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sábado, 18 de abril de 2026

INCONTROLABLE (I Swear) - de Kirk Jones

UK, 2026


¡Qué realista y emotiva película sobre el drama de sufrir el Síndrome de Tourette!

En cine ya habíamos visto a personajes con este trastorno, el psiquiatra interpretado por Oscar Martínez en TOC-TOC (2017) o el detective interpretado por Edward Norton en Huérfanos de Brooklyn (2019).  Estos dos intérpretes bordan su actuación pero las películas no profundizan en este problema, ni muestran las duras implicaciones de vivir con Tourette. El sufrimiento de no poder controlar tu mente y tu cuerpo cuando decide descargar energía en forma de espasmos y tics gestuales y musculares, muchas veces acompañados de incontinencia verbal en forma de insultos y lenguaje soez, todo ello de forma involuntaria. Los afectados soportan una tensión constante que los mantiene fatigados. Incluso pueden llegar a sufrir espasmos tan extremos que los hacen lesionarse, produciéndose desgarros musculares. 

La película relata la vida de John Davidson, un joven escocés de Galashiels, cerca de Edimburgo, que de pronto, en su primer año de instituto, se vio invadido por tics y espasmos, gritando e insultando sin venir a cuento. Poco a poco su vida fue convirtiéndose en una pesadilla y su futuro empezó a truncarse. Incluso su padre, harto de una situación que le sobrepasaba, acabó yéndose de casa. ¡Pero qué se ha creído este chico! Nadie sabía si se trataba de una afección neurológica o de un caradura que se divertía insultándoles a la cara. Este trastorno fue descrito en 1885, pero un siglo después seguía siendo un desconocido que provocaba situaciones muy violentas y una dolorosa exclusión social.



La película es limpia y fresca como un manantial. Nos muestra la adolescencia y juventud de Davidson transitando por un desierto de incomprensión. Sin cargar las tintas. Sin hacer melodrama. Sin didactismo. Las situaciones reproducen muchas de sus experiencias reales. Hay multitud de momentos hilarantes, de auténtica carcajada, a cuenta de reacciones de lo más sorprendente. También hay momentos en que se te encoje el corazón. La cámara refleja la vida misma, sin máscara alguna, con su mezcla grotesca de comedia y drama. En alguna entrevista el propio Davidson ha reconocido que su "vida es de lo más trágico y de lo más cómico a la vez".

Creo que si la película te provoca una reflexión es la de que todos cargamos con lacras... y todos necesitamos comprensión. La cinta revela el agotamiento que sufren las personas con Tourette y su círculo más próximo. También la violencia (los insultos pueden llegar a enfurecer) y la discriminación social y laboral que suele acompañar a esta afección. Darlo a conocer al gran público es todo un reto y eso es lo que han hecho figuras como el músico escocés Lewis Capaldi o la cantante estadounidense Billie Eilish. El propio John Davidson, ya adulto, se convirtió en un activista de su causa organizando encuentros y seminarios para dar visibilidad y ayuda a los enfermos y familiares afectados.



Resulta paradójico que una vida tan penosa, con gran impacto en la vida diaria, pueda provocar carcajadas, pero John Davidson lo tiene asumido e incluso lo fomenta. En una entrevista el director de la película reveló que John le reconoció que "si no fuera por el humor, sería muy difícil vivir cada día con esta condición porque puede ser muy trágico". Más paradójico todavía es que Davidson haya sufrido palizas a cuenta de la incomprensión de su trastorno, cuando es una persona de lo más amable, gentil y generosa. 

Él tuvo mucha suerte ya que se encontró con Dottie Achenbach (Maxine Peake), la madre de un amigo del colegio que había sido enfermera de salud mental y que en ese momento padecía cáncer. Cuando la conoció fue lo primero que le soltó a la cara "¡Te vas a morir de cáncer!". Pero ella comprendió muy bien su enfermedad. Lo acogió en su casa y le quitó la medicación que simplemente lo anulaba. Lo dejó ser él mismo. Le buscó un trabajo. Llegó a hacerle prometer que no le pediría disculpas por cada insulto o grito: yo sé que no eres tú el que lo hace y me pone frenética que estés disculpándote todo el rato, le dijo. El otro punto de apoyo fue Tommy (Peter Mullan), conserje del Centro Comunitario donde Davidson llegó a trabajar. Ambos representan la mejor forma de integrar a las personas con este síndrome. 



Davidson salió adelante y encontró su camino: ayudar a los que sufrían su mismo trastorno, juntarlos, consolarlos, ayudarles a entenderse, orientar a sus padres, a la policía, a los profesores. Presentar documentales en televisión explicando cómo era su día a día conviviendo con su enfermedad. 

Por todo ello se hizo acreedor a la más alta distinción de la corona, la Orden del Imperio Británico, que en 2019 le impuso la mismísima reina Isabel II. Y ocurrió que el Tourette no quiso perderse la ceremonia. Davidson recorría la sala mientras sonaban las gaitas y la reina esperaba para condecorarle cuando de pronto soltó un estentóreo "¡Que le jodan a la reina!". Sin ningún género de duda debe ser el único condecorado que le ha soltado tal improperio a la reina.



Hay que subrayar el gran trabajo de interpretación que lleva a cabo Robert Aramayo (fue Ned Stark en ´Juego de tronos´). Para meterse en un papel tan difícil y eléctrico estuvo conviviendo durante tres meses con el propio John Davidson. Juntos paseaban al perro, iban al supermercado e incluso trabajaron codo con codo en el centro comunitario, limpiando y preparando las sillas y las mesas. Su interpretación le ha hecho ganar el Premio BAFTA a Mejor actor, superando a los favoritos Leonardo Dicaprio (por ´Una batalla tras otra´) y Timothée Chalamet (por ´Marty Supreme´).

