Altar es una novela tan sencilla y directa como enigmática y perturbadora. Hurga en las pulsiones de una piadosa congregación que se ve agitada por la llegada de un extraño.
Un desconocido que deambula por los caminos de la vida llega a un pequeño y remoto pueblo. Cansado, se refugia en la iglesia durmiéndose en un banco. Lo descubren el domingo, cuando toda la comunidad acude a los oficios. No saben qué hacer o quién es. Es imposible discernir su raza, edad o sexo porque parece un ser angelical. Lo más extraño es que, aunque entiende el idioma en el que se le habla, permanece mudo ante cualquier pregunta o requerimiento.
Finalmente la familia que habitualmente ocupa ese banco lo acoge y lleva a su casa. Aún más. Toda la congregación lo acoge, siendo como es una comunidad con firmes valores religiosos. Cada vecino intenta ayudarlo. Primero lo visita el reverendo, luego lo llevan al médico para un chequeo; incluso al psicólogo por descartar cualquier problema dado su mutismo. Pero el forastero no responde a pregunta alguna ni refiere nada sobre su identidad o pasado. Parece un ser con la mente en blanco, a pesar de lo cual todo el mundo procura su bienestar. Le dan por nombre Altar (Pew en inglés, banco de iglesia) y lo invitan a pasar las tardes con otros jóvenes y otras familias para intentar su integración.
"Lo único que podría haberle dicho al reverendo, si hubiese sido capaz de hablar, era que era un ser humano, igual que él era humano, solo que me faltaban algunas cosas que él parecía considerar necesarias -un pasado, el recuerdo de mi pasado, un origen-, pero yo no tenía nada de eso. "
Paradójicamente aunque Altar no habla es el narrador, lo cual dota a la historia de una atmósfera extraña e incómoda. Mientras los vecinos lo miran a él como un elemento perturbador, su narración consigue trasladar esa ambigüedad a la propia comunidad; con su imperiosa necesidad de saber quién es, de dónde viene o cual es su sexo.
"como todos los presentes en esta sala, quiero que la justicia prevalezca, que gane el bien. Y para que eso suceda, necesitamos saber lo que «es» la gente. Quiénes son «en realidad»."
Ciertamente Altar es un personaje ambiguo y brumoso. Parece la personificación de una metáfora, la del hombre hueco, cuya sola presencia nos obliga a hacernos preguntas muy incómodas sobre lo que somos.
"No sé cómo acabé aquí.
Es como si el tiempo estuviera en otra parte y lo único que veo no fuera el presente, sino el futuro, uno de los futuros posibles, y en cierto modo el presente está en algún lugar del pasado que no puedo alcanzar y aquí estoy, viviendo en cierto futuro. Llevo un cuerpo colgado, me transporta, pero no sé si me pertenece y, aunque los viese, no sería capaz de reconocer mis propios ojos."
Pronto la situación acabará enquistándose. La irrupción de algo que no pueden comprender o catalogar hace florecer la perversión y antiguos temores.
La atmósfera se va tornando cada vez más inquietante según vamos conociendo que Altar ha llegado justo una semana antes de la celebración del Festival del Perdón, una misteriosa ceremonia que pone nerviosos a todos y provoca veladas referencias a los desaparecidos. La novela se divide en capítulos que marcan los días de esa última semana (Domingo, Lunes, Martes, etc.) que desembocará en el Festival del Perdón. Por un instante me parece la cuenta atrás de una tragedia.
"—Ya es raro que hayas aparecido justo esta semana entre todas las semanas que podrías haber aparecido. No sé lo que te han contado sobre este sábado, pero no tienes nada de qué preocuparte. Estoy segura de que Nelson te contará de mil amores lo que sabe del festival; con el tiempo ha llegado a disfrutarlo, creo, y, una vez pasa, se le hace más fácil ir al instituto. Ya verás. Después de este fin de semana todo el mundo está más tranquilo. Aunque es cierto que los días de antes son un poco más peligrosos…, en especial esta semana. La gente se pone nerviosa, creo yo. Pierden la compostura. Es la naturaleza humana."
