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jueves, 26 de febrero de 2026

RUTA de ESCAPE -- de Bart Layton

2026

Para mí, el cine, es sobre todo entretenimiento. Por eso me encanta el cine de género, sea de aventuras, negro, western o de ciencia ficción; pero sin renunciar a que sea emocionante: ha de contar una historia bien armada, incluir un conflicto que empuje a los personajes y exhibir una realización que mantenga el pulso alto. 

Eso es lo que encuentro en esta Ruta de Escape que sigue el hilo de tres personajes sin nada que ver entre ellos; una experta en seguros de alto standing, Sharon (Halle Berry), un policía muy baqueteado que ya solo se rige por sus normas, Lubesnik (Mark Ruffalo), y un ladrón solitario de joyas y diamantes, Davis (Chris Hemsworth), que prepara sus golpes de forma quirúrgica: los quiere limpios y relampagueantes. Nunca sale herido nadie. Por supuesto, el devenir de los acontecimientos hará que los tres confluyan en un último golpe que les obligará a posicionarse ante un conflicto moral que determinará un giro en sus vidas.



La película ya comienza con un golpe que se resuelve en dos flashazos y una huida en coche tan pulcra como temeraria. Esa es la marca de la película. Acción y adrenalina entre atracos y persecuciones de coches fulgurantes. Pero la película no se queda ahí y pone el foco en sus personajes. Davis tiene su propio método, conocer perfectamente los entresijos de la entrega de joyas y saber las rutas, los horarios y hasta los nombres de los implicados. Le ejecución ha de ser rápida y certera. Cuando los implicados logren volver a respirar Davis ya debe estar muy lejos. Tiene un comprador concertado (Nick Nolte) desde hace años, así que todo va como la seda. Pretende amasar una suma importante para poder retirarse; por eso su vida es un reflejo de sus golpes: escueta, silenciosa... y solitaria. Una infancia de miserias le ha hecho construirse una coraza emocional impenetrable. Hasta que una muchacha (Monica Barbaro) se cruza en su camino. Un frenazo a destiempo, un choque, los datos del seguro y casi sin darse cuenta ya están quedando.

Mientras tanto el detective Lubesnik está asistiendo al derrumbe de su vida. Junto a su mujer ya solo les queda reconocer que no tienen vida en común y que el siguiente paso es divorciarse. Todo esto a la vez que el jefe vuelve a exigirle seguir el protocolo y dejarse de teorías absurdas como la del "ladrón solitario de la 101", la autopista que cruza de arriba abajo el condado de Los Angeles. Él ha venido desbrozando los datos de todos los robos hasta descubrir un patrón: hay un tipo que siempre actúa solo, que siempre roba joyas y diamantes y que actúa sin violencia. Eso sí, siempre pegado a la 101, como posible ruta de escape. Pero, ¿qué pruebas tiene? Ninguna. Es más, como su jefe le echa en cara, dos de esos casos que él señala ya tienen sospechosos y no cuadran con su perfil. Mierda.



El tercer eje es Sharon, vicepresidenta de una gigantesca empresa aseguradora. Ha trabajado duro muchos años y ahora está a punto de convertirse en socia... pero, como le dice su jefe, ya tiene 53 tacos y sus ventas se tambalean. Vamos a esperar 6 meses le propone... que es lo mismo que le propuso hace 6 meses. Mierda.

Como se ve, tres tipos con la vida rota buscando redimirse. No en balde el guión adapta una de las seis novelas cortas -Crime 101- que conforman el volumen "Rotos", publicado en 2020 por el gran Don Winslow, novelista muy dotado autor de la saga El Poder del Perro. En estos relatos se abunda en las señas de identidad de Winslow, realismo, lealtad, corrupción, venganza y redención; en unas historias donde distintos personajes ven sus vidas quebradas por la violencia y la corrupción. En estas novelas cortas tanto los delincuentes como los agentes se topan con situaciones muy ambiguas moralmente que tendrán que resolver a su modo; como dice uno de los protagonistas "la mayoría de la gente hace lo correcto cuando no le cuesta gran cosa hacerlo; pero nadie hace lo correcto cuando se lo juega todo". 

Después de tantos robos que han acabado afectando a las aseguradoras, Davis intenta algo nuevo, echar el anzuelo a Sharon. Ella está harta de su empresa y, si se les da bien, podrán pillar unos cuantos millones con los que resarcirse del nulo reconocimiento...
...aunque se mete por medio un ladrón mucho más violento que ha enviado subrepticiamente el tratante habitual de las joyas robadas. Todo el mundo quiere trincar. Nadie quiere quedarse al margen... y el poli cada vez está más cerca. 



Eso es lo bueno que tiene el guión, que tiene una base sólida en la novela que le permite establecer una serie de relaciones de fuerza muy tensas e interrelacionadas. Lo que hace Sharon afecta a Davis, pero la intervención del segundo ladrón hace variar el equilibrio y Sharon se acerca al policía que a su vez se ve inmerso en el amaño de pruebas de un compañero, lo que afecta a su visión del caso, en el que Davis juega sin red porque, por una vez, no lo tiene todo controlado. 

Cuando comienza a narrarse el golpe final todo está enmarañado. Esa red de relaciones se tensa por todos sus costados. Nadie sabe lo que va a pasar. Hay demasiados jugadores y cada uno tiene una baza. Demasiado azar... lo que equivale a una maravillosa intriga hasta el impactante final. 



