martes, 26 de mayo de 2026

EL MISTERIO de LA MUJER TATUADA - de Akimitsu Takagi



Esta novela negra de estilo clásico nos traslada a Tokio durante el verano de 1947. Tras la Segunda Guerra Mundial, la influyente Sociedad de Tatuajes de Edo retoma su actividad celebrando un gran concurso en torno al antiguo arte japonés del tatuaje de cuerpo entero. Toda la ciudad está expectante. El arte del tatuaje es parte de una tradición inmemorial, lo que no ha impedido que haya pasado por períodos de prohibición y rechazo. El concurso es una gran oportunidad para volver a sentirse orgullosos de Japón justo después de haber perdido la guerra y tener que soportar la presencia de las tropas de ocupación norteamericanas. 

Ya en esta primera escena se nos presenta a todos los personajes implicados. Primero Kinue Nomura, la única mujer que participa entre todos los concursantes masculinos. Kinue une a su belleza el ser portadora en su espalda de una obra maestra del tatuaje, una gigantesca serpiente que ilustra una antigua leyenda nipona. Pero Kinue no sólo es una mujer hermosa, también es dominante y además es la pareja del capo Takezo Mogami con cuyo hermano, el vividor Hisashi Mogami, acude al concurso. Por supuesto está presente el profesor Hayakawa, tío de los hermanos Mogami, y experto coleccionista de pieles humanas tatuadas hasta el punto de que es conocido como el Doctor Tatuaje

Quien nos introduce en este mundo un tanto clandestino es Kenzo Matsushita, un joven patólogo que será el narrador de la aventura y cuya curiosidad científica lo ha llevado hasta allí. Kenzo todavía es muy joven e ingenuo aunque está aprendiendo mucho de su hermano mayor, el inspector jefe de la Policía Metropolitana Daiyu Matsushita. Tanto la hermosa Kinue Nomura como su acompañante Takezo se muestran interesados en él hasta el punto de que Kinue lo cita para el día siguiente en un bar sólo para socios que regenta, El Serpiente. No tardarán en iniciar una relación pasional que acabará de la peor manera. 


Kinue se mueve como pez en el agua por los bajos fondos, donde Kenzo es un bisoño: pero un día le confiesa que tiene miedo de ser asesinada y lo cita en su casa para esa misma noche. Cuando Kenzo acude se encuentra con una situación de lo más extraña: la casa está desierta, en el suelo del dormitorio de Kinue hay tres grandes manchas de sangre y sólo se escucha el correr del agua en el baño que está perfectamente cerrado por dentro. Tras llamar a su hermano Daiyu descubren el cadáver desmembrado de Kinue. Cabeza, brazos y piernas están esparcidos por el baño pero no hay rastro del impresionante y codiciado torso tatuado. Se plantea así todo un misterio en una habitación cerrada.

Akimitsu Takagi (1920–1995) estudió ingeniería en la Universidad de Kioto y luego trabajó para la Compañía Aeronáutica Nakajima. Tras la Segunda Guerra Mundial perdió su empleo debido a las prohibiciones en la industria militar japonesa. Por recomendación de una adivina, decidió dedicarse a la escritura. Envió el segundo borrador de su primera novela, El caso del asesinato del tatuaje, al gran escritor de misterio Edogawa Rampo, quien reconoció su talento y la recomendó a una editorial. Fue publicada en 1948. Desde entonces publicó un buen número de novelas (como Luna de miel a ninguna parte El informante) que lo convirtieron en un clásico.

De esta novela me llaman la atención dos asuntos. Por un lado el enorme atractivo de la inmersión en el submundo del tatuaje en Japón y por otro la sorpresa por el carácter tan "occidental" de la novela, a la que se puede considerar clásica en su desarrollo por cuanto nos recuerda irremediablemente a las obras de Dashiell Hammett o Raymond Chandler. Como ellos Takagi es un poderoso urdidor de tramas y sus escenas están llenas de acerados diálogos. El protagonista entrevista a cada testigo e implicado y nos expone los hechos sin apenas conclusiones. Como en las novelas protagonizadas por Sam Spade o Philipe Marlowe, la acción siempre sigue a Takezo y sólo sabemos lo que sabe él. 

