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lunes, 19 de enero de 2026

LA MÁS RECÓNDITA MEMORIA de LOS HOMBRES - de M. Mbougar Sarr



En esta novela se narra un asunto evidente -la búsqueda de un escritor que tras un éxito fulgurante desapareció de la faz de la tierra- y otro soterrado: ¿por qué escribir?. El viaje iniciático que emprende el protagonista en busca del autor de culto es de incierto destino, pero la novela refleja las recompensas de la travesía. La primera, poder leer el libro que lo encumbró, un libro tan discutible como fascinante.

"La más recóndita memoria..." cuenta la historia de un prometedor escritor senegalés afincado en París -Diégane Latyr Faye- cuando descubre una legendaria novela publicada en 1938, "El laberinto de lo inhumano", debida a la pluma de un escritor también africano, T. C. Elimane. En aquella época el libro tuvo un éxito clamoroso y las élites de Francia tildaron a su autor como "el Rimbaud negro"; pero al poco tiempo estalló el escándalo. Dos catedráticos lo acusaron de plagio. La editorial retiró todos los ejemplares y el autor desapareció de la escena pública. La obra maldita cayó en el olvido; pero ahora Diégane la ha descubierto y está subyugado, tanto que se impone a sí mismo la búsqueda de Elimane mientras obsesivamente relee su libro. 

Marème Siga D., una enigmática escritora también senegalesa, es quien se lo ha descubierto e incluso le ha entregado su precioso ejemplar de ese libro inencontrable. Léelo, luego ven a verme a mi casa de Ámsterdam, le reta. Ella se convertirá en "la Araña Madre", quien le guiará por un laberinto hecho de tiempo y memoria. Será un viaje en busca de un mito, pero también -sin duda- de sí mismo. 
«El libro se desvelará por sí solo. Vuelvo a ver la mirada triste de la Araña Madre al dármelo. Vuelvo a escuchar sus palabras: Te envidio. Vas a descubrir este libro. Pero también te compadezco». «Te envidio significa: vas a bajar una escalera cuyos escalones se hunden en las regiones más profundas de tu humanidad. Te compadezco significa: cerca del secreto, la escalera se perderá en la sombra y estarás solo, privado del deseo de subir de nuevo porque se te habrá mostrado la vanidad de la superficie, e incapaz de bajar porque la noche habrá sepultado los escalones que conducen a la revelación».




La novela es fascinante y su estructura tan elusiva como el autor desaparecido. Por momentos parece una novela negra o una investigación periodística, pero también incluye jugosas disquisiciones literarias y filosóficas, críticas al mundo de la edición y hasta un retrato íntimo y social del desarraigo y los estragos que la colonización provocó en África. Eso sin contar el debate interno que mantiene el escritor sobre la necesidad o futilidad de su vocación literaria. 
"Lo que buscamos, mi buen Diario, no puede ser nunca la verdad como revelación, sino la verdad como posibilidad, resplandor al fondo de la mina donde cavamos desde siempre sin linterna frontal. Lo que persigo yo es la intensidad de un sueño, el fuego de una ilusión, la pasión de lo posible. ¿Qué hay al fondo de la mina? Otra vez la mina: la gigantesca muralla de hulla, y nuestra hacha, y nuestros golpes, y nuestros suspiros. Ahí está el oro."
Tratándose de un tema eminentemente literario el estilo es sumamente ágil y por momentos hasta urgente. El autor nos va desgranando la experiencia de su indagación aportando multitud de textos y relatos de testigos. El asunto le apasiona hasta el punto de que tras leer "El laberinto..." se siente incapaz de escribir. A ese bloqueo se añade el enorme desprecio que siente hacia la literatura que le rodea, llena de lugares comunes y empachada de novedades insulsas. Sólo le queda escribir el Diario de su pesquisa, a través del cual nos embauca y enreda en su búsqueda.
"11 de julio de 2018
Diario, solo te escribo por una razón: decir cuánto me ha empobrecido El laberinto de lo inhumano. Las grandes obras empobrecen y siempre deben empobrecer. Nos quitan lo superfluo. De su lectura, uno siempre sale despojado: enriquecido, pero enriquecido por sustracción."
Yambo Ouologuem

El formato de la novela es de tipo collage. Diégane acopla en su relato todo tipo de textos y formatos hilvanando una crónica que se va ramificando en otras crónicas. Está el Diario de Diégane y dentro de él el testimonio de Siga D. que contiene la historia de la poeta haitiana amante de Elimane y la crónica de la periodista Brigitte Bollème sobre el Rimbaud negro; la cual a su vez contiene el relato de la editora de Elimane, etc., etc. acompañado todo ello de cartas, emails, artículos de prensa, extractos de libros e incluso de las siniestras fichas necrológicas de los seis críticos que hablaron de "El laberinto..." en prensa, ya que ¡todos ellos acabaron suicidándose!. 

Cada encuentro se convertirá en una nueva historia, cada carta en una nueva evocación que no hará más que recordarles -a Diégane y Siga D.- que Elimane sigue siendo un fantasma inaprensible que se pierde en un jardín de senderos que se bifurcan. ¿Por qué desapareció?, ¿Qué se ocultaba tras el escándalo que hundió su carrera?. Y no menos importante ¿A qué se debe el enigma de su silencio?.



El collage también lo es de voces distintas cuyos ecos intentan acotar el misterio. El testigo principal de Diégane es Siga D. que nos cuenta el origen del escritor maldito; pero también está el relato de la poeta haitiana que fue su amante en el Buenos Aires de Sábato y Gombrowicz, y el testimonio de la periodista Brigitte Bollème que rastreó a los editores del fatídico libro, Charles Ellenstein y Thérèse Jacob, para escuchar de su boca la historia de la publicación. 

También hay voces africanas en este coro, como la del padre de Siga D. relatando el choque de la colonización contra las formas de vida tradicional. O la del escritor Musimbwa, que en una carta le recuerda a su amigo Diégane que "se puede escribir en cualquier sitio; pero saber y comprender lo que uno debe escribir verdaderamente, eso no se puede hacer en cualquier lugar". Y sobre todo la voz conmovedora de Mossane, aquella hermosa mujer que se cobijó en el silencio y se dejó marchitar durante años "bajo el viejo mango frente al cementerio", esperando la vuelta de su hijo, Elimane. Su voz brota como un flujo de conciencia en capítulos sueltos denominados "biografemas" y son las páginas más íntimas y desgarradoras de la novela. 

El libro se constituye así como una crónica de crónicas con diversos autores y estilos. Y esto es muy cierto. Hay un estilo en el Diario que difiere del de la crónica periodística de Bollème o de las cartas de Elimane o del eco de memoria que nos evoca Mossane. Mohamed Mbougar Sarr, como Diégane, se muestra como un consumado fabulador que trenza multitud de historias y narradores para dar fuste a su libro. 



