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domingo, 22 de noviembre de 2020

CUENTOS CARNÍVOROS - de Bernard Quiriny



La literatura de Quiriny transita por una dimensión propia, estrafalaria y perturbadora, donde habita lo fantástico, el humor negro y lo absurdo. Sus páginas son ligeras y asombrosas porque vuelan encaramadas a una grácil imaginación que nos trasladan de un mundo a otro con ironía y erudición. 

Borges, De Quincey y Bierce son los compañeros de viaje más reconocibles en estas 14 historias que igual nos presentan a personajes excéntricos que incluyen elementos perturbadoramente fantásticos en entornos realistas o se hacen eco de una tan profunda como ficticia erudición. Ésta última es una de las características borgeanas que destaca en cuentos como "Unos cuantos escritores, todos muertos", un delicioso catálogo de ignotos escritores con obras tan extrañas como las de Adolphe Morceau que nunca escribió sobre papel y lo hizo sobre soportes que tuviesen relación con la intriga. Así Muerte de un peatón fue "redactado sobre un zapato de cuero del número 46" o Cuarteto del tiempo que pasa, fue "esculpido con punzón en el dorso de un reloj de bolsillo"; mientras que Bertrand Sombrelieu se ocupó de publicar por su cuenta y riesgo una serie de biografías de desconocidos, pero homónimos de personajes ilustres, donde incluyó el suyo propio.

Del mismo tenor son las "Crónicas musicales de Europa y otros lugares" donde se da cuenta de algunos inventos musicales, como el “no-órgano” de Gaudí presentado en Bélgica en 1930, con consecuencias desastrosas; o la composición de Yoshi Murakami que pretendió "hacer bramar" a la mismísima torre Eiffel para extraerle una música "cercana a las voces de los animales submarinos". Mientras que en La dificultad no es nada el músico argentino Eduardo Morand compone una serie de partituras de tal complejidad técnica que resultan imposibles de tocar por intérprete humano alguno. Para él la dificultad  es un valor artístico integral y por eso "Ni sentando a un solo piano a dos virtuosos de primer orden mundial -afirma el pianista chileno Arturo Monterroso- se podrían ejecutar más que dos o tres compases del célebre Paseo curativo para piano, el cual sin embargo fue escrito para un solo músico." En Sinestesia conocemos a un Thomas Gartner que tiene el don (o la enfermedad) de oler la música
"Los poemas sinfónicos de Liszt? "Un no sé qué de frescura excesiva, un poco lácteo, de un olor y un sabor muy agradables". ¿Aaron Copland? "Bosque, seta, tabaco. Cuero, también. y tal vez un humo de neumáticos quemados, con el respeto debido". ¿Berlioz? "Jara, bergamota, mandarina, piel de limón."
También el relato "Quidproquópolis", nos remite al Informe de Brodie de Borges o a El Entenado de Saer, ya que trata del estudio de campo que un aguerrido antropólogo lleva a cabo sobre el lenguaje de una tribu del Amazonas, los Yapus. Del mismo modo que en otro relatos, Quiriny elige la ironía y visita este asunto desde el otro lado del espejo ya que el lenguaje de los yapus conjuga el malentendido y lo absurdo.
"Entender a los yapus me ha exigido mucho tiempo y esfuerzo, y es difícil afirmar que los entienda, habida cuenta de que ellos mismos no se entienden nunca. Digamos que logré penetrar en su secreto y entrever cómo se debaten diariamente en los atolladeros de su lengua." pág. 73


Una peculiaridad del volumen (y de la obra en general de Quiriny) es que en muchos de sus relatos aparece el personaje de Pierre Gould, un dandy extraño y fantasioso, experto en sueños y objetos imposibles, como esa báscula que construyó y que ofrece cifras extravagantes, porque "no sólo te indica si has engordado o adelgazado, sino si tienes el corazón pesado o ligero".

