domingo, 29 de mayo de 2016

ESPÍAS desde el CIELO - de Gavin Hood

-Eye in the Sky-
Muchos y atractivos elementos integra esta película aparentemente simple, que dedica la mayoría de sus planos a personas que observan pantallas. Suspense, tensión, dilema moral y juego político son las cartas de esta partida: una operación de guerra moderna basada en drones dirigidos por control remoto.

La coronel Katherine Powell (Helen Mirren) dirige una misión secreta para capturar a una súbdita británica convertida al islamismo y casada con uno de sus dirigentes. La misión cobra un nuevo giro cuando se reúne con otros dos terroristas que están entre los 10 más buscados. Entonces abatirlos se convierte en la primera opción.

La acción transcurre en Nairobi, Kenia; mientras la coronel Powel se encuentra en Londres dirigiendo a los operadores de drones que actúan desde una base en las Vegas, a más de 13.000 km. Drones con la última tecnología para vigilar y transmitir imágenes sobrevuelan cualquier espacio armados con misiles.

El director utiliza el gancho de una niña inocente, situada junto a la casa de los terroristas, para introducir el debate sobre los daños colaterales. Logra plantear la situación de forma aguda e incómoda, sin demagogias. ¿Sacrificarías a un inocente para salvar docenas de vidas? El Ojo en el cielo -título original- no sólo observa a los terroristas, también a los que toman decisiones sobre la guerra y su iris llega hasta la butaca del espectador. ¿Aceptas sin más el asesinato? ¿Te irrita que la decisión de apretar el botón no sea franca? ¿Te exaspera el debate cuando la oportunidad es tan clara? 

La película logra un tono de thriller que encuentra el equilibrio entre la reflexión y el entretenimiento. Una de las mejores cosas que consigue es graduar un magnífico suspense en una situación tan aparentemente nimia. Y también reflejar, incluso con humor y sátira, todo el entramado político y legal que se esconde detrás de una decisión de ataque. Los ingleses dudan, consultan a los expertos militares y legales. Los ministros se pasan la patata caliente unos a otros. No así el Secretario de estado norteamericano. Su decisión ejecutiva es clara.  

El director enriquece la película ofreciendo a los espectadores todos los puntos de vista: el de la coronel Powell, el ministro inglés, el fiscal general, el Secretario de estado norteamericano, el experto en daños, los operadores de los drones.... Una situación tan compleja como interesante.
Sin embargo ofrece un punto débil por su inverosimilitud. Los dos jóvenes que operan los drones viven su misión como un tormento emocional. Alistados para pagarse los estudios universitarios se ven comprometidos en una situación límite.


Rodada en tiempo real la cinta consigue un suspense perfecto. Las porfías entre las decisiones políticas y la licitud de la acción encuentra su culmen en el debate moral. Aunque no hay que engañarse, los políticos piden asesoramiento a militares y fiscales; pero finalmente su dilema no es moral sino oportunista, ¿Qué pasa con mi cargo si se filtran las imágenes y aparecen en Youtube cadáveres de civiles?.

La cinta ilustra con claridad meridiana todo lo que supone la globalización y la guerra con los drones. Desde Londres y en colaboración con EEUU (¡Ay, esa relación especial entre ingleses y norteamericanos, en la que quiso participar nuestro Josemari Ánsar yéndose a las Azores!), se ejecuta una acción bélica sin declaración previa de guerra. Sin soldados, asépticamente. 

Las implicaciones morales no son un asunto nuevo en el director Gavin Hood. Ya las pulsó en la infravalorada Expediente Anwar y también estaban en el fondo de la más comercial El juego de Ender donde, recordemos, se plantea la extinción de toda una raza a través de un videojuego. La distancia y la tecnología nos ayuda -hipócritamente- a no implicarnos, ni a ser salpicados por los horrores de la guerra.


El guión (de Guy Hibbert, autor del libreto de Cinco minutos de gloria y Omagh) y las situaciones planteadas son la fuerza de la película; sostenida por unas magníficas interpretaciones de un elenco en el que destacan Hellen Mirren, el recientemente fallecido Alan Rickman y un estupendo Barkhad Abdi que ya nos deslumbrara en la agobiante Capitán Philips.

sábado, 28 de mayo de 2016

X-MEN: APOCALYPSE - de Bryan Singer



Durante la película algunos de estos jovencitos X-Men acuden al cine para ver El Imperio Contraataca, de la saga Star Wars. Al salir debaten sobre si la mejor es la primera o la segunda, para concluir al unísono que la tercera es la peor. Pues eso mismo pasa con esta tercera entrega de la nueva generación de X-Men. La tercera es la peor y a gran distancia de sus dos precedentes, X-Men: First generation y X-Men: Días del futuro pasado.

