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miércoles, 26 de febrero de 2020

FLUYAN mis LÁGRIMAS - de John Dowland















"Hoscamente, el General Buckman abrió el tercer cajón de su gran escritorio y colocó una bobina de cinta magnética en el pequeño aparato que allí tenía. "Arias de Dowland para cuatro voces..." Se quedó escuchando una que le gustaba mucho de entre todas las canciones que había en los volúmenes para laúd de Dowland.
    ...Pues ahora, abandonado y solitario
    me siento, suspiro, sollozo, me desmayo, muero,
    en dolor mortal e interminable miseria.


El primer hombre, recapacitó Buckman, que escribió una pieza de música abstracta. Sacó la grabación, puso otra y se quedó escuchando la "Lachrimae Antiquae Pavan".

Los párrafos anteriores se pueden leer en la página 127 de la novela de ciencia ficción, "Fluyan mis lágrimas, dijo el policía", de Philip K. Dick y esta continuidad me resulta fascinante.

Flow my Tears (Fluyan mis lágrimas) es una pieza musical para laúd compuesta por John Dowland en 1598 y está reconocida como una de las composiciones más melancólicas de todos los tiempos. Es un tema tan popular que hasta tiene una versión cantada por Sting.


Dowland fue un compositor inglés que trabajó en varios tribunales europeos en Alemania, Italia o Dinamarca. La melodía de Flow my tears se compuso en 1598 como una pieza solista para laúd, posteriormente, en 1602, Dowland le añadió un texto transformándola en una canción que se publicó ese mismo año en The Second Booke of Songs. 


La pieza aborda el tema del dolor y el exilio interior que experimenta el enamorado al no conseguir acercarse a la persona amada. La época de Dowland fue muy convulsa para la Corte inglesa ya que la conversión religiosa impuesta a toda Inglaterra generó un ambiente político y religioso de sospecha, muy receloso ante las traiciones a los designios del Reino de Inglaterra. 

John Dowland tuvo la desgracia de convertirse al catolicismo durante su estancia en París estando al servicio de un diplomático inglés. A través de éste, se vio envuelto en una trama de conjura política contra la reina Isabel I de Inglaterra y ello hizo que no pudiese regresar a su país por estar considerado como un traidor a su patria. 

Vivió un exilio más doloroso cuanto que su máxima aspiración era que se reconociera su valía en su país natal. Todos sus intentos se vieron frustrados. Esta contrariedad influyó en su vida y en su música. El tema de la melancolía imperaba en las expresiones artísticas de este período isabelino. Del mismo modo la temática estará presente en la mayoría de la obra de Dowland, no en vano dio a una de sus pavanas el título de “Semper Dowland, Semper Dolens” (Siempre Dowland, siempre doliente).
La muerte en marzo de 1603 de la reina Isabel I le provoca sentimientos paradójicos. Las lágrimas por las esperanzas perdidas se pueden convertir en lágrimas por una nueva ilusión. En este estado de cosas, el compositor crea una de las obras más importantes e influyentes de su época: la colección de siete pavanas conocidas con el título genérico de “Lachrimae, or Seaven Teares” escritas para conjunto instrumental. 

Estos llantos debían llegar al corazón de la persona a quien estaba dedicada la obra: la princesa Ana, esposa de Jacobo I de Inglaterra. En la dedicatoria del libro, Dowland escribió las siguiente palabras: “Aunque el título prometa lágrimas, esas invitadas indeseables en estos tiempos de alegría, no hay duda de que las lágrimas que se vierten por la música son agradables. Las lágrimas no nacen siempre de la pena, a veces también nacen de la alegría y la felicidad”.





Fluyan, mis lágrimas

¡Fluyan mis lágrimas, caídas de sus manantiales!
Exiliado para siempre, dejadme llorar;
Permitidme que viva olvidado
Donde el pájaro negro de la noche canta su tristeza
 
¡Apagaos, oh vanas luces, no brilléis más!
No hay noche lo bastante oscura para aquellos
Que desesperadamente deploran sus fortunas perdidas.
La luz no es otra cosa que vergüenza nuestra.
 
