viernes, 6 de marzo de 2026

MARTY SUPREME - de Joshua Safdie

2025


Me he pasado toda la película preguntándome si el protagonista es un héroe o un ca⚐ullo supremo miserable y manipulador. 

La película se presenta como la típica historia de superación a través del deporte. Marty Mauser (Timothée Chalamet) es un pobre tipo que malvive en el Lower East Side de Nueva York, en 1952, trabajando en la zapatería de su tío. Pero su lugar no está allí. Él aspira a la grandeza y nada en el mundo le va a parar. Tiene un objetivo muy claro en su vida: ser el mejor del planeta en la disciplina del ping-pong. De hecho está esperando su último sueldo y el finiquito para pagarse el viaje y competir en el Abierto de Inglaterra, donde estarán los mejores. No sin dificultades logra acudir y va pasando fácilmente de ronda. Ya en semifinales derrota al antiguo campeón y juega la final contra un sorprendente japonés que usa una pala y unas técnicas nunca vistas. Se trata de una visión del futuro que le atropella. Un año después se jugará el Campeonato del Mundo en Tokyo y Marty sueña con ganar allí y triunfar a lo grande. 
Ese es el espíritu.

La máxima ambición empuja la vida Marty, que no ignora que conseguir su sueño le costará un ímprobo esfuerzo y sacrificio. Pero siendo así que el ping-pong está empezando y que él no tiene oficio ni beneficio ¿de qué va a vivir hasta que llegue el triunfo?
Ese es el asunto. 

Y Marty lo tiene claro: mentirá, engañará, robará, manipulará, se humillará. Hará todo lo que sea necesario para mantenerse a flote y llegar al Campeonato. La película desarrolla la idea -de forma descarnada- de que el éxito justifica cualquier precio y medio para lograrlo.
 



Marty siempre camina al borde del precipicio. El tipo se pasa todo el tiempo, pero todo, todo el tiempo -24/7- buscando dinero. Incluso buscando dónde dormir. Su periplo es incesante, agotador para cualquiera, pero a él no le afecta nada. Cuando la actriz retirada (Gwyneth Paltrow) a la que engatusa le pregunta cómo se gana la vida, él le responde que no piensa en eso. Tiene un objetivo verdaderamente grande en mente y el dinero le vendrá por añadidura. ¡!

El chico tiene un innegable encanto y mucha labia. Además nunca se rinde. Su fe en sí mismo es inquebrantable. Esto quizás es lo que más me frena para declararle el tipo más mendaz e infame de este lado del Hudson. Es un superviviente nato que no le importa echar mano de cualquier cosa, sea un fraude, una mentira o un robo; aunque sea a su amiga de la infancia, a un vecino, a su tío o a la ajada actriz que tiene engaritada. La estafa y la mentira son sus armas de supervivencia.

Así que poco a poco la película se va desprendiendo de cualquier hechizo. La historia ya no resulta inspiradora. De hecho no vemos a Marty entrenar más que unos segundos. Tampoco oímos su voz en off comunicándonos sus preocupaciones o anhelos; ni tan siquiera se nos ofrece algún pequeño flashback que nos acerque a su infancia, a su familia o a su sueño. El tipo es un canalla sin ambages y su ambición desmedida y fuera de lugar. Busca un lugar en el sol que no le corresponde por más que se empeñe en ello pisoteando vidas y abandonando cadáveres.



Yo creo que la película juega con el formato de una típica historia de superación y un protagonista decidido a todo para lograr su sueño. Se sirve de nuestra expectativa para empatizar con el héroe; pero luego lo desnuda hasta la miseria. En algunos momentos el tipo me resulta repugnante. De hecho lo conocemos en una reunión haciendo un comentario odioso sobre un jugador judío, "¡Voy a hacerle a Klutsky lo que Auschwitz no pudo!", les dice a unos amigos. Luego, al ver la cara de los otros, se excusa diciendo que no hay problema, que él lo puede decir porque también es judío. El tío va a saco. Es despreciable.

Pero otra cosa es la película, su guión, intérpretes y realización. Todo ello magnífico, lleno de vértigo e intensidad. La cámara se pega a Marty y nos hace correr con él de aventura en aventura, buscando dónde dormir, a quién extorsionar o a quien engañar para sacarle algo. La acción es frenética. Las peripecias del segundo acto, cuando Marty se vuelve loco buscando dinero para ir a Tokyo son innumerables y todas caóticas. Unas apuestas de ping-pong en un antro de Nueva Jersey acaban complicándose hasta provocar el incendio de una gasolinera. Un intento de estafa con un perro perdido acaba con varios cadáveres. 

Marty vive en permanente estado de urgencia y necesidad. Todo es buscar y buscar o huir de quien le quiere trincar. La narración adquiere así un ritmo vertiginoso. Marty solo vive para perseguir el éxito, lo que le hace vivir sin aliento... y sin responsabilidad. Todo le vale, por deshonesto o humillante que sea.



Bien, pues una vez decidido que el pájaro es un cal၁rón de cuidado ya sólo nos queda pensar si representa algo. Tengo que reconocer que en algún momento me acordé de Leonardo Di Caprio en Atrápame si puedes o en El lobo de Wall Street, con un tipo aullando, follando y snifando mientras el dinero volaba a su alrededor como una droga que adormecía sus instintos. Sí. La película habla de eso. De la ambición desbocada. De la naturaleza corrupta del capitalismo. De unos EEUU donde se inocula la obsesión por el éxito cueste lo que cueste. Del sueño americano despojado de todo glamour, con sus fauces asomando tras la sonrisa embaucadora.

En cambio me cuesta relacionarla con El Buscavidas (Robert Rossen, 1961), donde Paul Newman luce maravillosamente. Ambas comparten el hecho ser una radiografía despiadada de la filosofía norteamericana del éxito; pero en la de Rossen hay un pathos del que Marty carece. Allí hay tragedia y autodestrucción; mito. Aquí sólo un niñato mezquino y aprovechado. 







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* Repaso la filmografía de Joshua Safdie, firmada hasta esta última junto a su hermano Benny, y me doy cuenta de que muchas comparten un leit motiv. Tanto en Diamantes en Brutocon Adam Sandler (2019), como en Good Time (2017), con Robert Pattinson, nos encontramos con perdedores viviendo una odisea caótica por el submundo, mientras persiguen el dinero que resuelva sus problemas.


** La cinta se inspira en la historia del pentacampeón mundial de ping-pong Marty Reisman, una verdadera leyenda que nació en el Lower East Side de Manhattan en los años 30 y empezó a jugar al ping-pong por dinero. Acabó convertido en campeón nacional en 1958 y 1960, ganándose el apodo de The Wizard of Table Tennis. En 1974 publicó sus memorias con un título de lo más expresivo: The Money Player: The Confessions of America’s Greatest Table Tennis Champion and Hustler. Allí cuenta sus correrías apostando y traficando para buscarse la vida. Un prenda.

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