Además, si nos fijamos, este collage de voces, relatos y textos no es más el remedo estructural de "El laberinto de lo inhumano", descrito por todos sus lectores como un virtuoso collage confeccionado con fragmentos de otras obras (de ahí la denuncia de plagio). Así lo refiere su editora.
"Habíamos verificado y nos habíamos asombrado al descubrir aquellos préstamos, pero también al ver cómo había logrado fundirlos en el movimiento de su texto. Una vez recuperada de la sorpresa, aún me admiró más El laberinto de lo inhumano y el genio de Elimane (sí, me atrevo a usar esa palabra). Hay que ser un genio para escribir toda una obra con fragmentos de las de otros. Como mínimo hay que tener el genio del collage. Charles fue más circunspecto. Veía el virtuosismo de la composición, reconocía la singularidad de la historia del libro, pero no llegó a librarse de la idea de que era un robo, una impostura deshonesta."
Este paralelismo entre la obra escrita ("El laberinto...") y la que se está escribiendo en torno a ella no es el único que podemos apreciar. En la novela se llega a establecer un verdadero juego de espejos entre el buscador -Diégane- y el buscado. Ambos comparten una desmedida ambición literaria: "Te gustaría escribir un solo libro. En el fondo sabes que solo uno cuenta: el que engendra el resto de los libros o el que estos anuncian". También corre paralela su peripecia vital puesto que ambos pasan de puntillas por el conflicto político que los rodea en Senegal y los dos abandonan sus relaciones amorosas, inmersos como están en una búsqueda absorbente.  
    "Esa era la lección que me dio mi amigo en su tragedia: ser valiente y hacer lo que había que hacer.
    Y lo que yo debía hacer, más allá de la búsqueda del amor, de la legitimidad política y de las decepciones a las que tales empresas pueden llevar o exponernos, era continuar siguiendo la pista de Elimane, la pista de su libro. Mi vida, como toda vida, parecía una serie de ecuaciones. Una vez revelado su grado, inscritos sus términos, sus incógnitas establecidas y fijada su complejidad, ¿Qué quedaba? La literatura; no quedaba ni quedaría nunca nada más que la literatura; la indecente literatura, como respuesta, como problema, como fe, como vergüenza, como orgullo, como vida."
Esta es la parte de la novela que más me ha cautivado, esa corriente subterránea que recorre el libro entero y que tiene que ver con la obsesión por la literatura, por lograr el "libro esencial" del que habla Elimane. No en vano hay una serie de agudos dilemas que afloran en sus páginas: ¿es tan importante la literatura como para dedicarle la vida entera? ¿Prevalece el texto por sí mismo o es inexcusable anclarlo a la vida? ¿Importa la identidad del autor y su cultura? Si todos somos lectores ¿hasta dónde se puede hablar de plagio?
«Te voy a dar un consejo: nunca intentes decir de qué habla un gran libro. O, si lo haces, te digo la única respuesta posible: de nada. Un gran libro no habla nunca de otra cosa que de nada, y sin embargo está todo en él. No vuelvas a caer en la trampa de querer decir de qué habla un libro que percibes que es grande. Esa trampa es la que te tiende la opinión. La gente quiere que un libro hable necesariamente de algo. La verdad, Diégane, es que solo un libro mediocre o malo o banal habla de algo. Un gran libro no tiene tema y no habla de nada, solamente busca decir o descubrir algo, pero este solamente ya lo es todo, y este algo también lo es todo».


No quiero dejar de lado un asunto central del libro, la crítica al colonialismo y a la suplantación cultural. En uno de sus muchos intercambios Musimbwa le envía un email a su amigo Diégane explicándole lo que "El laberinto..." significa para él.
     "En el fondo, ¿Quién era Elimane? Ignoro a qué pistas te ha llevado tu investigación durante las últimas semanas. Pero veo una respuesta posible: Elimane era aquello en lo que no deberíamos convertirnos y en lo que nos convertimos lentamente. Era una advertencia que no se supo interpretar. Esa advertencia nos decía a los escritores africanos: inventad vuestra propia tradición, fundad vuestra historia literaria, descubrid vuestras propias formas, probadlas en vuestros espacios, fecundad vuestro imaginario profundo, tened una tierra vuestra, porque solo ahí existiréis para vosotros, pero también para los demás. En el fondo, ¿quién era Elimane? El producto más logrado y trágico de la colonización."
Al concluir la novela me surge la duda sobre si los autores y libros que se citan en ella son auténticos o ficticios. Así vuelvo a la dedicatoria que la encabeza: Para Yambo Ouologuem. Y allí se abre para mí un nuevo libro, el de la Historia. 
El último paralelismo de esta novela, el más elocuente, es que se trata de un sentido homenaje al escritor maliense Yambo Ouologuem (1940-2017) ganador en 1968 del Premio Renaudot por su ópera prima, «Le devoir du violence». La novela causó un enorme impacto y su autor fue apodado el "Proust africano". Pero esa carrera fulgurante se vio truncada por acusaciones de plagio en las que participó Graham Green. A raíz de esta polémica, la novela fue retirada de la circulación y Ouologuem regresó a Mali tras diez años de amarga disputa con la editorial Seuil. Allí pasó el resto de sus días recluido. 
Las acusaciones que se hicieron de plagio suenan hoy a racismo. Se arremetió contra él de una forma que parecía encubrir otras intenciones. 
No sorprenderá que esta novela esté elaborada como un collage donde se dan cita un sinfín de recursos literarios, desde el relato oral, la epopeya, el lirismo espiritual y hasta el diálogo teatral.










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"Deber de violencia" es un texto crudo, lleno de violencia y sexo, que no deja bien parados a los africanos. Ataca frontalmente la idea de negritud nacionalista que las élites africanas preconizaban, idealizando un tiempo pasado de las sociedades africanas que la colonización destruyó.
Ouolaguem nos recuerda que la violencia y la esclavitud se ejercieron desde siempre entre africanos, destruyendo sociedades enteras, y que los opresores europeos simplemente fueron los últimos en llegar. Una autocrítica contra la que se levantaron algunos escritores africanos como Léopold Senghor




Aquí un artículo general sobre Ouologuem
Aquí un artículo más específico sobre su obra
Aquí una reseña completísima de "Le devoir de violence"

viernes, 21 de febrero de 2025

LA VIDA SECRETA de LOS ESCRITORES - de Guillaume Musso


Esta novela es deliciosa por dos motivos muy poderosos. Porque tiene una intriga absorbente y muy original, y porque nos muestra los engranajes con los que un escritor construye una novela. Ah.

Nathan Fawles se convirtió en un escritor famoso y legendario con sólo tres novelas; pero desde hace 20 años no escribe nada y vive retirado del mundo en la isla mediterránea de Beaumont. Nadie sabe el motivo de este silencio por lo que todo el mundo habla del "misterio Fawles", aunque según su agente no hay tal. Fawles no da entrevistas ni recibe visitas; pero en el otoño de 2018 dos personas que no se conocen entre sí están empeñadas en visitarlo y desentrañar su misterio. Son Raphaël Bataille y Mathilde Monney. El primero es un escritor novel que —con una novela bajo el brazo— busca el consejo literario de su escritor favorito. La segunda es una periodista con un as en la manga que piensa que le abrirá las puertas. El mismo día en que los dos acechadores desembarcan en la isla aparece —atado a un árbol— el cadáver de una mujer a la que han torturado. Rápidamente las autoridades acordonan la isla. Nadie puede entrar o salir de ella. Comenzará entonces un peligroso juego de imposturas y verdades a medias entre Raphäel, Mathilde y Fawles hasta revelar una funesta verdad.  
"Era un escena hermosa, Mathilde era hermosa. A Fawles le habría resultado muy fácil dejarse llevar en ese instante, pero sabía que todo aquello no era más que un juego de manipulación entre dos personas convencidas de que estaban controlando a la otra. Fawles sospechaba que ese juego traería cola."
Viñeta de "La vie sècret des écrivains" - de Miles Hyman


Se trata de un thriller muy efectivo y de lo más imprevisible que comienza pacíficamente en un isla soleada hasta que las sombras de un fatídico pasado van dando la vuelta a todo lo que dábamos por sentado. La novela incluye unas cuantas escenas muy perturbadoras entre las que destaca el descubrimiento de un sótano con todos los elementos de tortura y la revelación final de Fawles. También contiene una insólita historia en torno al camino que recorre una cámara de fotos perdida -desde Hawai a Taiwan pasando por Alabama- antes de convertirse en la prueba que desatará la acción. Este fantástico itinerario me recuerda a las historias azarosas de Paul Auster y será este sencillo objeto el que empezará a romper la cerradura del "misterio Fawles".

Visto el campo en que juegan sus protagonistas -escritores, periodistas- la novela también incluye unos cuantos dardos sobre el periodismo y el mundo de la edición. 
"Las publicaciones de su cuenta eran un ejemplo perfecto de lo peor que podía crear el pseudoperiodismo 2.0: temas licenciosos, titulares anzuelo, broncas, lapidaciones, chistes malos, retuits sistemáticos de vídeos alarmistas y de todo aquello que pudiera degradar la inteligencia, azuzar los bajos instintos y alimentar miedos y obsesiones. El clásico propagador casero de intoxicación y de teorías cuasiconspirativas que siempre se queda bien parapetado detrás de la pantalla."
La estructura de la novela es una narración en paralelo que sigue por un lado las vicisitudes de Raphäel y por otro las de Mathilde. El primer tercio del libro tiene un tono periodístico, el segundo de pura investigación y en el tercero aflora un verdad insólita y muy dolorosa. En esta última parte es el escritor el que toma la batuta para relatar los hechos en los que todos ellos están implicados porque son los que les han traído hasta aquí. Es un relato oscuro y desgarrador en el que están mezclados turbios acontecimientos de nuestra historia reciente como la guerra en los Balcanes. 

