domingo, 12 de julio de 2026

MÚSICA NOCTURNA - de John Connolly



Para comenzar el verano nada mejor que un libro ligero, gustoso y un poco espeluznante. John Connolly es famoso por su serie de novelas en torno al detective Charlie Parker, donde mezcla magistralmente los géneros del misterio, el crimen y lo sobrenatural. Esa pulsión subyacente por el terror y lo fantasmal le lleva escribir cuentos de los que ya ha publicado dos colecciones, ´Nocturnos´ (2004) y esta ´Música nocturna´ que consta de una novela corta y poco más de media docena de relatos.

El libro es heterogéneo pero proporciona diversos placeres. Hay revisitaciones de temas clásicos como las lamias, el rey hueco o los exorcismos y los monstruos del bosque (´Rajahuesos´). Además un par de ellos tienen lugar en un pliegue del tiempo que provoca situaciones insólitas (´Los niños de la doctora Lyall´ y ´Una aparición´). Pero sobre todo hay una magnífica novela corta (´El atlas fracturado´) y dos largos relatos en torno a ´La Biblioteca Privada y Depósito de Libros Caxton´, cuyo misterio central es la magia de los libros como objetos capaces de expandir el universo... y eso siempre es un placer añadido.
"-¿Cómo? ¿cómo puede un libro reescribir el mundo?
-Mire a su alrededor, señor Soter. Los libros no dejan de cambiar el mundo. Si es cristiano, a usted lo habrá cambiado la Biblia, la palabra de Dios, o lo que quedó de ella después de que los hombres la tergiversaran. Si es musulmán, recurrirá al Corán; si es comunista, a Marx y a Engels. ¿No se da cuenta? Los libros están modificando continuamente el mundo."  
pág 276

Otro placer añadido es un pequeño ensayo -´Aquí vivo yo´- que cierra el libro, donde Connolly comparte con nosotros los libros que le inocularon el virus de lo fantasmagórico y el horror cuando era adolescente. Ahí encontramos recuerdos de esas antologías de terror que marcaron sus gustos juveniles y su pasión por Stephen King y M.R. James, además de mucha ironía y la experiencia que tuvo con una asistente a una de sus conferencias cuando le llevó a conocer una auténtica casa embrujada. También encuentro allí este párrafo con el que concluye su comentario sobre ´La cúpula´ de Stephen King, novela que constituye según Connolly "una clase magistral sobre tensión narrativa, y una descripción apasionante de una comunidad cerrada que va sucumbiendo gradualmente a la violencia y a la anarquía". Pero su admiración se resquebraja cuando ve que al final King decide revelar el origen de la cúpula, una revelación que ve pobre e innecesaria. 

"¿Por qué no suelo leer demasiadas novelas de literatura sobrenatural? sospecho que se debe a que el relato me parece el vehículo ideal para explorar lo sobrenatural. Un cuento de terror nos permite vislumbrar lo que hay detrás de la cortina, una pequeña pista de lo que se esconde entre las sombras, pero no tiene la obligación de proporcionar ninguna explicación, por lo que las consecuencias de lo que hemos visto son aún más perturbadoras. Por otra parte, si alguien escribe una novela que ronde las mil páginas, se verá obligado a ofrecer alguna explicación o conclusión. Lo malo es que, probablemente, la explicación será menos interesante que el misterio inicial."
Me llaman la atención dos características de estos cuentos. 
La primera es el modo en que Connolly siempre parte de situaciones muy cotidianas para tropezarse con la fantasía y el horror. Por ejemplo en ´La lamia´ una joven sufre una agresión sexual y el autor nos hace conocer su sufrimiento, la denuncia tras muchas dudas y el juicio que tiene que soportar... hasta toparse con que el agresor es absuelto. Esta situación la vemos constantemente en los periódicos. Carolyn está destrozada mientras el agresor campa a sus anchas. Pero un día la joven recibe una tarjeta con un escueto mensaje -"Puedo ayudarte"- y una dirección. Es entonces cuando el extraño mito de la Lamia empieza a corporeizarse. 

Por su parte, en ´La Biblioteca Privada y Depósito de Libros Caxton´, primero conoceremos al detalle la aburrida vida de un funcionario jubilado antes de que en su paseo diario se dé de bruces con una mujer que se lanza a las vías del tren. El Sr. Berger queda estupefacto y logra avisar a la policía... aunque nadie encuentra evidencia alguna del suceso. Pero una mañana nuestro jubilado se despierta con una sensación de déjà vu. La escena que presenció era idéntica a la del desenlace de Anna Karenina, así que persevera en sus paseos diarios hasta que el suceso ocurre de nuevo. Esta vez el Sr. Berger consigue impedirlo y, al huir la mujer, la sigue; lo que le permite descubrir la secreta y misteriosa Biblioteca Privada y Depósito de Libros Caxton. Todo un universo fantástico.


En ´Rajahuesos´ también ocupan una gran parte del relato las operaciones de contrabando de whisky que los socios Solomon y Dan Carrol realizan en plena época de la ley seca. Una caravana de automóviles está volviendo cargada desde Canadá cuando los sorprende una tormenta de nieve y quedan bloqueados en una granja. La situación se tensa mucho cuando un sicario enviado por Solomon les acusa de hurtos en las remesas... aunque la amenaza mayor se va a hacer presente desde los bosques que les rodean. Una leyenda antigua y olvidada que viene a exigir su óbolo.

Lo mismo ocurre con el grupo de ladronzuelos que entran a robar en la casa de una indefensa anciana, en ´Los niños de la Señora Lyall´. Se nos informa que son de baja estofa, que saquean casan en Londres con los bombardeos alemanes aún reciente y que con ello están haciendo méritos para ingresar en la banda principal de Londres, la de Billy Hill. Así los acompañamos finalmente al interior de la casa, sin saber que cada decisión es una encrucijada y que universos enteros (...y letales) se abren tras cada una de ellas, como demuestran los misteriosos trazos que aparecen dibujados por todas las paredes de las estancias.












