Alejado ya del ruido, polémicas y promociones que provocó con su publicación, me sumerjo en esta novela monumental capaz de poner en pie todo un mundo y un modo propio de narrar. En ella se relata la vida y muerte de una familia entera de labriegos de Jaén entrelazada con los tres años completos de Guerra Civil Española. La peripecia vital de estos cuarenta miembros de la familia Ardolento está perfectamente hilvanada con la mayoría de los hechos bélicos más reconocibles... y todo ello de un modo maravillosamente literario, bajo el prisma del realismo mágico.
Casi nada. Toda una osadía que ha sido premiada con el éxito merecidísimo de crítica y público.
Creo que Uclés logra aquí lo que posteriormente también han conseguido Los Javis con su película ´La bola negra´: trascender el enfrentamiento cainita puramente español para elevar el drama hasta lo universal. En su narración Uclés emula a Tácito, que escribió sus ´Anales´ e ´Historiæ´ “sin ira, ni prejuicios”, pero sin renunciar a su perspectiva de clase y sin callar sus opiniones sobre el destino de Roma. Del mismo modo ha afrontado su ardua tarea este autor jienense. Transcurridos ya más de 80 años de aquel enfrentamiento fratricida y con las heridas aún sin restañar del todo, la novela consigue aportar —por su tono y enfoque— una distancia necesaria y una objetividad que no significa neutralidad. Todo un triunfo de la literatura frente al odio y la inquina, gracias a que el libro está escrito con una gran humanidad. Uclés logra conmovernos al poner el foco en las personas.
Uno de los aspectos que más ayuda a centrarse en el drama y superar los fanatismos es que la novela está escrita bajo las directrices del realismo mágico: lo fantástico naturalizado como cotidiano. Con el uso de un léxico riquísimo, muy pegado al territorio, y una nomenclatura propia consigue colocar el relato en el terreno de la ficción. En el libro no es España es Iberia, donde se habla el íbero y se sitúan regiones como Galiza o el País Eúscaro. Otro apoyo es introducir un sesgo mítico o mágico en la acción. El propio Uclés reveló cómo se decidió a adoptar este estilo en una interesantísima entrevista:
"Yo empiezo a interesarme por el realismo mágico cuando descubro que hay escritores que han resumido su herida más reciente de forma onírica. Günter Grass lo hizo con el trauma más profundo de su país con El tambor de hojalata; Olga Tokarczuk también escribió sobre cómo afecto la II Guerra Mundial en Polonia; en Hijos de la medianoche Salman Rushdie también lo hizo con la historia de la India en el siglo XX y yo quería leer algo así sobre mi país. Y cuando fui a la librería y vi que no había ningún escrito que mediante la imaginación, mediante esa deformación de la realidad a favor de lo onírico, me contara la Guerra Civil Española pensé: ´Voy a intentar hacerlo yo´.”
Günter Grass se acercó a la guerra "mediante los ojos inocentes de un personaje" y El buen soldado Švejk le sirve a Jaroslav Hašek para acercarse a un momento terrible de la historia de su país desde el humor. Uclés elige la imaginación y lo onírico, haciendo que sus personajes convivan con mitos, leyendas y tradiciones mágicas de forma ordinaria.
El núcleo de la novela es la familia del campesino Odisto Ardolento que, durante generaciones labró las tierras de Jándula, en Jaén. Cuarenta personas entre hijos, primos, hermanos y abuelos que van a morir irremediablemente en la contienda tal y como nos anuncia el autor ya en el Prólogo.
"He aquí pues la historia
de la descomposición total de una familia,
de la deshumanización de un pueblo,
de la desintegración de un territorio
y de una península de casas vacías."
El libro es todo un catálogo de técnicas narrativas incluyendo páginas intercaladas con citas de todo tipo de pensadores y escritores sobre la escritura y la guerra. Entre ellos están Bertold Brecht, Antoine de Saint-Exupèry, Miguel Delibes, Bernard Shaw, Chaves Nogales, Paul Éluard y muchos otros. Pero encuentro que dos de esas citas parecen haber guiado al autor en su redacción. Una es de Andrés Trapiello: «Todo lo que pasa en una guerra es extraño, y casi nada es lo que parece». La otra es de Mercè Rodoreda: «una novela tiene que reflejar la realidad. Pero tiene que tener una parte de fantástico, de irreal. Y ha de ser poética». Todo esto, sin duda, Uclés lo ha conseguido.
