Por fin una película de terror decente. No es que sea una obra maestra, pero sí es sólida y tiene los mimbres adecuados para resultar emocionante y satisfactoria. Cuenta para ello con una historia suficientemente elaborada, un malvado morrocotudo y tres o cuatro secuencias de las que te hacen morderte los nudillos. Además, cierra con un final coherente. Ya con esto me conformo.
André Øvredal nos presenta una modesta película del subgénero ´persecución infernal por la carretera´; pero que va un poco más allá de la conocida ´Jeepers Creepers´, al presentar un mito más articulado y unos códigos propios que dan mucho juego.
Tras una impactante escena inicial en la que un par de amigos que viajan por carretera sufren la embestida del pasajero (´Passenger´) del título, seguimos a otra pareja formada por Maddie (Lou Llobell) y Tyler (Jacob Scipio), que inician su nueva vida huyendo de Nueva York para vivir en una furgoneta camperizada. Carretera y manta. Vida libre y sin ataduras.
...Hasta que seis semanas después, en plena noche y en una carretera secundaria, se encuentran con un coche accidentado. Se paran a ayudar; pero cuando el conductor siniestrado se está arrastrando fuera del vehículo ¡¡una fuerza sobrehumana lo devuelve al interior!! ¡¿Qué está pasando?! Menos mal que han llamado a la policía, que llega a tiempo y se hace cargo.
Al día siguiente todo parece normal pero Maddie descubre en el lateral de la furgo la señal de una garra, tres arañazos idénticos a los que vio la noche anterior, en el coche accidentado. A partir de entonces vivirán perseguidos y atormentados por un ser infernal. Efectivamente no partieron solos del lugar del accidente. Se les adhirió un ´pasajero´ que convertirá su aventura en una pesadilla.
Los guionistas T.W. Burgess y Zachary Donohue han elaborado una propuesta que funciona con lo mínimo pero que tiene pies y cabeza. Me gusta sobre todo que ponga en pie una cosmogonía nueva y terrorífica, la del ´pasajero´ que acecha en las carreteras acompañado de una serie de normas y simbología que los que habitan en ellas deben observar para no caer en sus garras. Cuando Maddie y Tyler llegan a una reunión de caravanas conocen a Diana (interpretada por la gran Melissa Leo), una veterana nómada que les introduce en estos códigos necesarios para poder sobrevivir: no conducir de noche, no parar nunca y saber leer los signos que los antiguos nómadas nos legaron. Esta parte es deliciosa y sustenta el carácter de toda la historia.
Si en la luz hay un San Cristóbal que, como patrón suyo, ayuda a peregrinos y viajeros; en el lado oscuro hay un ser maléfico que los persigue para destruirlos. Precisamente la película comienza con una plegaria viajera solicitando la protección de su patrón; pero Maddie y Tyler pronto descubrirán que han de aprender a identificar estos nuevos símbolos para vencer al terror.
Este lenguaje informal de jeroglíficos viales, supuestamente utilizado por los antiguos y solitarios nómadas para comunicarse, te ofrece información muy práctica para saber dónde parar o no, si podrás mendigar o trabajar e incluso qué tipo de pueblo se acerca o el peligro que te acecha. La función se redondea con la búsqueda de una supuesta iglesia de San Cristóbal, perdida en el desierto y sin señalizar, que Maddie y Tyler tendrán que encontrar para deshacer la maldición.
Hay una parada en el bosque en la que Tyler ha colocado una sábana entre los árboles para proyectar ´Vacaciones en Roma´. La escena pasa rápidamente de romántica a escalofriante con Maddie utilizando el pequeño proyector como linterna para buscar al acechante. El contraste es tremendo por cuanto la figura terrorífica aparece tras del rostro angelical de Audrey Hepburn. Otra escena transcurre en un gran parking de superficie en el que el director juega con nosotros al juego del gato y del ratón. Y ¡como no! un pinchazo en la carretera en plena noche pondrá a Maddie más cerca que nunca de las garras del acosador.
Diana les advierte a estos novatos que «La gente no hace viajes. Son los viajes los que hacen a la gente». En este sentido cada uno de nosotros podremos encontrar en la película ecos de ideas inquietantes que, lastimosamente, sólo se apuntan: no se profundiza en la violencia contra las personas sin hogar, ni se reflexiona sobre la religión en la que se refugian o el trabajo alienante. Por otro lado es triste pensar que el mensaje es "no parar", como reflejo de este mundo cada vez menos empático. Aunque tampoco hay ni un pequeño pensamiento sobre la distorsión que provocan las redes sociales, capaces de engañar a esta pareja de urbanitas y hacerlos embarcar en una falsa vida de instagramers. Puestos a citar decepciones me parece que el papel de Melissa Leo es demasiado corto y que la historia de dónde vienen los códigos hubiese demandado un mayor desarrollo.
...Pero ー¡qué narices!ーlos estrenos de Sinners y de Weapons ya quedaban demasiado lejos y echaba de menos una historia medianamente elaborada y rodada con un poco de picante: el suficiente para sacarme del sopor y arrancarme algún que otro escalofrío.
André Øvredal es conocido por su trabajo dirigiendo películas de género como Troll Hunter (2010) o "La autopsia de Jane Doe" (2016), una interesante película que es como un ejercicio de estilo, ya que explora fórmulas narrativas fantásticas en un entorno mínimo, una sala de disección. Su filmografía ha ido adquiriendo cierta solidez gracias a "Historias de miedo para contar en el oscuridad" (un muy efectivo batiburrillo de fórmulas tan americanas como las reflejadas en "Stranger Things" o "It": grupo de adolescentes inadaptados que son atormentados por un libro de cuentos maldito, que ellos mismos han robado en una casa embrujada de su pequeño pueblo, en Mill Valley).
Su más grande producción quizás sea "El último viaje del Deméter" (2023), sobre la travesía por mar que llevó a Drácula desde su Carpatia natal hasta Londres. Aquí el nivel de producción es alto, con puertos, barcos y tormentas; así como la ambición de realizar una obra de terror atmosférica, bajo el patrón del original "Alien" (un monstruo escondido en una nave); pero el resultado es convencional y el miedo escusa su presencia.







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