lunes, 3 de marzo de 2025

LA HORA del DIABLO - creada por Peter Moran


Lucy Chambers se despierta aterrada todas las noches a las 3:33 de la madrugada. Ni un minuto más ni uno menos. A lo largo del día también le asaltan visiones, flashes de escenas y situaciones que no sabe de dónde vienen. ¿Son pesadillas provocadas por el estrés o el resultado de un trauma enterrado? Lo más desconcertante es que ella percibe esos fogonazos como un déjà vu, recuerdos de cosas que le sucederán en el futuro. Entre las imágenes la más terrible es el fiero rostro de un hombre que le grita desde la mesa de una sala de interrogatorio a la que está amarrado. ¿Qué significa todo esto?

Además Lucy tiene que bregar con un hijo de ocho años que arrastra serios problemas: Isaac es obediente y silencioso pero incapaz de mostrar emociones. Muchas veces se sienta y mira al vacío sin pestañear provocando una situación espeluznante. A veces su madre lo abraza y el niño le pregunta: "Mamá, ¿quién es ese hombre?", cuando no hay nadie más en la habitación. En el colegio se queda de pie en medio del patio mirando fijamente algo que nadie más ve. Hasta los profesores le tienen miedo.


Lucy trabaja como asistente social y mientras está lidiando con estos trastornos su nombre surge inexplicablemente en la investigación de una serie de brutales asesinatos que están ocurriendo. Los homicidios son terribles y se suceden sin conexión alguna; por lo que los dos policías investigadores se aferran a Lucy. ¡Algo tiene que saber! 

Creo que esta serie ha pasado más desapercibida de lo que debería. Se trata de un drama criminal con un toque sobrenatural muy siniestro. La intriga que plantea es muy potente y la resolución -que debe ser fantástica- es plenamente satisfactoria. Se trata de un thriller criminal creado por Tom Moran (The Feed), producido por Steven Moffat (Doctor Who, Sherlock), y protagonizado por Jessica Raine (Informer) y Peter Capaldi (Doctor Who, In the loop), quien da vida a un enigmático asesino en serie conocido como Gideon.





La serie plantea múltiples indicios que te obligan a estar alerta, lo cual acrecienta la intriga. Como esa familia que también vive en la casa de Lucy... pero que sólo su hijo Isaac ve. Lucy también está buscando a un adolescente que ha desaparecido de su casa. Teme lo peor. En otra línea temporal vemos a Gideon, un loco asesino con los ojos de Peter Capaldi amarrado a la mesa de una sala de interrogatorios. Lucy se dejará llevar por sus déjà vu para encontrarlo y detenerlo junto a dos policías muy peculiares, Dhillon (Nikesh Patel) un joven y compasivo investigador que todavía vomita cuando ve un cadáver y Holness (Alex Ferns), un veterano policía bregado en lo más evidente pero menos ducho en lo sutil. 

La sorpresa surge cuando Gideon le revela a Lucy que no es la primera vez que han estado juntos en esa sala de interrogatorios. Tendremos que esperar al capitulo final para saber que Gideon no es un simple asesino al uso, sino que utiliza los mismos atisbos que tiene Lucy para llevar a cabo una espantosa misión. 

Las actuaciones de Raine y Capaldi son muy convincentes. Ella nos traslada esa confusión propia de una madre atrapada en los problemas de los demás mientras lidia con los suyos propios. Y Capaldi resulta totalmente siniestro.
 



La temporada 1 es sin duda mejor y su intriga más absorbente por desafiar toda lógica; pero la segunda temporada no desmerece. Su misterio o amenaza no es personal sino potencialmente cósmica, aunque su narrativa esta más simplificada. En ella Lucy y Gideon han de unir sus fuerzas para intentar detener un evento monstruoso vinculado con las vidas pasadas de Lucy. Eso sí ofrece una mayor cercanía a los personajes lo que permite que nos involucremos más en sus viajes emocionales.  

Lo dicho, una serie muy críptica -en su T1- que desafía al espectador empezando como una investigación criminal que va derivando hacia el horror sobrenatural y los misterios del multiverso. 

viernes, 28 de febrero de 2025

EMILIA PÉREZ - de Jacques Audiard


Por fin he podido ver Emilia Pérez en el cine: muy buena. Una película sobre violencia, redención y muerte.

