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sábado, 1 de noviembre de 2025

LA POESÍA de M. V. ATENCIA



Con motivo de haber sido reconocida con el Premio Nacional de las Letras 2025, traigo aquí un puñado de poemas de la poetisa malagueña María Victoria Atencia.




                     SAZÓN 


Ya está todo en sazón. Me siento hecha,
me conozco mujer y clavo al suelo
profunda la raíz, y tiendo en vuelo
la rama, cierta en ti, de su cosecha.

¡Cómo crece la rama y qué derecha!
Todo es hoy en mi tronco un solo anhelo
de vivir y vivir: tender al cielo,
erguida en vertical, como la flecha

que se lanza a la nube. Tan erguida
que tu voz se ha aprendido la destreza
de abrirla sonriente y florecida.

Me remueve tu voz. Por ella siento
que la rama combada se endereza
y el fruto de mi voz se crece al viento.


                                   
         De      Arte y Parte     (1961)




                                              ☙❦❧





         EPITAFIO PARA UNA MUCHACHA

Porque te fue negado el tiempo de la dicha
tu corazón descansa tan ajeno a las rosas.
Tu sangre y carne fueron tu vestido más rico
y la tierra no supo lo firme de tu paso.

Aquí empieza tu siembra y acaba juntamente
-tal se entierra a un vencido al final del combate-,
donde el agua en noviembre calará tu ternura
y el ladrido de un perro tenga voz de presagio.

Quieta tu vida toda al tacto de la muerte,
que a las semillas puede y cercena los brotes,
te quedaste en capullo sin abrir, y ya nunca
sabrás el estallido floral de primavera.


                                          
  De Cañada de los ingleses (1961)


 



                                   ☙❦❧


 



                          DEJADME

 

Dejadme como cuando nací desnuda y sola,
vacía de palabras, sólo aire en el pecho,
y en mis venas corrían los cursos de un arroyo.
Que vuelvan a su origen los gestos usuales
y que al abrir mis ojos sólo penetre en ellos
un punto de luz pura.
Que por la enredadera de las horas se pierdan
mi memoria y mi nombre. Que el tacto de las rosas
me abandone en la tarde, y en la humedad del alba
retorne nuevamente al olor de las juncias.

Dejad que sin zapatos siga andando y regrese
de muy lejos al pecho caliente de mi madre.


                                                             
de Marta y María (1966)




                                     ☙❦❧



                              VOYEUR

 

                                                                  Algarve
Me llegué, ya sin voz, junto al acantilado
y tiré roca abajo cuanto me estaba impuesto.
No sé qué verde mano removía los fondos
o qué agua sucia o costra corroían la piedra
con el mar avanzante,
retrocediente, hiriente,
allá abajo,
y las grajas electrizaban su plumón, y tuve
cierta satisfacción contemplando mi vértigo,
con certeza sabiendo que al fin
y al cabo esto es sólo un poema,
que sigo aquí y que aún puedo escribirlo.


                                                       
de La pared contigua    (1989)



 

                            ☙❦❧ 




                 CASA DE BLANCA 

No llamaré a tus puertas, aldaba de noviembre:
el árbol de las venas bajo mi piel se pudre
y una astilla de palo el corazón me horada.

Porque tú no estás, Blanca, tu costurero antiguo
se olvida de los tules, y el Niño de Pasión
va llenando de llanto el cristal de La Granja.

Tiene el regazo frío tu silla de caoba,
tiene el mármol tu quieta dulzura persistida
y bajo tu mirada una paloma tiembla.

Perdidamente humana pude sentirme un día,
pero un mundo de sombras desvaídas me llama
y a un sueño interminable tu cama me convoca.

 

                                                     De Marta y María (1966)
 


                         ☙❦❧
  




                                 JARDÍN


Vuelvo a cruzar tus verjas, jardín, vergel amable
una noche, hace tanto, sabiéndome perdida
y deslumbrada, pero cierta en el rumor del agua
y el aroma que alzaba hasta un mirlo el parterre.

Vuelvo a cruzar tus verjas, desolación de hoy,
crueldad del tiempo y tuya, mientras canta el autillo
y los topos horadan el césped bajo el suelo;
tú, plenitud que fuiste,
ya olvidado el afán con que ibas penetrándome
por si yo mismo fuera, acaso, tu jardín.


                                                                                De De pérdidas y adioses  (2005)



 


                        ☙❦❧

 


                        LA MALETA

Bajo la cama tengo otra vez la maleta
pero no con la ropa en espera de un hijo.
Esta vez voy poniendo aquello que carece
de consistencia y forma, y es moneda, no obstante
¡qué otras cosas habrían de servirme llegada,
de improviso, la hora!

Ediciones preciosas de San Juan de la Cruz,
rosas de Alejandría,
los Cuadernos de Malte...
Mas no podré pasarlos: se va allí de vacío
si, por añadidura, no se nos ofreciera
otra riqueza contra la que no prevalece
el paso de los tiempos.

                                                                             De Marta y María - 1976



                          ☙❦❧ 




                        EL VACÍO

Sabré si he de durar lo que queda del día
cuando me sepa -como ahora- sola,
descubierta y sola
y a vuelta de una esquina que da entera al vacío,
en el tierno ejercicio de
aprender a quererte cada vez más deprisa,
porque la historia puede perderse en retrocesos
y el pasado emprender un camino de vuelta
que
ya estuviese, inadvertidamente, a punto de alcanzarme:
cuando huye el tiempo lo hace de puntillas.


 

                                                         DE    De pérdidas y adioses - 2005


 

                              ☙❦❧ 






               COMO UN ROCE EN SUS LABIOS

Que alguien pase mis páginas, pues que debo perderme
en la oscura raíz de mi arboleda. Puedo
escuchar cómo gime el silencio, y ya soy
solo un roce en sus labios, aunque el escribidor de versos
solo sea alguien que habla de cosas que no entiende.
Que me recorra un soplo, y pueda ya alcanzar
-sin que quizás me entienda- a escribir cada día
una línea distinta para inventar la vida que me falta,
y me aprenda, y me olvide, pues me sé de memoria después de tantos años,
No deteriora el tiempo la belleza
la perfecciona en otra manera de hermosura.


                                                                             De De pérdidas y adioses (2005)






                    ☙❦❧



 

QUÉ PUEDO HACER SINO INVENTARTE

Qué puedo hacer en lo que va de instante 
de un tiempo sucedido y ya hueco de ti, 
si es que te tuvo; corazón, qué puedo 
hacer sino inventarte, alto tallo de luz 
que me haga a tu medida y tu abandono, 
sin dormición final, mi aliento frío. 
 