Nunca serán mis penas aliviadas,
Puesto que la piedad ha huido;
Y las lágrimas, suspiros y gemidos han privado
de cualquier alegría a mis cansados días.
 
¡Oíd!, vosotras, sombras que en la oscuridad moráis,
Aprended a despreciar la luz
Felices, felices, quienes en el infierno
no sienten el desprecio del mundo.


Flow, my tears

Flow, my tears, fall from your springs!
Exiled for ever, let me mourn;
Where night’s black bird her sad infamy sings,
There let me live forlorn.

Down vain lights, shine you no more!
No nights are dark enough for those
That in despair their lost fortunes deplore.
Light doth but shame disclose.

Never may my woes be relieved,
Since pity is fled;
And tears and sighs and groans my weary days
Of all joys have deprived.

From the highest spire of contentment
My fortune is thrown;
And fear and grief and pain for my deserts
Are my hopes, since hope is gone.

Hark! you shadows that in darkness dwell,
Learn to contemn light
Happy, happy they that in hell
Feel not the world’s despite.


sábado, 10 de noviembre de 2012

EL DIABLO ENAMORADO - de Jacques Cazotte










Extracto del prólogo de Jorge Luis Borges en la maravillosa Biblioteca de Babel de Ediciones Siruela.



Dividir en siglos la historia no es menos arbitrario, tal vez, que dividir en puntos el espacio o en instantes el tiempo, pero esas unidades son arquetipos que nos ayudan a imaginar y cada siglo nos propone una imagen coherente. El admirable siglo XVIII fue el siglo de Voltaire y de la Enciclopedia, pero fue también el siglo de Swedenborg y de su rebelde discípulo, William Blake. Quizá no huelgue recordar que fue el siglo de Osián, del apócrifo Osián y de la epopeya celta, que inauguró el vasto movimiento romántico. 


Ese ambiguo carácter se refleja en Le Diable Amoureux de Jacques Cazotte. Está redactado en razonable y clara prosa francesa, pero su fábula es fantástica. Ya Voltaire en Micromégas había dado el ejemplo; ya Antoine Galland había revelado al Occidente el Libro de las Mil y Una Noches. Cazotte recordaría su título en Mille et une fadaises, Contes à dormir debout; de igual modo, el Diable amoureux es una voluntaria antítesis de Le Diable boiteux de Le Sage. El argumento de Cazotte no se reduce a un artificio del Demonio que toma forma de mujer para apoderarse de Álvaro; el Demonio, enredado en su propio juego, se enamora de Álvaro, como si la fugaz mascarada hubiera transformado su esencia, hasta convertirlo en la verdadera y apasionada heroína de la obra. Nada queda en Biondetta de la monstruosa aparición que responde al conjuro de Álvaro en las ruinas de Portici y que le dice en italiano: Che vuoi? La máscara es el rostro; la satánica seductora es la seducida y seguirá siéndolo, ansiosa y plañidera, en el decurso de la fábula, tan llena de episodios idílicos. Una y otra vez Belcebú–Biondetta agota las diversas artimañas que todas las mujeres inventan para atraer a un hombre. El estilo, deliberadamente frívolo, suele jugar con el terror, pero, a diferencia de Vathek, que es de fecha ulterior, no se propone nunca alarmarnos. Cazotte no pudo prever que su fábula sería sometida a la mitología patológica del reciente Procusto, Sigmund Freud.
Gabriel Saud, discípulo de Procusto, ha conseguido que el Belcebú–Biondetta sea una hipóstasis de la madre y del padre del escritor, lo cual es más quimérico y, sin duda, más terrorífico que el libro que se propuso explicar. Agreguemos que es menos encantador.
(...)

(J. Cazotte) En 1772 publica el Diable amoureux; el éxito es tan grande que se le acusa de haber revelado misterios que los iniciados deben guardar. Los críticos, razonablemente, atribuyen a la imaginación del autor el encuentro con el Demonio. 

