Después del fiasco que supuso la segunda entrega, este tercer cluedo de Puñales por la espalda vuelve a ser tan brillante como el primero o incluso más. Al juego de crimen, pistas y enredos de un grupo en escenario cerrado añade, con suma ironía, unas certeras puñaladas a la filosofía iracunda del movimiento MAGA.
Pero empecemos por lo primero.
Las señas de identidad de la franquicia resplandecen: escenario único en torno a una vicaría donde se produce un asesinato aparentemente imposible, al estilo del cuarto cerrado; todo ello contando con un amplio elenco de estrellas que dan vida a un guión lleno de giros y sospechosos sin que falte su pizca de humor punzante. La reunión final con Benoit Blanc descifrando los pormenores del misterio y señalando al culpable ya es un clásico. Puro entretenimiento.
El padre Jude Duplenticy (Josh O´Connor) es un joven sacerdote volcado en su fe cristiana, pero su pasado como boxeador aflora en ocasiones metiéndole en problemas. Como penitencia su obispo le traslada a una insignificante parroquia; así matará dos pájaros de un tiro, porque allí Duplenticy podrá ejercer de contrapeso del irascible Monseñor Wicks (Josh Brolin), erigido en dueño y señor de un pequeño enclave que ha visto reducida su feligresía a la mínima expresión.
La pureza de la fe del padre Duplenticy y la firmeza de sus valores -estima el obispo- servirán para controlar los desmanes de Wicks, un tipo tan carismático como bronco e incendiario.
Ese pequeño grupo de adeptos lo forman personas frustradas que han desarrollado una gran dependencia emocional hacia él. Entre ellos está Martha (Glenn Close), siniestra ama de llaves guardadora de todos los secretos. También Lee Ross (Andrew Scott), un novelista conspiranoico en crisis que intenta redimirse escribiendo un panfleto a mayor gloria del Monseñor. Corona el grupo un joven influencer de corte trumpista (Daryl McCormack) que cree haber encontrado en Wicks la figura mesiánica que los conducirá a ambos hasta la cumbre. Sus redes sociales arden con polémicas de todo tipo en las que Wicks aparece como salvador de la patria y de los más rancios valores morales. Vaya panda.
El grupo es compacto y venera a Wicks. Todos esperan de él un milagro que arregle sus vidas; pero de pronto aparece asesinado en plena misa del Viernes Santo. Entra a descansar a un cuartito ciego al lado del altar y aparece asesinado a los pocos segundos, sin que nadie haya entrado. Así comienza un juego intrigante y de lo más enrevesado que hasta cuenta con una presunta resurrección al estilo Lázaro (de ahí el título).
Rian Johnson demuestra muy buen pulso para mantener la historia dentro de la comedia referencial (Poirot, Agatha Christie) pero sin caer en la caricatura. El propio Benoit Blanc y el estrambótico plan criminal que investiga a menudo caminan al borde del ridículo... pero nunca caen en él. La parodia se toma muy en serio su quehacer y logra un entretenimiento genuino.
La película es larga, dura 144 minutos y se inicia con una detallada exposición de los antecedentes; nada de ello hace que el interés decaiga, al contrario, lo redobla; ya que pone en el punto de mira una herencia en forma de tesoro que permanece escondido en la vicaría. La historia la conocen todos por lo que llega un momento en que estos corderos de Dios se convierten en lobos.
El plan del asesinato es muy sofisticado y repleto de pistas falsas, lo que combinado con las neuras de esta media docena de perturbados alumbra un juego endemoniado, por el que Johnson navega con innegable pericia. La puesta en escena funciona de maravilla subrayando la teatralidad y los golpes de ironía (ay, ese rayo de sol que incide en Benoit Blanc como si se tratase de una inspiración divina).
Pero no se trata sólo de un juego. Al puro entretenimiento del whodunit la película añade tres capas muy seductoras, una metatextual, otra sociopolítica y otra moral.
La metatextual se hace evidente cuando el detective y el sacerdote encuentran en la oficina de Martha la lista de libros del club de lectura de la parroquia. Allí figuran desde el clásico de John Dickson Carr, El hombre hueco, hasta otros de Agatha Christie y Dorothy L. Sayers. Un auténtico canon de literatura de misterio que lleva al detective a exclamar "¡Dios mío! ¡esto es prácticamente un curso sobre cómo cometer este asesinato!". Asimismo se debate en torno a cómo se implementa una "narrativa", que es como Benoit ve a la religión. También el culpable reconoce que urdió una "narrativa" en torno a la santidad de Monseñor Wicks para encubrir el crimen.
La otra capa es bufonesca y corrosiva. Wicks es un cura ultramontano que abraza todos los odios y la belicosidad del movimiento MAGA. Monseñor clama desde su púlpito para que las gentes liberen su ira para hacer frente a este mundo. Incluso reta a Duplenticy propinándole un puñetazo. La única imagen de Jesucristo que le vale es la de un iracundo Mesías repartiendo latigazos en el templo. Así lo refleja el novelista en su panfleto, cuyo título es revelador: "El santo hombre y el trovador: una canción de guerra por el alma de América."
La tercera capa es sorprendente. Se trata del duelo moral que enfrenta a Duplenticy y Wicks... y no carece de enjundia. El primero propone la compasión como respuesta al odio. Le dice a Wicks que Jesucristo no es una fiera que se tenga que enfrentar a nadie y que su idea de religión no es luchar contra los malvados sino acompañarlos, quererlos y comprenderlos.
Justo en las antípodas de lo que se vocea en estos tiempos oscuros.
En este papel se luce Josh O´Connor, mostrando una gran sensibilidad y hondura dramática. El único personaje de carne y hueso de esta charada tan resultona.
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* Desde sus inicios Rian Johnson ha mostrado inclinación por los universos detectivescos. Se estrenó con Brick (2005), un innovador largometraje de cine negro cuya acción transcurre entre los jóvenes de un instituto. Continuó con Los hermanos Bloom (2008) y trasladó su ambiente a la ciencia-ficción con la estupenda Looper (2012). Después de caer en la trampa galáctica de Star Wars: Los últimos Jedi (2017) regresó a sus mundos de crímenes, engaños y detectives con esta disfrutable trilogía de Puñales por la espalda.
** Las cinco novelas que figuran en el club de lectura y que ilustran algunos momentos de la película son:
- El hombre hueco, de John Dickinson Carr
- El cadáver con lentes, de Dorothy L. Sayers
- Los crímenes de la calle Morgue, de Edgar Allan Poe
- El asesinato de Roger Ackroyd, de Agatha Christie
- Muerte en la vicaría, de Agatha Christie
*** Aquí hay un sugerente artículo que repasa alguna de las películas que han inspirado esta saga de Puñales....
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