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viernes, 5 de mayo de 2017

GHOST in the SHELL - de Rupert Sanders

Ghost in the Shell es un manga de ciencia ficción creado por Masamune Shirow, que tuvo continuación en dos mangas más titulados: Ghost in the Shell 2: Man/Machine Interface y Ghost in the Shell 1.5: Human-Error Processor. De allí surgieron dos películas animadas dirigidas por Mamoru Oshii: Ghost in the Shell (1995) y Ghost in the Shell 2: Innocence. También se produjo una serie.

Pero todo este semillero de ideas argumentales y mundos ciberpunk tiene su mejor sedimento en el anime dirigido por Mamoru Oshii en 1995, un producto más serio y filosófico que el manga. Sus imágenes perturbadoras, su estilo narrativo pausado y poético y una banda sonora sombría e inquietante hicieron de este anime una película de culto y de impacto universal. De pronto, en 1995, cuando Internet aún gateaba y la tecnología empezaba a llegar a nuestros hogares, Ghost in the Shell dió un salto gigantesco y nos presentó el final de esa carrera: un mundo hipertecnológico que no solamente ha extendido sus redes y conexiones por todos los espacios públicos y privados; sino que ha llegado hasta la integración de la tecnología en el cuerpo humano: prótesis para potenciar el cuerpo y salvar accidentes o enfermedades y, lo más perturbador, una red neuronal que a través de conectores llega al propio cerebro humano. 

Ahora se nos presenta esta recreación con actores reales (live action) y un argumento casi calcado del primer anime, con algún añadido del segundo (los robots geisha asesinos); y hay que reconocer que la película de Sanders es muy respetuosa con la original. De hecho la reproduce con pasión de orfebre y mantiene asimismo su esencia filosófica; pero no aporta nada nuevo, ni da un paso más allá que el de convertir el anime en live-action o cambiar el origen del villano. ¿Es insuficiente? 
Sí, porque el poso filosófico es más superficial y, sobretodo, nos deja un poco fríos a quienes vivimos en su día el impacto de la original. Pero hay que decir que quien visite este mundo ciberpunk de primeras no saldrá defraudado: la reproducción es muy esmerada, la ambientación de ese opresivo mundo futuro es excelente y los intérpretes (pese a tanto cacareo con que la Johansson no es japonesa) encajan muy bien en sus papeles.

El respeto al clásico le hace reproducir sus secuencias más icónicas, como el salto inicial desde el rascacielos, la persecución y pelea con el basurero por la decrépita ciudad o el asalto final enfrentándose la Mayor a todo un blindado casi indestructible (aunque con un nuevo giro argumental).

La protagonista es Motoko Kusanagui -conocida simplemente como "La Mayor" (Scarlett Johansson)-, un ciborg que sólo conserva su cerebro humano en un cuerpo robótico (único en su especie), lo que la convierte en la máquina perfecta para combatir el crimen. Pertenece a la Sección 9, un cuerpo de élite que persigue a los enemigos de Hanka Robotik, una megacorporación tecnológica que amenaza con monopolizar todos los estamentos de la sociedad. Esta actividad no es la única preocupación de La Mayor. Le corroe la duda sobre si sigue siendo humana por lo que intenta descubrir su pasado y el sentido de esas extrañas interferencias que a veces surgen en su cerebro. 

La Sección 9 sigue la pista de un peligroso terrorista llamado Kuze (Michael Pitt), el cual practica lo más avanzado del terrorismo cibernético, la invasión y manipulación de los cerebros humanos. Pero cuando  La Mayor por fin se enfrenta a él surge la ambigüedad, ¿es un terrorista que destruirá a la humanidad o es el siguiente paso evolutivo que la liberará de gobiernos y corporaciones?.

Kuze, es un personaje original de la serie anime Ghost in the Shell: Stand Alone Complex. El Kuze de esta película es una mezcla del de la serie y de El Titiritero (The Puppet Master) que aparece en la película de Oshii. Resulta de lo más interesante el encuentro entre ambos ciborgs: La Mayor lo quiere capturar mientras Kuze quiere destruir Hanka Corp. Descubrirán que los dos son meros títeres de los grandes poderes.

Mamoru Oshii centró la película en esta agente androide y puso el foco sobre algo tan novedoso (en aquella época) y tan sugestivo como la Inteligencia Artificial y los límites entre lo humano y la máquina; una preocupación propia de la era de las máquinas que se puede rastrear desde Metrópolis (1927) de Fritz Lang, hasta las más recientes Matrix, Avatar o Ex-Machina.

