sábado, 1 de noviembre de 2025

LA POESÍA DE ATENCIA - según Sharon Keefe Uglade



LA POESÍA DE MARÍA VICTORIA ATENCIA O CÓMO CONTENER EL VUELO DE LA GENTIL OROPÉNDOLA 

Sharon Keefe Uglade
SOUTHWEST TEXAS STATE UNIVERSITY


Detengamos la sombra del sol en sus relojes, 
las aguas en sus ríos. Y por sólo este día 
que contenga su vuelo la gentil oropéndola.¹ 
María Victoria Atencia

EL VALOR TRANSCENDIDO

        Al hablar de la poesía de María Victoria Atencia es inevitable abordar el tema de la transcendencia, como pone en evidencia esta declaración de la autora sobre su propia poética: «Quizás la poesía no sea más que un modo de substitución por correspondencias personalmente halladas y de las que se espera una mayor luz hacia dentro y hacia afuera; de las que se espera un valor transcendido»². Según asevera Atencia en la misma poética, lo circunstancial, lo ocasional, lo coyuntural son una mutilación «de las infinitas posibilidades que el poema ofrece, de todas las infinitas posibilidades de un sueño»³. Traspasar la frontera del mundo sin límites de los sueños, de la imaginación, y de la creación posibilita la revelación de las últimas esencias de la realidad, pero llegar a ese «otro mundo» requiere un estado de total disponibilidad. La poeta-hablante de los textos atencianos se entrega a la espera, intensificada en las solitarias horas nocturnas.
        Entre los textos de Atencia que inducen a meditar sobre el proceso poético figura el siguiente titulado «La llave»⁴:

Me despoja de mí el silencio en las torres
que una llave de piedra o de plata me abren,
y a las veras del agua se desnuda de aljófar
y nácar la nostalgia. Deja escurrir el mirto
una gota de aroma que sacude a la alberca.
Puedo ungirme las yemas para dar luz a un ciego.
Discurro con la noche. Los cipreses se alzan.
Soy el vacío ya. Ni una voz me sostiene.

        El poema expresa que tanto la contemplación de objetos de arte, sugerida al nombrar sustancias naturales elaboradas por los escultores y los plateros («piedra» y «plata»), como la intensificación de los sentidos («aroma del mirto») sirven como llave de la disponibilidad poética. El título formula un concepto de la poesía como llave del espacio infinito de la imaginación. El poema describe el proceso de la espera y en el último verso el estado logrado de disponibilidad creativa: «Soy el vacío ya». 

        Además, el texto expresa el anhelo de alcanzar la esencia del pasado -la nostalgia desnuda de anécdota- y de transcender el fluir del tiempo y con ello la amenaza de la muerte. En el penúltimo verso la declaración «Los cipreses se alzan» hace presente la muerte pero simultáneamente, por el gesto del alzamiento, la transcendencia. En la obra de Atencia el estremecimiento del vuelo anuncia la anulación de la temporalidad. La palabra poética lograda detiene el fluir del tiempo confundiendo el pasado y el presente y transformando la memoria en texto. Para la poeta la poesía es también la llave de la epifanía de la belleza y de la plenitud de descubrir las esencias ocultas de la realidad. Contener el vuelo de la gentil oropéndola es una declaración metafórica de la poética atenciana: magnificar la belleza, parar el transcurrir de la vida, y traspasar los límites de este mundo. 



EL MUNDO REAL Y EL MUNDO POÉTICO 

        Antes de analizar un aspecto específico del discurso poético atenciano, el écfrasis, que se enlaza tanto con la visión «más allá donde las tablas vigentes de aquí no sirven» como con la manera original de expresar esa visión, es conveniente señalar otro aspecto general de su poesía. Aparte de la transcendencia es importante tener en cuenta lo que Pedro Salinas llama «mundo real y mundo poético» y Roberto Juarroz denomina «poesía y realidad». En el caso de nuestra autora se podría hablar con mayor precisión de la relación entre el mundo imaginario y el mundo cotidiano. 

