viernes, 17 de noviembre de 2023

LOS ASESINOS de la LUNA - de Martin Scorsese



Salgo de la película decepcionado.
La historia merece la pena contarse -el expolio racista de los indios Osage- y sus 3 horas y media se siguen con interés -Scorsese nunca aburrirá-, pero el desarrollo de la trama resulta plano y los personajes carecen de profundidad.

Lo peor de todo es que el engaño del hombre blanco hacia el indígena es tan mostrenco que sonroja. No hay tensión. Más que maldad hay una burda mezquindad. Un descarado saqueo avalado por una ley arbitraria perpetrada por los blancos.

Los indios Osage han sido expulsados primero de Missouri y luego de Arkansas hasta ser confinados finalmente en un territorio perdido de la mano de Dios en Oklahoma... pero resulta que al poco tiempo descubren que el subsuelo está pletórico de oro negro. Los yacimientos de petróleo que encontraron en 1894 convirtió a la Nación Osage en la más rica del mundo... y objeto de envidia por parte de los colonos blancos. El derroche y la ostentación -mansiones, coches, joyas, criados- hizo que los colonos les acusaran de incompetentes para administrar semejante riqueza y, efectivamente en 1908, el Congreso de EEUU otorgó a los tribunales de aquellos condados la capacidad de considerar a los indígenas "menores e incompetentes". De este modo el tribunal podía nombrar un tutor blanco para supervisar los asuntos financieros de cualquier Osage. ¿¡!?😕

Una delegación Osage con el presidente Calvin Coolidge en la Casa Blanca el 20-enero-1924


En 1921 el Congreso todavía llegó más lejos en su "protección" hacia los pobres Osages. Aprobó un ley que los consideraba incompetentes para manejar su inmensa riqueza; obligándoles a canalizar sus pagos, compras y ventas a través de tutores -por supuesto blancos- designados por los tribunales.

El abuso y el expolio fue tan racista y repugnante que no sé cual hubiese sido el mejor modo de relatarlo. Scorsese se centra en la época de los años 20 denominada "reinado del terror", cuando murieron o desaparecieron cerca de 60 indígenas en una evidente conspiración para arrebatarles sus derechos y riquezas. Muchos hombres blancos casados con indias no se conformaron con compartir su riqueza y llegaron a asesinar a familias enteras para asegurarse la herencia. 

La principal mano negra que estuvo detrás de estos crímenes fue William King Hale, un ganadero blanco con buenos contactos políticos que se autoproclamó "Rey de las colinas Osage". El tipo se mostraba sumamente paternal con los indígenas y acumuló poder y prestigio repartiendo favores que luego se cobraba con creces.  




Con la Primera Guerra Mundial recién concluida, la fiebre del petróleo se disparó entre aquellos que buscaban hacer fortuna. Ahí es donde aparece el joven Ernest Burkhart (Leonardo DiCaprio), sobrino de William Hale (Robert de Niro); un soldado recién licenciado y sin blanca. Rápidamente su tío le busca novia, una joven india (Mollie) cuya familia ostenta los derechos de una buena explotación petrolera. Ahí tienes tu oportunidad, le dice su tío... porque si se diera el caso de que la madre y las hermanas de Mollie murieran, el marido de ésta sería el heredero de una fortuna. 

Ernest Burkhart no es más que un pobre buscavidas y su tío un tipo taimado y sin escrúpulos. Tampoco los sicarios que contratan son más que unos granujas desastrados. De ahí que la película no despegue. Todo es demasiado ramplón. A veces todo parece una ocurrencia. King Hale convence en unos pocos segundos a un tipo para que mate a alguien o atraque esa misma noche un banco. Muchas de las películas de Scorsese comparten una especie de romantización del crimen como forma de poder y ascenso social. Eso tampoco aparece. No hay goodfelas ni códigos de honor, sólo unos tipos ruines y arteros. Tampoco encontramos ningún tipo de debate o duda moral. 

Para colmo los indios Osage aparecen como meros comparsas. No escuchamos su voz. Scorsese ha admitido que, en cierto punto de la concepción del filme, reescribió el guion por sentirlo excesivamente centrado en los criminales. Corrección que apenas ofrece el fruto de ilustrar la visita a la Casa Blanca por parte de una comisión de indígenas para pedir una investigación sobre los crímenes. La película carece de la épica de los perdedores y su interés radica, sobre todo, en haber rescatado una historia que contradice el relato oficial de bravos colonos y audaces empresarios que expandieron la grandeza del país.



