sábado, 7 de junio de 2014

El MAL de MONTANO - de E. Vila-Matas












Después de estar durante años asomado al caldero bullente de la literatura (Historia abreviada de la literatura portátil, Bartleby y compañía) en esta novela, por fin, Vila-Matas se cae dentro. El narrador reconoce,  "más que enfermo, yo estaba podrido de literatura". Cada gesto de su vida, cada hora, cada conversación, cada pensamiento está transido de literatura.

El libro avanza sobre dos ejes que él mismo elucida. Uno es el carácter parásito del libro ocupado en su parte central por
"un diccionario cuyas entradas vendrían dadas por los nombres de los autores de diarios personales que más me han interesado a lo largo de muchos años de lectura de libros de ese género literario tan íntimo; unos nombres de autores que, al reforzar con sus vidas mi autobiografía, me ayudarían a componer un retrato más amplio y curiosamente más fiel de mi verdadera personalidad, hecha en parte a base de los diarios íntimos de los demás. " pág 106-7
El otro eje es la voluntad de asumir en la memoria personal del narrador, la historia de la literatura toda.

En la página 119 Vila-Matas incluye una Nota parásita que ironiza sobre algo muy esencial en su literatura. En la nota nos refiere el ensayo Segunda mano, de Alan Pauls, donde figura una aguda reflexión referida al gran Borges. Al publicar Discusión, un libro primerizo, Borges recibió una crítica adversa de Ramón Doll que le acusaba de parasitismo literario: 
"Esos artículos, bibliográficos por su intención o por su contenido, pertenecen a ese género de literatura parasitaria que consiste en repetir mal cosas que otros han dicho bien; o en dar por inédito a Don Quijote de la Mancha y a Martín Fierro, e imprimir de esas obras páginas enteras; o en hacerse el que a él le interesa averiguar un punto cualquiera y con aire cándido va agregando opiniones de otros, para que vean que no, que él no es unilateral, que es respetuoso de todas las ideas (y es que así se va haciendo el artículo)." 
Según Pauls, con la astucia de los grandes inadaptados, Borges revierte esta condena en un programa artístico propio. "La obra de Borges abunda en esos personajes subalternos, un poco oscuros, que siguen como sombras el rastro de una obra o de un personaje más luminosos. Traductores, exégetas, anotadores de textos sagrados, intérpretes, bibliotecarios, incluso laderos de guapos y cuchilleros. Borges define una verdadera ética de la subordinación en esa galería de criaturas anónimas  (...) y Pierre Menard corona una larga serie de sumisiones literarias escribiendo de nuevo unos capítulos del Quijote" pag 120
Explicado el vampirismo literario giramos hacia el otro eje. La primera parte del libro es un diario sobre la visita que el narrador hace a su hijo Montano en Nantes. Coinciden ambos en estar atravesando un desierto ágrafo. Montano hijo viene de publicar ¡Bartleby y compañía!, y aquellos aristócratas del No le acabaron inoculando su veneno de cesantía. 
Pero finalmente el joven Montano escribe un cuento que envía, solícito, a su padre.
"Fue anteayer, como ya dije, cuando me llegó el sobre de Montano con su manuscrito, un cuento breve titulado 11 rue Simon-Crubellier, supongo que en homenaje sentido a Georges Perec y a esa casa de París donde el escritor francés concentró la historia del mundo.
El cuento se abre con una cita de Macedonio Fernández con la que mi hijo seguramente trata de comentar irónicamente el fin de su bloqueo literario: "Todo se ha escrito, todo se ha dicho, todo se ha hecho, oyó Dios que le decían y aún no había creado el mundo, todavía no había nada. También eso ya me lo habían dicho, repuso quizá desde la vieja, hendida Nada. Y comenzó."
El cuento concentra de manera admirable, en siete escasas pero intensas cuartillas, toda la historia de la literatura enfocada como una sucesión de escritores habitados imprevistamente por la memoria personal de otros escritores que les antecedieron en el tiempo. (...) La historia de la literatura vista como una corriente extraña de aire mental de súbitos recuerdos ajenos que habrían ido componiendo, a base de visitas imprevistas, un circuito cerrado de memorias involuntariamente robadas." pág 70
Entre aquella nota parásita y este cuento de memorias robadas encuentro la esencia de este múltiple libro. 

Montano padre, como narrador protagonista, asumirá su enfermedad literaria: "Quiero ser sólo literatura", y la personificará trazando el mapa de su corazón y sus lecturas con ríos y valles, con túneles, caminos y volcanes.

La primera parte del libro quiere ser un diario con el que romper la sequía ágrafa. Pero ineludiblemente por sus páginas acaba proliferando la metástasis de la literatosis hasta convertirlo en una nouvelle. Hecho que el autor nos confiesa en la segunda parte, Diccionario del tímido amor a la vida. Y esta confesión de cómo una confesión se atravesó de ficción y mentiras no nos conduce sino a un intenso juego literario de espejos, citas y parásitos.