El real John Davidson con su perro



No te pierdas esta historia tan inspiradora.

jueves, 3 de febrero de 2022

BELFAST - de Kenneth Branagh




Kenneth Branagh nos invita a visitar su infancia con esta película en blanco y negro, y lo hace con un ejercicio narrativo plenamente nostálgico.

La acción transcurre en Belfast durante los violentos hechos de 1969, cuando se rompió la convivencia entre protestantes y católicos, produciéndose disturbios e incendios de casas. Branagh elige el punto de vista de un niño de 9 años, Buddy (Jude Hill), para mostrar el surgimiento del sectarismo y la violencia que obligó a muchos irlandeses de norte a emigrar.

La película tiene un comienzo hermosamente cinematográfico con dos secuencias que resumen todo lo que sir Kenneth Branagh quiere exponer en el film. La secuencia de los créditos se abre con unas radiantes vistas del Belfast contemporáneo con el color dorado del atardecer acariciando sus edificios más emblemáticos, como el museo del Titanic, y tomas aéreas de la ciudad rodeada por el verde sedoso de Cave Hill. Todo ello mientras suena el clásico de Van Morrison "Coming Down to Joy".



Pero un ligero movimiento de cámara nos hace transitar del color al blanco y negro, mientras nos acerca a una calle donde una madre llama a su hijo: ¡Buddy!. El mensaje va transmitiéndose de vecino en vecino y de calle en calle hasta que llega al niño que está jugando a guerrear con espadas de madera. Entonces Buddy regresa a casa cruzando saludos y bromas con los vecinos, pero cuando llega a su calle se encuentra metido de lleno en una de las primeras escaramuzas de los violentos sectarios que agredían y rompían ventanas al grito de "¡católicos fuera!". Buddy se queda clavado, con los ojos muy abiertos, mientras la cámara gira a su alrededor y nos transmite esa sensación amarga de la inocencia asaltada por la incomprensible furia e intransigencia.

Ahí está todo el sentido de la película. Primero el homenaje a su ciudad y luego el recuerdo imborrable y nostálgico de una infancia feliz en el paraíso del que fue expulsado por la violencia. De ahí que la película concluya con unas emotivas dedicatorias:
"A los que se fueron",
"A los que se quedaron"
"A los que se fueron para siempre"

En esta entrevista, Kenneth Branagh repasa sus sentimientos mientras escribía la película: 

"El viaje de escribir 'Belfast' fue regresar a ese sentimiento claro de entender quién soy; no un individuo, sino a la idea de un pueblo que educa a un hijo. En este caso una calle en Belfast. La película es un acto de gratitud a esos guardianes que dieron sentido a mi vida."





Además de las barricadas en las calles, los cortes que aparecen de televisión y noticias de radio nos ofrecen un contexto histórico completo de esos años de enfrentamientos viscerales fomentados por las diferencias políticas y religiosas; pero el director lo deja como telón de fondo centrándose en la experiencia vital del niño. Esto hace que, como espectadores, sintamos que algo se nos ha hurtado.

Branagh no elige profundizar sobre el virulento conflicto de Irlanda de Norte, que tiene sus raíces en la violenta partición de Irlanda en 1921 y que enfrenta a la comunidad nacionalista o republicana, generalmente católica, y a la comunidad unionista que se identifica como británica, mayoritariamente protestante. Se queda con la mirada expectante del niño, con sus problemas amorosos con una compañera, con sus primeros escarceos con los problemas adultos y, sobre todo, con la educación sentimental que le proporciona su abuelo (Ciarán Hinds). Efectivamente debemos conformarnos con eso, y no es poco. Es notable el carácter elegíaco y la calidez con que Branagh retrata su infancia en Belfast.
Buddy con su padre y su abuelo


Diluido el conflicto político, la película centra su pugna en la decisión de quedarse en Belfast o emigrar a una nueva vida en Inglaterra. El enorme paro que asolaba la región y la virulencia de los disturbios los empujan fuera de su hogar. Recordemos que decenas de casas fueron incendiadas y que miles de personas abandonaron sus hogares.

En la misma entrevista, Branagh repasa sus intenciones a la hora de escribir la película: 

"Supongo que una de las razones para hacer la película fue algo que yo mismo descubrí en la sala de montaje y que nunca había mencionado. El día que la mafia subió por las calles exigiendo que se fueran los católicos y todos los protestantes que los apoyaban, mis padres se vieron obligados a marcharse, a hacer un sacrificio por mi hermano y por mí. El egoísmo de unos pocos demostró la generosidad de otros, que nunca dejaron de amar a su ciudad y se vieron obligados a emigrar."

 

Aunque no se cargan las tintas políticas, sí que hay un par de bofetones a los intransigentes: Un primerísimo plano de la abuela del niño (una estupenda Judi Dench) susurrando con amargura y firmeza, "Vete, hijo". También cuando un compañero presiona al padre de Buddy para que se implique en la lucha como protestante. Le exige que se defina quién es con esa frase tan odiosa de "es muy fácil o estás con nosotros o contra nosotros", a lo que él responde: "yo por lo menos sé quien eres tú, un pandillero".

Belfast, 1969







La película contiene  todo un puñado de citas que subrayan el amor por el cine que desde niño tuvo Branagh. Buddy sueña con un futuro que le aleje de los problemas pero, mientras tanto, tiene el escape del cine. Le vemos ir al cine con su familia, y la pantalla la vemos a todo color, para ver contemplar a la imponente Raquel Welch en Hace un millón de años o al divertido Dick Van Dyke en Chitty, Chitty Bang, Bang.

Brannagh también utiliza las películas clásicas que aparecen en el aparato de TV para subrayar el valor de su padre, que es protestante, pero no quiere implicarse con los grupos violentos. Así aparecen en los momentos más dramáticos escenas de El hombre que mató a Liberty Valance y Solo ante el peligro.

