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viernes, 7 de agosto de 2026

LA MUERTE de VIVEK OJI - de Akwaeke Emezi



La muerte de Vivek Oji es una novela sumamente emocional y devastadora que explora las fronteras de la identidad personal en contraste con la sociedad y la familia. Habla de la necesidad de conocerse, de liberarse para poder ser uno mismo y de la pérdida que constantemente nos acecha. Nadie que lea el libro podrá evitar conmoverse. 

Este libro me ha abierto los ojos en muchos sentidos. Me ha hecho ver las dificultades ímprobas que arrostra una persona cuyo ser está fuera de la norma social...y lo que le cuesta a sí misma aceptarse. También me ha hecho aterrizar en África y ver cómo la habitan sus gentes. Hay padres, hijos, tíos, vecinos, amigos, barbacoas, colegios, calles y ríos como en cualquier parte del mundo, pero desconocía cómo se relacionaban entre sí, cómo viven, qué les preocupa a los padres, con qué sueñan los jóvenes, qué presencia tiene la religión en esa sociedad o cual es su nivel de tolerancia con extranjeros, gays o lesbianas, por ejemplo. 

Creo que el libro me ha puesto en contacto con personas de carne y hueso que viven en África. Y no son muy distintas. Está la tía Mary enfervorizada con la religión, están los chicos y las chicas a la gresca para reafirmarse, está la preocupación de los padres por dar un futuro a sus hijos... y está Vivek; un joven que se siente diferente, pero no sabe por qué ni cómo debe sentir. Ahí está la almendra de esta historia. Vivek va ser el epicentro de una auténtica vorágine emocional, que es lo que es esta novela.
"Cuatro
  Vivek
No soy lo que todo el mundo cree que soy. Nunca lo fui. No tuve la boca para concretarlo en palabras, para explicar lo que no iba bien, para cambiar las cosas que notaba que necesitaba cambiar. Y cada día costaba. Costaba caminar por la calle y saber que la gente me veía de cierta manera, saber que se equivocaban, que se equivocaban tan rotundamente que mi yo de verdad era invisible para ellos. A sus ojos, ni siquiera existía.
       Y yo me pregunto: si nadie nos ve, ¿seguimos ahí?"
pág. 51
Collage "Somos agua" ⓒ René Dissel

La novela demuestra que en el viaje para descubrir quién eres, los otros son tan necesarios como peligrosos. En este sentido cabe recordar el proverbio africano que dice que "para educar a un niño, hace falta la tribu entera". Emezi debe ser consciente de ello porque alrededor de Vivek crea toda una comunidad de personajes complejos y bien articulados cuya existencia marcó y fue marcada por Vivek. El triángulo formado por los valores de la sociedad, la familia y la propia intimidad batallan constantemente para darnos forma y a veces el proceso es muy doloroso. Las vivencias gloriosamente intensas de Osita y su primo Vivek así lo reflejan, compartiendo vida y alejándose, incluso pegándose, hasta que finalmente se descubren mutuamente en una escena brutal, delicadísima y desgarradora.
"Era como si hubiéramos dejado atrás todo lo que conocíamos y nos hubiéramos adentrado en un lugar completamente diferente, como si hubiéramos cruzado un umbral y lo que acaba de suceder, fuera lo que fuera, solo pudiera suceder a este lado." pág. 136

La historia está ambientada en el sureste de Nigeria alrededor de 1990 y gira alrededor de Vivek Oji, un joven cuyo cadáver aparece en la puerta de sus padres nada más comenzar la novela. El relato se estructura a través de las distintas voces de quienes lo amaban, incordiaban y sufrían. De su padre Chika, que lo envió a una academia militar para endurecerlo, harto de su extrema delicadeza. De su madre Kavita siempre preocupada por su sensibilidad y ausencias hasta el punto de traérselo de la universidad viendo la crisis que lo consumía. También Juju y su grupo de amigas con las que Vivek finalmente se siente identificado y liberado. Con ellas encuentra la senda de su autodescubrimiento. 
"Fueron las chicas las que me sacaron. No creo que se lo propusieran. Yo sabía que lo de venir a visitarme era idea de mi madre; fue una de las pocas veces que un plan suyo funcionó.
Me estaba ahogando. No muy rápido, no lo bastante para dejarme llevar por el pánico. Era un hundimiento lento e inexorable, como cuando ya sabes dónde vas a ir a parar, y por eso dejas de resistirte y esperas a que todo termine."
pág. 121
Y sobre todo Osita, su primo y mejor amigo. Ellos dos trenzan el hilo central del relato, compartiendo primero una infancia feliz, luego una adolescencia de provocaciones y peleas hasta llegar el distanciamiento en la universidad y, por fin, el reencuentro en la vuelta al pueblo. Las chicas y Osita le ayudarán simplemente por aceptarlo tal como es, sin intentar cambiarlo. Aunque esa dicha inicial será segada por la muerte. ¿Qué ocurrió? ¿Quién lo llevó hasta la puerta de la casa de su madre? Sólo se sabe que coincidió con unas revueltas que provocaron el incendio del mercado. 


En la lista de agradecimientos que cita la autora al final del libro, ha incluido dos obras clave para ella: Amor de Tony Morrison y El amor en los tiempos del cólera de García Márquez. Aunque es evidente que el trazo de la novela nos recuerda irremediablemente a otra obra del mismo autor colombiano, ´Crónica de una muerta anunciada´. "El día que murió Vivek Oji prendieron fuego al mercado", esta es la primera línea de la novela y el resto de las páginas nos irán revelando los hechos que la rodearon. Aunque ya aviso de que tan cierto es que la novela gravita en torno a esa misteriosa muerte, como que lo que nos impacta de verdad es el misterio de su alma.

La novela tiene una estructura facetada, como los diamantes. En el libro se alternan capítulos donde escuchamos a Vivek con otros en los que escuchamos a su primo Osita y otros en los que, en tercera persona, se nos informa de esa sociedad en plena ebullición y de la preocupación de los padres que quieren protegerlo. Los capítulos en los que escuchamos a Vivek son muy intensos y cortos, de apenas media página. En ellos se nos muestra el desgarro de una persona que no se comprende a sí misma o que no se acepta; que necesita buscarse porque está perdida.

Según avanzaba en la lectura me daba cuenta de la cantidad de asuntos cotidianos que pueblan la novela: la abuela, los niños, la comida (garri, ndara, ñame), las etnias (igbo, hausa, fulani) y los más diversos asuntos de la vida cotidiana en Nigeria. En un momento dado Juju se hace la dormida para escuchar cómo sus padres se pelean. Su madre ha descubierto que el marido tiene otra familia, incluso con un hijo, en otra ciudad. Se gritan, él la pega y huye del hogar. Mientras los otros jóvenes están dudando sobre si ir a la Universidad. Dan la sensación de que todos están perdidos... hasta el punto de que la tía Mary lleva a Vivek a su iglesia tradicional para que curen su decaimiento y ¡¡es azotado para exorcizarlo!!
     "¿Qué acabas de decir? preguntó, con la esperanza de haber entendido mal.
     
El demonio que tiene dentro repitió Mary. Sí o, eso es lo que dijo el pastor. El niño está poseído por un espíritu maligno, un demonio muy fuerte. Es el que está provocando todo esto, lo del pelo largo, que se le esté consumiendo el cuerpo físico. Hay fuerzas sobrenaturales alimentándose de él...¡de tu hijo! El pastor dijo que había que cortarle el pelo porque de ahí sacan su poder, como los cabellos de Sansón. Es una de las fuentes de su fuerza. Pero cuando uno de los diáconos se le acercó con unas tijeras, ¡el demonio empezó a resistirse!"  pág. 89
La narración tiene la textura de un relato oral en torno a una saga familiar que empieza con la abuela Ahunna, muerta el mismo día en que nació Vivek. Posteriormente su padre, Chika, descubrirá en el pie de su hijo una cicatriz idéntica a la que tenía su abuela Ahunna. Los ancestros y el presente se conjugan sin problema. Del mismo modo Emezi hace fluir su relato a través del tiempo, utilizando los recuerdos de los personajes para construir una cascada de flashbacks que van completando el puzle de la vida de Vivek. 