 

"一Según una teoría 一explicó la doctora Lyall一, hay un número infinito de existencias posibles, y cada vez que tomamos una decisión, una de estas existencias posibles se hace realidad. Pero, asimismo, además de dicha existencia también pueden tener lugar todas las demás existencias posibles o probables. Es bastante más complejo, pero se lo explico de la forma más sencilla de que soy capaz.
一¿Porque piensa que soy estúpido? 一preguntó Felder sin rencor.
一No, porque ni yo misma estoy segura de entender todas las consecuencias.
Felder intentó seguir el dibujo que formaban las líneas de la pared.
一Entonces, ¿En cada una de estas bifurcaciones representa una decisión? 一preguntó Felder.
一Exacto.
一Es su vida 一dijo Felder con un dejo de asombro en la voz一. Todas estas líneas, bifurcaciones y callejones sin salida son decisiones que usted ha tomado. Las ha trazado como en un mapa, una por una.
一Así es.
一¿Por que?.
一Para comprender.
一Comprender qué?
一Dónde me equivoqué -respondió ella." pag. 140


La segunda característica, por supuesto, tiene que ver con la presencia central de los libros como objetos mágicos. Los dos relatos que surgen de ´La Biblioteca Privada y Depósito de Libros Caxton´ tienen un carácter dispar. El primero se centra en el misterio de su descubrimiento, mientras que el segundo se hace eco de la decisión de Conan Doyle de hacer morir a Sherlock Holmes en su aventura ´El problema final´. Este hecho histórico provocará un seísmo en el mecanismo de ´La Biblioteca Privada...´ que se resolverá mediante un ingenioso juego metaliterario. 

´El atlas fracturado´ por su parte es un relato terrorífico en torno a un libro maligno que parece hecho de carne y que siembra el caos y la muerte allí donde aparece. Los cinco fragmentos de que consta esta novela corta funcionan como relatos autónomos que incluso discurren en distintas épocas históricas, desde la época de la Reforma hasta nuestros días, pasando por el lodo pegajoso de las trincheras en la Primera Guerra Mundial. Esta construcción compleja de personajes e historias revela un ambicioso plan narrativo al que dota de continuidad  no sólo el jinn que acompaña al libro en cada una de sus apariciones; sino también un escenario bélico (la sangrienta batalla de High Wood a la que se remiten varios protagonistas) que según parece le proporciona sustento. Porque se trata de un libro palpitante y caliente, aunque no puede arder, "que se había mantenido oculto hasta la llegada del momento y el propietario perfecto". La ominosa presencia de este libro amenaza al universo entero tal y como se intuye en la apocalíptica visión final.
"-El título con el que el Señor Maulding conocía el libro, título que ya  había oído años atrás, era Atlas Regnorum Incognitorum, que solía traducirse como Atlas de los mundos ignotos, aunque también lo han llamado Atlas de las imposibilidades geográficas y Atlas fracturado. Se desconoce su autor, así como su origen. Aparece mencionado en otros textos, pero sin referencias específicas a su contenido. Es un libro del que sólo unos pocos tienen conocimiento, pero que nadie ha llegado a ver nunca.
-¿Y qué contiene?
-Mapas de otros mundos, al parecer. Mundos distintos al nuestro.
-¿Quiere decir planetas? ¿como Marte y demás?
-No, me refiero a ámbitos de existencia, universos que están más allá del nuestro."  
pág. 252
Grabado de Jim Fitzpatrick
Admiro la imaginación diáfana y la facilidad con que Connolly plantea y desarrolla sus historias, mezclando lo real y lo sobrenatural sin transiciones ni efectismos. Así ocurre en ´Una aparición´, en el que el protagonista penetra, sin darse cuenta, en un pliegue del tiempo. Acude a la misma habitación del mismo hotel en el que cada año acudió con su mujer para celebrar su aniversario. Pero esta vez está solo ya que su mujer ha muerto. En la habitación vivirá en presente una pesadilla que su mujer tuvo en el pasado. 

También sin solución de continuidad el narrador nos muestra un cuadro sobre la disección de un cadáver, en ´Sobre La anatomización de un hombre desconocido (1637), de Frans Mier´; para, seguidamente, dirigir nuestra mirada hacia ciertos detalles que nos acabarán revelando su siniestro significado, una historia de venganza y engaño.  
Gozoso.

domingo, 5 de julio de 2026

DEPARTAMENTO Q - creada por Scott Frank y Chandni Lakhani

2025


La serie comienza con una escena impactante que marcará al detective Carl Morck (Matthew Goode) para el resto de su vida. En ella se ve inmerso en un tiroteo en el que su compañero queda gravemente herido y él al borde de la muerte. Cuatro meses después vuelve al trabajo consumido por la culpa y más sombrío que nunca. Se encabezonó en acudir a una escena del crimen donde no debían estar y ahora su compañero yace paralítico y todo está patas arriba. 

Si ya antes era un tipo indómito y huraño ahora está echado a perder, por lo que su jefa le obliga a mantener sesiones con una psicóloga mientras lo relega a un destino de perfil bajo, el nuevo Departamento Q: una sección recién creada para revisar casos sin resolver. En realidad le están utilizando para una campaña de marketing que pretende esconder la inoperancia de la policía. Morck va a estar solo y sus dependencias van a ser el sótano donde se guardan los tratos viejos. Por no tener no tiene ni mesa ni ordenador. Su jefa no quiere que olvide que se trata de una penitencia. 




Pero esta situación excepcional de no estar en primera línea y poder elegir entre docenas de casos que están cogiendo polvo, hace posible que en torno a él se aglutine una auténtica banda de inadaptados: primero se le suma una detective novata pero muy perspicaz, Rose (Leah Byrne), que había sido relegada a trabajo burocrático tras un primer año que le produjo una crisis mental. Luego llegará un detective de origen sirio y experto en informática, Akram Salim (Alexej Mavelov). Todos ellos buscan la redención y una oportunidad de demostrar su valía. 

El primer caso que eligen es la desaparición de Merrit Lingard (Chloe Pirrie), una fiscal que desapareció años atrás bajo extrañas circunstancias. La investigación llegó a un callejón sin salida puesto que la última vez que fue vista viajaba en un ferry y mantenía una discusión con su hermano William (Tom Bulpett). Éste es discapacitado y se sospecha que con el calentón la empujó por la borda, aunque él lo niega. No hay ninguna prueba más, ni tan siquiera el cadáver. 