                                                                              De El umbral   (2011)










María Victoria Atencia nació en Málaga en 1931, ciudad a la que está vinculada su vida y su obra, tal como recoge el último verso de su poema "Exilio", «Andar es no moverse del lugar que escogimos». 
A los veinticuatro años contrajo matrimonio con Rafael León quien se convirtió en su guía y editor, incitándole a dedicarse de lleno a la poesía. Es una profunda admiradora de la poesía de San Juan de la Cruz y de  Rilke. Su propia obra se caracteriza por una forma de interiorizar la realidad como búsqueda hacia lo espiritual. Su poesía tiene la capacidad de acercarse a lo cotidiano de la experiencia para extraer matices insospechadamente trascendentes. Jorge Guillén la denominó como “María Victoria Serenísima”

Es una de las exponentes de la generación de los años 50 (Valente, Goytisolo, Gil de Biedma, Ángel González, Fco. Brines) que, desde muy joven, estuvo ligada a los poetas del grupo Caracola 
Su veintena de libros abarca medio siglo. Desde su inicial Arte y parte (1961), hasta El umbral (Pre-textos, 2011) ha desgranado su poética en libros tan señalados como Cañada de los ingleses (1961), 
Marta y María (1976), 
Los sueños (1976), 
El mundo de M. V. (1978), 
Paulina o el libro de las aguas (1984), 
La pared contigua (1989), 
Las contemplaciones (1997) o 
El hueco (2003).  
Quienes deseen acercarse a su poesía tienen a su disposición una excelente antología poética (1955-2010), en la editorial Renacimiento, con Prólogo de Guillermo Carnero: "Como las cosas claman".

María Victoria Atencia añade este Premio Nacional a una lista innumerable de galardones entre los que figuran el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2014, el Federico García Lorca que obtuvo en 2010 y el Nacional de la Crítica que ganó en 1998, entre otros.
 


LA POESÍA DE ATENCIA - según Sharon Keefe Uglade



LA POESÍA DE MARÍA VICTORIA ATENCIA O CÓMO CONTENER EL VUELO DE LA GENTIL OROPÉNDOLA 

Sharon Keefe Uglade
SOUTHWEST TEXAS STATE UNIVERSITY


Detengamos la sombra del sol en sus relojes, 
las aguas en sus ríos. Y por sólo este día 
que contenga su vuelo la gentil oropéndola.¹ 
María Victoria Atencia

EL VALOR TRANSCENDIDO

        Al hablar de la poesía de María Victoria Atencia es inevitable abordar el tema de la transcendencia, como pone en evidencia esta declaración de la autora sobre su propia poética: «Quizás la poesía no sea más que un modo de substitución por correspondencias personalmente halladas y de las que se espera una mayor luz hacia dentro y hacia afuera; de las que se espera un valor transcendido»². Según asevera Atencia en la misma poética, lo circunstancial, lo ocasional, lo coyuntural son una mutilación «de las infinitas posibilidades que el poema ofrece, de todas las infinitas posibilidades de un sueño»³. Traspasar la frontera del mundo sin límites de los sueños, de la imaginación, y de la creación posibilita la revelación de las últimas esencias de la realidad, pero llegar a ese «otro mundo» requiere un estado de total disponibilidad. La poeta-hablante de los textos atencianos se entrega a la espera, intensificada en las solitarias horas nocturnas.
        Entre los textos de Atencia que inducen a meditar sobre el proceso poético figura el siguiente titulado «La llave»⁴:

Me despoja de mí el silencio en las torres
que una llave de piedra o de plata me abren,
y a las veras del agua se desnuda de aljófar
y nácar la nostalgia. Deja escurrir el mirto
una gota de aroma que sacude a la alberca.
Puedo ungirme las yemas para dar luz a un ciego.
Discurro con la noche. Los cipreses se alzan.
Soy el vacío ya. Ni una voz me sostiene.

        El poema expresa que tanto la contemplación de objetos de arte, sugerida al nombrar sustancias naturales elaboradas por los escultores y los plateros («piedra» y «plata»), como la intensificación de los sentidos («aroma del mirto») sirven como llave de la disponibilidad poética. El título formula un concepto de la poesía como llave del espacio infinito de la imaginación. El poema describe el proceso de la espera y en el último verso el estado logrado de disponibilidad creativa: «Soy el vacío ya». 

        Además, el texto expresa el anhelo de alcanzar la esencia del pasado -la nostalgia desnuda de anécdota- y de transcender el fluir del tiempo y con ello la amenaza de la muerte. En el penúltimo verso la declaración «Los cipreses se alzan» hace presente la muerte pero simultáneamente, por el gesto del alzamiento, la transcendencia. En la obra de Atencia el estremecimiento del vuelo anuncia la anulación de la temporalidad. La palabra poética lograda detiene el fluir del tiempo confundiendo el pasado y el presente y transformando la memoria en texto. Para la poeta la poesía es también la llave de la epifanía de la belleza y de la plenitud de descubrir las esencias ocultas de la realidad. Contener el vuelo de la gentil oropéndola es una declaración metafórica de la poética atenciana: magnificar la belleza, parar el transcurrir de la vida, y traspasar los límites de este mundo. 



EL MUNDO REAL Y EL MUNDO POÉTICO 

        Antes de analizar un aspecto específico del discurso poético atenciano, el écfrasis, que se enlaza tanto con la visión «más allá donde las tablas vigentes de aquí no sirven» como con la manera original de expresar esa visión, es conveniente señalar otro aspecto general de su poesía. Aparte de la transcendencia es importante tener en cuenta lo que Pedro Salinas llama «mundo real y mundo poético» y Roberto Juarroz denomina «poesía y realidad». En el caso de nuestra autora se podría hablar con mayor precisión de la relación entre el mundo imaginario y el mundo cotidiano. 

        Hay en la obra atenciana algún reflejo de la depuración de la realidad que para Salinas ejemplifica Garcilaso y de la estetización que caracteriza a Góngora. Pero, en términos generales, la presencia del mundo real en la poesía de Atencia se asemeja más plenamente a la que Salinas propone como característica de las primeras décadas del siglo XX. Desde la perspectiva de los años 1930, el poeta de la generación del 27 observa como la realidad impone cada vez más su presencia en el texto poético: «He aquí por qué me parece que podemos afirmar que las relaciones entre mundo poético y mundo real son hoy más dramáticas que nunca lo fueron. La realidad maravillosa, múltiple, cargada de elementos poéticos se yergue e intenta colocarse, colocar su mundo real en ese espacio en que los poetas labraron siempre otro mundo, el mundo suyo, el poético»

        Con la ventaja del transcurso de unos sesenta años, las palabras siguientes de Juarroz refinan la formulación de Salinas: «La poesía es una mística de la realidad... El poeta mediante el verbo no expresa la realidad sino que participa de ella... El poeta es un cultivador de grietas. Fracturar la realidad aparente o esperar que se agriete, para captar lo que está más allá del simulacro». La poesía de María Victoria Atencia nos permite precisar aún más la relación poesía/realidad afirmando que la poeta es Receptora de la realidad, cuya presencia la punza invitándola a indagar su esencia en el poema.



Estos son los primeros párrafos del ensayo de Sharon Keefe Uglade,  de la Universidad Southwest de Texas, experta en la poesía de M. V. Atencia. El artículo completo está incluido en las Actas XIII Congreso AIH (Tomo II) y está publicado aquí, en la web del Instituto Cervantes.






