jueves, 22 de octubre de 2026

EL PRECIO de LA RED - de Aaron Sorkin

EEUU, 2026


Es triste decirlo pero la película a estas alturas resulta tan inútil... como necesaria.
Llega tarde.
El mundo ya está un par de pantallas más adelante (con la IA nada menos). A estas alturas ya sabemos que la redes sociales son nocivas para la salud mental, la convivencia y la democracia... y también que esto a nadie le importa una mierda.  

Aunque es cierto que las demandas contra Meta (matriz de Facebook) siguen hoy en día su recorrido en los tribunales. Por eso está bien saber de qué lodos proviene todo este ambiente envenenado que estamos viviendo: las redes sociales ofreciendo una herramienta poderosísima a los bulos, al odio, al bullying y a la peor ralea de la humanidad.



La película relata la investigación que llevó a cabo el periodista del Wall Street Journal Jeff Horwitz (Jeremy Allen White) para descubrir si el algoritmo de Facebook estaba manipulado para potenciar ciertas acciones, sabiendo a ciencia cierta que produciría adicción (scroll infinito), problemas de salud mental y radicalización política. Después de tocar múltiples teclas, una joven ingeniera de Facebook, Frances Haugen (Mikey Madison) se ofrece a darle los datos que destaparán los secretos más ocultos y perversos de la red social. 

Horwitz acabaría publicando una serie de artículos conocida como 'The Facebook Files' (Los archivos de Facebook) que se publicaron en 2021. En ellos se confirmaba que en Facebook eran plenamente conscientes de los efectos nocivos que su algoritmo tenía en los adolescentes y que habían hecho proliferar a sabiendas los bulos y la desinformación que contribuyeron a actos de violencia política.





Los datos marcan el valor de la película... y también son su perdición; porque peca de expositiva. Aunque es muy importante que sepamos que el 64 % de las personas que aterrizaban en las webs de grupos radicales señalados por el propio FBI como peligrosos, llegaban allí orientados por el propio Facebook; o que un estudio interno había fijado en un 32 % los adolescentes que sufrirían problemas de salud mental con los cambios introducidos en el algoritmo. También es importante que sepamos que estas advertencias fueron ignoradas por los mandamases de Facebook, eligiendo potenciar el negocio en vez de la salud y la integridad. 

La multitud de datos y algunos diálogos excesivamente técnicos se comen el desarrollo de dos aspectos fundamentales que hubiesen hecho crecer a la película. Uno sería el debate en profundidad sobre la responsabilidad de las tecnológicas como propagadoras de todo tipo de fango y por su propia arquitectura adictiva. Otro, todavía más fundamental, hubiese sido el desarrollo dramático de los personajes implicados en esta investigación. Horwitz aparece demasiado plano. Es cierto que muestra suma honestidad con su fuente, pero poco más. Tampoco llegamos a conocer a Haugen por más que repita varias veces que ella adora su trabajo y que le parece que está participando en un proyecto muy importante para la Humanidad, ya que pone en contacto a la gente y da voz a todas las personas por igual. Pero incluso cuando decide ofrecerse para dar el siguiente paso, salir del anonimato y testificar, lo hace en un pis pas. Sin mayores dudas. 



El nivel dramático sólo lo aprecio en dos momentos muy escuetos. Por un lado en el Prólogo, titulado "Una mujer borracha de raza blanca", cuyo título describe perfectamente la escena. Una mujer joven y hermosa está en el arcén de una carretera, esperando a la grúa junto a su coche averiado. Una pareja de policías se para con la intención de ayudarle pero ella, borracha y con todas las de perder, pasa al ataque. Pone el teléfono delante para grabar todo a la vez que acomete a los policías, increpándolos, mientras expone a su audiencia que a esto hemos llegado: una mujer blanca no es libre en América porque un policía negro y una "zorra" inmigrante (en su placa pone ´Díaz´) "a la que seguro que se la tira" la están acosando. 

