jueves, 21 de marzo de 2019

BARRY SEAL - de Doug Liman



¡Vaya prenda este Barry Seal! 
Un tío que de piloto comercial en la TWA pasa a ser piloto de operaciones encubiertas a cargo de la CIA y casi a la vez se convierte en el piloto personal de los narcotraficantes hermanos Ochoa y Pablo Escobar. Todo un figura.

Barry Seal es uno de esos personajes reales cuya historia parece un relato de ficción: buscavidas, pícaro y sin escrúpulos, Barry vivió en un contexto sociopolítico muy convulso y lo aprovechó para alcanzar el sueño americano.
 
Siendo piloto comercial lo pillaron pasando marihuana y a partir de entonces la CIA se propuso aprovechar sus habilidades. Le obligaron a realizar operaciones encubiertas que iban desde volar para conseguir fotos de las guerrillas centroamericanas hasta el abastecimiento secreto de armas a la Contra nicaragüense. Pero volver con el maletero vacío a EEUU le parecía un desperdicio al jovial Seal; de modo que aprovechó estos viajes para entrar en contacto con los hermanos Ochoa y Pablo Escobar, líderes del incipiente cartel de Medellín, para iniciar un fructífero negocio con el que amasaría millones de dólares. Es lo que tiene tener un espíritu emprendedor y carecer de escrúpulos. Hacia el Sur para luchar contra el socialismo y de vuelta al Norte para nutrir de coca al buen pueblo norteamericano. El negocio es el negocio.




Intrépido y cínico navegó con éxito por un tablero político que parecía un avispero. Allí estaban Ronald Regan luchando contra el comunismo, Pablo Escobar poniendo en pie un gigantesco negocio que casi puso de rodillas a todo un país, la Contra nicaragüense alimentada por Oliver North... y en medio de todo ello un sinvergüenza descarado dispuesto a cualquier cosa con tal de triunfar en la vida. 

Los hechos históricos que se relatan en la cinta son el antecedente directo de la película de Michael Cuesta,  Matar al mensajero (2014), donde se narra el viacrucis del periodista Gary Webb al publicar evidencias de la relación entre la Casa Blanca y el narcotráfico: se intercambiaba drogas por armas para abastecer a la "contra" nicaragüense.



Tom Cruise se alía de nuevo con Doug Liman, con el que rodó «Al filo del mañana», para llevar a la gran pantalla las rocambolescas hazañas de este vividor y estafador compulsivo. La película tiene la energía y el desparpajo que destila este pícaro buscavidas, pero le falta acidez y mala baba. Es un poco como el propio Barry Seal, que confiesa, "tiendo a actuar antes de pensar". Eso es la película, un reportaje periodístico muy ameno y dinámico, pero de escasa profundidad. Su montaje electrizante y su narración en off por parte del propio Seal me llevan a recordar Goodfellas o El Lobo de Wall Street, ambas de Martin Scorsese, pero sin profundidad. Como el propio Barry diría, esto es lo que hay. Un buen reportaje.

Aunque si bien su crítica es leve, no deja de ser significativa.
Me quedo con dos escenas. 
Cuando llevan a suelo norteamericano a casi trescientos soldados nicaragüenses de la Contra para entrenarlos en secreto, resulta que la mitad huye para intentar asentarse en EEUU. No tenían muchas ganas de luchar, sólo de mejorar su vida. 
Por otro lado la fiscal general de Nebraska le pide al juez que condene a Barry por traficante a gran escala y blanqueador de dinero. Finalmente la política se impone. El juez simplemente le condena a 1.000 horas de servicios comunitarios.

Gracias a su estilo, chulería y ganas de vivir, este expiloto de la TWA se convirtió en el auténtico héroe de la adormilada ciudad de Mena, Arkansas; en la que vivió a partir de 1981. Allí puso en marcha negocios de blanqueo con los que desembolsó grandes cantidades de dinero. Parece ser que hay dos tipos de traficantes; los que se imponen por el miedo y la "corbata colombiana", y los que son extrovertidos y riegan de dinero su comunidad, como también vimos hacer a Sito Miñanco en "Fariña".

"Tom y yo queríamos hacer una película que celebrase la vida de Barry Seal". dice el director de la cinta. Y lo ha conseguido. El retrato que nos traslada es desenfadado y vitalista, el de un oportunista. Por eso han dejado de lado otras cuestiones más políticas, morales o históricas. Hay que tener en cuenta que cuando murió Barry, llevaba encima el número de teléfono de George Bush padre, entonces vicepresidente de EEUU y máximo responsable de la lucha contra la droga en la administración Reagan. 

Me llama poderosamente la atención el grado de chapuza de la CIA y los políticos norteamericanos. Los tíos se sienten tan poderosos que juegan en el tablero internacional como si fuese el juego de la oca. No creo que LeCarré pudiese haber escrito ninguna gran novela con la política internacional de EEUU: no hay moral, ni sutileza, ni ambigüedad o traición.
Sólo poder y simpleza.

Un tipo simple como Reagan es capaz de llegar a la presidencia del país con una visión tan simplista y maniquea del mundo que produce sonrojo, sobretodo al ver el cúmulo de chapuzas que vemos en Barry Seal: un buscavidas que casi sin querer se encuentra en la encrucijada por donde pasan toneladas de drogas y de pasta en efectivo.
...Y el listón sigue bajando con el pollo tuitero Trump.

Finalmente la DEA forzó la máquina y puso a Seal en el punto de mira. Llenaron su avión de cámaras y así consiguieron la única foto de Pablo Escobar con las manos en la masa: fue el 25 de mayo de 1984 en el aeropuerto de Managua y allí están Escobar, Gonzalo Rodríguez Gacha "El Mexicano", un alto funcionario del régimen sandinista y varios soldados nicaragüenses.