El asunto está claro: cada uno poseemos un espíritu/personalidad que nos diferencia. La memoria, el aprendizaje, las decisiones conforman nuestra conciencia; pero si esta conciencia se puede crear e implantar ¿qué nos hace humanos? ¿Quién nos asegura que lo hemos creado nosotros y no es una experiencia inducida por una máquina en nuestro cerebro pirateado?

domingo, 4 de mayo de 2014

El VIENTO se LEVANTA - de Hayao Miyazaki

            The wind rises  -Japón 2014-



Miyazaki anuncia que ésta será su última película y no puedo evitar acudir a verla con devoción. Pronto me doy cuenta de que no habrá fantasía. El registro cambia hacia un relato histórico sin cambiar sus constantes: los sueños de un niño, el mundo de la aviación, la estética tan fresca como llena de color. Quedo confundido, un poco decepcionado.



La película se centra en el figura del genial ingeniero aeronáutico Jiro Horikoshi, creador del Zero, un avión de perfecta línea aerodinámica: el más potente, veloz y mortífero de los que surcaban el Pacífico durante la segunda guerra mundial.

Despedida agridulce leo por ahí. Buena película pero sin excelencia. Broche brillante pero sin el fulgor de sus obras maestras. No estoy de acuerdo. Miyazaki no nos ofrece su fantasía sino a sí mismo.
















Así que entre la cita de Valéry que el maestro coloca en su portada "¡El viento se levanta! ¡Hay que intentar vivir!" y la reflexión que repite el ingeniero Caproni, con el que se encuentra Jiro en sus sueños, "los aviones son un sueño y una maldición", encuentro el hilo de una obra muy personal, más en el sentido del hombre que del artista. Del hombre que reflexiona sobre los sueños de la infancia, la vida y la muerte. No en vano toda la película rezuma una dulce melancolía.

En alguna entrevista el director ha reconocido que tenía la historia de Horikoshi "encerrada en su corazón" desde que era joven. Hayao Miyazaki nació en Tokio en 1941. Su infancia estuvo marcada por las secuelas de la guerra. Heredó de su padre la pasión por la aviación. Después de 22 años trabajando en Toei Animation como animador, guionista y realizador, en 1985 fundó con su amigo Isao Takahata el Estudio Ghibli. Este nombre lo tomó de unos aviones italianos que se utilizaron en la Segunda Guerra Mundial.

Los aviones, el viento y los sueños transitan la película por doquier. Sus partes más fantasiosas transcurren en verdes praderas mecidas por el viento y en cielos azules que surcan los aviones entre nubes de algodón. Son los espacios de los sueños de Jiro. En ellos se encuentra con Giovanni Battista Caproni, otro ingeniero aeronáutico, pionero y soñador. Su figura le reafirmará en la persecución de sus sueños, de modo que Jiro se dedicará en cuerpo y alma a concebir su avión.













Es fácil señalar la contradicción que aflora entre el pacifismo de Miyazaki y la construcción de un avión tan perfecto como letal. Sin obviarlo el director lo deja en un segundo plano. Le interesa el alma de Jiro, su pasión. Caproni reflexiona sobre cómo los sueños de uno, otros los pueden convertir en pesadilla: "Los aviones son un sueño y una maldición", le dice a su discípulo. También cuando el italiano le felicita ante un cielo sembrado de Zeros, Jiro le responde "ninguno de ellos volvió".

Nadie puede elegir el tiempo que le toca vivir. El Zero no es la película sino la pasión que lo creó.

El asunto central son los sueños y la vida como una mar siempre recomenzando. El viento que Valéry invoca en El Cementerio Marino, no es la única metáfora de la película. Jiro conoce a la joven Nahoko Satomi en un albergue de montaña donde se trata su tuberculosis. Allí encontramos también a un tal Castorp que, como Caproni, ejerce de mentor espiritual de Jiro. Un personaje y un entorno que nos remiten a La Montaña Mágica de Thomas Mann. Esa montaña que representa la existencia permanentemente cercada por la muerte, escenario de un combate interminable. 















