viernes, 24 de julio de 2026

MALEZA - de Ferran García



Esta novela es inusual dentro de la literatura española. Se trata de un western brutal que me recuerda a Intemperie de Jesús Carrasco, aunque aquí la violencia es más salvaje y cruda. ´Maleza´ es una novela de frontera donde no existe más ley que la del más fuerte en medio de un conflicto bélico, las guerras carlistas, y en un territorio que el protagonista define como una "cárcel de piedra, margas, picos y bosques infinitos"; la comarca de Taradell y los bosques de la Plana, al sur del Montseny. 

De hecho la novela se publicó originariamente en catalán, en 2022, con el título de ´Guilleries´, que es el nombre de un espectacular parque natural cuyos parajes y elementos mitológicos también están presentes en otro éxito procedente de Cataluña, ´Canto yo y la montaña baila´ de Irene Solà.



El protagonista y narrador es un niño, Boi, que cuando empieza la historia acaba de perder a su madre, muerta, mientras su padre y su hermana huyen a otro lugar. Boi elige quedarse con su abuela a la que conocen en la comarca como madame Laveau, la hechicera. Ella y el bandolero que lo capturará posteriormente, Joan Tur, se convertirán en sus mentores, enseñándole los sinsabores de la vida. 

Tanto Madame Laveau como Joan Tur fueron testigos en el pasado de unos hechos sangrientos que implicaron a los padres de Boi. Ahora intentarán ayudarlo en un desenlace que amenaza violencia y muerte. 

La plaza de Taradell


Si la abuela ejerce como tutora de Boi, el bandolero Joan Tur lo hace como mentor. Se trata de un personaje tan ambiguo como fascinante. Porta un zurrón lleno de papeles arrugados con palabras y en caso de duda le hace meter la mano y coger uno. Así es como van acercándose al entendimiento entre ellos y a una realidad que se les escapa entre las manos. A pesar de esto Tur no dudará en poner a Boi en manos del jefe de su partida, el sanguinario Bonaplata; quien lo torturará hasta saber dónde se esconden su abuela y su padre, el objetivo de su venganza. Pero también, a la postre, lo acabará salvando porque se ve reflejado en él. Boi conocerá la ternura y el amor por su abuela y la brutalidad y la violencia de la vida por Joan Tur. Dos caras de una misma educación.
"Creía que eras bueno.
¿Yo?
Sí.
Se encogió de hombros.
La bondad es relativa. Mira por la ventana. ¿Es el día que empieza o la noche que acaba? Una pregunta absurda. Todo está conectado. También la bondad y la maldad, no hay nada puro en este mundo". pág. 101
Todo, desde los personajes que van apareciendo, el territorio, la época y el estilo, tiene una atmósfera entre mágica y terrible. Los mágico viene determinado por la vivencia del niño con su abuela hechicera y con su padre, capaz de hablar con los caballos y sanarlos. Precisamente un caballo tendrá un papel crucial en el desenlace, cuando Joan Tur descubre en él un mensaje secreto del padre que le ayudará a decidir qué hacer.


