domingo, 10 de julio de 2016

MONEY MONSTER - de Jodie Foster

Furibundo reality en la edad dorada de los realities, crítica económica en el imperio de los apalancamientos y fraudes financieros. Money Monster entra de lleno en los mecanismos y el lenguaje de la televisión para ofrecer un espectáculo de los de antes; cuando se decía aquello de "enseñar entreteniendo".

Un joven desesperado, que ha perdido todos sus ahorros en una inversión fallida, se cuela con un chaleco de explosivos en el estudio de televisión desde donde se emite el programa Money Monster. Allí se encierra con su presentador, Lee Gates (George Clooney) que, mientras baila y hace el payaso con sus azafatas, analiza las bolsas y recomienda inversiones. Todo es un juego parece decirnos Gates mientras baila, suena la música de fanfarria y grita como un energúmeno ¡¡Triple doble!!. Las finanzas son un juego...y ¡ay! de quien vaya en serio. Producen heridos y arrasan vidas.

Jodie Foster dirige su cuarto largo mezclando todo el morbo de los reality televisivos con el puro drama. Y ése es su mayor acierto. El joven de las bombas exige que se mantenga abierta la emisión y es entonces cuando la directora del programa (Julia Roberts) y el presentador estrella asumen su rol. La televisión manda. Prima el espectáculo y el contraste entre el drama que se está ventilando y el formato plenamente frívolo nos regala una ironía plena: la reflexión sobre el estado actual de los medios y los gurús económicos; todos ellos monstruos con pies de barro que encenagan una sociedad idiotizada. 

La cinta está en la línea de un puñado de películas que últimamente se empeñan en explicarnos la gran estafa que está siendo esta crisis. El robo de los pobres, parados y pensionistas para enriquecer aún más escandalosamente a los más ricos. Ahí están La Gran Apuesta, Margin Call o El lobo de Wall Street. Aunque la línea narrativa más fuerte tiene que ver con el mundo de la televisión tal y como se reflejaba en películas como Network (Un mundo implacable), Tarde de perros o Mad City

La crítica económica no hace sangre, aunque todos queden retratados: los bancos, los medios y el propio inversor fallido. La presencia de su novia es una refrescante bofetada. La directora, además, clava una pica en Flandes haciéndole confesar al directivo en el corazón de Wall Street. Pero no nos engañemos. También le hace decir: el sistema funciona así, no he hecho nada ilegal.

Como digo, más que en la explicación de la crisis, donde triunfa la directora es en el formato televisivo que utiliza para establecer un tenso juego del gato y el ratón: la directora ordena los planos, el presentador sigue las órdenes del pinganillo, entran los vídeos y los redactores persiguen los datos. De pronto el vacuo periodismo-espectáculo adquiere hondura y se convierte en la conciencia moral de una sociedad envilecida por las ansias del enriquecimiento rápido. 

El ritmo es plenamente de thriller, la tensión crece por instantes, y el hecho de que todo se desarrolle en un set televisivo habla de una planificación tan precisa como milimétrica.  La línea argumental que sigue el hilo de la empresa quebrada (Dominic West es el financiero que ofrece transparencia mientras esconde los millones) ofrece un punto más de intriga, aunque no pasa de ser meramente instrumental. 

George Clooney es el puto amo. La evolución de su personaje de payaso a periodista verdadero está muy conseguida y es de agradecer que un tío con su carisma se dedique a mostrar las miserias del mundo occidental: Los idus de marzo en cuanto a política y Buenas noches y buena suerte, como homenaje a los valores que alberga el cuatro poder.  
También Julia Roberts se lava la cara para representar a una profesional de los medios con gran veracidad.

En un momento dado el Macguffin de la película es un algoritmo creado para realizar miles de operaciones bursátiles en segundos. Cuando más rápido mejor. Especulación a la enésima potencia. Pero todos sabemos que las máquinas son tontas y por lo tanto virtuosas. No así quien las manipula.