"Mareas negras" tiene el humor negro de los clubes de caballeros sobre los que levantó acta en sus relatos Chesterton y, además, da cabida a la catástrofe del Prestige frente a las costas gallegas. También afila su ironía citando el relato de De Quincey, "Del asesinato considerado como una de las bellas artes". La historia da cuenta de un trabajador del puerto de Amberes que es introducido por el ubicuo Pierre Gould en el exclusivo club La Sociedad de Expertos en Mareas Negras. Allí se dedican a anticipar e intentar presenciar aquello que les provoca fascinación, las mareas negras. 
"Me fui a la cama de buen humor y preguntándome si en verdad, como pretendía Gould, se podía hacer con las mareas negras lo que ese autor tan ingenioso había hecho con el asesinato: crítica de arte." pág 81
La Sociedad acecha y estudia petroleros que estén "maduros", a punto de catástrofe, para acechar sus singladuras y estar preparados para ser testigos del desastre. Así es como logran llegar a Muxía (Galicia) en pleno chapapote, como un perfecto viaje iniciático: "Había que rendirse a la razón: ya que no podía salvar el cabo de Finisterre, podía al menos contemplar la belleza del espectáculo". Esta sociedad pone sobre el tapete -con amarga (bitter) ironía- la inevitabilidad de estas catástrofes mientras en la ecuación primen los beneficios sobre cualquier tipo de coste.  
 

"Recuerdos de un asesino a sueldo" también nos remite a clubs clásicos como el de los suicidas de Stevenson o el de los parricidas de Ambrose Bierce, autor con el que comparte ironía, desenfado y humor negro. No en balde la cita que abre el libro es del propio Bitter Bierce: "Si estos hechos pasmosos son reales, voy a volverme loco; si son imaginarios, ya lo estoy". En uno de los casos una viuda quiere deshacerse de su nieto porque lo cree el diablo; mientras que en Autorretrato el asesino recuerda un extraño encargo de un artista que ilustra literalmente un libro que le regaló un amigo, Del asesinato considerado como una de las bellas artes. En Aburrimiento un hombre de negocios contrata al asesino para que lo ejecute por puro aburrimiento.
"He aquí lo que me condujo hasta usted. Quiero tener otras preocupaciones, a la hora de acostarme, que el tiempo que hará al día siguiente para jugar al golf. Mi sueño: dudar si cerrar los ojos por miedo a que me maten mientras duermo. Estar permanentemente en peligro. Exponerme a sus balas. En resumen, condimentar mi vida.
Le pido, pues, que me asesine, o más bien que lo intente: es la parte del contrato que le corresponde; la mía consistirá en sobrevivir. No dudo que usted ganará la partida."
pág 128
He leído varias reseñas que anotan conclusiones decepcionantes para algunos relatos. Creo que no ha lugar. Habría que distinguir en el volumen relatos abiertos y cerrados. Los relatos abiertos refieren conjuntos de historias y personajes como los reseñados más arriba, donde no importa tanto la tensión como la desbordante imaginación de Quiriny para dar cuenta sucinta de innumerables personajes inquietantes y estrafalarios. Sería como un estructura del Quién es Quién o un alternativo Diccionario del Diablo que escribiera su admirado Bierce. En este epígrafe también hay que incluir el dietario fantástico que es el "Extraordinario Pierre Gould". En él se da cuenta de objetos, pensamientos y anécdotas de Pierre Gould, como ese "reloj al revés que no da el tiempo que pasa sino el tiempo que queda", o su legendaria impaciencia.
"La impaciencia de Pierre Gould no tiene límites. El día en que, siendo joven, decidió que sería escritor, empezó por redactar una nota testamentaria legando sus futuros manuscritos a la Biblioteca nacional. Al día siguiente recorrió la ciudad en busca de traductores. El tercer día registró doscientos títulos en el Instituto nacional de la Propiedad Intelectual. El cuarto, llamó a varios periodistas para asegurarse buenas críticas. yu diez años después, por supuesto, todavía no había escrito ni una palabra." pág. 165-6



Y como he dicho, también hay cuentos cerrados, con presentación, nudo y desenlace. Ahí están Mareas negras y también El episcopado de Argentina, Sanguina, Qui habet aures, El cuaderno, El pájaro raro y Cuento carnívoro. Todos ellos relatan una circunstancia realista en la que se hace presente un elemento a veces surrealista, siempre fantástico que lo subvierte todo. Curiosamente el tono de estos cuentos parece decimonónico: científicos obsesionados con plantas carnívoras, obispos que se desdoblan en dos cuerpos, artistas devorados por su secreta obra maestra, espejos memoriosos que persiguen al adúltero o la historia de un misterioso huevo con un símbolo chino que designa al ave mítica que roba bebés para devorarlos. El estilo ligero de Quiriny y su imaginación profusa e inquietante nos seduce sin remedio.