El director Bart Layton ha elaborado el guión junto a  Peter Straughan (que ya ganó el Oscar en 2025 por Cónclave). Tras regalarnos una persecución en coche (al estilo Bullit, película de la que hablan dos personajes) la película se centra en lo dramático. Los background de Lubenik y de Sharon son bastante obvios; pero no por eso más ligeros. En Sharon se retrata la discriminación por edadismo, una lacra de nuestro tiempo; y Lubenik nos muestra las calles inundadas por los sin techo (homeless) que el sistema capitalista deja tirados en la cuneta. En Davis encontramos una textura más personal y profunda. Es verdad que el guión no aprovecha del todo la relación amorosa para sondear a fondo esa alma "rota"; pero sí es capaz de proporcionar un momento culminante de tensión dramática cuando alguien le hace una llamada desde su pasado remoto... y con el policía escuchando. Notable.

domingo, 14 de diciembre de 2025

LAS OCHO MONTAÑAS - de Felix van Groeningen y Charlotte Vandermeersch

2022

Esta película es como una moneda, tiene dos almas. En ella se nos narra la amistad perdurable entre dos muchachos que se conocen de niños en una aldea de montaña en Italia. Esa amistad sincera e incondicional durante décadas es una de las caras. La otra es la elección vital que cada uno hace para trazar el camino de su vida. Después de los años ociosos de juventud Bruno elige echar raíces en el lugar en que nació, «soy un montañés» concluye en un momento dado. Reconoce que ese es su lugar en el mundo y que su vida es plena entre las hermosas montañas de Grana, en el Valle de Aosta. Pietro por su parte ha vivido en Turín, un lugar que odia porque le obliga a permanecer solo y encerrado en un piso; por lo que el verano en Grana supone una visita al paraíso. Pero esta ambivalencia del invierno en la ciudad y el verano en la montaña ha despertado en él una desasosegante inquietud vital. La aplaca viajando por el mundo, tratando de encontrarse a sí mismo y donde echar raíces.

¡Qué importante y difícil es esto de encontrar tu lugar en el mundo! 
Esa búsqueda vital siempre me ha cautivado y conmovido. ¿Qué lleva a una arquitecta japonesa a vivir en una aldea de los Picos de Europa o a un profesor de Oxford a retirarse a un pueblecito de la Bretaña francesa o a un músico inglés de éxito a establecerse en Las Alpujarras granadinas? Esta búsqueda siempre es incierta y Bruno ya se lo avisa a Pietro cuando trasplantan un árbol y éste le pregunta si sobrevivirá: «No lo sé. Son muy fuertes donde brotan, pero vulnerables cuando se les mueve».





La película conmueve porque está contada desde lo esencial y con una sencillez pasmosa, casi documental. Aquí no hay melodrama. Ni trascendentalismo espurio. La cinta se apoya en unos paisajes de montaña majestuosos y en el atisbo de esos precipicios existenciales que rodean toda vida que quiere ser significativa. Los juegos infantiles explorando parajes secretos (una casa abandonada, un lago) y las aventuras conjuntas forjando el carácter (escalada a un pico nevado) conseguirán trabar un lazo que los mantendrá unidos para siempre. Todo ello a pesar de que Pietro se rebela contra su padre y deja de seguirlo a la montaña; pero tras quince años los dos amigos vuelven a encontrarse y además en un momento crítico, a punto de iniciar su vida adulta. Sus encuentros y peripecia vital nos irán revelando sus anhelos y dudas, mientras su amistad se robustece hasta retar a la erosión del tiempo. Allí donde estén, siempre podrán contar el uno con el otro. 

El ritmo de la película es trepidante sin ser de acción, apoyado en preciadas elipsis de tiempo (años) y espacio (en un fotograma Pietro sale caminando de una aldea en Nepal y en el siguiente aparece llegando a la montaña donde vive Bruno. Todo son hechos, vivencias. La cinta parece que asumiera aquello de que el tiempo se nos escapa entre las manos. Esos trozos de vida se desarrollan ante nuestra mirada en términos tan directos y esenciales que logran trasladarnos verdades muy profundas sin ninguna afectación. Algo que también hay que agradecer a las excelentes interpretaciones de Luca Marinelli y Alessandro Borghi.



En sus viajes como mochilero, Pietro acabará en Nepal donde un hombre le pregunta si está recorriendo las ocho montañas. Según el mito budista al que se refiere el título, el mundo es un círculo en cuyo centro está el gigantesco monte Meru, considerado el centro del universo físico y espiritual. Lo rodean ocho montañas y otros tantos mares. Así es como unos se empeñan en un único y difícil reto, mientras que otros prefieren explorar sendas más variadas y accesibles. 

Pietro y Bruno se sienten identificados con este relato, pero dudan (como la película) sobre cual de los dos caminos te hará sentirte más completo. La montaña se convierte así en un personaje más de la historia que se podría identificar con esa cosa que llamamos vida y que los dos jóvenes intentan desentrañar. 



La película supone un espectáculo visual incuestionable, por eso mismo me llama la atención el formato de la pantalla. No es el estandarizado y panorámico de 16:9, sino el más cuadrado de 4:3. Al principio se hace extraño, pero cuando empiezas a ver esas montañas que se elevan elocuentes y grandiosas, lo acabas comprendiendo. Se sacrifica la anchura de la pantalla para subrayar la altura y así poder encajar, con mayor equilibrio, a los protagonistas y a su alegórico entorno. El director de fotografía Ruben Impens realiza un trabajo impecable jugando con la luz y los grandes espacios. A este armonioso trabajo se suma el contraste que aportan las cuatro o cinco canciones que aporta el compositor Daniel Norgren. Ellas logran identificar unos preciosos momentos de perfecta contemplación y dulce melancolía.

La película es una maravillosa adaptación de la novela del mismo título de Paolo Cognetti (Milán, 1978), un escritor fascinado por la vida en soledad en medio de la Naturaleza, algo que practica durante varios meses al año. Las ocho montañas fue su primera novela, se publicó en 2011 y ganó el premio Strega en Italia, y el premio Médicis a la mejor novela extranjera publicada en Francia.

En su último tercio, la película vuelve a las difíciles relaciones entre padre e hijo. Tercer asunto que centra la novela. Los dos amigos acaban distanciados de sus progenitores, aunque el destino los acabará uniendo en torno al padre de Pietro, prisionero de un trabajo fabril en la ciudad del que escapa hacia una liberadora naturaleza.
Una película verdaderamente hermosa, llena de emoción, verdad y dolor.






