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viernes, 27 de mayo de 2022

UN POEMA por UCRANIA
























Ya en 1827, Goethe decía que "la poesía es un bien común de la Humanidad, que se manifiesta en todos los lugares y épocas"; y efectivamente la voz de los hombres y mujeres tiende a modularse en versos cuando acechan la tragedia, el miedo o el dolor. Quizás por ello desde el 20 de marzo de 2022, el Ministerio de Cultura de Ucrania puso en marcha la página web llamada “La poesía de los libres”, dedicada a mantener alto el espíritu ante la brutal agresión del dictador Putin. Su lema es que “nuestra poesía es el arma que inspira a los que sostienen las armas de la verdad”. En pocas semanas la plataforma superó la cifra de 15.000 poemas. Algunos de ellos incluso llegaron a convertirse en canciones que circulan por las redes sociales (libres) convertidas en un clamor por el sufrimiento y por detener esta absurda guerra. También al otro lado de la frontera, entre la oposición rusa, hay poemas que claman contra la guerra y que circulan entre particulares e incluso en la red social rusa Vkontakte... aunque desaparezcan poco tiempo después, borrados por la censura.

El único bando que guarda silencio en este campo de batalla poético es el bando oficial ruso. En ese bando sólo cabe el bramido de las órdenes y las bombas.




         
TOMA SOLO LO MÁS IMPORTANTE

Toma solo lo más importante. Tomas las cartas.
Toma solo lo que puedas cargar.
Toma los iconos y los bordados, toma la plata.
Toma el crucifijo de madera y las réplicas doradas.

Toma algo de pan, los vegetales del jardín y luego vete.
No volveremos, nunca otra vez.
No veremos nuestra ciudad, nunca otra vez.
Toma las cartas, todas ellas, hasta el último pedazo de malas noticias.

No volveremos a ver la tienda de la esquina, nunca otra vez.
no volveremos a beber de aquel pozo seco, nunca otra vez.
No volveremos a ver caras familiares, nunca otra vez.
Somos refugiados. Correremos toda la noche.

Correremos a través de campos de girasol.
Correremos de los perros, dormiremos con las vacas.
Juntaremos el agua con nuestras manos desnudas,
esperaremos sentados en campos, fastidiando a los dragones de la guerra.

No volverás, los amigos no volverán.
No habrá cocinas humeantes, ni trabajos normales.
No habrá luces de ensueño en los pueblos dormidos,
ni valles verdes, ni páramos suburbanos.

El sol será una mancha en la ventana de un tren barato,
apurándose entre fosas de cólera cubiertas de cal.
Habrá sangre en los tacos de las mujeres,
guardias cansados en fronteras de nieve,

un cartero de bolsas vacías, acribillado,
un cura de sonrisa triste colgado de las costillas,
el silencio de un cementerio, el ruido de un puesto de comando,
listas de muertos sin editar

desde hace tanto, que no habrá tiempo
de buscar en ellas nuestro propio nombre.


Serhiy Zhadan
publicado originalmente en La vida de María, 2015
Serhiy Viktorovych Zhadan es un filólogo, poeta, novelista y traductor ucraniano, nacido en 1974 cerca de Luhansk, región donde se concentra el conflicto separatista que Putin ha puesto como excusa para invadir Ucrania. Zhadan es uno de los poetas más celebrados de Ucrania, activista por la independencia de su país y “proletario punk”, según se define. Participó activamente en las protestas contra el gobierno de Viktor Yanukovych en 2013, a partir de las cuales se convirtió en uno de los poetas más conocidos y admirados del país. Varias de sus obras han sido traducidas entre otros idiomas al inglés, alemán y ruso. La Academia de Polonia lo ha nominado este año para el Premio Nobel de Literatura. Hoy es un voluntario resistente en Kharkiv y ofrece su testimonio a través de su cuenta en Twiter
Foto de Zhadan tomada de su Twiter
























La historia de Ucrania hacia su independencia no es muy diferente de la que han tenido que recorrer la mayoría de los países del mundo, atravesadas todas ellas por ocupaciones y guerras civiles. El problema de Ucrania es que su independencia definitiva es muy reciente, 1991, habiendo estado diluida en el férreo telón de acero de la URSS durante décadas. La descomposición de la URSS fue traumática para el dictador Putin que ha llegado a asegurar que Ucrania no existe, insistiendo en su delirio imperialista por restablecer el dominio de Rusia sobre todos los territorios que compusieron la URSS.

Rusia y Ucrania tienen una historia plenamente compartida. Los actuales ucranianos, rusos y bielorrusos surgieron de una federación de tribus eslavas, el Kyivan Rus, forjado en el territorio que hoy ocupa Kyiv. Durante los siglos IX al XIII dominaron una gran parte de la estepa europea, pero posteriormente Kyiv y las tierras a su alrededor quedaron bajo el dominio de Polonia y Lituania, lo que expuso a la población a influencias como el Renacimiento y la Contrarreforma. En los siglos XVI y XVII, la nobleza ucraniana aprendió a hablar polaco. Tiempo después, algunos ucranianos se esforzaron en formar parte del mundo rusohablante. 

La historiadora Anne Applebaum en un artículo aparecido en The Atlantic relata la historia de la identidad ucraniana:
"(En los siglos XVI y XVII) El idioma ucraniano, como la música y el arte ucraniano, se conservó en el campo, y en las ciudades se hablaba polaco o ruso. Decir «soy ucraniano» fue, en su momento, una declaración sobre el estatus y la posición social. «Soy ucraniano» significaba que te definías contra la nobleza, contra la clase dominante, contra los urbanitas. Más tarde, pudo significar que te definías como contrario a la Unión Soviética: los guerrilleros ucranianos lucharon en contra del Ejército Rojo en 1918 y también en la Segunda Guerra Mundial y en la Guerra Fría (...)
El sentimiento de identidad sobrevivió en las aldeas y creció entre intelectuales y escritores, manteniéndose lo suficientemente fuerte como para convencer a los ucranianos de convertirse en Estado coincidiendo con la Revolución rusa en 1917. Pese a que perdieron la oportunidad en la guerra civil que vino después, los bolcheviques se dieron cuenta de que Ucrania debería tener su propia república dentro de la Unión Soviética, dirigida por los comunistas ucranianos".

La negación de Ucrania por parte de Rusia se remonta varios siglos. La primera orden imperial rusa prohibiendo el ucraniano como idioma data de 1627. El Ucase (Decreto) fue firmado por el Zar Miguel I de Rusia.
Desde entonces, durante los siglos XVIII, XIX y XIX, se han promulgado multitud de Edictos y Circulares prohibiendo o silenciando el ucraniano por parte del Imperio Ruso. Por ejemplo en 1863 se aprobó la Circular de Valúev que prohibía a los censores otorgar permisos para la publicación de literatura educativa y popular en ucraniano ya que el idioma ucraniano, decía literalmente, «nunca existió, no existe y no puede existir».

No se puede hablar de un estado ucraniano en sí hasta 1917, cuando el Imperio Ruso se retira de la I Guerra Mundial y el vacío de poder alienta una guerra civil rusa. En este contexto se crea en Kiev la República Popular Ucraniana, donde se concentran las aspiraciones nacionalistas ucranianas, y la República Popular Ucraniana de los Sóviets creada por Vladimir Lenin en Járkov. Los bolcheviques y la República Polaca fueron los grandes enemigos de la efímera independencia ucraniana, que finalmente sucumbió en 1921.
Los años siguientes estuvieron marcados por la rusificación del territorio y la persecución de cualquier atisbo de nacionalismo ucraniano. Iosif Stalin implantó un programa de colectivizaciones forzosas que provocó la gran hambruna conocida como Holodomor (muerte por inanición), saldado con 4 millones de muertos entre 1932 y 1934. Posteriormente la ocupación nazi durante varios años y la posterior reconquista por parte de la URSS dejaron a Ucrania devastada.

















