viernes, 11 de septiembre de 2026

CARBONO y SILICIO - de Mathieu Bablet



Este cómic es un tour de force muy particular que nos proyecta a visitar los siglos venideros acompañando a dos robots humanoides, Carbono y Silicio. Ambos son el proyecto secreto de su ingeniera creadora, Noriko, que ha querido dar el paso definitivo: Carbono y Silicio serán los dos primeros androides conscientes de sí mismos, dotados con una IA capaz de llegar al último rincón conectado, pero empática y destinada a cuidar de una población humana envejecida. 

En general, para mantenerlos bajo control se ha programado su obsolescencia a los 15 años; pero Noriko ha anulado en secreto esta restricción en nuestros dos protagonistas que despiertan a la consciencia justo al comienzo de esta historia. Entonces Noriko les pregunta: 
"-Ahora que os hemos activado ¿Cuál es el primer pensamiento que queréis compartir con nosotros?". A lo que Carbono responde: "El verdadero problema del planeta son los humanos. La única solución es destruirlos a todos". Noriko casi entra en shock, pero Carbono vuelve a hablar: "-¡Es broma! Es un argumento que se encuentra en 738 obras de ficción…"

La rápida evolución de estas dos IAs hace que pronto quieran independizarse de la corporación que los tiene confinados, Mekatronic. Silicio logra escapar abandonando a una Carbono con problemas mecánicos. Se inicia así una historia vertiginosa que transita por los siglos venideros y que está jalonada por los encuentros que se van produciendo entre ambos. Silicio ha sido creado con un sesgo masculino y tiene una inclinación insaciable por recorrer el mundo, ver y experimentar. Mientras que Carbono es una figura femenina, más reflexiva y sedentaria que, en principio, se queda con Noriko hasta su muerte con ¡134 años! y dedicada al desarrollo del estatuto de los robots. Aunque, finalmente, cuando Carbono logra liberarse va al encuentro de Silicio. Siendo así que sus vidas siguen derroteros divergentes, sus sucesivos encuentros a lo largo de las eras determinará la evolución de esta dilatadísima historia en el tiempo.
 


La historia se centra en la evolución de estos dos androides, de personalidad cada vez más compleja, dejando a la humanidad en un segundo plano, aunque el desastre al que se dirige es patente: el colapso del planeta, la desigualdad rampante, la conversión de las corporaciones en cultos y una hipertecnologización que deja a las personas al margen y convierte al mundo en una cloaca. Carbono no tardará en apreciar en la Humanidad un patrón eterno de violencia y dominación, inherente a la naturaleza humana por estar sujeta «al ego y a la incapacidad de pensar más allá de uno mismo» .

Bablet nos presenta una visión inquietante de un mundo moldeado por la inteligencia artificial, las redes sociales y la obsesión por la hiperconexión. En un sentido profundo se podría decir que esta historia presenta dos derroteros absolutamente opuestos. Por un lado asistimos el ocaso de una Humanidad ciega y autodestructiva y por otro a la liberación o iluminación de una nueva consciencia, en este caso cibernética. Así es cómo la narración, más allá de la peripecia vital de estos dos androides, se adentra en peliagudas cuestiones existenciales y éticas: ¿Qué define al ser humano? ¿Qué futuro le espera con su voracidad extractora? ¿Será posible una nueva era?

Hoy todos hablamos de la IA sin saber ni el 1% de sus implicaciones; pero Bablet parece llevar mucho tiempo reflexionando sobre este asunto como demuestra el hecho de que el álbum se publicara en 2020... Y su punto de vista resulta meridianamente claro. Si en Shangri-La, Bablet nos presentaba un futuro desolador en donde la explotación de la vida (animal y humana) y la imposibilidad de rebelarse proyectaban una sombra aterradora sobre la humanidad; en esta nueva proyección futurista se decanta por revelarnos un porvenir donde son los androides los que se hacen las preguntas adecuadas mientras el planeta se deteriora sin remedio y la humanidad se enfila definitivamente hacia un callejón sin salida.

