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domingo, 19 de octubre de 2025

MAUDIE - de Aislin Walsh




En esta época de imposturas y violencia anoche me apareció en el menú de una plataforma digital esta película. No dudé en sumergirme de nuevo en esta historia llena de autenticidad. Maudie es una película canadiense-irlandesa de 2016 que retrata la vida de Maud Lewis, una pintora canadiense con artritis que se hizo famosa por sus pinturas naif, dueñas de una expresividad muy personal. El inquebrantable espíritu de Maud merecía una película así de franca y conmovedora.

Maud (Sally Hawkins) es una joven dulce y frágil que depende de su tía y de su hermano, aunque no la soportan. La tratan como si fuese una impedida por lo que ella se siente secuestrada. Maud quiere tener una vida autónoma y plena a pesar de ser una tullida atacada por una artritis reumatoide que retuerce sus manos y su cuerpo, dificultando su movilidad. Eso sí, tiene un carácter indomable que le hace huir de las humillaciones familiares aceptando el primer trabajo que se le pone a tiro: será la criada de Everett Lewis (Ethan Hawke), un huraño pescador que vive en una cabaña miserable.



La relación con Everett es de lo más disfuncional. Él es un tipo tosco que trata con desprecio a Maud: "Estoy yo, luego los perros, luego las gallinas y después tú", le advierte. El mundo parece no contar con Maudie, pero ella se basta y sobra. Le costará unas cuantas semanas convencerle de que puede hacer las tareas de la casa y prepararle la comida a pesar de su discapacidad; aunque finalmente logrará establecer con él una relación de respeto que evolucionará a más.

Sally Hawkins aporta una interpretación sumamente delicada y profunda, capaz de expresar fragilidad a la vez que tenacidad para conseguir ser feliz. Ethan Hawke no le va a la zaga. Logra componer un personaje muy complejo, burdo y grosero, en ocasiones abusivo; pero que acabará admirando el valor de Maudie convirtiéndose en su fiel compañero. Está claro que su zafia actitud proviene de unas duras condiciones de vida y de su nula educación tras su paso por el orfanato local. Maudie logrará sacar lo mejor de él. El rechazo y la incomprensión que sufren ambos acabará uniéndolos definitivamente. 

La película en ningún momento cae en lo melodramático. La cámara permanece neutra y simplemente deja que dos actores inspirados nos convenzan de la enorme humanidad que son capaces de albergar un cuerpo  atrofiado o una mente zafia. La directora Aisling Walsh mantiene un honesto equilibrio para mostrar la miseria en la que vive el matrimonio o los momentos de violencia doméstica y felicidad sin que esto desvíe el foco colocado sobre el espíritu de esta pintora indomable.  

Maudie no esquiva el trabajo duro, pero siempre encuentra un hueco para pintar. Según reconoce con un pincel en las manos es capaz de lograr la plenitud. Le maravilla el mundo, la vida y la naturaleza que reproduce con una inocencia avasalladora. "Toda la vida ya está enmarcada y está ahí fuera", le dice a una neoyorkina recién instalada en aquellos apartados parajes de Nueva Escocia donde ella vive. Sus cuadros denotan la mirada más inocente y pura que pueda imaginarse.


Maud Lewis está considera una pionera del Arte Naïf en pintura. Sus cuadros aparentemente simplistas, con colores muy vivos y planos son muy característicos. No importa que en uno haya un árbol con hojas de otoño a la vez que otro primaveral o que haya un buey con tres patas. Viendo la película recordé las palabras de Picasso cuando decía que llevaba toda la vida intentando volver a pintar con la inocencia de un niño. 






domingo, 9 de marzo de 2025

THE ORDER: La Hermandad Silenciosa - de Justin Kurzel


Esta película se basa en el libro de no ficción "La Hermandad Silenciosa" de Kevin Glynn y Gary Gerhardt y retrata hechos verídicos sucedidos entre 1983 y 1984 en una región de Ohio, cuando el extremista estadounidense Bob Mathews (interpretado aquí por Nicolas Hoult) creó una organización terrorista para la supremacía blanca -La Orden- con el objetivo de derrocar al Gobierno Federal y provocar una guerra racial que culminase con el exterminio de los no blancos y los judíos. Para empezar, esta grupo cometió numerosos robos para financiar su lucha y asesinó a tres personas.