_____________________________________
1.- María Victoria Atencia, El mundo de M. V., Madrid: ínsula, 1978, pág. 15. 
2.- María Victoria Atencia, «Poética», Nave de piedra, Málaga: Col. Tediria I. B. Sierra Bermeja, 1990, pág. 7. 
3.-  Ibid., pág. 8. 
4.- María Victoria Atencia, Paulina o el libro de las aguas, Madrid: Trieste, 1984, pág. 34.
5.- Pedro Salinas, Mundo real y mundo poético y dos entrevistas olvidadas. 1930-1933, Valencia: Pre-textos, 1996, pág. 34. 
6.- Ibid
7.- Roberto Juarroz, Poesía y realidad, Valencia: Pre-textos, 1992.
8.- Salinas, op. cit., pág. 72. 
9.- Juarroz, op. cit., págs. 21 y 24

sábado, 3 de junio de 2023

RAFAEL CADENAS, POETA

 




















RAFAEL CADENAS es un poeta, traductor y catedrático venezolano nacido en Barquisimeto en 1930. Hace pocas semanas recogió en Alcalá de Henares (Madrid) el Premio Cervantes correspondiente a 2022.
Desde muy joven se adentró en la literatura y en la militancia comunista por lo que sufrió cárcel y exilio durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Acabó refugiándose en la isla de Trinidad hasta que pudo regresar a Caracas en el año 1957.

Formó parte del grupo de debate político y literario «Tabla redonda», colaborando en la revista del mismo nombre hasta 1965, junto con Manuel Caballero Agüero, Jesús Sanoja Hernández, Jacobo Borges, y otros. Actualmente es profesor jubilado de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, donde dio clases de poesía española y norteamericana durante tres décadas. Ha traducido a D. H. Lawrence, Walt Whitman, Robert Graves, Zbigniew Herbert y Constantino Cavafis entre otros. Reunió sus traducciones en el volumen El taller de al lado, (Bid&Co Editor, Caracas, 2005), inédito en España.

Cadenas es sin duda un héroe civil por su compromiso ético y cívico ya que nunca ha renunciado a vivir en su patria pese a ser contrario al chavismo, régimen que considera autoritario. Del mismo modo nunca se ha escondido a la hora de opinar y escribir sobre la necesidad de democracia y libertad.

Quien lo haya escuchado en alguna entrevista habrá apreciado su laconismo y cuánto tiempo se toma para responder. Algunos lo llaman el poeta del silencio, pero también cabría decir que lo es de la precisión. En su obra están unidos indisolublemente poesía y pensamiento filosófico.



La poesía de Cadenas se ha venido transformando desde sus primeros libros hasta alcanzar la plenitud en tres poemarios: Falsas maniobras (1966), Memorial e Intemperie, estos dos últimos de 1977. Esa evolución tiene que ver con la búsqueda de un lenguaje cada vez más despojado y preciso con el que poder acceder a la revelación del ser, esa honda sabiduría que nos acerca al contacto pleno con lo real.

En una entrevista en Granada recordaba así la evolución y gestación de su yo poético:
“El origen está en una especie de quiebra psíquica al comienzo de los años 60, la cual me llevó a hacerme preguntas que creía resueltas. Fue un despertar, pues hasta entonces yo había vivido conforme a ideas procedentes de un esquema que a todo responde, que todo lo explica, cuando en realidad no existe nada que esté fuera del misterio, de ese misterio de fondo que también nos constituye, y cualquier explicación no trasciende el campo de lo relativo donde sí puede tener validez. Es allí donde funciona el pensamiento, más allá no, más allá tiene que enmudecer, lo que no está mal pues es muy hablador, porque ha de toparse con lo desconocido, con la fuente infranqueable, con lo que ha recibido muchos nombres, pero en realidad no puede tener ninguno.”
En la exploración poética de Cadenas son habituales los interrogantes sobre la existencia. En este sentido estudió y recibió la influencia de su colega docente, el filósofo J.R. Guillent Pérez, el cual defendía que “el conocimiento es un camino inconducente, así como el idealismo y el materialismo son intentos fracasados ya que ´no hay nada que pueda darle sentido a la vida, excepto la vida misma´”. El propio Guillent le hizo una famosa entrevista al poeta, en 1966, en la que le preguntaba: “¿Hay temas en la poesía?”, a lo que Cadenas respondió de forma memorable:

“Lo importante no es el tema, sino la visión (…). Cualquier tema vale por el desarrollo que se le dé. Hay un poema japonés muy famoso sobre una rana, Blake tiene otro sobre una rosa destruida por un gusano, William Carlos Williams escribió otro sobre una carretilla. Todos son mínimos y todos misteriosos. Sin embargo, el tema único es la existencia, la interrogación en la que se funda, los caminos hacia la trascendencia. Los demás temas giran en torno a este eje”

En la obra de Rafael Cadenas se aprecian un puñado de asuntos centrales. Uno es el yo como obstáculo o impedimento para lograr un estado de compenetración con la realidad. Cadenas encuentra el mejor ejemplo del yo dictador en las personas que quieren imponer su visión de la realidad, sin atender a ésta; pero define muy pulcramente este conflicto:
«No se trata de combatir el yo, pues eso tendría que hacerlo el mismo yo, lo que terminaría fortaleciéndolo. Veríamos aparecer un yo tan fuerte que ha sido capaz de vencer al yo. Hasta daría miedo. Es el caso de algunos ascetas o fanáticos. Creo que la vía es verlo, vernos a fondo en nuestro vivir, pero tampoco para someternos a juicio por nuestras fallas. Este ver nos muestra nuestro condicionamiento, lo cual nos desabsolutiza. Desaparece el dictador».
Para él está claro que el “yo no puede destruir el yo.” Cadenas estudió a Alan Watts lo que le llevó a un acercamiento al taoísmo y a la filosofía zen, por eso cree que hay que vaciarse del yo para tener una vivencia más plena de la realidad. El profesor Antonio López Ortega, estudioso de la obra de Cadenas, denomina este estado como discernimiento *: «La pesadilla viene a ser la acumulación de pensamiento, esa barrera que no nos permite ver la realidad. ¿Un estado de iluminación? Creo que se aspira a menos: quizás a un estado de discernimiento. Estar a la intemperie, por lo tanto, no significa estar desprotegido, sino más bien abierto a todos los influjos de la realidad, a todos los estímulos».

En el libro Memorial se insiste en la necesidad de abolir el yo:

Vida
arrásame,
barre todo,
que sólo quede
la cáscara vacía, para no llenarla más,
limpia, limpia sin escrúpulo
y cuanto sostuviste deja caer
sin guardar nada.

Otro asunto lo encontramos en la indagación que hace en sus poemas respecto a la experiencia de lo real. Para el poeta el hombre, en su afán de progreso, ha perdido el sentido de misterio que tiene lo real o el presente.