Viñeta de "La vie sècrete des écrivains" de Miles Hyman

La parte de la investigación de Mathilde tiene el atractivo de una investigación con múltiples giros para ir desvelando el "misterio Fawles"; mientras que la de Raphäel nos ofrece un juego metaliterario cautivador. Con él la obra se abre a una nueva dimensión, la de una novela dentro de la novela. Como el propio Raphäel llega a constatar la investigación criminal y la investigación sobre la profesión de escritor están asombrosamente entrelazadas.  

Esto se aprecia con rotundidad cuando Raphäel se percata de que está viviendo unos hechos que por sí mismos constituyen una novela... y se pone a escribirla. El momento en que Raphäel abre su portátil y se pone a escribir el primer párrafo de su nueva novela es mágico: lo leemos y recordamos haberlo leído 150 páginas atrás ¡es el mismo párrafo con que comienza el libro que tenemos entre manos! De modo que nos encontramos leyendo una novela que está ocurriendo en tiempo real mientras el autor participa de los hechos y nos los relata mientras están ocurriendo.


Me resulta fascinante este juego de espejos entre un escritor que abomina escribir y otro que anhela empezar y lo hace convertido en un personaje de su propia novela. Además Musso añade a la novela una genial Apostilla titulada "¿De dónde viene la inspiración?", que supone un triple salto mortal sobre este juego de espejos en torno a la autoría de la novela.

Pero no nos engañemos la novela desarrolla una intriga magníficamente tramada, con asesinatos, pistas falsas y un final impresionante. Mathilde es una periodista que en el fondo busca una venganza personal pero se encontrará con una terrible verdad.

El juego metaliterario permea toda la novela. Aparece en las citas que encabezan cada capítulo y el propio libro que se abre con una de Umberco Eco en "La isla del día de antes": "Para sobrevivir, hace falta contar historias". Esto es lo que hace esta novela, contar historias que se entretejen logrando implicar tanto al escritor como al lector.
"Mathilde lo atacó por otro frente.
—Los novelistas son los mayores mentirosos de la historia, ¿no?
—No, esos son los políticos. Y los historiadores. Y los periodistas. Pero los novelistas, no.
—¡Claro que sí! Cuando en sus novelas hacen como que cuentan lo que es la vida, están mintiendo. La vida es demasiado compleja para someterla a una ecuación o encerrarla en las páginas de un libro. Tiene más fuerza que las matemáticas o la ficción. Las novelas son ficción. Y la ficción, técnicamente, es una mentira.
—Es todo lo contrario. Philip Roth lo expresó de maravilla: «Es el tipo de relato que suministra al narrador una mentira mediante la cual puede expresar su indecible verdad».






















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Nacido en 1974, Guillaume Musso comenzó a escribir durante sus estudios y ya nunca dejó de hacerlo. Desde hace años es un escritor superventas en Francia. Sus novelas han sido traducidas a 44 idiomas y varias de ellas han sido adaptadas al cine. "La vida secreta de los escritores" es su libro número 17. Su novela de misterio "Y después..." se ha adaptado al cine, con Romain Duris y John Malkovich en los papeles protagonistas. Desde hace años, se ha consolidado como uno de los escritores imprescindibles de la literatura de suspense francesa, con títulos como "La llamada del ángel" y "Central Park".  
"La huella de la noche" -que sirvió de inspiración para una serie de televisión-, "La vida secreta de los escritores" y "La vida es una novela", publicadas por la Editorial AdN, fueron todo un éxito mundial. 

jueves, 31 de octubre de 2024

LA DESAPARICIÓN de ADÈLE BEDEAU - de Graeme Macrae Burnet



El escocés Graeme Mcrae Burnet se estrenó como autor con esta novela, publicada en 2014, y eligió escribirla como si fuese un clásico de otra época, al estilo de Georges Simenon: con personajes triviales viviendo su anodina vida en un pueblo aburrido de la Alsacia francesa. Pero ¿Quién dice que en esos remotos puebluchos no existen almas que palpitan como un volcán?

Lo primero que salta a la vista es la impecable ambientación provinciana. Como el Restaurante La Cloche donde cada día se reúnen los mismos parroquianos que mantienen inalterables sus horarios y hábitos desde hace décadas. Allí acude todos los días el taciturno Manfred Baumann, director de una sucursal bancaria. Primero a comer y por las tardes a tomarse unos vasos de vino acodado en la barra. Todo es adusto, tedioso y repetitivo. Una vida con encefalograma plano...hasta que la joven camarera Adèle Bedeau desaparece una noche. 

Lo segundo en lo que destaca la novela es en la disección de los personajes. Graeme Macrae va penetrando como un cirujano en las distintas capas de sus antagonistas –sospechoso e inspector– hasta desnudar completamente sus almas. Para conseguirlo utiliza una narración en paralelo donde se van alternando sus puntos de vista aportando flashbacks sobre su vida previa y formación. Así conoceremos la infancia solitaria de Manfred y una adolescencia donde tuvo lugar un suceso trágico que no cesa de atormentarlo. El otro punto de vista nos lo ofrece el inspector Gorski, un tipo atrapado en una ciudad de provincias y en un matrimonio rutinario. Siendo todavía un novato dejó un crimen sin resolver por el que fue condenado un hombre inocente. A día de hoy es un fiasco que lo sigue mortificando. 

E. Hopper, "Halcones de la noche" (detalle) 1949




Resultan muy llamativos los paralelismos que establece el relato entre ambos, incluso en el hecho de que los dos traicionaron las expectativas de sus padres y de que, ya adultos, tienen que seguir atravesando el antiguo negocio de sus progenitores para acceder al piso donde ahora los visitan ya mayores. Baumann una floristería y Gorski una casa de empeños. Además el inspector tuvo su bautizo de fuego hace veinte años precisamente investigando un caso en el que Baumann estuvo implicado. Actualmente y gracias a la actitud esquiva y reticente del banquero, éste se convierte en el primer sospechoso de la desaparición de la camarera. 

Aunque lo que más les une es un carácter muy semejante. Efectivamente los dos son torpes, inseguros con las mujeres y solitarios. Sufren en público. De algún modo ambos padecen el síndrome del impostor. Carecen de habilidades sociales y les angustia su creencia de que todo el mundo los está examinando. "Manfred se había acostumbrado a vivir con la impresión de que lo observaban continuamente", se dice en un momento dado. También llegan a reconocer la "presión de tener que actuar con naturalidad" en su vida diaria. Este es uno de los rasgos más interesantes de la novela, que más que investigar un caso se centra en hurgar en esos miedos y contradicciones que todos escondemos, celosos de nuestros secretos más vergonzosos y de nuestras mentiras más procaces.

Jean Beraud, En el café, bebedores de absenta (detalle) -1909-

Se puede decir que la obra está montada como un laberinto de espejos donde policía y sospechoso se reflejan, en una trama que nos empuja a considerar por igual la inocencia y la culpabilidad de Manfred. El hilo de tensión que mantiene la novela es precisamente esa sensación de difusa culpabilidad que todos albergamos, sobre todo cuando un policía se dirige a nosotros.
"Después de todo, ¿no vivía ya su día a día como si estuviera sometido a una vigilancia constante, como si esperase de un momento a otro que lo desafiaran a ofrecer una explicación de sus acciones o a responder a quién sabe qué oscuras acusaciones? ¿Acaso no estaba plenamente convencido de que tarde o temprano emplazarían a cuantos lo rodeaban a testificar en su contra?"
Saint-Louis es un villorrio anodino, situado cerca de Estrasburgo en la frontera franco-suiza. En él la vida se marchita. El protagonista es torpe, obsesivo y solitario. La investigación es somera. El caso no es sangriento ni de altos vuelos, entonces ¿Por qué atrapa esta notable novela?. Por el lúcido retrato de estas palpitantes almas y su forma de narrarlo. Sin olvidar el placer de su último giro metaliterario.