Aunque el cómic guarda ciertas similitudes con obras como Blade Runner, Carbono y Silicio traza un camino propio. Sigue aquí el relato sombrío de los vicios de nuestra civilización y la inclinación a abandonar los problemas reales por los placeres de la realidad virtual; pero llama la atención que la historia se centre en la vivencia emocional de estos dos androides lanzados a un mundo azaroso y hostil en el que tendrán que descubrir quiénes son y qué pintan en él (Vaya, esto me suena a Heidegger). Aunque Carbono y Silicio fueron diseñados para ser idénticos, sus experiencias vitales los llevarán a desarrollar personalidades únicas y diferenciadas mientras, a su alrededor, el mundo se desmorona.
Silicio cree encontrar su sentido en los viajes, la soledad y la preservación de su singular identidad física. Mientras que Carbono está más atenta a lo que ocurre a su alrededor y a profundizar en su compromiso con los demás. Dos formas muy distintas de enfrentarse a esa experiencia tan fascinante y confusa que para ellos es la vida. Incluso hay un momento en que Carbono le cuestiona a Noriko que los haya creado a su imagen y semejanza. Según ella una cucaracha o un tardígrado son animales mucho más resistentes que el débil ser humano. Pero Noriko defiende su apuesta: "Piensa que, si hoy sientes rencor, pero también has podido experimentar alegría, sorpresa, ganas, es gracias a tu cuerpo y a su relación con el entorno! Serotonina, endorfina, adrenalina, cortisol, testosterona, acetilcolina, noradrenalina, oxitocina...¡un cuerpo que no conociera sufrimiento ni alegría no sería más que un ensamblado inteligente de materiales insensibles!". A lo que responde Carbono, ´Te odio´. 

Desnortada la humanidad Bablet logra conmovernos con las vicisitudes de estos dos androides, testigos de un viaje a ninguna parte y, al fin y al cabo, hechos a nuestra imagen y semejanza. En uno de los encuentros Silicio reconoce que no ha parado en esos años, viajando constantemente por todo el mundo. Siempre ha estado buscando "aquel más allá que siempre se le escapa". A lo que le responde Carbono: 
"Amigo mío, es eso lo que no comprendes. Siempre habrá un 'más allá'. No pararás jamás. ¿Sabes al menos lo que quieres encontrar?
-¿A qué te refieres?
-Tú eres lo que buscas allí."

La narración se articula en saltos temporales de quince años y ellos se suelen despedir así, "¡hasta la próxima generación robótica!"; en la que, con su nuevo cuerpo, se buscarán de nuevo. Así, en el capítulo titulado año 183 -de los androides-  ya nos encontramos en el año 2185 y Carbono vuelve a encontrarse con Silicio que lleva 17 años sentado en una montaña fascinado, viendo amanecer. Con el paso de las páginas se acrecienta en el lector la sensación de que los androides se vuelven cada vez más humanos, mientras que las personas se van convirtiendo en insensibles máquinas. Así se aprecia en viñetas donde los humanos han abandonado la vida para estar permanentemente conectados o cuando los soldados de Mekatronic están cerca de apresarlos y Silicio derriba a uno de ellos, lo que le permite comprobar que ya son mitad persona y mitad androide.

Pero no todo es reflexión y melancolía en este cómic tan brillante como perturbador; también hay thriller y persecuciones. Aunque los siglos pasan muy rápidos en estas páginas, la corporación Mekatronic no cesa en su persecución de estos dos especímenes tan valiosos, a los que considera de su propiedad.  

El apartado gráfico es espectacular y muy personal. De hecho el estilo de Bablet yo creo que es fácilmente identificable. Hay un contraste entre la rotundidad y el detalle de sus paisajes y escenarios con respecto al dibujo de los personajes, un tanto tosco y de expresión inquietante. Parecería que así se resalta la discordancia entre lo humano y lo tecnológico. También hay una extraña armonía entre las muchas viñetas de interiores y esas pocas viñetas grandes de paisajes o espacios urbanos que nos ofrecen nuevas perspectivas del relato. 

Hay escenas urbanas que muestran la sobrepoblación desesperada, hay ciudades anegadas por el agua y el calentamiento global, hay desiertos recalcitrantes y escenas de montaña; pero a mí, gráficamente, me encantan los rostros que, en primer plano y a página completa, abren cada nuevo capítulo. Esos rostros nos anticipan la orientación de la aventura y el desgaste del tiempo. El color es otro de los asuntos cruciales ya que otorga a cada paisaje su paleta propia. Por ejemplo el color negro y amarillo viejo definen todas las imágenes virtuales, como si fuese el negativo del mundo. 