Desde la Independencia en 1991, Ucrania ha estado luchando contra la corrupción propia y la cleptocracia soviética. En estos años se han alternado dirigentes prorrusos y pro-occidentales. En 2005 y en 2014 movimientos populares ucranianos hicieron caer gobiernos apoyados por Rusia. En 2014 se produjeron las revueltas contra el corrupto presidente Yanukovych que acabó huyendo a su protectora Rusia. Esa revuelta acabó conociéndose como el Euromaidán y su objetivo era conseguir mayores cotas de democracia, libertad e integración en Europa. Todo esto agudizó la tensiones entre la Ucrania que miraba a Europa y las regiones prorrusas del sur (Crimea) y este del país (Donest y Lugansk). 

En marzo de 2014 Rusia se anexionó Crimea justificándolo Putin en la necesidad de proteger los derechos de los rusos en Ucrania. La narrativa del autócrata afirma que el este y el sur de Ucrania están llenos de rusohablantes lo que les convierte en esencialmente rusos; por lo que son una preocupación legítima del estado ruso. Esto es como decir que los canadienses por hablar inglés son ingleses que deben ser defendidos y gobernados por el Reino Unido.
La realidad es que en Ucrania la mayoría de las personas hablan ucraniano y ruso con fluidez, y a muchos les resulta difícil decir cuál es su lengua "nativa". Hasta 2014 no había ningún problema en la convivencia ligüística. Tal y como han mostrado los escritores y profesionales rusófonos el panorama era de aceptación, diversidad y diálogo.

El poeta, ensayista y traductor Ilya Kaminsky (Odessa, 1977) escribió un artículo titulado Sobre el ucraniano, el ruso y la lengua de la guerra que apareció originalmente en The Literaty Hub. De ahí tomo este extracto:

Cuando, en 2013, comenzó el enfrentamiento entre el gobierno de Yanukovych y las multitudes de manifestantes, resultando en que el asediado presidente abandonara el país poco después, Putin envió sus tropas a Crimea, un territorio perteneciente a Ucrania, con el pretexto de proteger devotamente a la población de habla rusa. Poco después este territorio fue anexado. Unos meses más tarde, con el pretexto de la ayuda humanitaria, se enviaron más fuerzas militares rusas a otro territorio ucraniano, Donbás, donde ha comenzado una guerra de poder.

Durante todo este tiempo, la protección de la lengua rusa se ha citado continuamente como la única razón de la anexión y las hostilidades.

¿Requiere la lengua rusa en Ucrania de esta protección? En respuesta a la ocupación de Putin, muchos ucranianos de habla rusa optaron por colocarse al lado de sus vecinos de habla ucraniana, en lugar de en contra de ellos. Cuando el conflicto comenzó a intensificarse, recibí este correo electrónico: 

Yo, Boris Khersonsky, trabajo en la Universidad Nacional de Odesa, donde dirijo el departamento de psicología clínica desde 1996. Todo este tiempo he dado clase en ruso, y nadie me ha reprochado nunca “ignorar” la lengua ucraniana oficial del Estado. Más o menos domino el idioma ucraniano, pero la mayoría de mis alumnos prefieren las clases en ruso, así que doy clase en esa lengua.

Escribo poesía en ruso; mis libros se han publicado sobre todo en Moscú y San Petersburgo. Mi trabajo académico también se ha publicado allí.
Nunca (¿me oyes?: NUNCA) me ha perseguido nadie por ser un poeta ruso ni por dar clase en ruso en Ucrania. Por todas partes leo mis poemas en ruso y jamás he encontrado ninguna complicación.

Sin embargo, mañana leeré mis poemas en la lengua del Estado: el ucraniano. No será solo una lectura: será una acción de protesta en solidaridad con el Estado ucraniano. Pido a mis colegas que se unan a mí en esta acción.



Desmontaje del monumento a la Amistad entre Rusia y Ucrania - O. Petrayuk - EFE

Efectivamente en junio de 2014, la región histórica del Donbás, dividida en dos oblast (unidades administrativas) —Donetsk y Lugansk— situadas en el este de Ucrania,  proclamaron su independencia, lo que desató un conflicto armado con el poder central que ha superado los 14.000 muertos en los ocho años de conflicto. Hace menos de tres meses y con la excusa de que se estaba cometiendo un genocidio en el Donbás, Vladimir Putin reconoció la independencia de estas regiones y a continuación invadió Ucrania.

La anexión de Crimea y la guerra del Donbás llevó a la poetisa ucraniana Anastasia Dmitruk a escribir el poema "Nunca seremos hermanos". En él ataca al imperialismo ruso y la conformidad de su población con la tiranía, contraponiéndolo a los anhelos democráticos de los ucranianos. Hay versos tan acusadores y despectivos como "No tienes el espíritu para ser libre" o "Todos ustedes están encadenados desde la infancia" o también "en casa ´el silencio es oro´"; para acabar con estos versos tan rotundos:
Tu tienes un Zar, nosotros tenemos una Democracia.
Nunca seremos hermanos.
El poema se convirtió en un acontecimiento literario y político. Fue debatido en programas de radio y televisión e incluso llegó a crearse una canción con su letra.
Según declaraciones de Dmitruk, el poema trata sobre un amor fraternal que nadie ha visto, pero del que todos hablan. Para ella está muy claro que un amigo o un hermano no irrumpe en tu casa con una ametralladora pidiendo tu rendición.


Источник: https://solnysh.ru/es/after-birth/nikogda-my-ne-budem-bratyami-sudba-poetessy-dmitruk-posle.html










Como se ve, los conflictos y tensiones con la nación hermana de Rusia han acompañado a Ucrania a lo largo de toda su historia. Ya en 1859, ante uno de los innumerables incidentes violentos de su patria, el considerado como poeta nacional ucraniano, Taras Shevchenko, había escrito el poema Calamidad otra vez:
Querido Dios, ¡calamidad otra vez!
Estaba todo tan tranquilo, tan sereno.
Habíamos empezado a romper las cadenas
que ataban a los nuestros en la esclavitud
cuando ¡alto! Otra vez la sangre de la gente
está fluyendo.
Taras Shevchenko conocía muy bien la historia de su patria y sus gentes. En su época Ucrania estaba bajo la tiranía del Imperio Ruso y él mismo nació en una familia de siervos (esclavos). Siendo aún niño fue arrancado de su familia y obligado a seguir a su amo a San Petersburgo. Con el tiempo allí se formó como pintor y comenzó a escribir poesía; pero su condición de siervo le impedía ingresar en la Academia de Bellas Arte de San Petersburgo. Sin embargo, un grupo de artistas y escritores, impresionados por su talento, lo ayudaron a comprar su libertad cuando tenía 24 años.