Es España ya se nos mostró esta rabia ante la estafa con formato de thriller, en El desconocido. Jodie Foster va un poco más allá al implicar y jugar con el medio televisivo. Muy notable.

jueves, 7 de julio de 2016

Las MUJERES y los DÍAS - de Gabriel Ferrater









La poesía de Ferrater es directa y coloquial; pero sorprende por el misterio que irradia y su lucidez. En ella se da una simbiosis entre lo intelectual y lo corporal. Es una poesía dialogada, íntima pero muy comunicativa. Los poemas denotan una postura vital de cierta perplejidad ante el mundo a la vez que nos transmite una apuesta clara por la más edénica felicidad. "Ser feliz es la sola alternativa en lucha contra las cenizas y el desaliento." El poeta es un claro partidario del carpe diem. De todo ello es epítome In Memoriam, uno de sus poemas más extraordinarios. 

Luis Izquierdo nos avisa, en un escueto y claro Prólogo, que "dos son las eliminaciones a las que procede Gabriel Ferrater en su poesía. La primera es la del Romanticismo. La segunda, la de una retórica ornamental -cuanto más brillante, peor- que escamotea la inteligibilidad necesaria del texto." Ferrater entendió su poesía como "la descripción de algunos momentos de la vida moral de un hombre ordinario".
Educado a la francesa -estudió cuatro años en Burdeos- y lector copioso, Ferrater "no abandonó jamás una condición de adolescente pertinaz". Poeta de la experiencia y de la inteligencia, consiguió fijar una modulación poética absolutamente personal en sólo tres libros (cuya suma es este volumen) y en un plazo muy corto: de 1960 a 1966.

El título Las mujeres y los días remeda irónicamente al de Hesíodo para fijar su atención en las dos claves de su poesía: la relación con la mujer y el paso el tiempo trazando la experiencia personal. La memoria será la corriente por donde estos dos temas naveguen.

IN MEMORIAM

Cuando estalló la guerra, yo tenía
catorce años y dos meses. Al principio
no me afectó demasiado. Tenía la cabeza
llena de otra cosa que todavía hoy
creo más importante. Descubrí
Les Fleurs du Mal, y eso quería decir
la poesía, ciertamente; pero
hay algo más que no sé cómo llamar,
y que es lo que cuenta. ¿La rebeldía? No.
Así la llamaba entonces. Tumbado
en un avellano, en el corazón
de una rosa de hojas mustias y muy verdes,
como pieles de oruga desollada, allí,
tendido en la entrepierna del mundo,
me espesaba en feliz rebeldía,
mientras el país estallaba en revolución
y contrarrevolución, no sé si feliz,
pero más revolucionado que yo. ¿La vida
moral? Tal vez, pero me parece ambiguo.
Quizás la palabra más exacta es egoísmo,
y es mejor recordar que a los catorce
hay que mudar de primera persona:
ya nos oprime el plural, y el ejercicio
del estilita singular, la náusea
del encaramado sobre sí mismo,
parece un buen programa para el futuro.
Después vienen los años y, felizmente,
se alejan también, y se nos va cansando
la mano que acaricia la frente obstinada
del cordero íntimo, y entonces adoptamos
ese plural, no sé si de modestia,
que renuncia al singular, nos abandona,
pero agradeciéndolo y premiándolo. Basta. 
                             (Este fragmento son los 33 primeros versos del poema)


FIN DEL MUNDO
Puedo repetir la frase que se llevó
tu recuerdo. Nada más sé de ti.
Esta insistente agua de palabras,
siempre creciente, va desmoronando los márgenes
de la vida que creía real.
La tierra pedregosa y fatigosa
de andar, y los árboles que me herían
los ojos con una rama delicada,
tan vivamente maligna, convincente
con la mejor prueba, la de las lágrimas,
parece que no son nada. Se van rindiendo
a la anchura gris, jaspeada
de esperma pálido, empalagoso. Todo cae
con un ruido lento y blando, y flota
sin figura, o se hunde para siempre.
Todo da sentido, sólo sentido, todo es
tal como he dicho. No sé nada de ti.



