sábado, 13 de febrero de 2021

KILLING EVE T1 y T2 - creada por Phoebe Waller-Bridge

BBC, América


Original y llena de mujeres se presenta esta serie de espías que enfrenta a una sofisticada y letal asesina por encargo con una agente del MI6 que la persigue con denuedo hasta provocar una obsesión enfermiza entre ambas. La serie se desarrolla de forma vertiginosa, recorriendo ciudades de toda Europa con un enfoque muy femenino y un punto psicópata. Toda una vuelta de tuerca al thriller de espías que cambia el foco desde la acción a un drama extraño, turbio y lleno de humor negro.

Creada por la aguda Phoebe Waller-Bridge (Fleabag, Crashing y Run), la serie está basada en las novelas cortas que escribió Luke Jennings en torno a la ejecutora Villanelle. Jennings explicó durante una entrevista que cuando se le ocurrió la idea de Villanelle había estado leyendo sobre la etarra Idoia López Riaño, encarcelada en los años noventa por los asesinatos cometidos entre 1984 y 1986. “Su narcisismo y su falta total de empatía ayudaron a formar el personaje de Villanelle”, destacó el escritor. “Mató a 23 personas, y era claramente una psicópata”, rememora Jennings, a quien le llamó especialmente la atención una anécdota sobre un atentado fallido debido a que Idoia se distrajo mirando el escaparate de una tienda de moda y su propio reflejo.

Con estos elementos el autor se lanzó a escribir las aventuras de una asesina llena de encanto, frívola y juguetona, pero también sádica y letal; una mezcla de James Bond y Aníbal Lecter pero en femenino: "Quería crear una figura femenina que se moviera por entero según sus propias reglas. Al principio puedes pensar en ella como la creación de sus jefes masculinos, una mascota psicópata, pero cuando trasciende ese rol, todo cambia. Se adentra en un mundo definido por sus propios intereses y deseos, no regulado por la autoridad masculina". 

Sandra Oh interpreta a Eve Polanstri una agente que recopila datos sobre distintos asesinatos ocurridos por toda Europa y sin aparente relación; pero ella conjetura un modus operandi sutil y femenino que convence al MI6 para organizar un equipo de persecución.  

La primera temporada es prácticamente perfecta, al combinar acción y drama de forma plenamente armoniosa. Primero conocemos a Eve y su vida domesticada (un marido aburrido y un trabajo aburrido de documentación) que divisa en la persecución de Villanelle un proyecto de altura donde poder demostrar sus grandes dotes de intuición y deducción.

A la vez vamos conociendo a Villanelle (Jodie Comer), un joven sofisticada, políglota y con una enorme capacidad para articular sorprendentes formas de homicidio. El asesinato de un viejo mafioso en Italia o de una poderosa empresaria en Alemania no dista mucho de las Misiones Imposibles que traza Ethan Hunt, sólo que llevadas a cabo con increíble audacia y plena sutileza, sin la alharaca ni las persecuciones de aquel. Villanelle es la elegancia personificada. Puede entrar en el sitio más fortificado por la puerta principal o puede huir caminando alegremente tras ejecutar su crimen sin ser detectada. Además su mirada siempre se detendrá sobre algún vestido, alguna tela o algún perfume encantador. 

Y es que las mujeres son las reinas de la función. La asesina es mujer, la agente perseguidora también, así como su jefa en el MI6. Curiosamente sólo los espías rusos relacionados con Villanelle son hombres al viejo estilo, y está claro que se han quedado en un papel secundario. 


La temporada siempre avanza enriqueciendo la trama principal con otras tan interesantes como la de la compañera que Villanelle tuvo en el pasado y a la que ahora tiene que asesinar entrando en una cárcel rusa o la del intento de asesinar a su enlace Konstantin, que acaba con el secuestro de su hija, una niña impertinente que provoca situaciones muy jugosas. También la jefa de Eve en el MI6 (otra mujer más en puesto ejecutivo, Fiona Shaw) demuestra unos contactos demasiado íntimos y sospechosos con varios jefes de la inteligencia rusa; o sobre la organización suprema que desde las sombras contrata a Villenelle y parece manejar los hilos del orbe, los Doce. Todo un mapa de historias y personajes muy sugestivo. 

Pero siendo la trama de espías de lo más estimulante y los crímenes tan sorprendentes y llenos de inventiva, no es este el meollo de la serie. Cuando Konstantin le comunica a Villanelle que el MI6 ha colocado a una agente al frente de un equipo para detenerla, empieza a investigar sobre ella. Entre perseguidora y perseguida muy pronto se establecerá un extraño vínculo, una fascinación que las atrae de una forma magnética.

Eve siente la atracción del mal en toda su pureza ya que Villanelle es una verdadera psicópata, sin ningún código moral, que acumula incontables habilidades para matar. Su personalidad añade la extravagancia de un gusto exquisito por la ropa. Ella sólo teme al aburrimiento. Ambas buscan en la otra lo que más desean. Su persecución mutua por distintas ciudades de Europa les colma de energía y satisfacción.
Si algo ha demostrado Waller-Bridge es que sabe mostrarnos a mujeres modernas, independientes y llenas de contradicciones. Ambas protagonistas odian el tedio y la convención; en cambio adoran el riesgo y la aventura. Son mujeres que deciden su destino. Pronto se establece entre ellas una relación extraña, malsana y juguetona, casi erótica. Villanelle se presenta una noche en casa de Eve y le pide que la invite a cenar. De regalo le entrega un vestido de ensueño. Según declaró Phoebe Waller-Bridge a Vogue, lo que más le atrajo de Villanelle es que “vive sin miedo alguno a las consecuencias. No he visto un personaje así nunca". Esto puede resultar tan atractivo como liberador: vivir sin miedo, sin culpa, sin responsabilidades, siguiendo los instintos más primarios del lujo, el placer y tomar aquello que nos guste. Esto es lo que fascina a Eve, una mujer de mediana edad ahogada en su propio aburrimiento que ve en Villanelle la posibilidad de ser otra. 