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* Charlotte Vandermeersch ha protagonizado varias películas de su marido, Felix van Groeningen. En este caso ambos la han coescrito y dirigido. Este matrimonio belga ya me apuñaló el corazón con la desgarradora y musical "Alabama Monroe" (The Broken Circle Breakdown, 2012).
** He visto esta película en la plataforma gratuita Rtve Play.

sábado, 29 de noviembre de 2025

THE RUNNING MAN - de Edgar Wright

2025


The Running Man (1982) es una novela de Stephen King de cuando firmaba con el pseudónimo Richard Bachman. En los años ochenta, o sea mucho antes de "El juego del calamar", Schwarzenegger se apuntó a un concurso televisivo de cacería humana en el que se pasó el tiempo corriendo como pollo sin cabeza mientras era perseguido por una banda de sanguinarios asesinos. La película, 一"Perseguido" (Paul Michael Glaser)一 es un típico producto de serie B a mayor gloria del más elemental Pim, Pam, Pum. 

La versión que hoy nos ocupa es otra cosa. Aunque el esquema básico de la novela sirve para ambas, esta versión de Edgar Wright recoge con mayor amplitud la carga distópica de la novela y, sobre todo, se adapta como una segunda piel a estos tiempos de desesperación, fake news, manipulación televisiva y populismo. Eso sí, mantiene un aspecto ochentero en los set pieces que nos recuerda al Paul Verhoeven de Robocop y Desafío Total o al John Carpenter de Escape from New York.



La película presenta una sociedad muy estratificada con los más miserables sobreviviendo en inmundos guetos y los muy ricos aislados en sus zonas de lujo, protegidos por un fuerte cordón de seguridad. Ben Richards (Glen Powell) ha sido despedido por ejercer de sindicalista y no tiene otro modo de afrontar los gastos de enfermedad de su hija que apuntarse a un reality televisivo, donde se convertirá en la presa de una cacería humana. Una guardia de asesinos profesionales lo perseguirá hasta darle caza mientras él intentará evitarlo. 

El concurso está previsto para 30 días, cuanto más dure vivo más aumentarán las audiencias y el premio pero también el peligro; porque Richards no sólo deberá burlar a los Cazadores sino a un público adicto a la sangre que ansía verle caer. Y es que la cadena lo tiene todo bien montado. Cualquiera que lo vea por la calle podrá delatarlo y conseguir una jugosa recompensa. Del mismo modo, para aumentar la inquina, no dudará en lanzar bulos y manipular las imágenes del runner para presentarlo como un terrorista despiadado. "Apagad la televisión" grita él, mirad quien la paga; aunque con la ayuda de la IA lo que se escucha por el televisor es, "lo volaré todo, incluidas mujeres y niños". Es la verdad alternativa, como diría la consejera Conway de Trump o el mismísimo MÁR. 



Edgar Wright nos entrega una cinta trepidante, punteada por magníficas escenas de acción que son puro entretenimiento; pero, casi sin darnos cuenta, esta película de pura acción se desdobla en una sátira política de lo más incisiva y feroz. Su caldo de cultivo es la privatización del estado, las fakes news y la manipulación mediática. No olvidemos que la cadena presenta a la guardia de asesinos como "héroes que luchan por la libertad" en una sociedad que repudia a los pobres que debe subsidiar y que Richards se apunta al reality para salvar a su hija enferma, a la que no puede comprar "medicamentos de verdad". 

En ese estado de cosas poco podrá hacer nuestro héroe. Todo está controlado por el poder omnímodo de una cadena televisiva que fabrica la verdad que le conviene y dicta lo que hay que hacer. El estado ha desaparecido entregado a la privatización de todo servicio, sea de la policía, la salud o la política. Además, una sociedad depauperada asiste encantada al lavado de cerebro que proporcionan gratuitamente las emisiones de LibreVisión
Jo, todo esto me suena.


Pero la rebeldía y el coraje de Richards le hacen sobrevivir más de la cuenta, lo que le convierte en una amenaza para el sistema. Incluso llega a contactar con células rebeldes (aquí Michael Cera nos regala uno de los mejores episodios de esta carrera) y se convierte en un slogan de resistencia: "Richards vive", empiezan a clamar las masas. 

"Quieren que vivamos enfrentados entre nosotros para que ellos puedan disfrutar del control de la sociedad", se oye en la pantalla.
Jo, esto también me suena. 
¿Viviremos ya en una distopía donde el poder económico domina la política en favor de sus intereses y los políticos controlan a los jueces para convertir a los ciudadanos en simples peones? 



No me extraña que la taquilla estadounidense haya dado la espalda a esta película; en el imperio de los tecnobros están esperando su propio blockbuster, quizás con un nuevo John Rambo cazando inmigrantes.

lunes, 6 de octubre de 2025

UNA BATALLA tras OTRA - de Paul Thomas Anderson

EEUU,2025


Pertinente.
Esa es la palabra que me vino a la mente a la media hora de película. Ahí están todos los temas más acuciantes de los EEUU de ahora mismo. La emigración como excusa para el racismo y el supremacismo más rampante o la amenaza de un estado profundo que desde el poder económico y político está intentando convertir a la democracia en un mero formalismo.

La película está basada en la novela de Thomas Pynchon, Vineland, obra de 1990 que retrata el fracaso de los jóvenes rebeldes de los años 60 que, tras llegar a adultos en los 80, vendieron sus ideales y adoptaron un visión de la sociedad totalmente conservadora y materialista. Todo ello sin olvidar la propagación abusiva de la vigilancia policial.  

La novela relata la búsqueda de Frenesí, una revolucionaria hippie que acabó convertida en informante del gobierno, por parte de su hija Prairie. Con ella recorremos el camino inverso desde los 80 a los 60 para intentar descubrir cómo los jóvenes contraculturales de la era del amor libre se convirtieron en votantes de Reagan en la década de 1980.