El Departamento Q se basa en una serie de novelas del escritor danés Jussi Adler-Olsen que ya han tenido 6 adaptaciones al cine. Las películas se dejan ver gracias a la intriga de los casos pero pecan de rutinarias. La serie intenta aprovechar mejor el potencial de las novelas y lo consigue. El cambio más notorio es con respecto al dibujo del protagonista, aquí más complejo emocionalmente y abismado en la culpa y el deseo de redención. Matthew Goode refleja muy bien las contradicciones y costurones que le ha ido dejando la vida. Además este antihéroe nos regala unos diálogos brillantes y mordaces. 

El tipo acostumbra a seguir sus propias normas y es sarcástico y sombrío; pero muestra agudeza en las deducciones y es leal con sus amigos. Sus intercambios con el compañero postrado en el hospital (Jamie Sives) son muy jugosos y ayudan al avance la investigación. Lo mismo ocurre con su psiquiatra (estupenda Kelly Macdonald, como siempre) con la que mantiene un duelo psicológico tenaz; primero desprecia su ayuda para posteriormente dejarla entrar en su intimidad. Este es otro de los aciertos de la serie, una batería de secundarios amplia y con relieve que sirve de contrapunto a Morck cuando desbarra. El otro cambio significativo es trasladar la acción del país nórdico a Edimburgo. La humosa capital escocesa siempre es una buena elección y más si el protagonista es un engreído y chulesco inglés autoexiliado en Escocia. 


Esta primera temporada (ya está en marcha una segunda) se basa en la primera novela publicada de la serie, «La mujer que arañaba las paredes», de 2007. Scott Frank es el mejor valedor de esta serie, creador, director y productor de dos series tan extraordinarias como Godless y Gambito de dama; en Dept. Q pone a la misma altura que la investigación criminal los problemas de este grupo de personajes aparentemente incompatibles. Desde el principio quiso que el protagonista marcase el tono de la serie, por eso escribió el personaje pensando ya en Matthew Goode, un actor capaz de sostener las contradicciones de Carl Morck, engreído y antipático pero brillante y lo bastante vulnerable como para darle otra oportunidad. 







👉___________________________________________


Jussi Adler-Olsen es hijo de un eminente psiquiatra, por lo que aprendió pronto que el alma humana es muy compleja. Estudió Medicina, Ciencias Sociales y Cine, abrió una tienda de cómics, compuso música para bandas sonoras, y hasta fundó una editorial.
Poco después de entregar su última novela, 'Siete metros cuadrados', décimo título del Departamento Q, acabó en el hospital con un diagnóstico terminal: cáncer de médula ósea.
Esto le ha llevado a ceder las riendas de la saga a las escritoras Line Holm y Stine Bolther. Entre los tres han completado la que será la novela número once del Departamento Q, "Las almas muertas no cantan", de próxima aparición. Con cierto humor negro comentó en una entrevista: "Sabía que varios editores en el extranjero carecerían de ingresos significativos si no me iban a tener a mí. Simplemente, no podía permitirlo".

jueves, 2 de julio de 2026

NOVELA de AJEDREZ - de Stefan Zweig


El campeón del mundo de ajedrez, Mirco Czentovic, viaja en un trasatlántico desde Nueva York a Buenos Aires. A bordo tendrá la oportunidad de enfrentarse a un extraño jugador que esconde un secreto.

El campeón húngaro Czentovic es un hombre zafio, ignorante y prepotente sin otra capacidad que su genio para el ajedrez. Durante el viaje se dedica a humillar a los pasajeros que se atreven a retarlo pagando sumas desorbitadas. Pero en una de las partidas un espectador apunta una jugada magistral que acorrala al campeón provocando el empate. Se trata del enigmático Dr. B. ante el cual el rudo y asombrado Czentovic pide la revancha. El encuentro se programa para el día siguiente y en esa noche previa tendremos ocasión de conocer la historia del misterioso Dr. B, un abogado vienés forzado al exilio por la funesta amenaza de la Gestapo. Fue apresado por los nazis y sometido a un largo e inhumano cautiverio en el que su mente fue sometida a la tortura psicológica del aislamiento más absoluto. Sobrevivió al encierro gracias a la reiterativa práctica del ajedrez; pero el remedio se convirtió en una obsesión que le hizo asomarse al abismo. Su mente se hundía bajo la mirada ciega de las fichas blancas y negras. Mantener la cordura ante tanta opresión constituyó todo un desafío.




Esta novela corta posee una intensidad inusitada. La intrigante vida del Dr. B, la presencia amenazante de las SS, el clima de sospecha y aislamiento retratan con viveza unos tiempos oscuros y trágicos. La liza entre el arrogante Czentovic y el Dr. B. no es un simple enfrentamiento deportivo; con habilidad Zweig nos va descubriendo las distintas capas de intriga y misterio que elevan esta confrontación a una dimensión casi filosófica. 

La historia es narrada en primera persona por un testigo casual que presencia el duelo y nos permite acceder a los rincones más íntimos de estos fieros jugadores. Pronto nos damos cuenta de que allí se enfrentan dos caracteres antagónicos, uno fuerte y dominador; otro frágil, pero apasionado y talentoso. Cada uno porta su propia historia e idiosincrasia sobre ese tablero de fichas blancas y negras que simboliza, como nunca, el infinito combate que libran el bien y el mal. En este contexto Czentovicz simboliza el nazismo mientras que el Dr. B. representa el humanismo europeo socavado, la dignidad humana y la resiliencia ante la tiranía. 


Un combate idéntico al que se enfrentaba el propio Stefan Zweig en el momento de su vida en que escribió esta historia; angustiado por el acoso de la barbarie nazi que le llevó primero a exiliarse en Brasil y poco después a suicidarse. Acorralado en un rincón del tablero no encontró más jugada que una muerte digna.

