domingo, 1 de noviembre de 2026

LA PENÍNSULA de LAS CASAS VACÍAS - de David Uclés


Alejado ya del ruido, polémicas y promociones que provocó con su publicación, me sumerjo en esta novela monumental capaz de poner en pie todo un mundo y un modo propio de narrar. En ella se relata la vida y muerte de una familia entera de labriegos de Jaén entrelazada con los tres años completos de Guerra Civil Española. La peripecia vital de estos cuarenta miembros de la familia Ardolento está perfectamente hilvanada con la mayoría de los hechos bélicos más reconocibles... y todo ello de un modo maravillosamente literario, bajo el prisma del realismo mágico. 
Casi nada. Toda una osadía que ha sido premiada con el éxito merecidísimo de crítica y público. 

Creo que Uclés logra aquí lo que posteriormente también han conseguido Los Javis con su película ´La bola negra´: trascender el enfrentamiento cainita puramente español para elevar el drama hasta lo universal. En su narración Uclés emula a Tácito, que escribió sus ´Anales´ e ´Historiæ´ “sin ira, ni prejuicios”, pero sin renunciar a su perspectiva de clase y sin callar sus opiniones sobre el destino de Roma. Del mismo modo ha afrontado su ardua tarea este autor jienense. Transcurridos ya más de 80 años de aquel enfrentamiento fratricida y con las heridas aún sin restañar del todo, la novela consigue aportar —por su tono y enfoque— una distancia necesaria y una objetividad que no significa neutralidad. Todo un triunfo de la literatura frente al odio y la inquina, gracias a que el libro está escrito con una gran humanidad. Uclés logra conmovernos al poner el foco en las personas. 



Uno de los aspectos que más ayuda a centrarse en el drama y superar los fanatismos es que la novela está escrita bajo las directrices del realismo mágico: lo fantástico naturalizado como cotidiano. Con el uso de un léxico riquísimo, muy pegado al territorio, y una nomenclatura propia consigue colocar el relato en el terreno de la ficción. En el libro no es España es Iberia, donde se habla el íbero y se sitúan regiones como Galiza o el País Eúscaro. Otro apoyo es introducir un sesgo mítico o mágico en la acción. El propio Uclés reveló cómo se decidió a adoptar este estilo en una interesantísima entrevista:
"Yo empiezo a interesarme por el realismo mágico cuando descubro que hay escritores que han resumido su herida más reciente de forma onírica. Günter Grass lo hizo con el trauma más profundo de su país con El tambor de hojalata; Olga Tokarczuk también escribió sobre cómo afecto la II Guerra Mundial en Polonia; en Hijos de la medianoche Salman Rushdie también lo hizo con la historia de la India en el siglo XX y yo quería leer algo así sobre mi país. Y cuando fui a la librería y vi que no había ningún escrito que mediante la imaginación, mediante esa deformación de la realidad a favor de lo onírico, me contara la Guerra Civil Española pensé: ´Voy a intentar hacerlo yo´.”
Günter Grass se acercó a la guerra "mediante los ojos inocentes de un personaje" y El buen soldado Švejk le sirve a Jaroslav Hašek para acercarse a un momento terrible de la historia de su país desde el humor. Uclés elige la imaginación y lo onírico, haciendo que sus personajes convivan con mitos, leyendas y tradiciones mágicas de forma ordinaria.

Obra de Rafael Zabaleta


El núcleo de la novela es la familia del campesino Odisto Ardolento que, durante generaciones labró las tierras de Jándula, en Jaén. Cuarenta personas entre hijos, primos, hermanos y abuelos que van a morir irremediablemente en la contienda tal y como nos anuncia el autor ya en el Prólogo.
"He aquí pues la historia
de la descomposición total de una familia,
de la deshumanización de un pueblo,
de la desintegración de un territorio
y de una península de casas vacías."
El libro es todo un catálogo de técnicas narrativas incluyendo páginas intercaladas con citas de todo tipo de pensadores y escritores sobre la escritura y la guerra. Entre ellos están Bertold Brecht, Antoine de Saint-Exupèry, Miguel Delibes, Bernard Shaw, Chaves Nogales, Paul Éluard y muchos otros. Pero encuentro que dos de esas citas parecen haber guiado al autor en su redacción. Una es de Andrés Trapiello: «Todo lo que pasa en una guerra es extraño, y casi nada es lo que parece». La otra es de Mercè Rodoreda: «una novela tiene que reflejar la realidad. Pero tiene que tener una parte de fantástico, de irreal. Y ha de ser poética». Todo esto, sin duda, Uclés lo ha conseguido. 

