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viernes, 7 de agosto de 2026

LA MUERTE de VIVEK OJI - de Akwaeke Emezi



La muerte de Vivek Oji es una novela sumamente emocional y devastadora que explora las fronteras de la identidad personal en contraste con la sociedad y la familia. Habla de la necesidad de conocerse, de liberarse para poder ser uno mismo y de la pérdida que constantemente nos acecha. Nadie que lea el libro podrá evitar conmoverse. 

Este libro me ha abierto los ojos en muchos sentidos. Me ha hecho ver las dificultades ímprobas que arrostra una persona cuyo ser está fuera de la norma social...y lo que le cuesta a sí misma aceptarse. También me ha hecho aterrizar en África y ver cómo la habitan sus gentes. Hay padres, hijos, tíos, vecinos, amigos, barbacoas, colegios, calles y ríos como en cualquier parte del mundo, pero desconocía cómo se relacionaban entre sí, cómo viven, qué les preocupa a los padres, con qué sueñan los jóvenes, qué presencia tiene la religión en esa sociedad o cual es su nivel de tolerancia con extranjeros, gays o lesbianas, por ejemplo. 

Creo que el libro me ha puesto en contacto con personas de carne y hueso que viven en África. Y no son muy distintas. Está la tía Mary enfervorizada con la religión, están los chicos y las chicas a la gresca para reafirmarse, está la preocupación de los padres por dar un futuro a sus hijos... y está Vivek; un joven que se siente diferente, pero no sabe por qué ni cómo debe sentir. Ahí está la almendra de esta historia. Vivek va ser el epicentro de una auténtica vorágine emocional, que es lo que es esta novela.
"Cuatro
  Vivek
No soy lo que todo el mundo cree que soy. Nunca lo fui. No tuve la boca para concretarlo en palabras, para explicar lo que no iba bien, para cambiar las cosas que notaba que necesitaba cambiar. Y cada día costaba. Costaba caminar por la calle y saber que la gente me veía de cierta manera, saber que se equivocaban, que se equivocaban tan rotundamente que mi yo de verdad era invisible para ellos. A sus ojos, ni siquiera existía.
       Y yo me pregunto: si nadie nos ve, ¿seguimos ahí?"
pág. 51
Collage "Somos agua" ⓒ René Dissel

La novela demuestra que en el viaje para descubrir quién eres, los otros son tan necesarios como peligrosos. En este sentido cabe recordar el proverbio africano que dice que "para educar a un niño, hace falta la tribu entera". Emezi debe ser consciente de ello porque alrededor de Vivek crea toda una comunidad de personajes complejos y bien articulados cuya existencia marcó y fue marcada por Vivek. El triángulo formado por los valores de la sociedad, la familia y la propia intimidad batallan constantemente para darnos forma y a veces el proceso es muy doloroso. Las vivencias gloriosamente intensas de Osita y su primo Vivek así lo reflejan, compartiendo vida y alejándose, incluso pegándose, hasta que finalmente se descubren mutuamente en una escena brutal, delicadísima y desgarradora.
"Era como si hubiéramos dejado atrás todo lo que conocíamos y nos hubiéramos adentrado en un lugar completamente diferente, como si hubiéramos cruzado un umbral y lo que acaba de suceder, fuera lo que fuera, solo pudiera suceder a este lado." pág. 136

La historia está ambientada en el sureste de Nigeria alrededor de 1990 y gira alrededor de Vivek Oji, un joven cuyo cadáver aparece en la puerta de sus padres nada más comenzar la novela. El relato se estructura a través de las distintas voces de quienes lo amaban, incordiaban y sufrían. De su padre Chika, que lo envió a una academia militar para endurecerlo, harto de su extrema delicadeza. De su madre Kavita siempre preocupada por su sensibilidad y ausencias hasta el punto de traérselo de la universidad viendo la crisis que lo consumía. También Juju y su grupo de amigas con las que Vivek finalmente se siente identificado y liberado. Con ellas encuentra la senda de su autodescubrimiento. 
"Fueron las chicas las que me sacaron. No creo que se lo propusieran. Yo sabía que lo de venir a visitarme era idea de mi madre; fue una de las pocas veces que un plan suyo funcionó.
Me estaba ahogando. No muy rápido, no lo bastante para dejarme llevar por el pánico. Era un hundimiento lento e inexorable, como cuando ya sabes dónde vas a ir a parar, y por eso dejas de resistirte y esperas a que todo termine."
pág. 121
Y sobre todo Osita, su primo y mejor amigo. Ellos dos trenzan el hilo central del relato, compartiendo primero una infancia feliz, luego una adolescencia de provocaciones y peleas hasta llegar el distanciamiento en la universidad y, por fin, el reencuentro en la vuelta al pueblo. Las chicas y Osita le ayudarán simplemente por aceptarlo tal como es, sin intentar cambiarlo. Aunque esa dicha inicial será segada por la muerte. ¿Qué ocurrió? ¿Quién lo llevó hasta la puerta de la casa de su madre? Sólo se sabe que coincidió con unas revueltas que provocaron el incendio del mercado. 


En la lista de agradecimientos que cita la autora al final del libro, ha incluido dos obras clave para ella: Amor de Tony Morrison y El amor en los tiempos del cólera de García Márquez. Aunque es evidente que el trazo de la novela nos recuerda irremediablemente a otra obra del mismo autor colombiano, ´Crónica de una muerta anunciada´. "El día que murió Vivek Oji prendieron fuego al mercado", esta es la primera línea de la novela y el resto de las páginas nos irán revelando los hechos que la rodearon. Aunque ya aviso de que tan cierto es que la novela gravita en torno a esa misteriosa muerte, como que lo que nos impacta de verdad es el misterio de su alma.

La novela tiene una estructura facetada, como los diamantes. En el libro se alternan capítulos donde escuchamos a Vivek con otros en los que escuchamos a su primo Osita y otros en los que, en tercera persona, se nos informa de esa sociedad en plena ebullición y de la preocupación de los padres que quieren protegerlo. Los capítulos en los que escuchamos a Vivek son muy intensos y cortos, de apenas media página. En ellos se nos muestra el desgarro de una persona que no se comprende a sí misma o que no se acepta; que necesita buscarse porque está perdida.

Según avanzaba en la lectura me daba cuenta de la cantidad de asuntos cotidianos que pueblan la novela: la abuela, los niños, la comida (garri, ndara, ñame), las etnias (igbo, hausa, fulani) y los más diversos asuntos de la vida cotidiana en Nigeria. En un momento dado Juju se hace la dormida para escuchar cómo sus padres se pelean. Su madre ha descubierto que el marido tiene otra familia, incluso con un hijo, en otra ciudad. Se gritan, él la pega y huye del hogar. Mientras los otros jóvenes están dudando sobre si ir a la Universidad. Dan la sensación de que todos están perdidos... hasta el punto de que la tía Mary lleva a Vivek a su iglesia tradicional para que curen su decaimiento y ¡¡es azotado para exorcizarlo!!
     "¿Qué acabas de decir? preguntó, con la esperanza de haber entendido mal.
     
