jueves, 15 de octubre de 2026

ISRAEL en FUGA










En el maravilloso libro de Anne Michaels, Piezas en Fuga, seguimos la doble reconstrucción que un niño judío debe afrontar tras sobrevivir al genocidio nazi. Por un lado afronta la memoria de su familia asesinada y la desaparición de su hermana Bella. Por otro tiene que reconstruirse a sí mismo para poder continuar su vida. 
       "Busco el horror que, como la propia historia, no puede restañarse. Leo todo lo que puedo. Mi ansia por conocer todos los detalles resulta ofensiva.
       En Birkenau, una mujer llevaba debajo de la lengua los rostros de su marido y de su hija, arrancados de una fotografía, para que no pudieran arrebatárselos. Si todo cupiera debajo de la lengua.
       Noche tras noche sigo infinitamente el camino de Bella desde la puerta de casa de mis padres. Para darle un lugar a su muerte. En esto consiste mi tarea. Recojo datos, intentando reconstruir los acontecimientos hasta sus detalles más mínimos. Porque Bella podía haber muerto en cualquier lugar de esa ruta. En la calle, en el tren, en las barracas."
pág 151
El niño protagonista, Jakob Beer, vivirá toda su vida obsesionado con el hecho de que para él "cada momento son dos momentos", porque cualquier gesto o detalle del presente le remite a su infancia y a su hermana Bella. La mesa dispuesta para comer le recuerda a la de sus padres, las horquillas del pelo de su mujer le remiten a las de Bella y cualquier gesto o escena se transparenta hasta mezclarse irremisiblemente  con sus recuerdos. 
El libro es doloroso y emotivo.
Está escrito con un gran lirismo y humanidad...

...Pero a esos dos momentos en uno que vive el protagonista yo he añadido un tercero durante mi lectura. Mientras leía sobre el genocidio y el horror que rememora constantemente Jakob yo veía superpuesto el genocidio actual que sufren los palestinos en Gaza. 

Hay una contradicción terrorífica y diabólica en la superposición de estos tres momentos tan terribles. 

Así es como he leído yo este hermoso libro. Leyendo con horror y compasión sobre un pueblo que fue masacrado y soportando la repugnancia de que ese mismo pueblo se haya convertido en el verdugo de un exterminio que veo cada día en el telediario. ¿Cómo se ha operado esta metamorfosis?


Sintonizo plenamente con Jakob cuando dice que 
"No podía apartar mi angustia del preciso instante de la muerte. Estaba centrado en esa fracción histórica de segundo: el cuadro viviente de la trinidad del espanto -el perpetrador, la víctima, el testigo". (pág 152)

En las páginas 176, 177 y 178 Anne Michaels -a través de Jakob- refleja el modo en que los nazis necesitaban deshumanizar a los judíos para poder matarlos con saña e indiferencia. Son unas páginas atroces que he leído varias veces hasta que se me ocurrió sustituir la palabra "nazi" por "israelí" y poner "palestino" donde pone "judío".
El resultado es espantoso.
El texto original y el virtual son igualmente sobrecogedores y veraces. Como prueba sólo hay que ver la película NAZA.
Netanyahu, su gobierno y la parte de su sociedad que lo apoya son los nazis de nuestro tiempo.

        "La policía nazi estaba más allá del racismo, era antimateria, porque a los judíos no se les consideraba personas. Un viejo truco del lenguaje, utilizado con frecuencia a lo largo de la historia. Nunca había que referirse a los no arios como si fueran humanos, sino como "figuren", "stüke" -"muñecos", "madera", "mercancía", "harapos". No se estaba gaseando a seres humanos, sólo se gaseaban "figuren", así que no había violación de la ética. A nadie se le podía criticar por quemar los desperdicios, por quemar harapos y chatarra en el sótano sucio de la sociedad. De hecho, ¡eran un peligro de incendio! Qué remedio quedaba que quemarlos antes de que te hicieran daño... Así que el
exterminio de los judíos no consistió en obedecer una serie de imperativos morales en lugar de otra, más bien en el imperativo mayor que anulaba cualquier dificultad. De modo similar, los nazis hicieron efectiva una resolución que prohibía que los judíos poseyeran animales de compañía; ¿cómo puede un animal ser el dueño de otro? ¿Cómo puede un insecto o un objeto poseer algo? La ley nazi prohibía comprar jabón a los judíos. ¿qué utilidad puede encontrarle una sabandija al jabón?
        Cuando los ciudadanos, los soldados y las SS llevaban a cabo sus actos inenarrables, las fotos demuestran que en sus rostros no había muecas de horror, ni siquiera un sadismo vulgar, sino que más bien estaban deformadas por la risa. De todas las horrendas contradicciones, en ésta se encuentra la clave de todas las demás. Ésta es la quiebra más irónica del razonamiento nazi. Si los nazis necesitaban que la humillación precediera el exterminio, con ello venían a admitir precisamente lo que tanto esfuerzo les costaba no admitir: la humanidad de la víctima. Humillar es aceptar que tu víctima siente y piensa, que no sólo siente dolor, sino que sabe que está siendo degradado. Y como el torturador supo, en el instante del reconocimiento, que su víctima no era un "figuren" sino un hombre, y supo también en ese instante que debía seguir con su labor, comprendió repentinamente el mecanismo nazi. De la misma manera que el portador de piedras sabía que su única posibilidad de sobrevivir residía en llevar a cabo su labor como si no se diera cuenta de su inutilidad, el torturador decidió hacer su trabajo como si no conociera la mentira. Las fotos capturan una y otra vez este escalofriante momento de la elección: la risa del maldito. Cuando el soldado se daba cuenta de que sólo la muerte tiene el poder de convertir al "hombre" en "figuren", se solucionaba la dificultad. Y así crecían la ira y el sadismo: furia contra la víctima por volverse humana de pronto; el deseo de destrozar esa humanidad era tan intenso que su brutalidad no tenía límites."   pág. 176, 177 y 178

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.