Después de una estupenda presentación recreando el Egipto clásico de las pirámides y cómo quedó enterrado un primer mutante con amplísimos poderes, la película comienza a recorrer diversos vericuetos, a cual más anodino: el poderoso En Sabah Nur es preservado por una orden secreta que ni aparece y tan torpe que tiene que ser la agente de la CIA Moira MacTaggert quien lo despierte por accidente. Luego este poderoso semidiós reclutará a cuatro jinetes con escaso recorrido. Uno de ellos será un Magneto metido con calzador en una historia familiar de lo más insustancial. A esto le sigue la apropiación de la mente del profesor Xavier para anunciar al mundo su destrucción, el Apocalipsis: No más máquinas, no más armas, no más Compañías. Sobre las ruinas de este mundo construiré un mundo mejor, declama ufano para que todos le oigan. Pues vaya. 

Este Apocalypse cierra la segunda trilogía de los X-Men, la nueva generación. Si la comparamos con las dos películas precedentes falta aventura y sobra cháchara, faltan dramas personales y sobran mutantes. A la nueva generación de Mística (Jennifer Lawrence), Quickwilver (Evan Peters), Xavier (James McAvoy) y Magneto (Michael Fassbender) se les añade y acumula otra nueva y más joven donde encontramos a un juvenil Rondador Nocturno (Kodi Smit-McPhee), una nueva y jovencísima Jean Grey (Sophie Turner), un bisoño Scott y la salvaje Psylocke (Olivia Munn). 
Demasiadas ramas para un sólo árbol, ya que la aventura que nos presenta la cinta es muy limitada: un dios antiguo llega a este mundo, junta a sus cuatro jinetes y se apresta a la destrucción total. Un hilo argumental demasiado simple cuyos dobleces no se han explorado, que abusa de las referencias a sus predecesoras (hasta volvemos al tenebroso lago Alkali) y que pierde uno de mayores atractivos: el debate sobre la aceptación social de los mutantes y el engarce de sus tramas con la historia reciente del siglo XX. Sin este anclaje dramático y con un malvado tan poderoso como excesivo, todo se vuelve simple y predecible. 

Se ha pretendido cerrar la trilogía a la vez que presentar a los nuevos cachorros X-Men, el resultado es pobre y atropellado. Tanto el profesor Xavier como Magneto están muy desdibujados. La pobre Mística carga sobre sus espaldas el intentar levantar el ánimo en una batalla farragosa y falta de épica. Los enfrentamientos y la parafernalia de FX huelen a repetición. Hasta el virtuosismo de las secuencias de Quicksilver (lo más divertido y memorable) se dan por amortizadas.  




Si has leído un poco este blog ya sabrás mi opinión sobre lo mal que casan dioses y cine. Cuando un ser supremo puede destruir el planeta entero sólo con estornudar, resulta harto difícil encontrarle algún dramatismo. Este Apocalipsis es bastante prosaico y su malvado En Sabah Nur un vulgar charlatán.

Leyendo un poco por ahí encuentro que el guionista es Simon Kinberg, un tipo que curiosamente trabajó también en la decepcionante tercera entrega de la trilogía original, X-Men: La decisión final. Otro fiasco a sumar al que firmó para el reboot de los Cuatro Fantásticos o a la flojísima Jumper.

martes, 17 de mayo de 2016

El INFILTRADO - de Susanne Bier

La serie adapta (David Farr) la novela homónima de John Le Carré a lo largo de 6 episodios. Dado que la novela tiene más de veinte años se ha actualizado el contexto histórico, con el beneplácido del propio Le Carré, que también ha participado como productor de la serie. Mientras que la novela gira alrededor del tráfico de drogas en Centroamérica, la serie centra su atención en el tráfico de armas con destino a Oriente Medio. No puedo dejar de acordarme de la serie de espías por antonomasia, la legendaria Tinker, Taylor, Soldier, Spy (Calderero, sastre, soldado, espía), novela que recientemente ha vuelto a sacar brillo Tomas Alfredson con su magnífica película El Topo