Esta joven radicalizada fue amiga de Frances Haugen y su video en internet es el detonante para que esta ingeniera empiece a plantearse qué pasó con aquella amiga que recuerda, progresista y amiga de causas humanitarias. El otro momento dramático es justo hacia el final cuando, durante unos pocos segundos, vemos a esta misma anarcopatriota entre los asaltantes al Capitolio en enero de 2021. Quizás el guión debiera haber profundizado más en estas dos mujeres, la cara y la cruz de esta cloaca en que se han convertido las redes. 



Aunque... también puede ser que la película tenga ese trazo tan impersonal que luce por el rigurosísimo escrutinio legal al que se ha tenido que someter.  En una escena donde un directivo de Facebook se reúne con el periodista, aquel le suelta esta velada amenaza: "Somos el doble que el país más grande de la Tierra, no tenemos miedo al Congreso", como diciendo, nosotros ponemos las reglas. El estudio llegó a contratar un bufete de abogados externo para asegurarse que cada hecho y dato que aparece en la película estuviese contrastado.

A pesar de todo esto tengo que decir que la narración de Aaron Sorkin te mantiene enganchado, menos a la intriga de la investigación periodística que a la sucesión de episodios donde se toman las decisiones cruciales que derivaron en esta "máquina de odio". En inglés se titula The Social Reckoning (algo así como la Red del Ajuste de Cuentas) y es que en ese nicho de cabreo, violencia y bulos es donde detectaron que el negocio no paraba de crecer. La indignación, la frustración y la rabia son los combustibles más rentables para la economía digital, porque sus usuarios son los que más comparten. Así que, como dice el eslogan de la película "se acabó aquello de hacer amigos" (´we're way past making friends´), hemos venido a hacer dinero caiga quien caiga. 

















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Aaron Sorkin (Nueva York, 1961) es uno de los grandes cronistas de las instituciones americanas y las grietas del sistema democrático. También de la función de los medios de comunicación, especialmente la televisión, como vehículo masivo de comunicación que perfila la opinión pública. Así lo ha abordado en obras de teatro como 'Algunos hombres buenos', luego adaptada al cine por Rob Reiner, en guiones como el de 'El presidente y Miss Wade', y en series tan populares como 'Studio 60', 'El ala oeste de la Casa Blanca' y 'The Newsroom'. En sus producciones el creador ha sabido combinar la crítica a diversos estamentos del poder con cierta idealización de personajes que simbolizan la honestidad y la defensa del bien común. 
Pefil tomado del artículo de José M. Romero en la web de la Cadena Ser.

lunes, 19 de octubre de 2026

Los BAILES ROBADOS - de David Coria


















Hace dos noches pude ver este espectáculo de Flamenco y Danza contemporánea dirigido y coreografiado por David Coria. 
Salí del teatro sobrecogido.

No soy un connaisseur de la danza, pero creo que el espectáculo es tan potente que no necesita un folleto explicativo para conectar con el público.



El baile era muy físico, por momentos violento y frenético. Había en el ambiente una sensación a la vez de duelo y rebeldía. El contraste entre la voz rasgada del cantaor flamenco David Lagos (sin guitarra, a capela) y la voz de Isidora O´Ryan, dulce y atmosférica, logró trasladarme a una especie de auto sacramental. 

El escenario estaba electrizado por el extenuante trabajo físico de los bailarines reproduciendo movimientos tribales y los ritmos complejos y percutidos que eran acompañados de golpes en el pecho y en los muslos. Todo, la luz tenebrosa, la música y el movimiento te empujaban a sentir, pero ¿Qué?: Opresión y liberación, obsesión y alivio, encuentro y soledad.








Los cuerpos se retorcían, deslizaban y acompasaban dentro de un espacio sonoro onírico, sostenido por voces de ecos antiguos y unos instrumentos insólitos en el flamenco, el saxo de Juan Jiménez y el violonchelo de Isidora O´Ryan.



En el escenario se reunían coreografías, teatralidad, cante, zapateado y danza sostenido todo por un sonido hipnótico, muy heterogéneo, pero unificado por el ritmo de la sístole y la diástole del latido. El zapateado de David Coria es capaz de todos los matices. A veces se desliza como un susurro, sin que apenas notes el movimiento de sus botines; para luego acelerar hasta el frenesí y de pronto plantarse como un grito.

