Un Hombre en la Oscuridad
Un Blog de Literatura y Cine
jueves, 2 de julio de 2026
NOVELA de AJEDREZ - de Stefan Zweig
sábado, 20 de junio de 2026
BACKROOMS - Kane Parsons
"la “backroom” original se publicó el 12 de mayo del 2019, en la sección paranormal /x/ de la red social 4chan, en la que un usuario anónimo pedía a otros que compartieran imágenes inquietantes o que se sientan ´fuera de lugar´. La imagen que encabezaba ese post era la de una oficina en los Países Bajos, con una gran habitación alfombrada, paredes amarillas y lámparas fluorescentes."
“Si no tienes cuidado y te sales de la realidad en el área incorrecta, puedes terminar en las Backrooms, donde no hay nada más que el hedor de la vieja y húmeda alfombra, la locura del amarillo monocromático, el infinito ruido de fondo de las luces fluorescentes a su máximo zumbido, y aproximadamente seiscientos millones de millas cuadradas de habitaciones vacías segmentadas aleatoriamente en las que vas a estar atrapado. Dios te salve si escuchas algo moviéndose cerca, porque, sin duda, te ha escuchado”.
miércoles, 10 de junio de 2026
LA JAULA BLANCA de TÚNEZ EN FORMA DE PAGODA - de Mirolad Pavic
os pensamientos humanos son como cuartos. Entre ellos hay salas lujosas y cuartuchos saturados. Los hay soleados y sombríos. Algunos dan al río y al cielo, otros al traspatio o al sótano. Las palabras en ellos semejan cosas y pueden ser cambiadas de un cuarto a otro. Los pensamientos dentro de nosotros en realidad, esas habitaciones en nuestro interior, agrupadas en palacios o cuarteles, pueden ser moradas de otros donde uno resulta ser sólo un inquilino. A veces, sobre todo de noche, encontramos que las salidas de esos aposentos están cerradas con llave y no podemos abandonarlos. Estamos encerrados como en un calabozo hasta que nuestros sueños nos liberan y nos dejan salir. Pero los sueños son como los invitados de una boda, hay que esperarlos. Mientras tanto, reina el insomnio. Dicen que existen dos insomnios, como dos hermanas. El de antes de dormirse y el otro, después de despertar en plena noche. El primero es madre de la mentira, el otro es madre de la verdad.
Desde que vivo solo el insomnio me atormenta cada vez más a menudo y yo lo resisto con un método que desarrollé con mucho afán. Todo ocurre en la cama y en mi mente. Y todo, de alguna manera, está relacionado con mi profesión de experto en decoración de interiores. Primero selecciono una casa en la ciudad que mejor me sirva para estos propósitos. Alguna construida con paja de avena que impide que las energías maléficas del inframundo suban hasta los aposentos. Al ubicar una casa con esas características empiezo a amueblarla y a arreglarla cada noche en mi mente. A llenarla de muebles de mi invención. Pero yo no arreglo esa casa motivado sólo por el deseo de que luzca bien. Yo la estoy acondicionando para una persona en particular. Para JM. Y exclusivamente para las necesidades de esa persona.Durante mis paseos por las tardes escogí un pequeño palacio e indagué todo lo que podía sobre su origen. Está en el mismo principio de la calle Kraljevića Marka que sube curvada desde el muelle del Sava hacia Zeleni Venac rompiendo el viento. Su fachada está llena de bonitas ventanas divididas en cruz que hoy en día ya no se hacen. Está erigido sobre la base de un “nueve vivo” cuya forma no encierra el cero como la mayoría de los demás números nueve. El edificio se conoce como “La casa de Lika Ćelović”. Fue construido en 1903 según los planos del ingeniero Miloć Savćić en el estilo neorrenacentista con elementos del neobarroco, a juzgar por los manuales de G. Gordic y B. Vujović. Es una “construcción angular con fines residenciales y comerciales con sótano, planta baja, dos pisos y el desván. A la fachada principal le dan especial vivacidad unas aberturas grandes en la planta baja donde hay algunas tiendas y los sólidos tímpanos arriba de las ventanas del primer piso. El edificio termina con una cornisa de techo, rematada con vigas voladizas, arriba de la cual se elevan el ático revocado y las clásicas ventanas de mansarda…”. Encima de la entrada está el escudo con letras L.C.T. entrelazadas y una placa que dice que fue donado a la universidad de Belgrado. Su dueño, el famoso comerciante belgradense, Luka Ćelović (1854-1929), por muchos años presidente de la cooperativa de Belgrado, tenía su sede comercial en el edificio vecino, una belleza que daba a la plaza antaño conocida como el “pequeño mercado”. Su busto de bronce está no lejos de ahí, en la esquina de un edificio de varios pisos en la calle Karadjordjeva. Mira hacia el suroeste, hacia Trabinje, desde donde Luka había llegado a Belgrado en 1872 para comprar tierras y levantar algunas de las casas más hermosas del puerto. Fue uno de los fundadores del movimiento chetnik-komita¹ en Serbia, creador de la bolsa de Belgrado y benefactor de instituciones científicas. De él dicen que por el chirrido de las plumas podía adivinar lo que sus contadores escribían.
