miércoles, 13 de diciembre de 2023

LAS PINTURAS NEGRAS de GOYA

Goya, "La Romería de San Isidro" (detalle)



















     En 1819 Goya se traslada a la Quinta del Sordo, en las afueras de Madrid. Tiene 73 años, está cansado, amargado y sordo. Ha perdido el favor del rey y teme que su actitud liberal le perjudique aún más ante la violencia represiva del absolutismo. Sus amigos políticos ya se han ido de España y él acabará haciéndolo en 1823, cuando se traslada a Burdeos donde morirá cinco años después.
 
    A su alrededor España lleva años sumida en una disputa muy profunda que enfrenta a los defensores de la Constitución de 1812 y a la monarquía absolutista de Fernando VII. Al Sexenio Absolutista (1814-1820) le sigue el pronunciamiento de Riego que favorece un Trienio Liberal (1820-23) que concluirá al ser ocupada España por el ejército francés de los Cien Mil Hijos de San Luis. Esto facilita que Fernando VII abola la Constitución y reinstaure la monarquía absolutista.

    El genial pintor no sólo se había quedado sordo, sino que también venía sufriendo distintas crisis que iban acompañadas de estados febriles, delirios y vómitos. En 1820 Goya dedica al doctor Arrieta una pintura en la que se retrata atendido por el médico. Esto hace suponer que al principio de su estancia en la Quinta, el pintor estuvo enfermo. En esa obra llaman la atención una serie de figuras fantasmagóricas que aparecen en segundo plano. De todos modos la enfermedad por sí misma no explicaría el origen de las Pinturas Negras ya que Goya venía trabajando en Los Disparates, todo un preludio de las mismas, desde 1815. 

    Hoy sabemos que la sordera y algunas de las crisis que tuvo a lo largo de su vida, fueron debidas a una intoxicación por plomo, elemento muy presente en el color blanco albayalde que utilizaba profusamente. Esto ocurrió porque a Goya le gustaba preparar sus propios colores, majando los minerales en el mismo estudio.


     En este contexto personal y sociopolítico es cuando Goya se retira a la Quinta del Sordo, comprada por 60.000 reales en las afueras de Madrid, cuyo nombre se debía a la sordera que asimismo sufrió el anterior propietario. Allí, encerrado con sus recuerdos y tormentos, lleva a cabo 14 pinturas murales que se ejecutaron al óleo directamente sobre las paredes secas de dos salas, el comedor en la planta baja y el gabinete en el primer piso. 

    Son pinturas de temática amarga en las que predomina el color negro y un tono netamente alegórico. En los murales aparecen personajes esperpénticos y monstruosos que conectan con la mentalidad popular de la época enfrentada al desarrollo de la razón impulsado por la Ilustración francesa.

     Las Pinturas se conservaron en la vivienda hasta que el barón Fréderic Émile d’Erlanger, propietario desde 1873, decidió despegarlas del muro y trasladarlas a lienzo en 1875. Aunque el traslado lo ejecutó el restaurador del Museo del Prado, Salvador Martínez-Cubells, la técnica utilizada -el strappo- fue muy dañina para los originales que perdieron gran cantidad de capa pictórica en el proceso. Esto obligó a someter a los lienzos a un abundante tratamiento de retoque y restauración. Las Pinturas Negras fueron expuestas con escaso reconocimiento en la Exposición Universal de París de 1878 antes de ser legadas definitivamente por el barón al Museo del Prado en 1881. Las catorce obras que conforman la colección fueron expuestas en conjunto y por primera vez en el Prado, en 1898.





     Los estudios radiográficos de las pinturas han permitido conocer que debajo de éstas había otras de muy diferente estilo como se puede apreciar en los paisajes del Duelo a garrotazos, que Goya parcialmente reutilizó. 

     Aunque no hay un consenso pleno sobre la disposición original de las pinturas en la Quinta, ésta se ha podido determinar gracias a la información suministrada por diferentes documentos, entre ellos el inventario realizado por Antonio de Brugada a la muerte de Go­ya (1828) y las fotografías de Laurent, hacia 1864.




     Las Pinturas Negras estremecen y fascinan de forma inmediata. Durante sus dos siglos de vida han sido objeto de estudio y debate. Hay quienes dudan de la autoría de Goya, mientras otros echan en falta un mural número quince. Pero yo creo que ahora mismo lo que cuenta es su legado, la posibilidad de bucear en esas oscuras simas llenas de seres deformes donde se aúna lo monstruoso y lo humano. 

     Las pinturas son inconfundibles porque al verlas nos golpea su terrible patetismo y esa lúcida representación de lo grotesco. El ambiente lúgubre y expresionista impacta en nuestra sensibilidad y nos sorprenden sus figuras alegóricas sobre la decrepitud de la vejez, la superstición o la presencia de la muerte. En todo caso muestran un profundo pesimismo sobre la condición humana y se revelan como una auténtica catarsis. 

     Técnicamente son muy radicales. Goya consigue crear un ambiente siniestro gracias a un cromatismo muy oscuro y limitado, donde predominan los negros, marrones y ocres; típicos del expresionismo pictórico. También por el acusado uso de luces y sombras. Goya enseñó a todos los pintores posteriores la libertad de ejecución a base de pinceladas sueltas y empastadas que aportan a estas obras una enorme fuerza expresiva. Además, en ellas, prescinde del contexto que permita conectar las escenas con sus fuentes mitológicas o históricas: lo que le interesa destacar es la acción y las emociones de los personajes.