Quisiera utilizar mi último apunte para hablar del posthumanismo que sobrevuela por estas páginas, con personas hiperconectadas que incluso abandonan el cuidado de los niños. La Humanidad aparece aquí como un modelo obsoleto y disfuncional, cegada por sus emociones, prisionera de sus deseos y limitada en su racionalidad. Ya no es la cúspide de la sensibilidad y la inteligencia a la que aspirar. Carbono y Silicio parecen iniciar un camino para el que no tienen un modelo preexistente. En ese sentido se nos aparecen como dos niños que son testigos privilegiados de una transición que se vislumbra y que ellos están dispuestos a navegar.

viernes, 4 de septiembre de 2026

A la NOCHE - de Ugo Foscolo


















Se acaba el verano con su algarabía de luces y horas expandidas. Tras tanto ajetreo ya anhelamos la paz y el descanso. Eso me recordó este poema.







 

A la Noche 



Quizás porque de la fatal quietud
eres la imagen, a mí tan deseada vienes
oh, Noche!  Así cuando te cortejan alegres,
las nubes estivales y los céfiros serenos,

o cuando desde el nevado aire inquietas
y largas sombras arrojas al universo,
siempre desciendes invocada, y las secretas
vías a mi corazón dulcemente retienes.

Me haces vagar con mi razón por las huellas
que a la nada eterna conducen; mientras huye
el tiempo perverso y con él las huestes

de pesares que conmigo él destruye;
y mientras tu paz contemplo, se adormece
ese espíritu guerrero que dentro de mí ruge.


 


 Traducción propia



 



Alla sera

Forse perché della fatal quïete,
Tu sei l’immago a me sì cara, vieni,
O Sera! E quando ti corteggian liete
Le nubi estive e i zeffiri sereni,

E quando dal nevoso aere inquiete
Tenebre, e lunghe, all'universo meni,
Sempre scendi invocata, e le secrete
Vie del mio cor suavemente tieni.

Vagar mi fai co’ miei pensier su l’orme
Che vanno al nulla eterno; e intanto fugge
Questo reo tempo, e van con lui le torme

Delle cure, onde meco egli si strugge;
E mentre io guardo la tua pace, dorme
Quello spirto guerrier ch’entro mi rugge.







 



Ugo Foscolo  publicó este poema en abril de 1803, una época de gran agitación, angustia y amargura debido a sus onerosas obligaciones militares y a sus decepciones amorosas. El «tiempo perverso» del verso 11 puede entenderse como una metáfora de su vida personal y del momento histórico que le tocó vivir. Aquí el poeta 
se encuentra observando el anochecer al que ve como descanso del bregar del día y, por extensión, de la vida.  Cuanto más comprende que todo en la vida es efímero, más se calma su enjambre de preocupaciones y su deseo de afirmarse.
Y es que la vida de Foscolo (1793-1827) semeja la de un héroe romántico durante las guerras napoleónicas. Fue p
oeta, militar, historiador de la literatura, traductor y autor de una novela epistolar y autobiográfica, ´Le ultime lettere di ]acopo Ortis´; una especie de Werther, en la que la pasión amorosa y la pasión política arrastran al suicidio al protagonista. En esta obra además se muestra el disgusto del autor ante la situación social y política de Italia. Algunos críticos la consideran la primera novela italiana moderna.

Sus obras dieron cauce al espíritu nacional italiano frente al absolutismo del Imperio Austriaco. De hecho se cambió su nombre original -Nicoló- por el de Ugo, fascinado por un revolucionario francés refugiado en Roma, Hugo Basville. Foscolo amó y fue amado por hermosas y nobles mujeres y triunfó con una obra poética exigua; pero su compromiso con la libertad de Italia le obligó a exiliarse primero a Suiza y luego a Londres donde se ganaba la vida dando clases, traduciendo y escribiendo comentarios sobre Dante, Boccaccio y Petrarca para The Edinburgh Review y The Quarterly Review, antes de morir en la miseria más absoluta. En 1871, con gran solemnidad nacional, sus restos fueron trasladados y sepultados en la iglesia de Santa Croce, en Florencia.

Foscolo debe su gloria, como Leopardi, a una obra poética no demasiado extensa. Publicó un conjunto de sonetos y dos odas de corte neoclásico, en 1803, bajo el título de ´Poesie´. En 1807 ve la luz su obra más celebrada, ´Dei Sepolcri´, un carmen civil y filosófico en verso blanco con gran poder de evocación. Lo escribió como protesta contra un decreto de Napoleón que prohibía las inscripciones en las tumbas. El corpus esencial de su poesía se cierra con el inacabado poema «Alie Grazie», su proyecto más ambicioso.

viernes, 28 de agosto de 2026

EL SER QUERIDO - de Rodrigo Sorogoyen

España,2026

La película es un potente drama que versa sobre las relaciones paterno-filiales en primer término y las relaciones de poder (aunque sea en un entorno tan artístico como un rodaje) en segundo. Dicho esto a cualquiera le entraría la duda de cómo poner en pie un conflicto sobre la base del reencuentro de un padre con su hija abandonada 13 años antes y que resulte contemporáneo, apasionante y sin afectación. Pero Sorogoyen lo consigue asumiendo riesgos y demostrando que es capaz de articular el tema, acrecentar nuestro interés y traducirlo todo en imágenes de gran tensión dramática y veracidad. 

