Mostrando las entradas para la consulta boxeador ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta boxeador ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

martes, 12 de mayo de 2020

EL BOXEADOR POLACO - de Eduardo Halfon




¿Qué hay en el cruce entre literatura y realidad?
Lo más seguro es que sea un vórtice, una realidad caleidoscópica en permanente construcción donde se cruzan y entreveran tramas e historias, personas y personajes, sueños y leyendas. 
Eduardo Halfon vive en esa encrucijada. 
El protagonista del volumen también se llama Eduardo Halfon, también es guatemalteco, también judío, también profesor. Gran parte de su obra se podría considerar una continua indagación sobre la identidad, una excavación en los vericuetos familiares para saber quién es y de dónde viene. De modo que el relator de todas estas historias es un tal Eduardo Halfon al que encontramos al inicio del primer cuento en medio de una clase en la universidad, impartiendo un semestre sobre el cuento contemporáneo. Pura autoreferencia. 

El libro nos ofrece un posible resumen de su universo en uno de los párrafos del tercer relato, Twaineando, donde nos encontramos de nuevo a este profesor Halfon ofreciendo una conferencia en un simposio sobre Mark Twain:
"El narrador, que en este caso se llama Huckleberry Finn, cita una obra anterior llamada Las aventuras de Tom Sawyer. Y leí en voz alta: Ese libro fue escrito por el señor Mark Twain, y él dijo la verdad, en su mayoría. Truco cervantino, señores, de la autoreferencia por parte del autor. Silencio. Unas cuantas páginas más adelante, continué mientras todos buscaban la página en cuestión sin que yo la hubiese dicho, le comenta Tom Sawyer al narrador que si él, o sea, Huck Finn, no fuera tan ignorante y hubiese leído un libro llamado Don Quijote de la Mancha, sabría que todo fue hecho por encantamientos. Fíjense ustedes que el mismo Twain cita a Cervantes, dije y esperé en vano alguna reacción, ..."
No en vano la cita que abre el libro ya es una declaración de intenciones: "He pasado la máquina de escribir al otro cuarto, donde puedo verme en el espejo mientras escribo", Henry Miller. Otra declaración es que el protagonista y su familia se confunda con el autor. De hecho los dos Halfon comparten la historia de su abuelo, chispazo en el que se funda el libro; que se fue a Guatemala donde nunca volvió a pronunciar una palabra de polaco después de sobrevivir en Auschwitz gracias a las orientaciones de un boxeador polaco.

Lo primero que hay que decir de este libro publicado por Libros del Asteroide (2018), es que es muy distinto de aquel que con el mismo título puso a la venta en 2008 la Editorial Pre-textos. Aquel libro no pasaba de ser una colección de relatos sobre diversos encuentros y recuerdos en la peripecia vital del protagonista, Eduardo Halfon: un semestre impartiendo clases en una universidad para indiferentes niños ricos donde encontrará a un poeta verdadero que acabará perdido en el tiempo y la necesidad ("Lejano"). Un encuentro con el mayor experto en Mark Twain, el cual ofrece una lección de humorismo ("Twaineando"). Los recuerdos de su abuelo judío en Auschwitz, donde un boxeador polaco le enseñó lo que tenía que decir o callar en los interrogatorios de los alemanes para salvar la vida ("El boxeador polaco"). O el encuentro con una seductora hippie israelí viajando por Centroamérica ("Fumata blanca"). Y, sobretodo, el encuentro con un pianista serbio de música clásica, con alma gitana y una concepción muy visceral de la música ("Epístrofe", "Fantasma" y "Postales").


Pero en esta nueva edición el autor ha integrado una novela corta que viajaba independiente y que sin duda pertenecía a este corpus vital y literario, La Pirueta
Este añadido, que da continuidad a los relatos Ephistrophe, Fantasma y Postales, donde el protagonista encuentra y pierde al pianista Milan Rakic,  dota al libro de un nuevo vuelo, más definitivo, profundo y elevado. El propio autor lo justifica con un Prefacio. 
PREFACIO DE ESTAÑO
"Esta nueva edición de El boxeador polaco, que marca el décimo aniversario de la original, recupera el mismo esquema que seguí cuando estaba escribiendo las primeras historias de su narrador, ese otro Eduardo Halfon, que en aquel entonces apenas nacía y que hoy aún me acompaña; un esquema que, por decisiones de carácter temporal o editorial, se había partido en dos. De pronto, un proyecto de escritura se vio transformado en dos libros: El boxeador polaco y La pirueta. Pero ahora, diez años más tarde, ese esquema o proyecto original vuelve a unirse, imponiéndose con tesón, y yo, como siempre, le obedezco. Al menos por el momento, para esta su edición de estaño. Quién sabe qué imposiciones suyas me esperan en el futuro. Y es que el paso de los años hace con la literatura lo mismo que con nosotros. Algunas historias crecen y maduran con galantería, otras se empequeñecen, otras se deforman, y aun otras desaparecen por completo. La literatura sólo es literatura si la dejamos morir."
De este modo el libro completa el círculo que parte del encuentro de Eduardo Halfon con Milan Rakic ("Epístrofe"), continúa con la pérdida del pianista dando tumbos por el mundo ("Postales") y finaliza con su búsqueda por un extraño Belgrado, posbélico y casi onírico ("La Pirueta"). En estos relatos encuentro lo mejor del libro, su inclinación al viaje interior, a la búsqueda. La palpitación de una vida entregada a su destino: 
"Sólo mi padre es gitano. Mi madre no. Yo me parezco más a ella, es decir, mis facciones son más serbias que gitanas. No dije nada. No sabía qué decir. Desde que tengo memoria, mi padre ha luchado por alejarme de su mundo y su música, por prohibírmela. Pero, como dijiste ayer del jazz, yo traigo la música gitana entre las gónadas."
También la melancolía del desubicado. A pesar de que, visto en su conjunto, el libro semeja un reportaje de viajes (de la Universidad en Guatemala al simposio en Durham, luego a Lisboa y finalmente a Belgrado); el protagonista reconoce que su máximo interés es el viaje interior:
"A mí me cautivan más las revoluciones de dentro que las de fuera. Me obsesionan. Por ejemplo, me interesa más el viaje interno y en motocicleta que hizo el Che Guevara a los veinticuatro años —donde se gestaron tantas de sus ideas y donde algo mágico se incubó en él por primera vez— que todas las revoluciones que luego promovió por Latinoamérica y África. Hasta cierto punto, cómo y por qué alguien es empujado hacia una revolución del espíritu, ya sea ésta artística o social o de cualquier otro tipo, me parece una búsqueda más sincera que todo el espectáculo que viene después. Porque todo lo que viene después, Milan, no es más que un espectáculo. Todo. Pintar un lienzo no es más que un espectáculo. Y escribir una novela no es más que un espectáculo. Y tocar el piano no es más que un espectáculo. Y la revolución cubana no es más que un espectáculo."
Obra de Gaby Jiménez, 
Cada uno de los tres relatos es excelente por distintos motivos y los tres textos componen una sinfonía sutil, compleja y misteriosa, donde podemos ver reflejados los tres talentos que Milan Rakic apunta en una postal: "Los gitanos, Eduardito, poseemos tres grandes talentos. Hacer música. Contar cuentos. Y el tercero, es un secreto". 