        Hay en la obra atenciana algún reflejo de la depuración de la realidad que para Salinas ejemplifica Garcilaso y de la estetización que caracteriza a Góngora. Pero, en términos generales, la presencia del mundo real en la poesía de Atencia se asemeja más plenamente a la que Salinas propone como característica de las primeras décadas del siglo XX. Desde la perspectiva de los años 1930, el poeta de la generación del 27 observa como la realidad impone cada vez más su presencia en el texto poético: «He aquí por qué me parece que podemos afirmar que las relaciones entre mundo poético y mundo real son hoy más dramáticas que nunca lo fueron. La realidad maravillosa, múltiple, cargada de elementos poéticos se yergue e intenta colocarse, colocar su mundo real en ese espacio en que los poetas labraron siempre otro mundo, el mundo suyo, el poético»

        Con la ventaja del transcurso de unos sesenta años, las palabras siguientes de Juarroz refinan la formulación de Salinas: «La poesía es una mística de la realidad... El poeta mediante el verbo no expresa la realidad sino que participa de ella... El poeta es un cultivador de grietas. Fracturar la realidad aparente o esperar que se agriete, para captar lo que está más allá del simulacro». La poesía de María Victoria Atencia nos permite precisar aún más la relación poesía/realidad afirmando que la poeta es Receptora de la realidad, cuya presencia la punza invitándola a indagar su esencia en el poema.



Estos son los primeros párrafos del ensayo de Sharon Keefe Uglade,  de la Universidad Southwest de Texas, experta en la poesía de M. V. Atencia. El artículo completo está incluido en las Actas XIII Congreso AIH (Tomo II) y está publicado aquí, en la web del Instituto Cervantes.






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1.- María Victoria Atencia, El mundo de M. V., Madrid: ínsula, 1978, pág. 15. 
2.- María Victoria Atencia, «Poética», Nave de piedra, Málaga: Col. Tediria I. B. Sierra Bermeja, 1990, pág. 7. 
3.-  Ibid., pág. 8. 
4.- María Victoria Atencia, Paulina o el libro de las aguas, Madrid: Trieste, 1984, pág. 34.
5.- Pedro Salinas, Mundo real y mundo poético y dos entrevistas olvidadas. 1930-1933, Valencia: Pre-textos, 1996, pág. 34. 
6.- Ibid
7.- Roberto Juarroz, Poesía y realidad, Valencia: Pre-textos, 1992.
8.- Salinas, op. cit., pág. 72. 
9.- Juarroz, op. cit., págs. 21 y 24

miércoles, 29 de octubre de 2025

FRANKENSTEIN - de Guillermo del Toro


Víctor Frankenstein logró insuflar vida a su monstruo, pero Guillermo del Toro no ha logrado insuflársela a su película. Y es una lástima porque la cinta es un exceso tan deslumbrante como malogrado. La escenografía, la música, los planos son excelsos pero la trama y el conflicto de los personajes no tienen consistencia y se acaban descomponiendo como un monstruo de arena.

Del Toro quiere darle la vuelta al mito; centrarlo en la criatura a la que presenta de un forma realista y atormentada. Aquí el monstruo ya no es el ser recompuesto sino su creador, alguien que juega a ser dios sin objeto alguno. De hecho cuando el doctor Frankenstein (Oscar Isaac) se encuentra por primera vez con su criatura mirándole de frente, reconoce que no sabe qué hacer con él...y parece que el guionista y director tampoco. Hasta hay un tramo en que el ser quiere convencer a su creador para que le produzca una compañera; pero el capítulo se acaba como una calle sin salida. Por otro lado el hecho de vencer a la muerte -dando vida a un cuerpo hecho de pedazos muertos- hace derivar a la criatura hacia una inmortalidad que nadie entiende. Sus heridas sanan solas, no se ahoga, no puede morir. Tampoco la criatura lo entiende y persigue a su creador hasta el mismísimo polo norte para que le restituya el don de morir.