Tan francesa se muestra esta novela de autor escocés que hasta las referencias que citan sus protagonistas para iluminar sus desvelos son tan galas como Zola o el propio Simenon.
"La descripción que Zola hacía de sus personajes, atrapados por su temperamento y desprovistos de libre albedrío, fue como una liberación para Manfred. Le quitó una pesada carga de encima. Él también era prisionero de las fuerzas que lo habían moldeado: la naturaleza torpe e insociable con la que incomodaba a todo el mundo; su deplorable posición como impostor en el hogar de sus abuelos; su incertidumbre acerca de qué camino tomar cuando acabara el colegio. Ya no controlaba su propio destino. Después de todo, ¿qué le había llevado a conocer a la chica del vestido amarillo? ¿El libre albedrío? No, había sido el destino."
Pueblo de Alsacia

Y queda el desconcertante Epílogo que tras la resolución del caso nos asalta. Un broche final en forma de juego metaliterario en el que el autor se presenta como mero traductor al inglés de una obra de culto que viene reeditándose con éxito en Francia desde 1982. Su supuesto autor, Raymond Brunet (qué cerca de Burnet), habría volcado en la novela el trasunto de su propia vida, incluido el Restaurante de la Cloche y sus parroquianos, donde él mismo almorzaba a diario. Todo ello bajo el designio de Georges Simenon, y lo que escribió en el Prólogo de su novela autobiográfica Pedigrí: "Todo es verdad, pero nada es exacto". Este nuevo giro, que ofrece un efímero éxito a Raymond Brunet, no logra hacerle escapar ‒como a su protagonista‒ de un frustrante destino.

Graeme Macrae continuó por este derrotero en su siguiente novela, Un plan sangriento, publicada en 2019; pero de una forma mucho más sofisticada. Un falso true crime en el corazón de la Escocia más oscura.
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                                                     A continuación.....

Un PLAN SANGRIENTO - de Graeme Macrae Burnet


Publicada en 2019, Un plan sangriento es un falso true crime que se desarrolla en las remotas Highlands escocesas, a mediados del siglo XIX. Si Graeme Macrae remataba su primera novela, La desaparición de Adèle Bedeau (2014), con un giro metaliterario tan brillante como postizo; en esta segunda se lanza ya sin disimulo a explorar los límites de la ficción con un excelente y elaboradísimo artefacto literario.

En 1869, el jovencito Roderick Macrae asesinó brutalmente a tres personas en la aldea de Culduie, en las Tierras Altas de Escocia. El juicio posterior cautivó tanto a la prensa como al público británico. El libro pretende acercarse a aquel suceso como si de un documental se tratase, aportando todo tipo de testimonios, informes y artículos de prensa. No en balde el subtítulo en inglés ya es notoriamente descriptivo, "Documentos relativos al caso de Roderick Macrae". Efectivamente el volumen tiene la forma de un completo dossier donde conviven la confesión manuscrita del asesino, su informe psiquiátrico, las declaraciones de la policía y de testigos así como un jugoso relato sobre el desarrollo del juicio mas un epílogo donde se recopilan las caprichosas interpretaciones que se publicaron en prensa sobre el asunto. Todo un compendio para intentar llegar a la verdad más allá de la admisión de culpabilidad, puesto que ¿Por qué un joven más bien apocado cometió actos tan atroces? ¿Por qué no intentó encubrir el crimen? ¿Tenía indicios de locura o sus míseras condiciones de vida fueron el detonante?.

En el Prólogo del libro Graeme Macrae afirma que se encontraba "escarbando un poco" en la vida de su abuelo cuando acabó "encontrando" un documento extraordinario: las memorias manuscritas que su antepasado, Roderick Macrae, escribió en la prisión de Inverness mientras esperaba su juicio. Había asesinado a tres personas, el alguacil de su pueblo, su hija adolescente y su hijo de cuatro años. Para narrar aquel suceso el autor se sumerge (y a los lectores con él) no solo en la psicología del criminal sino también en las circunstancias sociales de aquella época sombría. 


La obra comienza así: 

"Prólogo

ESCRIBO ESTO A INSTANCIAS DE MI ABOGADO, el señor Andrew Sinclair, quien, desde que me encarcelaron aquí, en Inverness, me ha tratado con un grado de cortesía que no merezco en modo alguno. Mi vida ha sido breve y de escasa consecuencia, y no es mi deseo eximirme de la responsabilidad de los actos que recientemente he cometido. Así pues, no es por otra razón que la de corresponder la amabilidad de mi abogado que consigno estas palabras por escrito.

De esta forma arrancan las memorias de Roderick Macrae, un campesino escocés de diecisiete años, acusado de cometer tres brutales asesinatos en su aldea natal, Culduie, en Ross-shire, la mañana del 10 de agosto de 1869.
No pretendo demorar en exceso al lector, pero creo que un puñado de observaciones preliminares proporcionarán cierto contexto al material aquí reunido. Aquellos lectores que prefieran pasar directamente a los documentos propiamente dichos son libres de hacerlo, por supuesto."
El libro se presenta como un completo archivo de testimonios e informes en torno al caso; pero yo lo dividiría en tres partes principales. La primera, por supuesto, es la declaración incriminatoria del asesino donde él mismo nos explica su situación personal y familiar y su vida miserable. En ella da cuenta de los acontecimientos que desembocaron en los asesinatos. La redacción es aseada y coherente, a veces hasta poética; de ahí que algunos la tilden de falsa. La impresión que nos queda es la de un ser condenado simplemente por haber nacido pobre.

El contrapunto a este memorándum lo encontramos en el análisis mental y social que el reputado médico Bruce Thomson hace del acusado. El capítulo se titula "Viajes por los confines de la locura" y en él nos muestra una postura llena de prejuicios en torno a que el origen genético, social o racial (era un seguidor de las teorías fisiognómicas) determina la inclinación al crimen de una persona.

La tercera y muy suculenta parte de la novela es la reproducción del juicio que nos proporciona comentarios agudos y contradictorios. De hecho son jocosas las discrepancias entre los testimonios acerca de la personalidad de Roderick. Testimonios que Graeme Macrae sabe caracterizar con un lenguaje y estilo propio.



Es evidente que la obra tiene una estructura compleja y original que el autor ha declarado deudora de un clásico que leyó siendo estudiante: "Yo, Pierre Rivière, habiendo degollado a mi madre, mi hermana y mi hermano... Un caso de parricidio del siglo XIX presentado por Michel Foucault". Este es el título completo y está editado por Tusquets. Rivière fue un joven campesino francés que en 1835 asesinó a toda su familia. El libro lo integran la crónica real del crimen escrita por el propio asesino y los documentos (informes psiquiátricos, declaraciones de testigos y artículos de prensa) que Foucault reunió en torno al caso. El paralelismo es manifiesto.

También muchos críticos han comparado esta novela con A sangre fría, de Truman Capote. Sin embargo hay un factor diferencial concluyente, los libros de Foucault y Capote parten de un hecho real, mientras que esta novela de Macrae ¡es pura ficción!. Sólo el pueblo es real, así como la figura del cirujano-psiquiatra James Bruce Thomson (1810-1873), que evalúa al asesino confeso. Sus puntos de vista precientíficos y clasistas aportan a la novela el contexto cultural de la época.

Las declaraciones, actas y testimonios que leemos poseen una gran verosimilitud, como demuestran los informes médicos de las víctimas que llegan a ser escalofriantes. Además el período histórico y sus gentes queda perfectamente reflejado, en especial "la férrea ideología calvinista de la iglesia de Escocia, (...) que planteaba que los pobres tenían que resignarse ante el sufrimiento por su condición, que les venía impuesto por su nacimiento". También cobran relieve las teorías sobre la demencia que comenzaban a expandirse en la época, de ahí que las memorias del médico, incluidas en el capítulo "Viajes por los confines de la locura" ejerzan de contrapunto al memorándum del acusado. Detrás de los crímenes ya no se veía el mal, sino los desequilibrios mentales o condiciones materiales. 
Campesinos en Escocia

Macrae Burnet ha elaborado un falso 'true crime' plagado de puntos de vista contrapuestos, pistas falsas y testimonios poco fiables en la seductora tradición del manuscrito encontrado. Su ingenio literario es capaz de montar todo un mecanismo que juega con el lector, haciéndole dudar sobre verdades que parecían aceptadas y cuestionar cada nueva revelación. Incluso la confesión de Roderick acabará roída por las dudas.