Ese puzle de voces hace que el lenguaje sea muy vivo y directo, casi coloquial, mezclando constantemente el igbo y el inglés... a excepción de las apostillas que provienen de Vivek y de Osita, que tienen una potencia lírica tremenda.
 


El libro tiene un intenso color local, se le ven las raíces. Todo se nombra con el lenguaje igbo, las plantas, las telas, los apodos, el parentesco o la comida. La impresión que nos transmite el libro sobre Nigeria es contradictoria, un país a la vez ancestral y moderno, el más poblado de África, con 240 millones de habitantes y más de 250 grupos étnicos. Me llama la atención el grupo de las Niggerwives, mujeres inmigrantes procedentes de Filipinas, Malasia o India que se casan con nigerianos y se apoyan entre ellas mientras van adaptándose a las costumbres locales. La madre de Vivek es una niggerwife, al igual que la de la autora. 

Nigeria es una de las tres economías más fuertes de África lo que no impide que también sea uno de los países con mayor desigualdad. El país también es una potencia cultural, con una música que llega a todo el globo y una industria cinematográfica que no tiene envidia de Hollywood. Sin embargo sus leyes contra el colectivo LGBTI se encuentran entre las más draconianas del mundo contando, además, con un gran respaldo de la población. En religión el país se distribuyen casi al 50 % entre católicos y musulmanes. Estas dos últimas cuestiones aparecen en la novela, si bien tangencialmente. No olvidemos la presencia violenta del grupo fundamentalista islámico Boko Haram que opera en el noreste del país. Por su parte, a Kavita le da un vuelco el estómago cuando su cuñada Mary le dice: "Ya sabes cómo son las cosas aquí. Es un peligro que se pasee por Ngwa con ese aspecto tan... femenino. ¿Te imaginas lo que le pueden hacer si alguien lo malinterpreta, si se creen que es un homosexual?"

Paradójicamente ´La muerte de Vivek Oji´ trata sobre la vida; una vida llena de secretos y un ansia de plenitud.










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Cuando empezaba esta reseña diciendo que este libro me había abierto los ojos a otros mundos, también me estaba refiriendo a una autora que desconocía y a una nueva editorial -Cosonni- que se presenta así en su web:  "
consonni es una editorial interdependiente con un espacio cultural en el barrio bilbaíno de San Francisco. Desde 1996 producimos cultura crítica y en la actualidad apostamos por la palabra escrita y también susurrada, oída, silenciada, declamada; la palabra hecha acción, hecha cuerpo. Desde el campo expandido del arte, la literatura, la radio y la educación ambicionamos afectar el mundo que habitamos y afectarnos por él."

** Akwaeke Emezi (1987) es una autora transgénero no binaria que reside en espacios liminales y cuya fulminante trayectoria le propulsó a la portada de junio de 2021 de la revista TIME, como parte de un grupo de líderes para la próxima generación. Akwaeke nació en Umuahia, una ciudad del sureste de Nigeria, hija de padre igbo y madre tamil. Crecieron en Aba, en una comunidad multicultural; su madre pertenecía a las Nigerwives. 
De niña siempre escribía pero fue en la universidad, ya en EEUU, donde uno de sus profesores les sugirió especializarse en escritura creativa. Su práctica artística se ubica en la metafísica del espíritu negro, valiéndose del vídeo, la performance, la escritura y la escultura para crear rituales en los que procesar su encarnación como entidad no humana/ogbanje/descendiente de una deidad.
En la revista RoundTable encontré esta presentación de su primera novela, Agua dulce (Freshwater),  que en 2018 revolucionó la escena literaria estadounidense: 
"Esta historia visceral, con tintes semiautobiográficos, narra la vida de Ada, un personaje que lucha contra múltiples personalidades que habitan en su mente. Algunas son diabólicas, otras más contenidas. A medida que estas personalidades cobran mayor protagonismo y Ada sufre una agresión traumática, su vida se sumerge en la oscuridad y la autodestrucción. Es un retrato impactante de la neurodivergencia, que se centra en la ontología igbo y en ideas no occidentales sobre la enfermedad mental.
Akwaeke comenta: “El libro se basa probablemente en un 99% en mi experiencia personal. Mientras lo escribía, utilizaba la ontología igbo para analizar toda mi vida, y todo lo que me había sucedido empezó a tener sentido. Me crie en una familia católica, así que intenté abordarlo desde la perspectiva cristiana, pero no funcionó; no me sentía en paz. Había ido a terapia; había intentado abordar temas de salud mental, pero tampoco me ayudó. Estaba aterrorizada porque, como nigerianos, no nos educan para pensar que esto sea algo en lo que debamos incursionar. Está muy estigmatizado. Pero fui a Lagos, hablé con un historiador y con amigos que practican la espiritualidad africana. Todos me dijeron: «Si sientes el llamado, tienes que obedecerlo, y la razón por la que te sientes tan estresada es porque lo estás combatiendo».” 

viernes, 24 de julio de 2026

MALEZA - de Ferran García



Esta novela es inusual dentro de la literatura española. Se trata de un western brutal que me recuerda a Intemperie de Jesús Carrasco, aunque aquí la violencia es más salvaje y cruda. ´Maleza´ es una novela de frontera donde no existe más ley que la del más fuerte en medio de un conflicto bélico, las guerras carlistas, y en un territorio que el protagonista define como una "cárcel de piedra, margas, picos y bosques infinitos"; la comarca de Taradell y los bosques de la Plana, al sur del Montseny. 

De hecho la novela se publicó originariamente en catalán, en 2022, con el título de ´Guilleries´, que es el nombre de un espectacular parque natural cuyos parajes y elementos mitológicos también están presentes en otro éxito procedente de Cataluña, ´Canto yo y la montaña baila´ de Irene Solà.



El protagonista y narrador es un niño, Boi, que cuando empieza la historia acaba de perder a su madre, muerta, mientras su padre y su hermana huyen a otro lugar. Boi elige quedarse con su abuela a la que conocen en la comarca como madame Laveau, la hechicera. Ella y el bandolero que lo capturará posteriormente, Joan Tur, se convertirán en sus mentores, enseñándole los sinsabores de la vida. 

Tanto Madame Laveau como Joan Tur fueron testigos en el pasado de unos hechos sangrientos que implicaron a los padres de Boi. Ahora intentarán ayudarlo en un desenlace que amenaza violencia y muerte. 

La plaza de Taradell


Si la abuela ejerce como tutora de Boi, el bandolero Joan Tur lo hace como mentor. Se trata de un personaje tan ambiguo como fascinante. Porta un zurrón lleno de papeles arrugados con palabras y en caso de duda le hace meter la mano y coger uno. Así es como van acercándose al entendimiento entre ellos y a una realidad que se les escapa entre las manos. A pesar de esto Tur no dudará en poner a Boi en manos del jefe de su partida, el sanguinario Bonaplata; quien lo torturará hasta saber dónde se esconden su abuela y su padre, el objetivo de su venganza. Pero también, a la postre, lo acabará salvando porque se ve reflejado en él. Boi conocerá la ternura y el amor por su abuela y la brutalidad y la violencia de la vida por Joan Tur. Dos caras de una misma educación.
"Creía que eras bueno.
¿Yo?
Sí.
Se encogió de hombros.
La bondad es relativa. Mira por la ventana. ¿Es el día que empieza o la noche que acaba? Una pregunta absurda. Todo está conectado. También la bondad y la maldad, no hay nada puro en este mundo". pág. 101
Todo, desde los personajes que van apareciendo, el territorio, la época y el estilo, tiene una atmósfera entre mágica y terrible. Los mágico viene determinado por la vivencia del niño con su abuela hechicera y con su padre, capaz de hablar con los caballos y sanarlos. Precisamente un caballo tendrá un papel crucial en el desenlace, cuando Joan Tur descubre en él un mensaje secreto del padre que le ayudará a decidir qué hacer.


