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viernes, 31 de julio de 2026

LA ODISEA - de Christopher Nolan

2026


Debo ser un bicho raro.
Nada más concluir la película un tercio de la sala se puso a aplaudir y mientras salíamos agolpados por las puertas oí detrás de mí a un grupo de veinteañeros comentando que volverán a verla.
En cambio a mí me ha decepcionado.

No encuentro el hilo conductor, la idea matriz. Cada uno de los episodios en los que se ve envuelto Odiseo (Polifemo, Circe, las sirenas, Calipso, los Lestrigones o Tiresias) me parecen aventuras sueltas que no suman entre sí. Están aisladas entre ellas porque Odiseo no las une. Se supone que es astuto, vividor y audaz y siempre encuentra el modo salir con bien de cada embrollo, demostrando su liderazgo. Pero eso no ocurre aquí. El Odiseo (Matt Damon) de Nolan es un ser melancólico, ofuscado por la culpa que arrastra desde la guerra de Troya. Él simplemente se tropieza con los clásicos eventos y sale de ellos como puede, sin que hagan mella en él, ni a través de ellos nos muestre su carácter. En el poema de Homero, Odiseo pasa por diversas aventuras que le permiten descubrir su verdadera identidad y empujar su crecimiento. Pero en la película de Nolan no hay nada de eso. 


El episodio de Polifemo está desnaturalizado. No queda nada del burlón Odiseo engañando al cíclope. Lo mismo que el de Calipso. Mientras que el de Circe se resuelve de forma atropellada. El más satisfactorio para mí ha sido el descenso al Hades para hablar con Tiresias y obtener una orientación que le ayude a regresar a casa. Allí hay cierta autenticidad cuando los espíritus y los muertos le asesoran sobre su destino. Pero, en general, la película es muy plana. No se aprecia que los episodios del viaje incidan en el desarrollo personal del protagonista, ni hay transformación alguna en este héroe asediado por la culpa.

Creo que a toda la película le falta desenfado, sentido aventurero y un héroe más dinámico. No olvidemos que La Odisea es un viaje de aventuras y dificultades que hay que salvar para regresar a Itaca. Sólo cuando parten de Troya Odiseo se lo reconoce a su lugarteniente, "aprovecharemos el viaje para ver mundo". En cambio lo que vemos a continuación son sus recuerdos de la guerra y devastación de Troya. Se ve que el famoso caballo y la aniquilación de la ciudad favorecen más el espectáculo visual. 

La cohabitación con Calipso está dedicada por entero a evocar la guerra de Troya, convirtiendo a la hermosa ninfa (interpretada nada menos que por Charlize Theron) en una simple oyente. Esto no es de recibo, ya que la hija del titán Atlas es central en la historia. Retiene a Odiseo en su isla, que es como un paraíso terrenal, y le ofrece un amor sincero. Ella representa el amor no correspondido y su historia de pasión y deseo es fundamental para entender cómo es el Odiseo que regresa a Itaca. 



Creo que la guerra de Troya (el asunto de la Ilíada) tiene una presencia excesiva en esta Odisea y llega a impregnarla de su carácter sombrío. Recordemos que las dos obras de Homero son muy distintas tanto en su argumento como en su estructura y, sobre todo, en su tono. La Ilíada abarca un período de solo 51 días y se centra en la glorificación de la violencia y la guerra. Mientras que la Odisea tiene un tono más aventurero y optimista, incluyendo momentos de comedia y fantasía. En cambio aquí, Nolan nos presenta a un Odiseo sin orgullo ni arrogancia y abatido por la culpa; olvidándose del Odiseo aventurero, astuto y embaucador, protegido de Atenea, diosa de la sabiduría, en cuyas andanzas no duda en compartir cama y enamorar a princesas y semidiosas. En el poema nuestro héroe no está atormentado por el recuerdo de la guerra y cuando llega a su casa y masacra a los pretendientes de su esposa se dispone, jubiloso, a recuperar su vida y reinar.  

La historiadora y profesora emérita de Clásicas en la Universidad de Cambridge, Mary Beard, considera que la película de Nolan ha perdido por el camino todo el humor y el erotismo que posee el poema de Homero. Aunque el texto tenga más de 28 siglos está atravesado por el deseo y la seducción, como demuestran los episodios de Circe y de Calipso. También Penélope, en su hogar de Itaca, mantiene una relación deliberadamente ambigua con los pretendientes que ocupan su casa. En cambio, en la película, Penélope (una excelente Anne Hathaway) aparece enfrentada a sus pretendientes sin mayores sutilezas.



El motivo de esta traición de Nolan en su traducción a imágenes nos lo ofrece él mismo al final de su película, en el diálogo entre susurros que mantienen Penélope y un Odiseo disfrazado de mendigo. Ahí, por fin, se revela por qué Odiseo luce apesadumbrado durante todo el metraje: cree que su argucia del caballo, que posibilitó la destrucción de Troya, quebró "la ley de Zeus", esa que se invoca insistentemente durante toda la película; la que dicta que toda guerra debe ser honorable y la hospitalidad obligada para cualquier extraño que llegue hasta tu casa, puesto que puede tratarse de un dios disfrazado. 

Nolan ha superpuesto a las aventuras marítimas de Odiseo una meditación sombría sobre la caída de las civilizaciones, trayendo a colación un misterio que fascina a los historiadores, el del colapso de la Edad de Bronce a manos de los denominados "Pueblos del Mar"; unos acontecimientos que acabaron con muchas de las culturas que habían florecido en el Mediterráneo oriental, cambiando el mundo para siempre.



Efectivamente en torno a 1200 a.C. y en el exiguo lapso de unas décadas se derrumbó el Imperio Hitita, ardieron los palacios micénicos y Troya fue arrasada. Reinos prósperos y civilizados fueron barridos por la barbarie y Nolan propone relacionar ambos hechos. En su regreso a casa desde Troya, los distintos reyes aqueos -Agamenón, Menelao, el mismo Odiseo o Patroclo- fueron saqueando cada costa o ciudad que encontraron en su camino, hasta el punto de que una asustada Penélope le observa a su marido, "pero entonces, vosotros sois Los Pueblos del Mar", aquellos brumosos saqueadores que han estado temiendo durante estos años en que estaban esperando el regreso de Odiseo.
Interesante pero desigual versión.