La historia va más allá de carlismos y liberalismos. Habla de la ceguera y brutalidad de las personas que utilizan las banderas como simple excusa. 
"Al final del desfiladero por el que íbamos había un valle y en el centro tres o cuatro casas en ruinas, como un pueblo al que le hubieran caído encima doscientos años de golpe, así, sin que nadie lo esperara. Pensé en los carlistas y después en los liberales y después otra vez en los carlistas y en decenas de hombres que no eran ni una cosa ni la otra y que deambulaban por los caminos, y en las pistolas y las escopetas que todo el mundo llevaba y en los miles de picos y papales y barrenas de los hombres que buscaban sal en las montañas." pág. 80
También habla de un momento de cambio social y de los monstruos que esto engendra. La abuela pertenece a la estirpe de los agotes, unos apestados a los que nadie quería cerca. 
"Mi abuela llegó a Taradell con sus dos hijas un día de verano. Venían del norte, aunque mi madre siempre me decía que no venían, que huían. (...)
Nuestro pueblo siempre estuvo mal visto y las cosas que decían de nosotros eran todas mentira excepto una. ¿Cual?, preguntaba yo. Su Dios y el nuestro no es el mismo, me respondía. Nos obligaban a vivir a las afueras del pueblo, más allá del río porque el río, según ellos, los protegía y purificaba; teníamos que cosernos una marca en la ropa, una especie de huella de gato de color rojo, y pobre del que saliera a la calle sin eso; tenías que llevar una campanilla que hacías sonar cada vez que ibas al pueblo para que la gente tuviera tiempo de apartarse". pag. 25
Se decía que practicaban rituales heréticos y que fornicaban entre padres e hijos. Nadie los podía tocar y menos aún tener con ellos relación alguna... hasta que llegó un hombre y decidió que todo aquello era arbitrario y que los agotes simplemente eran muy pobres y tenían otras creencias, pero eran personas como todas las demás: su abuelo.



El desarrollo de la novela se lleva a cabo como un continuo  desvelamiento, como el aterrizaje desde la fantasía y los recuerdos del niño hasta la cruda realidad de enfrentamiento y muerte. El territorio que al principio aparece con el brillo de la magia y la naturaleza poco a poco se va revelando como una cárcel pétrea y sangrienta. De hecho, la entrada de la partida de Bonaplata en Taradell es una imagen arquetípica del western que abre la puerta al feroz desenlace. Boi es la llave para conseguir su venganza y cuando ya está en su poder se dispone a torturarlo sin ningún miramiento. La escena es terrible. Con voz pausada y cortante le va anunciando al niño cada tormento al que le va a someter mientras Boi busca evadir su mente. Brutal.

La novela tiene poca acción pero traslada una intensidad dramática y emocional formidable. El encuentro del niño con la partida de Bonaplata apenas ocupa un día y una noche pero su diálogo inclemente y pormenorizado es tremendo. Narrado por el niño, cada minuto se expande hasta lograr detener el tiempo, mientras las páginas se llenan de amenazas, sospechas y dolor. La propia narración adquiere el espesor de las pesadillas, ese que te atrapa y no te deja caminar.
"No entendía nada de lo que había pasado los últimos días, no entendía las historias que estos hombres me contaban, no sabía quién era el hombre del árbol ni la mujer del agujero en el pecho, no sabía quién era Joan Tur ni Bonaplata, dudaba de todo y me era imposible saber qué era cierto y qué no, pero algo tenía claro: si les decía lo que querían saber, harían daño a la gente que quería. De alguna manera todo esto estaba conectado con mi abuela, mi padre y mi madre muerta, e incluso los muertos pueden morir una segunda vez." p. 102











La atmósfera de miseria y violencia me recuerda a ´Pa negre´ (Agustí Villaronga), mientras que el niño narrador rodeado de fantasmagorías me recuerda al ´Pedro Páramo´ de Juan Rulfo, con esa mezcla onírica de tragedia y muerte.

Quisiera resaltar un par de asuntos más que atraviesan la novela. El primero son las diversas maldiciones presentes, entre las que está la guerracivilista, la de los agotes o la de la locura, ignorancia o superstición que afectó a la madre de Chico, uno de los ´niños encontrados´ (más bien abandonados) que malviven en una granja abandonada. Fue acusada y quemada en la plaza del pueblo acusada de matar a los seis hijos que tuvo.  
"Un año y medio más tarde, su madre paría el sexto hijo, Daniel, que también se murió, pocas semanas después, en las mismas extrañas circunstancias que el pequeño Toni. Ese día llovió y al atardecer, el jardín se llenó de ranas y caracoles.
Después de aquello, la gente llegó a la única conclusión a la que podía llegar: la familia estaba maldita. El médico del pueblo, el que había pinchado por dentro los oídos de Chico y que había visto cómo morían, uno a uno, todos los hijos de la pareja excepto él, llegó a otra conclusión: no sabía cómo ni por qué, pero esa mujer estaba matando a sus hijos."
p. 39
El segundo asunto tiene que ver con el conjunto tan variado de situaciones paternofiliales que se cruzan en la novela y que la convierten casi en el relato de una saga familiar. La de Boi, sus padres y su abuela, que esconde un secreto familiar; pero también la de Bonaplata que adoptó a Joan Tur como un hijo, pero perdió a su auténtico vástago, un criminal violento y salvaje que fue asesinado y al que lleva tiempo deseando vengar. Todo ello sin olvidar esa historia lateral tan jugosa sobre ´los niños encontrados´.


