viernes, 28 de agosto de 2026

EL SER QUERIDO - de Rodrigo Sorogoyen

España,2026

La película es un potente drama que versa sobre las relaciones paterno-filiales en primer término y las relaciones de poder (aunque sea en un entorno tan artístico como un rodaje) en segundo. Dicho esto a cualquiera le entraría la duda de cómo poner en pie un conflicto sobre la base del reencuentro de un padre con su hija abandonada 13 años antes y que resulte contemporáneo, apasionante y sin afectación. Pero Sorogoyen lo consigue asumiendo riesgos y demostrando que es capaz de articular el tema, acrecentar nuestro interés y traducirlo todo en imágenes de gran tensión dramática y veracidad. 

Tiene mucho mérito este libreto por la sutileza y carga de sus diálogos; y mucha enjundia el modo de trasladarlo a la pantalla. Todo ello debido al buen hacer de ese tándem maravilloso que conforman Sorogoyen y su co-guionista habitual Isabel Peña

La historia nos acerca al célebre director de cine Esteban Martínez que abandonó a su mujer y a su hija en España para triunfar en EEUU. Ahora vuelve con la intención de rodar una historia de amor en medio del conflicto del Sahara y quiere que su hija, una actriz en ciernes, la protagonice. El reencuentro provocará chispas y abrirá viejas heridas. Está claro que este resumen nos remite directamente a la aclamada ´Valor sentimental´, con la que Joachim Trier ganó el Óscar el año pasado a la mejor película internacional. Efectivamente comparten el esqueleto de la trama -conflicto padre e hija abandonada, cuando el primero regresa para invitarle a protagonizar su siguiente película-; pero nada más. La historia, las implicaciones personales y el modo de contarla difieren notablemente. Sorogoyen amplía los espacios del metacine en su obra y nos propone innovaciones formales que potencian una película que logró el elogio del pasado Festival de Cannes, donde se subrayó la fuerza emocional y profundidad de sus personajes.




Habrá quien se quede en lo superficial de una película que se desarrolla mientras se está rodando otra película o que la historia transcurra en el Sahara, una zona con un conflicto enquistado desde hace décadas, al que Javier Bardem suele prestar voz para que no caiga en el olvido. Pero estos dos asuntos, siendo valiosos, son secundarios. 

Hay una escena en la que los actores y el director Esteban Martínez (Javier Bardem) comparten cena y aquellos le plantean que aparte del Sahara la película que ruedan carece de tema. Éste les inquiere por la película que harían ellos y su tema. El protagonista de la película que ruedan dice, riéndose, que trataría sobre la humildad; mientras otra de las actrices suelta una broma y otro actor se queda en blanco ("uf, me tendría que poner a pensar") antes de decir que la haría "sobre lo difícil que es la vida y las relaciones humanas".
Ahí está. 
Ese es el tema de esta película de Sorogoyen y así nos lo demuestra desde una secuencia inicial tan portentosa como demoledora. Hace mucho tiempo que no veía una escena dialogada tan tensa y emocionalmente violenta, capaz de agarrar al espectador por la pechera y dejarlo colgado pendiente de cada réplica. 



Esteban Martínez ha citado a una actriz en un restaurante para exponerle su idea de que acepte protagonizar su próxima película. Cuando ella llega se saludan afablemente, pero de forma circunspecta. No hay abrazos ni besos. Son dos extraños. Qué tal estás. Bien. Cómo te va todo. Bien. Cómo estas tú. Bien, bien, estoy bien. Qué tal van las cosas. Bien. Así un rato largo hasta que la incomodidad llena toda la sala. La cámara abunda en primerísimos planos. Las miradas se cruzan, huyen y vuelven. La tensión se masca. Son como dos duelistas que se mueven en círculos mientras se van estudiando. Pero poco a poco la conversación los va acercando a algo concreto. Finalmente se revela el asunto. Son padre e hija. La abandonó hace 13 años y ahora quiere darle una oportunidad en su nueva película...