La película tiene dos partes, una primera narrada desde el punto de vista de Víctor Frankenstein y una segunda desde el punto de vista de la criatura. La primera da vueltas y vueltas sin fijar el tiro. Este moderno Prometeo parece un simple joven rebelde que quiere superar los logros de su padre cirujano. Viktor Frankenstein habla y grita, se desespera y conoce al rico benefactor (Christoph Waltz) que financiará su experimento; pero el centro de la película no está en la maldición del titán que robó el fuego de los dioses, el conocimiento. En esta parte todo es muy farragoso y lleno de diálogos que no añaden nada.

En la segunda parte está lo mejor de la película, con el foco puesto en una criatura que ha sido arrojada al mundo sin saber por qué, ni quién es o cual es su objeto. Ese es el corazón que busca Del Toro aunque su pálpito es muy tenue. Por los diarios de Mary Shelley -autora de la novela Frankenstein- sabemos que mientras ella escribía su esposo, el poeta Percy Bysshe Shelley, le leía fragmentos de El Paraíso Perdido de John Milton. Por eso no nos extraña que los personajes de su novela guarden paralelismos con los del poema épico de Milton: un Dios creador todopoderoso; un ángel caído que pretende usurpar a Dios (aquí Víctor sueña con la escultura de un ángel que cobra vida y le guía en su propósito), y Adán, una creación abandonada por su creador en un mundo que no comprende. 
 


De ahí que los minutos en que la criatura se refugia en una granja y convive con un anciano ciego (David Bradley) que le enseña a leer y a orientarse en este valle de lágrimas son los más genuinos. Allí aprende a leer con el poema de Ozimandias y El Paraíso Perdido de Milton. Es entonces cuando el anciano aprovecha para comentarle que en el poema es el hombre el que hace preguntas a Dios; pero que también puede ser que Dios haya puesto al hombre en este mundo porque también él tiene preguntas que espera que le respondamos.

El problema de la película es que el dramatismo y el tono aventurero del Preámbulo, con los protagonistas varados en el polo norte, no vuelve a aparecer y la profundidad filosófica que se pretende infundir al personaje no se ha logrado. Falta emoción. Del Toro intenta insuflar poesía y compasión por un ser desamparado, sometido al miedo, a la soledad y al frío; pero no consigue establecer una conexión emocional. Tampoco con la introducción de una chica (Mia Goth) que se enamora de la inocencia del monstruo. Comparada con la intensidad emocional que destila esa maravilla que es La forma del agua, la distancia es enorme.




En cambio visualmente Del Toro nos deslumbra. Es su mundo y nos lo muestra con todo lujo de detalles. La imaginería gótica que desfila por la pantalla es asombrosa. La película está llena de escenarios fastuosos como el barco en el hielo, el torreón que alberga su sala de disección en el borde del acantilado, estatuas, relieves, casquería fina y todo un atrezo diseñado con mimo. 



También el preámbulo es impactante. Nos sitúa en 1857, en un barco encallado entre los hielos cercanos al polo norte. De pronto una explosión lleva a los soldados hasta un pequeño campamento donde encuentran a un hombre moribundo, el barón Víctor Frankenstein. Cuando le están asistiendo se oye un potente rugido y en el horizonte aparece una figura gigantesca. Es el monstruo que viene a atormentar a su creador. Los soldados le disparan pero no logran matarlo. Finalmente rescatan al barón y hunden al monstruo bajo el hielo. Todo este preámbulo está rodado con un dramatismo que no tiene el resto de la película.



He salido de la sala haciendo un cálculo. La película dura 240 minutos que divididos entre 40 minutos nos dan 6 episodios que Netflix -la productora- podrá programar en pocas semanas. Ese es otro problema de la película. Es muy prolija y el ritmo sufre excesivos altibajos. Parece ser que cada vez se hacen menos películas para el cine, de 90 minutos, con una tensión mantenida y una historia consistente cuyas peripecias y diálogos ha pulido un puñado de guionistas abnegados. Siempre hemos sabido que el cine era un negocio; pero creo que ahora, en demasiadas ocasiones, es un producto que encargan unos creadores de contenidos. San Guillermo del Toro que estás en los cielos no lo dejes caer.

martes, 28 de octubre de 2025

NO HAY que ESPERAR a LOS BÁRBAROS...








No hará falta esperar a que los bárbaros invadan Roma, el Imperio Americano ya los tiene dentro y tienen carta de naturaleza.

