martes, 9 de julio de 2019

NIDO de PESADILLAS - de Lisa Tuttle

                          Editorial Nevsky Prospects, 2015


En general abomino de las etiquetas en literatura y sobre todo de las etiquetas basadas en el género. Decir "literatura femenina" me parece como hacer una raya en el agua. No tiene sentido. A la calidad de una obra le es indiferente el género. Pero hay que reconocer que los relatos de Lisa Tuttle poseen un enfoque y un foco netamente femenino. Muchas de las pesadillas que encontramos en este libro son una metáfora del monstruo masculino que acecha, suplanta o parasita a la mujer. Otras son metáforas de sus fobias y miedos más cervales. Además, prácticamente la totalidad de los personajes protagonistas son mujeres, algo que me hace relacionarlos con los perturbadores relatos de Shirley Jackson. 

Tal y como señala el gran Jesús Palacios en el Prólogo del libro, 
"la mayoría de los protagonistas de estas historias son mujeres perdidas en un mundo de hombres, víctimas de construcciones sociales masculinas, que agreden, de una u otra forma, su individualidad y búsqueda de identidad propias. Son mujeres abandonadas, madres solteras, hermanas e hijas reprimidas, cuyas vidas sufren la presión constante de necesidades imperiosas que chocan con los roles que les han sido asignados contra su voluntad, y de los que raramente consiguen escapar, sin atreverse a identificarlos o mirarlos cara a cara. Pero no son simples víctimas inocentes de un horror que aparece bruscamente en su existencia, invocado a través de sus miedos y frustraciones patológicas. Son también vehículos para lo monstruoso y lo perverso, que retorna, como todo lo reprimido, bajo formas terribles y devastadoras"

Según transcurren los relatos nos vamos dando cuenta de que la autora no plantea el terror como una serie de sustos o descripciones gore; sino que su arma es la sutileza, esa delicada línea de sombra que va rasgando la normalidad para dar paso a la pesadilla y el escalofrío. Terror atmosférico en estado puro. Inseguridad, miedos y fobias netamente femeninas encuentran su acomodo en estas historias que se generan en una subjetividad atormentada y en ocasiones obsesiva. De algún modo, la irrupción de lo extraño, la amenaza que altera las vidas de sus protagonistas, siempre aparece como correlato de un problema interno.

Esta subjetividad de base en muchos relatos se complementa con las referencias clásicas de otros: las antiguas deidades celtas que encontramos en «La otra madre», los demonios del chamanismo de los nativos americanos en «El dios caballo», las referencias precolombinas con sus ritos sacrificiales en «Sun City» o los laberintos paganos que conectan el mundo de los vivos y los muertos en «Recorriendo el laberinto». En este último se produce un cruce entre dimensiones donde ritos paganos y ruinas ancestrales se cuelan amenazadores en nuestra realidad. Su calidad y textura evoca, para mí, los relatos de M. R. James, con sus clérigos y catedráticos perdiéndose por remotos páramos.
El laberinto de Mogor

La confluencia de distintas dimensiones temporales que se produce en ese laberinto, también la encontramos en "La Extraña" y en "Cuando un amigo te necesita", uno de los relatos más hermosos del volumen que lleva un paso más allá el concepto de amigo invisible.
"Sigo buscando. Los primeros años de mi vida están tan bien documentado por la cámara laboriosa de mi padre, que la ausencia de Jane me resulta imposible. Ella era, después de todo, mi mejor amiga; y todos mis otros amigos, incluyendo aquellos que no puedo identificar después de tanto tiempo, aparecen en las imágenes en blanco y negro corriendo, sentado, de pie, haciendo muecas, llorando, riéndose, jugando a mi alrededor. Páginas tras página de fiestas de cumpleaños, juegos y disfraces, montando en bicicleta, comiendo helados, yo y mis amigos: Shelly, Mary, Betty, Carl, Julie, Howard, Bubba y Pam. Pero no Jane, quien ocupara todos mis recuerdos."
Es interesante comprobar que ya en 1986, año de publicación del libro, Tuttle no tuvo miedo de ser políticamente incorrecta enhebrando varios relatos alrededor de la maternidad como algo mutilador para las expectativas vitales de la mujer. «La memoria de la madera», «La otra madre» o «El señor de los caballos» presentan un acercamiento a este tema que durante años parecía intocable.

La colección se abre con “Nido de Bichos” y se cierra con “El Nido”. En ambos relatos se juega con el aislamiento de las protagonistas, tanto social como geográficamente. 

"La intención había sido alejarse de su marido durante un tiempo, castigarle por una infidelidad reciente, y por ese motivo había buscado un lugar al que poder escaparse, un lugar que pudiera permitirse, y un lugar en el que Danny no pudiera encontrarla."

También en los dos, tanto la casa como la mujer se erigen en símbolos acosados por la invasión y corrupción masculinos. En el primero la invasión es parasitaria, ocupando y anulando a la mujer. Es fantástico el modo en que Lisa Tuttle nos insinúa el desenlace.
"Había algo fascinante en la forma en la que los pequeños enemigos se movían, cada uno atento a la maniobra del otro, deteniéndose cuando debían, alejándose y volviendo a la embestida. La araña, sobre sus piernas delicadas, le pareció a Ellen actuar con más nerviosismo, mientras que la avispa no cesaba en su empeño con determinación. Aunque no le gustaban ni las arañas ni las avispas, Ellen esperaba que ganara la primera.
De pronto la avispa atacó; la araña dio un vuelco, contrayendo las piernecillas como si fueran los dedos de un puño, y las dos se fundieron en una pelea cuerpo a cuerpo.
—Ah, ahora es cuando la tiene —murmuró el hombre. Ellen vio que estaba completamente fascinado por la batalla a muerte.
Volviendo la vista al suelo, comprobó que la araña estaba inmóvil, mientras que la avispa continuaba describiendo círculos alrededor de su víctima.
—El bicho la ha matado —dijo Ellen.
—Así es, ella, la avispa, lo ha matado —puntualizó Peter—. Y la araña no está muerta, está paralizada. La avispa se está cerciorando de que la picadura y el veneno la tienen completamente bajo control antes de continuar. Ahora excavará un agujero dentro de la araña, y después depositará un huevo dentro de su cuerpo. La araña no será capaz de hacer nada, se limitará a quedarsee inmóvil, a ser la casa de su enemigo, a esperar a que se abra el huevo y la avispa empiece a devorarla."