     No se sabe si fue una declaración de intenciones, pero la primera obra que se veía nada más entrar en el casa era Una Manola: Leocadia Zorrilla; el retrato de quien se considera que fue su amante. Nos llama la atención el modo en que está unida la belleza de una mujer y la presencia de la muerte, en el túmulo de al lado.

 Saturno devorando a su hijo también te recibía en la primera planta. Un mito reinterpretado muy personalmente y con un claro contenido político. Saturno aludiría al Estado que devora al pueblo representado en el hijo del dios. 

Aunque también se ha visto como una reflexión sobre la vejez y la destrucción de la sexualidad en la figura de la muchacha. La obra es un magnífico precedente del expresionismo. 


Goya reinterpreta las referencias mitológicas y bíblicas con las claves de su tiempo. Así ocurre con Saturno devorando a su hijo, Atropos y Judith y Holofernes. En este último se representa la escena bíblica en la que Judith corta la cabeza del caudillo asirio Holofernes. Goya se aleja de la iconografía tradicional del suceso ya que de Holofernes sólo se ve un fragmento de cabeza y no hay telas que delaten la tienda de campaña. En cambio la luz se centra en el rostro y el brazo armado de Judith; señalando la emoción de la violencia.

Recordemos que muchos artistas han usado la referencia bíblica de Holofernes para aludir a la muerte del tirano. En este sentido Goya podría haber simbolizado la muerte de la tiranía de Fernando VII durante el Trienio Liberal.

Aunque también hay quien ha querido ver un paralelismo entre este cuadro y el de la Manola: ambos retratan a una hermosa mujer unida a la muerte.  

Las Pinturas Negras manifiestan una visión fatalista de la España de principios del XIX, sumida todavía en un oscurantismo religioso e irracional. 

Goya actuó como un visionario que se adelantó a su tiempo, como Fuseli o William Blake, planteando soluciones expresivas propias del romanticismo, del impresionismo y del expresionismo; pero también exponiendo con la libertad de un genio los males de su época. 
 








En El Aquelarre o El Gran Cabrón, Goya refleja un conjunto abigarrado de rostros deformados por un dramatismo expresionista: ojos, bocas y frentes se distorsionan por el temor ante la poderosa presencia de un macho cabrío que representaría lo irracional. 

Llama la atención la figura femenina que hay a la derecha, reflexiva y separada de la muchedumbre; podría corresponderse con la presencia aislada de “la razón” ante “la sinrazón”.

Hay un pequeño grupo de Pinturas que comparten este tipo de composición, una abigarrada multitud compuesta por seres grotescos cuyos rostros son una horrible mueca de terror o embriaguez, así La Romería de San Isidro, El Santo Oficio o este Aquelarre. Estos grupos numerosos son tratados por Goya como una unidad orgánica que mira, grita o se asusta a la vez, como si fuese una sola bestia multifacetada.  

Goya, "La Romería de San Isidro"









La romería de San Isidro es como una imagen en negativo de un acontecimiento luminoso y festivo. Un grupo de romeros de toda condición social avanza hacia nosotros en una noche que parece la de difuntos. En la escena destaca en primer plano un grupo de hombres que cantan ebrios con gestos exagerados o de sorpresa.

En todas estas pinturas el artista nos muestra aspectos de un lenguaje pictórico que ha evolucionado considerablemente. No solo huye de cualquier pauta académica sino que dota a su pincelada de una manifiesta libertad. Las miradas espantadas o la distorsión de rostros, gestos y actitudes se han pintado con brochazos enérgicos, visibles a primera vista por los acusados contrastes entre blancos, ocres y negros. Los fondos planos también ayudan a que destaquen todavía más las figuras. 

Goya, "El Santo Oficio"
















El perro semi-hundido es la más moderna de las Pintura Negras. Su tratamiento es tan radical que parece una obra del siglo XX. El reciente descubrimiento de un negativo fotográfico de Laurent nos lleva a pensar que el perro mira a dos pájaros que revolotean más arriba, aunque la imagen no parece del todo concluyente. 

De todos modos, mire a los pájaros, al futuro o a la salvación, la imagen se ha convertido en icónica y en un verdadero emblema del arte y la cultura contemporáneos ya que ha sido comentada en diversas novelas, poemas y cuadros durante todo el siglo XX. El artista Antonio Saura la dedicó un profundo ensayo y realizó a lo largo de toda su vida una serie de obras que tienen como punto de partida este cuadro con la cabeza del perro asomando detrás del montículo: "Desde niño me he sentido fascinado por esta imagen extremosa que, por extraños vericuetos, ha permanecido siempre asociada al recuerdo del patito feo del cuento infantil y a su manifestación de asombro al surgir del redil y contemplar la vastedad del mundo.


El blog MundoArteHistoria nos revela esta contemporaneidad de Goya:
"Desde Munch, con El grito, convertido en un icono social y plástico universal, hasta “los ojos [que] empezaron a desear y a sufrir y las bocas a gritar y a morder” de Antonio Saura, la modernidad artística parece haber seguido la estela de Goya, parece haberlo convertido en el referente más elocuente, a través de pinceladas expresionistas, los empastes y trazos más furibundos de la abstracción, o las aceradas imágenes de esa suerte de nueva figuración que alentó la llamada Escuela de Londres y el nuevo expresionismo alemán. Se trata de una forma de entender y de expresar la realidad más profunda, que arrancó con Goya y que ha generado las magníficas y, a veces aterradoras imágenes del mundo moderno."
La más evidente característica del cuadro es su escuetísima composición formal. Una desmesurada y vertical zona dorada acentúa el contraste con el talud horizontal de color marrón como la tierra. El tercer y último elemento se sitúa en la misma línea que divide ambos espacios inertes, allí  surge esa cabeza mínima y oscura que parece sobrecogida. 