Estrenada en estos tiempos oscuros que vivimos la película tiene una lectura muy actual y llega a espeluznar. Bob Mathews es un tipo amable y carismático que encarna el caldo de cultivo presente en muchas comunidades rurales estadounidenses, una tierra prometida para el supremacismo y el nacionalismo cristiano. "Estamos en plena guerra" dice Mathews en la iglesia de su congregación, harto de la palabrería que su predicador del odio, el reverendo Richard Butler, suelta desde el púlpito. Su intención es forjar una milicia que pase a la acción aunque muera en el intento. Porque él lo tiene claro: "Una cosa que nunca muere es la fama de las hazañas de un muerto".

Sus robos a bancos, atracos a furgones blindados y atentados con bomba pronto llaman la atención de un agente del FBI experto en mafias y Ku Klux Klan, el agente Terry Husk (Jude Law). Sospecha que detrás de todo esto algo grande se está fraguando. 






La película es un thriller muy efectivo aunque no llega a brillar con todo el esplendor que destila, por ejemplo, el clásico Arde Mississippi (Alan Parker, 1988). Aún así las potentes interpretaciones de sus dos protagonistas logran elevar su perfil y convertirla en un inquietante cuento cuya moraleja se derrama sobre nuestra actualidad. En una arenga Mathews llega a decir: “En 10 años tendremos miembros en el Congreso y el Senado. Así se hacen los cambios, pero lleva tiempo”.
¡Ostras! No se equivocaba.

Estamos en 2025 y los supremacistas, xenófobos, racistas y negacionistas seguidores del Emperador Pollo tienen mayoría en el Congreso y en el Senado. En 1984 el agente Terry Husk logró desmantelar la banda... pero hoy en día sería despedido por el presidente delincuente Trump que, además, excarcelaría a los terroristas como ya ha hecho con los que asaltaron el Capitolio el 6 de enero de 2021. 
Los que hace poco eran minorías clandestinas, hoy dictan leyes y decretos.
La vida al revés.

Me llama la atención el hecho de que estos grupos extremistas racistas tengan su propia biblia, 'Los diarios de Turner', de William Luther Pierce; libro que aparece en la cabecera de toda casa respetable de la congregación del reverendo Butler. De hecho este libro ha sido vinculado a eventos reales como el atentado de Oklahoma City, que ocasionó 168 muertos el 19 de abril de 1995, y otros ataques de la extrema derecha. Recordemos que el saludo nazi y la bandera con la esvástica están avalados por la Corte Suprema en EEUU desde 1978, cuando un grupo neonazi quiso organizar una marcha por Skokie, un barrio de Chicago habitado en su mayoría por supervivientes del Holocausto. La sentencia considera constitucionales esas acciones en base a la libertad de expresión consagrada en la Primera Enmienda; lo cual abrió las calles norteamericanas a todo tipo de grupos neonazis.



"Los diarios de Turner" son en realidad una novela de anticipación que describe cómo un grupo supremacista logra derrocar al gobierno de EEUU que según ellos está controlado por negros y judíos. Esos diarios registran detalladamente las etapas de lucha que se sucedieron durante años hasta la culminación de la Revolución aria. De ahí que esas etapas sean comentadas y memorizadas por todo buen supremacista, tal como ilustra la película. 

Bob Mathews por supuesto sigue a rajatabla el plan de seis pasos delineados en la novela anhelando llegar al último, "El Día de la Soga", cuando se ahorcará a todos los traidores a la raza blanca; cuestión que se confirma en la película con el asesinato de Alan Berg (Marc Maron), un locutor de radio judío que se enfrentaba desde las ondas a los extremistas. Esta expectativa de justiciero supremacista me trajo a la memoria al siniestro personaje que Jesse Plemons interpreta en la reciente Civil War (Alex Garland) cuando, pertrechado con un fusil y unas gafas de sol de plástico rojo, pregunta a un grupo de detenidos "¿qué clase de estadounidense eres?"; convirtiéndose en juez y verdugo en cuanto a la pureza de raza.


El personaje de Mathews está sutilmente perfilado. Es un tipo común e insidiosamente espeluznante. Amante de la naturaleza y padre de familia que educa con amor a su hijo de cinco años... incluso enseñándole a disparar armas reales. En las escenas familiares cotidianas, en reuniones con vecinos y en las barbacoas de fin de semana es donde se revela lo aterrador de esta mentalidad enfermiza. La gama cromática de su moralidad va desde entrañable padre a intransigente, pasando por racista hasta llegar a supremacista blanco cristiano. Toda una gama obsesivo-extremista de sentimientos irracionales de superioridad sobre otras personas sea por motivos de raza, color de piel o religión. 