"Epístrofe" es la música, significa el encuentro entre estos dos aficionados al jazz en general y a Thelonious Monk en particular, con su album Epistrophy a la cabeza. Sus conversaciones sobre música resultan cautivadoras.
"Le pregunté si había diferencia entre los estudios de música clásica en Estados Unidos y en Europa. Muchísima, hombre. Y se sentó en el banquito de Lía. Mirá, dijo, a los americanos les gusta que se toquen las composiciones clásicas como si uno fuese una máquina o un robot. Sin ningún tipo de emoción personal. Sin uno estar presente. La música siempre igualita. Quieren, dijo, eliminar por completo la personalidad del intérprete. Encendió un cigarro y, sonriéndole a la señorita morena, se quedó pensando un momento. ¿Vos sabés quién fue Lázar Berman? Ni idea. Un gran pianista, dijo. Un experto de la música de Liszt, dijo. Un judío ruso peleado con la música del polaco Chopin, dijo, y yo de inmediato desordené sus palabras y pensé en el boxeador polaco peleando cada noche, luego pensé en mi abuelo peleando con las palabras polacas. De niño, dijo Milan, yo estudié con Berman, en Italia. ¿Querés?, y le acepté un cigarro. Recuerdo que el primer día, en su estudio, toqué la Sonata en B menor, de Liszt, una pieza muy complicada, y el viejo judío, sentado en un enorme sofá de terciopelo rojo, no dijo ni mierda. Nada. El segundo día, volví a su estudio, empecé a tocar la misma pieza y, de pronto, Berman se puso de pie y empezó a somatar la ventana con su bastón, así, suavecito. Milan, tras tomar un largo sorbo de vino, se secó los labios con la manga de su camisola. Estás tocando la pieza igual que ayer, muchacho, me gritó el viejo en ruso. Y yo me quedé callado mientras Berman seguía somatando la ventana con su bastón. Pensé que el tipo estaba loco, ah. Pero luego, muy lento, caminó hacia mí, puso una mano sobre mi hombro y, con una sonrisa de diablo, me susurró: Es que no ves que hoy está lloviendo, muchacho. Una gran diferencia"
Por su parte el relato "Postales" es sencillamente maravilloso. Un legendario libro de hojas sueltas con mil cuentos desparramados. O mensajes en la botella de un náufrago. Milan Rakic se ha ido para continuar su permanente gira por el mundo como pianista clásico. También para seguir esa vida nómada a la que le empuja su sangre gitana. No le gusta mantener contacto, no le gusta que le escriban. De hecho no tiene ni dirección: 
"Dijo: vivo en el lungo drom, que en gitano significa el largo camino, sin rumbo fijo y sin vuelta atrás. Dijo: Viajo en una caravana de uno. Dijo: sobre el camino, para mis amigos, voy dejando patrin, que en gitano significa hojas, pero que también significa señales en el camino, como un tronco quebrado de cierta manera o un manojo de ramitas amarradas con una pañoleta celeste o un hueso de cabra ensartado en la tierra. Dijo: las postales son mi patrin."


Y esas docenas de postales que va recibiendo el narrador constituyen una detallada cartografía de un mundo y de un hombre que busca su destino como gitano. ¡Cuántas historias va destilando Milan en estas Postales, que Halfon recoge en su avaricioso regazo!. La del mejor cantante gitano de todos los tiempos que desertó del ejército de Tito por amor y fue condenado a una isla desnuda para acabar deambulando por el mundo sin lazos, apareciendo sorpresivamente en algún festival o en algún cafetín. La del rey que era el dueño del abecedario gitano, la de la arpista gitana Papusza que fue expulsada de su caravana porque un poeta fascinado con sus canciones las recopiló y publicó en una revista. La del acordeonista Yusef que sobrevivió cuatro años en un campo de extermino nazi tocando una canción cada noche por cada gitano muerto ese día, hasta llegar a la colosal cifra de treinta y cinco mil piezas. La de Django Reinhardt, creador del Gipsy Jazz o Manouche que llegó a ser el mejor guitarrista de la historia teniendo la mano izquierda atrofiada. O la de Ellen la Negra, gitana que vivía en Gales y era experta en contar cuentos que podían durar toda una noche. 

Cientos de historias de gitanos desperdigados por el mundo que confirman su genio para los cuentos y la música.
"El origen ancestral de los gitanos, Eduardito, es eminentemente musical. Sucedió así: Alrededor del año 428, los gitanos llegaron a Persia porque Bahram Gur, el sah, queriendo complacer a sus súbditos, importó doce mil músicos de la India. Pero no..
(...)
Sucedió así: Había una vez una muchacha muy hermosa que estaba enamorada de un campesino alto y fuerte y muy trabajador, pero que jamás se fijaba en ella. Una tarde, mientras la muchacha caminaba por el bosque sintiéndose triste y sola, se le apareció un hombre muy grande y de ojos purpúreos y vestido de rojo y con dos cuernitos en la cabeza y una pezuña en vez de un pie: el diablo, quien, acariciándole a ella los labios con una larga y afilada uña, le prometió conseguirle el amor del joven campesino si ella le entregaba a él, al diablo, su familia entera. La muchacha felizmente accedió. Le entregó a su padre, y el diablo lo convirtió en un violín. Le entregó a su madre, y el diablo la convirtió en un arco y de su cabellera gris hizo las cerdas del arco. Le entregó a sus cuatro hermanos, y el diablo los convirtió en las cuatro cuerdas. Luego el diablo le enseñó a la muchacha a tocar el violín y ella llegó a tocarlo tan dulce y tan tierno y tan bello que, cuando el joven campesino la escuchó, quedó inmediatamente enamorado. Y se casaron y vivieron juntos y contentos por muchos años. Pero un día, después de tocar y bailar en el bosque, ambos se fueron a buscar frambuesas y dejaron el violín olvidado sobre el forraje. Al regresar, ya no lo encontraron. El diablo bajó entonces de un cielo nublado en una carroza tirada por cuatro caballos negros y se llevó para siempre a la desdichada pareja. Durante mucho tiempo el violín permaneció en el bosque, escondido bajo hojas secas y musgo y más hojas secas. Una noche, gitanos acampando en el bosque mandaron a un niño a buscar leña para la fogata y, sin querer, mientras pateaba un montículo de hojas, el niño encontró el violín. Lo golpeó con una ramita y el violín produjo el sonido más perfecto que jamás se hubiese oído. El niño recogió el violín y el arco y se marchó de vuelta a su caravana. Así fue como los gitanos descubrieron la música."
El tercer talento es un secreto, La pirueta que hace Milan al desaparecer y que provoca la búsqueda de Halfon. Desvanecimiento y búsqueda, dos caras de la misma moneda. Ambos relatos se complementan y vigorizan.

El libro está impregnado del espíritu artístico y nómada de los gitanos. Las Postales trasudan dolor, melancolía y un exilio interior imposible de zanjar. El propio autor/protagonista, hijo de un judío polaco y de una libanesa se siente sin lugar en el mundo. De ahí que persiga con denuedo esa pirueta final de su amigo, ansiando descifrarla.  