El homenaje que el director hace a su tierra permea todos los estratos de la película. El elenco de actores (a excepción precisamente del niño, Jude Hill) es plenamente irlandés: Jamie Dornan (el padre)  Caitriona Balfe (la madre) y Ciarán Hinds (el abuelo) son irlandeses, lo mismo que el gran Van Morrison que aporta ocho canciones a la banda sonora. También nos arranca una sonrisa cuando la tía de Buddy, ante su inminente marcha, le dice: "los irlandeses nacemos para emigrar. Sólo necesitamos un poco de nostalgia, una Guiness y Dany Boy"



No sé si la época que estamos viviendo invita a la nostalgia o es la edad de sus creadores que, después de triunfar, vuelven su mirada hacia la infancia. En poco tiempo nos hemos juntado con Roma de Alfonso Cuarón; Fue la mano de Dios, de Paolo Sorrentino y Dolor y Gloria, de Pedro Almodóvar. Ésta de Branagh abunda en el tema y de hecho ha reconocido que el clic para lanzarse a escribir y realizar Belfast, se lo produjo la película de Almodóvar. Viéndola encontró el tono correcto para un proyecto que llevaba varias décadas en su cabeza. 
Si comparamos ambas no cabe duda de que a Belfast le sobra un poco de azúcar y le falta alguna complejidad y desgarro. 

domingo, 1 de marzo de 2020

The GENTLEMEN - de Guy Ritchie

U.K. 2020

Guy Ritichie está de vuelta.
De vuelta a su mundo más querido, ese Londres donde se cruzan mil historias de negocios sucios y personajes estrafalarios. 
Y de vuelta en esto de hacer cine. Ahí está el formato que ha elegido: contarnos la historia de Mickey Pearson a través del relato que hace el investigador de un periódico amarillista como si fuera el guión de una película. Durante todo el metraje se lo está contando a Raymond (Charlie Hunnam), mano derecha de Pearson, con todo lo que esto tiene de juego temporal y de puntos de vista.

El hecho es que Mickey Pearson (Matthew McConaughey) es el rey de la maría en Londres, pero quiere retirarse y disfrutar de sus ganancias. Está negociando la venta de su sistema de producción y distribución con otro capo de la city, Matthew Berger (Jeremy Strong) y el precio del negocio son 400 millones de nada. Este simple movimiento provocará todo un terremoto en los bajos fondos de la ciudad, agitando mafias y bandas.

Por un lado el joven Dry Eye (Henry Golding) ve la oportunidad de dar un golpe en la mesa, hacerse con el negocio y sustituir a la vieja guardia de la mafia china. Por otro lado un mafioso ruso ha perdido a su hijo en un asunto de Pearson y clama venganza; y finalmente un grupo de maleantes youtubers, autodenominados Los Criajos, se cruzan por en medio robando una de las granjas de producción de Pearson. Todo un cúmulo de personajes y situaciones que Ritchie maneja con solvencia, giros sorprendentes y mucho humor negro.

La colección de personajes bizarros es amplia. Fletcher (Hugh Grant), el investigador de un periódico sensacionalista, es un tipo listo, dicharachero y buscavidas que antes de entregar el expediente a su periódico quiere sacar tajada. Lo sé todo, he documentado todos vuestros trapicheos, pero si me soltáis 20 millones del ala doy carpetazo al asunto y punto. Él será el narrador que irá poniendo sobre la mesa las escenas que compondrán el puzzle. Y nada mejor que un puzzle de situaciones cruzadas y personajes estrambóticos para que el estilo de Ritchie brille con todo su fulgor. Aquí una charla entre dos capos sonrientes que esconde un volcán en erupción; allí el asalto de los Criajos con la música y el ritmo de un videoclip recién subido a Youtube, o aquí una escena de máxima tensión con la mujer de Pearson empuñando una Derringer de 2 balas para enfrentarse a 3 mafiosos. Hummm.

Todo ello sin que falten diálogos ácidos con amenazas soterradas o intercambios gamberros que ironizan sobre lo políticamente correcto; como el que tienen dos pupilos de Coach en su gimnasio:
-¿Quieres subir al ring de una puta vez, negro cabrón?
-Me ha llamado negro cabrón, Coach.
-Pues yo creo que no se equivoca, eres negro y eres un cabrón.
-Ya. Pero yo no le llamo calorro hijodeputa, por muy gitano que sea.

Por su parte Mickey Pearson es un elegante pero muy duro contrincante. De origen norteamericano y modales barnizados por sus años de Universidad en Oxford, tiene muy bien calados a los niños pijos y a sus papás con título de relumbrón pero cuenta corriente escuálida. El tío tiene muy claro eso de que para ser el rey de la selva no sólo debes actuar como si fueses el rey, sino tienes que serlo. Lo cual significa ejercer el poder y estar siempre un paso por delante de todos.

También Charlie Hunnam hace de consiliere estupendamente; y Henry Golding representa con brío a ese joven Dry Eye con demasiadas prisas; pero mi trío favorito lo componen, aparte del locuaz Fletcher, el Coach con figura de Colin Farrell, gerente del gimansio que frecuentan Los Criajos. Un tío duro y seco como el pedernal, pero de una moralidad intachable. A pesar de tener un papel secundario en la trama, resulta trascendental para la misma  y, además, es el más ritchiano de todos los personajes.

El tercer vértice es Rosalind (Michelle Dockery), la sofisticada mujer de Pearson, toda una domintrix en ciernes. Ella es la mejor cómplice de su marido y un personaje que hubiera pedido un mayor desarrollo. Inteligente, hermosa e implacable, no sé qué da más vértigo, si sus rugientes coches deportivos (tiene un taller de altísima gama llevado por mujeres) o sus altísimos y afilados tacones.

Hay mucho de cine dentro del cine en la película aprovechando que todo está contado por Fletcher. Claqueta por favor, pide para ponernos en situación. Película de celuloide, también pide, "que se vea el grano". Os he seguido a todos, os he fotografiado, os he grabado como en La Conversación de Coppola... El tío le planta a Raymond, encima de la mesa, los folios de un guión titulado "Hierba", e incluso llega a presentárselo a uno de los jefazos de Miramax, que coincide que es la productora del film.¡⟳!