HABITACIÓN DE OTOÑO 
La persiana, no del todo cerrada, como
un retenido espanto de caer hasta el suelo,
no nos aísla del aire. Mira, se abren
treinta y siete horizontes rectos, finos,
mas los olvida el corazón. Y sin nostalgia
va muriendo la luz, que era color
de miel, y ahora es color de aroma de manzana.
Qué lento el mundo, qué lento el mundo, qué lenta
la pena por las horas que se van
aprisa. Dime ¿te acordarás
de esta habitación?
«La quiero mucho.
Aquellas voces de obreros... ¿Qué son?»
Albañiles:
falta una casa en esta cuadra.
«Cantan,
y hoy no les oigo. Gritan, ríen,
y hace raro que hoy callen».
Qué lentas
las hojas rojas de las voces, qué inciertas
cuando a cubrirnos vienen. Soñolientas,
las hojas de mis besos van cubriendo
los escondites de tu cuerpo, y mientras tú ya olvidas
las hojas altas del estío, los días
abiertos y sin besos, en el fondo
recuerda el cuerpo: aún
mitad es de sol tu piel, mitad de luna.


AL REVÉS 

Lo diré al revés. Diré la lluvia
frenética de agosto, los pies de un chico
enroscados al final del trampolín,
la levedad de lebrel que las lilas
desprenden en abril, la paciencia
de la araña que escribe su hambre,
el cuerpo -cuatro piernas, dos cabezas-
en un solar gris de crepúsculo,
el pez lábil cual arco de violín,
el oro y azul de las niñas en bici,
la sed dramática del perro, el filo
de los faros de camión en la madrugada
pútrida del mercado, los brazos suaves.
Diré lo que se me escapa. Nada diré de mí.


SI PUEDO 

Alguna cosa ha entrado
dentro de algún verso que sé
que podré escribir y no
sé cuándo, ni cómo, ni qué
querrá decir. Si puedo,
Que diga tus cabellos
o la escama de sol
que te vibra en esta uña.
Pero quizás no siempre
tendré del todo presente
lo que ahora veo en ti.
He oído el sonido oscuro
de una cosa que se me cae
dentro de un pozo. cuando flote,
¿sabré entender
que viene de este instante?


POSEÍDO 

Estoy más lejos que amándote. Cuando los gusanos
hagan una cena fría con mi cuerpo,
encontrarán un regusto de ti. Y eres tú
que indecentemente te has amado por mí
hasta llegar al fondo: saciada de ti,
ahora te excitas, te me marchas
tras otro cuerpo y rechazas la paz.
No soy sino la mano con la que vas a tientas.


OCIO 

Ella duerme. Es la hora en que los hombres
ya despertaron, y una escasa luz
entra todavía a herirlos.
Con muy poco nos basta. Solamente
el sentimiento de dos cosas:
la tierra gira y las mujeres duermen.
Reconciliados, nos apresuramos
hacia el fin del mundo. No nos es preciso
hacer nada para ayudarle.



ÍDOLOS 

 Entonces, cuando yacíamos
abrazados frente a la ventana
abierta a la ladera de olivos (dos
semillas desnudas dentro de un fruto que el verano
ha abierto violento, y que se llena
de aire), no teníamos recuerdos. Éramos
el recuerdo que tenemos ahora. Éramos
esta imagen. Los ídolos de nosotros,
para la sumisa fe de después.





