sábado, 21 de febrero de 2026

La DONCELLA - de Park Chan-Wook


2016




   Sorprendente.

                     Elegante.

       Seductora.

                      Cínica.

   Sofisticada.

No necesitas saber más. Si no la has visto, ponte a verla en cuanto puedas. Y además es gratis, está en RTVE Play.







Después de muchas semanas sin ver una película decente por fin me deslumbran desde la pantalla.

Estamos en la década de 1930, en plena ocupación japonesa de Corea, cuando designan a un joven coreana -Sookee- para que acuda a una gran mansión donde atenderá a una rica mujer japonesa, Hideko. La mujer sufre algún tipo de perturbación y vive allí recluida y vigilada por un pariente tirano. Pronto la sumisión de Sookee se nos revelará impostada, su voz en off nos confesará que está allí en misión encubierta para ayudar al jefe de su banda, el estafador y falso conde Fujiwara. El plan es visitar a la dama y seducirla para luego desplumarla. La doncella adornará los atributos del conde durante las previsibles confidencias en la cámara. 



Hideko tiene todo el aspecto de un cordero en el altar del sacrificio. Su tío es un viejo pervertido que organiza sesiones de lecturas eróticas para hombres de alcurnia. Por ese motivo ha sometido a Hideko, desde niña, a una educación brutal, para convertirla en una lectora afrodisíaca. Pero es una mujer muy vulnerable. Tiene pesadillas por la noche y cuenta con el antecedente de su adorada tía, que acabó colgándose de un árbol. La única salida que tiene a mano se la ofrece otro lobo, el conde Fujiwara. En este ambiente sofocante Hideko y Sookee irán tejiendo una íntima complicidad, llena de erotismo y culpabilidad.  

Los ingredientes de la película son mucho engaño, seducción y unas gotas de perturbador erotismo. El juego de apariencias entre estos dos hombres y estas dos mujeres es pura filigrana. Me recuerda a esa cita de Oscar Wilde que dice que en la vida "todo trata de sexo, excepto el sexo, puesto que el sexo trata de poder". Cada uno juega su partida. Imagino la trama como esas cajas secretas japonesas que parecen impenetrables hasta que pulsas el resorte secreto. Para descubrirlo hay que observarlas desde todos los ángulos y eso mismo hace la película, con una primera parte contada desde el punto de vista de Sookee y una segunda desde el de Hideko. A través de diversos giros y saltos atrás, la historia nos revelará sus cajones más secretos. 



El juego es de lo más sofisticado y la ambientación no le va a la zaga. La película rezuma gracia y distinción. La puesta en escena, la fotografía y el vestuario son de una elegancia que roza la voluptuosidad y esa potencia visual es refrendada por dos actrices en estado de gracia, Kim Min-hee (Hideko) y Kim Tae-ri (la doncella Sookee).


La película está basada en la novela "Falsa identidad" (Fingersmith) de la escritora galesa Sarah Waters, cambiando la ambientación victoriana del libro por la de la ocupación japonesa de Corea. La novela cuenta con una estupenda adaptación previa en forma de miniserie de tres episodios. 

Park Chan-Wook es un cineasta con una personalidad muy acusada. Se dio a conocer en Occidente con la salvaje Old Boy (2003); pero sus historias oscuras y tremendas han evolucionado hasta dotarse de una atmósfera a la vez inquietante, elegante y sensual. En esta onda se encuentran películas como la presente, Stoker (2013) y Decisión to leave (2022) o la estupenda serie La chica del tambor (2018).

miércoles, 18 de febrero de 2026

LA BESTIA en MI - creada por H. Gordon y G. Rotter

2025


Esta es una serie de intriga al estilo de "La sombra de una duda" (1943) del maestro Hichtcock, que tuvo una espléndida actualización en la película "Stoker" de Park Chan-wook. En el clásico la historia se centraba en una jovencita de monótona vida que recibe con ilusión la visita de su adorado tío, un hombre fascinante que viaja por todo el país. Pequeños detalles y trozos de conversaciones espiadas le van descubriendo la verdad sobre su tío. Se trata de un asesino en serie de viudas acaudaladas a las que embauca con sus encantos. Conocimiento es poder, de modo que esta revelación se convierte en una amenaza para la propia chica. La acumulación de indicios a lo largo de la cinta es de lo más sutil e intrigante, lo que hace que la sospecha nos vaya estrangulando poco a poco.

