viernes, 12 de julio de 2024

PAUL AUSTER, novelista




Paul Auster murió el pasado 30 de Abril, a los 77 años, en Nueva York y como homenaje he querido releer uno de sus libros. Auster es uno de mis diez escritores favoritos y el título de este blog así lo atestigua. La lectura del libro homónimo fue lo que me decidió a iniciar esta publicación en vez de seguir tomando notas... que irremisiblemente acababa perdiendo. En aquella novela Auster nos describe a un Bill anciano que pasa las noches imaginando historias. Quizás para recordar su vida. Quizás para arrepentirse. Quizás para explicarse el mundo. Quizás para soñarlo. Allí vi reflejado el por qué de mi amor a la literatura y quise compartirlo.

Hasta ahora nunca había podido redactar una reseña sobre un libro de Auster porque su lectura me satisfacía plenamente. La única duda era si ponerle cuatro o cinco estrellas. Hoy voy a intentarlo.

Para mí Auster es poseedor del triángulo mágico que debe tener un libro.
Ha de estar bien escrito o contado (a veces no es lo mismo).
Ha de poseer una trama que combine imaginación, intriga y emoción.
Debe reflejar profundamente lo humano, sea en forma de lucha, aflicción o rebelión.

Finalmente él mismo también ha sido abatido. Descanse en paz.
Aunque desde sus libros nos seguirá iluminando.

Fotografía de Phil Penman

La obra de Paul Auster explora la identidad, el azar y la búsqueda del significado de la vida. En sus novelas la existencia del protagonista suele quebrarse (una pérdida, una enfermedad, una muerte) obligándole a replantearse la vida en términos radicalmente nuevos.  Esa circunstancia deja al protagonista sin asideros, rodeado de una nada que convierte al relato en una investigación sobre cómo seguir existiendo. Es entonces, cuando los protagonistas están fuera de la corriente del río, cuando se percatan de los mecanismos de la vida, de esos azares y casualidades que tanto nos llaman la atención como lectores. Aunque también aprenden sobre su vulnerabilidad. Esa radical consciencia de su mortalidad y del absurdo de la vida es lo que hace tan interesante asistir a cómo recogen sus trozos y resuelven vivir: a través de pequeños rituales, a veces de mentiras, siempre con amigos y con libros, aferrándose a los recuerdos.... 
Sin ninguna duda, los personajes de Auster son seres dolientes que afrontan el caos de la vida.

Hoy en día cualquier escritor existencialista tendría sus manuscritos cogiendo polvo en el cajón; pero en cambio Auster es un escritor existencialista de éxito gracias a un aliño muy personal y cautivador.
Yo lo cifro en cinco puntos.

En primer lugar es un tipo de su época, urbano y desengañado; por lo que sus observaciones sobe la vida moderna, con sus soledades y extrañas relaciones suelen ser muy perspicaces.
En segundo lugar voy a colocar lo que para todo el mundo es su sello, el azar. Muchas de sus obras comienzan y giran en torno a eventos fortuitos que trastocan o iluminan la vida de sus personajes. Auster es un fino explorador de la casualidad, pero no como mero juego, sino como un sorprendente recurso que aporta profundidad y perplejidad a sus historias.

En tercer lugar tengo que colocar su gusto por una introspección genuina, nada fatua. La visión íntima y el desasosiego que nos hace llegar de sus personajes les dota de un afán que los sitúa muy cerca de las preocupaciones de los lectores. Sus personajes conmueven y provocan empatía. Nunca se rinden aunque alberguen pensamientos autolíticos y siempre desean salir adelante... aunque es cierto que casi nunca encuentran lo que buscan.

Fotografía de Grégoire Alessandrini

En cuarto lugar colocaría lo que yo llamo la sensibilidad hacia los demás, es decir, la dificultad de conocer a los otros y, a la vez, la necesidad inalienable que tenemos de ellos. Reflexionando sobre sus obras percibo claramente esa necesidad y un hecho aparentemente contradictorio: si hay una salvación está en los otros.

En quinto lugar, pero no por ello menos importante, está la claridad -yo la denomino naturalidad- de su prosa. Auster es un escritor sumamente moderno, juega con la autoficción y cuando no los parodia está cruzando entre sí los géneros; pero lo hace escribiendo con una elegancia y una sencillez que convierten a su prosa en algo diáfano y armónico.

El héroe austeriano es un tipo común pero complejo y lleno de enigmas. Busca el amor y no duda en romper con todo y empezar de nuevo, pero siempre está lastrado por la culpa. Aunque en Auster nunca falta una salida a través de dos puntos de luz, la amistad y el amor.