El juego que más se practica en esta serie es el de la seducción y la manipulación. Esto hace que todo resulte tan ambiguo como atractivo. Pronto llegamos a olvidarnos de evaluar si Villanelle es buena o mala, si está dirigiendo el cotarro o está siendo manipulada...



TEMPORADA 2
A esta segunda tanda le cuesta arrancar. Los dos capítulos iniciales son como aventuras autónomas que parecen de tanteo. En el primer capítulo se asesina a un adolescente, pero es por piedad y en el episodio 2 Villanelle acude a Londres donde cae en las garras de un papanatas psicótico que vive encerrado con su madre. Son aventuras con apariencia de suspense y maldad pero que no van a ninguna parte; sólo son mensajes que Villanelle lanza a Eve para intentar reencontrarse.

Si la T1 es intensa y no deja de avanzar por territorio inexplorado, la T2 se detiene y empantana, dando vueltas sobre un territorio ya conocido. Sin duda tiene que ver con que la showrunner de la primera, Phoebe Waller-Bridge dejó el proyecto y fue sustituida por Emerald Fennell. Se nota. Eve y Villenelle se añoran, se necesitan, quieren volver a estar juntas pero por medio hay una nueva asesina, la Fantasma, que es quien ahora hace los encargos de los Doce. Todo ello conduce a un acuerdo entre las fuerzas de Eve y las de Villanelle contra este nuevo elemento; pero al estar tan juntas todo se vulgariza y pierde capacidad de sorpresa. 
Por fin en el capítulo 3 la serie explota de nuevo su componente excitante y sensual. Aparece de nuevo Konstantin (un Kim Bodnia -Bron/Broen- que hace un tándem perfecto con la psicopática asesina) y se reinicia la persecución entre Eve y una Villanelle que se une a Konstantine para trabajar en modo freelance. Como se ve todo parece un tanteo de diversos caminos. 

A pesar de ello la temporada nos regala unos cuantos chispazos de talento. Fantasma es un gran personaje durante algunos capítulos, “es lo contrario a Villanelle. Es cuidadosa y anónima. Meticulosa y discreta”, dice Eve cuando reúne la información de varias muertes nada sospechosas porque se apoyaban en las enfermedades particulares de las víctimas (diabetes, alergia al marisco); pero que delatan un plan maestro e indetectable. El problema es que el personaje acaba diluyéndose sin trasladarnos a esos nuevos territorios de confabulaciones que insinuaba.



Por otro lado en el capítulo 4 y con Villanelle y Konstantine asentados en Ámsterdam con su pequeño negocio freelance, Villanelle encuentra el modo de enviar a su adorada Eve un nuevo mensaje en forma de cadáver.  Disfrazada con una careta de cerdo se cita con su víctima en una casa del Barrio Rojo. Allí logra colgarlo boca abajo en un escaparate para luego rajarle el pecho ante un público que cree estar viendo una performance. Todo ello tras enviar a Londres una postal con la inquietante pintura 'Los cuerpos de los hermanos De Witt', de Jan de Baen. Para que Eve no tenga dudas.

El tercer manjar es la introducción de un malvado que representa muy bien nuestro mundo hipercontectado, el multimillonario Aaron Peel (Henry Lloyd-Hughes); un diabólico cruce entre el genio de Steve Jobs y el comedatos David Zuckerberg. Un tipo soberbio y sádico acostumbrado a ejercer el control sobre todo lo que le rodea. Su duelo con Villanelle hace saltar chispas.  

"Sabéis que todo esto se va a pique, ¿no? Los servicios de inteligencia, los servicios secretos, las naciones... todo eso. ¿Cómo van a sobrevivir si empresas como la mía tienen más información que el Pentágono y el MI6 juntos? Estáis acabadas. Obsoletas".

A los diálogos inteligentes e irónicos, las imaginativas formas de asesinato y los outfits de Villanelle hay que añadir una banda sonora nos menos sofisticada, con canciones espesas y embriagadoras de Cigarretes After Sex, Unloved o Jane Weaver.



martes, 9 de febrero de 2021

MÁSCARAS - de Leonardo Padura



Máscaras se refiere al verano (de 1989) en la inicial tetralogía de Las Cuatro Estaciones donde Padura nos presentó las andanzas de su policía Mario Conde en una Cuba descompuesta. Allí la decepción y el desengaño han sustituido a los ideales revolucionarios de igualdad y libertad. Padura se sirve de la novela policíaca para ofrecer una panorámica de la fascinante heterogeneidad que bulle en la isla y también de la represión política, sexual y artística experimentada en Cuba.

A pesar de que a comienzos de los 80 publicara su primera novela, Leonardo Padura seguía trabajando de periodista  cuando en octubre de 1989 fue invitado a un encuentro de autores de novelas policíacas en México. Este hecho acabó sellando su destino literario. Al regreso de aquel viaje el gobierno le encomendó la jefatura de redacción de "La Gaceta de Cuba" que, al tratarse de una publicación mensual, le habilitó el tiempo necesario para el esfuerzo narrativo. Padura decidió que el género policíaco era el marco apropiado para contar lo que estaba pasando en Cuba, seguramente inspirado por la reflexión de Raymond Chandler en “The Simple Art of Murder”: "En todo aquello que pueda llamarse arte hay siempre una posibilidad de redención". Y parecía claro que la sociedad cubana estaba necesitada de redención. En las novelas de Las Cuatro Estaciones, Pasado Perfecto (1991), Vientos de cuaresma (1994), Máscaras (1997) y Paisaje de otoño (1998), Padura hace una revisión de la reciente historia cubana, con el propósito de entender y explorar el sentimiento de fracaso que estrangulaba a la generación que creció con el proceso revolucionario.