El demonio que tiene dentro repitió Mary. Sí o, eso es lo que dijo el pastor. El niño está poseído por un espíritu maligno, un demonio muy fuerte. Es el que está provocando todo esto, lo del pelo largo, que se le esté consumiendo el cuerpo físico. Hay fuerzas sobrenaturales alimentándose de él...¡de tu hijo! El pastor dijo que había que cortarle el pelo porque de ahí sacan su poder, como los cabellos de Sansón. Es una de las fuentes de su fuerza. Pero cuando uno de los diáconos se le acercó con unas tijeras, ¡el demonio empezó a resistirse!"  pág. 89
La narración tiene la textura de un relato oral en torno a una saga familiar que empieza con la abuela Ahunna, muerta el mismo día en que nació Vivek. Posteriormente su padre, Chika, descubrirá en el pie de su hijo una cicatriz idéntica a la que tenía su abuela Ahunna. Los ancestros y el presente se conjugan sin problema. Del mismo modo Emezi hace fluir su relato a través del tiempo, utilizando los recuerdos de los personajes para construir una cascada de flashbacks que van completando el puzle de la vida de Vivek. 

Ese puzle de voces hace que el lenguaje sea muy vivo y directo, casi coloquial, mezclando constantemente el igbo y el inglés... a excepción de las apostillas que provienen de Vivek y de Osita, que tienen una potencia lírica tremenda.
 


El libro tiene un intenso color local, se le ven las raíces. Todo se nombra con el lenguaje igbo, las plantas, las telas, los apodos, el parentesco o la comida. La impresión que nos transmite el libro sobre Nigeria es contradictoria, un país a la vez ancestral y moderno, el más poblado de África, con 240 millones de habitantes y más de 250 grupos étnicos. Me llama la atención el grupo de las Niggerwives, mujeres inmigrantes procedentes de Filipinas, Malasia o India que se casan con nigerianos y se apoyan entre ellas mientras van adaptándose a las costumbres locales. La madre de Vivek es una niggerwife, al igual que la de la autora. 

Nigeria es una de las tres economías más fuertes de África lo que no impide que también sea uno de los países con mayor desigualdad. El país también es una potencia cultural, con una música que llega a todo el globo y una industria cinematográfica que no tiene envidia de Hollywood. Sin embargo sus leyes contra el colectivo LGBTI se encuentran entre las más draconianas del mundo contando, además, con un gran respaldo de la población. En religión el país se distribuyen casi al 50 % entre católicos y musulmanes. Estas dos últimas cuestiones aparecen en la novela, si bien tangencialmente. No olvidemos la presencia violenta del grupo fundamentalista islámico Boko Haram que opera en el noreste del país. Por su parte, a Kavita le da un vuelco el estómago cuando su cuñada Mary le dice: "Ya sabes cómo son las cosas aquí. Es un peligro que se pasee por Ngwa con ese aspecto tan... femenino. ¿Te imaginas lo que le pueden hacer si alguien lo malinterpreta, si se creen que es un homosexual?"

Paradójicamente ´La muerte de Vivek Oji´ trata sobre la vida; una vida llena de secretos y un ansia de plenitud.










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Cuando empezaba esta reseña diciendo que este libro me había abierto los ojos a otros mundos, también me estaba refiriendo a una autora que desconocía y a una nueva editorial -Cosonni- que se presenta así en su web:  "
consonni es una editorial interdependiente con un espacio cultural en el barrio bilbaíno de San Francisco. Desde 1996 producimos cultura crítica y en la actualidad apostamos por la palabra escrita y también susurrada, oída, silenciada, declamada; la palabra hecha acción, hecha cuerpo. Desde el campo expandido del arte, la literatura, la radio y la educación ambicionamos afectar el mundo que habitamos y afectarnos por él."

** Akwaeke Emezi (1987) es una autora transgénero no binaria que reside en espacios liminales y cuya fulminante trayectoria le propulsó a la portada de junio de 2021 de la revista TIME, como parte de un grupo de líderes para la próxima generación. Akwaeke nació en Umuahia, una ciudad del sureste de Nigeria, hija de padre igbo y madre tamil. Crecieron en Aba, en una comunidad multicultural; su madre pertenecía a las Nigerwives. 
De niña siempre escribía pero fue en la universidad, ya en EEUU, donde uno de sus profesores les sugirió especializarse en escritura creativa. Su práctica artística se ubica en la metafísica del espíritu negro, valiéndose del vídeo, la performance, la escritura y la escultura para crear rituales en los que procesar su encarnación como entidad no humana/ogbanje/descendiente de una deidad.
En la revista RoundTable encontré esta presentación de su primera novela, Agua dulce (Freshwater),  que en 2018 revolucionó la escena literaria estadounidense: 
"Esta historia visceral, con tintes semiautobiográficos, narra la vida de Ada, un personaje que lucha contra múltiples personalidades que habitan en su mente. Algunas son diabólicas, otras más contenidas. A medida que estas personalidades cobran mayor protagonismo y Ada sufre una agresión traumática, su vida se sumerge en la oscuridad y la autodestrucción. Es un retrato impactante de la neurodivergencia, que se centra en la ontología igbo y en ideas no occidentales sobre la enfermedad mental.
Akwaeke comenta: “El libro se basa probablemente en un 99% en mi experiencia personal. Mientras lo escribía, utilizaba la ontología igbo para analizar toda mi vida, y todo lo que me había sucedido empezó a tener sentido. Me crie en una familia católica, así que intenté abordarlo desde la perspectiva cristiana, pero no funcionó; no me sentía en paz. Había ido a terapia; había intentado abordar temas de salud mental, pero tampoco me ayudó. Estaba aterrorizada porque, como nigerianos, no nos educan para pensar que esto sea algo en lo que debamos incursionar. Está muy estigmatizado. Pero fui a Lagos, hablé con un historiador y con amigos que practican la espiritualidad africana. Todos me dijeron: «Si sientes el llamado, tienes que obedecerlo, y la razón por la que te sientes tan estresada es porque lo estás combatiendo».” 

viernes, 24 de julio de 2026

MALEZA - de Ferran García



Esta novela es inusual dentro de la literatura española. Se trata de un western brutal que me recuerda a Intemperie de Jesús Carrasco, aunque aquí la violencia es más salvaje y cruda. ´Maleza´ es una novela de frontera donde no existe más ley que la del más fuerte en medio de un conflicto bélico, las guerras carlistas, y en un territorio que el protagonista define como una "cárcel de piedra, margas, picos y bosques infinitos"; la comarca de Taradell y los bosques de la Plana, al sur del Montseny. 

De hecho la novela se publicó originariamente en catalán, en 2022, con el título de ´Guilleries´, que es el nombre de un espectacular parque natural cuyos parajes y elementos mitológicos también están presentes en otro éxito procedente de Cataluña, ´Canto yo y la montaña baila´ de Irene Solà.