Añado un bonus. En sus historias no debemos menospreciar el papel que juega la escritura y la ficción como elementos sanadores. Paul Auster es un escritor obsesionado con la identidad y el modo en que ésta se construye por medio de relatos y palabras así como de encuentros y afinidades que administra el azar. Como escritor que es, subraya la necesidad de contar. El protagonista de El libro de las ilusiones se embarca en analizar la obra de un cineasta desaparecido, lo que provoca que una persona le relate las historias que vivió durante el medio siglo que desapareció. El profesor de filosofía que protagoniza Baumgartner se propone escribir un ensayo sobre el síndrome del miembro fantasma, que es la mejor analogía que encuentra sobre la muerte de un ser querido. En La noche del oráculo el escritor Sidney Orr compra un extraño cuaderno de color azul bajo cuyo influjo mágico comienza a escribir como en trance, atrapado en un mundo de inquietantes premoniciones y sucesos enigmáticos que amenazan con recomponer la realidad.

Fotografía de Nicolas Miller 

Se puede concluir que sus libros son existencialistas más allá del existencialismo. Como se puede leer en su novela Baumgartner, parece que tanto los personajes como el autor son hombres que no profesan ninguna religión y "no creen en nada salvo en la obligación de formular preguntas aceptables sobre el significado de estar vivo, aunque sepan que nunca será capaz de encontrar la respuesta".

EL LIBRO de LAS ILUSIONES - de Paul Auster


No es baladí que el volumen se abra con una cita de Chateaubriand: "El hombre no tiene una sola y única vida, sino muchas, enlazadas unas con otras, y ésa es la causa de su desgracia"; pues la cita es la expresión cabal de lo que les va a ocurrir a los dos protagonistas de la novela, sometidos a cambios drásticos en sus vidas y obligados a reinventarse. Y es que el libro podría haberse titulado Las muchas vidas de un muerto, debido a la sucesión de giros e identidades superpuestas que esconde el destino final de uno de ellos, un actor de cine mudo desaparecido durante 60 años. 

Esta novela de Paul Auster es el relato de la vida de Hector Mann, contado por David Zimmer, un profesor universitario de Literatura que pasa los días alcoholizado tras haber perdido a su esposa y dos hijos en un accidente aéreo. Zimmer lleva meses hundido en un caos en el que ha llegado a coquetear con el suicidio. Pero una noche un corto de cine mudo en la televisión le hace reír. La inteligencia de la comedia le coloca ante el espejo de su depravación y enciende la chispa del deseo de seguir viviendo.  

El cómico no era muy famoso pero sí tenía un estilo propio basado en un característico traje blanco, propio de climas tropicales, y un fino bigote negro con el que expresaba más que cualquier frase. Su aparición en TV viene a cuenta de un doble misterio: Se trata de Hector Mann, el último de los cómicos importantes que trabajaron el cortometraje. En la década de los 20 realizó 12 comedias de dos rollos y, de pronto, a la vez que llegaba el sonoro, Héctor desapareció sin dejar rastro en enero de 1929. De nuevo era noticia en 1984 porque, tras considerarse perdidas sus películas, en los tres últimos años han ido llegando copias de ellas en paquetes anónimos a instituciones como el MOMA de Nueva York, el British Film Institute de Londres o la Cinémathèque de Paris. Con el último envío toda la producción de Hector Mann estaba definitivamente a salvo aunque dispersa en organismos por todo el mundo.
 


Este doble misterio incita a Zimmer a salir de su marasmo vital y recorrer el globo para ver todas las películas. Los ensayos que escribe sobre cada una de ellas acabarán editándose en un libro que provocará -años después- la recepción de una extraña carta procedente del Rancho Piedra Azul, Tierra del Sueño, Nuevo México: "Querido profesor Zimmer, Hector ha leído su libro y le gustaría conocerlo, ¿Le apetecería venir a visitarnos? Atentamente, Frieda Spelling (Sra. de Hector Mann)."

Zimmer había pasado medio año como muerto sin saber qué hacer con su vida; recuperó el pulso persiguiendo las películas de Mann y encontró la paz y el sosiego cuando le encargaron la traducción de las Memorias de ultratumba de su adorado Chateaubriand. La llamada de Hector desde el más allá supone completar el tercer vértice de un triángulo de muertos que vuelven a la vida. Zimmer carga con una tragedia que le ha devastado; pero también Mann arrastra una muerte que desea expiar. 

En general y tras la introducción de la tragedia de Zimmer, el libro se divide dos partes principales; en la primera podemos leer el comentario detallado de cada una de las películas de Hector, mientras que en la segunda se nos narra el viaje de Zimmer a la Tierra del Sueño arrastrado por Alma, amiga del matrimonio Mann, mientras ésta le va desgranando la azarosa vida de Hector durante los últimos 60 años.