Cuando te dicen que vas a ver una película que es como un narco-corrido en el que el temido jefe de un cártel de México quiere empezar una nueva vida convirtiéndose en la mujer que siempre ha soñado ser y que encima tiene números musicales... se te puede ir la olla. Pero la verdad es que la película es coherente y audaz. No es la primera película sobre un capo que quiere cambiar de vida alejándose del crimen y la violencia. Que en este caso el cambio afecte hasta el género y el sexo, ¿Por qué no?.

Rita (Zoe Saldaña) es una abogada a la que contrata el capo Manitas del Monte para ayudarlo a salir de México y someterse en secreto a una cirugía de reasignación de sexo. Siempre se ha sentido mujer pero la ciénaga donde se ha criado le ha obligado a ser más cabrón que nadie para sobrevivir. Ahora ya está en la cima del crimen pero esta vida que lleva le es tan insatisfactoria que ha llegado a pensar en el suicidio. Aunque piensa que no puede quitarse de en medio sin haber intentado siquiera alcanzar la vida que anhela. Ya como Emilia Pérez (Karla Sofía Gascón) regresará a México años después para estar cerca de sus hijos y su esposa (Selena Gómez).

Yo creo que más que en el narcotráfico la película se centra en quién quiere ser Emilia Pérez, una persona que quiere vivir como siempre se ha sentido, y en eso me resulta notablemente sincera. Desde el primer número musical la película emite un oscuro magnetismo; aunque me sorprende el cambio moral que se produce con el cambio de sexo. Ya como mujer y lejos de su horda de sicarios, Emilia se muestra cariñosa y empática; llegando a crear una fundación para rescatar a las víctimas de los cárteles. ¿Será por el hecho ser/sentirse mujer? La violencia suele ser cosa de hombres.😒


La película tiene tiros, muertes y amputaciones y está contada con mucho brío. México tiene una realidad muy cruda y la cinta se sumerge allí con sólo un par de trazos porque lo que interesa son los personajes. Sus dudas y urgencias. Ahí es donde entran los números musicales que en modo alguno son un pegote, al contrario; están encajados de un modo coherente pues recogen de forma lírica los lamentos y temores de los personajes. Además no son canciones cantadas a pleno pulmón como en un musical al uso; sino que muchas veces son susurradas, con voz rasgada, como cantadas para uno mismo. Por eso las canciones no solo no menoscaban la acción, sino que elevan el nivel dramático del relato gracias a unas interpretaciones -sobre todo de Zoe Saldaña y de Karla Sofía Gascón- sentidas y espectaculares. 

La cinta tiene tres números excepcionales, con canciones debidas a la estrella pop francesa Camille con partitura de Clément Docul. El primero, con el que se abre la película, nos muestra a Rita en un mercado cuyas gentes le hace los coros, mientras expone sus dudas redactando el alegato de un caso imposible.

La segunda es con el tema "Aquí estoy yo" y nos muestra a los familiares de las víctimas de violencia que quieren dar cuenta y testimoniar. Un alegato profundo y dramático.




El tercero nos habla de la corrupción de todo el sistema social mexicano. Cuando ya Manitas del Monte se ha convertido en Emilia Pérez y vuelve a su México natal monta una Fundación para recuperar los cadáveres de las víctimas y que sus familiares puedan enterrarlos y guardar luto. Para conseguir fondos organiza una gala benéfica con ministros, gobernadores, empresarios, jueces y capos indistintamente. Ahí es donde Rita se lanza a bailar y cantar "El Mal", una pieza poderosa y acusatoria cuya letra desgrana la complicidad entre el crimen y las instituciones gubernamentales. La canción tiene un estribillo que repite "hablan, hablan, hablan"; refiriéndose a todos estos tipos que discursean y hablan sin parar pero no hacen nada para resolver la situación.

Emilia acaba enamorándose de Epifanía (Adriana Paz), una mujer maltratada y violada que entona la última y estremecedora canción de la película en nombre de los "condenados". Así vemos a la propia Emilia Pérez cuando vuelve a México ya convertida en mujer. Sospechamos que está condenada.