Paul Thomas Anderson actualiza todo esto, manteniendo la trama básica de la novela pero cambiando los puntos de inflexión. Aquí tenemos a una adolescente Willa Ferguson (Chase Infiniti) que junto a su padre Bob (Leo DiCaprio) vive en la clandestinidad, en un poblado en las montañas. Han tenido que huir tras desmantelar la Guardia Nacional el equipo de activistas radicales que lideraba su madre, Perfidia Berverly Hills (una enérgica Teyena Taylor). Perfidia fue una revolucionaria hippie muy carismática, pero al ser hecha prisionera se acogió al programa de testigos protegidos y delató a todo su equipo, conocido como el 75 francés

Al igual que en la novela, Perfidia mantenía una enfermiza relación amorosa con su captor, el muy fascista capitán Lockjaw (Sean Pean); pero tras asegurarse su libertad desapareció. 16 años después el capitán ya es coronel y aspira a ser admitido en un clan de supremacistas muy poderosos que operan en la sombra, Los Amantes de la Navidad. Temeroso de que se conozca su relación con Perfidia, de raza negra, se lanza tras Willa y Bob para hacerlos desaparecer el mapa.



La película comienza con una audaz intervención del 75 francés para liberar a los inmigrantes presos en un centro de detención: ¡cómo no recordar el Aligator Alcatraz que acaba de inaugurar el emperador pollo hace un par de meses! Las vallas metálicas y los barracones son idénticos. Allí es donde Perfidia conoce al capitán Lockjaw al que humilla... y a la vez excita. Éste le promete que se volverán a ver... y así es. Se citan a escondidas y mantienen una extraña relación sadomasoquista donde se mezcla poder, sumisión y un furibundo deseo sexual. 

Todavía veremos un par de acciones terroristas más y un entrenamiento de lo más salvaje (la imagen de Perfidia embarazada y disparando una metralleta ya es icónica) antes de que Lockjaw la aprese y le apriete las clavijas. Tras delatar a toda su célula desaparece dejando atrás a su pareja y a su bebé. Tras este prólogo y después de 16 años comienza el grueso de la película centrada en la persecución de Willa y Bob Ferguson.



Por supuesto el viaje desde las páginas a la pantalla supone dejar por el camino toda una serie de capas y mas capas, subtramas* y jugosas digresiones históricas, científicas y literarias que son marca de la casa Pynchon. Pero el espíritu del libro está ahí, hilarante, oscuro y provocador. Hablar de unos EEUU en descomposición que viajan a toda vela hacia una sociedad fascista supremacista. 

A pesar de la seriedad del asunto, el libro es muy divertido (tiene fama de ser el menos "Pynchon" del sesudo Pynchon) y la película no se queda a la zaga. Leo DiCaprio se pasa todo el metraje huyendo, ataviado con una bata a cuadros mugrienta que lo convierte en un remedo muy conseguido de El Nota, el icónico personaje de los Hermanos Cohen en su impagable "El gran Lebowski". 

Las drogas y el alcohol han hecho mella en Bob y cuando tiene que correr se tropieza o cae desde la azotea, cuando quiere acceder a la guarida secreta se ha olvidado de las claves e incluso cuando quiere llamar a su hija tiene el teléfono descargado. Una calamidad. Su escena desde una cabina telefónica, intentando que su contacto le de las coordenadas del refugio es hilarante y ya está en el olimpo de las imágenes antológicas de la película. Bob es un pringao en toda regla que DiCaprio resuelve con dedicación y entereza.


La película dura casi tres horas pero se pasan en un suspiro. Las peripecias se suceden con gran ritmo, las extravagancias no dejan de aparecer, los personajes más estrafalarios se multiplican (Ay ese Benicio del Toro convertido en un sensei de los inmigrantes) y, al final, todo se convierte en una persecución sin límites... tal y como dice el título: Una batalla tras otra de las personas de a pie contra el establishment más represor.

Uno de los aspectos que ayudan a conseguir ese ritmo apresurado de la cinta es su banda sonora, obra del integrante de Radiohead, Jonny Greenwood. Su juego de ritmos desnudos con distintos instrumentos nos provoca una sensación de vértigo que nos lleva en volandas de secuencia en secuencia. Una de las más logradas es la persecución en coche que sufre Willa por parte de un sicario de Los Amantes de la Navidad. Ambos circulan por una carretera llena de toboganes que hacen que los coches aparezcan y desaparezcan en el horizonte. La cámara elabora toda una danza subiendo y bajando esas cuestas al ritmo electrizante de la música. El efecto audiovisual es magnífico y la tensión máxima.


Quizás se echa en falta un comentario sociopolítico más profundo pero la cámara nos permite introducirnos en dos guaridas que nos muestran una realidad oculta. Por un lado la de los tugurios donde malviven los inmigrantes, siempre preparados para cuando la ´migra´ eche la puerta abajo, siempre dispuesto el plan de escape por túneles o azoteas. 

Pero hay otro túnel.
El que visitamos en una lujosa mansión tejana. La cámara sigue al sicario bien vestido y afeitado hasta el sótano donde abre una puerta camuflada por la que accede a un espacioso búnker. La sala es amplia y luminosa. Hay una mesa de nogal y un vinilo con una escena idílica del campo americano ocupa toda una pared. Es un centro de poder. Allí están reunidos los cabecillas del clan Los Amantes de la Navidad. A su lado los del Ku Klux Klan parecerían unos simples mamarrachos. Ellos están a la altura de un Elon Musk. Unos tipos blancos, adinerados y bien vestidos que charlan educadamente sobre lo que hay que hacer para que su gran nación quede libre de migrantes, negros y judíos. Son los que mueven los hilos y van a decidir qué hacer con quien los estorba. 
Esta es la tercera imagen icónica de la película y, por lo que supone, resulta escalofriante.