Su fama de visionario permitió que le atribuyeran una profecía de su propia muerte, y del terror. Por lo demás, el propio Cazotte declara: «Vivimos entre los espíritus de nuestros padres; el mundo invisible se cierne a nuestra alrededor... sin cesar, los amigos de nuestro pensamiento se nos acercan familiarmente... Veo el bien, el mal, a los buenos y a los malos; a veces la confusión de los seres es tal, cuando los miro, que no siempre sé distinguir, desde el primer momento, a los que viven en su carne de quienes han dejado las apariencias groseras...» Y agrega después: «Esta mañana, durante la oración que nos reunía bajo la mirada del Todopoderoso, el cuarto estaba tan lleno de vivos y de muertos de todos los tiempos y de todos los países, que no podía distinguir entre la vida y la muerte; era una extraña confusión, pero también un magnífico espectáculo.»
Monárquico ferviente, no oculta nunca su adhesión a Luis XVI. En agosto de 1792, las autoridades secuestran unas cartas en las que, se cree ver una conspiración. Cazotte es arrestado; su hija Elizabeth lo acompaña voluntariamente a la cárcel. La suerte le depara un fin espléndido; al subir al patíbulo, bien cumplidos los setenta años, podrá decir: «Muero como he vivido, fiel a Dios y a mi rey

Jorge Luis Borges

EL DIABLO ENAMORADO - de Jacques Cazotte










Pasión, voluntad y embrujo.-


En esta novela corta escrita en pleno siglo XVIII encontramos la encarnación de un diablo novedoso, una modosa jovencita cuyo amor apasionado logra envolver a su invocante como una gasa irrespirable. 

Los juegos eróticos dieciochescos, la razón y el sueño de ella, la pasión y el esoterismo; todo ello conforman un libro que en la sencillez de su peripecia alberga múltiples facetas.

Tiene razón Luis Alberto de Cuenca cuando señala que El diablo enamorado nos habla de 
"un siglo XVIII muy diferente del que conocemos. De un siglo volcado en el esoterismo iluminista, con tanta o mayor ilusión que en el racionalismo militante. De un siglo que había descubierto que el rostro mítico y el rostro lógico no son en absoluto incompatibles, y que la luz y las tinieblas fueron creadas para vivir juntas. De un siglo que vio nacer la literatura fantástica propiamente dicha y asistió al nacimiento de un subgénero literario como la novela gótica inglesa, de tan sugestiva y brillante descendencia en las letras occidentales. Porque el siglo XVIII no es sólo la centuria en que se rinde culto a la razón (Voltaire), sino también la del descubrimiento de los monstruos que habitan la mente humana (Sade). La novela breve de Cazotte, escrita en un estilo razonable y claro, contiene sin embargo en sus páginas el germen de la tempestuosa revolución romántica."
Jacques Cazotte nació el 17 de octubre de 1719 en Dijon. Estudió con los jesuitas y posteriormente  ingresó en una secta ocultista  que practicaba las enseñanzas del sufismo y de la cábala. Finalmente fue guillotinado en la Plaza del Carrousel, el día 25 de septiembre de 1792. 
El árbol de la vida

El libro viene enriquecido con grabados de la época y con un prólogo de Gerard de Nerval donde se exponen la vida y obra del autor, monárquico en plena Revolución Francesa y con una cualidad nunca suficientemente contrastada pero sí reconocida por sus contemporáneos, la capacidad de vaticinar el futuro. 
“Me preguntáis por el efecto que la revolución producirá sobre nosotros, sus más ilustrados y desinteresados agentes. Voy a responderos. Vos, marqués de Condorcet, moriréis en una prisión, aunque no por la mano del verdugo. En medio de la tranquila felicidad de aquel día, el filósofo llevará consigo el veneno en vez del elixir.
Condorcet le dice: “Pobre Cazotte. ¿Qué tienen que ver las prisiones, los verdugos ni los venenos con la era de la libertad y de la fraternidad?”.
-Al grito de libertad y fraternidad, las cárceles se llenarán y caerán centenares de cabezas. –contestó Cazotte.
Champfort, que estaba allí, le pregunta por su destino. Cazotte le espeta: “Os abriréis vos mismo las venas para preservaros de la fraternidad de Caín. Para vos, venerable Malesherbes; para vos, Aimar Nicolai, y para vos, docto Baily, ¡veo levantar el cadalso!... Y entre tanto, ilustres filósofos, vuestros asesinos hablarán de filosofía.”

