viernes, 5 de junio de 2026

MURIÓ con los OJOS ABIERTOS - Derek Raymond


Se podría decir que esta novela desarrolla el tema de una extraña suplantación, la de un policía que según avanza en la investigación de un asesinato va convirtiéndose en la víctima.
"Para mí, Staniland no era otro cadáver esperando en el depósito. A través de sus textos y sus cintas seguía vivo en lo que a mí respectaba. Había empezado a pensar, soñar, casi a ser Charles Staniland por poderes, incluso antes de conocer a Bárbara. Ahora, debido a la relación que había iniciado con ella, yo, como el mismo Staniland, estaba moldeándome a una forma nueva y mucho más retorcida y compleja."
Charlie Staniland aparece brutalmente asesinado en el oeste de Londres. Lo han matado con mucha saña a pesar de ser un don nadie. Tenía cincuenta y un años, era alcohólico y su vida había sido un auténtico desastre. Era un fracasado confeso al que además torturaba la pérdida de su hija. Incapaz de mantener el rumbo lo había perdido todo, incluso la dignidad. La cara del muerto "no era un rostro fuerte, sino un rostro que lo había visto todo sin entender nada hasta que ya fue demasiado tarde". Un sargento detective sin nombre, de un departamento olvidado (el de Muertes Inexplicadas de Scotland Yard) llevará a cabo un investigación que a nadie importa.
 
Desde el principio queda claro que el mundo en el que nos va a introducir este sargento narrador es atroz e inclemente. Cada uno de los tipos que aparecen, sean principales o secundarios, son gentuza. Los de la ambulancia recogen el cadáver como si fuera basura, el forense actúa de forma rutinaria, el propio jefe del detective le recomienda no perder demasiado tiempo en un caso que no le servirá para ascender... Tampoco el camarero del bar que frecuentaba el muerto demuestra ninguna compasión. 
ⓒ Sir Don McCullin "Aldgate, London"

Para descubrir a los responsables del crimen, nuestro policía se dedicará a reconstruir la miserable existencia de Staniland. Dónde vivió, qué familia tenía, en qué trabajó, qué tipo de persona era, a quién conocía. Su encuesta es minuciosa. Habla con toda persona relacionada con Staniland, lo cual le hará recorrer todos los antros de la ribera sur del río, un verdadero descenso a los infiernos. Replicará los mismos itinerarios que Staniland, se emborrachará en los mismos tugurios y se enamorará de la buscona y voluptuosa Bárbara hasta prácticamente convertirse en él. ¿Por qué? Necesita comprenderlo y para eso nada mejor que ponerse en su pellejo. Encima cuanto más lo conoce más le interesa. 

Le ayudará mucho la colección de cintas de casete que el difunto grababa como un poseso. Ahí está todo él, como un flujo encapsulado de su conciencia. Sus anhelos de escritor, sus múltiples fracasos, su obsesión con la lasciva Bárbara, su visión de la sociedad como una cloaca corrupta. 

"La cinta de Staniland dice:

Bárbara fue incubada en la rabia como una avispa, y morirá envuelta de rabia. Su promiscuidad es una agresión: utiliza el sexo para aniquilar a los hombres. Así se venga de la existencia humana."

Escuchar las cintas es asistir a una ristra de fracasos y humillaciones, pero con una entereza desesperada que fascina al detective. Cuanto más escucha, más personal se vuelve el caso. Conocerlo a él se está convirtiendo en conocerse a sí mismo. Hay un poso existencialista muy potente en esas cintas del que se impregna el policía y que junto al retrato de un mundo inhóspito y despiadado constituyen las dos señas de identidad de la novela.
"Cuando estoy demasiado borracho para escribir, hablar de lo que me pasa me alivia el dolor. No padezco de autocompasión, sin embargo. Lo que me hace sufrir es tener que habérmelas con lo absoluto. El suplicio que se fija un escritor es el de localizar la existencia y entonces, cuando los dos estén completamente en cueros, resolverlo a hostia limpia." pág. 252
El policía es un tipo íntegro y reflexivo. Se vislumbra en él cierta amargura o tormento vital. Quiere saber cómo y por qué la vida de Staniland se fue por las cloacas porque intuye que todos, en determinados momentos, estamos a punto de sufrirlo. Las cintas nos permiten asomarnos al abismo de un alma abrasada por la culpa, la desesperación y el fracaso. Las notas son tan genuinas y desnudas que provocan en el detective una insólita  identificación con la víctima. Le parece que Staniland no sólo reclama justicia sino también comprensión. 
"En otra cinta, Staniland había dicho: "¿Por qué tenemos que sufrir de esta forma? Otros se han comportado peor que yo y sin embargo, han salido impunes. Tengo el cerebro totalmente magullado." Y: "He recibido una terrible paliza a manos de la verdad y me siento domado, sabio y desesperado, como si hubiese cortado por el atajo a la sabiduría a través de un espejo y me hubiese hecho un corte profundo mientras intentaba llegar al otro lado." p. 229
Aaron´s room, by Smiler 


El estilo es muy singular, brutal y realista a la vez que portador de una verdad emocional única. El detective nos transmite el recorrido de un alma sombría que vaga a la intemperie. Los capítulos son cortos y precisos, de no más de cinco páginas. En cada uno se van desgranando alternativamente los textos de las cintas y los encuentros con los testigos de la vida de Staniland. El puzle es brutal.