"Una borrachera perpetua" reúne manuscritos, ecos legendarios y humor negro en torno a un brebaje denominado zveck. El autor rastrea la escasa bibliografía sobre esta bebida y reproduce un manuscrito olvidado de su padre donde revela que fue agente secreto británico y una accidentada escamaruza lo llevó hasta una remota aldea de Europa del Este en cuyo mesón se servía zveck. En "Sanguina" un hombre en una cafetería se percata de que su vecino vierte unas gotas de sangre en su zumo de naranja antes de beberlo. Intiman y éste le refiere una terrible historia que es de amor pero también de destrucción.

El libro cuenta con un regalo en forma de prólogo-relato escrito por Enrique Vila-Matas donde, utilizando tanto sus propias claves como las de su admirado Quiriny, compone un texto que se comunica y trenza con el resto de cuentos del libro. Por él transitan personajes reales y ficticios, así como libros tan improbables como La Historia General del Aburrimiento, redactada en 1788 por un antepasado homónimo del Pierre Gould que se duplica por el libro. 
"A veces me hago pasar por Pierre Gould, por el historiador del aburrimiento, pero a veces también por su descendiente, ese que también se llama Pierre Gould y aparece en los relatos de Bernard Quiriny.
En cualquier caso, me gusta saberme diferente. La capacidad de alegría se atrofia cuando uno quiere ser igual que los otros."
Libro sumamente imaginativo, delirante y perturbador.





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Bernard Quiriny nació en Bélgica en 1978 y vive en Borgoña, donde enseña Derecho. Ha escrito tres colecciones de cuentos fantásticos (L´Angoisse de la première phrase, Contes Carnivores y Une collection très particulière). Los tres volúmenes cuentan con Pierre Gould como personaje recurrente, descrito como excéntrico, poeta, dandy, aficionado a los libros y un poco misántropo.  
En 2010, Quiriny publicó su primera novela, Les assoiffées, que describe una Bélgica totalitaria y aislada desde que en 1970 triunfase una revolución de inspiración supuestamente feminista. El régimen está preparando la visita controlada de un grupo de periodistas cuidadosamente seleccionados para pasearlos por los escenarios de propaganda de este supuesto paraíso igualitario. Paralelamente conoceremos el diario de Astrid que describe de forma mordaz los excesos del fanatismo y el poder absoluto, dando cuenta de la realidad paranoica y los delirantes caprichos de la casta del poder. 

viernes, 2 de octubre de 2020

NARRATIVA EUROPEA - de Mercedes Monmany



Quiero dar cuenta aquí de un libro que es en sí mismo un blog literario completo. Fagocitados por las prisas, el solapamiento de las novedades o directamente la indiferencia y el olvido, valiosas obras de otras literaturas corren el riesgo de desaparecer por el sumidero del tiempo. Libros como éste ayudan a mantenerlos vivos e incluso repescar lo que pasó inadvertido. Lo ha escrito la ensayista y crítica literaria Mercedes Monmany y lleva por título "Por las Fronteras de Europa". El subtítulo circunscribe el territorio a "Un viaje por la narrativa de los siglos XX y XXI". Me parece el mejor Erasmus de Literatura europea para hacer desde el sillón de mi casa, ya que presenta y analiza 318 autores que recorren todas las grandes corrientes narrativas que han aflorado en Europa en los últimos 120 años. Claudio Magris, en la Introducción, lo define certeramente como "un atlas espiritual" y "una geografía literaria".

Mercedes Monmany (Barcelona, 1957) es crítica literaria y ensayista especializada en literatura contemporánea, y europea en particular. Ha sido editora, asesora de publicaciones y crítica literaria en los principales periódicos y revistas españoles Organizadora de numerosos ciclos, encuentros y exposiciones, ha traducido también a autores como Leonardo Sciascia, Attilio Bertolucci, Francis Ponge y Philippe Jaccottet. Es directora de las colecciones de poesía y de ensayo literario `La Rama Dorada`, de la editorial Huerga y Fierro. Escribe semanalmente sobre literaturas extranjeras en el suplemento `ABCD de las Artes y las Letras` del diario ABC, y colabora habitualmente en las revistas Letras Libres y Vanguardia Dossier. 