De modo que el viejo director se despide con una película rebosante de humanismo, buscando inspiración en una novela sobre la que el propio Mann nos ilustra:
"Lo que aprende [Hans Castorp] es que la salud más perfecta se adquiere mediante las profundas experiencias de la enfermedad y la muerte, del mismo modo como el conocimiento del pecado constituye una condición previa para la redención. «Para vivir», dice en una ocasión Hans Castorp a Madame Chauchat, «para vivir hay dos caminos: uno es el común, el directo y correcto. El otro es tremendo, conduce a través de la muerte y es el camino genial». Esta concepción de la enfermedad y la muerte como estación de paso necesaria en el camino hacia el conocimiento, la salud y la vida, convierte a La montaña mágica en una novela de iniciación."
Miyazaki se inspira en la novela y establece un evidente paralelismo entre el clima prebélico de la misma y el que vive Horikoshi. Del mismo modo ocurre con su protagonista. Sitúa a Jiro en la estela de esos jóvenes héroes buscadores (the quester legend) que como el propio Hans Castorp de la novela o el Perceval del ciclo artúrico, marchan en busca del Grial. Todos ellos son descritos en sus inicios como gente sencilla e incluso cándida, pero logran mostrarse decididos y capaces a la hora de perseguir sus sueños y acceder a la nobleza.
"Hans Castorp como buscador del Grial [...] seguramente no lo vieron así al leer su historia, y si yo mismo lo pensé, no fue otra cosa que pensamiento. Tal vez  (algunos) vuelvan a leer el libro bajo esta perspectiva. Se darán cuenta entonces de lo que es el Grial, el conocimiento, la iniciación, aquello que no sólo constituye el objetivo del necio héroe, sino del propio libro. Lo encontrarán en el capítulo titulado "Nieve", donde Hans Castorp, perdido en mortales alturas, sueña su poema-sueño sobre el hombre. El Grial que, a pesar de no encontrarlo, intuye en el sueño provocado por la cercanía de la muerte, antes de que se vea arrastrado, desde sus alturas, hasta la catástrofe europea, es la idea del hombre, la concepción de una humanidad futura que haya atravesado el conocimiento más profundo, la enfermedad y la muerte. Porque el hombre mismo es un secreto, y toda humanidad descansa en el respeto al secreto del hombre."
El autor de El viaje de Chijiro, La Princesa Mononoke, El Castillo ambulante y Ponyo en el acantilado, se despide pues con una película de introspección ética más allá de cualquier fantasía. Dividida en tres partes, la infancia de Jiro, la universidad y su incorporación a Mitsubishi y la historia de amor con Nahoko Satomi (sin duda la parte más intensa y emotiva); nos ofrece en su conjunto una película densa y adulta, quizás un poco larga pero de indudable poso humanista.



P.D.
*Sobre el mismo tema Miyazaki ya había realizado un manga. En ambos casos se ha basado en la novela "El viento se alza" de Tasuo Hori.
*  Las dos citas de Thomas Mann pertenecen a una Conferencia dictada a los estudiantes de la Universidad de Princeton (USA) el 10 de mayo de 1939. Reproducida en la Revista ADAMAR.

domingo, 13 de noviembre de 2011

La Princesa Mononoke - de Hayao Miyazaki










¿Por qué me gusta tanto esta película? Me siento de nuevo a verla y me llama la atención la fantasía de la historia, su tinte ecologista, la maravilla del dibujo, pero sobre todo el concepto de aventura y lucha.


Sus cinco minutos iniciales nos sumergen plenamente en ese mundo remoto donde una aldea es atacada por un jabalí endemoniado. Asitaka salva a su aldea pero recibe el estigma de una maldición. Ahora debe partir, buscar su destino y "mirar sin odio".


La historia es compleja en su desarrollo aventurero -Asitaka portador de una maldición, las batallas de los samurais enfrentados a Lady Eboshi por la Ciudad de Hierro, Mononoke, los lobos y nada menos que el Espíritu del bosque-. Pero también es compleja en su desarrollo moral.
Los antagonismos son viscerales y las luchas titánicas. La Ciudad de Hierro lucha por ocupar el bosque, los señores samuraris por ocupar la Ciudad. Mononoke y sus lobos en defensa del bosque. Todo ello no es óbice para que al final de todas las batallas, Lady Eboshi reconozca, "es increíble, esa chica salvaje y sus lobos nos han salvado a todos". 

La película huye de maniqueísmos y nos presenta una aventura caleidoscópica. Mononoke defiende a Asitaka ante los lobos, Asitaka defiende a Lady Eboshi ante Mononoke y anteriormente ha salvado a Mononoke en la Ciudad de Hierro. 
Asitaka, el héroe,  "mira sin odio".

Lady Eboshi en principio parece la malvada a quien la Princesa Mononoke ardientemente desea matar. Su Ciudad de Hierro necesita el mineral del subsuelo  y arrasa el bosque por conseguirlo. Pero ha creado esa ciudad para recoger a mujeres procedentes de burdeles y a leprosos. Allí les ofrece la libertad y la dignidad de su propio trabajo en la fundición.

La película tiene aliento épico. La Ciudad de Hierro es una nueva Troya asediada por los samurais que desean su riqueza. Lady Eboshi es ayudada de incógnito por un general y una partida de soldados enviados por el Emperador.  En paralelo se juega el destino del Bosque y sus criaturas.  El escenario por momentos es grandioso y las imágenes inolvidables.