En cambio el personaje del agente Husk lamentablemente resulta plano y no llega a desarrollar aspectos que se sugieren. Se nos deja entrever que está divorciado y entregado a su trabajo. Porta la cicatriz de una operación de corazón pero eso no le impide acelerar y meterse en la boca del lobo cuando surge la ocasión. Llega a mencionar un caso anterior en el que una informante fue asesinada brutalmente, como señalando a sus compañeros, la agente Carney (Jurnee Smollett) y el policía local Jamie Bowen (Ty Sheridan), que sus decisiones suelen ser viscerales y van acompañadas de tragedia.

Última y perturbadora reflexión: 
* Hace 85 años los nazis alemanes aterrorizaron al mundo y exterminaron a más de 6 millones de judíos.
* Hoy, en 2025, aquella Norteamérica que resultó crucial para derrotar el III Reich está cavando con ahínco un foso aislacionista mientras los grupos supremacistas y neonazis pasean la esvástica por sus calles. 
* También hoy y desde 2023 cuando Hamás llevó a cabo sus viles atentados terroristas el 7 de octubre, el estado de Israel está empeñado en llevar a cabo un segundo holocausto; pero no como víctima, sino como victimario: acometiendo el genocidio del pueblo palestino por el más ruin de los motivos, expulsarlos de sus tierras para apropiarse de ellas.  









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Justin Kurzel es un cineasta australiano que se presentó con Los asesinos de Snowtown (2011), el espeluznante retrato de un asesino en serie de Australia y posteriormente dirigió entre otras, una sombría y brutal adaptación de Macbeth (2015) y La verdadera historia de la banda de Kelly (2019), un sugerente y violento western con un envidiable concepto visual.

jueves, 14 de noviembre de 2013

CAFÉ de FLORE - de Jean-Marc Vallée


Amor pleno y sincero.-
En 2003 el director escuchó una versión chill-out de Café de Flore y según reconoce él mismo, "pensé enseguida que allí había una película. Imaginé a una madre bailando con un niño discapacitado. Sé lo duro que es y creo que esos niños son el símbolo del amor puro".
 Y eso es la película, historias de amor puro que la vida, cambiante como es, destroza y recompone sin cesar. Algún momento cae en el cliché del poder del amor, las almas gemelas o el dolor de la pérdida. Pero el autor lo trasciende con una arquitectura de imágenes muy personal y poética. No en vano el relato tiende a la espiritualidad sin caer en la ñoñería.  

La película tiene dos ejes. Uno es la historia de Antoine, un DJ que se replantea la felicidad que ha alcanzado en su vida. El otro es Jaqueline (Vanessa Paradis), una madre coraje muy unida a su hijo con síndrome de Down, cuyo empuje intenta ofrecerle una vida plena.

Ambas historias se quebrarán, la del DJ porque encuentra el fulgor de un nuevo amor; la de la madre porque su hijo quiere escaparse con una niña que es su alma gemela.
Esta es la contradicción que nos mantiene en vilo. Las dos son historias de un amor entregado y sincero que, a pesar de ello, son sustituidas por otras nuevas no menos nobles.


La película presenta sus cartas rápidamente a través de una voz en off: «Esta es la historia de un hombre que lo tiene todo para ser feliz y que además tiene lucidez para ser consciente de ello». "....Y esta es la historia de un niño que no tiene nada para ser feliz y que no tiene lucidez para ser consciente de ello...afortunadamente tiene a Jaqueline".


Hélène Florent
Todo ello compone una especie de puzzle donde la vida de Antoine y sus hijas en el Montreal de 2011 y la de Jaqueline y su hijo en París 1969, se entrelaza y vincula con la de Carole, primera mujer de Antoine y madre de sus hijas; que intenta sobrevivir a la pérdida del amor a través de sueños, visiones y atisbos de reencarnaciones.

Ella será el nexo entre las piezas más allá de ese aeropuerto, lleno de jóvenes con síndrome de Down que cruza Antoine, y de los planos de un avión cruzando el cielo y el tiempo entre Montreal y París. Carole (Hélène Florent), que busca el consuelo en los sueños, acabará soñando a Jaqueline y su hijo, la cual por no perderlo provocará la muerte de ambos. Esto le ayudará a comprender y perdonar. 

La metáfora de la renuncia completa el círculo del amor puro y leal cuya banda sonora es ese Café de Flore que suena conectando lo mejores recuerdos. Incluso la hija de Antoine utiliza su repetición machacona para castigar a su padre.

Me gusta enormemente la sintaxis tan personal de Vallée, donde se ensamblan armoniosamente planos de distintas épocas por un lado, con planos de realidad y premoniciones por otro. 

