Yo dejé de ir al cine a ver Spider-man cuando no se había acabado la segunda trilogía. Qué hartazgo. Qué manera de masticar un chicle que hace años que perdió el sabor y que sólo te puede provocar una lesión maxilofacial. Lo mismo me pasó con el universo Marvel y el de Star Wars. El primero lo abandoné cuando Tanos eliminó a la mitad de la población mundial. Creo que se quedó corto y tenía que haber incluido a algún ejecutivo de la productora. Del segundo ni tan siquiera acabé de ver la tercera trilogía. Fui a ver Rogue One pensando que allí había un camino nuevo y original, pero tampoco. No he visto ninguna de sus series. Lo intenté con Andor, ya que el fandom la ponía por las nubes, y la abandoné después del tercer episodio. De Avatar 2 salí somnoliento y no pienso regresar a Pandora. Qué cansino es todo. Cuánto refrito. Qué falta de ideas y de originalidad.
Pero de pronto llegó ´Spider-Man: un nuevo universo´ y todo cambió. Por fin saltó la chispa. Allí sí que había talento y fuego creador. En vez de repetición había juego combinatorio, hallazgos y mucha ironía. La historia jugaba a darle la vuelta al calcetín (o a las mallas) varias veces hasta entregar un producto trepidante y gozoso a más no poder. De ese ejercicio de libertad creativa proviene la audacia de este ´Spider-noir´ que imagina al hombre-araña adulto y fondón, renegado de sus poderes voladores para arrastrarse como un decaído detective privado de los años cuarenta, al estilo Humphrey Bogart. Ni tan siquiera le falta su sombrero fedora.
El disparo da de lleno en la diana, máxime cuando el fondo y la forma encajan perfectamente en el formato del cine negro clásico. La serie está repleta de sombras, gánsteres, mujeres fatales y humo de cigarrillos, además de un supervillano que controla la ciudad. Aquí ya no nos encontramos al jovenzuelo Peter Parker con sus neuras y dilemas, ni tan siquiera al Peter Parker de los cómics alternativos de Marvel, "Spider-Man Noir". De hecho la serie comienza con el típico vuelo de La Araña por las calle de Nueva York mientras su voz en off nos informa: “Alguien me preguntó una vez qué universo era éste. Una pregunta extraña que años después aún me ronda la cabeza. Mi respuesta fue que era el único que conocía. Y eso es tan cierto entonces como lo es hoy". Así se nos introduce en el universo del detective Ben Reilly, interpretado magníficamente por Nicolas Cage, un tipo ya entrado en años y deprimido que ha renegado de su personaje heroico -La Araña- debido a la muerte de su mujer. Sólo de vez en cuando, si la situación es límite, saca sus habilidades a pasear. "Ruby me dijo una vez que un gran poder conlleva una gran responsabilidad, ella fue la mayor responsabilidad que nunca tuve y le fallé. La Araña le falló."
Como si fuese un Sam Spade o un Philip Marlowe en plena Depresión, Reilly malvive en una ciudad corrupta, tiene un despacho destartalado y una secretaria a la que no paga desde hace meses por falta de fondos; pero un día le contrata un tipo para que siga a su mujer, un asunto que enredará al detective en una trama de corrupción de altos vuelos. Un clásico.
En el centro de la intriga se encuentra el gánster Cabello de Plata (Brendan Gleeson), que se ha apoderado de la ciudad ante la ausencia de La Araña. Tiene al alcalde y a la policía en el bolsillo; pero alguien ha incendiado su mansión, ¿Quién se habrá atrevido? A su vez la mujer a la que ha vigilado Reilly resulta ser Cat Hardy (Li Jun Li), cantante y dueña de un club, protegida de Cabello de Plata y, sobre todo, una mujer turbia que juega con varias barajas. Está compinchada con el guardaespaldas que le ha puesto Cabello de Plata, un tipo malencarado que en un momento de crisis parece ¡convertirse en arena!
Sí, hay muchos guiños al universo estándar de Spiderman. No sólo está Flint Marko (Jack Houston) como el hombre de arena, él nos conducirá hasta sus amigos secretos, Tombstone y Megawatt, otros dos antihéroes con poderes a los que Cabello de Plata quiere controlar para su propio beneficio. El primero tiene la piel tan dura como el diamante; mientras que el segundo controla y genera electricidad con su cuerpo. Comparten con Reilly un pasado ya que él fue quien los liberó como prisioneros en la Gran Guerra, cuando estaban siendo sometidos a experimentos genéticos. Una característica original de este planteamiento es que, a pesar de enfrentarse a La Araña, estos tipos no son unos "villanos" al uso, arrastran sus propios conflictos y están tratados con humanidad y realismo.
Además Reilly cuenta con un único amigo, el periodista Robbie Robertson (Lamorne Morris) que parece conocer su identidad secreta y ¡está intentando que le contraten en el Daily Buggle!. Pero Robbie es algo más que el periodista que da cuenta de las andanzas de La Araña. Es como el "tío Ben" del joven Spiderman, la voz de la conciencia que le recuerda su deber para con las personas que lo necesitan.
El guionista Oren Uziel es el responsable de este cóctel explosivo que combina con destreza lo mejor del cine negro y las películas de superhéroes. Viendo a Reilly podemos rememorar ´El sueño eterno´ (1946), mientras que Cabello de Plata nos lleva hasta el ´Little Caesar´de ´Hampa dorada´ (1931) y Cat Hardy a la insigne ´Perdición´ (1944). Para rematar la función la serie se presenta con dos posibilidades de visualización: en inmaculado Blanco y Negro o en color. Tú eliges. Pero que sepas que las dos están muy curradas. En ambas versiones la ambientación de época luce genial tanto si se trata de callejones mugrientos con paredes de ladrillo, o de calles iluminadas por neón o interiores con agudos contrastes y juegos de luz. El Blanco y Negro es consustancial a la historia; pero el color no le va a la zaga, con sus colores supersaturados quiere ser un cómic en movimiento. Así lo reconoce el propio Uziel.
"Nos pareció una gran oportunidad, considerando que estábamos fusionando estos dos géneros: el cómic y el cine negro. Si eres aficionado a los cómics, podrás ver la serie en blanco y negro, algo que quizás no hayas visto antes, con un estilo que podría descubrirte cien películas que desconocías. Y viceversa. Si piensas: ‘Esta serie no es solo para aficionados a los cómics’ , entonces si eres fan del cine negro y de Bogart, al verla en color, la verás con una paleta de colores vibrantes, saturada y llamativa que podría abrirte a muchas cosas del mundo del cómic que quizás habías estado ignorando.
Hace muchísimas películas que, para mí, Cage se había convertido en un histrión, pero aquí el tío lo borda. Quizás porque es un grandísimo aficionado a los cómics y estaba esperando su oportunidad para integrarse en este tipo de universos. En cada momento su registro es el adecuado, tanto si toca drama o violencia como soltar esas frases lapidarias que acompañan siempre al buen cine negro.






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