Me llama la atención que el libro comience y concluya del mismo modo, con una lección sobre literatura (en "Lejano", unas clases sobre el cuento contemporáneo y en "Discurso en Póvoa" una conferencia sobre literatura y realidad). En ellos nos muestra Halfon (¿pero qué Halfon?) sus reflexiones sobre lo esencial de la literatura. Y podemos pensar que, lo que se narra entre medias, constituye la lección práctica.
"La literatura no es más que un buen truco, como el de un mago o un brujo, que hace a la realidad parecer entera, que crea la ilusión de que la realidad es una. O tal vez la literatura necesita construir una realidad destruyendo otra -algo que, de un modo muy intuitivo, ya sabía mi abuelo-, es decir, destruyéndose a sí misma y luego construyéndose de nuevo a partir de sus propios escombros. O tal vez la literatura, como sostenía un viejo amigo de Brooklyn, no es más que el discurso atropellado y zigzagueante de un tartamudo."
El estilo de Halfon es un delicia. Es de una precisión increíble y fluye con una naturalidad pasmosa. No hay párrafos hueros. La reflexión o la cita siempre aparecen con oportunidad. Sus personajes y cuitas siempre interesan. Y eso que el protagonista y narrador es un tipo inseguro, fumador empedernido que tiende a la indolencia y la incertidumbre. En muchísimas ocasiones se expresa a través de oraciones disyuntivas e incluso contradictorias. 
"A veces la olvido, o quizás decido olvidarla o quizás, absurdamente, me aseguro a mí mismo que ya la he olvidado por completo."
Hasta su concepto de la literatura se basa en la incertidumbre: La literatura es balbucear nos dice: "Al escribir sabemos que hay algo muy importante que decir con respecto a la realidad, y que tenemos ese algo al alcance, allí nomás, muy cerca, en la punta de la lengua, y que no debemos olvidarlo. Pero siempre, sin falta, lo olvidamos."
No Eduardo Halfon, cuyos relatos nos transmiten emoción y autenticidad.

viernes, 18 de mayo de 2018

REDENCIÓN - de Antoine Fuqua

EEUU, 2017

Un combate de boxeo violento, sucio y espectacular al principio y otro al final. En el medio la caída en desgracia de un campeón y el arduo camino hacia su redención.

La historia, por supuesto peca de tópica. Billy Hope llega a campeón del mundo desde un orfanato en Hell´s Kitchen. Consigue éxito, dinero, coches, mansiones y una numerosa troupe de amigos; pero el ancla de su vida son su mujer Maureen (también proveniente de un orfanato) y su hija.

Cuando fallece Maureen (Rachel McAdams), por un disparo accidental en una de las muchas trifulcas de Billy, éste entra en caída libre. Hundida su carrera deportiva, seca su fuente de ingresos, alcoholizado y permanentemente iracundo acaba perdiendo a su hija, que pasa a depender de Asuntos Sociales. Toca volver a empezar.

No es casualidad que el boxeo sea el deporte más cinematográfico. El cuadrilátero representa la vida misma simplificada: la lucha, el éxito y la supervivencia se muestran allí desnudos. 

La película tiene cierta hondura dramática, ¿qué la eleva sobre el tópico?. La llaneza del personaje y una interpretación antológica (una más) de Jake Gyllenhall (Nightcrawler, Prisioneros, Zodiac, Donnie Darko). Billy Hope es un tipo atormentado. Su mujer cuida de él y gobierna sus demonios. Billy se muestra de continuo agobiado por el peso de la vida que ni entiende, ni sabe afrontar. Su mujer es la conductora de sus energías y así han construido algo que los mantiene unidos como cemento: 

"Vives en una burbuja. Cuando explote, todas las cucarachas saldrán huyendo y sólo nosotras dos estaremos aquí para recoger tus trozos".

Así que cuando Billy pierde a Maureen todo se viene abajo y él es incapaz de gobernar sus instintos destructores.

Lo novedoso de esta película sobre los tópicos del boxeo es que sigue el camino inverso: El auge antecede a la caída. Comienza con el boxeador en la cima, campeón del mundo, y pocos minutos después está solo y arrastrándose por el fango. La película nos muestra la recomposición de una vida rota. Después de las mansiones y los cochazos, vemos a Billy vivir en una pensión de mala muerte, entrenarse en un mísero gimnasio de barrio y conocer a un entrenador que ejerce de asistente social: no busca la pasta sino ayudar a jóvenes descarriados a través del boxeo. 

Para recuperar a su hija (lo más importante para él) Billy tendrá que domar al demonio que habita en él y encauzar su vida. No va a ser fácil y ahí está el meollo de este drama pugilístico que está contado con muy buen pulso y mejor interpretado por esos dos monstruos de la interpretación que son Jake Gyllenhaal (cómo no recordar al Robert de Niro en Toro Salvaje) y Forrest Whitaker como el sensei que le mostrará el tao, el camino.


El equilibro entre el espectáculo pugilístico y el drama íntimo está muy conseguido. Los combates se nos muestran de forma intensa y descarnada. La inmersión de Gyllenhaal en el papel es total y logra trasladarnos las sensaciones literales de la violencia y la ira. El mundo del boxeo queda retratado en toda su crudeza desde el mismísimo comienzo, cuyos planos ilustran la liturgia del púgil vendándose ritualmente las manos ante la mirada de los inspectores.

La película nace por la iniciativa de Kurt Sutter, creador de la serie Hijos de la Anarquía, que pretendió dar continuidad al personaje que Eminen interpretó en 8 millas, de Curtis Hanson. Del mismo modo que allí resultaba una paradoja que un rapero fuese blanco; aquí se buscaba la paradoja de un tipo con la perspectiva equivocada: a eso se refiere el título original "Southpaw": la forma que tiene de ver las cosas un boxeador zurdo.

sábado, 9 de enero de 2016

En REALIDAD, NUNCA ESTUVISTE AQUÍ - Jonathan Ames












¡Bum!
Te sientas a las seis de la tarde a leer este libro y te levantas un par de horas después noqueado por su impacto. Casi como si te hubieras encerrado en un cine para ver a este Joe desequilibrado y tenaz.


En realidad, nunca estuviste aquí es novela negra hard boiled, de estilo urbano y callejones de atrás. La ciudad dura e indiferente, las mafias campando a sus anchas, los políticos corruptos actuando como caballeros y vendiéndose al mejor postor. 

Joe es un exmarine, exFBI y expersona. Una infancia de maltratos, la guerra en Irak y haber estado infiltrado en lo más nauseabundo de la trata de blancas lo ha roto. 
"Fue entonces cuando los engranajes de su mente se volvieron en su contra- su límite traumático, un límite muy alto, finalmente había sido alcanzado- y desertó. (...)
Había llegado a creer que él era el elemento recurrente -el elemento decisivo- de todas las tragedias que experimentaban las personas con las que se topaba. Entonces, si lograba minimizar su impacto y su responsabilidad, existía la sutil posibilidad de que los demás no sufrieran de nuevo. Era un delirio negativo y grandioso -un narcisismo invertido transformado en odio hacia sí mismo, una especie de innegable elemento de certeza en el estado paranoico de Joe: adonde él iba, le seguían el dolor y el sufrimiento." pag. 42,43
Ahora es un ser obsesionado con ser invisible que alquila sus servicios. 
"Cuando pasaba por cámaras de seguridad la ocultaba clavándola en el pecho. La gorra negra de béisbol, que nunca se quitaba, escondía el resto de su rostro, que en su conjunto no era feo pero tampoco agraciado. Era otra cosa. Era una máscara que de haber podido se habría arrancado. Era consciente de que no estaba completamente cuerdo, así que se mantenía a sí mismo bajo estricta vigilancia, haciendo de carcelero y prisionero a la vez."
Su especialidad es rescatar a niñas desaparecidas en el mercado negro; de ahí que lo requiera el senador Votto, de Albany, para rescatar a su hija. Fue raptada con engaños a través de Facebook y está desaparecida; pero una nueva pista la sitúa en un prostíbulo en pleno Manhattan.

