jueves, 16 de enero de 2020

SOLO SE AMA UNA VEZ, LA PRIMERA - de Iris Murdoch














Iris Murdoch nació en Dublín el 15 de Julio de 1919 y murió en 1999. Con 19 años se matriculó en el Somerville College, de Oxford, donde estudió Literatura Clásica, Historia Antigua y Filosofía. Obtuvo su licenciatura con honores de primera clase. También estudió Filosofía como posgraduada en el Newnham College de Cambridge, donde tuvo como maestro a Ludwig Wittgenstein. Entre 1942 y 1944 trabajó como asistente de Director en el Tesoro Británico. En 1948 empezó a trabajar como profesora en el St Anne’s College, de Oxford, puesto que ocupó durante 20 años.
Escribió 26 novelas entre las que cabe destacar Bajo la red (1954), El castillo de arena (1957), La campana (1958), La cabeza cortada (1961), El unicornio (1963), Amigos y amantes (1968), El sueño de Bruno (1969), El príncipe negro (1973), Henry y Cato (1976), El mar, el mar (1978), El libro y la hermandad (1987) y El caballero verde (1993).

Su primera novela fue "Bajo la red" (1954) cuya historia se centra en el escritor Jake Donaghue, un hombre que fracasa en sus relaciones personales porque ve el mundo como un lugar hostil y las personas no son completamente reales para él. 
Su segunda novela, "El Vuelo del Encantador"(1956), trata de un hombre rico y poderoso que ve todas las relaciones humanas como luchas de poder. El protagonista usará su encanto para atraer a los otros personajes hacia él.
Estos temas (la realidad y su representación) y personajes (un ser encantador pero también tiránico que como una araña trenza relaciones de poder y manipulación) reverberan en muchas de sus novelas posteriores.
Harold Bloom sostuvo en su obra Genios que en Murdoch se puede rastrear a Shakespeare, Dante, Tolstói, Jane Austen, Dickens y Henry James. Ella misma confesaba que el Bardo es el mejor modelo para un novelista, pues retrata sin el menor esfuerzo dilemas morales, el bien y el mal, y la lucha que se da entre ellos.
Al tratar temas tan universales como el bien y su vulnerabilidad, la culpabilidad y la redención, el amor en todas sus facetas, la presencia abrumadora del pasado o la ausencia de Dios y el poder del amor y del arte para reemplazarlo, Iris Murdoch se convierte en nuestra contemporánea; más aún al comprobar el humor y la inteligencia que atraviesa sus obras.

Siendo sus novelas netamente literarias, el estilo de Iris Murdoch puede resultar anacrónico pues es realista y directo. La riqueza está en la complejidad de las relaciones personales que retrata y en la profundidad de sus personajes; porque Murdoch es una brillantísima creadora de personajes a los que dota de una consistencia y una intensidad vital inusitada. A través de ellos es capaz de retratar magistralmente la condición humana en toda su extensión: amor, muerte, celos, envidia, adulterio, culpabilidad, sexo, remordimientos o redención son los laberintos por los que los hace transitar.

Bajo la red, El Unicornio y Henry y Cato; pero sobretodo El mar, el mar, El sueño de Bruno y El príncipe negro son sus obras más logradas. Las tres últimas excepcionales.

"El Unicornio" adopta la forma de un cuento de hadas o si se prefiere, una novela gótica. La historia comienza con la joven Marian Taylor llegando a un lugar remoto de Irlanda, el castillo de Gaze, para convertirse en institutriz. Su pupila resulta ser una mujer, Hannah, que vive recluida en la casa, atendida por un puñado de personas a cual más enigmática.
El castillo que habitan tiene un ambiente cerrado y opresivo. Allí están metidos a presión impulsos oscuros y sensuales junto a sentimientos de hostilidad y desconfianza. 
El lugar está prácticamente deshabitado, pero al otro lado de la colina, frente a Gaze, se encuentra la residencia de los Lejour, en la que se encuentran Max, un anciano profesor de lenguas muertas, y sus hijos, Alice y Philip, además de un amigo de la familia, Effingham. Las vidas de este grupo de personas se entrecruzan de un modo insospechado para la recién llegada. 
La institutriz, del mismo modo que el resto de personajes, caerá rendida al hechizo de Hannah, el "unicornio" de este lugar yermo y retirado, una figura sublime y sufriente que ilumina a los habitantes de Gaze. 

"Henry y Cato" por su parte, nos relata la vida de dos amigos que se encuentran en Inglaterra después de varios años sin verse, en un momento en que su existencia no es precisamente plácida. Tras la muerte de su hermano mayor, Henry regresa de los Estados Unidos convertido en el heredero de una fortuna que no desea, de modo que decide deshacerse de todos sus bienes para disgusto de su madre. Cato, por su parte, se ve inmerso en una profunda crisis de valores que le lleva a replantearse cada una de sus creencias tras haberse enamorado de un seductor muchacho del barrio marginal de Londres en el que ejerce el sacerdocio. De manera inesperada, las vidas de estos dos hijos pródigos vuelven a mezclarse en una espiral de despropósitos y venganzas que van a desembocar en una sorprendente verdad: ninguno de los dos puede huir de sí mismo.

Publicada en 1976 la novela comienza con intriga ya que el sacerdote Cato Forbes camina de un lado a otro del puente ferroviario con un revólver en el bolsillo. El revólver pertenece a Joe el Guapo, un joven feligrés al que Cato quiere apartar de la delincuencia y por el que siente una inconfesada atracción.
Como en todas las obras de Iris Murdoch lo que destaca en esta magnífica novela son los personajes. Henry es un refinado, cínico y burlón profesor, Cato es inestable y lleno de dudas, mientras que su hermana Colette es caprichosa y alocada.
La obra está llena de contrastes sociales y morales. Sus páginas están atravesadas por conflictos que tienen que ver con los miedos individuales y las crisis existenciales, pero también con la religión o la familia.

"El sueño de Bruno" es una inquietante novela en la que el protagonista es un nonagenario llamado Bruno que, en el ocaso de sus días, yace en la cama obsesionado por su pasado y seducido aún por su pasión por las arañas.
La cama de Bruno es todo su mundo y en su obsesión acaba convertido en una de sus admiradas arañas que envolviendo con sus hilos a todo aquel con el que tiene relación. Ofuscados en un laberinto de intensos sentimientos, entre todos construyen una trepidante drama de amor, celos, venganza, remordimiento y redención a la altura del consumado Shakespeare.

Para el editor y crítico Ignacio Echevarría "Iris Murdoch es la gran fabuladora del enamoramiento, para mucha gente –dice– «la experiencia más extraordinaria y más reveladora de su vida». Es, además, una asombrosa indagadora de la pasión amorosa, el tablero en que opta plantear los dilemas morales que abruman a sus personajes. «El amor es una cosa extraña», se lee en El sueño de Bruno. «No hay duda de que él y sólo él mantiene el mundo en movimiento. Es nuestra única actividad significativa […] Suena la señal, y la gran luz se enciende revelando quizá la realidad o quizá la ilusión […] El amor no conoce convención alguna. Todo puede suceder, así que en cierto modo, en un terrible, terrible cierto modo, no hay ninguna imposibilidad.» De estas palabras cabe derivar toda la poética narrativa de Murdoch, que tampoco conoce convención alguna."


Por su parte la editora María Fasce recomienda "El Príncipe Negro" para adentrarse en el universo Murdoch. "Es su novela más divertida, ingeniosa y humana. La más emotiva. Tiene frases como: 'Todo artista es un amante desgraciado. Y los amantes desgraciados quieren contar su historia' o 'El arte no es cómodo ni puede remedarse. El arte dice la única verdad que en definitiva importa. Es la luz por la cual las cosas humanas pueden ser enumeradas. Y más allá del arte no hay, se lo aseguro a ustedes, nada".

Iris Murdoch logró con "El príncipe negro" una de sus obras más perfectas y literarias. La novela narra la vida del maduro escritor Bradley Pearson en un momento de bloqueo creativo. A partir de ahí sobreviene un drama donde se mezclan el arte de la escritura, de la vida y del amor; todo ello impregnado por una prosa que reflexiona de manera muy divertida sobre la envidia. Sus principales protagonistas son escritores con todo lo que ello entraña.
La ambigüedad permea tanto la trama como el estilo. A la confesión del protagonista sucederán otros puntos de vista que nos mantendrán en la duda sobre dónde estará la verdad. No en vano el libro comienza con un Prólogo del Editor (ficticio) seguido de otro Prólogo del escritor protagonista del libro, Bradley Pearson. La novela es muy divertida y tiene un ritmo trepidante. Algunas de sus escenas son absolutamente carcajeantes; lo que no impide que estén llenas de imaginación y sabiduría sobre las complejidades de las relaciones humanas, el amor y el desamor o las ilusiones y desesperanzas.

En la segunda página del Prólogo de Bradley Pearson nos encontramos con este párrafo cuyo primer sustantivo es "escritor" y el último es "verdad". Una línea de tensión que recorre toda la novela.