Esa foto era una prueba contundente y el gobierno de Ronald Reagan la filtró a la prensa para demostrar los nexos del gobierno sandinista con el narcotráfico. También fue la prueba de la traición de Seal al clan de los Ochoa que no se lo acababan de creer. Lo consideraban de la familia. Había estado invitado en Colombia, conocía a toda la familia y era tratado como un miembro más. 

Pusieron precio a su cabeza y finalmente Barry Seal fue asesinado en Florida el 19 de Febrero de 1986. Estaba en su Cadillac frente de la sede del Ejército de Salvación. No había tomado ninguna precaución.
Pensó que nunca se atreverían a matarlo en suelo americano. 

sábado, 16 de marzo de 2019

EL VIENTO y LA SANGRE - de M. A. West










Novela negra contundente, eléctrica y seca. Con todas las trazas de las viejas novelas pulp. Sólo los hechos. Todo acción, unos pocos diálogos afilados como directos al mentón, unos escuetos trazos para cada personaje... y a la carretera.

Danny Morton es un tipo sin suerte ni atractivo. Criminal de medio pelo en el Chicago de los años 50, ha tenido un golpe de suerte y tiene un maletín con veinte de los grandes todavía manchados de sangre y traición. Esa pequeña fortuna le permite soñar con encontrar a Lorna Moore, el amor de su vida, que se largó de su lado en cuanto tuvo oportunidad. No lejos de allí Vinnie el Cojo vigila a una niña secuestrada y según pasan las horas sabe que le han dejado tirado. Al otro lado de la ciudad el capo Conrado Bonnazo empieza a mover lo hilos para resolver el embrollo: han secuestrado a la hija de su hombre de paja, Nigel Donaldson, y nadie sabe el calado de esta jugada. Para eso nada mejor que llamar a Rudy Bambridge, un tipo frío y tranquilo, siempre elegante, educado, perspicaz y letal. Él será nuestro guía en esta investigación sin piedad.

La novela es corta, rápida y excitante. Sin un gramo de grasa. Una sola pincelada para el lugar. Apenas dos pincelas para cada personaje. Unos diálogos secos que apenas llegan a seis frases para decir lo imprescindible y unos trepidantes capítulos de no más de cuatro páginas.

Casi como en un guión cinematográfico los hechos se suceden con planos breves y avanzando sin pausa. Llega Morton al motel, llama a Lorna, conciertan una cita. Bonnazo llama a Rudy y le hace el encargo. Alguien le enseña el periódico con un cadáver y empieza a tirar del hilo sólo para encontrar un nuevo cadáver. Menos mal que en una cajita con cartas hay sangre y sobres con las postales de una amiga llamada Lorna y el matasellos de Marksonville (Dakota de Norte).

Los escenarios giran y los personajes van pasando bajo el foco de la narración. Enseguida todos están bailando un ballet sombrío y tétrico alrededor de un secuestro y un maletín de médico con 20.000 $. Entre Chicago y el pueblucho de Marksonville transitan prostitutas, matones de tres al cuarto, violadores, discapacitados psíquicos, capos de la mafia, cocineros de oscuro pasado y extorsionadores de todo pelaje; perseguidos por el viento sucio de Chicago y un reguero de sangre.

Esta es una novela trepidante y violenta que no oculta su crudeza: 

"No te voy a mentir: de esta no sales. Voy a matarte y a despedazarte. Pero de ti depende el orden en que haga esas dos cosas."


El libro se nos presenta como el rescate de un autor olvidado, cuyo traductor y "rescatador", Alexis Ravelo, nos indica en el prólogo que poco se sabe de Martin Aloysius West salvo que nació en Cincinnati en 1923, que comenzó a publicar en 1951 y que su última obra, Scissors, data de 1980. Se ha especulado con la posibilidad de que tras ese seudónimo se escondiese algún autor “serio” que escribiera esas novelas de manera alimenticia o de que fuese un hombre tímido, al estilo de B. Traven

También el prólogo nos hace llegar la opinión del ensayista Harold Diamond Scofield, que dedica a la novela algunos pasajes muy elogiosos en su libro Dark Writers. Dice el ensayista canadiense que sumergirse en sus páginas es “hacer un viaje a la violencia y la degradación moral, pero también a la cara B del disco del Capitalismo, en la que se halla grabada la cantinela de los perdedores, las víctimas anónimas del sueño americano”.

"El caso extremo de este tratamiento de los personajes es Rudy Bambridge, quien ya había protagonizado Sentimental Journey y que aparecería aún en tres títulos más (del autor). Bambridge, más astuto que inteligente, más frío que temerario, es el prototipo de héroe calculador e individualista, capaz de sorprendentes gestos de generosidad, pero también de los actos de más extrema violencia, incluida la tortura. Veterano de guerra, leal servidor de Bonazzo, pero de una independencia a prueba de lealtades, este “solucionador de problemas” que parece lejanamente inspirado en el Ned Beaumont de La llave de cristal (Dashiell Hammett) cuenta entre sus recursos con una extensa agenda de contactos, unas envidiables dotes interpretativas, una serenidad infinita y una gran habilidad para pelear sucio. Para aquellos casos en que estas virtudes no bastan, lleva siempre al alcance de la mano un Colt M1911".

Mirándolo bien, El Viento y la Sangre tiene la estructura argumental del clásico "Retorno al pasado", de Jacques Tourneur, con Robert Mitchum, Jane Greer y Kirk Douglas; pero en femenino. La pobre Lorna huye de una vida depravada con Danny Morton e intenta rehacer su vida de forma sencilla, trabajando de camarera en el café de un pequeño pueblo perdido en las llanuras de Dakota. Pero su pasado vuelve para atraparla y poner en peligro su vida. David Cronemberg llevó a cabo recientemente un estupendo remake con Viggo Mortensen, Una historia de violencia.

