martes, 2 de mayo de 2017

La SONÁMBULA y más relatos inquietantes - de Marie Luise Kaschnitz



Gracias a la editorial gijonesa Hoja de Lata nos llega Marie Luise Kaschnitz, autora clásica de novelas, cuentos, poemas y ensayos en la Alemania de mitad del siglo XX; pero bastante desconocida en España. Sus cuentos poseen un estilo diáfano pero recrean una enorme tensión psicológica. Sus personajes se debaten arduamente entre dudas, angustias y complejos de culpa. En el mundo que retrata Kaschnitz siempre hay algo que no encaja y termina condicionando drásticamente las vidas de sus personajes.

La presente es la segunda antología que reúne Hoja de Lata -después de La niña gorda y otros relatos inquietantes-, las dos bajo el dictado de Santiago Martín Arnedo, doctorado en la Universidad de Granada con una tesis sobre esta autora. Marie Luise Kaschnitz (1901-1974) produjo una obra melancólica y oscura, reflejo de una vida marcada por la convulsa situación política de Alemania en la primera mitad del siglo XX. No disfrutó de una vida fácil. Tenía un carácter hipersensible y retraído. Las sombras del miedo y la angustia planean sobre sus textos. En sus obras está presente el desasosiego que experimentaron quienes vivieron su disconformidad con el nazismo desde el silencio. «Nunca he sido una luchadora», confesó Kaschnitz. Por ello, sus relatos son oscuros, algunos tenebrosos y siempre se hace presente una amenaza que abre como un vacío en la vida de sus protagonistas.

Todos sus cuentos tienen una poderosa vena psicológica y son perturbadores y densos como una confidencia febril. Los relatos incluidos en el presente volumen se podrían dividir en tres grupos. 
El más numeroso tiene que ver con un tipo de mujer neurasténica y angustiada como en La brizna de paja (que representa una pesadilla introspectiva sobre la inseguridad y la culpa), Altramuces (con una joven judía viviendo escondida en la casa de su cuñado nazi), La sonámbula, Persona enigmática (que narra una pulsión de enajenación y suicidio) y Ave Roc (en el que esta mitológica ave se hace presente en la vida de una mujer para trastocarla del todo).

Otro grupo lo compondrían relatos donde los niños son protagonistas de unas narraciones a la vez angustiosas y mágicas. Casi todos ellos albergan un nítido sentimiento de culpa: Sombras alargadas (sobre el primer aldabonazo de la sexualidad), Nesemann (en el que unos niños condenan a un criado por un silencio culposo), Un pandero, un caballo (otra experiencia traumática que deriva en un sentimiento de culpay Popp y Mingel (en el que se narra la intensa experiencia psicológica de un niño que percibe que acaba de dejar de serlo).

El tercer grupo contiene sólo dos relatos, son de índole netamente fantástica y son extraordinarios: Fantasmas e Historia de un barco
El primero es una clásica historias de fantasmas en la que una pareja vive una experiencia que se revela inusitada. 

Historia de un barco nos remite al mejor Kafka. Una viajera sube a un barco sin saber que pondrá rumbo a tierra de nadie, a un lugar perdido fuera del tiempo.
"Viola había registrado las cosas más extrañas, como el hecho de que en su barco fuera sencillamente imposible fijar la fecha, la hora o la posición. Todos los relojes, escribió ella, continuamente se retrasan o se adelantan, de camino al almuerzo pueden ser las doce y de vuelta al camarote pueden ser la cinco de la tarde.(...) Lo más sorprendente es la prensa de a bordo, que un día informa sobre acontecimientos del siglo pasado, y al día siguiente sobre las fiestas de recepción que han tenido lugar en Venus". pág 108
Quizás el siguiente párrafo -del relato Nesemann- representa un compendio de las características del libro.
"Cuando llego tan lejos en mis recuerdos, a veces medito sobre la crueldad de los niños en general o sobre mi propia traición. Pero también ocurre que no reflexiono en absoluto sobre estas cosas, sino que caigo en una especie de ensoñación. Entonces quiere aparecérseme este día ya disipado como la encarnación de una época, de un período demoníaco de mi vida y el mozo Nesemann se presenta como el motivo de la alfombra, como un dios oscuro y liberador." pág 98
El asunto de la culpa y la traición subyacen en muchos relatos: Nesemann, Altramuces, Sonámbula, Un pandero, un caballo e incluso en Historia de un barco, en el que don Miguel comete el error de embarcar a su hermana Viola en un barco equivocado y luego recibe su carta desoladora.