Suspendido por una pelea, Mario Conde lleva unos meses dedicado a tareas burocráticas; pero debido a la escasez de personal su superior, el mayor Antonio Rangel, le levanta la sanción para que investigue la muerte de un travesti en El Bosque de La Habana. Alexis era hijo de un diplomático con mucha influencia en el régimen, Faustino Arayán, el último representante de Cuba en Unicef; por lo que la investigación llevará al Conde a inmiscuirse en el mundo de la clase dirigente, separada por un abismo del común de los mortales. Conde tendrá que lidiar con las instrucciones del Mayor Rangel que le exige la máxima discreción.
El Bosque de La Habana


El crimen presenta varias particularidades que delatan una intención simbólica o ritual. Por un lado el cadáver de Alexis se encuentra vestido con el traje rojo vivo diseñado por Alberto Marqués para la protagonista de "Electra Garrigó", versión cubana de la tragedia griega escrita por Virgilio Piñera. Pronto descubrirá el Conde que aunque Alexis era homosexual nunca ejerció de travesti y que el día en que aparece asesinado no es un día cualquiera, sino el 6 de agosto, día en que la Iglesia católica celebra la Transfiguración del Señor. En este acontecimiento Jesús subió a un monte a orar junto a los apóstoles Juan, Pedro y Santiago, que ven cómo Jesús se vuelve resplandeciente y conversa con Moisés y Elías cuando de repente la voz de Dios irrumpe desde una nube diciendo: “Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo”. El asunto cobra importancia cuando Conde encuentra una Biblia en el escritorio de Alexis en la que precisamente faltan las páginas de la Transfiguración en el evangelio de Mateo.
"—¿Te imaginas lo que quiere decir esto?
—Que tenía algo escrito.
—Algo que molestaba o perjudicaba a alguien, y ese alguien arrancó la página. O, si no, que significaba algo especial para este muchacho y por eso él mismo llegó a sacarla del libro. Y si fue así, esto nos puede aclarar muchas cosas, Manolo: ese cabrón estaba loco y se transfiguró por cuenta propia para entrar en su propio Calvario. Me juego las nalgas a que sí."
No son los únicos elementos extraños en el crimen, también se demuestra que fue asesinado de frente, sin ofrecer resistencia alguna y que alguien, presumiblemente el asesino, le introdujo por vía anal dos monedas de oro.

Como es habitual en Padura, la investigación policial es sólo una excusa para la crítica social. Los dos asuntos de fondo que recorren la novela son la homosexualidad en Cuba y la llamada política de “parametrización” que se utilizó para excluir a muchos intelectuales de la vida cultural cubana, bien por razones ideológicas, sexuales o religiosas que estaban fuera de los "parámetros" del paraíso socialista.

Si en las dos primeras novelas del ciclo muchos hilos de la trama partían de un territorio mitificado por Conde, esa Preparatoria añorada donde conoció a sus mejores amigos; en esta tercera aventura la pesquisa le llevará a descubrir una Habana muy diferente, poblada por personajes que sufrieron una cruel represión debido a su orientación sexual. El Virgilio particular que va a encontrar Conde durante la pesquisa es Alberto Marqués, que había acogido al asesinado Alexis Arayán en su casa, una vivienda con una situación geográfica ciertamente irónica, en el "número 7, de la calle Milagros, entre Delicias y Buenaventura. ¿Sería un invento de Alberto Marqués aquel número y aquellos tres nombres de calles para ubicar su casa en un rincón del Paraíso Terrenal, dentro de una gloria perfecta y edénica?»

Marqués es un personaje central en la novela ya que ejemplifica y da voz a la denuncia de toda una época. Siendo un importante dramaturgo y director de teatro fue defenestrado políticamente en 1971, por su homosexualidad; justo antes de estrenar su versión de la obra de Virgilio Piñera, "Electra Garrigó":
"La primera acusación que me hicieron fue la de ser un homosexual que exhibía su condición, y advirtieron que para ellos estaba claro el carácter antisocial y patológico de la homosexualidad y que debía quedar más claro aún el acuerdo ya tomado de rechazar y no admitir esas manifestaciones de blandenguería ni su propagación en una sociedad como la nuestra".