Una vez más Goya consigue que nos centremos en las emociones del protagonista, porque no sabemos si mira, se esconde, se hunde o padece una angustiosa inseguridad. El "gesto humano" del perro  y la resonante simpleza del cuadro lo convierten en una imagen paradigmática. 

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Hay quienes han dado coherencia a las pinturas de la planta baja al hacer notar que recrean el mundo de la noche, cercano a lo infernal. Así se puede apreciar en Saturno, el Gran Cabrón o La Romería de San Isidro. Pero la variedad temática es grande y yo preferiría reunir ahora un pequeño grupo de obras que comparten la representación de escenas costumbristas con personajes individuales: Hombres leyendo, Dos mujeres y un hombre, Un viejo y un fraile y Dos viejos comiendo

En estas pinturas ha desaparecido cualquier amable pintoresquismo para convertirse en un amargo comentario sobre la condición humana. Seres lujuriosos, rasgos bestiales, cabezas que parecen calaveras junto a un alto grado de abstracción formal sobre un fondo siempre negro, nos permiten asomarnos al universo sombrío que rodeaba a Goya. 


Goya, "Dos mujeres y un hombre"

Goya, "Dos viejos comiendo sopa"




Goya, "Dos viejos"



Goya, "Hombres leyendo"


En el cuadro "Hombres leyendo" se interpreta que leen un panfleto político, tal y como se solía hacer en las múltiples tertulias políticas clandestinas que se produjeron en los agitados años del Trienio Liberal.




Duelo a garrotazos presenta una lucha cruel y ciega que sólo acabará con la muerte de uno de los contendientes. El contraste de ese odio mortal con el luminoso paisaje del fondo es tremendo. Sin duda se trata de uno de los más bellos paisajes pintados por Goya merced al tratamiento de la luz y a esa atmósfera tan liviana donde la tragedia parece no tener cabida. Se trata de otras de las imágenes icónicas de Goya repetida e interpretada en muchas ocasiones como el persistente enfrentamiento civil entre españoles. 

Goya, "Las parcas"














En Átropos o Las Parcas, Goya altera la narración clásica de Hesío­do que le sirve de fuente. Explica Hesíodo en la Teogonía el nacimiento de las hijas de la Noche, Cloto, Láquesis y Átropos, que conceden a los mortales la posesión del bien y del mal, persiguen sus delitos y los delitos de los dioses. 

El artista incluye un cuarto personaje, un hombre inerme, conducido por las diosas en un paisaje que recuerda  a algunos de los realizados en Los Caprichos. Este fantástico, a la vez que realista, paisaje nocturno, plateado, contrasta con la luminosidad de Asmodea, una obra ante la que han fracasado todos los intentos de interpretación. 
















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Después de dos siglos las Pinturas Negras no se han agotado y siguen componiendo uno de los corpus pictóricos más sugestivos e inquietantes de la Historia del Arte. Suponen una de las visiones más tenebrosas del ser humano que aquí se asimila a lo grotesco: "Cabe hablar de metamorfosis y deformaciones, comicidad radical, pero también de tragedia y sátira”, como apunta Valeriano Bozal en su magistral tratado.

Son muchas las interpretaciones que se han dado al conjunto. Unas se centran en la ancianidad del pintor para apreciar su preocupación por el paso del tiempo y la muerte. Otras en ese espíritu inquieto que interpreta en clave mitológica y bíblica la sociedad atrasada y las supersticiones de su tiempo. Pero de lo que no cabe duda es que representan el grito desesperado de un alma atormentada en la recta final de su vida. 

martes, 5 de diciembre de 2023

UN AMOR - de Sara Mesa




Esta novela es de las que yo llamo de "coto cerrado". Muy pocos personajes en un entorno bastante "vacío", donde se cuecen en su propio jugo. Esto nos permitirá profundizar en las motivaciones de la protagonista y sus relaciones y reacciones con el entorno.

Natalia es una joven que quiere reorientar su vida. Ha salido de un trabajo aburrido y un ambiente tóxico en la ciudad y busca reiniciarse en una aldeúcha perdida con un nombre ya de por sí metafórico, La Escapa. Pero allí está fuera de lugar. No encaja con sus vecinos... ni tampoco consigo misma. El viaje hacia un nuevo yo no le va a resultar fácil; pero sus fracasos cotidianos y vitales le van a servir para aquilatar la pasta de la que está hecha. 

Nat trabaja de traductora y tiene una obsesión con "los nombres exactos" de las cosas, como si esto le permitiera acotarlas y controlarlas. Pero esto no le ayudará a definir los límites de su propia experiencia que, encima, escapará a su control cuando se lance a un amor retorcido, extraño y casi desesperado con uno de sus vecinos.
"Cada palabra se convierte en enemiga y traducir es lo más parecido a batirse en duelo con una versión previa, y mejor, de su texto. Avanza con tanta lentitud que se desespera. ¿Es el calor, la soledad, la falta de confianza, el miedo? ¿O es simplemente -y debería admitirlo- su ineptitud, su torpeza?"
El lugar donde ha aterrizado es bastante abstracto, como fuera del tiempo. Parece un espacio mental. Todo le es extraño y no logra establecer ningún tipo de lazo con nada. Además sus convecinos son ásperos, desconcertantes, como su tosco y mezquino casero que le lleva a tener un sueño recurrente en el que ella está atada a la cama mientras un hombre penetra en la casa abiertamente y profana su intimidad. Nat es joven y culta en un entorno zafio y hostil... pero ella se propone domesticarlo. Como al perro que le ha regalado su casero. Aunque los indicios le revelan que en ambos asuntos está fracasando. 