Novela de ajedrez es una obra póstuma, la última novela escrita por Stefan Zweig antes de suicidarse en 1942, junto a su segunda esposa. Se trata de un relato crudo y desesperado que dramatiza la desesperación en la que el autor vivió durante las últimas semanas de su vida. Todo el mundo entendió la obra como un grito de angustia y resistencia ante la barbarie del nazismo y un alegato contra cualquier clase de totalitarismo. Pero esta idea de fondo la supo vestir el autor con grandes dosis de intriga y sabiduría literaria. El  «juego de reyes» se convierte aquí en protagonista de una intensísima trama dotada de pasión y emoción.


Esta nueva edición de Hermida Editores es valiosa porque se basa en el texto original que Stefan Zweig envió a sus editores dos días antes de morir. Zweig era muy pulcro con sus textos, los repasaba concienzudamente porque no soportaba las erratas. El volumen contiene además un largo e interesantísimo epílogo a cargo del traductor, Luis Fernando Moreno Claros. En él no sólo nos informa de la génesis de esta novela sino también de la vida e ideas políticas de Stefan Zweig, puesto que ambas están entrelazadas. Moreno Claros ratifica que «´Novela de ajedrez´ se presta a multitud de lecturas y reflexiones, como buen ´clásico moderno´. Con el paso de los años se ha convertido en uno de esos relatos imprescindibles que da voz a las personas tenaces que tienen la fuerza de resistirse a cualquier tiranía que amenace con anular lo más hermoso que poseen: su individualidad».


Es fácil trasladar el vértigo y la angustia que atenazaban a Zweig, ante el derrumbe de la Europa civilizada y culta por el avance nazi, al tiempo actual en el que reviven los excluyentes nacionalismos y la xenofobia y se recurre a la guerra con pasmosa indiferencia. En una de sus últimas cartas, escrita en enero de 1942 desde Petrópolis (Brasil), Zweig se preguntaba cómo podía seguir siendo libre, cómo podía mantener la claridad mental en una época descorazonada y fanatizada. Moreno Claros pone esa pregunta en el frontis de su epílogo porque la sabe muy actual: «¿cómo ser libre, cómo elaborar y mantener un criterio, cómo no despeñarse en el juego de los extremos?» 

sábado, 20 de junio de 2026

BACKROOMS - Kane Parsons

EEUU,2026



Un arquitecto frustrado, dueño de una tienda de muebles de ocasión, descubre en su sótano una puerta a otra dimensión. Ante él se abre un gigantesco laberinto de espacios desiertos y extraños. Innumerables oficinas, pasillos y habitaciones se replican por doquier de forma aleatoria, siempre vacíos, siempre perfectamente iluminados y pintados de amarillo. Los espacios se multiplican y enlazan inexorablemente hasta constituir una verdadera madriguera sin fin que amenaza primero tu cordura hasta llevarte a las puertas del terror.

En una entrada reciente, correspondiente a la película Exit 8, ya hablé de este tipo de espacios denominados liminares; lugares cotidianos que se convierten en algo muy inquietante al mostrarse abandonados y propagarse como una infección o un pensamiento obsesivo que te arrastra hacia un precipicio.
Esa ambientación está muy conseguida.



Los pasillos y locales amarillos y vacíos desembocan en nuevos pasillos y locales amarillos y vacíos de forma incesante hasta convertirse en un laberinto perturbador y angustioso. Siempre puedes seguir avanzando, pero nunca llegas a ninguna parte. Atrapado allí cualquier ruido supone una amenaza y cada nuevo umbral se acaba convirtiendo en las fauces de la desesperación.

A veces hay muebles amontonados en el centro o sillas sueltas por los rincones, como si alguien hubiese huido con urgencia... pero también hay sillones, muebles y zapatos medio hundidos en el suelo como si éste hubiese sido líquido y de pronto se hubiese solidificado. Hay puertas situadas horizontalmente y escalinatas que suben hasta una mínima puerta que está situada ¡en el techo!. 
Todo esto es lo mejor de la función. 
Los espacios son delirantes y van desgranando sorpresas de todo tipo hasta hacernos sospechar que el protagonista allí ¡no está solo!.





Pero poco más tiene esta película que intenta anclar la existencia de estos espacios amenazantes a los traumas de sus dos protagonistas, el dueño del emporio del mueble barato (Chiwetel Ejiofor) y su psicóloga, que acaba entrando al laberinto amarillo en su búsqueda. Él es un arquitecto frustrado que tiene que ganarse la vida en ese antro, un negocio de cuarta categoría que intenta mantener a flote. Para remate, esa vida desgastada ha recibido el tiro de gracia a cuenta de su fracaso matrimonial. De ahí que acuda a una terapeuta.

Tengo que reconocer que la escena en que conocemos este fracaso, en plena terapia con su psicóloga (Rena Reinsve), tiene una fuerte carga dramática y se beneficia de una muy sólida interpretación de sus protagonistas. La terapeuta le pide realizar un rol playing sobre esa noche nefasta en la que él llega ebrio a casa, despierta a su mujer e inician una bronca en la que acaban echándose los trastos a la cabeza. La escena es muy convincente y posteriormente se replicará en esa otra dimensión repetitiva y obsesiva.

Por su parte la psicóloga también rememora una infancia terrible, sometida a una madre neurótica que la obliga a estar encerrada en casa por pavor a todo lo de fuera: Ni te asomes, le dice. ¡Ahí fuera está todo lleno de ellos!. Incluso tiene las ventanas cegadas con periódicos.






La película intenta relacionar los problemas mentales de ambos con la aparición de estas backrooms y eso acaba arrastrando el espectáculo -que empezaba a volar- hasta el mismísimo suelo. Después incluso aparecerán los técnicos de una misteriosa corporación que, en secreto, está explorando esta nueva dimensión. Una acumulación de asuntos mal relacionados que hacen que la película definitivamente pierda el foco y deje de avanzar. 

Todo esto creo que es por el origen de la historia, un videojuego que amplía y amplía el mapa digital de habitaciones sin mayor pretensión que crear expectativa y saltar a la siguiente pantalla. El director es Kane Parsons, un youtuber veinteañero que ya dirigió un cortometraje web que colgó en Youtube. La introducción de la película reproduce -con mayor calidad- ese cortometraje que sigue los cánones del metraje encontrado (found footage). Pero la película es acumulativa y balbuciente y no explora todas las posibilidades de este universo virtual tan sugerente. 