Yo creo que a las novelas de La Carré les va la presentación en serie. Sus obras son densas, con tramas intrincadas y personajes turbios, duchos en sutilezas. Le va la pausa y el masticar sus movimientos. Le Carré reflexionaba sobre aquella serie: "Con Alec Guinness al frente de un maravilloso reparto de pesos pesados del Teatro Nacional Británico, la versión televisiva se planteó, curiosamente, como una historia de amor hacia un sistema británico en decadencia. Estaba hecha con mucha nostalgia; hasta los personajes más insignificantes y desagradables resultaban, de algún modo, entrañables". Nostalgia. Uno de los ingredientes que falta en El Infiltrado, que pasa por encima de disquisiciones morales para entregar un thriller muy compacto, actual y dinámico.

"The Night Manager" es Jonathan Pine (Tom Hiddleston), un exsoldado británico que trabaja como regente nocturno de un hotel de lujo en El Cairo. Estamos en 2011, en plena Primavera árabe. Las calles son un hervidero y la presentación de este manager no puede ser más cinematográfica: camisa de lino y recién afeitado camina con aire de sportman por las calles bullentes de enfrentamientos y tiroteos hasta su lugar de trabajo. Un par de planos que nos definen plenamente su carácter: decidido, seguro, circunspecto. Entre los aromas de un hotel de lujo y el azabache de una hermosísima mujer propiedad de un magnate árabe, ésta le pedirá que esconda la copia de unos documentos confidenciales. Transacciones de dinero y armas a gran escala. Los documentos incriminan a Richard Roper (Hugh Laurie), cabecilla internacional del tráfico de armas y a un par de topos en el mismísimo gobierno británico. La mecha está encendida.

Los documentos serán el arranque de una historia de corrupción y espionaje. Pine hará llegar los documentos a un amigo del consulado y éste a la agencia de seguridad que lidera Angela Burr (personaje que en la novela original es masculino). El brutal asesinato de la mujer árabe desencadenará la implicación definitiva de Pine. Angela Burr le fichará y su misión será infiltrarse en la red de Roper. Una misión muy peligrosa ya que Roper no hace prisioneros. Pocos años después otro hotel maravilloso, en las altas nieves de las montañas austríacas, vuelve a juntar a nuestros dos protagonistas. Un robo de efectivo y una huida serán la carta de presentación del nuevo Jonathan Pine ante Roper. El anzuelo está echado. 

La serie tiene un sorprendente aire español. Roper suele retirarse a su mansión particular en Palma de Mallorca y entre sus contactos está un traficante interpretado por Antonio de la Torre. 

La serie tiene el empaque propio de las novelas de La Carré y las ficciones británicas. Basa su calidad en la solvencia de la novela, que hace que nunca pierda el norte, y en la clase que lucen sus intérpretes. Hugh Laurie es un espléndido villano y como  ayudante cuenta con un sibilino Tom Hollander que en cada circunstancia amenaza con descubrir al confidente. Pero quien se lleva el gato al agua es Olivia Collman (que ya estuvo magnífica en Broadchurch). Aquí luce una inteligencia y una decisión que contrasta enormemente con su avanzado embarazo. 

En el debe encuentro que la acción se ha comido al drama. Las estupendas escenas de intriga y acción (cuando definitivamente Pine se cuela en el equipo de Roper en Mallorca, las escenas de robos de claves o la demostración del armamento) hacen que el relato discurra en volandas sobre los hombros del protagonista. Pero en cambio no se profundiza suficientemente sobre los aspectos más turbios (como la historia de la joven amante de Roper o la propia idiosincracia de Pine, quizá dibujado con un excesivo halo de héroe de acción). De todos modos una serie muy estimable.

domingo, 15 de mayo de 2016

Las CRÓNICAS del SOCHANTRE - de Álvaro Cunqueiro





Compruebo que llevo meses visitándolo con sumo agrado, de modo que añado a mi lista de blogs éste de fabulantes.com, cuyos temas y enfoques tanto comparto. Entre otras cosas por artículos como este que a continuación reproduzco, Las Crónicas del Sochantre: Un viaje maravilloso con muertos y fantasmas por Francisco Martínez Hidalgo


"Al hablar de literatura fantástica del siglo XX en España, no se puede obviar la contribución, inmensa y excelsa, de las letras gallegas. Por los innumerables rastros sobrenaturales que allí dejaron culturas tan ricas como la celta o la árabe; por su relación antropológica con la muerte y los fantasmas recogida tanto oralmente como en cuentos o leyendas, o por las costumbres y hábitos sociales especialmente relacionados con la delgada línea separadora de la vida y la muerte, bien parece que en Galicia campan a sus anchas meigas y brujos, monstruos y fantasmas, gritos y espanto. De allí proceden figuras tan extraordinarias como la Santa Compaña, asociada con la muerte y los fantasmas, o el lobishome, otra forma de vida animal donde se reúnen en un mismo ser el hombre y el lobo.