La historia va más allá de carlismos y liberalismos. Habla de la ceguera y brutalidad de las personas que utilizan las banderas como simple excusa. 
"Al final del desfiladero por el que íbamos había un valle y en el centro tres o cuatro casas en ruinas, como un pueblo al que le hubieran caído encima doscientos años de golpe, así, sin que nadie lo esperara. Pensé en los carlistas y después en los liberales y después otra vez en los carlistas y en decenas de hombres que no eran ni una cosa ni la otra y que deambulaban por los caminos, y en las pistolas y las escopetas que todo el mundo llevaba y en los miles de picos y papales y barrenas de los hombres que buscaban sal en las montañas." pág. 80
También habla de un momento de cambio social y de los monstruos que esto engendra. La abuela pertenece a la estirpe de los agotes, unos apestados a los que nadie quería cerca. 
"Mi abuela llegó a Taradell con sus dos hijas un día de verano. Venían del norte, aunque mi madre siempre me decía que no venían, que huían. (...)
Nuestro pueblo siempre estuvo mal visto y las cosas que decían de nosotros eran todas mentira excepto una. ¿Cual?, preguntaba yo. Su Dios y el nuestro no es el mismo, me respondía. Nos obligaban a vivir a las afueras del pueblo, más allá del río porque el río, según ellos, los protegía y purificaba; teníamos que cosernos una marca en la ropa, una especie de huella de gato de color rojo, y pobre del que saliera a la calle sin eso; tenías que llevar una campanilla que hacías sonar cada vez que ibas al pueblo para que la gente tuviera tiempo de apartarse". pag. 25
Se decía que practicaban rituales heréticos y que fornicaban entre padres e hijos. Nadie los podía tocar y menos aún tener con ellos relación alguna... hasta que llegó un hombre y decidió que todo aquello era arbitrario y que los agotes simplemente eran muy pobres y tenían otras creencias, pero eran personas como todas las demás: su abuelo.



El desarrollo de la novela se lleva a cabo como un continuo  desvelamiento, como el aterrizaje desde la fantasía y los recuerdos del niño hasta la cruda realidad de enfrentamiento y muerte. El territorio que al principio aparece con el brillo de la magia y la naturaleza poco a poco se va revelando como una cárcel pétrea y sangrienta. De hecho, la entrada de la partida de Bonaplata en Taradell es una imagen arquetípica del western que abre la puerta al feroz desenlace. Boi es la llave para conseguir su venganza y cuando ya está en su poder se dispone a torturarlo sin ningún miramiento. La escena es terrible. Con voz pausada y cortante le va anunciando al niño cada tormento al que le va a someter mientras Boi busca evadir su mente. Brutal.

La novela tiene poca acción pero traslada una intensidad dramática y emocional formidable. El encuentro del niño con la partida de Bonaplata apenas ocupa un día y una noche pero su diálogo inclemente y pormenorizado es tremendo. Narrado por el niño, cada minuto se expande hasta lograr detener el tiempo, mientras las páginas se llenan de amenazas, sospechas y dolor. La propia narración adquiere el espesor de las pesadillas, ese que te atrapa y no te deja caminar.
"No entendía nada de lo que había pasado los últimos días, no entendía las historias que estos hombres me contaban, no sabía quién era el hombre del árbol ni la mujer del agujero en el pecho, no sabía quién era Joan Tur ni Bonaplata, dudaba de todo y me era imposible saber qué era cierto y qué no, pero algo tenía claro: si les decía lo que querían saber, harían daño a la gente que quería. De alguna manera todo esto estaba conectado con mi abuela, mi padre y mi madre muerta, e incluso los muertos pueden morir una segunda vez." p. 102











La atmósfera de miseria y violencia me recuerda a ´Pa negre´ (Agustí Villaronga), mientras que el niño narrador rodeado de fantasmagorías me recuerda al ´Pedro Páramo´ de Juan Rulfo, con esa mezcla onírica de tragedia y muerte.

Quisiera resaltar un par de asuntos más que atraviesan la novela. El primero son las diversas maldiciones presentes, entre las que está la guerracivilista, la de los agotes o la de la locura, ignorancia o superstición que afectó a la madre de Chico, uno de los ´niños encontrados´ (más bien abandonados) que malviven en una granja abandonada. Fue acusada y quemada en la plaza del pueblo acusada de matar a los seis hijos que tuvo.  
"Un año y medio más tarde, su madre paría el sexto hijo, Daniel, que también se murió, pocas semanas después, en las mismas extrañas circunstancias que el pequeño Toni. Ese día llovió y al atardecer, el jardín se llenó de ranas y caracoles.
Después de aquello, la gente llegó a la única conclusión a la que podía llegar: la familia estaba maldita. El médico del pueblo, el que había pinchado por dentro los oídos de Chico y que había visto cómo morían, uno a uno, todos los hijos de la pareja excepto él, llegó a otra conclusión: no sabía cómo ni por qué, pero esa mujer estaba matando a sus hijos."
p. 39
El segundo asunto tiene que ver con el conjunto tan variado de situaciones paternofiliales que se cruzan en la novela y que la convierten casi en el relato de una saga familiar. La de Boi, sus padres y su abuela, que esconde un secreto familiar; pero también la de Bonaplata que adoptó a Joan Tur como un hijo, pero perdió a su auténtico vástago, un criminal violento y salvaje que fue asesinado y al que lleva tiempo deseando vengar. Todo ello sin olvidar esa historia lateral tan jugosa sobre ´los niños encontrados´.


La experiencia lectora es muy literaria, casi poética y evoluciona desde un principio casi mágico hacia la intriga de saber quien es el hombre que aparece en el árbol sagrado, junto al río, auténtico detonante de toda la acción posterior. Desde ese momento todo se acelerará y la vida infantil de Boi perderá su inocencia, arramblada por el tumulto de la historia. 

Ferran García tiene una manera muy particular de narrar que tiene que ver con la atmósfera onírica que ha creado. La novela avanza a través de fragmentos que se mueven en el tiempo y en el recuerdo conformando una especie de puzle emocional. El carácter ancestral, casi mítico, del relato lo subraya con una forma de contar elíptica, donde los hechos parecen venir determinados por un destino fatídico, casi telúrico. Así se puede apreciar en este párrafo perifrástico, en el que en vez de decir ´mi abuela me dijo que tenía que ir al árbol del río´, el autor nos deja escuchar todos los ecos míticos que entraña esa simple acción.
"Madame Laveau me había dicho a donde debía ir. Mi gente tiene algunas cosas sagradas. Una herradura que se guarda sumergida en una pila baptismal, cerca de la frontera. Una pared, dentro de un palacio en el que no podemos entrar, construida con piedras que en realidad son una mezcla de huesos y dientes de nuestros antepasados, triturados y pasados por el mortero. La moneda de plata donde apareció por primera vez nuestra cruz. Pero mi abuela dice que solo hay un cosa sagrada y que son las miradas. Que la herradura, la pared y la moneda no son más que baratijas que tienen el mismo valor que las ganas de aguantarse un pedo. Sagrado significa que es inviolable porque está vinculado con Dios. Especial, en cambio, quiere decir que una cosa es diferente del resto. A veces solo es especial para ti. Un lugar especial, por ejemplo. O un perro o una uña. Para el resto del mundo ese lugar es exactamente igual a cualquier otro, el perro es idéntico a cualquier perro, la uña es como todas las uñas, pero supongo que siempre hay un lugar, un perro o una uña especial para alguien. Mi abuela tenía un árbol especial. Nunca me contó por qué, pero yo sabía que era especial. También lo sabía mi madre y resulta que también lo sabía el hombre que encontramos en el río. Ahí tenía que ir." p. 70
Creo que la abuela representa lo antiguo, un mundo en armonía con las creencias y la naturaleza; mientras que Joan Tur representa el futuro, la consciencia y rispidez del mundo adulto. Entre estos dos tiempos se sitúa el presente, el lugar donde ambos entablan una feroz batalla. Así lo reconocer el propio narrador cuando dice: "Algunas cosas empezaron y otras se terminaron cuando llegó el hombre del árbol. Que los niños me tiraran piedras fue una de las cosas que terminó. Pero los problemas empezaron. Quiero decir los de verdad." 