Tras unos años hollywoodienses con Sherlock Holmes, Operación U.N.C.L.E. o Aladdin; con este nuevo trabajo Ritchie vuelve a la estela de sus brillantes inicios, Lock, stock and two smoking barrels (1998), Snactch, Cerdos y diamantes (2000) y RockNRolla (2008); películas trufadas de gánsteres de todo pelaje, buscavidas varios e historias cruzadas que repercuten unas en otras como una pequeña teoría del caos. Todo ello sin que falte un corrosivo humor negro y una violencia muy de videoclip.

En este volvemos a encontrar un gran ritmo, giros sorprendentes y diálogos irónicos cuando no cínicos, para una historia enrevesada que mantiene el interés en todo lo alto. 

jueves, 6 de diciembre de 2018

VIUDAS - de Steve McQueen

U.K., 2018

Una de atracos y mucho más.
Con Steve McQueen a los mandos y Gillian Flynn (autora de Perdida) en la escritura, la película no se iba a quedar ahí.
Viudas es una impecable pieza de género en cuyo recorrido nos encontramos con un puñado de giros de guión de lo más sorprendente y, sobretodo, unas pinceladas de denuncia social y un drama muy bien armado. Un brebaje para disfrutar.

La trama se inicia con un atraco que acaba de la peor manera, todos muertos. Las viudas de los ladrones son asediadas por la víctima del robo, un mafioso de barrio que acaba de iniciar su carrera política. Ante esta situación las esposas deciden acometer un atraco que ya tenía diseñado el meticuloso líder difunto. En paralelo asistimos a la carrera electoral de dos tipos de signo bien distinto: uno es el capo robado que ve más oportunidades de medrar en la política con su reparto de cargos, prebendas y mordidas urbanísticas; y el otro, la octava generación de los Mulligan (Colin Farrell) cuyo padre (Robert Duvall) ha tenido que retirarse por sospechas de corrupción. 

Me encanta cómo la película nunca abandona la senda del atraco mientras va filtrando unos trazos verdaderamente interesantes sobre el empoderamiento de las mujeres, la violencia racista de la policía o la corrupción política. En definitiva una película de atracos con el fondo de un intenso drama. 

Hasta tres personajes tienen un dibujo fuerte y bien definido. Viola Davis brilla espectacularmente como Verónica, la mujer del líder que a su vez dirige esta nueva banda. La historia de amor interracial que comparte con su marido (Liam Neeson) está fotografiada con una hondura que ennoblece a la película. Pero es que además Viola Davis logra transmitir con igual desgarro, angustia y amor, duelo, desamparo y determinación. Está magnífica.

Los otros dos personajes que destacan son el de Linda (Michelle Rodríguez), la típica ama de casa engañada y el cínico aspirante a concejal del distrito 18 de Chicago, Jack Mulligan. Pero no les van a la zaga la tercera viuda (Elizabeth Debicki), una joven prisionera de su belleza y de una madre alcahueta. O el padre de Jack Mulligan: Robert Duvall sólo necesita un par de minutos en escena para sentar cátedra y depositar la jarra de cinismo a rebosar en medio de la mesa. Ante las dudas de su hijo le espeta:

¿tú crees que vas a cambiar algo?
Sólo se trata de sobrevivir, de mantener el poder. Esta ciudad es nuestra y no se la vamos a dejar al primero que venga.

Ahí está la presencia de un autor que sigue agitando conciencias: “El arte debe incitar el debate. Aquí quiero hablar de la corrupción, la violencia, la lucha de clases… Pero también explorar el duelo y el dolor", ha declarado. Lo bueno es que estas situaciones de crítica social (como la muerte del hijo de Verónica) son escuetas pincelas que están perfectamente encajadas en la trama. Y que la trama avanza anudando problemas y giros sin detenerse. Y que la narrativa visual de McQueen es elegante y precisa; haciendo que los contados golpes de violencia sean secos y contundentes. 


La película es compleja, con un buen puñado de personajes y situaciones (los dos políticos a la greña, el matón -Daniel Kaluuya- de uno de ellos, las tres viudas, el robo que acabó fatal); pero está urdida con una gran astucia y sabiduría para proporcionar un entretenimiento de altura. La mejor muestra de que un autor puede bajar a la arena de lo comercial y triunfar sin pecar de superficial. 



Las tres primeras películas de McQueen reflejaban rabia e incluso un desafío ante el sufrimiento. "Hunger", una huelga de hambre por parte de un miembro del IRA; "Shame", la obsesión autodestructiva de un tipo por el sexo, y "12 años de esclavitud", un golpe en la mesa contra la esclavitud y el racismo. Evidentemente no es el caso de esta cuarta película, que sigue derroteros propios del entretenimiento; pero sí incluye un cierto desafío: La película adapta una serie británica de 1983 y el director ha relatado su gestación
Es una historia que llevo conmigo desde 1983, desde que tenía 13 años. Recuerdo estar tumbado en el sofá de casa de mi madre, viendo una serie de ITV con la boca abierta. Esa serie era ‘Viudas’, uno de los primeros trabajos de Lynda La Plante. Sus protagonistas eran cuatro mujeres a las que todo el mundo les decía que no eran aptas. Y eso era lo que me decían a mí cuando era un crío: que no era apto, que no era competente. Es muy cruel que te juzguen por tu apariencia… pero ellas se salían con la suya, y eso me encantó. Por eso es personal”


MIchelle Rodríguez y Cynthia Erivo

























P.D.
Acabo la entrada y me doy cuenta que no figura el nombre de Cynthia Erivo. Quiero corregirlo y evitar la injusticia. Es una de esas secundarias que transmite una inmensa fuerza y se hace fácilmente un hueco entre las estrellas. Además, después de verla brillar en la reciente "Malos tiempos para El Royale", creo que la veremos frecuentemente.

jueves, 28 de septiembre de 2017

KINGSMAN y el CÍRCULO DE ORO - de Matthew Vaughn


Nada nuevo bajo el sol.-
Lamentablemente esta segunda película de los Kingsman no aporta nada nuevo a la estupenda original. Y eso que el guionista y director apuesta fuerte: para empezar de nuevo nada mejor que cargarse a todos los Kingsman incluida su sede. Órdago a la grande. Como únicos supervivientes, el desconsolado Merlín y el joven Gallahad han de pedir ayuda al amigo americano, los Stateman, con los agentes Tequila, Whiskey y Champagne (Jeff Bridges) a la cabeza. Brillante. 
Pero apenas hay nada más. 