Esta obra crispada y emocional tiene una inspiración legendaria, las epidemias de baile que se produjeron en algunos puntos de Europa en el siglo XVI para exorcizar los males. La más documentada ocurrió en Estrasburgo en 1518. En estos episodios el esfuerzo físico y el baile sirvieron para buscar una salida al colapso social. 


Me entero a posteriori que este espectáculo se estrenó en 2023 y ha tenido un gran recorrido internacional, por lo que está al final de su singladura. Más teniendo en cuenta que el coreógrafo sevillano ha estrenado, este pasado mes de septiembre, su nuevo espectáculo "Babel. Torre viva". 
Seguiré y perseguiré a David Coria. No me dejaré robar ninguno de sus bailes. 

jueves, 15 de octubre de 2026

PIEZAS en FUGA - de Anne Michaels



Este libro es un vórtice de memoria en el que se entrechocan constantemente presente y pasado de un niño judío rescatado de la barbarie nazi. Jakob Beer, de siete años, es salvado por un geólogo griego de cincuenta, Athos Roussos. Primero vivirán escondidos en una isla griega y posteriormente se trasladarán a Canadá; pero Jakob arrastrará toda su vida una piedra enorme (la memoria del exterminio, los recuerdos de su hermana Bella, desaparecida) que condicionará cada minuto de su existencia. Dos vidas en fuga para emprender la tarea más dura a la que uno se puede enfrentar: seguir viviendo tras el horror.
"La ausencia no existe si permanece al menos el recuerdo de la ausencia. El recuerdo perece si no se le da uso. O como hubiera podido decir Athos: cuando ya no poseemos la tierra, pero sí el recuerdo de la tierra, entonces podemos alzar un mapa". pág. 205
Jakob sobrevivía en Polonia enterrándose en el bosque, durmiendo escondido entre rocas... hasta que lo encontró Athos, "su guía y compañero, no solo a través del tiempo geológico sino también a través de la adolescencia y hacia la madurez", como recordará más tarde. Ambos permanecerán escondidos en la isla de Zakynthos hasta el final de la guerra, cuando se irán a vivir a Atenas con los amigos de Athos, Kostas y su mujer Dafne. En esa dura posguerra los cuatro compartirán recuerdos y atrocidades mientras intentan sobrellevar el hambre. Finalmente le ofrecerán a Athos un puesto en la Universidad de Toronto y allí los dos intentarán reconstruir sus vidas. Jakob acabará siendo poeta y traductor hasta sentir la necesidad de escribir sus memorias porque "la experiencia que un hombre tiene de la guerra nunca termina con la guerra".



Así vemos cómo, a lo largo de todo el libro, la guerra y la infancia están absolutamente presentes en cada conversación, en cada gesto, en cada pensamiento y detalle.
"Cuando yo vacilaba en el umbral de la puerta, Athos no entendía que estaba dejando a Bella pasar primero, asegurándome de que no la dejábamos atrás. Al comer hacía pausas, recitando un encantamiento silencioso: Un bocado yo, un bocado tú, un bocado extra para Bella. "Jakob, comes muy despacio; tienes los modales de un aristócrata.". Despierto en mitad de la noche la escuchaba respirar o cantar a mi lado en la oscuridad, y me sentía mitad consolado y mitad aterrado de que mi oído estuviera pegado al muro fino que divide a los vivos de los muertos." pág 39
Estos son los dos valores esenciales de este libro, un ejercicio de memoria tan obstinado como lacerante y un esfuerzo absolutamente penoso por reconstruir una vida rota. De ahí que el relato destile hermosura y dolor, tal y como indica una de las enseñanzas de Athos: "Encuentra el modo de hacer necesaria la belleza; encuentra el modo de hacer bella la necesidad". Tras la guerra y la pérdida de su familia, Jakob ya será para siempre un hombre en trance. Nunca estará al cien por cien en el presente. Su rescatador, amigo y mentor, Athos, le llega a decir: "A veces no puedo mirarte a los ojos; eres como un edificio que se ha quemado por dentro, cuyos muros exteriores permanecen".