Por su parte "El Nido", último del volumen, resulta hermosamente metafórico: un nido monstruoso se va construyendo en el desván de la casa donde viven retiradas dos hermanas. Mientras una lo rechaza como una abominación, la otra se siente fascinada. El monstruo (o el hombre) amenaza y se inmiscuye en el retiro idílico (quizás incestuoso) de dos hermanas.

"Necesidad" es un delicado drama romántico con tintes sobrenaturales. Una universitaria, otra vez una mujer sola, lejos de su hogar y de su prometido, conoce a un extraño y obsesivo joven con el que parece congeniar. Para él supone un salvavidas en una vida desesperadamente solitaria. La autora sabe pulsar muy bien las emociones en esta historia centrada en la necesidad humana de amistad y empatía.
"La memoria de la madera" me recuerda a los episodios de The Twilight Zone donde la compra de un objeto maldito introduce el terror en una casa. Otra vez la maternidad y la responsabilidad que conlleva y otra vez un niño, en este caso obsesionado con abrir el arcón de marras, trae, desde el pasado, el olor putrefacto de un crimen horrible.



"La otra madre" junto a "Volando a Bizancio", "Los dos nidos" y "Sun City" son mis favoritos. "La otra madre" nos recuerda inevitablemente a la obra maestra de Henry James, "Otra vuelta de tuerca", y es un prodigio de construcción narrativa. Un madre vive con sus hijos junto a un lago. Es pintora pero su entrega a la maternidad ha cercenado sus aspiraciones artísticas. Un día vislumbra al otro lado del lago un mujer de blanco que de pronto desaparece. En las siguientes horas recupera la pasión febril por pintar: "No he trabajado tan deprisa ni con tanta seguridad en mi vida", le dice a una amiga. En la escena que pinta aparece un cerdo blanco, un pájaro blanco, un espino blanco y la figura encapuchada que sería Cerridwen, la Diosa Blanca de los galeses, representación tanto de las musas de la creación como de la muerte. El simbolismo vuelve a ser muy potente y la lucha interior de esta madre vuelve a cobrar vida en forma de pesadilla.

Los relatos de Lisa Tuttle resultan psicológicamente muy perturbadores, porque nacen de miedos y pulsiones muy íntimas. El último que quiero reseñar es "Volando a Bizancio", centrado en las inseguridades y neurastenia de una escritora. Inevitablemente rememoro la reciente lectura de un relato de Carmen María Machado, "La residente". En “Volando a Bizancio” Sheila es una joven escritora que ha tenido éxito con su primera novela de ciencia ficción. Esto le ha valido para huir de un pueblo miserable y una vida mediocre. Un día es requerida para un congreso en una pequeña ciudad de Texas. Lo que parecía un placentero viaje para una conferencia y una firma de libros se convierte en una trampa opresiva. Los miedos y obsesiones que había volcado en la novela empiezan a encarnarse a su alrededor de una forma asfixiante.

Me fascina el drama del escritor enfrentado a sus miedos y obsesiones. Existen varios relatos referidos a esto, "La casa enloquecida" de Richard Matheson o "Ventana secreta, jardín secreto" de Stephen King (adaptada al cine como La ventana secreta, con Johnny Depp). También hay películas como Adaptation (2002, Spike Jonze) o Barton Fink de los hermanos Coen. Añadiré un punto de vista más sugerente sobre la página en blanco que se lo debemos a Isak Dinesen.

Pero lo interesante aquí es cómo Sheila es atacada por el "síndrome del impostor" y cómo las organizadoras del evento, el pueblo y su montaña se van convirtiendo en la reencarnación de su novela arrastrándola hacia la aceptación de una mediocridad irrespirable.

Terrorífica.









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Lisa Tuttle es una de las escritoras norteamericanas más destacadas de terror y fantasía del siglo XX. Aunque la mayoría de su obra contiene elementos de terror o de fantasía oscura, también ha escrito novelas de suspense psicológico (Gabriel y The Pillow Friend), ciencia ficción (Lost Futures) y novelas de corte contemporáneo con elementos de la mitología celta o de fantasía (The Mysteries y The Silver Bough)
Futuros perdidos se centra en la existencia de infinitas realidades paralelas. Clare Beckett es una mujer de treinta y pocos años acosada por las consecuencias de una negligencia juvenil. Angustiada por este oscuro episodio se dedica a imaginar cómo habría sido su vida si hubiera tomado decisiones distintas. El problema surge cuando sus ensoñaciones adquieren tal consistencia que llega a experimentar otras vidas hasta confundirse con sus recuerdos reales y atentar a su cordura. Esta novela de apenas 200 páginas destila la esencia de Tuttle en cada página. La insatisfacción, el deseo de encajar en una realidad que sólo le produce infelicidad, las ensoñaciones y fobias que cobran vida de forma terrorífica y un laberinto mental que nos adentran directamente en la angustia y la locura.
Las historias de "Recuerdos del Cuerpo" inciden en ese estilo atmosférico de la autora donde se llega al terror a través de la inquietud y la alucinación. El subtítulo es una perfecta descripción de estos relatos donde prima el deseo y la transformación. Algunos de sus cuentos son excelentes. Me quedo con los más clásicos "El Gabinete de los Espíritus", sobre el nuevo mueble antiguo de una mujer que puede ser una puerta de entrada a una sesión de la era victoriana y  "La otra habitación", sobre un hombre que regresa a la casa de su difunto abuelo para descubrir si la "habitación oculta", obsesión de su infancia, era real o imaginaria. Pero sin olvidar los extraordinarios "Lujuria de lagarto", "En piezas sueltas",un descenso a los abismos de la locura de una mujer que cada vez que se acuesta con un hombre se despierta con un fragmento del mismo; "En alas de la pesadilla" y "La Tumba de Jamie".
Lisa Tuttle Gracia (1952, Houston, Texas) ha publicado más de una docena de novelas, siete colecciones de cuentos, y varios títulos de no ficción, incluyendo un libro de referencia sobre el feminismo en 1986. Tuttle ganó el Premio John W. Campbell como Mejor Escritor Novel en 1974. Recibió el Premio Nebula en 1982 al Mejor Cuento con La flauta de hueso. Y el Premio BSFA en 1989 por el relato corto In Translation. Su primera novela, Refugio del viento (Windhaven), fue una colaboración con George R.R. Martin, autor de Juego de Tronos, publicada en 1981. 