El país que durante casi un siglo se ha venido presentando como la cuna de la democracia, la libertad y los derechos civiles ha iniciado una deriva social y política hacia el autoritarismo y el fascismo que marcará las próximas décadas. El asalto al Congreso del 6 de Enero de 2021 fue la confirmación de que el "Yes we can" que enarboló Barak Obama para acceder al poder fue un espejismo y los que Sí Pueden cambiar definitivamente el rumbo de la primera potencia mundial son los reaccionarios que están recortando derechos y libertades en nombre de una moral rancia y trasnochada que los sitúa en la senda de los talibanes. 

Al igual que esos fanáticos religiosos se basan en una pretendida moral para imponer lo que hay que pensar, opinar o leer bajo graves coacciones y amenazas. Todo ello en nombre de una libertad que enarbolan con vocerío mientras se la roban a todos los demás. En una sociedad genuinamente libre cada uno puede practicar sus creencias en un clima de tolerancia y libertad, pero estos ultramontanos quieren imponer su moral retrógrada al resto. Está claro que la censura tiene que ver con el control social y de pensamiento.

Esto viene a cuento de las leyes que desde 2021 se vienen promulgando, cada vez en más estados, PROHIBIENDO determinados LIBROS en escuelas y bibliotecas públicas de EEUU. Lo que viene a sumarse al intento de control de las universidades y los medios de comunicación para imponer su montaraz relato. La Organización PEN America asegura que esta ola de censura responde a una “campaña ideológica organizada” que busca restringir el acceso a obras literarias que representen realidades diversas. “Estamos ante un movimiento político que busca controlar lo que los estudiantes leen, piensan y sienten”, ha comentado Suzanne Nossel, directora ejecutiva de esta entidad.

PEN América ha publicado un informe donde se recoge que durante el año escolar 2024-2025 se registraron 6.870 casos de prohibiciones de libros en escuelas públicas de Estados Unidos, situación que afectó a 87 distritos escolares en 23 estados. El anterior curso, 23-24, supuso un pico de más 10.000 libros afectados, lo que triplicó los datos del curso previo, 22-23, cuando se registraron 3.362 libros prohibidos.

Desde julio de 2021 las prohibiciones han afectado a más de 22.000 libros en 415 distritos escolares de 43 estados, según recogen los informes del PEN América. Esta es una organización que defiende los derechos humanos y la libertad de expresión con el foco puesto en el acceso a la lectura y la literatura. En su informe advierte que este último cuatrienio es el periodo más agresivo contra la libertad de lectura en la historia reciente del país.

La censura se ejerce a muchos niveles, sea local, estatal o federal. La avalancha de iniciativas provienen de individuos, familias o asociaciones civiles y religiosas vinculadas a grupos ultraconservadores que someten a extrema presión tanto a profesores como a Juntas Escolares. Dos de estas asociaciones son Moms for Liberty (Madres por la libertad) y Parents Defending Education (Padres en defensa de la educación). En estados como Arizona, los padres pueden demandar directamente a profesores y escuelas si consideran que se ha incumplido la ley. Por su parte Missouri quiere impedir que se utilicen fondos públicos para comprar títulos que puedan tener contenidos “lascivos”. En 2023 el gobernador de Florida, Ron de Santis, firmó la Ley HB 1069 que permitía limitar cualquier tipo de material (incluyendo libros) que pudiera relacionarse con la orientación sexual, la violencia o la identidad de género; así como por su lenguaje o si su contenido estaba relacionado con la raza, la política o la religión. Estos criterios tan generales y difusos provocaron una ola de cancelaciones que se llevó por delante a 16 libros de Stephen King o clásicos como Ana Karenina de Tolstoi y Por quién doblan las campanas de HemingwayCuando Stephen King descubrió la cancelación de sus libros en 2023, escribió en Twiter con suma ironía: “¿16 de mis libros? Debo estar haciendo algo bien”.