Una introducción excesivamente larga, una aventura bastante simple y unas escenas de acción alargadas hasta la extenuación, la convierten en una película exagerada y comiquera como la primera; pero mucho menos gamberra, irónica y seductora. Volvemos a ver la escena del bar ("los modales hacen a las personas...les instruiré") y en ella se ve la falta de inspiración y de ángel. Lo mismo pasa con los diálogos, carentes de la chispa que tenían en la primera. Paradójicamente, teniendo menos que contar es más larga que aquella...y eso se nota. 

Pero ¿qué tenía la primera Kingsman?

Originalidad: al presentar una agencia nueva con héroes y organización sumamente originales. Una sastrería como tapadera, innumerables gadgets tecnológicos, la clase que destilan sus caballeros. Todo era fascinante.

Parodia e Ironía: La irreverencia referencial hacia James Bond cruzaba toda la película mientras Harry Hart (Colin Firth) nos demostraba que era un caballero de modales exquisitos: él no pelea sino que baila, no insulta sino que instruye, no suda, ni nunca pierde la compostura.
Relato de bildungsroman o aprendizaje: del mismo modo que en la trilogía original de Star Wars, el caballero Gallahad tenía un joven padawan al que instruir, y la distancia entre el paleto de inicio y el caballero final, hacía que el viaje mereciera la pena.
Un malvado totalmente ridículo pero afilado como un cuchillo, acompañado por una asesina particularmente insólita y atractiva, la gacela-pies-de-espada Gazelle.
Un final apoteósico,  tan insolente como memorable.
Espectaculares escenas de acción con peleas contundentes y acrobáticas.
Apología de la comida basura: en contraste con el refinamiento de los Kingsman el malvado es un entusiasta de la comida basura.
¿Qué tiene esta segunda? Sólo las dos últimas. 2 de 7. Poca cosa. Le falta ingenio y le sobran minutos y parafernalia. La alta comedia con transfondo filosófico ("un caballero no debe sentirse superior a los demás, basta con que sea mejor que su yo anterior") y hasta político, se ha perdido. Echo de menos todo lo que representaba el Harry Hart de Colin Firth, aquí un simple secundario.

Tanto Poppy (Julianne Moore), la malvada jefa del narcotráfico mundial, como el simple y feroz presidente de EEUU (una tenue parodia del majadero Trump) no logran remedar al infame y letal Richmond Valentine que compuso Samuel L. Jackson.

Toda la frescura y el descaro que demostró la primera se ha convertido aquí en algo convencional. Una película más de acción.

lunes, 7 de agosto de 2017

DUNKERQUE - de Christopher Nolan

Incapaz de hacer una película pequeña, Christopher Nolan nos relata de un modo intimista una de las acciones bélicas más complejas e impactantes de la 2ª Guerra Mundial, el rescate de más de 300.000 soldados ingleses, franceses y belgas  rodeados por los alemanes y sin más salida que el mar.

Cuando la Alemania nazi y la Unión Soviética invaden en 1939 Polonia, arranca la Segunda Guerra Mundial. Para evitar la invasión de Francia, Inglaterra envía la Fuerza Expedicionaria Británica (10 Divisiones) a Nantes y Cherburgo. Por aquella época se había concluido un ambicioso plan para cortar toda posible invasión alemana, la línea defensiva Maginot. Esta línea se extendía desde Suiza hasta Luxemburgo confiando en que la zona boscosa y abrupta de Las Ardenas fuese suficiente defensa natural. Pero el Jefe del Estado Mayor alemán Erich von Manstein no quería caer en la guerra de trincheras como ocurrió en la Primera Guerra Mundial y diseñó un plan más innovador y audaz, la Blitzkrieg, una guerra relámpago.

Las divisiones de tanques Panzer atacaron sorpresivamente cruzando los bosques de las Ardenas, establecieron cabezas de puente sobre el río Mosa y llegaron rápidamente al canal de la Mancha, aislando así a los ejércitos aliados en Bélgica y Holanda. Fue la consagración de la blitzkrieg. La acción coordinada de tanques y aviación asombró al mundo. La velocidad y el movimiento del ejército alemán derrotó a los franceses y aliados en sólo unos días. El 19 de mayo de 1940, el comandante de la Fuerza Expedicionaria Británica, general John Vereker Gort, recibe la noticia del comandante francés de que los franceses ya no tenían tropas entre los nazis y el mar. Gort da la orden de evacuación a través del canal de la Mancha por las amplísimas playas de Dunkerque. En ese momento empieza la película de Nolan, cuando un pelotón de soldados británicos es acosado por los tiradores nazis y llegan en su huida a las playas de Dunkerque, una ratonera bajo el fuego de la Lufwaffe.

El director no enhebra una historia, ni se centra en un personaje. Abandona la elaborada complejidad de otras tramas (el Caballero Oscuro, Inception) y nos entrega una película que es pura acción: un desnudo relato que es una sucesión de hechos sobre los que sobrevuela constantemente la tragedia. 