El estilo es seco y directo. La narración alterna el curso de la investigación con los recuerdos y pensamientos de Joe. A pesar de sus lacónicas 92 páginas, no creo que una película lograse trasladarnos con la misma intensidad la personalidad de este protagonista demoledor (su arma preferida es un martillo) y perturbado. "Desde hacía algún tiempo, pensaba en su cuerpo como un ataúd en el que había sido enterrado vivo": su desesperación, las palizas de su padre, su aplicación obsesiva a no ser nadie, sólo una máquina: "Joe odiaba su mente. Deseaba ser sacrificado como un perro."

Finalmente el trabajo se tuerce. Joe descubre que la intrincada red de corrupción llega a lo más alto. Se ha metido en un avispero y tanto él como todos con los que trata corren peligro. Una maraña de cadáveres comienza a cercarlo.

Quizás el desenlace peca de abrupto al explicar el embrollo en que le han metido en un par de páginas. Otro hubiera narrado esta investigación durante otras cien; pero entreveo que el objeto del libro es Joe, su historia, personalidad y métodos. La obra rinde homenaje a esos detectives amargos y rocosos de Chandler, al duro Parker de Richard Stark  (Donald Westlake) y a la extrema crudeza del Burke de Andrew Vachss.

El autor deja a su criatura al inicio de su escalada para vengarse de los que han movido los hilos. Está sentado en la cama donde yace su primera pieza cobrada, con un martillo incrustado en todo lo alto. Genial. 






Jonathan Ames (N. York, 1964) es un escritor, actor y cómico neoyorkino. Durante varios años fue columnista del New York Press; en sus artículos hablaba, sobretodo, de sus aventuras (o desventuras) sexuales. Personaje habitual de la escena cómica neoryoquina, también ha sido boxeador ocasional, apareciendo en el ring bajo el apodo de "El maravilloso arenque". En 2009 creó la gamberra serie de televisión Bored to Death, emitida en el canal HBO durante 3 años.
Bored to Death
“Ex boxeador, crápula y hombre-espectáculo, este cronista de la noche neoyorquina tanto reparte un mandoble como mezcla como nadie las bromas sexuales, la ternura de los marginados y los argumentos más extremos (muchos de ellos reales y protagonizados por él mismo). Habitual en shows televisivos y en otros más íntimos como las presentaciones de las novelas, Ames logró convencer a la HBO para filmar sus cuitas más delirantes en las tres temporadas que ha durado la serie Bored to death. Su alter ego, es un escritor bloqueado que, ante la difícil segunda novela y con una sobredosis de lecturas de Chandler y Hammet encima, decide anunciarse como detective privado en Craigslist. El vino blanco tomado en taza de desayuno, la marihuana, Zach Galifianakis (dibujante de cómics sobre un superhéroe con unos genitales de tamaño subsahariano) y Ted Danson (sofisticado editor de una reputada revista) serán sus escuderos. (…) En primavera, Ático de los Libros (en su sello Principal) traducirá su desternillante Wake up, sir! Una mezcla perfecta de Don Quijote y Wodehouse, sus favoritos.”

sábado, 1 de octubre de 2022

EL GABINETE de un AFICIONADO - de Georges Perec


El gabinete de un aficionado: Historia de un cuadro (Un cabinet d'amateur: histoire d'un tableau, 1979) es la última novela publicada en vida del escritor francés, y si tenemos en cuenta que todo el libro gira alrededor de un sólo cuadro, pero en el que están implicados numerosos artistas, expertos en arte, casas de subastas y varias docenas de cuadros cuyas referencias se cruzan e inventarían mientras aparecen y desaparecen a lo largo del río de la Historia; podemos pensar que Perec ha creado todo un aleph, ese objeto minúsculo que nos descubrió Borges, en el cual cabía todo el universo.

Y no es descabellado decirlo porque, además, el cuadro de marras es un pozo vertiginoso que se vuelve sobre sí mismo engulléndose y multiplicándose hasta la extenuación.

El cuadro en cuestión es "El Gabinete de un Aficionado" y sigue la tradición de los kunstkamer o gabinetes -nacida en Amberes en el siglo XVI- de retratar a un coleccionista en su pinacoteca particular, subrayando el hecho de quien es el propietario y cuales son sus renombradas posesiones.



El libro relata la historia de este cuadro pintado por Heinrich Kürz por encargo del magnate cervecero Hermann Raffke, radicado en Estados Unidos. La colección de este ilustre personaje era legendaria y de ahí la expectación que produjo su exposición al público en Pittsburgh, en 1913. Pero a pesar de que Raffke había reunido un colección de obras que era en sí misma una verdadera historia de la pintura, «de Pisanello a Turner, de Cranach a Corot, y de Rubens a Cézanne»; la curiosidad del publico enseguida se centró en el cuadro de Kürz donde se ve al coleccionista Raffke sentado en su gabinete deleitándose en la contemplación de sus pinturas. Lo sorprendente es que en el centro del lienzo aparece reproducido el propio cuadro como parte de la colección, con el magnate de nuevo mirando su colección de cuadros reproducida nuevamente con precisión y así sucesivamente: el cuadro incluyéndose a sí mismo y a su espectador hasta provocar una vertiginosa mise en abyme que concluye con el cuadro representado con unas ínfimas pinceladas. 
"...por el juego de estos reflejos sucesivos, y por el encanto casi mágico que operan estas repeticiones cada vez más minúsculas, es una obra que se mece en un universo propiamente onírico, donde su poder de seducción se amplía al infinito, y donde la precisión exacerbada de la materia pictórica, lejos de ser su propio fin, desemboca pronto en la Espiritualidad vertiginosa del Eterno Retorno".
Además la obra guarda otra maravillosa sorpresa en el resto de pinturas reproducidas dentro del cuadro, ya que nunca se replican exactamente sino que van sufriendo transformaciones inauditas en cada reducción. Los cambios afectan a detalles ínfimos como cuando dos hileras de perlas se convierten posteriormente en tres o cuando tres hombres que caminan por un sendero pasan de estar obesos a una delgadez inquietante. Pero también se producen cambios más significativos como cuando una plaza inicialmente vacía se muestra a continuación poblada de máscaras; o cuando un boxeador aparece erguido frente a su contrincante en la primera copia, recibe un terrible uppercut en la segunda y yace derribado en la lona en la siguiente. 
obra de Klimet Nikolayevich Redko

Estas dos circunstancias -el cuadro conteniéndose a sí mismo repetidamente y los sucesivos cambios en las reproducciones-  bastan para provocar toda una catarata de reflexiones y debates en torno al arte y la representación, sin olvidar su inflamable mercadotecnia o la hermética jerga de la crítica académica. Con todo ello juega maliciosamente Perec. Para no alargarnos en exceso apuntaré sólo algunas.

Sin duda uno de los aspectos más fascinantes es el del punto de vista que delata el cuadro. Podemos imaginarnos al artista pintando el cuadro que presenta a su mecenas contemplando la colección de sus cuadros, entre los cuales hay uno que reproduce la escena donde el coleccionista se puede ver a sí mismo contemplando su colección, el cual incluye el cuadro... logrando así un «trabajo de espejo al infinito donde, como en Las Meninas o en el Autorretrato de Rigaud conservado en el museo de Perpignan, el mirado y el que mira no cesan de enfrentarse y confundirse».

También podemos detenernos en el viejo problema de reproducir las reproducciones o del cuadro dentro del cuadro. Recordemos que la teoría platónica nos dice que el arte es el artífice de un engaño, en tanto que solamente llega a ser la copia de un mundo que por sí mismo es simulación de otro universo, el de las ideas.