El fenómeno es muy reciente y nació cuando una serie de imágenes misteriosas se viralizaron en las redes. En este artículo de la CNN nos cuentan que 
"la “backroom” original se publicó el 12 de mayo del 2019, en la sección paranormal /x/ de la red social 4chan, en la que un usuario anónimo pedía a otros que compartieran imágenes inquietantes o que se sientan ´fuera de lugar´. La imagen que encabezaba ese post era la de una oficina en los Países Bajos, con una gran habitación alfombrada, paredes amarillas y lámparas fluorescentes."

Un usuario que compartió otra imagen en ese foro, añadió una descripción que ha quedado como la definición de la backroom
“Si no tienes cuidado y te sales de la realidad en el área incorrecta, puedes terminar en las Backrooms, donde no hay nada más que el hedor de la vieja y húmeda alfombra, la locura del amarillo monocromático, el infinito ruido de fondo de las luces fluorescentes a su máximo zumbido, y aproximadamente seiscientos millones de millas cuadradas de habitaciones vacías segmentadas aleatoriamente en las que vas a estar atrapado. Dios te salve si escuchas algo moviéndose cerca, porque, sin duda, te ha escuchado”.

 



A partir de aquí puedes pensar lo que quieras en cuanto a lo que las backrooms representan. La película apunta a que entrañan un cierto grado de conciencia y se alimentan de la consciencia, frustraciones y miedos de quienes caen en ellas. De ahí que la figura del pirata Capitán Clark -imagen de la tienda de muebles- aceche por los pasillos. Pero estos espacios también pueden representar la realidad caótica y arbitraria en la que se sienten atrapados nuestros jóvenes o el anhelo de aventura virtual al que les gustaría lanzarse para huir de esa misma realidad que los aliena.

La palabra liminal viene del latín limen, al que la Real Academia de la Lengua asigna dos acepciones. "Umbral", parte inferior de una entrada y también "Paso primero o entrada al conocimiento de una materia".

Aquí puedes ver el corto original.



miércoles, 10 de junio de 2026

LA JAULA BLANCA de TÚNEZ EN FORMA DE PAGODA - de Mirolad Pavic

Serie Narraciones Extraordinarias








os pensamientos humanos son como cuartos. Entre ellos hay salas lujosas y cuartuchos saturados. Los hay soleados y sombríos. Algunos dan al río y al cielo, otros al traspatio o al sótano. Las palabras en ellos semejan cosas y pueden ser cambiadas de un cuarto a otro. Los pensamientos dentro de nosotros en realidad, esas habitaciones en nuestro interior, agrupadas en palacios o cuarteles, pueden ser moradas de otros donde uno resulta ser sólo un inquilino. A veces, sobre todo de noche, encontramos que las salidas de esos aposentos están cerradas con llave y no podemos abandonarlos. Estamos encerrados como en un calabozo hasta que nuestros sueños nos liberan y nos dejan salir. Pero los sueños son como los invitados de una boda, hay que esperarlos. Mientras tanto, reina el insomnio. Dicen que existen dos insomnios, como dos hermanas. El de antes de dormirse y el otro, después de despertar en plena noche. El primero es madre de la mentira, el otro es madre de la verdad.