Esta misma sospecha, sobre un hombre directo y encantador, es la que explora esta serie sobre un vecino siniestro. La protagonista es la novelista Aggie Wiggs (Claire Danes), ganadora del Pulitzer, que vive aislada en su mansión de Nueva Jersey por la amargura de haber perdido a su hijo. Fue en un accidente de tráfico provocado por un conductor ebrio, cuya absolución le ha sumido en un mar de alcohol y melancolía. Además, su permanente irritación e ira reprimida también se ha llevado su matrimonio por delante. La situación ha derivado en un bloqueo total para el desarrollo de su trabajo creativo.



Así conocemos a la novelista, dando de nuevo largas a su editora, cuando a su irritabilidad viene a sumarse un nuevo y molesto vecino, Nile Jarvis (Matthew Rhys). Este poderoso empresario inmobiliario de Nueva York acaba de instalarse en la casa de al lado y, desde el primer minuto, es todo un incordio. El tipo se las trae, ya que lleva años siendo la comidilla de los medios por ser sospechoso de la desaparición de su mujer; aunque el caso nunca pudo aclararse, ya que fue imposible encontrar el cadáver. 

El aislamiento de Aggie pronto se ve roto por su nuevo vecino. Primero son sus perros guardianes, luego el constante estrépito de sus alarmas, para concluir con su insistente propuesta de asfaltar una zona del bosque cercano para hacer jogging. La insistencia del tipo es un fastidio; pero el roce hace el cariño y tras las quejas llegan las disculpas y finalmente la invitación a tomar un té. Jarvis es una persona encantadora y muy segura de sí misma; además ya conoce a Aggie puesto que ha leído su libro. Se interesa por su nueva novela. Lamenta su atasco mental. Tras una serie de escarceos acaba lanzándole una propuesta de lo más audaz: podría escribir su historia. ¿Dónde va a encontrar una idea más interesante? Le dará acceso total y los dos ganarán, ella volverá a escribir y él podrá limpiar su nombre. 



Así comienzan una extraña relación llena de luces y sombras que supone un juego psicológico de primer orden. Aggie no sabe a qué atenerse. Los hechos son tozudos pero cuanto más sabe más dudas tiene. Incluso llega a conocer a la nueva mujer de Jarvis, una experta en arte que era amiga de su anterior mujer y que no tiene ninguna duda respecto a la inocencia del empresario. El pico del intríngulis llegará cuando él la lleva a conocer a sus anteriores suegros, con los que parece mantener una gran relación. ¿Dónde está la verdad? ¿Realmente mató a su mujer?

La serie explora otras subtramas como los oscuros negocios de Jarvis y su padre (Jonathan Banks). Están inmersos en desarrollos inmobiliarios muy ambiciosos que quizás requieran algún tipo de corrupción política y algún que otro sicario. También aparece el agente del FBI que investigó la muerte de la mujer. Acabó obsesionado con el caso y una noche aparece, borracho, en la puerta de Aggie para avisarle de lo peligroso que puede llegar a ser Jarvis. El juego se complica cada vez más para la novelista que bandea entre las revelaciones del agente y la morbosa atracción que Jarvis ejerce sobre ella, llena de curiosidad, repulsión y deseo. 



Tanto las películas referidas como esta serie comparten una gran intriga y una fuerte tensión emocional entre dos personajes cuya confianza mutua siempre está sobre el filo de una navaja. Matthew Rhys nos ofrece uno de esos papeles que borda, como en The Americans, donde un tipo se convierte en otra persona muy distinta con solo pestañear. En un segundo parece inocente y cautivador mientras que al siguiente se muestra implacable. Claire Danes por su parte nos entrega un personaje siempre expectante, intenso y a punto de estallar; pero también decidido a salirse con la suya. 

De hecho los ocho capítulos de la serie basculan entre ellos como dos polos de atracción. Por un lado la maldad de Jarvis y por otro la personalidad quebrantada de Aggie, aplastada por la culpa... pero también por un irreprimible deseo de venganza. Nos tememos lo peor cuando, al salir de una cafetería con Jarvis, se cruza con el culpable de la muerte de su hijo. Por qué tengo que sufrir esto todos los días, le dice.



