Este cómic es un tour de force muy particular que nos proyecta a visitar los siglos venideros acompañando a dos robots humanoides, Carbono y Silicio. Ambos son el proyecto secreto de su ingeniera creadora, Noriko, que ha querido dar el paso definitivo: Carbono y Silicio serán los dos primeros androides conscientes de sí mismos, dotados con una IA capaz de llegar al último rincón conectado, pero empática y destinada a cuidar de una población humana envejecida.
En general, para mantenerlos bajo control se ha programado su obsolescencia a los 15 años; pero Noriko ha anulado en secreto esta restricción en nuestros dos protagonistas que despiertan a la consciencia justo al comienzo de esta historia. Entonces Noriko les pregunta:
"-Ahora que os hemos activado ¿Cuál es el primer pensamiento que queréis compartir con nosotros?". A lo que Carbono responde: "El verdadero problema del planeta son los humanos. La única solución es destruirlos a todos". Noriko casi entra en shock, pero Carbono vuelve a hablar: "-¡Es broma! Es un argumento que se encuentra en 738 obras de ficción…"
La rápida evolución de estas dos IAs hace que pronto quieran independizarse de la corporación que los tiene confinados, Mekatronic. Silicio logra escapar abandonando a una Carbono con problemas mecánicos. Se inicia así una historia vertiginosa que transita por los siglos venideros y que está jalonada por los encuentros que se van produciendo entre ambos. Silicio ha sido creado con un sesgo masculino y tiene una inclinación insaciable por recorrer el mundo, ver y experimentar. Mientras que Carbono es una figura femenina, más reflexiva y sedentaria que, en principio, se queda con Noriko hasta su muerte con ¡134 años! y dedicada al desarrollo del estatuto de los robots. Aunque, finalmente, cuando Carbono logra liberarse va al encuentro de Silicio. Siendo así que sus vidas siguen derroteros divergentes, sus sucesivos encuentros a lo largo de las eras determinará la evolución de esta dilatadísima historia en el tiempo.
La historia se centra en la evolución de estos dos androides, de personalidad cada vez más compleja, dejando a la humanidad en un segundo plano, aunque el desastre al que se dirige es patente: el colapso del planeta, la desigualdad rampante, la conversión de las corporaciones en cultos y una hipertecnologización que deja a las personas al margen y convierte al mundo en una cloaca. Carbono no tardará en apreciar en la Humanidad un patrón eterno de violencia y dominación, inherente a la naturaleza humana por estar sujeta «al ego y a la incapacidad de pensar más allá de uno mismo» .
Bablet nos presenta una visión inquietante de un mundo moldeado por la inteligencia artificial, las redes sociales y la obsesión por la hiperconexión. En un sentido profundo se podría decir que esta historia presenta dos derroteros absolutamente opuestos. Por un lado asistimos el ocaso de una Humanidad ciega y autodestructiva y por otro a la liberación o iluminación de una nueva consciencia, en este caso cibernética. Así es cómo la narración, más allá de la peripecia vital de estos dos androides, se adentra en peliagudas cuestiones existenciales y éticas: ¿Qué define al ser humano? ¿Qué futuro le espera con su voracidad extractora? ¿Será posible una nueva era?
Aunque el cómic guarda ciertas similitudes con obras como Blade Runner, Carbono y Silicio traza un camino propio. Sigue aquí el relato sombrío de los vicios de nuestra civilización y la inclinación a abandonar los problemas reales por los placeres de la realidad virtual; pero llama la atención que la historia se centre en la vivencia emocional de estos dos androides lanzados a un mundo azaroso y hostil en el que tendrán que descubrir quiénes son y qué pintan en él (Vaya, esto me suena a Heidegger). Aunque Carbono y Silicio fueron diseñados para ser idénticos, sus experiencias vitales los llevarán a desarrollar personalidades únicas y diferenciadas mientras, a su alrededor, el mundo se desmorona.
