¡Guau, qué peliculón! ¡Tenemos a un Scorsese en ciernes en España!
Conocí a Albert Pintó por su anterior película, ´Tierra de nadie´ (2025), que valoré positivamente en este blog; y por eso esperaba una buena película de género criminal; pero lo que me he encontrado esta noche en la sala de cine ha superado ampliamente mis expectativas. La película es muy potente y saca provecho de una novela y un guión muy ambiciosos. Un thriller de los que te dejan sin respiración y con multitud de giros narrativos que trata del duelo, la corrupción y las terribles consecuencias de la violencia. El guión es de Juma Fodde y está basado en la novela de Carlos Augusto Casas, finalista del Premio Ciudad de Sta. Cruz de Tenerife de Novela Criminal en 2025.
En el prólogo vemos un enfrentamiento entre los Ultra Sur y los hooligans de un equipo inglés. La violencia es máxima, el choque entre radicales brutal. Parece una auténtica carga. Buscan sangre.
A continuación nos encontramos a Alejandro (Luis Zahera) trabajando en su pequeña panadería. Luego se encuentra con su mujer (Inma Cuesta) y los dos ya en casa bromean con su hija de 17 años. Una familia trabajadora y feliz. Pero la hija sale esa noche de discoteca y cuando va a tomar un taxi es atropellada violentamente. Un superdeportivo de alta gama y color dorado ha frenado unos metros más adelante; pero el tipo (Jose Manuel Poga) es muy turbio y encima acaba de esnifar un poco de mierda. Duda. Al fin y al cabo la chica está muerta y él no está dispuesto a que esto le joda la vida. Huye.
Como en muchas otras grandes películas, este hecho ínfimo va a tener unas consecuencias gigantescas y a determinar el futuro de mucha gente incluida la inspectora general de la Policía (Ana Wagener), una operación encubierta de la policía contra la mafia del narcotráfico y la lucha de poder en la banda del capo más peligroso de Madrid que acaba de salir de la cárcel, "el Yeti" (Jordi Mollá).
El coche es muy llamativo y hay testigos, pero la policía se muestra sospechosamente inoperante, de modo que Alejandro decide tomar las riendas del asunto. Ahora descubrimos que él es aquel fiero Ultra Sur que encabezó el asalto en el prólogo. Se redimió gracias a su mujer, pero la criminal muerte de su hija ha despertado sus peores instintos. Decidido a todo se reúne con sus viejos camaradas ultras. Uno es Salva (Roberto Álamo), que ha acabado siendo policía, y el otro es Joaquín (Luis Callejo), que no superó la exclusión social y ha acabado como un yonqui arrastrado. Los tres pintan canas y son esos "leones de invierno" del título que van a utilizar toda su fuerza y su ira para vengar a la niña. Lo que no saben es que se van a meter de lleno en una operación encubierta que afecta a la corrupción policial y al capo más peligroso de Madrid, el "Yeti".
Hay que decir que Madrid luce estupendamente como lugar corrupto a pesar de que los entornos mafiosos caigan en los clichés más habituales. Pero los clubs, esquinas y baldíos donde los criminales ajustan sus cuentas no tienen nada que envidiar a los de Londres o Nueva York. Sin percatarse, pero también sin importarle nada, Alejandro se irá adentrando en un avispero cada vez más complejo que no tendrá retorno.
Creo que son muy perezosos los que opinan que la película es una Venganza (con Liam Neeson) a la española. Yo creo que estos Leones... tienen más recorrido y son más complejos. Allí Neeson es un policía cualificado que se extralimita y se toma la justicia por su mano. Acción sin más. Aquí, además de eso, hay una reflexión sobre el duelo y la violencia. El padre es alguien rehabilitado que deja salir de nuevo a sus demonios porque cree que la violencia le resarcirá aunque, como le dice su mujer una noche, "la violencia solo engendra violencia".
Es muy apreciable que la película no sea maniquea. Tenemos a una pareja de neonazis que se han rehabilitado pero que la vida les vuelve a poner en la senda de la furia... y también hay un policía infiltrado que está dejando de ser blanco para pasarse a un gris tirando a rojo sangre. Por su parte las mujeres, frente a la reacción visceral de los hombres, representan la brújula moral de la historia. Tanto la mujer de Alejandro como la periodista que le ayuda (Irene Escolar) optan por buscar justicia a través de la prensa e interpelando a los políticos.
El guión es sólido y tiene una cierta sofisticación en cuanto al encubrimiento y la manipulación que ejercen unos y otros. También cuenta con un par de escenas de tensión máxima, como esa en la que el "Yeti" hace jugar a la ruleta rusa, con un revólver, al policía infiltrado para comprobar si él es "la rata".
La historia se presenta como un mapa desplegable en el que Alejandro irá enfrentándose a distintos estamentos criminales hasta llegar a su objetivo. Esta escalada ocupa gran parte del metraje y resulta de un violencia seca y realista. Aquí no hay persecuciones en coche, no hay interminables tiroteos. No hay espectáculo gratuito en la acción. Ni moraleja edulcorada. Esto es lo que somos parecen decir tanto Alejandro y sus compañeros como los policías y el mafioso. Incluso en un momento dado Alejandro llegar a decir "no hay nadie en el infierno, los culpables nunca pagan". Son tipos decididos, unidos por una amistad inquebrantable, que no temen meterse en la boca del lobo. "Somos la justicia" llegan a decir, abundando en esta época de descrédito de las instituciones.
Visualmente es impecable y juega con un curioso rasgo narrativo: cuando la presión es máxima sobre un personaje, la pantalla reduce su tamaño, como concentrándose justo en esa acción. En cuanto al propio relato me gusta el modo en que se establece la metáfora del león que sirve de hilo conductor hasta el giro final.
La banda sonora de Raül Refree aporta la energía y el nervio necesario para este thriller hiperviolento, contando además con un tema interpretado por el músico de moda, gracias a La bola negra, Guitarricadelafuente.
Una historia tan elaborada exigía un elenco coral de actores y hay que decir que todos aparecen entregados a la causa de hacerla creíble. No siendo estrellas de relumbrón, tanto Luis Zahera, como Roberto Álamo y Luis Callejo están a un altísimo nivel. Zahera, en concreto, añade a su ya conocida vertiente feroz una interpretación dramática muy ajustada. Menos brillantes están Mollá y Poga. El primero con su abrigo sobre los hombros y su interpelación constante al Cristo del Gran Poder me recordó un poco a Jose Sacristán en esa maravilla que es ´Toro´, de Kike Maíllo. Pero el personaje del "Yeti" está demasiado estereotipado. A Jose Manuel Poga le pasa un poco lo mismo. Interpreta a Bacoy, el atropellador de la niña y mano derecha del "Yeti". Es un tipo ambiguo, a caballo entre los problemas de conciencia y ese descenso a los infiernos que nos acabará mostrando su peor cara; pero a la postre resulta demasiado plano para esta sangrienta historia de venganza, poder y crimen organizado.
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Albert Pintó debutó con “Matar a Dios” (2017), a la que siguieron “Malasaña 32” (2020), “Nowhere” (2023) y “Tierra de nadie” (2025). Cuenta con el cortometraje “RIP” (2017), capítulos para las series “Sky Rojo” y “La casa de papel” en (2021) y las miniseries “Berlín y las joyas de París” (2023) y “Berlín y la dama del armiño” (2026).





















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