Shevchenko fue poeta, humanista, folclorista, etnógrafo, pintor y figura pública. Utilizó la poesía para rebelarse contra el zarismo, escribir en ucraniano y denunciar el sufrimiento del pueblo de Ucrania, lo que le condujo al exilio en 1847: durante 10 años tuvo que servir como soldado raso en el Ejército Imperial en Kazajstán. En la primera mitad del siglo XIX, Ucrania aun era una tierra feudal sometida a la tiranía zarista. Taras vivió en su infancia la paradoja de la belleza fecunda del campo ucraniano en contraste con las sórdidas condiciones en que vivían los campesinos. El campo impregnó en él amor por la tierra y patriotismo, mientras que de la vida campesina extrajo el odio a la opresión, la injusticia y la tiranía que inspira su poesía, siempre alentada por el fuego de la libertad.
Su obra legitimó el idioma ucraniano como lengua de cultura impulsando a más escritores a escribir en ella, ya que hasta entonces era considerada por muchos como un dialecto del ruso e incluso a
 partir de 1863 el régimen Imperial de Rusia impuso su prohibición.

Taras Shevchenko

Cuando Shevchenko escribió Calamidad otra vez ya era el poeta más destacado de Ucrania. Lo conocían como Kobzar o el juglar, el nombre de su primera colección de poemas publicada en 1840. Sus versos definieron las emociones y recuerdos que forjaron la identidad nacional de Ucrania y, hoy más que nunca, se han convertido en himnos de la resistencia frente al invasor ruso. Su poema más famoso se titula precisamente Testamento (Zapovit) y constituye una especie de himno nacional ucraniano en el que el poeta une su destino al de su amada patria. Como dice el poema, después de su muerte en San Petersburgo (1861), sus restos fueron triunfalmente transportados a Ucrania y sepultados en una colina cerca de Kaniv, a orillas del Dnieper, donde su tumba se convirtió en punto de peregrinación.


TESTAMENTO

Cuando muera, enterradme
sobre una colina,
en medio de las estepas infinitas
de mi adorada Ucrania:
Para que desde allí yo pueda ver
los campos sin fin y las quebradas
y escuchar el rugido enorme del Dnipró,
mientras arrastra la enemiga sangre
atravesando Ucrania hacia el mar.

Sólo entonces me desprenderé
de montes, campos y valles
y me encaminaré hacia el mismísimo Dios,
a alzarle mi plegaria.
No conoceré a Dios hasta entonces.

De modo que enterradme y levantaos,
romped las cadenas que os atan,
rociad con sangre enemiga
la libertad plena.

No olvidéis entonces recordarme
con voz reposada
en esta gran familia,
libre y renovada.






 La invasión de Putin ha dividido dolorosamente a familias enteras donde se mezclaban armoniosamente nacionalidades, lenguas y cultura. El dictador Putin ha conseguido el efecto contrario a su desprecio por Ucrania: los ucranianos han profundizado más en su identidad y cultura, generalizándose el uso del idioma propio y alejándose definitivamente de su vecino invasor. La ira y la urgencia por denunciar el sufrimiento que ha provocado la invasión rusa ha hecho que la poeta Halyna Kruk escribiera el mes de marzo pasado el poema "No a la Guerra"; en él reprocha amargamente tanto a la población rusa como a la occidental su pasividad y falta de acción más allá de portar carteles de "No a la guerra".


NO A LA GUERRA

Aquí estás con el cartel de "no a la guerra", consintiendo
lo inevitable: esta guerra no puede contenerse,
como la luminosa sangre arterial que mana de una herida
y fluye hasta que mata.
Entra en nuestras ciudades con los hombres armados,
se infiltra en nuestros patios con las unidades de reconocimiento,
como mortíferas perlas de mercurio que no pueden engarzarse de nuevo;
no puedes fijarla salvo para encontrarla y neutralizarla.
No puedes arreglarlos, solo encontrarlos y neutralizarlos,
a esos ejecutivos civiles, empleados, informáticos y estudiantes,
la vida no los ha preparado para las peleas callejeras, pero la guerra sí,
en primera línea, en un paisaje dolorosamente familiar, al principio
en las unidades de defensa se apresuran a reclutar solo luchadores experimentados,
luego jugadores que saben jugar a Dune y Fallout,
o tal vez si han recibido un cursillo de cócteles molotov de un cantinero que conocen,
en el club local mientras los niños duermen, los niños lloran, los niños nacen
en un mundo temporalmente inadecuado para la vida.
En el patio de recreo están arreando anti-tanque 'erizos checos'
y los hogares mezclan "bebidas" mortales.
Familias enteras, finalmente disfrutando de una conversación
y un proyecto colectivo: la guerra acorta la distancia
entre persona y persona, entre el nacimiento y la muerte,
entre lo que nunca quisimos
y lo que resultó que seríamos capaces.
"Mamá, contesta el teléfono ", suplicó una mujer durante dos horas
en el sótano del edificio de apartamentos,
terca y obtusa, no deja de creer en un milagro pero su madre está fuera
del alcance del celular, en las afueras, donde los fuertes cañonazos
derrumbaron los prefabricados como si fuesen Legos baratos,
donde apenas ayer las torres de transmisión dejaron de conectar a la gente,
donde el mundo desapareció entre los años de antes y después de la guerra,
a lo largo del pliegue irregular del cartel de "no a la guerra",
que tirarás a la basura más cercana,
cuando vuelvas de la protesta a tu casa, poeta ruso.
La guerra mata con vuestras manos de indiferentes
e incluso con las manos de los simpatizantes ociosos.


                                                                                   Halyna Kruk


Nacida en Leópolis, Ucrania en 1974, Halyna Kruk es poeta, traductora y profesora de literatura medieval en la Universidad Estatal de Lviv. Con cinco libros de poesía y dos novelas publicadas, ha sido reconocida como un referente en la poesía ucraniana. Los poemas de guerra de Halyna Kruk son desgarradores: hurgan en el fértil suelo ucraniano y desentierran las injusticias de la guerra y los escombros de la historia. La feraz tierra de Ucrania es conocida como "tierra negra" (chernozem) pero su historia la ha sembrado de víctimas. 
En el poema "No a la guerra" Kruk volcó su indignación contra la mayoría rusa que no planta cara a un régimen totalitario de Putin y la considera cómplice de los crímenes y violaciones que el ejército ruso comete en Ucrania. Kruk habla de la figura del “don nadie” o del “hombrecillo” tan presente en la literatura desde Pushkin a Dostoeivski, esos ciudadanos impotentes y sumisos ante el poder. En comentarios y entrevistas sobre su poema, Kruk también reprocha la pasividad de los medios culturales europeos a la anexión de Crimea por Rusia en 2014. 


Por su parte Anastasia Afanasieva (Járkov, 1982) autora de seis libros de poemas y receptora de algunos de los premios más importantes de poesía en ruso, escribió el poema "¿Puede haber poesía después...?" tras la anexión rusa de Crimea en 2014. Sus libros se han traducido al inglés, alemán, italiano, ucraniano y bielorruso. En el prólogo de una antología sobre poesía y guerra publicada en 2017, el poeta Ilya Kaminski citaba un correo electrónico en el que su amiga Afanasieva, hablante nativa de ruso, escribió desde la ciudad ucraniana de Járkov sobre la campaña de “ayuda humanitaria” de Putin para proteger su lengua rusa:

“Nunca me he sentido discriminada por hablar ruso. Es un mito. En cada ciudad del oeste de Ucrania que he visitado he hablado en ruso con todo el mundo. He encontrado nuevos amigos y, lejos de sentirme agredida, todos me han tratado con respeto. Os ruego que no escuchéis la propaganda. Su propósito es separarnos. Ya somos muy diferentes, no nos convirtamos en adversarios, no creemos una guerra en un territorio donde todos vivimos juntos. La invasión militar que se está produciendo es una catástrofe para todos. No perdamos la cabeza, no temamos las amenazas que no existen, cuando hay una amenaza real: la de la invasión del ejército ruso”.