Por otro lado la gente está llenando las salas porque se ofrece espectáculo y yo me alegro. Viva el cine. 

sábado, 20 de junio de 2026

BACKROOMS - Kane Parsons

EEUU,2026



Un arquitecto frustrado, dueño de una tienda de muebles de ocasión, descubre en su sótano una puerta a otra dimensión. Ante él se abre un gigantesco laberinto de espacios desiertos y extraños. Innumerables oficinas, pasillos y habitaciones se replican por doquier de forma aleatoria, siempre vacíos, siempre perfectamente iluminados y pintados de amarillo. Los espacios se multiplican y enlazan inexorablemente hasta constituir una verdadera madriguera sin fin que amenaza primero tu cordura hasta llevarte a las puertas del terror.

En una entrada reciente, correspondiente a la película Exit 8, ya hablé de este tipo de espacios denominados liminares; lugares cotidianos que se convierten en algo muy inquietante al mostrarse abandonados y propagarse como una infección o un pensamiento obsesivo que te arrastra hacia un precipicio.
Esa ambientación está muy conseguida.



Los pasillos y locales amarillos y vacíos desembocan en nuevos pasillos y locales amarillos y vacíos de forma incesante hasta convertirse en un laberinto perturbador y angustioso. Siempre puedes seguir avanzando, pero nunca llegas a ninguna parte. Atrapado allí cualquier ruido supone una amenaza y cada nuevo umbral se acaba convirtiendo en las fauces de la desesperación.

A veces hay muebles amontonados en el centro o sillas sueltas por los rincones, como si alguien hubiese huido con urgencia... pero también hay sillones, muebles y zapatos medio hundidos en el suelo como si éste hubiese sido líquido y de pronto se hubiese solidificado. Hay puertas situadas horizontalmente y escalinatas que suben hasta una mínima puerta que está situada ¡en el techo!. 
Todo esto es lo mejor de la función. 
Los espacios son delirantes y van desgranando sorpresas de todo tipo hasta hacernos sospechar que el protagonista allí ¡no está solo!.





Pero poco más tiene esta película que intenta anclar la existencia de estos espacios amenazantes a los traumas de sus dos protagonistas, el dueño del emporio del mueble barato (Chiwetel Ejiofor) y su psicóloga, que acaba entrando al laberinto amarillo en su búsqueda. Él es un arquitecto frustrado que tiene que ganarse la vida en ese antro, un negocio de cuarta categoría que intenta mantener a flote. Para remate, esa vida desgastada ha recibido el tiro de gracia a cuenta de su fracaso matrimonial. De ahí que acuda a una terapeuta.

Tengo que reconocer que la escena en que conocemos este fracaso, en plena terapia con su psicóloga (Rena Reinsve), tiene una fuerte carga dramática y se beneficia de una muy sólida interpretación de sus protagonistas. La terapeuta le pide realizar un rol playing sobre esa noche nefasta en la que él llega ebrio a casa, despierta a su mujer e inician una bronca en la que acaban echándose los trastos a la cabeza. La escena es muy convincente y posteriormente se replicará en esa otra dimensión repetitiva y obsesiva.

Por su parte la psicóloga también rememora una infancia terrible, sometida a una madre neurótica que la obliga a estar encerrada en casa por pavor a todo lo de fuera: Ni te asomes, le dice. ¡Ahí fuera está todo lleno de ellos!. Incluso tiene las ventanas cegadas con periódicos.






La película intenta relacionar los problemas mentales de ambos con la aparición de estas backrooms y eso acaba arrastrando el espectáculo -que empezaba a volar- hasta el mismísimo suelo. Después incluso aparecerán los técnicos de una misteriosa corporación que, en secreto, está explorando esta nueva dimensión. Una acumulación de asuntos mal relacionados que hacen que la película definitivamente pierda el foco y deje de avanzar. 

Todo esto creo que es por el origen de la historia, un videojuego que amplía y amplía el mapa digital de habitaciones sin mayor pretensión que crear expectativa y saltar a la siguiente pantalla. El director es Kane Parsons, un youtuber veinteañero que ya dirigió un cortometraje web que colgó en Youtube. La introducción de la película reproduce -con mayor calidad- ese cortometraje que sigue los cánones del metraje encontrado (found footage). Pero la película es acumulativa y balbuciente y no explora todas las posibilidades de este universo virtual tan sugerente. 



El fenómeno es muy reciente y nació cuando una serie de imágenes misteriosas se viralizaron en las redes. En este artículo de la CNN nos cuentan que 
"la “backroom” original se publicó el 12 de mayo del 2019, en la sección paranormal /x/ de la red social 4chan, en la que un usuario anónimo pedía a otros que compartieran imágenes inquietantes o que se sientan ´fuera de lugar´. La imagen que encabezaba ese post era la de una oficina en los Países Bajos, con una gran habitación alfombrada, paredes amarillas y lámparas fluorescentes."

Un usuario que compartió otra imagen en ese foro, añadió una descripción que ha quedado como la definición de la backroom
“Si no tienes cuidado y te sales de la realidad en el área incorrecta, puedes terminar en las Backrooms, donde no hay nada más que el hedor de la vieja y húmeda alfombra, la locura del amarillo monocromático, el infinito ruido de fondo de las luces fluorescentes a su máximo zumbido, y aproximadamente seiscientos millones de millas cuadradas de habitaciones vacías segmentadas aleatoriamente en las que vas a estar atrapado. Dios te salve si escuchas algo moviéndose cerca, porque, sin duda, te ha escuchado”.

 



A partir de aquí puedes pensar lo que quieras en cuanto a lo que las backrooms representan. La película apunta a que entrañan un cierto grado de conciencia y se alimentan de la consciencia, frustraciones y miedos de quienes caen en ellas. De ahí que la figura del pirata Capitán Clark -imagen de la tienda de muebles- aceche por los pasillos. Pero estos espacios también pueden representar la realidad caótica y arbitraria en la que se sienten atrapados nuestros jóvenes o el anhelo de aventura virtual al que les gustaría lanzarse para huir de esa misma realidad que los aliena.

La palabra liminal viene del latín limen, al que la Real Academia de la Lengua asigna dos acepciones. "Umbral", parte inferior de una entrada y también "Paso primero o entrada al conocimiento de una materia".

Aquí puedes ver el corto original.



viernes, 6 de marzo de 2026

MARTY SUPREME - de Joshua Safdie

2025


Me he pasado toda la película preguntándome si el protagonista es un héroe o un ca⚐ullo supremo miserable y manipulador. 

