lunes, 19 de enero de 2026

LA MÁS RECÓNDITA MEMORIA de LOS HOMBRES - de M. Mbougar Sarr



En esta novela se narra un asunto evidente -la búsqueda de un escritor que tras un éxito fulgurante desapareció de la faz de la tierra- y otro soterrado: ¿por qué escribir?. El viaje iniciático que emprende el protagonista en busca del autor de culto es de incierto destino, pero la novela refleja las recompensas de la travesía. La primera, poder leer el libro que lo encumbró, un libro tan discutible como fascinante.

"La más recóndita memoria..." cuenta la historia de un prometedor escritor senegalés afincado en París -Diégane Latyr Faye- cuando descubre una legendaria novela publicada en 1938, "El laberinto de lo inhumano", debida a la pluma de un escritor también africano, T. C. Elimane. En aquella época el libro tuvo un éxito clamoroso y las élites de Francia tildaron a su autor como "el Rimbaud negro"; pero al poco tiempo estalló el escándalo. Dos catedráticos lo acusaron de plagio. La editorial retiró todos los ejemplares y el autor desapareció de la escena pública. La obra maldita cayó en el olvido; pero ahora Diégane la ha descubierto y está subyugado, tanto que se impone a sí mismo la búsqueda de Elimane mientras obsesivamente relee su libro. 

Marème Siga D., una enigmática escritora también senegalesa, es quien se lo ha descubierto e incluso le ha entregado su precioso ejemplar de ese libro inencontrable. Léelo, luego ven a verme a mi casa de Ámsterdam, le reta. Ella se convertirá en "la Araña Madre", quien le guiará por un laberinto hecho de tiempo y memoria. Será un viaje en busca de un mito, pero también -sin duda- de sí mismo. 
«El libro se desvelará por sí solo. Vuelvo a ver la mirada triste de la Araña Madre al dármelo. Vuelvo a escuchar sus palabras: Te envidio. Vas a descubrir este libro. Pero también te compadezco». «Te envidio significa: vas a bajar una escalera cuyos escalones se hunden en las regiones más profundas de tu humanidad. Te compadezco significa: cerca del secreto, la escalera se perderá en la sombra y estarás solo, privado del deseo de subir de nuevo porque se te habrá mostrado la vanidad de la superficie, e incapaz de bajar porque la noche habrá sepultado los escalones que conducen a la revelación».




La novela es fascinante y su estructura tan elusiva como el autor desaparecido. Por momentos parece una novela negra o una investigación periodística, pero también incluye jugosas disquisiciones literarias y filosóficas, críticas al mundo de la edición y hasta un retrato íntimo y social del desarraigo y los estragos que la colonización provocó en África. Eso sin contar el debate interno que mantiene el escritor sobre la necesidad o futilidad de su vocación literaria. 
"Lo que buscamos, mi buen Diario, no puede ser nunca la verdad como revelación, sino la verdad como posibilidad, resplandor al fondo de la mina donde cavamos desde siempre sin linterna frontal. Lo que persigo yo es la intensidad de un sueño, el fuego de una ilusión, la pasión de lo posible. ¿Qué hay al fondo de la mina? Otra vez la mina: la gigantesca muralla de hulla, y nuestra hacha, y nuestros golpes, y nuestros suspiros. Ahí está el oro."
Tratándose de un tema eminentemente literario el estilo es sumamente ágil y por momentos hasta urgente. El autor nos va desgranando la experiencia de su indagación aportando multitud de textos y relatos de testigos. El asunto le apasiona hasta el punto de que tras leer "El laberinto..." se siente incapaz de escribir. A ese bloqueo se añade el enorme desprecio que siente hacia la literatura que le rodea, llena de lugares comunes y empachada de novedades insulsas. Sólo le queda escribir el Diario de su pesquisa, a través del cual nos embauca y enreda en su búsqueda.
"11 de julio de 2018
Diario, solo te escribo por una razón: decir cuánto me ha empobrecido El laberinto de lo inhumano. Las grandes obras empobrecen y siempre deben empobrecer. Nos quitan lo superfluo. De su lectura, uno siempre sale despojado: enriquecido, pero enriquecido por sustracción."
Yambo Ouologuem

El formato de la novela es de tipo collage. Diégane acopla en su relato todo tipo de textos y formatos hilvanando una crónica que se va ramificando en otras crónicas. Está el Diario de Diégane y dentro de él el testimonio de Siga D. que contiene la historia de la poeta haitiana amante de Elimane y la crónica de la periodista Brigitte Bollème sobre el Rimbaud negro; la cual a su vez contiene el relato de la editora de Elimane, etc., etc. acompañado todo ello de cartas, emails, artículos de prensa, extractos de libros e incluso de las siniestras fichas necrológicas de los seis críticos que hablaron de "El laberinto..." en prensa, ya que ¡todos ellos acabaron suicidándose!. 