Uno de los aspectos más prodigiosos del libro es el modo en que se influyen y entremezclan la tragedia familiar y la tragedia histórica. La novela discurre parándose en la intrahistoria de los Ardolento mientras ellos se sumergen en los hechos históricos. La tarea no era fácil porque en el texto se da cita la multiplicidad de la vida. Allí aparece lo cotidiano, lo trágico, lo íntimo, lo histórico, lo costumbrista, la antropología rural y hasta lo fantástico y lo terrorífico. Un auténtico tour de force que el autor lleva a cabo gracias a la estructura caleidoscópica de su narración donde, como en un retablo deslumbrante, se alternan hechos históricos con historias mágicas, personajes reales con ficticios, costumbres ancestrales, augurios de la tía Eva, una agorera de la familia que nos anticipa la marcha general de la guerra e incluso la participación episódica de personajes históricos como el Papa Pio XII, el fotógrafo Robert Capa, el presidente Roosevelt o Georges Bernanos, escritor católico y de derechas, al que se reserva un capítulo para dar cuenta de su presencia en Mallorca durante la Guerra Civil, lo que le permitió escribir un testimonio escalofriante sobre los crímenes franquistas y la ignominiosa aquiescencia del estamento eclesiástico, ´Los grandes cementerios bajo la luna´. Según la filósofa Hannah Arendt, "el panfleto más importante que jamás se ha escrito contra el fascismo". 

Cualquier despistado podría pensar que la obra es un simple batiburrillo, pero se equivocaría de plano. El conjunto se nos presenta como una sinfonía literaria trágica y diría que cervantina por el idealismo, la fantasía y la ironía que rezuma este relato itinerante. Incluso una escena me recordó a la aventura de la cueva de Montesinos de Don Quijote; cuando Odisto inicia su viaje por España, en busca de sus hijos, y tiene que cruzar la sierra desde Andalucía a la Mancha por túneles y cuevas, donde le ocurre un hecho fantástico.





El libro es el fruto de 15 años de trabajo y de un exhaustivo viaje de documentación y memoria por toda la geografía española. Pero este ingente número de datos, historias personales y hechos de guerra sería una masa informe sin la conquista del tono. Yo creo que esta novela de casi 700 páginas se lee con una fluidez inusitada gracias a la consistencia del tono conseguido, que perdura durante toda la obra. Sin perder seriedad tiene un punto de ligereza e ironía respaldado por una gran humanidad. Parecería imposible contar algo tan fiero como esta maldita guerra con una piedad genuina, con la misma humildad de esas personas que trabajan duramente el campo y que de pronto son empujadas a matarse. En el escritor de esta novela conviven el hombre de a pie, con profundas raíces en el campo andaluz; el escritor de raza, con un jovial apego a la fantasía, y el historiador más exigente.

La lectura es amena, profunda y casi eléctrica. Una vez dentro del libro ya no te puedes despegar, lo que cuenta impacta y siempre interesa. Por el dato histórico, por el giro de imaginación, por el drama constante, por la aparición cruda de la barbarie. Además los capítulos son cortos y muy dinámicos, saltando de una escena a otra con rapidez. La sensación general es de dolor y los personajes de carne y hueso. Los augurios de la tía Eva dejan entrever la historia como una condena.
"Llegaron con cuatro heridas: la del amor, la de la muerte, la de la muerte y la de la muerte". pág. 529