La película se presenta como la típica historia de superación a través del deporte. Marty Mauser (Timothée Chalamet) es un pobre tipo que malvive en el Lower East Side de Nueva York, en 1952, trabajando en la zapatería de su tío. Pero su lugar no está allí. Él aspira a la grandeza y nada en el mundo le va a parar. Tiene un objetivo muy claro en su vida: ser el mejor del planeta en la disciplina del ping-pong. De hecho está esperando su último sueldo y el finiquito para pagarse el viaje y competir en el Abierto de Inglaterra, donde estarán los mejores. No sin dificultades logra acudir y va pasando fácilmente de ronda. Ya en semifinales derrota al antiguo campeón y juega la final contra un sorprendente japonés que usa una pala y unas técnicas nunca vistas. Se trata de una visión del futuro que le atropella. Un año después se jugará el Campeonato del Mundo en Tokyo y Marty sueña con ganar allí y triunfar a lo grande. 
Ese es el espíritu.

La máxima ambición empuja la vida Marty, que no ignora que conseguir su sueño le costará un ímprobo esfuerzo y sacrificio. Pero siendo así que el ping-pong está empezando y que él no tiene oficio ni beneficio ¿de qué va a vivir hasta que llegue el triunfo?
Ese es el asunto. 

Y Marty lo tiene claro: mentirá, engañará, robará, manipulará, se humillará. Hará todo lo que sea necesario para mantenerse a flote y llegar al Campeonato. La película desarrolla la idea -de forma descarnada- de que el éxito justifica cualquier precio y medio para lograrlo.
 



Marty siempre camina al borde del precipicio. El tipo se pasa todo el tiempo, pero todo, todo el tiempo -24/7- buscando dinero. Incluso buscando dónde dormir. Su periplo es incesante, agotador para cualquiera, pero a él no le afecta nada. Cuando la actriz retirada (Gwyneth Paltrow) a la que engatusa le pregunta cómo se gana la vida, él le responde que no piensa en eso. Tiene un objetivo verdaderamente grande en mente y el dinero le vendrá por añadidura. ¡!

El chico tiene un innegable encanto y mucha labia. Además nunca se rinde. Su fe en sí mismo es inquebrantable. Esto quizás es lo que más me frena para declararle el tipo más mendaz e infame de este lado del Hudson. Es un superviviente nato que no le importa echar mano de cualquier cosa, sea un fraude, una mentira o un robo; aunque sea a su amiga de la infancia, a un vecino, a su tío o a la ajada actriz que tiene engaritada. La estafa y la mentira son sus armas de supervivencia.

Así que poco a poco la película se va desprendiendo de cualquier hechizo. La historia ya no resulta inspiradora. De hecho no vemos a Marty entrenar más que unos segundos. Tampoco oímos su voz en off comunicándonos sus preocupaciones o anhelos; ni tan siquiera se nos ofrece algún pequeño flashback que nos acerque a su infancia, a su familia o a su sueño. El tipo es un canalla sin ambages y su ambición desmedida y fuera de lugar. Busca un lugar en el sol que no le corresponde por más que se empeñe en ello pisoteando vidas y abandonando cadáveres.



Yo creo que la película juega con el formato de una típica historia de superación y un protagonista decidido a todo para lograr su sueño. Se sirve de nuestra expectativa para empatizar con el héroe; pero luego lo desnuda hasta la miseria. En algunos momentos el tipo me resulta repugnante. De hecho lo conocemos en una reunión haciendo un comentario odioso sobre un jugador judío, "¡Voy a hacerle a Klutsky lo que Auschwitz no pudo!", les dice a unos amigos. Luego, al ver la cara de los otros, se excusa diciendo que no hay problema, que él lo puede decir porque también es judío. El tío va a saco. Es despreciable.

Pero otra cosa es la película, su guión, intérpretes y realización. Todo ello magnífico, lleno de vértigo e intensidad. La cámara se pega a Marty y nos hace correr con él de aventura en aventura, buscando dónde dormir, a quién extorsionar o a quien engañar para sacarle algo. La acción es frenética. Las peripecias del segundo acto, cuando Marty se vuelve loco buscando dinero para ir a Tokyo son innumerables y todas caóticas. Unas apuestas de ping-pong en un antro de Nueva Jersey acaban complicándose hasta provocar el incendio de una gasolinera. Un intento de estafa con un perro perdido acaba con varios cadáveres. 

Marty vive en permanente estado de urgencia y necesidad. Todo es buscar y buscar o huir de quien le quiere trincar. La narración adquiere así un ritmo vertiginoso. Marty solo vive para perseguir el éxito, lo que le hace vivir sin aliento... y sin responsabilidad. Todo le vale, por deshonesto o humillante que sea.



Bien, pues una vez decidido que el pájaro es un cal၁rón de cuidado ya sólo nos queda pensar si representa algo. Tengo que reconocer que en algún momento me acordé de Leonardo Di Caprio en Atrápame si puedes o en El lobo de Wall Street, con un tipo aullando, follando y snifando mientras el dinero volaba a su alrededor como una droga imprescindible para adormecer sus instintos. Sí. La película habla de eso. De la ambición desbocada. De la naturaleza corrupta del capitalismo. De unos EEUU donde se inocula la obsesión por el éxito cueste lo que cueste. Del sueño americano despojado de todo glamour, con sus fauces asomando tras la sonrisa embaucadora.

En cambio me cuesta relacionarla con El Buscavidas (Robert Rossen, 1961), donde Paul Newman luce maravillosamente. Ambas comparten el hecho ser una radiografía despiadada de la filosofía norteamericana del éxito; pero en la de Rossen hay un pathos del que Marty carece. Allí hay tragedia y autodestrucción; mito. Aquí sólo un niñato mezquino y aprovechado. 







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* Repaso la filmografía de Joshua Safdie, firmada hasta esta última junto a su hermano Benny, y me doy cuenta de que muchas comparten un leit motiv. Tanto en Diamantes en Brutocon Adam Sandler (2019), como en Good Time (2017), con Robert Pattinson, nos encontramos con perdedores viviendo una odisea caótica por el submundo de la ciudad, mientras persiguen el dinero que resuelva sus problemas.


** La cinta se inspira en la historia del pentacampeón mundial de ping-pong Marty Reisman, una verdadera leyenda que nació en el Lower East Side de Manhattan en los años 30 y empezó a jugar al ping-pong por dinero. Acabó convertido en campeón nacional en 1958 y 1960, ganándose el apodo de The Wizard of Table Tennis. En 1974 publicó sus memorias con un título de lo más expresivo: The Money Player: The Confessions of America’s Greatest Table Tennis Champion and Hustler. Allí cuenta sus correrías apostando y traficando para buscarse la vida. Un prenda.

jueves, 8 de enero de 2026

PUÑALES por LA ESPALDA: De Entre los Muertos - de Rian Johnson



Después del fiasco que supuso la segunda entrega, este tercer cluedo de Puñales por la espalda vuelve a ser tan brillante como el primero o incluso más. Al juego de crimen, pistas y enredos de un grupo en escenario cerrado añade, con suma ironía, unas certeras puñaladas a la filosofía iracunda del movimiento MAGA.