Soy escritor. “Escritor” es efectivamente la descripción general más simple y a la vez más justa de mi persona. En la medida en que soy también psicólogo, filósofo aficionado, estudioso de las cuestiones humanas, soy todo esto porque es parte de la clase de escritor que soy. Siempre he sido un buscador. Y mi búsqueda ha adoptado la forma de ese intento de contar la verdad al que acabo de referirme. He conservado, así lo creo y espero, puro mi don. Esto significa, entre otras cosas, que nunca he sido un escritor de éxito. Nunca he tratado de ser complaciente a expensas de la verdad. He conocido, durante largas épocas, el tormento de una vida carente de autoexpresión. El más eficaz y sagrado precepto que puede imponérsele a un artista es el mandato: espera. El arte tiene sus mártires, y no son los menores quienes han preservado su silencio. Hay, me arriesgo a decir, santos del arte que han preferido esperar mudos toda su vida antes de profanar la pureza de un solo pasaje con algo que no fuera perfectamente apropiado y bello, es decir, con algo que no fuera verdad”.





Aunque al final me he extendido más de lo necesario en esta presentación, mi idea original era añadir una página al Libro de Arena de la Literatura, ésa en la que Charles Arrowby, protagonista de El mar, el mar, recuerda a su primer amor. ¿Puede haber una descripción más exacta y conmovedora del primer amor que denominar al puro gozo sufrimiento?

"On n’aime q’une fois, la première. 
Se llamaba Mary Hartley Smith. Qué rápida y fácilmente lo escribo. Y, sin embargo, Dios mío, el corazón se me acelera al escribir este nombre: Mary Hartley Smith.Tal es pues el encabezamiento de la historia. Pero la verdad es que no puedo contarla. Iré desgranando algunas notas para la historia, pero quizá jamás la cuente. Es probable incluso que sea imposible de contar, ya que apenas hay «acontecimientos» en ella, sino sentimientos, los de un niño, un muchacho, un joven, nebulosos, sagrados y más fuertes que ninguna otra cosa en toda la vida. Apenas puedo recordar el tiempo en que no conocía a Hartley. Fui a una escuela para varones, pero la escuela de niñas estaba al lado y las veíamos continuamente. Como por entonces muchas se llamaban Mary, a ella la llamaban siempre «Hartley» y, no sé por qué, era un nombre que le sentaba muy bien. Muy pronto nos emparejamos pero en aquellos primeros días fue algo alegre, infantil, sin emociones profundas y avasalladoras. Las emociones comenzaron cuando andábamos por los doce años. No las entendíamos, nos azoraban, nos sacudían como un terrier sacude a una rata. Decir que estábamos «enamorados», esa palabra incierta y débil, no alcanza a expresarlo. Nos amábamos, cada uno vivía en el otro, a través del otro, por el otro. Cada uno de nosotros era el otro. ¿Por qué fue un sufrimiento tan puro y sin mezcla?Es extraño que ahora escriba (y no he de cambiarla) la palabra «sufrimiento», porque naturalmente, aquello era un puro gozo. Lo que importa es que fuera lo que fuese, era extremado y puro. (Me han dicho que un hombre con los ojos vendados no puede diferenciar las quemaduras del frío extremo y del extremo calor). También es posible que a esa edad se tienda a sentir las emociones como algo doloroso, porque no las atempera la reflexión. Todo se convierte en pavor y aprensión, y cuanto mayores son la maravilla y el gozo, más intensos son el miedo y la aprensión. Pero deseo repetir que esto no obedecía a la reflexión ni al pensamiento. Yo no albergaba la menor duda consciente de que Hartley seguiría amándome, y sabía con toda naturalidad que sería mía para siempre. Pero cuando cerrábamos los ojos, un terror cósmico se imponía a nuestras lágrimas de alegría." pág. 86-87

jueves, 9 de enero de 2020

MANTENTE FIRME - de Kate Tempest


Kate Tempest (Londres, 1985) es rapera, poeta, novelista y autora teatral. Creció en Brockley, una zona empobrecida del sureste londinense y empezó a triunfar en la improvisación y las batallas rapsodas. Fue una adolescente problemática y desarrolló un sentimiento de exclusión social debido a su sexualidad.

A pesar de su juventud, esta treintañera se ha convertido en la revelación del hip hop británico y ejerce de trovadora del siglo XXI con una voz muy personal, contundente y reivindicativa. Su visión de la sociedad revela en toda su crudeza el desgarro y la injusticia. Sus versos ponen el foco en la crisis financiera, la violencia, el narcisismo agudizado por las redes sociales, el consumismo, los problemas medioambientales y, en general, la decadencia de un Occidente ensoberbecido por su riqueza mantenida sobre enormes grietas sociales. Su estilo mezcla el rap y el spoken word, con bases que tienen que ver tanto con el jazz como con la electrónica.



Tempest tenía 16 años la primera vez que cogió un micro en una pequeña tienda de discos de Carnaby Street. Publicó su primer disco, "Broken Herd", en 2.010. Al año siguiente montó una banda, la Sound of Rum y publicó un segundo disco, "Balance", y su primer poemario, Everything Speaks In Its Own Way. Luego llegó el segundo libro, Brand New Ancients, que interpretó junto a una orquesta en el Battersea Arts Center de Londres, y que le valió el prestigioso premio Ted Hughes


El tercer libro de poemas llegó en 2014, Hold Your Own (Mantente Firme, La Bella Varsovia). También en 2014 llegó su primer disco en solitario, el celebradísimo Everybody Down, que fue nominado a los Mercury Prize. 



A principios de 2016 publicó su primera novela, editada en España por Sexto Piso, Cuando la vida te da un martillo (The Bricks That Build The Houses). Ese mismo año publicó su disco “Let Them Eat Chaos” un retrato coral donde siete personajes comparten un tiempo (las 4:18 de la madrugada de un día cualquiera) y un espacio (un bloque de pisos en los suburbios de Londres). Siete personajes que sufren insomnio y que aportan siete razones para padecer insomnio en estos tiempos feroces. El disco tiene la arquitectura de una ópera rock ya que traza un arco narrativo con principio y final donde ella sola "interpreta" a todos los personajes adaptando la voz y el ritmo a cada uno de ellos. Ella misma nos revela la motivación de este disco: 
"Si te preguntas quién está despierto y por qué a las cuatro y dieciocho de la mañana, te vas a encontrar a personas en un momento y un lugar muy vulnerable de sus vidas. Es interesante para mí pensar en ese momento y en esa hora porque si me encuentro despierta antes del amanecer, es que algo no va demasiado bien, y puede que esté bloqueada en unos pensamientos que pueden ser, sin embargo, muy reveladores."
La poética de Kate Tempest se nutre de Sófocles, William Blake, James Joyce, García Lorca, Yeats o T.S. Elliot. No en balde, en sus dos trabajos más notables, Brand New Ancients y Hold your Own, Tempest utiliza la mitología griega como espejo para observar y analizar el mundo actual. Concibió Brand New Ancients como una spoken story en la que utiliza el hecho mitológico de la guerra para enfrentar a dos familias de su zona, el sur de Londres.


Mantente firme (Hold your Own) es una obra ambiciosa y de múltiples voces basada en la figura mítica de Tiresias. También es su trabajo más autobiográfico ya que contiene una sección donde relata su propia infancia, el acoso escolar y la homofobia que sufrió en su primera adolescencia. En estos poemas, como en el resto de su obra, se aprecia que la mirada de Tempest está dirigida a su entorno más inmediato, allí donde descubre personas oprimidas y marginadas, adolescentes perplejos e inadaptados que se convierten en héroes de la supervivencia del día a día.
              I 

"Imagina la escena:
Un chico de quince años.
Con sueños comunes
y rutinas comunes.
De camino al colegio, una monotonía en su interior
Repleta de deseos sin satisfacer.
¿Se reprime o solo aprende
Cómo funciona su tiempo?
Confíale unos miembros torpes
Pero que sepan trepar.
Añádele unos andares conocidos.
Dale esperanzas.
Sus días son dolorosamente lentos,
Pero sale adelante".

La idea central del libro surge del mito y las transformaciones de Tiresias. De ahí surge la estructura en cuatro partes, cada una de las cuales sigue las transformaciones del adivino de niño a hombre, luego a mujer y finalmente a profeta ciego. Esta estructura le sirve a Tempest para reflejar la vida contemporánea y los abismos que implica la construcción de una identidad; al fin y al cabo Tiresias es una metáfora ⎼de la clarividencia interior ya que es ciego⎼ y de la ambigüedad sexual ⎼ya que transita desde la asexualidad del infante hasta la quiebra que provoca la adolescencia, una época caótica⎼. 