El comentario de las películas quizás peca de prolijo pero sin duda es un prodigio de inventiva y estilo. Auster imagina 12 películas completas detallando los aspectos cruciales de su guión, planos y realización. Toda una carta de amor a los pioneros del cine. 
"Aquello se debía a que entendían el lenguaje que utilizaban. Habían inventado una sintaxis de la mirada, una gramática de cinética pura, y salvo por el vestuario, los coches y el anticuado mobiliario que aparecía en segundo plano, su obra no podía envejecer. Era pensamiento plasmado en acción, voluntad humana expresándose mediante el cuerpo humano, y por tanto era para siempre. En su mayoría, las comedias mudas no se habían molestado en contar historias. Eran como poemas, como interpretaciones de sueños, como intrincadas coreografías del espíritu, y, al estar ya muertas, quizá a nosotros nos llegaban más profundamente que a los espectadores de su época. Las veíamos al otro lado de un gran abismo de olvido, y las mismas cosas que las separaban de nosotros eran en realidad las que las hacían tan fascinantes: su silencio, su ausencia de color, su ritmo irregular, acelerado.
Esos eran obstáculos, y por eso no nos resultaba fácil verlas, pero también aliviaban a las imágenes de la carga de la representación. Se ponían entre nosotros y la película, y por tanto ya no teníamos que fingir que estábamos contemplando el mundo real. La pantalla plana era el mundo, y existía en dos dimensiones. La tercera dimensión estaba en nuestra cabeza."
En cuanto a la historia de Mann es un seductor compendio de los temas y técnicas de Auster. Como en muchas de sus novelas la investigación de un personaje sobre otro no solo cobra un cariz casi policíaco, sino también existencial. Los avatares, giros y adversidades de toda una vida ofrecen a Auster la posibilidad de revelar los mecanismos y azares que rigen nuestro absurdo devenir. Ahí se encuentra lo que tanto nos fascina a sus lectores. Pero ese cataclismo inicial que suele sacudir a sus protagonistas también les enseña que estamos aquí de prestado. En esas encontramos tanto a Zimmer como a Mann, plenamente conscientes de su mortalidad y del absurdo de la vida. También eso estimula nuestro interés lector, ver cómo resuelven afrontar la vida. Los personajes de Auster son seres dolientes que afrontan el caos de la vida tras sobrevivir al vacío, la soledad, el alcohol e incluso -en el caso de Mann- a la degradación sexual.

Francis Bacon, Tríptico: "Three Studies for Portrait of George Dyer"





La "magia" de Auster tiene que ver con un estilo diáfano y elegante al servicio de un relato donde conviven la búsqueda de la identidad, el duelo, la fatalidad y la redención en un contexto de vidas cruzadas, azar y arquitectura metaliteraria.
Me detendré en tres aspectos.

El asunto de la identidad. Quienes somos y qué coño hacemos aquí. 
Zimmer busca encontrarse de nuevo tras una terrible pérdida. Mann se ve envuelto en un asesinato que lo descabalga de su vida empujándolo a una eterna fuga. Ambos necesitan encontrar de nuevo su lugar en el mundo. El desconcierto viene de largo. Al investigar a Mann, Zimmer encuentra varias entrevistas en las que el propio Hector juega a la confusión sobre sus orígenes. Primero se declara de procedencia alemana, luego argentina y posteriormente de un pueblo de Ohio. Las historias sobre él se multiplican todavía más una vez desaparecido:
"Una de ellas afirmaba que había vuelto a su Argentina natal y dirigía ahora un pequeño circo de provincias. Otra, que se había hecho miembro del partido comunista y se dedicaba con nombre supuesto a organizar a los obreros de las centrales lecheras de utica, en nueva York. Y otra más, que con la Depresión se había convertido en un vagabundo del ferrocarril."
La fuga de Mann tiene la forma de una penitencia que nunca se completa. Sólo quiere huir. Desaparecer. La última película que entrega, Mr. Nobody (Don Nadie), parece una premonición de lo que le ocurrirá.
"Hector no desaparece en Don Nadie, pero en cuanto se bebe la poción, nadie lo vuelve a ver. Sigue ahí, frente a nuestros ojos, pero los demás personajes de la película permanecen ciegos a su presencia. Se pone a saltar, agita los brazos, se desnuda en una esquina muy concurrida, pero nadie lo ve. Cuando grita a alguien a la cara, no se oye su voz. Es un fantasma de carne y hueso, un hombre que ha dejado de serlo."
       (...)
"Tenemos que considerar Don Nadie como su última película. Es una reflexión sobre su propia desaparición, y pese a toda su ambigüedad y sus sesgadas insinuaciones, pese a todas las cuestiones morales que plantea y luego se niega a responder, se trata fundamentalmente de una película sobre la angustia de la propia identidad. Hector está buscando el modo de decirnos adiós, de despedirse del mundo, y para ello debe distanciarse de sí mismo. Se vuelve invisible, y cuando la magia se disipa finalmente y se hace visible de nuevo, no reconoce su propio rostro. Observamos cómo se mira, y en esa inquietante duplicación de perspectivas, le vemos afrontar el hecho de su propia aniquilación."