Este efecto de reflejo y reflexión se subraya al incluir la narración un resumen del artículo "Art and Reflection", que el crítico Lester K. Nowak publicó con motivo de la exposición. En él se señala que "toda obra es el espejo de otra obra", ya que la mayoría de los cuadros sólo adquieren su verdadero significado en función de obras anteriores cuyas trazas podemos descubrir aunque sea parcialmente o encriptadas. También concluía que  respecto a El gabinete de un aficionado "no había que engañarse: esta obra era una imagen de la muerte del arte, una reflexión especular sobre este mundo condenado a la repetición infinita de sus propios modelos”. Efectivamente el arte moderno ha venido reflexionando profundamente sobre la naturaleza y la historia del Arte, así como sobre el rol del artista en la era de la imagen, la fotografía y la reproducción mecánica. Recordemos que en 1979, cuando salió este libro, ya eran famosas las series de Wharhol, autor que hizo de la serigrafía su herramienta pictórica, poniendo en cuestión tanto la autenticidad última de la obra como el papel del artista en la ejecución de la misma. 

Esta reflexión sobre la situación del pintor también la podemos apreciar en "El gabinete de un aficionado". Notemos que Heinrich Kürz representa en el cen­tro de la tela el propio cuadro que se le ha encargado: como si el artista, a la hora de pintar un cuadro de encargo que re­presenta una colección de cuadros, estuviera viendo el cuadro que estaba pintando, a la vez principio y fin, cuadro dentro del cua­dro que incluye tanto al autor como al patrocinador y al observador.

Además descubrimos que el cuadro no sólo revela una perspectiva espacial que se multiplica y reproduce, sino también una perspectiva temporal como se aprecia en la evolución del boxeador hasta ser noqueado o en la presencia en "El gabinete..." de un cuadro del propio Kürz que no existía más que como proyecto y así aparece en primera instancia, pero que figura posteriormente ya perfectamente acabado, como una anticipación del futuro resultado. 
Giovanni Paolo Panini - "Roma antigua", una de los ´gabinetes de aficionado´ citado en la novela


Otro aspecto que merece la pena subrayar es la propia naturaleza de la novela, una obra corta y de estructura sencilla que se articula como un verdadero collage narrativo donde caben tanto el relato como el ensayo o los catálogos y los recortes de prensa. Tiene una primera parte centrada en el caleidoscópico cuadro del gabinete y su exposición en Pittsburgh. Posteriormente muere el magnate Raffke y se relatan las dos subastas en las que se vende su colección de pinturas. La segunda parte de la novela la constituyen los resúmenes de dos libros que aparecen tras la muerte de Raffke; "obras que aportaban sobre la colección del cervecero un número considerable de informaciones nuevas, algunas de las cuales constituían además, en lo que respecta al mundo de la pintura y del mercado de la pintura, auténticas revoluciones."

La primera es una autobiografía de Hermann Raffke escrita por dos de sus hijos a partir de notas y cuadernos personales encontrados después de su muerte. La segunda, publicada en 1923 en las Prensas Universitarias de Bennington, es una tesis consagrada a la obra de Kürz: Heinrich Kürz, an american Artist, 1884-1914. Su autor no era otro que el crítico Lester Nowak, que había conocido a Kürz tiempo atrás y se habían hecho amigos. Tras la brutal desaparición del pintor en un accidente ferroviario su hermana pidió a Nowak que "le ayudara a clasificar las innumerables notas, esbozos, borradores y estudios preparatorios que había encontrado en su estudio, y a redactar un catálogo razonado. Este catálogo, acompañado de un aparato crítico considerable, constituye lo esencial de la tesis". Finalmente y como preparación para el sorpresivo final, se repasa la segunda subasta de los cuadros de Raffke dando cuenta detallada de cada uno de los treinta y nueve cuadros vendidos por cifras récord para la época; describiendo el cuadro con su procedencia, técnica y escuela de adscripción, así como el precio conseguido y la entidad compradora. 
40 000 $: François Boucher: El enigma (este cuadro, ejecutado, según se dice, a petición de Catalina II, muestra a tres niñas vestidas «a la moscovita» formando un corro alrededor de un joven. Su título, indicado por el propio pintor, nunca ha sido explicitado de una manera satisfactoria. En El gabinete de un aficionado, Kürz ha tratado este «enigma» de un modo muy particular. La primera copia reproduce muy estrictamente el modelo, salvo que el joven es aquí un esqueleto armado con una hoz. En la segunda copia, el mismo decorado acoge no ya a tres niños, sino a siete, los siete nietos de Hermann Raffke; la tercera copia representa a su vez otro cuadro de Boucher, La fiesta campestre, una pastoral donde diecisiete bailarines, bailarinas y músicos se mueven en un decorado de rocalla y vegetación forestal: una arpista junto a una fuente cuyo pilón es como una concha gigantesca de tipo bautismal y la boca una cabeza de león, tres bailarinas formando un corro, un flautista y dos chicas jóvenes medio disimuladas entre el follaje, siete bailarines y bailarinas formando un vasto arco de círculo, y entre ellos una pareja de chicas asiéndose por la cintura, un violinista malo, y una chica joven en una gruta escuchando a un guitarrista sentado a sus pies. Es una de las escasas obras que Hermann Raffke no pudo comprar: anunciada en la Subasta Meyrat-Jasse, fue vendida amigablemente por los herederos al marqués de Pibolin, y retirada de las subastas).
Como se ve en esta descripción de la estructura del libro, todo él es un juego de referencias y autorreferencias cruzadas en el que la narración (forma) replica el contenido (fondo).  Para conseguirlo las técnicas narrativas que incluye son numerosas, a pesar de su exiguo número de páginas: narración, artículo periodístico, reseñas, ensayo, biografía, historia y crítica de arte acompañan a un número no escaso de páginas redactadas como un auténtico catálogo de subasta con la descripción de cada cuadro. Estos listado de cuadros no son los únicos. También hay un listado de los expertos en arte que fueron asesorando a Raffke en cada una de sus compras, detallando sus opiniones así como sus historias profesionales. 

Es conocido que a Perec no sólo le encantaban los juegos y las invenciones, sino también los listados. Uno de sus admiradores más conspicuos, el escritor Vila-Matas observó que 
"El mundo de Perec se resume en una página de sus Tentativas de agotar un lugar parisino: él, sentado en un café de la plaza de Saint-Sulpice, se dispone a inventariar todo lo que ve allí (es decir, se prepara para agotar todo aquello que tiene delante, o al lado, en cualquier parte) y nos previene de que no está interesado en las estatuas de los cuatro grandes oradores cristianos de la plaza (Bossuet, Fénelon, Fléchier y Massillon) porque ya han sido suficientemente registradas y fotografiadas; quiere, en cambio, ocuparse de “lo que generalmente no se anota, lo que no se nota, lo que no tiene importancia, lo que pasa cuando no pasa nada, salvo tiempo, gente, autos y nubes”.
De modo que, visto el tema del libro, no podría faltar el listado de los más célebres "gabinetes de aficionado" que ilustran la Historia del Arte; entre los que se cita a la serie de los cinco sentidos de Jan Brueghel el viejo; las Galerías archiducales de Leopoldo-Guillermo, pintadas por David Teniers el Joven o las Galerías de pinturas de Gian Paolo Pannini. Todo ello sin olvidar La galería de Cornélius van der Geest, de Willem van Haecht (1628), obra que inspiró a Perec y que reproduzco aquí abajo.