Uno de los aspectos más prodigiosos del libro es el modo en que se influyen y entremezclan la tragedia familiar y la tragedia histórica. La novela discurre parándose en la intrahistoria de los Ardolento mientras ellos se sumergen en los hechos históricos. La tarea no era fácil porque en el texto se da cita la multiplicidad de la vida. Allí aparece lo cotidiano, lo trágico, lo íntimo, lo histórico, lo costumbrista, la antropología rural y hasta lo fantástico y lo terrorífico. Un auténtico tour de force que el autor lleva a cabo gracias a la estructura caleidoscópica de su narración donde, como en un retablo deslumbrante, se alternan hechos históricos con historias mágicas, personajes reales con ficticios, costumbres ancestrales, augurios de la tía Eva, una agorera de la familia que nos anticipa la marcha general de la guerra e incluso la participación episódica de personajes históricos como el Papa Pio XII, el fotógrafo Robert Capa, el presidente Roosevelt o Georges Bernanos, escritor católico y de derechas, al que se reserva un capítulo para dar cuenta de su presencia en Mallorca durante la Guerra Civil, lo que le permitió escribir un testimonio escalofriante sobre los crímenes franquistas y la ignominiosa aquiescencia del estamento eclesiástico, ´Los grandes cementerios bajo la luna´. Según la filósofa Hannah Arendt, "el panfleto más importante que jamás se ha escrito contra el fascismo".
Cualquier despistado podría pensar que la obra es un simple batiburrillo, pero se equivocaría de plano. El conjunto se nos presenta como una sinfonía literaria trágica y diría que cervantina por el idealismo, la fantasía y la ironía que rezuma este relato itinerante. Incluso una escena me recordó a la aventura de la cueva de Montesinos de Don Quijote; cuando Odisto inicia su viaje por España, en busca de sus hijos, y tiene que cruzar la sierra desde Andalucía a la Mancha por túneles y cuevas, donde le ocurre un hecho fantástico.
El libro es el fruto de 15 años de trabajo y de un exhaustivo viaje de documentación y memoria por toda la geografía española. Pero este ingente número de datos, historias personales y hechos de guerra sería una masa informe sin la conquista del tono. Yo creo que esta novela de casi 700 páginas se lee con una fluidez inusitada gracias a la consistencia del tono conseguido, que perdura durante toda la obra. Sin perder seriedad tiene un punto de ligereza e ironía respaldado por una gran humanidad. Parecería imposible contar algo tan fiero como esta maldita guerra con una piedad genuina, con la misma humildad de esas personas que trabajan duramente el campo y que de pronto son empujadas a matarse. En el escritor de esta novela conviven el hombre de a pie, con profundas raíces en el campo andaluz; el escritor de raza, con un jovial apego a la fantasía, y el historiador más exigente.
La lectura es amena, profunda y casi eléctrica. Una vez dentro del libro ya no te puedes despegar, lo que cuenta impacta y siempre interesa. Por el dato histórico, por el giro de imaginación, por el drama constante, por la aparición cruda de la barbarie. Además los capítulos son cortos y muy dinámicos, saltando de una escena a otra con rapidez. La sensación general es de dolor y los personajes de carne y hueso. Los augurios de la tía Eva dejan entrever la historia como una condena.
