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viernes, 24 de julio de 2026

MALEZA - de Ferran García



Esta novela es inusual dentro de la literatura española. Se trata de un western brutal que me recuerda a Intemperie de Jesús Carrasco, aunque aquí la violencia es más salvaje y cruda. ´Maleza´ es una novela de frontera donde no existe más ley que la del más fuerte en medio de un conflicto bélico, las guerras carlistas, y en un territorio que el protagonista define como una "cárcel de piedra, margas, picos y bosques infinitos"; la comarca de Taradell y los bosques de la Plana, al sur del Montseny. 

De hecho la novela se publicó originariamente en catalán, en 2022, con el título de ´Guilleries´, que es el nombre de un espectacular parque natural cuyos parajes y elementos mitológicos también están presentes en otro éxito procedente de Cataluña, ´Canto yo y la montaña baila´ de Irene Solà.



El protagonista y narrador es un niño, Boi, que cuando empieza la historia acaba de perder a su madre, muerta, mientras su padre y su hermana huyen a otro lugar. Boi elige quedarse con su abuela a la que conocen en la comarca como madame Laveau, la hechicera. Ella y el bandolero que lo capturará posteriormente, Joan Tur, se convertirán en sus mentores, enseñándole los sinsabores de la vida. 

Tanto Madame Laveau como Joan Tur fueron testigos en el pasado de unos hechos sangrientos que implicaron a los padres de Boi. Ahora intentarán ayudarlo en un desenlace que amenaza violencia y muerte. 

La plaza de Taradell


Si la abuela ejerce como tutora de Boi, el bandolero Joan Tur lo hace como mentor. Se trata de un personaje tan ambiguo como fascinante. Porta un zurrón lleno de papeles arrugados con palabras y en caso de duda le hace meter la mano y coger uno. Así es como van acercándose al entendimiento entre ellos y a una realidad que se les escapa entre las manos. A pesar de esto Tur no dudará en poner a Boi en manos del jefe de su partida, el sanguinario Bonaplata; quien lo torturará hasta saber dónde se esconden su abuela y su padre, el objetivo de su venganza. Pero también, a la postre, lo acabará salvando porque se ve reflejado en él. Boi conocerá la ternura y el amor por su abuela y la brutalidad y la violencia de la vida por Joan Tur. Dos caras de una misma educación.
"Creía que eras bueno.
¿Yo?
Sí.
Se encogió de hombros.
La bondad es relativa. Mira por la ventana. ¿Es el día que empieza o la noche que acaba? Una pregunta absurda. Todo está conectado. También la bondad y la maldad, no hay nada puro en este mundo". pág. 101
Todo, desde los personajes que van apareciendo, el territorio, la época y el estilo, tiene una atmósfera entre mágica y terrible. Los mágico viene determinado por la vivencia del niño con su abuela hechicera y con su padre, capaz de hablar con los caballos y sanarlos. Precisamente un caballo tendrá un papel crucial en el desenlace, cuando Joan Tur descubre en él un mensaje secreto del padre que le ayudará a decidir qué hacer.


La historia va más allá de carlismos y liberalismos. Habla de la ceguera y brutalidad de las personas que utilizan las banderas como simple excusa. 
"Al final del desfiladero por el que íbamos había un valle y en el centro tres o cuatro casas en ruinas, como un pueblo al que le hubieran caído encima doscientos años de golpe, así, sin que nadie lo esperara. Pensé en los carlistas y después en los liberales y después otra vez en los carlistas y en decenas de hombres que no eran ni una cosa ni la otra y que deambulaban por los caminos, y en las pistolas y las escopetas que todo el mundo llevaba y en los miles de picos y papales y barrenas de los hombres que buscaban sal en las montañas." pág. 80
También habla de un momento de cambio social y de los monstruos que esto engendra. La abuela pertenece a la estirpe de los agotes, unos apestados a los que nadie quería cerca. 
"Mi abuela llegó a Taradell con sus dos hijas un día de verano. Venían del norte, aunque mi madre siempre me decía que no venían, que huían. (...)
Nuestro pueblo siempre estuvo mal visto y las cosas que decían de nosotros eran todas mentira excepto una. ¿Cual?, preguntaba yo. Su Dios y el nuestro no es el mismo, me respondía. Nos obligaban a vivir a las afueras del pueblo, más allá del río porque el río, según ellos, los protegía y purificaba; teníamos que cosernos una marca en la ropa, una especie de huella de gato de color rojo, y pobre del que saliera a la calle sin eso; tenías que llevar una campanilla que hacías sonar cada vez que ibas al pueblo para que la gente tuviera tiempo de apartarse". pag. 25
Se decía que practicaban rituales heréticos y que fornicaban entre padres e hijos. Nadie los podía tocar y menos aún tener con ellos relación alguna... hasta que llegó un hombre y decidió que todo aquello era arbitrario y que los agotes simplemente eran muy pobres y tenían otras creencias, pero eran personas como todas las demás: su abuelo.



El desarrollo de la novela se lleva a cabo como un continuo  desvelamiento, como el aterrizaje desde la fantasía y los recuerdos del niño hasta la cruda realidad de enfrentamiento y muerte. El territorio que al principio aparece con el brillo de la magia y la naturaleza poco a poco se va revelando como una cárcel pétrea y sangrienta. De hecho, la entrada de la partida de Bonaplata en Taradell es una imagen arquetípica del western que abre la puerta al feroz desenlace. Boi es la llave para conseguir su venganza y cuando ya está en su poder se dispone a torturarlo sin ningún miramiento. La escena es terrible. Con voz pausada y cortante le va anunciando al niño cada tormento al que le va a someter mientras Boi busca evadir su mente. Brutal.

La novela tiene poca acción pero traslada una intensidad dramática y emocional formidable. El encuentro del niño con la partida de Bonaplata apenas ocupa un día y una noche pero su diálogo inclemente y pormenorizado es tremendo. Narrado por el niño, cada minuto se expande hasta lograr detener el tiempo, mientras las páginas se llenan de amenazas, sospechas y dolor. La propia narración adquiere el espesor de las pesadillas, ese que te atrapa y no te deja caminar.
"No entendía nada de lo que había pasado los últimos días, no entendía las historias que estos hombres me contaban, no sabía quién era el hombre del árbol ni la mujer del agujero en el pecho, no sabía quién era Joan Tur ni Bonaplata, dudaba de todo y me era imposible saber qué era cierto y qué no, pero algo tenía claro: si les decía lo que querían saber, harían daño a la gente que quería. De alguna manera todo esto estaba conectado con mi abuela, mi padre y mi madre muerta, e incluso los muertos pueden morir una segunda vez." p. 102











La atmósfera de miseria y violencia me recuerda a ´Pa negre´ (Agustí Villaronga), mientras que el niño narrador rodeado de fantasmagorías me recuerda al ´Pedro Páramo´ de Juan Rulfo, con esa mezcla onírica de tragedia y muerte.