Las serpientes representan la lucha interna de dos identidades (la femenina y la masculina) que se han de escindir para que una de ellas predomine ("¿Cuántas veces te has visto cambiar, partirte en dos?"). Esta experiencia permite la autoinspección, ciego por fuera, clarividente por dentro: "tú eres brillante y espantoso, soplo, carne y hueso. Tiresias: tú nos enseñas lo que quiere decir mantenerse firme". Que es tanto como decir elige lo que quieres ser y enfréntate al mundo.


Tiresias























La leyenda de Tiresias se inicia el día en que encontró a dos serpientes copulando en la montaña y golpeó a la hembra con su vara, la cual en venganza lo transformó en una mujer. Ocho años después, siendo aún mujer, se encontró a las mismas serpientes de nuevo y en esta ocasión golpeó a las dos, y así fue devuelto a su estado primitivo de hombre. Un día, cuando el rey de los dioses, Zeus, y su esposa Hera se encontraban discutiendo sobre qué sexo gozaba más haciendo el amor, cuestionaron a Tiresias por su singular experiencia en ambos géneros. Tiresias no dudó un instante y respondió que, por supuesto, las mujeres. La respuesta indignó a Hera, que lo dejó ciego. Zeus, para compensar, le otorgó el don de la profecía.


De ahí que el adivino Tiresias le sirva a Tempest como itinerario. Los dioses lo convirtieron en profeta ciego para que pudiera contar al resto del mundo las tragedias que nadie quería escuchar: soledad, guerra, patriarcado, capitalismo feroz, homofobia, precariedad laboral y existencial, amor, injusticia, frustración, ...


"La idea central surge del mito de Tiresias que vivió su vida como niño, hombre, mujer, y al que, ya al final de su vida, los dioses convirtieron en profeta ciego para contarle al resto del mundo las tragedias que nadie quería escuchar. La historia de él, ella o ellos me interesa por el aspecto personal, político y social. También por el aspecto sexual de la historia, porque esta es la primera vez en mi vida que me siento libre y suficientemente madura para hablar de este tema de mi propia vida, y aunque en el libro hay poemas sobre la guerra o que hacen referencia al capitalismo y la religión, antes de eso hay una serie de poemas que tratan el tema de las relaciones sentimentales y la dificultad de amar y vivir en nuestro tiempo."

Me gusta especialmente su lenguaje rápido y desafiante, su reflexión sociopolítica implacable, sin adoctrinamiento, —«La alegría de ser quienes somos por virtud de la ropa que compramos»— y, por supuesto, su ironía, —«Por favor, no os molestéis en levantar los brazos para dispararnos; nos dispararemos solos. No, de verdad, insistimos.»—




PENITENCIA

Lo que no sabes es que
He escrito este poema cien veces,
Lo he garabateado sobre incontables menús para llevar y
Propaganda para raves de mierda
Con el único bolígrafo que encuentro siempre,
Siempre un boli turquesa en miniatura.
He encontrado trozos de papel en los bolsillos
Y les he prendido fuego en quince alféizares diferentes.
Y he observado al viento llevarse las cenizas
Y devolvérmelas cada vez que
Lo escribo, y me imagino entregándotelo,
Y me asusta tanto que vayas a negar con la cabeza
Y a decir que no puedes confiar en una sola palabra de lo que te digo
Que lo arrugo hasta encogerlo
Y lo meto bajo el respaldo en los asientos del bus
Entre las colillas.





EL INSTANTE

Los días, los días amanecen hasta consumirse.
Olvidaré lo que los llena.
Cada contacto, olor y sabor.
El sol, a punto de ponerse
jamás puede durar. Me rompe el corazón.
Todo gozo parece una amenaza:
aunque la belleza está en todas partes,
su sombra es del remordimiento.
Sin embargo, algo en el anochecer que se avecina
susurra que no hay que preocuparse.
No importa que perdamos el hoy,
porque todavía no es mañana.




COLEGIO 
Deambulamos al interior del colegio, somos niños felices;
risueños y espléndidos e interesados por las cosas.
Todavía no conocemos los horrores del edificio.
El odio que nos mostrará. El hastío que nos va a traer.
 
Pronto aprenderemos a desaparecer en público.
Aprenderemos que con arreglárnoslas es suficiente.
Aprenderemos qué se siente al presenciar una injusticia,
cerraremos el pico en caso de que nos ataña.
 
Aprenderemos a no pensar jamás, sino a reproducir a ciegas.
A aliarnos con los mezquinos y a mantenerlos cerca.
Aprenderemos a no ser portentosos ni avispados,
y la lección más importante
para el éxito en nuestras carreras:
 
Cómo seguir las normas cuando estás llegando al límite
de la náusea y estás hastiado,
inseguro y encogido por el miedo



QUE LE DEN AL POEMA 

No he escrito en años
porque prefiero contemplarte a ti antes que a las páginas.
 
Pero lo que sería perfecto es
hacer un poema que llegase a ser la mitad de valiente
que tú cuando estás desnuda.
Lo intento un minuto:
 
Tu amor es mi metal; tus besos, mis remates.
Eres como el océano bajo la capa de vertido.
 
Que le den al poema.
Hay una cama aquí
y tú me quieres dentro.





⏩Bonus Track___________________________________________________________

En 2017, la Editorial Sexto Piso puso al alcance del lector en español la primera novela de Kate Tempest, Cuando la vida te da un martillo (The Bricks That Build The Houses). Sus protagonistas son cuatro jóvenes intentando encontrar su lugar en un Londres deshumanizado y sin oportunidades, donde los años de crisis han causado verdaderos estragos. Los personajes de esta novela se niegan a aceptar el lugar que la vida y la sociedad les han deparado y luchan por abrirse camino. Tempest narra las vidas de estos personajes frágiles pero orgullosos y, sobretodo, desamparados con hondura y sinceridad. Su escritura es a la vez urbana, desgarrada y lírica, como sus versos. En el tercer párrafo del libro nos encontramos lo siguiente:

"La gente vuelve a matarse por los dioses. El dinero nos está matando a todos. Viven bajo una soledad tan absoluta que se ha convertido en el tejido de sus amistades. Pasan sus días contemplando cosas materiales. Existen entre la masa y sienten que forman parte del todo. Solo confían en las modas. No pueden aspirar más que a salir de noche hasta quedar despedazados, con la cara desencajada por el alcohol y las drogas que a la mañana siguiente verterán su odio sobre ellos.
Pero aquí están, abandonando el estrés, la mierda de comida y los interminables malentendidos. Abandonando. La oficina de empleo, el aula, el pub, el gimnasio, el aparcamiento, la mugre, la tele, el barrido constante de noticias, la aspiradora, el cepillo de dientes, la funda del portátil, el producto capilar caro que te hará sentir mejor por dentro, la cola del cajero automático, el cine, la bolera, la tienda de móviles, la culpa, el vacío absoluto que nunca deja de perseguirte, el dolor de ver a una persona convertirse en una sombra."

Elúltimo trabajo de Kate Tempest fue publicado en 2019, el album, The book of Traps and Lessons en el que los temas van desde lo más universal a lo más personal. En este trabajo predomina la palabra que se convierte en el protagonista omnipresente, arropada por silencios y austeros arreglos de cuerdas y pianos. Se podría decir que son 11 poemas que se entrelazan como cantos, algunos con base musical, otros sin ella, en los que se mezcla el desamor y un presente de lo más inquietante.  Sin duda es su álbum más oscuro y desolador, aunque también guarda pequeños espacios para la ternura.
Las canciones hablan de cómo 7.000 millones de personas en el mundo caemos una y otra vez en los mismos errores: el racismo, la marginación, el auge de los nacionalismos y la ultraderecha, el aislamiento que provoca la tecnología, la manipulación de los trolls, la superpoblación o el sexo servido como comida basura.
Tempest se convierte en una espectadora de nuestros tiempos decididamente inquebrantable y tiene el coraje de decir verdades perturbadoras.
Dos cortes prenden en mi memoria, "All Humans Too Late", cantado totalmente a capella, es muy impactante. El silencio del fondo musical resulta sobrecogedor:
     "Pero qué hay que hacer
       cuando la única forma de defendernos
       de lo que hemos creado es fusionarnos con ello?
      ¿Qué se puede hacer para seguir siendo humano?
      El racista está borracho en el tren.
      El racista está borracho en internet
      El racista está borracho en mi mesa
      Gritando sus disparos y matándonos a todos."
También hay sitio para una denuncia de la contradicción a la que nos llevan las redes llamadas "sociales":
     "nuestros compañeros no nos conocen
      nuestros familiares son extraños
      nuestros amigos nos ponen nerviosos.”
"Hold Your Own" (mismo título del libro de poemas reseñado) es una hermosa charla -con música de órgano catedralicio- que nos insta a dejar de intentar convertirnos en la persona que creemos que deberíamos ser. Es un viaje directo al corazón. Una invitación a mantenerte auténtico frente a las trampas del consumismo o las ideologías:
     "Cuando todo lo que hay
      Es saber que sientes lo que sientes,
      Mantente firme.
      Pide a tus manos que sepan las cosas que contienen."
Y también:
     "Mira, nada de lo que puedas comprar te hará más completo.
       Toda esta puta cosa prospera cuando te sientes incompleto.
       Por eso que buscarás la felicidad en cualquier cosa estúpida que desees en un momento
       Y es por eso que nunca lo encontrarás allí."

lunes, 6 de enero de 2020

REINA EL SINSENTIDO - de Kate Tempest

Empieza 2.020.
Soy pesimista.
Cada vez veo a más gente abrazada a banderas, religiones e ideologías mientras brama contra los "otros" buscando su anulación o rendición. Creen que sin "ellos" todo se arreglará.
Cada uno queremos ser un rey y tenemos las zarpas afiladas. Si no eres de los míos estás contra mí. Se ha olvidado el debate de ideas, sólo existe la descalificación, el insulto y las amenazas.