Chapeau para Audiard, el cineasta francés autor de las estupendas “Un prophète” (“Un profeta”) y “De rouille et d’os” (“De óxido y hueso”). Ha escrito y dirigido         1. un musical 
                                     2. en español
                                     3. en el territorio del narco
                                     4. con una protagonista trans.
Genial extravagancia que el director ha sabido llevar a puerto solventemente. Aunque Emilia Pérez no está basada en hechos reales, sí se inspira en un personaje del libro Écoute (2018) de Boris Razon, un amigo del director francés. Según ha explicado él mismo en el libro hay un personaje secundario que desea hacer la transición para convertirse en mujer. Le atrajo la idea y pidió permiso para desarrollarla.

Lamentablemente en la carrera de la película se han cruzado todo tipo de polémicas. Primero por unos tuits ofensivos que Gascón publicó hace tiempo. Y también en México se la ha criticado por la imagen distorsionada que da del país, por presentar a un narcotraficante como una heroína y por la ausencia de actores mexicanos. Estoy de acuerdo en que la dicción española de Selena Gómez es desafortunada, pero en lo demás no.
Esto es ficción. 
Si además tiene música, la estilización de la realidad se agudiza, como en una ópera. Emilia viene de ser un narcotraficante en México, pero igual podría haber sido un pirata en las costas del Índico. Audiard ha explicado así el germen de su película: "Algo me impacta profundamente de México: todos estos problemas de personas desaparecidas. Hay regiones enteras a las que no se puede ir porque no son seguras. Quería hacer un musical, entonces ¿por qué no en el contexto de una tragedia?"



viernes, 21 de febrero de 2025

LA VIDA SECRETA de LOS ESCRITORES - de Guillaume Musso


Esta novela es deliciosa por dos motivos muy poderosos. Porque tiene una intriga absorbente y muy original, y porque nos muestra los engranajes con los que un escritor construye una novela. Ah.

Nathan Fawles se convirtió en un escritor famoso y legendario con sólo tres novelas; pero desde hace 20 años no escribe nada y vive retirado del mundo en la isla mediterránea de Beaumont. Nadie sabe el motivo de este silencio por lo que todo el mundo habla del "misterio Fawles", aunque según su agente no hay tal. Fawles no da entrevistas ni recibe visitas; pero en el otoño de 2018 dos personas que no se conocen entre sí están empeñadas en visitarlo y desentrañar su misterio. Son Raphaël Bataille y Mathilde Monney. El primero es un escritor novel que —con una novela bajo el brazo— busca el consejo literario de su escritor favorito. La segunda es una periodista con un as en la manga que piensa que le abrirá las puertas. El mismo día en que los dos acechadores desembarcan en la isla aparece —atado a un árbol— el cadáver de una mujer a la que han torturado. Rápidamente las autoridades acordonan la isla. Nadie puede entrar o salir de ella. Comenzará entonces un peligroso juego de imposturas y verdades a medias entre Raphäel, Mathilde y Fawles hasta revelar una funesta verdad.  
"Era un escena hermosa, Mathilde era hermosa. A Fawles le habría resultado muy fácil dejarse llevar en ese instante, pero sabía que todo aquello no era más que un juego de manipulación entre dos personas convencidas de que estaban controlando a la otra. Fawles sospechaba que ese juego traería cola."
Viñeta de "La vie sècret des écrivains" - de Miles Hyman


Se trata de un thriller muy efectivo y de lo más imprevisible que comienza pacíficamente en un isla soleada hasta que las sombras de un fatídico pasado van dando la vuelta a todo lo que dábamos por sentado. La novela incluye unas cuantas escenas muy perturbadoras entre las que destaca el descubrimiento de un sótano con todos los elementos de tortura y la revelación final de Fawles. También contiene una insólita historia en torno al camino que recorre una cámara de fotos perdida -desde Hawai a Taiwan pasando por Alabama- antes de convertirse en la prueba que desatará la acción. Este fantástico itinerario me recuerda a las historias azarosas de Paul Auster y será este sencillo objeto el que empezará a romper la cerradura del "misterio Fawles".