Takagi hace patente su homenaje a los clásicos. En los momentos de espera su protagonista, Kenzo, aparece leyendo Los tres ataúdes de Dickson Carr (también conocida como El hombre hueco, una de las mejores novelas del tipo "cuarto cerrado" en las que Dickson Carr fue un experto). En otro momento le interrumpen la lectura de El halcón Maltés y Adiós, muñeca; aunque el homenaje más notorio lo introduce en el último tercio de la novela, en el que aparece un antiguo amigo de Kenzo, Kyosuke, cuya inteligencia y capacidad de deducción, al modo de Sherlock Holmes, conduce la novela hacia su desenlace. Uno de los detalles más brillantes es cuando detecta al asesino por su forma de jugar al ajedrez.


La novela tiene lugar justo después de la 2ª Guerra Mundial pero esa sensación de derrota, edificios destruidos y dificultades apenas se trasluce en un par de pinceladas; como cuando Kenzo reflexiona que "este terrible caso era un reflejo de la ruina moral y la corrupción espiritual de Japón tras la Segunda Guerra Mundial." O cuando se refiere que Kenzo y Kyosuke "discutieron sobre la guerra, la ocupación y el futuro de un Japón con la economía destrozada y al mando de un emperador que había anunciado que no era, después de todo, un dios". 

Esta falta de "color local" también se trasluce en las escasas notas sobre lenguaje, usos y costumbres. Los diálogos son directos y nada ceremoniosos a excepción de un par de ocasiones en que surge el ritual mediante el cual se suele invitar a entrar en casa: "Este sitio es una pocilga repugnante pero, por favor, siéntase como en su casa". Frase que se suele decir por más que la casa luzca inmaculada. En ese sentido está muy lejos de los escombros físicos y emocionales en que nos sumerge la desoladora Tokyo, año cero, de David Peace

Aquí prima la trama sobre la ambientación y en su corazón sí que hay una tradición plenamente nipona, el irezumi, el arte tradicional del tatuaje que se remonta a varios siglos antes de Cristo. En el capítulo 10 el Doctor Tatuaje le hace una completa exposición histórica a Kenzo, mientras visitan la famosa Sala de Especímenes de la Universidad de Tokio.


Hay otro aspecto adscrito a la tradición del país del sol naciente que no solamente está presente sino que dota al relato de un aura oscura y diabólica: el padre de Kinue fue un maestro tatuador que tatuó a sus tres hijos con los tres animales de un mito clásico: "la serpiente se come a la rana, la rana se come a la babosa, la babosa disuelve a la serpiente". Esto sitúa a Kinue y a sus dos hermanos tatuados en el centro de una trama maléfica que amenaza con devorarlos a todos, bajo una dimensión simbólica que trasciende lo meramente detectivesco.
"El hechicero Orochimaru aparece siempre representado sobre una enorme serpiente mágica, ¿no es cierto? -explicó ella señalando la cabeza de serpiente que tenía en el hombro-. Y, si lees la historia, verás que Jiraiya va siempre montado en un sapo gigantesco, y Tsunedahime, sobre una inmensa babosa. Esos tres personajes vivían en la espesura del monte Togakushi, en la prefectura de Nagano, y competían constantemente para ver quién podía formular los hechizos más crueles y poderosos. Cuando mi padre se encontró con una serie de xilografías que relataban una versión antigua de ese mito, se enamoró de las imágenes, así que nos tatuó esas tres maldiciones a sus tres hijos: Jiraiya a mi hermano mayor, Tsunediahime a mi hermana Tamae y Orochimaru a mí."
El profesor Hayakawa completará los conocimientos de Kenzo al informarle que esa superstición se conoce como la de Las Tres Maldiciones y que quizás el gran Horiyasu lo que hizo fue maldecir a sus propios hijos grabando en sus espaldas a estos tres animales.
"Estos animales son los espíritus que acompañan a los tres hechiceros rivales. El hechicero Jiraiya siempre aparece montado sobre un sapo gigante, Orochimaru sobre una serpiente y Tsunedahime sobre una babosa. Si alguien alguna vez tatuara una serpiente, una rana y una babosa en el cuerpo de una persona, las tres criaturas lucharían hasta la muerte, por eso está prohibido. Incluso si un cliente suplicara que se lo hicieran y ofreciera una fortuna a cambio, el artista tendría la obligación moral de negarse."
En este laberinto que forman Kinue y sus hermanos y los dos hermanos Mogami, sólo queda por saber si el caso se resolverá cumpliéndose la maldición o descubriendo motivaciones más infame. 
 










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