Protestas contra las redadas migratorias en Los Angeles - 2025 Caroline Brehman/AAP-

En la película los violentos ya no son los hippies ni hay necesidad de reeducarlos, como se plantea en la novela. Aquí los malos son los inmigrantes y las ciudades santuario en las que el emperador pollo quiere desplegar el ejército para controlarlas. En fin, que siendo un thriller, la película se erige como un grito en defensa de los desposeídos y marginados que sostienen América desde sus subterráneos.

 










La novela es más que una novela política sobre la deriva de los hippies y la Década de la Avaricia. En ella nos encontramos una abducción ovni durante un vuelo a Hawai, un detective psíquico investigando un ataque de Godzilla, una comunidad de ninjas en las colinas de California, una prisión política en lo profundo de un refugio nuclear, una subasta sexual en Tokio y hasta una comunidad de fantasmas zombis.

lunes, 12 de mayo de 2025

HUÉRFANOS de BROOKLYN - de Edward Norton



Cine negro de estilo clásico aunque con falta de ritmo, amargura y acción. Es una adaptación respetable del libro homónimo —cuya acción traslada a los años 50— que contiene además una magnífica interpretación del protagonista y director; pero el resultado es un tanto plano, con multitud de diálogos y subtramas que hacen caer la tensión.

Desde que leyó el libro de Jonathan Lethem, Norton quedó prendado. Se hizo con los derechos de adaptación y empezó a levantar lo que prometía ser una obra grandiosa que aunaba una trama de corrupción institucional y un protagonista muy singular con los radicales cambios que dieron forma a la ciudad de Nueva York a mediados del siglo XX. Pero se ha quedado a mitad de camino, lo cual no la descalifica. Sin ser magistral he disfrutado mucho viéndola. Tiene una trama atractiva y consistente, una soberbia ambientación que recrea la Nueva York de los años 50 y una banda sonora envidiable ya que fue una de las obsesiones de Norton. Se la debemos al músico Daniel Pemberton, recompensado con una nominación a los Globos de Oro, y cuenta con el tema "Daily Battles", compuesto por el músico y amigo de Norton, Thom Yorke.

Y no es lo único. La voz en off del detective guiándonos por los vericuetos de la investigación subraya la textura clásica de la cinta que, sin abandonar el esquema del cine negro nos acaba hablando de algo tan actual como el racismo, la discriminación y la gentrificación de nuestras ciudades.






Por la maravillosa ambientación de esa Nueva York gélida en los años 50 y por la trama que acaba aterrizando en uno de los magnates que forjó su urbanismo me recuerda a un clásico de envergadura como es la propia Chinatown de Roman Polanski. Allí la política y la historia local de Los Angeles servía de fondo corrupto a un drama familiar no menos turbio. Aquí el entorno es la corrupción urbanística que acabó forjando la actual Nueva York. 

Lionel Essrog es un detective privado que padece el síndrome de Tourette. Trabaja en la agencia que dirige su amigo y mentor Frank Minna (Bruce Willis) el cual, inesperadamente, es asesinado durante un trabajo. Lionel y los otros tres compañeros de la agencia fueron rescatados por Minna de un orfanato católico de Brooklyn, de modo que se siente obligado a investigar su asesinato. Los indicios le llevan hasta una abogada activista, Laura Rose (Gugu Mbatha-Raw) y su padre, dueño de un club de jazz en Harlem. Ellos encabezan la resistencia ciudadana a un proyecto municipal que empuja a los pobres (preferiblemente negros y judíos) fuera de sus barrios para favorecer ambiciosas operaciones urbanísticas. Detrás de todo ello está el poderoso funcionario público Moses Randolph (Alec Baldwin) —basado en el controvertido constructor Robert Moses, promotor histórico de muchos de los puentes y parques de Nueva York—. 





Essrog es un detective de lo más peculiar y él mismo nos avisa nada más empezar. "Tengo el síndrome de Tourette", nos dice, para prepararnos ante sus diálogos atropellados. Su cabeza va a mil por hora y mientras escucha puede saltar con un ¡"A la mierda!" o una asociación de ideas de lo más extravagante. Tampoco sus manos pueden quedarse quietas y no puede evitar tocar compulsivamente el hombro de su interlocutor. Es una lástima que Norton no haya logrado trasladar a la pantalla la profundidad simbólica del síndrome de Tourette y los procesos mentales de Essrog, que son una parte esencial del libro. 

Aunque sí hay que agradecerle que no haya aprovechado los tics y la explosividad verbal del personaje para convertirlo en una caricatura. Su interpretación está muy medida y resulta de lo más brillante. Al fin y al cabo acompañamos a Lionel en todas sus pesquisas y lo vemos crecer como detective. Al principio sus ocurrencias nos provocan la risa, pero poco a poco llegaremos a apreciar su destreza para gestionar situaciones comprometidas a pesar de las cargas que impone su condición.
 


El asesinato de Frank obligará a Lionel a sumergirse en una compleja trama, sembrada de trampas, amenazas y favores. Los despachos y antros que tendrá que visitar le brindarán una idea de Brooklyn muy distinta de la que él creía conocer. El guión del propio Norton nos marea un poco con un desfile interminable de personajes, pero logra arribar a puerto para presentarnos en todo su esplendor al gran Moses Randolph. Él será el encargado de soltarnos un discurso de lo más descarnado sobre cómo los poderosos y visionarios deben ejercer el auténtico poder.

Alec Baldwin interpreta al constructor Moses Randolph, muy evidentemente inspirado en Robert Moses (1888-1981), un funcionario federal no electo que derribó barrios enteros de Nueva York para favorecer las vías automovilísticas construyendo autopistas y puentes. Es verdad que también construyó docenas de parques, centros cívicos y salas de exposiciones; pero "casualmente" los barrios que arrasaba estaban habitados por gente trabajadora y pobre, mayoritariamente no blanca. Después de desplazar a cientos de miles de ellos encontró su waterloo en la cancelación de la autopista Lower Manhattan, que habría atravesado Greenwich Village y el SoHo, expulsando a 2.000 familias de sus hogares, obligando a cerrar más de 800 negocios y a dividir el querido Washington Square Park. 