Nat cada día está más perdida. Observa alrededor buscando una referencia o una guía, pero nada le infunde confianza. El microcosmos que aparece ante ella le resulta desolador y muy primario. Llega a sentir que todos los animalillos del campo la asedian, mosquitos, salamanquesas, arañas...

La escritura es nerviosa. Con trazos rápidos. Como una mirada que recorre nerviosa un panorama sin asideros. El entorno es mínimo pero palpitante. En su mismo centro late una pulsión descontrolada y desconcertante. Apenas tres personajes más redondean el conjunto de la novela. Píter, El Inglés, un cuarentón melenudo que suele intentar ayudarla pero lo primero que hace es hacerla desconfiar del casero y luego, subrepticiamente, va minando su confianza en sí misma. Lo que hoy en día se conoce como micromachismo. También hay un matrimonio que viene a su segunda residencia para pasar los fines de semana. Acogerán a Nat con aparente normalidad, pero arrastran los resabios de la ciudad y en el fondo late una incomprensión mutua.

Finalmente está Andreas, conocido como el Alemán; un tipo hosco como un jabalí desconfiado que vive retirado de todo y de todos, dedicado a cultivar su huerta. Ese territorio cuenta con su propio superego, el monte El Glauco. Una presencia regia en el paisaje, oprimente y confusa: "No se puede escapar del monte" le llega a decir Píter. Siempre te vigila, siempre está ahí. 









La historia de Nat toma un nuevo e insólito derrotero cuando acepta una extraña relación con el huraño Andreas: "Puedo arreglarte el tejado a cambio de que me dejes entrar en ti un rato", le propone un día.
Oh.
A la negativa inicial le sigue una aceptación en la que ambos, como animalillos heridos, se refugian con furia y resignación. Esta es la parte magra de la novela y en ella bullen sentimientos encontrados que van desde un deseo femenino oscuro y casi irracional hasta una sensación de culpa reflejo de un abuso que sufrió de niña. Su relación pasa por todas las fases habituales; primero sexo furioso y placentero, pero luego esa relación febril se institucionaliza: "se acabó la urgencia, ahora cenan primero y luego se acuestan". Nat descubre que ha dado muchas cosas por sentadas con Andreas. Al comienzo ella decidía pero pronto pasa a depender de él. Poco a poco se va abriendo un abismo entre ellos. 
"En realidad, suena grotesco, torpe, inculto, tal como le parecía al principio, cuando lo miraba de lejos y solo era un pedazo del paisaje, nada más. El alemán, un hombre cualquiera, como cualquier otro. y ella, piensa, se había empeñado en traducirlo, en llevarlo a su terreno. Qué absurda pretensión, se dice. Si no fuese ridículo, sería hasta divertido."
La novela lleva a cabo una investigación profunda y turbadora de la psique femenina y las revelaciones a las que llega son perturbadoramente contradictorias.

Además, en este punto, yo me pregunto si La Escapa representa al mundo y ese grupito de personas a la sociedad. Es innegable que la obra se sumerge en una psicología femenina en construcción; pero también que delata un microcosmos con muchas aristas. "Un mundo lejano, incomprensible y doloroso" llega a reflexionar Nat. Un mundo de reglas, deseos y pulsiones que amenaza con convertirla en un chivo expiatorio.  
"Está en sus manos, se repite Nat, o el uno en las manos del otro, con la posibilidad de vender y comprar el perdón, la defensa y el restablecimiento del honor. Él ostenta el poder de la víctima y quizá gracias a que ese privilegio es el único capaz de interceder por ella. Pero, para lograrlo, Nat deberá expiar su culpa, entregar algo a cambio. Se regodea unos instantes en la idea, ¿por qué no? ¿No fue así como empezó su historia con Andreas, intercambiando bienes? Es evidente que el vecino la desea."









Y ahora toca ir a ver la película de Isabel Coixet basada en esta historia.
Las dos imágenes que aparecen con la actriz Laia Costa pertenecen a la película.

lunes, 4 de diciembre de 2023

LA VIDA DE LOS DEMÁS - Mohammad Rasoulof

Irán, 2020


El mal no existe (There Is No Evil), es el título original de una película decidida a demostrar que lo creamos nosotros.

La cinta está compuesta por cuatro historias que son variaciones sobre un mismo tema: el protagonista es obligado a ejercer de verdugo mientras está haciendo el servicio militar, que es obligatorio en Irán. A través de este tema común se nos muestra un Irán actual y cotidiano donde hasta en los pequeños detalles aflora el clima de represión, falta de libertad y control social que deshumaniza todo lo que toca. 

A pesar de constar de cuatro episodios independientes, la película no adolece de la desconexión narrativa que suele afectar a este tipo de cintas. El hilo argumental que las une es suficientemente poderoso para mantenernos centrados en el camino que comparten, cómo afrontan la orden de matar y qué consecuencias tiene para ellos. 

Hay una imagen que resume para mí toda la película y transcurre en el segundo episodio. Los pobres soldados que han sido designados para llevar a cabo las ejecuciones sumarias esperan su turno hacinados en una habitación con literas. Al que le toca esa noche está vomitando y no logra dormir. Cuando llega la hora le conducen hasta la celda del reo y los guardias le indican que debe esposarse a él, para llevarlo hasta la sala donde está preparada la horca. 
Ese plano, con el verdugo y el reo unidos por las esposas camino del cadalso, resulta definitorio del asunto de la película. Los dos, realmente, son prisioneros de un sistema cruel y dictatorial.

