Durante mis insomnios, en vez de contar cuántas veces en la vida compré zapatos bonitos que no me quedaban bien, decidí poblar y amueblar la casa de Luka Ćelović. Sabía que esta casa le gustaba a JM y eso fue decisivo para mi elección. JM tenía un profundo sentido de “zonas” con energía positiva, como de otras también. La parte entre la Catedral y el río Sava era para ella una “zona” indiscutiblemente preciosa. Allí, en la cuesta que baja al Sava el invierno huele a otoño y la primavera a invierno, y JM consideraba que al entrar en esa “zona” empezaba a llevar su verdadero nombre. Apenas salía de dicha “zona” se llamaba de otra manera, era otra persona. Es decir, la elección cayó sobre la casa familiar de Luka Ćelović que estaba en esa “zona”.
Al entrar en ese edificio en mi memoria susurré como un embrujo en cada una de sus habitaciones una de las diecisiete letras del nombre de JM.
Ahora puedo decir que en aquel entonces ya tenía bien avanzados ciertos preparativos de particular índole. Durante el tiempo en que pude observar a JM a diario notaba los movimientos de sus brazos y sus manos delicadas, su manera de andar y peinarse, la postura del cuello y de los hermosos hombros y muslos, el movimiento de sus pechos al sentarse, los giros del cuerpo, el papel de sus piernas ovilladas en el sillón o corriendo, la vuelta de su cabeza detenida al oír, mucho antes que nosotros, el rugido del avión que traía las bombas… Luego compuse un pequeño “diccionario de movimientos” de JM. Para cada uno de ellos establecí un signo. Fue particularmente difícil crear signos para sus irrepetibles pasos de danza. Siempre bailaba sola, ni siquiera conmigo bailaba jamás, pero esa danza era lo más hermoso en ella. En mi diccionario había signos parecidos a los usados por expertos rusos de ballet de principios del siglo pasado, como Nizhinski por ejemplo, para marcar sus partituras. Los puse en el diccionario para una fácil localización. Era como un catálogo de movimientos; como un alfabeto secreto. Algo semejante al teclado de la computadora desde el cual se controlan saltos, carreras, nado o giros de héroes de videojuegos para adultos que JM y yo solíamos llamar “novelas sin palabras”. Para provocar dichas actividades inventaba distintos tipos de muebles, porque cada pieza de mensaje preveía otro movimiento de JM: abrir una puerta, sacar un cajón, bajar la tabla del escritorio. Así provisto empecé a amueblar la casa de manera que mejor satisfaría los gustos y la naturaleza de los movimientos de JM, decidido a invocar de ese modo, al menos en la mente, todas mis reservas de sus actividades, vueltas, entradas, subidas por la escalera y salidas…
En mis operaciones nocturnas no quise cambiar la fachada de la casa. Sólo le lavé la cara con pinturas, con colores del vino blanco Bermet y de un azulado vino espumoso de Italia. Al revisar el interior de la casa de Luka Ćelović durante mi siguiente insomnio decidí remodelar la escalera. Recordé la manera de caminar de JM y un ademán en la escalera barroca bifurcada del Palacio de Ausperg en Viena; el de su mano que quiso apoyarse en el lujoso barandal metálico y luego desistió. También recuerdo que al bajar desvió su paso sobre el borde redondeado del último peldaño. Además, recordé que el palacio vecino de la Cooperativa de Belgrado también tenía una escalera bifurcada, así que enseguida proyecté otra igual en la casa de Luka Ćelović. Una noche demolí en la mente las dos tiendas a los lados de la entrada y obtuve el espacio para llegar con la escalera bifurcada justo a la ventana en el centro del primer piso y de ahí más arriba, lo cual ya resultaba mucho más fácil. La nueva escalera era de piedra con el barandal de hierro forjado y el pasamanos de madera de roble para que el frío no ahuyentara la mano como en Viena. En la cama, mientras inhalaba el aire, con claridad veía en mi mente esa nueva escalera en la casa de Luka Ćelović, pero al exhalarlo la escalera desaparecía.