En los años 70 del siglo pasado Cadenas atravesó un periodo de aprendizaje en el que recibió la influencia de uno de los pensadores más penetrantes de Venezuela, Rafael López Pedraza, psicoterapeuta especializado en cultura y mitología, y más en concreto, en el análisis psicológico de las expresiones artísticas o de las formas culturales, donde pretende revelar los misterios insondables de la creación. A través de él llegó al divulgador Alan Watts en quien, Cadenas, encontró revelaciones sobre los temas que más le interesaban: los misterios de la identidad personal, la verdadera esencia de la realidad, la elevación de la conciencia, la búsqueda de la trascendencia o, como decía el propio Watts, “la naturaleza última de las cosas”.

La opción de Cadenas para acercarse a esa esencia de la realidad es poner el foco sobre el presente más inmediato y común. De ahí que sea conocido como el poeta de lo ordinario. “Me interesa lo ordinario” ha dicho repetidamente. Y también “el presente es todo”. Pero esto no convierte su poesía en algo prosaico ya que el poeta siempre mira hacia la insondabilidad del mundo real y ordinario porque, como él mismo señala, un grano de arena es tan asombroso como un sol.

La consecuencia de esta postura es clara, aboga por una concepción de la poesía contraria a la retórica, al énfasis o al fatuo lirismo. Apuesta en cambio por la precisión y la sobriedad. En el poema “Reconocimiento”, del libro Falsas maniobras, habla por ejemplo de adoptar “la forma directa”. También en el poema “Al que apenas”, del libro Amantes, habla de cultivar “una voz / sin tretas”. Quizás por eso mismo la poesía de Cadenas ha seducido tanto a entendidos como a la gente común y corriente.



RECONOCIMIENTO

   Me veo frente a este paisaje parecido al que protejo.
   No soy el mismo. Debo comprenderlo de una vez. He de encajar en mi molde.

   He acechado la aceptación súbita de mi realidad.
   Despedí la poesía que se cuelga de los brazos.
   Incendié los testimonios falaces.
   Adopté la forma directa.

   Una convergencia prospera en mí.

   Abandono mi caminar intrincado. Me dilato en vastedades blancas. Sirvo en  silencio 
a un solo rey.

   Con huesos de ave violento los espacios cerrados.

   He sentido ráfagas de otra región sin culpa.

   Me hago a la lentitud, al gesto consciente, al rumor del desierto.



Otro aspecto a destacar de su poesía es la consideración paradójica del lenguaje, ya que se trata de un artificio que nos aleja de la experiencia primaria de la realidad; pero a la vez es nuestro mejor vínculo con ella. Esta reticencia del poeta viene determinada, además, porque “el lenguaje es la vía principal que utiliza la sociedad para perpetuarse en nosotros a través del condicionamiento”, según ha reflexionado. Pero también es cierto que el lenguaje es una preocupación central para él ya que uno de los empeños de su poesía es hurgar en el lenguaje en busca del misterio esencial de la existencia.

Me cautiva el lenguaje de los místicos, especialmente, desde luego, el de los españoles. Tienen el don de acuñar expresiones indelebles para comunicarnos un saber, que es más bien, en última instancia, un no saber”. Esta frase, extraída de sus Apuntes sobre san Juan de la Cruz y la mística, señala la tendencia de su poesía hacia un estado de iluminación. En el libro Memorial (1977) habla de lastre que nos impide discernir el misterio de la vida: “La vida nos llamó desnudos, y cuando acudimos, el lastre nos impedía verla. No encontramos su casa. Ni el camino de regreso”. O también: "Un día, de tanto verte, te vi". Y todavía: "Esto te debo: haber restablecido el instante en mis ojos. Júbilo que no puede morir porque no tiene nombre".

Rafael Cadenas es autor de poemarios como Los cuadernos del destierro (1960); Falsas maniobras (1966); Intemperie (1977); Memorial (1977); Amante (1983); Gestiones (1992); Sobre abierto (2012); En torno a Basho y otros asuntos (2016) y Contestaciones (2018).
A su obra poética hay que añadir una penetrante obra ensayística que cuenta con títulos como Realidad y literatura (1979), Anotaciones (1983), En torno al lenguaje (1983) y Apuntes sobre San Juan de la Cruz y la mística (1998).
Su trayectoria ha recibido numerosos reconocimientos, entre los que destacan el Premio Nacional de Literatura de Venezuela en 1985, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2018, el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances de Guadalajara (México) en 2009 o el referido Premio Cervantes, entre otros.

Los cuadernos del destierro (1960) está considerado un texto fundamental en la renovación poética iniciada en la década de 1960 en Venezuela. Lo escribió durante los tres años de su exilio en la isla de Trinidad. El libro está compuesto por un único poema en prosa, distribuido en treinta y un fragmentos, que relatan un viaje interior del poeta desde un pasado feliz hasta un presente decepcionante. Estos poemas los escribió bajo el influjo del poeta venezolano José Antonio Ramos Sucre y del poeta francés Henry Michaux, de los que aprendió los secretos del poema en prosa. Las frases iniciales del primer canto son legendarias y se puede decir que están asentadas en el acervo popular: “Yo pertenecía a un pueblo de grandes comedores de serpientes, sensuales, vehementes, silenciosos y aptos para enloquecer de amor”.

La prosa poética del libro es suntuosa y envolvente al contar con un generoso impulso verbal en el que destaca la profusa adjetivación. “En sus cantos la preponderancia de la primera persona es abrumadora: un “yo” que se desdobla y enmascara en múltiples presencias, incapacitado para vincularse con la realidad, siempre perseguido por la incertidumbre, cuya vida interior es expresión de un intenso delirio en el que fertiliza la auto impugnación”**:

(…) Sólo yo conocía mi
mal. Era —caso no infrecuente en los anales de los falsos desarrollos—
la duda.
Yo nunca supe si fui escogido para trasladar revelaciones.
Nunca estuve seguro de mi cuerpo.
Nunca pude precisar si tenía una historia.
Yo ignoraba todo lo concerniente a mí y a mis ancestros.
Nunca creí que mis ojos, orejas, boca, nariz, piel, movimientos,
gustos, dilecciones, aversiones me pertenecían enteramente.
Yo apenas sospechaba que había tierra, luz, agua, aire, que vivía
y que estaba obligado a llevar mi cuerpo de un lado a otro, alimentándolo,
limpiándolo, cuidándolo para que luciera presentable en el
animado concierto de la honorabilidad ciudadana.
Mi mal era irrescatable”.

A partir de 1963, la fama de Rafael Cadenas se extendió por toda Latinoamérica tras la publicación del poema que es considerado un referente de la poesía universal, Derrota. Este poema fue publicado en la revista Clarín del Viernes, el viernes 31 de mayo de 1963, y compilado en 1970 junto con Los cuadernos del destierro y Falsas maniobras. Se trata de un canto al fracaso en el que plasma el infierno personal en que vivía el autor. Allí se expresa el desamparo de un joven idealista ante una realidad que pasó por encima de todos los de su generación. Estos desgarradores versos son el retrato de unos jóvenes que sintieron el fracaso de la revolución en su país como un fracaso propio. 

A pesar de ser considerada la composición más representativa de la poesía venezolana de los sesenta, el autor ha confesado recientemente no sentirse representado en él, ya que lo escribió con sólo treinta y dos años, durante un período depresivo y aguda crisis personal. Quizás el impacto que sigue causando en los lectores se deba a lo que él mismo dijo una vez: «Todo hombre, en el fondo, es un derrotado».

