martes, 17 de junio de 2014

X-MEN: Días del FUTURO PASADO - de Bryan Singer

                          - X-Men: Days of Future Past - EEUU, 2014 -

Promete y entrega mucho esta segunda trilogía de los X-Men. El reboot que firmó Matthew Vaughn (X-men: Primera Generación) sentó una potente base que Bryan Singer, director y productor de las dos primeras de la saga, no hace sino acrecentar. 

La propuesta nos gana por inmersión desde la primera secuencia. En sólo diez minutos nos situamos en un futuro oscuro y apocalíptico, con los X-Men acosados y diezmados por los Centinelas. En este fulgurante comienzo vemos pelear y morir a un grupo de mutantes (Bishop, Sendero de Guerra, Coloso, el Hombre de hielo, etc). La acción trepidante y el poder teletransportador de Blink nos hacen recordar la escena inicial de X-Men 2, con el Rondador Nocturno haciendo estragos en la Casa Blanca.

Synger y su guionista habitual, Simon Kinberg,  realizan un atrevido tour de force llevando a cabo una adaptación fiel de los cómics creados por Chris Claremont y John Byrne (los números 141 y 142 en USA), fusionando la trilogía original con la nueva hornada de la Primera Generación y lanzando a la saga hacia nuevas y prometedoras líneas argumentales. Podemos decir que se trata tanto de la secuela de Primera Generación como de toda la saga, ya que nos devuelve al punto inicial en la Escuela de Talentos, aunque en una nueva y sugerente línea temporal.

En estos Días del Futuro Pasado nos encontramos con una posteridad sombría y desesperada. Los mutantes están siendo diezmados por los Centinelas, unos robots  basados en el ADN de Mística, capaces de absorber y reproducir cualquier poder que les ataque. Son prácticamente indestructibles y su adaptación constante les permite afrontar cualquier mutación. El Profesor Xavier y Magneto acabarán uniendo sus exiguas fuerzas para intentar cambiar el signo de los tiempos. La única alternativa es viajar al pasado e impedir la creación de los Centinelas. Kitty (Ellen Page) transportará la conciencia de Lobezno a 1972, en plena Conferencia de París para la conclusión de la guerra de Vietnam. Allí comenzará la pugna con Industrias Trask y su proyecto Centinela. 

Uno de los aspectos más atractivos de esta saga es su imbricación con la historia reciente de los EEUU: en Primera Generación era la crisis de los misiles en Cuba; mientras que en estos Días del Futuro Pasado es el fin de la guerra de Vietnam y el asesinato del presidente Kennedy (resuelto, este último, de forma bastante divertida). Aunque hay una diferencia sustancial entre las dos películas. En la primera los hechos históricos se encontraban en el corazón de la trama (el supervillano interpretado por Kevin Bacon atizaba desde la sombra la conflagración nuclear entre Rusia y EEUU). Mientras que en esta segunda, los hechos históricos aparecen sólo como contexto, de una forma tangencial.
La página web oficial de la saga ha montado una curiosa hemeroteca con 25 momentos de la historia reciente que han aparecido o ¿aparecerán? en la misma. Para próximas citas yo me inclino por los mutantes procedentes del desastre de Chernóbil o por la aparición de Guantánamo o los muros de Berlin y la frontera entre México y EUU.

La acción está perfectamente llevada. Conviviendo futuro y pasado el guión consigue reunir a los héroes jóvenes y adultos, lo que no deja de ser un deleite. La historia se articula alrededor de un puñado de secuencias de acción verdaderamente espectaculares. La que más, sin duda, la fuga de Magneto de una prisión de máxima seguridad. La hipervelocidad de Mercurio/Peter Maximoff propicia una fantástica escena que aglutina lo mejor que puede ofrecer una película de este tipo: acción, espectáculo y humor. 

Hay que subrayar el gran acierto del reparto. Los rejuvenecidos Xavier (James McAvoy) y Magneto (Michael Fassbender) están sensacionales e incluso nos ofrecen pliegues mucho más complejos de su personalidad. Por primera vez vemos al líder telépata frustrado y hundido, buscando el consuelo en las drogas, mientras se profundiza más en su relación con Mística. El nexo entre las dos épocas es Lobezno. Hugh Jackman se identifica de tal forma con su personaje que logra, con su sola presencia, llenar cualquier plano. 
Por último, el villano de esta historia es Bolivar Trask, interpretado con su habitual mordacidad por Peter Dinklage, actor que da vida a Tyrion Lannister en Juego de Tronos. Él es el creador del Proyecto Centinela. Su incorporación es afortunada, en cada aparición en pantalla resulta magnético.

Pero sobre todo hay que agradecer el desarrollo dramático de esta aventura. Dan mucho juego el profesor Xavier y su amargura debida tanto a los hechos de Cuba (pérdida de Mística, enfrentamiento con Magneto) como al posterior cierre de su Escuela de Talentos. La trama convierte a Mística en el eje de la función. Ella persigue a Trask para asesinarlo mientras él la persigue para hacerse con su ADN y potenciar el desarrollo de los Centinelas.

Por otro lado, me llama la atención esta especie de revival setentero que nos invade. No sé si es una especie de inconsciente colectivo que aflora o una simple moda. Desde la más pretérita Munich (Steven Spielberg, 2005), podemos rastrear esa época de mudanzas en muchas películas recientes: American Ganster (Ridley Scott), una de las historias de El Atlas de la nubes, de los Wachoswsky Bros., Expediente Warren: The Conjuring (James Wan) o la muy publicitada en los últimos Oscars, La gran estafa americana (American Hustle) de David O. Russel.

