Este libro es un vórtice de memoria en el que se entrechocan constantemente presente y pasado de un niño judío rescatado de la barbarie nazi. Jakob Beer, de siete años, es salvado por un geólogo griego de cincuenta, Athos Roussos. Primero vivirán escondidos en una isla griega y posteriormente se trasladarán a Canadá; pero Jakob arrastrará toda su vida una piedra enorme (la memoria del exterminio, los recuerdos de su hermana Bella, desaparecida) que condicionará cada minuto de su existencia. Dos vidas en fuga para emprender la tarea más dura a la que uno se puede enfrentar: seguir viviendo tras el horror.
"La ausencia no existe si permanece al menos el recuerdo de la ausencia. El recuerdo perece si no se le da uso. O como hubiera podido decir Athos: cuando ya no poseemos la tierra, pero sí el recuerdo de la tierra, entonces podemos alzar un mapa". pág. 205
Jakob sobrevivía en Polonia enterrándose en el bosque, durmiendo escondido entre rocas... hasta que lo encontró Athos, "su guía y compañero, no solo a través del tiempo geológico sino también a través de la adolescencia y hacia la madurez", como recordará más tarde. Ambos permanecerán escondidos en la isla de Zakynthos hasta el final de la guerra, cuando se irán a vivir a Atenas con los amigos de Athos, Kostas y su mujer Dafne. En esa dura posguerra los cuatro compartirán recuerdos y atrocidades mientras intentan sobrellevar el hambre. Finalmente le ofrecerán a Athos un puesto en la Universidad de Toronto y allí los dos intentarán reconstruir sus vidas. Jakob acabará siendo poeta y traductor hasta sentir la necesidad de escribir sus memorias porque "la experiencia que un hombre tiene de la guerra nunca termina con la guerra".
Así vemos cómo, a lo largo de todo el libro, la guerra y la infancia están absolutamente presentes en cada conversación, en cada gesto, en cada pensamiento y detalle.
"Cuando yo vacilaba en el umbral de la puerta, Athos no entendía que estaba dejando a Bella pasar primero, asegurándome de que no la dejábamos atrás. Al comer hacía pausas, recitando un encantamiento silencioso: Un bocado yo, un bocado tú, un bocado extra para Bella. "Jakob, comes muy despacio; tienes los modales de un aristócrata.". Despierto en mitad de la noche la escuchaba respirar o cantar a mi lado en la oscuridad, y me sentía mitad consolado y mitad aterrado de que mi oído estuviera pegado al muro fino que divide a los vivos de los muertos." pág 39
Estos son los dos valores esenciales de este libro, un ejercicio de memoria tan obstinado como lacerante y un esfuerzo absolutamente penoso por reconstruir una vida rota. De ahí que el relato destile hermosura y dolor, tal y como indica una de las enseñanzas de Athos: "Encuentra el modo de hacer necesaria la belleza; encuentra el modo de hacer bella la necesidad". Tras la guerra y la pérdida de su familia, Jakob ya será para siempre un hombre en trance. Nunca estará al cien por cien en el presente. Su rescatador, amigo y mentor, Athos, le llega a decir: "A veces no puedo mirarte a los ojos; eres como un edificio que se ha quemado por dentro, cuyos muros exteriores permanecen".
El libro tiene un carácter marcadamente elegíaco. Los recuerdos de Bella inundan cada página formando en ocasiones piezas tan líricas como fugaces. La forma de narrar reproduce el sentimiento capital de Jakob, obsesionado con que "cada momento es dos momentos"; el que está viviendo en el presente (como un sueño) y el que se solapa con los recuerdos de su infancia. De ahí que el relato resulte necesariamente fragmentario, basculando entre lo bárbaro y el amanecer a una nueva vida: "Sobrevivir era escapar al destino. Pero si te escapas de tu destino, ¿en la vida de quién te metes entonces?".
Este carácter elegíaco se acrecienta por la estructura del libro, dividido en dos partes; la primera está narrada por el propio Jakob hasta que con sesenta años vuelve a vivir en una isla griega con su segunda mujer Michaela. En ese regreso a Grecia, cuando visita la casa donde vivió con Athos, la autora logra transmitir auténtica emoción. El sentimiento de pérdida llegó a oprimirme el pecho al seguir a este hombre que parece caminar siempre entre tumbas quizás buscando la suya.
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| Isla de Hydra en Grecia |
La segunda parte está narrada por Ben, un estudiante canadiense, también judío, que viaja a Grecia para buscar los cuadernos poéticos de Jakob Beer, ya fallecido, por el que está fascinado. Son dos experiencias muy distintas, pero tienen en común el intenso hálito vital que desprenden y una insoportable sensación de pérdida; como cuando Jakob fue abandonado por sus padres en un escueto habitáculo para preservarlo: "algunas piedras pesan tanto que solo el silencio te ayuda a llevarlas a cuestas."