Visto el campo en que juegan sus protagonistas -escritores, periodistas- la novela también incluye unos cuantos dardos sobre el periodismo y el mundo de la edición. 
"Las publicaciones de su cuenta eran un ejemplo perfecto de lo peor que podía crear el pseudoperiodismo 2.0: temas licenciosos, titulares anzuelo, broncas, lapidaciones, chistes malos, retuits sistemáticos de vídeos alarmistas y de todo aquello que pudiera degradar la inteligencia, azuzar los bajos instintos y alimentar miedos y obsesiones. El clásico propagador casero de intoxicación y de teorías cuasiconspirativas que siempre se queda bien parapetado detrás de la pantalla."
La estructura de la novela es una narración en paralelo que sigue por un lado las vicisitudes de Raphäel y por otro las de Mathilde. El primer tercio del libro tiene un tono periodístico, el segundo de pura investigación y en el tercero aflora un verdad insólita y muy dolorosa. En esta última parte es el escritor el que toma la batuta para relatar los hechos en los que todos ellos están implicados porque son los que les han traído hasta aquí. Es un relato oscuro y desgarrador en el que están mezclados turbios acontecimientos de nuestra historia reciente como la guerra en los Balcanes. 

Viñeta de "La vie sècrete des écrivains" de Miles Hyman

La parte de la investigación de Mathilde tiene el atractivo de una investigación con múltiples giros para ir desvelando el "misterio Fawles"; mientras que la de Raphäel nos ofrece un juego metaliterario cautivador. Con él la obra se abre a una nueva dimensión, la de una novela dentro de la novela. Como el propio Raphäel llega a constatar la investigación criminal y la investigación sobre la profesión de escritor están asombrosamente entrelazadas.  

Esto se aprecia con rotundidad cuando Raphäel se percata de que está viviendo unos hechos que por sí mismos constituyen una novela... y se pone a escribirla. El momento en que Raphäel abre su portátil y se pone a escribir el primer párrafo de su nueva novela es mágico: lo leemos y recordamos haberlo leído 150 páginas atrás ¡es el mismo párrafo con que comienza el libro que tenemos entre manos! De modo que nos encontramos leyendo una novela que está ocurriendo en tiempo real mientras el autor participa de los hechos y nos los relata mientras están ocurriendo.


Me resulta fascinante este juego de espejos entre un escritor que abomina escribir y otro que anhela empezar y lo hace convertido en un personaje de su propia novela. Además Musso añade a la novela una genial Apostilla titulada "¿De dónde viene la inspiración?", que supone un triple salto mortal sobre este juego de espejos en torno a la autoría de la novela.

Pero no nos engañemos la novela desarrolla una intriga magníficamente tramada, con asesinatos, pistas falsas y un final impresionante. Mathilde es una periodista que en el fondo busca una venganza personal pero se encontrará con una terrible verdad.

El juego metaliterario permea toda la novela. Aparece en las citas que encabezan cada capítulo y el propio libro que se abre con una de Umberco Eco en "La isla del día de antes": "Para sobrevivir, hace falta contar historias". Esto es lo que hace esta novela, contar historias que se entretejen logrando implicar tanto al escritor como al lector.
"Mathilde lo atacó por otro frente.
—Los novelistas son los mayores mentirosos de la historia, ¿no?
—No, esos son los políticos. Y los historiadores. Y los periodistas. Pero los novelistas, no.
—¡Claro que sí! Cuando en sus novelas hacen como que cuentan lo que es la vida, están mintiendo. La vida es demasiado compleja para someterla a una ecuación o encerrarla en las páginas de un libro. Tiene más fuerza que las matemáticas o la ficción. Las novelas son ficción. Y la ficción, técnicamente, es una mentira.
—Es todo lo contrario. Philip Roth lo expresó de maravilla: «Es el tipo de relato que suministra al narrador una mentira mediante la cual puede expresar su indecible verdad».






















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Nacido en 1974, Guillaume Musso comenzó a escribir durante sus estudios y ya nunca dejó de hacerlo. Desde hace años es un escritor superventas en Francia. Sus novelas han sido traducidas a 44 idiomas y varias de ellas han sido adaptadas al cine. "La vida secreta de los escritores" es su libro número 17. Su novela de misterio "Y después..." se ha adaptado al cine, con Romain Duris y John Malkovich en los papeles protagonistas. Desde hace años, se ha consolidado como uno de los escritores imprescindibles de la literatura de suspense francesa, con títulos como "La llamada del ángel" y "Central Park".  
"La huella de la noche" -que sirvió de inspiración para una serie de televisión-, "La vida secreta de los escritores" y "La vida es una novela", publicadas por la Editorial AdN, fueron todo un éxito mundial. 