     Desde que vivo solo el insomnio me atormenta cada vez más a menudo y yo lo resisto con un método que desarrollé con mucho afán. Todo ocurre en la cama y en mi mente. Y todo, de alguna manera, está relacionado con mi profesión de experto en decoración de interiores. Primero selecciono una casa en la ciudad que mejor me sirva para estos propósitos. Alguna construida con paja de avena que impide que las energías maléficas del inframundo suban hasta los aposentos. Al ubicar una casa con esas características empiezo a amueblarla y a arreglarla cada noche en mi mente. A llenarla de muebles de mi invención. Pero yo no arreglo esa casa motivado sólo por el deseo de que luzca bien. Yo la estoy acondicionando para una persona en particular. Para JM. Y exclusivamente para las necesidades de esa persona. 
     Todo empezó así.
     Durante mis paseos por las tardes escogí un pequeño palacio e indagué todo lo que podía sobre su origen. Está en el mismo principio de la calle Kraljevića Marka que sube curvada desde el muelle del Sava hacia Zeleni Venac rompiendo el viento. Su fachada está llena de bonitas ventanas divididas en cruz que hoy en día ya no se hacen. Está erigido sobre la base de un “nueve vivo” cuya forma no encierra el cero como la mayoría de los demás números nueve. El edificio se conoce como “La casa de Lika 
Ćelović”. Fue construido en 1903 según los planos del ingeniero Miloć Savćić en el estilo neorrenacentista con elementos del neobarroco, a juzgar por los manuales de G. Gordic y B. Vujović. Es una “construcción angular con fines residenciales y comerciales con sótano, planta baja, dos pisos y el desván. A la fachada principal le dan especial vivacidad unas aberturas grandes en la planta baja donde hay algunas tiendas y los sólidos tímpanos arriba de las ventanas del primer piso. El edificio termina con una cornisa de techo, rematada con vigas voladizas, arriba de la cual se elevan el ático revocado y las clásicas ventanas de mansarda…”. Encima de la entrada está el escudo con letras L.C.T. entrelazadas y una placa que dice que fue donado a la universidad de Belgrado. Su dueño, el famoso comerciante belgradense, Luka Ćelović (1854-1929), por muchos años presidente de la cooperativa de Belgrado, tenía su sede comercial en el edificio vecino, una belleza que daba a la plaza antaño conocida como el “pequeño mercado”. Su busto de bronce está no lejos de ahí, en la esquina de un edificio de varios pisos en la calle Karadjordjeva. Mira hacia el suroeste, hacia Trabinje, desde donde Luka había llegado a Belgrado en 1872 para comprar tierras y levantar algunas de las casas más hermosas del puerto. Fue uno de los fundadores del movimiento chetnik-komita¹ en Serbia, creador de la bolsa de Belgrado y benefactor de instituciones científicas. De él dicen que por el chirrido de las plumas podía adivinar lo que sus contadores escribían.
     Durante mis insomnios, en vez de contar cuántas veces en la vida compré zapatos bonitos que no me quedaban bien, decidí poblar y amueblar la casa de Luka Ćelović. Sabía que esta casa le gustaba a JM y eso fue decisivo para mi elección. JM tenía un profundo sentido de “zonas” con energía positiva, como de otras también. La parte entre la Catedral y el río Sava era para ella una “zona” indiscutiblemente preciosa. Allí, en la cuesta que baja al Sava el invierno huele a otoño y la primavera a invierno, y JM consideraba que al entrar en esa “zona” empezaba a llevar su verdadero nombre. Apenas salía de dicha “zona” se llamaba de otra manera, era otra persona. Es decir, la elección cayó sobre la casa familiar de Luka Ćelović que estaba en esa “zona”.
     Al entrar en ese edificio en mi memoria susurré como un embrujo en cada una de sus habitaciones una de las diecisiete letras del nombre de JM.
     Ahora puedo decir que en aquel entonces ya tenía bien avanzados ciertos preparativos de particular índole. Durante el tiempo en que pude observar a JM a diario notaba los movimientos de sus brazos y sus manos delicadas, su manera de andar y peinarse, la postura del cuello y de los hermosos hombros y muslos, el movimiento de sus pechos al sentarse, los giros del cuerpo, el papel de sus piernas ovilladas en el sillón o corriendo, la vuelta de su cabeza detenida al oír, mucho antes que nosotros, el rugido del avión que traía las bombas… Luego compuse un pequeño “diccionario de movimientos” de JM. Para cada uno de ellos establecí un signo. Fue particularmente difícil crear signos para sus irrepetibles pasos de danza. Siempre bailaba sola, ni siquiera conmigo bailaba jamás, pero esa danza era lo más hermoso en ella. En mi diccionario había signos parecidos a los usados por expertos rusos de ballet de principios del siglo pasado, como Nizhinski por ejemplo, para marcar sus partituras. Los puse en el diccionario para una fácil localización. Era como un catálogo de movimientos; como un alfabeto secreto. Algo semejante al teclado de la computadora desde el cual se controlan saltos, carreras, nado o giros de héroes de videojuegos para adultos que JM y yo solíamos llamar “novelas sin palabras”. Para provocar dichas actividades inventaba distintos tipos de muebles, porque cada pieza de mensaje preveía otro movimiento de JM: abrir una puerta, sacar un cajón, bajar la tabla del escritorio. Así provisto empecé a amueblar la casa de manera que mejor satisfaría los gustos y la naturaleza de los movimientos de JM, decidido a invocar de ese modo, al menos en la mente, todas mis reservas de sus actividades, vueltas, entradas, subidas por la escalera y salidas…
     En mis operaciones nocturnas no quise cambiar la fachada de la casa. Sólo le lavé la cara con pinturas, con colores del vino blanco Bermet y de un azulado vino espumoso de Italia. Al revisar el interior de la casa de Luka Ćelović durante mi siguiente insomnio decidí remodelar la escalera. Recordé la manera de caminar de JM y un ademán en la escalera barroca bifurcada del Palacio de Ausperg en Viena; el de su mano que quiso apoyarse en el lujoso barandal metálico y luego desistió. También recuerdo que al bajar desvió su paso sobre el borde redondeado del último peldaño. Además, recordé que el palacio vecino de la Cooperativa de Belgrado también tenía una escalera bifurcada, así que enseguida proyecté otra igual en la casa de Luka Ćelović. Una noche demolí en la mente las dos tiendas a los lados de la entrada y obtuve el espacio para llegar con la escalera bifurcada justo a la ventana en el centro del primer piso y de ahí más arriba, lo cual ya resultaba mucho más fácil. La nueva escalera era de piedra con el barandal de hierro forjado y el pasamanos de madera de roble para que el frío no ahuyentara la mano como en Viena. En la cama, mientras inhalaba el aire, con claridad veía en mi mente esa nueva escalera en la casa de Luka Ćelović, pero al exhalarlo la escalera desaparecía.