Volviendo a la crítica de Harold Diamond Scofield, nos recuerda que muchos críticos consideraron a M. A. West un escritor de segunda o tercera fila, uno de tantos autores pulp que no lograron brillar con la misma fuerza que los grandes iconos del género. Del argumento de Sentimental Journey se dijo que plagiaba el de Cosecha roja. De casi todas sus novelas, que sentía una morbosa tendencia a la violencia gratuita. 
Hoy casi nadie le recuerda. 
Injustamente, ha ido a parar a ese limbo donde Goodis o Manchette habitaron durante años. Y ahí está ahora: esperando un merecido rescate.














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Hasta aquí llega la novela para cuya reseña he utilizado algún párrafo del blog de Alexis Ravelo.
Lo que hay después, antes y alrededor del libro es todo un juego creativo de primera magnitud, elaborado por el autor canario con todo lujo de detalles para poner en pie una novela "perdida" y una autor "olvidado", con una serie de referencias bibliográficas "inventadas", una traductora real (la periodista cómplice Thalía Rodríguez) y hasta notas a pie de página sobre giros de la traducción para reforzar la creencia del traslado al castellano. 

M. A. West no existe.
Alexis Ravelo
Esto es lo que confesó Ravelo en su blog, un año después de la publicación de "El viento y la Sangre" en la Editorial Navona. 
West fue "la máscara que necesitó ponerse un escritor llamado Alexis Ravelo para demostrarse a sí mismo que no era un escritor canario, español o calvo, sino sencillamente un artesano, un escribidor", proclama el autor de la novela.
Todo un delicioso juego netamente literario.

«La encontré tras un gran trabajo de investigación», dijo Ravelo a Pere Sureda, de Navona Ediciones, añadiendo que podría servir para la colección que editaba de novela negra. Sureda, reputado experto, la leyó y se la «tragó», reconoce. Asumida su publicación devolvió la llamada a Ravelo y éste le dijo que se había inventado la biografía de West, sus referencias bibliográficas y los diez trabajos más que supuestamente tenía publicados el estadounidense; que la pieza no se había escrito en Estados Unidos, y que la traductora, la periodista Thalía Rodríguez, era cómplice de la trampa. La novela se escribió en Las Palmas de Gran Canaria en 2012 y su autoría era de quien le hablaba.
Sureda dudó. Se enfadó unos instantes y admitió el mérito: «Juguemos a lo que quieras jugar», le dijo.
Escuchemos a Ravelo: "En parte juego, en parte experimento, en parte (gran parte) apuesta conmigo mismo, a principios de ese año decidí emplear algo del mucho tiempo libre que tenía en plantearme a mí mismo un reto en forma de ejercicio de estilo: lograr escribir una novela negra clásica al modo de los autores norteamericanos de los años cincuenta. Esto no es nada nuevo. Lo habían hecho Boris Vian, Georges Simenon o González Ledesma. Pero ya se sabe: todo está escrito salvo lo que te toca escribir a ti mismo. Y este era un pecado que deseaba cometer. Por supuesto, no bastaría con que yo quedara contento con el resultado: la novela tendría que acabar siendo publicada y los lectores habrían de leerla sin notar que había sido escrita en la parte más africana de España por un autor que no había pisado EEUU en su vida.
(...)
Pronto descubrí que no bastaba con escribir la novela: había que crear una bibliografía esencial, unos cuantos hitos biográficos que sirvieran para perfilar una sombra, una editorial inicial y efímera. Acabé, incluso, escribiendo un prólogo en el que se mencionaban algunos críticos norteamericanos que se habían ocupado de ella. El prólogo, claro está, forma parte de la novela en otro plano de la ficción, pero supuso, para mí, un problema: me vi a mí mismo escribiendo impúdicos elogios sobre mi propio trabajo, amplificando los que ya había incluido en una entrada de blog que debía servir de gancho."



Alexis Ravelo es autor de la saga protagonizada por el rufián investigador Eladio Monroy (Tres funerales para Eladio Monroy, Solo los muertos, Los tipos duros no leen poesía, Morir despacio, El peor de los tiempos) y de La estrategia del pequinés; novelas todas ellas ambientadas en su ciudad natal, Las Palmas de Gran Canaria.

martes, 12 de marzo de 2019

ALTERED CARBON - creador Laeta Kalogridis


Si el mundo se divide entre los que prefieren primero leer el libro y luego ver la película y los que lo hacen al revés, yo soy de los primeros. Leí el libro (aquí la reseña) y encontré todo lo bueno que busco en una obra de ciencia ficción y hasta un poco más. Ahora toca hablar de la serie que por suerte, siendo una adaptación fiel, elige sus propios derroteros.


Recordemos que el protagonista es Takeshi Kovacs único soldado superviviente de una fuerza de élite interestelar que vive en un futuro en el que la humanidad ha conseguido digitalizar la conciencia y los recuerdos. Todo tú cabes en una pastilla de datos que se puede transferir a cualquier cuerpo. La inmortalidad de facto. 



Takeshi participó en un alzamiento contra el nuevo orden mundial, ricos matusalenes gobernando humanos como si fuesen simples unos y ceros;  pero fue derrotado y su mente condenada a prisión por siglos. Pero ahora el millonario Laurens Bancroft, le ofrece a Kovacs la oportunidad de volver a vivir y su misión será resolver el asesinato del propio Bancroft, un Matusalén muy difícil de destruir porque guarda múltiples fundas de su cuerpo y copia de seguridad permanente de su disco duro mental.  
Renée Elise Goldsberry interpreta a Quell
La narración se enriquece entrelazando las historias de unos y otros. Los capítulos de la serie están sembrados de flashbacks con los recuerdos de Takeshi en la guerra y en su período de formación con la líder espiritual, Quell. Todo ello dota al personaje y a la serie de una cierta profundidad filosófica de la que carece el libro, más centrado en la investigación criminal.