¿PUEDE HABER POESÍA DESPUÉS....?


¿Puede haber poesía después de
Yasinuvata, Hórlivka, Savur-Mohyla, Novoazovsk?
¿Después de
Krasnyi-Luch, Donetsk, Luhansk?
¿Después de
separar los cuerpos en reposo de los agonizantes?
¿Los hambrientos de aquellos que pasean?
Mucho después
de que la poesía degenere en un “balbuceo autista”
Labios apareándose en la oscuridad
pregunto
medio despierta
¿Es posible la poesía
en el momento en que la historia se trastorna,
una vez que sus pasos
retumban en todos los corazones?
Imposible hablar de otra cosa,
hablar resulta imposible.

Mientras escribo esto
muy cerca de mí
se aniquila toda esperanza.



 

La opresión del  imperialismo ruso sobre los ucranianos y su identidad cultural está perfectamente reflejada en un famosísimo poema titulado "No moriremos en París", de Natalia Bilotserkivets. Fue escrito en un momento efervescente de la historia reciente de Ucrania, mediados de los 80, pocos años antes del derrumbe de la Unión Soviética.
El título se inspira en un verso de César Vallejo que pronosticó su propia muerte en París:
"Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París – y no me corro –
tal vez un jueves, como es hoy de otoño."
El poema "No moriremos en París" se hizo famoso en todo el mundo a raíz del accidente de Chernóbil. Es una especie de oración que se convirtió en himno para los jóvenes ucranianos que querían un país lejos de la opresión soviética. Aunque es un canto netamente pesimista (no llegaremos a París ni tan siquiera para suicidarnos bajo el Pont Mirabeau), logra trasladarnos una profunda impresión sobre el amor y la vida en circunstancias adversas.



No moriremos en París

Me moriré en París con aguacero.
César Vallejo

Olvidas las líneas olores colores y ruidos
se debilita la vista     se pierde el oído    pasan los más pequeños gozos
alzas tus manos y cara buscando tu alma
pero se eleva a cumbres inaccesibles y remotas

Lo que queda es sólo una estación         la última parada
la espuma gris de los adioses se arremolina y se hincha
ya está lavando mis manos indefensas
se filtra en mi boca una calidez dulce y repulsiva.
Sólo el amor perdura aunque mejor se hubiera ido

Lloré en míseras sábanas hasta quedar exhausta
por la ventana             acechaba una lila de un rojo pálido
corría el tren              que miraban los lánguidos amantes
en el estante sucio que se estremece bajo su carne.
Fuera la primavera pasó      se quedó en silencio

No moriremos en París           ahora lo sé con certeza
sino en una tosca cama empapada de sudor y lágrimas
nadie nos servirá nuestro coñac                 lo sé
no habrá besos tampoco que nos salven
bajo el Pont Mirabeau los turbios círculos no se desvanecerán.

Lloramos muy amargamente            explotamos la naturaleza
amamos demasiado fieramente
                        avergonzamos a nuestros amantes 
escribimos demasiados poemas
                        ignorando a los poetas.

No nos dejarán morir en París
y el agua seductora
                       bajo el Pont Mirabeau
estará rodeado de tropas.


                                      Natalka Bilotserkivets
                                      
Natalka Bilotserkivets, poeta, traductora, ensayista y editora, es una de las poetas más conocidas de Ucrania actualmente. Nació en 1954 y publicó su primer poemario, Balada sobre los invencibles en 1976, siendo aún estudiante. Triunfó en los años 80 con los libros de poemas The Underground Fire (1984) y November (1989).
Sus poemarios Allergy (1999) y Central Hotel (2004) fueron elegidos Libros del Año en el momento de su publicación. Sus poemas destilan un profundo lirismo, transformando lo histórico en íntimo mientras alumbra la oscuridad de viejas y nuevas pérdidas. Natalka Bilotserkivets vive y trabaja en Kyiv.
Ucrania es esa 'tosca cama empapada de sudor y lágrimas' y el alma que "se remonta a cumbres inaccesibles" son los deseos de una vida más plena que se escapa. Efectivamente el poema se escribió antes del colapso de la URSS y para los ucranianos París y todo lo que representa les quedaba muy lejos. La mención del Pont Mirabeau recuerda inmediatamente el famoso poema de Apollinaire, que elige dicho puente para reflexionar sobre el amor y la fugacidad. También recuerda el suicidio del poeta Paul Celan lanzándose al Sena.  
En los versos finales vemos que la poetisa ni siquiera puede aspirar a un trágico suicidio parisino porque estará rodeada de tropas-fronteras tanto interiores por el dominio ruso, como exteriores de Europa.


Ojalá Ucrania llegue a París o a Bruselas o a donde los ucranianos libremente elijan.   







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Fuentes:
-El lenguaje. La poesía. La guerra. Texto de Ilya Kaminsky
-Leamos a Ucrania en LetrasLibres.com
-Seis poetas de Ucrania en LetrasLibres.com

miércoles, 18 de mayo de 2022

EL CINE de Paul SCHRADER


Paul Schrader es un guionista de raza cuyos libretos abordan  profundos estudios de personajes atormentados por la culpa y la expiación. Su guión más paradigmático siempre será Taxi Driver, de 1976, que rodó con envidiable brío su gran amigo Martin Scorsese.

Perteneciente a una estricta familia calvinista, allí se le inculcó que el hombre está abocado al pecado sin remedio desde su mismo nacimiento. En su casa todos los días se leía la Biblia y no estaba bien visto ir al cine. La primera vez que vio una película tenía diecisiete años.

Producto de su educación religiosa, el cine de Schrader nos presenta la "depravación total del hombre" mientras lucha, desesperado, por encontrar esa "gracia irresistible" de la que también hablaba Calvino. Sus personajes suelen estar atormentados por la culpa y un silencio terrible por parte de Dios, lo que les aboca a un vacío moral insoportable. No solamente no saben qué hacer sino que, como el taxista Travis Bickle o el boxeador de "Toro salvaje", no entienden qué significa o cómo articular su propia vida. De ahí que el cineasta reflexione: "La soledad y la paranoia de Travis no tienen un origen social, son puramente existenciales".

En el libro de entrevistas "Schrader sobre Schrader" también confiesa: "Supongo que cualquier persona que haya tenido una educación profundamente cristiana como yo, estará interesada en la culpa, la redención y las metáforas de la salvación". De modo que la pregunta que siempre sobrevuela a sus protagonistas es ¿Cómo expiar nuestras culpas?.

Schrader estudió cine en California y en 1972 presentó una tesis que podría servir de guía para su propio cine, "El estilo trascendental de Ozu, Bresson y Dreyer". En 1975 ya firmó su primer guión, elaborado sobre una idea de su hermano Leonard,  "Yakuza", de Sidney Pollack.

Paul Schrader pasó una muy mala racha en 1973. Había roto con su mujer y también con la chica que provocó la separación. Se encontraba solo, sin trabajo y viviendo en un coche mientras le rondaban pensamientos suicidas. Bebía mucho para apaciguar el dolor que le producía una úlcera y estaba obsesionado con la violencia y la pornografía, aspectos que luego reflejaría en el protagonista de Taxi Driver. En 1979 estrenó su primera película como director, "Hardcore", en la que una chica perteneciente a una familia calvinista acude a una convención y desaparece cayendo en las redes del porno. Ante la ineficacia de la policía el padre se lanza a un descenso a los más sórdidos infiernos para intentar rescatarla.

