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jueves, 26 de enero de 2023

EL PRODIGIO - de Sebastian Lelio

El Prodigio (The Wonder) - Irlanda, 2022


Esta es una película pequeña pero hecha con mucho gusto. Narra una visita científica a los páramos del fanatismo religioso en una remota aldea irlandesa durante 1860. Lo mejor es su tono, aséptico y duro como un diamante que va cortando el cristal de la superchería.

La filmografía del chileno Sebastián Lelio tiene unas constantes que se repiten en esta película: protagonistas femeninas en trance de rebeldía ante la vida o la sociedad como en Gloria (2013); o ante una comunidad cerrada que las asfixia, como en Disobedience (2017), con la que esta guarda alguna concomitancia. 

La historia es sencilla y directa. Estamos en Irlanda, en 1860, y la enfermera inglesa Lib Wright (Florence Pugh) es llamada a una aldea para evaluar el proceder de una niña de 11 años que lleva más de cuatro meses sin comer nada, pero manteniéndose inopinadamente sana. La joven Anna O´Donnell (una impresionante Kíla Lord Cassidy) es dulce y bondadosa y está entregada a su familia y a sus creencias religiosas. Aduce que lo que la mantiene es el maná de Dios (¿¡). Su familia la cree y cuida de ella amorosamente. Viven con sencillez y sólo pretenden gozar del calor que les proporciona un fervor religioso que los alivia del duro trabajo y miseria.

La película está basada en la novela homónima de Emma Donnague, publicada en 2016, e inspirada en hechos reales ocurridos en la época victoriana. En ese entonces, un grupo de niñas decidieron que no se alimentarían y que se mantendrían solo tomando agua. A este grupo se le denominó fasting girls.


Una comisión de hombres notables de la ciudad (médico, alcalde, sacerdote) decide que hay que vigilar a la joven día y noche para lograr esclarecer los hechos. Entre ellos la mayoría cree que puede haber milagro, mientras que algún otro espera una explicación científica o directamente un engaño. Las normas para el trabajo de la enferma son claras: ha de observar la vida diaria de la joven y tomar notas, pero en ningún momento podrá intervenir. Esto se convertirá en un problema cuando la niña empiece a enfermar y Lib –ante la obstinación de la niña- pretenda convencer a todos de que hay que obligarla a tomar alimento ante el riesgo de muerte. 

La convivencia tan íntima entre niña y enfermera las lleva hasta las confidencias y Lib descubre así el oscuro secreto que alienta la exaltación de la adolescente: tuvo un hermano que abusó de ella durante años antes de morir y ella cree que sólo inmolándose podrá salvar el alma de su perverso hermano. También le cuenta que cree en otra vida, en la que será más feliz, para la que ha elegido hasta el nombre que tendrá, Nan.

Bloqueada en su investigación y presionada por el cura y el médico para que confirme el milagro, Lib recibe el refuerzo del periodista Will (Tom Burke), originario de esa misma aldea y representante de la prensa amarillista. Él la convence de que sin duda todo es un fraude, lo que ayuda a Lib para redoblar su investigación. Aísla completamente a la niña y es entonces cuando su salud comienza a deteriorarse. La cuestión es que tanto ella como su familia y la comisión se muestran dispuestos al sacrificio final en aras del supuesto milagro. 


Las dos jóvenes defienden sus posturas con pasión y dado que Lib tuvo un hijo que murió a las pocas semanas, no está dispuesta a perder a quien ha reavivado en ella el instinto maternal.  Apoyándose en la creencia de Anna para acceder a otra vida, idea un plan: convence a la niña de que en su situación no tardará en morir, pero que efectivamente renacerá y se llamará Nan. A continuación le ofrece un poco de leche (que contiene opioides) y cuando ya está dormida la traslada a un lugar junto a una fuente que ella consideraba mágico en su infancia. Al recuperar la consciencia Lib utiliza su ingenuidad para convencerla de que ya es Nan y que tiene una vida por delante. Incendia la casa familiar para destruir cualquier prueba y escapa llevándose a la niña con la ayuda del periodista. 

¡Qué solución tan audaz! Utilizar las propias creencias de la niña para salvarla y hacerlo con una pira de fuego liberador.  