Me llama poderosamente la atención la serie de objetos simbólicos que concitan tanto la fascinación como la culpa: un muñeco de paja, un barco fantasma, un gigantesco Ave Roc, un pandero con cascabeles... 


Los protagonistas siempre se encuentran con amenazas o angustias, pero les resulta muy difícil desvelarlas. En La Sonámbula "Ella tenía que averiguar algo, pero no lo conseguía", la realidad se le escapa entre los dedos sin lograr apresarla. En El Ave Roc, "Tan pronto intentaba abordar el tema, imaginadlo ahora en el presente, me escabullía de nuevo y cambiaba a otra cuestión sin importancia". En Nesemann, "me doy cuenta de que está hablando de Nesemann y sé que debería decir algo, pero no digo nada."

Es como que si estas mujeres y niños no quisieran ni nombrar sus miedos para no dotarlos de existencia. En La brizna de paja, la mujer a punto de asfixiarse por la incertidumbre resuelve: "Por supuesto no le hablaría de la carta, porque sé que las palabras son algo terrible y cuando algo se llega a expresar con palabras se convierte en verdadero."
pág. 13












Obras de  MARIE LUISE KASCHNITZ traducidas al castellano:

-La niña gorda y otros relatos inquietantes (Das dicke Kind), Hoja de Lata Editorial, 2015.
Doce relatos magnéticos e inquietantes, poblados de personajes anónimos —un matrimonio de viaje por la costa italiana, una abuela que alquila una habitación de su casa, una niña gorda e irritante—, cuya aparente normalidad esconde infinidad de aristas y claroscuros.
Cuentos de título tan enigmático como «La avalancha», «Quién conoce a su padre» u «Osos polares», magistralmente cargados de tensión psicológica y de atmósferas agobiantes pero, al mismo tiempo, hermosísimas. Sus protagonistas, estridentes e impropios en muchas ocasiones, rezuman también calidez humana, la colorida alegría infantil de los sueños y una manifiesta resistencia a perder la inocencia.
Doce pequeñas joyas literarias de oscura belleza, que atrapan al lector desde la primera página.

-Lugares (Orte) (Editorial Pre-Textos, 2007.
Lugares es un libro inquietante, tanta su fragilidad, su delicadeza. Muchas veces no sabe uno en qué o por qué se sostiene esta miniatura de Europa, concentrada, ceñida a una pequeña margen. Esa misma liviandad puede, incluso, cargarse de peso histórico y humano sin perder tal carácter etéreo. Son páginas que parecen estar narradas por las mismas niñas de aquella angustiosa película de Ladislao Vajda, El cebo, describiendo lo terrible y lo desconocido como algo común y verosímil, pero ante lo que el espectador ha de sentir una inevitable conmoción. Esa mirada y esa voz de niña que también es causa de sus momentos menos sugestivos -presentes, aunque escasos-, cuando el interés minucioso e infatigable de la autora no recibe respuesta del lector, quizá en exceso resabiado para participar de esa limpieza. En opinión de Marcel Reich-Ranicki, su obra, tanto en prosa como en verso, "es, por su poder lingüístico, una lección de silencio".

-Aún no está decidido (Steht noch dahin) (Editorial Pre-Textos, 2008)

-La Casa de la Infancia (Das Haus der Kindheit). Editorial Minúscula, 2009.
Un día cualquiera, un desconocido pregunta en la calle a una mujer dónde se encuentra la Casa de la Infancia. Sorprendida, ella contesta que no sabe de qué se trata y sigue su camino. Sin embargo, pocos metros después dará con este edificio que, misteriosamente, dispone para cada visitante los recuerdos de su propia vida. Pese al rechazo inicial que le inspira el lugar, al fin se decide a entrar en esa extraña institución, donde, a través de recursos de una modernidad asombrosa, descubrirá bajo una nueva mirada las olvidadas y temidas sensaciones de sus primeros años. En este relato de envolvente atmósfera onírica y poderosas imágenes simbólicas, el pasado se revela como un inquietante espacio físico al que asomarse desde la lejanía de la edad adulta.

viernes, 28 de abril de 2017

ALACK SINNER - de Muñoz/Sampayo


Salamandra es la culpable. -respondió el sujeto. 
Esta editorial ha sacado un tomazo con todas las aventuras de Alack Sinner y yo, que conocía sólo unas cuantas, he caído en ese pozo negro y criminal del que no he podido salir hasta concluirlas. Cinco días de vacaciones memorables. 