El protagonista y narrador es un niño, Boi, que cuando empieza la historia acaba de perder a su madre, muerta, mientras su padre y su hermana huyen a otro lugar. Boi elige quedarse con su abuela a la que conocen en la comarca como madame Laveau, la hechicera. Ella y el bandolero que lo capturará posteriormente, Joan Tur, se convertirán en sus mentores, enseñándole los sinsabores de la vida. 

Tanto Madame Laveau como Joan Tur fueron testigos en el pasado de unos hechos sangrientos que implicaron a los padres de Boi. Ahora intentarán ayudarlo en un desenlace que amenaza violencia y muerte. 

La plaza de Taradell


Si la abuela ejerce como tutora de Boi, el bandolero Joan Tur lo hace como mentor. Se trata de un personaje tan ambiguo como fascinante. Porta un zurrón lleno de papeles arrugados con palabras y en caso de duda le hace meter la mano y coger uno. Así es como van acercándose al entendimiento entre ellos y a una realidad que se les escapa entre las manos. A pesar de esto Tur no dudará en poner a Boi en manos del jefe de su partida, el sanguinario Bonaplata; quien lo torturará hasta saber dónde se esconden su abuela y su padre, el objetivo de su venganza. Pero también, a la postre, lo acabará salvando porque se ve reflejado en él. Boi conocerá la ternura y el amor por su abuela y la brutalidad y la violencia de la vida por Joan Tur. Dos caras de una misma educación.
"Creía que eras bueno.
¿Yo?
Sí.
Se encogió de hombros.
La bondad es relativa. Mira por la ventana. ¿Es el día que empieza o la noche que acaba? Una pregunta absurda. Todo está conectado. También la bondad y la maldad, no hay nada puro en este mundo". pág. 101
Todo, desde los personajes que van apareciendo, el territorio, la época y el estilo, tiene una atmósfera entre mágica y terrible. Los mágico viene determinado por la vivencia del niño con su abuela hechicera y con su padre, capaz de hablar con los caballos y sanarlos. Precisamente un caballo tendrá un papel crucial en el desenlace, cuando Joan Tur descubre en él un mensaje secreto del padre que le ayudará a decidir qué hacer.


La historia va más allá de carlismos y liberalismos. Habla de la ceguera y brutalidad de las personas que utilizan las banderas como simple excusa. 
"Al final del desfiladero por el que íbamos había un valle y en el centro tres o cuatro casas en ruinas, como un pueblo al que le hubieran caído encima doscientos años de golpe, así, sin que nadie lo esperara. Pensé en los carlistas y después en los liberales y después otra vez en los carlistas y en decenas de hombres que no eran ni una cosa ni la otra y que deambulaban por los caminos, y en las pistolas y las escopetas que todo el mundo llevaba y en los miles de picos y papales y barrenas de los hombres que buscaban sal en las montañas." pág. 80
También habla de un momento de cambio social y de los monstruos que esto engendra. La abuela pertenece a la estirpe de los agotes, unos apestados a los que nadie quería cerca. 
"Mi abuela llegó a Taradell con sus dos hijas un día de verano. Venían del norte, aunque mi madre siempre me decía que no venían, que huían. (...)
Nuestro pueblo siempre estuvo mal visto y las cosas que decían de nosotros eran todas mentira excepto una. ¿Cual?, preguntaba yo. Su Dios y el nuestro no es el mismo, me respondía. Nos obligaban a vivir a las afueras del pueblo, más allá del río porque el río, según ellos, los protegía y purificaba; teníamos que cosernos una marca en la ropa, una especie de huella de gato de color rojo, y pobre del que saliera a la calle sin eso; tenías que llevar una campanilla que hacías sonar cada vez que ibas al pueblo para que la gente tuviera tiempo de apartarse". pag. 25
Se decía que practicaban rituales heréticos y que fornicaban entre padres e hijos. Nadie los podía tocar y menos aún tener con ellos relación alguna... hasta que llegó un hombre y decidió que todo aquello era arbitrario y que los agotes simplemente eran muy pobres y tenían otras creencias, pero eran personas como todas las demás: su abuelo.



El desarrollo de la novela se lleva a cabo como un continuo  desvelamiento, como el aterrizaje desde la fantasía y los recuerdos del niño hasta la cruda realidad de enfrentamiento y muerte. El territorio que al principio aparece con el brillo de la magia y la naturaleza poco a poco se va revelando como una cárcel pétrea y sangrienta. De hecho, la entrada de la partida de Bonaplata en Taradell es una imagen arquetípica del western que abre la puerta al feroz desenlace. Boi es la llave para conseguir su venganza y cuando ya está en su poder se dispone a torturarlo sin ningún miramiento. La escena es terrible. Con voz pausada y cortante le va anunciando al niño cada tormento al que le va a someter mientras Boi busca evadir su mente. Brutal.

La novela tiene poca acción pero traslada una intensidad dramática y emocional formidable. El encuentro del niño con la partida de Bonaplata apenas ocupa un día y una noche pero su diálogo inclemente y pormenorizado es tremendo. Narrado por el niño, cada minuto se expande hasta lograr detener el tiempo, mientras las páginas se llenan de amenazas, sospechas y dolor. La propia narración adquiere el espesor de las pesadillas, ese que te atrapa y no te deja caminar.
"No entendía nada de lo que había pasado los últimos días, no entendía las historias que estos hombres me contaban, no sabía quién era el hombre del árbol ni la mujer del agujero en el pecho, no sabía quién era Joan Tur ni Bonaplata, dudaba de todo y me era imposible saber qué era cierto y qué no, pero algo tenía claro: si les decía lo que querían saber, harían daño a la gente que quería. De alguna manera todo esto estaba conectado con mi abuela, mi padre y mi madre muerta, e incluso los muertos pueden morir una segunda vez." p. 102











La atmósfera de miseria y violencia me recuerda a ´Pa negre´ (Agustí Villaronga), mientras que el niño narrador rodeado de fantasmagorías me recuerda al ´Pedro Páramo´ de Juan Rulfo, con esa mezcla onírica de tragedia y muerte.