Esta base argumental, muy semejante a la de Taxi Driver, reitera la del clásico de John Ford, "Centauros del desierto" (The Searchers), película venerada por los nuevos cineastas que emergieron en los setenta como Francis Ford Coppola, Steven Spielberg o George Lucas. La cinta está basada en una novela western de Alan Le May que está magníficamente editada en la editorial Valdemar. Se inspiró en una historia real, la de Cynthia Ann Parker, secuestrada en 1836 por los comanches a los nueve años de edad, tras masacrar a su familia. La búsqueda atormentada que durante años mantiene su tío Ethan Edwards (John Wayne) constituye un relato sombrío que nos muestra a un hombre errante, noble y solitario, pero al mismo tiempo un tanto neurótico y racista; rasgos que también definirán al taxista Travis Bickle.
Schrader, Scorsese y De Niro durante el rodaje de Taxi Driver
















Schrader es un cineasta obstinadamente independiente y, a pesar de su prestigio, su carrera como director no ha sido fácil. Le cuesta un mundo poner en pie una película; por lo que no es raro encontrar a otros directores amigos en tareas de producción. Así ocurre en su última película estrenada, El Contador de Cartas ( 2021), un notable y sombrío relato que ha contado con la producción ejecutiva de su amigo Martin Scorsese.

Aunque ha logrado filmar una buen puñado de películas, como Perros Salvajes, 2016; Desenfocado, 2011, El beso de la mujer pantera, 1982 o American Gigoló, 1980, entre otras; las que yo destacaría de su filmografía son las siguientes:

Para este retrato de autodestrucción también tuvo que contar con la ayuda en la producción de Francis Ford Coppola y de George Lucas. "Mishima" es un retrato biográfico del autor japonés que hurga en las contradicciones de un hombre que trató de alcanzar la imposible armonía entre él mismo, el arte y el mundo en que le tocó vivir. La trama se centra en el día en que se practicó el seppuku (harakiri), el 25 de noviembre de 1970, y está salpicada de flashbacks para contar diversos episodios de su vida relacionados con sus obsesiones y su obra. 

Posibilidad de escape (Light Sleeper, 1992) tiene guión y dirección del propio Schrader y su protagonista sería como un espejo del de Taxi Driver, aunque sin las implicaciones fascistoides de Travis Bickle. Varias películas de Schrader, como 'American Gigolo', 'Posibilidad de escape' o 'The Walker', toman 'Pickpocket', de Robert Bresson, como modelo a la hora de trazar el itinerario del protagonista por un submundo marginal del que se libera a través de un encierro físico que le supone la recuperación de la gracia. El héroe de esta historia es John Letour, un vendedor de drogas de altos vuelos que, como aquél taxista ofuscado, es perseguido por sus demonios y padece insomnio.
También como el más reciente Contador de cartas anota su vida y reflexiones en un diario mientras recorre un mundo sórdido del que acaba atisbando una redención a través de la violencia.

El placer de los extraños (The comfort of strangers, 1990) cuenta con un guión de Harold Pinter sobre novela de Ian McEwan. Se trata de un relato sumamente perturbador sobre la manipulación emocional y la soledad esencial del ser humano. 
Una joven pareja en crisis se ve fatalmente enredada en la perversa telaraña que les tiende una extraña y narcisista pareja con la que se encuentran en un viaje. La atmósfera asfixiante de una decadente Venecia envuelve la enfermiza pugna que mantienen Christopher Walken y Rupert Everett, con la complicidad de sus respectivos cónyuges.

El reverendo (First Reformed, 2017).
De nuevo con guión y dirección del propio Schrader, es uno de sus más brillantes estudios sobre la desesperación, el remordimiento y la soledad espiritual. Schrader se crio en una familia de la Iglesia Reformada que le impidió asistir a una sala de cine hasta que ya fue mayor de edad.
El título original de First Reformed hace referencia a la supuesta primera iglesia calvinista erigida en el condado de Nueva York entre finales del siglo XVIII y principios del XIX por colonos frisones (holandeses). En este hermoso edificio de madera blanca y sobriedad reformista, ejerce de sacerdote Ernst Toller (Ethan Hawke), ante una parroquia más bien escasa.
La película retrata a un sacerdote torturado que al entrar en contacto con un feligrés obsesionado con el deterioro del planeta se sumerge más y más en la autodestrucción. El reverendo plantea reflexiones sobre asuntos como el medioambientalismo, la mercantilización de la religión y los peligros del extremismo ideológico.

Aflicción (Affliction, 1997) 
Con guión y dirección de Schrader se trata de un film brutal y desgarrador sobre el atormentado sheriff Wade Whitehouse (Nick Nolte) y su intento de expiación.  Wade es un hombre gris y menospreciado por todos en el pequeño pueblo donde ejerce. Pero barrunta una oportunidad de redención cuando muere un sindicalista en una partida de caza. Aunque la mayoría cree que se trata de un accidente, él está convencido de que se trata de un asesinato y resolverlo le dará la oportunidad que estaba esperando para demostrar su valía ante su propio padre -un hombre dominante y alcohólico (poderoso James Coburn) - y ante sus vecinos.

martes, 22 de junio de 2021

TARTAN NOIR I




Tartan Noir es la etiqueta que agrupa a los autores escoceses de novela negra que ambientan sus historias criminales en Glasgow, Edimburgo o Aberdeen. Tartan es el nombre del tejido típico de los kilts escoceses. Cada estampado es único y propio de un clan en concreto. Curiosamente este apelativo lo acuñó James Ellroy al comentar una novela de Ian Rankin en los años 90. Aunque Rankin efectivamente fue el artífice del boom en ventas de este subgénero, se considera a William McIlvanney el padre del mismo por la publicación de su novela Laidlaw en los setenta. 

La aparición de dicho apelativo y las elevadas ventas de autores como Ian Rankin y Val McDermid supuso un interés renovado por la obra de McIlvanney ya en el siglo XXI; lo cual  no fue óbice para que éste renegara de la etiqueta: 
"Supongo que funciona muy bien como lema de un publicista. Ciertamente, para el mercado estadounidense, probablemente ofrece la referencia más sucinta para reconocer lo escocés. Pero me parece que, al mismo tiempo, sugiere una visión anticuada del lugar". También el exitoso Rankin se llegó a quejar del efecto reduccionista del lema: “Tal vez con Tartan Noir puede parecer que solo escribimos ficción negra y retorcida en Escocia”.

Entre las características principales que definen el Tartan Noir está el peculiar humor negro escocés, un componente de crítica social y un gran humanismo; todo ello cultivado desde la línea dura o hard-boiled del género. Porque los referentes novelísticos de estos autores son claramente las novelas negras norteamericanas de Dashiell Hammett, Raymond Chandler y, sobre todo, del gran James Ellroy, con su descarnado retrato de la ciudad como un nido de corrupción en todas las esferas. También se suele citar el síndrome Jekyll/Hyde o Caledonian Antisyzygy, un fenómeno escocés que reflexiona sobre la dualidad de las personas, en alusión a la doble alma que suelen tener sus detectives, aquejados de múltiples contradicciones. Se trata de profundizar en la psicología del crimen, rastreando nuestra capacidad para el bien y el mal. Esto dota a los protagonistas de una intensa complejidad moral que se extiende también a los criminales de estas obras. El propio Ian Rankin comentó que “la ficción policial escocesa tiende a sentir curiosidad por saber por qué ocurren los delitos y entender a las personas que los cometen."