domingo, 30 de junio de 2019

CHISTES para MILICIANOS - de Mazen Maarouf


Mazen Maarouf es un escritor palestino que vivió toda su vida como refugiado en Líbano hasta 2011. Ese año la Red Internacional de Ciudades Refugio, una organización que ofrece reubicar a escritores perseguidos en una población segura, le ofreció asilo en Reikiavik. Allí escribió los relatos de este volumen que reúne historias muy domésticas y espeluznantes que suceden en una ciudad en guerra, muy parecida a Beirut, bajo el prisma de un niño narrador. 
"mi identidad palestina siempre era una especie de fantasía, porque nunca he visitado Palestina, pero he nacido como un refugiado palestino en Líbano, y siempre me han contado que Palestina es mi país, pero no puedo verlo, ni disfrutarlo y no se me permite ir. Entonces es una identidad de fantasía, y Palestina siempre es una fantasía."
Creo que este ir y venir de ciudades y realidades tiene que ver con la textura del libro. El autor ha declarado que cuando llegó a Reikiavik "la paz que se vivía allí me perturbaba, no sabía vivir sin tensión". Las constantes que rodean al niño-narrador son las bombas, las milicias, la precariedad total; y su respuesta es intentar entender una situación que ya de por sí es una pesadilla. Los niños utilizan la fantasía para explicar la realidad, con lo que crean una realidad alternativa. Lo bueno de Maarouf es que en su niño-narrador esto no resulta fantasioso, sino que aporta una lógica propia que intenta una adaptación quimérica a la situación bélica.

En la realidad que el niño percibe, los hechos son brutales («su padre iba cada día a la tintorería a trabajar recibiendo las zurras de los milicianos») mientras que las soluciones derivan de su infantil y creativa lógica. 
«Tras perder a uno de sus hijos, los milicianos, repararon en que además de triste, tenían ante sí a un hombre débil. Ahora, amén de zurrarlo de lo lindo, le pedían que le contase un chiste. Y a mi padre no le quedaba otra con contar algo gracioso». 

Después de que el niño viese a su padre humillado, la solución que plantea es sencilla y directa: quiere que su padre tenga un accidente y le pongan un ojo de cristal. Así parecerá más fiero y no le acoquinaran.

En el libro, los niños no huyen de la realidad, sino que la explican como pueden. Sobretodo para no desesperar. La dulzura de los relatos es más poderosa porque el joven narrador no esconde lo que pretende. Restaurar una realidad caótica.
"No podía hacer nada. Me senté al borde de la cama, a su lado, tomé la cajita de música, provista ahora de la manivela de aquel viejo gramófono que fue lo último que tocó antes de que le amputaran los brazos, y me puse  darle vueltas. Quería que oyera la música de la caja antes de abandonar este mundo. Pude ver una débil sonrisa asomada a sus labios. Estaba feliz, pero no se despertó. Sonreía, nada más. O sí, me pareció que los brazos volvían a crecerle, despacio, a crecerle de los muñones, como si fueran dos champiñones que brotan joviales y libres de la tierra. Eso me llenó de entusiasmo y me lancé a darle vueltas a la manivela con mayor ímpetu. El corazón me latía con fuerza, quería que le crecieran los brazos y todo volviera ser como antes; ojalá aquella bomba de vacío nunca hubiese caído y mi madre no hubiera tenido que pasarse media vida poniéndole pañales mientras él yacía inerte junto a aquella caja de música, esperando que ocurriera algo, algo fuera de lo normal." pág. 65.
La Casa Amarilla (Edificio Barakat)-Beirut- Situado en la esquina de dos importantes avenidas, se convirtió
durante la guerra en un puesto de control y de francotiradores. Hoy es Beit Beirut, un Museo de la Memoria

Esto también se aprecia en el cuento "Galletas" que, paradójicamente, no está narrado por un niño, sino por un hombre casado que visita periódicamente a su madre, enferma de alzheimer. Cuando la lleva de nuevo al psiquiátrico se cruzan en la carretera con un accidente en el que un anciano es atropellado y entonces el hijo va contando a su madre el episodio como un señor que va esquivando coches sólo con la intención de rozarlos para convertirlos en galletas.¡!

"Mi madre observaba absorta todo lo que pasaba delante de sus ojos. Yo, mientras, le iba describiendo los detalles con la mayor precisión posible y el fervor de un comentarista deportivo.
El anciano no parecía nervioso. Dio unos cuantos pasos por la autopista sorteando los vehículos que iban a toda velocidad y, después, se quitó el sombrero blanco y se lo enrolló alrededor del puño como si fuera un guante de boxeo. No quería dar puñetazos a los coches, sólo rozarlos. Éstos, en su velocidad, trataban de evitar el roce. Pero sin éxito. Coche que tocaba, coche que quedaba convertido en un bloque de galleta. Y, como iban tan deprisa, volcaban y se rompían en migas, desparramándose por toda la calzada"

Pero la madre a veces se revuelve y le dice al médico que es su hijo quien se inventa esas historias.
"Sé que mi madre no tiene Alzheimer. Mi madre también lo sabe. Y hasta el médico, quizás. Pero pago religiosamente las facturas del sanatorio, incluido el tratamiento del alzheimer. Y no lo hago para que mi madre resida en el sanatorio, sino más bien para que resida en la historia de las galletas." pág 90

En estos cuentos lo doméstico se mezcla con lo onírico y ésto con lo espeluznante. Muchos de ellos están atravesados por sueños, el territorio de los deseos y de una lógica inconsecuente.

"Soñé que mi padre tenía un ojo de cristal".
"Ignoro qué utilidad podía tener ese sueño. Pero ahí aparecía yo, sin poder moverme".
"Husam sueña mucho aunque nunca hace de protagonista de sus propios sueños, Siempre de secundario, a veces no le toca ni siquiera representar el papel de un ser humano".
"Voy a suponer que me convierto en alguien completamente distinto. Una identidad nueva que ahora mismo no sabría decir cómo sería. Eso sí, una persona parca en palabras. Y que, cuando en la calle o en un pasillo, se encontrase con el hombre que yo soy ahora mismo, saldría corriendo a echarle una mano."