La serie tiene un desarrollo modélico en cuanto a apretar las clavijas. La verdad siempre nos parece evidente, pero a la vez esquiva. La acción se desarrolla en la cabeza de la protagonista y de nosotros, los espectadores. Cada encuentro entre Aggie y Jarvis parece una ceremonia donde flotan los vapores de la sospecha y la acusación. En todo momento Jarvis nos parece un lobo que retoza con una criatura demasiado vulnerable mientras mantiene sus asuntos bien atados. Pero la novelista no le va a la zaga. Los dos tienen sus demonios, como reconoce cuando finalmente está presentando su libro -titulado ´La bestia en mí´-: "Venganza alimentando venganza. Una herida que jamás sana. También soy cómplice de este ciclo. Mis manos no están del todo limpias.".

La serie  reúne de nuevo a Claire Danes con Howard Gordon, protagonista y showrunner respectivamente de la aclamada Homeland

domingo, 15 de febrero de 2026

EL HOMBRE que HABLABA SERPIENTE - de Andrus Kivirähk




Esta es una novela juvenil, rebosante de aventuras, que narra el enfrentamiento entre el viejo mundo del bosque ancestral y el nuevo de aldeas y monasterios. Pero también es una fábula mitológica sobre los orígenes idílicos del pueblo estonio, viviendo en el bosque, cazando y recolectando; justo en el momento en que son asediados por caballeros teutones. Estos Hombres de Hierro están instaurando castillos y aldeas para que las gentes se conviertan en los campesinos de sus señoríos. También están fundando monasterios para divulgar la fe cristiana. A cambio de una vida más "civilizada" exigen pleitesía. En el fondo se trata del clásico enfrentamiento entre una tradición bucólica y el progreso marcado por la sumisión y una promesa de bienestar. 

Nuestro narrador es Leemet, un joven que vive en el bosque según tradiciones atávicas. Su pueblo convive en armonía con la naturaleza. Domina el serpéntico, idioma de las serpientes con el que logra dominar al resto de animales, a los que subyuga con sus siseos. Estos cazadores-recolectores viven en una Arcadia ácrata, sin más norma ni gobierno que el incordio del druida Ülgas, empeñado en una mitología de hadas, espíritus y floresta mágica en la que pocos creen. Pero este paraíso está a punto de morir. En los últimos tiempos las gentes del bosque se han ido trasladando a las aldeas buscando comodidad y cobijo a cambio de adquirir nuevas costumbres y creencias. 
"¿Por qué íbamos a quedarnos nosotros atrás, a seguir anclados en el pasado, hablando con las serpientes? ¿Qué podrían decirnos unas sabandijas tan infames? Yo creo que más bien deberíamos escuchar a los que saben más que nosotros: a los extranjeros, que construyen fortalezas y conventos de piedra, que tienen grandes barcos que navegan veloces y que se cubren el cuerpo con armaduras de hierro, de modo que ninguna flecha puede atravesarlos. ¿Crees que esos conocimientos los han adquirido de las víboras? ¡Pues no, ha sido Dios quien se lo ha enseñado todo! Él los ha iluminado y los ha hecho poderosos."


Leemet desprecia esta nueva forma de vida. A través del serpéntico las liebres y venados se ponen a su alcance para ser sacrificados. Su sabrosa carne está a años luz de los mendrugos de pan y gachas que comen los aldeanos. Su libertad de movimientos no tiene nada que ver con las obligaciones de los siervos que tienen que arar, sembrar y cuidar del rebaño mientras se desloman de sol a sol para sobrevivir precariamente. Tampoco se arrodillará ante la cruz y los monjes. Si no hizo caso de las hadas y los espíritus del bosque, mucho menos se plegará ante un dios extraño y cruel que te quiere sumiso y enajenado por nuevas supersticiones.

Leemet comienza su narración en un punto terminal. Ya quedan pocas familias en el bosque. Su abuelo fue el último que tuvo colmillos viperinos y ha desaparecido. Su tío Vootele es el último que domina el serpéntico y se lo enseña a él para perpetuarlo. Pero Leemet asiste impotente a la conclusión de la vida en el bosque, de la que pronto se convertirá en su último heraldo. 