En esta espléndida secuencia está contenida toda esta lúcida película. Cuando él saca un recuerdo común para intentar acercarse, ella se sorprende. No ocurrió así. Él ha dulcificado un recuerdo que, en cambio, para ella fue dolorosísimo. Tampoco él le ha pedido perdón en este primer encuentro... ni se lo va a pedir durante las próximas semanas en las que van a convivir -con una tensión enorme- en el rodaje. 




La película tiene una caída de ritmo en el siguiente cuarto, mientras se monta todo el set de rodaje; pero enseguida vuelve a alzar el vuelo gracias a un manejo del tempo y del lenguaje audiovisual extraordinario. Porque Sorogoyen no deja de proponer novedosas ideas visuales y elementos narrativos que hacen que su relato adquiera profundidad y viveza. Pondré tres ejemplos.

El primero y más evidente es el uso del Blanco y Negro hacia el que derivan algunos planos sin saltarse la narración. En el juego de espejos que se establece entre el rodaje y la vida personal de la actriz protagonista y del director, de pronto un plano sobre uno de ellos (observando al otro o escuchando) muda al blanco y negro, como para mostrar ´la verdad´ de lo que está sintiendo. 

En otro momento tanto el director como su hija están en el restaurante del hotel, pero en distintos grupos, y él se dispone a escucha el primer corte de la música que le han enviado para la banda sonora de su película. Es una partitura que transmite todo el maremágnum de emociones que confluyen en esa historia de amor en medio del Sahara. Pero mientras el director la está escuchando mira absorto a su hija, hablando con unos amigos al otro lado de la sala y de pronto -de forma mágica- esa partitura doliente salta de la película-rodaje a la realidad del director, recogiendo y exaltando sus propias emociones. Fascinante. 



Sólo una más. En una escena del rodaje se ve a los dos actores protagonistas sentados a la mesa en el salón de una casa. La actriz protagonista se acerca desde el fondo con una bandeja que acaba depositando en la mesa, uniéndose a los dos hombres. Sorprendentemente, desde que dicen ´acción´ y tanto la cámara como la actriz inician su movimiento de acercarse a la mesa, el sonido desaparece. El silencio en la sala fue absoluto. Los espectadores ni respirábamos. Estábamos absortos mirando a esa chica que era el centro de todo, de lo que era película y de lo que no. No sé si la escena dura un minuto o menos, pero la escena en absoluto silencio resulta hipnótica. Cuando finalmente la joven deposita la bandeja y se sienta a la mesa la imagen se congela, se abre el plano y vemos que el director le está mostrando la escena a su hija en la pantalla del ordenador. Ella le indica que "resulta raro ver la escena sin sonido", a lo que el director responde que así se aprecian mejor los sentimientos que empujan a los personajes.

Posteriormente tendrán una conversación sobre las máscaras que todos portamos y que los actores tienen que quitarse para poder dejar salir al personaje. Todo ello tiene que ver con otra de las bazas del film, la del cine dentro del cine. Aunque creo que este asunto es secundario, Sorogoyen se las apaña para sacarle rendimiento y, a través de él, definir resolutivamente al personaje del director. Según van surgiendo los problemas vamos conociendo su carácter: colérico, embaucador, dictatorial, volcánico. Paradójicamente la escena cumbre, en la que Esteban Martínez pierde los papeles y humilla a sus actores, es a la vez de una comicidad descacharrante. 

Victoria Luengo, como siempre, está soberbia (qué naturalidad en la compostura y la dicción) aceptando el duelo cara a cara con un monstruo como Javier Bardem, que nos vuelve a demostrar que es uno de los grandes.





* Aquí puedes leer cómo se rodó esa escena inicial tan formidable. A pelo. En un restaurante de verdad, con cinco cámaras escondidas y ningún técnico a la vista. Dejando que Bardem y Luengo entrasen al set sin haberse cruzado antes y sólo con el apoyo de un par de páginas de texto. Hora y media de metraje que se quedó en esos 18 minutos tan extraordinarios.

viernes, 7 de agosto de 2026

LA MUERTE de VIVEK OJI - de Akwaeke Emezi



La muerte de Vivek Oji es una novela sumamente emocional y devastadora que explora las fronteras de la identidad personal en contraste con la sociedad y la familia. Habla de la necesidad de conocerse, de liberarse para poder ser uno mismo y de la pérdida que constantemente nos acecha. Nadie que lea el libro podrá evitar conmoverse. 