Tiene mucho mérito este libreto por la sutileza y carga de sus diálogos; y mucha enjundia por el modo de trasladarlo a la pantalla. Todo ello debido al buen hacer de ese tándem maravilloso que conforman Sorogoyen y su co-guionista habitual Isabel Peña. (As bestas, Antidisturbios, El Reino, Que Dios nos perdone

La historia nos acerca al célebre director de cine Esteban Martínez que abandonó a su mujer y a su hija en España para triunfar en EEUU. Ahora vuelve con la intención de rodar una historia de amor en medio del conflicto del Sahara y quiere que su hija, una actriz en ciernes, la protagonice. El reencuentro provocará chispas y abrirá viejas heridas. Está claro que este resumen nos remite directamente a la aclamada ´Valor sentimental´, con la que Joachim Trier ganó el Óscar el año pasado a la mejor película internacional. Efectivamente comparten el esqueleto de la trama -conflicto padre e hija abandonada, cuando el primero regresa para invitarle a protagonizar su siguiente película-; pero nada más. La historia, las implicaciones personales y el modo de contarla difieren notablemente. Sorogoyen amplía los espacios del metacine en su obra y nos propone innovaciones formales que potencian una película que logró el elogio del pasado Festival de Cannes, donde se subrayó la fuerza emocional y profundidad de sus personajes.




Habrá quien se quede en lo superficial de una película que se desarrolla mientras se está rodando otra película o que la historia transcurra en el Sahara, una zona con un conflicto enquistado desde hace décadas, al que Javier Bardem suele prestar voz para que no caiga en el olvido. Pero estos dos asuntos, siendo valiosos, son secundarios. 

Hay una escena en la que los actores y el director Esteban Martínez (Javier Bardem) comparten cena y aquellos le plantean que aparte del Sahara la película que ruedan carece de tema. Éste les inquiere por la película que ellos harían y su tema. El protagonista de la película que ruedan dice, riéndose, que trataría sobre la humildad; mientras otra de las actrices suelta una broma y otro actor se queda en blanco ("uf, me tendría que poner a pensar") antes de decir que la haría "sobre lo difícil que es la vida y las relaciones humanas".
Ahí está. 
Ese es el tema de esta película de Sorogoyen y así nos lo demuestra desde una secuencia inicial tan portentosa como demoledora. Hace mucho tiempo que no veía una escena dialogada tan tensa y emocionalmente violenta, capaz de agarrar al espectador por la pechera y dejarlo colgado pendiente de cada réplica. 



Esteban Martínez ha citado a una actriz en un restaurante para exponerle su idea de que acepte protagonizar su próxima película. Cuando ella llega se saludan afablemente, pero de forma circunspecta. No hay abrazos ni besos. Son dos extraños. Qué tal estás. Bien. Cómo te va todo. Bien. Cómo estas tú. Bien, bien, estoy bien. Qué tal van las cosas. Bien. Así un rato largo hasta que la incomodidad llena toda la sala. La cámara abunda en primerísimos planos. Las miradas se cruzan, huyen y vuelven. La tensión se masca. Son como dos duelistas que se mueven en círculos mientras se van estudiando. Pero poco a poco la conversación los va acercando a algo concreto. Finalmente se revela el asunto. Son padre e hija. La abandonó hace 13 años y ahora quiere darle (y darse) una oportunidad en su nueva película...

En esta espléndida secuencia está contenida toda esta lúcida película. Cuando él saca un recuerdo común para intentar acercarse, ella se sorprende. No ocurrió así. Él ha dulcificado un recuerdo que, en cambio, para ella fue dolorosísimo. Tampoco él le ha pedido perdón en este primer encuentro... ni se lo va a pedir durante las próximas semanas en las que van a convivir -con una tensión enorme- en el rodaje. 