Me parece encomiable su insaciable curiosidad y diestro criterio, sólo hay que echar un vistazo al índice de este monumental libro de 900 páginas: literatura en lengua alemana, inglesa, francesa, portuguesa, italiana, rusa, hebrea, turca, holandesa, sin olvidar el mosaico centroeuropeo y los Balcanes o los países nórdicos. Por ejemplo en la Irlanda irredenta constan John Banville y Flann O´Brien, pero también William Trevor o Sebastian Barry. En los países nórdicos aparece Kjell Askildsen o Lars Gustafsson, pero también Peter Jacobsen o Knud Romer. En Italia descubro a Enzo Striano y su novela póstuma Nada de nada, "que sube a escena a la efervescente y utópica Nápoles del Siglo de las Luces, con su efímera República napolitana de 1799". Mientras que en el variadísimo catálogo de los Balcanes no faltan Ivo Andric, Elias Canetti, Bohumil Hrabal o Imre Kertész y Tibor Déry, "autor de una monumental y magnífica saga épica, La frase inacabada (1947), en la que retrataba a la sociedad de húngara de entreguerras"; también están presentes Jósef Czapski con su magnífico y estremecedor libro En tierra inhumana, sobre la barbarie de Katyn, Panait Istrati, "el vagabundo de los Balcanes y grandísimo cuentista oriental" o Miroslav Krleza, el más importante escritor croata del siglo XX, autor del clásico El retorno de Filip Latinovicz

Y todo ello sin olvidarnos del cuento griego contemporáneo con Rhea Galanaki o Filippos D. Dracodaidís. En la literatura en portugués aparecen Lobo Antunes, Lidia Jorge y Clarice Lispector, pero también Mia Couto, Agustina Bessa-Luís, autora de la bellísima novela Fanny Owen (1979), o Inês Pedrosa. Las nóminas de autores dedicados a Francia, Italia y Centroeuropa y los Balcanes son las más numerosas; aunque he leído con especial fruición los artículos dedicados a Portugal, Turquía e Israel.
Claudio Magris resalta en la Introducción que "a Mercedes Monmany la mueve el amor, un amor extraordinariamente generoso por los autores y las obras que descubre y de los que se enamora, que hace suyos entregándose a ellos, dándolo todo de sí: su entusiasmo, su pasión, la agudeza de su juicio."

Como no me gustan las listas evito reproducir el índice, en cambio he seleccionado algunos párrafos y presentaciones.





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MARCELLE SAUVAGEOT: LA AGONÍA DEL AMOR

¿Qué tienen en común libros aparentemente tan dispares como Reencuentro de Fred Uhlman, Paradero desconocido de Kressmann Taylor, Una pena en observación de C. S. Lewis y Déjame, de la francesa Marcelle Sauvageot? Pues que son pequeñas joyas estremecedoras e inmortales. Piezas raras, en según qué casos aisladas, que no tuvieron continuación alguna -en cuanto a intensidad o en cuanto a mera insistencia a la hora de publicar- por parte de sus autores y, en su mayor parte, ignoradas en el momento de su publicación. Congeladas en el tiempo con su brevedad justa y radical consiguieron más tarde, en algún momento, ser recuperadas y comprendidas con todo el entusiasmo y emoción que merecían. Si exceptuamos la maravillosa oración fúnebre que el escritor británico C. S. Lewis compuso a la muerte de su mujer, la poeta americana Helen Joy Davidson Gresham, el resto de las obras mencionadas tuvieron como voluntario o involuntario telón de fondo los convulsos años 30 del siglo pasado, y en algún caso, como el sobrecogedor libro, o testamento amoroso, de Marcelle Sauvageot, los que lo firmaron, fueron autores de ese único, conciso e imperecedero volumen.


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WILLIAM TREVOR, MAESTRO IRLANDÉS