Los paralelismo, azares y encrucijadas que nos depara la vida.
El paralelismo entre Zimmer, Chateaubriand y Mann es evidente. Tres muertos que vuelven su mirada a la vida. Zimmer llega a escribir: "Sólo era alguien que fingía estar vivo, un muerto que pasaba el tiempo traduciendo el libro de un muerto". Las memorias del vizconde francés sirven de guía e inspiración a Zimmer, pero también de nexo con Mann. En el rancho donde acude a visitarlo encuentra los dos volúmenes de La Plèiade.
"No debería haberme afectado, pero lo hizo. Chateaubriand no era un autor desconocido, pero me conmovió saber que Hector había leído aquel libro, entrando en el mismo laberinto de recuerdos por el que yo erraba desde hacía dieciocho meses. Era otro punto de contacto, en cierto modo, otro eslabón en la cadena de encuentros fortuitos y afinidades curiosas que me habían atraído hacia él desde el principio. Saqué el primer volumen del estante y lo abrí. (...)                                      El libro se abrió por la mitad y vi que había una frase subrayada con un tenue trazo a lápiz: "Les moments de crise produisent un redoublement de vie chez les hommes". Los momentos de crisis producen una vitalidad redoblaba en los hombres. O más sucintamente, quizá: los hombres sólo empiezan a vivir plenamente cuando se ven entre la espada y la pared."
No está nada mal. El dolor y la desesperación como acicate.

Como cabe esperar la novela está llena de esos azares y paralelismos que muestran la vida como un laberinto inexplicable y que son marca de la casa. Como por ejemplo cuando Mann explica en una entrevista que es originario de Sanduski, Ohio (como una boutade) y en su huida el azar lo conduce precisamente allí, para iniciar su periplo de aniquilación. O cuando Zimmer va al aeropuerto con Alma, la mujer que le ha devuelto la esperanza de vivir, realizando el mismo trayecto que le hurtó a su mujer e hijos. 
"La última vez que había ido al Aeropuerto Logan fue con Helen, Todd y Marco. La última mañana de su vida la pasaron en las mismas carreteras que Alma y yo recorríamos ahora. Curva a curva, habían hecho el mismo viaje; kilómetro a kilómetro, habían cubierto el mismo trayecto. La carretera hasta la interestatal 91, de la 91 a la autopista de Massachusetts, de allí a la 93, de la 93 al túnel. En cierto modo agradecía aquella grotesca reconstrucción. Daba la impresión de que era una especie de castigo astutamente ideado, como si los dioses hubieran decidido que no se me permitiría tener futuro hasta que hubiera vuelto al pasado. La justicia dictaba, por tanto, que pasara mi primera mañana con Alma del mismo modo que había pasado mi última mañana con Helen."
Está todo tan entrelazado que hasta uno de los volúmenes de crítica literaria que había escrito Zimmer está relacionado con el silencio artístico de Mann: "La ruta de Abisinia era un ensayo sobre escritores que habían dejado de escribir, una meditación sobre el silencio. Rimbaud, Dashiell Hammett, Laura Riding, J. D. Salinger y otros: poetas y novelistas de singular brillantez que, por un motivo u otro, habían interrumpido su actividad."


Pero hay dos bucles que son portentosos y desgarradores. Uno está casi al final, cuando vemos a Frieda, la mujer de Mann, en cuclillas delante de la chimenea arrugando las hojas de papel y echándolas al fuego. Es una escena que replica exactamente la de una película de Mann, La vida interior de Martin Frost (a su vez un guión del propio Auster). Esa duplicidad subraya que tanto el autor Martín Frost como el cineasta Mann han de destruir su obra como rescate de su vida. Otro está a mitad de la novela, cuando Alma nos cuenta que Hector lleva meses huyendo de un crimen que le obsesiona...para acabar en los brazos de la hermana de la asesinada. En ambos bucles cobra todo su sentido el título de la novela:
"A partir de aquella noche, Nora empezó a contárselo todo. Era natural que quisiera compartir sus problemas con alguien, pero entre toda la gente que había en el mundo, de todos los posibles candidatos entre los que podía haber elegido, Hector fue el que consiguió el puesto.
Se convirtió en el confidente de Nora, en el depositario de la información sobre su propio crimen, y todos los martes y jueves por la noche, sentado junto a ella en el salón hasta que acababa la dura clase, sentía que el cerebro se le desintegraba un poco más en la cabeza. La vida era un sueño febril, descubrió, y la realidad un universo sin fundamento, un mundo hecho de fantasías y alucinaciones, donde todo lo imaginario se hacía real."
La estructura narrativa. La novela contiene un juego de historias dentro de historias verdaderamente cautivador: Auster escribe la historia de Zimmer el cual escribe un libro sobre las películas de Mann que provoca la llegada de Alma la cual, durante kilómetros y kilómetros, le cuenta a Zimmer las sucesivas vidas de Mann. Llegamos a leer: "Éste es un libro de fragmentos, una recopilación de aflicciones y sueños medio recordados, y para contar esta historia he de atenerme a los hechos de la historia misma".