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| Escalinata del palacio de la Cooperativa de Belgrado |
En los escaparates de las tiendas demolidas coloqué vitrales que representaban dos sueños de JM que una vez me había contado. Uno de ellos, en el escaparate a la izquierda de la entrada, era un sueño sobre las nubes:
“Nubes inmóviles y espesas como musgo ocultan el cielo. ―¡Son verdes como el moho!― dice alguien cerca. La gente yace sobre el pasto de los lugares de recreo boca arriba o, sumida en los asientos de los cabriolés, observa esas nubes juntándose alrededor de los árboles más altos. En las grandes ciudades se ve ese musgo adherido a las cimas de los rascacielos rodeando como un caparazón todo el planeta. A veces esos compactos tapetes muertos de lama celeste se rompen y todo el musgoso firmamento se agita en esa parte y se inclina de manera que la gente empieza a marearse. Los aviones ya no despegan…”.
Al acabar así la obra negra empecé a arreglar el interior. No hay que pensar que, por ocurrir todo de noche, en la cama y en la mente, yo no aplicaba los métodos necesarios y usuales de mi profesión. Ordené los picaportes y cerraduras del maestro Lunich, cuyo taller estaba cerca de Kalemegdan. De él ordeno todo el latón cuando trabajo en edificios reales. Pero aquí los pedidos eran especiales. Ni siquiera dos picaportes debían ser iguales. La razón era simple. Cada uno de los picaportes induciría un ademán diferente en los largos dedos de JM. Cuando los trajeron y distribuyeron los revisé con deleite. Uno tenía la forma de pájaro que estaría en la mano de JM cada vez que abriera la puerta de la sala de baile en el piso superior, otro era como el mango de un arco de violín, el tercero como un abanico chino. Había picaportes que llevaban manzanas de vidrio y botas de mármol o picaportes hechos de cuernos del chivo montés, y en el dormitorio de JM se encontró un picaporte de madera de abeto que olía eternamente a bosques cubiertos de nieve. El picaporte de entrada se parecía a un pequeño revólver de dama del siglo XVIII. La puerta se abría apretando el gatillo. Si se juntaran todos los ademanes necesarios para usar estos picaportes se obtendría una cincuentena de compases de la danza basada en la melodía favorita de JM, Ausencia...
Por eso de noche, en la oscuridad, me empeñaba aún más en amueblar cada parte de esa casa. Le encargué al hojalatero Lunich que vaciara en bronce cincuenta pares de labios, los masculinos con bigote y los femeninos cubiertos de lápiz labial, y distribuí esos labios metálicos por las paredes de los cuartos en vez de ceniceros. Conectados con los tubos aspiradores del edificio, succionaban ansiosamente la ceniza y las colillas de los cigarrillos que JM fumaba y tiraba por toda la casa. Derribé las paredes del segundo piso y obtuve un “cuarto de música” espacioso, en realidad una sala de baile con tres ventanas que daban al antiguo “pequeño mercado”. JM podría liberar allí su incontenible energía para el baile en la estampida musical de Claro de luna. Para ese propósito se colocó un parqué nuevo en forma del laberinto de Chartres, que JM recordaba consagrado.