Cada encuentro se convertirá en una nueva historia, cada carta en una nueva evocación que no hará más que recordarles -a Diégane y Siga D.- que Elimane sigue siendo un fantasma inaprensible que se pierde en un jardín de senderos que se bifurcan. ¿Por qué desapareció?, ¿Qué se ocultaba tras el escándalo que hundió su carrera?. Y no menos importante ¿A qué se debe el enigma de su silencio?.



El collage también lo es de voces distintas cuyos ecos intentan acotar el misterio. El testigo principal de Diégane es Siga D. que nos cuenta el origen del escritor maldito; pero también está el relato de la poeta haitiana que fue su amante en el Buenos Aires de Sábato y Gombrowicz, y el testimonio de la periodista Brigitte Bollème que rastreó a los editores del fatídico libro, Charles Ellenstein y Thérèse Jacob, para escuchar de su boca la historia de la publicación. 

También hay voces africanas en este coro, como la del padre de Siga D. relatando el choque de la colonización contra las formas de vida tradicional. O la del escritor Musimbwa, que en una carta le recuerda a su amigo Diégane que "se puede escribir en cualquier sitio; pero saber y comprender lo que uno debe escribir verdaderamente, eso no se puede hacer en cualquier lugar". Y sobre todo la voz conmovedora de Mossane, aquella hermosa mujer que se cobijó en el silencio y se dejó marchitar durante años "bajo el viejo mango frente al cementerio", esperando la vuelta de su hijo, Elimane. Su voz brota como un flujo de conciencia en capítulos sueltos denominados "biografemas" y son las páginas más íntimas y desgarradoras de la novela. 

El libro se constituye así como una crónica de crónicas con diversos autores y estilos. Y esto es muy cierto. Hay un estilo en el Diario que difiere del de la crónica periodística de Bollème o de las cartas de Elimane o del eco de memoria que nos evoca Mossane. Mohamed Mbougar Sarr, como Diégane, se muestra como un consumado fabulador que trenza multitud de historias y narradores para dar fuste a su libro. 



Además, si nos fijamos, este collage de voces, relatos y textos no es más el remedo estructural de "El laberinto de lo inhumano", descrito por todos sus lectores como un virtuoso collage confeccionado con fragmentos de otras obras (de ahí la denuncia de plagio). Así lo refiere su editora.
"Habíamos verificado y nos habíamos asombrado al descubrir aquellos préstamos, pero también al ver cómo había logrado fundirlos en el movimiento de su texto. Una vez recuperada de la sorpresa, aún me admiró más El laberinto de lo inhumano y el genio de Elimane (sí, me atrevo a usar esa palabra). Hay que ser un genio para escribir toda una obra con fragmentos de las de otros. Como mínimo hay que tener el genio del collage. Charles fue más circunspecto. Veía el virtuosismo de la composición, reconocía la singularidad de la historia del libro, pero no llegó a librarse de la idea de que era un robo, una impostura deshonesta."
Este paralelismo entre la obra escrita ("El laberinto...") y la que se está escribiendo en torno a ella no es el único que podemos apreciar. En la novela se llega a establecer un verdadero juego de espejos entre el buscador -Diégane- y el buscado. Ambos comparten una desmedida ambición literaria: "Te gustaría escribir un solo libro. En el fondo sabes que solo uno cuenta: el que engendra el resto de los libros o el que estos anuncian". También corre paralela su peripecia vital puesto que ambos pasan de puntillas por el conflicto político que los rodea en Senegal y los dos abandonan sus relaciones amorosas, inmersos como están en una búsqueda absorbente.  
    "Esa era la lección que me dio mi amigo en su tragedia: ser valiente y hacer lo que había que hacer.
    Y lo que yo debía hacer, más allá de la búsqueda del amor, de la legitimidad política y de las decepciones a las que tales empresas pueden llevar o exponernos, era continuar siguiendo la pista de Elimane, la pista de su libro. Mi vida, como toda vida, parecía una serie de ecuaciones. Una vez revelado su grado, inscritos sus términos, sus incógnitas establecidas y fijada su complejidad, ¿Qué quedaba? La literatura; no quedaba ni quedaría nunca nada más que la literatura; la indecente literatura, como respuesta, como problema, como fe, como vergüenza, como orgullo, como vida."
Esta es la parte de la novela que más me ha cautivado, esa corriente subterránea que recorre el libro entero y que tiene que ver con la obsesión por la literatura, por lograr el "libro esencial" del que habla Elimane. No en vano hay una serie de agudos dilemas que afloran en sus páginas: ¿es tan importante la literatura como para dedicarle la vida entera? ¿Prevalece el texto por sí mismo o es inexcusable anclarlo a la vida? ¿Importa la identidad del autor y su cultura? Si todos somos lectores ¿hasta dónde se puede hablar de plagio?
«Te voy a dar un consejo: nunca intentes decir de qué habla un gran libro. O, si lo haces, te digo la única respuesta posible: de nada. Un gran libro no habla nunca de otra cosa que de nada, y sin embargo está todo en él. No vuelvas a caer en la trampa de querer decir de qué habla un libro que percibes que es grande. Esa trampa es la que te tiende la opinión. La gente quiere que un libro hable necesariamente de algo. La verdad, Diégane, es que solo un libro mediocre o malo o banal habla de algo. Un gran libro no tiene tema y no habla de nada, solamente busca decir o descubrir algo, pero este solamente ya lo es todo, y este algo también lo es todo».