Cada episodio tiene una alcance y una narrativa diferente, pero hay que decir que están magníficamente planteados y rodados. El primero es un modelo de planteamiento narrativo que culmina en un desenlace atroz; mientras que el segundo, después de un debate meridianamente claro entre los personajes apunta a thriller; huir de la cárcel y de la ignominia. El tercero es menos directo que los dos primeros, pero más dramático y sutil. Mientras que en el cuarto se abre el foco del conflicto perdiendo el mensaje contundencia. 

El primero exhibe una capacidad de impacto tan brutal que nos hará recordarlo durante días. Plantea la paradoja de la banalidad del mal acuñada por Hannah Arendt exponiendo con toda su crudeza el debate moral de fondo: ¿es posible matar a otras personas y llevar un vida normal con familia e hijos? Sin duda es el que más fuerza atesora, quizás por tener su origen en una experiencia propia del director y guionista:
“El año pasado, vi a uno de mis interrogadores saliendo del banco mientras cruzaba una calle de Teherán. De repente, experimenté una sensación indescriptible. Sin que se diera cuenta, lo seguí durante un rato. Después de diez años, había envejecido un poco. Quería tomar una foto de él con mi móvil, quería correr hacia él, revelarme contra él y, enojado gritarle todas mis preguntas. Pero cuando lo miré de cerca y observé sus gestos con mis propios ojos, no pude ver un monstruo malvado”, explica el director. Y añade: “Impulsado por experiencias tan personales, quise contar historias que preguntaran: como ciudadanos responsables, ¿tenemos otra opción para hacer cumplir las órdenes inhumanas de los déspotas?”.
En el segundo episodio la prisión moral de quienes matan legitimados por la ley y el estado se convierte en una prisión física de la que el condenado a verdugo ansía huir. La conversación entre ellos revela la trampa urdida por el estado.
-Alguien ha cometido un delito y lo han condenado a muerte. Quitarle la vida no es decisión tuya. A ver si lo entiendes de una vez.
-¿Por qué tengo que ejecutarlo yo?
-Sigue sin poder entenderlo.
...
-Y ¿por qué te has alistado en el ejército entonces?
-Tendrías que haberte ido del país.
-A dónde quieres que vaya sin pasaporte. ¿Qué puedes hacer sin pasar por la mili? No tienes derecho a pedir el pasaporte si no te han dado el certificado. ¿Puedes sacarte el carnet de conducir sin haber hecho el servicio? ¿Apuntarte a la bolsa de trabajo? ¿Sacarte una simple licencia de comercio? ¿Contratar un seguro de familia?.





El tercero es el que tiene un desarrollo más dramático. Es la caída del caballo de un joven dispuesto a matar con tal de seguir su vida, pero las vueltas que da la vida y su novia le enseñarán que no se trata de un peaje cualquiera. Este episodio es el que más me gusta. Es el más reflexivo y sutil, aunque tenga un sesgo melodramático. El soldado no es consciente (o no quiere serlo) de las consecuencias de sus actos hasta que las circunstancias lo sitúan frente a ellas. 
㆒Sirim este sitio es maravilloso, ¿por qué decidiste renunciar a todo, a tu vida, a tu carrera profesional, para volver aquí?
Alguna vez alguien te ha obligado a hacer algo que no deberías hacer?
Sí, en el servicio militar. Desde lavar los platos a lavar los baños hasta marchar y hacer guardias a cualquier hora. Allí todo es forzado. Todo.
㆒Y por qué lo haces?
㆒Si no lo hago el servicio militar será más largo. No puedes hacer nada hasta acabarlo. No puedes trabajar, ganar dinero o salir del país. Después de todo es obligatorio por ley.
㆒¿Quién decide lo que es ley?
㆒No sé qué decir. Alguien con más poder que nosotros.
㆒Si alguna de estas leyes son forzosas ¿Por qué no puedes negarte?
Podría negarme si quisiera. Son 2 años; lo aguantaré como pueda y dejaré de estar en deuda. Incluso si quisiera no tendría el poder.
-Tu poder está en decir NO.
-Si decidimos decir no destrozarán nuestras vidas.
La película ciertamente es amarga. En un sistema represivo elegir claudicar o disentir siempre tiene un coste que se acaba pagando. 


A pesar de los 150 minutos de metraje la película se sigue con interés debido al ingenio del guionista y director, así como a una narración muy sólida y fluida en la que no abundan los tiempos muertos. 

Hacer cine en el Irán de los ayatolás es una heroicidad y más cuando el director tenía prohibido hacer películas y estaba pendiente de entrar en la cárcel. Burló la prohibición pidiendo permisos para rodar cortos en distintos sitios y con distintos nombres, lo que le llevó a componer  este cuadro compuesto de partes. A pesar de estas precarias condiciones la película luce espléndida. La puesta en escena está muy cuidada e incluso cuenta con una magnífica fotografía, debida a Ashkan Ashkani.

Me interesa mucho la conjunción que se da entre crítica social al sistema y crítica al individuo. Ante el poder injusto ¿te pliegas, te escondes, te revelas o convives? ¿Puedes mirar para otro lado mientras "retiras el taburete" a algún reo?