La figura de Marqués alude directamente a Virgilio Piñera, destacado escritor, poeta y dramaturgo cubano, hacia quien Padura prodiga una gran admiración (suele incluir en sus libros citas de su obra). Piñera, al igual que Reynaldo Arenas, Calvert Casey, José Lezama Lima y otros destacados escritores cubanos, era homosexual y tuvo que enfrentarse a la marginación impuesta por el régimen revolucionario cubano, tal y como le recuerda Marqués a Conde. La cruel paradoja es que tanto Piñera como otros artistas e intelectuales homosexuales apoyaron de forma entusiasta la revolución de 1959:
"Esos fueron los que quisieron acabar con gentes como yo, o como el pobre Virgilio, y lo consiguieron, usted lo sabe. Acuérdese que en sus últimos diez años Virgilio no volvió a ver editado un libro suyo, ni una obra de teatro representada, ni un estudio sobre su trabajo publicado en ninguna de estas seis provincias mágicas".
El Conde, por su propia educación, tiene inclinaciones homofóbicas, pero también es un hombre culto y sensible que se ve impactado por la vasta cultura del dramaturgo, así como por su fina inteligencia y la dignidad con que lleva su condena al ostracismo. Marqués primero intrigará a Conde, luego lo fascinará y finalmente será quien ponga a su alcance las historias y claves para entender lo sucedido.
"Aguantó como un hombre y se quedó aquí, porque dice que si sale de aquí entonces sí se muere, y no les hizo el juego ni a los de adentro ni a los de afuera".
Desde el mismo título y hasta la revelación final sobre el asesino, todo el libro está atravesado por la metáfora de la máscara, símbolo capital del mundo del teatro en el que se mueve Marqués quien, como Piñera, cree que es en el teatro donde mejor se puede presentar la realidad. La «máscara» como instrumento de ocultación o transfiguración de la realidad, capaz de superponer una realidad fingida pero sincera; a otra subyacente y verdadera: La propia escena del crimen es una máscara, del mismo modo que el asesino vive y medra tras una máscara e incluso la revolución cubana fue colocando máscara tras máscara para intentar ocultar una realidad no deseada. Toda la investigación se convierte así en un desvelamiento de la verdad oculta, una “caída de la máscara, una máscara de mil mentiras tras la que se había escondido la verdad”.
La Habana


Padura ya lo había señalado desde la misma elección de las citas que abren el volumen, comenzando por el famoso aserto de Batman: "Todos usamos máscaras". También reproduce un diálogo del Acto III de Electra Garrigó, la obra de Piñera, donde critica con amargura el conformismo de la sociedad cubana:
PEDAGOGO: Es cierto. En ciudad tan envanecida como ésta, de hazañas que nunca se realizaron, de monumentos que jamás se erigieron, de virtudes que nadie practica, el sofisma es el arma por excelencia. Si alguna de las mujeres sabias te dijera que ella es fecunda autora de tragedias, no oses contradecirla; si un hombre te afirma que es consumado crítico, secúndalo en su mentira. Se trata, no lo olvides, de una ciudad en la que todo el mundo quiere ser engañado..
Esta es la redención que propone Padura, el reconocimiento y la comprensión de lo que hay tras la máscara, como le ocurre al Conde con Marqués; porque, paradójicamente, la función de la máscara desemboca en un ansia mayor de autenticidad. 

Padura y Conde siempre estarán tras la resolución de un crimen, pero tan importante como su pesquisa es el entorno de La Habana, su historia y unos personajes que respiran y ahondan los aspectos sociales y culturales más hirientes de la reciente historia cubana.

El estilo de Padura es muy natural, derrocha desenfado y espontaneidad hasta lograr ese cierto tono humorístico que envuelve la decepción. Como todas las de la serie la novela es reflexiva y melancólica, reflejando el carácter de su protagonista, el teniente Mario Conde: un tipo honrado, escéptico y desencantado; un “cabrón recordador”, fiel a sus amigos y frecuentemente borracho `que arrastra una melancolía`, según lo ha definido el mismo Padura. Un policía que hubiera querido ser escritor y que siente una enorme empatía por escritores, locos y borrachos.

viernes, 5 de febrero de 2021

LAS SANGRES - de Audrée Whilhelmy


 
Las sangres es un libro delicioso y cruel donde aparecen fundidos Eros y Tánatos. Un libro  de erotismo y perversión que se diría de otra época, casi medieval, cuando la moral aún estaba ausente. En él las pasiones amorosas son extremas y se experimenta el erotismo de una forma brutal y exquisita. Pero por otro lado es un cuento de hadas moderno y feminista donde cada una de las siete mujeres, que se entregan a su amante hasta la muerte, lo hacen libre y conscientemente, bajo los auspicios del Marqués de Sade, como culminación de su experiencia vital. De hecho en algunos casos este moderno Barba Azul parece un mero instrumento de las fantasías de sus esposas.

El libro se compone de siete diarios escritos por otras tantas mujeres que se entregaron a Féléor Barthélémy Rü y acabaron muertas por sus manos. En cada uno de esos cuadernillos está la intimidad más descarnada de cada mujer y la descripción de la relación enfermiza y extrema que mantienen con Féléor; no un ogro odiado y temido como en el cuento, sino un joven apuesto y rico. Audrée Wilhelmy reimagina el cuento clásico de Perrault, pero lo hace a través de las miradas y las fantasías de sus mujeres: Mercredi, Constance, Abigaëlle, Frida, Phélie, Lottä y Marie.

Féléor les pidió que escribieran en los diarios sus más lascivos deseos y a modo póstumo él decidió reunirlos y añadir una apostilla propia sobre su vivencia con cada mujer. Un cuento de hadas moderno, sin cuartos secretos ni llaves prohibidas, donde las mujeres eligen descender por espirales de placer y autodestrucción que asombran por su osadía y fascinan por su perversión.
«Creo que cuando soñamos mucho tiempo con el peligro y el mal, ya nada, ni siquiera la verdadera violencia de la vida real, nos parece auténtica o grave. Lo mismo pasa con el amor, las esperanzas, los miedos...»
Barba Azul por Doré

Las sangres es una puesta al día del clásico cuento sobre el ogro Barba Azul, un hombre rico que se casó en varias ocasiones y cuyas esposas fueron desapareciendo misteriosamente. Por esta razón ninguna mujer quiere casarse con él hasta que finalmente una accede, atraída por la vida de lujos que promete el matrimonio. A punto de realizar un viaje, Barba Azul le da todas las llaves de la casa a su nueva esposa con la única prohibición de entrar en una habitación señalada. Ella, obviamente, entra, y allí encuentra un escenario dantesco lleno de sangre y cadáveres; los de sus anteriores esposas. Cuando él la descubre se dispone a asesinarla también, pero ella le pide tiempo para rezar, una espera suficiente para que sus hermanos lleguen a la mansión y maten a Barba Azul. Un cuento que, como se ve, admite múltiples lecturas sobre la relaciones de poder en la pareja, la confianza, la curiosidad malsana o la atracción de lo prohibido. 