Pero empecemos por lo primero.
Las señas de identidad de la franquicia resplandecen: escenario único en torno a una vicaría donde se produce un asesinato aparentemente imposible, al estilo del cuarto cerrado; todo ello contando con un amplio elenco de estrellas que dan vida a un guión lleno de giros y sospechosos sin que falte su pizca de humor punzante. La reunión final con Benoit Blanc descifrando los pormenores del misterio y señalando al culpable ya es un clásico. Puro entretenimiento. 
 



El padre Jude Duplenticy (Josh O´Connor) es un joven sacerdote volcado en su fe cristiana, pero su pasado como boxeador aflora en ocasiones metiéndole en problemas. Como penitencia su obispo le traslada a una insignificante parroquia; así matará dos pájaros de un tiro, porque allí Duplenticy podrá ejercer de contrapeso del irascible Monseñor Wicks (Josh Brolin), erigido en dueño y señor de un pequeño enclave que ha visto reducida su feligresía a la mínima expresión. 

La pureza de la fe del padre Duplenticy y la firmeza de sus valores -estima el obispo- servirán para controlar los desmanes de Wicks, un tipo tan carismático como bronco e incendiario. 



El enfrentamiento no tardará en producirse. Monseñor Wicks incluso lo fomenta a través de provocaciones y confesiones escandalosas. Su forma de llevar la parroquia es de lo más peculiar. Sus sermones son apocalípticos contra cualquier forma de modernidad o tolerancia. Un auténtico cura anti-woke. Vive en guerra contra el mundo y la sociedad de hoy en día. Ha ido expulsando a todos sus fieles, señalando sus pecados desde el púlpito, hasta quedarse con una fanatizada guardia pretoriana que jalea sus furibundas proclamas. 

Ese pequeño grupo de adeptos lo forman personas frustradas que han desarrollado una gran dependencia emocional hacia él. Entre ellos está Martha (Glenn Close), siniestra ama de llaves guardadora de todos los secretos. También Lee Ross (Andrew Scott), un novelista conspiranoico en crisis que intenta redimirse escribiendo un panfleto a mayor gloria del Monseñor. Corona el grupo un joven influencer de corte trumpista (Daryl McCormack) que cree haber encontrado en Wicks la figura mesiánica que los conducirá a ambos hasta la cumbre. Sus redes sociales arden con polémicas de todo tipo en las que Wicks aparece como salvador de la patria y de los más rancios valores morales. Vaya panda.



El grupo es compacto y venera a Wicks. Todos esperan de él un milagro que arregle sus vidas; pero de pronto aparece asesinado en plena misa del Viernes Santo. Entra a descansar a un cuartito ciego al lado del altar y aparece asesinado a los pocos segundos, sin que nadie haya entrado. Así comienza un juego intrigante y de lo más enrevesado que hasta cuenta con una presunta resurrección al estilo Lázaro (de ahí el título).

Rian Johnson demuestra muy buen pulso para mantener la historia dentro de la comedia referencial (Poirot, Agatha Christie) pero sin caer en la caricatura. El propio Benoit Blanc y el estrambótico plan criminal que investiga a menudo caminan al borde del ridículo... pero nunca caen en él. La parodia se toma muy en serio su quehacer y logra un entretenimiento genuino.



La película es larga, dura 144 minutos y se inicia con una detallada exposición de los antecedentes; nada de ello hace que el interés decaiga, al contrario, lo redobla; ya que pone en el punto de mira una herencia en forma de tesoro que permanece escondido en la vicaría. La historia la conocen todos por lo que llega un momento en que estos corderos de Dios se convierten en lobos. 

El plan del asesinato es muy sofisticado y repleto de pistas falsas, lo que combinado con las neuras de esta media docena de perturbados alumbra un juego endemoniado, por el que Johnson navega con innegable pericia. La puesta en escena funciona de maravilla subrayando la teatralidad y los golpes de ironía (ay, ese rayo de sol que incide en Benoit Blanc como si se tratase de una inspiración divina).

Pero no se trata sólo de un juego. Al puro entretenimiento del whodunit la película añade tres capas muy seductoras, una metatextual, otra sociopolítica y otra moral. 

La metatextual se hace evidente cuando el detective y el sacerdote encuentran en la oficina de Martha la lista de libros del club de lectura de la parroquia. Allí figuran desde el clásico de John Dickson Carr, El hombre hueco, hasta otros de Agatha Christie y Dorothy L. Sayers. Un auténtico canon de literatura de misterio que lleva al detective a exclamar "¡Dios mío! ¡esto es prácticamente un curso sobre cómo cometer este asesinato!". Asimismo se debate en torno a cómo se implementa una "narrativa", que es como Benoit ve a la religión. También el culpable reconoce que urdió una "narrativa" en torno a la santidad de Monseñor Wicks para encubrir el crimen.
 


La otra capa es bufonesca y corrosiva. Wicks es un cura ultramontano que abraza todos los odios y la belicosidad del movimiento MAGA. Monseñor clama desde su púlpito para que las gentes liberen su ira para hacer frente a este mundo. Incluso reta a Duplenticy propinándole un puñetazo. La única imagen de Jesucristo que le vale es la de un iracundo Mesías repartiendo latigazos en el templo. Así lo refleja el novelista en su panfleto, cuyo título es revelador: "El santo hombre y el trovador: una canción de guerra por el alma de América."

La tercera capa es sorprendente. Se trata del duelo moral que enfrenta a Duplenticy y Wicks... y no carece de enjundia. El primero propone la compasión como respuesta al odio. Le dice a Wicks que Jesucristo no es una fiera que se tenga que enfrentar a nadie y que su idea de religión no es luchar contra los malvados sino acompañarlos, quererlos y comprenderlos. 
Justo en las antípodas de lo que se vocea en estos tiempos oscuros.
En este papel se luce Josh O´Connor, mostrando una gran sensibilidad y hondura dramática. El único personaje de carne y hueso de esta charada tan resultona.

























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*  Desde sus inicios Rian Johnson ha mostrado inclinación por los universos detectivescos. Se estrenó con Brick (2005), un innovador largometraje de cine negro cuya acción transcurre entre los jóvenes de un instituto. Continuó con Los hermanos Bloom (2008) y trasladó su ambiente a la ciencia-ficción con la estupenda Looper (2012). Después de caer en la trampa galáctica de Star Wars: Los últimos Jedi (2017) regresó a sus mundos de crímenes, engaños y detectives con esta disfrutable trilogía de Puñales por la espalda.