La poesía de Ferrater es una lucha por dar cuenta del instante en que las cosas nos incitan y se hurtan. Interesa los recuerdos y la construcción de la memoria que tan bien refleja el poema Ídolos, "Éramos el recuerdo que tenemos ahora".
Carmen Martín Gaite lo apunta así en un artículo recogido en su libro Tirando del hilo (Siruela):
"La poesía de Ferrater no nos presenta tanto los objetos recuperados como el esfuerzo del poeta por recuperarlos, el proceso de esa atención desvelada, al acecho.
La manera de ordenar y recomponer la experiencia nunca puede entenderse en Ferrater sin considerar tal intento unido al asombro y la extrañeza que le produce la aparición inesperada de "estos desechos de la memoria".
¿Por qué unos perviven y otros no? Ahondando en esta pregunta, Ferrater se da cuenta de que la memoria y el olvido bregan como dos personajes de auto sacramental, discutiéndose a dentelladas el botín del poeta: "La una hará cortas hogueras, / el otro, rescoldo de inquietud.".

También el amor tiene una vibración especial en los poemas de Ferrater, como esa maravilla que es Habitación de Otoño (Cambra de la tardor), rebosante de vitalidad y melancolía:
"Qué lento el mundo, qué lento el mundo, qué lenta
la pena por las horas que se van
aprisa. Dime ¿te acordarás
de esta habitación?"
Poeta, crítico, editor, profesor, lingüista y traductor nació en Reus, el 20 de mayo de 1922. Vivió temporadas en Londres y Hamburgo. Estudió durante tres años Matemáticas, pero finalmente se licenció tardíamente en Filosofía y Letras. Trabajó como profesor de Lingüística y Crítica Literaria en la Universidad Autónoma de Barcelona. Antes ya había sido director literario de Seix Barral, editorial que regía su amigo Carlos Barral. El 27 de abril de 1972, pocos días antes de cumplir cincuenta años, se quitó la vida en su piso de San Cugat. A sus amigos ya les había anunciado que él no cumpliría cincuenta años.

No falta en su poesía la reflexión literaria, tan irónica como acerada:
LITERATURA 
Tan vehemente, se dijo un calamar,
hago el ridículo: un chorro fino de tinta
ya desvía estos monstruos, tan poco críticos.
Perdida la abundancia del corazón,
descubrió la voluptuosidad formal:
mentirse objetivado en el arabesco
y mostrarse aún en él, subjetivo.
A la altivez de no esconderse mucho,
la llamó sinceridad; al miedo de verse
demasiado expuesto, sentimiento del estilo.
Con la esperanza de que los espasmos
del agua irían a su favor,
confió en el lenguaje. Murió
devorado: lo inefable lo tentó.
Ni la mirada sobre el tiempo que le tocó vivir. En medio de las revoluciones de los 60 y con la Guerra de Vietnam al fondo, compuso un poema como Canción del atreverse a poder, casi 50 años antes de que se pusiese de moda la palabra "empoderar". No está mal para alguien que opinaba que "la literatura es más bien un procedimiento higiénico para destruir las ideas ideológicas: es un ácido disolvente."

CANCIÓN DEL ATREVERSE A PODER  
  Atrévete a poder ser fuerte, y no te detengas:
atrévete a poder ser viejo, que si tienes hijos
un testamento les atará bien corto.
Atrévete a poder que no te guste mucho
ir testado por un mundo que se separa.
Si te sobran hijos, arréglales una guerra.
  Atrévete a poder dar trabajo a charnegos.
Con tu sueldo, comprarán vino bastante agrio
para que en tres años les pudra los dientes.
No te dé miedo: tú toma el opio de los ricos
(opio, te llega de Escocia y de Roma).
  Tú, muchacho nuevo, confía en años futuros.
Bastante tiempo tendrás de hacerte amigos virgilios
que te leguen eneidas que salvar.
Atrévete a poder hacerte persona augusta
cuando tengas tiempo. Y hoy, Octavio, chico,
atrévete a poder degollar a Cicerón.
  Barbado Alfonso, emperador de España,
primo de un Santo, y Sabio tú mismo,
fíjate bien, que vendrán otros más sabios
a historiarte, y dirán que eres mal rey:
les has perdido una sucia batalla
que ellos se han atrevido a poderse hacer suya.
  Vete con ojo, general, que una patria
se atreve a poner mucha esperanza en ti.
No te atrevas, no, a poder perder batallas.
Pero tampoco tienes que ganarlas todas.
Si tienes napalm con que sembrar campos del Norte,
atrévete a poder perder guerras del Sur.