Una de las autoras escocesas más emblemáticas, Val McDermid, definió el Tartan Noir del siguiente modo: "Tenemos este tipo de pasado calvinista oscuro que todavía está muy presente. También tenemos este maravilloso sentido del humor negro y nos encanta la fiesta. Hemos producido algunos de los más grandes pensadores de la Ilustración, y también algunos de los peores fanáticos con cara de escoria en la historia del pensamiento humano. Así que siempre existe el charco oscuro de estos opuestos dentro de nosotros, lo que produce una especie de tensión dramática ''.

El Tartan Noir tiene otro componente ineludible, su territorio, ya que las ciudades donde se desarrollan estas novelas tienen una importancia capital. Debemos a Rankin esta reflexión: “los escritores escoceses hemos descubierto que la ficción policíaca es una buena forma de explorar el 'lugar', especialmente el urbano. Miramos debajo de la superficie de la ciudad cotidiana y mostramos su complejidad. La ficción criminal también es a menudo política, observa el lío en el que estamos y pregunta cómo salimos de él ".

Edimburgo


Sobre el carácter escocés merece la pena escuchar a Stuart MacBride, autor de éxito con diez novelas criminales protagonizadas por Logan McRae. En bbc.co.uk escribió: "Dile a un escocés o escocesa que haga algo y, nueve de cada diez veces, haremos exactamente lo contrario. Porque estamos desconcertados. Es una palabra que nos atraviesa, como las letras de un palo de piedra de Blackpool, y es un rasgo de carácter que aparece una y otra vez en Tartan Noir. Nuestros protagonistas están desconcertados". 

Las novelas que se inscriben en el Tartan Noir no son uniformes. En ellas hay muchos trozos de la historia reciente de Escocia, del mismo modo que hay muchos enfoques en sus protagonistas. Según MacBride el Tartan "no es tanto un término genérico para que unos pocos escritores selectos se refugien, sino que es una marquesina grande y sucia. Cubre todo, desde la sátira mordaz del Jack Parlabane de Christopher Brookmyre, hasta el severo presbiterianismo de Rebus, pasando por la sarcástica periodista de Val McDermid, Lindsay Gordon, y el cálido y desvergonzado deleite de Hamish Macbeth" -protagonista de las novelas de MC Beaton-.

El asunto final que hace del Tartan Noir algo profundamente literario es que se inscribe en una tradición literaria muy reconocible. Muchos de sus autores se consideran herederos de una sensibilidad gótica que se remonta a "Confesiones de un Pecador Justificado" (Confessions of a Justified Sinner) de James Hogg, así como a El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, de Robert Louis Stevenson. En su ensayo The Dark Threads of Tartan Noir, Carole E. Bannerman escribe:
“Como todos los escritores de crimen desde entonces, Stevenson sitúa el mal en el corazón del hombre y luego coloca a ese hombre en el corazón de una ciudad. La ciudad se convierte así en una manifestación de la hipocresía moral y la fingida respetabilidad que es lo que critica el escritor de género negro”.
Según la autora de Glasgow, Donna Moore, agregando a este cóctel algunos criminales históricos de estas tierras como Burke y Hare, el clima y el infame humor de la horca de los escoceses tendremos el árbol genealógico del Tartan Noir.

El éxito del Tartan Noir tiene tal envergadura que desde hace años existe un Festival Internacional de Escritura Criminal de Escocia, denominado Escocia Sangrienta; un lugar de encuentro entre aficionados y autores que cuenta con numerosas actividades y una completa web: https://bloodyscotland.com/

Desde que McIlvanney abriera la lata en los años 70 y Ian Rankin y Val McDermid comenzaran su éxito perdurable en los 90, muchos otros autores se han sentido inspirados para alumbrar obras criminales con carácter escocés: 
Denise Mina, Christopher Brookmyre, Peter May, Stuart MacBride, Allan Guthrie, Douglas Lindsay, James Oswald, Lin Anderson, Alex Gray, Donna Moore, Tony Black, Caro Ramsay, Abir Mukherjee, Ann Cleeves, Gordon Ferris, Douglas Skelton, Denzil Meyrick... lista que no deja de ampliarse año tras año. Muchos de ellos no tienen libros traducidos al español a pesar de alcanzar unas cuantiosas ventas en el mundo anglosajón.
Comentaré aquí una pequeña selección.

No Mean City 
de H. Kingsley Long y A. McArthur
Aunque no está traducido al español, hay que tomar en consideración este libro porque, publicado en 1935, pasa por ser el lejano origen del Tartan Noir. 
Ningún libro está más asociado con la ciudad de Glasgow que éste. En él se relata la historia de Johnnie y Peter Stark, dos hermanos, hijos de un padre violento y una madre oprimida, que siguen caminos divergentes y que, sin embargo, están destinados por las circunstancias sociales a encontrar un final trágico. Johnnie se convierte en el "Rey Navaja" de los barrios marginales, los Gorbals, luchando y abriéndose camino hacia una temible notoriedad entre las bandas locales. Peter, por otro lado, se esfuerza por abrirse camino hacia la respetabilidad como gerente en un almacén local. 
El mensaje del libro es bastante nihilista: no importa cómo traten de superar sus circunstancias, finalmente fracasarán y serán devorados por las fuerzas abrumadoras que arrastran a todos los "habitantes de barrios marginales" de regreso a su lugar.
Las descripciones realistas y brutales, llenas de sexo y violencia, dan vida a una historia que es tan fascinante como auténtica.