ENGRANAJES de LA ESCRITURA - por Guillaume Musso







La novela "La vida secreta de los escritores" de Guillaume Musso narra una venganza que sigue los trazos de una investigación criminal; pero esta investigación también lo es sobre un escritor que ha dejado de escribir, otro que acude a él para aprender y sobre el mismo hecho de escribir. Todo ello aderezado con un montón de citas y reflexiones de autores contemporáneos y clásicos que afrontan esta paradójica tarea.
Tras leer el libro no he podido resistirme a incluir aquí algunas de ellas.
  




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"—Oiga, lo único que quiero es que me dé algunos consejos. Para aprender a escribir mejor.
—¿Consejos? ¡No hay consejo que sirva para que un escritor mejore! Si tuvieras dos dedos de frente, ya te habrías dado cuenta solito.
—Dedicarle un poco de atención a los demás no hace daño a nadie.
—Nadie puede enseñarte a escribir. Es algo que tienes que aprender solo.
Fawles se quedó pensativo y bajó la guardia un momento para acariciarle la cabeza al perro antes de proseguir:
—Bueno, querías un consejo y te lo he dado. Y ahora, largo de aquí."









En el libro se reproducen varias entrevistas con el escritor retirado, en una de ellas habla sobre el anhelo de conocer a la persona que hay tras el escritor, cosa que él deplora:

"—Al igual que Margaret Atwood, opino que querer conocer personalmente a un escritor porque te gustan sus libros es como querer conocer a un pato porque te gusta el fuagrás.
—Pero ¿no resulta legítimo el deseo de preguntarle a un escritor sobre el significado de su trabajo?
—No, no es legítimo. La única relación válida con el escritor es leerlo."











"Fawles negó con la cabeza.
—Son falsas. Emociones artificiales, las peores…
Hizo crujir los dedos y detalló lo que pensaba:
—Una novela es emoción, no intelecto. Para provocar emociones primero hay que vivirlas. Tienes que sentir físicamente las emociones de tus personajes. De todos tus personajes: tanto héroes como villanos.
—¿En eso consiste realmente el oficio del novelista? ¿En crear emociones?
Fawles se encogió de hombros.
—Al menos, eso es lo que me espero yo cuando leo una novela.
—Cuando vine a pedirle consejo, ¿por qué me contestó que me dedicara a algo que no fuera querer convertirme en escritor?
Fawles suspiró:
—Porque no es un trabajo para los que tienen la mente sana. Es un trabajo para esquizofrénicos. Una actividad que requiere una disociación mental destructiva: para escribir tienes que estar a la vez en el mundo y fuera de él. ¿Entiendes lo que quiero decir?
—Creo que sí.
Sagan lo formuló a la perfección: «El escritor es un pobre animal encerrado consigo mismo». Cuando escribes, ya no vives con tu mujer, tus hijos ni tus amigos. Más bien, finges que vives con ellos. Pero, en realidad, te pasas la existencia con tus personajes durante un año, o dos, o cinco…
Ya estaba lanzado:
—Ser novelista no es un trabajo a tiempo parcial. Si eres novelista, lo eres veinticuatro horas al día. Nunca tienes vacaciones. Siempre estás en guardia, siempre al acecho de una idea, de una expresión, de un rasgo de carácter que podría nutrir a un personaje."