Situé el baño grande en el segundo piso con vista al patio. Un picaporte en forma de narguile llevaba a un gran espacio rectangular casi completamente vacío. El techo estaba iluminado como si encima del baño hubiera un cielo medio nublado. Al pisar las losetas de un negro pálido y violeta se notaba al fondo una cama de vidrio adornada con un cojín rojo a prueba de agua. Presionando el botón regulador de la densidad y la inclinación del agua empezaba a llover en el baño. De ese modo JM podrá dormir bajo una lluvia cálida en la cama de vidrio o, lo que le gustará sobremanera, poner la música y con los sonidos de Camino jázaro bailar bajo un chubasco. Aún recuerdo los movimientos laterales de sus hombros que parecían salir de las pinturas de mujeres egipcias de tumbas faraónicas, siempre retratadas de lado, de perfil. La ventana del baño es un semicilindro de cristal de tamaño humano y al entrar en él uno parece haber entrado en un poste de anuncios callejeros. Sobre su cristal lechoso se reprodujo una enorme ampliación de una foto del pequeño hijo de JM. De pie, está bebiendo una coca cola con un popote.
Del techo de su estudio en el primer piso colgué una cadena con la mecedora de mimbre cuyo asiento era una auténtica silla de montar con estribos y perilla, a la que JM podrá aferrarse mientras descansa en este columpio su cuello y espalda del trabajo en la computadora. Una pared era el monitor de su computadora. Podrá ver y sentir a su heroína favorita, Lara Croft, en su tamaño natural. En las alforjas le dejé como regalo la libreta electrónica que cargué con todas las obras publicadas de JM y una pequeña biblioteca de sus libros favoritos. Sobre la pared colgué una pequeña vitrina forrada de terciopelo en el que descansaba un lápiz escolar de JM.
La cocina grande está orientada de tal manera que las sombras de pájaros, en verano, vuelan a través de ella, y en invierno las sombras de copos de nieve caen sobre el piso. La luz brilla por las falsas ventanas con mapas de vidrio de Cornwall y Egipto, las regiones favoritas de JM. En la pared está un lienzo de tela rústica con un bordado de dos bellas campesinas junto a la estufa con una olla. La inscripción en el lienzo registra sus palabras con hilo rojo:
―¡Come, comadre, mientras está caliente!
―¡Comí queso antes de comer y no tengo hambre!
Sin embargo, dada la rapidez de JM eso significaría una hora u hora y media en el caso de otra persona. En broma decía que vivía tan rápidamente que en unos años sería mayor que yo, que podría ser su padre. En realidad, cuando cocinaba seguía una extraña sabiduría considerando que la preparación de una comida no debe durar más que el tiempo necesario para comerla.
El baño pequeño tenía un jacuzzi triangular y en la cabina un botiquín de vidrio con un vaso de cristal y una botella de amaro Ramazzotti. Se podía alcanzar sin levantarse del jacuzzi con ese ademán alcanza todo de su mano que JM usaba en la cama. En medio de ese pequeño baño está una silla de manos medieval para mujeres. Al levantar el cojín de su sillón aparece el asiento de marfil con el ovalado orificio y su tapa. Debajo de éste, un cubo vacío de mármol baja hacia el subterráneo. Allí, en el fondo, corre el agua del drenaje…
La alcoba de JM estaba en el segundo piso junto al baño grande. Al lado de ella construí un pequeño cuarto para la ropa y el calzado. A JM le quedaban bien tanto las prendas y sombreros femeninos como los masculinos. Usaba con el mismo placer los suyos y los míos. Sus zapatos permanecían como nuevos por décadas. Por eso llené el vestidor con la ropa de ambos. Pero, ahí mi trabajo se detuvo…
Aparte de un sofá azul que puse enseguida entre dos ventanas y un espejo extraño con un pequeño agujero en una esquina, no lograba emprender en mis insomnios el arreglo del dormitorio de JM. Después de todo, era de esperarse. Porque allí estaba el puto clave. Yo no emprendía todas esas labores reflexivas sobre la decoración interior de esa casa sólo para apagar mis insomnios. Tenía otra razón más importante: anhelaba invocar a JM para que estuviera en mi vida de nuevo. Aunque fuera de esa manera absurda e insensata, establecía en mi recuerdo todo el repertorio de sus movimientos desde que entraba a la casa hasta que se iba a acostar. Los objetos distribuidos en esa casa formaban en mi mente y en mi memoria una película sobre sus movimientos. Ella era rápida, más rápida que cualquiera que yo conociera. Sabía ver, tender la mano o lanzar una palabra como un tiragomas antes que nadie. Tan rápida como era, pensaba, tal vez sentirá ese tejido espeso de sus movimientos en mi imaginación y reaccionará antes que sea tarde. Tal vez vendrá a ver en la realidad la casa en el “pequeño mercado” habitada por su paso y su danza a través de mis insomnios.