La colección de cuadernos que nos entrega Wilhelmy nos presenta el alma femenina desde múltiples vertientes, todas ellas libres y perturbadoras. El de la joven y fantasiosa Mercredie, que se embriaga con la lectura del Marqués y sus ideas sobre el ahorcamiento y el sexo. El de la mujer, Constance, que busca los límites de sus experiencias sensuales a través de drogas y venenos. El de la implacable Abigäelle que tortura su cuerpo sin misericordia para la lograr la expresión más pura del ballet y también del placer. El de Frida, una viuda "gorda, ni rica ni guapa" que revela aspectos un tanto repulsivos de la perversión sexual del feederismo. O el juego de la caza y la dominación que representa Phélie.
"Más tarde me casé con él, precisamente porque un día podré pedirle que me mate y, ese día, aceptará. Eso me resulta atractivo en un hombre, esa contención del deseo hasta que la mujer acepte satisfacerlo. La tensión creciente me divierte. Es una cosa sin engranajes, el deseo. No responde a ninguna lógica. Me gusta saber que controlo el suyo. Podría tenerlo esperando así, lo mismo seis días que seis años. No sabe cuándo llegará la petición, pero sabe que llegará. Para él es peor esperar sin hacer nada. A mí, sin embargo, me da un poder muy grande. Él me estrangula en la cama y, sin embargo, soy yo la que lo domina. " pág 119


En la historia de Lottä Istvan se mezclan el Destino, lo esotérico y el tarot. "Tu belleza será la perdición de los hombres" le había profetizado su madre. Y aunque Lottä no cree en parcas ni Destinos, vive fascinada con las cartas que echaba su progenitora. Desde que ella murió, cada vez que cumple años saca una carta de la baraja y la coloca en la pared de su cuarto.
"Bajo la de El Diablo (XV), que vela por todas las demás, se despliega el tarot de mi vida desde que cumplí doce años. "
La virginal Lottä vive encerrada y dedicada a sus ensoñaciones, entre las que está presente el deseo de un Féléor ya maduro e incluso el de su propio padre. En su quince cumpleaños saca la carta XI.
"La fuerza (XI).Curioso presagio el de este arcano, con su gran dama vestida de azul y rojo, capa y sombrero, rubia, con una cara sosegada de una pureza tranquila, una pureza de las de pasarse el día leyendo libros piadosos y que, sin embargo, en el tarot sujeta las facuces abiertas de un león como si fuera lo más normal del mundo, la naturaleza misma; una mujer de rostro angelical zambulléndose con valentía en la boca del rey de los reyes sin lastimarse siquiera los dedos con sus colmillos. Puede que el león sea un hombre del que todavía ignoro los rasgos, y entonces la carta sea una advertencia de mamá, una llamada a la vigilancia: "Adriéstalo antes de que te devore". Puede también que la tranquilidad de esta figura posea otro significado. Quizá quiera decir que la mujer que conoce sus virtudes controlará su destino." pág. 141.
Lottä y Abigäelle son mis preferidas, creo que en ellas se reflejan los abismos de la inocencia y la perversión, la tortura y el placer, el miedo y el deseo. Aunque el que busque el violento brebaje de la candidez accediendo sin vértigo al cubil del monstruo se sentirá fascinado por Mercredie y Marie. Mientras que Constance y Phélie nos muestran su perfil de voraces fieras en el que constantemente se intercambian los roles de cazador y víctima.

Por supuesto el libro provoca debate y sensaciones contradictorias. Se puede apreciar el libre albedrío con el que estas mujeres eligen su pasión y su tormento. También la sumisión al hombre que las lleva a la anulación o el aniquilamiento. O incluso esa arriesgada inclinación a lo morboso. Yo prefiero quedarme con una apuesta literaria que es cautivadora y con que las mujeres son el sujeto en esta osada exploración que nos sumerge en los impulsos sensuales y vitales más oscuros de la psique femenina.
"Podía decirme cosas muy hermosas y cosas horribles también. Yo sólo tenía que seguir repitiendo el mismo movimiento. No sabría explicar cuánto lo deseaba cuando me agotaba así. En muchas ocasiones, para arrancarme de mi postura, me ponía los dedos alrededor de la garganta y apretaba hasta que me faltaba el oxígeno y me caía al suelo. Me estrangulaba y luego me subía a la cama. Cuando me despertaba, hacíamos el amor con la violencia de mi propio deseo. Luego, solo era capaz de dormir. Pero durante el día, y durante los espectáculos, los coreógrafos y el público siempre lloraban al verme bailar tan bien. Conseguía sumirme en un estado próximo al del clímax incluso en plena representación, y aquel goce de un sufrimiento insoportable era lo que mostraba en el escenario." pág. 75

martes, 2 de febrero de 2021

PATRIA - creada por Aitor Gabilondo


Patria rebosa drama y verdad al reflejar el conflicto vasco a través dos familias íntimas que conviven en el mismo pueblo de Donosti. La serie evita el didactismo y se centra en el desgarro de estas dos familias, una marcada por el ingreso de su hijo en ETA y otra porque el padre es asesinado por la banda terrorista. Las consecuencias de este asesinato sobre cada uno de los miembros de estas familias, durante varias décadas, vertebra del relato.