Escalinata del palacio de la Cooperativa de Belgrado


     En los escaparates de las tiendas demolidas coloqué vitrales que representaban dos sueños de JM que una vez me había contado. Uno de ellos, en el escaparate a la izquierda de la entrada, era un sueño sobre las nubes:
     “Nubes inmóviles y espesas como musgo ocultan el cielo. 
―¡Son verdes como el moho!― dice alguien cerca. La gente yace sobre el pasto de los lugares de recreo boca arriba o, sumida en los asientos de los cabriolés, observa esas nubes juntándose alrededor de los árboles más altos. En las grandes ciudades se ve ese musgo adherido a las cimas de los rascacielos rodeando como un caparazón todo el planeta. A veces esos compactos tapetes muertos de lama celeste se rompen y todo el musgoso firmamento se agita en esa parte y se inclina de manera que la gente empieza a marearse. Los aviones ya no despegan…”. 
     Durante uno de mis siguientes desvelos coloqué en la parte trasera del edificio de Luka Ćelović los cuartos auxiliares, las cocinas de verano y de invierno y dos baños, uno grande y otro pequeño. Convertí la mansarda con tres ventanas en un jardín botánico. Allí JM podría desayunar y fumar sus cigarrillos, todos de colores diferentes.
     Al acabar así la obra negra empecé a arreglar el interior. No hay que pensar que, por ocurrir todo de noche, en la cama y en la mente, yo no aplicaba los métodos necesarios y usuales de mi profesión. Ordené los picaportes y cerraduras del maestro Lunich, cuyo taller estaba cerca de Kalemegdan. De él ordeno todo el latón cuando trabajo en edificios reales. Pero aquí los pedidos eran especiales. Ni siquiera dos picaportes debían ser iguales. La razón era simple. Cada uno de los picaportes induciría un ademán diferente en los largos dedos de JM. Cuando los trajeron y distribuyeron los revisé con deleite. Uno tenía la forma de pájaro que estaría en la mano de JM cada vez que abriera la puerta de la sala de baile en el piso superior, otro era como el mango de un arco de violín, el tercero como un abanico chino. Había picaportes que llevaban manzanas de vidrio y botas de mármol o picaportes hechos de cuernos del chivo montés, y en el dormitorio de JM se encontró un picaporte de madera de abeto que olía eternamente a bosques cubiertos de nieve. El picaporte de entrada se parecía a un pequeño revólver de dama del siglo XVIII. La puerta se abría apretando el gatillo. Si se juntaran todos los ademanes necesarios para usar estos picaportes se obtendría una cincuentena de compases de la danza basada en la melodía favorita de JM, Ausencia...
    Desde luego que a veces me iba a observar la casa de Luka Ćelović de día y desde afuera. Estaba deteriorada y se veía mucho peor que en mis fantasías. Las cuatro tiendas en la planta baja tenían sus escaparates polvorientos y en un rincón del portón un anciano con sombrero remendado fumaba su pipa. La boquilla apestaba a cuernos de cabra húmedos y las orejas del viejo mostraban la espuma rancia del rasurado. Todo era sumamente decepcionante.
     Por eso de noche, en la oscuridad, me empeñaba aún más en amueblar cada parte de esa casa. Le encargué al hojalatero Lunich que vaciara en bronce cincuenta pares de labios, los masculinos con bigote y los femeninos cubiertos de lápiz labial, y distribuí esos labios metálicos por las paredes de los cuartos en vez de ceniceros. Conectados con los tubos aspiradores del edificio, succionaban ansiosamente la ceniza y las colillas de los cigarrillos que JM fumaba y tiraba por toda la casa. Derribé las paredes del segundo piso y obtuve un “cuarto de música” espacioso, en realidad una sala de baile con tres ventanas que daban al antiguo “pequeño mercado”. JM podría liberar allí su incontenible energía para el baile en la estampida musical de Claro de luna. Para ese propósito se colocó un parqué nuevo en forma del laberinto de Chartres, que JM recordaba consagrado.


     Situé el baño grande en el segundo piso con vista al patio. Un picaporte en forma de narguile llevaba a un gran espacio rectangular casi completamente vacío. El techo estaba iluminado como si encima del baño hubiera un cielo medio nublado. Al pisar las losetas de un negro pálido y violeta se notaba al fondo una cama de vidrio adornada con un cojín rojo a prueba de agua. Presionando el botón regulador de la densidad y la inclinación del agua empezaba a llover en el baño. De ese modo JM podrá dormir bajo una lluvia cálida en la cama de vidrio o, lo que le gustará sobremanera, poner la música y con los sonidos de Camino jázaro bailar bajo un chubasco. Aún recuerdo los movimientos laterales de sus hombros que parecían salir de las pinturas de mujeres egipcias de tumbas faraónicas, siempre retratadas de lado, de perfil. La ventana del baño es un semicilindro de cristal de tamaño humano y al entrar en él uno parece haber entrado en un poste de anuncios callejeros. Sobre su cristal lechoso se reprodujo una enorme ampliación de una foto del pequeño hijo de JM. De pie, está bebiendo una coca cola con un popote.
     Del techo de su estudio en el primer piso colgué una cadena con la mecedora de mimbre cuyo asiento era una auténtica silla de montar con estribos y perilla, a la que JM podrá aferrarse mientras descansa en este columpio su cuello y espalda del trabajo en la computadora. Una pared era el monitor de su computadora. Podrá ver y sentir a su heroína favorita, Lara Croft, en su tamaño natural. En las alforjas le dejé como regalo la libreta electrónica que cargué con todas las obras publicadas de JM y una pequeña biblioteca de sus libros favoritos. Sobre la pared colgué una pequeña vitrina forrada de terciopelo en el que descansaba un lápiz escolar de JM.
     La cocina grande está orientada de tal manera que las sombras de pájaros, en verano, vuelan a través de ella, y en invierno las sombras de copos de nieve caen sobre el piso. La luz brilla por las falsas ventanas con mapas de vidrio de Cornwall y Egipto, las regiones favoritas de JM. En la pared está un lienzo de tela rústica con un bordado de dos bellas campesinas junto a la estufa con una olla. La inscripción en el lienzo registra sus palabras con hilo rojo:
   ―¡Come, comadre, mientras está caliente!
   
―¡Comí queso antes de comer y no tengo hambre!
     En el rincón junto a un sillón coloqué la jaula blanca de Túnez en forma de pagoda. En ella duerme Constantina, la gata rayada parecida a aquella que JM encontró y amó en Grecia afirmando que Constantina en vez de soñar sus propios sueños soñaba los míos. JM jamás cocinaba platos cuya preparación durará más que el tiempo necesario par escuchar dos veces la canción Los noventa.
     Sin embargo, dada la rapidez de JM eso significaría una hora u hora y media en el caso de otra persona. En broma decía que vivía tan rápidamente que en unos años sería mayor que yo, que podría ser su padre. En realidad, cuando cocinaba seguía una extraña sabiduría considerando que la preparación de una comida no debe durar más que el tiempo necesario para comerla.
     El baño pequeño tenía un jacuzzi triangular y en la cabina un botiquín de vidrio con un vaso de cristal y una botella de amaro Ramazzotti. Se podía alcanzar sin levantarse del jacuzzi con ese ademán alcanza todo de su mano que JM usaba en la cama. En medio de ese pequeño baño está una silla de manos medieval para mujeres. Al levantar el cojín de su sillón aparece el asiento de marfil con el ovalado orificio y su tapa. Debajo de éste, un cubo vacío de mármol baja hacia el subterráneo. Allí, en el fondo, corre el agua del drenaje…
     La alcoba de JM estaba en el segundo piso junto al baño grande. Al lado de ella construí un pequeño cuarto para la ropa y el calzado. A JM le quedaban bien tanto las prendas y sombreros femeninos como los masculinos. Usaba con el mismo placer los suyos y los míos. Sus zapatos permanecían como nuevos por décadas. Por eso llené el vestidor con la ropa de ambos. Pero, ahí mi trabajo se detuvo…