La novela pertenece a ese subgénero fantástico en el que una realidad apacible y cotidiana se va revelando como algo amenazador merced a extrañas normas y ritos perturbadores. La autora tiene la habilidad de colocar pequeños indicios a lo largo de sus páginas que nos sugieren una verdad terrible que se esconde. Así ocurre cuando Altar habla Nelson, un chico adoptado que fue rescatado de un país en guerra o con Tammy, la típica joven rarita; o con el anciano señor Kercher, que vino al pueblo porque su hija se casó con el hijo de uno de los prebostes de la congregación. Los tres son unos outsiders, como Altar; por eso no es extraño que haga buenas migas con ellos. El señor Kercher le cuenta el cambio que el pueblo produjo en su hija, anteriormente estudiante de filosofía y atea:
»Hace poco me dijo: “Dios me ha hablado y ahora ya no lo cuestiono”. Con eso pusimos punto final a nuestra discusión… Bueno, ella. No quería que le cuestionase nada. Cuando alguien te dice que ha oído algo que tú no has oído y que sabe que tú no lo has oído, tampoco le puedes decir que no ha oído lo que cree que ha oído. Lo que ha oído esa persona es su deseo de oír algo y el deseo siempre habla más fuerte que nadie. Es la emoción que más grita y más confunde: el deseo.»
Por supuesto el sentimiento religioso como llave para la manipulación es uno de los temas de la novela; pero también la fe como justificación para la intolerancia y la violencia como afirma el señor Kercher:
"Y lo único que creo que nos da la fe es el derecho a la crueldad, ya que se cree en una vida después de la muerte que es la vida de verdad…, no esta de aquí. La gente necesita una justificación para arrebatarles las cosas a los demás… Para emplear la violencia. La divinidad se lo da. Le da riendas a la crueldad…"
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| Viñeta del cómic "La Lotería" de M. Hyman |
Aunque yo me decantaría más por el tema de la identidad y su construcción social, así como la presión grupal ("En este pueblo, es todo lo que tenemos: encajar bien en la comunidad. Es lo que quiere todo el mundo"). Sin olvidar el impacto que tiene nuestro cuerpo en la asignación de rol y personalidad. En este sentido en la novela se plantean cuestiones como ¿Qué influencia tiene la identidad ajena en la conformación de la nuestra? ¿Cómo determina nuestro cuerpo lo que somos y nuestro encaje social?
"Y entonces me surgió la pregunta. ¿Todos los problemas humanos empezaron en nuestros cuerpos, estas cosas decadentes, más débiles o más fuertes, más claras u oscuras, altas o bajas? ¿Por qué nos daban tantos problemas? ¿Por qué las usábamos para enfrentarnos? ¿Por qué pensábamos que el contenido de un cuerpo significaba algo? ¿Por qué extraíamos conclusiones al mirarnos cuando el cuerpo es tan inconcluyente, tan voluble?
Con aquella camisa, sin desvestirme, sin ponerme la bata, temí convertirme en alguna especie de sacrificio, pero no me ofrecería en ese altar. Fuera lo que fuera lo que yo fuese, sabía que no les pertenecía."
Al leer Altar inevitablemente nos asaltan múltiples referencias, como El forastero misterioso de Mark Twain y su crítica a la hipocresía de la religión organizada o el gótico sureño de Flannery O´Connor; pero lo que más aprecio en el texto es una sutileza como la que utilizaba Shirley Jackson para armar sus cuentos de terror (por ejemplo en La Lotería). También, en algún momento, mientras Altar iba de casa en casa, me he visto recorriendo el escenario de la película Dogville de Lars von Trier.
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Catherine Lacey (Tupelo, Misisipi, 1985) nació en el seno de una familia de la Iglesia Metodista, lo que le supuso crecer leyendo la Biblia y yendo a misa varias veces por semana. Instalada en Nueva York desde desde su paso por la Universidad de Columbia, en 2014 debutó con la novela Nunca falta nadie. Esto le supuso ser incluida en la lista de escritoras jóvenes más prometedoras de la revista Granta. Sus dos siguientes novelas -Las respuestas (2014) y Altar (2020)- no hicieron más que confirmar su valía. En su último trabajo, Biografía de X (2023), le da otra vuelta de tuerca a sus inquietudes sobre la identidad y la incógnita que esconde cada individuo. La historia se centra en una arista seductora, rebelde y cruel, cuya muerte prematura lleva a su viuda a investigar su misterioso pasado para explicarse la malsana fascinación que despertaba. Esta investigación personal cobra una dimensión extraordinaria cuando nos damos cuenta de que el contexto histórico de la novela es el de un EEUU distópico, ya que la indagación sobre X le llevará a sumergirse en la historia del Territorio del Sur, una teocracia fascista que se separó del resto de EEUU tras la Segunda Guerra Mundial.






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