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Ferran Garcia nació el 12 de junio de 1971 en Vic. Ha publicado en catalán las novelas ´Recorda que moriràs´ (2016) y ´Blasfèmia´ (2019), ambas en la Editorial Males Herbes. También tiene publicados los poemarios ´Larva´ (Premio de poesía Pare Colom, Lleonard Muntaner Editor, 2017) y ´Magror´ (XXI Premio de poesía Pere Badia, 2021). 

domingo, 10 de mayo de 2026

EL PALACIO AZUL de los INGENIEROS BELGAS - de Fulgencio Argüelles




Este libro es un hallazgo literario de primer orden, capaz de albergar toda la belleza y el dolor que irradia la vida. Por él discurren las alegrías y sinsabores de un grupo de personas en un momento histórico de encrucijada, en la cuenca minera de Asturias, justo antes, durante y después de la Revolución de Octubre de 1934.

Pero estas circunstancias tan terribles de miseria primero e insurrección después, seguida de brutal represión, no son más que el trasfondo histórico donde palpitan unos personajes de carne, sangre y emoción. Siendo así que está narrada por un protagonista -Nalo- en plena transición de la adolescencia a la juventud, también se trata de una novela de formación. El retrato que consigue de su vida y entorno es veraz y profundamente conmovedor. Un adolescente que va descubriendo la vida, el amor y la muerte hasta que se topa con la cara más infame de la maldad y la tortura en la cuenca minera asturiana. Todo un aprendizaje vital que nos traslada con elocuencia desde su más profunda intimidad. 

La acción transcurre entre el año 1927, en plena dictadura del general Primo de Rivera, y 1934; con la proclamación de la II República y los trágicos sucesos de octubre en medio. Nalo es apenas un adolescente que acaba de perder a sus padres cuando entra a trabajar de jardinero en el palacio azul del título. Allí comenzará su aprendizaje vital navegando entre dos mundos muy dispares, el gozoso de la finca de los hacendados belgas, ingenieros que gobiernan la industria de la zona; y el corroído por las penurias de sus familiares y amigos. La vida de Nalo se irá transformando con experiencias de todo tipo a la vez que él mismo será testigo de unos años de profundo cambio.

Nalo es un joven bondadoso e inteligente que se bebe la vida. Es un personaje entrañable e inocente con el que rápidamente nos identificamos emocionalmente. Él mismo se declara "aprendiz de todo". Todo lo observa, de todos aprende. Todos los días son una exploración y un despertar a la vida que se expande ante él beatífica y feraz.

En su exploración encontrará muchos cómplices, de ahí que sea tan fascinante la galería de personajes que le rodea. Las emociones y el amor las aprende con su hermana Lucía, joven y ya viuda, que le enseña los placeres del cuerpo y el amor a la poesía. La sabiduría la trasiega del jefe jardinero Eneka, un filósofo natural que le abre el libro de la naturaleza y la mitología. Se leyó los catorce tomos de una enciclopedia y su sedimento le sirve para instruir al joven discípulo sobre como ser y estar en el mundo. "Eneka se acercó y me dijo, nada sucede en la naturaleza viva que no esté en relación con la totalidad". Perdió a su primera mujer, a la que consideraba una musa, y ahora se está enamorando de Lucía, la hermana de Nalo: 
"Según me contó mi hermana más tarde, hablaron de muchas cosas. Lucía le habló a Eneka de la locura de sus ilusiones, del teatro, de la aversión que le causaban el conformismo y la resignación, de la magia de la poesía y de la satisfacción que suponía para ella poder hablar con un hombre culto y educado. Eneka le dijo a mi hermana que las ilusiones no son nunca síntomas de locura sino de salud física y mental, y le habló de jardinería y de historia, y le explicó que había estado casado con Clío, una de las nueve musas, y mi hermana sentía muchas ganas de reír, pero no podía hacerlo porque estaba en el día del entierro de nuestra madre, y se contenía, y Eneka le dijo que ella podría ser también una de las nueve musas, quizá Calíope, protectora y animadora de la poesía épica, o Erato, a quien correspondía la inspiración de la poesía erótica, o bien Euterpe, salvaguarda de la poesía lírica, y mi hermana se emocionó mucho con aquellas palabras de mi amigo Eneka, el jardinero del palacio azul de los ingenieros belgas, y le dijo, me quedo con Calíope, porque me gustan las aventuras." pág. 85


El conocimiento de la vida y sus menesteres Nalo lo acabará aprendiendo de su abuelo Cosme, por más que durante gran parte de la novela permanezca en silencio, ahogando sus recuerdos en anís. Finalmente el joven sabrá, por uno de los ingenieros, que su abuelo echó por la borda una situación de privilegio solo por mantenerse íntegro.

Las enseñanzas de Cosme y Eneka se complementan maravillosamente. Éste le forma como persona y aquel como ciudadano volcado en mejorar la vida de su comunidad. El ingeniero Hendrik le llegará a comentar a Nalo, "eres igual que tu abuelo, tan listo y tan loco como él (...), utilizáis la inteligencia desde la humidad, que resulta mucho más poderosa que la soberbia, incluso más determinante que la misma violencia". Finalmente su primo Alipio, anarquista y líder sindical, será quien le muestre la pasión por la justicia social.

También en el palacio azul encontrará dicha e instrucción, tanto por parte de los ingenieros como de sus mujeres y de su hija Elena, que le hará descubrir el amor. La vida de Nalo en palacio se constituirá como un universo cerrado de inocencia, felicidad y aprendizaje; lo que no evitará que los dos mundos colisionen en la revuelta social del 34.




La lectura es un auténtico placer. El texto posee elegancia y precisión. Su tono es reflexivo y con un poso poético, aunque nunca vacuo. Argüello sabe lo que quiere contar y cómo contarlo. Es capaz de reflejar la miseria y la injusticia social sin caer en el melodrama o en el adoctrinamiento. Escribe con una sabiduría serena que hace que sus personajes naveguen por una realidad muy dura y sin embargo parezcan inmersos en una atmósfera de irrealidad o ensueño¹. Ello se debe a que su escritura es cautivadora y de ritmo envolvente, capaz de plasmar la complejidad emocional de cada personaje. Son vidas que están contadas desde dentro, desde una intimidad luminosa. Se podría calificar este estilo como ´preñado´ de memoria y vida. 

Hay una frase en el libro que creo que resume este estilo, que narra "condensando todo lo visto, lo vivido y lo soñado hasta aquel momento" (p. 94). Argüelles fecunda cada situación y cada personaje con todo tipo de recuerdos, pensamientos y emociones, consiguiendo páginas muy vívidas. Su hermana Lucía le enseñó a Nalo a reconocer esos momentos especiales, capaces de expandir la consciencia, porque "tienen el poder de multiplicarse en muchos momentos". Lo que es un modo de reflejar una vivencia en su complejidad máxima, agregando a los simples hechos, los recuerdos, emociones y reverberos que sacuden al personaje.