Regresar al pasado para matar al enemigo actual es lo que pretendieron las máquinas de la primigenia Terminator. De hecho el guionista ha declarado que tuvo unas charlas con el director de la misma, James Cameron, con el objeto de definir el salto temporal. Otro cómic de los ochenta entreverado de hechos históricos es Watchmen, una distopía donde también aparece Nixon ¡en su tercer mandato!

La saga de mutantes con el gen X fue creada en 1963 por Stan Lee y Jack Kirby y ha logrado revitalizarse constantemente a lo largo de los años. En 1980 Chris Claremont y John Byrne publicaron el relato más tenebroso de la saga, Días del Futuro Pasado. Su calidad queda avalada por el hecho de ser considerado el mejor arco argumental después de la excitante Saga de Fénix Oscura. 

martes, 10 de junio de 2014

ALFRED ATTENDU - de J. Rodolfo Wilcock



En Haut-les-Aigues, en un rincón del Jura próximo a la frontera suiza, el doctor Alfred Attendu dirigía su panorámico Sanatorio de Reeducación, o sea hospicio de cretinos. El período entre 1940 y 1944 fueron sus años de oro; en aquel tiempo llevó a cabo sin el menor estorbo los estudios, experimentos y observaciones que más adelante recogió en su texto, convertido en un clásico del tema, El hastío de la inteligencia (L'embêtement de l'intelligence, Bésancon, 1945).
Aislado, olvidado, autosuficiente, abundamente provisto de reeducandos, misteriosamente incólume de cualquier invasión teutónica, gracias también al desastroso estado de la única carretera de acceso, destrozada por un bombardeo equivocado (los alemanes habían creído que la carretera llevaba a Suiza, por culpa de una flecha con la inscripción «Refugio de Retrasados Mentales»); en suma, rey de su pequeño reino de idiotas, Attendu se permitió a lo largo de todos aquellos años ignorar lo que la prensa denominaba pomposamente el hundimiento de un mundo, pero que en realidad, visto desde lo alto de la Historia, o en todo caso desde lo alto del Jura, no fue más que un doble cambio de policías con algún incidente de ajuste.
   Ya del título del libro de Attendu se desprende su tesis, es decir, que en cada una de sus funciones y actividades no necesarias para la vida vegetativa, el cerebro es una fuente de problemas. Durante siglos, la opinión habitual ha considerado que la idiotez es un síntoma de degeneración del hombre; Attendu le da la vuelta al prejuicio secular y afirma que el idiota no es más que el prototipo humano primitivo, del cual sólo somos la versión corrompida, y por tanto sujeta a trastornos, a pasiones y a vicios contra natura, que no afectan, sin embargo, al auténtico cretino, al puro.
   En su libro, el psiquiatra francés describe o propone un original Edén poblado de imbéciles: perezosos, torpes, con los ojos porcinos, mejillas amarillentas, labios abultados, lengua salida, voz baja y ronca, oído débil, el sexo irrelevante. Con expresión clásica, les llama les enfants du bon Dieu. Sus descendientes, impropiamente llamados hombres, tienden a alejarse cada vez más del modelo platónico o imbécil primigenio, impulsados hacia los dementes abismos del lenguaje, de la moral, del trabajo y del arte. De vez en cuando, se le concede a una madre afortunada parir un idiota, imagen nostálgica de la creación primera, en cuyo rostro aún, por una vez se refleja Dios. Estos seres cristalinos son el mudo testimonio de nuestra depravación; se mueven entre nosotros como espejos de la primitiva estupidez divina. El hombre, sin embargo, se avergüenza de ellos, y los encierra para olvidarlos; tranquilos, los ángeles sin pecado viven vidas breves pero de perpetua e incontrolada alegría, comiendo tierra, masturbándose a continuación, chapoteando en el barro, agazapándose en el cubil amistoso del perro, metiendo distraídamente los dedos en el fuego, inermes, superiores, invulnerables.
   Cualquier movimiento tendente a reinsertar a los subnormales, congénitos o accidentales, en la sociedad civilizada, se basa en el presupuesto —evidentemente falso— de que los evolucionados somos nosotros, y ellos los degenerados. Attendu invierte dicho presupuesto, es decir, decide que los degenerados somos nosotros y ellos los modelos, e inicia de ese modo un movimiento inverso, dejado hasta ahora por motivos muy claros sin otra consecuencia que la antigua pero tácita colaboración de las máximas autoridades, no sólo psiquiátricas, que tiende a incrementar en los imbéciles lo que precisamente les convierte en tales.
No le faltaban razones. Desde lo alto de Haut-les-Aigues había visto —metafóricamente, porque no era un águila ni tenía un telescopio— los ejércitos de uno y otro bando ir y venir, como en un film cómico, empujando amplias verjas de aire intangible, disparando hacia atrás, huyendo hacia la victoria, construyendo para destruir, arrancándose banderas de modesto precio al precio de la vida. Sus enloquecidas confusiones superaban la comprensión humana.
   Y dirigiendo en cambio la mirada al otro lado, dentro de los límites de su claro jardín, había visto entre los abetos a sus mozarrones, también ellos veinteañeros y llenos de vida, jugar a juegos de incesante invención, por ejemplo destrozar el balón con los dientes, hurgarse la nariz con el pulgar de los pies del compañero, atrapar los peces del estanque, abrir todos los grifos para ver qué corría, cavar un agujero para sentarse dentro, recortar las sábanas colgadas y después correr por ahí agitando las tiras, mientras los más sosegados, filosóficamente, se llenaban de estiércol el ombligo o se arrancaban reflexivos uno a uno los pelos de la cabeza. Hasta el olor del Jardín original debía haber sido análogo. Pedían protección, sí, pero en su calidad de mensajeros preciosos, ejemplares, delicados; tocados, como siempre se había dicho, por el buen Dios, elegidos para compañeros de Su Hijo.
   La opción era obligada: cualquiera habría elegido a los idiotas del asilo. El mérito de Attendu reside, sin embargo, en haber sacado las debidas consecuencias de dicha opción: dado que la condición del cretino es para el hombre normal la condición ideal, estudiar por qué caminos los cretinos imperfectos pueden alcanzar la deseable perfección. En aquellos años los deficientes psíquicos eran clasificados según la edad mental, deducible de unos tests adecuados: edad mental tres años o menos, idiotas; de tres a siete años, imbéciles; de ocho a doce años, retrasados. De modo que el objetivo del estudioso era descubrir los medios idóneos para reducir a los retrasados al estado de imbéciles, y a los imbéciles a la idiotez completa. Los diferentes intentos de Attendu en dicha dirección y los métodos más pertinentes están detalladamente descritos en su interesante libro, citado con frecuencia en las bibliografías.
   