Tras el suicidio de Ferrater, su amigo Jaime Gil de Biedma le escribió  un poema, A través del espejo, donde leemos:

Trabajos
de seducción perdidos fue tu vida. 
Y tus buenos poemas, añagazas
de fin de juerga, para retenernos.

lunes, 4 de julio de 2016

TESEO en el LABERINTO de la MEMORIA - de Gabriel Ferrater

Teseo y el Centaruo  -Canova-

Josep Besa Camprubí, de la Universitat Autònoma de Barcelona dirige su atención a dos laberintos literarios, los textos "El laberinto" de Borges y "Teseo" de Gabriel Ferrater.

"El tema del texto de Borges no es el Laberinto, como tampoco es Teseo el tema del poema de Ferrater." El Laberinto es un mito, una figura que sirve al autor para llegar al verdadero tema.
Lo figurativo siempre está al servicio de lo temático. El trayecto del uno al otro es necesario para proveer de sentido al texto. "Ni que decir tiene que este recorrido generativo de la figurativo a lo temático es obra del lector."

"En Teseo tenemos un hilo en el primer verso y unas mujeres que esperan en el último. Hay alguien que vuelve lleno de temor (no pisa fuerte), regresa, quiere salir. Parece un trayecto difícil -un trayecto de laberinto-, y en él la única ayuda es un hilo. Quien vuelve es Teseo; las mujeres que le esperan son Ariadna ("juntas", como se dice en el penúltimo verso, son una sola mujer), y saben que él puede salir porque son ellas quienes le han dado el hilo.  De forma singular, la lectura de un poema requiere un esfuerzo: entre el mundo de la realidad y el mundo de la ficción hay un vacío, y cualquier transición del uno al otro será bien recibida. El lector necesita un hilo que ilumine el camino que va a iniciar, que le oriente a través del texto y que le permita salir de él con ciertas garantías de que ha comprendido lo que se le ha querido decir. Todo lector es Teseo". Y el poema "Teseo" es su laberinto."




            TESEO

      Un solo hilo te dora
     la sombría memoria,
     corre por los tapices
     donde te has representado.
     ¿Vuelves, vuelves tú?
     No pisas fuerte,
     y te haces sufrir los ojos
     siguiendo la trama
     por los viejos corredores.
     Salvas simas
     de miedo sucesivo,
     sólo con que te refuljan
     reflejos de fe
     que, un poco idéntico,
     alguien que puedes decir
     que es tú mismo, siempre
     camina contigo.
     No volverás a hallar
     tu sombra espesa,
     el dúctil propósito
     con que sabes traicionar,
     hasta que salgas adonde,
     a la luz del sol
     ("¿cuál? ¿cuál?", te grita
     el grajo) juntas,
     te esperan las mujeres. 

                                                                 Gabriel Ferrater 



Laberynth -Leonora Carrington-
































"Teseo es el último poema de Les dones i els dies. Es un poema terminal.(...)Según Perpinyá quien nos habla -y nos ha hablado a lo largo de todo el libro- ha ido resiguiendo con fatiga los caminos de la memoria con el objeto de vencer el olvido y se ha representado o figurado en sus poemas. Es decir, que el narrador ha recorrido los rincones de su memoria para transformar sus recuerdos en literatura. Ahora, una vez la obra cumplida -nos encontramos al final del libro-, es el momento de regresar, y, si hay suerte, de salir. Y no es por azar, creemos nosotros, que el poema inicial de Les dones i els dies (el simétrico de "Teseo", desde un punto de vista  puramente posicional) lleve por título, justamente, "In memoriam". Así pues, Les dondes y els dies, leído a la luz de "Teseo", se presenta al lector como una incursión en el oscuro laberinto de la memoria del narrador, una incursión con su correspondiente entrada ("In memoriam") y su correspondiente salida ("Teseo")."