Autor también del libreto, Nolan abre tres frentes para hilvanar su narración: el dique de las playas de Dunkerque en el que durante una semana se agolpan soldados esperando barcos que no llegan y asediados por los stukas sin piedad. El barco de recreo Moonstone que personifica las docenas de barquitos civiles que acudieron a rescatar a sus soldados. Y un spitfire que rememora la guerra del aire. 

Cristopher Nolan juega con el tiempo (la acción del dique dura una semana, la del barquito un día y la del spitfire una hora) para comprimirlo todo en 107 minutos. Consigue con ello atenazarnos y sumergirnos sin escape en esta trampa mortal. Puedo decir que durante la proyección, la tensión agobiante me mantuvo la boca abierta y la respiración contenida. El drama humano que despliega la película es abrumador.

La ambientación es asombrosa. Las colas de soldados en las playas, el dique construido sobre camiones, el hundimiento por la artillería nazi, de uno de los ocho barcos hospital a pesar de llevar el emblema de la Cruz Roja, la avanzadilla de embarcaciones civiles, los torpedos....

La ausencia de diálogo, el anonimato de los soldados protagonistas, la ambientación extraordinaria y un sonido de lo más elocuente nos invitan a vivir casi un documental en vez de una película de ficción. Nadie se plantea más que sobrevivir. La cinta se convierte en una experiencia sobrecogedora de la guerra a través de la imagen y de un sonido extraordinario obra de Hans Zimmer.
Fotograma de la película y abajo, fotografía histórica















La Operación Dinamo se desarrolló entre el 29 de mayo y el 4 de junio de 1940. Las previsiones iniciales estimaban que se podría evacuar a 35.000 o 45.000 hombres. El gobierno pidió ayuda a las embarcaciones civiles porque la marina no daba abasto: respondieron barcos de pesca, remolcadores, ferries e incluso un vapor, el Medway Queen, que realizó siete trayectos de ida y vuelta. Participaron un total de 861 embarcaciones diferentes, 693 de ellas británicas, y pasó a la memoria histórica como el Milagro de Dunkerque. ¿Por qué Hitler no llevó a sus panzers hasta las playas para diezmar al ejército aliado? ¿Por qué dejó escapar a más de 300.000 soldados? ¿Caballerosidad o error de cálculo?

Hitler nunca pecó de generoso. Sus razones fueron estrictamente militares tal y como señala Ian Kershow, principal biógrafo del dictador alemán. El Führer aceptó la propuesta del general Gerd von Rundstedt de frenar la marcha de las unidades motorizadas para preservarlas de cara al avance hacia París. La Luftwaffe de Göring terminaría el trabajo. Cuando unos días después se dio cuenta de su error ya era demasiado tarde.

El 4 de Junio, el primer ministro Winston Churchill anunciaba en el Parlamento el éxito de la evacuación. Una victoria en medio de un desastre. Fue otro de esos momentos históricos en que el carismático líder recoge las cenizas y el dolor para entregar coraje y esperanza; el famoso discurso conocido como el We shall fight on the beaches:
"We shall go on to the end. We shall fight in France, we shall fight on the seas and oceans, we shall fight with growing confidence and growing strength in the air, we shall defend our island, whatever the cost may be. We shall fight on the beaches, we shall fight on the landing grounds, we shall fight in the fields and in the streets, we shall fight in the hills; we shall never surrender, and if, which I do not for a moment believe, this island or a large part of it were subjugated and starving, then our Empire beyond the seas, armed and guarded by the British Fleet, would carry on the struggle, until, in God's good time, the New World, with all its power and might, steps forth to the rescue and the liberation of the old."
"Seguiremos hasta el final. Lucharemos en Francia, lucharemos en los mares y océanos, lucharemos con creciente confianza y poder en el aire, defenderemos nuestra isla cueste lo que cueste. Lucharemos en las playas, lucharemos en las pistas de aterrizaje, lucharemos en los campos y en las calles, lucharemos en las colinas. ¡No nos rendiremos jamás! Y si, aunque no lo creo ni por un instante, esta isla o gran parte de ella, fuera subyugada y muerta de hambre; entonces nuestro Imperio de ultramar, armado y protegido por la Flota Británica, seguirá la lucha hasta que, cuando Dios lo quiera, el Nuevo Mundo, con todos sus recursos y poder, se lance al rescate y liberación del Viejo".
Vibrante.

Dos observaciones. 
La pantalla canta que no veas. Es una película Imax y ha de verse en una sala Imax. En el planeo final del spitfire sobre las playas casi no cabían las alas en la pantalla. El inmenso mar, las playas y el cielo claman por el formato preferido de Nolan.

Por otro lado es muy interesante que se estrene esta película en plena negociación sobre el Brexit.


Bonus.
Otro punto de vista sobre la evacuación de Dunkerque aparece en la película de John Wright, Expiación (Atonement). Allí el director lo resolvió con un memorable plano secuencia de 5 minutos de duración que analizan muy bien en spinoff.com.

domingo, 29 de mayo de 2016

ESPÍAS desde el CIELO - de Gavin Hood

-Eye in the Sky-
Muchos y atractivos elementos integra esta película aparentemente simple, que dedica la mayoría de sus planos a personas que observan pantallas. Suspense, tensión, dilema moral y juego político son las cartas de esta partida: una operación de guerra moderna basada en drones dirigidos por control remoto.

La coronel Katherine Powell (Helen Mirren) dirige una misión secreta para capturar a una súbdita británica convertida al islamismo y casada con uno de sus dirigentes. La misión cobra un nuevo giro cuando se reúne con otros dos terroristas que están entre los 10 más buscados. Entonces abatirlos se convierte en la primera opción.

La acción transcurre en Nairobi, Kenia; mientras la coronel Powel se encuentra en Londres dirigiendo a los operadores de drones que actúan desde una base en las Vegas, a más de 13.000 km. Drones con la última tecnología para vigilar y transmitir imágenes sobrevuelan cualquier espacio armados con misiles.