En el libro habitan personajes vapuleados por una realidad agreste; pero también animales y objetos que tienen grabado a fuego un destino trágico. Por sus páginas transitan el trabajador de un matadero con ínfulas de torero; una vaca que frecuenta un cine destruido por las bombas; un gramófono que sobrevive a un atentado con un brazo segado aferrando aún su manivela; un enigmático coágulo producto de un embarazo fallido, a quien sus padres han dado nombre y celebran su cumpleaños; un muchacho que decide no sonreír nunca más o un hombre cansado de hacer de comparsa en sueños ajenos. Éste último es uno de mis preferidos, "El síndrome de los sueños ajenos", donde Husam siempre es colonizado por los sueños de los demás y llega a ser una jaula, un volátil deseo e incluso una caca en la acera que es pisada por un soldado. Cuentos extraños e inquietantes que celebran la vida y la imaginación en medio del caos.
-Beirut-


Algunos cuentos me recuerdan a Cortázar. Ocurren cosas que no tienen sentido. La realidad parece una mezcla extraña de sueños, deseos y bombas. La lógica se trastoca. Así le ocurría al protagonista de Carta a una señorita en París, al que de pronto le salían conejitos blancos de la boca. O la absurda tragedia en la que se precipita un hombre durante el intrascendente acto de introducirse un jersey por la cabeza ("No se culpe a nadie"). Así ve la realidad este niño que se asoma a la zona de guerra. No tiene las claves para interpretarla. En medio del absurdo y la pesadilla utiliza su imaginación para elucidarla.


No sé cómo tomarme algunos de los relatos. El caso es que todos tienen un trazo de lo más inocente; pero estando siempre por medio que el relator es un niño o transcurre en algún sueños; parece inevitable que todo adquiera un punto surrealista como motor para transformar la realidad: una pesadilla en la que el protagonista suele estar paralizado y prisionero.
Toda la ambigüedad y capas que atraviesan estos cuentos donde coinciden la barbarie y la imaginación, la lógica y el sueño, creo que la podemos encontrar en un cuento como El Despertador, que comienza "Ignoro qué utilidad podía tener ese sueño. Pero ahí aparecía yo, sin poder moverme". Y que concluye con un "¿De qué sirve todo esto?".

En ese sueño un profesor tetrapléjico sigue acudiendo a impartir sus clases en la universidad. Un día los alumnos le colocan un despertador al otro lado de su mesa. El ruido de sus campanas provocan una tremenda algarabía que se extiende a todas las clases; pero nadie apaga el despertador porque temen ofenderle. Nadie quiere herir sus sentimientos. 
"Tú, entonces, desvías la mirada hacia el otro lado, donde el resto de alumnos te obvian soberanamente y se comportan como si allí no hubiera un despertador desgañitándose desde hace un buen rato. Fijas la mirada en ellos, aunque, tienes la impresión, debes de estar imaginándote todo aquello. O quizás estés soñando. Por fin, ocurre lo que tanto sospechabas, o mejor dicho, temías. No me refiero a haberme hecho pis encima o defecado en los pantalones sin haberme dado cuenta porque estoy paralítico, o que uno de los alumnos, por ejemplo, haya aprovechado la ocasión para darme una colleja o una patada en los testículos, cosa que bien podría ocurrirle a cualquier profesor, incluidos los más fuertes y sanos. No. Me refiero al despertador. Sí, tal y como me temía, el cacharro estaba al lado contrario de la mesa. La mesa del profesor. Quiero decir, al lado perteneciente a la realidad, a la región de la consciencia. Y no me estaba permitido bajo ningún concepto sacar la mano del sueño para pararlo, pues iría en contra del reglamento de los sueños. En esencia, habida cuenta del estado tan miserable en que me hallaba en aquel sueño, tampoco podría haberlo hecho, por mucho que hubiera querido. Al final, hube de resignarme a mirar cómo crepitaba con violencia y colisionaba con las tapas de los libros, Así hasta caerse al suelo y romperse.
Yo seguía tumbado, con los ojos abiertos de par en par, en la cama, en mitad del dormitorio. Paree que algo terrible estaba ocurriendo, o había ocurrido hacía breves momentos, algo que, sin embargo, yo no había podido percibir -recordémoslo, no me estaba permitido sentir absolutamente nada-, pues pude ver a mi madre apoyándose en la puerta de la habitación, sollozando, sin atreverse a acercarse a mí, tal y como había hecho la alumna momentos antes, se limitaba a tomar el teléfono entre sus manos, como habría hecho cualquiera en una situación como esa, para hacer una llamada, bien a mi padre, bien a una ambulancia, mientras yo seguía pensando en el sueño que acababa de tener y me decía a mí miso: ¿De qué sirve todo esto?".








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Maaruf nació en 1978 en Beirut. Trabajó durante años como profesor de Física y Química antes de dedicarse a la escritura, el periodismo y la traducción. Como periodista ha trabajado para medios como Al-Quds-el-Arabi (Londres), Qantara (París) y Kalima (Abu Dabi), entre otros. Ha publicado tres libros de poemas: Nuestro dolor se parece al pan (2000), La cámara no captura pájaros (2004) y Un ángel sobre el tendedero (2012), y sus versos han sido traducidos a diversos idiomas.
A su vez, el escritor ha traducido al árabe a notables escritores islandeses, entre los que destaca Sjón. Con su primer libro de narrativa, Chistes para milicianos (2015), obtuvo el premio Almutaqa, el equivalente al Man Booker árabe, y ha sido traducido a numerosas lenguas, entre ellas al español por Ignacio Gutiérrez de Terán.
Como curiosidad he de indicar que España aparece en dos relatos. Siempre me llama la atención cómo aparece nuestra cultura o idiosincrasia en la literatura o el cine de otras latitudes. En "Matador" el protagonista llega a morir tres veces. Trabaja en un matadero y su sueño siempre fue llegar a ser matador de toros, torero. Uno de los objetos centrales de la historia es el traje de luces del gran torero Miguel Dominguín. El protagonista se pasó cuatro años pagándolo y cuando por fin lo tuvo se fue a trabajar vestido con él. Como el traje le venía grande el toro lo desbarató definitivamente. La otra aparición de España es en el último relato, "Juan y Awsa". En él vuelven a salir los toros, en este caso los encierros y un toro que persigue a Juan porque huele en él el sexo de una chica con la que ha estado. 

sábado, 22 de junio de 2019

SOLSTICIO de VERANO - de Giórgios Seféris















       1

El mayor de los soles en un lado
y del otro luna nueva
lejos de la memoria como aquellos pechos.
Y en medio el abismo de la noche estrellada
el cataclismo de la vida.

Los caballos en las eras
galopan y transpiran
encima de los cuerpos esparcidos.
Allá van todos
y esta mujer
a quien miraste bella, un instante
encórvase ya no resiste más arrodillóse.
Las piedras de molino muelen todo
y todo en astros se convierte.

En vísperas del día más extenso.