Uno de estos momentos ´cuánticos´ lo vive Nalo cuando llega por primera vez al palacio azul y se presenta ante el ingeniero belga. Un lacayo le ha inculcado las consignas: sólo tienes que responder rápido sí señor o no señor y nunca le mires a los ojos. Pero cuando Nalo es introducido en ese despacho lleno de muebles lujosos y una biblioteca imponente el niño colapsa. Todos sus recuerdos, sus sensaciones, lo aprendido con el cura en Historia Sagrada, los refranes de su abuela Anastasia, todo, todo, todo, se agolpa en su mente en ese instante crucial que él sabe que definirá su vida. Ese momento "que se multiplica en muchos momentos" volverá a vivirlo cuando explore el cuerpo de la señorita Elena, cuando se proclame la Segunda República y cuando vea revivir a su abuelo Cosme. También, de forma aterradora, en aquellos días del "tiempo desarreglado", cuando le toque vivir el estallido de la revolución de octubre de 1934.

Parece que Argüelles se inspiró en el Chalet de los Figaredo para ambientar su novela. Un Chalet que ha pertenecido a la Universidad de Oviedo durante unos cuantos años.


















Sólo dos apuntes más.
Uno, dentro de esa escritura capaz de ser culta y a la vez natural, hay que subrayar dos capítulos señeros. El 5 posee un maravilloso carácter evocador. En él su abuelo Cosme le relata a Nalo su pasado glorioso, aquel en el que su éxito llegó hasta ámbitos tan penetrantes que determinaron su dimisión. Una situación a la que peligrosamente también se está acercando el propio Nalo. El otro capítulo es el 8 que, en muy pocas páginas, pero con la brillantez y precisión de un buril, se describe la revolución y su feroz aplastamiento. 

Y Dos, hay una metáfora recurrente sobre una mariposa que recorre todo el libro. Le sirve a Nalo para ilustrar la transformación que rige la historia y la naturaleza, tanto como la suya propia.
"Escucha, Nalo, me dijo Eneka, esto tiene que ver con esa mariposa de la que a veces te hablo, esa que está encerrada aquí dentro y que algún día se manifestará, ella te podría aclarar si la señorita es o no es para ti una musa, de la misma forma que te informará sobre lo que eres y sobre lo que quieres ser, sus revoloteos son certeros, permanece oculta porque necesita conjurar ciertos estados de ánimo y algunas fuerzas secretas para vencer futuras batallas entre el corazón y el cerebro, pero un día se despojará de ese disfraz y te ocupará el cuerpo entero y la mente entera, la memoria entera, y te dirá quién eres tú y entonces sabrás quiénes son los demás."

Habrá quien diga que esta no es más que "otra novela sobre la guerra civil". Yo le digo que se equivoca. La novela es peripecia vital en un contexto (social, histórico, natural) con el que interactúa; sea la Edad Media, la selva o Wall Street. Tanto la trama como el trasfondo histórico y social son principales en una novela; pero lo que la convierte en memorable son el estilo² y los personajes; qué sienten, cómo reaccionan, qué les motiva, de dónde vienen, por qué sufren, qué persiguen. Si su vivencia es genuina y el trance congruente, perdurarán en nuestro corazón, como este Eneka que ejerce de mentor. 
"hay momentos en la historia en que los hombres no pueden aguantar más y hacen que su corazón estalle para que salgan a la luz todos los secretos y se desmorone la mentira de sus vidas, y en esa explosión de verdad, la conciencia liberadora no puede progresar sin rupturas o conflictos, y así, en las manifestaciones espontáneas de rechazo a las reglas de vida admitidas y a la falsa cultura transmitida aparece la violencia, pero no la violencia entendida como fracaso de la razón que no logra por sus propios medios instaurar unas relaciones justas entre los hombres, sino como un mecanismo radical y definitivo de renovación, sin la muerte de la crisálida no existe la mariposa. Me pregunté por qué la palabra mariposa tenía para todos nosotros un significado especial. En aquella palabra había luz y color y había renacimiento, en su pronunciación había un intento de conjurar la inercia de las cosas, en su comprensión había música y danza y júbilo, en su búsqueda había vértigo y en su encuentro invulnerabilidad. Todos de alguna manera jugábamos a ser mariposas. Eneka dijo, cierto es que la violencia es la que impone el orden y cierto que también es la que sueña con destruirlo, por eso yo creo que en los parlamentos y en los gobiernos debería haber personas muy sabias que conocieran el corazón de las gentes y la esencia de las cosas, personas que inventaran leyes que evitaran la violencia." pág. 251
Pues eso, escuchemos el aleteo de nuestra mariposa interior. 







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¹ Esa atmósfera de ensoñación que destila el libro, yo creo que tiene que ver con que es un momento histórico previo a los horrores de la Guerra Civil. Este aspecto inocente de la vida de Nalo es remarcado por una de las citas de portada del libro:

"Hay un momento por la mañana temprano, antes de que se haya derramado demasiada sangre, antes de que la crueldad de los fuertes haya alcanzado su apogeo, cuando los jugadores nocturnos caen dormidos al fin y se libran de su tristeza, hay un momento en el que el nuevo día parece casi inocente."
JOHN BERGER
Lila y Flag


²  Decía Nabokov que la clave de la mejor narrativa contemporánea no es el interés por la trama, o la identificación con los personajes, sino la fascinación del lector por la inteligencia del que narra la historia.





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Fulgencio Argüelles
 nació en Uriés, en el concejo de Aller, Asturias, en 1955. Vivió en Madrid, donde estudió Psicología. En 1997 regresó a Asturias y se estableció en Cenera, en el concejo de Mieres, donde había pasado su infancia y juventud. Por Letanías de lluvia, su primer libro, recibió el Premio Azorín en 1992. Desde entonces ha seguido publicando novelas con éxito: Los clamores de la tierra (1996), Recuerdos de algún vivir (Premio Principado de Asturias, 2000), El palacio azul de los ingenieros belgas (Premio Café Gijón, 2003), A la sombra de los abedules (2011) y No encuentro mi cara en el espejo (2014). En 2018 apareció El otoño de la casa de los sauces
Argüelles escribe desde hace años artículos de opinión y de crítica literaria en la prensa española. También ha publicado dos libros de relatos, uno en castellano (Del color de la nada, 1998) y otro en asturiano (Seronda, 2004).

lunes, 13 de abril de 2026

LOS MISTERIOS de LA TABERNA KAMOGAWA - de Hisashi Kashiwai



Deliciosa.
Guardo este calificativo para un tipo especial de obras, aquellas llenas de encanto gracias a personajes e historias que son capaces de provocar el hechizo y la ternura que desguazan este mundo áspero. Eso es exactamente lo que hacen el antiguo policía Nagare Kamogawa y su pizpireta hija Koishi en la pequeña taberna que regentan en Kioto. Allí, aparte de las comidas habituales, ofrecen  un insólito servicio de "investigaciones gastronómicas".

Los clientes que acuden a esta agencia tan particular lo hacen buscando reproducir un plato singular que les permita evocar un momento único de su remoto pasado. Los recuerdos que aportan son vagos y por eso mismo sus intentos previos de conseguir el plato se cuentan por fracasos. De ahí que busquen ayuda para revivir aquel momento mágico. En unos casos se querrá rememorar un instante crucial de la infancia, en otros rescatar la vivencia de un amor pasado y en otros reavivar la calidez de aquel día en que el abuelo le ayudó a uno a forjar su carácter. 