Quisiera resaltar un par de asuntos más que atraviesan la novela. El primero son las diversas maldiciones presentes, entre las que está la guerracivilista, la de los agotes o la de la locura, ignorancia o superstición que afectó a la madre de Chico, uno de los ´niños encontrados´ (más bien abandonados) que malviven en una granja abandonada. Fue acusada y quemada en la plaza del pueblo acusada de matar a los seis hijos que tuvo.  
"Un año y medio más tarde, su madre paría el sexto hijo, Daniel, que también se murió, pocas semanas después, en las mismas extrañas circunstancias que el pequeño Toni. Ese día llovió y al atardecer, el jardín se llenó de ranas y caracoles.
Después de aquello, la gente llegó a la única conclusión a la que podía llegar: la familia estaba maldita. El médico del pueblo, el que había pinchado por dentro los oídos de Chico y que había visto cómo morían, uno a uno, todos los hijos de la pareja excepto él, llegó a otra conclusión: no sabía cómo ni por qué, pero esa mujer estaba matando a sus hijos."
p. 39
El segundo asunto tiene que ver con el conjunto tan variado de situaciones paternofiliales que se cruzan en la novela y que la convierten casi en el relato de una saga familiar. La de Boi, sus padres y su abuela, que esconde un secreto familiar; pero también la de Bonaplata que adoptó a Joan Tur como un hijo, pero perdió a su auténtico vástago, un criminal violento y salvaje que fue asesinado y al que lleva tiempo deseando vengar. Todo ello sin olvidar esa historia lateral tan jugosa sobre ´los niños encontrados´.


La experiencia lectora es muy literaria, casi poética y evoluciona desde un principio casi mágico hacia la intriga de saber quien es el hombre que aparece en el árbol sagrado, junto al río, auténtico detonante de toda la acción posterior. Desde ese momento todo se acelerará y la vida infantil de Boi perderá su inocencia, arramblada por el tumulto de la historia. 

Ferran García tiene una manera muy particular de narrar que tiene que ver con la atmósfera onírica que ha creado. La novela avanza a través de fragmentos que se mueven en el tiempo y en el recuerdo conformando una especie de puzle emocional. El carácter ancestral, casi mítico, del relato lo subraya con una forma de contar elíptica, donde los hechos parecen venir determinados por un destino fatídico, casi telúrico. Así se puede apreciar en este párrafo perifrástico, en el que en vez de decir ´mi abuela me dijo que tenía que ir al árbol del río´, el autor nos deja escuchar todos los ecos míticos que entraña esa simple acción.
"Madame Laveau me había dicho a donde debía ir. Mi gente tiene algunas cosas sagradas. Una herradura que se guarda sumergida en una pila baptismal, cerca de la frontera. Una pared, dentro de un palacio en el que no podemos entrar, construida con piedras que en realidad son una mezcla de huesos y dientes de nuestros antepasados, triturados y pasados por el mortero. La moneda de plata donde apareció por primera vez nuestra cruz. Pero mi abuela dice que solo hay un cosa sagrada y que son las miradas. Que la herradura, la pared y la moneda no son más que baratijas que tienen el mismo valor que las ganas de aguantarse un pedo. Sagrado significa que es inviolable porque está vinculado con Dios. Especial, en cambio, quiere decir que una cosa es diferente del resto. A veces solo es especial para ti. Un lugar especial, por ejemplo. O un perro o una uña. Para el resto del mundo ese lugar es exactamente igual a cualquier otro, el perro es idéntico a cualquier perro, la uña es como todas las uñas, pero supongo que siempre hay un lugar, un perro o una uña especial para alguien. Mi abuela tenía un árbol especial. Nunca me contó por qué, pero yo sabía que era especial. También lo sabía mi madre y resulta que también lo sabía el hombre que encontramos en el río. Ahí tenía que ir." p. 70
Creo que la abuela representa lo antiguo, un mundo en armonía con las creencias y la naturaleza; mientras que Joan Tur representa el futuro, la consciencia y rispidez del mundo adulto. Entre estos dos tiempos se sitúa el presente, el lugar donde ambos entablan una feroz batalla. Así lo reconocer el propio narrador cuando dice: "Algunas cosas empezaron y otras se terminaron cuando llegó el hombre del árbol. Que los niños me tiraran piedras fue una de las cosas que terminó. Pero los problemas empezaron. Quiero decir los de verdad." 







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Ferran Garcia nació el 12 de junio de 1971 en Vic. Ha publicado en catalán las novelas ´Recorda que moriràs´ (2016) y ´Blasfèmia´ (2019), ambas en la Editorial Males Herbes. También tiene publicados los poemarios ´Larva´ (Premio de poesía Pare Colom, Lleonard Muntaner Editor, 2017) y ´Magror´ (XXI Premio de poesía Pere Badia, 2021). 

domingo, 15 de febrero de 2026

EL HOMBRE que HABLABA SERPIENTE - de Andrus Kivirähk




Esta es una novela juvenil, rebosante de aventuras, que narra el enfrentamiento entre el viejo mundo del bosque ancestral y el nuevo de aldeas y monasterios. Pero también es una fábula mitológica sobre los orígenes idílicos del pueblo estonio, viviendo en el bosque, cazando y recolectando; justo en el momento en que son asediados por caballeros teutones. Estos Hombres de Hierro están instaurando castillos y aldeas para que las gentes se conviertan en los campesinos de sus señoríos. También están fundando monasterios para divulgar la fe cristiana. A cambio de una vida más "civilizada" exigen pleitesía. En el fondo se trata del clásico enfrentamiento entre una tradición bucólica y el progreso marcado por la sumisión y una promesa de bienestar. 

Nuestro narrador es Leemet, un joven que vive en el bosque según tradiciones atávicas. Su pueblo convive en armonía con la naturaleza. Domina el serpéntico, idioma de las serpientes con el que logra dominar al resto de animales, a los que subyuga con sus siseos. Estos cazadores-recolectores viven en una Arcadia ácrata, sin más norma ni gobierno que el incordio del druida Ülgas, empeñado en una mitología de hadas, espíritus y floresta mágica en la que pocos creen. Pero este paraíso está a punto de morir. En los últimos tiempos las gentes del bosque se han ido trasladando a las aldeas buscando comodidad y cobijo a cambio de adquirir nuevas costumbres y creencias. 
"¿Por qué íbamos a quedarnos nosotros atrás, a seguir anclados en el pasado, hablando con las serpientes? ¿Qué podrían decirnos unas sabandijas tan infames? Yo creo que más bien deberíamos escuchar a los que saben más que nosotros: a los extranjeros, que construyen fortalezas y conventos de piedra, que tienen grandes barcos que navegan veloces y que se cubren el cuerpo con armaduras de hierro, de modo que ninguna flecha puede atravesarlos. ¿Crees que esos conocimientos los han adquirido de las víboras? ¡Pues no, ha sido Dios quien se lo ha enseñado todo! Él los ha iluminado y los ha hecho poderosos."


Leemet desprecia esta nueva forma de vida. A través del serpéntico las liebres y venados se ponen a su alcance para ser sacrificados. Su sabrosa carne está a años luz de los mendrugos de pan y gachas que comen los aldeanos. Su libertad de movimientos no tiene nada que ver con las obligaciones de los siervos que tienen que arar, sembrar y cuidar del rebaño mientras se desloman de sol a sol para sobrevivir precariamente. Tampoco se arrodillará ante la cruz y los monjes. Si no hizo caso de las hadas y los espíritus del bosque, mucho menos se plegará ante un dios extraño y cruel que te quiere sumiso y enajenado por nuevas supersticiones.