La experiencia lectora es muy literaria, casi poética y evoluciona desde un principio casi mágico hacia la intriga de saber quien es el hombre que aparece en el árbol sagrado, junto al río, auténtico detonante de toda la acción posterior. Desde ese momento todo se acelerará y la vida infantil de Boi perderá su inocencia, arramblada por el tumulto de la historia. 

Ferran García tiene una manera muy particular de narrar que tiene que ver con la atmósfera onírica que ha creado. La novela avanza a través de fragmentos que se mueven en el tiempo y en el recuerdo conformando una especie de puzle emocional. El carácter ancestral, casi mítico, del relato lo subraya con una forma de contar elíptica, donde los hechos parecen venir determinados por un destino fatídico, casi telúrico. Así se puede apreciar en este párrafo perifrástico, en el que en vez de decir ´mi abuela me dijo que tenía que ir al árbol del río´, el autor nos deja escuchar todos los ecos míticos que entraña esa simple acción.
"Madame Laveau me había dicho a donde debía ir. Mi gente tiene algunas cosas sagradas. Una herradura que se guarda sumergida en una pila baptismal, cerca de la frontera. Una pared, dentro de un palacio en el que no podemos entrar, construida con piedras que en realidad son una mezcla de huesos y dientes de nuestros antepasados, triturados y pasados por el mortero. La moneda de plata donde apareció por primera vez nuestra cruz. Pero mi abuela dice que solo hay un cosa sagrada y que son las miradas. Que la herradura, la pared y la moneda no son más que baratijas que tienen el mismo valor que las ganas de aguantarse un pedo. Sagrado significa que es inviolable porque está vinculado con Dios. Especial, en cambio, quiere decir que una cosa es diferente del resto. A veces solo es especial para ti. Un lugar especial, por ejemplo. O un perro o una uña. Para el resto del mundo ese lugar es exactamente igual a cualquier otro, el perro es idéntico a cualquier perro, la uña es como todas las uñas, pero supongo que siempre hay un lugar, un perro o una uña especial para alguien. Mi abuela tenía un árbol especial. Nunca me contó por qué, pero yo sabía que era especial. También lo sabía mi madre y resulta que también lo sabía el hombre que encontramos en el río. Ahí tenía que ir." p. 70
Creo que la abuela representa lo antiguo, un mundo en armonía con las creencias y la naturaleza; mientras que Joan Tur representa el futuro, la consciencia y rispidez del mundo adulto. Entre estos dos tiempos se sitúa el presente, el lugar donde ambos presentan una feroz batalla. Así lo reconocer el propio narrador cuando dice: "Algunas cosas empezaron y otras se terminaron cuando llegó el hombre del árbol. Que los niños me tiraran piedras fue una de las cosas que terminó. Pero los problemas empezaron. Quiero decir los de verdad." 







👉一一一一一一一一一一一一一一一一一一一一一一一一一一一
Ferran Garcia nació el 12 de junio de 1971 en Vic. Ha publicado en catalán las novelas ´Recorda que moriràs´ (2016) y ´Blasfèmia´ (2019), ambas en la Editorial Males Herbes. También tiene publicados los poemarios ´Larva´ (Premio de poesía Pare Colom, Lleonard Muntaner Editor, 2017) y ´Magror´ (XXI Premio de poesía Pere Badia, 2021). 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.