Lucho cada día por ser justo y tolerante. Sí, es una actitud. Sólo el miedo y el odio nos mantienen calientes y aislados en nuestro diabólico cubil. Por eso me hiere la radiación que expanden tipos tan despreciables como Trump, Putin, Erdogan, Bolsonaro o Johnson; líderes que instalan a sus pueblos en el odio hacia el que no comparte raza, religión, bandera o ideología. Y no me quiero olvidar de los Salvini, Orban o Vox en España. Lo peor no son ellos, son los millones de personas comunes y corrientes que se meten bajo esos paraguas, pensando que si empujan al abismo a los demás, ellos no se mojarán.
 
En la entrada anterior que despedía el año, recordaba el valor de una niña que ha removido millones de conciencias y con un simple cartel ha desnudado a los más poderosos: nos estamos cargando el planeta que nos sostiene y entonces ¿quién nos sostendrá? ¿somos idiotas?.
Ahora, en esta primera entrada del año quiero escuchar a otra joven poetisa y cantante, de voz desnuda y mirada clara, que clama contra una sociedad injusta. La civilización y las sociedades se resquebrajan mientras nosotros estamos de compras. El negocio va bien. El sistema funciona.

Su canción, Europa está perdida, me la tomo como "la tolerancia ha desaparecido", "la civilización está volviendo a la ley de la selva" "el poder económico nos empobrece y encima aplaudimos a rabiar", "tengo que ganar yo y por eso tienes que perder tú", "Adiós a la tolerancia, viva el patrioterismo fiero".
Diré como ella cuando después de enumerar todos los desastres se pregunta "¿Qué haré para despertar?"









EUROPA ESTÁ PERDIDA



Europa está perdida, América perdida, Londres perdido,
aún así, clamamos victoria.
Reina el sinsentido
no hemos aprendido nada de la historia.
La gente está muerta en vida,
cegada por el brillo de las calles,
pero mira cómo el tráfico aún se mueve,
el sistema es demasiado hábil para dejar de funcionar.
El negocio va bien
y todavía tocan grupos cada noche en los pubs,
y todavía hay "dos por uno" en los bares
Y nos lo montamos bien,
desconectados del trabajo y del estrés,
Y ahora sólo queremos un poco de exceso;
mejor aún,
una noche para recordar que pronto olvidaremos.
Toda la sangre que fue derramada,
para que estas ciudades crecieran.
Todos los cuerpos que cayeron,
las raíces que se arrancaron de la tierra
para que se pudiera jugar a estos juegos;
lo veo esta noche en las manchas de mis manos,
Los edificios están gritando.
pero no puedo pedir ayuda, nadie me conoce.
Hostiles, preocupados, solitarios,
nos movemos en rebaños,
y estos son los derechos con los que hemos nacido,
trabajar y trabajar
para llegar a ser lo que queramos.
Luego bailar hasta olvidar el hastío laboral.
Incluso las drogas se han vuelto aburridas.
Bueno, el sexo sigue estando bien cuando lo consigues.



Dormir, soñar,
mantener el sueño al alcance.
Cada uno en su sueño, no llores, no grites,
solo consérvalo, sigue durmiendo.
¿Qué voy a hacer para despertar?


Siento el precio de soñar presionando mi cuerpo,
igual que cuando meto las manos en los bolsillos
y suavemente camino y lo veo;
Esto es lo que nos merecemos.
Los errores del pasado han resurgido
a pesar de todo lo que hicimos para borrar su rastro.
Mi propio lenguaje está contaminado
con todo lo que robamos para reemplazarlo por esto.
Estoy callada,
sintiendo el comienzo de la revuelta;
pero las revueltas son pequeñas
y los sistemas enormes.
El tráfico sigue moviéndose,
demostrando que no hay nada que hacer.
Porque es un gran negocio,
nena, y su sonrisa es horrenda.
Violencia de arriba abajo,
perversidad estructural.
Tus hijos van puestos con sedantes recetados;
pero no te preocupes por eso,
tío, preocúpate por los terroristas.
El nivel del mar está subiendo.
El nivel del mar está subiendo.
Los animales, los elefantes,
los osos polares están muriendo.
Deja de llorar, empieza a comprar.
¿Y qué pasa con el vertido de petróleo?
¡Shh! A nadie le gustan los aguafiestas de mierda.


Masacres, masacres, masacres, zapatos nuevos.
Niños marginados asesinados a plena luz del día
por aquellos contratados para protegerlos.
Porno retransmitido en directo
a la habitación de tus hijos quinceañeros.
Techos de cristal, agacha la cabeza,
media generación vive
bajo el umbral de la pobreza.
Oh, pero es la hora feliz en la calle Mayor,
por fin es viernes por la noche, tíos, ¡yo invito!
Todo iba bien hasta que
a aquel crío le pegaron con un vaso
en el último bar:
todo el mundo se volvió loco,
puedes preguntarle a nuestro Lou.
Fue una locura,
el suelo se volvió rojo, puro burdeos.
¿Y qué pasa con los inmigrantes?
No los soporto,
sobre todo, me preocupo de lo mío,
solo vienen aquí para hacerse ricos.
Son una plaga.
¡Inglaterra! ¡Inglaterra! ¡Patriotismo!
¿Y te preguntas por qué los niños
quieren morir por la religión?


Funciona así, trabaja toda tu vida por una miseria,
tal vez consigas llegar a encargado.
Suplica un aumento,
Tacha los días chungos
en tu calendario de tías en la playa.
Los anarquistas están desesperados por destrozar algo,
fotos escandalosas de raperos de moda
en revistas glamurosas, ¿quién sale con quién?
Dinero de políticos en un sobre,
sorprendido esnifando rayas
sobre las tetas postizas de una puta*.
Ahora vuelve a la Cámara de los Lores
con las muñecas magulladas (por las esposas).
Secuestran niños y se follan las cabezas de cerdos muertos**,
pero a ese de la capucha y un par de porros,
encarceladlo, él es el criminal.
encarceladlo, él es el criminal.
Es la generación de "todo nos aburre",

producto de la publicidad 
y la manipulación.
Dispárales, a lo bestia, manipular con cuidado.
Vamos, zapatos nuevos, pelo bonito ¡gilipolleces!
Baladas edulcoradas y selfis, y selfis, y selfis.
Y aquí estoy yo, fuera del palacio de mí misma.
un constructo del yo y la psicosis.
Mientras tanto la gente muere en masa
y no, nadie se dio cuenta.
Bueno, algunos sí,
se sabe por los emoticonos que han publicado.



Duerme como si una mano enguantada

tapara tus ojos.
Las luces son tan bonitas y relucientes,
soñemos.
Pero algunos estamos atrapados
como piedras en un muro.
¿Qué voy a hacer para despertar?





Estamos perdidos, estamos perdidos, estamos perdidos,
y nada parará, nada se detiene.
Tenemos ambiciones y amistades,
y ligues en los que pensar,
divorcios que ahogar en alcohol.
El dinero, el dinero, el petróleo.
El planeta se desmorona y está echado a perder,
y la vida es un juego,
un vestido que ensuciar.
Trabajo duro, trabajo duro,
no veo cuando acabará todo,
solo el final.
¿Cómo apreciar algo así?
Cuando las tribus mueren es sus desiertos
para hacer hueco a estructuras extranjeras.
Desarrollo, desarrollo.
Y mata lo que encuentres si te amenaza.
No hay rastro de amor en la pelea por el trozo más grande,
aquí en la tierra donde a nadie le importa una mierda.




Kate Tempest, Europe is lost



_____________________________________________________________
* "esnifando rayas sobre las tetas postizas de una prostitutas": el laborista John Sewel, se vio obligado a dimitir de su escaño en la Cámara de los Lores en 2015, tras ser grabado esnifando cocaína con dos prostitutas.

** "se follan las cabezas de cerdos muertos": Referencia al caso «Piggate». Según la biografía no autorizada de David Cameron, Call Me Dave (2015), en sus años en la Universidad de Oxford, el ex primer ministro británico habría pasado un buen rato con la cabeza de un difunto cerdito, como parte de un rito de iniciación para entrar a formar parte de un selecto club.