Hay que decir antes que nada que William Trevor (Cork, 1928) es un magnífico autor, uno de los mejores de nuestros días. Candidato fijo desde hace años a ese errático e imprevisible premio que es el Nobel, que a veces da buenas sorpresas, Trevor, al que un día el New Yorker calificara como «el más grande autor de relatos contemporáneo», proviene, además, de uno de esos invernaderos, Irlanda, aparentemente inagotables, que no han cesado de dar sus mejores flores literarias a lo largo de los siglos, desde Le Fanu, Yeats, Beckett o Joyce hasta, ya en nuestros días, nombres como Edna O’Brien, John Banville, Seamus Heany, John McGahern o expatriados como Colum McCann y el famosísimo Frank McCourt. Un país, ahora ya muy distinto a la imagen siniestra, al tópico que durante siglos se asoció únicamente a hambrunas históricas, emigraciones masivas, sangrientas luchas de independencia, dogmas nacionales y religiosos, al Sinn Féin o a borracheras interminables en los pubs con legiones de bardos aficionados a tristes baladas y poemas melancólicos.
Poseedor de una innegable maestría narrativa, su magnífica novela La historia de Lucy Gault (2002) estaría dominada por esa poesía terrible y desoladora, de iluminaciones secas y deslumbrantes, dura como un mazazo, con la que este autor suele dar luz a la vida secreta y al sufrimiento callado de sus personajes solitarios, marginales, habitantes de los límites. A esas víctimas, invisibles para la mayoría, que padecen en sus carnes las injusticias y la crueldad de una Historia general, o bien privada, que los ha empujado a encerrarse más y más en sí mismos y en sus obstinadas pasiones, en sus derrotas, en su imparable autodestrucción. Los personajes femeninos de Trevor suelen tener este carácter estremecedor e imborrable. Están dominados por una terca, ciega, a veces casi suicida y enajenada resolución; por amores descabellados e imposibles («el amor es avaricioso cuando pasa privaciones») que los hacen ir hacia delante con su empeño, con su mudo estoicismo. Ahí estaría la chica irlandesa y vagabunda, Felicia, perdida en el mundo moderno y aterrador, desconocido, de una ciudad inglesa, a la que ha llegado en busca de un amor perdido, de El viaje de Felicia (1994, novela llevada al cine por Atom Egoyan); o la frágil y sometida Mary Louise Dallon, que para escapar de toda la miseria y el vacío de la vida que la rodea, lee con avidez páginas, obras literarias en las que halla su refugio (Leyendo a Turguéniev, 1991), o, si no, la indoblegable protagonista de La historia de Lucy Gault.


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GOLIARDA SAPIENZA: LA CONQUISTA DEL PLACER

Aclamada como una gran autora diez años después de su muerte, la historia y desventuras que sufrió la magnífica obra El arte del placer de la escritora y actriz siciliana Goliarda Sapienza (Catania, 1924 - Roma, 1996) nos parece hoy un nuevo y nefasto ejemplo de desatención crítica o, si se prefiere, de inflexible falta de comprensión. Una falta de comprensión que vendría provocada al no seguir al pie de la letra una estética y unas tendencias deseables que los tiempos, a cada paso, imponen como absolutos. Como diría el que fue su marido, Angelo Pellegrino, prologuista de la edición recuperada de El arte del placer, «el hecho de nacer entre la vanguardia y el minimalismo no podía favorecerla». Demasiada pasión, demasiada poesía del deseo y de lo irracional, demasiado desinterés por formalismos huecos y desangelados, o demasiada crudeza en las emociones y en el desprecio por la moral. (...) El éxito llegaría, ya en la primera década del siglo XXI, a través como muchas veces sucede, de Francia, un país atento como pocos, y caja de resonancias fundamental para casos «perdidos» literarios. 
Reescritura escandalosa de la literatura clásica de formación de un personaje, el libro de Goliarda Sapienza, nacida en el seno de una familia progresista desde siempre vinculada al mundo de la política, es un viaje fascinante a lo largo de la historia italiana del siglo XX. Un viaje a contrapelo que recorre una mujer casi mítica, Modesta, de empeño y tesón en sus objetivos casi legendarios, nacida simbólicamente el 1 de enero de 1900. Una mujer que, al modo de los conquistadores masculinos, con una energía brutal, avanza imparable a través de la apropiación de los territorios más inexplorados y prohibidos antes para cualquier mujer, sobre todo para las mujeres pertenecientes a su casta, la más baja y miserable del escalafón a comienzos de siglo en Sicilia.