Tal es el patrimonio cultural gallego de orígenes fantásticos que, durante su resurgir cultural y lingüístico, lógico era de esperar autores capaces de transformar todo este caudal en obras de relevancia. Los breves relatos o noticias de corte truculento, aparecidas anecdóticamente en periódicos o gacetillas de periodicidad irregular a finales del siglo XIX, dieron paso en la centuria siguiente a un resurgir más intenso durante el cual, en distintos períodos (marcados por la Guerra Civil y las décadas oscuras del franquismo), algunas de las mayores plumas de la literatura gallega produjeron textos inolvidables de corte fantástico. Aunque predominantemente en formato breve, con presencia abrumadora del relato respecto a la novelilla o la novela, se sumaron a publicar textos del género autores como Vicente Risco, Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, Rafael Dieste, Ánxel Fole o el más que sobresaliente Álvaro Cunqueiro (Mondoñedo, 1911 – Vigo, 1981).

Aunque Cunqueiro empezó siendo un poeta social y políticamente comprometido, la aparición en su vida del Proxecto Galaxia, o sea, de la posibilidad de participar en un proyecto de resurgimiento sociopolítico a partir de la cultura impulsado gracias a los autores reunidos alrededor de la Editorial Galaxia (fundada en 1950) -alternativo al partidista, en aquel entonces separado a su vez entre la resistencia clandestina en Galicia y la oposición desde el exilio-, lo introdujo en la narrativa por la puerta grande. A este período pertenecen novelas fantásticas magistrales como Merlín e familia (1955), As crónicas do sochantre (1956) y Si o vello Simbad volvese ás illas (1961). Las tres son merecedoras de un comentario aparte, pero hoy hemos querido dedicarle uno especial a la que es, de las tres, no sólo la mejor, sino la que más ha marcado a los lectores que se han acercado a sus páginas.

As crónicas do Sochantre (Galaxia, 1956, Las crónicas del Sochantre en castellano) tiene algo especial. Uno se da cuenta nada más observar su estructura narrativa. Al ser una obra elaborada con conciencia de recuperación y compromiso cultural, en sus páginas se imprime también un sentido de sincretismo bastante acusado.

La estructura se entiende casi como un trébede sobre el que tiene que crepitar una novela conformada con ingredientes pertenecientes a los distintos tipos de texto que la cultura gallega había generado y estaba generando entonces que, una vez adobada con la maravilla y la fantasía de aquellas tierras, darían como un resultado una historia representativa de la idiosincrasia de todo un país. Por eso, mientras leemos, reconocemos el estilo narrativo oral de quien cuenta una historia alrededor del fuego, vemos cómo las atmósferas tenebrosas -aunque inspiradas en la Bretaña francesa- guardan más de un paralelismo con el noroeste peninsular e, incluso, encontramos fragmentos de otros tipos: teatrales (“Romeo e Xulieta. Famosos namorados”, representada por la troupe de difuntos al ser confundidos con una compañía teatral); cuentos (“As historias”, permite conocer la vida y obra de cada uno de los difuntos); epístolas (en varios subtextos introducidos, muy coherentemente, dentro de la pieza teatral); biografías (“Apéndice I. Dramatis personae”, con la semblanza de cada personaje aparecido en la novela), e, incluso, textos registrales, como son las aventuras del sochantre de Pontivy (de nombre, Charles Anne Guenole Mathieu de Crozon) y, especialmente, la “Noticia de Ismael Florito” que cierra el libro.

Otro aspecto extraordinario de Las crónicas del Sochantre está en su tono narrativo y en el uso especialísimo del lenguaje. De hecho, ha sido esta característica la que más viene cautivando a la comunidad lectora. Al albergar esta novela tantos textos y subtextos, al dar cobijo a una variedad sociodialectal casi selvática -por su variado número y heterogeneidad-, el reto de no parecer una voz narradora sumida en la esquizofrenia es durante todo el libro una realidad. Sin embargo, la habilísima pluma de Álvaro Cunqueiro, que construye una voz testimonial indirecta pero al mismo tiempo cómplice de la historia y sus personajes, nos regala unas dulcísimas transiciones, haciendo gala de un humorismo risueño e inocente capaz de naturalizar lo increíble y normalizar lo fantástico. Sólo así nos podría dejar de sorprender que, siendo tan extraordinaria la situación y tan extravagantes los personajes, se mantenga en todo momento el tono testimonial del libro.