Ese diario convertido en nouvelle es seguido por un diccionario de autores que redactaron diarios íntimos donde se pone en marcha el plan del cuento de Montano hijo. El diario personal se convierte en diario universal en aras de desmenuzar la materia y el hecho de la literatura.  
"Imagino que no es necesario que diga que no soy crítico literario, sino un narrador de amplia y conocida trayectoria. Esto es tan cierto como que en Faial terminé mi nouvelle y, al regresar de las islas, tuve la idea de darle un giro a este diario y convertirlo por un tiempo en un breve diccionario que contara nada más que verdades sobre mi fragmentada vida y mostrara mi lado más humano y,en definitiva, me aproximara más a mis lectores: un diccionario cuyas entradas vendrían dadas por los nombres de los autores de diarios personales que más me han interesado a lo largo de muchos años de lectura de libros de ese género literario tan íntimo; unos nombres de autores que, al reforzar con sus vidas mi autobiografía, me ayudarían a componer  un retrato más amplio y curiosamente más fiel de mi verdadera personalidad, hecha en parte a base de los diarios íntimos de los demás. " pág 106-7
Novela, diario, diccionario de autores, ensayo y autoficción. Una seductora y compleja construcción literaria en un espacio tan propio de Vila-Matas (y Magris, Sebald o Pitol) como es la encrucijada entre literatura y vida.
"Entre la vida y los libros, me quedo con éstos, que me ayudan a entenderla. La literatura me ha permitido siempre comprender la vida. Pero precisamente por eso me deja fuera de ella. Lo digo en serio: está bien así." pág 142
Este tipo de paradojas abundan cuando se cruzan ambas. 
"Sergio Pitol escribió en 1994 un relato titulado "El oscuro hermano gemelo" y lo iniciaba con una cita de Justo Navarro: ´ser escritor es convertirse en un extraño, en un extranjero: tienes que empezar a traducirte a ti mismo. Escribir es un caso de impersonation, de suplantamiento de personalidad. Escribir es hacerse pasar por otro´." pág 18 
"Entonces", dice Justo Navarro, "te agarras a lo que tienes más cerca: hablas de ti mismo. Y al escribir de ti mismo empiezas a verte como si fueras otro, te tratas como si fueras otro: te alejas de ti mismo conforme te acercas a ti mismo." pág 143
"Escribir", dice Lobo Antunes, "es como drogarse, se empieza por puro placer, y acabas organizando tu vida como los drogados, en torno a tu vicio. Y ésa es mi vida. Hasta cuando sufro lo vivo como un desdoblamiento: el hombre está sufriendo, y el escritor está pensando en cómo aprovechar este sufrimiento para su trabajo." pág 195
Para Vila-Matas vida y literatura conforman un circulo vicioso: 
"Recordé a Rosa trabajando como una hormiga para abrirse camino en la dirección de cine. Recordé cómo mi generación quiso cambiar el mundo y dije que tal vez había sido mejor que aquello que soñamos no se hubiera hecho realidad. Recordé que en mi primera juventud leía mucho a Cernuda y que a veces yo lloraba si llovía. Y finalmente recordé cuando me veía recordando que me veía escribir y me recordé -para terminar- viéndome recordar que escribía." pág 50
El libro entero se constituye como ejercicio y práctica de esa "corriente de aire mental" que de autor en autor recorre la literatura. "Pessoa de pronto se ve en Praga observando la muralla china", llegamos a leer.  Walser ("llamadme Walser" nos llega a pedir), Musil y su hombre sin atributos, el peripatético Monsieur Teste, Sterne, Pessoa, Calvino o Cheever. Todos aportan recuerdos ajenos y visitas imprevistas. Y Kafka, sobretodo Kafka, siempre Kafka con sus carreteras perdidas. A su figura dedica el autor la cuarta parte del libro, "Diario de un hombre engañado".

Porque sin literatura no se puede comprender la vida, aunque el precio sea alto: "Como dice Magris: Kafka sabía perfectamente que la literatura le alejaba del territorio de la muerte y le permitía comprender la vida, pero dejándolo fuera. "


Como ejercicio literario podemos esclarecer el germen de situaciones y personajes ficticios. En la segunda parte, el autor revela lo que de ficción había en la primera. Qué personajes existen (Tongoy) y cuáles no (la aviadora Margot Valerí). Cómo el viaje a las Azores se produjo pero en otras circunstancias (¡Ah, el mítico Café Sport que aparece en Dama de Porto Pim, de Antonio Tabucchi!). En fin y de nuevo, el fructífero juego entre realidad y ficción.

En el fondo todo el libro habla de la necesidad de la literatura. Walter Benjamin recordando a un niño enfermo y a su madre contándole una historia reflexionaba, "si realmente no será la narración la atmósfera propicia y la condición más favorable para muchas curaciones".

Y también de la literatura como una tarea de autoconstrucción.
"Cuenta Calvino que, al abrir el diario (de Pavese) por la primera página, se dieron cuenta de que se encontraban frente a un documento impresionante, páginas convulsas, gritos desesperados que se desbordaban clamorosos de cuando en cuando. "Pero encontramos también, y sobre todo, algo más, el término opuesto a la desesperación y a la derrota: una paciente, tenaz tarea de autoconstrucción, de claridad interior, de mejora moral, que se debe alcanzar por medio del trabajo y la reflexión sobre las razones últimas del arte y de la vida propia y ajena." pág 181
E incluso de investigación.
"En una  época en la que predomina la novela del yo, un señor llamado Teste, levantado antes de la aurora, en pijama, con los hombres cubiertos por un chal, anota: "Es lo que llevo en mí de desconocido lo que me hace yo." pág. 201

jueves, 5 de junio de 2014

Al FILO del MAÑANA - de Doug Liman








Edge of tomorrow
-EEUU, 2014-















Ha sobrevenido una invasión alienígena que ocupa ya toda Europa. El comandante William Cage (Tom Cruise), experto en Relaciones Públicas y militar remilgado, no tiene intención de entrar en combate. A su pesar es enviado al frente justo cuando se prepara una invasión desde Inglaterra hacia Normandía, reeditando la de la Segunda Guerra Mundial. Los peores temores de Cage se confirman y el resultado es una masacre. Pero al morir tiene la suerte de reventar a un bicho Alfa cuyos fluidos infectan su sangre. Sin saber por qué se despierta, vivo de nuevo, en la misma base y en el mismo momento previo a la invasión. Nuevo ataque, nueva masacre y de nuevo el comandante se despierta en la misma base en plenos preparativos. Condenado a revivir la angustia del asalto y la muerte una y otra vez, buscará el modo de romper ese bucle temporal. 