La película retrata la ardua batalla entre los hechos y la fe para revelar la causa de esta anorexia mirabilis. Y lo hace a fuego lento, con una puesta de escena elegante y pictórica.  Quizás se centra tanto en la enfermera que desatiende el contexto histórico o social de esa pequeña comunidad. Por ejemplo, poco o nada se desarrollan los personajes de la comisión local a pesar de contar con grandes actores como Toby Jones o Ciarán Hinds

He dicho que lo mejor es su tono, frío y atento a las turbulencias del alma. Pero hay dos asuntos más que añadir. Uno es la admirable interpretación de Florence Pugh, sentida y austera al mismo tiempo, aportando una gran credibilidad. Es una actriz joven pero ya muy contrastada como hemos podido ver en películas como Lady Macbeth (William Olroyd, 2016), Midsommar (Ari Aster, 2019), No te preocupes querida (Olivia Wilde, 2022) o en la estupenda serie La chica del tambor (Park Chan-wook, 2018).

El otro asunto a destacar es la fotografía de Ari Wegner que retrata con un innegable estilo pictórico esos espacios interiores de aspecto tenebrista, o esos páramos desoladores por donde pasean las dos protagonistas.

Finalmente hay que hablar del apunte metatextual que el director coloca tanto al principio como al final de la película. El film se inicia en el interior de un gran estudio y la cámara se dirige a la zona donde está montado el decorado en que nos sumergimos en Irlanda 1860. Mientras tanto una voz en off nos dice: "Hola, esto es el principio de una película llamada El Prodigio. La gente que vais a conocer, los personajes, creen en sus historias con total devoción. No somos nada sin historias. Así que os invitamos a creer en esta."

Del mismo modo, al final, la cámara se dirige al personaje que inició la película con su voz en off , el cual de pronto rompe la cuarta pared mirando a la cámara mientras dice, "dentro, fuera, dentro, fuera." Este mismo personaje, durante la película, le ha recordado a la científica enfermera que no somos nada sin historias: "Usted también necesita cuentos, los escribe en ese libro que lleva consigo".

No creo que esto añada gran cosa a la película, pero es verdad que se trata de una interesante reflexión metatextual sobre el tema central que trata: las creencias y el artificio que supone la suspensión de la incredulidad. Por no hablar de nuestra necesidad de historias. Me quedo con que nosotros, como espectadores, no estamos muy lejos de esos personajes que desean creer, aunque sepamos que en el fondo tiene que haber un truco. 

domingo, 29 de marzo de 2015

CALVARY - John Michael McDonagh












El reo y los condenados.-

Coincidencia malévola. Veo esta película sobre un cura irlandés amenazado de muerte, justo el sábado previo al comienzo de la Semana de Pasión en España; cuando se pasean por las calles tronos con Cautivos, Misericordias y Nazarenos.


La historia ocurre en Irlanda, un sociedad profundamente católica que es vuelta del revés  de forma inmisericorde por un guión  que entra a cuchillo: el mango es la crisis económica que nos ha secado el corazón y el filo, la pederastia sacerdotal, que nos ha secado el alma.

En la oscuridad de un confesionario un feligrés abre las puertas del infierno. Confiesa el abuso al que fue sometido de niño por curas pedófilos. No quiere olvidar sino venganza.
-"La primera vez que probé el semen tenía siete años....un cura me violó cuando tenía siete años. Por vía anal y oral, según el acta judicial.
...
-¿Qué sentido tendría matar a ese cabrón? No sería noticia. No sirve de nada matar a un sacerdote malo. Pero matar a uno bueno ¡eso sí sería un bombazo! No sabrían cómo interpretarlo. Usted va a morir padre. Le voy a matar porque no ha hecho nada malo. Le voy a matar porque es inocente... pero ahora no. Le voy a dar tiempo para que ponga su vida en orden y esté en paz con Dios. ¿Qué tal el próximo domingo?"
En su Semana de Pasión, el padre James, como un Dante, queda invitado a recorrer los círculos del infierno y los encontrará a la puerta de su casa, en Sligo, Irlanda. Porque si es verdad que la película comienza como una comedia costumbrista con toques de humor negro; poco a poco se va convirtiendo en algo abstracto que acaba siendo demoledor. Con desarmante naturalidad, el guionista y director, logra trascender, sea ante una pinta o en la puerta del club social.

