por el siglo XI. Leyéndolos parece increíble que su aliento de libertad y hedonismo provenga de la profundidad de los siglos. Como dice José Gibert en el prólogo de mi edición: "ninguna otra literatura puede ofrecer algo comparable a la fascinadora belleza de tales versos elogiando los placeres terrenales, ni a las mordientes diatribas  con que fustiga a las convenciones dualistas, ni a las expresivas rebeldías  contra el malévolo y fatal Destino  que lleva a la muerte todo lo bueno y hermoso de este mundo."
Pesimista, irreverente hasta lo blasfemo, epicúreo y atormentado, Khayyam acaba siendo un moralista y un metafísico: la vida es lo más hermoso y...vano. La naturaleza nos desdeña y sigue impertérrita sus ciclos. El hombre está prisionero del Tiempo que lo consume y sólo posee el presente, ¡su copa de vino! Pero aunque el yo se disgregue en el polvo, no olvidemos que el cielo y el infierno sólo existe dentro de nosotros: somos esencia de divinidad.