La novela es apasionante y evidencia una formidable investigación histórica y cultural sobre las gentes y costumbres de aquella región. Su lectura está salpicada de momentos emotivos y no falta el sentido del humor. Es patente que no se trata de un thriller convencional, ya que cuenta con un profundo tratamiento antropológico y judicial; pero no por ello resulta menos emocionante y legible.

La obra nos seduce por la secuenciación y profundidad de la información que aporta; pero sobre todo por la construcción de los personajes. Los vecinos del pueblo son enigmáticos y rudos, mientras que el psiquiatra es rígido y engreído. Por su parte el asesino confeso nos provoca sensaciones contradictorias. En ocasiones parece una víctima y en otras un ser amoral. Unas veces muestra destellos de inteligencia y otras parece un simple estúpido. 
«No es suficiente que pienses que ningún hombre podría cometer actos tan atroces y estando en su sano juicio. Hombres cuerdos pueden cometer y cometen tales crímenes, y el mero hecho de cometer tal acto no coloca, en sí mismo, a un individuo fuera de los límites de la razón».




En una entrevista el autor reconocía que su novela no trata sobre el mal o su origen: "en mi forma de entender la creación de una novela, lo que menos me interesa es el tema. Lo que más me preocupa son los personajes y los lugares, a medida que voy hablando de ellos surge el tema. Los personajes y el lugar crean los novela".

La obra me provoca variadas reflexiones. En torno al concepto de culpabilidad o al de la frontera entre locura y cordura. También sobre la definición de justicia o del criterio moral; pero señalaré otras dos. 
 
La primera surge de las memorias del doctor James Bruce Thomson, una persona real cuyos artículos mencionados en la novela pueden encontrarse en internet. En la trama es llamado por la defensa para intentar alegar locura, pero cualquier lector quedará perplejo con su actuación. Mr. Thomson es un tipo arrogante y ferviente seguidor de las teorías fisiognómicas de la época. No le interesa la locura o la culpabilidad de Roderick. Su interés es rígidamente antropológico. Ve la pobreza como el caldo de cultivo propio para el criminal. Para él nacer pobre ya te convierte casi en un criminal: 
"El estudio de la clase criminal no debe centrarse exclusivamente en la herencia, sino que debe también prestar atención a las condiciones en las que mora el individuo degenerado. La herencia, por sí sola, no puede explicar la perpetración de un crimen. El aire viciado de la barriada, el hambre y un entorno de inmoralidad generalizada deben ser admitidos también como factores en la manufactura del criminal."
Highlands - Escocia





La segunda reflexión afecta a la posición del lector ante el libro. El descendiente Graeme Macrae se topa por casualidad con la declaración de un asesino y reúne sobre su mesa todo tipo de testimonios, actas e informes. Con ello intenta entender los hechos más allá de la referida confesión. Pero no nos ofrece sus conclusiones. Entregando el dossier completo y abierto el autor logra implicar al lector, situándolo a su mismo nivel. Porque tanto policías, como testigos y médicos sólo son capaces de decirnos "su verdad"; de modo que el lector tendrá que recomponer este puzzle y crear la suya propia... siendo así que ya no podrá olvidar que cada testimonio acarrea su propia mochila de prejuicios e intereses.





  El caso Rivière:  El 3 de junio de 1835, un campesino normando de 20 años llamado Pierre Rivière asesinó a su madre, su hermana y su hermano con una podadera. Al salir de casa le dijo a un vecino: "Acabo de liberar a mi padre de todas sus tribulaciones. Sé que me darán muerte, pero no me importa". A continuación se refugió en el bosque donde vivió durante meses. Cuando lo detuvieron varios testigos declararon que era un demente y que siempre había mostrado un comportamiento "extraño".  En la cárcel el parricida escribe una Memoria donde expone cómo, deliberadamente, planeó y llevó a cabo el crimen. 
En el volumen se nos presenta el expediente de los procedimientos judiciales del caso, luego su notable autobiografía y finalmente una colección de ensayos modernos sobre Rivière, objeto de un seminario del Collège de France dirigido por el eminente psiquiatra e historiador Michel Foucault, autor de "La locura y la civilización".
Para el fiscal, la aberración de Rivière se debía a su negativa a aceptar la disciplina que una sociedad orgánica necesariamente impone a sus miembros. El psiquiatra de la acusación confirmó que Rivière no estaba loco, sino que estaba «sobreexcitado» por un largo conflicto con sus padres. Según todo ello fue condenado a muerte, pero el rey conmutó la pena por cadena perpetua en respuesta a la intervención inusual de un grupo de los principales psiquiatras de París. Estos declararon que el criminal era deficiente mental y añadieron que «debería haber sido puesto en confinamiento» mucho antes del crimen.
Foucault realizó este trabajo colectivo de compilación y ordenación de todo tipo de  documentos, desde los legales hasta los periodísticos, durante un seminario en el Collège de France. Uno de sus objetivos principales fue el de revelar al lector cómo un mismo hecho puede ser manipulado, tergiversado e interpretado por los distintos lenguajes que codifican la opinión pública : jurídicos, médicos, policíacos y periodísticos.
 La entrevista completa a Graeme Macrae Burnet de la que se han sacado estos dos extractos se encuentra en el blog totalnoir.



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Graeme Macrae Burnet
 nació en Kilmarnock, Escocia, en 1967. Vive y trabaja en Glasgow, donde estudió literatura inglesa antes de continuar sus estudios en la Universidad de St Andrews y trabajar después en televisión y dar clases en el extranjero. 
Ha sido nominado al premio Booker en dos ocasiones: en 2016 por Un Plan Sangriento (His Bloody Project) y en 2022 por Caso Clínico (Case Study), su cuarta novela, que consiste en una serie de cuadernos aparentemente enviados al autor en 2020 para ayudar en su investigación sobre un psicoterapeuta rebelde de los años 60.  También es autor de dos novelas ambientadas en Francia y escritas en un estilo influenciado por el novelista belga Georges Simenon: La desaparición de Adèle Bedeau (2014) y El accidente en la A35 (2017). 

jueves, 21 de mayo de 2020

VENTAJAS de VIAJAR EN TREN - de Antonio Orejudo



"El problema de Helga Pato con las personas era que confundía a los narradores con los autores y a éstos algunas veces con los personajes."
Según avanzaba en la lectura no podía dejar de recordar este comienzo del capítulo 2. Me parece que ahí se encuentra uno de los centros de gravedad de esta extraordinaria novela que navega con mucho desenfado e ingenio por las aguas donde se confunden realidad y ficción. De hecho el capítulo 1 comienza con un "Imaginemos a una mujer..." que nos invita a echar a volar la imaginación para visitar los mundos que crean y habitan las personas, convirtiendo el libro en un auténtico mar de historias.
"Imaginemos a una mujer que al volver a casa sorprende a su marido inspeccionando con un palito su propia mierda. Imaginemos que este hombre no regresa jamás de su ensimismamiento, y que ella tiene que internarlo en una clínica para enfermos mentales al norte del país. Nuestro libro comienza a la mañana siguiente, cuando esta mujer regresa en tren a su domicilio tras haber finalizado los trámites de ingreso, y el hombre que está sentado a su lado, un hombre joven, de nariz prominente, ojos saltones y alopecia prematura, que viste un traje azul marino y lleva sobre las rodillas una peculiar carpeta de color rojo, se dirige a ella con esta pregunta tan peregrina:
- ¿Le apetece que le cuente mi vida?
Este hombre se presenta como Ángel Sanagustín, psiquiatra del hospital donde acaba de ingresar a su marido y estudioso de los trastornos de la personalidad a través de las narraciones y escritos de los pacientes. Para ratificarlo muestra una carpeta roja donde guarda numerosos relatos de distintos enfermos. Cuando el psiquiatra se apea en una parada para buscar un refresco y pierde el tren, la mujer se encuentra de pronto en suspenso y con la carpeta de escritos en sus manos. 