En esta mezcla tan personal de existencialismo y hard-boiled no falta el comentario sociopolítico. Derek Raymond era hijo de un magnate textil, pero huyó de una vida acomodada. Abandonó el exclusivo Eton a los dieciséis años y frecuentó los círculos de la delincuencia londinense de los años cincuenta trabajando en las apuestas ilegales, el tráfico de pornografía e incluso de carnicero. Para cambiar de aires, se estableció en el París de los existencialistas. También viajó por España y EEUU. Durante años fue taxista nocturno en los peores barrios de Londres, lo que le permitió conocer de primera mano los bajos fondos de la capital. De ahí que el mundo que retrata sea feroz.
"Bajo su follaje cuidado con esmero, los guardas de Battersea Park cierran las verjas a las diez y media de la noche, recordándote que ya no estás en el campo. Menos de tres calles más allá, los rastafaris vagan y aúllan. Excluidos de todos los bares de la zona según alguna ley no escrita, son los reyes de la calle: salen a la caza de los asiáticos, de aquellos blancos que son demasiado indefensos para tomar represalias; y por lo general, de cualquier persona que les parezca inteligente, y por lo tanto, seguramente rica. La única posesión que tienen los negros desempleados son las losas. Battersea representa una situación nacional desesperada, y sólo una sucesión de gobiernos típicamente británicos iba a ser capaz de guiarnos hacia ella. No soporto Battersea. lo único que deseo es volverme loco." p.32




Un guionista con el que trabajó Staniland en la BBC opina que los dos problemas que tenía eran el aburrimiento y las relaciones amorosas. Poco a poco las cintas nos irán dando claves más profundas. 
"Puse otra de las cintas de Staniland:
La mayoría vive con los ojos cerrados pero, cuando me muerta, quiero tenerlos bien abierto. Por instinto, todos queremos morir de la forma menos complicada posible. Personalmente tengo dos soluciones. La primera es beber, Bebo para olvidarme y cuando ya no soy capaz de pensar ni de sentir, me caigo o me doy un golpe. Esa sería una forma de morir con los ojos cerrados. La otra forma es racionalizar mi experiencia. Sin embargo, por muy racional que sea la forma de pensar de cada uno, es fácil confundirse. la existencia es ciega: no juega ni a tu favor ni en tu contra. Esta imparcialidad contradice todo lo que supone la existencia humana; no hay ni amor ni odio, ni caricias ni agresiones en tu forma de vivir el día a día. La existencia es como la bolsa: puedes vivir haciendo el ridículo hasta el final y seguir hasta que caigas destrozado."
pág. 126

La novela cuenta con un estupendo Prólogo del gran James Sallis. Según él Derek Raymond mantenía que "la novela negra describe a hombres y mujeres cuyas circunstancias los han llevado al límite, gente cuya existencia se ha torcido y deformado. Trata de convertir una batalla pequeña y estremecedora con uno mismo en una lucha mucho más trascendente: la lucha universal humana contra el contrato vital que a todos nos ata, cuyos términos son incumplibles, en el que la derrota está asegurada.

Pues eso. Una novela muy negra y desgarradora. 






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Robin William Arthur Cook (1931-1994) firmó sus novelas como Derek Raymond.  Junto 
a Ted Lewis y su famosa trilogía de Carter, en la década de los setenta, están considerados como los padres de la novela negra inglesa. Lewis retrata la Inglaterra industrial de los 60 que Thatcher se encargaría de liquidar. 
Murió con los ojos abiertos es la primera de cuatro novelas que escribió en torno a La Fábrica: «Los malos la llaman La Fábrica porque tiene la mala reputación de hacer sospechosos en las salas de interrogatorios; la gente que aún piensa que nuestros policías británicos son maravillosos deberían pasar una noche en la Fábrica golpeados o bajo a luz con un grupo de tres».  Las otras tres novelas son The Devil´s Home on Leave (El diablo vuelve a casa), I Was Dora Suarez (Requiem por Dora Suárez) y How the Dead Live. Las dos primeras también han sido publicadas en España aunque son difíciles de encontrar. Todas comparten el mismo narrador, ese policía sin nombre y ajeno a los ascensos, que tiene a la mujer internada en un manicomio. Su método de investigación no varía en ninguna de ellas, él necesita identificarse con las víctimas.