Doug Liman dirige con buen pulso un film que contiene a la vez un gran aparato bélico y una intriga. La invasión de Normandía es espectacular. Aunque de menor formato que la de Spielberg en Salvar al soldado Ryan, no la desmerece. Las escaramuzas en la arena contra unos bichos rapidísimos que giran sobre sus mortales tentáculos son de verdad impactantes.
El resto de la película consiste en repetir el bucle donde el protagonista muere y revive constantemente tras la mortal batalla. El reto de la historia es, precisamente, hacer avanzar la acción dentro de este redundante itinerario, y yo creo que lo consigue. Seguramente por estar apoyada en la novela en que se basa el guión:  “All you need is kill”  (Todo lo que necesitas es matar) de Hiroshi Sakurazaka, de próxima aparición en Norma Editorial. 

Después de morir varias veces, Bill Cage se dará cuenta de que puede aprender y entrenarse para retrasar su muerte y estirar el infernal bucle. De este modo el director logra hacer evolucionar las situaciones. Hacia el futuro, puesto que siendo capaz de prever los ataques puede evitarlos y avanzar cada vez más lejos. Y en el pasado, aliándose con Rita Vrataski (Full Metal Bitch la llaman), la única guerrera que ha obtenido victorias ante los Miméticos.  Con ella preparará la estrategia y buscará los puntos débiles del enemigo, el bicho Omega: una entidad escondida en algún lugar de Europa que es quien domina el tiempo y dirige mentalmente a los Miméticos.

De este modo se rompe la linealidad de la historia que avanza por diversos meandros: los duros entrenamientos del blando Cage, las secuencias de cine de espías para acceder a la información en los despachos del Cuartel General aliado y los engaños que el ente Omega induce a la mente del comandante Cage. 


Liman  es un cualificado director de acción que alterna fiascos como Jumper o Mr. and Mrs. Smith, y aciertos como El caso Bourne -la primera de la trilogía-. En  la presente vuelve por sus mejores fueros y nos entrega una película notable con grandes escenas de acción y una trama tan entretenida como trepidante.

La cinta recrea, en cierto modo, el mito de Sísifo (el hombre con fama de ser el más astuto y sabio. Puso grilletes a la muerte, Tánatos, cuando fue a buscarle; por lo que nadie murió hasta que el dios Ares vino a liberarla. En el inframundo Sísifo fue condenado a empujar una piedra enorme por una ladera empinada. Antes de llegar a la cima siempre se le resbalaba y tenía que volver a empezar). Y también aporta algunos detalles originales, como la circunstancia de que el protagonista sea un cobarde que ha de pedir ayuda a la heroína, una convincente Emily Hunt (como ya demostrara en Looper).

Esta característica la aprovecha Tom Cruise para ofrecernos una interpretación más dúctil, dando cabida a registros más dramáticos y sombríos. Nos hace notar la evolución de su personaje, desde el pusilánime relaciones públicas al endurecido soldado. Le apoyan con la brillantez que tienen siempre, Brendan Gleeson como general de las Fuerzas de combate y Bill Paxton como teniente instructor.





El espectáculo y entretenimiento que ofrece toda la película tiene el punto negro de un mayor desarrollo en la definición del futuro que nos presenta y del recorrido de esos alienígenas que no pasan de ser un mero instrumento para la acción.
Asimismo el final peca de demasiado convencional. El héroe salva al mundo y a la chica (¿alguien lo dudaba?) en una secuencia en el Museo del Louvre rodada con prisas y con evidente abuso digital.

Los antecedentes hay que buscarlos por supuesto en la estupenda Atrapado en el tiempo (Groundhog Day) de Harold Ramis, pero también en la muy intrigante y más reciente Código Fuente de Duncan Jones.

lunes, 2 de junio de 2014

HORLA CITY y otros - de Fabián Casas





Acabo de conocer la existencia y la poesía de Fabían Casas. Me lo presenta Matías Néspolo en ElDiario.es. Nacido en Buenos Aires en 1965 es uno de los poetas más leídos de los últimos años en Latinoamérica. Su amigo Viggo Mortensen publicó una antología de poesía argentina en su editorial, Perceval Press, de EEUU. Allí aparecían poemas tanto del propio Casas como de Washington Cucurto, Mario Arteca, Juan Desiderio, María Medrano, Sergio Raimondi, Gabriela Saccone y otros. 

No se tarda mucho en leer su poesía completa recién editada en España. Son poco más de 200 páginas que recogen sus libros previos: Tuca (1990), El salmón (1996), Pogo (2000), El spleen de Boedo (2003), El hombre del overol (2006) y los poemas escritos hasta 2010.
Me gusta particularmente la definición de su poesía que Hernán Bravo Varela colocó como título de una antología del poeta: El pequeño mecanismo de los acontecimientos. (Editorial Almadía, México, 2012).
Y es que sus poemas ponen el foco sobre esos acontecimientos de la vida cotidiana como arrancar el coche, sentarse en un balcón o ir a tirar la basura en los que, de pronto, el poeta percibe un clic que los transforma en un fulgor. Como bien dice este antólogo: "Antes que seguir el famoso tópico horaciano ´Vive el día de hoy´, Casas modifica su acción ´Captura el día de hoy´ y consigue una foto, una instantánea."

El lenguaje de los poemas es cotidiano y busca la inmediatez. No en balde el libro está encabezado por una cita de Tita Merello: "El ejército más grande del mundo lo forman los pobres, los enfermos y los desesperados." Los poemas que siguen parecen dar voz a este ejército.
Como un abismo me atrae la desnudez de su plan, de ese hombre solitario explorando las señales del mundo. En sus versos germina la rara flor de lo auténtico. Como dijo el critico mexicano Adrián Ramírez Serrat, en sus poemas "conviven la cotidianeidad y la eternidad".