Alack Sinner es un expolicía de Nueva York que ejerce de detective privado, y en algunas temporadas hasta de taxista, en esa "ciudad oscura". Su primera aventura, El caso Webster, data de 1974 y la última, El caso USA, de 2006. El cine negro y la novela criminal son los códigos sobre los que se asienta este monumental cómic, pero Carlos Sampayo (guionista) y José Muñoz (dibujante) no se quedan ahí. En las primeras entregas se aprecia una clara influencia de Dashiell Hammett, Sinner es un Philip Marlowe que en El caso Fillmore o El caso Webster desenreda los crímenes de los ricos por cuestiones de herencia o de psicosis. 
Alack charlando con John Smith III en Viet-Blues

Pero según pasan los números, se inicia un viaje sin retorno hacia un drama urbano intimista, centrado en la profundización psicológica del personaje y en una feroz crítica social señalando al racismo, la corrupción política o la injusticia en todas sus vertientes. Ya en el volumen Viet-Blues, Alack se centra más en ayudar a sus amigos que en los típicos casos. Tan es así que aquí encontramos uno de los casos más breves de Sinner. Dura sólo dos viñetas:
   "Por la tarde recibí la visita de un grupo de compradores de cuadros que creían haber sido estafados.
-Pensamos que todos los cuadros son falsos.
Querían que investigara si cierto marchante tenía un laboratorio para falsificarlos. Antes investigué acerca de ellos: eran compradores (a sabiendas) de cuadros robados. Y el famoso marchante, a su vez un encubridor...¿quienes robaban las pinturas? No era asunto mío. Una llamada anónima a la policía y abandoné el caso."
No quiere el detective desviarse de ayudar a su nuevo amigo, el joven músico negro John Smith III.

A partir de Encuentros y reencuentros (1981) definitivamente Sinner ya no es un detective, sino una persona en busca de su propia identidad, que hurga en su pasado y reflexiona en su presente. Recordemos que Alack en sajón quiere decir "¡Ay de mí!" y Sinner en inglés se traduciría como "pecador".

En una entrevista con Eddy Devolder, Muñoz le declara: «Alack Sinner nació de nuestra fascinación por los personajes melancólicos, tiernos y nocturnos. Está moldeado con estereotipos y frases hechas, extraídos de recuerdos de novelas y películas policíacas.»

Las aventuras de Alack Sinner se desarrollaron durante más de treinta años (1974-2006). Inicialmente se publicaron por entregas, entre 1974 y 1977; hasta que los autores dieron un descanso al personaje, para afrontar nuevas series como Sophie e Historias del Bar, en realidad ramificaciones de la primera, con cameos del propio Sinner e incluso de alguno de sus personajes. Retornaron al detective en 1981 con un largo relato de 96 páginas, Encuentros y reencuentros. Y con varios paréntesis intermedios dieron a las prensas Nicaragua (1986), El final de un viaje (1989-1992), Historias privadas (2000) y El caso USA (2006).

Este recopilatorio presenta varias ventajas. La primera y mejor es apreciar la asombrosa evolución no sólo del carácter, sino de la fisonomía e incluso del impulso vital de Alack Sinner. Esto es posible porque los autores se saltaron una de las reglas no escritas de la novela negra: el personaje no envejece. Alack Sinner sí. Cumple años y envejece hasta llegar a ser abuelo y necesitar antiparras. También las historias evolucionan. Van liberándose, perdiendo el carácter narrativo convencional en favor de una narrativa que reproduce el caos de la mente de Sinner, volcado en unas viñetas de carácter onírico y grotesco, con unos habitantes muchas veces deformados hasta el surrealismo.

Otra regla no escrita que se saltaron los autores fue que sacaron a su antihéroe orinando y vomitando, motivo de escándalo en su época. Aunque lo que de verdad hace con asiduidad este detective es beber de lo lindo y recibir golpes, hasta conformar ese rostro entre Richard Burton y Charles Bronson, parecido a "un balón de fútbol magullado."