También quiero destacar las secuencias de absoluta intimidad entre amantes.Su pausa me recuerda la hipnótica mirada de Medem sobre el amor más allá del tiempo y el espacio, en la maravillosa Los amantes del círculo polar.

La música de Sigur Rós y Pink Floyd  completa una película inspiradora que apunta, a través de un montaje artificioso, a la más genuina sinceridad.

sábado, 9 de febrero de 2013

MAMÁ - de Andrés Muschietti









Gran película de terror que sin presentar nada nuevo sabe aprovechar muy bien sus bazas para producirnos un puñado de sustos y algún escalofrío. El diseño de las escenas es muy elegante y medido. La película se eleva a través de pequeños movimientos de cámara y pequeños gestos (la niña siempre se quita las gafas cuando intuye a Mamá) que alumbran la inquietud, mientras atenaza tu atención con una ambientación muy opresiva. 

Comienza con unos formidables títulos de crédito realizados sobre dibujos infantiles en las paredes y un "Érase una vez..." que nos traslada a un aterrador cuento de hadas. Dos niñas son encontradas abandonadas en una cabaña del bosque. Han permanecido solas cinco años y nadie sabe cómo han podido sobrevivir. Presentan un estado lamentable, prácticamente semisalvaje. Cuando su tío Lucas (Nicholaj Coster-Waldau) las acoge, no sospecha que la presencia protectora que las amparó las sigue en su nueva vida. 

El juego morboso de una madre que abre los brazos para abrazarte y en cambio te provoca terror es la base de un guión realmente original. Las otras bazas fuertes de la película son una atmósfera muy conseguida  y una potencia visual impropia de un debutante. Esto a pesar de algunas escenas tan típicas como la del monstruo debajo de la cama o en el rincón del armario con susto a golpe de sonido. 

Después de una potente introducción, la narración evoluciona con destreza. El germen de la cinta fue un corto de sólo tres minutos que el director presentó en el Festival de Sitges. Guillermo del Toro quedó prendado y se ofreció a producirle un largo. En una entrevista el propio Muschietti reconocía la dificultad de este paso, ya que en el corto todo son sugerencias, sin explicaciones ni conclusión. "La mayor dificultad es tener que dar respuesta a las situaciones planteadas", decía. Después de verla, podemos decir que, junto a su hermana Bárbara y a Neil Cross (creador de la estupenda serie de la BBC, Luther),  lo ha conseguido. 


La cinta sabe ser a la vez sutil, terrorífica y hasta poética. Los espectaculares paisajes canadienses aportan ese bosque remoto y oscuro, los flashbacks que explican el origen del mal, cortos e intensos, tienen una textura ferruginosa que les dota de una enorme plasticidad.

La película profundiza con sensibilidad en el drama de estas dos niñas atormentadas. En sus imágenes se produce ese vínculo tan extraño que se da a veces entre el terror y la belleza. 
No en vano el director tenía pensado que Mamá apareciese únicamente en el desenlace,  pero actuando a lo largo de la segunda mitad del film se acentúa el componente dramático. De este modo podemos ver escenas donde juega con las niñas y otras mucho más terroríficas.

El mejor resumen de las calidades de la película lo redacta Beatriz Martínez en Sensacine:
"El director demuestra sus dotes de gran fabulador, y también su elegancia tras la cámara. El espacio físico vuelve a ser retratado con minuciosidad y gusto por el detalle, al mismo tiempo que destaca la capacidad del autor para trabajar la puesta en escena, las elipsis visuales y el fuera de campo para ir creando tensión y sugestión."

He de subrayar el trabajo de Jessica Chastain, sobre quien cae el peso de la función. En poco más de dos años se ha instalado en nuestra retina con un puñado de películas extraordinarias que demuestran su versatilidad. En 2011 La Deuda, El Arbol de la vida, Coriolanus, Criadas y señoras (The help) o Take Shelter y en 2012 la menos interesante Sin LeyZero Dark Thirty, por la que seguramente se llevará el Oscar. 

Aquí el cortometraje original presentado por Guillermo del Toro. En un solo plano secuencia -perfectamente integrado posteriormente en la película- Muschietti fue capaz de producir una descarga escalofriante.