Éste es el punto de inflexión para que multitud de páginas sueltas y personajes se vayan apelmazando en esta novela corta donde las historias se multiplican y entrelazan gozosamente: la del propio psiquiatra fascinado con la historia de Martín Urales, un paranoico suplantador de personalidades que sospecha de un complot gubernamental basado en la clasificación de la basura, y la de otros pacientes que exponen sus relatos aquejados de esquizofrenia, autismo, paranoia, coprofagia, o acatisia. "¿Quién hoy día no es más o menos esquizofrénico?" Nos dice el doctor Sanagustín.


En el otro lado de la moneda nos encontramos a la protagonista, una editora que a través de su propia historia y otros encuentros nos acerca una reflexión sobre los mecanismos fisiológicos y psicológicos que se activan con la lectura ("La personalidad no es otra cosa que lo que cuentan de alguien". O todavía más, "Lo que hacemos, lo que sentimos, lo que experimentamos es simplemente un impulso electromecánico que sólo adquiere sentido cuando lo contamos"). A lo que añade también una crítica nada velada sobre ciertos tipos de literatura. 

"Durante meses le siguieron llegando esos melancólicos bodegones sobre la guerra civil, la preguerra civil o la posguerra civil, que los nacidos en los años cuarenta y cincuenta se empeñaban en recrear una y otra vez en narraciones que confundían la seriedad con el tedio, la ñoñería con la sensibilidad, y que incluían personajes que se llamaban Inés o Alfonso, y complementos circunstanciales del tipo «con la lenta parsimonia del verdugo». […] Tampoco le interesaban ya las novelas tiovivo, la especialidad de su marido, esas páginas reflexivas, falsamente reflexivas, que no llegaban a ninguna parte, que daban vueltas y vueltas para deleite del lector a una anécdota más o menos trivial, más o menos original, hasta que se paraban en el mismo punto del que habían partido…"
Crítica que llega hasta los éxitos prefabricados atravesados por los neones de la televisión y la publicidad.
"Una novela titulada Lobotomía, en adelante LA OBRA, que planteaba, según explicaba en su sinopsis, la inquietante hipótesis de que todo lo que aparecía en la pantalla del televisor fuera una ficción que seguía las directrices de un guión previamente establecido. Los célebres incidentes en el País Vasco, por ejemplo, eran ejecutados frente a la cámara por especialistas bien entrenados. Los participantes en los concursos de preguntas y respuestas eran en realidad actores profesionales que desempeñaban el papel de ciudadanos normales y nerviosos que simulaban entusiasmarse con premios asignados de antemano. Los partidos de fútbol seguían las pautas ideadas por un equipo de diseñadores de contenidos, como se llaman ahora los escritores, que dosificaba las jugadas peligrosas, los incidentes en las gradas y que colocaba los goles en los minutos más adecuados para arrasar en los índices de audiencia"
"El Doble Secreto", de René Magritte, 1927


Todo el libro es un laberinto de pasillos y puertas por donde se cuelan multitud de historias que se cruzan y multiplican. El juego literario de la impostura, la duplicidad y del narrador poco fiable convierten la novela en un festín de la imaginación.  

Es curioso que muchos de los nombres tengan referencias geográficas (Linares, Alkarria, Urales). Cuando en el epílogo se descubre la postrer impostura de Martín Urales de Úbeda, no pude por menos que pensar en la expresión tan castiza de "irse por los montes de Úbeda". Desde que en la página inicial el psiquiatra Sanagustín le hiciera a la protagonista aquella pregunta tan peregrina: "¿Le apetece que le cuente mi vida?", ese narrador múltiple y bullicioso desarrolla toda una panoplia de historias y emboscadas que subrepticiamente nos van encelando....

...Y si ese "irse por los Montes de Úbeda" lo unimos a la exposición que el propio Sanagustín hace de la esquizofrenia hebefrénica (una tendencia irreprimible a narrar su propia vida), tenemos un juego de espejos y colores (personajes) verdaderamente deslumbrante. La novela en el fondo es un trampantojo en el que las voces de los narradores se superponen en un juego donde el gozo del viaje es perderse.


Porque es el propio doctor Sanagustín quien después de traer a colación la esquizofrenia hebefrénica, refiere la historia de Martín Urales de Úbeda, que a su vez le fue referida por la hermana Amelia Urales de Úbeda, que descubrimos suplantada por el propio Martín, que finalmente descubrimos que suplanta al doctor Sanagustín. Un efecto Droste fabuloso donde una historia se esconde dentro de otra del mismo modo que un personaje se esconde tras otro en narraciones constantemente delegadas que nos producen tanto vértigo como gozo literario. ¿Quién es el auténtico Ángel Sanagustín? ¿Es Martín Urales de Úbeda real? ¿Existieron los sujetos paranoicos y alucinados cuyos relatos se conservan en la carpeta roja o son proyecciones literarias de un demiurgo esquizoide e impostor? 

El tono de la novela es divertido y hasta delirante. Las múltiples tramas descabelladas; pero Orejudo mantiene un férreo hilo narrativo y mezcla con habilidad un juego creativo de primer orden donde abundan los escamoteos de identidad, la impostura y la confusión entre lo imaginado y lo vivido. Elementos que el autor explota con fértil imaginación. 

Hay mucho de metaliteratura y de juego realidad/ficción en esta novela. El primer capítulo se titula "El casamiento engañoso" y no es por casualidad. La novela ejemplar de Cervantes con el mismo título y su Quijote debatiéndose entre molinos de realidad y gigantes de ficción son claras inspiraciones para Orejudo. Tampoco en Ventajas de viajar en tren la divisoria está muy clara. El personaje del relato "Trastorno paranoico de tipo somático" que se cree con huesos de cristal y vive postrado, construye una imagen ideal de su vida y del mundo que le rodea por influencia de la lectura y la ficción. Pero cuando finalmente viaja a París y conoce a una cojita encantadora, todo ese idílico mundo se derrumba revelando una realidad vulgar y decepcionante. 

"¿Qué puedo decir? La vida real me pareció mucho más monótona, monocorde e insustancial que esa otra vida que reflejaba la literatura. Eso es lo que dicen los escritores, ¿no? Pues es verdad. Así como los personajes de una buena novela usan registros verbales diferentes, yo pensaba que cada persona hablaba de un modo marcadamente distinto, y que una conversación, como las discusiones de las novelas, era un corredor de voces entremezcladas, que se contaminaban las unas de las otras, formando una especie de caleidoscopio verbal. ¡Qué decepción! En la vida real casi todas las personas hablan como en el telediario, o peor."
En cambio al leer la novela nos pasa como al loco de Cervantes o al doctor Sanagustín con Martín Urales, que su narración nos fascina.
"Al contrario que el esquizofrénico, el paciente paranoico está siempre atento a los estímulos externos, estableciendo entre ellos vínculos erróneos. Las narrativas de los paranoicos son extremadamente efectivas y convincentes, y pueden llegar a ser peligrosísimas. Como se puede imaginar, yo trato a gente muy rara, a pacientes que interpretan el mundo de una manera patológica, a sujetos que establecen nexos inexistentes o que extraen conclusiones delirantes. Pues bien, no me he vuelto a topar jamás, ni en la clínica ni fuera de ella, con un cuadro sintomatológico como el del individuo este que le digo que dejaron suelto. Martín Urales de Úbeda, así se llamaba, no me importa decir su nombre porque está muerto, se suicidó. El nombre lo dice todo, ¿verdad? Martín Urales de Úbeda. Aquel hombre me subyugó, su poder de sugestión era hipnótico. Yo, que me tengo por un hombre equilibrado y emocionalmente estable, que estaba ya entonces protegido por una cierta experiencia profesional, estuve a punto de sucumbir, estuve a un paso de ver el mundo con sus ojos, de convertirme en un paranoico por inducción; pero afortunadamente logré escapar de su hechizo" 
Por el contrario los lectores no querremos escapar de esta novela tan ingeniosa y divertida. Muy literaria.

martes, 12 de mayo de 2020

EL BOXEADOR POLACO - de Eduardo Halfon




¿Qué hay en el cruce entre literatura y realidad?
Lo más seguro es que sea un vórtice, una realidad caleidoscópica en permanente construcción donde se cruzan y entreveran tramas e historias, personas y personajes, sueños y leyendas. 
Eduardo Halfon vive en esa encrucijada. 
El protagonista del volumen también se llama Eduardo Halfon, también es guatemalteco, también judío, también profesor. Gran parte de su obra se podría considerar una continua indagación sobre la identidad, una excavación en los vericuetos familiares para saber quién es y de dónde viene. De modo que el relator de todas estas historias es un tal Eduardo Halfon al que encontramos al inicio del primer cuento en medio de una clase en la universidad, impartiendo un semestre sobre el cuento contemporáneo. Pura autoreferencia. 