El director utiliza el gancho de una niña inocente, situada junto a la casa de los terroristas, para introducir el debate sobre los daños colaterales. Logra plantear la situación de forma aguda e incómoda, sin demagogias. ¿Sacrificarías a un inocente para salvar docenas de vidas? El Ojo en el cielo -título original- no sólo observa a los terroristas, también a los que toman decisiones sobre la guerra y su iris llega hasta la butaca del espectador. ¿Aceptas sin más el asesinato? ¿Te irrita que la decisión de apretar el botón no sea franca? ¿Te exaspera el debate cuando la oportunidad es tan clara? 

La película logra un tono de thriller que encuentra el equilibrio entre la reflexión y el entretenimiento. Una de las mejores cosas que consigue es graduar un magnífico suspense en una situación tan aparentemente nimia. Y también reflejar, incluso con humor y sátira, todo el entramado político y legal que se esconde detrás de una decisión de ataque. Los ingleses dudan, consultan a los expertos militares y legales. Los ministros se pasan la patata caliente unos a otros. No así el Secretario de estado norteamericano. Su decisión ejecutiva es clara.  

El director enriquece la película ofreciendo a los espectadores todos los puntos de vista: el de la coronel Powell, el ministro inglés, el fiscal general, el Secretario de estado norteamericano, el experto en daños, los operadores de los drones.... Una situación tan compleja como interesante.
Sin embargo ofrece un punto débil por su inverosimilitud. Los dos jóvenes que operan los drones viven su misión como un tormento emocional. Alistados para pagarse los estudios universitarios se ven comprometidos en una situación límite.


Rodada en tiempo real la cinta consigue un suspense perfecto. Las porfías entre las decisiones políticas y la licitud de la acción encuentra su culmen en el debate moral. Aunque no hay que engañarse, los políticos piden asesoramiento a militares y fiscales; pero finalmente su dilema no es moral sino oportunista, ¿Qué pasa con mi cargo si se filtran las imágenes y aparecen en Youtube cadáveres de civiles?.

La cinta ilustra con claridad meridiana todo lo que supone la globalización y la guerra con los drones. Desde Londres y en colaboración con EEUU (¡Ay, esa relación especial entre ingleses y norteamericanos, en la que quiso participar nuestro Josemari Ánsar yéndose a las Azores!), se ejecuta una acción bélica sin declaración previa de guerra. Sin soldados, asépticamente. 

Las implicaciones morales no son un asunto nuevo en el director Gavin Hood. Ya las pulsó en la infravalorada Expediente Anwar y también estaban en el fondo de la más comercial El juego de Ender donde, recordemos, se plantea la extinción de toda una raza a través de un videojuego. La distancia y la tecnología nos ayuda -hipócritamente- a no implicarnos, ni a ser salpicados por los horrores de la guerra.


El guión (de Guy Hibbert, autor del libreto de Cinco minutos de gloria y Omagh) y las situaciones planteadas son la fuerza de la película; sostenida por unas magníficas interpretaciones de un elenco en el que destacan Hellen Mirren, el recientemente fallecido Alan Rickman y un estupendo Barkhad Abdi que ya nos deslumbrara en la agobiante Capitán Philips.

martes, 8 de diciembre de 2015

SPECTRE - de Sam Mendes



James Bond, piloto.-





De coche, de aviones, de helicópteros. Sam Mendes se ha conformado con diseñar 2 o 3 escenas de acción  largas y presuntamente impactantes (la inicial con el helicóptero dando tumbos sobre la plaza del Zócalo en Méjico,  la del avión persiguiendo a los coches por los montes de Austria y la final de la demolición del edificio de MI6),  y todo lo demás lo ha dejado al adjunto a la dirección. Escenas sin ningún brío. Guión que desagua indolente.

En la anterior, Skyfall, caía M; en la actual cae el icónico edificio del MI6, pero no es lo mismo. El dinamismo y el interés que tensaba cada secuencia de Skyfall, aquí ha desaparecido. Se vuelve a los vicios de anteriores Bond: un poquito de acción, un malo ridículo, unas carreritas en coche, un sicario gigantesco e indestuctible y Moneypenny. Todo previsible, casi casi aburrido y sin ninguna pasión. 

Daniel Craig no transmite nada y el pobre Christophe Waltz está más perdido que una pulga en un perrito de plástico. Hasta en dos ocasiones tiene a Bond a su merced y en vez de eliminarlo le propone jueguecitos. Da pena verle teclear el ordenador como una hacendosa secretaria para dar apariencia de que está torturando a Bond, cuando en realidad le está dando tiempo para que se salve.

La presentación en el Zócalo está muy bien, la del malvado en un palacete de Roma tiene la enjundia y el silencio de lo sacrosanto, pero a partir de ahí, todo se reblandece y flojea.

La distancia entre la expectativa que vende y lo que ofrece es enorme. “Pobre Bond, eres una pobre cometa en medio de un huracán. Espectra está en todas partes, está en tu casa, en tu ordenador, en tu familia”. O bien "ten cuidado, vas a entrar en un mundo sin piedad", que le suelta un sicario de Espectra antes de suicidarse. Todo apunta supersiniestro, megaoculto, hipersinpiedad.... pero Bond entra y sale de la mismísima central de Espectra en el desierto, simplemente pegando cuatro tiros y haciéndola volar por los aires.

Hay un poco de película de adultos que se cae hasta convertirse en una película infantil.

domingo, 28 de junio de 2015

KILL List - Ben Wheatley

Inglaterra, 2011











Kill List pertenece a un extraño y reducido tipo de películas que guardan en su interior una violenta quiebra en su aparente itinerario. Con la que más semejanzas guarda, por supuesto, es con El Hombre de Mimbre (The Wicker Man) inclasificable film británico de 1973; pero también con Carrera con el diablo (Race with the Devil), una serie B con el siempre fronterizo Peter Fonda huyendo de una secta satánica en la Texas más profunda. E incluso me atrevo a relacionarla con una propuesta sumamente radical, Martyrs, de Pascal Laugier.