            SIN LLAVES Y A OSCURAS

            Era uno de esos días en que todo sale bien.
            Había limpiado la casa y escrito
            dos o tres poemas que me gustaban.
            No pedía más.
            Entonces salí al pasillo a tirar la basura
            y detrás de mí, por una correntada,
            la puerta se cerró.
            Quedé sin llaves y a oscuras
            sintiendo las voces de mis vecinos
            a través de sus puertas.
            Es transitorio, me dije;
            pero así también podría ser la muerte:
            un pasillo oscuro,
            una puerta cerrada con la llave adentro,
            la basura en la mano.



                         *        *


            DESPUÉS DE UN LARGO VIAJE 

            Me siento en el balcón a mirar la noche
            Mi madre me decía que no valía la pena
            estar abatido.
            Movete, hacé algo, me gritaba.
            Pero yo nunca fui muy dotado para ser feliz.
            Mi madre y yo éramos diferentes
            y jamás llegamos a comprendernos.
            Sin embargo, hay algo que quisiera contar:
            a veces, cuando la extraño mucho,
            abro el ropero donde están sus vestidos
            y como si llegara a un lugar
            después de largo viaje
            me meto adentro.
            Parece absurdo: pero a oscuras y con ese olor
            tengo la certeza de que nada nos separa.



                    *         *


            UNA CANCIÓN QUE NO RECORDÁS

            Acelerás despacio,
            el aire en la cara te reconforta.
            A tu derecha, una heladera de coca-cola
            ilumina la estación de servicio.
            Un colectivo, amarillo,
            cruza lentamente la calle.
            En la radio, los Beatles
            cantan una canción que no recordás;
            una cucaracha flotaba en el café
            cuando vaciaste la cafetera.
            Doblás y tomás por una calle oscura,
            el empedrado te sacude un poco
            y el ruido liso que te acompañaba
            es ahora un leve repiqueteo.
            ¿Qué es lo que hace
            que una vida funcione y avance?
            Alguien, unos metros delante tuyo,
            hace señas para que te detengas.


                      *          *


            UN PLÁSTICO TRANSPARENTE

            Abrí la puerta y te estabas bañando.
            Los vidrios empañados, el ruido del agua
            detrás de las cortinas,
            las cosas esenciales instaladas
            fuera de la razón.
            Me llamaste, acercaste la cara
            y nos besamos a través del plástico
            transparente: fue un instante.
            Las parejas y las revistas literarias
            duran casi siempre dos números.
            Sin embargo, de a poco,
            le fuimos ganado terreno al río:
            días interminables en los que el caos
            tomaba tu forma para envolverme mejor.


                   *          *


            DESPERTARTE

            Despertarte a mitad de la noche
            y ver en el otro lado de tu cama
            a tu mujer llorando
            es una experiencia importante.
            Quiere decir, entre otras cosas,
            que mientras paseabas por los cuartos
            iluminados de tu cerebro
            algo se estaba gestando cerca tuyo
            Un error con el cual mantenés
            una particular relación de intimidad.
            Porque aunque no firmemos nada,
            ni corramos apurados bajo la lluvia de arroz
            pensamos que es para toda la vida
            y así seguimos.
            Botes que durante la noche
            quedan amarrados al muelle
            golpeándose entre sí,
            según el viento. 



           
            











            CANCHA RAYADA

            Caminamos, con mi viejo, por la playa de estacionamiento.
            Es un día de calor sofocante
            y en el asfalto recalentado
            vemos la sombra de un pájaro negro
            que vuela en círculos,
            como satélite de nuestra desgracia.
            Una multitud victoriosa, a nuestras espaldas,
            ruge todavía en la cancha.
            Acabamos de perder el campeonato.
            La cabina del auto es un horno a leña;
            los asientos queman y el sol que pega
            en el vidrio, enceguece.
            Pero no importa, como dos bonzos
            dispuestos a inmolarse,
            nos sentamos y enciendo el motor:
            Fabián Casas y su padre
            Van en coche al muere.
 

                    *          *


            A MITAD DE LA NOCHE 

            Me levanto a mitad de la noche con mucha sed.
            Mi viejo duerme, mis hermanos duermen.
            Estoy desnudo en el medio del patio
            y tengo la sensación de que las cosas no me reconocen.
            Parece que detrás de mí nada hubiese concluido.
            Pero estoy otra vez en el lugar donde nací.
            El viaje del Salmón
            en una época dura.
            Pienso esto y abro la heladera:
            un poco de luz desde las cosas
            que se mantienen frías.





Seix Barral publica Horla City y otros, toda la poesía de Fabián Casas hasta el día de hoy que además estaba inédita en España. 
En una estupenda entrada de su blog El Cronotopo Taller, Graciela Occhi nos presenta a Fabían Casas y su mundo: "A los treinta años tuvo una depresión clínica, y un amigo suyo le dijo "vos lo que tenés es el horla". A la semana le trajo El Horla, el cuento de Maupassant. Cuando lo leyó identificó lo que le estaba pasando, y según cuenta en una entrevista, “le puse un nombre a mi enemigo. Pero entendí que ese enemigo era también mi maestro, y tenía que aprender de él. Un maestro muy duro, muy estricto. A su vez, entendí que yo vivía en una ciudad construida por el horla, y es una ciudad armada con muchas ciudades en donde estuve, en donde viví. Con eso fui construyendo al Horla City, la ciudad del miedo”.