     Aparte de un sofá azul que puse enseguida entre dos ventanas y un espejo extraño con un pequeño agujero en una esquina, no lograba emprender en mis insomnios el arreglo del dormitorio de JM. Después de todo, era de esperarse. Porque allí estaba el puto clave. Yo no emprendía todas esas labores reflexivas sobre la decoración interior de esa casa sólo para apagar mis insomnios. Tenía otra razón más importante: anhelaba invocar a JM para que estuviera en mi vida de nuevo. Aunque fuera de esa manera absurda e insensata, establecía en mi recuerdo todo el repertorio de sus movimientos desde que entraba a la casa hasta que se iba a acostar. Los objetos distribuidos en esa casa formaban en mi mente y en mi memoria una película sobre sus movimientos. Ella era rápida, más rápida que cualquiera que yo conociera. Sabía ver, tender la mano o lanzar una palabra como un tiragomas antes que nadie. Tan rápida como era, pensaba, tal vez sentirá ese tejido espeso de sus movimientos en mi imaginación y reaccionará antes que sea tarde. Tal vez vendrá a ver en la realidad la casa en el “pequeño mercado” habitada por su paso y su danza a través de mis insomnios.


*
     

     Por supuesto que tales esperanzas se disipaban cada mañana en la gris cotidianeidad. Bastaba ver el cielo con unos cuantos pájaros sucios y las nubes que se derretían. Una mañana de esas encontré en mi oficina con la solicitud de un proveedor para que me reportara. No pude hacerlo enseguida, pero uno o dos días después me llamó una voz masculina, se presentó y me propuso que interviniera en el arreglo de un edificio residencial. Demostró que sabía de varios interiores que yo había ideado en algunas casa belgradenses, así que acepté. Entonces me dio la dirección y casi me desmayé. La casa donde habría de trabajar era la de Kraljevića Marka número 1.
     ―Tal vez se acuerda de ese edificio 
―agregó la voz― se conoce como la “casa familiar de Luka Ćelović”. Algunas partes no están arregladas, por eso lo llamo de parte de mi cliente.
     En ese mismo instante, sin esperar el día de la cita con el cliente, corrí hacia allá como enajenado. Desde lejos noté los cambios en la casa de Luka Ćelović. La fachada estaba pintada decolores del Bermet blanco y del azulado vino espumoso italiano. Los dos escaparates de las tiendas a cada lado tenían vitrales nuevos. El izquierdo mostraba un paisaje con nubes extrañas. Era una pintura sobre el vidrio. Las nubes espesas como musgo, verdes e inmóviles, ocultaban el cielo. En esa pintura de cristal la gente yacía en el pasto de los lugares de recreo boca arriba o, sumida en los asientos de los cabriolés, observaba esas nubes juntándose alrededor de los árboles más altos…
     Con asombro agarré el picaporte en forma de revólver de dama del siglo XVIII y jalé el gatillo. La cerradura crujió y la puerta se abrió ante mí. Apareció una escalera barroca bifurcada y me inundó un tufo a cuernos de cabra húmedos. Allí me tope con un viejito de sombrero remendado y pipa, tal vez el cuidador, un poco sorprendido por mi presencia. Sin prestar atención a sus gritos me aferré al pasamanos de madera de roble y corrí como enajenado al piso superior. Pasé junto al estudio de JM, donde la mecedora con asiento de silla de montar aún se mecía, y fui a la cocina, donde asusté a la gata Constantina. Yo estaba temblando y repitiendo a media voz:
    ―Esto no es posible, esto no es posible… ―hasta que un chubasco que empapó hasta los huesos. En realidad, apurado por llegar cuando antes al dormitorio, tomé el atajo y atravesé el baño grande en el que aún estaba lloviendo como si alguien acabara de salir de la ducha. Completamente mojado me detuve en la puerta del único cuarto que no alcancé a amueblar en mi insomnio. El dormitorio. Tampoco aquí, en la realidad, había muebles. Sólo estaba el sofá azul entre las dos ventanas al fondo.
     JM estaba sentada en él sobre sus piernas ovilladas, bajo su flequillo negro, con el pelo bien corto muy por encima de la nuca y aretes parecidos a cigarrillos dorados. Con aquella sonrisa más vieja que ella misma. Como siempre, debajo de su vestido negro y medias relucientes, sentí la densidad de su cuerpo. La rapidez bajo la carne inmóvil de hembra. Me paré como golpeado y dije:
     ―¡Dime que esto no es verdad!
     
―¿Cómo no si estás empapado como un ratón?
     ―Pues ¿cómo? -agregué tontamente. JM se rió.
     ―Tú quieres una explicación para todo esto, ¿no?. Pero, ¿para qué la necesitas, si aquí estamos de nuevo tú y yo? ¿Acaso el amor necesita explicaciones? Pero si insistes que te diga, va. Todo esto es mentira. Desde el picaporte en el portón hasta el techo de vidrio, esta casa arreglada de esta manera no existe en la realidad. Todo esto es un infinito simulado y una eternidad temporal.
     ―¿Y tú? -pregunté con voz temblorosa
     ―Yo tampoco existo, desde luego.
     ―No lo creo ―dije y me acerqué un paso. Aspirar el perfume de una mujer es como escuchar su pensamiento. Sentí el aroma de su cabello, pero ella no se movió. Y dijo:
     ―No importa si lo crees o no, porque tampoco tú existes.
     ―¿Tampoco yo?
     ―Tampoco tú. Éste es un juego sobre nosotros que la verdadera JM cargó en la computadora.




Milorad Pavic




 
¹ Grupos armados en Serbia y Montenegro que luchaban contra los invasores turcos en la segunda mitad del siglo XIX y contra las fuerzas del Eje durante la primera guerra mundial.









* Este es el primer cuento de los siete 
que componen el libro "Siete Pecados Capitales" de Milorad Pavic, un auténtico prestidigitador de la literatura y la imaginación.  En el libro todo gira alrededor de un peculiar espejo que porta un pequeño agujero en una esquina. El espejo conecta los siete relatos y por su agujero la literatura y el mundo se comunican hasta convertir al escritor en personaje y al lector en el reflejo de su pensamiento.