Todas estas técnicas narrativas conforman un pastiche o collage en sí mismo (lo cual no hace sino subrayar la naturaleza pictórica del libro) que primero sorprende al lector y luego le obliga a buscar un sentido o coherencia al conjunto, dado que su objetivo se le escapa entre las manos. Efectivamente al lector le toca asimilar tanto la jerga de la crítica de arte como las mil historias que acompañan a cada cuadro respecto a su composición y procedencia; sin olvidar las sospechas que nos asaltan continuamente sobre cuantos de todos estos cuadros, con sus abrumadores datos históricos y artísticos, son verdad o invención. Puro Territorio Perec.

A pesar de que el autor concibió este libro "por el mero placer, y el mero estremecimiento, de la simulación"; no todo es invención y divertimento. Aquí encontramos una profunda reflexión sobre el arte, muy acorde con su punto de vista narrativo, que afecta no sólo al arte de representar la realidad y quien la observa, sino también a cómo esta representación se acerca a la verdad o a su prestigio. Todo ello sin olvidar el varapalo que este gigantesco artificio da a la crítica académica del arte y a su desmedido mercantilismo.

Finalmente destacaré que no sólo el cuadro protagonista del libro es un juego de espejos, sino que en toda la novela se multiplican estos efectos de reflexión, como la propia sala de la Exposición en Pittsburgh que "se había arreglado para reproducir lo más fielmente posible el gabinete de Hermann Raffke", de modo que la sala donde se exponía el cuadro reproducía en sus paredes el propio gabinete con todos los cuadros en el mismo orden. Del mismo modo, tras su muerte, Raffke fue enterrado tal como él mismo dispuso en una cueva que reproducía su gabinete de aficionado: el cadáver fue embalsamado y colocado en el mismo sillón en el que había posado y ante él colgaban sus telas favoritas con la misma disposición que en el cuadro. 

Como conclusión cabría exponer el juego de espejos que se establece entre Hermann Raffke, su sobrino Herbert Raffke y el pintor Heinrich Kürz que determina el asombroso final de la novela; pero dejaremos que esta cuestión la elucide el lector de esta obra fascinante. 







_____________________________________________________
George Perec (París, 1936 - Ivry-sur-Seine, 1982), nació en una familia judía, su padre murió durante la II Guerra Mundial y su madre en un campo de concentración. Él fue adoptado por sus tíos y su nombre cambió de Peretz a Perec. En 1965 publicó Las cosas, obteniendo el premio Renaudot. Con La vida, instrucciones de uso (1978) obtuvo el premio Médicis y consagró una forma de hacer literatura absolutamente personal. Esta novela es un alarde literario en forma de puzzle en la que articula una prodigiosa concatenación de existencias sin eludir los objetos y lo efímero. Perteneció al grupo Oulipo («Ouvroir de littérature potentielle», "Taller de literatura potencial") fundado por Raymond Queneau.
Perec elaboró abundantes juegos de palabras, lipogramas, anagramas y puzles. Es el autor del palíndromo más largo escrito en francés, una frase capicúa de más de 5.000 caracteres. Le gustaba catalogar y hacer listas con las que inventariar la efímera realidad como demostró en "Tentativa de agotar un lugar parisino". También poner retos a su impetuosa invención como hizo en "La desaparición", novela en la que no aparece la letra "e".

viernes, 29 de abril de 2022

El CONEJO y EL ESPEJO


"La carta era breve y, para mi sorpresa, estaba impecablemente bien redactada. Decía que a ella tampoco le había gustado el cuento de Maupassant, pero que le había dado mucha pena admitirlo enfrente de todos. Por eso le escribo, decía. Para explicarle por qué no me gustó el cuento. Primero, quiero que sepa que lo leí dos veces, tal como usted siempre nos dice que debemos hacer, y que también lo entendí, o al menos entendí algo. No es por eso por lo que no me gustó, sino porque me identifiqué demasiado con el protagonista. A veces, yo también me siento igual de sola, y no sé qué hacer, no sé cómo manejarlo. Supongo que odiamos aquello que somos.

Le contesté esa misma noche, y el tono de mi correo resultó más petulante de lo que había previsto. Te felicito, le escribí. Así se lee un cuento: dejándose arrastrar por el río del autor. Ya sean esas aguas plácidas o vertiginosas, no importa. El asunto es tener el coraje y la confianza para zambullirse de lleno. Entonces la literatura, o el arte en general, se vuelve un tipo de espejo, Annie, donde se reflejan todas nuestras perfecciones e imperfecciones. Algunas asustan. Otras duelen. Es curiosa la ficción, ¿no? Un cuento no es más que una mentira. Una ilusión. Y esa ilusión sólo funciona si confiamos en ella. Al igual que los trucos de un mago nos impresionan sabiendo muy bien que son sólo trucos. El conejo no ha desaparecido. La mujer no ha sido serruchada en dos. Pero así lo creemos. Es una ilusión verdadera. La literatura, escribió Platón, es un engaño en el que quien engaña es más honesto que quien no engaña, y quien se deja engañar es más inteligente que quien no se deja engañar."


En el relato "Lejano" del volumen "El boxeador polaco" de Eduardo Halfon, Libros del Asteroide, 2018

miércoles, 18 de mayo de 2022

EL CINE de Paul SCHRADER


Paul Schrader es un guionista de raza cuyos libretos abordan  profundos estudios de personajes atormentados por la culpa y la expiación. Su guión más paradigmático siempre será Taxi Driver, de 1976, que rodó con envidiable brío su gran amigo Martin Scorsese.

Perteneciente a una estricta familia calvinista, allí se le inculcó que el hombre está abocado al pecado sin remedio desde su mismo nacimiento. En su casa todos los días se leía la Biblia y no estaba bien visto ir al cine. La primera vez que vio una película tenía diecisiete años.

Producto de su educación religiosa, el cine de Schrader nos presenta la "depravación total del hombre" mientras lucha, desesperado, por encontrar esa "gracia irresistible" de la que también hablaba Calvino. Sus personajes suelen estar atormentados por la culpa y un silencio terrible por parte de Dios, lo que les aboca a un vacío moral insoportable. No solamente no saben qué hacer sino que, como el taxista Travis Bickle o el boxeador de "Toro salvaje", no entienden qué significa o cómo articular su propia vida. De ahí que el cineasta reflexione: "La soledad y la paranoia de Travis no tienen un origen social, son puramente existenciales".

En el libro de entrevistas "Schrader sobre Schrader" también confiesa: "Supongo que cualquier persona que haya tenido una educación profundamente cristiana como yo, estará interesada en la culpa, la redención y las metáforas de la salvación". De modo que la pregunta que siempre sobrevuela a sus protagonistas es ¿Cómo expiar nuestras culpas?.

Schrader estudió cine en California y en 1972 presentó una tesis que podría servir de guía para su propio cine, "El estilo trascendental de Ozu, Bresson y Dreyer". En 1975 ya firmó su primer guión, elaborado sobre una idea de su hermano Leonard,  "Yakuza", de Sidney Pollack.

Paul Schrader pasó una muy mala racha en 1973. Había roto con su mujer y también con la chica que provocó la separación. Se encontraba solo, sin trabajo y viviendo en un coche mientras le rondaban pensamientos suicidas. Bebía mucho para apaciguar el dolor que le producía una úlcera y estaba obsesionado con la violencia y la pornografía, aspectos que luego reflejaría en el protagonista de Taxi Driver. En 1979 estrenó su primera película como director, "Hardcore", en la que una chica perteneciente a una familia calvinista acude a una convención y desaparece cayendo en las redes del porno. Ante la ineficacia de la policía el padre se lanza a un descenso a los más sórdidos infiernos para intentar rescatarla.