La poesía de Fabían Casas es lacónica y contundente, sin artificios. Parte de la experiencia cotidiana donde encuentra el "chispazo lírico ahí donde no se lo espera" como bien dice Matías Néspolo en su artículo de ElDiario.es. Y también: 
"Lo cierto es que el léxico y el registro de habla que utiliza Casas, si se pasa por alto alguna palabra del argot porteño –absolutamente comprensible en todo el orbe hispánico, por extensión– parecen más adecuados para ir a comprar el pan que para construir un poema. "La función social de un escritor es hacer que el lenguaje brille", dice el autor por ahí. Y vaya si brillan sus composiciones con un laconismo y una simpleza inaudita, que iluminan experiencias tan prosaicas como abandonar la cama a la madrugada por un vaso de agua o salir a tirar la basura y que se cierre la puerta. "Es transitorio, me dije; / pero así también podría ser la muerte: / un pasillo oscuro, / una puerta cerrada con la llave adentro, / la basura en la mano", rezan los últimos versos de Sin llaves y a oscuras. Si los poemas suelen ser narrativos; sus títulos, descriptivos y transparentes. O el remate de A mitad de la noche, pieza que pareciera explicitar su poética: "Pienso esto y abro la heladera: / un poco de luz desde las cosas / que se mantienen frías."

"El humor seco y corrosivo es otro de sus ingredientes: "Las parejas y las revistas literarias / duran casi siempre dos números" o "benditos los que no saben que la muerte / da clases en todos lados". O aún mejor: "me pregunto en qué momento / los dinosaurios sintieron / que algo andaba mal". Pero por sí solo no explica el misterio de sus versos. El desamor, la melancolía urbana, el irrevocable paso del tiempo con el saldo de la nostalgia y la pérdida de los seres queridos (la prematura muerte de su madre es un motivo recurrente tanto de su poesía como de su prosa) son algunos de sus temas."

"La poesía de Casas no es explícitamente social ni política, pero puede que allí esté la clave de su efectividad y contundencia, porque no reniega de esa dimensión. "Pienso que todos los poemas que hemos escrito son poemas políticos. (...) Los poemas políticos de Gelman no son quizá los que hablan sobre sus compañeros, o sobre los desaparecidos. Quizás una posición política para Gelman sea la de, en el medio de ese quilombo, ponerse a escribir poemas intimistas", reflexiona el poeta cuyos versos son sin duda la incómoda voz de una generación huérfana, diezmada por la pasada dictadura, las drogas y una guerra absurda. Una voz que hasta cuando habla cosas tan anecdóticas como un narcótico jarabe para la tos que a escondidas consumía la pandilla en la infancia, siempre da un doloroso testimonio de todos aquellos "amigos borrados con el liquid paper / del Proceso, Las Malvinas y el sida"."

sábado, 31 de mayo de 2014

El LABERINTO de SIMONE - de Iván Sáinz-Pardo
















Simone es una niña de 11 años, introvertida y misteriosa. Sus padres están separados y ella vive con su madre, una mujer depresiva y alcohólica. Una mañana más Simone ha de ir al colegio pero su madre yace en la cama sumida en un sueño de barbitúricos. El laberinto del título es un juego de percepciones entre la realidad y el sueño.


El director teje con suma habilidad unas imágenes que quedan suspendidas en un extraño vacío. Las zapatillas al lado de la cama o la nota que escribe el padre serán los vestigios que nos guiarán por entre los velos del trágico letargo. "Todo esto es un sueño. Mi sueño", nos refiere Simone en el mismo comienzo. 

Para ver el corto con la mejor calidad es imprescindible acudir a la página de Iván en Vimeo.





Iván Sáinz-Pardo (Madrid, 1972) es un madrileño criado en Cantabria y licenciado en dirección de cine y televisión por la prestigiosa Escuela de Cine de Múnich (HFF MÜNCHEN).
Con tan solo un puñado de cortometrajes ha conseguido más de 2 millones de visitas en YOUTUBE y más de 150 premios en festivales de cine de todo el mundo.

El Laberinto de Simone recibió el premio al mejor corto europeo de 2004 en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Bruselas. En el mismo año fue galardonado como mejor cortometraje en Alemania recibiéndo el "Shocking Shorts Awards 2003" por el que Sainz-Pardo fue invitado durante dos semanas a realizar un master de cine en los Estudios Universal de Los Ángeles.

Actualmente ha publicado su primer libro de relatos cortos "La ira dormida" que distribuye internacionalmente la plataforma Amazon, trabaja como guionista y prepara su debut en el largometraje.

Como muchos cineastas mantiene abierto un blog donde vuelca los preparativos de sus trabajos, nos permite visionar sus cortos y contiene además críticas de películas, viñetas, fotos y un puñado de relatos: El Escondite de Iván.

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FILMOGRAFIA (Cortometrajes destacados):
-"Schneckentraum" (El Sueño del Caracol) 2001. España/Alemania 15 min. Blanco y negro.
-"Simones Labyrinth" (El Laberinto de Simone) 2003. España/ Alemania. 15min. Color.
-"El Último viaje del Almirante" 2006. España. 20 min. Color. Cinemascope.
-"La Marea" (Iván Sáinz-Pardo/Jim-Box/ Dirk Soldner) 2006. España. 8 min. Blanco y negro.
-“La mirada circular” (Iván Sáinz-Pardo/Jim-Box/ Dirk Soldner) 2010. España. 12 min. Color. 

viernes, 30 de mayo de 2014

Hunter S. THOMPSON















Embarcado en la lectura del cómic Transmetropolitan, de Warren Ellis, se me hace tan presente Hunter S. Thompson que quisiera recuperar aquí un pedazo de artículo en el que Marcos Rebollo traza su perfil gonzo. El título es muy modesto, "Los seis mayores colocones de Hunter S. Thompson", porque más allá del viaje a la inconsciencia que detalla; nos invita a navegar por el abismo de encanto, crueldad y depravación que fue el alma de este autor/personaje. Las descripciones de Rebollo son tan vívidas como muchas veces hilarantes. Está publicado -por supuesto- en la revista Rolling Stone.