IAN RANKIN (Fife, Escocia, 1960) es el más conspicuo de estos autores escoceses. Su creación del inspector Rebus ha marcado tendencia: Un policía honesto, valiente y leal, pero también un alcohólico incorregible, insubordinado, nostálgico, cínico y con sus relaciones familiares abocadas al fracaso. Un tipo con sus propios demonios. Además es un ecléctico melómano que etiqueta muchas de sus situaciones vitales con títulos de éxitos musicales que toma de su afición al rock. 
A lo largo de 22 libros, publicados entre 1987 y 2018, este inspector poco ortodoxo ha sido capaz de arrojar luz sobre algunas de las historias más funestas de Edimburgo. En estas tres décadas las novelas recogen la evolución de la ciudad y también el envejecimiento del propio Rebus. A través de esta fructífera relación entre Rebus y Edimburgo, Rankin ha logrado examinar temas tan candentes como la inmigración, la trata de blancas o el establecimiento del parlamento escocés en 1999. 
Rebus suele profundizar en sus contradicciones bebiendo noche tras noche en The Oxford Bar o The Royal Oak (pubs reales de Edimburgo), ignorando durante años a su hija o compartiendo whisky con mafiosos como su constante enemigo Ger Cafferty.
He aquí un par de sus obras.
BLACK AND BLUE  (1997)
de Ian Rankin
Ian Rankin (Fife, Escocia, 1960) afirmó que Black and Blue –octava novela de la serie protagonizada por el inspector John Rebus- era su favorita y que sólo a partir de ella consideraba que sus novelas fuesen realmente buenas. Esto lo confirma el hecho de que el cóctel elaborado aquí se reproduce con éxito en muchas sino en todo el resto de novelas: inteligente combinación de múltiples tramas, gran detalle del procedimiento policial, indisciplina ante los superiores, proceder un tanto anárquico y temerario, mucho trasiego de whisky y el trasfondo de una Escocia muy actual (sea el nacionalismo y su novedoso parlamento, el petróleo, la corrupción inmobiliaria, las operaciones ocultas de las SAS o el tráfico de drogas). 
La combinación inspector Rebus-Edimburgo es muy fructífera y aquí se muestra introduciendo un elemento real, la historia de John Bible, el más brutal asesino que Glasgow recuerda, autor de tres crueles asesinatos en la década de los 60 y desaparecido abruptamente sin llegar a ser detenido.
En esta novela nos encontramos con un Rebus que después de un enfrentamiento con un oficial superior corrupto, ha sido destinado a uno de los suburbios más duros de Edimburgo, donde investiga el asesinato de un trabajador de una plataforma petrolífera fuera de servicio. Su investigación lo lleva al norte, a las plataformas de Aberdeen. Este caso se entrecruza con la investigación de uno
s asesinatos en serie que imitan al asesino de los 60 nunca capturado. De ahí que la prensa sensacionalista haya apodado a este nuevo criminal como "Johnny Bible". Aunque Rebus se interesó obsesivamente por este asesino desaparecido y conocía a una de las víctimas del imitador, tiene otros asuntos de los que preocuparse; la amenaza de reapertura de un caso en el que él y su mentor, el inspector Lawson Geddes, pueden haber presentado pruebas falsas. Hace años que incriminaron a Lenny Spaven, quien siempre ha insistido en que era inocente hasta que su desesperación finalmente lo ha llevado al suicidio. Esto ha puesto el foco sobre Rebus que es perseguido por las cámaras de una cadena de televisión que investiga errores judiciales.
La conexión con el negocio del petróleo y Aberdeen, incluido su cupo de maldades y corruptelas, le da oportunidad a Rankin para explorar felizmente un nuevo territorio de la Escocia actual y mostrarnos su color local. La última complicación viene del original John Bible que se cruza con Rebus en la búsqueda (y eliminación) del imitador. 
Rankin demuestra en esta novela que es un autor audaz e inteligente, que sabe trenzar a la perfección diversos hilos narrativos hasta conseguir una novela absorbente y original. 

RESURRECCIÓN (2002)
de Ian Rankin
Decimotercera entrega de la serie Rebus.
Debido a su insubordinación, Rebus es enviado a un centro de “reeducación” para policías. Allí llegan otros cinco agentes en su misma situación, y juntos deberán resolver un antiguo caso sin cerrar. Sin embargo, Rebus guarda sus propios secretos sobre el caso y empieza a dudar de la verdadera finalidad del programa y de la sinceridad de sus ocasionales colegas. 
En esa especie de reformatorio en que se ha convertido la academia de Tulliallan, Rebus se encuentra con otros policías problemáticos que quieren rehabilitar sus carreras. El enfoque consiste en tomar un caso antiguo y asignarlo a los "hombres de la resurrección", los cuales trabajarán bajo la estrecha supervisión de un instructor, que subrayará el necesario trabajo en equipo para llevar a cabo un buen trabajo policial. Pero Rebus se huele una trampa cuando "accidentalmente" el caso elegido para el ejercicio resulta ser un viejo asunto en el que él mismo jugó un papel importante. Percibe que debe andarse con mucho cuidado hasta averiguar qué está pasando.
Por otro lado acepta una misión encubierta en la que investigará a sus compañeros de clase. Siempre se ha sospechado que esos colegas se quedaron con el botín de una redada antidroga, pero los superiores nunca pudieron probarlo. Dado que muchos dan por hecho que Rebus está en la nómina del capo Big Ger Cafferty, los altos mandos esperan que esa reputación le permita inmiscuirse entre los policías corruptos. Los secretos que guardan los Resurrection Men y la partida que juega Rebus en torno a ellos es de lo más intrigante.  
Por su parte la sargento detective Siobhan Clarke descubre que su investigación del asesinato de un marchante de arte está ligada a la investigación de Rebus, de modo que los dos, la protegida y su mentor, unen fuerzas para avanzar. Pronto se encontrarán en medio de un escándalo aún mayor de lo que habían imaginado: un complot con conspiradores en cada rincón de Escocia e implicaciones mortales sobre sus colegas.
Siendo así que todas las novelas de Rebus son oscuras, ásperas y detalladas, ésta lo es más de lo habitual, y no por su violencia, sino porque las vivencias de Rebus y Clarke tienen un trasfondo auténticamente siniestro. La trama es verdaderamente densa y cuenta con constantes giros argumentales siempre sorprendentes. 
Hay que resaltar aspectos como los diálogos siempre concisos y afilados de estos policías, que intercambian frases como mandobles maliciosos llenos de ironía. También Rankin nos deja asomarnos a aspectos de la psique de Rebus y Clarke que no hemos visto antes. Por ejemplo el hecho de que Siobhan, siendo mujer, siempre ha estado rodeada de hombres que están  al borde de tratarla con condescendencia. Incluso hay un momento en que la violencia sexual planea sobre ella. Sin duda los personajes son uno de los puntos fuertes de esta serie; ya que son muy reales y vulnerables, sin dejar de evolucionar entre cada aventura.

VAL McDERMID
Si Rankin es el rey, a McDermid se la considera la reina del T
artan Noir. Nació en Kirkcaldy, Fife en 1955. Después de completar su educación en St. Hilda's College, Oxford, trabajó como periodista durante más de quince años. Los protagonistas de las tres series de novelas de McDermid son una periodista, Lindsay Gordon; un investigadora privada, Kate Brannigan; y un psicólogo clínico, Tony Hill, quién sufre una disfunción sexual. La serie de novelas protagonizadas por Tony Hill y Carol Jordan comenzó en 1995 con El canto de las sirenas que ganó el premio Gold Dagger de la Crime Writers' Association a la mejor novela criminal del año. Esta serie de novelas de Hill/Jordan fue adaptada a la televisión con el nombre Wire in the Blood.
McDermid publicó su primera novela, Report for Murder, a la edad de treinta y dos años. Sus novelas se centran en los aspectos psicológicos del crimen e incluyen descripciones explícitas de tortura y violencia. Además se hacen notar sus puntos de vista feministas. Aunque es un libro independiente de las series citadas, Lugar de ejecución pasa por ser su obra más lograda.

LUGAR DE EJECUCIÓN
de Val McDermid
Esta novela está llena de giros, emociones y conmociones.
Invierno de 1963, dos adolescentes desaparecen en Manchester. Poco después, en una aldea perdida de Derbyshire, desaparece Alison Carter, otra jovencita de trece años. Aunque no aparece el cuerpo, en la aldea de Scardale, en Peak District, todos saben que se trata de un asesinato. Para el inspector George Bennett, es el comienzo de su caso más difícil e intenso. Décadas más tarde, le cuenta su historia a la periodista Catherine Heathcote, pero justo cuando está a punto de publicarlo, la detiene, obligando a Catherine a ahondar en el pasado para encontrar la auténtica verdad, de una vez por todas.
El libro está formado por dos partes totalmente diferentes. En la primera asistimos a un juicio por el asesinato de una joven de una pequeña aldea donde se nos cuenta con detalle tanto el procedimiento policial como, sobre todo, el judicial. En la segunda acompañamos a la periodista en su indagación. 
En parte procedimiento policial, en parte thriller psicológico, este libro es de los que perdura en tu memoria gracias a una conseguida atmósfera que nos sitúa en una comunidad endogámica y cerrada. 