"Llegaron con cuatro heridas: la del amor, la de la muerte, la de la muerte y la de la muerte". pág. 529
Los hechos bélicos impresionan por sanguinarios y la fantasía no lo esconde, como ese volcán que se va formando en Madrid porque va recogiendo toda la sangre derramada en las batallas hasta provocar una explosión enorme que causa ´El agrietamiento´ (cap. 92) de toda la península:
"La mezcla de fuego y sangre iba a encender los campos, a carbonizar los cuerpos, a soterrar las viviendas y a agrietar el país. Solo iba a necesitar medio día para soltar toda la muerte que había soportado y toda la sangre almacenada desde hacía más de año y medio. Nadie podría restañar la herida". pág. 516
Este capítulo, con el que se inicia la cuarta y última parte del libro, es tremendo y describe la destrucción de la península con ese poso de amor, desconsuelo e imaginación que destila toda la novela. El autor recomienda leerlo mientras se escucha el Requiem de György Ligeti como señal de duelo. La devastación cunde por toda la península que hasta llega a desgajarse de Francia. La cúpula de la catedral de Zamora se dividió en cuatro partes, "una por cada evangelio", la Torre de los Clérigos cayó y dividió en dos Porto, se cayeron las murallas de Lugo y de Ávila, el anfiteatro de Tarragona se desprendió y salió navegando como una isla y también la Torre del Oro de Sevilla "volcó y rodó varias leguas, aplastando a varias familias, entre ellas a una de gitanos que volvía de Triana de cantar en un bautizo".
"Y en Teruel, donde aquel invierno todos los íberos tenían puestas la vista y sus esperanzas, la columna de la plaza del Torico se partió en tres y derribó la estatua del toro, que cobró vida y salió corriendo, amedrentado ante aquel pueblo que se mataba entre sí..." pág. 522
El libro se articula en cuatro partes: Simiente/1936, Leño/1936, Ascua/1937 y Ceniza/1938/1939, con treinta capítulos exactos cada uno; pero yo resumiría su valor ajustándolo a dos puzles, uno narrativo y otro de estilo.
Para abarcar el período completo de la guerra y llegar prácticamente a todos los escenarios importantes de la misma, Uclés elabora un puzle de itinerarios por la geografía española, embarcando al propio Odisto y a sus hijos en todo tipo de singladuras. Así logra ofrecernos un fresco virtuoso, narrado en primera persona, sobre las atrocidades de la guerra. Está el horror de Belchite y el de Guernica. Está la matanza en la plaza de toros de Badajoz por parte de los nacionales y a continuación la ´saca´ de la cárcel de Madrid por los republicanos. Se cuenta la batalla del Jarama y la masacre de la "desbandá", de quienes huían de Málaga. Todo ello narrado por personas concretas, desde el interior de los hechos, en capítulos cortos y certeros como puñales. Todo ello ligado con las peripecias personales de los Ardolento que van desperdigándose por toda la península solo para encontrar la muerte.
El otro puzle lo encontramos en la versatilidad de estilos que pululan por sus páginas donde igual podemos encontrar relatos sueltos que cartas, sueños, discursos, ´augurios´, testimonios personales (como el de tres mujeres que nos refieren su experiencia bajo las bombas en Guernica), y unos cuantos capítulos en forma de diálogos casi teatrales (entre el matrimonio Franco o entre el matrimonio Roosevelt). También hay un poema épico de un dramatismo insuperable, el capítulo 66, titulado ´Las lágrimas de mercurio´, donde se relata el encuentro frente a frente y con el fusil armado de dos hermanos. Mientras que el capítulo 93 llena su página con mil cinco puntos suspensivos que representan los tiros de gracia escuchados por un labrador junto a los pozos de Caudé.
De este modo consigue el libro convertirse en un festín literario de estilos y formatos que cuenta, además, con la presencia del propio narrador que igual se dirige al lector como habla con los personajes (que en ocasiones se preguntan si lo que piensan hacer le gustará o no al narrador) y no tiene empacho en citar al mismísimo Franco para reunirse con él y echar una partida ajedrez. Así nos dará a conocer su estrategia sanguinaria de alargar la guerra para poder "limpiar" a fondo España. La reunión no sale bien y el dictador le avisa que le censurará el capítulo 96, ¡cosa que ocurre, pues cuando llega esa sección la página está en blanco!