Ensayos sobre películas mudas inventadas, traducciones de clásicos como Chateaubriand o Hawthorne que ilustran los hechos narrados, citas de obras propias...Auster maneja una batería increíble de recursos que aportan fértiles capas de complejidad a su novela sin que la lectura pierda un ápice de dinamismo.


Toda el relato está condicionado por un acto de brujería narrativa de altísimos quilates. Mareados por tantos giros y truculencias, algunos críticos desmerecen el libro por artificioso. En cambio yo creo que es uno de los mejores y más completo de Auster. Ahí está todo él. La inventiva, la naturalidad, la trama tan inteligente como increíblemente tejida, la desesperación y el azar. A pesar de su juego de cajas chinas, el libro es ligero por la prosa elegante de Auster, que es capaz de hacer palpitar en él la sombra de la tragedia y una urgencia que nos hace recorrer presurosos estas vidas rotas. El dolor de los personajes me parece genuino y el desenlace devastador. 

lunes, 1 de julio de 2024

LA VOZ y EL TIEMPO - de Pascal Quignard


"Las manos de la protesta" de Oswaldo Guayasamin

               



                I


A las mujeres la voz les es fiel,
a los hombres infiel.
Un destino biológico los ha sometido
a ser traicionados.
Les ha impuesto ser abandonados.
Les ha impuesto mudar.

Las mujeres escapan a la muda.
No se les exige ningún esfuerzo,
para recobrar la voz de la infancia les basta
con hablar.
Los hombres están condenados,
a partir de los trece o catorce años, a la pérdida
de la compañía del propio canto de sus emociones,
de la emoción innata.

Las mujeres se perpetúan en el soprano,
su voz es un reinado,
un sol que no muere.
Pero un niño pierde su voz,
la voz que unía ese cuerpo a la lengua materna
se ha quebrado para siempre. 

¿Dónde está mi infancia?
¿Dónde está mi voz?
¿Dónde estoy yo, o al menos
dónde estuve?
No me conozco ya ni de oídas.
¿Cómo acordarme siquiera
del motivo de mi lamento, yo
que ya sólo puedo expresarlo con una voz
gruesa que sin cesar lo recrimina
y le da miedo y lo aleja?.

La muda materializa la nostalgia.
Toda voz baja es una voz caída.
Los hombres no recobrarán jamás la voz.
El tiempo está en ellos y no
volverán jamás sobre sus pasos.






                         II



El sufrimiento humano está ligado a la música porque
el sufrimiento humano resuena en el tiempo,
antes de que el grito se haga lenguaje.


Lamento y música.
El lamento es una muda del grito.
La música es una muda de la muda.
Es el lamento de las confesiones de Agustín de Tagasca.
"Me he dispersado en un mundo
cuyo ordenamiento ignoro".


Siempre hay algo que desgarra el instante.
Y el desgarrado soy yo.
Necesito una concordancia
para aliviar la discordancia.
¡Una intriga! ese es el grito
desde que el grito se vuelve lenguaje.
Mi vida es un continente abordado sólo
por un relato.
No sólo hace falta un relato para abordar mi vida,
sino un héroe para garantizar la narración,
un yo mismo para decir yo.


Necesito un melodía 
-un cantus obscurius de la lengua materna-
para calmar la aniquilación del tiempo por el tiempo.






                                ✤  ✦  ✤


      

I  en pág. 32,33,35 y 36     
II en pág. 58                                              
de La lección de música                            
de Pacal Quignard.                                    

viernes, 28 de junio de 2024

COCODRILO - de Jorge Yúdice

Este cortometraje, sencillo pero muy efectivo, fue Candidato a mejor Cortometraje de Ficción en los Premios GOYA 2020. También fue seleccionado para la 69ª BERLINALE y ha obtenido un par de docenas más de Premios en Festivales de USA, Valladolid, París, Bélgica, Hungría, Barcelona, Alicante o Granada.

Creo que muestra muy bien la cara y la cruz de las Redes Sociales. Muchas veces parecen hechas para encerrarnos en nuestro castillo,
y en cambio en otras se convierten en el último canal capaz de acercarnos a los seres queridos.
Pero sobre todo nos habla de la infinita capacidad de las madres para romper con amor y sensibilidad, cualquier distancia o malentendido.

Parece imposible transmitir en menos de cinco minutos y sólo cuatro frases una emoción tan genuina.
Marta Bayarri (madre) y Alejandro Bordanove (hijo) logran transmitir todo con su mirada. 

lunes, 17 de junio de 2024

ELLA DIJO DESTRUYE - de Nadia Bulkin



Nadia Bulkin pasó su infancia en Indonesia. Es hija de padre javanés y madre estadounidense. Posteriormente se trasladó a Nebraska donde se licenció en Ciencias Políticas. Señalo estas tres circunstancias porque se evidencian en sus relatos. Aparecen historias terroríficas ancladas en su tierra natal conviviendo con historias de monstruos y chicas atrapadas en poblachos del Medio Oeste americano. Su licenciatura y trabajo en política también aflora en un puñado de historias sobre parias y dictadores cuya vesania los acaba convirtiendo en auténticos monstruos sanguinarios.