Las estaciones del ascenso al monte Calvario adoptan la forma cotidiana de cualquier parroquia: el padre James recibirá la visita de su hija suicida y visitará la carnicería, el hospital, el pub, el aeropuerto y las granjas. Todo el mundo anda jodido. Heridos por todo tipo de desastres íntimos, hierven a fuego lento en los círculos de la soledad y el rencor. Enfrente se van a encontrar al único inocente; un cura honesto y profundamente humano que, aunque no tiene respuestas, conoce el pecado y ofrece consuelo. Llega a decir "creo que el perdón está infravalorado".

Siete días de calvario; pero no nos equivoquemos. El reo es él, pero los demás son los condenados. Toda una galería de personajes secundarios, tan comunes como abyectos, nos muestran la vileza en la que, a diario e indiferentes, chapotean.

Para ello la cinta cuenta con intérpretes tan brillantes como Kelly Reilly en el papel de hija, Aidan Gillen como el médico cínico, el gran Dylan Moran como el corrupto financiero (siempre me recuerda la divertidísima y surrealista Black Books) o el gran M. Emmet Walsh, como un escritor desalentado.

La película ilustra esta poblada galería de personajes secundarios caracterizándolos poderosamente en unas pocas líneas de diálogo. Incluso, en un paródico juego, uno de ellos se queja: "el papel de médico ateo está muy visto. Tiene pocas frases buenas. Una parte de humanismo frente a nueve de humor negro".
-"Sabe, cuando yo empecé a trabajar en Dublín había un niño. Sus padres lo trajeron al hospital para una operación rutinaria; pero el anestesista cometió un error... y aquel niño terminó sordo, mudo, ciego y paralítico para siempre ¿sabe?. Imagíneselo. Cuando ese niño volvió a estar consciente...a oscuras... Usted tendría miedo pero sería el tipo de miedo que sabes que va a terminar. Sabe que sí. Lo sabes. Tus padres no pueden estar muy lejos. Vendrán para salvarte, encenderán la luz y hablarán contigo. Pero piénselo. Nadie viene a salvarte, nadie enciende la luz. Te quedas a oscuras. Intentas hablar, pero no puedes. Intentas moverte, pero no puedes. Intentas gritar, pero no puedes oír tus propios gritos. Estás enterrado en tu propio cuerpo aullando de terror."
Veo al sacerdote como un espejo que se va colocando ante cada vecino. Todos se observan y tuercen el gesto. Este microcosmos me recuerda la cabeza que nos mira desde el centro del infierno, en el Jardín de las Delicias de El Bosco. Del mismo modo, alrededor del sacerdote, pululan bestezuelas como la adúltera confesa, un antiguo alumno convertido en asesino, un puto, un financiero corrupto, el impío doctor o un joven aburrido que se alista para matar. Tras el desenlace, un  amargo traveling nos va mostrando a todos y cada uno en su ciénaga.



Los diálogos son brillantes y siempre con intención. El ritmo es sostenido. La película pulsa indistintamente la fibra de la comedia y la emoción. A mí me resulta veraz y perturbadora. 

Gleeson representa con hondura al cura íntegro, de una pieza, pero no carente de sutileza. El actor logra lo que pocos consiguen, transmitir desde el silencio. De nuevo con un personaje irlandés y pintoresco, tiendo a verlo como si fuese el tercer capítulo de una presunta trilogía irlandesa que comenzara en El General (John Boorman) y continuara en The Guard (del propio McDonagh). Pero hay un gran salto de calidad y profundidad en este Calvario que consigue, con personajes muy locales, hablar de temas universales.

Irlanda tiene la suerte de contar con los hermanos McDonagh, dos cineastas realmente atractivos. Ambos escriben y dirigen con una frescura y descaro inusual. De John Michael tenemos El Irlandés (The Guard) y la presente. Martin McDonagh por su parte, nos ha regalado Escondidos en Brujas y la magnífica Siete Psicópatas.