La película tiene una caída de ritmo en el siguiente cuarto, mientras se monta todo el set de rodaje; pero enseguida vuelve a alzar el vuelo gracias a un manejo del tempo y del lenguaje audiovisual extraordinario. Porque Sorogoyen no deja de proponer novedosas ideas visuales y elementos narrativos que hacen que su relato adquiera profundidad y viveza. Pondré tres ejemplos.

El primero y más evidente es el uso del Blanco y Negro hacia el que derivan algunos planos sin saltarse la narración. En el juego de espejos que se establece entre el rodaje y la vida personal de la actriz protagonista y del director, de pronto un plano sobre uno de ellos (observando al otro o escuchando) muda al blanco y negro, como para mostrar ´la verdad´ de lo que está sintiendo. 

En otro momento tanto el director como su hija están en el restaurante del hotel, pero en distintos grupos, y él se dispone a escuchar el primer corte de la música que le han enviado para la banda sonora de su película. Es una partitura que transmite todo el maremágnum de emociones que confluyen en esa historia de amor en medio del Sahara. Pero mientras el director la está escuchando mira absorto a su hija, hablando con unos amigos al otro lado de la sala y de pronto -de forma mágica- esa partitura doliente salta de la película-rodaje a la realidad del director, recogiendo y exaltando sus propias emociones. Fascinante. 



Sólo una más. En una escena del rodaje se ve a los dos actores protagonistas sentados a la mesa en el salón de una casa. La actriz protagonista se acerca desde el fondo con una bandeja que acaba depositando en la mesa, uniéndose a los dos hombres. Sorprendentemente, desde que dicen ´acción´ y tanto la cámara como la actriz inician su movimiento de acercarse a la mesa, el sonido desaparece. El silencio en la sala fue absoluto. Los espectadores ni respirábamos. Estábamos absortos mirando a esa chica que era el centro de todo, de lo que era película y de lo que no. No sé si la escena dura un minuto o menos, pero la escena en absoluto silencio resulta hipnótica. Cuando finalmente la joven deposita la bandeja y se sienta a la mesa la imagen se congela, se abre el plano y vemos que el director le está mostrando la escena a su hija en la pantalla del ordenador. Ella le indica que "resulta raro ver la escena sin sonido", a lo que el director responde que así se aprecian mejor los sentimientos que empujan a los personajes.

Posteriormente tendrán una conversación sobre las máscaras que todos portamos y que los actores tienen que quitarse para poder dejar salir al personaje. Todo ello tiene que ver con otra de las bazas del film, la del cine dentro del cine. Aunque creo que este asunto es secundario, Sorogoyen se las apaña para sacarle rendimiento y, a través de él, definir resolutivamente al personaje del director. Según van surgiendo los problemas vamos conociendo su carácter: colérico, embaucador, dictatorial, volcánico. Paradójicamente la escena cumbre, en la que Esteban Martínez pierde los papeles y humilla a sus actores, es a la vez violenta y de una comicidad descacharrante. 

Victoria Luengo, como siempre, está soberbia (qué naturalidad en la compostura y la dicción) aceptando el duelo cara a cara con un monstruo como Javier Bardem, que nos vuelve a demostrar que es uno de los grandes.





* Aquí puedes leer cómo se rodó esa escena inicial tan formidable. A pelo. En un restaurante de verdad, con cinco cámaras escondidas y ningún técnico a la vista. Dejando que Bardem y Luengo entrasen al set sin haberse cruzado antes y sólo con el apoyo de un par de páginas de texto. Hora y media de metraje que se quedó en esos 18 minutos tan extraordinarios.

viernes, 7 de agosto de 2026

LA MUERTE de VIVEK OJI - de Akwaeke Emezi



La muerte de Vivek Oji es una novela sumamente emocional y devastadora que explora las fronteras de la identidad personal en contraste con la sociedad y la familia. Habla de la necesidad de conocerse, de liberarse para poder ser uno mismo y de la pérdida que constantemente nos acecha. Nadie que lea el libro podrá evitar conmoverse. 

Este libro me ha abierto los ojos en muchos sentidos. Me ha hecho ver las dificultades ímprobas que arrostra una persona cuyo ser está fuera de la norma social...y lo que le cuesta a sí misma aceptarse. También me ha hecho aterrizar en África y ver cómo la habitan sus gentes. Hay padres, hijos, tíos, vecinos, amigos, barbacoas, colegios, calles y ríos como en cualquier parte del mundo, pero desconocía cómo se relacionaban entre sí, cómo viven, qué les preocupa a los padres, con qué sueñan los jóvenes, qué presencia tiene la religión en esa sociedad o cual es su nivel de tolerancia con extranjeros, gays o lesbianas, por ejemplo. 