En toda reseña de este volumen se subrayan las implicaciones políticas de los relatos de Bulkin. Es la nota culta y diferencial; pero es que hay quien no señala nada más. La verdad es que no sólo aparecen dos déspotas tan feroces como despiadados, también hay seres miserables y humillados a los que la sociedad ha dado la espalda. La propia Bulkin describe este rasgo como “horror sociopolítico”. Aunque yo pienso que no deja de ser más que un atributo -muy bien integrado- en el sesgo terrorífico de sus relatos. Recordemos que también encontramos en ellos el bullying, la intimidación, el suicidio o el abuso infantil. 

El relato más político es el primero, Zona de convergencia intertropical, donde un sanguinario dictador -trasunto de Suharto en Indonesia- abraza la magia y el terror para perpetuarse eternamente en el poder. Suharto gobernó Indonesia durante 31 años, hasta 1998, generalizando la tortura, masacrando a presuntos comunistas y cometiendo crímenes de guerra en Timor Oriental, Papúa y las islas Molucas. Con estos antecedentes Bulkin necesita muy poco para convertirlo en un monstruo sediento de poder que se pone en manos de un dukun o chamán para que le dote de inmunidad incluso ante la muerte. Dice la autora: 
"Estaba leyendo sobre los rituales psíquicos y las maquinaciones políticas que tanto Suharto como Sukarno solían hacer para ayudar a asegurar su continuidad en el poder, y decidí hacer lo simbólico literal (porque de eso se trata la magia ritual, ¿verdad? ¿representación?)."
Desde el mismo comienzo el relato nos transmite  la extrañeza del mundo de la magia: "Al principio, al mismísimo principio de todos los tiempos, el general se comió una bala". Esa bala lo inmunizará contra otras balas porque fue ya disparada al corazón de un enemigo comunista. Tras ingerirla, el general disparará pequeñas balas por la boca cada vez que hable: una grotesca representación de sus brutales dictados. Cada nuevo objeto que exige el dukun vendrá acompañado de un sacrificio y así la historia gira hacia el teniente más leal del general, su conseguidor. Él acometerá los actos más terribles para servirlo... incluso cuando se le exija un espantoso sacrificio personal. Me acordé de la frase de Albert Eisntein: "El mundo no está en peligro por las malas personas, sino por aquellos que permiten su maldad". 


También en Vida eterna hay un general carnicero que se suicidó en la habitación 305 del Hotel Armitage. Desde entonces está encantada. En el relato se refieren las atrocidades del general pero tiene un contrapunto curioso, los peregrinos de lo paranormal que se hospedan en la habitación reciben los sustos de una pobre criada que también murió allí poco después. "Melanie surgía de la niebla como una Medusa de pelo negro. Quería que la recordasen". Es otra olvidada del mundo, por eso suplanta el general. Este toque conmovedor no es raro en los relatos de Bulkin. Además pienso que la no aparición del general tiene que ver con la impunidad con que se van estos tiranos.
    -General Festín, ¿te enoja que estemos aquí? -preguntó Phoebe; le temblaba la voz-. ¿Sigues enfadado por la guerra?
    "Debe de ser que sí. Arrasar a la gente como una segadora, dejar las tumbas sin cubrir, él (yo) debía de estar furioso". Sus soldados siempre llevaban su rostro igual que sus uniformes, siempre llevaban su Galón Negro, y golpeaban, gritaban y vaciaban los cartuchos como posesos. Las purgas más implacables tenían lugar después de los discursos más furibundos del general Festín. Con la ropa manchada de él, Melanie sentía que lo entendía. "Yo también estoy enfadada. ¿Teníamos miedo? ¿Por eso empuñamos el martillo?".
pág. 151
Me llama la atención que los muchos monstruos que albergan estas páginas tengan una cualidad perturbadora: nacen de la inocente protagonista. Esta suplantación que hace la criada con el general también ocurre en uno de los mejores y más alegóricos relatos, "Y cuando fue mala...": allí la última chica que sobrevive al monstruo que ha masacrado todo a su alrededor, logra herirlo y matarlo... para transformarse en él a continuación.
"Aquella chiquilla fea y sudorosa en el barro con las uñas sucias y grasa en el pelo estaba por fin llena de un dolor auténtico que estalla, un combustible que ardían mucho más limpiamente que la tristeza interior. El monstruo la deja sangrar. El monstruo la deja blandir bates de béisbol y rasgar ropas y aullar como la mismísima Bestia de Bray Road. La deja romper huesos y la deja que le guste. La deja maldecir. Ha dicho "joder" más veces en los últimos tres días que en sus veinte años de vida, y en cada ocasión se sentía como una ola rompiendo. Hacer todas esas cosas sucias y feas y enfermizas ha sido como vomitar los tristes años solitarios con sus colores pastel y sus lazos azules y las palmaditas en la cabeza a la niñita buena.
La última chica se clava las uñas sucias en la piel y se pregunta qué estaba intentando atropellar en realidad con la empacadora cuando hundió el pie en el acelerador y gritó: "¡Muere, montón de mierda! ¡Muere!".
pág. 55
Finalmente parece que al monstruo al que se ha enfrentado ha sido al de sus propios miedos y a su angustia por ser diferente. Esto mismo ocurre en otros relatos en los que Bulkin demuestra una pericia especial para mezclar el terror con la alucinación. En Pugelhueso hay colonias de personas que viven hacinadas en madrigueras y la joven protagonista no sabe si a los niños los está matando la miseria a la que los condena el gobierno o el monstruo que la encarna. De nuevo el "horror sociopolítico".
"Un «poco más» no es un plazo. Un «poco más» es una serpiente joven. Aquel «poco más» en concreto ya duraba cinco meses. Cuando la madriguera le dijo a la ciudad que había monstruos en las paredes, el «poco más» se había alargado hasta un sangriento año entero."