Fotografía de Agustí Centelles, conocido como el Robert Capa español


Los hechos bélicos impresionan por sanguinarios y la fantasía no lo esconde, como ese volcán que se va formando en Madrid porque va recogiendo toda la sangre derramada en las batallas hasta provocar una explosión enorme que causa ´El agrietamiento´ (cap. 92) de toda la península:
 "La mezcla de fuego y sangre iba a encender los campos, a carbonizar los cuerpos, a soterrar las viviendas y a agrietar el país. Solo iba a necesitar medio día para soltar toda la muerte que había soportado y toda la sangre almacenada desde hacía más de año y medio. Nadie podría restañar la herida". pág. 516
Este capítulo, con el que se inicia la cuarta y última parte del libro, es tremendo y describe la destrucción de la península con ese poso de amor, desconsuelo e imaginación que destila toda la novela. El autor recomienda leerlo mientras se escucha el Requiem de György Ligeti como señal de duelo. La devastación cunde por toda la península que hasta llega a desgajarse de Francia. La cúpula de la catedral de Zamora se dividió en cuatro partes, "una por cada evangelio", la Torre de los Clérigos cayó y dividió en dos Porto, se cayeron las murallas de Lugo y de Ávila, el anfiteatro de Tarragona se desprendió y salió navegando como una isla y también la Torre del Oro de Sevilla "volcó y rodó varias leguas, aplastando a varias familias, entre ellas a una de gitanos que volvía de Triana de cantar en un bautizo".
"Y en Teruel, donde aquel invierno todos los íberos tenían puestas la vista y sus esperanzas, la columna de la plaza del Torico se partió en tres y derribó la estatua del toro, que cobró vida y salió corriendo, amedrentado ante aquel pueblo que se mataba entre sí..." pág. 522

David Uclés frente al mural que fue construyendo para escribir la novela

El libro se articula en cuatro partes: Simiente/1936, Leño/1936, Ascua/1937 y Ceniza/1938/1939, con treinta capítulos exactos cada uno; pero yo resumiría su valor ajustándolo a dos puzles, uno narrativo y otro de estilo.

Para abarcar el período completo de la guerra y llegar prácticamente a todos los escenarios importantes de la misma, Uclés elabora un puzle de itinerarios por la geografía española, embarcando al propio Odisto y a sus hijos en todo tipo de singladuras. Así logra ofrecernos un fresco virtuoso, narrado en primera persona, sobre las atrocidades de la guerra. Está el horror de Belchite y el de Guernica. Está la matanza en la plaza de toros de Badajoz por parte de los nacionales y a continuación la ´saca´ de la cárcel de Madrid por los republicanos. Se cuenta la batalla del Jarama y la masacre de la "desbandá", de quienes huían de Málaga. Todo ello narrado por personas concretas, desde el interior de los hechos, en capítulos cortos y certeros como puñales. Todo ello ligado con las peripecias personales de los Ardolento que van desperdigándose por toda la península solo para encontrar la muerte. 

Obra de Rafael Zabaleta


El otro puzle lo encontramos en la versatilidad de estilos que pululan por sus páginas donde igual podemos encontrar relatos sueltos que cartas, sueños, discursos, ´augurios´, testimonios personales (como el de tres mujeres que nos refieren su experiencia bajo las bombas en Guernica), y unos cuantos capítulos en forma de diálogos casi teatrales (entre el matrimonio Franco o entre el matrimonio Roosevelt). También hay un poema épico de un dramatismo insuperable, el capítulo 66, titulado ´Las lágrimas de mercurio´, donde se relata el encuentro frente a frente y con el fusil armado de dos hermanos. Mientras que el capítulo 93 llena su página con mil cinco puntos suspensivos que representan los tiros de gracia escuchados por un labrador junto a los pozos de Caudé. 

De este modo consigue el libro convertirse en un festín literario de estilos y formatos que cuenta, además, con la presencia del propio narrador que igual se dirige al lector como habla con los personajes (que en ocasiones se preguntan si lo que piensan hacer le gustará o no al narrador) y no tiene empacho en citar al mismísimo Franco para reunirse con él y echar una partida ajedrez. Así nos dará a conocer su estrategia sanguinaria de alargar la guerra para poder "limpiar" a fondo España. La reunión no sale bien y el dictador le avisa que le censurará el capítulo 96, ¡cosa que ocurre, pues cuando llega esa sección la página está en blanco!

Imagen generada con IA para ilustrar el cap. 81, "La lluvia de jaulas"


Uclés ha conseguido que el realismo mágico y la metaliteratura sean consustanciales a su relato. En Jándula pueden llover jaulas de aves o llenarse el campo de acelgas avisando de la llegada de una época de mala suerte. O puedes sufrir un disparo de mandrágora que te volverá invisible, lo cual es como si ya estuvieses muerto. O puede ocurrir como en las calles de Girona, mucho tiempo libre de fascistas que, ante su inminente llegada, se encogerán y retorcerán hasta juntar edificios y aceras para que no quepa ni el oxígeno. 