Este libro me ha abierto los ojos en muchos sentidos. Me ha hecho ver las dificultades ímprobas que arrostra una persona cuyo ser está fuera de la norma social...y lo que le cuesta a sí misma aceptarse. También me ha hecho aterrizar en África y ver cómo la habitan sus gentes. Hay padres, hijos, tíos, vecinos, amigos, barbacoas, colegios, calles y ríos como en cualquier parte del mundo, pero desconocía cómo se relacionaban entre sí, cómo viven, qué les preocupa a los padres, con qué sueñan los jóvenes, qué presencia tiene la religión en esa sociedad o cual es su nivel de tolerancia con extranjeros, gays o lesbianas, por ejemplo. 

Creo que el libro me ha puesto en contacto con personas de carne y hueso que viven en África. Y no son muy distintas. Está la tía Mary enfervorizada con la religión, están los chicos y las chicas a la gresca para reafirmarse, está la preocupación de los padres por dar un futuro a sus hijos... y está Vivek; un joven que se siente diferente, pero no sabe por qué ni cómo debe sentir. Ahí está la almendra de esta historia. Vivek va ser el epicentro de una auténtica vorágine emocional, que es lo que es esta novela.
"Cuatro
  Vivek
No soy lo que todo el mundo cree que soy. Nunca lo fui. No tuve la boca para concretarlo en palabras, para explicar lo que no iba bien, para cambiar las cosas que notaba que necesitaba cambiar. Y cada día costaba. Costaba caminar por la calle y saber que la gente me veía de cierta manera, saber que se equivocaban, que se equivocaban tan rotundamente que mi yo de verdad era invisible para ellos. A sus ojos, ni siquiera existía.
       Y yo me pregunto: si nadie nos ve, ¿seguimos ahí?"
pág. 51
Collage "Somos agua" ⓒ René Dissel

La novela demuestra que en el viaje para descubrir quién eres, los otros son tan necesarios como peligrosos. En este sentido cabe recordar el proverbio africano que dice que "para educar a un niño, hace falta la tribu entera". Emezi debe ser consciente de ello porque alrededor de Vivek crea toda una comunidad de personajes complejos y bien articulados cuya existencia marcó y fue marcada por Vivek. El triángulo formado por los valores de la sociedad, la familia y la propia intimidad batallan constantemente para darnos forma y a veces el proceso es muy doloroso. Las vivencias gloriosamente intensas de Osita y su primo Vivek así lo reflejan, compartiendo vida y alejándose, incluso pegándose, hasta que finalmente se descubren mutuamente en una escena brutal, delicadísima y desgarradora.
"Era como si hubiéramos dejado atrás todo lo que conocíamos y nos hubiéramos adentrado en un lugar completamente diferente, como si hubiéramos cruzado un umbral y lo que acaba de suceder, fuera lo que fuera, solo pudiera suceder a este lado." pág. 136