Curiosamente, no han sido muchos los que han observado que embétement también quiere decir, etimológicamente, embrutecimiento.
   La primera preocupación del personal tratante consiste en abolir cualquier relación del internado con el lenguaje. Dado que algunos de los internados todavía estaban en posesión, en el momento del internamiento, de algún medio, aunque rudimentario, de comunicación verbal, el recién llegado era segregado en una pequeña celda o caja, hasta que el silencio y la oscuridad le quitaban cualquier residuo o sospecha de locuacidad. En general bastaban pocos meses; los expertos enfermeros del doctor Attendu sabían reconocer, por el tipo de gruñidos del educando, cuándo había llegado el momento de sacarle del cubículo para llevarle a la pocilga.
   La terapia de la pocilga se había demostrado la más eficaz para la obtención del objetivo siguiente, que era el de suprimir en el pupilo cualquier traza de buenos modales, limpieza, orden y similares características subhumanas adquiridas precedentemente. En dicho sentido los educandos más difíciles resultaron ser los procedentes de instituciones religiosas, lugares conocidos, en efecto, por su escrupuloso respeto a los buenos modales y la higiene. En cambio, los que procedían directamente del seno de la familia, del seno de una familia francesa, eran más espontáneamente propensos a la zafiedad y a la suciedad.
   Todos los pupilos estaban provistos de bastones y eran periódicamente invitados por los enfermeros, con el ejemplo, a vapulear a sus compañeros; esta terapia tendía a eliminar de su vacío mental cualquier residuo de agresividad social. Niños y niñas eran invitados además a pasear desnudos, incluso en invierno, e inducidos, también con el ejemplo, a juegos bestiales de tipo vario. Eso sobre todo en el sector de los retrasados, que participaban más bien con placer en tales juegos con los enfermeros; porque en los imbéciles y más aún en los idiotas los instintos se habían ido refinando y regresando a la pureza primitiva: a lo máximo que podían llegar era a comerse mutuamente las heces. Los retrasados, en cambio, se entregaban con gusto a una especie de alegre vida sexual angélica.
   Por las noches había un gran barullo, y no pocas veces un auténtico y divertido alboroto. Buena señal, porque el sueño tranquilo y prolongado es un síntoma, según Attendu, de una indebida actividad mental durante el día. En efecto, si un internado era sorprendido de noche en ese estado anómalo de sueño profundo, los enfermeros lo sacaban de la cama y lo arrojaban a una bañera de agua fría. En ocasiones también intervenía algún imbécil y arrojaba a la bañera a un enfermero; los idiotas más evolucionados, en cambio, se mantenían aparte, ahora del todo apáticos: los enfermeros les llamaban los aristócratas, los favoritos del Director. A los reales y auténticos idiotas lo que más les gustaba era el cine, especialmente si era en color; pero también les alegraba el estrépito, y más que nada los discos llamados de Festival.
   En el transcurso de los diferentes procesos que tuvo que sufrir el doctor Attendu de 1946 en adelante, apareció otro detalle científico interesante: casi todos los retrasados de uno, dos o tres años que se hallaban en el Sanatorio, los llamados «petits anges», eran hijos suyos, producidos in loco a través, según parece, de la inseminación artificial; para las jóvenes mamás, veintitrés, se había construido algo así como un gallinero-maternidad, con un suelo de cemento fácilmente lavable.




Juan Rodolfo Wilcock, 


"La sinagoga de los iconoclastas"


*   *   *





El relato siendo cómico evoluciona desde lo puramente irónico: "gracias también al desastroso estado de la única carretera de acceso, destrozada por un bombardeo equivocado (los alemanes habían creído que la carretera llevaba a Suiza, por culpa de una flecha con la inscripción «Refugio de Retrasados Mentales»." Hasta la perversidad de su final.

Wilcock es un subversivo, su ironía deviene en crueldad, su locura en sadismo. Para él, el hombre es un ser fantástico, misterioso y, al mismo tiempo, un monstruo. Su deformación fantástica no es más que una metáfora terrible y perturbadora. 