** Las cinco novelas que figuran en el club de lectura y que ilustran algunos momentos de la película son:
- El hombre hueco, de John Dickinson Carr
- El cadáver con lentes, de Dorothy L. Sayers
- Los crímenes de la calle Morgue, de Edgar Allan Poe
- El asesinato de Roger Ackroyd, de Agatha Christie
- Muerte en la vicaría, de Agatha Christie

*** Aquí hay un sugerente artículo  que repasa alguna de las películas que han inspirado esta saga de Puñales....

sábado, 6 de diciembre de 2025

PREDATOR-BADLANS - de Dan Trachtenberg

2025


Definitivamente la saga Predator ha virado y ya no presenta películas de ciencia ficción o terror como las precedentes. Predator - Badlands es una gozosa película de aventuras con todas las de la ley.

La película tiene todo lo que se espera de una película de aventuras clásica: Un héroe que está en entredicho habrá de emprender un viaje iniciático que pondrá a prueba su valor y determinación. En el trayecto afrontará todo tipo de pruebas y peligros recorriendo un territorio exótico y hostil. En algunos casos encontrará por el camino  a algún que otro marginado al que se unirá para aprender juntos la fuerza del grupo y la lealtad. Aliados conseguirán su objetivo final, accediendo a un nuevo status.

Así ocurría en la Odisea que afrontó Ulises o en las singladuras que desafió Simbad. El joven D´Artagnan y el adolescente Jim Hawkins se embarcaron en la aventura de convertirse en adultos saliendo de la granja paterna como tuvo que hacer el propio Luke Skywalker. 

Esto ya nos dice que el terror y la violencia adulta característicos de la saga rebaja aquí el tono hasta convertirse en una aventura casi juvenil.



Lo novedoso en esta Badlands es que nuestro héroe será quien hasta ahora era el monstruo de las historias, un implacable depredador que recorre el universo buscando presas desafiantes. Efectivamente Dek es un joven y enclenque Yautja (Predator) destinado a ser sacrificado, ya que su bárbaro clan tiene por costumbre eliminar al eslabón más débil por el que puedan llegar a aniquilarlos. Pero, inesperadamente, recibe la ayuda de su hermano mayor, quien defiende su derecho a una cacería primaria donde poder demostrar hasta donde llega su fuerza y valor.

Para romper su imagen de debilidad Dek elige el mayor reto, enfrentarse al depredador más temido, el Kalisk, un monstruo invencible que reina en el mortífero planeta Genna. Allí  todo es letal, desde la hierba y las plantas hasta el más pequeño animal. Dek recorrerá la senda del guerrero para demostrar su destreza y valentía redimiéndose ante su padre o muriendo en el intento. 



El Kalisk no será su único enemigo en Genna, ya que la corporación Weyland-Yutani (la mítica compañía que opera tanto en Alien como en Predator) ha enviado a una fuerza de androides letales con el objetivo de capturar al monstruo y así poder replicar sus ventajas biológicas. Como buen Yautja, Dek no acepta la ayuda de nadie, pero las circunstancias serán tan extremas que le acabarán aliando con uno de estos androides, Thia (Elle Fanning). Aunque ella es diferente ya que tiene una programación científica y, además, ha perdido las dos piernas tras un encuentro con el Kalisk. Completará el trío un pequeño y simpático monstruito. Los tres unidos demostrarán carácter, valentía y lealtad. 

Dado que el monstruo ya no es un monstruo sino nuestro héroe un tanto vulnerable y la compañía que se va formando a su alrededor es de lo más estrafalaria, mi cabeza me llevó hasta Schrek, con su burro parlanchín y una princesa feúcha. Por ahí la película bordeaba el precipicio de un cuento infantil, pero unas buenas escenas de acción con unos necesarios toques de humor acabaron convirtiendo a esta pandilla de inadaptados en una muy entretenida película de aventuras al mejor estilo buddy movie (peli de colegas). 

Con todo me ha gustado mucho más la primera parte, en la que vas descubriendo un planeta lleno de peligros mientras los desconocidos liman asperezas. En cambio la segunda me ha parecido demasiado previsible, con una serie de enfrentamientos en que los androides quedan como simples autómatas.  



La saga Predator lleva con nosotros casi cuatro décadas. Se ha mantenido viva cambiando de tono y de época, cruzándose con Alien y dando arriesgados saltos cronológicos. Predator: Badlands llega como la séptima película principal de la saga y la novena si contamos los cruces con Alien. La historia se desmarca por completo de los anteriores episodios ya que transcurre en el mismísimo hogar de los predators, Yautja Prime, muy lejos de la Tierra donde solían buscar sus presas.

Cuando Disney adquirió los derechos de Predator, dentro del paquete de sagas propiedad de 20th Century Fox, buscó un director que revitalizase la franquicia y acertaron plenamente al darle la batuta a Dan Trachtenberg. Él supo dar un giro innovador a la saga dirigiendo Predator: La Presa (2022), donde se nos ofrece un sorprendente enfoque histórico llevando la acción hasta la Norteamérica del siglo XVIII. Posteriormente supervisó el largometraje animado Asesino de Asesinos que nos ofrece una interesante antología de intervenciones del depredador en tres periodos históricos distintos; la era vikinga, el Japón feudal y una batalla naval en la Segunda Guerra Mundial. Esta intromisión del jautja en territorios y épocas diversas parece enlazar mejor con el espíritu original de la primera, ya que subraya el contraste entre la trama de fondo que va por un lado y la irrupción violenta del depredador que la desbarata y reorienta.



lunes, 6 de octubre de 2025

UNA BATALLA tras OTRA - de Paul Thomas Anderson

EEUU,2025


Pertinente.
Esa es la palabra que me vino a la mente a la media hora de película. Ahí están todos los temas más acuciantes de los EEUU de ahora mismo. La emigración como excusa para el racismo y el supremacismo más rampante o la amenaza de un estado profundo que desde el poder económico y político está intentando convertir a la democracia en un mero formalismo.

La película está basada en la novela de Thomas Pynchon, Vineland, obra de 1990 que retrata el fracaso de los jóvenes rebeldes de los años 60 que, tras llegar a adultos en los 80, vendieron sus ideales y adoptaron un visión de la sociedad totalmente conservadora y materialista. Todo ello sin olvidar la propagación abusiva de la vigilancia policial.  

La novela relata la búsqueda de Frenesí, una revolucionaria hippie que acabó convertida en informante del gobierno, por parte de su hija Prairie. Con ella recorremos el camino inverso desde los 80 a los 60 para intentar descubrir cómo los jóvenes contraculturales de la era del amor libre se convirtieron en votantes de Reagan en la década de 1980.