       2

Todos tienen visiones
por más que nadie lo confiese;
van y aseguran que andan solos.
La magna rosa,
estuvo siempre aquí
a tu costado sumergida en lo profundo del sueño
tuya y desconocida.
Pero apenas ahora que tus manos la tocaron 
en sus remotos pétalos 
has sentido caer la pesantez compacta del danzante
en el río del tiempo— 
borbollón tremebundo.

No disipes el hálito que te acordó 
este respirar.


       3

Con todo en este sueño
degenera el ensueño fácilmente
en pesadilla.
Como el pez que brilló bajo la ola
y en el cieno del fondo se sumió
o bien camaleón que cambia de color.
En la ciudad vuelta prostíbulo
rufianes y cuerpos públicos
pregonan encantos podridos;
la muchacha traída por las olas
luce una piel de vaca
para que la monte el torillo;
al poeta
los chiquillos le lanzan deyecciones
mientras ve cómo sangran las estatuas.
Es preciso que salgas de este sueño;
de esta piel fustigada.


       4

En la demente dispersión
a diestra y a siniestra por encima y abajo
revolotean las basuras.
Sutiles humos deletéreos
paralizan los miembros de los hombres.
Las almas
apresuradas a dejar el cuerpo
tienen sed y no hallan agua por ningún sitio;
fíjanse acá fíjanse allí a la ventura
pájaros atrapados en varetas;
inútilmente se debaten
tanto que no resisten más sus alas.

La región se reviene sin cesar 
jarro de tierra cocida.


       5

En narcóticas sábanas envuelto 
el mundo nada tiene que ofrecer 
salvo este final.
                 En la cálida noche la marchita 
sacerdotisa de Hécate
con los pechos desnudos arriba en la terraza 
implora un plenilunio de artificio, mientras 
dos impúberes siervas que bostezan 
revuelven filtros aromáticos 
en calderos de cobre. 
Hartáranse mañana los amadores de perfumes.

El fuego y los afeites de ella son iguales 
a los usados por las trágicas 
un yeso ya resquebrajado.


       6

Por los laureles
por las blancas adelfas
por la espinosa peña
y el mar de vidrio a nuestros pies.
Recuerda la túnica que miraste
abrirse y deslizarse sobre la desnudez
y caer al redor de los tobillos
muerta—
si así cayera este sueño
entre los laureles de los muertos.


       7

El álamo en el pequeño huerto
su respirar mide tus horas
noche y día;
clepsidra que los cielos llenan.
Bajo la fuerza de la luna sus hojas
arrastran en el blanco muro negras pisadas.
Hay en el borde unos cuantos pinos
y detrás mármoles y luminarias
y hombres así como son los hombres.
Pero el mirlo gorjea
cuando viene a beber
y algunas veces oyes el canto de la tórtola.

En el pequeño huerto de diez pasos de largo
puedes ver cómo cae
la luz del sol en dos claveles rojos
en un olivo y una exigua madreselva.
Admite quién eres.
                              El poema 
no lo sumerjas en los hondos plátanos 
nútrelo con la tierra y la roca que tienes. 
Para mayores frutos— 
los hallarás cavando en el mismo lugar.


       8

El papel blanco rígido espejo 
sólo devuelve lo que eres.

El papel blanco habla con tu voz,
tu propia voz
no la voz que te place;
tu música es la vida
ésta que has dilapidado.
Es posible ganarla de nuevo si lo quieres
si te cebas en esa indefinida cosa 
que a regresar te impulsa 
al punto de partida.

Viajaste, muchas cosas has visto muchos soles 
tocaste muertos y vivos 
el dolor percibiste del muchacho 
y los quejidos de la mujer 
el amargor del niño inmaturo— 
y lo que percibiste se abate sin sostén 
si en este vacío no pones tu confianza. 
Tal vez encuentres allá lo que creíste perdido; 
el brote de la juventud, la justa 
             sumersión de la vejez.

Tu vida es lo que diste 
este vacío es lo que diste 
papel blanco.


       9

Hablabas de cosas que no veían los demás 
y éstos reíanse.

Boga con todo en el umbroso río
contra la corriente;
cursa los caminos incógnitos
a ciegas, obstinado
y busca palabras enraizadas
como el olivo de múltiples nudos—
y déjalos que rían.
Aspira a que también el otro mundo
en la hodierna sofocante soledad habite
en este presente dilapidado—
déjalos.

El rocío del alba y el viento del mar
existen sin que nadie lo demande.


       10

A la hora en que los sueños se vuelven verdad 
al despuntar el día 
vi los labios abrirse 
pétalo a pétalo

En el cielo brillaba una delgada hoz. 
Temí que los segara.


       11

El mar que nombran la serenidad
barcos y velas blancas
brisa desde los pinos y el Monte de Egina
respiración jadeante;
resbalaba tu piel sobre la piel de ella fácil y cálida
cual incipiente pensamiento que se olvida al punto.

Pero en los médanos 
un pulpo arponeado lanzó tinta 
y en el fondo—
si pudieras pensar hasta donde terminan 
             las hermosas islas.

Mirábate con toda la luz y la tiniebla que poseo.


       12

Agítase ahora la sangre
al bullir el calor
en las venas del cielo virulento.

Pretende trascolarse a través de la muerte 
para encontrar la bienaventuranza.

La luz es pulsación
más y más lenta cada vez
piensas que va a detenerse.


       13

Un poco más y se detiene el sol. 
Los espíritus del alba 
soplaron en las desecadas caracolas; 
el pájaro cantó tres veces
             tres veces sólo; 
la lagartija en la piedra blanca 
queda inmóvil
mirando la yerba requemada 
allí donde se deslizó la culebra. 
Un ala negra traza una profunda brecha 
arriba en la cúpula del azul— 
átala, que se abre.

Dolor de la resurrección.


       14

Ahora,
con el plomo fundido de las adivinanzas* 
el centelleo del mar estival,
la desnudez entera de la vida;
y el pasar y el parar y
          el acostarse y el incorporarse
Como el pino en pleno mediodía
por la resina sojuzgado a engendrar la llama se apresura
y no soporta ya el dolor—

grítales a los niños que junten la ceniza 
y la siembren.
Lo pasado pasó justificadamente. 
Y aun lo que no pasó
debe quemarse 
en este mediodía con el sol enclavado
en el corazón de la rosa de cien pétalos.