También ocurre en Siete minutos en el cielo cuya protagonista tiene pánico a los esqueletos... hasta que el pastor de su iglesia le recuerda lo que lleva dentro: "No deberías tener miedo de los esqueletos, Amanda. Ya tienes uno dentro de tí."

Bulkin sabe dotar a sus personajes de una gran humanidad. Hablan en primera persona y nos trasladan sus traumas y problemas; luego nos revelarán su naturaleza más profunda al enfrentarse a los monstruos que los acechan. Como en Cero absoluto en el que un adolescente solitario de Nebraska acaba descubriendo que el padre ausente es un monstruo con cabeza de venado. O la pobre Lily -en Sin dioses ni amos- que debe lidiar con la maldición que persigue a su familia desde 1679 cuando un antepasado hizo un pacto con el diablo: no deben tener hijos porque un demonio acecha para encarnarse en ellos.  




Hasta la princesa Dhani que lidera el éxodo de su pueblo -en La Verdad es el Orden y el Orden es la Verdad- tiene que llegar a la tierra de sus ancestros para descubrir quién es ella en realidad. 
"Después de que sus guardaespaldas hubieran sido pasados a cuchillo, o mordidos o descalabrados, cuando el estrado de la ceremonia nupcial quedó resbaladizo por la sangre, me acerqué a él.
    ‒Siempre supe que eras un monstruo ‒siseó‒. Tú y esa maldita bruja a la que llamabas madre. Debería haberte cortado el cuello cuando eras un bebé.
    ‒Sí, somos monstruos ‒dije‒. Mi padre también lo era. Vives en un imperio de monstruos. Lo que te molesta es que ya no eres el monstruo más grande."
pág. 185
Muchos aspectos de los relatos de Bulkin resultan novedosos. Está el sustrato político, por supuesto, y sus orígenes indonesios; pero también añadiría el punto de vista desde el que se cuentan, muy personal, subjetivo y femenino. El mal actúa a través de los personajes afectándolos de maneras violentas y desgarradoras. Así ocurre en Los siete pasos del duelo en el que una niña ha de afrontar la muerte de su hermana pequeña, de 7 años. Primero se convertirá en un "sangriento", una especie de no muerto que seguirá haciendo vida normal con ellos hasta que se transforme en un monstruo asesino y destructor. De nuevo Bulkin es capaz de transmutar un dolor muy humano -el de la pérdida- en un monstruo que se revuelve cuando queremos atraparlo.

Respecto a los orígenes indonesios de algunas de sus historias provienen de su infancia en Indonesia donde vivió los disturbios y el caos de la caída del dictador Suharto. Ella misma lo ha revelado en alguna entrevista
"El terror es parte del tejido cultural de Indonesia, porque los espíritus son parte de ese tejido. Cada casa tiene espíritus; la única diferencia es si son buenos o malos. Todo el mundo conoce al menos un puñado de personas (si no muchas más) que darán fe de haber visto un fantasma. Se sabe simplemente que ciertos lugares están embrujados y se evitan; Hay mucho alarmismo sobre el uso de maldiciones y brujos nefastos (dukun sihir). Mi exposición a ello fue principalmente en el cine, pero a veces leo historias cortas de fantasmas en revistas para adolescentes. Se trata principalmente de fantasmas femeninos vengativos y grotescos y magia negra, con algo de maldad demoníaca en buena medida. Es muy intenso, melodramático, casi histriónico; mucho de ello es algo cómico o absurdo. Al mismo tiempo, hay un par de fantasmas arquetípicos de los que no puedo hablar porque me asustan mucho."
Cabra Roja, Cabra Negra” también se desarrolla en una finca de Indonesia. Hasta allí llega Kris para ser la niñera de dos niños que viven bajo la maldición de la antigua niñera, encarnada en una terrorífica cabra. 