Quisiera resaltar un par de asuntos más que atraviesan la novela. El primero son las diversas maldiciones presentes, entre las que está la guerracivilista, la de los agotes o la de la locura, ignorancia o superstición que afectó a la madre de Chico, uno de los ´niños encontrados´ (más bien abandonados) que malviven en una granja abandonada. Fue acusada y quemada en la plaza del pueblo acusada de matar a los seis hijos que tuvo.  
"Un año y medio más tarde, su madre paría el sexto hijo, Daniel, que también se murió, pocas semanas después, en las mismas extrañas circunstancias que el pequeño Toni. Ese día llovió y al atardecer, el jardín se llenó de ranas y caracoles.
Después de aquello, la gente llegó a la única conclusión a la que podía llegar: la familia estaba maldita. El médico del pueblo, el que había pinchado por dentro los oídos de Chico y que había visto cómo morían, uno a uno, todos los hijos de la pareja excepto él, llegó a otra conclusión: no sabía cómo ni por qué, pero esa mujer estaba matando a sus hijos."
p. 39
El segundo asunto tiene que ver con el conjunto tan variado de situaciones paternofiliales que se cruzan en la novela y que la convierten casi en el relato de una saga familiar. La de Boi, sus padres y su abuela, que esconde un secreto familiar; pero también la de Bonaplata que adoptó a Joan Tur como un hijo, pero perdió a su auténtico vástago, un criminal violento y salvaje que fue asesinado y al que lleva tiempo deseando vengar. Todo ello sin olvidar esa historia lateral tan jugosa sobre ´los niños encontrados´.


La experiencia lectora es muy literaria, casi poética y evoluciona desde un principio casi mágico hacia la intriga de saber quien es el hombre que aparece en el árbol sagrado, junto al río, auténtico detonante de toda la acción posterior. Desde ese momento todo se acelerará y la vida infantil de Boi perderá su inocencia, arramblada por el tumulto de la historia. 

Ferran García tiene una manera muy particular de narrar que tiene que ver con la atmósfera onírica que ha creado. La novela avanza a través de fragmentos que se mueven en el tiempo y en el recuerdo conformando una especie de puzle emocional. El carácter ancestral, casi mítico, del relato lo subraya con una forma de contar elíptica, donde los hechos parecen venir determinados por un destino fatídico, casi telúrico. Así se puede apreciar en este párrafo perifrástico, en el que en vez de decir ´mi abuela me dijo que tenía que ir al árbol del río´, el autor nos deja escuchar todos los ecos míticos que entraña esa simple acción.
"Madame Laveau me había dicho a donde debía ir. Mi gente tiene algunas cosas sagradas. Una herradura que se guarda sumergida en una pila baptismal, cerca de la frontera. Una pared, dentro de un palacio en el que no podemos entrar, construida con piedras que en realidad son una mezcla de huesos y dientes de nuestros antepasados, triturados y pasados por el mortero. La moneda de plata donde apareció por primera vez nuestra cruz. Pero mi abuela dice que solo hay un cosa sagrada y que son las miradas. Que la herradura, la pared y la moneda no son más que baratijas que tienen el mismo valor que las ganas de aguantarse un pedo. Sagrado significa que es inviolable porque está vinculado con Dios. Especial, en cambio, quiere decir que una cosa es diferente del resto. A veces solo es especial para ti. Un lugar especial, por ejemplo. O un perro o una uña. Para el resto del mundo ese lugar es exactamente igual a cualquier otro, el perro es idéntico a cualquier perro, la uña es como todas las uñas, pero supongo que siempre hay un lugar, un perro o una uña especial para alguien. Mi abuela tenía un árbol especial. Nunca me contó por qué, pero yo sabía que era especial. También lo sabía mi madre y resulta que también lo sabía el hombre que encontramos en el río. Ahí tenía que ir." p. 70
Creo que la abuela representa lo antiguo, un mundo en armonía con las creencias y la naturaleza; mientras que Joan Tur representa el futuro, la consciencia y rispidez del mundo adulto. Entre estos dos tiempos se sitúa el presente, el lugar donde ambos entablan una feroz batalla. Así lo reconocer el propio narrador cuando dice: "Algunas cosas empezaron y otras se terminaron cuando llegó el hombre del árbol. Que los niños me tiraran piedras fue una de las cosas que terminó. Pero los problemas empezaron. Quiero decir los de verdad." 







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Ferran Garcia nació el 12 de junio de 1971 en Vic. Ha publicado en catalán las novelas ´Recorda que moriràs´ (2016) y ´Blasfèmia´ (2019), ambas en la Editorial Males Herbes. También tiene publicados los poemarios ´Larva´ (Premio de poesía Pare Colom, Lleonard Muntaner Editor, 2017) y ´Magror´ (XXI Premio de poesía Pere Badia, 2021). 

domingo, 10 de mayo de 2026

EL PALACIO AZUL de los INGENIEROS BELGAS - de Fulgencio Argüelles




Este libro es un hallazgo literario de primer orden, capaz de albergar toda la belleza y el dolor que irradia la vida. Por él discurren las alegrías y sinsabores de un grupo de personas en un momento histórico de encrucijada, en la cuenca minera de Asturias, justo antes, durante y después de la Revolución de Octubre de 1934.

Pero estas circunstancias tan terribles de miseria primero e insurrección después, seguida de brutal represión, no son más que el trasfondo histórico donde palpitan unos personajes de carne, sangre y emoción. Siendo así que está narrada por un protagonista -Nalo- en plena transición de la adolescencia a la juventud, también se trata de una novela de formación. El retrato que consigue de su vida y entorno es veraz y profundamente conmovedor. Un adolescente que va descubriendo la vida, el amor y la muerte hasta que se topa con la cara más infame de la maldad y la tortura en la cuenca minera asturiana. Todo un aprendizaje vital que nos traslada con elocuencia desde su más profunda intimidad. 

La acción transcurre entre el año 1927, en plena dictadura del general Primo de Rivera, y 1934; con la proclamación de la II República y los trágicos sucesos de octubre en medio. Nalo es apenas un adolescente que acaba de perder a sus padres cuando entra a trabajar de jardinero en el palacio azul del título. Allí comenzará su aprendizaje vital navegando entre dos mundos muy dispares, el gozoso de la finca de los hacendados belgas, ingenieros que gobiernan la industria de la zona; y el corroído por las penurias de sus familiares y amigos. La vida de Nalo se irá transformando con experiencias de todo tipo a la vez que él mismo será testigo de unos años de profundo cambio.