Las enseñanzas de Quell (un personaje que se convierte en el Alfa y el Omega del problema central de esta humanidad) están muy bien perfiladas: "debéis aprender la debilidad de las armas". O también: "la verdadera fuerza del lobo no está en sus colmillos, su rapidez o su destreza. Está en la manada. Sea cual sea el mundo al que os transfiráis formad una manada, buscad la manera de inspirar lealtad en unos pocos lugareños".


Otro de los cambios en los que acierta la serie y que amplía el horizonte del libro, es dotar de cuerpo a la Inteligencia Artificial que gobierna el desierto hotel donde vive Takeshi. 
Poe en el Hotel El Cuervo
En el libro el hotel se llama Hendrix, mientras que en la serie se denomina El Cuervo y su gerente digital, Poe. Humm. Además el actor elegido para este personaje y sus líneas de diálogo mantienen perfectamente el tono irónico y guasón que definía a esta I.A. en el libro.


Por su parte, Takeshi está prisionero tan lejos que sólo han podido descargar sus datos e integrarlo en el cuerpo de un agente de policía defenestrado, Ryker. Todo se complica cuando conocemos que la que era compañera profesional y sentimental de Ryker, es la misma policía menuda y endurecida que acompaña ahora a Takeshi (con el cuerpo de Ryker), Kristin Ortega; papel que borda Martha Higareda. En cambio he de decir que el actor que interpreta a Takeshi, Joel Kinnaman, no me acaba de convencer. Es demasiado hierático. No tiene esa chulería, ironía y cinismo que destila el Takeshi narrativo. 



Finalmente una de las aportaciones más importantes de la serie es colocar como némesis de Takeshi a su propia hermana Reileen que, en el libro, se supone que murió con Quell en una explosión.

La serie la convierte en la malvada gobernadora del más exclusivo burdel de lujo, el Head in the Clouds, donde los mats abusan de las trabajadoras sexuales cuyo código de programación ha sido alterado con el DNR, un código católico que indica renuncia a revivir cuando mueren. En este lujoso burdel flotante los mats pueden torturar y asesinar sin miedo a que nadie sea reenfundado y testifique.


























Este es uno de los asuntos de la serie que más nos recuerda a Blade Runner. Allí los replicantes se plantaban ante nosotros como un espejo para interrogarnos sobre qué nos hace humanos. Aquí las fundas nos interrogan sobre el valor de las personas. De hecho, en muchas conversaciones se habla de materia prima en vez de personas. 


"Cuando vivas lo suficiente ya verás: No hay reglas". Le dice Reileen a su hermano, en una escena en que ella está ocupando la funda de Kristin Ortega. Por cierto una de las mejores escenas de la serie: la fiera y menuda Ortega luchando contra docenas de clones de Reileen. Uufff.

La hermana de Kovacs es un invento de la serie y, con ella, logra profundizar más si cabe su carácter: más salvaje, más indiferente, más cínica. Por supuesto la violencia, tan explícita como estéril, está al día en un entorno donde las fundas son reemplazables. También el sexo. Pero si tengo que quedarme con una situación escalofriante es cuando Takeshi es hecho prisionero en el capítulo 4 y lo someten a torturas virtuales. Algo sólo aparentemente inane. En el libro podemos leer:

"No hay ningún tipo de condicionamiento en todo el mundo que te prepare para que tus pies sean quemados o tus uñas arrancadas. O a cigarrillos siendo apagados en tus pechos. O a un metal candente siendo introducido por tu vagina"


Por otro lado el entorno urbano y tecnológico que nos presenta la serie es excelente. Se nota que el nivel de producción es muy alto. La ciudad, los muy diversos set (me encantan los puticlubs y los antros donde Takeshi trafica con armas), los coches voladores y las calles abigarradas y decadentes nos remiten sin rubor a Blade Runner. Las instalaciones de PsychaSec, donde se fabrican las "fundas" son blancas, limpias, frías y tenebrosas.

Visualmente la serie logra aciertos incuestionables. La imagen del cadáver de una prostituta cayendo desde el cielo al agua se convierte en una imagen recurrente y será la llave del misterio. Otra imagen muy conseguida son las mansiones de los Mat, esbeltas torres que ascienden por encima de las nubes; como si se tratase de un nuevo Olimpo con sus falsos dioses. Incluso en el capítulo 3, Mr. Bancroft monta una fiesta que cuenta con la pelea a muerte de unos gladiadores. Símbolo perfecto de una sociedad envilecida por un poder omnímodo.

Sin ninguna duda la serie es más lenta y filosófica, y busca ampliar su foco más allá del género negro de la novela. En un momento dado Takeshi reflexiona:
"La humanidad se ha extendido hasta las estrellas. Zarpamos como los antiguos marineros para explorar el infinito océano del espacio, pero por mucho que nos adentremos en lo desconocido, los peores monstruos son los que llevamos dentro de nosotros."
En un entorno sideral y con avances tecnológicos que han cambiado el paradigma; el relato se centra en los pecados irredentos de la humanidad, la avaricia, la dominación, el sexo como arma de poder, las leyes como imposición. No es un asunto menor el contrapeso que el novelista ha colocado con los neocatólicos. Ellos creen que la pila cortical es una representación del alma huma, y que ésta debe estar sujeta a los designios de Dios, no de unos perversos humanos.


En el capítulo 7 la serie parece abandonar el relato negro para centrarse más en la rebelión que lideró Quell y el original Takeshi contra los Mat. Una batalla más de los rebeldes contra el Imperio, basada en un conflicto trascendental: "La inmortalidad pervierte la humanidad" 

"La vida era solo un refugio de pastores, pero se convirtió en el Imperio más poderoso de la Tierra Antigua, ¿sabes cómo? Por las carreteras. Ellas eran la tecnología que les permitió enviar a sus ejércitos por todo el mundo. Creía que liberaba el espíritu humano, pero construía las carreteras de Roma. La vida eterna para quienes se la pueden permitir , significa el control eterno sobre quienes no pueden."