Pero el realismo mágico que practica David Uclés no es un mero juego literario, sino casi una postura moral con la que rendir respeto y compasión a tanta víctima. No encuentro mejor ejemplo de esto que las narraciones del bombardeo de Guernica o la matanza de los que huían de Málaga. En medio del estruendo de las bombas y de los cuerpos destrozados, el narrador apunta: "sepa el lector que intenté acompañar en el dolor a aquellas madres llevándoles una música bella y tranquila".
"El cielo se iluminó de golpe con todos los proyectiles que iban a caer sobre ellos: los disparos de los carros de combate desde los montes vecinos, los cañonazos de los buques bombarderos desde el mar -paralelo a la carretera-, como el Baleares, el Canarias y el Almirante Cervera; y las bombas y la metralla de la aviación.
Conscientes de que huir no cambiaría el destino que les esperaba, aquellos malagueños se quedaron contemplando las luces celestes arrojadas por los italianos, quienes, por cierto, llegaron vestidos con trajes tropicales porque les habían dicho que iban a luchar a Abisinia y no a Iberia.
Llegados a este punto, he decidido que voy a congelarlos durante los tres minutos y cuarenta y cuatro segundos que dura la pieza clásica de Svidiridov que anoto a continuación y que sonará también en sus cabezas, pues haré que la canten los soviéticos de las Brigadas que desde los montes observan impotentes la escena; también sonará en la cabeza de Norman Bethune, el médico canadiense que cuando supo lo que estoy a punto de narraros, se desplazaría desde Valencia con su ambulancia hasta la maldita carretera para auxiliar a los heridos con sus técnicas innovadoras en cirugía y pioneras en transfusión de sangre. os dejo con la melodía y con el caos: 3 choruses from tsar Fyodor Ioannovich: No. 2. Sacred love."
pág 296

El párrafo anterior pone de manifiesto dos asuntos cruciales. Por un lado la  descomunal documentación que llegó a manejar el novelista para la redacción de su libro y que queda patente en el detalle con que narra los hechos bélicos. Y por otro, la aparición episódica de personajes históricos como este doctor Bethune, que son innumerables; a veces jocosas, a veces dramáticas, a veces irónicas. Por sus páginas nos cruzamos con Georges Orwell, Unamuno, Clara Campoamor o el mismísimo Robert Capa, protagonista de un episodio entrañable.
    
Otro aspecto muy trabajado es el antropológico, dando cuenta minuciosa de los trabajos del campo y de costumbres y tradiciones (reales o inventadas) que hacen que la obra tenga unas poderosas raíces. 

Obra de Rafael Zabaleta


Al final de la novela el autor reconoce que fueron las historias que le contaba su abuelo las que le incitaron a escribir el libro. Yo creo que esta circunstancia aquilata los dos aspectos más sobresalientes del texto: por un lado la dolorosa veracidad del relato histórico y por otro el sanador ejercicio de convertir la memoria en ficción. Era un riesgo contar la herida más desgarradora y divisiva que tenemos como pueblo; pero este joven autor lo ha hecho con mucha sensibilidad y honestidad. La novela está contada desde el dolor y la compasión. Creo que la forma imaginativa del relato logra poner en sazón esa época tan terrible y vengativa, ayudando a extirparla de la bilis para situarla donde debe estar, en la memoria; en un espacio histórico y mítico que recordar y sobre el que reflexionar.

Por ello pienso que se puede conceder a esta novela la capacidad catártica que Aristóteles asignaba a la tragedia en su Poética; entendiendo por catarsis la liberación y el alivio de los sentimientos que suscita la acción dramática en el espectador, movido por la compasión y el horror.

LA GUERRA CIVIL contada por DAVID UCLÉS

Obra de Rafael Zabaleta

La novela de David Uclés, "La Península de las casas vacías" trata de la Guerra Civil Española, lo cual es siempre divisivo y motivo de confrontación y debate. Pero creo que el autor jienense ha logrado una obra que todo el mundo puede y debe leer independientemente de su ideología. 
La clave está en la honestidad y humanidad con que está contada. 

El hecho de que el relato se haya confeccionado bajo la pauta del realismo mágico también ayuda, porque aporta distancia. Aunque él es un declarado progresista ha intentado componer un relato cabal y honesto, como ya declaró en una entrevista en la revista ELLE y yo creo que se puede constatar leyendo el libro. 