"Si había que convivir con sujetos indeseables para conseguir una buena historia, no había problema: Hunter se drogaba, dormía entre ratas, viajaba con los Ángeles del Infierno...

Nómada y ermitaño, encantador y cruel, incisivo y drogota, Hunter S. Thompson (1937-2005) fue un hombre de contrastes.
(…)
La primera vez que Hunter S. Thompson probó las drogas estaba en Río de Janeiro, trabajando para el periódico americano National Observer. Antes sólo bebía. Las borracheras eternas recorren su primer libro, El diario del ron, que documenta el año largo que vivió en una pensión con cucarachas en Puerto Rico, soñando con ser escritor, organizando peleas de gallos y escribiendo artículos y anuncios para boleras. En Brasil, un ataque de disentería le obligó a dejar el alcohol y probó la cocaína mascada y las anfetaminas. De tantas pastillas que consumió se le cayó el pelo. Tenía 25 años y callo de delincuente que pasó media juventud en la cárcel (su padre murió cuando Hunter contaba 14 años y su madre era alcohólica; él era un pillo que entraba con frecuencia en prisión por robar en licorerías y gasolineras). Viajaba con su primera mujer, Sandy, una profesora de yoga que conoció en Nueva York, mientras trabajaba como becario en Time y, letra a letra, copiaba en su máquina de escribir El gran Gastby, de Scott Fitzgerald, y Adiós a las armas, de Hemingway, héroes literarios a los que emuló en todo (fue un dandi depravado como el primero y se pegó un tiro como el segundo). 
(...)

Fue en la mansión de su amigo Ken Kesey donde Hunter alucinó, por vez primera, con el ácido. Kesey era lo más desde que triunfó, en 1962, con la novela Alguien voló sobre el nido del cuco, basada en sus experiencias como cobaya humano probando drogas psicodélicas. Así descubrió el LSD y la marihuana (entonces legales). Hunter fue asiduo a las irreverentes fiestas de Kesey. Era 1965 y estaba escribiendo para The Nation un largo reportaje (se editó como libro con gran éxito) sobre la banda de moteros que aterrorizaba la costa Oeste: los Ángeles del Infierno. Vivió varios meses con esos barbudos forajidos que imitaban la mística de Marlon Brando en la película Salvaje, documentando sus orgías, robos, borracheras y torpedeantes huídas sobre Harley-Davidson. Una tarde fue con ellos a la mansión de Kesey. La fiesta duró dos días con sus noches. Al principio los violentos moteros se mostraron tímidos ante un ambiente de hippies pacifistas colocados hasta las cejas que aullaban en pelotas y bailaban rock. El LSD ruló de boca en boca y la cosa se puso fea. La policía llegó y Hunter recuerda que el mítico Jack Kerouac (escritor beatnik de En el camino) salió al límite de la finca y, desnudo, agitó el puño vociferando: “¡Cabrones, hijos de puta, venid aquí, maldita sea vuestra alma llena de mierda!”. Dentro, el ambiente era dantesco. Uno de los Ángeles aseguraba que era un gallo al que asarían si dejaba de sonar la música. “¡No dejéis que pare, por favor!”, gritaba abrazado al tocadiscos.

Hunter se separó de los moteros un mes después. No le gustó que sus héroes reventaran una protesta contra la guerra. Además, le pegaron una paliza por defender a una chica. En 1968, otra paliza rompió su sueño libertario y su fe en la Nueva América: cubrió la convención demócrata en Chicago tras el asesinato de Bob Kennedy y se vio envuelto en los palos que la policía atizó a los manifestantes. “Es la única vez que le he visto llorar”, admitió Sandy.

- SEGUNDO COLOCÓN: Las Vegas, EE.UU. Primavera de 1971. [Miedo y asco en Las Vegas con ácidos y éter].

Un Chevrolet con la capota bajada atraviesa el desierto a 150 km/h. Hunter y su amigo Óscar Zeta Acosta (un abogado activista al que conoció durante un reportaje en los 60) pasan zumbando junto a un cartel: “Bienvenidos a Nevada”. Bajo una hoja de marihuana se puede leer: “Posesión: 20 años. Venta: ¡Perpetua!”. Ellos, claro, no lo ven. Se han zampado varias pastillas de mescalina y no les sube. El viento (“o Dios”, según Óscar) ha derramado la cocaína que guardaban en un salero. Así que mastican un cartón de ácido y rezan para que no les suba en la carretera. Pero les sube. “¡Estamos en territorio de murciélagos!”, alucina Hunter, ahora de copiloto, espantando fieras invisibles con un matamoscas. Van de Los Ángeles a Las Vegas. ¿La misión? Cubrir para la revista Sport Illustrated la carrera de motos más famosa del país, la Mint 400, con un premio de 50.000 dólares. Como siempre, Hunter lleva el equipaje preciso: máquina de escribir, grabadora y un maletín con drogas. Cuando llegan a la recepción, el suelo es un charco de sangre y Hunter ve lagartos por todas partes. Están experimentando alucinaciones. Ya seguros en la habitación, se enchufan al telediario. El napalm de Vietnam encandila sus ojos drogados. Hunter ama las explosiones, pero odia la absurda guerra de Vietnam.
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El estilo gonzo lo inauguró él mismo un año antes, en su artículo El derby de Kentucky es decadente y depravado: un montón de notas inconexas que triunfaron cuando él pensaba que le llevarían al final de su carrera. Gonzo, una palabreja que designa varias cosas: el título de un tema de 1960 del pianista James Booker; “tocar sin reglas ni rumbo” en el argot jazzístico; “el que nunca se mama” (y por lo tanto puede contar lo que pasó) en la jerga de los bares; o “sendero brillante” en francés callejero. Y en el mundo del reportaje, gonzo es un subgénero del Nuevo Periodismo, liderado por novelistas (Tom Wolf, Norman Mailer, Truman Capote) que reinventaron el oficio dotando a sus textos de recursos literarios. La versión delirante la ejemplificó Hunter: informar deformando, la noticia es tan importante como el sujeto que la vive/sufre haciendo el cabra ahogado en droga.