La historia está ambientada en el sureste de Nigeria alrededor de 1990 y gira alrededor de Vivek Oji, un joven cuyo cadáver aparece en la puerta de sus padres nada más comenzar la novela. El relato se estructura a través de las distintas voces de quienes lo amaban, incordiaban y sufrían. De su padre Chika, que lo envió a una academia militar para endurecerlo, harto de su extrema delicadeza. De su madre Kavita siempre preocupada por su sensibilidad y ausencias hasta el punto de traérselo de la universidad viendo la crisis que lo consumía. También Juju y su grupo de amigas con las que Vivek finalmente se siente identificado y liberado. Con ellas encuentra la senda de su autodescubrimiento. 
"Fueron las chicas las que me sacaron. No creo que se lo propusieran. Yo sabía que lo de venir a visitarme era idea de mi madre; fue una de las pocas veces que un plan suyo funcionó.
Me estaba ahogando. No muy rápido, no lo bastante para dejarme llevar por el pánico. Era un hundimiento lento e inexorable, como cuando ya sabes dónde vas a ir a parar, y por eso dejas de resistirte y esperas a que todo termine."
pág. 121
Y sobre todo Osita, su primo y mejor amigo. Ellos dos trenzan el hilo central del relato, compartiendo primero una infancia feliz, luego una adolescencia de provocaciones y peleas hasta llegar el distanciamiento en la universidad y, por fin, el reencuentro en la vuelta al pueblo. Las chicas y Osita le ayudarán simplemente por aceptarlo tal como es, sin intentar cambiarlo. Aunque esa dicha inicial será segada por la muerte. ¿Qué ocurrió? ¿Quién lo llevó hasta la puerta de la casa de su madre? Sólo se sabe que coincidió con unas revueltas que provocaron el incendio del mercado. 


En la lista de agradecimientos que cita la autora al final del libro, ha incluido dos obras clave para ella: Amor de Tony Morrison y El amor en los tiempos del cólera de García Márquez. Aunque es evidente que el trazo de la novela nos recuerda irremediablemente a otra obra del mismo autor colombiano, ´Crónica de una muerta anunciada´. "El día que murió Vivek Oji prendieron fuego al mercado", esta es la primera línea de la novela y el resto de las páginas nos irán revelando los hechos que la rodearon. Aunque ya aviso de que tan cierto es que la novela gravita en torno a esa misteriosa muerte, como que lo que nos impacta de verdad es el misterio de su alma.

La novela tiene una estructura facetada, como los diamantes. En el libro se alternan capítulos donde escuchamos a Vivek con otros en los que escuchamos a su primo Osita y otros en los que, en tercera persona, se nos informa de esa sociedad en plena ebullición y de la preocupación de los padres que quieren protegerlo. Los capítulos en los que escuchamos a Vivek son muy intensos y cortos, de apenas media página. En ellos se nos muestra el desgarro de una persona que no se comprende a sí misma o que no se acepta; que necesita buscarse porque está perdida.

Según avanzaba en la lectura me daba cuenta de la cantidad de asuntos cotidianos que pueblan la novela: la abuela, los niños, la comida (garri, ndara, ñame), las etnias (igbo, hausa, fulani) y los más diversos asuntos de la vida cotidiana en Nigeria. En un momento dado Juju se hace la dormida para escuchar cómo sus padres se pelean. Su madre ha descubierto que el marido tiene otra familia, incluso con un hijo, en otra ciudad. Se gritan, él la pega y huye del hogar. Mientras los otros jóvenes están dudando sobre si ir a la Universidad. Dan la sensación de que todos están perdidos... hasta el punto de que la tía Mary lleva a Vivek a su iglesia tradicional para que curen su decaimiento y ¡¡es azotado para exorcizarlo!!
     "¿Qué acabas de decir? preguntó, con la esperanza de haber entendido mal.
     
El demonio que tiene dentro repitió Mary. Sí o, eso es lo que dijo el pastor. El niño está poseído por un espíritu maligno, un demonio muy fuerte. Es el que está provocando todo esto, lo del pelo largo, que se le esté consumiendo el cuerpo físico. Hay fuerzas sobrenaturales alimentándose de él...¡de tu hijo! El pastor dijo que había que cortarle el pelo porque de ahí sacan su poder, como los cabellos de Sansón. Es una de las fuentes de su fuerza. Pero cuando uno de los diáconos se le acercó con unas tijeras, ¡el demonio empezó a resistirse!"  pág. 89
La narración tiene la textura de un relato oral en torno a una saga familiar que empieza con la abuela Ahunna, muerta el mismo día en que nació Vivek. Posteriormente su padre, Chika, descubrirá en el pie de su hijo una cicatriz idéntica a la que tenía su abuela Ahunna. Los ancestros y el presente se conjugan sin problema. Del mismo modo Emezi hace fluir su relato a través del tiempo, utilizando los recuerdos de los personajes para construir una cascada de flashbacks que van completando el puzle de la vida de Vivek. 