La segunda parte está ocupada por la investigación de una agencia precursora del FBI, pero tampoco resulta excitante sino más bien "casi administrativa". De hecho el libro de David Grann en el que está basada la película -Los asesinos de la luna, 2017- delata cómo esta investigación estuvo plagada de negligencias y errores por parte de las autoridades. Aunque hay que reconocer que esta parte es en la que Di Caprio justifica su presencia en el film. Antes se había mostrado como un verdadero memo que estaba a lo que caía, pero en el momento de ser detenido, y tener que decidir si delatar o no la conspiración, sí es capaz de mostrar las contradicciones de un tipo débil de carácter, enamorado realmente de su mujer india, pero que no tiene empacho en envenenarla a instancias de su poderoso tío.

La narración se estira en situaciones poco relevantes y hubiese merecido una condensación mayor. Da la sensación que ha habido muchos discusiones en la mesa de guionistas sobre cómo armar una película que, al final,  parece un conjunto deslavazado de escenas. Comienza con un repaso de muertes indias que no se investigaron, luego se inicia la historia de un joven Burkhart carente de interés y con la presencia de su tío en un segundo plano muy desdibujado. Tampoco tiene mayor desarrollo la corrupción generalizada de las fuerzas vivas. Finalmente asistimos a la investigación judicial que se desarrolla un poco a salto de mata. 

La secuencia final es un pegote que Scorsese se ha inventado aunque resulta curioso y atractivo. Se trata de un espectáculo de radioteatro -la grabación de un podcast diríamos hoy- donde podemos ver a los actores, músicos y técnicos de efectos narrando en directo el destino de cada protagonista. En una especie de homenaje el propio director aparece narrando el trágico final de Mollie Burkhart (Lily Gladstone).






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La Nación Osage fue un pueblo de grandes guerreros especializado en la caza de bisontes. Lucharon junto a los franceses y contra los españoles por el control de la región del Mississippi en el siglo XVIII. Estuvieron presentes en la guerra de Secesión (1861-1865), tomando partido por los confederados. Asimismo tuvieron un papel activo en el Ejército estadounidense tanto en la Primera como en Segunda Guerra Mundial.

sábado, 11 de noviembre de 2023

ALEX - de Pierre Lemaitre


Alex es una novela negra compuesta de varios espejos terribles que Lemaitre nos describe puntualmente para finalmente darlos la vuelta y descubrirnos la todavía más perversa realidad que esconden. Por ejemplo Alex no es el nombre de un chico, sino de una joven que es secuestrada y torturada. Pero esta víctima pronto se convertirá en un verdugo cuya ristra de asesinatos se nos acabará revelando como una extraña justicia. Menudo tour de force.

La novela es la segunda de la serie protagonizada por el comandante Camille Verhoeven que, en esta ocasión, se enfrenta a un desafío que lo implica personalmente. En la primera perdió a su mujer, Irène, que fue secuestrada y luego asesinada. Esa pérdida hundió a Camille hasta el punto de hacerlo ingresar en una clínica de reposo. En este nuevo caso la figura de Alex se superpone en su mente a la de Irène y ni sus compañeros, ni él mismo, saben si está preparado para afrontarlo. 

La tortura a la que es sometida Alex es brutal y revela un odio intensísimo. Su captor le dice "voy a mirar cómo revientas, puta", mientras la cuelga en una caja en la que no se puede estar ni sentado ni de pie. El adjunto Louis nos ilustra sobre el tormento.
"Es un suplicio ideado bajo el reinado de Luis XI para el obispo de Verdún, creo recordar. Lo tuvieron enjaulado durante 10 años. Es un tipo de tortura pasiva muy eficaz. Las articulaciones se sueldan y los músculos se atrofian...Y la víctima enloquece." pag. 97
El libro va alternando los capítulos en los que Alex nos desgrana su tortura en un almacén abandonado con los que narran la investigación y preocupaciones de Camille; toda una carrera contra reloj para evitar un fatal desenlace. La depravación de las torturas espeluzna mientras el comandante Verhoeven ve crecer de nuevo en él un sentimiento de culpa.