―Tal vez se acuerda de ese edificio ―agregó la voz― se conoce como la “casa familiar de Luka Ćelović”. Algunas partes no están arregladas, por eso lo llamo de parte de mi cliente.
Con asombro agarré el picaporte en forma de revólver de dama del siglo XVIII y jalé el gatillo. La cerradura crujió y la puerta se abrió ante mí. Apareció una escalera barroca bifurcada y me inundó un tufo a cuernos de cabra húmedos. Allí me tope con un viejito de sombrero remendado y pipa, tal vez el cuidador, un poco sorprendido por mi presencia. Sin prestar atención a sus gritos me aferré al pasamanos de madera de roble y corrí como enajenado al piso superior. Pasé junto al estudio de JM, donde la mecedora con asiento de silla de montar aún se mecía, y fui a la cocina, donde asusté a la gata Constantina. Yo estaba temblando y repitiendo a media voz:
―Esto no es posible, esto no es posible… ―hasta que un chubasco que empapó hasta los huesos. En realidad, apurado por llegar cuando antes al dormitorio, tomé el atajo y atravesé el baño grande en el que aún estaba lloviendo como si alguien acabara de salir de la ducha. Completamente mojado me detuve en la puerta del único cuarto que no alcancé a amueblar en mi insomnio. El dormitorio. Tampoco aquí, en la realidad, había muebles. Sólo estaba el sofá azul entre las dos ventanas al fondo.
JM estaba sentada en él sobre sus piernas ovilladas, bajo su flequillo negro, con el pelo bien corto muy por encima de la nuca y aretes parecidos a cigarrillos dorados. Con aquella sonrisa más vieja que ella misma. Como siempre, debajo de su vestido negro y medias relucientes, sentí la densidad de su cuerpo. La rapidez bajo la carne inmóvil de hembra. Me paré como golpeado y dije:
―¡Dime que esto no es verdad!
―¿Cómo no si estás empapado como un ratón?
lunes, 8 de junio de 2026
ANTE la INMIGRACIÓN FUERA FANATISMOS
"La política de puertas abiertas está generando un debate intenso entre los que la defienden como la única alternativa a un crecimiento estable frente al envejecimiento y los que la atacan aludiendo a que desestabiliza el sistema social añadiendo presión sobre los servicios asistenciales, que pese a cifras récord de recaudación fiscal no parecen avanzar a la par de la población.
La solución de poner el contador a cero no es algo nuevo ni exclusivo de aquí, como recuerda Ana Damas, economista de la división de migraciones internacionales de la OCDE. “Italia, Portugal, Francia o Chile han recurrido a regularizaciones extraordinarias. Incluso sin acudir a ellas, todos los países de la OCDE cuentan con mecanismos para regularizar la situación de los extranjeros”. En el año 2000, siendo presidente el popular José María Aznar, se llevó a cabo un proceso similar que se saldó con 264.000 autorizaciones de residencia y trabajo. Un año después, su Gobierno otorgó otros 239.000 permisos por arraigo. El último proceso extraordinario, impulsado en 2005 durante la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero, se saldó con 576.506 concesiones. ¿Qué impacto tuvieron? Estudios posteriores, como el firmado por Ferrán Elías, Joan Monras y Javier Vázquez en 2005, demuestran que el empleo formal de los inmigrantes aumentó, mientras que el de los nativos no se vio afectado. Sin embargo, se produjo una disminución del empleo sumergido, tanto de trabajadores poco cualificados nativos como inmigrantes. Además, cada persona aportó una media de 4.000 euros a los ingresos fiscales sin que se observara un aumento del gasto público."
"En esta nueva regularización exprés algunas cosas han cambiado (como los requisitos para el acceso), pero la práctica totalidad de los expertos consultados coinciden en que ayudará a aflorar la economía sumergida y tendrá un efecto positivo en la afiliación y las cotizaciones a la Seguridad Social, los precios y el PIB. Aunque con algunos matices. Pablo Pumares, de la Universidad de Almería, señala que la consecuencia más directa será la del afloramiento de trabajo sumergido “que se va a convertir en trabajo formal, con todo lo que ello significa de mejoras salariales, derechos y cotizaciones”. Sobre el empleo de los autóctonos, “en una situación de bonanza económica no debe tener impacto negativo en general”.