La cinta que nos ocupa comienza como un drama familiar, por el mal encaje de un soldado a su regreso de Afganistán, para derivar hacia la psicosis y desembocar en el puro terror.


Jay (Neil Maskell) es un exsoldado desorientado. Son constantes las broncas con su mujer; pero un día, su amigo y compañero de armas Gal, le propone una forma de reconducir su alborotada adrenalida: hacerse socios y convertirse en sicarios. Dos trazos nos avisan que el misterio acecha. Durante la cena de esta propuesta, la novia del amigo dibuja tras un espejo un símbolo nigromántico. Poco después, cerrando el trato, los tipos que les contratan no se conforman con un simple apretón de manos. Inopidamente retienen la mano de Jay y le hacen un profundo corte para sellarlo con sangre. 
Dos son los puntos fuertes de la película. El personaje de Jay, confuso y alucinado, logra arrastrarnos por el laberinto fungoso en el que penetra. 
Y la forma de narrarlo. Las secuencias tienen planos mutilados, cortados a machete; como que albergasen huecos de memoria en blanco.

El protagonista parece prisionero de un mecanismo que no controla. Está encerrado en su mente. Según pasan los minutos más parece una pieza ciega de un oscuro engranaje.

Todo carece de equilibrio. Jay y su mujer se gritan y pelean; pero al momento se están besando. Del mismo modo con su amigo Gal. Se insultan, se desprecian y se abrazan sin solución de continuidad.

Lo mejor es esa sensación de mal rollo que se va apoderando del espectador y que ve cómo se acrecienta el desconcierto y la pesadilla. Por momentos es como si la realidad se escapase de entre los dedos. Todo es cada vez más extraño e inquietante y además, sin explicaciones.

La película se divide en capítulos, El cura, El bibliotecario, el Policía Militar... Son los encargos. Pero no se trata sólo de asesinato. Lo perturbador, lo que nos deja con la mosca detrás de la oreja, es que las víctimas parecen darles la bienvenida, como que los están esperando. Golpeados y heridos de muerte, se muestran complacidos: "Hola, te agradezco que estés aquí. Estoy encantado de conocerte."

Esta reacción exaspera a Jay que eleva su virulencia hasta el paroxismo. Alguna de las secuencias son ultraviolentas. Por su falta de asideros, Kill List es desasosegante, aunque tenga un desenlace más bien convencional.

El caso es que el director quiso un final abierto. Según él, "Se puede leer como una película de serie B donde un chico se enreda con un culto y todo va demasiado lejos. O puede leerse como que Jay simplemente es un loco de mierda. Lo cual no es muy satisfactorio, ¡lo sé! Pero decidimos dejarla abierta. No todo tiene que ser explicado. Hay cosas que son inexplicables, y el misterio es mucho más interesante que la realidad."

Película notable de un director muy peculiar. Ben Wheatley tiene en su haber otras tres películas a cual más inquietante y bizarra. Down Terrace (2009), Turistas (Sightseers, 2012) y A Field in England (2013). En todas ellas mezcla, con fuerte sabor, la comedia más negra y la más seca violencia.

martes, 2 de junio de 2015

NUESTRO ÚLTIMO fin de SEMANA en ESCOCIA - de Andy Hamilton y Guy Jenkin












Tiene esta pequeña película ese punto entre excéntrico y costumbrista que unido el fino humor británico la convierten en una deliciosa comedia para disfrutar.

Con una trama sencilla donde un matrimonio recién separado y con tres hijos acude al 75 cumpleaños del abuelo, los guionistas y directores no dejan de dar puntadas sobre asuntos tales como la hipocresía de los adultos, la forma de afrontar la muerte o una pequeña lista de prejuicios sociales.

La película juega a subrayar el contraste entre la serena vida en las Tierras Altas escocesas (High Lands) donde vive el abuelo y el frenesí de la vida urbana de donde proviene esta familia a punto de disgregarse. Pero sobretodo abunda en otro tipo de contrastes, los que se dan entre la inocencia de la infancia y la hipocresía del mundo adulto. 

Los tres niños son el verdadero hilo conductor de esta historia y no albergan dudas respecto a la propuesta llena de convencionalismos y mentiras de los adultos, y la libertad y autenticidad que les propone el abuelo: "desmelénate", les suele repetir. Sed vosotros mismos.
Citada en los diálogos, la cinta se mira en el espejo de la divertidísima -y más ácida-  Pequeña Miss Sunshine.

La espontaneidad de los niños y sus excéntricas personalidades (la pequeña tiene piedras por amigos, el mediano sueña con hazañas vikingas y a la mayor le cuesta moverse entre tanta falsedad)  hacen que la película esté atravesada por un río de frescura y naturalidad que llega a producir situaciones verdaderamente hilarantes.
Bill Connolly, con su blanca melena, es el abuelo perfecto y tanto David Tenant como Rosamund Pike están muy desenvueltos en su papel de padres combatientes.

El teatro entre fantasioso y absurdo que montan nietos y abuelo acabará ofreciendo una salida coherente al cúmulo de hipocresía que bloquea la situación.

Ante los pequeños se presenta el tumulto y la confusión de los adultos frente a la inocencia y fantasía de una infancia que busca su lugar. El desconcierto de la niña mayor queda patente al llevar un libreta donde apunta todo buscando su comprensión: "bueno, decidme claramente las mentiras que hemos de contar", les suelta a los padres ante la reunión familiar.



Entre ambos mundos el abuelo aparecerá como el guía verdadero. Su filosofía desprejuiciada se resume en que todo hombre es ridículo, por lo que juzgarle está fuera de lugar. Él les animará a no tener miedo e ir más allá de los convencionalismos en los que se mueven sus padres.

Fantasiosa, fresca y divertida.