El libro tiene un carácter marcadamente elegíaco. Los recuerdos de Bella inundan cada página formando en ocasiones piezas tan líricas como fugaces. La forma de narrar reproduce el sentimiento capital de Jakob, obsesionado con que "cada momento es dos momentos"; el que está viviendo en el presente (como un sueño) y el que se solapa con los recuerdos de su infancia. De ahí que el relato resulte necesariamente fragmentario, basculando entre lo bárbaro y el amanecer a una nueva vida: "Sobrevivir era escapar al destino. Pero si te escapas de tu destino, ¿en la vida de quién te metes entonces?".

Este carácter elegíaco se acrecienta por la estructura del libro, dividido en dos partes; la primera está narrada por el propio Jakob hasta que con sesenta años vuelve a vivir en una isla griega con su segunda mujer Michaela. En ese regreso a Grecia, cuando visita la casa donde vivió con Athos, la autora logra transmitir auténtica emoción. El sentimiento de pérdida llegó a oprimirme el pecho al seguir a este hombre que parece caminar siempre entre tumbas quizás buscando la suya. 

Isla de Hydra en Grecia

La segunda parte está narrada por Ben, un estudiante canadiense, también judío, que viaja a Grecia para buscar los cuadernos poéticos de Jakob Beer, ya fallecido, por el que está fascinado. Son dos experiencias muy distintas, pero tienen en común el intenso hálito vital que desprenden y una insoportable sensación de pérdida; como cuando Jakob fue abandonado por sus padres en un escueto habitáculo para preservarlo: "algunas piedras pesan tanto que solo el silencio te ayuda a llevarlas a cuestas."

El libro te regala una intensidad emocional inusitada. Su lectura es muy vívida y fulgurante, cargada de reflexiones y apuntes derivados de los numerosos estudios e intereses de los protagonistas; siendo Jakob traductor, Athos un experimentado geólogo y apasionado de la expedición Terra Nova al Polo Sur, mientras que Bella sentía devoción por la música. Notas sueltas, apuntes y comentarios vivifican la lectura y denotan una labor de documentación monstruosa. 

Se habla con detalle de la barbarie en los campos de concentración nazis, de la rebelión que supuso inventarse una canción propia, "Moorsoldaten"(1); de formas de ejecuciones escalofriantes, de estudios de geología, de literatura clásica, de costumbres griegas, de la música y los músicos a los que Bella adoraba ("¿Te das cuenta de que Beethoven compuso toda su música sin haber mirado el mar ni una sola vez?"), de una investigación histórica sobre la influencia del clima en la guerra (El invierno de Rusia contra Napoleón o el granizo que arrasó la cosecha provocando la escasez de alimentos que contribuiría a la Revolución Francesa), de la física de los rayos, de los vientos con nombre propio que cruzan Grecia o de la expedición de Scott al Polo Sur que evidenciaba las diferencias entre estos dos amigos. El científico y zoólogo Edward Adrian Wilson fue amigo de Athos y participó en dicha expedición: Athos admiraba que el cadáver de este explorador fuese hallado con un bolsa de fósiles muy pesada con la que cargó durante kilómetros, incluso moribundo. La pasión por la ciencia. En cambio a Jakob le fascinaba que Wilson, aun en los peores momentos, cargara con un libro de poemas de Tennyson que le habían prestado pues, según sus notas, pensaba devolverlo. Un tipo íntegro.