Creo que el libro me ha puesto en contacto con personas de carne y hueso que viven en África. Y no son muy distintas. Está la tía Mary enfervorizada con la religión, están los chicos y las chicas a la gresca para reafirmarse, está la preocupación de los padres por dar un futuro a sus hijos... y está Vivek; un joven que se siente diferente, pero no sabe por qué ni cómo debe sentir. Ahí está la almendra de esta historia. Vivek va ser el epicentro de una auténtica vorágine emocional, que es lo que es esta novela.
"Cuatro
  Vivek
No soy lo que todo el mundo cree que soy. Nunca lo fui. No tuve la boca para concretarlo en palabras, para explicar lo que no iba bien, para cambiar las cosas que notaba que necesitaba cambiar. Y cada día costaba. Costaba caminar por la calle y saber que la gente me veía de cierta manera, saber que se equivocaban, que se equivocaban tan rotundamente que mi yo de verdad era invisible para ellos. A sus ojos, ni siquiera existía.
       Y yo me pregunto: si nadie nos ve, ¿seguimos ahí?"
pág. 51
Collage "Somos agua" ⓒ René Dissel

La novela demuestra que en el viaje para descubrir quién eres, los otros son tan necesarios como peligrosos. En este sentido cabe recordar el proverbio africano que dice que "para educar a un niño, hace falta la tribu entera". Emezi debe ser consciente de ello porque alrededor de Vivek crea toda una comunidad de personajes complejos y bien articulados cuya existencia marcó y fue marcada por Vivek. El triángulo formado por los valores de la sociedad, la familia y la propia intimidad batallan constantemente para darnos forma y a veces el proceso es muy doloroso. Las vivencias gloriosamente intensas de Osita y su primo Vivek así lo reflejan, compartiendo vida y alejándose, incluso pegándose, hasta que finalmente se descubren mutuamente en una escena brutal, delicadísima y desgarradora.
"Era como si hubiéramos dejado atrás todo lo que conocíamos y nos hubiéramos adentrado en un lugar completamente diferente, como si hubiéramos cruzado un umbral y lo que acaba de suceder, fuera lo que fuera, solo pudiera suceder a este lado." pág. 136

La historia está ambientada en el sureste de Nigeria alrededor de 1990 y gira alrededor de Vivek Oji, un joven cuyo cadáver aparece en la puerta de sus padres nada más comenzar la novela. El relato se estructura a través de las distintas voces de quienes lo amaban, incordiaban y sufrían. De su padre Chika, que lo envió a una academia militar para endurecerlo, harto de su extrema delicadeza. De su madre Kavita siempre preocupada por su sensibilidad y ausencias hasta el punto de traérselo de la universidad viendo la crisis que lo consumía. También Juju y su grupo de amigas con las que Vivek finalmente se siente identificado y liberado. Con ellas encuentra la senda de su autodescubrimiento. 
"Fueron las chicas las que me sacaron. No creo que se lo propusieran. Yo sabía que lo de venir a visitarme era idea de mi madre; fue una de las pocas veces que un plan suyo funcionó.
Me estaba ahogando. No muy rápido, no lo bastante para dejarme llevar por el pánico. Era un hundimiento lento e inexorable, como cuando ya sabes dónde vas a ir a parar, y por eso dejas de resistirte y esperas a que todo termine."
pág. 121
Y sobre todo Osita, su primo y mejor amigo. Ellos dos trenzan el hilo central del relato, compartiendo primero una infancia feliz, luego una adolescencia de provocaciones y peleas hasta llegar el distanciamiento en la universidad y, por fin, el reencuentro en la vuelta al pueblo. Las chicas y Osita le ayudarán simplemente por aceptarlo tal como es, sin intentar cambiarlo. Aunque esa dicha inicial será segada por la muerte. ¿Qué ocurrió? ¿Quién lo llevó hasta la puerta de la casa de su madre? Sólo se sabe que coincidió con unas revueltas que provocaron el incendio del mercado. 


En la lista de agradecimientos que cita la autora al final del libro, ha incluido dos obras clave para ella: Amor de Tony Morrison y El amor en los tiempos del cólera de García Márquez. Aunque es evidente que el trazo de la novela nos recuerda irremediablemente a otra obra del mismo autor colombiano, ´Crónica de una muerta anunciada´. "El día que murió Vivek Oji prendieron fuego al mercado", esta es la primera línea de la novela y el resto de las páginas nos irán revelando los hechos que la rodearon. Aunque ya aviso de que tan cierto es que la novela gravita en torno a esa misteriosa muerte, como que lo que nos impacta de verdad es el misterio de su alma.