El universo que nos muestra Leemet es fascinante, más todavía porque vemos el fin al que está abocado. Sus costumbres y tradiciones nos trasladan a un mundo de leyenda. Los guerreros estonios nunca se dejaron conquistar porque contaban con el Sapo del Norte, una especie de dragón volador que les aseguraba la supremacía. Del mismo modo el serpéntico les permitía dominar a los animales mientras convivían amistosamente con osos y culebras. Los primeros, juguetones y mujeriegos, saben cortejar a las damas y encandilarlas. Mientras que las segundas son amigas de los hombres. La relación que Leemet mantiene con Ints, una víbora real, es de una complicidad conmovedora.

Durante la primera mitad de la novela el tono es aventurero y juvenil, casi como el de una fábula. Leemet explora su mundo y el ajeno (tiene charlas con el mayor de la aldea e incluso citas con su hija) en permanente correría. Pero según se va convirtiendo en adulto su mundo comienza a resquebrajarse y el miedo y la intolerancia prenden la mecha del enfrentamiento. Curiosamente será Leemet, el hombre natural, pacífico y ajeno a cualquier superstición, quien inicie la cadena de acontecimientos que los conducirá a la guerra. En un intento de revitalizar el bosque, el druida Ülgas exige un sacrificio humano; al negarse, Leemet provocará la venganza del druida que los conducirá a todos a la destrucción. 


He de reconocer que cuando llevaba leído un cuarto de novela todavía no sabía a qué atenerme. Por la información de la solapa esperaba un libro de aventuras y fantasía, pero me encontré un relato ligero, juvenil. El tono y la entidad de la aventura era bajo. Incluso con alguna expresión en exceso coloquial (turulato, chavalote). La epopeya de los ancestros estonios carecía de épica. Pero tengo que reconocer que me ganó el carácter de Leemet y la encrucijada que le toca vivir. Además, la fábula ganaba enteros según revelaba su carácter farsesco. La escena en la que los chicos de la aldea discuten sobre la mierda de caballo que ha aparecido en sus campos es hilarante. No menos que la de las chicas trazando con todo fervor, con un cinturón bendecido en la iglesia, un círculo de protección alrededor del rebaño. Leemet se quedará emboscado para poder observar si ese círculo, invisible y santo, logrará frenar de verdad el ataque de los lobos.  

Para Leemet tan panolis son los aldeanos que se entregan al culto de lo foráneo y del cristianismo, como quienes adoran un atavismo panteísta que les hace idealizar su estadio primigenio; tal y como hacen el propio Ülgas o la pareja de monínidos que viven desnudos en las ramas de los árboles.
"Más tarde comprendí que, aunque Ülgas y Tambet odiaban a todos los que se habían ido a la aldea, ellos, de algún modo, también habían dejado de vivir en el bosque. Ver cómo el modo de vida tradicional en los bosques iba extinguiéndose poco a poco los tenía desencantados y cabreados, y para mantenerse a flote, se aferraban a los conjuros y a los usos más atávicos y esotéricos. Buscaban una vía de escape en el mundo de fantasía de las hadas, y no se preocupaban en absoluto por las humildes palabras del serpéntico, que a su juicio carecían de la dureza suficiente y no servían para mantener a la gente atada al bosque."
Las aventuras inocentes de la primera parte, pronto se ofuscarán en la segunda, donde se suceden sangrientos ataques. Aquí, por fin, se hace presente la épica en unos capítulos finales fulgurantes.



Me llama la atención el hecho de que sea el lenguaje serpéntico el que esté en el centro de la historia. En el Postfacio de la traductora, Consuelo Rubio Alcover, encontramos la explicación. 
"Igual que él (Leemet) enlaza la genealogía de su pueblo con la posesión de la lengua serpéntica -y de los colmillos viperinos, que solo aparecen ya de tarde en tarde, ligados a un gen recesivo y progresivamente arrinconado a lo largo del proceso evolutivo-, los estonios basan su identidad como pueblo en el idioma: una lengua fino-ugria, pre-indoeuropea, vehículo de una cultura minoritaria y secularmente amenazada por el flagelo de las potencias vecinas."
Además, en este Postfacio encontramos el necesario contexto folclórico para toda la imaginería presente en esta notable novela: el Sapo del Norte, los Hombres de Hierro, las serpientes reales, las doncellas azotándose dulcemente a la luz de la luna o Möigas, el controlador de los vientos y Ateneumión, el pez gigante cuyas barbas bloquean todo el mar como unos sargazos.
"El uso de esta imaginería nos remite automáticamente a una arcadia feliz, previa a la invasión alemana del siglo XIII, en la cual el pueblo estonio -un pueblo silvestre, de "moradores de los bosques", según el cliché difundido gracias a la literatura decimonónica de inspiración romántica escrita en alemán por autores germanizantes- disfrutaba de una presunta autonomía y vivía en paz, en perfecta comunión y armonía con un entorno prístino. Sin embargo nada más lejos de las intenciones de Kivirähk que escribir un panfleto propagandístico en loor de las esencias inmortales de su pueblo y del recién recuperado Estado-nación. Mofándose sin rebozo de los aldeanos y de su alienante modo de vida, el autor satiriza señas de identidad ensalzadas por el ruralismo nostálgico en boga."