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"—Pero falta lo esencial.
«Claro, cómo no…».
—¿Y qué es lo esencial? —pregunté, ofendido.
—¿A ti qué te parece?
—No lo sé. ¿La originalidad? ¿Las ideas nuevas?
—No, a las ideas que les den, las hay por todas partes.
—¿El motor de la historia? ¿La adecuación entre una buena historia y unos personajes interesantes?
—El motor déjaselo a los mecánicos. Y las ecuaciones, a los matemáticos. Eso no te va a convertir en un buen novelista.
—¿Dar con la palabra justa?
—Dar con la palabra justa viene bien en las conversaciones —se burló—. Pero un diccionario lo puede usar cualquiera para trabajar. Piensa, ¿qué es lo que importa de verdad?
—Lo que importa es que al lector le guste el libro.
—El lector importa, cierto. Escribes para él, estamos de acuerdo, pero intentar gustarle es la mejor forma de que no te lea.
—Bueno, pues entonces, no lo sé. ¿Qué es lo esencial?
—Lo esencial es la savia que irriga la historia. La que tiene que poseerte y recorrerte como una descarga eléctrica. La que tiene que quemarte las venas para que no tengas más remedio que llegar al final de la novela como si tu vida dependiera de ello. Eso es escribir. Eso es lo que va a cautivar y sumergir al lector hasta perder sus puntos de referencia y acabar tan metido en la historia como tú."







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Finalmente incluiré dos extractos, uno sobre el eterno debate entre estilo y argumento y otro sobre las emociones de lector que todos ansiamos:

"Los mil euros que había pagado por aquella lección de escritura (en tres sesiones de cuatro horas) me habían dejado tan irritado como arruinado. Puede que Dufy tuviera razón, pero, personalmente, yo opinaba todo lo contrario: el estilo no era un fin en sí mismo. La primera virtud de un escritor es saber cautivar al lector con una buena historia; un relato capaz de arrancarlo de su existencia para arrojarlo al meollo de la intimidad y de la verdad de los personajes. El estilo solo era el medio de inervar la narración y de volverla emocionante"




"Con esa forma de escribir única, me parecía que Fawles se dirigía directamente a mí. Sus novelas tenían vida, eran fluidas e intensas. Aunque no soy admirador de nadie, me había leído y releído sus libros porque me hablaban de mí, de mi relación con los demás, de lo difícil que me resultaba gobernar mi vida, de lo vulnerables que son los hombres y de lo frágil que es nuestra existencia."

domingo, 16 de febrero de 2025

Un ASESINATO en EL FIN DEL MUNDO - creada por Zal Batmanglij y Brit Marling



















La Inteligencia Artificial (IA) ya ha llegado y está en boca de todos por la supuesta amenaza que representa... y no sólo para miles de puestos de trabajo. Esta es una serie de intriga y asesinatos que se desarrolla en un hotel perdido en los confines de Islandia; pero que se remata con un comentario muy relevante sobre el papel que podría jugar la IA.

Darby Hart (Emma Corrin) es un joven escritora que está en el candelero por la publicación de un libro "true crime" sobre su experiencia investigando a un asesino en serie de mujeres. También es hacker aficionada y admiradora de Lee Andersen (Brit Marling), una pionera en el campo del hackeo y las redes que se retiró para casarse con Andy Ronson (Clive Owen), multimillonario y máxima autoridad mundial en tecnología e Inteligencia Artificial. El éxito del libro hace que sea invitada por el gurú Ronson a un retiro de máximo nivel junto a ocho personas célebres por liderar sus campos en la ciencia, el arte o la tecnología. El reto que lanza a sus invitados es morrocotudo: el cambio climático ya es irreversible y la tecnología nos tiene que ayudar a mantener habitable la Tierra. Espera que entre todos puedan detectar y debatir las ideas que conformarán nuestro futuro. 

El lugar del retiro es un hotel remoto y poco accesible en el borde del Círculo Polar Ártico. Es un especie de refugio construido por Ronson y está dotado de todos los avances que la tecnología puede ofrecer, incluida una avanzadísima IA recién creada por él que igual te prepara un baño caliente a 34º exactos que te resuelve una ecuación de fluidos o te ayuda a gestionar tus problemas de ansiedad. Cuando Darby llega allí se encuentra con dos sorpresas sucesivas. La primera es que entre los invitados está Bill (Harris Dickinson), su antiguo socio de investigación criminal, ahora convertido en Colmillo, un excéntrico artista callejero con modales de poeta maldito. La segunda ocurre esa misma noche, cuando Darby se lo encuentra muerto en su habitación. Todo el mundo lo ve como un accidente, pero Darby intuye que ha sido un asesinato e inicia una investigación por su cuenta.



La serie se articula en torno a dos líneas temporales que se van alternando. Por un lado seguimos la cruzada amateur que Darby y su compañero Bill mantuvieron contra el psicópata asesino de mujeres. Y por otro asistiremos en directo al desarrollo de la investigación que Darby lleva a cabo en el hotel, sin asistencia de la policía, ya que están aislados por una brutal tormenta.