Lo peor de todo es que el fenómeno se ha normalizado dentro del sistema educativo público, con decisiones impulsadas por presiones políticas, grupos ultraconservadores y denuncias de padres de familia. Los criterios que establecen estas leyes suelen ser muy vagos e imprecisos (como "protección de menores", "derechos parentales" o "contenido sexual inapropiado"), lo que facilita la arbitrariedad de estos grupos de presión. Basta que en el texto unos adolescentes estén explorando su sexualidad o que aparezca un personaje gay o lesbiana, o que simplemente en la obra aparezca una escena amorosa para que pueda ser etiquetado como "material sexual inapropiado"; lo que deriva en su eliminación sistemática de los programas escolares y bibliotecas públicas. 

Así se ha llegado a prohibir clásicos literarios como Cien años de soledad (García Márquez), Sidharta (Hemann Hesse), Al Este del Edén (John Steinbeck), Doctor Zhivago (Boris Pasternak), El señor de las moscas (William Golding) o Mientras agonizo (William Faulkner). Tampoco han tenido escrúpulos para cancelar novelas juveniles de éxito como El libro de la selva (Ruyard Kipling), Wicked (Gregory Maguire) o Los Juegos del Hambre (Suzanne Collins). Incluso han llegado a erradicar autores respaldados por el Premio Nobel, el National Book Award o el Pulitzer, premio que ganó Junot Díaz con su libro La maravillosa vida breve de Óscar Wao, lo que no le ha salvado de ser cancelado. Si observamos el histórico de los libros prohibidos podemos apreciar el delirio de estos censores al suprimir textos como la biografía del Dalai Lama, el Diario de Anna Frank o la biografía de la activista de los derechos civiles Rosa Parks.

Como se ve muchos de los libros prohibidos son parte de la memoria colectiva de Occidente y retratan experiencias de resistencia, amor y dignidad frente a la opresión.



La posibilidad de que los maestros afronten demandas y amenazas a sus licencias profesionales por incluir libros prohibidos ha generado un clima de autocensura. “Se está instalando una cultura del miedo que limita el pensamiento crítico y la diversidad de ideas”, advierte el informe. Este campo minado amparado por leyes estatales pretende erradicar cualquier contenido relacionado con la esclavitud, el racismo, la comunidad LGBTQ+, las políticas contra la discriminación de género o de inclusión social. Pero también se están excluyendo títulos que abordan cuestiones tan sensibles como la migración, la muerte, el abuso, la salud mental, el bullying, el suicidio, la drogadicción o la salud sexual.

Es imposible no acordarse de la quema de libros efectuadas por los nazis en la jornada negra del 10 de mayo de 1933  o de la novela Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. Según el más reciente informe de PEN América, los estados con más prohibiciones son Florida, con más de 2.000 casos registrados, seguida de Texas, Tennessee y Pensilvania; mientras que Minnesota y Michigan estudian medidas similares. 

PEN America concluye que la censura en las escuelas estadounidenses “no solo amenaza la libertad de lectura, sino el derecho de los estudiantes a formarse con pensamiento crítico y diversidad de ideas”. Como dijo Amy Perwien*, una madre del condado de Collier (Florida): “La ignorancia no protege la inocencia. Por tanto, no estamos protegiendo la inocencia de nuestros hijos restringiéndolos. Simplemente los estamos dejando sin educación”.










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Numerosos padres y alumn@s luchan contra esta ola de cancelaciones con diferentes estrategias. Por ejemplo han nacido muchos clubs de lectura para leer y comentar precisamente los libros desaparecidos de sus bibliotecas y centros educativos. Esa fue la ironía que utilizó el comediante Steve Martin , quien agradeció al distrito escolar que prohibiera su libro Shopgirl: "¡Ahora la gente que quiera leerlo tendrá que comprar un ejemplar!". 
La prohibición de libros es algo que aqueja a la Humanidad desde el mismo nacimiento de la imprenta, pero en EEUU ha sido más persistente que en otros países occidentales. En época tan reciente como 1982, el Tribunal Supremo abordó abiertamente el tema en la demanda que presentó un grupo de estudiantes contra un consejo escolar de Nueva York por retirar libros de autores como Kurt Vonnegut y Langston Hughes. El consejo los consideraba "antiamericanos, anticristianos, antisemitas y simplemente asquerosos".