Paul Thomas Anderson actualiza todo esto, manteniendo la trama básica de la novela pero cambiando los puntos de inflexión. Aquí tenemos a una adolescente Willa Ferguson (Chase Infiniti) que junto a su padre Bob (Leo DiCaprio) vive en la clandestinidad, en un poblado en las montañas. Han tenido que huir tras desmantelar la Guardia Nacional el equipo de activistas radicales que lideraba su madre, Perfidia Berverly Hills (una enérgica Teyena Taylor). Perfidia fue una revolucionaria hippie muy carismática, pero al ser hecha prisionera se acogió al programa de testigos protegidos y delató a todo su equipo, conocido como el 75 francés

Al igual que en la novela, Perfidia mantenía una enfermiza relación amorosa con su captor, el muy fascista capitán Lockjaw (Sean Pean); pero tras asegurarse su libertad desapareció. 16 años después el capitán ya es coronel y aspira a ser admitido en un clan de supremacistas muy poderosos que operan en la sombra, Los Amantes de la Navidad. Temeroso de que se conozca su relación con Perfidia, de raza negra, se lanza tras Willa y Bob para hacerlos desaparecer el mapa.



La película comienza con una audaz intervención del 75 francés para liberar a los inmigrantes presos en un centro de detención: ¡cómo no recordar el Aligator Alcatraz que acaba de inaugurar el emperador pollo hace un par de meses! Las vallas metálicas y los barracones son idénticos. Allí es donde Perfidia conoce al capitán Lockjaw al que humilla... y a la vez excita. Éste le promete que se volverán a ver... y así es. Se citan a escondidas y mantienen una extraña relación sadomasoquista donde se mezcla poder, sumisión y un furibundo deseo sexual. 

Todavía veremos un par de acciones terroristas más y un entrenamiento de lo más salvaje (la imagen de Perfidia embarazada y disparando una metralleta ya es icónica) antes de que Lockjaw la aprese y le apriete las clavijas. Tras delatar a toda su célula desaparece dejando atrás a su pareja y a su bebé. Tras este prólogo y después de 16 años comienza el grueso de la película centrada en la persecución de Willa y Bob Ferguson.



Por supuesto el viaje desde las páginas a la pantalla supone dejar por el camino toda una serie de capas y mas capas, subtramas* y jugosas digresiones históricas, científicas y literarias que son marca de la casa Pynchon. Pero el espíritu del libro está ahí, hilarante, oscuro y provocador. Hablar de unos EEUU en descomposición que viajan a toda vela hacia una sociedad fascista supremacista. 

A pesar de la seriedad del asunto, el libro es muy divertido (tiene fama de ser el menos "Pynchon" del sesudo Pynchon) y la película no se queda a la zaga. Leo DiCaprio se pasa todo el metraje huyendo, ataviado con una bata a cuadros mugrienta que lo convierte en un remedo muy conseguido de El Nota, el icónico personaje de los Hermanos Cohen en su impagable "El gran Lebowski". 

Las drogas y el alcohol han hecho mella en Bob y cuando tiene que correr se tropieza o cae desde la azotea, cuando quiere acceder a la guarida secreta se ha olvidado de las claves e incluso cuando quiere llamar a su hija tiene el teléfono descargado. Una calamidad. Su escena desde una cabina telefónica, intentando que su contacto le de las coordenadas del refugio es hilarante y ya está en el olimpo de las imágenes antológicas de la película. Bob es un pringao en toda regla que DiCaprio resuelve con dedicación y entereza.


La película dura casi tres horas pero se pasan en un suspiro. Las peripecias se suceden con gran ritmo, las extravagancias no dejan de aparecer, los personajes más estrafalarios se multiplican (Ay ese Benicio del Toro convertido en un sensei de los inmigrantes) y, al final, todo se convierte en una persecución sin límites... tal y como dice el título: Una batalla tras otra de las personas de a pie contra el establishment más represor.

Uno de los aspectos que ayudan a conseguir ese ritmo apresurado de la cinta es su banda sonora, obra del integrante de Radiohead, Jonny Greenwood. Su juego de ritmos desnudos con distintos instrumentos nos provoca una sensación de vértigo que nos lleva en volandas de secuencia en secuencia. Una de las más logradas es la persecución en coche que sufre Willa por parte de un sicario de Los Amantes de la Navidad. Ambos circulan por una carretera llena de toboganes que hacen que los coches aparezcan y desaparezcan en el horizonte. La cámara elabora toda una danza subiendo y bajando esas cuestas al ritmo electrizante de la música. El efecto audiovisual es magnífico y la tensión máxima.


Quizás se echa en falta un comentario sociopolítico más profundo pero la cámara nos permite introducirnos en dos guaridas que nos muestran una realidad oculta. Por un lado la de los tugurios donde malviven los inmigrantes, siempre preparados para cuando la ´migra´ eche la puerta abajo, siempre dispuesto el plan de escape por túneles o azoteas. 

Pero hay otro túnel.
El que visitamos en una lujosa mansión tejana. La cámara sigue al sicario bien vestido y afeitado hasta el sótano donde abre una puerta camuflada por la que accede a un espacioso búnker. La sala es amplia y luminosa. Hay una mesa de nogal y un vinilo con una escena idílica del campo americano ocupa toda una pared. Es un centro de poder. Allí están reunidos los cabecillas del clan Los Amantes de la Navidad. A su lado los del Ku Klux Klan parecerían unos simples mamarrachos. Ellos están a la altura de un Elon Musk. Unos tipos blancos, adinerados y bien vestidos que charlan educadamente sobre lo que hay que hacer para que su gran nación quede libre de migrantes, negros y judíos. Son los que mueven los hilos y van a decidir qué hacer con quien los estorba. 
Esta es la tercera imagen icónica de la película y, por lo que supone, resulta escalofriante.

Protestas contra las redadas migratorias en Los Angeles - 2025 Caroline Brehman/AAP-

En la película los violentos ya no son los hippies ni hay necesidad de reeducarlos, como se plantea en la novela. Aquí los malos son los inmigrantes y las ciudades santuario en las que el emperador pollo quiere desplegar el ejército para controlarlas. En fin, que siendo un thriller, la película se erige como un grito en defensa de los desposeídos y marginados que sostienen América desde sus subterráneos.