                      ↫🔻↬





Europe is lost, America lost, London lost
Still we are clamouring victory
All that is meaningless rules
We have learned nothing from history
The people are dead in their lifetimes
Dazed in the shine of the streets
But look how the traffic's still moving
System's too slick to stop working
Business is good
And there's bands every night in the pubs
And there's two for one drinks in the clubs
And we scrubbed up well
Washed off the work and the stress
And now all we want's some excess
Better yet
A night to remember that we'll soon forget
All of the blood that was bled
For these cities to grow
All of the bodies that fell
The roots that were dug from the earth
So these games could be played
I see it tonight in the stains on my hands
The buildings are screaming
I can't ask for help though, nobody knows me
Hostile, worried, lonely
We move in our packs
And these are the rights we were born to
Working and working
So we can be all that we want
Then dancing the drudgery off
But even the drugs have gotten boring
Well, sex is still good when you get it



To sleep, to dream
To keep the dream in reach
To each a dream, don't weep, don't scream
Just keep it in, keep sleeping in
What am I going to do to wake up?



I feel the cost of it pushing my body
Like I push my hands into pockets
And softly I walk and I see it
This is all we deserve
The wrongs of our past have resurfaced
Despite all we did to vanquish the traces
My very language is tainted
With all that we stole to replace it with this
I am quiet
Feeling the onset of riot
Riots are tiny though
Systems are huge
Traffic keeps moving
Proving there's nothing to do
Because it's big business
Baby, and its smile is hideous
Top down violence
A structural viciousness
Your kids are dosed up on medical sedatives
But don't worry about that
Man, worry about terrorists
The water level's rising
The water level's rising
The animals, the elephants
The polar bears are dying
Stop crying, start buying
But what about the oil spill?
Shh! No one likes a party p**ping spoil sport
Massacres, massacres, massacres, new shoes
Ghettoised children murdered in broad daylight
By those employed to protect them
Live porn streamed
To your pre-teen's bedrooms
Glass ceiling, no headroom
Half a generation live
Beneath the breadline
Oh, but it's happy hour on the high street
Friday night at last lads, my treat!
All went fine till
That kid got glassed
In the last bar
Place went nuts
You can ask our Lou
It was madness
Road ran red, pure claret
And about them immigrants?
I can't stand them
Mostly, I mind my own business
They're only coming over here to get rich
It's a sickness
England! England! Patriotism!
And you wonder why kids
Want to die for religion?
It goes, work all your life for a pittance
Maybe you'll make it to manager
Pray for a raise
Cross the beige days off
On your beach babe calendar
The anarchists are desperate for something to smash
Scandalous pictures of fashionable rappers
In glamorous magazines, who's dating who?
Politico cash in an envelope
Caught sniffing lines
Off a prostitute's prosthetic tits
Now it's back to the House of Lords
With slapped wrists
They abduct kids and f*ck the heads of dead pigs
But him in a hoodie with a couple of spliffs
Jail him, he's the criminal
Jail him, he's the criminal
It's the bored-of-it-all generation
The product of product placement
And manipulation
Shoot them up, brutal, duty of care
Come on, new shoes, beautiful hair, bullshit!
Saccharine ballads and selfies
And selfies, and selfies
And here's me outside the palace of me
Construct a self and psychosis
Meanwhile the people were dead in their droves
And, no, nobody noticed
Well, some of them noticed
You could tell by the emoji they posted



Sleep like a gloved hand
Covers our eyes
The lights are so nice and bright
And let's dream
But some of us are stuck
Like stones in a slipstream
What am I going to do to wake up?



We are lost, we are lost, we are lost
And still nothing will stop, nothing pauses
We have ambitions and friendships
And courtships to think of
Divorces to drink off the thought of
The money, the money, the oil
The planet is shaking and spoiled
And life is a plaything
A garment to soil
The toil, the toil
I can't see an ending at all
Only the end
How is this something to cherish?
When the tribesmen are dead in their deserts
To make room for alien structures
Develop, develop
And kill what you find if it threatens you
No trace of love in the hunt for the bigger buck
Here in the land where nobody gives a f**k

sábado, 28 de diciembre de 2019

El SECRETO del BOSQUE VIEJO - de Dino Buzzati



En estos tiempos en que una niña (Greta Thunberg) nos grita nuestros crímenes contra el planeta, mientras los gobernantes y poderosos se entretienen con las fake news; no encuentro mejor forma de tomar distancia con este Antropoceno destructivo y ciego que volver a leer este delicioso librito a modo de reconciliación. Porque el secreto que guarda este Bosque Viejo no es otro que el de los valores esenciales, la inocencia de la infancia y el vínculo que el género humano está perdiendo con la Naturaleza. El bosque antiguo al que nos invita Buzzati es una metáfora de la vida y sobretodo de la infancia; un lugar sin tiempo (aunque el autor lo fecha en 1925) donde percibir y contrastar los sentimientos y las acciones humanas en un ámbito esencial.

Todo comienza cuando el coronel Sebastián Procolo, de carácter fiero e irritable, hereda una parte de la finca en el valle de Fondo, mientras la otra parte mucho más extensa, que ocupa el Bosque Viejo, la hereda su frágil sobrino de 12 años, Bienvenido Procolo. Desde el primer momento el coronel sólo piensa en rentabilizar el bosque y su madera; pero no tardará en descubrir que ese valle por donde se desparrama el bosque milenario conforma un microcosmos de características muy especiales. 

Nada más llegar conoce a una enorme urraca que no solamente advierte al dueño de la finca de la llegada de extraños, sino que se entretiene recitando poesía. Posteriormente conocerá al altivo y soberbio viento Mateo, autor de catástrofes pero también un músico consumado; para acabar tratando con los genios del bosque que habitan en los árboles, o recibiendo la visita de unos extraños trasgos... 
Pero no esperemos un cuento infantil, ñoño y colorista. 
Con la apariencia de un sencillo cuento de hadas, Buzzati nos sumerge en un entorno social complejo donde se disputan tradiciones y terrenos o se debate la autoridad y el vasallaje.
Realmente hay pocas obras en la literatura universal en que el autor logre articular un territorio mítico, donde el cruce de realidad y fantasía tenga un carácter pragmático. Ésta es una de ellas. El coronel consigue aliarse con Mateo para forzar la colaboración de los genios en sus negocios de madera, mientras los genios están presentes en la Junta de Inspección Forestal del municipio... y todo rodeado por la magia de la infancia y ese vínculo especial que establece con animales y plantas. 
"Otra cosa que asombraba al coronel era la animación vital que mostraba el bosque mientras jugaban los niños; parecía como si la presencia de éstos hiciese a los pájaros acudir en bandadas a los árboles y salir de sus escondrijos a toda clase de animales." 
El autor hasta apunta una nota a pie de página.
1.Este fenómeno, hasta ahora poco estudiado, se da siempre en el campo, sea bosque, desfiladero, valle o prado. Los animales y las plantas manifiestan una mayor vitalidad cuando se sienten acompañados de los niños, y sus dotes de expresión aumentan hasta producir verdaderos vooquios. En cuento una persona mayor aparece, se rompe el encanto."  pág. 94
No cabe duda de que el bosque representa la infancia siempre tan frágil, auténtica y esencial; mientras que el arrogante coronel representa el mundo adulto, sordo a cualquier asunto que no sea el beneficio propio o el predominio. Pero del mismo modo que el agua es más dura que la piedra, así el bosque lo irá remodelando. Primero será su propia sombra quien lo abandonará por no compartir sus fechorías, luego asistirá inadvertidamente al juicio al que le someten los animales del bosque y finalmente el peligro de muerte que acecha a Bienvenido logrará sacar lo mejor de él.