Ese puzle de voces hace que el lenguaje sea muy vivo y directo, casi coloquial, mezclando constantemente el igbo y el inglés... a excepción de las apostillas que provienen de Vivek y de Osita, que tienen una potencia lírica tremenda.
 


El libro tiene un intenso color local, se le ven las raíces. Todo se nombra con el lenguaje igbo, las plantas, las telas, los apodos, el parentesco o la comida. La impresión que nos transmite el libro sobre Nigeria es contradictoria, un país a la vez ancestral y moderno, el más poblado de África, con 240 millones de habitantes y más de 250 grupos étnicos. Me llama la atención el grupo de las Niggerwives, mujeres inmigrantes procedentes de Filipinas, Malasia o India que se casan con nigerianos y se apoyan entre ellas mientras van adaptándose a las costumbres locales. La madre de Vivek es una niggerwife, al igual que la de la autora. 

Nigeria es una de las tres economías más fuertes de África lo que no impide que también sea uno de los países con mayor desigualdad. El país también es una potencia cultural, con una música que llega a todo el globo y una industria cinematográfica que no tiene envidia de Hollywood. Sin embargo sus leyes contra el colectivo LGBTI se encuentran entre las más draconianas del mundo contando, además, con un gran respaldo de la población. En religión el país se distribuyen casi al 50 % entre católicos y musulmanes. Estas dos últimas cuestiones aparecen en la novela, si bien tangencialmente. No olvidemos la presencia violenta del grupo fundamentalista islámico Boko Haram que opera en el noreste del país. Por su parte, a Kavita le da un vuelco el estómago cuando su cuñada Mary le dice: "Ya sabes cómo son las cosas aquí. Es un peligro que se pasee por Ngwa con ese aspecto tan... femenino. ¿Te imaginas lo que le pueden hacer si alguien lo malinterpreta, si se creen que es un homosexual?"

Paradójicamente ´La muerte de Vivek Oji´ trata sobre una vida llena de secretos y un ansia de plenitud.










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Cuando empezaba esta reseña diciendo que este libro me había abierto los ojos a otros mundos, también me estaba refiriendo a una autora que desconocía y a una nueva editorial -Cosonni- que se presenta así en su web:  "
consonni es una editorial interdependiente con un espacio cultural en el barrio bilbaíno de San Francisco. Desde 1996 producimos cultura crítica y en la actualidad apostamos por la palabra escrita y también susurrada, oída, silenciada, declamada; la palabra hecha acción, hecha cuerpo. Desde el campo expandido del arte, la literatura, la radio y la educación ambicionamos afectar el mundo que habitamos y afectarnos por él."

** Akwaeke Emezi (1987) es una autora transgénero no binaria que reside en espacios liminales y cuya fulminante trayectoria le propulsó a la portada de junio de 2021 de la revista TIME, como parte de un grupo de líderes para la próxima generación. Akwaeke nació en Umuahia, una ciudad del sureste de Nigeria, hija de padre igbo y madre tamil. Crecieron en Aba, en una comunidad multicultural; su madre pertenecía a las Nigerwives. 
De niña siempre escribía pero fue en la universidad, ya en EEUU, donde uno de sus profesores les sugirió especializarse en escritura creativa. Su práctica artística se ubica en la metafísica del espíritu negro, valiéndose del vídeo, la performance, la escritura y la escultura para crear rituales en los que procesar su encarnación como entidad no humana/ogbanje/descendiente de una deidad.
En la revista RoundTable encontré esta presentación de su primera novela, Agua dulce (Freshwater),  que en 2018 revolucionó la escena literaria estadounidense: 
"Esta historia visceral, con tintes semiautobiográficos, narra la vida de Ada, un personaje que lucha contra múltiples personalidades que habitan en su mente. Algunas son diabólicas, otras más contenidas. A medida que estas personalidades cobran mayor protagonismo y Ada sufre una agresión traumática, su vida se sumerge en la oscuridad y la autodestrucción. Es un retrato impactante de la neurodivergencia, que se centra en la ontología igbo y en ideas no occidentales sobre la enfermedad mental.
Akwaeke comenta: “El libro se basa probablemente en un 99% en mi experiencia personal. Mientras lo escribía, utilizaba la ontología igbo para analizar toda mi vida, y todo lo que me había sucedido empezó a tener sentido. Me crie en una familia católica, así que intenté abordarlo desde la perspectiva cristiana, pero no funcionó; no me sentía en paz. Había ido a terapia; había intentado abordar temas de salud mental, pero tampoco me ayudó. Estaba aterrorizada porque, como nigerianos, no nos educan para pensar que esto sea algo en lo que debamos incursionar. Está muy estigmatizado. Pero fui a Lagos, hablé con un historiador y con amigos que practican la espiritualidad africana. Todos me dijeron: «Si sientes el llamado, tienes que obedecerlo, y la razón por la que te sientes tan estresada es porque lo estás combatiendo».” 