 










La novela es más que una novela política sobre la deriva de los hippies y la Década de la Avaricia. En ella nos encontramos una abducción ovni durante un vuelo a Hawai, un detective psíquico investigando un ataque de Godzilla, una comunidad de ninjas en las colinas de California, una prisión política en lo profundo de un refugio nuclear, una subasta sexual en Tokio y hasta una comunidad de fantasmas zombis.

jueves, 14 de agosto de 2025

WEAPONS - de Zach Cregger

EEUU,2025


El director y guionista Zach Cregger ha creado un gancho inapelable capaz de cautivar incluso a los que no son fanáticos del terror. La película comienza con la voz en off de un niño que nos cuenta el origen de esta terrorífica historia. Un día, a las 2:17 de la madrugada, 17 alumnos de la misma clase de Primaria, salieron de sus casas corriendo, todos con los brazos extrañamente extendidos, y se perdieron en la noche. 

Este comienzo aterrador y traumático sacude al pequeño pueblo de Maybrook hasta los cimientos. Todos quedan tocados y lo peor es que no hay ninguna pista a la que aferrarse. La amenaza sólo se desvelará al comenzar el último tercio de la cinta (pero no del todo); por lo que cabe decir que el miedo que pasamos durante el metraje es de los más atávicos que sufre el ser humano, el miedo a lo desconocido. ¿Por qué se fueron los niños? ¿Quién o qué los controlaba? ¿Por qué todos pertenecían a la misma clase del colegio? ¿Por qué sólo hay un niño, Alex, que no fue afectado por esa llamada?

La voz del niño que nos cuenta la historia no hace sino ratificar a la película como una versión actualizada de una cuento de hadas clásico, uno de esos en el que unos niños se adentran en el bosque sin saber que los acecha un engendro. 



Cregger combina tensión y terror al elegir una ambiciosa estructura narrativa en seis capítulos que combina diferentes puntos de vista que acaban superponiéndose. Primero el de la maestra de los niños (Julia Garner), contra la que el pueblo se revuelve en primera instancia; luego el de un policía y a continuación el de un indigente, para seguir con Archer Graff (Josh Brolin), el padre iracundo de uno de los niños. En los dos últimos ya tocamos el fuego, primero con el director del colegio (Benedict Wong) y finalmente con el propio Alex que nos revelará la madriguera del conejo. Cada episodio nos acercan un poco más al enigma sin revelarlo, lo que acrecienta el mal rollo y te obliga a imaginar nuevas teorías como si estuvieses jugando una partida macabra. Esta fórmula la inauguró el clásico Rashomon (Akira Kurosawa, 1950) y ayuda a dotar de nuevas capas a la historia.

Es como una narración circular en la que los seis protagonistas (más los espectadores) nos encontramos mirando los mismos hechos sin llegar a comprenderlos. Es lo que le ocurre a Archer Graff, único padre que intenta resolver racionalmente el misterio. La cámara del timbre de su casa grabó a su hijo huyendo. Él mira estas imágenes constantemente sin detectar nada extraño. Ha llegado a trazar varias líneas sobre un mapa del pueblo que conforman una gigantesca X, ante la que acaba preguntándose "¿Qué estoy mirando?. El guión juega a dejar caer pistas falsas como el tema que estaban dando los niños en clase, los parásitos. También Archer tiene una pesadilla en la que llega a una casa sobre la que flota un arma automática; una metáfora nada encubierta de los horrores reales que a veces sufren los institutos.  



Los intérpretes están muy ajustados; pero la que llama la atención, sin duda, es la actuación de Amy Madigan. Cuando veas la película ya me dirás. 

A mí me encanta ese ritmo alterno que te lleva repetidamente de la tranquilidad al terror. Cuando empieza un nuevo episodio estás esperanzado pero al acabar siempre te da un hachazo. Una vez es el policía que entra en una casa y sale diabólicamente transformado. Otra vez es la maestra que es atacada por su propio director desfigurado. Así una y otra  vez. La verdad se mantiene velada mucho tiempo. La expectación es máxima. Pero, ¿Qué coño está pasando?


Como suele ocurrir en estos casos, tendrá que ser ese único niño que se quedó sin compañeros quien nos guíe por los vericuetos de esta retorcida casa del terror. La última carta de la película es sangrienta y feroz. El pequeño Alex se enfrentará al monstruo en su mismísima madriguera siendo capaz de encontrar la clave que nos proporcione un final necesariamente catártico... aunque no completamente feliz.

La película es un misterio oscuro y morboso que no acaba de ofrecer todas las respuestas que esperamos, lo cual es aún más excitante y placentero.








Zach Cregeer se estrenó como director en 2022, con Barbarian,  un viaje perverso que invitaba a preguntas espeluznantes sobre lo que podría estar sucediendo tras la puerta de tu vecino. Aquí se ha superado.

lunes, 21 de julio de 2025

SIN PERDÓN - de Clint Eastwood




Vuelvo a ver esta obra maestra y me doy cuenta de que, en realidad, no es un western. Los años del Lejano Oeste son ya pretéritos. Estamos en otra época y muchos personajes hablan de "aquellos salvajes tiempos", incluido el sheriff y el pistolero protagonista, William Munny.
Entonces ¿por qué es un western como la copa de un pino?

Recordemos. 
Una prostituta es rajada en la cara y los pechos por dos vaqueros borrachos en un pueblucho remoto de Wyoming. Sus compañeras claman justicia, pero lo que obtienen es una compensación de siete caballos para el dueño del burdel por haber dañado su propiedad. Las meretrices deciden juntar sus ahorros y ofrecer una recompensa de 1.000 $ a quien mate a los dos vaqueros implicados.

El premio es muy suculento y pronto un pistolero joven y bravucón acude al rancho de William Munny (Clint Eastwood) para sumarle a la causa y repartirse el botín. Munny ya no es aquel brutal forajido famoso por su sangre fría; ahora es un vetusto granjero que malvive cuidando una piara de cerdos mientras intenta sacar adelante a sus dos hijos. Su esposa lo rescató de sus correrías pero ahora está viudo y, harto de su vida miserable, decide acompañar al joven; no sin antes convencerlo para añadir a la partida a su amigo Ned Logan (Morgan Freeman), un experto francotirador.



Mientras los tres pistoleros recorren el camino hasta Wyoming, otro cazarrecompensas se les ha adelantado. Es Bob el Inglés (Richard Harris) que es recibido por el sheriff Little Bill (Gene Hackman) con una brutal paliza. El sheriff quiere dar ejemplo y lanzar el mensaje de que los pistoleros no son bienvenidos en el pueblo. 

En estos trazos ya se ve que no estamos en el Viejo Oeste. En primer lugar el punto de inflexión lo marcan las mujeres, con su iniciativa y su dinero. También es novedoso que Little Bill haya implantado la ley de un pueblo sin armas. En tercer lugar los forajidos están viejos y achacosos. Incluso sienten remordimientos por los asesinatos que cargan en su conciencia. Reconocen que la muerte es un acto terrible y definitivo: «Matar a un hombre es algo muy duro. Le quitas todo lo que tiene… y todo lo que podría tener», reflexiona Munny. 