El libro te regala una intensidad emocional inusitada. Su lectura es muy vívida y fulgurante, cargada de reflexiones y apuntes derivados de los numerosos estudios e intereses de los protagonistas; siendo Jakob traductor, Athos un experimentado geólogo y apasionado de la expedición Terra Nova al Polo Sur, mientras que Bella sentía devoción por la música. Notas sueltas, apuntes y comentarios vivifican la lectura y denotan una labor de documentación monstruosa.
Se habla con detalle de la barbarie en los campos de concentración nazis, de la rebelión que supuso inventarse una canción propia, "Moorsoldaten"(1); de formas de ejecuciones escalofriantes, de estudios de geología, de literatura clásica, de costumbres griegas, de la música y los músicos a los que Bella adoraba ("¿Te das cuenta de que Beethoven compuso toda su música sin haber mirado el mar ni una sola vez?"), de una investigación histórica sobre la influencia del clima en la guerra (El invierno de Rusia contra Napoleón o el granizo que arrasó la cosecha provocando la escasez de alimentos que contribuiría a la Revolución Francesa), de la física de los rayos, de los vientos con nombre propio que cruzan Grecia o de la expedición de Scott al Polo Sur que evidenciaba las diferencias entre estos dos amigos. El científico y zoólogo Edward Adrian Wilson fue amigo de Athos y participó en dicha expedición: Athos admiraba que el cadáver de este explorador fuese hallado con un bolsa de fósiles muy pesada con la que cargó durante kilómetros, incluso moribundo. La pasión por la ciencia. En cambio a Jakob le fascinaba que Wilson, aun en los peores momentos, cargara con un libro de poemas de Tennyson que le habían prestado pues, según sus notas, pensaba devolverlo. Un tipo íntegro.
Al finalizar la lectura me quedo con el lirismo y profundidad con que Michaels trata el dolor y con una inquietante reflexión sobre la memoria.
"La historia es amoral: sucedieron hechos. Pero la memoria es moral; lo que recordamos conscientemente es lo que recuerda nuestra conciencia. La historia es el Totenbuch, el Libro de los Muertos, recopilado por los administradores de los campos. La memoria es el Memorburcher, los nombres de aquellos por lo que se debe guardar luto, leídos en voz alta en la sinagoga.
La historia y la memoria comparten datos; es decir, que comparten el tiempo y el espacio. Cada momento es dos momentos. Pienso en los estudiosos de Lublin, que vieron cómo sus libros más queridos y santos eran arrojados a la calle por las ventanas del segundo piso de la Academia Talmúdica y quemados -tantos libros que la hoguera duró veinte horas-. Mientras los académicos sollozaban en la acera, una banda militar tocaba marchas y los soldados cantaban con toda la fuerza de sus pulmones para ahogar los lamentos de aquellos ancianos; sus sollozos sonaban como soldados cantando. Pienso en el gueto de Łódź, donde los soldados tiraban a los niños por las ventanas del hospital para que otros soldados los "recogieran" con las bayonetas. cuando el juego se volvió demasiado sucio, los soldados lo lamentaron en voz alta, gritando que la sangre les corría por las mangas, les manchaba los uniformes, mientras los judíos en la calle gritaban de horror, con las gargantas secas de tanto gritar. Una madre sintió el peso de su hijo en los brazos al mismo tiempo que veía el cuerpo de su hija en la acera". pág. 150
Debo concluir aquí el comentario de este admirable libro. Dejo para la siguiente entrada los sentimientos tan encontrados que me ha provocado.
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(1)"Moorsoldaten" o "Soldados del pantano" fue la primera canción que se compuso en un campo de concentración, en Borgermoor. Los nazis no permitían cantar nada a los prisioneros mientras extraían el carbón... a excepción de las marchas nazis. De ahí que inventarse una canción propia supusiese una verdadera rebelión.
«Die Moorsoldaten» o «Soldados del Pantano» en español y «Peat Bog Soldiers» en inglés es una de las canciones políticas más conocidas en Europa que acabó convertida en un himno antifascista. La canción tiene una melodía lenta y simple, evocando la marcha de un soldado, y es deliberadamente repetitiva, reflejando y narrando la rutina diaria del trabajo duro en condiciones difíciles.
«Die Moorsoldaten» o «Soldados del Pantano» en español y «Peat Bog Soldiers» en inglés es una de las canciones políticas más conocidas en Europa que acabó convertida en un himno antifascista. La canción tiene una melodía lenta y simple, evocando la marcha de un soldado, y es deliberadamente repetitiva, reflejando y narrando la rutina diaria del trabajo duro en condiciones difíciles.