El cineasta iraní Mohammad Rasoulof  fue arrestado por primera vez en 2010 —al mismo tiempo que Jafar Panahi— acusado de rodar sin permiso y, tras ser hallado culpable de “diseminar propaganda contra el Estado” a través de sus películas. Fue condenado a seis años de cárcel y la prohibición de hacer cine durante dos décadas. La pena fue posteriormente reducida a un solo año de prisión, y actualmente sigue pendiente de hacerse efectiva. En 2019, la Justicia iraní volvió a declararlo culpable de cargos similares y lo sentenció a un año más entre rejas, y lo mismo sucedió otra vez en 2020.
En el momento de presentar su película en 2020, Rasoulof tenía pendientes de ejecución dos sentencias de prisión y prohibida la salida del país.

martes, 28 de noviembre de 2023

EL PESCADOR - de John Langan


Esta historia de pescadores de montaña chorrea un agua oscura y mefítica por los cuatro costados. Muertos que se ponen en pie con la textura de los peces, casas que esconden océanos de pesadilla en sus entrañas, magia negra y un Leviatán colosal capaz de distorsionar tiempo y espacio. La historia gira alrededor de pactos malignos en busca de redención, leyendas que perviven desde tiempos remotos y una figura misteriosa y temible conocida como El Pescador.

Abe y Dan son dos amigos que están pasando el duelo de haber perdido a sus esposas, el primero por cáncer y el segundo en un accidente automovilístico. La tragedia les ha convertido en pescadores aficionados en busca del lugar más recóndito donde perderse y pescar. Pero cuando llegan al "arroyo del Holandés", en las lejanas montañas Catskill, se topan con la leyenda de El Pescador, una figura legendaria que proviene de la época de los antiguos colonos procedentes de Hungría y Alemania. 

Desde su mismo comienzo la novela nos remite a Moby Dick: "No me llaméis Abraham: llamadme Abe". Con ese espíritu el autor nos lanza a la aventura ౼no de la caza del monstruo blanco౼ sino de un ominoso mundo escondido en las entrañas de las montañas Catskill donde habitan monstruos marinos y océanos tenebrosos que nos recuerdan a las pesadillas de Lovecraft. 

Los dos compañeros acuden a aquellos parajes empujados por la desesperación ౼Abe jura que a diario escucha la voz de su difunta esposa౼ y agarrados al atisbo de un endemoniado consuelo, la posibilidad de recuperar a sus esposas muertas.

Traugott Schiess, Paisaje de montaña


La novela se articula en tres partes.
La primera se centra en la tragedia que asalta a Abe y Dan y cómo su duelo los empuja a lugares cada vez más remotos donde pescar. Ocupa el primer cuarto de la novela y resulta un poco lenta al estar centrada en el drama emocional de estos dos hombres; pero finalmente se aprecia como necesaria para entender su posterior resolución ciega. 
La segunda constituye la almendra de la narración y tiene la forma de un cuento de terror incrustado dentro de la novela: La leyenda de El Pescador es referida a los dos protagonistas por el dueño del último restaurante que encuentran por aquellos aquellos lares. Una leyenda que acompañó a los antiguos colonos desde Hamburgo, a donde llegó un joven también desesperado por la pérdida injusta de su esposa. Decidido a traspasar cualquier frontera con tal de recuperarla encontró la clave en un libro esotérico que le proporcionó un experto en alquimia: Las palabras secretas de Osiris.
A finales del siglo quince, los húngaros libraron una guerra con los turcos para expulsarlos del país. El joven y su familia quedaron retenidos dentro de las fronteras. Su esposa era turca, la hija de un mercader que había seguido al ejército otomano hasta Buda. El joven pensó que, si no llamaban la atención de nadie, los dejarían en paz a él y a su familia. Estaba equivocado. Khunrath desconocía las circunstancias exactas, solo sabía que la mujer y los hijos de este hombre fueron pasados a cuchillo por los soldados húngaros. Los húsares apuñalaron asimismo al joven, pero él sobrevivió. Después de enterrar a los suyos, huyó al oeste, a Viena. De Viena pasó al norte, primero a Praga, luego siguió Elba arriba atravesando Dresde, Magdeburgo y Wittenberg, hasta alcanzar Hamburgo. En cada ciudad que iba jalonando en su ruta, y en algunas otras que dejaba atrás, no dejaba de buscar a hombres como Khunrath.
—Magos —dice Italo.
—Eruditos —corrige Rainer— con intereses comunes.
—¿Por qué se hacía llamar el Pescador? —pregunta Jacob.
—Sí, ¿por qué? —intervienen Angelo y Andrea al unísono.
Rainer arruga el entrecejo. No le gusta adelantar acontecimientos. Al cabo, dice:
—Porque el hombre quiere pescar uno de los Grandes Poderes.
—¿Qué Gran Poder? —tercia Italo—. ¿Te refieres a un demonio?
—No —aclara Rainer—. Es algo más. Los antiguos egipcios lo definían como una gran serpiente con cabeza de pedernal, una hija de las tinieblas y el caos. —Al percatarse de las miradas que le sueltan los demás, Rainer suspira y añade—: Es lo que en la Biblia se conoce como el Leviatán.
Este relato oral será la inspiración definitiva que buscaban Abe y Dan para lanzarse de cabeza, en la tercera parte, a un viaje más allá de los límites de la realidad. Allí vivirán en sus propias carnes la obsesión de ese nuevo capitán Ahab que, en las entrañas de las montañas Castskill, se enfrenta eternamente a un gigantesco monstruo marino en un océano negro y devastador. Ver adentrarse a los dos viudos en un territorio donde presente y pasado colisionan resulta de lo más siniestro.

El estrecho de Puget en el Pacífico (detalle), Albert Bierstadt, 1870.




