´La Bola Negra´ es cine de muchos quilates. Desarrolla una historia desgarradora, muy compleja y mejor trabada, que derrocha emoción a raudales y demuestra una gran ambición visual. Salí del cine con el corazón en un puño y la garganta atenazada.
En una actualidad tan áspera y caótica como la que vivimos, alejándonos cada vez más de cualquier empatía, la película es una sorpresa que pone el foco en el miedo al rechazo, la libertad sexual y la autenticidad. Javier Calvo y Javier Ambrossi han puesto en pie un drama bélico en el que de pronto aparece un misterio literario que sirve para iluminar unas vidas atormentadas por la represión de su identidad sexual. Represión propia y ajena. Paradójicamente se puede decir que ´La Bola Negra´ es un canto a la vida con un reguero de cadáveres y muerte detrás.
En la cinta se entretejen las vidas de tres hombres homosexuales en tres momentos históricos diferentes de la historia de España, las cuales tienen su corolario en la actualidad. Se inicia con la peripecia de Sebastián (Guitarricadelafuente) en 1937, soldado del bando nacional en la Guerra Civil; continúa con la de Carlos (Milo Quife), un joven de buena familia que vive en Granada en 1932 y ambas desembocan en la historia de Alberto (Carlos González), nieto de Sebastián e historiador y escritor, en 2017. Tres existencias íntimamente ligadas por el miedo, el dolor, el ansia de libertad sexual y el peso de la herencia en nuestras vidas.
El aglutinante de estas tres historias es una obra de teatro desaparecida de Federico García Lorca que, de pronto, entra en escena al ser la herencia que Alberto recibe de su desconocido abuelo Sebastián. Se trata, nada más y nada menos, que de "La Bola Negra", obra de teatro en realidad inconclusa de la que sólo se conservan cuatro folios manuscritos. El asunto tiene mucha enjundia porque se trata de la primera obra de Lorca en la que el protagonista es abiertamente homosexual.
Los realizadores tienen la osadía y la habilidad de completar esta obra (definitivamente inacabada por la muerte del poeta) desarrollando en ella la peripecia vital de Carlos, homosexual no declarado al que su padre insiste para que se convierta en socio del muy varonil Casino de la ciudad. Sin embargo, los rumores sobre su sexualidad propician que, en la votación, los socios inserten mayoritariamente la bola negra. No admitido.
No contentos con completar esa obra inconclusa, los realizadores todavía añaden un eco más. En la historia de Carlos vemos latir la del propio Federico y esta mixtura Carlos/Federico propicia las dos escenas cumbre de la película: la de la taberna gitana y la postrera de la nieve. En la primera, un Carlos atormentado por el rechazo acude a un taberna flamenca. Allí su corazón herido se embriaga con el cante desgarrado y el zapateado violento hasta convocar a una especie de hechicera que le habla de sus destino. Las imágenes son tormentosas y nos dicen que el rechazo interiorizado puede adquirir una dimensión monstruosa. Se trata de un clip musical extraordinario de un lirismo oscuro y penetrante.
La segunda es como una alucinación en la que Carlos camina por una montaña hundiéndose en la nieve mientras la misma voz hechicera intenta consolarle. El contraste entre el negro de la bola y la blancura de la nieve es enorme. La secuencia hace uso de una imaginería onírica que me recordó al mejor Fellini. Aquí el lirismo y la simbología lorquiana resultan arrebatadores.(1)
La parte central de la película la ocupa el encuentro entre Sebastián y Rafael Rodríguez Rapún (Miguel Bernardeau), personaje histórico, última pareja conocida de García Lorca que, tras el asesinato de éste, se enroló en el ejército republicano y fue herido en Cantabria, dicen que caminando hacia los aviones que le disparaban, producto de su abatimiento. En la película se alarga su vida unos días para hacer que conozca a Sebastián, encargado de vigilarle mientras se recupera de sus heridas. El mando nacional lo está curando porque espera arrancarle valiosa información; pero, en esos días de convalecencia, el herido y sus recuerdos de Lorca y ´La Barraca´ fascinarán al joven Sebastián hasta despertar definitivamente su homosexualidad no asumida.