Excitante y muy notable.

jueves, 7 de marzo de 2019

BORDER - de Ali Abbasi

Suecia,2018


Hay que agradecer al escritor John Ajvide Lindqvist, autor de la novela que inspira esta película y también de la que salió Dejame entrar; la adopción de un punto de vista tan personal e inclasificable: presentarnos a los que hasta ayer mismo eran monstruos del género del terror, como personas que viven en nuestra sociedad. Sean vampiros o trolls. Por ese hilo narrativo se cuelan, además, aspectos tan contemporáneos como la integración versus xenofobia, la limpieza étnica o el bullying. La carga de profundidad que lleva este tratamiento acaba dotando al relato de un alto grado de verosimilitud.

Así, en Border tenemos a Tina (Eva Melander), una agente de aduanas de una fealdad impactante pero con un olfato exquisito para detectar la maldad o el pecado. Simplemente situándose en el pasillo por donde cruzan los pasajeros detectará si es culpable, sea por alcohol, drogas, pederastia o cualquier otro delito. Unas veces será el propio equipaje quien delatará al criminal, otras su propio olor (¡!) a culpabilidad.

Border no significa tanto las tareas de Tina en la aduana, como la investigación vital de una persona que se encuentra en la frontera entre dos mundos. La película nos muestra una sorprendente reflexión sobre la identidad, la pertenencia a un grupo y el atisbo de ciertos cadáveres que la sociedad sueca todavía tiene escondidos. Como se puede ver, una película radical y rabiosamente moderna.

La historia, igual que en la novela, no va de aventuras míticas, ni superpoderes; sino que sigue a Tina en su vida diaria y nos muestra lo aislada que está. El mundo para ella es como una enorme oquedad en la que no hay un semejante. Visita a su padre adoptivo en el asilo, sólo para certificar la distancia que los separa. Comparte casa con un joven con el que no comparte nada. Está sola y lo peor es que no sabe ni quién es, ni cuál es su lugar en el mundo.

Sus emociones más intensas se producen cuando sale descalza desde su cabaña al bosque, se tumba sobre los líquenes o se zambulle desnuda en las frías aguas del lago. La naturaleza salvaje la llama.

En una entrevista, el autor de la novela declaraba:
"Es cierto que tiendo a construir personajes solitarios, gente que espera desesperadamente que ocurra algo que cambie sus vidas por completo, no importa en qué manera. Cuanto más abiertos están a escuchar, más posibilidades tienen de encontrar respuestas asombrosas. A veces ni siquiera son niños, son adultos que no tienen amigos, o que han perdido su trabajo, fracasados que necesitan agarrarse a cualquier cosa que los saque de esa espiral. El destino de los personajes solitarios de mis historias, en realidad, no viene marcado tanto por la negligencia de los padres como por una predisposición a explorar escenarios insólitos."
Hay un contraste enorme entre el desagrado que produce mirar a Tina y su actitud sensible y educada. Empezamos a vislumbrar lo que esconde su deforme cuerpo cuando se encuentra con un espécimen semejante a ella, Vore (Eero Milonoff). Éste la reta e interpela. La empuja a un viaje de autoconocimiento que comienza por una misteriosa cicatriz por encima del trasero y llega hasta descubrir una sexualidad turbadora y salvaje.

Podemos establecer un paralelismo con los personajes de Déjame entrar. Allí, la niña vampira Eli llega a la vida del niño maltratado Oskar para ayudarle a rescatarse a sí mismo. Eli es un monstruo que necesita sangre para perpetuarse, pero también es un ángel protector (y un confidente) de un niño candoroso. Del mismo modo cuando en Border conocemos a Vore nos da miedo y asco; pero se convertirá en un ángel salvador para Tina, dotando a su vida de sentido. Como una sonámbula, la película integra monstruosidad y redención en el mismo cuerpo. Altas cumbres por las que nos hace transitar el gran John Ajvide Lindqvist.

Con tan extraordinario material el director Ali Abbasi (de origen iraní pero afincado en Suecia) sólo tiene que poner el ritmo y esa sensibilidad que nos haga vencer el inicial rechazo. En esta subversiva película el previsible terror que debe imponer el monstruo se convierte en un drama íntimo y visceral. Abbasi nos va acercando al engendro hasta verlo sólo como un foráneo; confecciona así una elaborada metáfora política y existencial sobre la convivencia entre razas, lo extraño y lo que entendemos como normal. 



John Ajvide Lindqvist ha escrito trece libros desde su éxito inicial con Déjame entrar. A éste lo siguió Descansa en paz, su aportación al mito zombi y poco después dio a la imprenta una colección de cuentos titulada Paredes de Papel. Con su siguiente novela, Puerto humano, se consagró definitivamente como maestro del terror, poseedor de un inquietante

miércoles, 27 de febrero de 2019

OCNOS - de Luis Cernuda















Ocnos es una ensoñación luminosa y transparente del territorio mítico de la infancia. Su nacimiento está íntimamente vinculado a la desoladora experiencia del destierro vivida por el poeta sevillano en las frías tierras escocesas. En una nota suya leemos: "Hacia 1940 y en Glasgow (Escocia), comenzó L.C. a componer Ocnos, obsesionado entonces con recuerdos de su niñez y primera juventud en Sevilla, que entonces, en comparación con la sordidez y fealdad de Escocia, le aparecían como merecedores de conmemoración escrita, y al mismo tiempo, quedaran así exorcizados. El librito creció (no mucho), y la búsqueda de un título ocupó al autor hasta hallar en Goethe mención de Ocnos, personaje mítico que trenza los juncos que han de servir de alimento a su asno. Halló en ello cierta ironía sarcástica agradable, se tome al asno como símbolo del tiempo que todo lo consume, o del público, igualmente inconsciente y destructor”.