Leemet comienza su narración en un punto terminal. Ya quedan pocas familias en el bosque. Su abuelo fue el último que tuvo colmillos viperinos y ha desaparecido. Su tío Vootele es el último que domina el serpéntico y se lo enseña a él para perpetuarlo. Pero Leemet asiste impotente a la conclusión de la vida en el bosque, de la que pronto se convertirá en su último heraldo. 



El universo que nos muestra Leemet es fascinante, más todavía porque vemos el fin al que está abocado. Sus costumbres y tradiciones nos trasladan a un mundo de leyenda. Los guerreros estonios nunca se dejaron conquistar porque contaban con el Sapo del Norte, una especie de dragón volador que les aseguraba la supremacía. Del mismo modo el serpéntico les permitía dominar a los animales mientras convivían amistosamente con osos y culebras. Los primeros, juguetones y mujeriegos, saben cortejar a las damas y encandilarlas. Mientras que las segundas son amigas de los hombres. La relación que Leemet mantiene con Ints, una víbora real, es de una complicidad conmovedora.

Durante la primera mitad de la novela el tono es aventurero y juvenil, casi como el de una fábula. Leemet explora su mundo y el ajeno (tiene charlas con el mayor de la aldea e incluso citas con su hija) en permanente correría. Pero según se va convirtiendo en adulto su mundo comienza a resquebrajarse y el miedo y la intolerancia prenden la mecha del enfrentamiento. Curiosamente será Leemet, el hombre natural, pacífico y ajeno a cualquier superstición, quien inicie la cadena de acontecimientos que los conducirá a la guerra. En un intento de revitalizar el bosque, el druida Ülgas exige un sacrificio humano; al negarse, Leemet provocará la venganza del druida que los conducirá a todos a la destrucción. 


He de reconocer que cuando llevaba leído un cuarto de novela todavía no sabía a qué atenerme. Por la información de la solapa esperaba un libro de aventuras y fantasía, pero me encontré un relato ligero, juvenil. El tono y la entidad de la aventura era bajo. Incluso con alguna expresión en exceso coloquial (turulato, chavalote). La epopeya de los ancestros estonios carecía de épica. Pero tengo que reconocer que me ganó el carácter de Leemet y la encrucijada que le toca vivir. Además, la fábula ganaba enteros según revelaba su carácter farsesco. La escena en la que los chicos de la aldea discuten sobre la mierda de caballo que ha aparecido en sus campos es hilarante. No menos que la de las chicas trazando con todo fervor, con un cinturón bendecido en la iglesia, un círculo de protección alrededor del rebaño. Leemet se quedará emboscado para poder observar si ese círculo, invisible y santo, logrará frenar de verdad el ataque de los lobos.  

Para Leemet tan panolis son los aldeanos que se entregan al culto de lo foráneo y del cristianismo, como quienes adoran un atavismo panteísta que les hace idealizar su estadio primigenio; tal y como hacen el propio Ülgas o la pareja de monínidos que viven desnudos en las ramas de los árboles.
"Más tarde comprendí que, aunque Ülgas y Tambet odiaban a todos los que se habían ido a la aldea, ellos, de algún modo, también habían dejado de vivir en el bosque. Ver cómo el modo de vida tradicional en los bosques iba extinguiéndose poco a poco los tenía desencantados y cabreados, y para mantenerse a flote, se aferraban a los conjuros y a los usos más atávicos y esotéricos. Buscaban una vía de escape en el mundo de fantasía de las hadas, y no se preocupaban en absoluto por las humildes palabras del serpéntico, que a su juicio carecían de la dureza suficiente y no servían para mantener a la gente atada al bosque."
Las aventuras inocentes de la primera parte, pronto se ofuscarán en la segunda, donde se suceden sangrientos ataques. Aquí, por fin, se hace presente la épica en unos capítulos finales fulgurantes.



Me llama la atención el hecho de que sea el lenguaje serpéntico el que esté en el centro de la historia. En el Postfacio de la traductora, Consuelo Rubio Alcover, encontramos la explicación. 
"Igual que él (Leemet) enlaza la genealogía de su pueblo con la posesión de la lengua serpéntica -y de los colmillos viperinos, que solo aparecen ya de tarde en tarde, ligados a un gen recesivo y progresivamente arrinconado a lo largo del proceso evolutivo-, los estonios basan su identidad como pueblo en el idioma: una lengua fino-ugria, pre-indoeuropea, vehículo de una cultura minoritaria y secularmente amenazada por el flagelo de las potencias vecinas."
Además, en este Postfacio encontramos el necesario contexto folclórico para toda la imaginería presente en esta notable novela: el Sapo del Norte, los Hombres de Hierro, las serpientes reales, las doncellas azotándose dulcemente a la luz de la luna o Möigas, el controlador de los vientos y Ateneumión, el pez gigante cuyas barbas bloquean todo el mar como unos sargazos.
"El uso de esta imaginería nos remite automáticamente a una arcadia feliz, previa a la invasión alemana del siglo XIII, en la cual el pueblo estonio -un pueblo silvestre, de "moradores de los bosques", según el cliché difundido gracias a la literatura decimonónica de inspiración romántica escrita en alemán por autores germanizantes- disfrutaba de una presunta autonomía y vivía en paz, en perfecta comunión y armonía con un entorno prístino. Sin embargo nada más lejos de las intenciones de Kivirähk que escribir un panfleto propagandístico en loor de las esencias inmortales de su pueblo y del recién recuperado Estado-nación. Mofándose sin rebozo de los aldeanos y de su alienante modo de vida, el autor satiriza señas de identidad ensalzadas por el ruralismo nostálgico en boga."

lunes, 19 de enero de 2026

LA MÁS RECÓNDITA MEMORIA de LOS HOMBRES - de M. Mbougar Sarr



En esta novela se narra un asunto evidente -la búsqueda de un escritor que tras un éxito fulgurante desapareció de la faz de la tierra- y otro soterrado: ¿por qué escribir?. El viaje iniciático que emprende el protagonista en busca del autor de culto es de incierto destino, pero la novela refleja las recompensas de la travesía. La primera, poder leer el libro que lo encumbró, un libro tan discutible como fascinante.

"La más recóndita memoria..." cuenta la historia de un prometedor escritor senegalés afincado en París -Diégane Latyr Faye- cuando descubre una legendaria novela publicada en 1938, "El laberinto de lo inhumano", debida a la pluma de un escritor también africano, T. C. Elimane. En aquella época el libro tuvo un éxito clamoroso y las élites de Francia tildaron a su autor como "el Rimbaud negro"; pero al poco tiempo estalló el escándalo. Dos catedráticos lo acusaron de plagio. La editorial retiró todos los ejemplares y el autor desapareció de la escena pública. La obra maldita cayó en el olvido; pero ahora Diégane la ha descubierto y está subyugado, tanto que se impone a sí mismo la búsqueda de Elimane mientras obsesivamente relee su libro. 