Nalo es un joven bondadoso e inteligente que se bebe la vida. Es un personaje entrañable e inocente con el que rápidamente nos identificamos emocionalmente. Él mismo se declara "aprendiz de todo". Todo lo observa, de todos aprende. Todos los días son una exploración y un despertar a la vida que se expande ante él beatífica y feraz.

En su exploración encontrará muchos cómplices, de ahí que sea tan fascinante la galería de personajes que le rodea. Las emociones y el amor las aprende con su hermana Lucía, joven y ya viuda, que le enseña los placeres del cuerpo y el amor a la poesía. La sabiduría la trasiega del jefe jardinero Eneka, un filósofo natural que le abre el libro de la naturaleza y la mitología. Se leyó los catorce tomos de una enciclopedia y su sedimento le sirve para instruir al joven discípulo sobre como ser y estar en el mundo. "Eneka se acercó y me dijo, nada sucede en la naturaleza viva que no esté en relación con la totalidad". Perdió a su primera mujer, a la que consideraba una musa, y ahora se está enamorando de Lucía, la hermana de Nalo: 
"Según me contó mi hermana más tarde, hablaron de muchas cosas. Lucía le habló a Eneka de la locura de sus ilusiones, del teatro, de la aversión que le causaban el conformismo y la resignación, de la magia de la poesía y de la satisfacción que suponía para ella poder hablar con un hombre culto y educado. Eneka le dijo a mi hermana que las ilusiones no son nunca síntomas de locura sino de salud física y mental, y le habló de jardinería y de historia, y le explicó que había estado casado con Clío, una de las nueve musas, y mi hermana sentía muchas ganas de reír, pero no podía hacerlo porque estaba en el día del entierro de nuestra madre, y se contenía, y Eneka le dijo que ella podría ser también una de las nueve musas, quizá Calíope, protectora y animadora de la poesía épica, o Erato, a quien correspondía la inspiración de la poesía erótica, o bien Euterpe, salvaguarda de la poesía lírica, y mi hermana se emocionó mucho con aquellas palabras de mi amigo Eneka, el jardinero del palacio azul de los ingenieros belgas, y le dijo, me quedo con Calíope, porque me gustan las aventuras." pág. 85


El conocimiento de la vida y sus menesteres Nalo lo acabará aprendiendo de su abuelo Cosme, por más que durante gran parte de la novela permanezca en silencio, ahogando sus recuerdos en anís. Finalmente el joven sabrá, por uno de los ingenieros, que su abuelo echó por la borda una situación de privilegio solo por mantenerse íntegro.

Las enseñanzas de Cosme y Eneka se complementan maravillosamente. Éste le forma como persona y aquel como ciudadano volcado en mejorar la vida de su comunidad. El ingeniero Hendrik le llegará a comentar a Nalo, "eres igual que tu abuelo, tan listo y tan loco como él (...), utilizáis la inteligencia desde la humidad, que resulta mucho más poderosa que la soberbia, incluso más determinante que la misma violencia". Finalmente su primo Alipio, anarquista y líder sindical, será quien le muestre la pasión por la justicia social.

También en el palacio azul encontrará dicha e instrucción, tanto por parte de los ingenieros como de sus mujeres y de su hija Elena, que le hará descubrir el amor. La vida de Nalo en palacio se constituirá como un universo cerrado de inocencia, felicidad y aprendizaje; lo que no evitará que los dos mundos colisionen en la revuelta social del 34.




La lectura es un auténtico placer. El texto posee elegancia y precisión. Su tono es reflexivo y con un poso poético, aunque nunca vacuo. Argüello sabe lo que quiere contar y cómo contarlo. Es capaz de reflejar la miseria y la injusticia social sin caer en el melodrama o en el adoctrinamiento. Escribe con una sabiduría serena que hace que sus personajes naveguen por una realidad muy dura y sin embargo parezcan inmersos en una atmósfera de irrealidad o ensueño¹. Ello se debe a que su escritura es cautivadora y de ritmo envolvente, capaz de plasmar la complejidad emocional de cada personaje. Son vidas que están contadas desde dentro, desde una intimidad luminosa. Se podría calificar este estilo como ´preñado´ de memoria y vida. 

Hay una frase en el libro que creo que resume este estilo, que narra "condensando todo lo visto, lo vivido y lo soñado hasta aquel momento" (p. 94). Argüelles fecunda cada situación y cada personaje con todo tipo de recuerdos, pensamientos y emociones, consiguiendo páginas muy vívidas. Su hermana Lucía le enseñó a Nalo a reconocer esos momentos especiales, capaces de expandir la consciencia, porque "tienen el poder de multiplicarse en muchos momentos". Lo que es un modo de reflejar una vivencia en su complejidad máxima, agregando a los simples hechos, los recuerdos, emociones y reverberos que sacuden al personaje.

Uno de estos momentos ´cuánticos´ lo vive Nalo cuando llega por primera vez al palacio azul y se presenta ante el ingeniero belga. Un lacayo le ha inculcado las consignas: sólo tienes que responder rápido sí señor o no señor y nunca le mires a los ojos. Pero cuando Nalo es introducido en ese despacho lleno de muebles lujosos y una biblioteca imponente el niño colapsa. Todos sus recuerdos, sus sensaciones, lo aprendido con el cura en Historia Sagrada, los refranes de su abuela Anastasia, todo, todo, todo, se agolpa en su mente en ese instante crucial que él sabe que definirá su vida. Ese momento "que se multiplica en muchos momentos" volverá a vivirlo cuando explore el cuerpo de la señorita Elena, cuando se proclame la Segunda República y cuando vea revivir a su abuelo Cosme. También, de forma aterradora, en aquellos días del "tiempo desarreglado", cuando le toque vivir el estallido de la revolución de octubre de 1934.

Parece que Argüelles se inspiró en el Chalet de los Figaredo para ambientar su novela. Un Chalet que ha pertenecido a la Universidad de Oviedo durante unos cuantos años.


















Sólo dos apuntes más.
Uno, dentro de esa escritura capaz de ser culta y a la vez natural, hay que subrayar dos capítulos señeros. El 5 posee un maravilloso carácter evocador. En él su abuelo Cosme le relata a Nalo su pasado glorioso, aquel en el que su éxito llegó hasta ámbitos tan penetrantes que determinaron su dimisión. Una situación a la que peligrosamente también se está acercando el propio Nalo. El otro capítulo es el 8 que, en muy pocas páginas, pero con la brillantez y precisión de un buril, se describe la revolución y su feroz aplastamiento. 