Todo cobra un nuevo giro cuando descubren quién es el secuestrador; pero al ir a detenerlo él prefiere suicidarse. En este callejón sin salida Camille ya empieza a albergar sospechas que le hacen girar el espejo del secuestro para descubrir la horrenda verdad que esconde. Además, cuando logran descubrir donde está la secuestrada, ésta ya ha logrado huir por sus propios medios demostrando una resiliencia encomiable. Los datos que Camille ha venido reuniendo respecto al secuestrador y la secuestrada le hacen sospechar que Alex no es realmente una víctima, sino una sospechosa de asesinato. 

La narración siempre es vibrante, como ese relato en paralelo de la investigación de la policía y del tormento de Alex que confluye en el mismo almacén lleno de ratas hambrientas. Eléctrico. O el cúmulo de asesinatos que se produce en una segunda parte de lo más sangrienta. Alex se nos muestra dura como el pedernal y Camille empieza a interesarse por su historial. Cuando encuentra la caja vacía en el almacén estamos en la mitad del libro y uno tiene la sensación de que ahora empieza lo bueno; porque cada vez que el comandante parece resolver el caso, éste se retuerce y se abisma en un misterio aún más profundo.

La novela se estructura en tres actos y en cada uno de ellos Lemaitre logra dar una vuelta de tuerca más a un historia de abusos, crímenes y perversiones. Para ello cuenta con un Verhoeven que es un tipo muy sagaz; siempre al acecho de un mapa que se recompone con cada nuevo asesinato. Él será el único que percibe que el secuestro no es más que un engranaje remoto de una historia sórdida y terrible, en la que los papeles de víctima y victimario se confunden.

Me gusta la perspicacia de Verhoeven, cómo razona y encuentra el hilo aún en las situaciones más vacuas. Cuando ocurre el secuestro no saben ni quién es el secuestrador ni quién la secuestrada, pero reflexiona que: Primero, no se rapta a alguien al azar, sino a alguien que se conoce aunque sea poco. Segundo, tiene que haberla seguido, busquemos algún indicio en la zona, etc. 

Al atractivo de una trama brutal y absorbente hay que añadir dos aspectos que resultan convincentes. La situación personal de Camille Verhoeven enfrentándose a un caso idéntico al que supuso la pérdida de su mujer. Irène siempre está presente en su mente. Se imagina a la chica secuestrada con sus rasgos y vive las horas del rapto con la misma desesperación con que vivió el de su mujer. El comisario jefe es un buen amigo, ¿le habrá impuesto este caso como terapia de choque?. El propio Camille acabará sospechando que lo necesita de verdad para exorcizar la muerte de Irène. 

El otro asunto destacable son los personajes. Están magníficamente caracterizados y comparten un pasado en común, lo que provoca unos "cara a cara" llenos de ingenio e ironía. Como las conversaciones de Verhoeven con su jefe, llenas de sobreentendidos y disputas que a otros no aguantarían. O la complicidad que demuestra con su adjunto, el inspector Louis Mariani. O la ratería del agente Armand, siempre gorroneando cigarrillos y bocatas como un hurón insaciable. Todos ellos cobran vida a través de sus peculiaridades y rarezas. 