Marème Siga D., una enigmática escritora también senegalesa, es quien se lo ha descubierto e incluso le ha entregado su precioso ejemplar de ese libro inencontrable. Léelo, luego ven a verme a mi casa de Ámsterdam, le reta. Ella se convertirá en "la Araña Madre", quien le guiará por un laberinto hecho de tiempo y memoria. Será un viaje en busca de un mito, pero también -sin duda- de sí mismo. 
«El libro se desvelará por sí solo. Vuelvo a ver la mirada triste de la Araña Madre al dármelo. Vuelvo a escuchar sus palabras: Te envidio. Vas a descubrir este libro. Pero también te compadezco». «Te envidio significa: vas a bajar una escalera cuyos escalones se hunden en las regiones más profundas de tu humanidad. Te compadezco significa: cerca del secreto, la escalera se perderá en la sombra y estarás solo, privado del deseo de subir de nuevo porque se te habrá mostrado la vanidad de la superficie, e incapaz de bajar porque la noche habrá sepultado los escalones que conducen a la revelación».




La novela es fascinante y su estructura tan elusiva como el autor desaparecido. Por momentos parece una novela negra o una investigación periodística, pero también incluye jugosas disquisiciones literarias y filosóficas, críticas al mundo de la edición y hasta un retrato íntimo y social del desarraigo y los estragos que la colonización provocó en África. Eso sin contar el debate interno que mantiene el escritor sobre la necesidad o futilidad de su vocación literaria. 
"Lo que buscamos, mi buen Diario, no puede ser nunca la verdad como revelación, sino la verdad como posibilidad, resplandor al fondo de la mina donde cavamos desde siempre sin linterna frontal. Lo que persigo yo es la intensidad de un sueño, el fuego de una ilusión, la pasión de lo posible. ¿Qué hay al fondo de la mina? Otra vez la mina: la gigantesca muralla de hulla, y nuestra hacha, y nuestros golpes, y nuestros suspiros. Ahí está el oro."
Tratándose de un tema eminentemente literario el estilo es sumamente ágil y por momentos hasta urgente. El autor nos va desgranando la experiencia de su indagación aportando multitud de textos y relatos de testigos. El asunto le apasiona hasta el punto de que tras leer "El laberinto..." se siente incapaz de escribir. A ese bloqueo se añade el enorme desprecio que siente hacia la literatura que le rodea, llena de lugares comunes y empachada de novedades insulsas. Sólo le queda escribir el Diario de su pesquisa, a través del cual nos embauca y enreda en su búsqueda.
"11 de julio de 2018
Diario, solo te escribo por una razón: decir cuánto me ha empobrecido El laberinto de lo inhumano. Las grandes obras empobrecen y siempre deben empobrecer. Nos quitan lo superfluo. De su lectura, uno siempre sale despojado: enriquecido, pero enriquecido por sustracción."
Yambo Ouologuem

El formato de la novela es de tipo collage. Diégane acopla en su relato todo tipo de textos y formatos hilvanando una crónica que se va ramificando en otras crónicas. Está el Diario de Diégane y dentro de él el testimonio de Siga D. que contiene la historia de la poeta haitiana amante de Elimane y la crónica de la periodista Brigitte Bollème sobre el Rimbaud negro; la cual a su vez contiene el relato de la editora de Elimane, etc., etc. acompañado todo ello de cartas, emails, artículos de prensa, extractos de libros e incluso de las siniestras fichas necrológicas de los seis críticos que hablaron de "El laberinto..." en prensa, ya que ¡todos ellos acabaron suicidándose!. 

Cada encuentro se convertirá en una nueva historia, cada carta en una nueva evocación que no hará más que recordarles -a Diégane y Siga D.- que Elimane sigue siendo un fantasma inaprensible que se pierde en un jardín de senderos que se bifurcan. ¿Por qué desapareció?, ¿Qué se ocultaba tras el escándalo que hundió su carrera?. Y no menos importante ¿A qué se debe el enigma de su silencio?.



El collage también lo es de voces distintas cuyos ecos intentan acotar el misterio. El testigo principal de Diégane es Siga D. que nos cuenta el origen del escritor maldito; pero también está el relato de la poeta haitiana que fue su amante en el Buenos Aires de Sábato y Gombrowicz, y el testimonio de la periodista Brigitte Bollème que rastreó a los editores del fatídico libro, Charles Ellenstein y Thérèse Jacob, para escuchar de su boca la historia de la publicación. 

También hay voces africanas en este coro, como la del padre de Siga D. relatando el choque de la colonización contra las formas de vida tradicional. O la del escritor Musimbwa, que en una carta le recuerda a su amigo Diégane que "se puede escribir en cualquier sitio; pero saber y comprender lo que uno debe escribir verdaderamente, eso no se puede hacer en cualquier lugar". Y sobre todo la voz conmovedora de Mossane, aquella hermosa mujer que se cobijó en el silencio y se dejó marchitar durante años "bajo el viejo mango frente al cementerio", esperando la vuelta de su hijo, Elimane. Su voz brota como un flujo de conciencia en capítulos sueltos denominados "biografemas" y son las páginas más íntimas y desgarradoras de la novela. 

El libro se constituye así como una crónica de crónicas con diversos autores y estilos. Y esto es muy cierto. Hay un estilo en el Diario que difiere del de la crónica periodística de Bollème o de las cartas de Elimane o del eco de memoria que nos evoca Mossane. Mohamed Mbougar Sarr, como Diégane, se muestra como un consumado fabulador que trenza multitud de historias y narradores para dar fuste a su libro. 