Este boom se confirmó con el libro "Falsas Maniobras" (1966), en el que figura el espléndido poema "Fracaso", una especie de contrapartida o “respuesta involuntaria” (en sus palabras) a Derrota, donde está mejor plasmada la consciencia con la que se identifica. Así lo podemos apreciar en este magnífico fragmento que ocupa la parte central del poema:

Tú no existes.
Has sido inventado por la delirante soberbia.
¡Cuánto te debo!
Me levantaste a un nuevo rango limpiándome con una esponja áspera, lanzándome a mi verdadero campo de batalla, cediéndome las armas que el triunfo abandona.
Me has conducido de la mano a la única agua que me refleja.
Por ti yo no conozco la angustia de representar un papel, mantenerme a la fuerza en un escalón, trepar con esfuerzos propios, reñir las jerarquías, inflarme hasta reventar.
Me has hecho humilde, silencioso y rebelde.
Yo no te canto por lo que eres, sino por lo que no me has dejado ser. Por no darme otra vida. Por haberme ceñido.
Me has brindado solo desnudez.

 

En este libro, Falsas maniobras, encontramos las primeras evidencias de esa nueva búsqueda que perfilará el resto de su obra, el despojamiento del yo y otra forma de avenencia con la realidad, la palabra y la vida. En estos poemas nos encontramos con un hablante poético que aspira a ser “un hombre racional, que viva con precisión y burle los laberintos” de las imposturas.


    Hace algún tiempo solía dividirme en innumerables personas. Fui sucesivamente, y sin que una cosa estorbara a la otra, santo, viajero, equilibrista.
    Para complacer a los otros y a mí, he conservado una imagen doble. He estado aquí y en otros lugares. He criado espectros enfermizos.
    Cada vez que tenía un momento de reposo, me asaltaban las imágenes de mis transformaciones, llevándome al aislamiento. La multiplicidad se lanzaba contra mí. Yo la conjuraba.
    Era el desfile de los habitantes desunidos, las sombras de ninguna región.
    Ocurría al final que las cosas no eran lo que yo había creído.
    Sobre todo, me ha faltado entre los fantasmas aquel que camina sin yo verlo.
    Tal vez el secreto de lo apacible esté allí, entre líneas, como un resplandor innominado, y mi soberbia injustificada ceda el paso a una gran paz, una alegría sobria, una rectitud inmediata.
    Hasta entonces.

 

Obra de Chema Madoz

Quiero concluir haciéndome a un lado para escuchar las reflexiones del propio poeta respecto a los temas más acuciantes de la literatura y de su propio quehacer poético. Las encontramos en el libro de ensayo Anotaciones (1983):

El poeta moderno habla desde la inseguridad. No tiene más asidero que la vida. Seguramente una voz queda le dice en los adentros: La época de las causas terminó. Ya no puedes aferrarte a religiones, ideologías, movimientos, ni siquiera literarios. Se acabaron las banderas. Pero este desengaño lo libera para luchar en otra clave por lo que religiones, ideologías, movimientos dicen defender: lo religioso, lo humano, lo valedero. Esa voz, que parece del nihilismo, podría ser más bien la voz de la vida que desea recuperarnos. “


El lenguaje de la poesía mira al misterio, lo tiene presente; es lo que lo hace esencial. Los otros lenguajes no lo advierten, no le dan cabida, operan a sus espaldas; muchos de ellos son seguros, afirmativos, sapientes; están llenos de suficiencia; rezuman autoridad. Si algo tiene que ver con la poesía es la ignorancia fundamental, el no saber, sobre el cual está erigido el mundo del hombre. De ahí lo inconcluyente de la poesía. Se mueve en un borde donde no caben certidumbres rotundas. Esta es su fuerza desconcertante.”




ARS POÉTICA


Que cada palabra lleve lo que dice.
Que sea como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido.

No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni añadir
                                                                                            [brillos a lo que es.
Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad.
Seamos reales.
Quiero exactitudes aterradoras.
Tiemblo cuando creo que me falsifico.
Debo llevar en peso mis palabras.
Me poseen tanto como yo a ellas.

Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira,
señálame la impostura, restriégame la estafa.
Te lo agradeceré, en serio.
Enloquezco por corresponderme.
Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.



de Intemperie (1977)





Referencias:

Artículo de Rafael Cadenas: Camino dejándome

Artículo de Arturo Gutiérrez Plaza

* Conferencia de Antonio López Ortega en la Universidad de Salamanca, 2019

** Prólogo del libro de R. Cadenas “Florecemos en un Abismo”, Madrid FCE, 2023



LA POESÍA de RAFAEL CADENAS





Rafael Cadenas es un poeta de largo aliento que ha reflexionado mucho y bien sobre el hecho poético. Sus libros de ensayo así lo atestiguan con títulos como Realidad y literatura (1979), Anotaciones (1983), En torno al lenguaje (1983) y Apuntes sobre San Juan de la Cruz y la mística (1998). También cuenta con una serie de poemas, repartidos por casi todos sus libros, en los que el poeta vuelve su mirada sobre sí mismo y reflexiona sobre la relación del creador con su propia obra en un intento de revelar el misterio del quehacer poético.
En este sentido tiene dos poemas extremadamente lúcidos, Ars poética y Las paces. En el primero declara su más alta exigencia: “estamos aquí para decir verdad. / Seamos reales / Quiero exactitudes aterradoras. / Tiemblo cuando creo que me falsifico. / Debo llevar en peso mis palabras. / Me poseen tanto como ya a ellas”. 
Mientras que en el segundo le pide al poema que sea genuino y no admita injerencia alguna del yo poeta, porque reconoce que el poema es más de lo que representa mientras que “yo solo soy el que trata de reconocerse en ti”.
Me parece de lo más oportuno comenzar esta selección de su poesía con algunos de estos metapoemas.

En otra entrada ya comenté las señas de identidad de la poesía de Cadenas, caracterizada por el despojamiento en el lenguaje en busca de precisión y el abolimiento del yo como mejor forma de acercarse a la escondida esencia de la realidad.












ARS POÉTICA



Que cada palabra lleve lo que dice.
Que sea como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido.

No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni añadir
                                                                                            [brillos a lo que es.
Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad.
Seamos reales.

Quiero exactitudes aterradoras.
Tiemblo cuando creo que me falsifico.
Debo llevar en peso mis palabras.
Me poseen tanto como yo a ellas.

Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira,
señálame la impostura, restriégame la estafa.
Te lo agradeceré, en serio.
Enloquezco por corresponderme.
Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.


de Intemperie (1977),

 

☙❧


 


LAS PACES
 

 

Lleguemos a un acuerdo, poema.
Ya no te forzaré a decir lo que no quieres
ni tú te resistirás tanto a lo que deseo.
Hemos forcejeado mucho.
¿Para qué este empeño en hacerte a mi imagen
Cuando sabes cosas que no sospecho?
Líbrate ya de mí.
Huye sin mirar atrás.
Sálvate antes de que sea tarde.
Pues siempre me rebasas,
sabes decir lo que te impulsa
y yo no,
porque eres más que tú mismo
y yo solo soy el que trata de reconocerse en ti.
Tengo la extensión de mi deseo
y tú no tienes ninguno,
sólo avanzas hacia donde te diriges
sin mirar la mano que mueves
y te cree suyo cuando te siente brotar de ella
como una sustancia
que se erige.
Imponle tu curso al que escribe, él
sólo sabe ocultarse,
cubrir la novedad,
empobrecerse.
Lo que muestra es una reiteración
cansada.

Poema,
apártame de ti.


☙❧

 


OCURRE QUE DESPUÉS DEL LABORIOSO FORCEJEAR...



Ocurre que después del laborioso forcejear
el poema
está donde menos se esperaba,
donde nadie lo buscó,
donde no se ve,
en el rincón más apagado.

Vino a dar ahí
burlando al que escribía, al lector, a la página.
Se deslizó hasta ese lugar
donde de pronto
es descubierto.
Aquí,
dice una voz queda.
Oculto
como un niño
en un cuarto
donde se guardan viejos muebles.


de Gestiones, 1992



☙❧



¿Sabías
en tus adentros
que los poemas no bastan?

¿Para qué esculpir
la palabra,
carentes?

¿Se espera oír
diciendo?

¿Qué se busca
excavando con ella
en tierra endurecida?

¿Quién puede hablar
sin saberse
milagro?





☙❧





Si el poema no nace, pero es real tu vida,
eres su encarnación.
Habitas
en su sombra inconquistable.
Te acompaña
diamante incumplido.


de Una isla, 1958





☙❧




Nunca he sabido de palabras
tanto como quise.

Relegadas en un tiempo, 
no me buscan.

Yo también tengo, Auden,
the best dictionaries that money can buy.

Piezas que se alinean
con ahogo.

Nuestra vida es ardua,
queda atrás,
hierve.

No quiero estilo,
sino honradez.


de Gestiones  (1993)




☙❧





VENGO DE UN REINO EXTRAÑO...
 

Vengo de un reino extraño,
vengo de una isla iluminada,
vengo de los ojos de una mujer.
Desciendo por el día, pesadamente.
Música perdida me acompaña.
Una pupila
cargadora de frutos
abandonados
se adentra
en lo que ve.
Mi fortaleza,
mi última línea,
mi frontera con el vacío
ha caído hoy.
Música entregada en el desastre.
Mis manos han sentido crecimientos puros.
El amor ya no avanza ahogándose en preguntas.

Claridad sin quimera se insinúa, lenta.

De Una Isla (1958)





☙❧
















 

EL QUE ES



Si alguien me toca, sólo me toca a mí, a ese mí orgulloso, ese mí que no deja franquear su claustro, y no a ese otro alguien, informe, vasto, neutro, que hace gestiones en la oscuridad.
Herirás al que puedes herir, a que no importa defender, al que no es nada. 
No lastimarás a nadie, lastimarás a ese nadie que me cierra el paso.
No temas. Sufre mi guardián. El que debe desprenderse como fruto que he cultivado, usé y abandono.
El otro, oscuro, humilde y quieto, no necesita protección.
No será tocado ni herido. Ni padece ni se queja.
No será destruido.


De Falsas maniobras (1966)





☙❧






YO pertenecía a un pueblo de grandes comedores de serpientes, sensuales, vehementes, silenciosos y aptos para enloquecer de amor.
Pero mi raza era de distinto linaje. Escrito está y lo saben —o lo suponen— quienes se ocupan en leer signos no expresamente manifestados que su austeridad tenía carácter proverbial. Era dable advertirla, hurgando un poco la historia de los derrumbes humanos, en los portones de sus casas, en sus trajes, en sus vocablos. De ella me viene el gusto por las alcobas sombrías, las puertas a medio cerrar, los muebles primorosamente labrados, los sótanos guarnecidos, las cuevas fatigantes, los naipes donde el rostro de un rey como en exilio se fastidia.
Mis antepasados no habían danzado jamás a la luz de la luna, eran incapaces de leer las señales de las aves en el cielo como oscuros mandamientos de exterminio, desconocían el valor de los eximios fastos terrenales, eran inermes ante las maldiciones e ineptos para comprender las magnas ceremonias que las crónicas de mi pueblo registran con minucia, en rudo pero vigoroso estilo.
¡Ah! yo descendía de bárbaros que habían robado de naciones adyacentes cierto pulimento de modos, pero mi suerte estaba decidida por sacerdotes semisalvajes que pronosticaban, ataviados de túnicas bermejas, desde unas rocas asombradas por gigantescas palmeras.
Pero ellos —mis antepasados— sí estaban aherrojados por rigideces inmemoriales en punto a espíritu eran elásticos, raudos y seguros de cuerpo.
Yo no heredé sus virtudes.
Soy desmañado, camino lentamente y balanceándome por los hombros y adelantado, no torpe, mas sí con moroso movimiento un pie, después otro; la silenciosa locura me guarda de la molicie manteniéndome alerta como el soldado fiel a quien encomiendan la custodia de su destacamento, y como un matiz, sobrevivo en la indecisión.
Sin embargo, creía estar signado para altas empresas que con el tiempo me derribarían”.





de Los cuadernos del destierro (1960)