En ese discurso ante Essrog y en la reunión previa de afectados por la planificación urbanística, donde varios ciudadanos confrontan con los funcionarios por representar más al dinero que a la democracia, está el corazón palpitante de esta película. 

viernes, 24 de enero de 2025

CONCLAVE - de Edward Berger

UK, 2024


Siempre se ha dicho que una partida de ajedrez es la metáfora perfecta de una batalla entre dos ejércitos, con sus infantes, torres y caballería. Del mismo modo se puede decir que esta película sobre unos cardenales encerrados para elegir Pontífice es una metáfora inesperada de los tiempos que vivimos. Porque aunque no sea una película de autor sino un muy entretenido thriller sobre la descarnada lucha por el poder en el Colegio Cardenalicio; el microcosmos que generan este centenar de cardenales confinados reproduce con sutileza los males de nuestro tiempo, la lucha por imponer el relato, la intolerancia, el frentismo ("¡Sí que es una guerra y tienes que elegir bando!" le grita un compañero al cardenal Decano) y la manipulación.

Cónclave nos permite ser testigos de uno de los rituales más secretos y antiguos del mundo: la elección de un nuevo Papa. Cuando los regidores de la Iglesia Católica se reúnen en el Vaticano, el decano de los cardenales se percata de una compleja conspiración, a la vez que descubre un secreto que podría hundir o revolucionar a la propia institución de la Iglesia.

La historia comienza con la súbita muerte del Sumo Pontífice. La Sede Vacante obliga a iniciar los protocolos del Cónclave que reunirá a todos los cardenales del mundo para elegir un nuevo Papa. El encargado de dirigir la elección es el padre Lawrence, Decano del Colegio Cardenalicio, papel que le viene como anillo al dedo a un Ralph Fiennes que lo borda. Aturdido aún por la muerte del Papa, el Cónclave le llega a Lawrence en un momento muy delicado. Lleva un tiempo albergando muchas dudas sobre su papel en Roma y querría retirarse a un convento. No dejan de asaltarle preguntas como ¿a quién estoy sirviendo de verdad, a Dios o a la Iglesia?.





La película es un thriller lleno de suspense en el que abundan los pasillos vacíos, las puertas que se abren y cierran en secreto y las confidencias. Las conversaciones son un susurro y las miradas siempre están alerta lo que logra crear una enrarecida atmósfera de complot.

Las soberbias estancias y la solemnidad de los actos encajan perfectamente con las intrigas solapadas. Entre los silenciosos claustros y el aleteo de sotanas y mucetas¹ no solo asistimos a una encarnizada lucha por el poder, sino también a la disputa sobre el papel de la iglesia en el mundo de hoy y a la milenaria batalla que en su seno libran tradición y modernidad. Para ello vale todo, reuniones secretas, manipulación, difamación y simonía². Monseñor Lawrence pronto se dará cuenta de que se está fraguando un complot que no puede controlar. 



La cinta adapta el libro homónimo del autor superventas Robert Harris y, como él, sabe colocar cada nueva revelación en el momento adecuado para que el interés no decaiga. Porque hay que decir que el ritmo es pausado pero intenso. Las secuencias están llenas de silencios y susurros que no hacen sino acrecentar el misterio y la sospecha de que algo se está maquinando. 

Para ese juego de silencios y miradas oblicuas nada mejor que contar con un gran elenco de actores, gente capaz de hacernos saber lo que está pasando por su cabeza mientras escuchan y observan. Ralph Fiennes representa con un gran poso la desazón por sus propias dudas y el abatimiento por la mezquindad de sus colegas. Enfrente tendrá a tres líderes muy dispuestos a jugar sus cartas; el liberal monseñor Bellini (Stanley Tucci), el insidioso monseñor Tremblay (John Lithgow) y el retrógrado monseñor Tedesco (Sergio Castellitto).

Aprecio tres niveles en la película. El puro thriller por un lado, las intrigas en torno al poder. Por otro lado el viaje personal de monseñor Lawrence, sus dudas, su resignación e incluso -en un momento dado de la elección- su ofuscamiento ante las llaves de Pedro. Finalmente, y no menos importante, el nítido manifiesto que recorre la película en favor de la tolerancia...¡en estos tiempos oscuros! 
Esto se puede ver en tres momentos clave. 
El primero tiene lugar en la homilía que abre el Cónclave. Tradicionalmente este sermón tiene como objetivo exponer el estado actual de la Iglesia y sugerir las cualidades necesarias que en ese momento histórico se esperan de un elegible a Papa. Pues bien, el decano Lawrence, como encargado de dicho sermón, provoca un pequeño terremoto al expresar que espera un Papa que responda a los retos del mundo actual y que dude: "El pecado que más temo es la certeza", llega a decir. También, deseo más un Papa que dude o que peque a uno que venga con el látigo o la espada. Efectivamente uno de los cardenales más destacado aboga por plantar batalla al islam y a otras religiones, expresándolo con visceralidad
"¿No les parece que en parte también nosotros somos responsables? Toleramos el islam en nuestra tierra, pero a nosotros nos insultan en la suya; les ofrecemos comida en nuestra patria, pero ellos nos exterminan en la suya, por decenas de millares y, sin duda, por cientos de millares, el genocidio ignorado de nuestra era."
El segundo momento clave se produce cuando al retrógrado y belicoso cardenal Tedesco le replica un insignificante cardenal que ha vivido en carne propia la barbarie de la guerra en el Congo y en Afganistán. Este cardenal será el mejor diapasón para las dudas de monseñor Lawrence.
"Todo hombre digno de verdad debe considerarse indigno. ¿No era eso lo que quería decir con su homilía? ¿Que sin cierto grado de duda no puede existir la fe? Me recordó mucho a mi experiencia. Las escenas que he presenciado, sobre todo en África, harían que cualquier persona se cuestionase la misericordia de Dios."
El tercer momento se da en el sorpresivo desenlace que se anuncia con una imagen muy sutil, la de una ligera brisa que entra por una ventana rota de la Capilla Sixtina y que hace aletear la cuartilla donde Lawrence va a escribir su candidato. 
Notable.