sábado, 1 de agosto de 2026

KEEPER - de Osgood Perkins

2025


El guionista tuvo un conato de idea.
El director pensó que era suficiente.
Ambos estaban equivocados. Muy equivocados.
Lo que llaman terror atmosférico son simples planos huecos
y miradas que pretenden ser inquietantes.
Después de 45 minutos anodinos por fin se revela la terrible verdad.
Malcolm esconde un secreto y no puede dejar escapar viva a Liz.
Lo que sigue son otros 45 minutos donde la coherencia narrativa brilla por su ausencia.
Lamentable.


Liz (Tatiana Maslany) y Malcolm deciden realizar una escapada romántica a una cabaña en medio del bosque. El paraje es idílico, la cabaña es moderna y dispone de todas las comodidades, pero ella empieza a tener la percepción de que allí se esconde algún tipo de secreto amenazante. Ciertas sombras, ciertos objetos misteriosos le van dando pistas hasta que encuentra una vieja fotografía que abre un precipicio bajo sus pies. La fotografía parece tener más de cien años pero ahí está Malcolm, más joven, vestido de época y en compañía de otra mujer.



Con respecto a su anterior y prometedora película, Longless, una mezcla de historia detectivesca con atisbos de terror; Keeper supone un ostensible paso atrás. 

viernes, 31 de julio de 2026

LA ODISEA - de Christopher Nolan

2026


Debo ser un bicho raro.
Nada más concluir la película un tercio de la sala se puso a aplaudir y mientras salíamos agolpados por las puertas oí detrás de mí a un grupo de veinteañeros comentando que volverán a verla.
En cambio a mí me ha decepcionado.

No encuentro el hilo conductor, la idea matriz. Cada uno de los episodios en los que se ve envuelto Odiseo (Polifemo, Circe, las sirenas, Calipso, los Lestrigones o Tiresias) me parecen aventuras sueltas que no suman entre sí. Están aisladas entre ellas porque Odiseo no las une. Se supone que es astuto, vividor y audaz y siempre encuentra el modo salir con bien de cada embrollo, demostrando su liderazgo. Pero eso no ocurre aquí. El Odiseo (Matt Damon) de Nolan es un ser melancólico, ofuscado por la culpa que arrastra desde la guerra de Troya. Él simplemente se tropieza con los clásicos eventos y sale de ellos como puede, sin que hagan mella en él, ni a través de ellos nos muestre su carácter. En el poema de Homero, Odiseo pasa por diversas aventuras que le permiten descubrir su verdadera identidad y empujar su crecimiento. Pero en la película de Nolan no hay nada de eso. 


El episodio de Polifemo está desnaturalizado. No queda nada del burlón Odiseo engañando al cíclope. Lo mismo que el de Calipso. Mientras que el de Circe se resuelve de forma atropellada. El más satisfactorio para mí ha sido el descenso al Hades para hablar con Tiresias y obtener una orientación que le ayude a regresar a casa. Allí hay cierta autenticidad cuando los espíritus y los muertos le asesoran sobre su destino. Pero, en general, la película es muy plana. No se aprecia que los episodios del viaje incidan en el desarrollo personal del protagonista, ni hay transformación alguna en este héroe asediado por la culpa.