Y Dos, hay una metáfora recurrente sobre una mariposa que recorre todo el libro. Le sirve a Nalo para ilustrar la transformación que rige la historia y la naturaleza, tanto como la suya propia.
"Escucha, Nalo, me dijo Eneka, esto tiene que ver con esa mariposa de la que a veces te hablo, esa que está encerrada aquí dentro y que algún día se manifestará, ella te podría aclarar si la señorita es o no es para ti una musa, de la misma forma que te informará sobre lo que eres y sobre lo que quieres ser, sus revoloteos son certeros, permanece oculta porque necesita conjurar ciertos estados de ánimo y algunas fuerzas secretas para vencer futuras batallas entre el corazón y el cerebro, pero un día se despojará de ese disfraz y te ocupará el cuerpo entero y la mente entera, la memoria entera, y te dirá quién eres tú y entonces sabrás quiénes son los demás."

Habrá quien diga que esta no es más que "otra novela sobre la guerra civil". Yo le digo que se equivoca. La novela es peripecia vital en un contexto (social, histórico, natural) con el que interactúa; sea la Edad Media, la selva o Wall Street. Tanto la trama como el trasfondo histórico y social son principales en una novela; pero lo que la convierte en memorable son el estilo² y los personajes; qué sienten, cómo reaccionan, qué les motiva, de dónde vienen, por qué sufren, qué persiguen. Si su vivencia es genuina y el trance congruente, perdurarán en nuestro corazón, como este Eneka que ejerce de mentor. 
"hay momentos en la historia en que los hombres no pueden aguantar más y hacen que su corazón estalle para que salgan a la luz todos los secretos y se desmorone la mentira de sus vidas, y en esa explosión de verdad, la conciencia liberadora no puede progresar sin rupturas o conflictos, y así, en las manifestaciones espontáneas de rechazo a las reglas de vida admitidas y a la falsa cultura transmitida aparece la violencia, pero no la violencia entendida como fracaso de la razón que no logra por sus propios medios instaurar unas relaciones justas entre los hombres, sino como un mecanismo radical y definitivo de renovación, sin la muerte de la crisálida no existe la mariposa. Me pregunté por qué la palabra mariposa tenía para todos nosotros un significado especial. En aquella palabra había luz y color y había renacimiento, en su pronunciación había un intento de conjurar la inercia de las cosas, en su comprensión había música y danza y júbilo, en su búsqueda había vértigo y en su encuentro invulnerabilidad. Todos de alguna manera jugábamos a ser mariposas. Eneka dijo, cierto es que la violencia es la que impone el orden y cierto que también es la que sueña con destruirlo, por eso yo creo que en los parlamentos y en los gobiernos debería haber personas muy sabias que conocieran el corazón de las gentes y la esencia de las cosas, personas que inventaran leyes que evitaran la violencia." pág. 251
Pues eso, escuchemos el aleteo de nuestra mariposa interior. 







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¹ Esa atmósfera de ensoñación que destila el libro, yo creo que tiene que ver con que es un momento histórico previo a los horrores de la Guerra Civil. Este aspecto inocente de la vida de Nalo es remarcado por una de las citas de portada del libro:

"Hay un momento por la mañana temprano, antes de que se haya derramado demasiada sangre, antes de que la crueldad de los fuertes haya alcanzado su apogeo, cuando los jugadores nocturnos caen dormidos al fin y se libran de su tristeza, hay un momento en el que el nuevo día parece casi inocente."
JOHN BERGER
Lila y Flag


²  Decía Nabokov que la clave de la mejor narrativa contemporánea no es el interés por la trama, o la identificación con los personajes, sino la fascinación del lector por la inteligencia del que narra la historia.





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Fulgencio Argüelles
 nació en Uriés, en el concejo de Aller, Asturias, en 1955. Vivió en Madrid, donde estudió Psicología. En 1997 regresó a Asturias y se estableció en Cenera, en el concejo de Mieres, donde había pasado su infancia y juventud. Por Letanías de lluvia, su primer libro, recibió el Premio Azorín en 1992. Desde entonces ha seguido publicando novelas con éxito: Los clamores de la tierra (1996), Recuerdos de algún vivir (Premio Principado de Asturias, 2000), El palacio azul de los ingenieros belgas (Premio Café Gijón, 2003), A la sombra de los abedules (2011) y No encuentro mi cara en el espejo (2014). En 2018 apareció El otoño de la casa de los sauces
Argüelles escribe desde hace años artículos de opinión y de crítica literaria en la prensa española. También ha publicado dos libros de relatos, uno en castellano (Del color de la nada, 1998) y otro en asturiano (Seronda, 2004).

sábado, 1 de noviembre de 2025

LA POESÍA de M. V. ATENCIA



Con motivo de haber sido reconocida con el Premio Nacional de las Letras 2025, traigo aquí un puñado de poemas de la poetisa malagueña María Victoria Atencia.




                     SAZÓN 


Ya está todo en sazón. Me siento hecha,
me conozco mujer y clavo al suelo
profunda la raíz, y tiendo en vuelo
la rama, cierta en ti, de su cosecha.

¡Cómo crece la rama y qué derecha!
Todo es hoy en mi tronco un solo anhelo
de vivir y vivir: tender al cielo,
erguida en vertical, como la flecha

que se lanza a la nube. Tan erguida
que tu voz se ha aprendido la destreza
de abrirla sonriente y florecida.

Me remueve tu voz. Por ella siento
que la rama combada se endereza
y el fruto de mi voz se crece al viento.


                                   
         De      Arte y Parte     (1961)




                                              ☙❦❧





         EPITAFIO PARA UNA MUCHACHA

Porque te fue negado el tiempo de la dicha
tu corazón descansa tan ajeno a las rosas.
Tu sangre y carne fueron tu vestido más rico
y la tierra no supo lo firme de tu paso.

Aquí empieza tu siembra y acaba juntamente
-tal se entierra a un vencido al final del combate-,
donde el agua en noviembre calará tu ternura
y el ladrido de un perro tenga voz de presagio.

Quieta tu vida toda al tacto de la muerte,
que a las semillas puede y cercena los brotes,
te quedaste en capullo sin abrir, y ya nunca
sabrás el estallido floral de primavera.


                                          
  De Cañada de los ingleses (1961)


 



                                   ☙❦❧


 



                          DEJADME

 

Dejadme como cuando nací desnuda y sola,
vacía de palabras, sólo aire en el pecho,
y en mis venas corrían los cursos de un arroyo.
Que vuelvan a su origen los gestos usuales
y que al abrir mis ojos sólo penetre en ellos
un punto de luz pura.
Que por la enredadera de las horas se pierdan
mi memoria y mi nombre. Que el tacto de las rosas
me abandone en la tarde, y en la humedad del alba
retorne nuevamente al olor de las juncias.