Estamos ante un western crepuscular, de los que dan la vuelta a las convenciones del género. Ya nada es blanco o negro como solía, todo se llena de tonalidades grises. El sheriff es un hijo de puta que aplica la ley de forma implacable. No es con él con quien empatizamos, sino con un asesino que ha sido capaz de enderezar el rumbo. Tampoco se puede decir que los cowboys maltratadores sean unos tipos perversos. Primero muestran un sincero arrepentimiento por los desmanes de una noche de borrachera y posteriormente, cuando son tiroteados, se muestran como unos vulgares granjeros de reses.

Todo ello hace que el Lejano Oeste aparezca como algo muy remoto, escondido tras una neblina que lo ha acabado convirtiendo en leyenda. El propio jovenzuelo que ha reclutado a Munny, no es más que un niñato que ha escuchado demasiadas historias sobre pistoleros aguerridos a los que ahora quiere emular. Incluso siendo un novato, ya se ha puesto un apodo, Schofield Kid, para que la pose sea completa. Pero finalmente la realidad de esta aventura pondrá a cada uno en su sitio. Y es que la película tiene una profunda textura moral. Cuando Logan está apuntando a los cowboys se da cuenta de que ya no es un frío asesino. Y cuando Schofield Kid busca consolarse por los asesinatos cometidos diciendo, "supongo que se lo merecían"; es el fiero Munny quien le responde con amargura: "Todos nos lo merecemos, Kid".



Está claro que el Salvaje Oeste es cosa del pasado y así lo certifica el periodista que acompaña a Bob el Inglés. El adulador W.W. Beauchamp (Saul Rubinek) escribe artículos y libros donde recoge los testimonios de gente que vivió aquellos tiempos legendarios antes de que su recuerdo se pierda; porque todos ellos ya están viviendo en otra época. 

La presencia del periodista es la ratificación del cambio de época. Además cuando deja la compañía de Bob el Inglés para seguir a Little Bill, éste le contará la auténtica verdad de aquellos tiempos, mucho menos fabulosos de lo que Bob el Inglés le ha relatado. Como la historia de Dos Pistolas Corcoran a quien Bob mató en un duelo. El apelativo no era porque llevase dos revólveres, sino porque su pene era más largo que el cañón de su único Colt Walker. Según Bill, Corcoran se hubiese librado en caso de llevar dos pistolas; pero estaba borracho y acabó disparándose en un pie.

Resulta que la verdad es más grosera que cualquier cuento. 
No había pistoleros que desenfundasen tan rápido como el rayo. Los pistoleros más legendarios eran en su mayoría unos borrachuzos impenitentes. Además los revólveres no eran muy fiables. Se encasquillaban constantemente y con ellos era muy difícil acertar a un hombre. Los testimonios que recoge el periodista, tanto de Bill como de Munny, son notoriamente desmitificadores en cuanto a la figura del pistolero y a la glorificación de la violencia como la ley del más fuerte. Así lo corrobora Munny cuando le responde a Beauchamp tras el tiroteo en el saloon. 
“- ¿A quién ha matado primero?
- ¿Qué?
- Cuando un buen pistolero se enfrenta a un grupo superior de hombres siempre dispara primero sobre quién mejor dispara.
- ¿Es así?
- Sí, me lo dijo Little Bill, seguro que es el primero al que mató.
- Tuve suerte en el orden, pero siempre he tenido suerte cuando se trata de matar.”
Por eso algunos lo llaman "western revisionista".



Pero este Western que no es un Western ha visto cómo la situación se ha venido enquistando hasta forzar a Munny a resolverlo a la manera del Viejo Oeste. Después de destrozarnos todos los mitos ahora sí, en el desenlace, por fin, se nos sumerge en el más auténtico y salvaje Oeste. 

Cuando Munny se entera de que han matado a su amigo Ned y que lo tienen expuesto en el saloon de forma humillante, rompe su abstinencia de diez años y se bebe varios tragos de whisky directamente de la botella. Ese será el fuego que revivirá al antiguo William Munny pendenciero y sanguinario. 
Lo necesita para un último trabajo.
Munny entra solo en el saloon para enfrentarse a Little Bill y a todos los parroquianos con los que está organizando un grupo para perseguirlos. Su mirada y sus palabras son de acero. También sus músculos y sus nervios. El viejo porquero ha desaparecido para dejar paso al pistolero implacable que sabe perfectamente cómo matar personas. Empieza disparando a bocajarro al dueño del saloon, por lo que Little Billy le increpa.
“- Es usted un miserable y un cobarde hijo de perra. Ha matado a un hombre desarmado.
- Pues debió haberse armado cuando decidió decorar su salón con mi amigo.
- Es usted William Munny de Missouri, el asesino de niños y mujeres.
- Así es. He matado a mujeres y niños. He disparado sobre cualquier cosa que tuviera vida y se moviera. Y hoy he venido a matarle a usted por lo que ha hecho a Ned.”
Esta escena gloriosa, confusa y terrible, sí es el epítome del western. El periodista ya podrá contar que durante unos brutales minutos estuvo presente en el Salvaje Oeste.














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El género del western es fundacional en el cine estadounidense. Tras su época de esplendor languidecía en los años 70 y 80 cuando precisamente Clint Eastwood lo revitalizó en 1985, estrenando "El Jinete Pálido"; una revisión del clásico "Raíces Profundas" (en el original Shane, de Georges Stevens, 1953).
"Sin perdón" se estrenó en 1992 pero mantiene intacta toda su potencia dramática. El guión se debe a David Webb Peoples (guionista de otras dos obras monumentales como son "Blade Runner" y "12 Monos", casi nada).
La figura del periodista es el elemento de modernidad, pero no es la primera película del Oeste que lo incorpora. Ya en 1962, el gran John Ford contó con un periodista entre los personajes de su historia que se cuenta en El hombre que mató a Liberty Valance
También en esta extraordinaria película se contraponen dos visiones del western, la del violento y lejano Oeste, representada por el desalmado pistolero 
Liberty Valance (Lee Marvin) y la de los nuevos tiempos asentados en el respeto a la ley que encarnaba el abogado Ramsom Stoddard (James Stewart). El paso de una a otra época no fue fácil y este periodista, como el de "Sin Perdón", todavía está impregnado del halo mítico de los viejos tiempos cuando le reconoce al abogado: “Esto es el Oeste, señor. Cuando la leyenda se convierte en hecho, se escribe sobre la leyenda”.