miércoles, 11 de febrero de 2026

BAD BUNNY en la SUPER BOWL




¡¡¡MARAVILLOSO!!!




En toda la boca que diría Sheldon Cooper.

Y además sin faltar ni agredir;

invitando a bailar y abrazar la realidad

en vez de mentir, robar y matar.




Mientras el emperador pollo se desgañitaba gritando ¡¡Que le corten la cabeza!!
el trovador cantaba:

Lo único más poderoso que el odio es el amor

The only thing more powerful than hate is love













 

martes, 10 de febrero de 2026

FELL - de Warren Ellis y B. Templesmith



Fell es un cómic descarnado y sangriento que bucea en un barrio marginal extremo, de gran violencia; habitado por ladrones, traficantes de drogas, pedófilos y desesperados. 

Richard Fell es un detective al que han trasladado a la otra parte del río en la ciudad de Snowtown. Allí está el infierno, un barrio sórdido, abandonado de la mano de Dios. "Bienvenido a la luna, detective, a kilómetros de cualquier parte. Más fría que los pezones de un esquimal. Si respiras te mueres". Así le recibe su teniente. Snowtown es un lugar deprimente, terminal. La presencia de la policía solo es testimonial, la de los Servicios Sociales inexistente. Un muladar donde se abandona a la gente... pero Fell (el apellido es una forma del verbo ´caer´) cree que es el lugar ideal para destacar y promocionar. Parte de una certeza: aquí todos tienen algo que ocultar. Empezando por él mismo.

Poco a poco Fell establece su rutina. Enseguida empieza a ver una S tachada en rojo por las calles. Se trata de un talismán del barrio, la marca que protege las casas y las vidas de los suyos frente a los depredadores. También se hace cliente del bar Los idiotas. Le gusta charlar con la dueña, Mayko, una joven de ascendencia vietnamita. Durante una noche que pasan juntos Mayko le marca, grabándole el emblema de Snowtown en el cuello. Ya pertenece al barrio, él le protegerá. 


Otra figura recurrente que se encuentra Fell por las calles es una monja fumadora que porta la máscara de Richard Nixon. La vemos robando a un mendigo, contratando los servicios de una prostituta o adquiriendo una pistola con la que llegará a encañonarle.

Pese al ambiente malsano allí vive gente que arrastra sus propios problemas. La primera persona que conoce el detective es a una mujer que emplea enemas de whisky con su marido porque ya no puede ingerir alcohol. La segunda es una mujer a la que han abandonado. La tercera es una joven que se quiere ir de casa por el maltrato violento de sus padres. Fell va a ser testigo de todo tipo de atrocidades, incluido el abuso infantil por los propios padres. Pronto se enfrenta a su primer caso: el asesinato de una mujer embarazada a la que han rajado para robarle el feto. 


Los casos a los que va a tener que hacer frente son violentos y escabrosos; pero Fell es un tipo íntegro y avispado, todo un carácter. En un lugar donde la honestidad ha desertado él quiere ser la excepción. Siempre pulcro, con su traje negro y corbata. Siempre dispuesto a disparar su indefectible cámara de fotos. Siempre interesado en resolver los problemas, sin eludirlos. Entre sus habilidades destaca su capacidad de observación y deducción. Enseguida detecta la clave del asunto, bien sea cuando visita una casa o cuando tiende una celada en la sala de interrogatorios.

Aunque tampoco es que sepamos mucho de él. No vino a Snowtowm sólo para buscar un ascenso. Un pasado oscuro lo empujó hasta allí y todavía lo acecha desde el otro lado del puente.