Creo que a toda la película le falta desenfado, sentido aventurero y un héroe más dinámico. No olvidemos que La Odisea es un viaje de aventuras y dificultades que hay que salvar para regresar a Itaca. Sólo cuando parten de Troya Odiseo se lo reconoce a su lugarteniente, "aprovecharemos el viaje para ver mundo". En cambio lo que vemos a continuación son sus recuerdos de la guerra y devastación de Troya. Se ve que el famoso caballo y la aniquilación de la ciudad favorecen más el espectáculo visual. 

La cohabitación con Calipso está dedicada por entero a evocar la guerra de Troya, convirtiendo a la hermosa ninfa (interpretada nada menos que por Charlize Theron) en una simple oyente. Esto no es de recibo, ya que la hija del titán Atlas es central en la historia. Retiene a Odiseo en su isla, que es como un paraíso terrenal, y le ofrece un amor sincero. Ella representa el amor no correspondido y su historia de pasión y deseo es fundamental para entender cómo es el Odiseo que regresa a Itaca. 



Creo que la guerra de Troya (el asunto de la Ilíada) tiene una presencia excesiva en esta Odisea y llega a impregnarla de su carácter sombrío. Recordemos que las dos obras de Homero son muy distintas tanto en su argumento como en su estructura y, sobre todo, en su tono. La Ilíada abarca un período de solo 51 días y se centra en la glorificación de la violencia y la guerra. Mientras que la Odisea tiene un tono más aventurero y optimista, incluyendo momentos de comedia y fantasía. En cambio aquí, Nolan nos presenta a un Odiseo sin orgullo ni arrogancia y abatido por la culpa; olvidándose del Odiseo aventurero, astuto y embaucador, protegido de Atenea, diosa de la sabiduría, en cuyas andanzas no duda en compartir cama y enamorar a princesas y semidiosas. En el poema nuestro héroe no está atormentado por el recuerdo de la guerra y cuando llega a su casa y masacra a los pretendientes de su esposa se dispone, jubiloso, a recuperar su vida y reinar.  

La historiadora y profesora emérita de Clásicas en la Universidad de Cambridge, Mary Beard, considera que la película de Nolan ha perdido por el camino todo el humor y el erotismo que posee el poema de Homero. Aunque el texto tenga más de 28 siglos está atravesado por el deseo y la seducción, como demuestran los episodios de Circe y de Calipso. También Penélope, en su hogar de Itaca, mantiene una relación deliberadamente ambigua con los pretendientes que ocupan su casa. En cambio, en la película, Penélope (una excelente Anne Hathaway) aparece enfrentada a sus pretendientes sin mayores sutilezas.



El motivo de esta traición de Nolan en su traducción a imágenes nos lo ofrece él mismo al final de su película, en el diálogo entre susurros que mantienen Penélope y un Odiseo disfrazado de mendigo. Ahí, por fin, se revela por qué Odiseo luce apesadumbrado durante todo el metraje: cree que su argucia del caballo, que posibilitó la destrucción de Troya, quebró "la ley de Zeus", esa que se invoca insistentemente durante toda la película; la que dicta que toda guerra debe ser honorable y la hospitalidad obligada para cualquier extraño que llegue hasta tu casa, puesto que puede tratarse de un dios disfrazado. 

Nolan ha superpuesto a las aventuras marítimas de Odiseo una meditación sombría sobre la caída de las civilizaciones, trayendo a colación un misterio que fascina a los historiadores, el del colapso de la Edad de Bronce a manos de los denominados "Pueblos del Mar"; unos acontecimientos que acabaron con muchas de las culturas que habían florecido en el Mediterráneo oriental, cambiando el mundo para siempre.