Edward Berger dirigió anteriormente el film antibelicista "Sin novedad en el frente"

¹ Muceta.- Prenda corta que cubre los hombros y llega hasta los codos teniendo una fila de botones en la parte delantera. Es de origen medieval y la pueden llevar los jerarcas eclesiásticos. La de los cardenales es de color rojo.

²  Simonía.-  Dentro del cristianismo, la simonía es la compra o venta de cargos eclesiásticos, sacramentos, reliquias, etc. (algo espiritual) por medio de bienes materiales. En la wikipedia podemos leer que esta palabra "deriva de un personaje de los Hechos de los Apóstoles llamado Simón el Mago, quien quiso comprarle al apóstol Simón Pedro​ su poder para hacer milagros y conferir, como ellos, el poder del Espíritu Santo, lo que le supuso la reprobación del Apóstol: «¡Que tu dinero desaparezca contigo, dado que has creído que el don de Dios se adquiere a precio de oro!».





❧☘☙



Cuando escuché el sermón del Decano al Colegio Cardenalicio no puede dejar de acordarme del sermón que antes de ayer mismo le soltó a la cara, al mismísimo Trump, la obispa de la iglesia episcopaliana Mariann Edgar Budde.

El servicio religioso en la Catedral Nacional de Washington también es una tradición antes de la investidura del Presidente de EEUU; pero la obispa encargada del sermón, después de las proclamas de odio, homofobia y xenofobia del Presidente electo, no pudo menos que recordarle que si había venido a la casa de Dios debía escuchar su palabra y practicar sus valores.

"En el nombre de nuestro Dios le pido que tenga piedad de la gente de nuestro país que ahora está asustada. Hay niños homosexuales, lesbianas y transgénero en familias democráticas, republicanas e independientes, algunos de los cuales temen por sus vidas. Y por la gente que recoge nuestras cosechas y limpia nuestras oficinas. Que trabajan en granjas y en empacadoras de carne, que lavan la vajilla después de que comamos en los restaurantes y que trabajan en turnos de noche en los hospitales".

"Podrán no ser ciudadanos, o no tener la documentación apropiada. 
Pero la vasta mayoría de los migrantes no son criminales. Ellos pagan impuestos, son nuestros vecinos, son fieles miembros de nuestras iglesias, mezquitas, sinagogas y templos".

"Le pido que tenga clemencia con aquellos en nuestras comunidades cuyos niños temen que sus padres sean llevados lejos. Y que ayude a los que huyen de zonas de guerra y persecución en sus propias tierras a encontrar compasión y acogida aquí".

Como se ve no hizo más que recordar valores universales de piedad, misericordia y compasión. Lamentablemente Trump considera a Dios el presidente de una república menor y esa misma noche respondió en su red social considerando a Budde como "una radical de izquierda que odia a Trump", señalándole que "ella y su iglesia le deben una disculpa al público".
El republicano Mike Collins quiso llegar más lejos y dijo que Budde debería ser "añadida a la lista de deportaciones"... pese a que la obispa es estadounidense.
Pandilla de impresentables.

martes, 12 de marzo de 2024

DUNE - de Denis Villeneuve

2024


Lo primero que quiero decir es que desde que vi la primera parte de esta Dune me pareció un despilfarro que un tío con las cualidades de Denis Villeveneuve (autor de películas tan poderosas como La llegada, Sicario, Incendies o Prisioneros) esté pasando los mejores años de su vida profesional embarcado en proyectos secundarios.

Porque no nos engañemos, tanto  Blade Runner 2049 como Dune son películas muy buenas pero también son cartuchos rellenados que nunca tendrán la luminosidad de la detonación original. Con esto no quiero decir que la Dune de David Lynch sea muy superior a esta de Villeneuve; sino tan sólo que el cartucho ya está gastado (recordemos que además existen dos miniseries y varios videojuegos). Aunque también hay que decir que mientras la primera parte era una fría introducción a la historia y los personajes, en esta segunda parte Villeneuve ha planteado una película distinta, más centrada en las dudas y emociones de un supuesto mesías que se resiste a reconocerse como tal. Esto es loable y además está conseguido: Contar cómo Paul Atreides se ve rodeado de profecías (por parte de los fremen del sur y su líder Stilgar) e intereses y manipulaciones (por parte de su propia madre) que le presionan para se reconozca como el Elegido mientras él se resiste hasta que, finalmente, el ataque despiadado de los Harkonnen a los poblados fremen, le empuja a aceptar su destino. 

Esta es la esencia de la película y está contada de manera sobresaliente, con unas imágenes y un sonido que logran meterte de lleno en el indeciso corazón del joven Paul Atreides. Lo que ocurre es que esto no es más que una de las caras de ese poliedro multifacético que es la novela original de Frank Herbert. De ahí que se eche en falta la complejidad del relato original, ese universo de conspiraciones entre Grandes Casas feudales, la presencia de la intrigante Cofradía Espacial e incluso una más profunda reflexión ecológica, cuestión muy principal para un Herbert que había investigado con sumo interés los ecosistemas desérticos y el impacto de la acción humana en su entorno medioambiental. 






Si tuviésemos que elegir sólo cinco novelas de ciencia ficción para señalar las cumbres del género, Dune sería una de ellas. Una novela densa como pocas donde se representa de nuevo la eterna lucha entre el bien y el mal en uno de los universos más elaborados, complejos e imaginativos que ha alumbrado la literatura fantástica. La acción se desarrolla en la época de un imperio feudal intergaláctico sustentado en un conjunto de Casas Nobles (el Landsraad) que gobiernan los distintos planetas bajo el mandato de la Casa Imperial Corrino, representada por el Emperador Padishah Shaddam IV. 