La necesidad de recuperar estos sabores del pasado suele venir determinada por una acuciante situación actual en la que se sienten desorientados. De ahí que yo vea a estos dos investigadores gastronómicos como buscadores de una llave mágica que les permita abrir ese baúl olvidado donde atesoran un trance capaz de orientarlos de nuevo. "El caso es que sufrí un impacto emocional muy grande cuando estaba comiendo y tengo lagunas en la memoria acerca de lo que sucedió antes y después", se llega a expresar en la página 52.

Kioto

El esquema de los seis relatos que integran el volumen es idéntico; cada uno se divide en dos partes. En la primera el cliente se presenta en la taberna donde se le ofrece el menú para, a continuación, citarse con Koishi en la trastienda para hablar de su encargo. En la segunda parte el cliente vuelve al restaurante para comprobar el resultado de la pesquisa. La elipsis que se produce entre los dos capítulos esconde la investigación que Nagare expondrá al final de la degustación.
"Nagare, por su parte, se sentó frente a Nobuko y comenzó a hablar.
—El restaurante en el que comió aquel estofado de ternera se llama Grill Furuta. —Hablaba con voz grave, como si pretendiera hipnotizarla—. Está en una callejuela y el rótulo cuelga bajo las ramas de una falsa acacia. Entrando a la derecha hay una barra; usted y su acompañante han tomado asiento allí, en taburetes contiguos, y él le ha pedido la comida al dueño del local: «Dos estofados de ternera, por favor», y éste se ha puesto a pelar las patatas y las zanahorias. Ahora estaríamos en ese momento.
—¡¿Cómo sabe todo eso?!
—Para poder reproducir aquel estofado, tenía que reproducir toda aquella jornada.
—«Toda aquella jornada» —dijo Nobuko sorprendida.
—Fue un día de invierno de hace cincuenta y cinco años. Imagino que hacía frío, como hoy. Aquel hombre y usted quedaron en la estación de Sanjo Keihan: supongo que su intención era llevarla al santuario de Shimogamo. Aunque ahora hay línea directa a Demachiyanagi, en aquel entonces no existía, por eso deben de haber ido paseando hacia el norte por la ribera del río Kamogawa.
Nagare desplegó en la mesa un mapa del área urbana de Kioto y Nobuko se inclinó sobre él para seguir con la mirada el dedo del cocinero."
pag. 61

Ciertamente, en cada caso, no sólo se bucea en la melancolía, sino que se busca ese punto de inflexión que marcó la vida del protagonista. Este procedimiento en apariencia sencillo está lleno de sutiles detalles que ponen en valor tanto la investigación de Nagare como la elaboración del plato en cuestión. Hay que decir que el cliente no sólo accede a la reproducción minuciosa del plato, sino al desvelamiento de por qué aquel momento singular se le quedó grabado.  

La acción es sencilla y minuciosa, haciendo de cada relato una delicada miniatura llena de detalles tan nimios como cruciales. Hay que buscar el barrio, las tiendas, los ingredientes exactos con su denominación de origen e incluso el punto justo de cocción. La capacidad deductiva de Nagare es capaz de llegar hasta al cliente, muchas veces confuso y con recuerdos vagos. El protagonista se reencuentra así con su pasado, liberándolo de la melancolía. Como le ocurre al importante y agobiado señor Iwakura, que busca un sencillo sushi de caballa, pero tan particular que es incapaz de encontrarlo. Lo probó cuando era un niño de ocho años, hace más de cincuenta, y lo único que puede decir es que "lo primero que me viene a la mente cada vez que pienso en aquel sushi es la palabra `felicidad´".





La experiencia lectora es tan evocadora como la que tiene el comensal al sentarse en la mesa. Antes de servirles el plato Nagare les pide que cierren los ojos y sitúen su mente en el momento preciso de aquella degustación.
"-Pues claro -le respondió Nagare en susurros-. Me he empleado a fondo para reproducir este guiso.
Nobuko y Tae comían en silencio, pero a todas luces se veía que estaban pasando un rato de lo más agradable.
Cuando vio que iban a terminar, Nagare les dijo:
-Aunque han comido el mismo estofado de ternera, me atrevería a decir que no les ha sabido igual a las dos.
-¿Qué quiere decir?- preguntó Tae limpiándose la boca con la servilleta.
-A diferencia de usted, la señora Nobuko estuvo sentada media hora a la mesa antes de comer: ese tiempo afecta el sabor. -Le dirigió una mirada afectuosa a Nobuko-. En su caso, el estofado está aderezado con sus recuerdos.
Nobuko se ruborizó."
pág. 67





Hay un aspecto de la narración, casi imperceptible, que quiero hacer notar, pues aporta una hondura insospechada a estos sencillos relatos. Se trata del carácter ritual que impregna esta novela en todos sus estratos. Por ejemplo en su misma estructura narrativa, siempre reiterativa, puesto que cada caso comienza, se desarrolla y concluye de la misma manera. Cada cliente recorre los mismos ritos o pasos: primero ha encontrar la taberna (asunto nada fácil), donde será invitado a degustar el omakase (menú de temporada) antes de transitar por un túnel que le conducirá desde el restaurante hasta la oficina donde expondrá su caso. 

Observemos que en la fachada de la taberna “no solo no había rótulo, sino tampoco la típica cortina que suele indicar que un negocio está abierto". El mismo Nagare defiende que el cliente que está destinado a encontrarla la encontrará, como si el destino estuviese marcado. Recién entrado el comensal afrontará otro rito, el de ser invitado a degustar un omakase, un típico menú de temporada que logrará centrar sus sensaciones evocadoras en la comida. 
"Estamos en primavera, así que me he atrevido a traerle mi versión del famoso hanami bento. La tempura que ve sobre el papel kaishi es de brotes silvestres: kogomi, momijigasa, yomogi, taranome, koshiabura y shiode; le he traído sal de té matcha, pero también puede mojarlas en salsa tentsuyu. El sashimi es de besugo rojo y de pez aguja, pruébelos con salsa ponzu." pág. 164


Como se ve tanto el menú como las muy precisas  elaboraciones están impregnadas de tradiciones y pequeños rituales, a los que no son ajenos los boles en los que se sirve la comida. El conjunto de sabores, olores, texturas y colores busca una experiencia total que conjure a los sentidos, a la memoria y a las raíces de una cultura milenaria. 
     "Suyako cogió los palillos indecisa.
     —No sé ni por dónde empezar.
     —Le dejo aquí la tetera, ¿de acuerdo? Avíseme si desea más —le dijo Koishi, y se marchó a la cocina con su padre.
     Suyako empezó por el moroko. Se sintió atraída por el aire primaveral de los platillos de cerámica de Kiseto en la que estaban servidos los dos pequeños pescados y se acordó de una vez, tres años atrás, en que disfrutó muchísimo comiendo en un restaurante de cocina tradicional de Kioto con su exmarido, Denjiro Okae.
     Le vino a la mente el alborozo de Denjiro al ver el moroko, y cómo la ilustró acerca de su simbolismo como heraldo de la primavera en Kioto y su condición de especie endémica del lago Biwa, y también recordó que, en aquel momento, se había puesto a pensar en lo mucho que el carácter de la gente de la región de Kansai había permeado la personalidad de Denjiro.
     Se comió los dos moroko en un abrir y cerrar de ojos, mojándolos un poco en el aliño de vinagre y salsa de soja. Después pasó al corte de caballa en vinagre enrollado en el nabo marinado. Conocía bien el sushi de caballa (se acordó de que, en una de las tascas de cocina casera a la que solía ir cuando regresaba a la prefectura de Yamaguchi, su tierra natal, en ocasiones servían sushi de caballa de pincho del estrecho de Bungo como cierre del menú), pero sin duda era la primera vez que probaba la caballa en vinagre envuelta en un encurtido. El gusto dulzón del nabo marinado y la acidez de la caballa en vinagre se combinaron en su boca en perfecta armonía.
     La tapa de uno de los cuencos lacados mostraba unos capullos de sauce hechos con la técnica del maki-e, es decir, dibujados con polvo de oro sobre la laca. En cuanto la levantó se escapó un vapor con fragancias de hamaguri y notas de yuzu. Le dio un sorbo al caldo y dejó escapar un suspiro." pág. 108
Templo Higashi Hongan-ji, que el libro sitúa cerca de la taberna Kamogawa