"Es falso que los inmigrantes vengan a “robar” empleos. La economía es un sistema flexible que tiende a agrandarse y a generar más actividad (y más empleos) a medida que se dinamiza. Entre 1998 y 2007, por ejemplo, España recibió 3,8 millones de inmigrantes y la tasa de empleo aumentó en 17 puntos."
viernes, 5 de junio de 2026
MURIÓ con los OJOS ABIERTOS - Derek Raymond
"Para mí, Staniland no era otro cadáver esperando en el depósito. A través de sus textos y sus cintas seguía vivo en lo que a mí respectaba. Había empezado a pensar, soñar, casi a ser Charles Staniland por poderes, incluso antes de conocer a Bárbara. Ahora, debido a la relación que había iniciado con ella, yo, como el mismo Staniland, estaba moldeándome a una forma nueva y mucho más retorcida y compleja."
"La cinta de Staniland dice:
Bárbara fue incubada en la rabia como una avispa, y morirá envuelta de rabia. Su promiscuidad es una agresión: utiliza el sexo para aniquilar a los hombres. Así se venga de la existencia humana."
"Cuando estoy demasiado borracho para escribir, hablar de lo que me pasa me alivia el dolor. No padezco de autocompasión, sin embargo. Lo que me hace sufrir es tener que habérmelas con lo absoluto. El suplicio que se fija un escritor es el de localizar la existencia y entonces, cuando los dos estén completamente en cueros, resolverlo a hostia limpia." pág. 252
"En otra cinta, Staniland había dicho: "¿Por qué tenemos que sufrir de esta forma? Otros se han comportado peor que yo y sin embargo, han salido impunes. Tengo el cerebro totalmente magullado." Y: "He recibido una terrible paliza a manos de la verdad y me siento domado, sabio y desesperado, como si hubiese cortado por el atajo a la sabiduría a través de un espejo y me hubiese hecho un corte profundo mientras intentaba llegar al otro lado." p. 229
"Bajo su follaje cuidado con esmero, los guardas de Battersea Park cierran las verjas a las diez y media de la noche, recordándote que ya no estás en el campo. Menos de tres calles más allá, los rastafaris vagan y aúllan. Excluidos de todos los bares de la zona según alguna ley no escrita, son los reyes de la calle: salen a la caza de los asiáticos, de aquellos blancos que son demasiado indefensos para tomar represalias; y por lo general, de cualquier persona que les parezca inteligente, y por lo tanto, seguramente rica. La única posesión que tienen los negros desempleados son las losas. Battersea representa una situación nacional desesperada, y sólo una sucesión de gobiernos típicamente británicos iba a ser capaz de guiarnos hacia ella. No soporto Battersea. lo único que deseo es volverme loco." p.32
"Puse otra de las cintas de Staniland:
La mayoría vive con los ojos cerrados pero, cuando me muera, quiero tenerlos bien abiertos. Por instinto, todos queremos morir de la forma menos complicada posible. Personalmente tengo dos soluciones. La primera es beber. Bebo para olvidarme y cuando ya no soy capaz de pensar ni de sentir, me caigo o me doy un golpe. Esa sería una forma de morir con los ojos cerrados. La otra forma es racionalizar mi experiencia. Sin embargo, por muy racional que sea la forma de pensar de cada uno, es fácil confundirse. La existencia es ciega: no juega ni a tu favor ni en tu contra. Esta imparcialidad contradice todo lo que supone la existencia humana; no hay ni amor ni odio, ni caricias ni agresiones en tu forma de vivir el día a día. La existencia es como la bolsa: puedes vivir haciendo el ridículo hasta el final y seguir hasta que caigas destrozado." pág. 126
Robin William Arthur Cook (1931-1994) firmó sus novelas como Derek Raymond. Junto a Ted Lewis y su famosa trilogía de Carter, en la década de los setenta, están considerados como los padres de la novela negra inglesa. Lewis retrata la Inglaterra industrial de los 60 que Thatcher se encargaría de liquidar.
















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