"La metáfora inicial del poema -la memoria es un laberinto- se la sirve al poeta, en parte, el mismo mito. En efecto, según una versión menos conocida que la del ovillo, lo que Ariadna le habría dado a Teseo es una corona luminosa. y es gracias a esta luz como el héroe habría encontrado su camino en la oscuridad del laberinto. Si la memoria tiene sede y está contenida en algún sitio, éste no puede ser otro que la cabeza, único lugar, asimismo, donde toda corona cumple o debería cumplir su función. Así pues, en el hilo que dora la sombría memoria de Teseo, Ferrater hace confluir magistralmente las dos versiones de este motivo del mito: es un hilo, pero, como la corona, luminoso. Un hilo que ilumina una oscura memoria. Y mentirosa, pues, al igual que la de Proust, selecciona el material y lo dispone un poco a su antojo, como si tuviera vida propia: los tapices-poemas donde se ha representado el poeta (versos 3 y 4) son sombras espesas (verso 19) y traiciones a sí mismo (v. 21)."

"Si quien ha hilado estos poemas sólo volverá a hallarse a sí mismo -un sí mismo que es una sombra y un propósito traicionero- a la salida del laberinto (eso se nos dice a partir del verso 18) es porque tal salida conlleva un volver adentro. Y con el suyo, el del lector: salimos de ´Teseo´ no para volver a la realidad exterior; tampoco para volver al poema. Salimos de ´Teseo´ invitados a reiniciar el camino por las ciento catorce pequeñas traiciones en las que el narrador se ha figurado."



Nota.- Todos los textos entrecomillados pertenecen al original de Besa Camprubí.

El LABERINTO - de Jorge Luis Borges















He pasado una amenísima semana leyendo el libro de Gabriel Ferrater, Las mujeres y los días (Les dones y els dies). Buscando información para descender por los senderos escondidos del poema, encontré un estudio del profesor Josep Besa Camprubí sobre "Dos imágenes del laberinto: Borges y Gabriel Ferrater".

El libro me abocó al poema y su laberinto tendió un hilo hasta el texto de Borges: El Laberinto, recogido en el volumen Atlas, de 1984.

El profesor Camprubí basa su análisis en la idea de Walter Benjamin, según la cual Baudelaire se ocupó de desterrar del territorio del poeta "la conciencia del poema como principio iluminador de la realidad. En efecto, el único principio que le queda al poema, si le queda alguno, es su propia realidad, esto es, los mecanismo de su construcción. (...) El poema, en definitiva, se cierra en sí mismo, que es como decir en su propia escritura, en su propia lectura y en el propio acto poético".
"El Laberinto no trata del laberinto de Creta, sino que se propone al lector como si lo fuera"





* EL LABERINTO

Este es el laberinto de Creta. Este es el laberinto de Creta cuyo centro fue el Minotauro. Este es el laberinto de Creta cuyo centro fue el Minotauro que Dante imaginó como un toro con cabeza de hombre y en cuya red de piedra se perdieron tantas generaciones. Este es el laberinto de Creta cuyo centro fue el Minotauro que Dante imaginó como un toro con cabeza de hombre y en cuya red de piedra se perdieron tantas generaciones como María Kodama y yo nos perdimos. Este es el laberinto de Creta cuyo centro fue el Minotauro que Dante imaginó como un toro con cabeza de hombre y en cuya red de piedra se perdieron tantas generaciones como María Kodama y yo nos perdimos en aquella mañana y seguimos perdidos en el tiempo, ese otro laberinto.



                                                                                    Jorge Luis Borges en "Atlas" (1984)

sábado, 2 de julio de 2016

WAYWARD PINES - de M. Night Shyamalan

Esta notable miniserie (T1, 10 capítulos) ofrece una intriga continuada  y una explicación plausible. M. Night Shyamalan ejerce de productor ejecutivo y rodó el piloto. Prometió que el acentuado misterio tendría explicación (seguro que se acordó de algún que otro desastre reciente como La cúpula, con la que guarda concomitancias).