A través de una antigua mansión nuestros dos protagonistas accederán a un mundo de pesadilla impulsados por una obsesión alimentada por la culpa, recuperar a sus mujeres. ¿No estarías dispuesto a cualquier cosa para conseguirlo? El relato de El Pescador es el clavo ardiendo al que ambos se agarran y que ejerce de catalizador.

Efectivamente después de morir su mujer, Abe se levantó un día pensando "necesito ir a pescar"... Y eso le salvó del alcohol y la depresión. Ese pensamiento le ayudó a perfilar su destino e incluso le hizo pensar en una especie de predestinación; como si su mujer, desde el más allá, le hubiese empujado a la pesca. 
"Con cada año que pasaba, no dejaba de pensar si no sería que Marie no había abandonado este mundo, sino que más bien se había adentrado más en él. Al estar rodeada de tierra, acaso había penetrado en ella, en el suelo, en el agua, hasta haber acabado formando parte de estos elementos. Tal vez había encontrado la manera de llevarme otra vez a su lado."
También Dan logró rescatar de su memoria la referencia al arroyo de El Holandés que descubrió en el diario de pesca de su abuelo. Allí había una nota que decía, "Vi a Eva", su mujer muerta ocho años atrás... Remontar el arroyo corriente arriba hasta traspasar las fronteras de la realidad se convierte entonces para ambos en una imperiosa necesidad. 

El autor consigue una novela de poderosa evocación a través de dos métodos. Por un lado inocula al relato la vieja sangre de lo legendario colocando en su mismo centro una leyenda cuyos ecos vienen rebotando desde siglos remotos. A Dan y Abe se lo cuenta Howard, el tabernero, que había conocido la historia por el reverendo Mapple, al que le habían llegado noticias entrecortadas que logró aclarar con la confesión de la anciana Lottie Schmidt. Ella es quien le refiere la llegada, a La Estación de tramperos y comerciantes en que vivía, de un misterioso hombre de negro en un tílbury cuyas ruedas lucían "unos símbolos a modo de jeroglíficos".



Por otro lado el relato se ancla en una realidad muy física. Las montañas, los riachuelos y los bosques despliegan una poderosa presencia, lo que no evita que en lo más profundo de ellos se desdibuje la frontera entre realidad y pesadilla. Langan ha logrado crear una ambientación ominosa contando con la naturaleza como fuerza malévola.

El libro cuenta con un buen puñado de escenas terroríficas. Por ejemplo la primera vez que quedan los dos amigos y el narrador tiene un sueño en el que "pesca" a su mujer, en un río muy profundo. Es una escena onírica realmente espeluznante. O el asalto de Hellen, regresada de entre los muertos, a la joven Lottie. O la entrada de los tres colonos en la mansión Dort cuando sospechan que se ha convertido en otra cosa: el camino de acceso se defiende de los intrusos con árboles fantasmagóricos y muros de agua negra que los hace sentirse como en un túnel amenazante o "como Moisés atravesando al Mar Rojo", tal como dice uno de ellos. Por supuesto la visión de El Pescador batallando implacablemente contra el Leviatán para forzar el tiempo y el espacio resulta sobrecogedora. Por cierto, lo mismo que la última imagen con la que el narrador cierra el libro.



La narración está impregnada de una sensación de peligro inminente. Desde un determinado momento los pescadores se encuentran en un territorio donde el mal campa a sus anchas. El estilo del narrador denota constantemente que todavía le aterroriza rememorar los hechos que vivió; a veces se adelanta y luego se arrepiente, generando expectativas sobre la maldad que se avecina. Es habitual que se dirija al lector: "Os podríais estar preguntando por qué miraba tanto esa pintura si no entendía nada, y haríais bien". 

Finalmente señalar que la obra tiene un gran poso emocional. A Dan y Abe les guía el dolor. La tragedia sufrida les empuja a creer que hay algo más en esta vida y el oscuro océano del Leviatán está acechando debajo de todo. Dan incluso se plantea que la realidad no es más que una máscara que nos interroga sobre lo que esconde detrás. 
Últimamente tengo unos pensamientos de lo más extraños. Te lo juro. Cuando miro las cosas, cuando miro a las personas, me digo para mis adentros: «Nada de esto es real. Todo no es más que una máscara». Como esas máscaras de papel maché que hicimos para una de las obras de teatro del colegio cuando era niño. ¿Qué obra era? Debió de ser Alicia en el país de las maravillas, pero no me acuerdo. Ojalá pudiera acordarme de esa obra. Ojalá pudiera. Todo es una máscara, Abe, y la pregunta del millón es: «¿Qué hay debajo de la máscara?». Si pudiera romperla, si pudiera cerrar el puño y hacerle un agujero —Dan soltó un puñetazo en la mesa, haciendo tembletear los platos—, ¿qué me encontraría? ¿Solo carne? ¿O hallaría algo más?
(...)
Tal vez quien sea, o lo que sea, que esté dirigiendo la obra no es tan bueno. Puede que sea un malvado, o un loco, o que esté aburrido, o que no ponga ningún interés en el asunto. Acaso todos seamos un completo error, un error absoluto, y si miráramos lo que hay detrás de la máscara, aquello que veríamos nos destruiría. ¿Te has sentido así alguna vez?








