¡Qué realista y emotiva película sobre el drama de sufrir el Síndrome de Tourette!
En cine ya habíamos visto a personajes con este trastorno, el psiquiatra interpretado por Oscar Martínez en TOC-TOC (2017) o el detective interpretado por Edward Norton en Huérfanos de Brooklyn (2019). Estos dos intérpretes bordan su actuación pero las películas no profundizan en este problema, ni muestran las duras implicaciones de vivir con Tourette. El sufrimiento de no poder controlar tu mente y tu cuerpo cuando decide descargar energía en forma de espasmos y tics gestuales y musculares, muchas veces acompañados de incontinencia verbal en forma de insultos y lenguaje soez, todo ello de forma involuntaria. Los afectados soportan una tensión constante que los mantiene fatigados. Incluso pueden llegar a sufrir espasmos tan extremos que los hacen lesionarse, produciéndose desgarros musculares.
La película relata la vida de John Davidson, un joven escocés de Galashiels, cerca de Edimburgo, que de pronto, en su primer año de instituto, se vio invadido por tics y espasmos, gritando e insultando sin venir a cuento. Poco a poco su vida fue convirtiéndose en una pesadilla y su futuro empezó a truncarse. Incluso su padre, harto de una situación que le sobrepasaba, acabó yéndose de casa. ¡Pero qué se ha creído este chico! Nadie sabía si se trataba de una afección neurológica o de un caradura que se divertía insultándose a la cara. Este trastorno fue descrito en 1885, pero un siglo después seguía siendo un desconocido que provocaba situaciones muy violentas y una dolorosa exclusión social.
La película es limpia y fresca como un manantial. Nos muestra la adolescencia y juventud de Davidson transitando por un desierto de incomprensión. Sin cargar las tintas. Sin hacer melodrama. Sin didactismo. Las situaciones reproducen muchas de sus experiencias reales. Hay multitud de momentos hilarantes, de auténtica carcajada, a cuenta de reacciones de lo más sorprendente. También hay momentos en que se te encoje el corazón. La cámara refleja la vida misma, sin máscara alguna, con su mezcla grotesca de comedia y drama. En alguna entrevista el propio Davidson ha reconocido que su "vida es de lo más trágico y de lo más cómico a la vez".
Creo que si la película te provoca una reflexión es la de que todos cargamos con lacras... y todos necesitamos comprensión. La cinta revela el agotamiento que sufren las personas con Tourette y su círculo más próximo. También la violencia (los insultos pueden llegar a enfurecer) y la discriminación social y laboral que suele acompañar a esta afección. Darlo a conocer al gran público es todo un reto y eso es lo que han hecho figuras como el músico escocés Lewis Capaldi o la cantante estadounidense Billie Eilish. El propio John Davidson, ya adulto, se convirtió en un activista de su causa organizando encuentros y seminarios para dar visibilidad y ayuda a los enfermos y familiares afectados.
Resulta paradójico que una vida tan penosa, con gran impacto en la vida diaria, pueda provocar carcajadas, pero John Davidson lo tiene asumido e incluso lo fomenta. En una entrevista el director de la película reveló que John le reconoció que "si no fuera por el humor, sería muy difícil vivir cada día con esta condición porque puede ser muy trágico". Más paradójico todavía es que Davidson haya sufrido palizas a cuenta de la incomprensión de su trastorno, cuando es una persona de lo más amable, gentil y generosa.
Él tuvo mucha suerte ya que se encontró con Dottie Achenbach (Maxine Peake), la madre de un amigo del colegio que había sido enfermera de salud mental y que en ese momento padecía cáncer. Cuando la conoció fue lo primero que le soltó a la cara "¡Te vas a morir de cáncer!". Pero ella comprendió muy bien su enfermedad. Lo acogió en su casa y le quitó la medicación que simplemente lo anulaba. Lo dejó ser él mismo. Le buscó un trabajo. Llegó a hacerle prometer que no le pediría disculpas por cada insulto o grito: yo sé que no eres tú el que lo hace y me pone frenética que estés disculpándote todo el rato, le dijo. El otro punto de apoyo fue Tommy (Peter Mullan), conserje del Centro Comunitario donde Davidson llegó a trabajar. Ambos representan la mejor forma de integrar a las personas con este síndrome.
Davidson salió adelante y encontró su camino: ayudar a los que sufrían su mismo trastorno, juntarlos, consolarlos, ayudarles a entenderse, orientar a sus padres, a la policía, a los profesores. Presentar documentales en televisión explicando cómo era su día a día conviviendo con su enfermedad.
Por todo ello se hizo acreedor a la más alta distinción de la corona, la Orden del Imperio Británico, que en 2019 le impuso la mismísima reina Isabel II. Y ocurrió que el Tourette no quiso perderse la ceremonia. Davidson recorría la sala mientras sonaban las gaitas y la reina esperaba para condecorarle cuando de pronto soltó un estentóreo "¡Que le jodan a la reina!". Sin ningún género de duda debe ser el único condecorado que le ha soltado tal improperio a la reina.
Hay que subrayar el gran trabajo de interpretación que lleva a cabo Robert Aramayo (fue Ned Stark en ´Juego de tronos´). Para meterse en un papel tan difícil y eléctrico estuvo conviviendo durante tres meses con el propio John Davidson. Juntos paseaban al perro, iban al supermercado e incluso trabajaron coco con codo en el centro comunitario limpiando y preparando las sillas y las mesas. Su interpretación le ha hecho ganar el Premio BAFTA a Mejor actor, superando a los favoritos Leonardo Dicaprio (por ´Una batalla tras otra´) y Timothée Chalamet (por ´Marty Supreme´).
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| El real John Davidson con su perro |
No te pierdas esta historia tan inspiradora.






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