jueves, 6 de diciembre de 2018

VIUDAS - de Steve McQueen

U.K., 2018

Una de atracos y mucho más.
Con Steve McQueen a los mandos y Gillian Flynn (autora de Perdida) en la escritura, la película no se iba a quedar ahí.
Viudas es una impecable pieza de género en cuyo recorrido nos encontramos con un puñado de giros de guión de lo más sorprendente y, sobretodo, unas pinceladas de denuncia social y un drama muy bien armado. Un brebaje para disfrutar.

La trama se inicia con un atraco que acaba de la peor manera, todos muertos. Las viudas de los ladrones son asediadas por la víctima del robo, un mafioso de barrio que acaba de iniciar su carrera política. Ante esta situación las esposas deciden acometer un atraco que ya tenía diseñado el meticuloso líder difunto. En paralelo asistimos a la carrera electoral de dos tipos de signo bien distinto: uno es el capo robado que ve más oportunidades de medrar en la política con su reparto de cargos, prebendas y mordidas urbanísticas; y el otro, la octava generación de los Mulligan (Colin Farrell) cuyo padre (Robert Duvall) ha tenido que retirarse por sospechas de corrupción. 

Me encanta cómo la película nunca abandona la senda del atraco mientras va filtrando unos trazos verdaderamente interesantes sobre el empoderamiento de las mujeres, la violencia racista de la policía o la corrupción política. En definitiva una película de atracos con el fondo de un intenso drama. 

Hasta tres personajes tienen un dibujo fuerte y bien definido. Viola Davis brilla espectacularmente como Verónica, la mujer del líder que a su vez dirige esta nueva banda. La historia de amor interracial que comparte con su marido (Liam Neeson) está fotografiada con una hondura que ennoblece a la película. Pero es que además Viola Davis logra transmitir con igual desgarro, angustia y amor, duelo, desamparo y determinación. Está magnífica.

Los otros dos personajes que destacan son el de Linda (Michelle Rodríguez), la típica ama de casa engañada y el cínico aspirante a concejal del distrito 18 de Chicago, Jack Mulligan. Pero no les van a la zaga la tercera viuda (Elizabeth Debicki), una joven prisionera de su belleza y de una madre alcahueta. O el padre de Jack Mulligan: Robert Duvall sólo necesita un par de minutos en escena para sentar cátedra y depositar la jarra de cinismo a rebosar en medio de la mesa. Ante las dudas de su hijo le espeta:

¿tú crees que vas a cambiar algo?
Sólo se trata de sobrevivir, de mantener el poder. Esta ciudad es nuestra y no se la vamos a dejar al primero que venga.

Ahí está la presencia de un autor que sigue agitando conciencias: “El arte debe incitar el debate. Aquí quiero hablar de la corrupción, la violencia, la lucha de clases… Pero también explorar el duelo y el dolor", ha declarado. Lo bueno es que estas situaciones de crítica social (como la muerte del hijo de Verónica) son escuetas pincelas que están perfectamente encajadas en la trama. Y que la trama avanza anudando problemas y giros sin detenerse. Y que la narrativa visual de McQueen es elegante y precisa; haciendo que los contados golpes de violencia sean secos y contundentes. 


La película es compleja, con un buen puñado de personajes y situaciones (los dos políticos a la greña, el matón -Daniel Kaluuya- de uno de ellos, las tres viudas, el robo que acabó fatal); pero está urdida con una gran astucia y sabiduría para proporcionar un entretenimiento de altura. La mejor muestra de que un autor puede bajar a la arena de lo comercial y triunfar sin pecar de superficial. 



Las tres primeras películas de McQueen reflejaban rabia e incluso un desafío ante el sufrimiento. "Hunger", una huelga de hambre por parte de un miembro del IRA; "Shame", la obsesión autodestructiva de un tipo por el sexo, y "12 años de esclavitud", un golpe en la mesa contra la esclavitud y el racismo. Evidentemente no es el caso de esta cuarta película, que sigue derroteros propios del entretenimiento; pero sí incluye un cierto desafío: La película adapta una serie británica de 1983 y el director ha relatado su gestación
Es una historia que llevo conmigo desde 1983, desde que tenía 13 años. Recuerdo estar tumbado en el sofá de casa de mi madre, viendo una serie de ITV con la boca abierta. Esa serie era ‘Viudas’, uno de los primeros trabajos de Lynda La Plante. Sus protagonistas eran cuatro mujeres a las que todo el mundo les decía que no eran aptas. Y eso era lo que me decían a mí cuando era un crío: que no era apto, que no era competente. Es muy cruel que te juzguen por tu apariencia… pero ellas se salían con la suya, y eso me encantó. Por eso es personal”


MIchelle Rodríguez y Cynthia Erivo

























P.D.
Acabo la entrada y me doy cuenta que no figura el nombre de Cynthia Erivo. Quiero corregirlo y evitar la injusticia. Es una de esas secundarias que transmite una inmensa fuerza y se hace fácilmente un hueco entre las estrellas. Además, después de verla brillar en la reciente "Malos tiempos para El Royale", creo que la veremos frecuentemente.

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