Y la noticia, esta vez, ¿cuál era? Ah, sí, la carrera de motos. ¿Quién habrá ganado? Ni idea. Vuelve al hotel y allí se prepara con Óscar para salir esa noche. Entran por la cara en el Tropicana, un inmenso hotel lleno de luces y palmeras de plástico. A los diez minutos les echan del local, muertos de la risa. “¡Hemos caído en el túnel del tiempo!”, exclama Hunter. (...)  Apenas pueden andar mientras entran en una especie de circo. Aunque la gente les mira espantada, ellos no tienen miedo. “En Las Vegas adoran a los borrachos. Son carne fresca”, señala Hunter. En el interior de la carpa, Hunter cree haber llegado al epicentro del Sueño Americano, un carrusel de caballitos con gente solitaria que bebe y se deja la pasta. Pero no hay tiempo para más: la mescalina, por fin, hace efecto. Se largan, rápido. “Esta ciudad tiene la moral del tiburón, devora a los heridos. Aquí, a los débiles y tarados los matan”, reflexiona Hunter.

En el hotel les cuesta encontrar la habitación. Meten la llave en todas las puertas. Óscar, pasadísimo, saca un cuchillo y amenaza a su amigo. Hunter se va a dar una vuelta y cuando vuelve ve a Óscar en la bañera con un casete rozando el agua y la psicodélica White rabbit, de Jefferson Airplane, tronando. “Cuando al conejo le corten la cabeza, ¡tira el aparato al agua!”, le pide con los ojos idos. Se ha comido todo el ácido sobrante. Hunter aleja el aparato y le encierra en el baño. Necesita dormir. Mañana toca curro. Se envuelve en una bandera americana y cae en un sueño ciego. Cuando despierta, el abogado se ha ido y él no tiene historia. Adiós reportaje. Se fuga del hotel sin pagar y cruza el desierto hacia Los Ángeles. A mitad de camino ve que en su bolsillo guarda un telegrama del abogado. ROLLING STONE le encarga otro reportaje en Las Vegas: cubrir la conferencia nacional sobre drogas, con más de 1.000 policías disertando sobre el peligro psicotrópico. Vuelve a Las Vegas, sube al nuevo hotel y se ventila medio frasco de adrenocromo de su amigo, peligrosa síntesis que causa esquizofrenia. Empieza a ver monstruos y cae inconsciente. En la conferencia apenas está unas horas. Luego se pone con el reportaje, machacando teclas: ama las ráfagas de metralleta que emite su querida IBM Selectric. 
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En casa, durante seis meses, sigue escribiendo hasta componer su mejor libro, Miedo y asco en Las Vegas, que ROLLING STONE publicó en dos tandas en noviembre de 1971. Frases llenas de furia, pesimismo, ira, confusión: “Sólo queda una generación de lisiados permanentes y buscadores fallidos que nunca comprendió la vieja falacia mística de la cultura del ácido: el desesperado supuesto de que alguien, una FUERZA, se ocupa de sostener esa LUZ al final del túnel”. Se fundió la luz. Pero Hunter, periodista estrella, seguía en la cresta de una ola imaginaria. A punto de ser devorado por su propio mito.

- TERCER COLOCÓN: Kinshasa, Zaire. Otoño de 1974. [Marihuana y whisky mientras Ali tumbaba a Foreman y James Brown aullaba].
Hunter S. Thompson por A. Leibovitz
Si hay un año maldito en su carrera, ése fue 1974. Falló estrepitosamente en tres encargos para ROLLING STONE. En verano, fue incapaz de escribir un artículo sobre la caída de Nixon tras el Watergate. La revista, al final, cubrió el asunto con un collage de fotos que impulsó la carrera de Annie Leibovitz (la mítica fotógrafa de, por ejemplo, Lennon y Yoko Ono el mismo día de la muerte de John). Aún así, el fundador de la revista, Jann Wenner, le mandó a Zaire (actual Congo) a cubrir la pelea del siglo, que enfrentó a Muhammad Ali y George Foreman por el título mundial de los pesos pesados. (...)

El escritor lo idolatraba. Sobre todo después de pasar por la cárcel tras negarse a combatir en Vietnam con un “no tengo nada contra ellos [los vietnamitas], allí no me han llamado negro”. Así, el periodista voló feliz a Kinshasa y se alojó en el hotel Hilton, por todo lo alto. Asistió a un macrofestival de tres noches con B.B. King, Celia Cruz o James Brown aullando “¡Soy negro y estoy orgulloso!”. La pelea, sin embargo, se retrasó seis semanas porque Foreman se lesionó. Casi todos los periodistas volvieron a casa. Sólo quedaron los que no tenían dinero para regresar y los grandes: Norman Mailer (que sobre el asunto publicó un libro, La lucha) y él, Hunter, que se pasó todo el mes colocado, buscando nazis en la selva y fumando toda la yerba del Zaire. “Solía invitarnos a las juergas”, cuenta un periodista. “Al alba firmaba la cuenta con un garabato y se iba a dormir al cuarto”.

La noche de la pelea, 30 de octubre de 1974, Hunter cogió el coche y se confundió de camino. Perdido y confuso, no pudo llegar a tiempo y volvió al hotel con una sensación de angustia que la droga no hizo sino acrecentar. Su asiento de 200 $ vacío, junto a 60.000 espectadores que vociferaban: “¡Ali, mátalo!”. ¿Qué hacer? Drogarse más y no encender la televisión. Así amaneció, flotando en la piscina, más noqueado que Foreman, que perdió el combate por KO en el 8º asalto y se tiró dos años alejado del ring por depresión. (...)