Dejad que sin zapatos siga andando y regrese
de muy lejos al pecho caliente de mi madre.


                                                             
de Marta y María (1966)




                                     ☙❦❧



                              VOYEUR

 

                                                                  Algarve
Me llegué, ya sin voz, junto al acantilado
y tiré roca abajo cuanto me estaba impuesto.
No sé qué verde mano removía los fondos
o qué agua sucia o costra corroían la piedra
con el mar avanzante,
retrocediente, hiriente,
allá abajo,
y las grajas electrizaban su plumón, y tuve
cierta satisfacción contemplando mi vértigo,
con certeza sabiendo que al fin
y al cabo esto es sólo un poema,
que sigo aquí y que aún puedo escribirlo.


                                                       
de La pared contigua    (1989)



 

                            ☙❦❧ 




                 CASA DE BLANCA 

No llamaré a tus puertas, aldaba de noviembre:
el árbol de las venas bajo mi piel se pudre
y una astilla de palo el corazón me horada.

Porque tú no estás, Blanca, tu costurero antiguo
se olvida de los tules, y el Niño de Pasión
va llenando de llanto el cristal de La Granja.

Tiene el regazo frío tu silla de caoba,
tiene el mármol tu quieta dulzura persistida
y bajo tu mirada una paloma tiembla.

Perdidamente humana pude sentirme un día,
pero un mundo de sombras desvaídas me llama
y a un sueño interminable tu cama me convoca.

 

                                                     De Marta y María (1966)
 


                         ☙❦❧
  




                                 JARDÍN


Vuelvo a cruzar tus verjas, jardín, vergel amable
una noche, hace tanto, sabiéndome perdida
y deslumbrada, pero cierta en el rumor del agua
y el aroma que alzaba hasta un mirlo el parterre.

Vuelvo a cruzar tus verjas, desolación de hoy,
crueldad del tiempo y tuya, mientras canta el autillo
y los topos horadan el césped bajo el suelo;
tú, plenitud que fuiste,
ya olvidado el afán con que ibas penetrándome
por si yo mismo fuera, acaso, tu jardín.


                                                                                De De pérdidas y adioses  (2005)



 


                        ☙❦❧

 


                        LA MALETA

Bajo la cama tengo otra vez la maleta
pero no con la ropa en espera de un hijo.
Esta vez voy poniendo aquello que carece
de consistencia y forma, y es moneda, no obstante
¡qué otras cosas habrían de servirme llegada,
de improviso, la hora!

Ediciones preciosas de San Juan de la Cruz,
rosas de Alejandría,
los Cuadernos de Malte...
Mas no podré pasarlos: se va allí de vacío
si, por añadidura, no se nos ofreciera
otra riqueza contra la que no prevalece
el paso de los tiempos.

                                                                             De Marta y María - 1976



                          ☙❦❧ 




                        EL VACÍO

Sabré si he de durar lo que queda del día
cuando me sepa -como ahora- sola,
descubierta y sola
y a vuelta de una esquina que da entera al vacío,
en el tierno ejercicio de
aprender a quererte cada vez más deprisa,
porque la historia puede perderse en retrocesos
y el pasado emprender un camino de vuelta
que
ya estuviese, inadvertidamente, a punto de alcanzarme:
cuando huye el tiempo lo hace de puntillas.


 

                                                         DE    De pérdidas y adioses - 2005


 

                              ☙❦❧ 






               COMO UN ROCE EN SUS LABIOS

Que alguien pase mis páginas, pues que debo perderme
en la oscura raíz de mi arboleda. Puedo
escuchar cómo gime el silencio, y ya soy
solo un roce en sus labios, aunque el escribidor de versos
solo sea alguien que habla de cosas que no entiende.
Que me recorra un soplo, y pueda ya alcanzar
-sin que quizás me entienda- a escribir cada día
una línea distinta para inventar la vida que me falta,
y me aprenda, y me olvide, pues me sé de memoria después de tantos años,
No deteriora el tiempo la belleza
la perfecciona en otra manera de hermosura.


                                                                             De De pérdidas y adioses (2005)






                    ☙❦❧



 

QUÉ PUEDO HACER SINO INVENTARTE

Qué puedo hacer en lo que va de instante 
de un tiempo sucedido y ya hueco de ti, 
si es que te tuvo; corazón, qué puedo 
hacer sino inventarte, alto tallo de luz 
que me haga a tu medida y tu abandono, 
sin dormición final, mi aliento frío. 
 
                                                                              De El umbral   (2011)










María Victoria Atencia nació en Málaga en 1931, ciudad a la que está vinculada su vida y su obra, tal como recoge el último verso de su poema "Exilio", «Andar es no moverse del lugar que escogimos». 
A los veinticuatro años contrajo matrimonio con Rafael León quien se convirtió en su guía y editor, incitándole a dedicarse de lleno a la poesía. Es una profunda admiradora de la poesía de San Juan de la Cruz y de  Rilke. Su propia obra se caracteriza por una forma de interiorizar la realidad como búsqueda hacia lo espiritual. Su poesía tiene la capacidad de acercarse a lo cotidiano de la experiencia para extraer matices insospechadamente trascendentes. Jorge Guillén la denominó como “María Victoria Serenísima”

Es una de las exponentes de la generación de los años 50 (Valente, Goytisolo, Gil de Biedma, Ángel González, Fco. Brines) que, desde muy joven, estuvo ligada a los poetas del grupo Caracola 
Su veintena de libros abarca medio siglo. Desde su inicial Arte y parte (1961), hasta El umbral (Pre-textos, 2011) ha desgranado su poética en libros tan señalados como Cañada de los ingleses (1961), 
Marta y María (1976), 
Los sueños (1976), 
El mundo de M. V. (1978), 
Paulina o el libro de las aguas (1984), 
La pared contigua (1989), 
Las contemplaciones (1997) o 
El hueco (2003).  
Quienes deseen acercarse a su poesía tienen a su disposición una excelente antología poética (1955-2010), en la editorial Renacimiento, con Prólogo de Guillermo Carnero: "Como las cosas claman".

María Victoria Atencia añade este Premio Nacional a una lista innumerable de galardones entre los que figuran el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2014, el Federico García Lorca que obtuvo en 2010 y el Nacional de la Crítica que ganó en 1998, entre otros.
 