El eje de la historia es Bittori, la esposa del Txato, un empresario del transporte asesinado por ETA al negarse a pagar su impuesto revolucionario. El matrimonio primero sufrió el aislamiento por parte de sus paisanos (cuando empezaron a aparecer pintadas contra el Txato) y, tras el crimen, el hijo sacó a Bittori del pueblo para llevarla a vivir a Donosti. Años después, cuando ETA anuncia el cese de sus atentados, la mujer decide regresar a su casa en el pueblo con el deseo de cerrar esa dolorosa página; pero tampoco será fácil. Todos los vecinos que les arrinconaron en su día, ven su llegada como un agravio; aunque ella sólo quiere saber quién fue el asesino de su marido y morir en paz.


El relato es contenido y muy emocional, explora el dolor y el enfrentamiento ideológico que envenena la convivencia diaria llenándola de miedos, silencios y culpabilidad. La fuerza de la serie está en unos personajes atribulados y muy representativos, en una estupenda ambientación (los caseríos, las tabernas, los bosques, la lluvia persistente, los tonos grises de un cielo sin sol) y en una estructura narrativa que juega con el tiempo, mezclando el pasado de atentados y el presente con el regreso de Bittori al pueblo. 

Este era uno de los grandes retos de la serie, articular el juego temporal y narrativo establecido en la novela y el resultado es excepcional. El hecho central de la narración es el asesinato del Txato que ocurre en medio de la calle, en una tarde fea y lluviosa. Sucede en el primer episodio, pero sólo vemos a los asesinos huyendo. Los ocho episodios de la serie pivotarán alrededor de este hecho trascendental en una polifonía que confluye en dicho crimen pero desde la perspectiva de cada personaje.


Este ir y venir entre las líneas temporales desde los años de plomo de finales de los ochenta y el presente de 2011, logra mostrarnos la evolución de cada personaje y su calado moral; así como el naufragio de todo un pueblo entregado al odio y la intransigencia. Sólo al final se desvela quién disparó al Txato y se da la razón a Bittori; al conocer al asesino, se puede cerrar el duelo.  Por cierto que Elena Irureta compone una Bittori a la vez deliciosa y firme. Sus conversaciones con el Txato muerto le dan un carácter  entrañable, pero a la vez se mantiene firme en sus preguntas a Joxe Mari o en no ceder la empresa a los trabajadores que cargaron contra su marido sólo por motivos ideológicos. 

El otro aspecto que destaca poderosamente es el trío protagonista, tanto por sus maravillosas interpretaciones, como porque representan las tres posturas antagónicas: Bittori y Miren (Ane Gabarain) son las dos madres que se erigen en el alma de la serie y  que representan una misma sensibilidad pero escindida. Las dos defienden a su familia; pero Bittori es una víctima del terrorismo mientras que Miren ha de venderse al diablo para defender a su hijo etarra y sus posiciones. Miren anuncia a su marido la muerte de su hasta hace poco amigo de esta forma tan seca y cruel: "Se acabó el Txato. Es lo que tiene la guerra. Que deja muertos."

Dado que los dos matrimonios eran amigos desde hace años, su enfrentamiento es la mejor metáfora de la quiebra social que provocó el terrorismo. También los hijos de Miren, Joxe Mari y Arantxa son una especie de arquetipos que representan el primero la intransigencia criminal y la segunda el espíritu superador de la concordia. 



Efectivamente Arantxa (Loreto Mauleón) es el tercer epicentro de estas valiosas protagonistas. Cualquier persona que vea la serie admirará su carácter sarcástico en medio de la desgracia y su inquebrantable voluntad de conciliación. Su drama es una metáfora, espiritual y física, de las luchas fratricidas que se vivieron en País Vasco en los años oscuros de ETA. Desde muy joven quiso huir de los bandos y a pesar de sus desgracias (un marido agresor y un ictus que la deja parapléjica) logra imponer su espíritu de concordia. Patria habla sobre el dolor, el enfrentamiento y sobre lo difícil que es olvidar. A través de Arantxa también habla de que es posible sobreponerse y perdonar.

La ambientación está muy lograda y te sumerge en ese pueblo vasco. No sólo por el paisaje y las costumbres (las comidas, la taberna, la afición ciclista); Aitor Gabilondo ha reunido un plantel de actores autóctonos cuya entonación y uso de coloquialismos contribuyen a dar un inconfundible sabor vasco. 


La novela de Fernando Aramburu fue un éxito de crítica y ventas desde su publicación en 2016. Era un oportunidad de acercarse a las tortuosas aristas del conflicto vasco sin intransigencia y, sobre todo, con honestidad y emoción. Como bien dijo Jose Carlos Mainer en ElPaís.com, la novela es memorable porque "abarca 40 años de fascistización de una sociedad cerrada y recelosa y otros tantos de degradación moral de las instituciones del Estado. Allí está todo: el mundo de la lucha armada y el encarcelamiento de sus héroes, la hipócrita y cruel ocultación de sus víctimas, la constitución de una mentalidad de “pueblo elegido” y perseguido, el bochornoso papel de la Iglesia católica y sus imanes parroquiales, la diaria y sistemática práctica de división de una comunidad en buenos y malos."

No quiero concluir sin añadir un comentario sobre los aspectos y complejidades de la sociedad vasca que aparecen reflejados tanto en la novela como en la serie. En primer lugar la fuerza de la mujer de la casa, la etxekoandre, que lejos de ser un mito es una realidad como se ve en el hogar de Miren, donde ella ejerce el liderazgo absoluto. O en el matrimonio carnicero, donde la mujer decide a quién se puede vender carne y a quién no (una vez señalado el Txato por las pintadas, se niega a vender su mercancía a Bittori como si fuera una apestada) mientras el marido calla cabizbajo. Por cierto que cuando muere el hijo etarra del carnicero y el marido de Miren va a darle el pésame, se produce un momento sumamente revelador. "No sé qué decirte" le dice Josean. A lo que responde el carnicero, "Por fin uno que no miente", en referencia a la instrumentalización política que de su hijo y de su muerte ha hecho el mundo abertzale.