* Alusión a una ceremonia que, al mediodía de cada 24 de junio, tiene lugar en ciertas islas griegas. Dicha ceremonia, llamada klído-nas, se desenvuelve como sigue: Reunidas algunas muchachas, llenan una vasija de barro con el agua de un pozo, en medio del mayor silencio. Al mismo tiempo, caliéntase en otra vasija un pedazo de plomo, hasta que el plomo se funde. En seguida, se vierte el plomo derretido en el primer recipiente lleno de agua, mientras rezan determinadas oraciones. Como es natural, al enfriarse, el plomo se endurece y adopta formas caprichosas. Una de las muchachas lo toma entonces con sus manos y lo entrega a una “adivina”, para que, mediante una interpretación de esa forma, le prediga el futuro. El mismo proceso se repite en beneficio de cada una de las participantes. [Nota del traductor.] 







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Giorgos Seferis fue poeta, ensayista, diplomático y traductor griego. Nació en Esmirna (Turquía), en 1900; falleció en 1971. Con 14 años se trasladó con su familia a Atenas. Estudió Derecho en La Sorbona de París y regresó a Atenas para entrar en la carrera diplomática. Durante la Segunda guerra Mundial se exilió a Creta, Egipto, Sudáfrica e Italia. Tras la guerra continuó su carrera y fue nombrado embajador en el Reino Unido hasta 1962, año en el que se retiró. Obtuvo el premio Nobel de Literatura en 1963. 
Seféris escribió en demótico, es decir, con las palabras del pueblo, en oposición a la lengua oficial. Fue un símbolo para sus compatriotas: de civismo, de compromiso, de modernidad que no sólo no renuncia a una tradición riquísima, sino que toma de ella valiosas herramientas para construir el futuro. En él reconocemos tanto el eco irresistible de la Grecia clásica como las audacias y los dolores del individuo actual.

Entre su obra destaca:
– I Strofi El momento crucial -1931
– I Sterna - La cisterna – 1932
– Mythistórima Novela (serie de poemas basados en la Odisea) – 1935
– El rey de Asine – 1948
– Poiímata, 1924-46 – 1950
– Poems – 1960
– Tría kryfá poiímata (Tres poemas secretos) – 1966
– Delphi – 1963

                   

jueves, 20 de junio de 2019

LA VIDA en TIEMPO DE PAZ - de Francesco Pecoraro




Ivo Brandani es el protagonista de esta ambiciosa, profunda y torrencial novela que transcurre en una sola y enjundiosa jornada. Este ingeniero italiano espera en el aeropuerto egipcio de Sharm-el-Sheik para volver a Roma y en el tiempo suspendido del aeropuerto y posterior vuelo reconstruirá sus sesenta y nueve años de vida para dar cuenta de sí mismo; pero también de toda una generación que, desde los años cincuenta, ha vivido un tiempo de paz excepcional. 

Realmente la paz del título es pura ironía ya que ese periplo vital ha estado sembrado de conflictos, tanto personales como sociales: su paso por las utopías de los 60 hasta integrarse en un sistema netamente capitalista, la inoculación de la Mafia en todos los estamentos de la sociedad italiana y en definitiva la pérdida paulatina de los valores que enarbolaba en su juventud (sintomático y amargo es un capítulo que analiza la adecuación del capitalismo a las nuevas ideas, absorbiendo y transformando los movimientos sociales en su beneficio). Él, que no ha vivido nunca en guerra, está en guerra consigo mismo, se baten lo que ha llegado a ser y lo que soñaba que iba a ser.

"¿Qué ha significado vivir setenta años en Tiempo de Paz? ¿En qué fuimos diferentes de nuestros padres y de los padres de nuestros padres? Padres, abuelos, bisabuelos y más atrás aún, si nos remontamos en el tiempo, vivieron en su propio mundo, y eran mundos no comparables con el mundo en que vivimos ahora: nunca ha habido una paz tan duradera, nunca ha habido una aceleración tan fuerte de las cosas, los objetos nunca se han transformado tan rápido en otros objetos, nunca ha habido una inestabilidad tan acentuada..."
Aunque se trate de una novela, su protagonista es un filósofo que reflexiona sobre la existencia en un mundo conflictivo, falsamente pausado por un tiempo de paz, pues está sometido a la inestabilidad de una intensa aceleración. Al final, la antigua cuestión del sentido de la vida se ha convertido en La Pregunta Fundamental: "¿Qué pruebas puedo aportar para dar testimonio de haber vivido?". Brandani especula sobre ello a lo largo de setecientas páginas. 
"Parloteaban los filósofos, los psicoanalistas, los religiosos sobre las profundidades insondables del alma humana... La verdad es que somos simples, bidimensionales y gregarios... Nos basta con crecer en una cultura determinada para no poder quitárnosla de encima. Es más, nos convertimos en sus defensores de por vida, convencidos de que, por el mero hecho de haber nacido dentro, ese caldo de cultivo es el mejor... La idea de identidad se ha construido sobre ese sentido natural e idiota de pertenencia, por tanto nuestra identidad se refleja en el caos que se ve aquí abajo, donde las cosas son complicadas, pero no realmente complejas..."
La novela se reparte entre dos voces, la del narrador y la del protagonista que se interpelan e intercambian para llevar a cabo un viaje desde el presente hasta la infancia del ingeniero. Esta estructura sutil y equilibrada se acaba de perfilar con la distribución por capítulos donde prácticamente se narra un suceso por década. De este modo cabe todo, el relato, la reflexión, los monólogos de corte filosófico y una pesimista mirada al siglo XX europeo.
Caída de Constantinopla

A Brandani le obsesionan la catástrofe y el caos. Ve inminente el desastre en cualquier hecho. No en vano su libro favorito es el Apocalipsis y la caída del imperio bizantino el hecho recurrente de sus reflexiones. Curiosamente la jornada en la que transcurre la novela es el 29 de mayo (de 2015), el mismo día y mes (29 de mayo de 1453) en que cayó Constantinopla. Él es un hombre desencantado
"Con todo, he descubierto algo sobre mí mismo: soy un no héroe, un no valiente, un no dominador, alguien que no cree en nada, que nunca ha creído en nada, ni siquiera cuando pensaba lo contrario... Soy alguien-que-se-conforma, alguien para el que no hay nada importante más allá de vivir en las mejores condiciones posibles..."
Vuelve a casa después de trabajar en el reemplazo del coral del Mar Rojo por réplicas sintéticas. Este proyecto es sintomático de las ideas que asaltan al ingeniero: a su alrededor sólo ve un “mundo falsificado”, como ese coral. Un mundo que falsifica no sólo los objetos o la naturaleza; sino sobretodo la memoria histórica y el lenguaje; un mundo que sólo atiende a una codicia vacía que nos acerca al precipicio de la ruina vital. 
"Una cosa es recrear lo falso en la ficción aclamada y compartida y otra reconstruir lo auténtico con lo falso, pero como si fuese auténtico, en un contexto real."
Brandani posee una mirada desoladora y sin esperanza que, sin embargo alberga refugios ilusorios, como aquella isla del Egeo que conoció en los setenta donde la existencia en cautividad se convertía en plácida contemplación.