El libro nos ofrece un posible resumen de su universo en uno de los párrafos del tercer relato, Twaineando, donde nos encontramos de nuevo a este profesor Halfon ofreciendo una conferencia en un simposio sobre Mark Twain:
"El narrador, que en este caso se llama Huckleberry Finn, cita una obra anterior llamada Las aventuras de Tom Sawyer. Y leí en voz alta: Ese libro fue escrito por el señor Mark Twain, y él dijo la verdad, en su mayoría. Truco cervantino, señores, de la autoreferencia por parte del autor. Silencio. Unas cuantas páginas más adelante, continué mientras todos buscaban la página en cuestión sin que yo la hubiese dicho, le comenta Tom Sawyer al narrador que si él, o sea, Huck Finn, no fuera tan ignorante y hubiese leído un libro llamado Don Quijote de la Mancha, sabría que todo fue hecho por encantamientos. Fíjense ustedes que el mismo Twain cita a Cervantes, dije y esperé en vano alguna reacción, ..."
No en vano la cita que abre el libro ya es una declaración de intenciones: "He pasado la máquina de escribir al otro cuarto, donde puedo verme en el espejo mientras escribo", Henry Miller. Otra declaración es que el protagonista y su familia se confunda con el autor. De hecho los dos Halfon comparten la historia de su abuelo, chispazo en el que se funda el libro; que se fue a Guatemala donde nunca volvió a pronunciar una palabra de polaco después de sobrevivir en Auschwitz gracias a las orientaciones de un boxeador polaco.

Lo primero que hay que decir de este libro publicado por Libros del Asteroide (2018), es que es muy distinto de aquel que con el mismo título puso a la venta en 2008 la Editorial Pre-textos. Aquel libro no pasaba de ser una colección de relatos sobre diversos encuentros y recuerdos en la peripecia vital del protagonista, Eduardo Halfon: un semestre impartiendo clases en una universidad para indiferentes niños ricos donde encontrará a un poeta verdadero que acabará perdido en el tiempo y la necesidad ("Lejano"). Un encuentro con el mayor experto en Mark Twain, el cual ofrece una lección de humorismo ("Twaineando"). Los recuerdos de su abuelo judío en Auschwitz, donde un boxeador polaco le enseñó lo que tenía que decir o callar en los interrogatorios de los alemanes para salvar la vida ("El boxeador polaco"). O el encuentro con una seductora hippie israelí viajando por Centroamérica ("Fumata blanca"). Y, sobretodo, el encuentro con un pianista serbio de música clásica, con alma gitana y una concepción muy visceral de la música ("Epístrofe", "Fantasma" y "Postales").


Pero en esta nueva edición el autor ha integrado una novela corta que viajaba independiente y que sin duda pertenecía a este corpus vital y literario, La Pirueta
Este añadido, que da continuidad a los relatos Ephistrophe, Fantasma y Postales, donde el protagonista encuentra y pierde al pianista Milan Rakic,  dota al libro de un nuevo vuelo, más definitivo, profundo y elevado. El propio autor lo justifica con un Prefacio. 
PREFACIO DE ESTAÑO
"Esta nueva edición de El boxeador polaco, que marca el décimo aniversario de la original, recupera el mismo esquema que seguí cuando estaba escribiendo las primeras historias de su narrador, ese otro Eduardo Halfon, que en aquel entonces apenas nacía y que hoy aún me acompaña; un esquema que, por decisiones de carácter temporal o editorial, se había partido en dos. De pronto, un proyecto de escritura se vio transformado en dos libros: El boxeador polaco y La pirueta. Pero ahora, diez años más tarde, ese esquema o proyecto original vuelve a unirse, imponiéndose con tesón, y yo, como siempre, le obedezco. Al menos por el momento, para esta su edición de estaño. Quién sabe qué imposiciones suyas me esperan en el futuro. Y es que el paso de los años hace con la literatura lo mismo que con nosotros. Algunas historias crecen y maduran con galantería, otras se empequeñecen, otras se deforman, y aun otras desaparecen por completo. La literatura sólo es literatura si la dejamos morir."
De este modo el libro completa el círculo que parte del encuentro de Eduardo Halfon con Milan Rakic ("Epístrofe"), continúa con la pérdida del pianista dando tumbos por el mundo ("Postales") y finaliza con su búsqueda por un extraño Belgrado, posbélico y casi onírico ("La Pirueta"). En estos relatos encuentro lo mejor del libro, su inclinación al viaje interior, a la búsqueda. La palpitación de una vida entregada a su destino: 
"Sólo mi padre es gitano. Mi madre no. Yo me parezco más a ella, es decir, mis facciones son más serbias que gitanas. No dije nada. No sabía qué decir. Desde que tengo memoria, mi padre ha luchado por alejarme de su mundo y su música, por prohibírmela. Pero, como dijiste ayer del jazz, yo traigo la música gitana entre las gónadas."
También la melancolía del desubicado. A pesar de que, visto en su conjunto, el libro semeja un reportaje de viajes (de la Universidad en Guatemala al simposio en Durham, luego a Lisboa y finalmente a Belgrado); el protagonista reconoce que su máximo interés es el viaje interior:
"A mí me cautivan más las revoluciones de dentro que las de fuera. Me obsesionan. Por ejemplo, me interesa más el viaje interno y en motocicleta que hizo el Che Guevara a los veinticuatro años —donde se gestaron tantas de sus ideas y donde algo mágico se incubó en él por primera vez— que todas las revoluciones que luego promovió por Latinoamérica y África. Hasta cierto punto, cómo y por qué alguien es empujado hacia una revolución del espíritu, ya sea ésta artística o social o de cualquier otro tipo, me parece una búsqueda más sincera que todo el espectáculo que viene después. Porque todo lo que viene después, Milan, no es más que un espectáculo. Todo. Pintar un lienzo no es más que un espectáculo. Y escribir una novela no es más que un espectáculo. Y tocar el piano no es más que un espectáculo. Y la revolución cubana no es más que un espectáculo."
Obra de Gaby Jiménez, 
Cada uno de los tres relatos es excelente por distintos motivos y los tres textos componen una sinfonía sutil, compleja y misteriosa, donde podemos ver reflejados los tres talentos que Milan Rakic apunta en una postal: "Los gitanos, Eduardito, poseemos tres grandes talentos. Hacer música. Contar cuentos. Y el tercero, es un secreto". 