Porque el Bosque y sus genios no están al alcance de cualquiera. Sólo los niños, libres de prejuicios y con mirada inocente pueden apreciar las cosas bellas y simples del mundo. Procolo no entiende al Bosque porque es mayor: sus intereses le nublan tener una visión clara. Pero el Bosque hará que se pierda para poder encontrarse. 
"Aquel olor intenso a savia, aquellos densos vapores de descomposición vegetal, le producían, en efecto, una pequeña angustia.Tampoco llega hasta él el son de la campana de la iglesia de Fondo que anunciaba las horas, ni la voz de Bienvenido, que seguramente estaría gritando de terror, ni el estruendo de los automóviles, ni ningún otro sonido.
Esperando al nuevo día el coronel se sentó y por vez primera en su existencia acertó a distinguir los rumores del bosque.
Aquella noche sonaron quince. Procolo los fue contando de uno en uno.
1. Sordos bramidos intensos que parecían salir de la tierra, como si se avecinase un terremoto.
2. Crujir de hojas.
3. Chasquido de ramas tronchadas por el viento.
...
Aparte de esto también hubo aquella noche ratos de grave silencio; el religioso silencio de los bosques primitivos, no comparable a ningún otro silencio en el mundo, y que muy pocos hombres han oído."                   pág 84,85

Dos cosas me llaman especialmente la atención.
Por un lado el juego literario de Buzzati al presentar el relato como una crónica histórica. Por otro, la melancólica constatación de que este vínculo entre los niños y el bosque se rompe con la edad adulta. 
Ya desde la Nota inicial el autor presenta su obra como una noticia:
"Numerosos testimonios nos han permitido recoger las siguientes noticias sobre el coronel Sebastián Procolo. Tanto se ha discutido acerca de este hombre y con tanto apasionamiento, que nos parece justo establecer, finalmente, su verdadera personalidad y desvanecer la triste sombra que hasta ahora pesaba sobre su memoria. No nos incumbe a nosotros formar un juicio definitivo respecto al difunto coronel. Pero pocos saben cómo aquel viejo tan odiado, que algunos tomaron por loco y que todos, temiéndole, maldecían, cómo aquel ser impasible, era también un hombre".
En esta entradilla y el posterior desarrollo del relato, Buzzati pone el foco en la vida legendaria del coronel Procolo, aclarando que "era también un hombre". Creo que con ello el autor nos coloca a nosotros, los lectores, en la posición del coronel: testigos ajenos de algo mágico a los que se invita a restablecer su fascinación.
"Hasta aquí llega la parte histórica, comprobada. Lo que luego hicieron los genios para curar a Bienvenido se halla en el misterio. Ni él, ni nosotros, ni nadie podrá saberlo nunca. El mundo no está capacitado para conocer los encantos del bosque." pág 147

El paso de la infancia a la vida adulta y como consecuencia la pérdida del hechizo, se hace más evidente en la segunda parte del libro. El bosque es la infancia. Ambos comparten el misterio y la fragilidad. Los niños se reúnen allí de noche, en fiestas secretas junto a los genios y juntos escuchan las viejas historias que cuenta Mateo. Pero cuando crezcan ya no recordarán su bosque, ni los caminos de esas reuniones secretas. Ya no sabrán escuchar el secreto del bosque. 
Este adiós queda perfectamente plasmado en la despedida que le brinda el viento Mateo al todavía niño Bienvenido:
"-¿Cómo puedes saber lo que yo haré?
-Lo sé porque he visto a muchos como tú. Todos sois iguales, Así es vuestra vida. También los otros venían a jugar a la Spacca, también se escapaban de noche para venir a nuestras fiestas; también hablaban con los genios y cantaban con el viento; también pasaban aquí, con nosotros, días felices. Al cabo del tiempo volvían alguna primavera queriendo reanudar su antigua vida. Pero algo no funcionaba ya. Como si el bosque fuese diferente. Entendámonos: los árboles eran iguales; idéntico su tamaño, idénticas sus ramas y daban la misma sombra. Sin embargo, no nos entendíamos ya."           pág 126

jueves, 26 de diciembre de 2019

La MULTITUD - de Ray Bradbury




           


Serie Narraciones Extraordinarias





l señor Spallner se llevó las manos a la cara.
Hubo una impresión de movimiento en el aire, un grito delicadamente torturado, el impacto y el vuelco del automóvil, contra una pared, a través de una pared, hacia arriba y hacia abajo como un juguete, y el señor Spallner fue arrojado afuera. Luego . . . silencio.
La multitud llegó corriendo. Débilmente, tendido en la calle, el señor Spallner los oyó correr. Hubiera podido decir qué edad tenían y de qué tamaño eran todos ellos, oyendo aquellos pies numerosos que pisaban la hierba de verano y luego las aceras cuadriculadas y el pavimento de la calle, trastabillando entre los ladrillos desparramados donde el auto colgaba a medias apuntando al cielo de la noche, con las ruedas hacia arriba girando aún en un insensato movimiento centrífugo. 


No sabía en cambio de dónde salía aquella multitud. Miró y las caras de la multitud se agruparon sobre él, colgando allá arriba como las hojas anchas y brillantes de unos árboles inclinados. Era un anillo apretado, móvil, cambiante de rostros que miraban hacia abajo, leyéndole en la cara el tiempo de vida o muerte, transformándole la cara en un reloj de luna, donde la luz de la luna arrojaba la sombra de la nariz sobre la mejilla, señalando el tiempo de respirar o de no respirar ya nunca más. 
Qué rápidamente se reúne una multitud, como un iris que se cierra de pronto en el ojo, pensó Spallner. 
Una sirena. La voz de un policía. Un movimiento. De la boca del señor Spallner cayeron unas gotas de sangre; lo metieron en una ambulancia. Alguien dijo 
— ¿Esta muerto? — 
Y algún otro dijo: 
—No, no está muerto. 
Y el señor Spallner vio más allá en la noche, los rostros de la multitud y supo mirando esos rostros que no iba a morir. Y esto era raro. Vio la cara de un hombre, delgada, brillante, pálida; el hombre tragó saliva y se mordió los labios. Había una mujer menuda también, de cabello rojo y de mejillas y labios muy pintarrajeados. Y un niño de cara pecosa. Caras de otros. Un anciano de boca arrugada; una vieja con una verruga en el mentón. Todos habían venido... ¿de dónde? Casas, coches, callejones, del mundo inmediato sacudido por el accidente. De las calles laterales y los hoteles y de los autos, y aparentemente de la nada. 
La gente miró al señor Spallner y él miró y no le gustaron. Había algo allí que no estaba bien, de ningún modo. No alcanzaba a entenderlo. Esa gente era mucho peor que el accidente mecánico. 


Las puertas de la ambulancia se cerraron de golpe. El señor Spallner podía ver los rostros de la gente, que espiaba y espiaba por las ventanillas. Esa multitud que llegaba siempre tan pronto, con una rapidez inexplicable, a formar un círculo, a fisgonear, a sondear, a clavar estúpidamente los ojos, a preguntar, a señalar, a perturbar, a estropear la intimidad de un hombre en agonía con una curiosidad desenfadada. 
La ambulancia partió. El señor Spallner se dejó caer en la camilla y las caras le miraban todavía la cara, aunque tuviera cerrados los ojos. 
Las ruedas del coche le giraron en la mente días y días. Una rueda, cuatro ruedas, que giraban y giraban chirriando, dando vueltas y vueltas. El señor Spallner sabía que algo no estaba bien. Algo acerca de las ruedas y el accidente mismo y el ruido de los pies y la curiosidad. Los rostros de la multitud se confundían y giraban en la rotación alocada de las ruedas. 
Se despertó. 
La luz del sol, un cuarto de hospital, una mano que le tomaba el pulso. 
—¿Cómo se siente? —le preguntó el médico. 
Las ruedas se desvanecieron. El señor Spallner miró alrededor. 
—Bien, creo. 
Trató de encontrar las palabras adecuadas. Acerca del accidente. 
—¿Doctor? 
—¿Si? 
—Esa multitud. . . ¿Ocurrió anoche? 
—Hace dos noches. Está usted aquí desde el jueves. Todo marcha bien, sin embargo. Ha reaccionado usted. No trate de levantarse. 
—Esa multitud. Algo pasó también con las ruedas. Los accidentes. . . bueno, ¿traen desvaríos? 
—A veces. 
El señor Spallner se quedó mirando al doctor. 
—¿Le alteran a uno el sentido del tiempo? 
—Sí, el pánico trae a veces esos efectos. 
—¿Hace que un minuto parezca una hora, o que quizá una hora parezca un minuto? 
—Sí. 
—Permítame explicarle entonces. —El señor Spallner sintió la cama debajo del cuerpo, la luz del sol en la cara.— Pensará usted que estoy loco. Yo iba demasiado rápido, lo sé. Lo lamento ahora. Salté a la acera y choqué contra la pared. Me hice daño y estaba aturdido, lo sé, pero todavía recuerdo. La multitud sobre todo. —Esperó un momento y luego decidió seguir, pues entendió de pronto por qué se sentía preocupado.— La multitud llegó demasiado rápidamente. Treinta segundos después del choque estaban todos junto a mí, mirándome... No es posible que lleguen tan pronto, y a esas horas de la noche. 
—Le pareció a usted que eran treinta segundos —dijo el doctor—. Quizá pasaron tres o cuatro minutos. Los sentidos de usted... 
—Sí, ya sé, mis sentidos, el choque. ¡Pero yo estaba consciente! Recuerdo algo que lo aclara todo y lo hace divertido. Dios, condenadamente divertido. Las ruedas del coche allá arriba. ¡Cuando llegó la multitud las ruedas todavía giraban! 
El médico sonrió. 
El hombre de la cama prosiguió diciendo: 
—¡Estoy seguro! Las ruedas giraban, giraban rápidamente. Las ruedas delanteras. Las ruedas no giran mucho tiempo, la fricción las para. ¡Y éstas giraban de veras! 
—Se confunde usted. 
—No me confundo. La calle estaba desierta. No había un alma a la vista. Y luego el accidente y las ruedas que giraban aún y todas esas caras sobre mí, en seguida. Y el modo cómo me miraban. Yo sabía que no iba a morir.
—Efectos del shock —dijo el médico alejándose hacia la luz del sol. 