UN TERRITORIO OSCURO
de Val McDermid
Tarde o temprano los asuntos pendientes del pasado emergen inesperadamente. La zona minera de Fife (Escocia), en la que la propia autora vivió su infancia, es el epicentro del caso que se le presenta a la inspectora Karen Pirie. Karen investiga la desaparición de un minero hace 20 años, un trabajador que se convirtió en esquirol en las huelgas mineras de los años 80. Pero a la vez le encargan reabrir el caso del secuestro de una millonaria y su hijo. Una villa en ruinas con carteles extraños tirados por el suelo e indicios de que sus ocupantes la habían abandonado precipitadamente fue el desencadenante de la historia del malogrado secuestro que aparece en la novela. En ese mismo escenario, la periodista Bel Richmond encontrará la pista que permitirá reabrir el caso. 
El secuestro acabó de la peor forma posible, una vez entregado el rescate, se encontró a la mujer muerta mientras que el hijo desapareció.
Ahora, cuando ya casi nadie recuerda el trágico suceso, un periodista reabre la investigación al descubrir una pista que lleva a la Toscana. A la inspectora Karen Pirie le asignan este desagradable caso frío en un mal momento, enfrascada como está en la desaparición de Mick Prentice, el trabajador esquirol. Algo muy turbio se esconde tras este caso, que en un principio parecía rutinario.
Los dos casos, aparentemente no tienen nada en común, pero irán confluyendo mediante sorprendentes giros e inesperadas subtramas.
Es un libro que surge de las propias experiencias como periodista de la autora, que cubrió la huelga minera del norte de Inglaterra en 1984:
"Cuando cubrí las huelgas de los mineros, me impresionó la solidaridad de esa comunidad y cómo las mujeres, por primera vez, tuvieron un papel muy activo organizadas en 'Mujeres contra el cierre de las minas'
Otro de los aspectos más interesantes del libro es la relación que se establece entre pasado y presente. En 'Lugar de ejecución', dedicaba la primera mitad del libro a relatar el crimen ocurrido en 1963 para volver al presente en la segunda parte. En 'El cuerpo tatuado', trataba acontecimientos que habían ocurrido hacía 200 años a través del diario del poeta William Wordsworth. En "Un territorio oscuro", los recuerdos de la gente van completando un puzzle que, ante los ojos del lector, se va convirtiendo en un vivo fresco de la época en que se desarrollaron los acontecimientos.

UN PLAN SANGRIENTO (2015)
de Graeme Macrae Burnet

Esta es la segunda novela del autor, tras un debut glorioso con The Disappearance of Adèle Bedeau, que le valió el premio Scottish Book Trust New Writer Award en 2013. 
Un Plan Sangriento es un true crime de una rara complejidad. Macrae Burnet nos lleva a 1869, en las Tierras Altas escocesas, cuando un triple asesinato especialmente espeluznante sacude a la comunidad. La policía arresta de inmediato a un joven llamado Roderick Macrae, que aparece cubierto de sangre y admite ser el autor de los hechos. Así lo confirma un extraño relato, sorprendentemente lúcido que el joven escribió sobre sus crímenes. Tan lúcido y tan bien escrito que ahí empieza el misterio. 
Pero antes de condenarlo el tribunal debe averiguar qué lo llevó a cometer esos actos de violencia tan despiadada. ¿Acaso estaba loco o era perfectamente consciente de lo que hacía? Solo su persuasivo abogado se interpone entre Macrae y la horca, pero para lograr resolver el misterio y dictar sentencia antes deberán construir un relato congruente con los hechos. Siglo y medio después, Graeme Macrae, descendiente de Roderick, reúne toda la documentación existente sobre el caso en su búsqueda de la verdad. Pero ¿puede un ser humano comprender realmente la mente de otro? Un falso "true crime" situado en el corazón de la Escocia más oscura, que juega a su antojo con los límites de la ficción y cuestiona la validez de los relatos. Muy bueno. 

HAY QUE MATAR A LEWIS WINTER  (2013)
de Malcolm MacKay
Mackay tuvo un debut fulgurante con este extraordinario libro, aunque aquí no hay detectives ni investigación. El protagonista es un asesino profesional que trabaja por encargo. Después de una llamada telefónica tiene una nueva encomienda: matar a Lewis Winter.
No hay misterio en esta novela. Lo que hay es mucho suspense, el que se deriva de la planificación de un crimen que pretende ser perfecto. Pero matar no es fácil y el relato de todas las variables del crimen con sus riesgos (vigilancia, horarios, situaciones de ventaja, cuidado con las evidencias y huellas, etc) irá tensionando la intriga hasta extremos considerables.  
Este original debut cuenta además con un estilo directo y descarnado, basado en frase muy cortas y una moralización mínima. Uno de los puntos fuertes de la novela es la alternancia de puntos de vista. Cada capítulo está narrado desde el punto de vista de un personaje distinto, formando así un rompecabezas que el lector va completando.

El segundo libro de la serie, How A Gunman Says Goodbye ganó el Premio Deanston al mejor libro escocés de novela negra del año. Junto al tercero, The Sudden Arrival of Violence, forma la Trilogía de Glasgow.

EL CUARTO OSCURO (The Cutting Room)
de Louise Welsh
No se trata sólo de un debut asombrosamente logrado, también es uno de los mejores libros de cualquier género. Con esta obra Welsh ganó el Premio Creasey Dagger de la Asociación de Escritores Criminales a la mejor primera novela policiaca. El relato es misterioso, ricamente gótico y sexualmente cargado; ambientado en el mundo de un subastador y su descubrimiento de lo que puede ser una colección de fotografías snuff
El decadente subastador Rilke está limpiando el contenido de la casa de un anciano fallecido cuando encuentra una colección de fotografías violentas y perturbadoras que aluden a la muerte de una misteriosa joven. Impulsado por descubrir más, Rilke se adentra en un inframundo de crimen y depravación que arrastra al lector. Welsh dibuja brillantemente un Glasgow gótico de desesperación y decadencia mientras desnuda las profundidades de la desviación humana.
Louise Welsh, nacida en 1965, en Londres, es una autora inglesa de cuentos y thrillers psicológicos, residente en Glasgow. También ha escrito tres obras de teatro y una ópera.
Rilke no tiene nada que ver con el famoso poeta aunque es un experto en arte y siempre viste de negro. Trabaja en la casa de subastas de Rose, su amiga y a veces enemiga. Podría ser su novia si Rilke no fuera homosexual. Un día lo llama una anciana solterona  cuyo hermano acaba de morir. Quere tasar y vender el contenido de su casa, la última gran mansión de Glasgow, la de los McKindless.
La anciana le comunica a Rilke que su hermano tenía un estudio privado de cuyo contenido también se quiere deshacer: "Le agradecería su discreción", le dice. Rilke prevé una auténtica cueva de Alí Babá, rebosante de tesoros.
Entre las joyas más ocultas encuentra una espléndida biblioteca de primeras ediciones de libros prohibidos, pornografía mítica y netsukes eróticos que ilustran escenas de sexo y muerte. Pero en medio del arte elaborado irrumpe lo real, una colección de fotografías de posguerra, la ilustración de las juergas del entonces joven dueño de la casa que muestran orgías y escenas desenfrenadas. Entre aquellas viejas fotografías descubre una serie con una joven desnuda, atada a un altar erótico y sacrificial que, en las fotografías finales, aparece inequívocamente muerta. La garganta cortada y las heridas sangrantes dibujan un terrible mapa del deseo.
Por supuesto esta gran familia involucra a la ciudad de Glasgow, que también es un personaje: opresivo, turbio y ominoso. El escenario de una fábula sorprendente.