La novela tiene una estructura facetada, como los diamantes. En el libro se alternan capítulos donde escuchamos a Vivek con otros en los que escuchamos a su primo Osita y otros en los que, en tercera persona, se nos informa de esa sociedad en plena ebullición y de la preocupación de los padres que quieren protegerlo. Los capítulos en los que escuchamos a Vivek son muy intensos y cortos, de apenas media página. En ellos se nos muestra el desgarro de una persona que no se comprende a sí misma o que no se acepta; que necesita buscarse porque está perdida.

Según avanzaba en la lectura me daba cuenta de la cantidad de asuntos cotidianos que pueblan la novela: la abuela, los niños, la comida (garri, ndara, ñame), las etnias (igbo, hausa, fulani) y los más diversos asuntos de la vida cotidiana en Nigeria. En un momento dado Juju se hace la dormida para escuchar cómo sus padres se pelean. Su madre ha descubierto que el marido tiene otra familia, incluso con un hijo, en otra ciudad. Se gritan, él la pega y huye del hogar. Mientras los otros jóvenes están dudando sobre si ir a la Universidad. Dan la sensación de que todos están perdidos... hasta el punto de que la tía Mary lleva a Vivek a su iglesia tradicional para que curen su decaimiento y ¡¡es azotado para exorcizarlo!!
     "¿Qué acabas de decir? preguntó, con la esperanza de haber entendido mal.
     
El demonio que tiene dentro repitió Mary. Sí o, eso es lo que dijo el pastor. El niño está poseído por un espíritu maligno, un demonio muy fuerte. Es el que está provocando todo esto, lo del pelo largo, que se le esté consumiendo el cuerpo físico. Hay fuerzas sobrenaturales alimentándose de él...¡de tu hijo! El pastor dijo que había que cortarle el pelo porque de ahí sacan su poder, como los cabellos de Sansón. Es una de las fuentes de su fuerza. Pero cuando uno de los diáconos se le acercó con unas tijeras, ¡el demonio empezó a resistirse!"  pág. 89
La narración tiene la textura de un relato oral en torno a una saga familiar que empieza con la abuela Ahunna, muerta el mismo día en que nació Vivek. Posteriormente su padre, Chika, descubrirá en el pie de su hijo una cicatriz idéntica a la que tenía su abuela Ahunna. Los ancestros y el presente se conjugan sin problema. Del mismo modo Emezi hace fluir su relato a través del tiempo, utilizando los recuerdos de los personajes para construir una cascada de flashbacks que van completando el puzle de la vida de Vivek. 

Ese puzle de voces hace que el lenguaje sea muy vivo y directo, casi coloquial, mezclando constantemente el igbo y el inglés... a excepción de las apostillas que provienen de Vivek y de Osita, que tienen una potencia lírica tremenda.
 


El libro tiene un intenso color local, se le ven las raíces. Todo se nombra con el lenguaje igbo, las plantas, las telas, los apodos, el parentesco o la comida. La impresión que nos transmite el libro sobre Nigeria es contradictoria, un país a la vez ancestral y moderno, el más poblado de África, con 240 millones de habitantes y más de 250 grupos étnicos. Me llama la atención el grupo de las Niggerwives, mujeres inmigrantes procedentes de Filipinas, Malasia o India que se casan con nigerianos y se apoyan entre ellas mientras van adaptándose a las costumbres locales. La madre de Vivek es una niggerwife, al igual que la de la autora. 

Nigeria es una de las tres economías más fuertes de África lo que no impide que también sea uno de los países con mayor desigualdad. El país también es una potencia cultural, con una música que llega a todo el globo y una industria cinematográfica que no tiene envidia de Hollywood. Sin embargo sus leyes contra el colectivo LGBTI se encuentran entre las más draconianas del mundo contando, además, con un gran respaldo de la población. En religión el país se distribuyen casi al 50 % entre católicos y musulmanes. Estas dos últimas cuestiones aparecen en la novela, si bien tangencialmente. No olvidemos la presencia violenta del grupo fundamentalista islámico Boko Haram que opera en el noreste del país. Por su parte, a Kavita le da un vuelco el estómago cuando su cuñada Mary le dice: "Ya sabes cómo son las cosas aquí. Es un peligro que se pasee por Ngwa con ese aspecto tan... femenino. ¿Te imaginas lo que le pueden hacer si alguien lo malinterpreta, si se creen que es un homosexual?"