Componente biográfico, pues, que el autor se propone evocar mediante el recuerdo teñido de un intenso sentimiento de nostalgia. De este modo el poeta mitifica el pasado a través del tratamiento literario. Según ha destacado Philip Silver, la infancia y la adolescencia sevillanas adquieren dimensiones míticas, edénicas, caracterizadas por la intemporalidad, la inocencia propia de la infancia, y el amor a la naturaleza.

Una característica fundamental de esta obra es que está compuesta por poemas en prosa. El propio Cernuda había reflexionado sobre esta forma poética en el ensayo "Bécquer y el poema en prosa español", fijando su origen en Francia: 
"Al mismo tiempo que algunos escritores, entre los cuales bastará con citar a Rousseau y Chateaubriand, escriben una prosa que en momentos determinados tiene virtudes poéticas, otros trabajan específicamente en la creación de una nueva forma literaria: la del poema en prosa. Garpard de la Nuit (1842), de Bertrand, representa la fase primera en la evolución del género; los Petits Poèmes en Prose (1866), de Baudelaire, la fase segunda; Les Illuminations (1886), de Rimbaud, la tercera, de riqueza inagotable aun en nuestro tiempo."

Juan Ramón Jiménez lo retoma en España cuando en 1914 publica Platero y yo, que muy pronto se convierte en un clásico. Posteriormente Vicente Aleixandre lo llevaría a la cumbre con Pasión de la tierra. Todo ello sin olvidar a uno de los más abundantes cultivadores en español, Azorín: Confesiones de un pequeño filósofo (1904), Castilla (1912), Pueblo (1930)  y otros. Juan Ramón Jiménez  ya proclamaba la necesidad de desnudar al verso, de mantener, antes que cualquier criterio de composición formal, su fidelidad a la comunicación poética que debe ser clara, pura y natural. Esto es lo que ofrece la prosa poética, un encuentro entre ideas que parecían antitéticas, la narración y la iluminación única de la impronta lírica.

En Ocnos la narración se convierte en legendaria toda vez que en los textos se obvian las fechas y nombres de lugares. Tampoco de personas andan sobradas las páginas. Mediante el procedimiento de la determinación elíptica, Luis Cernuda se refiere a la ciudad y a los rincones de su infancia e incluso a otros territorios de España sin nombrarlos expresamente, confiriéndoles un grado de ambigüedad propio de un universo literario creado. Octavio Paz llega a decir que lo que prevalece en Cernuda es la realidad literaria sobre la meramente biográfica: “siempre pensó que la realidad diaria adolece de irrealidad y que la verdadera realidad es la de la imaginación”.

Abriendo las breves y transparentes hojas de Ocnos encontramos su primer ofrecimiento:

LA POESÍA

En ocasiones, raramente, solía encenderse el salón al atardecer, y el sonido del piano llenaba la casa, acogiéndome cuando yo llegaba al pie de la escalera de mármol hueca y resonante, mientras el resplandor vago de la luz que se deslizaba allá arriba en la galería, me aparecía como un cuerpo impalpable, cálido y dorado, cuya alma fuese la música.
¿Era la música? ¿Era lo inusitado? Ambas sensaciones, la de la música y la de lo inusitado, se unían dejando en mí una huella que el tiempo no ha podido borrar. Entreví entonces la existencia de una realidad diferente de la percibida a diario, y ya oscuramente sentía cómo no bastaba a esa otra realidad el ser diferente, sino que algo alado y divino debía acompañarla y aureolarla, tal el nimbo trémulo que rodea un punto luminoso.
Así, en el sueño inconsciente del alma infantil, apareció ya el poder mágico que consuela de la vida, y desde entonces así lo veo flotar ante mis ojos: tal aquel resplandor vago que yo veía dibujarse en la oscuridad, sacudiendo con su ala palpitante las notas cristalinas y puras de la melodía.

La poesía es, pues, para Cernuda, algo inasible y misterioso, oculto casi a la realidad de los sentidos; algo que nos transporta fugazmente a un mundo deseado, verdadero, hecho a imagen y semejanza de nuestra imaginación, como quería, y creía -con religiosa fe poética-, otro gran lírico romántico: John Keats.

Por eso para Cernuda, más que cosa alguna, la virtud esencial de la palabra poética reside en su poder suscitador, en su potencia de encantamiento, en la mágica irisación que pone entre nuestros sentidos y la realidad a que alude y que nos permite adivinar: "Entreví entonces la existencia de una realidad diferente de la percibida a diario".

En el poema titulado Jardín Antiguo se nos confirma el vínculo entre el poeta y su territorio: "Hay destinos humanos ligados con un lugar o un paisaje".
Sorolla y su jardín
















   JARDÍN ANTIGUO 
   Se atravesaba primero un largo corredor oscuro. Al fondo, a través de un arco, aparecía la luz del jardín, una luz cuyo dorado resplandor tenía de verde las hojas y el agua de un estanque. Y ésta, al salir afuera, encerrada allá tras la baranda de hierro, brillaba como líquida esmeralda, densa, serena y misteriosa.
   Luego, estaba la escalera, junto a cuyos peldaños había dos altos magnolios, escondiendo entre sus ramas alguna estatua vieja a quien servía de pedestal una columna. Al pie de la escalera comenzaban las terrazas del jardín.
   Siguiendo los senderos de ladrillos rosáceos, a través de una cancela y unos escalones, se sucedían los patinillos solitarios, con mirtos y adelfas en torno de una fuente musgosa, y junto a la fuente el tronco de un ciprés cuya copa se hundía en el aire luminoso.
   En el silencio circundante, toda aquella hermosura se animaba con un latido recóndito, como si el corazón de las gentes desaparecidas que un día gozaron del jardín palpitara al acecho tras de las espesas ramas. El rumor inquieto del agua fingía como unos pasos que se alejaran.
   Era el cielo de un azul límpido y puro, glorioso de luz y de calor. Entre las copas de las palmeras, más allá de las azoteas y galerías blancas que coronaban el jardín, una torre gris y ocre se erguía esbelta como el cáliz de una flor.  

