Serie Libro de Arena
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"Doneval", de Graham Dunstan Martin, es un libro de fantasía épica juvenil que rinde homenaje a las leyendas celtas y al maestro Tolkien. Entre las aventuras que corre su ingenioso protagonista junto con la aprendiz de bruja Favila, se entreveran reflexiones sobre lo bueno y lo malo, lo genuino y lo simulado, la necesidad de los contrarios y también una aguda reflexión sobre el poder y la capacidad del lenguaje. En este caso los dos protagonistas debaten sobre el lenguaje común y el que emplean los magos. ____________________________________________________________________
"—Pero —dijo Evan—, si el lenguaje de la magia hay que vivirlo y sentirlo, ¿por qué no se usa nuestra propia lengua? ¿No es eso lo que vivimos y sentimos más de cerca?—Sí, desde cierto punto de vista —dijo Favila, entrando en la conversación—. Pero no desde otro. Dime, Evan, ¿tú al hablar normalmente vas pensando en lo que significan las palabras?
—Claro.
—¡Qué va! —dijo Favila riendo—. Cuando vas al mercado de Villatrampa y pides una libra de mantequilla, ¿al pedirla sientes en la mano el peso de la libra? Cuando dices «mantequilla», ¿sientes la dorada mantequilla sobre la lengua?
—Hombre, no —dijo Evan—. Sí, tendrás razón. ¿Pero quieres decir con eso que una lengua distinta puede ser mejor?
—¡Sí, para que sientas el sabor de la mantequilla!
—¿Y eso por qué?
—Pues precisamente porque no es la lengua acostumbrada. Todos los sabores y colores, todos los aromas y texturas del mundo los llevamos aprisionados en el fondo del alma, tapados por el lenguaje. Verás, es que el lenguaje es como el dinero. Es un montón de moneditas que se pueden cambiar y permutar sin pensar. Tú, cuando sopesas un real en la mano, ¿piensas «Esto es una hogaza de buen pan negro»? No. Por la misma razón, cuando empleas la palabra «pan» no piensas en la cosa en sí, en los granos de cebada sobre la lengua, en el hambre que se te alza en el estómago. No. Lo único que haces es tirar la palabra «pan» sobre el mostrador como se tira una moneda. Es un mero indicador, no es una cosa de verdad.
"—Pero —dijo Evan—, si el lenguaje de la magia hay que vivirlo y sentirlo, ¿por qué no se usa nuestra propia lengua? ¿No es eso lo que vivimos y sentimos más de cerca?—Sí, desde cierto punto de vista —dijo Favila, entrando en la conversación—. Pero no desde otro. Dime, Evan, ¿tú al hablar normalmente vas pensando en lo que significan las palabras?
—Claro.
—¡Qué va! —dijo Favila riendo—. Cuando vas al mercado de Villatrampa y pides una libra de mantequilla, ¿al pedirla sientes en la mano el peso de la libra? Cuando dices «mantequilla», ¿sientes la dorada mantequilla sobre la lengua?
—Hombre, no —dijo Evan—. Sí, tendrás razón. ¿Pero quieres decir con eso que una lengua distinta puede ser mejor?
—¡Sí, para que sientas el sabor de la mantequilla!
—¿Y eso por qué?
—Pues precisamente porque no es la lengua acostumbrada. Todos los sabores y colores, todos los aromas y texturas del mundo los llevamos aprisionados en el fondo del alma, tapados por el lenguaje. Verás, es que el lenguaje es como el dinero. Es un montón de moneditas que se pueden cambiar y permutar sin pensar. Tú, cuando sopesas un real en la mano, ¿piensas «Esto es una hogaza de buen pan negro»? No. Por la misma razón, cuando empleas la palabra «pan» no piensas en la cosa en sí, en los granos de cebada sobre la lengua, en el hambre que se te alza en el estómago. No. Lo único que haces es tirar la palabra «pan» sobre el mostrador como se tira una moneda. Es un mero indicador, no es una cosa de verdad.
—Pero ¿Por qué es mejor una lengua desconocida?
—Como te digo, precisamente porque es desconocida. Porque obliga a la mente a salir de sus hábitos. De su hábito de olvidar cómo es verdaderamente la realidad. Si has aprendido a vivir esa nueva lengua, sus palabras te llevarán directamente a la realidad, directamente a las cosas y los sentimientos reales que indican.
—Sí, es igual que la poesía —dijo Brincante—. En realidad es eso lo que es la poesía. La poesía reconstruye mediante las palabras el verdadero mundo real, sin desgastar. Aquel en el que se vivía de niño, cuando el mundo era nuevo y cada gusto y cada sensación se saboreaban hasta el fondo.
—Y por eso —añadió Favila— los hechizos tienen siempre forma poética. Tienen ritmo, a veces tienen rima. Hablan a los oscuros ritmos ocultos del cuerpo y del espíritu, al propio corazón. Porque ahí están las sensaciones profundas, los tactos, los sabores, las emociones de la niñez. Lo concreto. Lo que se siente de verdad." pág 247
—Sí, es igual que la poesía —dijo Brincante—. En realidad es eso lo que es la poesía. La poesía reconstruye mediante las palabras el verdadero mundo real, sin desgastar. Aquel en el que se vivía de niño, cuando el mundo era nuevo y cada gusto y cada sensación se saboreaban hasta el fondo.
—Y por eso —añadió Favila— los hechizos tienen siempre forma poética. Tienen ritmo, a veces tienen rima. Hablan a los oscuros ritmos ocultos del cuerpo y del espíritu, al propio corazón. Porque ahí están las sensaciones profundas, los tactos, los sabores, las emociones de la niñez. Lo concreto. Lo que se siente de verdad." pág 247


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