Al finalizar la lectura me quedo con el lirismo y profundidad con que Michaels trata el dolor y con una inquietante reflexión sobre la memoria. 
       "La historia es amoral: sucedieron hechos. Pero la memoria es moral; lo que recordamos conscientemente es lo que recuerda nuestra conciencia. La historia es el Totenbuch, el Libro de los Muertos, recopilado por los administradores de los campos. La memoria es el Memorburcher, los nombres de aquellos por lo que se debe guardar luto, leídos en voz alta en la sinagoga.
       La historia y la memoria comparten datos; es decir, que comparten el tiempo y el espacio. Cada momento es dos momentos. Pienso en los estudiosos de Lublin, que vieron cómo sus libros más queridos y santos eran arrojados a la calle por las ventanas del segundo piso de la Academia Talmúdica y quemados -tantos libros que la hoguera duró veinte horas-. Mientras los académicos sollozaban en la acera, una banda militar tocaba marchas y los soldados cantaban con toda la fuerza de sus pulmones para ahogar los lamentos de aquellos ancianos; sus sollozos sonaban como soldados cantando. Pienso en el gueto de Łódź, donde los soldados tiraban a los niños por las ventanas del hospital para que otros soldados los "recogieran" con las bayonetas. cuando el juego se volvió demasiado sucio, los soldados lo lamentaron en voz alta, gritando que la sangre les corría por las mangas, les manchaba los uniformes, mientras los judíos en la calle gritaban de horror, con las gargantas secas de tanto gritar. Una madre sintió el peso de su hijo en los brazos al mismo tiempo que veía el cuerpo de su hija en la acera".  pág. 150
Debo concluir aquí el comentario de este admirable libro. Dejo para la siguiente entrada los sentimientos tan encontrados que me ha provocado. 





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(1)"Moorsoldaten" o "Soldados del pantano" fue la primera canción que se compuso en un campo de concentración, en Borgermoor. Los nazis no permitían cantar nada a los prisioneros mientras extraían el carbón... a excepción de las marchas nazis. De ahí que inventarse una canción propia supusiese una verdadera rebelión.
«Die Moorsoldaten» o  
«Soldados del Pantano» en español y «Peat Bog Soldiers» en inglés es una de las canciones políticas más conocidas en Europa que acabó convertida en un himno antifascista. La canción tiene una melodía lenta y simple, evocando la marcha de un soldado, y es deliberadamente repetitiva, reflejando y narrando la rutina diaria del trabajo duro en condiciones difíciles.

ISRAEL en FUGA










En el maravilloso libro de Anne Michaels, Piezas en Fuga, seguimos la doble reconstrucción que un niño judío debe afrontar tras sobrevivir al genocidio nazi. Por un lado afronta la memoria de su familia asesinada y la desaparición de su hermana Bella. Por otro tiene que reconstruirse a sí mismo para poder continuar su vida. 
       "Busco el horror que, como la propia historia, no puede restañarse. Leo todo lo que puedo. Mi ansia por conocer todos los detalles resulta ofensiva.
       En Birkenau, una mujer llevaba debajo de la lengua los rostros de su marido y de su hija, arrancados de una fotografía, para que no pudieran arrebatárselos. Si todo cupiera debajo de la lengua.
       Noche tras noche sigo infinitamente el camino de Bella desde la puerta de casa de mis padres. Para darle un lugar a su muerte. En esto consiste mi tarea. Recojo datos, intentando reconstruir los acontecimientos hasta sus detalles más mínimos. Porque Bella podía haber muerto en cualquier lugar de esa ruta. En la calle, en el tren, en las barracas."
pág 151
El niño protagonista, Jakob Beer, vivirá toda su vida obsesionado con el hecho de que para él "cada momento son dos momentos", porque cualquier gesto o detalle del presente le remite a su infancia y a su hermana Bella. La mesa dispuesta para comer le recuerda a la de sus padres, las horquillas del pelo de su mujer le remiten a las de Bella y cualquier gesto o escena se transparenta hasta mezclarse irremisiblemente  con sus recuerdos. 
El libro es doloroso y emotivo.
Está escrito con un gran lirismo y humanidad...

...Pero a esos dos momentos en uno que vive el protagonista yo he añadido un tercero durante mi lectura. Mientras leía sobre el genocidio y el horror que rememora constantemente Jakob yo veía superpuesto el genocidio actual que sufren los palestinos en Gaza. 

Hay una contradicción terrorífica y diabólica en la superposición de estos tres momentos tan terribles. 

Así es como he leído yo este hermoso libro. Leyendo con horror y compasión sobre un pueblo que fue masacrado y soportando la repugnancia de que ese mismo pueblo se haya convertido en el verdugo de un exterminio que veo cada día en el telediario. ¿Cómo se ha operado esta metamorfosis?