El señor Spallner salió del hospital dos semanas más tarde. Volvió a su casa en un taxi. Habían venido a visitarlo en esas dos semanas que había pasado en cama, boca arriba, y les había contado a todos la historia del accidente y de las ruedas que giraban y la multitud. Todos se habían reído, olvidando en seguida el asunto. 
Se inclinó hacia adelante y golpeó la ventanilla. 
—¿Qué pasa? 
El conductor volvió la cabeza. 
—Lo siento, jefe. Es una ciudad del demonio para el tránsito. Hubo un accidente ahí enfrente. ¿Quiere que demos un rodeo? 
—Sí. No. ¡No! Espere. Siga. Echemos una ojeada. 
El taxi siguió su marcha, tocando la bocina. 
—Maldita cosa —dijo el conductor—. ¡Eh, usted! ¡Sálgase del camino! —Sereno:— Qué raro. . . más de esa condenada gente. Gente alborotadora. 
El señor Spallner bajó los ojos y se miró los dedos que le temblaban en la rodilla. 
—¿Usted también lo notó? 
—Claro —dijo el conductor—. Todas las veces. Siempre hay una multitud. Como si el muerto fuera la propia madre. 
—Llegan al sitio con una rapidez espantosa —dijo el hombre del asiento de atrás. 
—Lo mismo pasa con los incendios o las explosiones. No hay nadie cerca. Bum, y un montón de gente alrededor. No entiendo. 
—¿Vio alguna vez algún accidente de noche? 
El conductor asintió. 
—Claro. No hay diferencia. Siempre se junta una multitud. 
Llegaron al sitio. Un cadáver yacía en la calle. Era evidentemente un cadáver, aunque no se lo viera. Ahí estaba la multitud. Las gentes que le daban la espalda,mientras él miraba el taxi. Le daban la espalda. El señor Spallner abrió la ventanilla y casi se puso a gritar. Pero no se animó. Si gritaba podían darse vuelta. Y el señor Spallner tenía miedo de verles las caras. 
























—Parece como si yo tuviera un imán para los accidentes —dijo luego, en la oficina. Caía la tarde. El amigo del señor Spallner estaba sentado del otro lado del escritorio, escuchando—. Salí del hospital esta mañana y casi en seguida tuvimos que dar un rodeo a causa de un choque. 
—Las cosas ocurren en ciclos —dijo Morgan. 
—Deja que te cuente lo de mi accidente. 
—Ya lo oí. Lo oí todo. 
—Pero fue raro, tienes que admitirlo. 
—Lo admito. Bueno, ¿tomamos una copa? 
Siguieron hablando durante una media hora o más. Mientras hablaban, todo el tiempo, un relojito seguía marchando en la nuca de Spallner, un relojito que nunca necesitaba cuerda. El recuerdo de unas pocas cosas. Ruedas y caras. 
Alrededor de las cinco y media hubo un duro ruido de metal en la calle. Morgan asintió con un movimiento de cabeza, se asomó a la ventana y miró hacia abajo. 
—¿Qué te dije? Cielos. Un camión y un Cadillac color crema. Sí, sí. 
Spallner fue hasta la ventana. Tenía mucho frío, y mientras estaba allí de pie se miró el reloj pulsera, la manecilla diminuta. Uno dos tres cuatro cinco segundos —gente que corría— ocho, nueve, diez, once, doce —gente que llegaba corriendo, de todas partes— quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho segundos —más gente, más coches, más bocinas ensordecedoras. Curiosamente distante, Spallner observaba la escena como una explosión en retroceso: los fragmentos de la detonación eran succionados de vuelta al punto de impulsión. Diecinueve, veinte, veintiún segundos, y allí estaba la multitud. Spallner los señaló con un ademán, mudo. 
La multitud se había reunido tan rápidamente. 
Alcanzó a ver el cuerpo de una mujer antes que la multitud lo devorase. 
—No tienes buena cara —dijo Morgan—. Toma. Termina tu copa. 
—Estoy bien, estoy bien. Déjame solo. Estoy bien. ¿Puedes ver a esa gente? ¿Puedes ver la cara de alguno? 
Me gustaría que los viéramos de más cerca. 
—¿A dónde diablos vas? —gritó Morgan. 
Spallner había salido de la oficina. Morgan corrió detrás, escaleras abajo, precipitadamente. 
—Vamos, y rápido. 
—Tranquilízate, ¡no estás bien todavía! 
Salieron a la calle. Spallner se abrió paso entre la gente. Le pareció ver a una mujer pelirroja con las mejillas y los labios muy pintarrajeados. 
—¡Ahí! —Se volvió rápidamente hacia Morgan.— ¿La viste? 
—¿A quién? 
—Maldición, desapareció. Se perdió entre la gente. 
La multitud ocupaba todo el sitio, respirando y mirando y arrastrando los pies y moviéndose y murmurando y cerrando el paso cuando el señor Spallner trataba de acercarse. Era evidente que la pelirroja lo había visto y había huido. 
Vio de pronto otra cara familiar. Un niño pecoso. Pero hay tantos niños pecosos en el mundo. Y, de todos modos, no le sirvió de nada, pues antes que el señor Spallner llegara allí el niño pecoso corrió y desapareció entre la gente. 
—¿Está muerta? —preguntó una voz—. ¿Está muerta? 
—Está muriéndose —replicó alguien—. Morir antes que llegue la ambulancia. No tenían que haberla movido. No tenían que haberla movido. 
Todas las caras de la multitud, conocidas y sin embargo desconocidas, se inclinaban mirando hacia abajo, hacia abajo. 
—Eh, señor, no empuje. 
—¿A dónde pretende ir, compañero? 
Spallner retrocedió, y sintió que se caía. Morgan lo sostuvo. 
—Tonto rematado. Todavía estás enfermo. ¿Para qué diablos has tenido que venir aquí? 
—No sé, realmente no lo sé. La movieron, Morgan, alguien movió a la mujer. Nunca hay que mover a un accidentado en la calle. Los mata. Los mata. 
—Sí. La gente es así. Idiotas.


Spallner ordenó los recortes de periódicos. 
Morgan los miró. 
—¿De qué se trata? Parece como si todos los accidentes de tránsito fueran ahora parte de tu vida. ¿Qué son estas cosas? 
—Recortes de noticias de choques de autos y fotos. Míralas. No, no los coches —dijo Spallner—. La gente que está alrededor de los coches. —Señaló—. Mira. 
Compara esta foto de un accidente en el distrito de Wilshire con esta de Westwood. No hay ningún parecido. Pero toma ahora esta foto de Westwood y ponla junto a esta otra también del distrito de Westwood de hace diez años. —Mostró otra vez con el dedo—. Esta mujer está en las dos fotografías. 
—Una coincidencia. Ocurrió que la mujer estaba allí en 1936 y luego en 1946. 
—Coincidencia una vez, quizá. Pero doce veces en un período de diez años, en sitios separados por distancias de hasta cinco kilómetros, no. —El señor Spallner extendió sobre la mesa una docena de fotografías—. ¡Está en todas! 
—Quizá es una perversa. 
—Es más que eso. ¿Cómo consigue estar ahí tan pronto luego de cada accidente? ¿Y cómo está vestida siempre del mismo modo en fotografías tomadas en un período de diez años? 
—Que me condenen si lo sé. 
—Y por último, ¿por qué estaba junto a mí la noche del accidente, hace dos semanas? 