La caracterización de Camille es formidable. Sólo mide un metro cuarenta y cinco, pero es muy capaz de imponer su presencia. Es tan brillante resolviendo casos como irritante para sus superiores. Sabe dibujar muy bien porque su madre alcanzó un cierto status como pintora y acabará dibujando docenas de bocetos de una desconocida Alex...a la que pinta siempre con los rasgos de Irène. Camille es de los que nunca se rinde, es ese tipo de personas "capaces de empecinarse en un error hasta que los hechos le den la razón". Tiene carácter y es muy decidido. Se le describe como "un individuo no violento capaz de cometer brutalidades". 
"Camille Verhoeven nunca grita. Muy raras veces. Es un hombre de autoridad. Es bajito, calvo y ligero pero, como todo el mundo sabe, también astuto e ingenioso." pág. 21
Por su parte el adjunto Louis es un hombre de elevada cultura y además muy rico. Es un tipo que sabe estar y siempre respalda a Camille.
"Le Guen intenta que Louis medie en la conversación. Es una situación embarazosa, pero Louis es un chico de buena familia. Se ha educado en las mejores escuelas, tiene un tío arzobispo y otro que es diputado de extrema derecha, es decir, que desde muy joven ha aprendido a sopesar las cosas a la luz de lo moral y lo práctico. Y estudiado con los jesuitas. En cuestiones de duplicidad, cuenta con un buen entrenamiento." pag. 152
Lemaitre siempre alumbra tramas enfermizas de una gran intensidad psicológica. En este sentido me maravilló su novela Vestido de novia. Aquí es la joven Alex y su espantosa historia la que nos va a conducir de cabeza a un pozo lleno de mierda, abusos y cadáveres. Ante uno de ellos Verhoeven piensa que, como con Irène, siempre llega tarde, lo que le hace recordar un famoso cuadro, éste:


Fernand Pelez, La victime ou l´asphyxiée -1886- Musée d´Art et d´Archéologie, Senlis





















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Pierre Lemaitre (París, 1951) es escritor y guionista. Es un autor tardío que estudió Psicología e impartió clases de literatura. Hasta 2006 no publicó su primera novela, Irène, con la que inició la serie protagonizada por el comandante Camille Verhoeven. Le siguieron Alex (2011), Rosy & John (2011) y Camille (2012), proporcionándole un enorme reconocimiento internacional. Consagrado como uno de los escritores más populares, su carrera literaria dio un vuelco asombroso con la aparición de Nos vemos allá arriba (Premio Goncourt 2013 entre otros), primer volumen de su aclamada trilogía sobre el período de entreguerras titulada «Los hijos del desastre». Los otros dos volúmenes son Los colores del incendio (2018) y El espejo de nuestras penas (2020). Completan su obra las novelas Vestido de novia (2014), Tres días y una vida (2016), Recursos inhumanos (2017), La gran serpiente (2022) y El ancho mundo (Salamandra, 2023), primera entrega de una nueva saga titulada «Los años gloriosos».

martes, 7 de noviembre de 2023

Las PALABRAS y Las TRAMPAS - de Zhuangzi


 © Mahmud HAMS / AFP - vía Amnistía Internacional



 

 

La red sirve para capturar
al pez; una vez capturado el pez
hay que olvidarse de la red.
La trampa sirve para capturar
al conejo; una vez capturado el conejo
se olvida la trampa. 
Las palabras sirven para capturar
el sentido; una vez capturado el sentido
las palabras se pueden olvidar.
Quién pudiera encontrar a alguien
que haya olvidado las palabras
para conversar con él.






ZHUANGZI
siglo III a.C.
Encontrado en la pág. 125 de "Novela natural" 
de Gueorgui Gospodínov
Editorial Fulgencio Pimentel.

lunes, 23 de octubre de 2023

PALESTINA e ISRAEL




Esto es una vergüenza y resulta insoportable. No creo que las potencias mundiales y la comunidad internacional estén haciendo todo lo posible para parar este sangriento enfrentamiento entre Palestina e Israel. 

El ataque de Hamás a Israel el pasado día 7 de Octubre fue un acto terrorista totalmente atroz e injustificable. El asesinato y secuestro indiscriminado de civiles es una aberración inasumible.

Occidente ha mostrado su apoyo sin fisuras a Israel y se declara a favor de su derecho a defenderse. 
Por supuesto. Esto es incuestionable. 
Ahora bien el derecho a defenderse no incluye la licencia para llevar a cabo una masacre (Definición RAE: "Matanza de personas, por lo general indefensas").

Hoy mismo ElPaís.com publica una entrevista con el que fue el primer Fiscal del Tribunal Penal Internacional, Luis Moreno Ocampo, en la que se expresa así de contundente:
"Lo ocurrido el 7 de octubre es un genocidio porque la intención de Hamás es destruir al pueblo israelí. Además, es un crimen de lesa humanidad, un ataque masivo a población civil. Y la toma de rehenes, un crimen de guerra. Todo eso es lo que hizo Hamás. La respuesta de Israel también es criminal, más allá de quién haya bombardeado el hospital [Al Ahli al Arabi, el martes pasado], hay dos hechos que son crímenes: uno es el bloqueo absoluto de Gaza. Depende de las intenciones, pero es un elemento objetivo de genocidio crear condiciones que van a producir la destrucción de un grupo. No permitir que pase agua, víveres, gasolina... es transformar todo Gaza en un campo de exterminio. Y el desplazamiento forzoso es un crimen de lesa humanidad, al igual que bombardear a población civil."