Juan Rodolfo Wilcock (1919-1978), poeta, dramaturgo y escritor argentino logró reinventarse a sí mismo como virtuoso de la literatura italiana. En Argentina fue uno de los más destacados escritores de la llamada “generación del 40”, poetas de línea neorromántica. Lingüista y filólogo, recaló en Roma en 1953 para traducir al español la edición de L’Osservatore Romano. Radicado definitivamente en Italia pasó a escribir en italiano y a cultivar la amistad de intelectuales como Alberto Moravia o Pier Paolo Pasolini.

Wilcock es autor de dos libros de relatos formidables. La sinagoga de los iconoclastas al que pertenece el presente relato y El estereoscopio de los solitarios. Autor singular por múltiples razones, su obra no se ajusta a ninguna corriente literaria.

En La Sinagoga de los Iconoclastas cada capítulo cuenta la vida de un personaje imaginario embarcado en un proyecto vital tan absurdo como verosímil; siempre llevado hasta sus últimas consecuencias con el mayor rigor científico. Wilcock suplanta los términos de modo que usando los mismos razonamientos y lógica que se aplican en la ciencia a estos postulados ilusorios y absurdos, primero logra divertirnos para después  infectarnos de inquietud. 
Alfred Attendu con su paraíso de idiotas, Aaron Rosemblum con su utopía isabelina, Carlo Olgiati con su metabolismo histórico, Absalon Amet, inventor del Filósofo Universal o científicos metafísicos como Symmes, Teed o Gardner, con sus disparatadas teorías sobre la naturaleza del planeta Tierra y del universo; vistos con detenimiento, no resultan menos ridículos y falaces que la economía de mercado, el comunismo o la democracia.
Wilcock logra cuestionar nuestro raciocinio y sociedad mezclando magistralmente cinismo, seriedad y humor.

sábado, 7 de junio de 2014

El MAL de MONTANO - de E. Vila-Matas












Después de estar durante años asomado al caldero bullente de la literatura (Historia abreviada de la literatura portátil, Bartleby y compañía) en esta novela, por fin, Vila-Matas se cae dentro. El narrador reconoce,  "más que enfermo, yo estaba podrido de literatura". Cada gesto de su vida, cada hora, cada conversación, cada pensamiento está transido de literatura.

El libro avanza sobre dos ejes que él mismo elucida. Uno es el carácter parásito del libro ocupado en su parte central por
"un diccionario cuyas entradas vendrían dadas por los nombres de los autores de diarios personales que más me han interesado a lo largo de muchos años de lectura de libros de ese género literario tan íntimo; unos nombres de autores que, al reforzar con sus vidas mi autobiografía, me ayudarían a componer un retrato más amplio y curiosamente más fiel de mi verdadera personalidad, hecha en parte a base de los diarios íntimos de los demás. " pág 106-7
El otro eje es la voluntad de asumir en la memoria personal del narrador, la historia de la literatura toda.

En la página 119 Vila-Matas incluye una Nota parásita que ironiza sobre algo muy esencial en su literatura. En la nota nos refiere el ensayo Segunda mano, de Alan Pauls, donde figura una aguda reflexión referida al gran Borges. Al publicar Discusión, un libro primerizo, Borges recibió una crítica adversa de Ramón Doll que le acusaba de parasitismo literario: 
"Esos artículos, bibliográficos por su intención o por su contenido, pertenecen a ese género de literatura parasitaria que consiste en repetir mal cosas que otros han dicho bien; o en dar por inédito a Don Quijote de la Mancha y a Martín Fierro, e imprimir de esas obras páginas enteras; o en hacerse el que a él le interesa averiguar un punto cualquiera y con aire cándido va agregando opiniones de otros, para que vean que no, que él no es unilateral, que es respetuoso de todas las ideas (y es que así se va haciendo el artículo)." 
Según Pauls, con la astucia de los grandes inadaptados, Borges revierte esta condena en un programa artístico propio. "La obra de Borges abunda en esos personajes subalternos, un poco oscuros, que siguen como sombras el rastro de una obra o de un personaje más luminosos. Traductores, exégetas, anotadores de textos sagrados, intérpretes, bibliotecarios, incluso laderos de guapos y cuchilleros. Borges define una verdadera ética de la subordinación en esa galería de criaturas anónimas  (...) y Pierre Menard corona una larga serie de sumisiones literarias escribiendo de nuevo unos capítulos del Quijote" pag 120
Explicado el vampirismo literario giramos hacia el otro eje. La primera parte del libro es un diario sobre la visita que el narrador hace a su hijo Montano en Nantes. Coinciden ambos en estar atravesando un desierto ágrafo. Montano hijo viene de publicar ¡Bartleby y compañía!, y aquellos aristócratas del No le acabaron inoculando su veneno de cesantía. 
Pero finalmente el joven Montano escribe un cuento que envía, solícito, a su padre.
"Fue anteayer, como ya dije, cuando me llegó el sobre de Montano con su manuscrito, un cuento breve titulado 11 rue Simon-Crubellier, supongo que en homenaje sentido a Georges Perec y a esa casa de París donde el escritor francés concentró la historia del mundo.
El cuento se abre con una cita de Macedonio Fernández con la que mi hijo seguramente trata de comentar irónicamente el fin de su bloqueo literario: "Todo se ha escrito, todo se ha dicho, todo se ha hecho, oyó Dios que le decían y aún no había creado el mundo, todavía no había nada. También eso ya me lo habían dicho, repuso quizá desde la vieja, hendida Nada. Y comenzó."
El cuento concentra de manera admirable, en siete escasas pero intensas cuartillas, toda la historia de la literatura enfocada como una sucesión de escritores habitados imprevistamente por la memoria personal de otros escritores que les antecedieron en el tiempo. (...) La historia de la literatura vista como una corriente extraña de aire mental de súbitos recuerdos ajenos que habrían ido componiendo, a base de visitas imprevistas, un circuito cerrado de memorias involuntariamente robadas." pág 70
Entre aquella nota parásita y este cuento de memorias robadas encuentro la esencia de este múltiple libro. 