Paradójicamente ´La muerte de Vivek Oji´ trata sobre la vida; una vida llena de secretos y un ansia de plenitud.










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Cuando empezaba esta reseña diciendo que este libro me había abierto los ojos a otros mundos, también me estaba refiriendo a una autora que desconocía y a una nueva editorial -Cosonni- que se presenta así en su web:  "
consonni es una editorial interdependiente con un espacio cultural en el barrio bilbaíno de San Francisco. Desde 1996 producimos cultura crítica y en la actualidad apostamos por la palabra escrita y también susurrada, oída, silenciada, declamada; la palabra hecha acción, hecha cuerpo. Desde el campo expandido del arte, la literatura, la radio y la educación ambicionamos afectar el mundo que habitamos y afectarnos por él."

** Akwaeke Emezi (1987) es una autora transgénero no binaria que reside en espacios liminales y cuya fulminante trayectoria le propulsó a la portada de junio de 2021 de la revista TIME, como parte de un grupo de líderes para la próxima generación. Akwaeke nació en Umuahia, una ciudad del sureste de Nigeria, hija de padre igbo y madre tamil. Crecieron en Aba, en una comunidad multicultural; su madre pertenecía a las Nigerwives. 
De niña siempre escribía pero fue en la universidad, ya en EEUU, donde uno de sus profesores les sugirió especializarse en escritura creativa. Su práctica artística se ubica en la metafísica del espíritu negro, valiéndose del vídeo, la performance, la escritura y la escultura para crear rituales en los que procesar su encarnación como entidad no humana/ogbanje/descendiente de una deidad.
En la revista RoundTable encontré esta presentación de su primera novela, Agua dulce (Freshwater),  que en 2018 revolucionó la escena literaria estadounidense: 
"Esta historia visceral, con tintes semiautobiográficos, narra la vida de Ada, un personaje que lucha contra múltiples personalidades que habitan en su mente. Algunas son diabólicas, otras más contenidas. A medida que estas personalidades cobran mayor protagonismo y Ada sufre una agresión traumática, su vida se sumerge en la oscuridad y la autodestrucción. Es un retrato impactante de la neurodivergencia, que se centra en la ontología igbo y en ideas no occidentales sobre la enfermedad mental.
Akwaeke comenta: “El libro se basa probablemente en un 99% en mi experiencia personal. Mientras lo escribía, utilizaba la ontología igbo para analizar toda mi vida, y todo lo que me había sucedido empezó a tener sentido. Me crie en una familia católica, así que intenté abordarlo desde la perspectiva cristiana, pero no funcionó; no me sentía en paz. Había ido a terapia; había intentado abordar temas de salud mental, pero tampoco me ayudó. Estaba aterrorizada porque, como nigerianos, no nos educan para pensar que esto sea algo en lo que debamos incursionar. Está muy estigmatizado. Pero fui a Lagos, hablé con un historiador y con amigos que practican la espiritualidad africana. Todos me dijeron: «Si sientes el llamado, tienes que obedecerlo, y la razón por la que te sientes tan estresada es porque lo estás combatiendo».” 

sábado, 1 de agosto de 2026

KEEPER - de Osgood Perkins

2025


El guionista tuvo un conato de idea.
El director pensó que era suficiente.
Ambos estaban equivocados. Muy equivocados.
Lo que llaman terror atmosférico son simples planos huecos
y miradas que pretenden ser inquietantes.
Después de 45 minutos anodinos por fin se revela la terrible verdad.
Malcolm esconde un secreto y no puede dejar escapar viva a Liz.
Lo que sigue son otros 45 minutos donde la coherencia narrativa brilla por su ausencia.
Lamentable.


Liz (Tatiana Maslany) y Malcolm deciden realizar una escapada romántica a una cabaña en medio del bosque. El paraje es idílico, la cabaña es moderna y dispone de todas las comodidades, pero ella empieza a tener la percepción de que allí se esconde algún tipo de secreto amenazante. Ciertas sombras, ciertos objetos misteriosos le van dando pistas hasta que encuentra una vieja fotografía que abre un precipicio bajo sus pies. La fotografía parece tener más de cien años pero ahí está Malcolm, más joven, vestido de época y en compañía de otra mujer.



Con respecto a su anterior y prometedora película, Longless, una mezcla de historia detectivesca con atisbos de terror; Keeper supone un ostensible paso atrás.