Totalmente de acuerdo.
Como se ve todo está al rojo vivo y nada en esta guerra es simplemente blanco o negro. El asesinato indiscriminado de civiles por parte de uno y otro bando son inadmisibles y deleznables. Aunque parezca una obviedad hay que subrayar dos asuntos: 
Uno. Este conflicto palestino-israelí no comenzó ese funesto día 7 de octubre de 2023.
Dos. Del mismo modo que no todos los israelitas son criminales de guerra como Netanyahu, tampoco todos los palestinos son Hamás o Hezbolá. 

Todos los asuntos humanos (y los políticos y religiosos mucho más) son complejos y proclives a respuestas intransigentes que en muchos casos conducen al fanatismo. Por eso defiendo analizarlos y debatirlos asumiendo su complejidad, no simplificándola. Lastimosamente el mundo de la información en que vivimos no ha logrado evitar una polarización sin precedentes que muchas veces se basa en una ausencia total de visión crítica, cuando no de pura ignorancia.


Creo que el derecho a defenderse no incluye el inicio de un genocidio. 
También que el respeto a los derechos humanos debe ser irrenunciable.
Las guerras no resuelven nada, sólo acumulan muertos.
Si hay una solución, que además figura en una de las Resoluciones de Naciones Unidas, se ha de luchar con denuedo para implementarla.  

En la prestigiosa revista National Geografic podemos leer: "El 14 de mayo de 1948, el sionista David Ben-Gurión proclamó la independencia de Israel en ese territorio, si bien ya existía entonces una población que había vivido en esta región, Palestina, durante siglos. Y aunque la creación de un Estado judío prometía resolver los problemas que enfrentaba la diáspora en una Europa antisemítica, lo cierto es que condujo al inicio de una cruel guerra que continúa viva a día de hoy."

Naciones Unidas aprobó en 1947 una Resolución (la 181 (II) donde se recogía el fin del mandato británico sobre Palestina y la división de este territorio en dos Estados independientes, uno árabe palestino y otro judío, quedando Jerusalén bajo régimen internacional.
 
Sin embargo, tras declarar su independencia, Israel se anexionó una gran parte del territorio que la ONU había destinado a los palestinos provocando la Nakba ("catástrofe"): más de la mitad de los palestinos tuvieron que huir o fueron expulsados de sus hogares terminando en los campos de refugiados en Gaza, Cisjordania y países vecinos. Desde entonces ha habido varias guerras árabe-israelíes, ataques terroristas e intifadas; pero nunca Israel ha dejado de hostigar a los palestinos anexionándose nuevos territorios mediante asentamientos ilegales hasta llegar, desde 2007, a bloquear la vida de los habitantes de Gaza controlando sus accesos y salidas de la franja, así como su electricidad, agua y combustible.  

Tras el ultimátum de Israel hace pocos días, un millón de civiles se ha desplazado desde el Norte de Gaza. Las Naciones Unidas han alertado de que esto va a provocar una crisis humanitaria sin precedentes. Voces autorizadas están hablando ya de genocidio por parte de Israel e incluso está aflorando la idea de que Netanyahu tiene la intención de aprovechar la coyuntura favorable para arrasar Gaza y ocuparla definitivamente. 



Todos los días leo un puñado de artículos sobre la historia de este conflicto, así como análisis de diversos expertos e intelectuales buscando ayuda para acercarme a una opinión honesta y justa. Me repugnan los dogmatismos y exclusiones que llevan al integrismo y la barbarie. Como Manuel Chaves Nogales defendía hay que posicionarse tanto frente a los reaccionarios como a los revolucionarios. Ninguna crueldad o venganza con la población civil es justificable. 