P.D. La Mamá está interpretada por Javier Botet, actor que padece el síndrome de Marfan, articulaciones extremadamente largas. Su currículum y fotografías merecería un post pues incluye la saga Rec y QuarantineLas Brujas de Zarramundi, que es la próxima de Alex de la Iglesia o Su majestad Minor de Jean Jacques Annaud. Pero para eso podemos visitar su blog.

viernes, 24 de febrero de 2012

INCENDIES - de Denis Villeneuve








La mujer que canta.-



Basada en una obra de teatro de Wajdi Mouawad, la película es un drama con forma de investigación de un misterio. Dos hijos gemelos, distanciados de su madre, al morir ésta, reciben dos cartas que han de entregar: una a su padre, otra a su hermano desaparecido en Líbano, antes de nacer ellos, antes de que ella se trasladara a Canadá. 

La película comienza hipnótica preparando a un niños para la guerra mientras suena Radiohead.
"La infancia es un cuchillo clavado en la garganta" reza en su frontispicio.  Todo el devenir viene condicionado por el pasado; así que la hija inicia una peregrinación hacia el pasado, desde Canadá a Oriente Medio, buscando las huellas de su madre.

La estructura de la película está basada en un paralelismo; el que se da entre la vida de la madre que buscando a su hijo recorre el infierno hasta llegar al presente viva de milagro; y la investigación de los hijos que buscando las huellas de su madre hacen el mismo recorrido hacia el pasado. Ambos caminos confluyen en los mismos paisajes, encuentran las mismas personas, los mismos odios y terminan topando el mismo horror.

La investigación sobre el terreno y los flashback que se van alternando  nos hacen descender por una espiral hacia un pasado inhóspito y terrible. 


Ausentes los acentos políticos; las aldeas, religiones y guerras se retratan desnudas en su absurdo como máquinas de triturar vidas. La madre es cristiana, pero eso no le impide ser testigo de crímenes por parte de todos los bandos. Ella misma acaba siendo presa política de su misma facción. Al horror de su tortura contrapone notas musicales. Ni entiende ni comparte las atrocidades. Se convierte en una pequeña leyenda, "la mujer que canta".

La investigación que sigue la hija para llegar al origen de todo no esconde la cara ante nada: afronta a cara descubierta el horror, la intolerancia, el espanto de un destino que se revuelve como una serpiente.
Como público conocemos los acontecimientos del pasado de la madre antes de que sean revelados en la investiavión de los hijos. Nuestra empatía con ellos así es total.

Al final, la madre, "la mujer que canta" ha dejado dos cartas que son como un testamento de humanidad. Es como si dijese "al salir del infierno quiero ser generosa. Ante el odio elijo el amor." Prepárate. Te dejará el corazón encogido.
Una película valiente, veraz, con una estructura muy potente y una climax sin concesiones. Maravillosa.

domingo, 10 de octubre de 2010

LEOLO - de Jean Claude Lauzon








"Porque sueño yo no estoy loco",

escribe y repite el niño Leo que quiere que le llamen Leolo porque se siente italiano. Y se siente italiano porque Italia es muy bella y no puede ser sólo para los italianos y además tiene una vecina preciosa siciliana de la que está perdidamente enamorado.

Pero ¿puede el espíritu enseñorearse de una realidad mostrenca? Leolo lo intenta constantemente en medio de un suburbio miserable de los años 50, en medio de una familia centrada en cagar sin falta todos los días (¡su rito diario es hacer fila todos los miembros para tomar una pastilla de laxante!) y cuyos miembros van cayendo uno a uno pasto de la demencia.




Leolo sueña, escribe, lee. Hasta cuando su abuelo intenta ahogarle bajo el agua, Leolo se evade imaginando que busca un tesoro en el fondo marino. Leolo sólo tiene que abrir la puerta de su armario ropero y una luz intensísima convierte ese vano en una ventana al paisaje, a los pueblos y a las ruinas sicilianas.

La película tiene un tono rompedor, los personajes son escatológicos, la música está teñida de un extraño contrapunto (música tibetana, española, italiana,etc) y los textos que escribe y la voz en off que los lee intentan poner un poco de armonía en la cacofonía vital que lo rodea. El brillo de la infancia y su expectativa asediado por la mugre.

Un rayo de esperanza serpentea toda la película por entre toda esa sucia fauna: un rescatador de poemas que va recogiendo de la calle y de la basura todas las hojas manuscritas por Leolo....pero la losa pétrea de la inmundicia, el asco y el horror pende sobre el niño. Su abuelo compra favores sexuales de su amada siciliana, su hermano que sublima su cobardía de infancia convirtiéndose en redomado culturista acaba siendo vapuleado por el mismo alfeñique de hace años. Parece decirnos que el miedo está en nosotros, que somos lo que somos y que el pabellón psiquiátrico tiene una bañera de agua helada esperando a Leolo. Huyamos.

Mágica. Poética.