Se sirvieron otra copa. Morgan fue hasta los archivos. 
—¿Qué has hecho? ¿Comprar un servicio de recortes de periódicos mientras estabas en el hospital? —Spallner asintió. Morgan tomó un sorbo. Estaba haciéndose tarde. En la calle, bajo la oficina, se encendían las luces—. ¿A qué lleva todo esto? 
—No lo sé —dijo Spallner—; excepto que hay una ley universal para los accidentes. Se juntan multitudes. Siempre se juntan. Y como tú y como yo, todos se han preguntado año tras año cómo se juntan tan rápidamente, y por qué. Conozco la respuesta. Aquí está. —Dejó caer los recortes—. Me asusta. 
—Esa gente . . . ¿no podrían ser buscadores de sensaciones escalofriantes, ávidos perversos a quienes complace la sangre y la enfermedad? 
Spallner se encogió de hombros. 
—¿Explica eso que se los encuentre en todos los accidentes? Notarás que se limitan a ciertos territorios. 
Un accidente en Brentwood atraer a un grupo. Uno en Huntington Park a otro. Pero hay una norma para las caras, un cierto porcentaje que aparece en todas las ocasiones. 
—No son siempre las mismas caras, ¿no es cierto? —dijo Morgan. 
—Claro que no. Los accidentes también atraen a gente normal, en el curso del tiempo. Pero he descubierto que estas son siempre las primeras. 
—¿Quienes son? ¿Qué quieren? Haces insinuaciones, pero no lo dices todo. Señor, debes de tener alguna idea. Te has asustado a ti mismo y ahora me tienes a mi en ascuas. 
—He tratado de acercarme a ellos, pero alguien me detiene y siempre llego demasiado tarde. Se meten entre la gente y desaparecen. Como si la multitud tratara de proteger a algunos de sus miembros. Me ven llegar. 
—Como si fueran una especie de asociación. 
—Algo tienen en común. Aparecen siempre juntos. En un incendio o en una explosión o en los avatares de una guerra, o en cualquier demostración pública de eso que llaman muerte. Buitres, hienas o santos. No sé que son, no lo sé de veras. Pero iré a la policía esta noche. Ya ha durado bastante. Uno de ellos movió el cuerpo de esa mujer esta tarde. No debían haberla tocado. Eso la mató. 
Spallner guardó los recortes en una valija de mano. Morgan se incorporó y se deslizó dentro del abrigo. Spallner cerró la valija. 
—O también podría ser. . . Se me acaba de ocurrir. 
—¿Qué? 
—Quizá querían que ella muriese. 
—¿Y por qué? 
—¿Quién sabe. ¿Me acompañas? 
—Lo siento. Es tarde. Te veré mañana. Que tengas suerte. —Salieron juntos—. Dale mis saludos a la policía. ¿Piensas que te creerán? 
—Oh, claro que me creerán. Buenas noches. 
Spallner iba con el coche hacia el centro de la ciudad, lentamente. 
"Quiero llegar —se dijo—, vivo." 
Cuando el camión salió de un callejuela lateral directamente hacia él, sintió que se le encogía el corazón pero de algún modo no se sorprendió demasiado. 
Se felicitaba a sí mismo (era realmente un buen observador) y preparaba las frases que les diría a los policías cuando el camión golpeó el coche. No era realmente su coche, y en el primer momento esto fue lo que más lo preocupó. Se sintió lanzado de aquí para allá mientras pensaba, qué vergüenza, Morgan me ha prestado su otro coche unos días mientras me arreglan el mío y aquí estoy otra vez. El parabrisas le martilló la cara. Cayó hacia atrás y hacia adelante en breves sacudidas. Luego cesó todo movimiento y todo ruido y sólo sintió el dolor. 
Oyó los pies de la gente que corría y corría. Alargó la mano hacia el pestillo de la portezuela. La portezuela se abrió y Spallner cayó afuera, mareado, y se quedó allí tendido con la oreja en el asfalto, oyendo cómo llegaban. Eran como una vasta llovizna, de muchas gotas, pesadas y leves y medianas, que tocaban la tierra. 
Esperó unos pocos segundos y oyó cómo se acercaban y llegaban. Luego, débilmente, expectante, ladeó la cabeza y miró hacia arriba. 
Podía olerles los alientos, los olores mezclados de mucha gente que aspira y aspira el aire que otro hombre necesita para vivir. Se apretaban unos contra otros y aspiraban y aspiraban todo el aire de alrededor de la cara jadeante, hasta que Spallner trató de decirles que retrocedieran, que estaban haciéndolo vivir en un vacío. Le sangraba la cabeza. Trató de moverse y notó que a su espina dorsal le había pasado algo malo. No se había dado cuenta en el choque, pero se había lastimado la columna. No se atrevió a moverse. 
No podía hablar. Abrió la boca y no salió nada, sólo un jadeo. 
—Denme una mano —dijo alguien—. Lo daremos vuelta y lo pondremos en una posición más cómoda. 
Spallner sintió que le estallaba el cerebro. 
¡No! ­¡No me muevan! 
—Lo moveremos —dijo la voz, como casualmente. 
¡Idiotas, me matarán, no lo hagan! 
Pero Spallner no podía decir nada de esto en voz alta, sólo podía pensarlo. 
Unas manos le tomaron el cuerpo. Empezaron a levantarlo. Spallner gritó y sintió que una náusea lo ahogaba. Lo enderezaron en un paroxismo de agonía. 
Dos hombres. Uno de ellos era delgado, brillante, pálido, despierto, joven. El otro era muy viejo y tenía el labio superior arrugado. 
Spallner había visto esas caras antes. 
Una voz familiar dijo: 
—¿Está . . . está muerto? 
Otra voz, una voz memorable, respondió: 
—No, no todavía, pero morirá antes que llegue la ambulancia. 
Toda la escena era muy tonta y disparatada. Como cualquier otro accidente. Spallner chilló histéricamente ante el muro estólido de caras. Estaban todos alrededor, jueces y jurados con rostros que había visto ya una vez. 
En medio del dolor, contó las caras. 
El niño pecoso. El viejo del labio arrugado. 
La mujer pelirroja, de mejillas pintarrajeadas. Una vieja con una verruga en la mejilla. 
Sé por qué están aquí, pensó Spallner. Están aquí como están en todos los accidentes. Para asegurarse de que vivan los que tienen que vivir y de que mueran los que tienen que morir. Por eso me levantaron. Sabían que eso me mataría. Sabían que seguiría vivo si me dejaban solo. 
Y así ha sido siempre desde el principio de los tiempos, cuando las multitudes se juntaron por vez primera. De ese modo el asesinato es mucho más fácil. La coartada es muy simple; no sabían que es peligroso mover a un herido. No querían hacerle daño. 
Los miró, allá arriba, y sintió la curiosidad que siente un hombre debajo del agua mientras mira a los que pasan por un puente. ¿Quiénes son ustedes? ¿De dónde vienen y cómo llegan aquí tan pronto? Ustedes son la multitud que se cruza siempre en el camino, gastando el buen aire tan necesario para los pulmones de un moribundo, ocupando el espacio que el hombre necesita para estar acostado, solo. Pisando a las gentes para que se mueran de veras, y no haya ninguna duda. Eso son ustedes, los conozco a todos. 
Era un monólogo cortés. La multitud no dijo nada. Caras. El viejo. La mujer pelirroja. 
—¿De quién es esto? —preguntaron: 
Alguien levantó la valija de mano. 
¡Es mía! ­Ahí están mis pruebas contra ustedes! 
Ojos, invertidos, encima. Ojos brillantes bajo cabellos cortos o bajo sombreros. 
Caras.
En algún sitio...una sirena, llegaba la ambulancia. 
Pero mirando las caras, las facciones, el color, la formas de las caras, Spallner supo que era demasiado tarde. Lo leyó en aquellas caras. Ellos sabían. 
Trató de hablar. Le salieron unas sílabas: 
—Pa . . . parece que me uniré a ustedes... Creo... creo que seré‚ un miembro del grupo... de ustedes... 
Cerró luego los ojos, y esperó al empleado de la policía que vendría verificar la muerte.








Ray Bradbury publicó
La multitud originalmente en Dark Carnival (1947), su primera recopilación de relatos; pero volvió a incluirla en El país de octubre (1955).
Lo primero que existió de este relato fue su título, ya que Bradbury tenía el peculiar método de trabajar sobre listados de palabras que le pudiesen provocar respuestas emocionales o inspiración.
En esta historia el hilo que une una situación cotidiana con el mito es tan brutal que produce escalofríos. El hombre está rodeado de misterios que en algunos momentos es capaz de detectar.

Ray Bradbury (1920 – 2012) es un autor clásico de la ciencia ficción, aunque a él le gustaba hablar más de fantasía y misterio. Tiene obras que ya están en el imaginario de todos nosotros como Fahrenheit 451, una crítica a la censura y a la uniformidad de pensamiento en plena era del macartismo. Aunque también incluye un hermoso canto a la literatura y a su capacidad de libertad crítica ante el adocenamiento que provocan los medios electrónicos. También El Hombre Ilustrado vertebrado alrededor de un hombre lleno de tatuajes que fueron creados por una mujer que puede viajar en el tiempo. Cada uno de sus tatuajes cobrará vida en cada uno de sus magníficos relatos. 
Fue en 1950 cuando Bradbury publicó su primer trabajo importante, The Martian Chronicles , donde se narraba el conflicto entre los humanos que colonizaban el planeta rojo y los marcianos nativos que encontraron allí.
























En muchos de sus temas se reflejan las angustias y ansiedades que existían en la sociedad norteamericana de la década de los cincuenta, ante el peligro de una guerra nuclear. Sus relatos siempre tienen una vena moral e incluso poética como en la novela El vino del estío, de carácter autobiográfico, donde se narra un verano mágico pero muy breve de un niño de 12 años.
También escribió teatro, televisión (Alfred Hitchcock presenta o Twiligh Zone) y el guión de la película Moby Dick, de John Huston.
Entre sus recopilaciones de cuentos destacan:
Crónicas marcianas (1950). The Martian Chronicles
El hombre ilustrado (1951). The Illustrated Man
Las doradas manzanas del sol (1953). The Golden Apples of the SunEl país de octubre (1955). The october Country
Y entre sus novelas:
Fahrenheit 451 (1953)
El vino del estío (1957). Dandelion Wine
La feria de las tinieblas (1962). Something Wicked this Way Comes