Respecto al punto de vista tan personal desde el que están narrados, ya lo indica Paul Tremblay (autor de La cabaña del fin del mundo) en su Introducción: las mejores historias de terror "son las que muestran a los personajes una verdad desastrosa y terrible que cambia irreparablemente todo y a todos. No hay restauración del statu quo." Así son las circunstancias que viven sus heroínas, como la única chica viva de "Y cuando fue mala...". O la amiga que anhela vengar la muerte de su "hermana de sangre" -en Te quiero, chica-, empujada hasta el suicidio por un bullying abrasador. O la princesa Dhani en "La verdad es el Orden y el Orden es la Verdad". Su madre ha sido despuesta del trono y ella ha de conducir a sus últimos fieles hasta la tierra natal de sus ancestros donde descubrirá la terrible verdad de su linaje. 

Hay un grupo de narraciones en las que Nadia Bulkin toma situaciones y tropos reconocibles del género y los reubica en un nuevo tiempo y lugar, revelando nuevos aspectos de los mismos. Así ocurre en La verdad es el Orden y el Orden es la Verdad donde Bulkin retoma la cosmología sacrílega de Lovecraft para narrar un encuentro entre criaturas que emergen del mar y humanos del cual habrá de surgir una nueva estirpe... mientras "en su morada de R´lyeh, el difunto Cthulhu espera soñando".



En Violeta es el color de tu energía retoma una obra de Lovecraft, El color que cayó del espacio, y la traslada desde el mítico Arkhan a una granja del Medio Oeste americano. Un meteoro cae sobre sus campos y provoca en los cultivos una mejora genética enloquecedora. Bulkin se suma al hallazgo de Lovecraft que convierte un color indefinido en objeto de un terror inexplicable. Pero ella aporta una rastrera dimensión económica (alimentos mejorados, rendimiento y mercado) frente al sesgo puritano del original. En ambos casos el color caído marca el colapso y la locura del matrimonio de granjeros.
"Abigail Gardner, de Soltera Cuzak, estaba sentada en el suelo del baño, pensando en la relación que los ratones metidos en laberintos tienen con la muerte, cuando las estrellas arrojaron una luz esplendorosa semejante a un toque de divina providencia." pág. 159
Por su parte en Solo la unión salva a los condenados se aprecian las reminiscencias de la película The Blair Witch Project. También aquí un grupo de jóvenes -que se llaman a sí mismos Los Lunátikos- se adentran con su cámara en el bosque para "capturar imágenes espeluznantes del espectro del lugar", Annie La Andrajosa que, según la leyenda, fue colgada en un árbol maldito frente al cementerio. Su objetivo es hacerse virales en las redes y así poder escapar de ese poblacho deprimente que les llega a producir claustrofobia. Pero ya se sabe que con las leyendas no se juega y es que los árboles en esta historia se convierten en una alegoría y sus raíces en una condena. 
"A la hora de acostarse le contaba una historia especial sobre el árbol embrujado. No tenía nada que ver con Annie la Andrajosa. Trataba sobre los hombres y las mujeres que construyeron Whippoorwill antaño, cuando América era joven. Construyeron la cárcel y construyeron la iglesia, construyeron el juzgado y construyeron la escuela. Y entonces plantaron el árbol embrujado para poder seguir cerca de sus hijos después de que hubieran muerto sus cuerpos humanos, y poder vivir para siempre." pág 77


El árbol cósmico del pueblo no dejará escapar a nadie porque igual que "todas las carreteras llevaban al lago Goose, todos los caminos de tierra del lago Goose llevaban al árbol embrujado; el roble que era semilla y fin del mundo".

Me gustan los comienzos de estos cuentos. Suelen empezar en el interior de una muchacha que nos sumerge de golpe, como en un bautismo, en un universo nuevo en descomposición. Esto nos obliga a tener que averiguar en qué tipo de universo estamos y cuáles son sus normas. Fijémonos en el comienzo de Pugelhueso: "Nací en la madriguera, y la madriguera era todo lo que conocía. Mi madre y mi padre eran suris, los dos. Nos remontábamos hasta los fundadores". De pronto un futuro distópico se abre ante nosotros.

Mientras que en Te quiero, chica dice así: "Mi mejor amiga, mi hermana de sangre, decidió realizar el Sacrificio Definitivo para destruir a Asami Ogino". Este Sacrificio es el de su vida y pronto descubriremos que estamos en un universo de bullying y potencias psíquicas donde los más ricos compran potentes talismanes con que protegerse. Creo que el comienzo de Las cinco etapas de duelo es de los mejores: "Matilda murió el día de Santa Águeda, a pesar de que es mi santa patrona [...] Aquella noche fue la primera de muchas que se sentó a la mesa y nos miró mientras comíamos".

Como esa estampa de un muerto sentado a tu mesa el libro logra imágenes potentísimas y llenas de violencia que atrapan tu imaginación.