"Los consejos escolares locales no pueden retirar libros de las bibliotecas escolares simplemente porque no les gusten las ideas contenidas en esos libros", dictaminó el alto tribunal en el caso Island Trees Union Free School District contra Pico, citando los derechos de la Primera Enmienda de los estudiantes. 

No obstante, los bibliotecarios tuvieron que hacer frente a tantos desafíos en relación con los libros a principios de la década de 1980 que crearon la Semana del Libro Prohibido, un evento anual centrado en la libertad de lectura que se celebra desde entonces entre los meses de Septiembre y Octubre. Dicha Semana cuenta con el apoyo de multitud de organizaciones como la Asociación Americana de Bibliotecas, la Sociedad Americana de Periodistas y Autores, Amnistía Internacional, el Gremio de Autores, PEN America, la editorial Penguin Random House, etc, etc.**



* Recogido en un artículo de Belén Marinone en Infobae.com

** Estos dos últimos párrafos los he tomado del artículo publicado en National Geografic por Erin Blakemore con el título "Cómo y por qué se han censurado libros en EEUU a lo largo de la Historia". 

domingo, 19 de octubre de 2025

MAUDIE - de Aislin Walsh




En esta época de imposturas y violencia anoche me apareció en el menú de una plataforma digital esta película. No dudé en sumergirme de nuevo en esta historia llena de autenticidad. Maudie es una película canadiense-irlandesa de 2016 que retrata la vida de Maud Lewis, una pintora canadiense con artritis que se hizo famosa por sus pinturas naif, dueñas de una expresividad muy personal. El inquebrantable espíritu de Maud merecía una película así de franca y conmovedora.

Maud (Sally Hawkins) es una joven dulce y frágil que depende de su tía y de su hermano, aunque no la soportan. La tratan como si fuese una impedida por lo que ella se siente secuestrada. Maud quiere tener una vida autónoma y plena a pesar de ser una tullida atacada por una artritis reumatoide que retuerce sus manos y su cuerpo, dificultando su movilidad. Eso sí, tiene un carácter indomable que le hace huir de las humillaciones familiares aceptando el primer trabajo que se le pone a tiro: será la criada de Everett Lewis (Ethan Hawke), un huraño pescador que vive en una cabaña miserable.



La relación con Everett es de lo más disfuncional. Él es un tipo tosco que trata con desprecio a Maud: "Estoy yo, luego los perros, luego las gallinas y después tú", le advierte. El mundo parece no contar con Maudie, pero ella se basta y sobra. Le costará unas cuantas semanas convencerle de que puede hacer las tareas de la casa y prepararle la comida a pesar de su discapacidad; aunque finalmente logrará establecer con él una relación de respeto que evolucionará a más.

Sally Hawkins aporta una interpretación sumamente delicada y profunda, capaz de expresar fragilidad a la vez que tenacidad para conseguir ser feliz. Ethan Hawke no le va a la zaga. Logra componer un personaje muy complejo, burdo y grosero, en ocasiones abusivo; pero que acabará admirando el valor de Maudie convirtiéndose en su fiel compañero. Está claro que su zafia actitud proviene de unas duras condiciones de vida y de su nula educación tras su paso por el orfanato local. Maudie logrará sacar lo mejor de él. El rechazo y la incomprensión que sufren ambos acabará uniéndolos definitivamente. 

La película en ningún momento cae en lo melodramático. La cámara permanece neutra y simplemente deja que dos actores inspirados nos convenzan de la enorme humanidad que son capaces de albergar un cuerpo  atrofiado o una mente zafia. La directora Aisling Walsh mantiene un honesto equilibrio para mostrar la miseria en la que vive el matrimonio o los momentos de violencia doméstica y felicidad sin que esto desvíe el foco colocado sobre el espíritu de esta pintora indomable.  

Maudie no esquiva el trabajo duro, pero siempre encuentra un hueco para pintar. Según reconoce con un pincel en las manos es capaz de lograr la plenitud. Le maravilla el mundo, la vida y la naturaleza que reproduce con una inocencia avasalladora. "Toda la vida ya está enmarcada y está ahí fuera", le dice a una neoyorkina recién instalada en aquellos apartados parajes de Nueva Escocia donde ella vive. Sus cuadros denotan la mirada más inocente y pura que pueda imaginarse.