Ethan Burke (Matt Dillon) es un policía que tiene un accidente de tráfico y despierta en un hospital. Cuando es dado de alta se encuentra con que por un motivo u otro, le es imposible abandonar el pueblo de Waynward Pine. Todo se confabula para retenerlo. Por otro lado cuando interroga a sus gentes, todos se muestran remisos. Detecta miedo. Existe un código que deben seguir: no hacer preguntas, coger siempre el teléfono, no recordar ni hablar del pasado..¿¿??

Esta historia de una comunidad cerrada, nos remite a The Village, la maravillosa película de Shyamalan. En ambas se aprecia ese anhelo de una sociedad sencilla y utópica... que esconde un huevo de serpiente: el del rigor ciego de las normas, la violencia del estado (hay "evaluaciones" que pueden ser mortales), la coacción de la manada para creer y actuar de un determinado modo. La cárcel de un sistema asumido para evitar el miedo a lo que hay fuera o es diferente. 

M. Night Shyamalan dirigió el piloto y sentó las bases. Del capítulo uno al tres se explora el misterio. Etan Burke encuentra a su compañera del FBI desaparecida hace unos meses; pero ella le reconoce que lleva en Wayward Pines ¡doce años!, casada y con una nueva identidad. 
El jefe de policía (Terrence Howard) y una enfermera omnipresente (Melissa Leo, que está especialmente inquietante) parecen tener la clave de todo: conocen el secreto, controlan el poder, aseguran el statu quo... ayudan a que todo el mundo encuentre su sitio en Wayward Pines.

Parece que todos son prisioneros, parece un experimento psicológico y sociológico. Uno de los misterios más grandes es el relativo al tiempo. Los que están allí dentro hablan de años mientras que el agente Burke está seguro que ha visto a su amante-compañera tan sólo hace unas semanas.
Escolares en la sesión de Orientación



En el capítulo cuatro Ethan Burke se plantea el todo o nada. La huida. Pero da con una valla perimetral gigantesca. El capítulo cinco es una bomba. Magnífico. Dirigido por Richard Foley (también director de muchos capítulos de House of Cards), plantea su desarrollo en 3 líneas que siguen a la familia del agente Burke: su hijo Ben asiste a una sesión de Orientación con tintes de secta siniestra. La orientadora interpretada por Hope Davis inquieta sobremanera practicando una suerte de eugenesia psicosocial.

Mientras tanto, la mujer de Burke comienza su andadura de integración asignada a una inmobiliaria y por su parte el agente logra acceder al exterior de la valla.. para descubrir el terrible secreto que esconde Wayward Pines.
Hope Davis te guiará hacia tu destino
Una vez revelado el misterio de la cerrada comunidad de Waynward Pines, los creadores se centran en los conflictos de la comunidad y los intentos de subvertir sus normas por parte de los rebeldes; pero todo se resiente. No encuentro una motivación clara para que los promotores del plan se lo escamoteen a la población. El gigantesco misterio que nos ha obsesionado, de pronto se vuelve algo pequeño controlado por un único y atribulado hombre.

Aun así la amenaza de los abbies, acechantes al otro lado de la alambrada, es suficiente para completar satisfactoriamente los diez capítulos.
Wayward Pines es una adaptación del libro de Blake Crouch, con guión de Chad Hodge. Uno de los aspectos más controvertidos de esta perturbadora comunidad es la "evaluación" pública (eufemismo de ejecución) de los que estorban. Peter es un revolucionario que es detenido. Antes de ser "evaluado" le pide al sheriff compartir unos minutos al lado del muro que rodea Wayward Pines. Allí trae a colación unos versos de Robert Frost: "cuando construyo un muro quisiera saber de qué lado estoy, si estoy fuera o me protege". Esa ambigüedad es la que encontramos en el corazón de esta historia.



P.D. Estos versos también serían aplicables en el reciente referéndum sobre el Brexit.