En esa entrevista se pueden leer estos dos reveladores párrafos:

"No he querido tergiversar nada, me gusta el rigor histórico, por mucho que yo sea de una ideología u otra. He tenido en cuenta a todas las víctimas; hay que honrarlas, tanto a las de un bando como a las de otro."



"La neutralidad podría entenderse como decir que todos fueron iguales e intentar equilibrarlo. Yo he hecho lo contrario, señalar todos los males de todos los bandos. Y ya luego el lector, que es suficientemente inteligente, que llegue a la conclusión. Pero si te lees el libro entero, te das cuenta de que los que hicieron más daño fueron los que provocaron el golpe de Estado: la derecha fascista. La gente que hace esas críticas no se han leído el libro.
La gente muy de izquierdas es igual que la gente muy de derechas: tiene una idea y no quiere salir de ahí. Para ellos, la República fue perfecta y no cometió ninguna atrocidad. Pues muy bien, eso no es lo que pasó, yo te lo muestro. Yo soy de izquierdas, soy progresista y lo voy a seguir siendo, pero en el libro sale Carrillo, Paracuellos, el bombardeo de Cabra, las checas, la Cárcel Modelo... y tantas atrocidades que se cometieron a nivel individual y estructural. Cuando se lee un libro sobre la Guerra Civil no hay que sentirse cómodo. Y si quieren sentirse cómodo, pues que los de derechas lean a Pío Moa y los de izquierdas a Paul Preston."

 






Me ha parecido oportuno ilustrar estas sabias palabras con una página de su libro. En ella se está narrando la toma de Madrid, defendida numantinamente y asediada con virulencia.

       "Madrid era luz y sombra, una ciudad en la que morían personas de ambos bandos. Los pacos, los paseos, las sacas y las checas tenían aterrorizados a los madrileños, fueran de la ideología que fuesen. Os explicaré concisamente en qué consistían estas cuatro acciones violentas, pese a convertir esta página en apunte enciclopédico y no en una descripción literaria:
       Pacos: un infiltrado sublevado te disparaba —paqueaba— desde una azotea en mitad de Madrid. El término venía de los francotiradores de las guerras de África. Eran la prueba de que existía en la propia capital de la península una quinta columna de hombres favorables al bando nacional, dispuestos a tomar las calles a la menor señal de Franco, los mismos que durante el día repartían folletos con información perjudicial para el bando republicano.
       Paseos: te buscaban, te invitaban a dar un paseo y te disparaban por la espalda. Cuando todavía tenían cierto sentido de la justicia, antes de matarte te pedían que salieras corriendo; en aquellos casos aplicaban la «ley de fugas», que decía que si un prisionero intentaba escapar, podía ser asesinado por el militar que lo custodiaba. Al final te mataban en cualquier caso. A veces te ataban a otra persona, o a dos o tres más, las muñecas de uno a los codos del otro, o espalda con espalda con alambre. Así ahorraban balas. Se daban en los dos bandos, aunque en la posguerra fue probablemente el instrumento preferido por Franco.
       Sacas: te sacaban de la cárcel y te ajusticiaban. No había habeas corpus. Recordad lo sucedido en la Modelo de Madrid y los fusilados de Paracuellos. Las sacas más numerosas fueron republicanas, si bien se dieron en los dos bandos.
       Checas: te torturaban y/o asesinaban en instalaciones clandestinas en la zona roja, ya fuera en conventos o en los sótanos de los edificios menos sospechados, como el del Círculo de Bellas Artes de Madrid y los fusilados de Paracuellos. Las sacas más numerosas fueron republicanas, si bien se dieron en los dos bandos."
   pág. 509


 

El sectarismo, el fanatismo y las trincheras ideológicas parecen perseguir a la vida española. Yo me apunto a lo que dijo Chaves Nogales  ("Mi única y humilde verdad era un odio insuperable a la estupidez y a la crueldad")* en el Prólogo de su estremecedor libro "A sangre y fuego". También a esta cita de García Lorca que David Uclés recoge en su novela. 