El tomo ordena las aventuras no por orden de aparición, sino según la cronología vital de Alack Sinner. Así comenzamos por ver sus últimos actos como un joven policía y sus primeros como detective privado: "Indagar significa siempre penetrar en mundos en los que no nos han invitado, y encontrar personas a quienes nuestro oficio ofende e irrita".

Esta evolución personal del detective corre pareja con la de los tiempos que le toca vivir. Las cambiantes épocas quedan reflejadas en las viñetas y no precisamente como un simple telón de fondo: la brutalidad policial de los 70 (Conversando con Joe), las consecuencias de la guerra de Vietnam (Viet-blues), el escándalo de Reagan y la contra nicaragüense (Nicaragua), la razzia de G.W. Bush contra Sadam o los atentados del 11-S (El caso USA), están engarzados en el meollo de las historias.

José Muñoz ha declarado: "Alack Sinner es una mezcla de recuerdos de Sampayo y mío, de cosas que hemos vivido y leído, pero también de nuestra pretensión sobre la dignidad del hombre, de nuestras ambiciones morales y económicas. Alack Sinner no está muy politizado, pero, a diferencia de muchas personas que sí lo están, es un tipo con moral, animado por el deseo de ser honesto, un defecto que se entiende en todos los países del mundo."

De modo que la personalidad de este detective dese
ngañado es uno de los grandes atractivos del cómic. Los otros dos son un dibujo personalísimo de Muñoz -con grandes dosis de expresionismo-  y una crítica social que transcurre por los temas de candente actualidad según la época.


Dos características muy propias del bagaje de un detective adornan a Sinner. Se apoya en un colega que tuvo en la policía -el teniente Martínez, a quien salvó la vida en Vietnam-, aunque se pasan la vida regañándose e incluso se llegan a pegar.
"-El idiota eres tú y estás borracho.
-¿Borracho yo? Hace tiempo que tenga ganas de sobarte la boca con los puños.
-Por fin estamos de acuerdo en algo, amigo ¡Toma!
-El combate apenas duró 15 segundos. Ambos nos dormimos. Me había costado, pero Nick iba a pedir una semana de permiso para ayudarme en el asunto."
Y por supuesto cualquier ocasión es buena para dejarse caer por el bar de Joe. Alack es un tipo lento, pesado y duro como un bulldog. Su lengua es afilada y sarcástica: "¿Cómo está Mr. Sinner? -Depende de la humedad." Es honesto pero cínico; misántropo y solitario pero defensor de los desvalidos. Ya en su segundo caso, El caso Webster, nos confiesa: "Todos tenemos en nosotros mismos a nuestro peor enemigo".

No faltan entre sus aventuras casos típicamente detectivescos. El caso Fillmore, El caso Webster, Él, que es todo bondad, Chispas y El caso USA lo son. Pero siempre atravesados por sus cuitas personales y el apunte sobre la sociedad que lo rodea. El episodio Constancio y Manolo comienza con un "Nunca me he fijado en mis vecinos", para dejar que éstos se apropien del relato. 

En esta aventura se manifiesta otra de las características de Sinner, la tristeza. Enfer es la prostituta negra con la que suele acostarse. Ambos coquetean con el amor, finalmente ella se declara enamorada y por lo tanto le deja. ¿Por qué? se resiste Alack. "Por tu tristeza", le espeta Enfer. 

Sinner deambula por la ciudad, siempre apesadumbrado. "No tenía un motivo claro para hacer algo, y menos aún ganas de trabajar. ¿Por qué se me ocurrió caminar por Harlem?". Así comienza Viet-blues. Ayuda a todo el que puede, a John Smith III, el joven músico que conoce en Harlem; a sus vecinos los Aguirre, vascos exiliados cuyo abuelo sobrevivió al bombardeo de Guernica; a Jorge, un sindicalista nicaragüense del puerto. Pero todo siempre sale mal. El mundo le puede. Sinner siempre es vapuleado. No encaja. Consciente de la corrupción y la injusticia que le rodea no se revuelve contra ellas, no es un revolucionario. Impotente ante la injusticia, se convierte en un estoico, un hombre común, solitario y amargado.
"Llegué cansado a casa. Nadie me esperaba.
Sentí un ingenuo deseo de ducharme. Pero los pensamientos no se iban con el agua. Todo lo sucedido quedaba en mí, amargándome"
Se mueve por una ciudad donde no encaja. Un blanco entre los negros, un anglosajón entre los latinos: un desplazado. 