*** 

    Hay destinos humanos ligados con un lugar o con un paisaje. Allí en aquel jardín, sentado al borde de una fuente, soñaste un día la vida como embeleso inagotable. La amplitud del cielo te acuciaba a la acción; el alentar de las flores, las hojas y las aguas, a gozar sin remordimientos.
   Más tarde habrías de comprender que ni la acción ni el goce podrías vivirlos con la perfección que tenían en tus sueños al borde de la fuente. Y el día que comprendiste esa triste verdad, aunque estabas lejos y en tierra extraña, deseaste volver a aquel jardín y sentarte de nuevo al borde de la fuente, para soñar otra vez la juventud pasada.


Entre estos dos puntos se encuentra el camino que Cernuda recorre con Ocnos. La dimensión mítica del pasado y la mirada interior enraizada a un determinado paisaje. 
Según Leopoldo Panero en su artículo sobre Ocnos, la mirada interior es una expresión que se usa varias veces en el libro y que procede directamente de Wordsworth: "Su emoción privilegia casi constantemente aquellos sitios y parajes, donde el encanto, puro y solitario, de la naturaleza, se reveló un día a su alma. La figuras humanas de este breviario de añoranzas son escasas. El poeta parece huir de la sociedad de los hombres y refugiarse en la compañía de las cosas que ama. Desde ese punto de vista, Cernuda da la sensación de un solitario o de un desengañado absoluto. La fuerza interna que ha moldeado su destino y configurado su carácter suprime la ternura de su poesía. Y, sin embargo, ¡cuánta cordialidad, cuántas frustrada ternura, en el poema -para mi gusto uno de los mejores del libro- donde nos habla laceradamente de su viejo maestro de retórica!."


   EL MAESTRO 

   Lo fue mío en clase de retórica, y era bajo, rechoncho, con gafas idénticas a las que lleva Schubert en sus retratos, avanzando por los claustros a un paso corto y pausado, breviario en mano o descansada ésta en los bolsillos del manteo, el bonete derribado bien atrás sobre la cabeza grande, de pelo gris y fuerte. Casi siempre silencioso, o si emparejado con otro profesor acompasando la voz, que tenía un tanto recia y campanuda, las más de las veces solo en su celda, donde había algunos libros profanos mezclados a los religiosos, y desde la cual veía en primavera cubrirse de hoja verde y fruto oscuro un moral que escalaba la pared del patinillo lóbrego adonde abría su ventana.
   Un día intentó en clase leernos unos versos, trasluciendo su voz el entusiasmo emocionado, y debió serle duro comprender las burlas, veladas primero, descubiertas y malignas después, de los alumnos —porque admiraba la poesía y su arte, con resabio académico como es natural. Fue él quien intentó hacerme recitar alguna vez, aunque un pudor más fuerte que mi complacencia enfriaba mi elocución; él quien me hizo escribir mis primeros versos, corrigiéndolos luego y dándome como precepto estético el que en mis temas literarios hubiera siempre un asidero plástico.
   Me puso a la cabeza de la clase, distinción que ya tempranamente comencé a pagar con cierta impopularidad entre mis compañeros, y antes de los exámenes, como comprendiese mi timidez y desconfianza en mí mismo, me dijo: «Ve a la capilla y reza. Eso te dará valor».
   Ya en la universidad, egoístamente, dejé de frecuentarlo. Una mañana de otoño áureo y hondo, en mi camino hacia la temprana clase primera, vi un pobre entierro solitario doblar la esquina, el muro de ladrillos rojos, por mí olvidado, del colegio: era el suyo. Fue el corazón quien sin aprenderlo de otros me lo dijo. Debió morir solo. No sé si pudo sostener en algo los últimos días de su vida.
Acuarela de Alberto de Burgos "Alcázar de Sevilla"

Los poemas son el lugar de encuentro entre el pasado que recrea la anécdota argumental y el presente que lo recupera líricamente; entre el protagonista niño de la vivencia y el poeta adulto de la remembranza. No hay abdicación del presente en favor del pasado; sino que entre ambos el poema traza un arco que recoge toda su experiencia vital.  El propio Cernuda expresó esta idea en el poema en prosa El patio de Variaciones sobre tema mexicano:
“El hombre que tú eres se conoce así, al abrazar ahora al niño que fue, y el existir único de los dos halla su raíz en un rinconcillo secreto y callado del mundo. Comprendes entonces que al vivir esta otra mitad de la vida acaso no haces otra cosa que recobrar al fin, en la presente, la infancia perdida, cuando el niño, por gracia era ya dueño de lo que el hombre luego, tras no pocas vacilaciones, errores y extravíos, tiene que recobrar con esfuerzo”.


Leopoldo Panero resumió OCNOS de forma maravillosa:

"La dicción poética de Cernuda contiene una feliz elegancia que se centra en irradiar sugerencias y una expresión metafórica simple e intensa. Su receptividad sensual es, probablemente, una de las más finas, evidentes y ricas de toda nuestra poesía, y comunica a su palabra el fluir elegante y natural que procede de la esencia de las cosas. Nadie le iguala en eso, en la cristalina inocencia de su lenguaje, puesto siempre al servicio de una segurísima inteligencia poética y de un sentido de la composición poco menos que infalible.

Así son los poemas todos de este libro: nítidos, perfectos, naturales como la belleza misma. Y netamente sevillanos desde la universal melancolía que les inspira y que les da su alma."