Montano padre, como narrador protagonista, asumirá su enfermedad literaria: "Quiero ser sólo literatura", y la personificará trazando el mapa de su corazón y sus lecturas con ríos y valles, con túneles, caminos y volcanes.

La primera parte del libro quiere ser un diario con el que romper la sequía ágrafa. Pero ineludiblemente por sus páginas acaba proliferando la metástasis de la literatosis hasta convertirlo en una nouvelle. Hecho que el autor nos confiesa en la segunda parte, Diccionario del tímido amor a la vida. Y esta confesión de cómo una confesión se atravesó de ficción y mentiras no nos conduce sino a un intenso juego literario de espejos, citas y parásitos.

Ese diario convertido en nouvelle es seguido por un diccionario de autores que redactaron diarios íntimos donde se pone en marcha el plan del cuento de Montano hijo. El diario personal se convierte en diario universal en aras de desmenuzar la materia y el hecho de la literatura.  
"Imagino que no es necesario que diga que no soy crítico literario, sino un narrador de amplia y conocida trayectoria. Esto es tan cierto como que en Faial terminé mi nouvelle y, al regresar de las islas, tuve la idea de darle un giro a este diario y convertirlo por un tiempo en un breve diccionario que contara nada más que verdades sobre mi fragmentada vida y mostrara mi lado más humano y,en definitiva, me aproximara más a mis lectores: un diccionario cuyas entradas vendrían dadas por los nombres de los autores de diarios personales que más me han interesado a lo largo de muchos años de lectura de libros de ese género literario tan íntimo; unos nombres de autores que, al reforzar con sus vidas mi autobiografía, me ayudarían a componer  un retrato más amplio y curiosamente más fiel de mi verdadera personalidad, hecha en parte a base de los diarios íntimos de los demás. " pág 106-7
Novela, diario, diccionario de autores, ensayo y autoficción. Una seductora y compleja construcción literaria en un espacio tan propio de Vila-Matas (y Magris, Sebald o Pitol) como es la encrucijada entre literatura y vida.
"Entre la vida y los libros, me quedo con éstos, que me ayudan a entenderla. La literatura me ha permitido siempre comprender la vida. Pero precisamente por eso me deja fuera de ella. Lo digo en serio: está bien así." pág 142
Este tipo de paradojas abundan cuando se cruzan ambas. 
"Sergio Pitol escribió en 1994 un relato titulado "El oscuro hermano gemelo" y lo iniciaba con una cita de Justo Navarro: ´ser escritor es convertirse en un extraño, en un extranjero: tienes que empezar a traducirte a ti mismo. Escribir es un caso de impersonation, de suplantamiento de personalidad. Escribir es hacerse pasar por otro´." pág 18 
"Entonces", dice Justo Navarro, "te agarras a lo que tienes más cerca: hablas de ti mismo. Y al escribir de ti mismo empiezas a verte como si fueras otro, te tratas como si fueras otro: te alejas de ti mismo conforme te acercas a ti mismo." pág 143
"Escribir", dice Lobo Antunes, "es como drogarse, se empieza por puro placer, y acabas organizando tu vida como los drogados, en torno a tu vicio. Y ésa es mi vida. Hasta cuando sufro lo vivo como un desdoblamiento: el hombre está sufriendo, y el escritor está pensando en cómo aprovechar este sufrimiento para su trabajo." pág 195
Para Vila-Matas vida y literatura conforman un circulo vicioso: 
"Recordé a Rosa trabajando como una hormiga para abrirse camino en la dirección de cine. Recordé cómo mi generación quiso cambiar el mundo y dije que tal vez había sido mejor que aquello que soñamos no se hubiera hecho realidad. Recordé que en mi primera juventud leía mucho a Cernuda y que a veces yo lloraba si llovía. Y finalmente recordé cuando me veía recordando que me veía escribir y me recordé -para terminar- viéndome recordar que escribía." pág 50
El libro entero se constituye como ejercicio y práctica de esa "corriente de aire mental" que de autor en autor recorre la literatura. "Pessoa de pronto se ve en Praga observando la muralla china", llegamos a leer.  Walser ("llamadme Walser" nos llega a pedir), Musil y su hombre sin atributos, el peripatético Monsieur Teste, Sterne, Pessoa, Calvino o Cheever. Todos aportan recuerdos ajenos y visitas imprevistas. Y Kafka, sobretodo Kafka, siempre Kafka con sus carreteras perdidas. A su figura dedica el autor la cuarta parte del libro, "Diario de un hombre engañado".

Porque sin literatura no se puede comprender la vida, aunque el precio sea alto: "Como dice Magris: Kafka sabía perfectamente que la literatura le alejaba del territorio de la muerte y le permitía comprender la vida, pero dejándolo fuera. "


Como ejercicio literario podemos esclarecer el germen de situaciones y personajes ficticios. En la segunda parte, el autor revela lo que de ficción había en la primera. Qué personajes existen (Tongoy) y cuáles no (la aviadora Margot Valerí). Cómo el viaje a las Azores se produjo pero en otras circunstancias (¡Ah, el mítico Café Sport que aparece en Dama de Porto Pim, de Antonio Tabucchi!). En fin y de nuevo, el fructífero juego entre realidad y ficción.