"Yo soy español integral y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al que es español por ser español nada más. Yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista abstracta por el solo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula; pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos." pág. 346














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* El texto completo dice así:

       "Mi única y humilde verdad era un odio insuperable a la estupidez y a la crueldad; es decir, una aversión natural al único pecado que para mí existe, el pecado contra la inteligencia, el pecado contra el Espíritu Santo.
       Pero la estupidez y la crueldad se enseñoreaban de España. ¿Por dónde empezó el contagio? Los caldos de cultivo de esta nueva peste, germinada en ese gran pudridero de Asia, nos los sirvieron los laboratorios de Moscú, Roma y Berlín, con las etiquetas de comunismo, fascismo o nacionalsocialismo, y el desapercibido hombre celtíbero los absorbió ávidamente. Después de tres siglos de barbecho, la tierra feraz de España hizo pavorosamente prolífica la semilla de la estupidez y la crueldad ancestrales. Es vano el intento de señalar los focos de contagio de la vieja fiebre cainita en este o aquel sector social, en esta o aquella zona de la vida española. Ni blancos ni rojos tienen nada que reprocharse. Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e intensidad en los dos bandos en que se partiera España."

HISTORIA de MI PADRE - por David Trueba















Leyendo el libro de David Uclés, "La Península de las casas vacías", recordé una entrevista que le hicieron al cineasta y novelista David Trueba. En ella relataba la historia de su padre que había luchado en la Guerra Civil. 

"Mi padre era un agricultor de un pueblo de 40 habitantes de Valladolid y lo habían reclutado, o habían llevado a la guerra y lo habían hecho de Falange. Se había puesto a pegar tiros allí, en el monte, pensando que estaba defendiendo, y lo creyó siempre, la Iglesia católica, la propiedad privada y que estaba defendiendo a España de la llegada del comunismo, cosa que me parece bastante razonable para una persona como era él", recuerda. 
"Yo sabía que había vuelto al pueblo tiempo después y se había enterado un poco de la represión en la zona y que había roto incluso el carné de Falange siendo una persona que siempre fue de derechas y franquista. Y muchos años después yo discutía con él porque conocía que la historia no era exactamente la que mi padre había vivido, sino que mi padre, como buen personaje real, estaba metido dentro de su momento y no sabía ver el contexto general", recuerda. 
"Y él siempre me decía: 'Tú estudias en los libros lo que yo he vivido en la realidad'. Y un día, siendo ya un poco más mayor, entró en mi habitación y me dijo: 'Toma hijo, tú que eres el único que se interesa'. Me regaló ese viejo carné de Falange con una nota que él había metido dentro: 'A mi hijo David en recuerdo de mis años de ignorancia".

lunes, 26 de octubre de 2026

EMPATÍA - de Guillaume Lonergan y Florence Longpré

Canadá, 2025


Si te paras a pensar un poco, la vida es un drama. Así, en minúscula y con todas las letras. Y esta serie se dedica a dar cuenta de ello. El drama nos acecha en cada esquina en forma de miedo, pérdida, angustia, frustración, ira, vergüenza, desesperación, humillación o culpa; pero creo que todos sabemos ya que estas emociones son parte ineludible de la experiencia humana, por muy indeseadas y adversas que sean. Suelen ser indicadores que nos sirven para adaptarnos mientras transitamos por la vida... aunque a veces nos cueste un mundo manejarlas. Y, en no pocas ocasiones, nos atropellan. De eso trata esta formidable serie.

Esta primera temporada consta de 10 episodios y comienza con Suzanne Bien-Aimée (Florence Longpré) incorporándose a su nuevo trabajo como Jefa de Psiquiatría del Pabellón D, en el Hospital Mont-Royal de Montreal, un auténtico "agujero", como le indica rápidamente uno de sus nuevos compañeros. Allí están ingresados locos, criminales y neuróticos, varios de ellos derivados de la penitenciaría de la ciudad. La cosa se complica cuando conocemos que esta antigua criminóloga reconvertida en psiquiatra, se reincorpora a su trabajo con el ánimo de sumergirse en él para olvidar sus problemas personales, marcados por el duelo tras una tragedia personal. 



De modo que la vamos a acompañar en su ronda por esas salas y habitaciones llenas de sufrimiento en las que intentará hallar algún rayo de luz. Allí se encontrará con una mujer que sufre intensos ataques de ira y quiere que la trasladen desde la cárcel al hospital psiquiátrico. También con el señor Dallaire (Benoît Briére), un hombre mayor aplastado por el dolor de la guerra y la pérdida de sus compañeros de armas. Su único consuelo está en que ahora lo acompañan en forma de alucinación mientras tocan la gaita. También está el asesor financiero que, tras la muerte de su esposa en un accidente, tuvo un ataque disociativo que le llevó a transferir decenas de millones de dólares de los que era custodio a las cuentas de su hija.