Las profecías se consumaron incluida la suya propia. Días previos había relatado a su amigo Saint-Charles haber tenido una visión en la que era detenido y conducido ante un tribunal revolucionario. 

 La trama tiene como protagonista a un caballero español, Don Álvaro de Maravillas, que sirve al Rey de Nápoles. Interesado por la cábala, es conducido cierta noche por unos “iniciados” a las cuevas de Portici. Allí realiza un ritual de invocación demoníaca. Belcebú se le manifiesta bajo la forma de un camello grotesco; pero a petición del aprendiz de brujo se convierte en la hermosa Biondetta.

Esta novela corta tiene muchas lecturas. Lacan y otros psicoanalistas señalaron la simbología de la bestia como la del superego. Pero para mí el asunto central es el arrebato de Biondetta y el duelo de voluntades que ambos protagonizan. Álvaro es quien convoca, es quien duda, es quien puede cerrar el círculo. Cuando el paje Biondetto, haciéndose pasar por Florentina, atiende a sus invitados mientras derrama sobre Álvaro sus más tiernas expresiones y el ardor de su mirada, éste ha de reconocer: "Me emocioné hasta el fondo de mi corazón, y casi olvidé que yo era el creador del encanto que me fascinaba". 

Mientras tanto Biondetta se nos muestra ardiente y entregada. "¡Soy tuya! -grita con arrebato- Podré convertirme en la más afortunada de todas las criaturas." Y también "Soy sílfide de origen... si pierdo al pasar al estado de mujer el derecho natural de las sílfides, gozaré de la dicha de amar y ser amada. Serviré a mi vencedor, le instruiré acerca de la sublimidad de su ser, cuyas prerrogativas ignora."

Sin embargo, ante las reticencias del español, habrá de reconocer "Para separarte de mí, Álvaro, bastará un acto de tu voluntad."
Este vaivén de pasión, voluntad y embrujo prefigura el Romanticismo y a la postre es lo más definitorio de la obra.

Uno de los pasajes más significativos es el discurso que Biondetta dedica a su enamorado, cuando éste se arruina jugando a los naipes. El “diablo enamorado” pretende iniciarlo en los secretos matemáticos que rigen el mundo:
“Sí; aparte la prudencia, se puede aprender a jugar a los juegos de suerte, que vos llamáis equivocadamente juegos de azar. No hay azar en el mundo; todo ha sido y será siempre una serie de combinaciones necesarias que sólo pueden entenderse mediante la ciencia de los números, cuyos principios son, al mismo tiempo, tan profundos y tan abstractos que no se pueden aprehender si no es con la guía de un maestro; pero hay que saber encontrarle y ganar su afecto. Sólo con una imagen puedo pintaros ese conocimiento sublime. El encadenamiento de los números marca la cadencia del universo, regula los que llamamos acontecimientos fortuitos y los presuntamente determinados, obligándolos con péndulos invisibles a producirse cuando les corresponde, desde los hechos importantes que suceden en las lejanas esferas hasta los miserables y pequeños golpes de suerte que hoy os han despojado de vuestro dinero.”
Lo que gobierna el mundo, según Biondetta no es el azar, sino un sistema de necesidades bien equilibradas. Un "conocimiento" esotérico te puede dar las llaves del mundo.

El diablo se nos muestra aquí muy determinista, aunque Álvaro no deja de apurar sus dudas, ejercer su libertad y multiplicar las huidas y aventuras. Una pequeña joya.