LA POESÍA DE ATENCIA - según Sharon Keefe Uglade



LA POESÍA DE MARÍA VICTORIA ATENCIA O CÓMO CONTENER EL VUELO DE LA GENTIL OROPÉNDOLA 

Sharon Keefe Uglade
SOUTHWEST TEXAS STATE UNIVERSITY


Detengamos la sombra del sol en sus relojes, 
las aguas en sus ríos. Y por sólo este día 
que contenga su vuelo la gentil oropéndola.¹ 
María Victoria Atencia

EL VALOR TRANSCENDIDO

        Al hablar de la poesía de María Victoria Atencia es inevitable abordar el tema de la transcendencia, como pone en evidencia esta declaración de la autora sobre su propia poética: «Quizás la poesía no sea más que un modo de substitución por correspondencias personalmente halladas y de las que se espera una mayor luz hacia dentro y hacia afuera; de las que se espera un valor transcendido»². Según asevera Atencia en la misma poética, lo circunstancial, lo ocasional, lo coyuntural son una mutilación «de las infinitas posibilidades que el poema ofrece, de todas las infinitas posibilidades de un sueño»³. Traspasar la frontera del mundo sin límites de los sueños, de la imaginación, y de la creación posibilita la revelación de las últimas esencias de la realidad, pero llegar a ese «otro mundo» requiere un estado de total disponibilidad. La poeta-hablante de los textos atencianos se entrega a la espera, intensificada en las solitarias horas nocturnas.
        Entre los textos de Atencia que inducen a meditar sobre el proceso poético figura el siguiente titulado «La llave»⁴:

Me despoja de mí el silencio en las torres
que una llave de piedra o de plata me abren,
y a las veras del agua se desnuda de aljófar
y nácar la nostalgia. Deja escurrir el mirto
una gota de aroma que sacude a la alberca.
Puedo ungirme las yemas para dar luz a un ciego.
Discurro con la noche. Los cipreses se alzan.
Soy el vacío ya. Ni una voz me sostiene.

        El poema expresa que tanto la contemplación de objetos de arte, sugerida al nombrar sustancias naturales elaboradas por los escultores y los plateros («piedra» y «plata»), como la intensificación de los sentidos («aroma del mirto») sirven como llave de la disponibilidad poética. El título formula un concepto de la poesía como llave del espacio infinito de la imaginación. El poema describe el proceso de la espera y en el último verso el estado logrado de disponibilidad creativa: «Soy el vacío ya». 

        Además, el texto expresa el anhelo de alcanzar la esencia del pasado -la nostalgia desnuda de anécdota- y de transcender el fluir del tiempo y con ello la amenaza de la muerte. En el penúltimo verso la declaración «Los cipreses se alzan» hace presente la muerte pero simultáneamente, por el gesto del alzamiento, la transcendencia. En la obra de Atencia el estremecimiento del vuelo anuncia la anulación de la temporalidad. La palabra poética lograda detiene el fluir del tiempo confundiendo el pasado y el presente y transformando la memoria en texto. Para la poeta la poesía es también la llave de la epifanía de la belleza y de la plenitud de descubrir las esencias ocultas de la realidad. Contener el vuelo de la gentil oropéndola es una declaración metafórica de la poética atenciana: magnificar la belleza, parar el transcurrir de la vida, y traspasar los límites de este mundo. 



EL MUNDO REAL Y EL MUNDO POÉTICO 

        Antes de analizar un aspecto específico del discurso poético atenciano, el écfrasis, que se enlaza tanto con la visión «más allá donde las tablas vigentes de aquí no sirven» como con la manera original de expresar esa visión, es conveniente señalar otro aspecto general de su poesía. Aparte de la transcendencia es importante tener en cuenta lo que Pedro Salinas llama «mundo real y mundo poético» y Roberto Juarroz denomina «poesía y realidad». En el caso de nuestra autora se podría hablar con mayor precisión de la relación entre el mundo imaginario y el mundo cotidiano. 

        Hay en la obra atenciana algún reflejo de la depuración de la realidad que para Salinas ejemplifica Garcilaso y de la estetización que caracteriza a Góngora. Pero, en términos generales, la presencia del mundo real en la poesía de Atencia se asemeja más plenamente a la que Salinas propone como característica de las primeras décadas del siglo XX. Desde la perspectiva de los años 1930, el poeta de la generación del 27 observa como la realidad impone cada vez más su presencia en el texto poético: «He aquí por qué me parece que podemos afirmar que las relaciones entre mundo poético y mundo real son hoy más dramáticas que nunca lo fueron. La realidad maravillosa, múltiple, cargada de elementos poéticos se yergue e intenta colocarse, colocar su mundo real en ese espacio en que los poetas labraron siempre otro mundo, el mundo suyo, el poético»

        Con la ventaja del transcurso de unos sesenta años, las palabras siguientes de Juarroz refinan la formulación de Salinas: «La poesía es una mística de la realidad... El poeta mediante el verbo no expresa la realidad sino que participa de ella... El poeta es un cultivador de grietas. Fracturar la realidad aparente o esperar que se agriete, para captar lo que está más allá del simulacro». La poesía de María Victoria Atencia nos permite precisar aún más la relación poesía/realidad afirmando que la poeta es Receptora de la realidad, cuya presencia la punza invitándola a indagar su esencia en el poema.



Estos son los primeros párrafos del ensayo de Sharon Keefe Uglade,  de la Universidad Southwest de Texas, experta en la poesía de M. V. Atencia. El artículo completo está incluido en las Actas XIII Congreso AIH (Tomo II) y está publicado aquí, en la web del Instituto Cervantes.






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1.- María Victoria Atencia, El mundo de M. V., Madrid: ínsula, 1978, pág. 15. 
2.- María Victoria Atencia, «Poética», Nave de piedra, Málaga: Col. Tediria I. B. Sierra Bermeja, 1990, pág. 7. 
3.-  Ibid., pág. 8. 
4.- María Victoria Atencia, Paulina o el libro de las aguas, Madrid: Trieste, 1984, pág. 34.
5.- Pedro Salinas, Mundo real y mundo poético y dos entrevistas olvidadas. 1930-1933, Valencia: Pre-textos, 1996, pág. 34. 
6.- Ibid
7.- Roberto Juarroz, Poesía y realidad, Valencia: Pre-textos, 1992.
8.- Salinas, op. cit., pág. 72. 
9.- Juarroz, op. cit., págs. 21 y 24

sábado, 8 de junio de 2024

NADIE ME MATA - de Javier Azpeitia


¿Novela negra y metempsicosis?
¡Que audacia!
Pero Javier Azpeitia ya ha demostrado que no es un autor que transite por caminos trillados como ya demostró en la brillante Hipnos. Ahora vuelve a romper moldes y nos entrega una novela tan existencial como policíaca con una ambientación sórdida y fantasmagórica. 