Más que narrar una historia, este libro nos habla de sensaciones y recuerdos. Me gusta especialmente el segundo cuento, titulado Estofado de ternera. Es sencillamente maravilloso. Por él fluyen los recuerdos y evocaciones de seres queridos que se perdieron en el mar del tiempo. Me cautiva la delicadeza con la que Nagare afronta su misión de rescate. El último relato 一Nikujaga一 supone un giro novedoso respecto a lo anteriormente leído. El cliente, en este caso, es un tipo exitoso y arrogante que da por supuesto el fracaso de Nagare. En él se recoge la idea de que los gustos cambian con los años y también de que los recuerdos nos pueden engañar.

Esta novela es la primera de una colección que ya va por la octava entrega. La Editorial Salamandra ha publicado en España las 4 primeras. 

   







👉 Leyendo el libro he recordado el ensayo de Byung-Chul Han "La desaparición de los rituales" (2019). Allí podemos leer: 
"Los ritos son acciones simbólicas. Transmiten y representan aquellos valores y órdenes que mantienen cohesionada una comunidad. Generan una comunidad sin comunicación, mientras que lo que predomina hoy es una comunicación sin comunidad. De los rituales es constitutiva la percepción simbólica. El símbolo, palabra que viene del griego symbolon, significaba originalmente un signo de reconocimiento o una «contraseña» entre gente hospitalaria (tessera hospitalis). Uno de los huéspedes rompe una tablilla de arcilla, se queda con una mitad y entrega la otra mitad al otro en señal de hospitalidad. De este modo, el símbolo sirve para reconocerse. (...)


Al ser una forma de reconocimiento, la percepción simbólica percibe lo duradero. De este modo el mundo es liberado de su contingencia y se le otorga una permanencia. El mundo sufre hoy una fuerte carestía de lo simbólico. Los datos y las informaciones carecen de toda fuerza simbólica, y por eso no permiten ningún reconocimiento. En el vacío simbólico se pierden aquellas imágenes y metáforas generadoras de sentido y fundadoras de comunidad que dan estabilidad a la vida. Disminuye la experiencia de la duración. Y aumenta radicalmente la contingencia.
Los rituales se pueden definir como técnicas simbólicas de instalación en un hogar. Transforman el «estar en el mundo» en un «estar en casa». Hacen del mundo un lugar fiable. Son en el tiempo lo que una vivienda es en el espacio. Hacen habitable el tiempo. Es más, hacen que se pueda celebrar el tiempo igual que se festeja la instalación en una casa. Ordenan el tiempo, lo acondicionan. (...)

Al tiempo le falta hoy un armazón firme. No es una casa, sino un flujo inconsistente. Se desintegra en la mera sucesión de un presente puntual. Se precipita sin interrupción. Nada le ofrece asidero. El tiempo que se precipita sin interrupción no es habitable.
Los rituales dan estabilidad a la vida." 

lunes, 9 de marzo de 2026

EL HOMBRE que FUE JUEVES - de G. K. Chesterton


Este libro es un pastiche de cuidado donde el gran Chesterton luce sus mejores galas intelectuales y literarias. Se trata de una novela policíaca que mezcla trazos de thriller político y hasta filosófico para desembocar en una alegoría religiosa cargada de simbolismo místico-cristiano. 

Todo ello entretejido con una persecución frenética por las calles de Londres, el Canal de la Mancha y un puñado de pueblos franceses con el objetivo de detener un atentado. Lo cual no hace sino confirmar la habilidad de este periodista y polemista para vestir de aventura y entretenimiento popular cualquier debate filosófico. La obra tiene por subtítulo Una Pesadilla y sus páginas no dejan de recordárnoslo. Enfatizan constantemente una sensación de extrañeza y alucinación que va ganando enteros según avanza la novela.

La peripecia se inicia en un Londres onírico que empieza a transitar por el siglo XX. En uno de sus parques se encuentran dos poetas, Lucian Gregory y Gabriel Syme. Tras debatir en torno a su visión del arte, Gregory invita a Syme a una reunión secreta que no será más que la entrada a un verdadero laberinto. Gregory revela a su compañero que es un anarquista y Syme le corresponde confesándole que es un policía.... no sin antes comprometer cada uno su palabra de caballero para guardar silencio.
"¿Acaso no se da cuenta de que nos hemos dado mutuamente jaque mate? -exclamó Syme-. No puedo decirle a la policía que usted es un anarquista, y usted no puede decirle a los anarquistas que yo soy policía. Sólo puedo vigilarle al saber quién es; usted sólo puede vigilarme, sabiendo quién soy. En suma, se trata de un duelo solitario e intelectual, mi mente contra la suya." pág. 53
George Grosz, "Los pilares de la sociedad" -1926-


En la reunión de esa sección anarquista, Syme es nombrado su representante en el Consejo Anarquista Central, al que acudirá bajo el nombre en clave de "Jueves". El Consejo lo forman los siete días de la semana bajo la autoridad de "Domingo", quien planea un magnicidio en París que ponga el mundo a sus pies.

El combate entre policías y terroristas llena de acción y enfrentamientos toda la novela; pero no es más que el reflejo de otro combate más profundo entre ideas que no dejan de chocar y alumbrarse: el Bien contra el Mal, la anarquía contra el Estado o el relativismo moral contra la moral cristiana.
"El jefe de uno de nuestros departamentos, uno de los detectives más famosos de Europa, hace tiempo que sostiene la opinión de que una conspiración puramente intelectual amenazará muy pronto la existencia de la civilización. Tiene la certeza de que los mundos científico y artístico se han unido en secreto para emprender una cruzada contra la Familia y el Estado. Para afrontar este peligro, ha creado un cuerpo especial de policías, policías que también son filósofos." pág. 74
Una vez decidido el magnicidio la maquinaria anarquista se pone en marcha y también Syme para desactivarla. Los lances son constantes. Syme perseguirá y será perseguido en coche, a caballo y en globo; tendrá que esquivar disparos y enfrentarse en duelo... pero todo ocurre siempre bajo un aura de extrañeza. Como cuando es perseguido por un anciano medio paralítico por todo el centro de Londres, sin poder despistarlo. Cuando el viejo camina casi no se sostiene y sin embargo cuando Syme se incorpora a un ómnibus a la carrera o se esconde en una esquina tras correr por un amasijo de callejuelas, al final siempre aparece el infernal tullido, haciendo resonar su bastón en el tosco empedrado. En otra ocasión se enfrenta en duelo al anarquista que va camino de París, y aunque le clava la espada en el torso y en el cuello ¡de allí no mana sangre alguna, ni frena al dinamitero!