Este ingeniero introspectivo y voyeur retrata sin recato a las mujeres, los colegas, la sociedad pervertida que le rodea y el mundo falsificado que no va a ninguna parte, mientras él envejece con dolor. Se mira horrorizado en el espejo y ve al padre: “Parecía que su padre hubiera nacido de nuevo en él”. A veces siente que hay dos Ivos: uno que actúa en el mundo y en el tiempo y el que lo observa desde fuera como un extraño, sin entender nada, indiferente.

Ideas al margen, la novela es un festín estilístico y literario, con una audacia en su material narrativo que pocas veces se ve: cada observación provoca una nube de pensamientos y asociaciones narradas con una mezcla de distintas técnicas: la narración pasa de forma natural del monólogo interior a la tercera persona o de la pura introspección al alejamiento más analítico. Y todo ello sin caer en un huero estilismo. Tiene capítulos de una profundidad insuperables en los que la consciencia fluye acerada e irónica; pero quizás el mérito mayor es la autenticidad del perfil que nos dibuja, un genuino arquetipo de la clase media europea que ha definido a toda una generación.


Brandani es un antihéroe a la antigua usanza, crítico y burlón. Repasa su infancia gris en aquella ciudad "caótica, infame y preciosa" decorada por Bernini, su participación en las revueltas del 68 en busca de una utopía, su giro hacia la ingeniería al enamorarse de un puente en Escocia, los recuerdos playeros de la adolescencia, el descubrimiento del sexo y el amor, la barbarie de la posguerra y la caída en picado tras los excesos del capitalismo más salvaje que degeneró en la brutal crisis económica más reciente. No ahorra sarcasmos para con los ejecutivos y políticos dedicados en cuerpo y alma al poder. Tampoco se libran la sociedad, la burocracia y la corrupción del "país de necios" en el que vive. 

Individualista, cínico, adicto a los ansiolíticos; lo que más lamenta Brandani es no haber sido fiel a su máxima de que “nunca le atraparían” pues “él no era como ellos”.
"En física se llama efecto Coriolis, Brando: toda trayectoria sufre una curvatura, a veces hasta llegar a enroscarse sobre sí misma... Ya no estás donde habría querido estar, ya no llegas al punto donde has diigido la proa, sino a otra parte completamente distinta, y puedes darte con un canto en los dientes si consigues terminar cerca de tu objetivo... Yo, suponiendo que tuviese un objetivo, no sólo lo he incumplido estrepitosamente, sino que desde aquí ni siquiera lo veo ya..."

Así comienza este libro mayor de nuestro tiempo.



Siempre es de noche, por eso necesitamos luz.
Thelonius Monk

A Ivo Brandani lo perseguía el sentido de la catástrofe. La veía en cualquier iniciativa de transformación de la realidad, en cualquier edificio (porque puede derrumbarse), en un avión en vuelo (porque puede precipitarse al vacío), en un automóvil en movimiento (porque puede derrapar), en un enchufe (porque puede cortocircuitarse), en una sartén al fuego (riesgo de incendio), en un vaso de agua (porque puede volcarse), en un huevo fresco (porque puede romperse): todo lo que está en pie puede caerse, todo lo que funciona puede dejar de hacerlo. De hecho, antes o después dejaría de hacerlo, no cabía duda. Pero ¿cómo podría haberse evitado aquella catástrofe? Era un acontecimiento muy lejano en el tiempo, no tendría por qué haberle importado. Y, sin embargo, le importaba.

Nunca se ha sabido bien quiénes eran aquellas gentes, ni de dónde habían venido, ni cuándo exactamente ni por qué. Lo único que se sabía es que era un grupo étnico de Asia Central. Incluso alguien había llegado a afirmar que no eran más que griegos que habían cambiado de religión y de costumbres. Lo que sí se sabía con seguridad es que, un par de siglos después de su primera aparición en las costas del Mediterráneo, habían conquistado Constantinopla. Y eso le resultaba inaceptable. De hecho, a partir del 29 de mayo de 1453, en todas las generaciones humanas han existido personas que no han sido capaces de aceptar la caída de Bizancio. El ingeniero Ivo Brandani era una de ellas.

jueves, 13 de junio de 2019

ANOTHER DAY of LIFE - de Raul de la Fuente y Demian Nemow



El 11 de Noviembre de 1975 estaba prevista la independencia de Angola, pero los meses previos EEUU, de la mano de la CIA, y el ejército sudafricano intentaron apoderarse de un país rico en petróleo, gas y diamantes. Una falsa guerra civil se puso en marcha; lo que había en realidad era una ocupación encubierta. La guerra asoló el país durante décadas y ayudó a forjar un régimen semejante al cubano. Con la guerra de Vietnam finiquitada, las grandes potencias se lanzaron sobre un país insignificante en el tablero internacional para discutir la hegemonía mundial, convirtiendo a los angoleños en peones sacrificiales.

A pesar de que las colonias de Portugal en África ya se habían independizado, faltaba la joya de la corona. Sobre suelo angoleño las grandes potencias reprodujeron el terror de la Guerra Fría, con EEUU y el apartheid de Sudáfrica respaldando a UNITA, mientras que el MPLA gobernante recibía el apoyo de la antigua Unión Soviética y Cuba. El conflicto se alargó hasta 2.002, 27 años durante los que murieron al menos 500.000 personas.


La película tiene forma de puzzle y relata un aprendizaje y una ignomia, la de la invasión. En el puzzle se intercalan la narración clásica de un relato animado con aroma a novela gráfica y los testimonios, fotos y vídeos originales de la época. Con su quiebra de la narrativa se pretende subrayar la voluntad de documental. En esta parte se incluyen varias entrevistas a los supervivientes del conflicto, 40 años después y realzan el dramatismo y veracidad del relato. A estas piezas se suman unas visiones surrealistas que asaltan a Kapuściński en determinados momentos y que tienen una gran potencia visual: un cielo de nubarrones negros se descompone en pistolas y metralletas que llueven sobre los civiles que huyen. Un taxi que lleva al reportero al frente de pronto se encuentra flotando entre caminos y edificios suspendidos en el aire que se desbaratan como una realidad que se viene abajo. 






