La postura de Daniel Baremboim*,  me parece de una altura moral pocas veces vista. Ha publicado un artículo donde sitúa el conflicto en el ámbito más profundamente humano:
 
"Para reiterarlo con toda claridad: el conflicto palestino-israelí no es un conflicto político entre dos Estados por las fronteras, el agua, el petróleo u otros recursos. Es un conflicto profundamente humano entre dos pueblos que han conocido el sufrimiento y la persecución. La persecución del pueblo judío durante 20 siglos culminó en la ideología nazi que asesinó a seis millones de judíos. El pueblo judío acariciaba un sueño: una tierra propia, una patria para todos los judíos en lo que hoy es Palestina. Pero de este sueño se derivaba un supuesto profundamente problemático, fundamentalmente falso: una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra. En realidad, sin embargo, la población judía de Palestina durante la Primera Guerra Mundial era solo del 9%. Por tanto, el 91% de la población no era judía, sino palestina, cultivada durante siglos. El país difícilmente podía calificarse de “tierra sin pueblo” y la población palestina no veía razón alguna para renunciar a su propia tierra. El conflicto era, pues, inevitable, y desde su inicio los frentes no han hecho sino endurecerse aún más a lo largo de generaciones. Estoy convencido: los israelíes tendrán seguridad cuando los palestinos puedan sentir esperanza, es decir, justicia. Ambas partes deben reconocer a sus enemigos como seres humanos e intentar empatizar con su punto de vista, su dolor y su angustia. Los israelíes también deben aceptar que la ocupación de Palestina es incompatible con esto."

Me sonroja tanto la posición de una determinada izquierda que solo habla de la opresión de los palestinos obviando las acciones terroristas de sus facciones, como la ceguera a la que ha llegado el mundo de la cultura en la Feria del Libro de Frankfurt  al abuchear al filósofo Slavoj Zizek por romper el consenso de apoyo incondicional a Israel y defender que "no puede haber paz en el Medio Oriente sin resolver la cuestión Palestina". En la misma Feria del Libro se canceló el homenaje a la escritora Adania Shibli por el simple hecho de ser palestina. 

Como Zizek defendió antes de ser abucheado, "para entender lo que está sucediendo allí, también hay que mirar los antecedentes de los palestinos"...y resolver el problema de fondo de los dos pueblos.

Alguien me tachará de equidistante en un momento inapropiado. 
Lo asumo. 
Mi respuesta es que el camino por el que transitan tanto Hamás como Netanyahu sólo lleva a un callejón sin salida: Injusticias, enfrentamientos y muerte sin fin como han demostrado las últimas décadas.
Ambos quieren destruir totalmente al enemigo hasta hacerlo desaparecer de la faz de la tierra. Y eso es imposible.

Por eso hay que insistir en una vía que supere este escenario. Una en la que ambos sean reconocidos, se respeten y puedan coexistir en paz. En estos días tanto la Unión Europea como EEUU, Rusia y China han declarado que la solución está en la Resolución de Naciones Unidas.

Centrémonos en eso a medio plazo y exijamos parar esta guerra de inmediato. 





👉Daniel Barenboim es músico y director de orquesta hispano-argentino. Cuenta también con la doble nacionalidad palestino-israelí. En 1999 fundó, junto a su amigo el escritor de origen palestino Edward Said, la West-Eastern Divan Orchestra, una orquesta que reunía a jóvenes talentos tanto de origen palestino como israelí. Por esta iniciativa ambos recibieron el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. 

domingo, 15 de octubre de 2023

GOLPEA MI CORAZÓN - de John Donne




El reciente estreno de la película Oppenheimer, de Christopher Nolan ha vuelto a poner sobre el tapete la carrera armamentística nuclear y su poder de destrucción pero, sobre todo, la personalidad compleja y atormentada del hombre que lideró el Proyecto Manhattan durante la II Guerra Mundial, una carrera contra reloj para producir la primera bomba atómica que ayudase a concluir la guerra.

Oppenheimer fue un tipo refinado y muy culto. Sabía varios idiomas, era aficionado a la lectura de filosofía y poesía, contaba con una colección de pinturas entre las que figuraban obras de Picasso o Van Gogh y no perdía la oportunidad de introducir citas cultas en sus opiniones y trabajos. En la película se recoge el pensamiento que le brotó ante la majestuosidad y el horror del hongo nuclear. Se trata de una frase del texto sagrado hindú Bhagavad Gita: “Ahora me he convertido en la Muerte, el destructor de mundos”.