Esta aventura vibrante y enigmática tiene todos los ingredientes del misterio y la fantasía. A Syme lo recluta un superior ignoto que lo interroga en una habitación a oscuras, y cuando reconoce no poseer experiencia alguna, el jefe le responde: "Nadie tiene experiencia en la batalla del Armagedón". Ya desde el primer y nocturno encuentro el autor nos introduce en un Londres fantasmagórico de tabernas y callejuelas. La discusión de Syme y Gregory sobre la poesía aborda el propósito de todo arte. Chesterton utiliza este debate para presentar las oposiciones binarias que sostienen la arquitectura del libro: orden versus caos, creación versus destrucción, fe versus escepticismo y significado versus sinsentido.
"Gregory prosiguió con buen humor en su elevado tono retórico:
—Un artista es idéntico a un anarquista -exclamó-. Puede transponer los términos como usted quiera. Un anarquista es un artista. El hombre que arroja una bomba es un artista, ya que prefiere un gran momento a todo lo demás. Comprende que es mucho más valioso un estallido de luz cegadora, el estruendo de un trueno perfecto que los vulgares cuerpos de unos cuantos policías informes. Un artista hace caso omiso de todos los gobiernos, suprime todas las convenciones. El poeta sólo encuentra placer en el caos. Si no fuera así, la cosa más poética del mundo sería el ferrocarril suburbano. (...)
—¡Es usted el que carece de espíritu poético! —replicó el poeta Syme—. (...)  ¿Acaso no es épico cuando una persona alcanza una estación distante gracias a una máquinas azarosa? El caos es tedioso, y precisamente porque en el caos el tren puede ir a cualquier parte, ya sea a Baker Street o a Bagdad. Pero el hombre es un mago, y toda su magia consiste en eso, en que él dice Victoria y, ¡mira!, es Victoria. No, quédese con sus libros de prosa y poesía y déjeme leer un horario de trenes con lágrimas de orgullo. Llévese a su Byron, que conmemora las derrotas del hombre, y tráigame el Bradshaw, que conmemora sus victorias."
pág. 28
Hay una constante tensión o juego entre apariencia y realidad. El paradojista Chesterton compone una novela que es una persecución frenética entre anarquistas y policías y a la vez una peregrinación al empíreo. Me llama la atención que se describa minuciosamente el paisaje, los rostros y ropajes cuando la acción deriva rápidamente hacia lo irreal. Esto se acrecienta más según nos acercamos al final, como cuando todos los que han venido ayudando a Syme en su persecución acaban volviéndose contra él, persiguiéndolo y cercándolo. Y por supuesto en el fantástico final, cuando los seis detectives filósofos son invitados a una mansión donde se prepara una especie de mascarada para la que les han preparado unas túnicas. Al colocarse la suya Syme reconoce que "esos disfraces no disfrazaban, revelaban."
 


Pero precisamente lo que no se puede revelar en una reseña es el desenlace y mucho menos uno tan radical y alegórico como este. La novela tiene el trazo policíaco, la velocidad de la aventura y el misterio de la intriga, pero sus episodios también son poderosamente simbólicos. Sólo referiré dos. Cuando Syme y sus compañeros se ven acosados por un horda anarquista buscan la ayuda del doctor Renard que, en el último momento, descuelga un farol de su vestíbulo que les iluminará el camino como hace la fe: "Había cierta alegoría en el contraste que se producía entre el moderno automóvil y su extraño y eclesiástico farol". En otro momento muy apurado un compañero de Syme se declarada sin embargo esperanzado. 
—Por extraño que parezca aún tengo una esperanza. Hay una esperanza demencial que no me puedo quitar de la cabeza. El poder de todo el planeta se ha puesto contra nosotros, pero aún me pregunto si esta pequeña esperanza estúpida tiene sentido.
—¿En quién reside esa esperanza? —preguntó Syme con curiosidad.
—En un hombre al que nunca he visto —dijo el otro, contemplando el mar plomizo.
—Sé a quién te refieres —dijo Syme en voz baja—, al hombre de la habitación oscura."
Baste recordar que Chesterton fue un filósofo y también un apologista cristiano. El anarquismo que cobraba fuerza en su época, le hacía imaginar un caos que le horrorizaba. Del mismo modo su espíritu religioso sentía vértigo ante el mundo sin Dios al que conducía el relativismo moral que se extendía por las sociedades occidentales. En su novela se corre, lucha y pelea con la jovialidad de una historia policíaca pero, también, bajo la sombra de un Leviatán.  
George Grosz, "Camino peligroso" (detalle) - 1918-

Conocido como el rey de la paradoja, Chesterton, en esta novela, elige defender al estado y la fe cristiana vestido con la chaqueta de un anarquista. En su búsqueda del contraste narra su defensa de la seguridad pública desde el motín, y de la fe cristiana desde el descreimiento. Así se puede apreciar en los argumentos con los que un policía intenta atraer a Syme hacia el servicio de los policías filósofos.
"Recordamos a los príncipes del Renacimiento. Nosotros decimos que el criminal peligroso es el criminal educado. Decimos que el criminal más peligroso de todos ahora es el filósofo moderno que no conoce ninguna ley. Comparados con él, los ladrones y los bígamos son hombres esencialmente morales; en el fondo de mi corazón los comprendo. Ellos aceptan el ideal esencial del hombre, lo único que ocurre es que lo buscan erróneamente. Los ladrones respetan la propiedad. La mayoría de ellos desean que una propiedad sea de su propiedad para respetarla como tal con mayor perfección. no obstante, los filósofos rechazan la propiedad en sí misma, desean destruir la idea de la posesión personal. los bígamos respetan el matrimonio, si no no cumplirían con el elevado ceremonial e incluso con la formalidad ritual que exige la bigamia. Los asesinos respetan la vida humana, la mayoría pretende obtener una mayor sensación de vida con el sacrificio de las vidas que a ellos les parecen menos valiosas. Pero los filósofos odian la vida en si misma, tanto la suya propia como la de los demás." pág. 75
En un Prólogo que Alfonso Reyes escribió para esta obra defendía que, al contrario de lo comúnmente aceptado, Chesterton "no es un paradojista. Bajo el aire de la paradoja, hace que los estragados lectores del siglo xx acepten, a lo mejor, un precepto del Código o una enseñanza del Catecismo. El contraste, el sistema de sorpresas, que es, como dije, su procedimiento mental, es también su procedimiento verbal. Posee una lengua ingeniosa, pintoresca, llena de retruécanos a su manera: sube, baja, salta, riza el rizo encaramado peligrosamente en una palabra, y a la postre resulta que ha estado defendiendo alguna noción eterna y humilde: la Fe, la Esperanza, la Caridad. En la boca de "Syme", personaje de esta novela, pone una sentencia que explica muy bien su situación. La paradoja, dice Syme, tiene la ventaja de hacernos recordar alguna verdad olvidada."

Quiero terminar con otro párrafo de ese Prólogo de Alfonso Reyes respecto al valor perdurable de Chesterton:
"En todo caso, cuando todos los valores dogmáticos de la obra de Chesterton hayan sido discutidos —su ortodoxia, que acaba por admitir todas las heterodoxias cristianas en su seno; su antisocialismo especial, su democracia caprichosa, su política díscola, sus teorías históricas y críticas— Chesterton, el literato, quedará ileso. Sus libros seguirán siendo bellos libros, su vigorosa elocuencia seguirá cautivando"





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G. K. CHESTERTON (1874-1936) nació y vivió en Londres. Escribió incansablemente durante toda su vida llegando a publicar alrededor de cien libros. Sus obras más reconocidas aparte de la presente son El Napoleón de Notting Hill (1904) y La esfera y la cruz (1910) en el ámbito de la novela; Herejes (1905) y Ortodoxia (1908) en el del ensayo y Charles Dickens (1909) y William Blake (1910) en el del estudio biográfico. Aunque sin duda su producción más popular son las aproximadamente 50 historias que protagoniza el sacerdote detective Padre Brown.

En 1901 se casó con Francis Blogg, quien tuvo una gran influencia en su religiosidad posterior. Comenzó a escribir una columna semanal en un periódico al año siguiente, y continuó por el resto de su vida. Durante las siguientes tres décadas, Chesterton fue un pilar furiosamente polemista, pero muy respetado, de los círculos literarios británicos.