Además, si nos fijamos, este collage de voces, relatos y textos no es más el remedo estructural de "El laberinto de lo inhumano", descrito por todos sus lectores como un virtuoso collage confeccionado con fragmentos de otras obras (de ahí la denuncia de plagio). Así lo refiere su editora.
"Habíamos verificado y nos habíamos asombrado al descubrir aquellos préstamos, pero también al ver cómo había logrado fundirlos en el movimiento de su texto. Una vez recuperada de la sorpresa, aún me admiró más El laberinto de lo inhumano y el genio de Elimane (sí, me atrevo a usar esa palabra). Hay que ser un genio para escribir toda una obra con fragmentos de las de otros. Como mínimo hay que tener el genio del collage. Charles fue más circunspecto. Veía el virtuosismo de la composición, reconocía la singularidad de la historia del libro, pero no llegó a librarse de la idea de que era un robo, una impostura deshonesta."
Este paralelismo entre la obra escrita ("El laberinto...") y la que se está escribiendo en torno a ella no es el único que podemos apreciar. En la novela se llega a establecer un verdadero juego de espejos entre el buscador -Diégane- y el buscado. Ambos comparten una desmedida ambición literaria: "Te gustaría escribir un solo libro. En el fondo sabes que solo uno cuenta: el que engendra el resto de los libros o el que estos anuncian". También corre paralela su peripecia vital puesto que ambos pasan de puntillas por el conflicto político que los rodea en Senegal y los dos abandonan sus relaciones amorosas, inmersos como están en una búsqueda absorbente.  
    "Esa era la lección que me dio mi amigo en su tragedia: ser valiente y hacer lo que había que hacer.
    Y lo que yo debía hacer, más allá de la búsqueda del amor, de la legitimidad política y de las decepciones a las que tales empresas pueden llevar o exponernos, era continuar siguiendo la pista de Elimane, la pista de su libro. Mi vida, como toda vida, parecía una serie de ecuaciones. Una vez revelado su grado, inscritos sus términos, sus incógnitas establecidas y fijada su complejidad, ¿Qué quedaba? La literatura; no quedaba ni quedaría nunca nada más que la literatura; la indecente literatura, como respuesta, como problema, como fe, como vergüenza, como orgullo, como vida."
Esta es la parte de la novela que más me ha cautivado, esa corriente subterránea que recorre el libro entero y que tiene que ver con la obsesión por la literatura, por lograr el "libro esencial" del que habla Elimane. No en vano hay una serie de agudos dilemas que afloran en sus páginas: ¿es tan importante la literatura como para dedicarle la vida entera? ¿Prevalece el texto por sí mismo o es inexcusable anclarlo a la vida? ¿Importa la identidad del autor y su cultura? Si todos somos lectores ¿hasta dónde se puede hablar de plagio?
«Te voy a dar un consejo: nunca intentes decir de qué habla un gran libro. O, si lo haces, te digo la única respuesta posible: de nada. Un gran libro no habla nunca de otra cosa que de nada, y sin embargo está todo en él. No vuelvas a caer en la trampa de querer decir de qué habla un libro que percibes que es grande. Esa trampa es la que te tiende la opinión. La gente quiere que un libro hable necesariamente de algo. La verdad, Diégane, es que solo un libro mediocre o malo o banal habla de algo. Un gran libro no tiene tema y no habla de nada, solamente busca decir o descubrir algo, pero este solamente ya lo es todo, y este algo también lo es todo».


No quiero dejar de lado un asunto central del libro, la crítica al colonialismo y a la suplantación cultural. En uno de sus muchos intercambios Musimbwa le envía un email a su amigo Diégane explicándole lo que "El laberinto..." significa para él.
     "En el fondo, ¿Quién era Elimane? Ignoro a qué pistas te ha llevado tu investigación durante las últimas semanas. Pero veo una respuesta posible: Elimane era aquello en lo que no deberíamos convertirnos y en lo que nos convertimos lentamente. Era una advertencia que no se supo interpretar. Esa advertencia nos decía a los escritores africanos: inventad vuestra propia tradición, fundad vuestra historia literaria, descubrid vuestras propias formas, probadlas en vuestros espacios, fecundad vuestro imaginario profundo, tened una tierra vuestra, porque solo ahí existiréis para vosotros, pero también para los demás. En el fondo, ¿quién era Elimane? El producto más logrado y trágico de la colonización."
Al concluir la novela me surge la duda sobre si los autores y libros que se citan en ella son auténticos o ficticios. Así vuelvo a la dedicatoria que la encabeza: Para Yambo Ouologuem. Y allí se abre para mí un nuevo libro, el de la Historia. 
El último paralelismo de esta novela, el más elocuente, es que se trata de un sentido homenaje al escritor maliense Yambo Ouologuem (1940-2017) ganador en 1968 del Premio Renaudot por su ópera prima, «Le devoir du violence». La novela causó un enorme impacto y su autor fue apodado el "Proust africano". Pero esa carrera fulgurante se vio truncada por acusaciones de plagio en las que participó Graham Green. A raíz de esta polémica, la novela fue retirada de la circulación y Ouologuem regresó a Mali tras diez años de amarga disputa con la editorial Seuil. Allí pasó el resto de sus días recluido. 
Las acusaciones que se hicieron de plagio suenan hoy a racismo. Se arremetió contra él de una forma que parecía encubrir otras intenciones. 
No sorprenderá que esta novela esté elaborada como un collage donde se dan cita un sinfín de recursos literarios, desde el relato oral, la epopeya, el lirismo espiritual y hasta el diálogo teatral.










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"Deber de violencia" es un texto crudo, lleno de violencia y sexo, que no deja bien parados a los africanos. Ataca frontalmente la idea de negritud nacionalista que las élites africanas preconizaban, idealizando un tiempo pasado de las sociedades africanas que la colonización destruyó.
Ouolaguem nos recuerda que la violencia y la esclavitud se ejercieron desde siempre entre africanos, destruyendo sociedades enteras, y que los opresores europeos simplemente fueron los últimos en llegar. Una autocrítica contra la que se levantaron algunos escritores africanos como Léopold Senghor




Aquí un artículo general sobre Ouologuem
Aquí un artículo más específico sobre su obra
Aquí una reseña completísima de "Le devoir de violence"

martes, 6 de enero de 2026

ALTAR - de Catherine Lacey



Altar es una novela tan sencilla y directa como enigmática y perturbadora. Hurga en las pulsiones de una piadosa congregación que se ve agitada por la llegada de un extraño.

Un desconocido que deambula por los caminos de la vida llega a un pequeño y remoto pueblo. Cansado, se refugia en la iglesia durmiéndose en un banco. Lo descubren el domingo, cuando toda la comunidad acude a los oficios. No saben qué hacer o quién es. Además es imposible discernir su raza, edad o sexo porque parece un ser angelical. Lo más extraño es que, aunque entiende el idioma en el que se le habla, permanece mudo ante cualquier pregunta o requerimiento.
  
Finalmente la familia que habitualmente ocupa ese banco lo acoge y lleva a su casa. Aún más. Toda la congregación lo acoge, siendo como es una comunidad con firmes valores religiosos. Cada vecino intenta ayudarlo. Primero lo visita el reverendo, luego lo llevan al médico para un chequeo; incluso al psicólogo por descartar cualquier problema dado su mutismo. Pero el forastero no responde a pregunta alguna ni refiere nada sobre su identidad o pasado. Parece un ser con la mente en blanco, a pesar de lo cual todo el mundo procura su bienestar. Le dan por nombre Altar (Pew en inglés, banco de iglesia) y lo invitan a pasar las tardes con otros jóvenes y otras familias para intentar su integración. 
"Lo único que podría haberle dicho al reverendo, si hubiese sido capaz de hablar, era que era un ser humano, igual que él era humano, solo que me faltaban algunas cosas que él parecía considerar necesarias -un pasado, el recuerdo de mi pasado, un origen-, pero yo no tenía nada de eso. "
Paradójicamente aunque Altar no habla es el narrador, lo cual dota a la historia de una atmósfera extraña e incómoda. Mientras los vecinos lo miran a él como un elemento perturbador, su narración consigue trasladar esa ambigüedad a la propia comunidad; con su imperiosa necesidad de saber quién es, de dónde viene o cual es su sexo.
"como todos los presentes en esta sala, quiero que la justicia prevalezca, que gane el bien. Y para que eso suceda, necesitamos saber lo que «es» la gente. Quiénes son «en realidad»."
Ciertamente Altar es un personaje ambiguo y brumoso. Parece la personificación de una metáfora, la del hombre hueco, cuya sola presencia nos obliga a hacernos preguntas muy incómodas sobre lo que somos.
"No sé cómo acabé aquí.
Es como si el tiempo estuviera en otra parte y lo único que veo no fuera el presente, sino el futuro, uno de los futuros posibles, y en cierto modo el presente está en algún lugar del pasado que no puedo alcanzar y aquí estoy, viviendo en cierto futuro. Llevo un cuerpo colgado, me transporta, pero no sé si me pertenece y, aunque los viese, no sería capaz de reconocer mis propios ojos."
Pronto la situación acabará enquistándose. La irrupción de algo que no pueden comprender o catalogar hace florecer la perversión y antiguos temores. 