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John Langan es autor de dos novelas, The Fisherman y House of Windows, y de tres colecciones de cuentos, Sefira and Other Betrayals, The Wide, Carnivorous Sky and Other Monstrous Geographies, y Mr. Gaunt and Other Uneasy Encounters.
Con El Pescador (The Fisherman) ganó los premios Bram Stoker (en 2016) y This Is Horror. Con Paul Tremblay, Langan coeditó Creatures: Thirty Years of Monsters. También es uno de los fundadores de los Premios Shirley Jackson, para los cuales se desempeñó como jurado durante sus primeros tres años. Actualmente, hace reseñas de terror y fantasía oscura para la revista Locus. En 2020, Word Horde Press publicó su cuarta colección, Children of the Fang and Other Genealogies.
John Langan vive en Hudson Valley en Nueva York con su esposa, su hijo menor y muchos animales. Tiene un cinturón negro de primer grado en el arte marcial coreano de Tang Soo Do.
Las inquietas editrices de La Biblioteca de Carfax prometen más John Langan para 2024, su antología de relatos «Corpsemouth and other autobiographies»

miércoles, 22 de noviembre de 2023

ARTISTAS POR UN ALTO EL FUEGO







Hace pocos días una enorme lista de centenares de artistas internacionales han firmado una carta en la que piden al presidente Biden un alto el fuego en la guerra entre Israel y Hamás. Entre l@s firmantes están Susan Sarandon, Jennifer Lopez, Ben Affleck, Joaquin Phoenix, Gigi Hadid, America Ferrera, Alfonso Cuarón, Jessica Chastain, Alyssa Milano, Kirsten Dunst, Rosario Dawson, Tom Hardy, Kristen Stewart, Sandra Oh, Milla Jovovich, Lupita Nyong’o, Annie Lennox, Channing Tatum, Mark Ruffalo. Roney Mara, Florence Pough, Ewan McGregor, Dua Lipa, Bradley Cooper, Mahershala Ali, Michael Shannon, Omar Sy, Oscar Isaac, Peter Gabriel y Nelie Furtado entre otros muchos.

Lamentablemente pedir humanidad y que se honre la vida y no la muerte o la venganza 
está siendo castigado. Por firmar esta carta, Susan Sarandon ha sido expulsada de su agencia de representación y Melissa Barrera ya no protagonizará la próxima entrega de "Scream".

La ceguera ante los horrores de la guerra y la sed de sangre recorre el mundo y yo quiero reproducir y apoyar esta carta que no sólo ha de dirigirse al presidente de EEUU sino a líderes de todo el mundo que por activa o por pasiva están apoyando este auténtico GENOCIDIO.

El ataque del grupo terrorista Hamás el pasado día 7 de Octubre fue despiadado y brutal, el gobierno de Israel con su respuesta sangrienta y desproporcionada (ya han muerto más de 14.000 palestinos, incluyendo a más de 5.000 niños) se ha rebajado a su miserable altura.



❧☙





Estimado presidente Biden,


Nos reunimos como artistas y defensores, pero sobre todo como seres humanos que presenciamos la devastadora pérdida de vidas y los horrores que se desarrollan en Israel y Palestina.

Pedimos que, como Presidente de los Estados Unidos, usted y el Congreso de los Estados Unidos pidan una reducción inmediata de las tensiones y un alto el fuego en Gaza e Israel antes de que se pierda otra vida. Más de 5.000 personas han sido asesinadas en la última semana y media, una cifra que cualquier persona con conciencia sabe que es catastrófica. Creemos que toda vida es sagrada, sin importar la fe o el origen étnico, y condenamos el asesinato de civiles palestinos e israelíes.

Instamos a su administración, al Congreso y a todos los líderes mundiales a honrar todas las vidas en Tierra Santa y pedir y facilitar un alto el fuego sin demora: el fin del bombardeo de Gaza y la liberación segura de los rehenes. La mitad de los dos millones de residentes de Gaza son niños, y más de dos tercios son refugiados y sus descendientes se ven obligados a huir de sus hogares. Se debe permitir que la ayuda humanitaria llegue hasta ellos.

Creemos que Estados Unidos puede desempeñar un papel diplomático vital para poner fin al sufrimiento y estamos sumando nuestras voces a las del Congreso de los Estados Unidos, UNICEF, Médicos sin Fronteras, el Comité Internacional de la Cruz Roja y muchos otros. Salvar vidas es un imperativo moral. Para hacer eco de UNICEF, “deben prevalecer la compasión y el derecho internacional”.

En el momento de escribir este artículo, se han lanzado más de 6.000 bombas sobre Gaza en los últimos 12 días, lo que ha provocado la muerte de un niño cada 15 minutos.


"Los niños y las familias de Gaza prácticamente se han quedado sin alimentos, agua, electricidad, medicinas y acceso seguro a los hospitales, tras días de ataques aéreos y cortes en todas las rutas de suministro. La única central eléctrica de Gaza se quedó sin combustible el miércoles por la tarde, cortando el suministro eléctrico. , agua y tratamiento de aguas residuales. La mayoría de los residentes ya no pueden obtener agua potable de los proveedores de servicios o agua doméstica a través de tuberías... La situación humanitaria ha alcanzado niveles letales y, sin embargo, todos los informes apuntan a nuevos ataques. La compasión (y el derecho internacional) deben ser prevalecer." – James Elder, portavoz de UNICEF



Más allá de nuestro dolor y luto por todas las personas allí y sus seres queridos en todo el mundo, nos motiva una voluntad inquebrantable de defender nuestra humanidad común. Defendemos la libertad, la justicia, la dignidad y la paz para todas las personas, y un profundo deseo de detener más derramamiento de sangre.

Nos negamos a contarles a las generaciones futuras la historia de nuestro silencio, de que nos quedamos al margen y no hicimos nada. Como dijo a Noticias ONU el Jefe de Ayuda de Emergencia, Martin Griffiths, “la historia está observando”.