☙❧





He resuelto mis vínculos.
Ya soy uno.
Porque esta que ahora comienza es la temporada magnífica de la claridad donde sólo existe el haz indivisible de la amorosa conjunción. Ahora mi corazón silbante, clarividente, y numeroso riega sus sentencias prenatales, sus aromas yodados, sus impaciencias pueriles, sus rumores de moscardón, sus tinieblas fieles en la crueldad de estos parajes poblados por oscuros habitadores que suelen entregarse con frenesí a los desapacibles dioses de la espuma.
No obstante, me irrita el tardío lienzo de los alcatraces porque no puedo descifrar su idioma. En cambio, me place el jardín donde habitan en espejos incomunicables los que han sido desterrados del amor.
Fatídico, doble, sensual, echadas ya las cuentas para mis logros futuros, me han desposado con un nuevo esplendor.
Fue el reino de las aguas.
Hice mis particiones.
Aguas en la memoria, absolutas como los desiertos, solamente el silencio del oro en el follaje puede compararse con su espíritu.
Osaré recrearme en la evocación.
Isla, deleitable antífona.
Horma de los cuatro puntos.
Asilo de los vientos sin paz.
Adelantándome y retrocediendo como un preludio abro las tierras moradas.
Una naranja resplandeciente, sola, sobre un lienzo como un deseo.
La rama menos transparente de una constelación
Un vaso de ron en las manos de un galeote.
Un viaje.
El monumento de la sal.
Una flecha que se dispara sola.
El beso, el ayuntamiento, el éxtasis y la culminación.
Los supremos vaivenes de las ramas irredentas.
Una colmena donde se oculta un arcoiris.
El rebaño de los puentes cuando el día cesa.
Nuncios de autodestrucción.
Un final.
Aquel alocado parloteo de los loros.
Las salpicaduras de los bañistas.
La hamaca que se balancea.
Tomorrow.
«Yo quería separarme de él. Te lo juro. Amenazó con matarme. No me dejes.»
Los dados de la noche.
Danzas frenéticas de seres que olvidaban 362 días del año.
Sofocos de bailarines.
Horóscopo. Aries. Persona hiperestésica, buen natural, deshilvanada.
Una mano que se tiende.
Alambradas. En torno el Orinoco, impasible vampiro.
Una carta que promete ventura.
Gloria con un conejo sobre el regazo.
Kid.
Otros.
Mi frente que se enferma en los ojos de los ciegos.
Drop me by the corner.
Calles zumbantes.
Civiles multicolores.
Dominio del verde.
El rostro de un verdugo en la taza de té.
Aves, aves, aves celéreas, breves, intonsas.
Adolescentes como lanzas de ébano.
Una ciudad arrojándome del amor.
No maternal, pero ama de llaves órficas y otras filiaciones.
Gobernadores de las ciénagas.
Ablaciones.
Lutos seminales.
Torres de caoba.
Jazz bajo la noche blanca del Mar Caribe.
Carrousel.
Un lugar donde las brujas entierran a los niños abortados.
Tabletas para matar.
Pero allí hay, sin duda, un lugar bondadoso.
Calles manchadas de fluidos vegetales, de baba ebria, de sexo negro, de mugres provisionales, de hálitos sacros, de africanas flexiones, de alas de loto, de mandarines venidos a menos, de dragones rotos, de fosforescencias de tigra, de aires balsámicos de amplios valles búdicos.
Una mezquita que se baña al sol en las colinas. Aguas lustrales de una edad sólo divisible por potestad sin denominación.
Armaduras de guerreros ya superados, en un museo.
Salvation Army. Ellos nos salvarán de la misericordia divina, de estos jirones de sangre al mediodía, de este violento traje de días blancamente feroces, de la hoja de puñal, de las vestimentas crueles, del falso amor, de la pupila fija de los ahorcados, de la pieza no cobrada, de la sangre en la camisa, de la tierra que sube un milímetro cada día como cicuta, de los buques fantasmas, del santo suicidio, de la prostituta coloreada hasta las doce y luego carne fláccida de recién nacido, de la media luz o media oscuridad, de las auroras débiles, de los ídolos de bronce sobre el mar, de las respuestas a las interrogaciones y viceversa, del sueño donde se hunden bajeles blancos, de las profecías, encantamientos, dilapidaciones.




De Los Cuadernos del Destierro (1960)





☙❧




                IMAGO 


Cuando un rostro se vuelve amenazante, lo desdibujo pacientemente.
Empiezo por sus líneas, después me dedico a las sombras y dejo para el final sus sutiles celadas. Sólo trato de desarmar la figura.
Hay que impedir que mire desde su centro dinámico, quitarle ese halo de imán que desquicia, volverlo una mancha.
De noche practico esta cautela. Me acerco al rostro, recuerdo todos los incidentes, tomo un trapo húmedo, ordinario, maligno con el que deshago suavemente el dibujo.
Cuando el cielo vuelve a ser blanco ya no queda nada.
En realidad no destruyo el rostro; lo suavizo y me pliego. Aprendo a convivir con él.
Es el recurso basto de quien exagera todas las líneas.
No es un trabajo fácil. Requiere un gran desasimiento. El apego, el apego es el enemigo. Con sus gomas alocadas da qué hacer. Produce anexiones, pueriles violencias, enrarecimientos del aire.
Uso un procedimiento rudimentario, el que está a mi alcance, pues soy tosco.
Tuve que idear este método, extraño a mi ser, en una difícil época. Fue al término de una crisis.
Acababa de dejar la cáscara. La imaginación se había agotado. Sólo quedaban los objetos, los firmes objetos.


de Falsas maniobras (1966)





☙❧






NOMBRES 


te llamas hoja húmeda, noche de apartamento solo, vicisitud;
campana, tersura y lascivia, ingenuidad, lisura de la piel,
luna llena, crisis,
oh mi cueva, mi anillo de saturno, mi loto de mil pétalos,
Éufrates y Tigris, erizo de mar, guirnalda, Jano, vasija,
tórtola, S. y trébol,
ovípara,
uva, vellocino y petrificación;
podrías llamarte...
pero tu nombre es
lecho, lavamanos, dentífrico, café, primer cigarrillo,
luego sol de taxis, acacia, también te llamas acacia y six pi
em —em— o half past six o seven, cerveza y Shakespeare
y vuelves a llamarte hoja húmeda, noche de apartamento solo día tras día,
sí, tienes tantos nombres
y no te puedo llamar,
todo tan absurdo como esas mañanas sin amor que el
espejo de los baños recoge y protege,
todo tan desoladamente inabordable,
todo tan causa perdida.


de Falsas maniobras (1966)


☙❧


 





















Ya el delirio no me solicita.
Vivo sobre la sal, levantándome y cayendo, día tras día. Como, ando, me acuesto sobre lo que me sostiene sin pedir una aclaración, sin esperar nada. Soy un cuerpo. Me llamo tensión, debilidad, silencio, piel, nervio, olor, yerro. Me arrastro, toco hierba, me hago suelo. Lo inefable no me quiere.

Hace años dejé de preguntar. Desistí en un filo. Las ventanas dicen vivir.
Sucio de nuestro sucio sacro. El pensamiento escarba, escarba. Soy una cuerda que se abraza a la última proximidad.
Vibrante querer, vibrante delito, vibrante desamor.
Ducho en disensión, en rotura, en desvivir, persisto.
Arrastro una historia anonadada.
Soy flaqueza máxima. Mis piernas se doblan. No llego, no llego.
¿De dónde sale la fuerza cuando sigo? Soy el sordo, el exabrupto, el golpe en la mejilla, el veneno de la suavidad, el manto del loco, el que hostiga el fervor, la ciénaga sin fulgor, la horma de nuestra ignorancia, el que se hace, se deshace, se hace.



De Intemperie ( 1977)





☙❧






         REALIDAD



Tuve que disentir,
ocultarme,
desaparecer.

Tuve
que ser una disonancia.

Tuve que dejarme ir
a la deriva
sin explicar.

Tuve que esconder
el rostro,
volverme
huidizo,
callar, acallar
(cuando acaso era útil
una simple aclaración).

Se me juzgaba con ley de hombre
pero nunca fui interrogado.

Todo
fue por ti,
y no te he visto.


de Intemperie (1977)



☙❧




Memoria que sale a buscar cosas huidizas. Posesiones que pertenecen menos a su dueño que al aire. Eso que un cofre de madera quiere proteger no nació para las palabras. Sólo yo me empeño en quitárselo a los ojos.

¿Qué lengua traerá los tesoros sin tocarlos?
Al fondo un rey enfermo me ve partir.
Yo le entrego un estuche con un rubí ansioso.