Una vez que comprobó el poder destructor de la bomba conseguida no tuvo dudas de que había contribuido a "la obra del diablo". En una reunión en octubre de 1945, le dijo al presidente Harry Truman: "Siento que tengo sangre en las manos". A lo que el presidente respondió: "La sangre está en mis manos, deje que yo me preocupe de eso". En la película es Gary Oldman quien interpreta al presidente Truman y su comentario no oculta un deje de desprecio ante los remilgos del científico.

Precisamente Oppenheimer había utilizado ese argumento para calmar su propio resquemor ético y el de sus colegas científicos durante el desarrollo de la bomba; que, como científicos, sólo eran responsables del trabajo de investigación y desarrollo, no de las decisiones respecto al uso del arma. Pero, una vez comprobado el alcance de su obra, los escrúpulos morales invadieron a Oppenheimer hasta convertirlo en un firme defensor del control armamentístico.


La operación del desarrollo y detonación de la bomba se llevó a cabo con total hermetismo y fue el mismo Oppeheimer quien la denominó "Operación Trinity". En 1962, el general Leslie Groves (interpretado por Matt Damon en el filme) le escribió para inquirir el motivo que le movió para elegir tal nombre, obteniendo la siguiente respuesta:
«No tengo claro por qué elegí ese nombre, pero sé qué pensamientos me rondaban por la cabeza. Hay un poema de John Donne, escrito poco antes de su muerte, que conozco y me encanta y que empieza con un   
                'Batter my heart, three personed God' 
            («Golpea mi corazón, Dios uno y trino»)».

33 años después, el 16 de julio de 1976, Allen Ginsberg, también judío, también estadounidense, replicaría a Trinity con su poema de protesta "Plutonian Ode".

El poema citado de Donne es el Soneto XIV de su colección "Poemas Sacros" y reza así. 




               XIV



Golpea mi corazón, Dios uno y trino; tú que hasta ahora
sólo llamas, alientas, resplandeces y buscas reparar;
derríbame para que pueda alzarme y aguantar; redobla
tu fuerza hasta romper, quemar, soplar y hacerme de nuevo.
Yo, como una villa usurpada sometida a otro,
me afano por acogerte, sin conseguirlo.
La razón, tu virrey en mí, debería ampararme,
pero está cautiva y se muestra infiel o débil.

Te amo dilecto todavía y querría que me amaras,
pero estoy comprometido con tu enemigo:
emancípame, deshaz o corta el nudo otra vez,
hazme tuyo, encarcélame, pues yo
nunca seré libre si tú no me esclavizas,
ni jamás seré casto hasta que me hayas arrebatado.





                            XIV


Batter my heart, three person'd God; for you
   As yet, but knock, breathe, shine, and seek to mend,
That I may rise and stand, orethrowe mee, and bend
   Your force to break, blowe, burne, and make mee newe.
I, like an vsurp'd towne, to another due,
   Labour to'admitt you; but oh to noe end,
Reason, your Vice-roye in mee, mee should defend,
   But is captiu'd, and proues weake or vntrue,
Yet dearly I loue you, and would bee loued faine
   But am betroath'd vnto your enemye.
Divorce mee,'vntye, or breake that knott againe;
   Take mee to you, imprison mee, for I,
Except you inthrall mee, neuer shalbee free
   Nor euer chast except you ravish mee.






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En este poema tan rotundo el poeta busca la purificación y la unión con Dios. Está prisionero de este mundo y sus falacias y pide a Dios que derribe los muros que lo tienen cautivo.
El asunto central podría resumirse en la paradoja de que ser prisionero de la voluntad de Dios es la única y verdadera libertad. 
La expresión es muy apasionada y dramática. Los verbos son muy violentos (golpéame, derríbame, encarcélame) y delatan el tormento interior del poeta. 

Este soneto XIV forma parte de una serie de diecinueve poemas conocidos como Sonetos Divinos o Sacros (Holy Sonnets). Los Sonetos Sacros se publicaron dos años después de la muerte de John Donne y versan sobre asuntos religiosos tales como el amor divino y, sobre todo, la mortalidad; tema que aparece obsesivamente tanto en estos poemas como en sus sermones.