En el fondo todo el libro habla de la necesidad de la literatura. Walter Benjamin recordando a un niño enfermo y a su madre contándole una historia reflexionaba, "si realmente no será la narración la atmósfera propicia y la condición más favorable para muchas curaciones".

Y también de la literatura como una tarea de autoconstrucción.
"Cuenta Calvino que, al abrir el diario (de Pavese) por la primera página, se dieron cuenta de que se encontraban frente a un documento impresionante, páginas convulsas, gritos desesperados que se desbordaban clamorosos de cuando en cuando. "Pero encontramos también, y sobre todo, algo más, el término opuesto a la desesperación y a la derrota: una paciente, tenaz tarea de autoconstrucción, de claridad interior, de mejora moral, que se debe alcanzar por medio del trabajo y la reflexión sobre las razones últimas del arte y de la vida propia y ajena." pág 181
E incluso de investigación.
"En una  época en la que predomina la novela del yo, un señor llamado Teste, levantado antes de la aurora, en pijama, con los hombres cubiertos por un chal, anota: "Es lo que llevo en mí de desconocido lo que me hace yo." pág. 201

jueves, 5 de junio de 2014

Al FILO del MAÑANA - de Doug Liman








Edge of tomorrow
-EEUU, 2014-















Ha sobrevenido una invasión alienígena que ocupa ya toda Europa. El comandante William Cage (Tom Cruise), experto en Relaciones Públicas y militar remilgado, no tiene intención de entrar en combate. A su pesar es enviado al frente justo cuando se prepara una invasión desde Inglaterra hacia Normandía, reeditando la de la Segunda Guerra Mundial. Los peores temores de Cage se confirman y el resultado es una masacre. Pero al morir tiene la suerte de reventar a un bicho Alfa cuyos fluidos infectan su sangre. Sin saber por qué se despierta, vivo de nuevo, en la misma base y en el mismo momento previo a la invasión. Nuevo ataque, nueva masacre y de nuevo el comandante se despierta en la misma base en plenos preparativos. Condenado a revivir la angustia del asalto y la muerte una y otra vez, buscará el modo de romper ese bucle temporal. 

Doug Liman dirige con buen pulso un film que contiene a la vez un gran aparato bélico y una intriga. La invasión de Normandía es espectacular. Aunque de menor formato que la de Spielberg en Salvar al soldado Ryan, no la desmerece. Las escaramuzas en la arena contra unos bichos rapidísimos que giran sobre sus mortales tentáculos son de verdad impactantes.
El resto de la película consiste en repetir el bucle donde el protagonista muere y revive constantemente tras la mortal batalla. El reto de la historia es, precisamente, hacer avanzar la acción dentro de este redundante itinerario, y yo creo que lo consigue. Seguramente por estar apoyada en la novela en que se basa el guión:  “All you need is kill”  (Todo lo que necesitas es matar) de Hiroshi Sakurazaka, de próxima aparición en Norma Editorial. 

Después de morir varias veces, Bill Cage se dará cuenta de que puede aprender y entrenarse para retrasar su muerte y estirar el infernal bucle. De este modo el director logra hacer evolucionar las situaciones. Hacia el futuro, puesto que siendo capaz de prever los ataques puede evitarlos y avanzar cada vez más lejos. Y en el pasado, aliándose con Rita Vrataski (Full Metal Bitch la llaman), la única guerrera que ha obtenido victorias ante los Miméticos.  Con ella preparará la estrategia y buscará los puntos débiles del enemigo, el bicho Omega: una entidad escondida en algún lugar de Europa que es quien domina el tiempo y dirige mentalmente a los Miméticos.

De este modo se rompe la linealidad de la historia que avanza por diversos meandros: los duros entrenamientos del blando Cage, las secuencias de cine de espías para acceder a la información en los despachos del Cuartel General aliado y los engaños que el ente Omega induce a la mente del comandante Cage. 


Liman  es un cualificado director de acción que alterna fiascos como Jumper o Mr. and Mrs. Smith, y aciertos como El caso Bourne -la primera de la trilogía-. En  la presente vuelve por sus mejores fueros y nos entrega una película notable con grandes escenas de acción y una trama tan entretenida como trepidante.

La cinta recrea, en cierto modo, el mito de Sísifo (el hombre con fama de ser el más astuto y sabio. Puso grilletes a la muerte, Tánatos, cuando fue a buscarle; por lo que nadie murió hasta que el dios Ares vino a liberarla. En el inframundo Sísifo fue condenado a empujar una piedra enorme por una ladera empinada. Antes de llegar a la cima siempre se le resbalaba y tenía que volver a empezar). Y también aporta algunos detalles originales, como la circunstancia de que el protagonista sea un cobarde que ha de pedir ayuda a la heroína, una convincente Emily Hunt (como ya demostrara en Looper).

Esta característica la aprovecha Tom Cruise para ofrecernos una interpretación más dúctil, dando cabida a registros más dramáticos y sombríos. Nos hace notar la evolución de su personaje, desde el pusilánime relaciones públicas al endurecido soldado. Le apoyan con la brillantez que tienen siempre, Brendan Gleeson como general de las Fuerzas de combate y Bill Paxton como teniente instructor.