Suzanne no es una psiquiatra al uso. Conoce el dolor y el desequilibrio mental por experiencia propia, de ahí que practique una empatía muy humana... cosa que puede ser tan sanadora como devastadora. El mejor ejemplo es el señor Dallaire que tiene una vida tranquila y apagada gracias a los fármacos que le suministran. Pero Suzanne cree que eso no es vida. Que una cosa es ayudarte a superar el trauma y otra drogarte para taparlo. Aunque reducir los fármacos nos puede llevar a un terreno muy resbaladizo.  



Florence Longpré lidera “Empatía” como creadora, guionista y protagonista,  una de las voces más singulares de la ficción canadiense reciente, con títulos ya consolidados como "M’entends-tu?". Su doble rol, desarrollando el libreto y mostrándose en pantalla, aporta coherencia emocional al relato y una mirada muy personal y genuina sobre la vulnerabilidad y la salud mental.

Además, la serie tiene una subtrama muy pertinente que nos muestra esos mismos problemas, pero en la calle, fuera del hospital. La doctora Bien-Aimée acabará haciendo buenas migas con su auxiliar, Mortimer (Thomas Ngijol), que cuida a su madre en casa, aquejada de demencia senil. A través de pequeños flashbacks repartidos por los capítulos iremos conociendo la historia de ambos... que tampoco ha sido un camino de rosas. Mortimer resume su vida así: "La mía no es una historia agradable. Soy el fruto de gente herida que fue herida por personas heridas".



Episodio tras episodio, la serie irá desvelando la capas de esta criminóloga y psiquiatra hasta llegar a su corazón, profundamente lastimado. El quinto episodio, el de la puerta del patio y las palomitas rosas, nos revelará el trauma que esconde y es devastador. El episodio nos brinda las pistas para comprender la angustia y la culpa que atormentan a Suzanne; un personaje tan imperfecto como entrañable. 

Este episodio es memorable no sólo por los hechos traumáticos que narra, sino también porque está rodado de forma magnífica, sin audio, exclusivamente con imágenes. Son de esos capítulos que hacen que se te congele el corazón.



Otro notable aspecto cinematográfico que aporta la serie es que, cuando las emociones son más intensas y amenazan con anegar el alma de algún protagonista, aparece un ballet con tutú negro bailando a su alrededor. A mí me pareció una metáfora de esas sombrías amenazas que nos rondan la cabeza.

La fuerza de Empatía reside en la honestidad de su acercamiento a la salud mental y en la profundidad de sus personajes, cada uno con su mochila de frustraciones y traumas. Por ejemplo Suzanne no es que cargue con su tragedia personal como una simple adenda dramática, sino que su pasado constituye el fondo emocional sobre el que ha construido su manera de estar en el mundo. Escucha a los demás porque necesita escucharse a sí misma.



En este sentido creo que el personaje del señor Dallaire puede ser el epítome de la serie y del quehacer de la psiquiatra. El hombre tiene asignada una medicación muy potente que lo deja semiinconsciente todo el día. Pero Suzanne cree que esto no es vida y que "tiene derecho a vivir la realidad". Le rebaja la medicación, pero entonces el entrono y los recuerdos inundan sus sentidos haciéndole sufrir con su catarata de estímulos. Pero la psiquiatra sabrá ayudarle a encauzar ese cúmulo de emociones que le abrirán la puerta a una vida más consciente y satisfactoria. 
Ese es el espíritu de la serie. 

Suzanne no es de las que marca una pauta de medicación y se olvida del enfermo; sino que busca con tenacidad y empatía el resquicio por el que penetrar entre las brumas de su mente hasta llegar a la persona angustiada que hay al fondo. Su terapia casi parece de sentido común: tenemos que ser conscientes de nuestros miedos, frustraciones y culpas, y aprender a convivir con ellos.



La propia Florence Longpré ha referido el origen casi accidental de la serie: “Empecé escribiendo una serie de true crime sobre un psicópata, pero al hablar con psiquiatras me di cuenta de que eso era muy aburrido. A mí me interesa hablar de las emociones y de la experiencia de vivir. Llamé a mi productor y le dije que iba a tirar ese proyecto a la basura, porque había encontrado lo que realmente quería contar: lo que ocurre dentro de la cabeza de las personas, la salud mental y la vida dentro de un hospital psiquiátrico”.