Estos sonetos reproducen la forma tradicional del soneto italiano introducido por Petrarca, compuesto por dos estrofas, una octava y un sexteto; aunque mezclado con aspectos del soneto inglés (shakesperiano). En este caso Donne no separó las estrofas, sino que prefirió presentarlas unidas.

Cada estrofa está centrada en una metáfora. En la octava el poeta contempla el mundo y su historia y se imagina a sí mismo como una villa sitiada; mientras que el sexteto es más íntimo y dramático, llegando a compararse con una mujer casada que desea romper su vínculo para unirse a Dios.

La poesía metafísica se caracteriza por un estilo concentrado y preciso, conceptual; así como por un uso poético de la erudición. No olvidemos que Donne es coetáneo de Góngora y Quevedo. Es conocido que el tono de Donne suele ser conversacional y prosaico, no invita a recrearse en la musicalidad del poema sino a desentrañar los significados y conexiones de los que está preñado el texto. De ahí que en el poema abunden las paradojas.

El poema comienza con la invocación a un Dios uno y trino, en la que se cita a cada miembro por una facultad muy específica: “alienta” (Padre), “resplandece” (Espíritu), “busca reparar” (Cristo). También en este segundo verso se dice que Dios sólo ha llamado, siguiendo la idea bíblica de que Dios llama y cada persona debe dejarle entrar; pero esto es insuficiente para el poeta. Necesita que Dios lo libere y descomponga para crearlo de nuevo. Esa es la paradoja metafísica central: Donne desea que Dios destruya su yo anterior (mundano) para poder crear un nuevo ser más espiritual y unido a Él. Para reflejar esta transmutación el poeta utiliza los conceptos de la alquimia en la que es necesario "quemar" y "soplar" la materia en el horno para transformarla en oro. Del mismo modo espera que Dios transformará su alma oscura en una iluminada.

En el sexteto cambia la imaginería de la villa sitiada por la de una mujer casada con el mundo y su naturaleza pecaminosa. El poeta pide a Dios que rompa ese vínculo matrimonial ("emancípame") para poder unirse y ser amada por Él.  Donne expresa ese ímpetu amoroso a través del uso vívido de la paradoja: nunca será libre hasta ser aprisionado por Dios; nunca comprenderá la pureza cristiana (ser casto) hasta que Dios lo haya embriagado y arrebatado.

El poeta utiliza esta disonancia de ideas (amor divino y profano, razón y pasión, cautiverio y libertad, el pecado original y el pecado postbautismal, etc.) para señalar que la relación con Dios no puede basarse en la razón humana, sino que requiere renacer y reconstruirse desde los cimientos.

 


Análisis de referencia en la web de Vincent Hanley


 

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John Donne (1572-1631) es uno de los grandes poetas ingleses. Tradicionalmente ha sido incluido entre los denominados poetas metafísicos, un término poco afortunado pero que tuvo una fortuna innegable a partir de la observación que el Dr. Samuel Johnson dijo cuando indicó que “alrededor del comienzo del siglo XVII apareció una raza de escritores que pueden denominarse poetas metafísicos”. Desde entonces el término ha quedado fijado indeleblemente.

El amor, la religión y la muerte son los temas más característicos de la poesía de John Donne, la cual refleja una fuerte tensión entre los impulsos espirituales y carnales. Donne es un maestro de la paradoja y parece obsesionado con los problemas de la unidad: en el sentido en que los dos amantes se vuelven uno, y también en el sentido en que el alma se une a Dios.

Siempre se puede acudir a los poemas de John Donne, sea para cantar el amor más carnal o también, y sobre todo, para buscar una reflexión profunda sobre nuestra mortalidad, un asunto que le obsesionaba.
Así lo entendieron los organizadores del homenaje a las víctimas con motivo del primer aniversario del atentado terrorista que sufrieron Barcelona y Cambrils en 2017. En dicho acto se recitó el poema de Donne, Las campanas doblan por tí, en los ocho idiomas que hablaban las víctimas.


        LAS CAMPANAS DOBLAN POR TÍ


¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?
¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?
¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?
¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?
Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.
Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.


John Donne