Efectivamente en torno a 1200 a.C. y en el exiguo lapso de unas décadas se derrumbó el Imperio Hitita, ardieron los palacios micénicos y Troya fue arrasada. Reinos prósperos y civilizados fueron barridos por la barbarie y Nolan propone relacionar ambos hechos. En su regreso a casa desde Troya, los distintos reyes aqueos -Agamenón, Menelao, el mismo Odiseo o Patroclo- fueron saqueando cada costa o ciudad que encontraron en su camino, hasta el punto de que una asustada Penélope le observa a su marido, "pero entonces, vosotros sois Los Pueblos del Mar", aquellos brumosos saqueadores que han estado temiendo durante estos años en que estaban esperando el regreso de Odiseo.
Interesante pero desigual versión.

Por otro lado la gente está llenando las salas porque se ofrece espectáculo y yo me alegro. Viva el cine. 

LOS PUEBLOS DEL MAR

Representación de los egipcios venciendo a los Pueblos del Mar



La película sobre La Odisea, de Christopher Nolan, ha puesto de actualidad un misterio histórico poco esclarecido, el de ´Los Pueblos del Mar´. Y eso siempre es bienvenido.

Entre los siglos XIII y XII a.C., en el Mediterráneo oriental, existía una amplio sistema de reinos conectados por fluidas redes comerciales que les habían procurado un inmenso desarrollo económico y cultural. Pero todo eso cambió en torno a 1200 a.C., un periodo marcado por una profunda crisis política y económica en el Egeo, el Mediterráneo oriental, Anatolia y Mesopotamia. En el lapso de unas pocas décadas se derrumbó Hattusa, capital de los hititas, cayeron Ugarit, Alepo y Biblos, ardieron los palacios micénicos y Troya fue arrasada. Solo Egipto resistió convirtiéndose en el dique de contención de esta debacle. 

Durante mucho tiempo se creyó que las incursiones de estos pueblos fueron la principal causa del colapso de la Edad del Bronce, tal y como Nolan recoge en su película; pero esta teoría ha perdido fuerza con el paso de los años. Hoy en día mas bien se tiende a pensar que el colapso fue consecuencia de una tormenta perfecta en la que coincidieron terremotos, sequías, rebeliones y el hundimiento de distintos sistemas políticos y comerciales. Hay indicios paleoclimáticos de esa época que apuntan a una sequía prolongada que socavó el excedente agrícola, los intercambios comerciales y los ingresos del Estado. Megan Daniels, profesora de Cultura Material de la Antigua Grecia en la Universidad de Columbia Británica, sostiene que los Pueblos del Mar fueron al mismo tiempo una consecuencia y uno de los factores que contribuyeron a aquella crisis.



La denominación de Pueblos del Mar fue acuñada en el siglo XIX por el egiptólogo francés Emmanuel de Rougé para  describir esas décadas de colapso y destrucción. A finales del siglo XIII o principios del XII a.C., en las aguas que hoy bañan la costa mediterránea desde de Turquía a Egipto, llegando hasta la costa este de Libia y, sobre ella, a Grecia, existía un amplio sistema de reinos interconectados muy prósperos, como los reinos minoico-micénicos en el Egeo, el imperio Hitita en la actual península de Anatolia, el gran reino de Egipto al sur, Ugarit y Canaan en el Levante mediterráneo y Asiria al este, en Mesopotamia. Sus pujantes ciudades fueron arrasadas en torno a 1200 a.C. cambiando la Historia y el mundo.

Las excavaciones y dataciones con carbono 14 permiten verificar que en efecto hubo una destrucción general por fuego y saqueo en el arco oriental mediterráneo y en un plazo corto en el tiempo. Esta política de tierra quemada podía ser por el acceso a alimentos y recursos, pero no por asentamiento, ya que la destrucción eliminaba toda opción de supervivencia a largo plazo en la zona, lo que les empujaría a seguir atacando una y otra vez hasta agotarse. Los Pueblos del Mar, siguiendo esta línea, serían pues una difusa y accidental amalgama de grupos humanos que, como un efecto dominó, se empujaban unos a otros sin pausa, constituyendo un círculo vicioso de muerte y destrucción.