La atmósfera se va tornando cada vez más inquietante según vamos conociendo que Altar ha llegado justo una semana antes de la celebración del Festival del Perdón, una misteriosa ceremonia que pone nerviosos a todos y provoca veladas referencias a los desaparecidos. La novela se divide en capítulos que marcan los días de esa última semana (Domingo, Lunes, Martes, etc.) que desembocará en el Festival del Perdón. Por un instante me parece la cuenta atrás de una tragedia.
"—Ya es raro que hayas aparecido justo esta semana entre todas las semanas que podrías haber aparecido. No sé lo que te han contado sobre este sábado, pero no tienes nada de qué preocuparte. Estoy segura de que Nelson te contará de mil amores lo que sabe del festival; con el tiempo ha llegado a disfrutarlo, creo, y, una vez pasa, se le hace más fácil ir al instituto. Ya verás. Después de este fin de semana todo el mundo está más tranquilo. Aunque es cierto que los días de antes son un poco más peligrosos…, en especial esta semana. La gente se pone nerviosa, creo yo. Pierden la compostura. Es la naturaleza humana."


La novela pertenece a ese subgénero fantástico en el que una realidad apacible y cotidiana se va revelando como algo amenazador merced a extrañas normas y ritos perturbadores. La autora tiene la habilidad de colocar pequeños indicios a lo largo de sus páginas que nos sugieren una verdad terrible que se esconde. Así ocurre cuando Altar habla con Nelson, un chico adoptado que fue rescatado de un país en guerra o con Tammy, la típica joven rarita; o con el anciano señor Kercher, que vino al pueblo porque su hija se casó con el hijo de uno de los prebostes de la congregación. Los tres son unos outsiders, como Altar; por eso no es extraño que haga buenas migas con ellos. El señor Kercher le cuenta el cambio que el pueblo produjo en su hija, anteriormente estudiante de filosofía y atea:
»Hace poco me dijo: “Dios me ha hablado y ahora ya no lo cuestiono”. Con eso pusimos punto final a nuestra discusión… Bueno, ella. No quería que le cuestionase nada. Cuando alguien te dice que ha oído algo que tú no has oído y que sabe que tú no lo has oído, tampoco le puedes decir que no ha oído lo que cree que ha oído. Lo que ha oído esa persona es su deseo de oír algo y el deseo siempre habla más fuerte que nadie. Es la emoción que más grita y más confunde: el deseo.»
Por supuesto el sentimiento religioso como llave para la manipulación es uno de los temas de la novela; pero también la fe como justificación para la intolerancia y la violencia como afirma el señor Kercher:
"Y lo único que creo que nos da la fe es el derecho a la crueldad, ya que se cree en una vida después de la muerte que es la vida de verdad…, no esta de aquí. La gente necesita una justificación para arrebatarles las cosas a los demás… Para emplear la violencia. La divinidad se lo da. Le da riendas a la crueldad…"
Viñeta del cómic "La Lotería" de M. Hyman

Aunque yo me decantaría más por el tema de la identidad y su construcción social, así como la presión grupal ("En este pueblo, es todo lo que tenemos: encajar bien en la comunidad. Es lo que quiere todo el mundo"). Sin olvidar el impacto que tiene nuestro cuerpo en la asignación de rol y personalidad. En este sentido en la novela se plantean cuestiones como ¿Qué influencia tiene la identidad ajena en la conformación de la nuestra? ¿Cómo determina nuestro cuerpo lo que somos y nuestro encaje social?
"Y entonces me surgió la pregunta. ¿Todos los problemas humanos empezaron en nuestros cuerpos, estas cosas decadentes, más débiles o más fuertes, más claras u oscuras, altas o bajas? ¿Por qué nos daban tantos problemas? ¿Por qué las usábamos para enfrentarnos? ¿Por qué pensábamos que el contenido de un cuerpo significaba algo? ¿Por qué extraíamos conclusiones al mirarnos cuando el cuerpo es tan inconcluyente, tan voluble?
Con aquella camisa, sin desvestirme, sin ponerme la bata, temí convertirme en alguna especie de sacrificio, pero no me ofrecería en ese altar. Fuera lo que fuera lo que yo fuese, sabía que no les pertenecía."
Al leer Altar inevitablemente nos asaltan múltiples referencias, como El forastero misterioso de Mark Twain y su crítica a la hipocresía de la religión organizada o el gótico sureño de Flannery O´Connor; pero lo que más aprecio en el texto es una sutileza como la que utilizaba Shirley Jackson para armar sus cuentos de terror (por ejemplo en La Lotería). También, en algún momento, mientras Altar iba de casa en casa, me he visto recorriendo el escenario de la película Dogville de Lars von Trier.









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 Catherine Lacey (Tupelo, Misisipi, 1985) nació en el seno de una familia de la Iglesia Metodista, lo que le supuso crecer leyendo la Biblia y yendo a misa varias veces por semana. Instalada en Nueva York desde su paso por la  Universidad de Columbia, en 2014 debutó con la novela Nunca falta nadie. Esto le supuso ser incluida en la lista de escritoras jóvenes más prometedoras de la revista Granta. Sus dos siguientes novelas -Las respuestas (2014) y Altar (2020)- no hicieron más que confirmar su valía. 
En su último trabajo, Biografía de X (2023), le da otra vuelta de tuerca a sus inquietudes sobre la identidad y la incógnita que esconde cada individuo. 
La historia se centra en una arista seductora, rebelde y cruel, cuya muerte prematura lleva a su viuda a investigar su misterioso pasado para explicarse la malsana fascinación que despertaba. Esta investigación personal cobra una dimensión extraordinaria cuando nos damos cuenta de que el contexto histórico de la novela es el de un EEUU distópico, ya que la indagación sobre X le llevará a sumergirse en la historia del Territorio del Sur, una teocracia fascista que se separó del resto de EEUU tras la Segunda Guerra Mundial.