- CUARTO COLOCÓN. Aspen, Colorado, EE.UU. Primavera de 1987. [Whisky, speed y un corazón de alce chorreando sangre en casa de Jack Nicholson].

Prisionero de su fama, Hunter se encerró en su rancho de Woody Creek, cerca de Aspen, ciudad a la que se presentó (y perdió por pocos votos) como sheriff libertario en 1970 (el artículo sobre su campaña fue el primero que escribió para ROLLING STONE). Escribió varios libros (la mitad no los publicó) y seguía colaborando en prensa (artículos eróticos en Playboy, columnas en Examiner), pero ya nada volvió a ser igual. Tras el divorcio de Sandy se volvió a casar, con Anita, con la que vivió sus últimos 20 años. Son famosas sus fiestas con amigos de Hollywood, como Jack Nicholson, Johnny Depp, Bill Murray o John Cusack. Con su vecino Nicholson, tan bromista como él, solía intercambiarse regalos bizarros. A su hija Lorraine le dio una caja con una rata muerta de plástico y una nota: “Querida Raine, esto te hará recordar que no todos los hombres son lo que parecen. Saberlo te ahorrará tiempo. Te quiere, tío Hunter”.

Pero el regalo más salvaje del escritor gonzo llegó la noche anterior al 50 cumpleaños de Jack Nicholson. La extraña historia la corroboró, en una entrevista, Angelica Huston, novia por aquel entonces de Nicholson: “Grabó en el bosque unos alaridos de animales horribles. En el tejado colocó dos grandes amplificadores y dejó un chorreante corazón de alce frente a la puerta. Mientas la sangre se colaba en casa y los animales gritaban, él daba vueltas en coche, disparando sus armas. Jack pensó que nos estaban atacando. Nos encerramos en el sótano y llamamos a la policía. De pronto, Hunter llamó a la puerta y entró tambaleante. Se le veía contentísimo”.

- QUINTO COLOCÓN. Woody Creek, Colorado, EE.UU. Verano de 1998. [Nitroglicerina en compañía de Johnny Depp].

Otro amigo que se llevó un susto de muerte fue Johnny Depp. Le conoció en la taberna de Aspen el verano de 1995 y esa noche etílica acabaron en su rancho disparando (a cierta distancia) a un tanque de propano y a unas cajas de nitroglicerina. Meses después, el teléfono de Depp sonó de madrugada. Era Hunter con una propuesta: que el actor le interpretase en una versión cinematográfica de Miedo y asco en Las Vegas. Depp, encantado, accedió, y vivió casi un mes en el sótano de la casa de Hunter, lleno de arañas peludas, preparando el papel y estudiando sus manuscritos, sus miles de cartas, notas y cachivaches de la época dorada del gonzo. Solían quedarse hasta las mil hablando de literatura, música, política y deportes. Apostaron mil dólares en la final del Mundial de Fútbol. Hunter iba con Brasil y Johnny con Francia, que ganó (y recibió su cheque).
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Tras el estreno de la película, Johnny llamó a su amigo y, nervioso, le preguntó: “¿Me odias?”. Hunter carraspeó. “No”, dijo: “Verla ha sido como oír la llamada de una extraña trompeta en un campo de batalla perdido”.

- SEXTO COLOCÓN. Woody Creek, Colorado, EE.UU. Invierno de 2005. [Tequila, salchichas y un revólver en la boca]

El nuevo siglo, con George W. Bush de presidente, le sentó fatal. “Votaría feliz a Nixon por librarme de este estúpido”, escribió. Un año después, tras el 11-S, proclamó que no se creía la versión oficial: estaba seguro de que las dos torres habían sido dinamitadas. “Haremos la yihad cristiana contra varios países”, se lamentaba. Su humor era de perros. Sólo era feliz a la hora de su opíparo y solitario desayuno (nunca antes de las dos de la tarde): bacon, salchichas, huevos, una cafetera humeante, varios bloodymarys y margaritas y, de vez en cuando, unas rayas de coca para entonarse. Ralph Steadman, el dibujante que ilustró sus reportajes durante 35 años, le recuerda esos años cansado, atrincherado en su cocina, pedaleando despacio en su bici estática con un vaso de Johnny Walker en una mano y su perenne cigarrillo con boquilla en la otra. “¿Quieres un estimulante?”, solía preguntarle a Ralph.

Lo de quitarse la vida, en el fondo, no sorprendió a nadie. Llevaba fantaseando con esa idea desde que en 1978 le dijo a Wenner que se tiraría del piso 28 de la Quinta Avenida, donde estaban las oficinas de ROLLING STONE. Y ahora, con una cadera operada y una infección en los pulmones, había perdido el brillo. A finales de 2004 visitó a Sean Penn en Nueva Orleans y, en una fiesta, no pudo subir una escalera. Estalló. “Mis días han terminado”, sollozaba. 
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- ÚLTIMO COLOCÓN. Woody Creek, Colorado, EE.UU. Verano de 2005. [Peyote y fuegos artificiales].

Medio año más tarde, Hunter cumplió su último sueño. Salir de este mundo a lo grande. En los 70 dibujó con Steadman cómo sería el cañón que lanzaría sus cenizas al cielo: un brazo de hierro de 50 metros de alto que acababa en un puño con dos pulgares agarrando un botón de peyote. El logo de su campaña a sheriff en 1970, el símbolo de lo gonzo. Johnny Depp pagó el funeral. Se levantó la torre junto a su rancho y, mientas sonaba su himno favorito, Mr. Tambourine man, de Dylan, fuegos artificiales multicolores silbaron desde lo alto de la torre y explotaron con sus cenizas en el cielo estrellado.