No quiero dejar de lado un asunto central del libro, la crítica al colonialismo y a la suplantación cultural. En uno de sus muchos intercambios Musimbwa le envía un email a su amigo Diégane explicándole lo que "El laberinto..." significa para él.
     "En el fondo, ¿Quién era Elimane? Ignoro a qué pistas te ha llevado tu investigación durante las últimas semanas. Pero veo una respuesta posible: Elimane era aquello en lo que no deberíamos convertirnos y en lo que nos convertimos lentamente. Era una advertencia que no se supo interpretar. Esa advertencia nos decía a los escritores africanos: inventad vuestra propia tradición, fundad vuestra historia literaria, descubrid vuestras propias formas, probadlas en vuestros espacios, fecundad vuestro imaginario profundo, tened una tierra vuestra, porque solo ahí existiréis para vosotros, pero también para los demás. En el fondo, ¿quién era Elimane? El producto más logrado y trágico de la colonización."
Al concluir la novela me surge la duda sobre si los autores y libros que se citan en ella son auténticos o ficticios. Así vuelvo a la dedicatoria que la encabeza: Para Yambo Ouologuem. Y allí se abre para mí un nuevo libro, el de la Historia. 
El último paralelismo de esta novela, el más elocuente, es que se trata de un sentido homenaje al escritor maliense Yambo Ouologuem (1940-2017) ganador en 1968 del Premio Renaudot por su ópera prima, «Le devoir du violence». La novela causó un enorme impacto y su autor fue apodado el "Proust africano". Pero esa carrera fulgurante se vio truncada por acusaciones de plagio en las que participó Graham Green. A raíz de esta polémica, la novela fue retirada de la circulación y Ouologuem regresó a Mali tras diez años de amarga disputa con la editorial Seuil. Allí pasó el resto de sus días recluido. 
Las acusaciones que se hicieron de plagio suenan hoy a racismo. Se arremetió contra él de una forma que parecía encubrir otras intenciones. 
No sorprenderá que esta novela esté elaborada como un collage donde se dan cita un sinfín de recursos literarios, desde el relato oral, la epopeya, el lirismo espiritual y hasta el diálogo teatral.










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"Deber de violencia" es un texto crudo, lleno de violencia y sexo, que no deja bien parados a los africanos. Ataca frontalmente la idea de negritud nacionalista que las élites africanas preconizaban, idealizando un tiempo pasado de las sociedades africanas que la colonización destruyó.
Ouolaguem nos recuerda que la violencia y la esclavitud se ejercieron desde siempre entre africanos, destruyendo sociedades enteras, y que los opresores europeos simplemente fueron los últimos en llegar. Una autocrítica contra la que se levantaron algunos escritores africanos como Léopold Senghor




Aquí un artículo general sobre Ouologuem
Aquí un artículo más específico sobre su obra
Aquí una reseña completísima de "Le devoir de violence"

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