El espectáculo y entretenimiento que ofrece toda la película tiene el punto negro de un mayor desarrollo en la definición del futuro que nos presenta y del recorrido de esos alienígenas que no pasan de ser un mero instrumento para la acción.
Asimismo el final peca de demasiado convencional. El héroe salva al mundo y a la chica (¿alguien lo dudaba?) en una secuencia en el Museo del Louvre rodada con prisas y con evidente abuso digital.

Los antecedentes hay que buscarlos por supuesto en la estupenda Atrapado en el tiempo (Groundhog Day) de Harold Ramis, pero también en la muy intrigante y más reciente Código Fuente de Duncan Jones.

lunes, 2 de junio de 2014

HORLA CITY y otros - de Fabián Casas





Acabo de conocer la existencia y la poesía de Fabían Casas. Me lo presenta Matías Néspolo en ElDiario.es. Nacido en Buenos Aires en 1965 es uno de los poetas más leídos de los últimos años en Latinoamérica. Su amigo Viggo Mortensen publicó una antología de poesía argentina en su editorial, Perceval Press, de EEUU. Allí aparecían poemas tanto del propio Casas como de Washington Cucurto, Mario Arteca, Juan Desiderio, María Medrano, Sergio Raimondi, Gabriela Saccone y otros. 

No se tarda mucho en leer su poesía completa recién editada en España. Son poco más de 200 páginas que recogen sus libros previos: Tuca (1990), El salmón (1996), Pogo (2000), El spleen de Boedo (2003), El hombre del overol (2006) y los poemas escritos hasta 2010.
Me gusta particularmente la definición de su poesía que Hernán Bravo Varela colocó como título de una antología del poeta: El pequeño mecanismo de los acontecimientos. (Editorial Almadía, México, 2012).
Y es que sus poemas ponen el foco sobre esos acontecimientos de la vida cotidiana como arrancar el coche, sentarse en un balcón o ir a tirar la basura en los que, de pronto, el poeta percibe un clic que los transforma en un fulgor. Como bien dice este antólogo: "Antes que seguir el famoso tópico horaciano ´Vive el día de hoy´, Casas modifica su acción ´Captura el día de hoy´ y consigue una foto, una instantánea."

El lenguaje de los poemas es cotidiano y busca la inmediatez. No en balde el libro está encabezado por una cita de Tita Merello: "El ejército más grande del mundo lo forman los pobres, los enfermos y los desesperados." Los poemas que siguen parecen dar voz a este ejército.
Como un abismo me atrae la desnudez de su plan, de ese hombre solitario explorando las señales del mundo. En sus versos germina la rara flor de lo auténtico. Como dijo el critico mexicano Adrián Ramírez Serrat, en sus poemas "conviven la cotidianeidad y la eternidad".



            SIN LLAVES Y A OSCURAS

            Era uno de esos días en que todo sale bien.
            Había limpiado la casa y escrito
            dos o tres poemas que me gustaban.
            No pedía más.
            Entonces salí al pasillo a tirar la basura
            y detrás de mí, por una correntada,
            la puerta se cerró.
            Quedé sin llaves y a oscuras
            sintiendo las voces de mis vecinos
            a través de sus puertas.
            Es transitorio, me dije;
            pero así también podría ser la muerte:
            un pasillo oscuro,
            una puerta cerrada con la llave adentro,
            la basura en la mano.



                         *        *


            DESPUÉS DE UN LARGO VIAJE 

            Me siento en el balcón a mirar la noche
            Mi madre me decía que no valía la pena
            estar abatido.
            Movete, hacé algo, me gritaba.
            Pero yo nunca fui muy dotado para ser feliz.
            Mi madre y yo éramos diferentes
            y jamás llegamos a comprendernos.
            Sin embargo, hay algo que quisiera contar:
            a veces, cuando la extraño mucho,
            abro el ropero donde están sus vestidos
            y como si llegara a un lugar
            después de largo viaje
            me meto adentro.
            Parece absurdo: pero a oscuras y con ese olor
            tengo la certeza de que nada nos separa.



                    *         *


            UNA CANCIÓN QUE NO RECORDÁS

            Acelerás despacio,
            el aire en la cara te reconforta.
            A tu derecha, una heladera de coca-cola
            ilumina la estación de servicio.
            Un colectivo, amarillo,
            cruza lentamente la calle.
            En la radio, los Beatles
            cantan una canción que no recordás;
            una cucaracha flotaba en el café
            cuando vaciaste la cafetera.
            Doblás y tomás por una calle oscura,
            el empedrado te sacude un poco
            y el ruido liso que te acompañaba
            es ahora un leve repiqueteo.
            ¿Qué es lo que hace
            que una vida funcione y avance?
            Alguien, unos metros delante tuyo,
            hace señas para que te detengas.


                      *          *


            UN PLÁSTICO TRANSPARENTE

            Abrí la puerta y te estabas bañando.
            Los vidrios empañados, el ruido del agua
            detrás de las cortinas,
            las cosas esenciales instaladas
            fuera de la razón.
            Me llamaste, acercaste la cara
            y nos besamos a través del plástico
            transparente: fue un instante.
            Las parejas y las revistas literarias
            duran casi siempre dos números.
            Sin embargo, de a poco,
            le fuimos ganado terreno al río:
            días interminables en los que el caos
            tomaba tu forma para envolverme mejor.