Hacia la mitad del volumen de Salamandra Grafics aparece el relato "Ciudad oscura", una aventura donde ya la ciudad se apropia de la historia con un Alack Sinner convertido en taxista. Es en este relato donde se aprecia la poderosa y contradictoria trabazón que une al personaje con su ciudad. "Cuanto más violenta se pone la ciudad, más me gusta. Es un sentimiento contradictorio que me permite vivirla, respetar sus códigos, no esperar más respuestas que las que pueda darme. Acompañé a Enfer hasta su casa. Volví a la mía. Echaba de menos mi soledad."

Una soledad sitiada por una ciudad abigarrada, convulsa y violenta, -"¡Qué ciudad! para vivirla habría que eliminar la capacidad de sorpresa!". Del mismo modo abundan las viñetas donde los transeúntes, las noticias de la radio, TV y periódicos nos sumergen en el momento histórico o político de la aventura. Como esta fantástica página que antecede a la viñeta donde Sinner se despierta con la noticia de la muerte de Lennon pegada en la ventana.

Alack Sinner conforma a su alrededor todo un ecosistema vital -los mismos personajes aparecen y desaparecen a lo largo de su vida- cruzado por mil vectores. Puedes analizarlo siguiendo 
las guerras, 
en Constancio y Manolo se evoca la 2ª Guerra Mundial y sobre todo el bombardeo de Guernica. En Viet-Blues, la guerra de Vietnam, en Rehenes el ataque a Pearl Harbour, en Nicaragua, la contra sandinista, en Historias Privadas la guerra de los Balcanes y en El caso USA, la guerra del Golfo y los atentados del 11-S.

o las músicas 
(no olvidemos que Sampayo es crítico de jazz), su comienzo como detective Conversando con Joe está amenizado con Cheryl blues, de Charlie Parker que Alack pincha reiteradamente en la gramola. En Encuentros y reencuentros suena "United" de Wayne Shorter, mientras que John Smith III llega a tocar con Gato Barbieri...casi cada episodio tiene su banda sonora.










Wayne Shorter suena en Encuentros y Reencuentros


Dory Previn cantando "Brando" en Constancio y Manolo










En Chispas suena Bye, bye Blackbird, de Charlie Parker


Muchas son las cosas admirables que tiene Alack Sinner. 
La densidad que cobran sus relatos. 
Item 1.- En "Constancio y Manolo" está el joven vasco con el negocio del boxeo y sus mafias, las calles con los carteles de las elecciones Carter-Reagan, el vecino dominicano que siempre está borracho y aporreando la puerta que no quiere abrir su mujer, los recuerdos del abuelo de Manolo sobre el bombardeo de Guernica....
Item 2.- En La vida no es una historieta, baby...”, Alack es contratado por el dueño de un diario para investigar una fuga de información política en la que terminan implicados los servicios secretos de EEUU. Pero el episodio cobra un nuevo y magnífico significado cuando los propios autores aparecen como personajes en esa Nueva York de Alack Sinner, para documentarse. El círculo se cierra cuando allí conocen a Alack Sinner y le confiesan que tiene el mismo nombre y profesión que un personaje suyo y por supuesto le acompañan en el caso. Lo mejor es la paradoja que se produce al actuar los autores como unos verdaderos pardillos y ser el propio Alack quien les oriente en esa nueva realidad.

Item 3.- En "El caso USA" se enredan el pasado de Alack, en la figura de una antigua amiga que le pide ayuda, su propia familia, varios mafiosos enfrentados y varias agencias de seguridad nacional. Casi ná.
Su esplendor oscuro y turbador




