En la obra se describen las intrigas y conspiraciones palaciegas de este imperio feudal constituido por un complejo entramado socio-político y religioso habitado por humanos, superhumanos, nuevas especies y estilos de vida desconocidos; impregnado todo ello por un profundo misticismo representado por órdenes religiosas como los Mentats, las reverendas madres Bene Gesserit o la Cofradía Espacial.


Publicada en 1965, la novela vendió millones de ejemplares y obtuvo los premios Hugo y Nebula. El propio Georges Lucas supo beber de este manantial para crear su extraordinaria saga espacial Star Wars: La "fuerza" que define a los Jedi tiene su correlato en la especia "melange", un recurso exclusivo de Arrakis y que es clave para cualquiera que quiera ostentar el poder por su capacidad para desbloquear todo el potencial del ser humano. Sin ir más lejos, los miembros de la Cofradía Espacial -los "Navegantes"- son humanos mutados por el consumo continuo de la especia melange. Su mutación les permite discernir el futuro y el profundo universo e incluso plegar el espacio para posibilitar el viaje a cualquier punto de la Galaxia.







Pero vayamos al asunto.
Entre todas las tramas y temáticas que incluye la novela, Dune, Parte 2 se centra totalmente en el ascenso de Paul Atreides, un adolescente dotado de extraños poderes abocado a convertirse en dictador, mesías y mártir. Recordemos que la primera parte nos narraba el traslado de Paul con toda la Casa Atreides hasta Arrakis para gobernarla por orden del Emperador que, una vez allí, los traiciona respaldando a la Casa Harkonnen que los ataca por sorpresa hasta casi extinguirlos. Pero Paul y su madre logran escapar huyendo al desierto donde son acogidos por sus misteriosos habitantes, los fremen. 

Toda esta segunda parte trata del aprendizaje de Paul respecto a la cultura y tácticas fremen y de su resistencia a reconocerse como el Elegido. También asistimos al ascenso de su madre, lady Jessica (Rebecca Ferguson), al puesto de Reverenda Madre de los fremen, desde donde estimula las creencias y supersticiones que identifican a Paul con el líder mesiánico que están esperando, "Muad'Dib". Incitación que es secundada por Stilgar (Javier Bardem) uno de los líderes fremen. En este sentido es muy interesante la oposición de la joven Chani (Zendaya), de la que Paul se ha enamorado, puesto que defiende que estas creencias no son más que una impostura que les dirige a un nuevo modelo de opresión. 

 
El despiadado ataque de los Harkonnen a los poblados fremen acabará empujando a Paul a tomar una decisión que marcará su destino y el del universo. Reta al Emperador a venir hasta Arrakis con su corte bajo la amenaza de destruir la única fuente de la especia...y en ese épico enfrentamiento Paul acabará perdiéndose a sí mismo, completando una venganza que le llevará hasta la cúspide del poder. 

Me gusta especialmente el mundo secreto de las Bene Gesserit, mujeres que han sido entrenadas durante años para controlar su cuerpo y su metabolismo.  Por eso lady Jessica es capaz de tomar el Agua de la Vida -el veneno azul procedente de la bilis de un gusano- y sobrevivir al trance ganando una superior consciencia. Las Bene Gesserit pueden decidir quedar embarazadas de un niño o de una niña y de ahí viene la traición de Jessica a su Hermandad, que la encargó concebir una niña; pero por su amor al duque Leto, eligió darle un heredero. 

Al cometer este crimen lady Jessica albergaba la esperanza de concebir al Kwisatz Haderach, culminación del larguísimo programa de selección genética que la Hermandad lleva ejecutando desde hace siglos. El resultado final sería un super-ser con conocimientos proféticos que gobernaría el universo bajo la influencia de las Bene Gesserit. El plan original pasaba por casar a la hija del duque Leto Atreides con el sobrino del barón Harkonnen para acabar con las luchas de ambas casas y colocar a un Emperador bajo el influjo de la Hermandad en el Trono del León Dorado. Pero ahora todo ese plan se ha trastocado. 








Si entre la primera parte y la segunda hay un evidente avance en la intensidad y emoción del relato es de esperar que, en una más que previsible tercera parte, Villeneuve consiga mostrar por fin en todo su esplendor este complejo mundo del que sólo nos ha mostrado una pequeña parte.
 

Por lo que parece el director tiene la ambición de que estas dos partes de Dune sean un punto de partida para el desarrollo de una nueva franquicia intergaláctica. En sus propias palabras «Dune será una saga al estilo de Star Wars, pero para un público adulto». Esa tercera parte adaptaría el segundo libro de la saga, ´Dune Messiah´ y así lo deja entender el final un tanto abrupto de esta Parte 2 en el que Paul Atreides vence al Emperador Padishah Shaddam IV y decide tomar por esposa a su hija Irulan (Florence Pugh) para inmediatamente declarar la guerra al resto de Grandes Casas dado que no reconocen su ascenso al trono imperial.
  


Cabe decir que, paradójicamente, esta tercera parte ¡ya se hizo hace 20 años! Se trata de una miniserie de 3 capítulos (con un joven James McAvoy), Hijos de Dune, que actualmente se puede ver tanto en HBO Max como en Filmin. Las intrigas palaciegas son muchas y jugosas; pero los efectos especiales cantan por obsoletos.

Actualmente también está en producción una serie de televisión que expandiría este universo de Dune, se trata de Dune: Profecy que se centra precisamente en la orden matriarcal de las Bene Gesserit. La serie se ambienta 10.000 años antes de la ascensión de Paul Atreides y pone el foco en las Hermanas Harkonnen mientras luchan contra las fuerzas que amenazan el futuro de la humanidad y establecen la legendaria hermandad conocida como Bene Gesserit. La serie adapta el libro Hermandad Bene Gesserit (2012) escrito por Brian Herbert, hijo del creador de Arrakis, y K. J. Anderson.