                   *          *


            DESPERTARTE

            Despertarte a mitad de la noche
            y ver en el otro lado de tu cama
            a tu mujer llorando
            es una experiencia importante.
            Quiere decir, entre otras cosas,
            que mientras paseabas por los cuartos
            iluminados de tu cerebro
            algo se estaba gestando cerca tuyo
            Un error con el cual mantenés
            una particular relación de intimidad.
            Porque aunque no firmemos nada,
            ni corramos apurados bajo la lluvia de arroz
            pensamos que es para toda la vida
            y así seguimos.
            Botes que durante la noche
            quedan amarrados al muelle
            golpeándose entre sí,
            según el viento. 



           
            











            CANCHA RAYADA

            Caminamos, con mi viejo, por la playa de estacionamiento.
            Es un día de calor sofocante
            y en el asfalto recalentado
            vemos la sombra de un pájaro negro
            que vuela en círculos,
            como satélite de nuestra desgracia.
            Una multitud victoriosa, a nuestras espaldas,
            ruge todavía en la cancha.
            Acabamos de perder el campeonato.
            La cabina del auto es un horno a leña;
            los asientos queman y el sol que pega
            en el vidrio, enceguece.
            Pero no importa, como dos bonzos
            dispuestos a inmolarse,
            nos sentamos y enciendo el motor:
            Fabián Casas y su padre
            Van en coche al muere.
 

                    *          *


            A MITAD DE LA NOCHE 

            Me levanto a mitad de la noche con mucha sed.
            Mi viejo duerme, mis hermanos duermen.
            Estoy desnudo en el medio del patio
            y tengo la sensación de que las cosas no me reconocen.
            Parece que detrás de mí nada hubiese concluido.
            Pero estoy otra vez en el lugar donde nací.
            El viaje del Salmón
            en una época dura.
            Pienso esto y abro la heladera:
            un poco de luz desde las cosas
            que se mantienen frías.





Seix Barral publica Horla City y otros, toda la poesía de Fabián Casas hasta el día de hoy que además estaba inédita en España. 
En una estupenda entrada de su blog El Cronotopo Taller, Graciela Occhi nos presenta a Fabían Casas y su mundo: "A los treinta años tuvo una depresión clínica, y un amigo suyo le dijo "vos lo que tenés es el horla". A la semana le trajo El Horla, el cuento de Maupassant. Cuando lo leyó identificó lo que le estaba pasando, y según cuenta en una entrevista, “le puse un nombre a mi enemigo. Pero entendí que ese enemigo era también mi maestro, y tenía que aprender de él. Un maestro muy duro, muy estricto. A su vez, entendí que yo vivía en una ciudad construida por el horla, y es una ciudad armada con muchas ciudades en donde estuve, en donde viví. Con eso fui construyendo al Horla City, la ciudad del miedo”.

La poesía de Fabían Casas es lacónica y contundente, sin artificios. Parte de la experiencia cotidiana donde encuentra el "chispazo lírico ahí donde no se lo espera" como bien dice Matías Néspolo en su artículo de ElDiario.es. Y también: 
"Lo cierto es que el léxico y el registro de habla que utiliza Casas, si se pasa por alto alguna palabra del argot porteño –absolutamente comprensible en todo el orbe hispánico, por extensión– parecen más adecuados para ir a comprar el pan que para construir un poema. "La función social de un escritor es hacer que el lenguaje brille", dice el autor por ahí. Y vaya si brillan sus composiciones con un laconismo y una simpleza inaudita, que iluminan experiencias tan prosaicas como abandonar la cama a la madrugada por un vaso de agua o salir a tirar la basura y que se cierre la puerta. "Es transitorio, me dije; / pero así también podría ser la muerte: / un pasillo oscuro, / una puerta cerrada con la llave adentro, / la basura en la mano", rezan los últimos versos de Sin llaves y a oscuras. Si los poemas suelen ser narrativos; sus títulos, descriptivos y transparentes. O el remate de A mitad de la noche, pieza que pareciera explicitar su poética: "Pienso esto y abro la heladera: / un poco de luz desde las cosas / que se mantienen frías."

"El humor seco y corrosivo es otro de sus ingredientes: "Las parejas y las revistas literarias / duran casi siempre dos números" o "benditos los que no saben que la muerte / da clases en todos lados". O aún mejor: "me pregunto en qué momento / los dinosaurios sintieron / que algo andaba mal". Pero por sí solo no explica el misterio de sus versos. El desamor, la melancolía urbana, el irrevocable paso del tiempo con el saldo de la nostalgia y la pérdida de los seres queridos (la prematura muerte de su madre es un motivo recurrente tanto de su poesía como de su prosa) son algunos de sus temas."

"La poesía de Casas no es explícitamente social ni política, pero puede que allí esté la clave de su efectividad y contundencia, porque no reniega de esa dimensión. "Pienso que todos los poemas que hemos escrito son poemas políticos. (...) Los poemas políticos de Gelman no son quizá los que hablan sobre sus compañeros, o sobre los desaparecidos. Quizás una posición política para Gelman sea la de, en el medio de ese quilombo, ponerse a escribir poemas intimistas", reflexiona el poeta cuyos versos son sin duda la incómoda voz de una generación huérfana, diezmada por la pasada dictadura, las drogas y una guerra absurda. Una voz que hasta cuando habla cosas tan anecdóticas como un narcótico jarabe para la tos que a escondidas consumía la pandilla en la infancia, siempre da un doloroso testimonio de todos aquellos "amigos borrados con el liquid paper / del Proceso, Las Malvinas y el sida"."