El aprendizaje tiene que ver con el autor del libro en que se basa la película, el reportero polaco Ryszard Kapuściński, que permaneció 3 meses en Angola, entre septiembre y noviembre de 1975. Llegó allí como un simple reportero y salió con la fuerza de un escritor y la decidida ética de colocarse al lado de los más débiles. "No dejes que nos olviden" le pide un guerrillero antes de morir.

Kapuściński lo tenía claro: “Mi tema principal es la vida de los pobres. Si soñáis con ser periodistas no podéis ignorarlos. Los pobres constituyen el 80% de la población de este planeta. La pobreza no tiene voz. Mi obligación es lograr que la voz de estas personas sea escuchada".  Sus libros tienen una enorme fuerza. Evocan hechos y circunstancias rehuyendo lugares comunes y estereotipos. Transmite de forma genuina lo que él mismo ha vivido, casuchas llenas de cucarachas, callejones batidos por el fuego, peligro de muerte delante del fusil de un guerrillero. Y ante todo una mirada lúcida y el estilo de gran narrador. 


La película adopta el tono del género "corresponsales de guerra"*, cuya lista alberga películas excitantes donde conviven el conflicto moral del propio rol con la adrenalina de transmitir los muchos conflictos que han ensangrentado el siglo XX. A lo largo del metraje asistimos a la peripecia de Kapuściński, según el director "a la transformación de un hombre solo y perdido en una guerra caótica, una guerra en la que los bandos no se presentan sino esperan a que elijas el saludo entre 'hermano' o 'camarada' para decidir si te matan o no".


El reportero es capaz de arriesgar su vida con tal de cruzar el país y llegar hasta el mismísimo frente donde una pequeña partida aguanta el empuje de un potente ejército. El comandante Farrusco es toda una leyenda perdida en el remoto frente. Este viaje y este encuentro emula la travesía que Joseph Conrad relató en El corazón en las tinieblas (y que Francis Ford Coppola adaptó magistralmente a la pantalla en Apocalypse Now). El peregrinaje del corresponsal le cambiará definitivamente. El propio director lo ha reconocido: "Me atrajo mucho ese paralelismo con El corazón en las tinieblas, en cuanto a que Kapuscinski viajó al sur de Angola a buscar a un mítico comandante, Farrusco, el hombre que está al cargo de toda la frontera con Sudáfrica".

Las carreteras llenas de cadáveres pudriéndose, los asaltos indiscriminados del ejército sudafricano y la filosofía moral de Farrusco, un paracaidista portugués que llegó para asesinar pero acabó cambiando de bando; le harán tomar partido definitivamente.

Aparte del conflicto y el reportaje, éste es el asunto más peliagudo del relato. "Perdí la paz por el resto de mi vida", dice Artur, el periodista autóctono compañero de Kapuściński. Y con la paz se fue el anhelo de la imposible objetividad. ¿De qué lado anda un periodista que cubre una guerra desde la trinchera? ¿Puede cambiar la realidad de la que escribe? Esta misma pregunta le hicieron al reportero Ryszard Kapuściński en uno de sus cursos de periodismo en la Universidad. Un alumno le cuestiona si el hecho de que un periodista esté presente en un conflicto e informe sobre él no está variando o influyendo en ese conflicto. Muy interesante.
Aunque Kapuściński lo ataja con su compromiso con los más débiles, es verdad que la reflexión tiene un carácter casi cuántico: aunque el periodista fuese objetivo, el simple hecho de observar esos hechos y además transmitirlos, influye en los hechos.

Tiene muchas cosas interesantes esta película que sigue a un hombre apasionado y audaz que se horroriza ante la injusticia. La primera es que es clara y directa como un buen reportaje periodístico y logra reflejar con autenticidad la fragilidad de la vida, esos momentos en que te asomas al abismo de la guerra que quieres transmitir y te das cuenta de que tú mismo eres parte de ella. 

El relato se muestra tan épico como conmovedor. Farrusco, acorralado y en clara minoría le transmite al reportero la filosofía que desayuna con satisfacción cada mañana: "Un día más con vida".

La segunda es que alberga un terrible dilema moral sobre el oficio de periodista. La tercera es que nos acerca a un conflicto local quizás ya olvidado, pero cuyas consecuencias llegan hasta nuestros días

Otro asunto es el estilo y la estructura del film al que hay que dar un valor propio. De primeras resulta sorprendente que se haya realizado con técnicas de animación, pero "Vals con Bashir" ya nos demostró que la animación puede ser muy adulta en sus tratamientos y temas. El estilo y el color dorado de las tierras africanas me convence plenamente, lo mismo que los tiroteos y las escenas urbanas. No quiero olvidarme de la cuidada banda sonora en la que destaca el tema funk psicodélico Better change your mind (Mejor cambia tu mente), del nigeriano William Onyeabor.

El director Raúl de la Fuente, que recoge en su película la confusão de la que todo el mundo hablaba en aquellos tiempos, ve su cinta muy actual. Sólo hay que ojear los periódicos para ver que no han cambiado mucho las cosas: “Ahora vivimos una extraña repetición de esa guerra fría, con los mismos protagonistas. Confusão hoy significa Donald Trump, Vladimir Putin... Confusão significa población civil aniquilada en Siria ante la indiferencia de todos nosotros. Significa refugiados que sufren por todo el mundo. Es la misma historia”.














P. D.
La película presenta a Kapuściński como poco menos que un héroe. No es criticable; pero a día de hoy conviene añadir un contexto. En 2010 saltó una polémica sobre el trabajo de Kapuściński a cuenta del libro biográfico "La no-ficción de Kapuscinski" de su alumno y amigo Artur Domoslawski, Este libro revela que el maestro polaco no siempre actuó como un estricto periodista investigando las fuentes y relatando los hechos de forma fidedigna. El libro de Domoslawski ha sido criticado por varios motivos. Entre ellos, su forma de abordar las numerosas aventuras amorosas del escritor viajero, su tratamiento del pasado comunista y los contactos ocasionales de Kapuscinski con la policía secreta. Una explicación certera y equilibrada de esta polémica sobre la non-fiction en Kapuscinski la podemos leer en este excelente artículo de Timoty Garton Ash.  
Muchos avezados reporteros de todo el mundo han salido en defensa del gran maestro de periodistas. El mismo Domoslawski, a la vista del debate generado, opina que Ryszard Kapuscinski practicaba diversos géneros periodístico-literarios fronterizos cuando descuidaba los datos o las fuentes, pero en absoluto era un embaucador o un mentiroso.