Su sostenido compromiso político e ideológico.
Ya aparece en el primer episodio, Conversaciones con Joe, cuando Alack refiere su época de policía y recibió la visita del superintendente, para recalcarle la importancia de plegarse a "la realidad" de la corrupción:
"...me hace preguntarme: ¿Se trata de un ingenuo mongoloide o de un simple hijo de puta?... Es sólo curiosidad, yo no soy quién para juzgarle...Únicamente le pido que abandone su actitud. Le parecerá ridículo que se lo pida yo personalmente. Llevo 40 años en la policía y tengo un limpio expediente ¿sabe por qué? Porque siempre he aceptado la realidad."
Y llega hasta el último episodio, El caso USA, cuando Sinner expone una conversación entre Altos Representantes de la Seguridad Nacional.
"Interesante lo de los suicidas. Una nueva tipología de terrorismo. Debemos empañar esta información, simplemente...Al menos por ahora. Hay 15 agencias en este país, todas de un patriotismo indiscutible. Unas opinamos que la estabilización es el camino justo. Otras piensan que el caos crea movilidad ¿cómo explicarlo? Social y económica." 
"A propósito, ¿Como están tus acciones de petróleo? -A la espera. Puedes comprar. Subirán como la espuma."

Imposible comentar todo lo que nos ofrece Alack Sinner.
Mejor es leerlo y disfrutarlo.

jueves, 27 de abril de 2017

LA CIUDAD en BLANCO/NEGRO - por Muñoz / Sampayo




Hace veinte años leí mi primera aventura de Alack Sinner. Llegué a él atraído por el aroma de relato negro y criminal. Tengo que reconocer que mi primera aproximación persiguió la trama sobrevolando las viñetas. Pero cuanto más leo a Sinner, el capítulo gráfico aumenta su relevancia. El dibujo resulta un componente inexcusable en el álbum y enormemente significativo.



Con el paso del tiempo y el avance de las historias, Muñoz estiliza cada vez más las figuras y simplifica el trazo. Las figuras se hacen más expresivas y el dibujante logra una poderosa síntesis entre la trama y las imágenes, de tal modo que muchas veces la narración fluye simplemente a través de unas viñetas con un poderoso contraste. 


Al comienzo de "Chispas" Alack reflexiona: "Mi ciudad es como una caja de sorpresas, un jardín de las delicias". Recordemos que El Jardín de las Delicias de El Bosco es realmente la tabla central del famoso tríptico. Situada entre el cielo y el infierno, representa la vida humana sucumbiendo a todo tipo de vicios y pecados capitales, encarnados por una oscura simbología plagada de animales fantásticos. Tanto en su conjunto como en detalle escenifica un espacio opresivo y angustioso, tal y como Muñoz ha materializado la "ciudad sombría" de Alack Sinner, Nueva York.

























Es una constante en la narrativa de Muñoz que mientras los protagonistas dialogan en un interior, la viñeta ponga el foco en la calle.





Las calles son el reflejo de la sociedad y la época. Vemos putas, macarras y yonkis, malos tratos, manifestaciones religiosas, políticas y del ku-kux-klan. También aparecen carteles, periódicos, tv y radio.




El ambiente social queda retratado con buenas dosis de humor negro, crítica y hasta surrealismo. La viñeta inferior pertenece al episodio Conversando con Joe, cuando Alack está contando su salida de la policía en medio de una campaña de brutalidad policial. Pero no son policías los que están deteniendo a un pobre ladronzuelo. 



























Los propios autores hablan de la época de líneas y la época de manchas en el grafismo de su historia; pero lo que es indudable es que el dibujante consigue en pocos episodios un estilo muy personal y una gran maestría. La líneas y las pinceladas son de gran precisión y expresividad logrando un poderoso impacto artístico y visual.







Cabe subrayar el gran homenaje que Muñoz rinde al Guernica de Picasso en el episodio Constancio y Manolo, donde el abuelo vasco rememora el ignominioso bombardeo durante la Guerra Civil. Lo hace además, apropiándose soberbiamente, de los códigos picassianos para su propio relato.

miércoles, 26 de abril de 2017

JOHN WICK: Capítulo 2 - de Chad Stahelski


Un gin-tonic tiene su justa medida. John Wick 1 fue un gran cocktail. John Wick 2 está aguado. Sus creadores se han ofuscado con las burbujitas de los tiroteos y las peleas y las han acumulado hasta la extenuación. John Wick 1 tenía alma (de metal y pólvora) y capacidad de sorpresa. John Wick 2 es un ejercicio mecánico. Una versión expandida que se pierde por repetitiva.

Es verdad que la saga brilla por su desnudez argumental. La mirada entre el perro y su dueño o el duelo brutal pero respetuoso entre John Wick y sus contrincantes ("el puñal está clavado en la aorta, permanece quieto y vivirás", le dice a uno de sus mejores antagonistas), es lo que podemos llevarnos a la boca. Aunque quizás el mejor duelo es el único donde no se dispara, el que tiene lugar en un espectacular jacuzzi  para asesinar a Gianna D´Antonio (Claudia Gerini).