Darby tiene un aspecto aniñado y frágil, siempre ensimismada con sus auriculares, pero es muy inteligente y decidida. Tras el éxito de su libro se la conoce como «la Sherlock Holmes de la Generación Z». Su afición detectivesca le viene por haber acompañado desde niña a su padre forense en docenas de autopsias y escenas del crimen. Pero también es una experta hacker muy sensible con los asesinatos de mujeres. Pirateó la base de datos de la policía y quedó abrumada por la cantidad de asesinatos de mujeres archivados sin resolver; así que se puso manos a la obra. El hilo que descubre son pequeñas joyas de plata que siempre aparecen junto a los cadáveres. Movilizando a la colonia hacker la pareja va tirando de ese hilo que les acaba llevando hasta el origen de la serie y la identidad del psicópata.

En paralelo asistimos al grueso de la investigación en el hotel, un espacio de lo más inquietante por estar aislado en medio del hielo y porque a pesar de la abrumadora tecnología que lo sustenta esconde secretos en cada habitación. La alerta de Darby tiene premio cuando descubre al experto biólogo saliendo del hotel y dirigiéndose a una montaña cercana. Desde allí lanza unas señales luminosas en código morse hacia la costa cercana... pero cuando al día siguiente intenta hablar con él, también aparece muerto.



Antes de meterse en un laberinto de cadáveres y pistas, la serie explora inquietudes contemporáneas como la dependencia de la inteligencia artificial, el perturbador rol mesiánico que adjudicamos a los empresarios tecnológicos y la inoperancia de gobiernos y sociedades ante el cambio climático.

Son sólo 7 episodios de intriga muy consistente que están muy bien rodados e interpretados; pero en sus episodios centrales encuentro un desagradable parón. En ellos los guionistas juegan al mismo juego que Agatha Christie estableciera en el clásico "Los diez negritos". Un espacio cerrado y un grupo de personas que debemos ir descartando como sospechosos mientras se suceden los asesinatos. Para mí es la parte menos interesante. Ahora bien la serie vuelve a activarse en los episodios 6 y 7 con el propio matrimonio Ronson en el centro de la intriga. ¿Los crímenes esconden un complot contra el magnate? ¿O un plan secreto de dominación?

Por su parte la investigación que llevan a cabo Darby y Bill profundiza en la relación personal de estos dos jóvenes revelando contradicciones muy contemporáneas. Muchos críticos han subrayado este desarrollo dramático como algo muy novedoso, donde se puede percibir el modo en que se relaciona la generación Z. Yo creo que no es para tanto. En cambio sí me llama la atención la dualidad sorprendente que se establece entre Darby y las mujeres asesinadas. Las mujeres víctimas tienen un rol tradicional, muy diferente del de su vindicadora; aunque éste no tiene por qué ser el de una mujer granítica o robusta. La fortaleza de Darby se cifra en su empatía y una fina inteligencia.



La guionista y actriz Brit Marling se ha encargado de dejar muy claras sus pretensiones:
“Queríamos entrelazar dos géneros, está el clásico whodunit [quién lo hizo], pero también la historia de los orígenes de Darby, que en realidad es una historia de amor y una road trip, mientras ella y Bill viajan por el oeste de Estados Unidos, dos detectives aficionados lidiando con un caso sin resolver y lo que ocurre con ellos mientras hacen ese viaje juntos. El whodunit hace que la historia de amor en ese viaje en coche sea más tensa, y la historia de amor hace que el misterio sea más emocional y con más peso. Esa especie de polinización cruzada era muy interesante”.







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Brit Marling
y Zal Batmanglij son una actriz y un director que junto a Mike Cahill  (director de I Origins) han compartido tareas de escritura y dirección en diversas películas independientes con gran reconocimiento en el festival de Sundance. Marling y Batmanglij buscaron ampliar horizontes narrativos creando la serie 
‘The OA’, para Netflix; una historia compleja y enrevesada  que fascinó e indignó a partes iguales. Brit Marling se estrenó como protagonista televisiva en la serie “Babylon”,  un original policíaco creado por Danny Boyle.