Uclés ha conseguido que el realismo mágico y la metaliteratura sean consustanciales a su relato. En Jándula pueden llover jaulas de aves o llenarse el campo de acelgas avisando de la llegada de una época de mala suerte. O puedes sufrir un disparo de mandrágora que te volverá invisible, lo cual es como si ya estuvieses muerto. O puede ocurrir como en las calles de Girona, mucho tiempo libre de fascistas que, ante su inminente llegada, se encogerán y retorcerán hasta juntar edificios y aceras para que no quepa ni el oxígeno.
Pero el realismo mágico que practica David Uclés no es un mero juego literario, sino casi una postura moral con la que rendir respeto y compasión a tanta víctima. No encuentro mejor ejemplo de esto que las narraciones del bombardeo de Guernica o la matanza de los que huían de Málaga. En medio del estruendo de las bombas y de los cuerpos destrozados, el narrador apunta: "sepa el lector que intenté acompañar en el dolor a aquellas madres llevándoles una música bella y tranquila".
"El cielo se iluminó de golpe con todos los proyectiles que iban a caer sobre ellos: los disparos de los carros de combate desde los montes vecinos, los cañonazos de los buques bombarderos desde el mar -paralelo a la carretera-, como el Baleares, el Canarias y el Almirante Cervera; y las bombas y la metralla de la aviación.
Conscientes de que huir no cambiaría el destino que les esperaba, aquellos malagueños se quedaron contemplando las luces celestes arrojadas por los italianos, quienes, por cierto, llegaron vestidos con trajes tropicales porque les habían dicho que iban a luchar a Abisinia y no a Iberia.
Llegados a este punto, he decidido que voy a congelarlos durante los tres minutos y cuarenta y cuatro segundos que dura la pieza clásica de Svidiridov que anoto a continuación y que sonará también en sus cabezas, pues haré que la canten los soviéticos de las Brigadas que desde los montes observan impotentes la escena; también sonará en la cabeza de Norman Bethune, el médico canadiense que cuando supo lo que estoy a punto de narraros, se desplazaría desde Valencia con su ambulancia hasta la maldita carretera para auxiliar a los heridos con sus técnicas innovadoras en cirugía y pioneras en transfusión de sangre. os dejo con la melodía y con el caos: 3 choruses from tsar Fyodor Ioannovich: No. 2. Sacred love." pág 296
El párrafo anterior pone de manifiesto dos asuntos cruciales. Por un lado la descomunal documentación que llegó a manejar el novelista para la redacción de su libro y que queda patente en el detalle con que narra los hechos bélicos. Y por otro, la aparición episódica de personajes históricos como este doctor Bethune, que son innumerables; a veces jocosas, a veces dramáticas, a veces irónicas. Por sus páginas nos cruzamos con Georges Orwell, Unamuno, Clara Campoamor o el mismísimo Robert Capa, protagonista de un episodio entrañable.
Otro aspecto muy trabajado es el antropológico, dando cuenta minuciosa de los trabajos del campo y de costumbres y tradiciones (reales o inventadas) que hacen que la obra tenga unas poderosas raíces.
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| Obra de Rafael Zabaleta |
Al final de la novela el autor reconoce que fueron las historias que le contaba su abuelo las que le incitaron a escribir el libro. Yo creo que esta circunstancia aquilata los dos aspectos más sobresalientes del texto: por un lado la dolorosa veracidad del relato histórico y por otro el sanador ejercicio de convertir la memoria en ficción. Era un riesgo contar la herida más desgarradora y divisiva que tenemos como pueblo; pero este joven autor lo ha hecho con mucha sensibilidad y honestidad. La novela está contada desde el dolor y la compasión. Creo que la forma imaginativa del relato logra poner en sazón esa época tan terrible y vengativa, ayudando a extirparla de la bilis para situarla donde debe estar, en la memoria; en un espacio histórico y mítico que recordar y sobre el que reflexionar.
Por ello pienso que se puede conceder a esta novela la capacidad catártica que Aristóteles asignaba a la tragedia en su Poética; entendiendo por catarsis la liberación y el alivio de los sentimientos que suscita la acción dramática en el espectador, movido por la compasión y el horror.
















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