El hilo narrativo que une todo es la historia de cómo el sochantre de Pontivy, antiguo hidalgo que por problemas físicos tuvo que renunciar al ejército para acabar en el coro eclesial tocando el bombardino, emprende un viaje en carroza cuando lo contratan para tocar en el entierro de un destacado hidalgo de Quelven. Durante la travesía conocerá a sus compañeros de viaje y descubrirá de todos ellos, además de sus historias personales, otra característica extraordinaria: todos están muertos y durante unas horas, por la noche, su cuerpo abandona la forma humana para tomar la de un esqueleto o, en su defecto, la de una débil aunque brillante luz azul. Todo esto y algo más acontece, además, entre 1793 y 1797, período de la Revolución Francesa, situándonos pues en plena lucha política entre monárquicos y republicanos, contexto que, además, dará pie también a alguna que otra peripecia.

Aunque liviana en apariencia, esta trama oculta dentro de sí más complejidad de la imaginable. En Galicia, como en otras partes de la península, la omnipresente censura obligaba a buscar soluciones imaginativas para la crítica social. ¿Y qué puede haber mejor que escoger un esquema fantástico, un tiempo lejano y un país distinto, con personajes extravagantes además, para esconder todos esos mensajes críticos con el poder establecido y la clase dominante? Que (casi) todos los personajes de la carroza sean hidalgos menores venidos a menos no es casualidad. Que sus historias estén todas teñidas de actos deplorables de envidia, lujuria, vanidad, pereza o soberbia (entre otros) no es casualidad. Que el espacio sea la Bretaña francesa, físicamente similar a Galicia, no es casualidad. Como tampoco parece casualidad el tiempo revolucionario y el tratamiento específico que aquí se da a la dicotomía política entre monárquicos y republicanos. Más mensajes ocultos quedan por desentrañar, pero dejamos que sea el lector quien goce con el desvelo del misterio.

Tema aparte es la liviandad y la ligereza de las historias. Cada personaje está marcado por un drama que ha sellado su destino, condenándolo a vagar durante varios años en forma de esqueleto noctámbulo, hasta que de una forma u otra expíe sus pecados. A pesar de su gravedad de fondo, el tono narrativo tiene la virtud de aligerar el peso de los acontecimientos de forma que, sin tomárnoslo a choteo, se pueda seguir manteniendo el tono tragicómico-burlesco. De esta forma, envenenamientos accidentales por celos (Madame Saint-Vaast) o por vanidad (el médico Sabat), actos deplorables de violación a menores (Coulaincourt de Bayeux), intentos de estafa mayor (el escribano de Dorne) o menor (Monsieur de Nancy), así como el pícaro criado de un verdadero demonio (Guy Parbleu), parecen poca cosa presentados a la luz de su destino. Máxime, cuando se presume que los intentos de casi todos ellos acabaron finalmente en fracaso.

La inteligencia y aparente sencillez con que Las crónicas del Sochantre se aparece ante nuestros ojos supone su mayor mérito. De esta forma, podemos hablar de un texto poliédrico donde, dependiendo de los ojos del lector, se pueden disfrutar de varias lecturas, pudiendo ser o bien una liviana novela fantástica o bien una potente crítica social o bien ambas cosas de vez. El que ambas novelas encajen de forma tan perfecta, además de mantener el tono y la coherencia, o la fuerza de la voz narradora, o la riqueza textual interior, suponen síntomas de habilidad literaria sólo a la altura de las más exigentes plumas. No en vano, Álvaro Cunqueiro ha sido de los pocos autores gallegos de su generación que, a pesar del paso del tiempo, se mantiene en la memoria colectiva de los lectores. Si bien ahora se destacan más otras facetas suyas como la poética o la periodística (en su tiempo, fue un afamado periodista gastronómico), no conviene olvidar su destaque como uno de los mejores escritores fantásticos de su tiempo tanto de la literatura gallega como peninsular. Por eso esta novela es ya un clásico."

viernes, 13 de mayo de 2016

JULIETA - de Almodóvar

Almodóvar ha conseguido emocionarme con esta película que rezuma emoción y vida.  Una historia que bascula entre Julieta, siempre presente, y su hija Antía, ausente desde hace años. Pero un día Julieta se encuentra con una amiga de su hija que le da noticias. Esto reaviva el profundo dolor por su ausencia y es entonces cuando Julieta quiere sacarlo escribiendo su historia, como si fuese una carta que le escribe a ella. La historia de amor que tuvo con su padre, cómo la tuvieron, cómo vivieron junto al mar y las circunstancias que determinaron una tragedia.