Maud Lewis está considera una pionera del Arte Naïf en pintura. Sus cuadros aparentemente simplistas, con colores muy vivos y planos son muy característicos. No importa que en uno haya un árbol con hojas de otoño a la vez que otro primaveral o que haya un buey con tres patas. Viendo la película recordé las palabras de Picasso cuando decía que llevaba toda la vida intentando volver a pintar con la inocencia de un niño. 






sábado, 11 de octubre de 2025

UN FANTASMA en LA BATALLA - de Agustín Díaz Yanes

España, 2025

Bueno, parece que el cine español ha encontrado un filón en los sangrientos años en que la banda terrorista ETA zarandeó a la joven democracia española. Ahora bien, si todos los productos tienen la calidad de la serie Patria o de películas como La Intrusa o ésta que nos ocupa, yo creo que hemos de congratularnos. Las tres obras citadas contienen historias potentes, magníficas realizaciones e interpretaciones muy solventes.

Un fantasma en la batalla nos hace recordar inevitablemente a La infiltrada, magnífica película que estrenó el año pasado Arantxa Echevarría. Primero porque las dos tienen como protagonista a una policía infiltrada en las filas de ETA, segundo porque ambas arrancan con el asesinato de Gregorio Ordóñez y tercero porque el contexto de la historia nos hace revivir aquellos años de hierro. Pero las dos tienen su propia personalidad y aunque es verdad que la cinta de Echevarría tiene una mayor potencia dramática, esta de Díaz Yanes no es despreciable. Su principal aportación es ofrecer una especie de resumen emocional de aquellos años terribles salpicados de larguísimos secuestros (Ortega Lara) y crímenes abominables (Tomás y Valiente, Ernest Lluch o Miguel Ángel Blanco).
 


Al inicio se nos avisa de que tanto el ejército como la Policía tuvo infiltrados en ETA que han servido como referencia para crear el personaje de ficción de su protagonista, Amaia (Susana Abaitua). El retrato del contexto histórico, político y social de los años 90 a través de telediarios e imágenes de archivo hace el resto. Creo que este ánimo de retrospectiva ha podido perjudicar a la película. La extensión de hechos que ha querido plasmar le resta intensidad en el desarrollo de los personajes que, a la postre, resultan planos. Por ejemplo las interpretaciones del jefe directo de Amaia, Comandante Silva (Javier Godino), o de los dirigentes etarras Arrieta (Raúl Arévalo) y Anboto (Ariadna Gil) son monocordes; siempre con el ceño fruncido y poco más. 

Me han gustado en cambio las interpretaciones de Susana Abaitua en su papel de infiltrada y la de quien le abre las puertas de ETA, Begoña (Iraia Elías). Este último personaje es el mejor perfilado. Se trata de una directora de eikastola y madre de dos hijos a los que tiene que abandonar cuando pasa a la clandestinidad. Begoña es muy consciente de su situación y le advierte a Amaia que "si eres abertzale no tienes vida privada. Sabes que vas a acabar en la cárcel o muerto". 

El objetivo declarado de la operación es conseguir la ubicación de los cinco zulos más importantes de ETA en el sur de Francia, aquellos donde la banda terrorista escondía su más valioso arsenal de armas y dinero. Aunque falte drama en la cinta lo que no falta es intensidad. La operación policial siempre está en vilo. El peligro de que la infiltrada sea descubierta también. 

Hay una escena cumbre donde Amaia hace de chófer cuando llevan a ejecutar a un infiltrado del ejército español. Uff. Otro momento destacado es cuando ella misma abandona la infiltración por su deseo de casarse con un novio al que tiene medio abandonado; pero la rebelión de la sociedad vasca ante el asesinato del concejal Miguel Angel Blanco le inspira de nuevo para reintegrarse y llevar la operación hasta el final. 


Se agradece que la película tenga un planteamiento y una realización de estilo clásico. La historia funciona con la precisión que exige un thriller.