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MARCEL MÖRING Y SU SAGA FANTÁSTICA

(...)
Otro de estos interesantes escritores en lengua neerlandesa es Marcel Möring (Enschede, 1957) autor de En Babilonia (1998), una excelente saga fantástica, llena de referencias literarias, míticas, bíblicas y cabalísticas, que recorre más de tres siglos de una estirpe judía imaginaria, los Levie-Hollander. En esta obra o Torre de Babel con la forma de remolino de historias que convergen al final para dar respuestas, conviven y dialogan muertos y vivos, humor y tragedia, realidad e irrealidad, épocas y continentes distintos, convirtiéndose en una bellísima metáfora del desarraigo como hecho consustancial a la condición humana. Pero también ocupa un protagonismo esencial el homenaje simbólico que Möring, hijo de una huérfana judía cuya familia sería totalmente exterminada, rinde a la importancia de la memoria y, en concreto, al significado individual que tiene el tiempo, el recuerdo y el pasado, para cada persona, para cada familia, para cada comunidad. La estirpe de los Levie, que se transmutaría en Hollander, como agradecimiento al país que les dio acogida, estaría fundada por un relojero, Chaim, que salió de su pequeña aldea de la Europa Oriental, en la parte que Polonia limita con Lituania, en el siglo XVII, huyendo de las matanzas de los cosacos. Instalándose en la próspera e industriosa Roterdam, sus descendientes se convertirían con el tiempo en físicos, sociólogos, falsos mesías, escritores de cuentos, e incluso estarían implicados en la preparación y lanzamiento de la bomba atómica.


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ORIO VERGANI: PRIMER AMOR, ÚLTIMOS SUEÑOS

Escrita por un curioso personaje de entreguerras, un «príncipe» de los periodistas italianos de su época, Orio Vergani (Milán, 1898-1960) participante en su día de las famosas tertulias de Gómez de la Serna en el Café Pombo, la novela Función en el colegio (1940) quedará como una de esas aisladas y emocionantes joyas de la literatura de un país, que el azar o algún tipo de terca tenacidad editorial los devuelve a la luz feliz y periódicamente.

A la manera de obras maravillosas o clásicos de la iniciación como El gran Meaulnes de Alain Fournier o El sueño de los héroes de Bioy Casares, esta novela narra de forma melancólica y dolorosa la aparición fugaz, onírica, casi se podría decir que fantasmal, de un primer amor inmediatamente perdido, que simboliza e inaugura en sí la cadena imparable y lacerante de pérdidas irremediables a las que un ser humano tendrá que asistir conforme vaya creciendo. Función en el colegio tendría la virtud de captar en unas cuantas instantáneas fatales y simultáneas el sentimiento de angustia e impotencia ante un destino que ha marcado a sus protagonistas, unos adolescentes, con la peor de las condenas: el paso del tiempo.

martes, 1 de mayo de 2018

JEAN RAY


Mariano Buscaglia redactó en la revista AvAtares un completo perfil de Jean Ray, autor de culto en la literatura fantástica. He aquí unos extractos.










"Jean Ray es considerado con justicia un maestro del relato fantástico. Forma parte de ese crisol de escritores extraños que suelen compartir espacio en antologías exquisitas, hablo de autores como Bloch, Bierce, Machen, Blackwood, Lovecraft, William Hope Hogdson, etc. 

Raymundus Joannes de Kremer alias, John Flander, alias King Ray, alias Sailor John y alias Jean Ray, como lo llamaré de aquí en adelante, fue un escritor belga que gestó su obra en la mitad del siglo veinte. A pesar de tener una producción capaz de hacer sombra a los grandes maestros del relato fantástico anglosajón, Jean Ray es un escritor casi para exquisitos, su escasa difusión en nuestra lengua y en la lengua inglesa atentan contra su memoria.

Como todo escritor que se precie de tal, Jean Ray fue un eximio mentiroso, tuvieron que pasar décadas para que se esfumara - como esas nieblas que pueblan sus relatos de marineros borrachos -, el mito que el autor tejió alrededor de su vida. Una vida azarosa sobre las cubiertas de los barcos, traficando armas y alcohol durante la ley seca, peleando contra filibusteros o tentando la muerte en los burdeles más rancios del Asia donde ahogaba su existencia con enormes dosis de opio. Al igual que ese otro maestro de la narrativa (despreciado hasta el hartazgo) Emilio Salgari, Ray creó una vida de tintes aventureros y románticos para suplir la carencia casi total de ellos. Su existencia apócrifa, que pudo firmar Marcel Schwob en un cuento de su magistral Vidas Imaginarias, sostenía que por sus venas corría sangre Sioux proveniente de su abuela materna y que sus primeros cuentos los escribió a bordo de veleros piratas o sobre las mesas desvencijadas de tabernas, perdidas en los ignotos mares asiáticos. 
Nació en Gand, Bélgica, el 8 de julio de 1887. A los 36 años Jean Ray inicia su periplo de colaboraciones literarias para la revista l'Ami du Livre. En esa época comienza a mezclarse en negocios sinuosos de contrabando que lo hundirían en el futuro. En 1925 edita su célebre libro de relatos fantásticos: Los cuentos del Whisky, volumen que contiene gemas inolvidables como: Whisky Irlandés, El guardián del cementerio o Los extraños estudios del doctor Paukenschlager. En 1926 es condenado a seis años y seis meses de prisión por contrabando; pero es liberado con anticipación en 1929. A partir de entonces la producción del escritor se intensifica.