Tampoco se exige más. Se supone que la película es una catarata de persecuciones, tiroteos y atropellos. Pero John Wick 1 tenía entrañas, mientras que John Wick 2 es superficial, se regodea en el exceso. 


John Wick 1 tenía el acierto (y la novedad) de presentar un héroe casi místico (Baba Yaga), en John Wick 2 se gasta todo su carisma en innumerables tiroteos hasta convertirlo en calderilla. 

El hallazgo de la liturgia de un santuario como El Continental se ha pretendido extender y ampliar con un somelier (de armamento) y un sastre italiano (para un traje antibalas). Qué lástima. Una simple imitación de la genial Kingsman. Además con el traje antibalas se ha perdido cualquier atisbo de verosimilitud. A John Wick le pueden estar disparando diez tipos a la vez, a menos de dos metros de distancia y salir indemne. De pronto es increíblemente invulnerable. Más calderilla.

Que haya más tiroteos y más persecuciones no significa que sea más espectacular o genere mayor tensión. Al contrario. Las escenas de tiroteos resultan interminables.



Se pueden encontrar leves atractivos en la cinta, como el apunte de la Gran Mesa, con 12 sillas, donde se sientan las Mafias que controlan el mundo o la inmensa banda de mendigos que controlan el submundo de Nueva York y están regidos  por Bowery King (Laurence Fishburne)

Aunque al final con lo que nos quedamos de verdad es con los espectaculares escenarios que luce la película: Roma (con un nuevo hotel Continental regido por Franco Nero, el Grand Hotel Plaza), escenas en las Termas de Caracalla o frente al Altare della Patria y las secuencias rodadas en la Galleria Nazionale Arte Moderna. 

También luce muy bien la nueva estación del World Trade Center, de Calatrava y el metro Place-des-Arts de Montreal. A lo que hay que añadir una abigarrada escena de tiroteos rodada en un laberinto de espejos montada en estudio.

Como se ve, sólo resalta lo accesorio.




lunes, 24 de abril de 2017

LA CASA del FIN de los TIEMPOS - de Alejandro Hidalgo

Venezuela,2013

Con elementos mínimos y escaso presupuesto, Alejandro Hidalgo ha logrado un película redonda gracias a un guión muy bien armado, tan complejo como original. Un rompecabezas sorprendente.

Una familia habita en una vieja mansión colonial y una noche se producen una serie de extraños acontecimientos. Unas presencias fantasmales casi vuelven loca a Dulce, la madre, que acaba asesinando a su marido para proteger a su hijo. A pesar de ello no logra evitar que éste desaparezca como absorbido por la oscuridad de la casa. 

Como consecuencia de ello, Dulce es detenida y sentenciada a 30 años de cárcel, al cabo de los cuales regresa a la mansión donde volverá a vivir una noche de pesadilla, en una especie de réplica de aquella otra quimérica noche.

Ruddy Rodríguez, actriz curtida en las telenovelas, soporta con solvencia el grueso de la función, mientras que Alejandro Hidalgo, maneja con inteligencia todos los tópicos del género de terror y casas encantadas, para darle una vuelta de tuerca más, al incorporar una serie de sorprendentes paradojas temporales. A medida que la trama avanza, se mezclarán el presente, el pasado y el futuro de unos personajes que, sin entender nada, estarán prisioneros en un bucle tenebroso.

Hidalgo ejerce de director, guionista, montador y productor de esta casa espectral que se activa con puntualidad todas las noches del 11/11, a las 11 horas y 11 minutos.

Quizás abusa un poco de los sustos provocados por las subidas repentinas de volumen; pero en general el director logra un clima de tensión claustrofóbico, jugando con los pasillos y las puertas de la mansión, como si de un laberinto espacio-temporal se tratase. 

A pesar de esta complejidad, el relato traza con mucha solvencia el camino de las distintas líneas temporales, apoyándose en los distintos puntos de vista de la misma escena y en un objeto aparentemente inane; una perla que viaja en el tiempo mientras los personajes se la pasan unos a otros como amuleto protector.  
Sorprendente y original.