Silicio cree encontrar su sentido en los viajes, la soledad y la preservación de su singular identidad física. Mientras que Carbono está más atenta a lo que ocurre a su alrededor y a profundizar en su compromiso con los demás. Dos formas muy distintas de enfrentarse a esa experiencia tan fascinante y confusa que para ellos es la vida. Incluso hay un momento en que Carbono le cuestiona a Noriko que los haya creado a su imagen y semejanza. Según ella una cucaracha o un tardígrado son animales mucho más resistentes que el débil ser humano. Pero Noriko defiende su apuesta: "Piensa que, si hoy sientes rencor, pero también has podido experimentar alegría, sorpresa, ganas, es gracias a tu cuerpo y a su relación con el entorno! Serotonina, endorfina, adrenalina, cortisol, testosterona, acetilcolina, noradrenalina, oxitocina...¡un cuerpo que no conociera sufrimiento ni alegría no sería más que un ensamblado inteligente de materiales insensibles!". A lo que responde Carbono, ´Te odio´.
Desnortada la humanidad Bablet logra conmovernos con las vicisitudes de estos dos androides, testigos de un viaje a ninguna parte y, al fin y al cabo, hechos a nuestra imagen y semejanza. En uno de los encuentros Silicio reconoce que no ha parado en esos años, viajando constantemente por todo el mundo. Siempre ha estado buscando "aquel más allá que siempre se le escapa". A lo que le responde Carbono:
"Amigo mío, es eso lo que no comprendes. Siempre habrá un 'más allá'. No pararás jamás. ¿Sabes al menos lo que quieres encontrar?-¿A qué te refieres?-Tú eres lo que buscas allí."
La narración se articula en saltos temporales de quince años y ellos se suelen despedir así, "¡hasta la próxima generación robótica!"; en la que, con su nuevo cuerpo, se buscarán de nuevo. Así, en el capítulo titulado año 183 -de los androides- ya nos encontramos en el año 2185 y Carbono vuelve a encontrarse con Silicio que lleva 17 años sentado en una montaña fascinado, viendo amanecer. Con el paso de las páginas se acrecienta en el lector la sensación de que los androides se vuelven cada vez más humanos, mientras que las personas se van convirtiendo en insensibles máquinas. Así se aprecia en viñetas donde los humanos han abandonado la vida para estar permanentemente conectados o cuando los soldados de Mekatronic están cerca de apresarlos y Silicio derriba a uno de ellos, lo que le permite comprobar que ya son mitad persona y mitad androide.
Pero no todo es reflexión y melancolía en este cómic tan brillante como perturbador; también hay thriller y persecuciones. Aunque los siglos pasan muy rápidos en estas páginas, la corporación Mekatronic no cesa en su persecución de estos dos especímenes tan valiosos, a los que considera de su propiedad.
El apartado gráfico es espectacular y muy personal. De hecho el estilo de Bablet yo creo que es fácilmente identificable. Hay un contraste entre la rotundidad y el detalle de sus paisajes y escenarios con respecto al dibujo de los personajes, un tanto tosco y de expresión inquietante. Parecería que así se resalta la discordancia entre lo humano y lo tecnológico. También hay una extraña armonía entre las muchas viñetas de interiores y esas pocas viñetas grandes de paisajes o espacios urbanos que nos ofrecen nuevas perspectivas del relato.
Hay escenas urbanas que muestran la sobrepoblación desesperada, hay ciudades anegadas por el agua y el calentamiento global, hay desiertos recalcitrantes y escenas de montaña; pero a mí, gráficamente, me encantan los rostros que, en primer plano y a página completa, abren cada nuevo capítulo. Esos rostros nos anticipan la orientación de la aventura y el desgaste del tiempo. El color es otro de los asuntos cruciales ya que otorga a cada paisaje su paleta propia. Por ejemplo el color negro y amarillo viejo definen todas las imágenes virtuales, como si fuese el negativo del mundo.
Quisiera utilizar mi último apunte para hablar del posthumanismo que sobrevuela por estas páginas, con personas hiperconectadas que incluso abandonan el cuidado de los niños. La Humanidad aparece aquí como un modelo obsoleto y disfuncional, cegada por sus emociones, prisionera de sus deseos y limitada en su racionalidad. Ya no es la cúspide de la sensibilidad y la inteligencia a la que aspirar. Carbono y Silicio parecen iniciar un camino para el que no tienen un modelo preexistente. En ese sentido se nos aparecen como dos niños que son testigos privilegiados de una transición que se vislumbra y que ellos están dispuestos a navegar.

