Desde 1931 hasta 1938 escribe ininterrumpidamente los fascículos policiales de Harry Dickson. Aceptó el encargo de traducir del neerlandés al francés una serie de novelitas alemanas que relataban las aventuras del inefable detective Harry Dickson (uno de los tantos clones de Sherlock Holmes que prosperaron a principios de siglo), donde la acción imperaba sobre la lógica del relato. Historias recargadas de truculencia, de monos homicidas o de asesinos célebres. Jean Ray consideró que él podía escribir mejores cosas que la basura que le daba el editor para traducir, le propuso su idea a la editorial y esta aceptó con la condición de que respetara el título y que la escena, que ilustraba la cubierta de los fascículos, debía figurar dentro del relato. Jean Ray aceptó gustoso el proyecto e inmortalizó a un personaje, mediocre en su origen, en más de cien novelitas inolvidables por sus climas góticos, crímenes fantásticos y de corte sobrenatural. El canto del vampiro o El templo de Hierro (donde mantiene al lector sobre ascuas con la caída de una nave espacial y su perverso tripulante suelto en la Inglaterra victoriana), son novelitas de lectura imprescindibles para cualquier amante del fantástico. 

A mitad de la década del 30, Jean Ray comienza a consagrarse como autor de relatos fantásticos y de terror al colaborar en la mítica revista estadounidense Weird Tales, revista que publicó por primera vez autores de la talla de Lovecraft, Robert E. Howard, Clark A. Smith, Kuttner, Bloch, etc. Como también en Terror Tales y en Dime Mysteries. Revistas de temática pulp donde la prosa de Jean Ray, aunque superior a la media, se ajustaba en sus atmósferas opresivas y tenebrosas. 

La Segunda Guerra estalla en Europa y las publicaciones en las que el autor colaboraba habitualmente se ven forzadas a cerrar, por lo que Ray considera conveniente encarar obras de más largo aliento. Publica El Gran Nocturno y El crucero de las sombras, antologías de relatos largos. 1944 es un año de capital importancia en la obra de Jean Ray, ya que publica sus dos novelas más importantes. La ciudad del miedo indecible, una novela de corte policial con profundos matices fantásticos y macabros que no alcanza las dosis de genio a que nos tiene habituados el autor y Malpertuis, su óbra maestra, libro considerado como la última novela gótica de la era moderna. Como en muchos relatos del autor, el escenario en sí es uno de los grandes protagonistas de la historia.

A principios de los 60, Jean Ray escribe su última novela: Saint-Judas-de-la-nuit. Por aquellos años comienza a ser considerado por la crítica francesa como un maestro del fantástico. Las ediciones comienzan a sucederse una tras otras y su obra se difunde en otras lenguas. Contribuye el hecho de haber publicado una antología que se conoció como Los veinticinco mejores relatos negros y fantásticos (recopiladas por el también escritor y amigo cercano de Ray, Henri Vernes) que reunía parte de la mejor obra de Jean Ray, cuentos como: La noche de Camberwell, El salterio de Maguncia, La callejuela tenebrosa, El cementerio de Marlyweck, son sencillamente inolvidables y perfectos en su ambientación tenebrosa.

El legado de Jean Ray a la literatura fantástica es tan desmedido como su obra. El viejo cuentista, hacedor de imágenes terribles, muere el 6 de noviembre de 1963 de un ataque cardíaco. Fue enterrado en el cementerio de Westerbegraafplaats, en Gand."

miércoles, 12 de agosto de 2015

Balkan Blues - de Petros Márkaris










La literatura de género tiene eso, unas pautas fácilmente identificables en las que encajan historias y personajes. No confundir con vacua reiteración. El talento para mezclar los ingredientes suele identificar a un autor. La personalidad del protagonista, el retrato de la sociedad o el momento histórico, el raciocinio especulativo, el mensaje que lanza el criminal. Todo ello hace de un relato de fuste, algo nuevo y apetecible. 