El resultado es esta tragicomedia inteligente y veraz que logra exponer toda una extensa gama de emociones de forma muy natural.






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El mundo desarrollado ha reducido de manera muy significativa los manicomios clásicos, pero no ha resuelto qué hacer con las personas que necesitan atención intensiva y continuada. A mediados del siglo XX, los manicomios eran una pieza central del sistema sanitario en Europa y Norteamérica. En Estados Unidos, por ejemplo, el número de pacientes ingresados en hospitales psiquiátricos públicos alcanzó su máximo en 1955 con más de medio millón de personas. Desde entonces, la cifra se desplomó de manera sostenida hasta situarse por debajo de las 100.000 en los años noventa. Es una reducción de más del 80% en cuatro décadas. En Reino Unido el proceso fue similar. En 1954 había unos 150.000 en hospitales psiquiátricos, mientras que a principios del siglo XXI la cifra había caído por debajo de 30.000.

viernes, 23 de octubre de 2026

EL LENGUAJE y LA MAGIA - según Graham Dunstam Martin














Serie Libro de Arena


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"Doneval", de Graham Dunstan Martin,  es un libro de fantasía épica juvenil que rinde homenaje a las leyendas celtas y al maestro Tolkien. Entre las aventuras que corre su ingenioso protagonista junto con la aprendiz de bruja Favila, se entreveran reflexiones sobre lo bueno y lo malo, lo genuino y lo simulado, la necesidad de los contrarios y también una aguda reflexión sobre el poder y la capacidad del lenguaje. En este caso los dos protagonistas debaten sobre el lenguaje común y el que emplean los magos. 
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"—Pero —dijo Evan—, si el lenguaje de la magia hay que vivirlo y sentirlo, ¿por qué no se usa nuestra propia lengua? ¿No es eso lo que vivimos y sentimos más de cerca?—Sí, desde cierto punto de vista —dijo Favila, entrando en la conversación—. Pero no desde otro. Dime, Evan, ¿tú al hablar normalmente vas pensando en lo que significan las palabras?
—Claro.
—¡Qué va! —dijo Favila riendo—. Cuando vas al mercado de Villatrampa y pides una libra de mantequilla, ¿al pedirla sientes en la mano el peso de la libra? Cuando dices «mantequilla», ¿sientes la dorada mantequilla sobre la lengua?
—Hombre, no —dijo Evan—. Sí, tendrás razón. ¿Pero quieres decir con eso que una lengua distinta puede ser mejor?
—¡Sí, para que sientas el sabor de la mantequilla!
—¿Y eso por qué?
—Pues precisamente porque no es la lengua acostumbrada. Todos los sabores y colores, todos los aromas y texturas del mundo los llevamos aprisionados en el fondo del alma, tapados por el lenguaje. Verás, es que el lenguaje es como el dinero. Es un montón de moneditas que se pueden cambiar y permutar sin pensar. Tú, cuando sopesas un real en la mano, ¿piensas «Esto es una hogaza de buen pan negro»? No. Por la misma razón, cuando empleas la palabra «pan» no piensas en la cosa en sí, en los granos de cebada sobre la lengua, en el hambre que se te alza en el estómago. No. Lo único que haces es tirar la palabra «pan» sobre el mostrador como se tira una moneda. Es un mero indicador, no es una cosa de verdad.


—Pero ¿Por qué es mejor una lengua desconocida?
—Como te digo, precisamente porque es desconocida. Porque obliga a la mente a salir de sus hábitos. De su hábito de olvidar cómo es verdaderamente la realidad. Si has aprendido a vivir esa nueva lengua, sus palabras te llevarán directamente a la realidad, directamente a las cosas y los sentimientos reales que indican.
—Sí, es igual que la poesía —dijo Brincante—. En realidad es eso lo que es la poesía. La poesía reconstruye mediante las palabras el verdadero mundo real, sin desgastar. Aquel en el que se vivía de niño, cuando el mundo era nuevo y cada gusto y cada sensación se saboreaban hasta el fondo.
—Y por eso —añadió Favila— los hechizos tienen siempre forma poética. Tienen ritmo, a veces tienen rima. Hablan a los oscuros ritmos ocultos del cuerpo y del espíritu, al propio corazón. Porque ahí están las sensaciones profundas, los tactos, los sabores, las emociones de la niñez. Lo concreto. Lo que se siente de verdad."   
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