Quizás sea le película menos almodovariana de Almodóvar.  El director deja a un lado el mórbido deseo y la pasión desaforada de muchos de sus personajes para dar paso a un contenido dolor, a un sentimiento de derrota que, sin aspavientos ni exaltaciones, se derrama por toda la cinta. El sentimiento de culpa y los silencios atronan en esta película pausada y conmovedora.


Julieta está presente en cada plano, primero en su juventud (interpretada por Adriana Ugarte) y luego en la madurez (por Emma Suárez). Toda la película se construye alrededor de sus recuerdos, sus alegrías y llantos. Por eso su presencia constante no hace más que aumentar la sensación de vacío; el gran hueco que gravita alrededor de la ausencia de su hija. "Tu ausencia llena mi vida y la destruye" escribe Julieta. Un personaje redondo y de nuevo femenino, como los más emblemáticos de Almodóvar, siempre diestro en perfilar mujeres vitalmente perdidas y rotas por el dolor.



La película tiene ese dulce aroma melancólico de quien escribe para intentar capturar sus recuerdos, reconstruir su memoria y asumir las culpas. El director deja respirar la historia y todo va fluyendo con un palpitante ritmo, íntimo y vital. Las idas y venidas de la vida, la muerte y la depresión cocinadas a fuego lento. Maceradas en un sentimiento de culpa. Desde Volver, no veía al director hurgar de forma tan brillante en el desgarro.

Almodóvar vuelve con esta película al melodrama, pero de forma más contenida que nunca. Escarbando en el dolor y la infelicidad de sus personajes es cuando Almodóvar resulta más seductor y reconocible. Sin duda al éxito de la empresa ha ayudado que el guión se base en tres cuentos de Alice Munro, narradora canadiense, excelsa retratista de la complejidad del alma femenina. "Destino", "Pronto" y "Silencio" se titulan las narraciones en cuestión, siendo este último título el que en principio iba a tener la película. Con ellos Almodóvar logra hilar una historia con gran sensibilidad y buen ritmo que, sin sensacionalismos, nos ofrece un testimonio de culpa y redención.

He de destacar el gran trabajo del director puliendo con mimo cada plano en su gama característica de colores (rojo, azul, amarillo). Los apartamentos donde vive Julieta aparecen atestados de objetos que son verdaderos homenajes a sus referentes culturales (libros, cuadros, posters). La secuencia del tren, en la que Julieta conoce a su futuro marido, está rodada magistralmente y en ella conviven la felicidad de los amantes y el presagio de la tragedia. La casa junto al mar o de nuevo las calles de Madrid que Almodóvar retrata como nadie.

No puedo dejar de subrayar tres detalles magníficos que por sí solos compendian esta cautivadora película. El primero, por supuesto, esa elipsis aguda y poderosa que marca el paso de la joven Julieta a la adulta, con el simple aditamento de una toalla. El segundo es el plano de una foto hecha pedazos y reconstruida con cinta adhesiva; una elocuente metáfora sobre la fragilidad y el sentimiento de culpa. El tercero es el crescendo final donde se descubren las motivaciones ocultas que han dado forma al drama mientras escuchamos la única canción de la película: Chavela Vargas con Si no te vas

Tildado como director de mujeres, el director abunda en ello con unos personajes dolientes que cuentan con unas intérpretes (Emma Suárez, Inma Cuesta y Adriana Ugarte) en estado de gracia. Me ha gustado especialmente Emma Suárez por su capacidad para transmitir emoción en medio del silencio.  

Dolor, pérdida, culpa y rechazo podrían ser las estaciones de tránsito. La redención vendrá por la aceptación y la sinceridad. De nuevo Almodóvar erige una conflictiva relación materno filial. A lo largo de su filmografía nos ha mostrado madres dominantes, castradoras, luchadoras y protectoras. En Julieta nos invita a la intimidad de una relación compleja y dolorosa.