De Memorial (1977)



☙❧

 


Para ti el aprendizaje,
para ti la soledad convertida,
para ti el espacio ganado a la noche,
para ti el instante, la voz trocada,
el asentimiento,

para ti el último centro del fruto, lo irreductible,
para ti lo que el miedo no puede rozar,
para ti cuanto escapa a las venas del tiempo,

para ti el caudal de los días que se bastan,
el acopio húmedo, la labor de aprender a ser nadie.

No hay secreto.

De Memorial (1977)


 

☙❧





¿Quién deja de oponerse?
¿Quién se sale del juego?
¿Quién se vive en el vacío?
¿Quién hace del desabrigo refugio?
¿Quién se disuelve en el percibir?
¿Quién se expone sin arrimo al descampado?
¿Quién abandona el trajín por la hora solitaria?
¿Quién puede comer con tenedores de absoluta piedad?
¿Quién accede a trocar su día por un rostro que no ha de ver?




En Gestiones, 1992




☙❧






DE TODAS MANERAS



Memoria apoderada del instante,
memoria que tiñes lo naciente,
memoria que te enseñoreas del vivir,
memoria alimentada con la eternidad que no era para ti,
tú me has creado,
no podré sostenerme sin tu peso,
pero me secuestras, tus rejas se extienden por mi cuerpo, no me dejas salir,
eres mi límite.

Necesito una cara para andar
entre la gente y es tuya.

Contigo no soy nada.

Sin ti no soy nada

Atención,
rosa
última
sagrada
alcanzable.
Por encima
de la pesadumbre,
la piedra cotidiana,
el desentendimiento usual.

Entrégate a ella
como a un verso hondo.


Inédito




☙❧





FLOR DEL SENDERO 



De pronto mientras caminamos
hablando, irrumpe
y nos rescata.

*

Lo que salvas de los escombros
es la mirada.

No importa la intemperie
si te vuelves espejo.

Se habita
con el desnudo no saber.

*

¿Por qué no viste el pájaro
que volaba
en tus ojos?

*

Nos incumbe desaprender
paso a paso,
decir con exactitud,
dejarnos en el camino
y seguir, indecibles
sin rango
ni relieve
ni énfasis.



De En torno a Basho y otros asuntos, (2016)





☙❧





ATENCIÓN

 

rosa
última
sagrada
alcanzable.
Por encima
de la pesadumbre,
la piedra cotidiana,
el desentendimiento usual.

Entrégate a ella
como a un verso hondo.

SALGO
de entre libros.

Un pájaro
repentino me siente.

Se sirve
del claro día
que lo delinea justo.

SIN despertar
no serás extranjero.
Tu existencia alcanzará como
pieza sabida
en la ficción,
pero no te verás
de cuerpo entero.


De Sobre Abierto (2012)





☙❧






             DERROTA



Yo que no he tenido nunca un oficio
que ante todo competidor me he sentido débil
que perdí los mejores títulos para la vida
que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)
que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos
que me arrimo a las paredes para no caer del todo
que soy objeto de risa para mí mismo
que creí que mi padre era eterno
que he sido humillado por profesores de literatura
que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada
que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida
que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo
que tengo vergüenza por actos que no he cometido
que poco me ha faltado para echar a correr por la calle
que he perdido un centro que nunca tuve
que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo
que no encontraré nunca quién me soporte
que fui preterido en aras de personas más miserables que yo
que seguiré toda la vida así y que el año entrante seré muchas veces más burlado en mi ridícula ambición
que estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo
(“Ud. es muy quedado, avíspese despierte”)
que nunca podré viajar a la India
que he recibido favores sin dar nada a cambio
que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma
que me dejo llevar por los otros
que no tengo personalidad ni quiero tenerla
que todo el día tapo mi rebelión
que no me he ido a las guerrillas
que no he hecho nada por mi pueblo
que no soy de las FALN y me desespero por todas esas cosas y por otras
cuya enumeración sería interminable
que no puedo salir de mi prisión
que he sido dado de baja en todas partes por inútil
que en realidad no he podido casarme ni ir a París ni tener un día sereno
que me niego a reconocer los hechos
que siempre babeo sobre mi historia
que soy imbécil y más que imbécil de nacimiento
que perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo
que no lloro cuando siento deseos de hacerlo
que llego tarde a todo
que he sido arruinado por tantas marchas y contramarchas
que ansío la inmovilidad perfecta y la prisa impecable
que no soy lo que soy ni lo que no soy
que a pesar de todo tengo un orgullo satánico aunque a ciertas horas
haya sido humilde hasta igualarme a las piedras
que he vivido quince años en el mismo círculo
que me creí predestinado para algo fuera de lo común y nada he logrado
que nunca usaré corbata
que no encuentro mi cuerpo
que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme,
barrer todo y crear de mi indolencia, mi flotación,
mi extravío una frescura nueva, y obstinadamente
me suicido al alcance de la mano
me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros
y de mí hasta el día del juicio final.


(1963)





☙❧




               FRACASO


Cuanto he tomado por victoria es sólo humo.

Fracaso, lenguaje del fondo, pista de otro espacio más exigente, difícil de entreleer es tu letra.

Cuando ponías tu marca en mi frente, jamás pensé en el mensaje que traías, más precioso que todos los triunfos.
Tu llameante rostro me ha perseguido y yo no supe que era para salvarme.
Por mi bien me has relegado a los rincones, me negaste fáciles éxitos, me has quitado salidas.
Era a mí a quien querías defender no otorgándome brillo.
De puro amor por mí has manejado el vacío que tantas noches me ha hecho hablar afiebrado a una ausente.
Por protegerme cediste el paso a otros, has hecho que una mujer prefiera a
                                 [alguien más resuelto, me desplazaste de oficios suicidas.

Tú siempre has venido al quite.

Sí, tu cuerpo llagado, escupido, odioso, me ha recibido en mi más pura 
                                   [forma para entregarme a la nitidez del desierto.
Por locura te maldije, te he maltratado, blasfemé contra tí.

Tú no existes.
Has sido inventado por la delirante soberbia.

¡Cuánto te debo!
Me levantaste a un nuevo rango limpiándome con una esponja áspera, 
                                   [lanzándome a mi verdadero campo de batalla,
                                   [cediéndome las armas que el triunfo abandona.
Me has conducido de la mano a la única agua me refleja.
Por ti yo no conozco la angustia de representar un papel, mantenerme
                                   [a la fuerza en un escalón, trepar con esfuerzos propios,
                                   [reñir las jerarquías, inflarme hasta reventar.
Me has hecho humilde, silencioso y rebelde.
Yo no te canto por lo que eres, sino por lo que no me has dejado ser.
                                   [Por no darme otra vida. Por haberme ceñido.

Me has brindado sólo desnudez.

Cierto que me enseñaste con dureza ¡y tú misma traías el cauterio!,
                                     [pero también me diste la alegría de no temerte.

Gracias por quitarme espesor a cambio de una letra gruesa.

Gracias a ti, que me has privado de hinchazones.
Gracias por la riqueza a que me has obligado.
Gracias por construir con barro mi morada.
Gracias por apartarme.

Gracias.

(1966)