En esta parte central el leit motiv es claramente el tormento del engaño y la mentira para con uno mismo. Sebastián está en el bando nacional accidentalmente ("me pusieron un fusil en la mano") por lo que vive su situación como una mentira más que añadir a la de su sexualidad. Todavía más, se produce un paralelismo entre las dudas de Sebastián para aceptarse tal y como es y las de Carlos cuando su padre le convence de que acuda por segunda vez al Casino para negar los rumores. Todo esto lo resume muy bien la hispanista (Glen Close) a la que acude Alberto para verificar la obra que ha heredado. Ella dice, "siempre he pensado que La Bola Negra es la historia de una decisión. ¿Asumirá Carlos su condición o la negará?".
Los Javis aciertan plenamente al dar continuidad al material narrativo de Lorca, centrado en el deseo y el miedo a reconocer quién eres. De hecho, cuando en un flashback maravilloso, en blanco y negro, Federico le encarga a Rafael que no deje que se pierda esta nueva obra, éste le pregunta que por qué publicarla y exponerse, a lo que el poeta responde: para que los que sean como nosotros, "cáscara amarga", no tengan que vivir como nosotros. Ese miedo al rechazo y a la represión recorre toda la película.
En el último tramo, manteniendo el montaje en paralelo del relato y con Alberto atando cabos, se descubren las últimas sorpresas que revelan la densidad de la trama y confirma lo que dice un personaje: "El corazón de un maricón es un océano de secretos". El recorrido de la película, desde la guerra y sus angustias hasta la actualidad de Alberto y su desconocido abuelo, "el fascista" Sebastián, me parece hablar de la reconciliación con nuestro pasado, de reconocernos, aceptarnos e invitarnos a vivir.
Aparte de hacer avanzar las tres historias, la cinta ofrece en todo momento una experiencia visual impactante. Empieza con el bombardeo aéreo a un pueblo y sigue con la huida de Sebastián por un paisaje de desolación y escombros en el que acaba escalando una estatua de San Sebastián para rematar la huida. Todo un símbolo del sufrimiento y la resistencia que atesora la comunidad LGTBIQ+.
Secuencias deslumbrantes se mezclan con historias brutales (la del niño ahogado en la fuente del pueblo al que se impidió recoger durante cien días, la de la mujer asesinada por su propia familia por su vida "ligera") para demostrar que la tempestad de la historia ha sido implacable con el diferente: "Este país tiene demasiadas historias de amor enterradas en los campos", se dice en otro momento.
La película se muestra extraordinariamente segura de sí misma y te deja pegado a la pantalla por su fuerza visual y narrativa. El guión se ha armado en torno a la obra inconclusa de Lorca y contando con la obra de teatro ´La piedra oscura´, de Alberto Conejero, centrada en Rafael Rodríguez Rapún. En conjunto es una obra de orfebrería donde se encajan ambos textos con un ejercicio de ucronía —el juego de reescribir la historia— mezclando realidad y ficción para conseguir un tríptico exuberante, lírico y desbocado de emociones.
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“En las primeras páginas de la obra de Lorca, los personajes son extremadamente realistas. Él siempre decía que quería escribir una obra muy realista, pero, hacia el final, empiezan a surgir personajes extraños: La nieve, los esquiadores... En la obra de Lorca, la nieve, como la luna o la plata, siempre está ligada a la muerte. Y a menudo representaba esos elementos prácticamente como personajes físicos, parecidos a mujeres o espíritus que atraviesan la historia. Siempre supimos que la película terminaría ahí, en la nieve. Y como la obra transcurre en Granada, la nieve nos llevó enseguida a Sierra Nevada, esa magnífica cordillera que domina la ciudad. Pensamos que podía ser interesante —y sin duda muy contemporáneo— representar a ese ‘personaje’ únicamente como una voz que resuena a través de las montañas y que lo abarca todo. También nos alimentamos de ‘Así que pasen cinco años’, una obra muy compleja de Lorca sobre el tiempo, sobre no asumir los propios sentimientos, incluidos los amorosos, y sobre no asumir tampoco la propia identidad por miedo a tener que enfrentarse a ella. Y, entonces, el tiempo pasa. Por eso hay tantos relojes en la historia que transcurre en Granada, y por eso la nieve dice: ‘Solo existe la nieve’. Porque el tiempo sigue avanzando, las apariencias se resquebrajan, el metal se oxida y la vida continúa su curso.”
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* Escenarios de La bola negra en Granada
** La Técnica audiovisual en La bola negra
*** La historia real de Rafael Rodríguez Rapún








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