Esta base argumental, muy semejante a la de Taxi Driver, reitera la del clásico de John Ford, "Centauros del desierto" (The Searchers), película venerada por los nuevos cineastas que emergieron en los setenta como Francis Ford Coppola, Steven Spielberg o George Lucas. La cinta está basada en una novela western de Alan Le May que está magníficamente editada en la editorial Valdemar. Se inspiró en una historia real, la de Cynthia Ann Parker, secuestrada en 1836 por los comanches a los nueve años de edad, tras masacrar a su familia. La búsqueda atormentada que durante años mantiene su tío Ethan Edwards (John Wayne) constituye un relato sombrío que nos muestra a un hombre errante, noble y solitario, pero al mismo tiempo un tanto neurótico y racista; rasgos que también definirán al taxista Travis Bickle.
Schrader, Scorsese y De Niro durante el rodaje de Taxi Driver
















Schrader es un cineasta obstinadamente independiente y, a pesar de su prestigio, su carrera como director no ha sido fácil. Le cuesta un mundo poner en pie una película; por lo que no es raro encontrar a otros directores amigos en tareas de producción. Así ocurre en su última película estrenada, El Contador de Cartas ( 2021), un notable y sombrío relato que ha contado con la producción ejecutiva de su amigo Martin Scorsese.

Aunque ha logrado filmar una buen puñado de películas, como Perros Salvajes, 2016; Desenfocado, 2011, El beso de la mujer pantera, 1982 o American Gigoló, 1980, entre otras; las que yo destacaría de su filmografía son las siguientes:

Para este retrato de autodestrucción también tuvo que contar con la ayuda en la producción de Francis Ford Coppola y de George Lucas. "Mishima" es un retrato biográfico del autor japonés que hurga en las contradicciones de un hombre que trató de alcanzar la imposible armonía entre él mismo, el arte y el mundo en que le tocó vivir. La trama se centra en el día en que se practicó el seppuku (harakiri), el 25 de noviembre de 1970, y está salpicada de flashbacks para contar diversos episodios de su vida relacionados con sus obsesiones y su obra. 

Posibilidad de escape (Light Sleeper, 1992) tiene guión y dirección del propio Schrader y su protagonista sería como un espejo del de Taxi Driver, aunque sin las implicaciones fascistoides de Travis Bickle. Varias películas de Schrader, como 'American Gigolo', 'Posibilidad de escape' o 'The Walker', toman 'Pickpocket', de Robert Bresson, como modelo a la hora de trazar el itinerario del protagonista por un submundo marginal del que se libera a través de un encierro físico que le supone la recuperación de la gracia. El héroe de esta historia es John Letour, un vendedor de drogas de altos vuelos que, como aquél taxista ofuscado, es perseguido por sus demonios y padece insomnio.
También como el más reciente Contador de cartas anota su vida y reflexiones en un diario mientras recorre un mundo sórdido del que acaba atisbando una redención a través de la violencia.

El placer de los extraños (The comfort of strangers, 1990) cuenta con un guión de Harold Pinter sobre novela de Ian McEwan. Se trata de un relato sumamente perturbador sobre la manipulación emocional y la soledad esencial del ser humano. 
Una joven pareja en crisis se ve fatalmente enredada en la perversa telaraña que les tiende una extraña y narcisista pareja con la que se encuentran en un viaje. La atmósfera asfixiante de una decadente Venecia envuelve la enfermiza pugna que mantienen Christopher Walken y Rupert Everett, con la complicidad de sus respectivos cónyuges.

El reverendo (First Reformed, 2017).
De nuevo con guión y dirección del propio Schrader, es uno de sus más brillantes estudios sobre la desesperación, el remordimiento y la soledad espiritual. Schrader se crio en una familia de la Iglesia Reformada que le impidió asistir a una sala de cine hasta que ya fue mayor de edad.
El título original de First Reformed hace referencia a la supuesta primera iglesia calvinista erigida en el condado de Nueva York entre finales del siglo XVIII y principios del XIX por colonos frisones (holandeses). En este hermoso edificio de madera blanca y sobriedad reformista, ejerce de sacerdote Ernst Toller (Ethan Hawke), ante una parroquia más bien escasa.
La película retrata a un sacerdote torturado que al entrar en contacto con un feligrés obsesionado con el deterioro del planeta se sumerge más y más en la autodestrucción. El reverendo plantea reflexiones sobre asuntos como el medioambientalismo, la mercantilización de la religión y los peligros del extremismo ideológico.

Aflicción (Affliction, 1997) 
Con guión y dirección de Schrader se trata de un film brutal y desgarrador sobre el atormentado sheriff Wade Whitehouse (Nick Nolte) y su intento de expiación.  Wade es un hombre gris y menospreciado por todos en el pequeño pueblo donde ejerce. Pero barrunta una oportunidad de redención cuando muere un sindicalista en una partida de caza. Aunque la mayoría cree que se trata de un accidente, él está convencido de que se trata de un asesinato y resolverlo le dará la oportunidad que estaba esperando para demostrar su valía ante su propio padre -un hombre dominante y alcohólico (poderoso James Coburn) - y ante sus vecinos.

jueves, 14 de noviembre de 2013

DE ÓXIDO Y HUESO - de Jacques Audiard

-De rouille et d´os-
Francia-Bélgica, 2012







Cada hora la vida te hiere.-

He sufrido una pequeña decepción con esta película. El director de El Profeta cambia de registro y se aleja del mundo criminal para rodar un drama.

Lo peor es que se pretende desgarrado, pero es muy contenido y sólo se asoma al abismo. Más pendiente de lo formal, en algunos momentos su pretensión frena el impulso emocional.

La película se centra en dos protagonistas: Alí es un tipo marginal que tiene que hacerse cargo de su hijo de 5 años. Sin expectativas de ningún tipo llega desde Bélgica a la Costa Azul para acoplarse en casa de su hermana. En medio de la precariedad logra un trabajo como segurata. Mientras tanto Seraphine, entrenadora de orcas en un parque acuático, sufre un accidente en el que pierde sus dos piernas de rodilla para abajo. Un encuentro fortuito unirá a estas dos almas dolientes. 

Él es un brutote con nobleza que en muchas ocasiones se ha ofuscado con la vida. Tiene una energía desbordante y aprovecha su pasado como boxeador para ganar dinero extra en peleas ilegales. A ella el accidente la ha arrinconado en casa. No tiene ganas de nada; pero poco a poco el  vitalismo elemental de Alí la arrastrará de nuevo a la vida.

Como se ve, una historia de redención y superación que apenas va más allá de unos planos con ínfulas de trascendencia. Aunque es cierto que en ningún momento busca el melodrama, ni la compasión. Es un drama correcto cuyo mejor valor es la veracidad de sus planteamientos. También la pericia técnica en las escenas donde Marion Cotillard aparece con las piernas amputadas. A las prótesis mecánicas que le implantan hace referencia el título, poético y sugerente como pocos.

Lo más atractivo es el contraste entre estas dos personas tan disímiles. La cinta contiene dos momentos de intensa emoción que, curiosamente, comparten un cristal de por medio. La visita de Seraphine a la orca que le amputó las piernas, su reconocimiento y perdón. Y cuando Alí se destroza los puños golpeando el hielo para salvar a su hijo en un lago helado.