La historia, la atmósfera y el arte gráfico se fusionan de maravilla en estas páginas. Ben Templesmith venía de los chirridos y horrores de 30 días de noche y sus secuelas y en 2005 empezaba a convertirse en un artista estrella. Su estilo sucio y expresionista logra crear la atmósfera urbana y agresiva que la historia demandaba. Las imágenes desenfocadas y los trazos barridos vienen como anillo al dedo para reflejar este territorio nocturno, tóxico y arrabalero. En el color se juega con dos tonalidades, más amarillenta y cálida en los interiores; más gris y gélida en los exteriores. Pero de todos modos ambas tienen un carácter frío y metálico.

Fell fue publicado por Image Comics entre 2005 y enero de 2009, llegando a 9 números. Cada uno contenía una historia independiente. El presente volumen reúne los 8 primeros números de la aventura original, incluyendo al final un comentario del autor sobre su génesis; lo que él denomina The Fell Manifest, un reto que se impuso para alumbrar un formato nuevo. 


Warren Ellis venía de triunfar con obras tan resplandecientes como PlanetaryTransmetropolitan o The Authority y buscaba nuevos retos fuera de las obligaciones de las grandes casas editoriales. 

Quería hacer los cómics más accesibles y lograr vender una historia completa por sólo un par de dólares. Para conseguirlo primero determinó un  formato muy concreto: "un cómic de 24 páginas con 16 para la historia y un precio de 1,99 $". A continuación se lanzó a la piscina sin comprobar si había agua: "Lo siguiente fue la estructura. Puesto que sabía que trabajaría sin que me pagaran anticipo, decidí jugármela. No hay trama. No hay plan. Un puñado de persoanajes, un escenario y un género para empezar. Bastante literalmente, crearía todo sobre la marcha. Eso te mantiene alerta."
El tipo dio en la diana. 




...Pero el plan previsto quedó incompleto debido a un fallo informático en el que Ellis perdió docenas de guiones de sus series de cómics. Templesmith afirmó que había un guion listo para el décimo número, pero que la editorial Image Comics se negó a contratarlo hasta que hubiera dos guiones más. Posteriormente surgieron acusaciones contra Ellis por abusos y conductas predatorias que paralizaron su carrera.
Yo creo que leer la obra no justifica su modo de actuar. Efectivamente hay que luchar contra el machismo y el abuso sexual en todos los estamentos y ámbitos.

En el Manifiesto Fell con que concluye el volumen podemos encontrar páginas originales del guión y comentarios sobre el grafismo o la procedencia de las historias, en muchos casos de recortes de prensa; pero a mí lo que me ha llamado la atención es un párrafo donde se explaya sobre la composición de la página.

Cuando lees un cómic puede parecer un simple juego, un desparrame bastante aleatorio  de movimientos, planos y viñetas. Nada más lejos de la realidad. Todo relato contiene un ritmo propio, sea en la pintura, la literatura, la música o el cómic. Para resolver el problema de contar una historia completa en tan sólo 16 páginas, Ellis encontró la solución en la obra de Bryan Talbot.
"Llegué a una solución parcial, como otras muchas cosas que encuentro, en la obra de Bryan Talbot. Ve a por un ejemplar de Historia de una rata y vuelve. Hojéalo. Lo vi en la versión a lápiz en un largo viaje en tren con Bryan, y me explicó el proceso.
Todo está hecho en páginas de 9 viñetas, por su accesibilidad. Pero no quería una composición fija, como en Watchmen o From Hell. Sin embargo, tampoco quería dejarla completamente libre como se hacía en los sesenta. Quería el efecto de la composición formal pero añadiendo unos nuevos toques. Midió las viñetas y los márgenes y creó el cómic en fracciones y órdenes de 9. Suena como un loco o un obsesivo compulsivo, sí. Pero cambia el ritmo. Los humoristas hablan de compás y medio compás en los tiempos de un gag. Bryan hará una viñeta que será exactamente media viñeta de una página de 9, y eso será medio compás, o exactamente una viñeta y media o una viñeta más el margen. De pronto la página es muy flexible, y al mismo tiempo mantiene el efecto, la fluidez y la accesibilidad de una estructura de 9 viñetas. Porque,  a pesar de todos sus horrores, sigue siendo la forma más fácil de leer un cómic. Y quiero que Fell se comunique con vosotros con facilidad."