También sobre el enorme peso de la Iglesia en esa sociedad, como se ve en el párroco don Serapio, que ejerce de líder espiritual de la comunidad y es capaz de extender hipócritamente toda una justificación teológica de la lucha por Euzkadi. Tanto cuando acude a Bittori para solicitarle que se vaya del pueblo porque "ya hemos sufrido bastante", siendo ella la víctima del terrorismo; como cuando exhorta a Gorka, el otro hermano de Arantxa, que acaba de ganar un premio por un cuento escrito en vasco; expresa un concepto de patria propio de los iluminados, abrasivo y fascistoide. 
"Lo que quiero decir es que cuando tú escribes es Euskalerría la que escribe. Es una misión, créeme, hermosa, muy hermosa. Y en estos momentos de nuestra historia, lo digo sin temor a exagerar... sagrada.


Y finalmente la cuadrilla, ese instrumento maravilloso de socialización de jóvenes donde se fraguan amistades, aficiones y lealtades. Paradójicamente la cuadrilla sustenta una gran cohesión social, pero también exige una ciega fidelización capaz de coartar la libertad y empujarte a la justificación de la violencia y al acoso fascista del señalado como enemigo del pueblo. Esa presión la sufre en toda su extensión el propio Gorka en la errikotaberna, cuando le reciben tras ganar el premio literario. También el Txato cuando su cuadrilla ciclista lo recibe con silencio y aislamiento tras ser marcado como objetivo por la banda terrorista.

Esos silencios culpables y estremecedores se convierten en la banda sonora de muchos años de miedo y odio, de un cáncer que fue creciendo entre complicidades, cobardías e infamias. 








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Fernando Aramburu
  nace en San Sebastián en el año 1959 y crece en medio de una familia obrera, donde vive el nacimiento de la banda terrorista ETA. Posteriormente estudia Filología Hispánica en la Universidad de Zaragoza y trabaja en revistas culturales antes de trasladarse a Alemania, donde se dedica a impartir clases de español. A principios de los años 80 crea el grupo literario Cloc, en San Sebastián, lo que le impulsa a escribir y dedicarse por completo al mundo de las letras. Su primer reconocimiento importante llegó de la mano de Años lentos, su sexto libro publicado, valedor del Premio Tusquets de Novela en 2011. Otra de las publicaciones importantes de Fernando Aramburu es El trompetista del Utopía (2003), llevada al cine con el título de Bajo las estrellas (2007), film ganador de dos premios Goya. El escritor vasco también se ha destacado en su carrera como traductor, poeta y narrador de cuentos infantiles. Otra de sus obras destacadas es el libro de relatos Los peces de la amargura (2006), que ya prefigura el ambiente y los personajes de Patria.
Perez-Reverte en su web sobre Los peces de la amargura: 
"Son varias historias escritas de forma muy limpia, sin adornos. Al grano. Prosa seca y cortada, casi documental. Todas ocurren en el País Vasco, en pueblos o ciudades. Vida doméstica que allí es cotidiana: un padre que se aferra a los peces de su acuario para soportar la desgracia de su hija mutilada en atentado terrorista, la madre de un joven preso de ETA, la mujer de un policía municipal hostigada en un pueblo, el compañero de juegos que luego lo será de atentados, la cobardía vecinal ante el que ha sido marcado como enemigo de la patria vasca... No son historias contadas desde un solo punto de vista. Todo cabe en ellas: los motivos y las sinrazones, los verdugos y las víctimas cuyos papeles pueden trocarse en un momento. La memoria y el presente, el miedo, la vileza, la desesperanza, la derrota, la supervivencia. Sobre las doscientas cuarenta y dos páginas del libro -ya he dicho que se lee en una tarde- planea todo el tiempo una sombra densa de tristeza. De la amargura que contiene el título de esta obra singular."

miércoles, 27 de enero de 2021

HÉCTOR ABAD FACIOLINCE: El novelista en la Biblioteca de Babel - por Orlando Mejía Rivera













En su libro "La generación mutante" sobre los nuevos narradores colombianos, el escritor y profesor Orlando Mejía Rivera nos propone una idea del escritor contemporáneo como lector-escritor.







“Ahora estoy convencido de que la literatura, la de hoy
por lo menos, es una mierda, una vanidad inútil, un ruido
que se añade a la música de los siglos, cuando escribir
era todavía algo valioso. Ya no sabemos escribir historias,y Medellín jamás tendrá su Balzac”
                                                      Héctor Abad Faciolince. Basura.



Héctor Abad Faciolince: El novelista en la Biblioteca de Babel 


1

Héctor Abad Faciolince, novelista, cuentista, periodista y traductor del italiano al español (de autores como Umberto Eco, Bufalino y Lampedusa), nació en Medellín en el año de 1958. Fue el director de la revista de la universidad de Antioquia y ha sido columnista en el periódico El Espectador y en la revista Cromos. En la actualidad es colaborador de la revista literaria El Malpensante y de Cambio, donde se ha caracterizado por la irreverencia y el decir las cosas por su nombre, en una nación que todavía le rinde culto a la mentira y a las hipócritas “buenas maneras”.

Su vida ha transcurrido más tiempo fuera del país que en su ciudad natal, pues durante unos diez años, y a raíz del asesinato de su padre (médico salubrista, ensayista, profesor universitario e intelectual de izquierda), vivió en Italia. Luego retornó a Colombia, pero en los últimos años reside entre Medellín y cualquier ciudad del mundo dando conferencias, seminarios de literatura o escribiendo de ciudades extrañas como, por ejemplo, El Cairo. Estudió periodismo en la Universidad de Antioquia y Literaturas y lenguas modernas en la universidad de Turín.