Rebus en Edimburgo, Brunetti en Venecia o Charlie "Bird" Parker en Nueva York nos hacen explorar senderos que se bifurcan en un jardín siempre renovado.

Casi sin pensarlo cojo este libro de Petros Márkaris, seguramente influido por los artículosartículos y artículos leídos las últimas semanas sobre el convulso momento económico de Grecia. Después de tanta economía y tan poca política creo que busco pasear por las calles de Atenas, pulsar su ambiente, escuchar los insultos y los cláxones de su caótico tráfico. El creador del inspector Kostas Jaritos me parece un estupendo medium.
"¡Despierta tío, esto es la globalización! ¿Sabes qué significa globalización? Que todos los muertos de hambre de los Balcanes pueden venir aquí para trabajar por un mendrugo de pan. Y que yo puedo dar el trabajo al que come menos. ¡Esto es la globalización"
Márkaris me enseña que el insulto en Grecia cobra la forma de una mano levantada y con todos los dedos abiertos. También que el griego es un pueblo muy nacionalista y desprecia profundamente a sus vecinos albaneses, rumanos y búlgaros. El libro nos sumerge en otra época también convulsa para Grecia, aunque en contraposición a la actual, el dinero corría por las calles en forma de obras para los Juegos Olímpicos del 2004.
"-Parece que Dios atiende mis oraciones, a pesar de estar ocupado a jornada completa en ayudar a nuestro equipo a ganar el euro, como llamamos a la copa para abreviar, influidos por la moneda.
-¿A Ganar? El euro ha atropellado a Grecia."
Frente al clasicismo de historias criminales como Ingleses, franceses y portugueses..., o La emancipación de Tatiana, y también la de Sonia y Varia donde aparecen crímenes, bajos fondos y mafias; hay dos títulos tan atractivos como experimentales. En De Refilón el plano de la narración está ocupado exclusivamente por pies y manos, que son quienes conducen la acción. En Café batido un personaje nos va conduciendo hacia su autor. Este relato tiene una extraña cualidad abstracta. Un tipo acude a una pequeña y rocosa isla con el encargo de asesinar a una mujer. El entorno, una isla rocosa, y los circunloquios mentales me hacen recordar alguna obra de Patricia Highsmith, como Dos caras de enero.


Cada cuento guarda un atractivo propio. En el primero y más largo Ingleses, franceses y portugueses.... Jaritos investiga la sucesiva aparición de cadáveres en las obras de los Juegos Olímpicos mientras Grecia gana la Eurocopa de fútbol. En sus páginas nos asalta el bullicio de las calles y el hartazgo de los omnipresentes norteamericanos.
"Queríamos organizar unos Juegos Olímpicos y hemos vuelto a los tiempos de la dictadura. Y todo eso porque los americanos nos contagian el miedo al terrorismo como si fuera el sida."
Instalaciones de los JJOO de Atenas en ruinas
La emancipación de Tatiana es el que más me gusta. Están presentes las mafias rusas y la psicología del real socialismo de la extinta URSS introyectados por un pater muy particular.

Suite para flauta y violín es una mezquina historia sobre una pareja de músicos de calle que navegan entre el desprecio y el amor. El juego de prejuicios nacionalistas es tremendo. La vieja Europa de odios y nacionalismos se esconde hasta en los corazones más inocentes.
En uno de los relatos, un mercero griego le grita a un bosnio: "¡Aquí pagamos nuestras deudas. No como vosotros, que nos chupáis la sangre con la ayuda de Bruselas, todo préstamos a fondo perdido. ¡Sois basura!"
Leído hoy nos revela un amargo juego de ironía y sarcasmo.

Sonia y Varia es el más sórdido. Está contado desde el punto de vista de una prostituta rusa esclavizada en busca de redención. 

Jaritos sólo es protagonista en Alemanes, franceses y portugueses... mientras aparece de refilón en Sonia y Varia. Desencantado, intransigente y cabal; sumergido en la realidad más actual y doliente de su querida Grecia, le conocemos de otras novelas, como Defensa cerrada, El accionista mayoritario o Muerte en Estambul

"En Grecia todo va al revés. Nada más permanente que lo provisional y nada más provisional que lo permanente."