Sintonizo plenamente con Jakob cuando dice que 
"No podía apartar mi angustia del preciso instante de la muerte. Estaba centrado en esa fracción histórica de segundo: el cuadro viviente de la trinidad del espanto -el perpetrador, la víctima, el testigo". (pág 152)

En las páginas 176, 177 y 178 Anne Michaels -a través de Jakob- refleja el modo en que los nazis necesitaban deshumanizar a los judíos para poder matarlos con saña e indiferencia. Son unas páginas atroces que he leído varias veces hasta que se me ocurrió sustituir la palabra "nazi" por "israelí" y poner "palestino" donde pone "judío".
El resultado es espantoso.
El texto original y el virtual son igualmente sobrecogedores y veraces. Como prueba sólo hay que ver la película NAZA.
Netanyahu, su gobierno y la parte de su sociedad que lo apoya son los nazis de nuestro tiempo.

        "La policía nazi estaba más allá del racismo, era antimateria, porque a los judíos no se les consideraba personas. Un viejo truco del lenguaje, utilizado con frecuencia a lo largo de la historia. Nunca había que referirse a los no arios como si fueran humanos, sino como "figuren", "stüke" -"muñecos", "madera", "mercancía", "harapos". No se estaba gaseando a seres humanos, sólo se gaseaban "figuren", así que no había violación de la ética. A nadie se le podía criticar por quemar los desperdicios, por quemar harapos y chatarra en el sótano sucio de la sociedad. De hecho, ¡eran un peligro de incendio! Qué remedio quedaba que quemarlos antes de que te hicieran daño... Así que el
exterminio de los judíos no consistió en obedecer una serie de imperativos morales en lugar de otra, más bien en el imperativo mayor que anulaba cualquier dificultad. De modo similar, los nazis hicieron efectiva una resolución que prohibía que los judíos poseyeran animales de compañía; ¿cómo puede un animal ser el dueño de otro? ¿Cómo puede un insecto o un objeto poseer algo? La ley nazi prohibía comprar jabón a los judíos. ¿qué utilidad puede encontrarle una sabandija al jabón?
        Cuando los ciudadanos, los soldados y las SS llevaban a cabo sus actos inenarrables, las fotos demuestran que en sus rostros no había muecas de horror, ni siquiera un sadismo vulgar, sino que más bien estaban deformadas por la risa. De todas las horrendas contradicciones, en ésta se encuentra la clave de todas las demás. Ésta es la quiebra más irónica del razonamiento nazi. Si los nazis necesitaban que la humillación precediera el exterminio, con ello venían a admitir precisamente lo que tanto esfuerzo les costaba no admitir: la humanidad de la víctima. Humillar es aceptar que tu víctima siente y piensa, que no sólo siente dolor, sino que sabe que está siendo degradado. Y como el torturador supo, en el instante del reconocimiento, que su víctima no era un "figuren" sino un hombre, y supo también en ese instante que debía seguir con su labor, comprendió repentinamente el mecanismo nazi. De la misma manera que el portador de piedras sabía que su única posibilidad de sobrevivir residía en llevar a cabo su labor como si no se diera cuenta de su inutilidad, el torturador decidió hacer su trabajo como si no conociera la mentira. Las fotos capturan una y otra vez este escalofriante momento de la elección: la risa del maldito. Cuando el soldado se daba cuenta de que sólo la muerte tiene el poder de convertir al "hombre" en "figuren", se solucionaba la dificultad. Y así crecían la ira y el sadismo: furia contra la víctima por volverse humana de pronto; el deseo de destrozar esa humanidad era tan intenso que su brutalidad no tenía límites."   pág. 176, 177 y 178

miércoles, 14 de octubre de 2026

RECUERDOS de la GUERRA - de Anne Michaels

Isla de Zante o Zakynthos, Grecia


                                  

Serie El Libro Secreto



En la novela "Piezas en fuga", de Anne Michaels, un niño judío es rescatado en Polonia mientras se escondía de los nazis. Su rescatador, el geólogo Athos, logra trasladarlo a la isla griega de Zakynthos, donde permanecerán escondidos hasta el final de la guerra. Años más tarde, ya en Canadá, iniciará la recuperación de sus recuerdos de la guerra, en la que murieron sus padres y desapareció su hermana Bella. 