Se me queda en la retina el personaje de Alí -gran interpretación de Matthias Schoenaerts-. Es pura energía vital y escaso raciocinio. Las mujeres pasan por su vida sin más, con la misma indiferencia que muestra por su hijo. Pero un accidente le hará descubrir su necesidad de él. 
Alí vive la vida a grandes sorbos. Cuando sale de las peleas a puño descubierto está rebosante de adrenalina. Así se quiere reconocer. Siendo un tipo hosco y cerrado sobre sí mismo nos acaba imponiendo su presencia. Pero la película no profundiza lo necesario. 

jueves, 8 de enero de 2026

PUÑALES por LA ESPALDA: De Entre los Muertos - de Rian Johnson



Después del fiasco que supuso la segunda entrega, este tercer cluedo de Puñales por la espalda vuelve a ser tan brillante como el primero o incluso más. Al juego de crimen, pistas y enredos de un grupo en escenario cerrado añade, con suma ironía, unas certeras puñaladas a la filosofía iracunda del movimiento MAGA.

Pero empecemos por lo primero.
Las señas de identidad de la franquicia resplandecen: escenario único en torno a una vicaría donde se produce un asesinato aparentemente imposible, al estilo del cuarto cerrado; todo ello contando con un amplio elenco de estrellas que dan vida a un guión lleno de giros y sospechosos sin que falte su pizca de humor punzante. La reunión final con Benoit Blanc descifrando los pormenores del misterio y señalando al culpable ya es un clásico. Puro entretenimiento. 
 



El padre Jude Duplenticy (Josh O´Connor) es un joven sacerdote volcado en su fe cristiana, pero su pasado como boxeador aflora en ocasiones metiéndole en problemas. Como penitencia su obispo le traslada a una insignificante parroquia; así matará dos pájaros de un tiro, porque allí Duplenticy podrá ejercer de contrapeso del irascible Monseñor Wicks (Josh Brolin), erigido en dueño y señor de un pequeño enclave que ha visto reducida su feligresía a la mínima expresión. 

La pureza de la fe del padre Duplenticy y la firmeza de sus valores -estima el obispo- servirán para controlar los desmanes de Wicks, un tipo tan carismático como bronco e incendiario. 



El enfrentamiento no tardará en producirse. Monseñor Wicks incluso lo fomenta a través de provocaciones y confesiones escandalosas. Su forma de llevar la parroquia es de lo más peculiar. Sus sermones son apocalípticos contra cualquier forma de modernidad o tolerancia. Un auténtico cura anti-woke. Vive en guerra contra el mundo y la sociedad de hoy en día. Ha ido expulsando a todos sus fieles, señalando sus pecados desde el púlpito, hasta quedarse con una fanatizada guardia pretoriana que jalea sus furibundas proclamas. 

Ese pequeño grupo de adeptos lo forman personas frustradas que han desarrollado una gran dependencia emocional hacia él. Entre ellos está Martha (Glenn Close), siniestra ama de llaves guardadora de todos los secretos. También Lee Ross (Andrew Scott), un novelista conspiranoico en crisis que intenta redimirse escribiendo un panfleto a mayor gloria del Monseñor. Corona el grupo un joven influencer de corte trumpista (Daryl McCormack) que cree haber encontrado en Wicks la figura mesiánica que los conducirá a ambos hasta la cumbre. Sus redes sociales arden con polémicas de todo tipo en las que Wicks aparece como salvador de la patria y de los más rancios valores morales. Vaya panda.



El grupo es compacto y venera a Wicks. Todos esperan de él un milagro que arregle sus vidas; pero de pronto aparece asesinado en plena misa del Viernes Santo. Entra a descansar a un cuartito ciego al lado del altar y aparece asesinado a los pocos segundos, sin que nadie haya entrado. Así comienza un juego intrigante y de lo más enrevesado que hasta cuenta con una presunta resurrección al estilo Lázaro (de ahí el título).

Rian Johnson demuestra muy buen pulso para mantener la historia dentro de la comedia referencial (Poirot, Agatha Christie) pero sin caer en la caricatura. El propio Benoit Blanc y el estrambótico plan criminal que investiga a menudo caminan al borde del ridículo... pero nunca caen en él. La parodia se toma muy en serio su quehacer y logra un entretenimiento genuino.



La película es larga, dura 144 minutos y se inicia con una detallada exposición de los antecedentes; nada de ello hace que el interés decaiga, al contrario, lo redobla; ya que pone en el punto de mira una herencia en forma de tesoro que permanece escondido en la vicaría. La historia la conocen todos por lo que llega un momento en que estos corderos de Dios se convierten en lobos. 

El plan del asesinato es muy sofisticado y repleto de pistas falsas, lo que combinado con las neuras de esta media docena de perturbados alumbra un juego endemoniado, por el que Johnson navega con innegable pericia. La puesta en escena funciona de maravilla subrayando la teatralidad y los golpes de ironía (ay, ese rayo de sol que incide en Benoit Blanc como si se tratase de una inspiración divina).

Pero no se trata sólo de un juego. Al puro entretenimiento del whodunit la película añade tres capas muy seductoras, una metatextual, otra sociopolítica y otra moral. 

La metatextual se hace evidente cuando el detective y el sacerdote encuentran en la oficina de Martha la lista de libros del club de lectura de la parroquia. Allí figuran desde el clásico de John Dickson Carr, El hombre hueco, hasta otros de Agatha Christie y Dorothy L. Sayers. Un auténtico canon de literatura de misterio que lleva al detective a exclamar "¡Dios mío! ¡esto es prácticamente un curso sobre cómo cometer este asesinato!". Asimismo se debate en torno a cómo se implementa una "narrativa", que es como Benoit ve a la religión. También el culpable reconoce que urdió una "narrativa" en torno a la santidad de Monseñor Wicks para encubrir el crimen.
 


La otra capa es bufonesca y corrosiva. Wicks es un cura ultramontano que abraza todos los odios y la belicosidad del movimiento MAGA. Monseñor clama desde su púlpito para que las gentes liberen su ira para hacer frente a este mundo. Incluso reta a Duplenticy propinándole un puñetazo. La única imagen de Jesucristo que le vale es la de un iracundo Mesías repartiendo latigazos en el templo. Así lo refleja el novelista en su panfleto, cuyo título es revelador: "El santo hombre y el trovador: una canción de guerra por el alma de América."

La tercera capa es sorprendente. Se trata del duelo moral que enfrenta a Duplenticy y Wicks... y no carece de enjundia. El primero propone la compasión como respuesta al odio. Le dice a Wicks que Jesucristo no es una fiera que se tenga que enfrentar a nadie y que su idea de religión no es luchar contra los malvados sino acompañarlos, quererlos y comprenderlos. 
Justo en las antípodas de lo que se vocea en estos tiempos oscuros.
En este papel se luce Josh O´Connor, mostrando una gran sensibilidad y hondura dramática. El único personaje de carne y hueso de esta charada tan resultona.

























👉

*  Desde sus inicios Rian Johnson ha mostrado inclinación por los universos detectivescos. Se estrenó con Brick (2005), un innovador largometraje de cine negro cuya acción transcurre entre los jóvenes de un instituto. Continuó con Los hermanos Bloom (2008) y trasladó su ambiente a la ciencia-ficción con la estupenda Looper (2012). Después de caer en la trampa galáctica de Star Wars: Los últimos Jedi (2017) regresó a sus mundos de crímenes, engaños y detectives con esta disfrutable trilogía de Puñales por la espalda.

** Las cinco novelas que figuran en el club de lectura y que ilustran algunos momentos de la película son:
- El hombre hueco, de John Dickinson Carr
- El cadáver con lentes, de Dorothy L. Sayers
- Los crímenes de la calle Morgue, de Edgar Allan Poe
- El asesinato de Roger Ackroyd, de Agatha Christie
- Muerte en la vicaría, de Agatha Christie

*** Aquí hay un sugerente artículo  que repasa alguna de las películas que han inspirado esta saga de Puñales....