"Epístrofe" es la música, significa el encuentro entre estos dos aficionados al jazz en general y a Thelonious Monk en particular, con su album Epistrophy a la cabeza. Sus conversaciones sobre música resultan cautivadoras.
"Le pregunté si había diferencia entre los estudios de música clásica en Estados Unidos y en Europa. Muchísima, hombre. Y se sentó en el banquito de Lía. Mirá, dijo, a los americanos les gusta que se toquen las composiciones clásicas como si uno fuese una máquina o un robot. Sin ningún tipo de emoción personal. Sin uno estar presente. La música siempre igualita. Quieren, dijo, eliminar por completo la personalidad del intérprete. Encendió un cigarro y, sonriéndole a la señorita morena, se quedó pensando un momento. ¿Vos sabés quién fue Lázar Berman? Ni idea. Un gran pianista, dijo. Un experto de la música de Liszt, dijo. Un judío ruso peleado con la música del polaco Chopin, dijo, y yo de inmediato desordené sus palabras y pensé en el boxeador polaco peleando cada noche, luego pensé en mi abuelo peleando con las palabras polacas. De niño, dijo Milan, yo estudié con Berman, en Italia. ¿Querés?, y le acepté un cigarro. Recuerdo que el primer día, en su estudio, toqué la Sonata en B menor, de Liszt, una pieza muy complicada, y el viejo judío, sentado en un enorme sofá de terciopelo rojo, no dijo ni mierda. Nada. El segundo día, volví a su estudio, empecé a tocar la misma pieza y, de pronto, Berman se puso de pie y empezó a somatar la ventana con su bastón, así, suavecito. Milan, tras tomar un largo sorbo de vino, se secó los labios con la manga de su camisola. Estás tocando la pieza igual que ayer, muchacho, me gritó el viejo en ruso. Y yo me quedé callado mientras Berman seguía somatando la ventana con su bastón. Pensé que el tipo estaba loco, ah. Pero luego, muy lento, caminó hacia mí, puso una mano sobre mi hombro y, con una sonrisa de diablo, me susurró: Es que no ves que hoy está lloviendo, muchacho. Una gran diferencia"
Por su parte el relato "Postales" es sencillamente maravilloso. Un legendario libro de hojas sueltas con mil cuentos desparramados. O mensajes en la botella de un náufrago. Milan Rakic se ha ido para continuar su permanente gira por el mundo como pianista clásico. También para seguir esa vida nómada a la que le empuja su sangre gitana. No le gusta mantener contacto, no le gusta que le escriban. De hecho no tiene ni dirección: 
"Dijo: vivo en el lungo drom, que en gitano significa el largo camino, sin rumbo fijo y sin vuelta atrás. Dijo: Viajo en una caravana de uno. Dijo: sobre el camino, para mis amigos, voy dejando patrin, que en gitano significa hojas, pero que también significa señales en el camino, como un tronco quebrado de cierta manera o un manojo de ramitas amarradas con una pañoleta celeste o un hueso de cabra ensartado en la tierra. Dijo: las postales son mi patrin."


Y esas docenas de postales que va recibiendo el narrador constituyen una detallada cartografía de un mundo y de un hombre que busca su destino como gitano. ¡Cuántas historias va destilando Milan en estas Postales, que Halfon recoge en su avaricioso regazo!. La del mejor cantante gitano de todos los tiempos que desertó del ejército de Tito por amor y fue condenado a una isla desnuda para acabar deambulando por el mundo sin lazos, apareciendo sorpresivamente en algún festival o en algún cafetín. La del rey que era el dueño del abecedario gitano, la de la arpista gitana Papusza que fue expulsada de su caravana porque un poeta fascinado con sus canciones las recopiló y publicó en una revista. La del acordeonista Yusef que sobrevivió cuatro años en un campo de extermino nazi tocando una canción cada noche por cada gitano muerto ese día, hasta llegar a la colosal cifra de treinta y cinco mil piezas. La de Django Reinhardt, creador del Gipsy Jazz o Manouche que llegó a ser el mejor guitarrista de la historia teniendo la mano izquierda atrofiada. O la de Ellen la Negra, gitana que vivía en Gales y era experta en contar cuentos que podían durar toda una noche. 

Cientos de historias de gitanos desperdigados por el mundo que confirman su genio para los cuentos y la música.
"El origen ancestral de los gitanos, Eduardito, es eminentemente musical. Sucedió así: Alrededor del año 428, los gitanos llegaron a Persia porque Bahram Gur, el sah, queriendo complacer a sus súbditos, importó doce mil músicos de la India. Pero no..
(...)
Sucedió así: Había una vez una muchacha muy hermosa que estaba enamorada de un campesino alto y fuerte y muy trabajador, pero que jamás se fijaba en ella. Una tarde, mientras la muchacha caminaba por el bosque sintiéndose triste y sola, se le apareció un hombre muy grande y de ojos purpúreos y vestido de rojo y con dos cuernitos en la cabeza y una pezuña en vez de un pie: el diablo, quien, acariciándole a ella los labios con una larga y afilada uña, le prometió conseguirle el amor del joven campesino si ella le entregaba a él, al diablo, su familia entera. La muchacha felizmente accedió. Le entregó a su padre, y el diablo lo convirtió en un violín. Le entregó a su madre, y el diablo la convirtió en un arco y de su cabellera gris hizo las cerdas del arco. Le entregó a sus cuatro hermanos, y el diablo los convirtió en las cuatro cuerdas. Luego el diablo le enseñó a la muchacha a tocar el violín y ella llegó a tocarlo tan dulce y tan tierno y tan bello que, cuando el joven campesino la escuchó, quedó inmediatamente enamorado. Y se casaron y vivieron juntos y contentos por muchos años. Pero un día, después de tocar y bailar en el bosque, ambos se fueron a buscar frambuesas y dejaron el violín olvidado sobre el forraje. Al regresar, ya no lo encontraron. El diablo bajó entonces de un cielo nublado en una carroza tirada por cuatro caballos negros y se llevó para siempre a la desdichada pareja. Durante mucho tiempo el violín permaneció en el bosque, escondido bajo hojas secas y musgo y más hojas secas. Una noche, gitanos acampando en el bosque mandaron a un niño a buscar leña para la fogata y, sin querer, mientras pateaba un montículo de hojas, el niño encontró el violín. Lo golpeó con una ramita y el violín produjo el sonido más perfecto que jamás se hubiese oído. El niño recogió el violín y el arco y se marchó de vuelta a su caravana. Así fue como los gitanos descubrieron la música."
El tercer talento es un secreto, La pirueta que hace Milan al desaparecer y que provoca la búsqueda de Halfon. Desvanecimiento y búsqueda, dos caras de la misma moneda. Ambos relatos se complementan y vigorizan.

El libro está impregnado del espíritu artístico y nómada de los gitanos. Las Postales trasudan dolor, melancolía y un exilio interior imposible de zanjar. El propio autor/protagonista, hijo de un judío polaco y de una libanesa se siente sin lugar en el mundo. De ahí que persiga con denuedo esa pirueta final de su amigo, ansiando descifrarla.  

Me llama la atención que el libro comience y concluya del mismo modo, con una lección sobre literatura (en "Lejano", unas clases sobre el cuento contemporáneo y en "Discurso en Póvoa" una conferencia sobre literatura y realidad). En ellos nos muestra Halfon (¿pero qué Halfon?) sus reflexiones sobre lo esencial de la literatura. Y podemos pensar que, lo que se narra entre medias, constituye la lección práctica.
"La literatura no es más que un buen truco, como el de un mago o un brujo, que hace a la realidad parecer entera, que crea la ilusión de que la realidad es una. O tal vez la literatura necesita construir una realidad destruyendo otra -algo que, de un modo muy intuitivo, ya sabía mi abuelo-, es decir, destruyéndose a sí misma y luego construyéndose de nuevo a partir de sus propios escombros. O tal vez la literatura, como sostenía un viejo amigo de Brooklyn, no es más que el discurso atropellado y zigzagueante de un tartamudo."
El estilo de Halfon es un delicia. Es de una precisión increíble y fluye con una naturalidad pasmosa. No hay párrafos hueros. La reflexión o la cita siempre aparecen con oportunidad. Sus personajes y cuitas siempre interesan. Y eso que el protagonista y narrador es un tipo inseguro, fumador empedernido que tiende a la indolencia y la incertidumbre. En muchísimas ocasiones se expresa a través de oraciones disyuntivas e incluso contradictorias. 
"A veces la olvido, o quizás decido olvidarla o quizás, absurdamente, me aseguro a mí mismo que ya la he olvidado por completo."
Hasta su concepto de la literatura se basa en la incertidumbre: La literatura es balbucear nos dice: "Al escribir sabemos que hay algo muy importante que decir con respecto a la realidad, y que tenemos ese algo al alcance, allí nomás, muy cerca, en la punta de la lengua, y que no debemos olvidarlo. Pero siempre, sin falta, lo olvidamos."
No Eduardo Halfon, cuyos relatos nos transmiten emoción y autenticidad.