Lo más directo sería resumir este libro como un thriller con tintes filosóficos protagonizado por un hombre que un día se despierta amnésico y que a partir de ahí cada vez que se queda dormido despierta en otro cuerpo; iniciando un variado periplo en busca de su identidad.

La novela es una apuesta de riesgo y tiene un sesgo fantástico tan acentuado como poco habitual por estos lares. Por su textura onírica y atmósfera opresiva me recuerda al maestro Leo Perutz y su extraordinaria novela Mientras dan las nueve. La diferencia es que allí el protagonista era un hombre huyendo, acosado por la policía, en una Viena fantasmagórica; mientras que aquí el protagonista no huye sino que transita de cuerpo en cuerpo como un ratón en un laberinto. En todo caso ambos protagonistas se sienten enjaulados y temen por su libertad.


El narrador de Nadie me mata despierta en una habitación para descubrir que tiene amnesia. No sabe quién es y deberá aprender de las circunstancias que lo rodean para determinar su identidad; pero el hecho es que cada vez que se queda dormido despertará en otro cuerpo, de nuevo sin memoria. Así visita los días de un perista tramposo, una actriz bellísima, un policía corrupto, una yonqui reenganchada o un psiquiatra sobrepasado. Todos ellos relacionados con el asesinato de su hermano gemelo del que ha sido testigo tras su primer despertar.

Al estar todos los personajes relacionados con el crimen, la mente en tránsito vivirá los mismos hechos desde la óptica particular de cada uno de ellos. A través de estas vivencias deberá reunir las pistas que le ayuden a evitar el fatal destino al que parece abocado; siendo así que conocerá al asesino y su promotor como el lugar, día y hora en que sucederá el asesinato. Si juega bien sus cartas hasta quizás pueda reescribir el pasado. Mientras tanto intentará no enamorarse de una mujer hacia la que le conducen todos los itinerarios... y también ver una enigmática película en la que se recrea y anticipa la misma trama y personajes de lo que está viviendo (¡!).

A pesar de contar con los elementos más clásicos de la novela negra un muerto, un policía corrupto con gabardina mugrienta, drogas, prostitución y un ambiente sórdido la novela te obliga a leerla con los ojos de la alucinación. A ello contribuye la constante transmigración de la mente y los saltos en el tiempo; porque según quien sea el cuerpo de turno, el protagonista se encontrará antes o después del crimen. Una cuestión que abunda en la paradoja del tiempo y el dilema del determinismo.



Este cariz alucinatorio es reforzado por el microuniverso hostil y extraño donde se desarrolla la acción: el barrio de La Latina de un Madrid actual pero a la vez "desplazado" a una dimensión distorsionada donde las calles aparecen reventadas por zanjas y la población es presa del pánico por constantes atentados terroristas y una pandemia de gripe aviar que obliga a llevar mascarilla (¡!). Por si la gripe le parece a alguien un recurso facilón, le recuerdo que la novela se publicó en 2007, mucho antes de que brotase nuestro ilustre coronavirus. De todos modos el escenario aparece neblinoso, dejando el foco a la tragedia que enreda a los personajes.

El autor apuesta fuerte en su juego con la transmigración, el tiempo y las difusas barreras entre realidad y ficción. Así se aprecia cuando el protagonista aterriza en una niña que está viendo la película que reproduce los mismos hechos que están viviendo. Me hizo acordarme de Alicia, pero en un país de las maravillas más oscuro y perturbador. Asimismo al encontrarse la niña ante Delfine, una especie de mujer/oráculo, expresa su deseo de vivir estáticamente, sin azar ni dolor: "-Deseo que se pare el tiempo. Deseo que mamá no muera. Deseo quedarme aquí y no salir a la noche otra vez". Pero se encuentra con que Delfine le responde como si fuera el gato de Cheshire, con una galerada de enigmas que culminan ¡en la casilla del laberinto!
"-¡Ah, querida amiguita! Puedes jugar a que cambias todo excepto lo que decidas que ya ha ocurrido. Es un juego muy divertido. Primero tienes que elegir qué cosas están en el pasado y qué cosas en el futuro, como si el tiempo no fuera un único fluido imparable. El tiempo eres tú, ¿lo entiendes? Claro que sí, ¡chica lista! O también puedes jugar a otro juego más común, igual de divertido: es como si todo hubiera sucedido ya, y tú te dedicas a buscar a los culpables, las causas incausadas. Como si unas cosas sucedieran porque otras han sucedido. Es el gran juego de la ética, geometría pura, y te otorga la libertad, la alucinación del libre albedrío, al precio de la estupidez, ¡ja!.
     Lanzó los dados sobre el tablero: salieron el 5 y el 4. Moví yo misma la única ficha que había. Estaba en la casilla 33, y después de contar la dejé en la 42. Había allí un laberinto, un camino que se bifurcaba aquí y allá y ascendía trabajosamente una colina"

El elemento fantástico articula la narración pero no es el objeto de la obra. Ésta habla de la construcción de la identidad; del viaje hacia el propio conocimiento pero a través del cuerpo y en un entorno azaroso que lo permea todo. Así comienza el libro:
"Por más que nos repugne, por más deforme que sea, por más que detestemos sus necesidades sucias y los vicios a los que acaba arrastrándonos, por más que lo adornemos o lo tatuemos o lo tapemos, o lo horademos o lo mutilemos o lo ahorquemos, por más que envidiemos o deseemos uno ajeno; el cuerpo, el propio cuerpo, es la clave de todas las cosas, el principio del mundo, lo único verdaderamente nuestro".
Azpeitia insiste en esta reflexión cuando en cada despertar sitúa a su protagonista sin recuerdos. A falta de ellos quien ejerce el Yo del sujeto es su cuerpo. En cada tránsito la mente y el cuerpo han de asimilarse. "Es como si fuera el cuerpo de otra: yo le pido que se esté quieto, pero él va a lo suyo", llegamos a leer. De ahí que aflore una especie de existencialismo paradójico que pone en cuestión tanto lo que somos como nuestro libre albedrío. 

De hecho algunos personajes se sienten como interpretando un papel en una simulación de la vida cuyo guion se va conformando en la interacción con el público. Así lo aprecia la mente en tránsito cuando está en el cuerpo de Mari Meruane y le asalta la sensación de estar "interpretando un papel en un ensayo general, un espectáculo cargado de emoción y belleza, más intenso que la vida y paralelo a ella". (pág. 90)



A pesar de este sesgo existencialista, o quizás por ello, es imposible no realzar los asombrosos engranajes fantásticos del relato. Lo resumiré en dos ideas: el Juego de la Oca y sus arcanos como sustrato del libro por un lado, y el personaje de Delfine Le Rumeur por otro; una especie de demiurgo que planea sobre la trama añadiendo unas cuantas capas de metaficción muy juguetonas.  