Este entrada se redactó tomando ideas y citas de un artículo de 



    EL MAGNOLIO

   Se entraba a la calle por un arco. Era estrecha, tanto que quien iba por en medio de ella, al extender a los lados sus brazos, podía tocar ambos muros. Luego, tras una cancela, iba sesgada a perderse en el dédalo de otras callejas y plazoletas que componían aquel barrio antiguo. Al fondo de la calle sólo había una puertecilla siempre cerrada, y parecía como si la única salida fuera por encima de las casas, hacia el cielo de un ardiente azul.
   En un recodo de la calle estaba el balcón, al que se podía trepar, sin esfuerzo casi, desde el suelo; y al lado suyo, sobre las tapias del jardín, brotaba cubriéndolo todo con sus ramas el inmenso magnolio. Entre las hojas brillantes y agudas se posaban en primavera, con ese sutil misterio de lo virgen, los copos nevados de sus flores.
   Aquel magnolio fue siempre para mí algo más que una hermosa realidad: en él se cifraba la imagen de la vida. Aunque a veces la deseara de otro modo, más libre, más en la corriente de los seres y de las cosas, yo sabía que era precisamente aquel apartado vivir del árbol, aquel florecer sin testigos, quienes daban a la hermosura tan alta calidad. Su propio ardor lo consumía, y brotaba en la soledad unas puras flores, como sacrificio inaceptado ante el altar de un dios


    EL TIEMPO 
   Llega un momento en la vida cuando el tiempo nos alcanza. (No sé si expreso esto bien). Quiero decir que a partir de tal edad nos vemos sujetos al tiempo y obligados a contar con él, como si alguna colérica visión con espada centelleante nos arrojara del paraíso primero, donde todo hombre una vez ha vivido libre del aguijón de la muerte. ¡Años de niñez en que el tiempo no existe! Un día, unas horas son entonces cifra de la eternidad. ¿Cuántos siglos caben en las horas de un niño?
   Recuerdo aquel rincón del patio en la casa natal, yo a solas y sentado en el primer peldaño de la escalera de mármol. La vela estaba echada, sumiendo el ambiente en una fresca penumbra, y sobre la lona, por donde se filtraba tamizada la luz del mediodía, una estrella destacaba sus seis puntas de paño rojo. Subían hasta los balcones abiertos, por el hueco del patio, las hojas anchas de las latanias, de un verde oscuro y brillante, y abajo, en torno de la fuente, estaban agrupadas las matas floridas de adelfas y azaleas. Sonaba el agua al caer con un ritmo igual, adormecedor, y allá en el fondo del agua unos peces escarlata nadaban con inquieto movimiento, centelleando sus escamas en un relámpago de oro. Disuelta en el ambiente había una languidez que lentamente iba invadiendo mi cuerpo.
   Allí, en el absoluto silencio estival, subrayado por el rumor del agua, los ojos abiertos a una clara penumbra que realzaba la vida misteriosa de las cosas, he visto cómo las horas quedaban inmóviles, suspensas en el aire, tal la nube que oculta un dios, puras y aéreas, sin pasar.







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Las tres ediciones de Ocnos son, en sí mismas, testimonio elocuente de la peripecia vital a que se vio expuesto su autor, en el exilio definitivo (Escocia, Inglaterra, Norteamérica, México) desde la guerra civil española: 
La 1ª. edición fue publicada, en Londres, en 1942, se compone de 31 poemas, con un gran sentido unitario en torno a la infancia y adolescencia del autor en Sevilla. La 2ª edición, publicada en Madrid en 1949, consta de 46 poemas. La 3ª, con un total de 63 poemas, se publicó en Xalapa, México, en 1963, unos días después del fallecimiento del poeta. 
Esta recreación de la obra durante veinte años muestra una labor esmerada en claro paralelo con la continuada elaboración de La Realidad y el Deseo, que también cuenta con tres ediciones repartidas a lo largo de veintidós años (1936,1940,1958).

Luis Cernuda nació en Sevilla el 21 de septiembre de 1902.
Empezó a estudiar Derecho en la Universidad de Sevilla en 1919, siendo uno de sus profesores Pedro Salinas, quien lo ayudó con sus primeras publicaciones. En 1925 terminó la Licenciatura de Derecho, y conoció a Juan Ramón Jiménez. En diciembre de ese año publica sus primeros poemas en “Revista de Occidente” y comenzó sus primeros contactos con el mundo literario. Poco a poco se distancia del inicial mundo surrealista y comienza a desarrollar una poesía mucho más sencilla, directa y personal. Así escribe entre 1932 y 1933 su obra “Donde habite el olvido”, que publicó en 1934. Mientras tanto relee a Gustavo Adolfo Bécquer, una referencia poética que lo acompañará para siempre.
Su adhesión al partido comunista llega de la mano del poeta Rafael Alberti, que le lleva, incluso, a participar como voluntario en las milicias en la Sierra de Guadarrama durante la guerra.
En 1938 viajó a Inglaterra para impartir un ciclo de conferencias, y ya no volvió nunca más a España.
Entre 1941 y 1942 escribió la primera parte de Ocnos y “Como quien espera el alba”.
En el año 1947 se traslada a Nueva York, donde ejercería de profesor de literatura española, hasta 1949. Tras veranear en México, la profunda impresión que le produce volver a escuchar palabras en castellano, y las semejanzas de este país con su amada Andalucía, le provocan la escritura de obras como “Variaciones sobre Tema Mexicano” y “Poemas para un cuerpo”, publicada en 1954.
El 5 de noviembre de 1963 murió tras sufrir un infarto en México, en el domicilio de Concha Méndez, mujer de Manuel Altolaguirre, donde vivía. Está enterrado en el Panteón Jardín de la misma ciudad donde murió.