                           Ⅰ


En Zakynthos vivíamos sobre
una roca sólida, en un lugar
elevado y ventoso lleno de luz.
Aprendí a tolerar las imágenes que surgían
dentro de mí como moratones.
Pero sumido en la expectación
constante de la puerta reventada,
el sabor de la sangre que me llenaba
la boca de repente,
no era capaz de concebir una sensación
más fuerte que el miedo.
¿Qué es más fuerte que el miedo?
¿Quién es más fuerte que el miedo?

En Zakynthos cultivaba un jardín
de toronjil y albahaca en un cuadrado de luz.
Imaginaba los pensamiento del mar.
Me pasaba el día escribiéndoles mi carta
a los muertos y ellos
me contestaban de noche, en sueños.

 


                    Ⅰ
Ⅰ

 

Esperaron hasta que yo estuviera dormido
y entonces se levantaron,
agotados como nadadores, grises
entre los árboles vacíos.
En mi cabeza toda su vida parecía
concentrada en un único momento.
Mi madre inclinándose a recoger una bufanda.
Mi padre mirando el reloj.
Bella pasando las páginas de un libro.
Pero en las pesadillas la imagen
real no se mantenía,
todo se derretía. O me acordaba
del nombre de un compañero
pero no de su cara.

Al despertar, mi angustia era
específica: la posibilidad de que fuera
tan doloroso para ellos ser recordados
como lo era para mí el recordarlos;
que yo era el fantasma
de mis padres y de Bella,
que con mis llamadas les sobresaltaba
e interrumpía el sueño de sus camas negras.





En las págs. 26,32 y 33 del libro
"Piezas en fuga" de Anne Michaels






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Así es como se presenta la isla en el libro: 
"Zakynthos: Homero, Estrabón, Plinio la nombraron con afecto. Veinticinco millas de largo por doce de ancho, sus colinas más altas se elevan a mil quinientos pies sobre el nivel del mar. Un puerto en la ruta marítima entre Venecia y Constantinopla. Zakynthos fue la isla en la que nacieron nada menos que tres poetas bien amados -Foscolo, Kalvos y Solomos-, que escribió la letra del himno nacional a los veinticinco años". pág. 35
La elección de esta isla no es arbitraria. Zakynthos o Zante es un lugar paradisíaco que forma parte de las islas Jónicas, en el mar Egeo. En Israel se la conoce como la “Isla de los Justos”, debido a que fue el único lugar de Europa que estuvo ocupado por los nazis pero sus habitantes consiguieron salvar a todos y cada uno de los judíos de la ciudad, 275. El cura del pueblo los escondió en casas de familias cristianas a la vez que todos guardaban el secreto. Así permanecieron durante varios meses hasta que los nazis abandonaron la localidad, el 12 de Septiembre de 1944. Desde entonces, en Zante, conmemoran esa fecha cada año con una gran fiesta. En cambio hoy, en Palestina, Israel ha arrasado cualquier Zakynthos que pudiera haber para los palestinos.
El niño protagonista de la novela de Anne Michaels carga durante toda su vida con el recuerdo de la barbarie nazi y llega a obsesionarse con dar cuenta de ello. Leyendo el libro yo me pregunto: Si viviese hoy ¿qué pensaría del genocidio que Netanyahu y su gobierno están cometiendo en Gaza? 
Por la enorme humanidad que transmite el libro, estoy seguro que pensaría como muchos judíos de bien: 
"Todo el dolor, muerte y pesadillas que nos impuso la atrocidad de los nazis, ¿nos ha llevado a esto? Me niego a creerlo. Quisiera saber qué se ha podrido en nuestro corazón para, en sólo unas décadas, pasar de ser las víctimas de un genocidio a ser los verdugos sanguinarios de todo un pueblo. ¡Qué horror!"
En la página 171 del libro de Anne Michaels se refiere una parábola hebrea sobre un rabino que sufre el oprobio y los insultos de una aldea, cuyos habitantes, al darse cuenta de su error, se desviven solicitando su perdón. Pero el rabino permanece en silencio durante meses hasta que logra transmitir su enseñanza: "Nada borra un acto inmoral. Ni el perdón. Ni la confesión".