Autor del libro de cuentos Malos pensamientos (1991), de las novelas Asuntos de un hidalgo disoluto (1994), Fragmentos de amor furtivo (1998), Basura (2000), y del inclasificable texto Tratado de culinaria para mujeres tristes (1997). Con su novela Basura ganó, en marzo de 2000, el I premio de narrativa americana innovadora organizado por Casa de América de Madrid y la editorial española Lengua de trapo.

(Posteriormente ha publicado El olvido que seremos, Angosta y La Oculta)


2

Imagino a Héctor Abad como el novelista en la biblioteca de Babel de Borges: recorre los estantes de los libros arquetipicos y eternos, los abre, los lee, y luego los olvida. Después se sienta y escribe sus versiones de las mismas historias que siempre han sido la literatura, pero renovadas con el lenguaje y la mirada de un lector-escritor contemporáneo que juega a parodiar los clásicos y los autores que fundaron los géneros narrativos.

Por eso es lógico y obvio encontrar en los libros de Abad Faciolince los ecos intertextuales de obras, escritores y temas literarios. En Asuntos de un Hidalgo disoluto donde las memorias de Gaspar Medina están recorridas por la parodia a Don Quijote de Cervantes, a Gargantua y Pantagruel de Rabelais, al Candido o el optimismo de Voltaire, a Jacques el fatalista de Diderot, a la novela picaresca española y al tema medieval del amor cortes (como lo analiza bien el crítico Mauricio Vélez Upegui)[1].

Los consejos del Tratado de culinaria para mujeres tristes son la síntesis paródica de la obra "ligera" del poeta romano Ovidio: desde su Arte de amar, Remedios de amor, hasta De los Medicamentos de la cara, manual de maquillaje. Pero también es la recreación de un género literario que nació en la Edad Media, cuando debido a que los hombres europeos se alistaron de forma masiva en las guerras de las cruzadas religiosas, las mujeres quedaron en sus casas y se convirtieron en las principales lectoras de la época. Como ahora, cuando empieza a predominar las escritoras y las lectoras de ficción, pues los hombres están muy ocupados con las nuevas "guerras" de las tecnologías del mercado y las transnacionales de la globalización.

En Fragmentos de amor furtivo la historia de amor y sexo entre Rodrigo y Susana, en medio de la "peste de plomo" de Medellín, está presente la atmósfera del Decamerón de Bocaccio y la Sherezada de las Mil y una noches cuando Susana relata a Rodrigo las historias de su pasado erótico, para curarlo del mal de la impotencia, y así evitar que otra cabeza, la más importante la del segundo piso, ruede por el suelo para siempre.

En Basura Héctor Abad parodia no un libro ni un tema literario, sino una idea de la teoría crítica, "el grado cero de la escritura" que el francés Barthes pronosticaba para los narradores de la modernidad: Si ya todo está escrito y la idea de la literatura como sublime camino de la búsqueda de la verdad y la transformación social del mundo, sólo produce hoy una risa sarcástica o un suspiro de nostalgia, entonces... ¿Qué queda? quizá el silencio, o la levedad (a lo Italo Calvino) de parodiar y reescribir, de reemplazar con humor negro la antigua trascendencia de la literatura, pero, sin esperar ya nada, pues el escritor moderno es consciente de la inutilidad de su obra y de la ficción misma.

Basura es la novela trágica de ese lúcido narrador en la biblioteca de Babel, atragantado de palabras de otros, que vuelve a recordar todo lo que leyó y al compararse con los libros arquetipicos de los estantes, sabe qué o se vuelve humilde y asume su papel de "re-creador" de la literatura, o se llena de ira y angustia y se bloquea como escribidor al pretender crear "una obra maestra". Abad Faciolince al contrario de su personaje Bernardo Davanzati (un escritor amargado, -- nunca escribió nada que le gustara -- y fracasado -- los críticos destrozaron su primera novela publicada --, que sólo sigue escribiendo para botar a la basura) escogió la primera vía: escribir y divertirse, jugar con él mismo y el lector, pensar con el cuerpo (como enseñaban los chinos) y, de forma paradójica, mostrar realidades y honduras "míticas" del "Ser colombiano" mediante los vehículos narrativos de la tradición cultural y la re-escritura de los textos de la literatura universal. Además la parodia es la fuente originaria de la novela moderna. A veces se olvida, sobre todo a los petulantes que se creen originales o que exigen originalidad de otros, que Cervantes escribió el Quijote como parodia de las novelas de caballería.

El mundo literario de Héctor Abad, que poco a poco se hace más sólido y gratificante para el lector, me recuerda esa otra genial idea de Borges: la mejor literatura se ha hecho por aquellos que nunca han pretendido escribir "grandes obras maestras", sólo escribir, así no más, como un acto fisiológico, como lo más auténtico del Davanzati de Héctor Abad: "Escribo y sé que nunca nadie va a leer lo que escribo, escribo porque tengo el vicio incurable de escribir, escribir como quien orina, ni por gusto ni y a pesar suyo, sino porque es lo más natural, algo con lo que nació, algo que debe hacer diariamente para no morirse y aunque se esté muriendo"[2].


[1] Vèase Mauricio Vèlez Upegui. “De Asuntos de un hidalgo disoluto”. En: Revista Estudios de literatura colombiana. N4, Enero-Junio 1999. pag: 47-74.
[2] Hèctor Abad Faciolince. Basura. Madrid. lengua de trapo. 2000. pag: 21.