Delfine aparece en un momento de la obra en que la magia de la permuta entre cuerpos se está agotando y su sola aparición eleva la narración a otro nivel. La escena de su presentación es soberbia. Fran y el policía Belmonte acuden a ella mientras planean el asesinato. La casa está apuntalada y la escalera carcomida es "a tal punto empinada y oscura que en vez de subir parecía que bajara al mismísimo infierno". En su puerta hay una tosca placa que dice: "LO SABIO - NO ES SABIDURÍA". Delfine parece un personaje quimérico, está muy gorda y siempre permanece sentada en su butaca, en un piso atestado de libros. Cuando se sientan Fran y Belmonte, Delfine le suelta al policía, "así que tú eres ahora el que está en tránsito, ¿eh?".

Delfine ha dirigido una película titulada "Metempsicosis" cuyos personajes, escenas y diálogos reproducen punto por punto lo que está sucediendo. Los personajes -como ocurre en las pesadillas autoconscientes- pueden ver la película en los posters de publicidad, en el cine y en DVD... y su visión afecta a la trama. Todo ello no hace sino acrecentar una sensación de extrañamiento y desasosiego que profundiza en la idea de la vida como teatro.
"Tadorna la miró hundido en la desesperación. Entonces se llevó la mano al bolsillo trasero del pantalón con un último esfuerzo. Desdobló un cartel de la película, recortado del periódico.
-"Metempsicosis" -leyó-. "Dirigida por Delfine Le Rumeur". y luego estamos todos en el elenco, no sólo Angela o la Meruane. También Belmonte, Laura, yo mismo. Figuramos como actores, pero somos más que los actores, somos también los personajes. Entonces, ¿qué diablos debo entender que significa todo esto? ¿Está diciéndome que no somos más que un puñado de farsantes? Dígamelo claramente porque yo no lo entiendo. No me va a confundir con su retórica. Ya he visto esta escena, recuerdo hasta esta misma pregunta.
-Y dale.- A Delfine se le escapó un silbido desde los pulmones, se estaba enfureciendo-. ¡Siempre te acuerdas de la pregunta, pero nunca te acuerdas de la respuesta! ¿No ves que te estás enredando en los aledaños del laberinto, distrayéndote de lo que más te interesa? -Alzaba cada vez más la voz, parecía que fuera a arrojarse sobre el atónito psiquiatra-. Hay que buscar el centro, ¡el centro!" Pág. 206 
Grabado El Juego de La Oca - Patricia Rodriguez Muñoz

En cuanto al Juego de la Oca, puntúa cada aspecto de la novela. Justo en la cita anterior Delfine incita a uno a buscar el centro, como en el juego (y en la vida). No es casual que el libro se estructure sobre ocho capítulos que se titulan como ocho casillas del juego: "El Puente", "La Posada", "Los Dados", "El pozo", "El laberinto", "La cárcel", "La muerte". Tampoco que el protagonista sueñe con un jardín en cuyo centro hay un estanque con una fuente en la que flota una oca mientras en un rincón una mujer escribe frenéticamente en su ordenador, "una mujer a la que aún no puedo reconocer. Luego sabré que se llama Delfine Le Rumeur". 

Tampoco es casual que uno de los personajes experimente con ratones. O que el anillo que servirá de excusa para el crimen represente un Uróboros, "la serpiente que se fecunda a sí misma eyaculando en su propia boca". O que un enfermero le agarre del brazo a Mari cuando huye del hospital, para incitarle a donar sangre advirtiéndole que "cualquiera puede ser víctima. Dios juega a los dados". Y es que la novela está tirando todo el rato dos dados, el del azar y el del determinismo. De hecho las distintas encarnaciones están pautadas por El Juego de la Oca, un juego regido por el más absoluto azar.
"-¿Has jugado alguna vez al juego de la oca? Pues deberías hacerlo más a menudo. El azar, he ahí la respuesta. El Juego de la Oca representa la vida, pero no hay que interpretarlo, sino jugar. La vida hay que vivirla: ¡atrápala y no la sueltes! No importa lo que dure. ¿me entiendes de una vez? ¡Ja!". pag. 207

La obra ataca con brillantez muchos frentes. Juega con la arquitectura de la novela criminal para explorar la construcción de la identidad y también para indagar sobre los vericuetos del hecho narrativo. Es una novela tan quimérica como adictiva. A veces pienso que es el protagonista el que está construyendo un mundo a su medida. Este juego de apariencias entre realidad y ficción provoca multitud de situaciones desconcertantes, al estilo del gran Philip K. Dick.

Durante su lectura llegas a compartir la obsesión del protagonista por ir más allá, descubrir nuevos túneles y realidades...o espejos; porque en muchos momentos se me ocurre que esta novela es una pesadilla construida con espejos, como el protagonista y su gemelo. O la película y los hechos. O Delfine Le Rumeur escribiendo en el Jardín de las Ocas la misma novela que nosotros estamos leyendo. O lo capítulos del libro, que se inician con un sueño y que reflejan los itinerarios de El Juego de La Oca con sus dados, pozos, prisiones y laberintos.
Un itinerario "en el que hay que buscar el centro".








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Javier Azpeitia (Madrid, 1962) es un escritor, editor y filólogo español. Autor de las novelas Mesalina (1989), Quevedo (1990), Hipnos (1996; premio Hammett de Novela Negra y llevada al cine por el director David Carreras), Ariadna en Naxos (2002) y Nadie me mata (Tusquets Editores, 2007). Algunas de sus obras han sido traducidas al griego, francés y ruso. 
Como editor literario ha publicado, entre otras, las antologías Poesía barroca (1996), Libro de amor (2007) y Libro de libros (2008). Ha sido director literario de las  editoriales Lengua de Trapo y 451 Editores. También ha ejercido como profesor del máster en Escritura Creativa de Hotel Kafka y de los másteres en Edición de la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad de Salamanca. En 2015 fue comisario de la exposición 500 años sin Aldo Manuzio, realizada por la Biblioteca Nacional de España, y participó en la muestra La fortuna de los libros, del Museo Lázaro Galdiano, donde uno de los incunables de Manuzio tuvo gran protagonismo.
Como escritor pertenece a la misma generación que Rafael Reig y Antonio Orejudo, los cuales han llevado a cabo una actualización del panorama narrativo español basándose en la imaginación y el ingenio.