martes, 11 de abril de 2017

CONEJOS BLANCOS - de Leonora Carrington

Serie Narraciones Extraordinarias



  



a llegado el momento de contar los sucesos que comenzaron en el número 40 de Pest Street. Parecía como si las casas, de color negro rojizo, hubiesen surgido misteriosamente del incendio de Londres. El edificio que había frente a mi ventana, con unas cuantas volutas de enredadera, tenía el aspecto negro y vacío de una morada azotada por la peste y lamida por las llamas y el humo. No era así como yo me había imaginado Nueva York.
  Hacía tanto calor que me dieron palpitaciones cuando me atreví a dar una vuelta por las calles; así que me estuve sentada contemplando la casa de enfrente, mojándome de cuando en cuando la cara empapada de sudor.
  La luz nunca era muy fuerte en Pest Street. Había siempre una reminiscencia de humo que volvía turbia y neblinosa la visibilidad; sin embargo, era posible examinar la casa de enfrente con detalle, incluso con precisión. Además, yo siempre he tenido una vista excelente.
  Me pasé varios días intentando descubrir enfrente alguna clase de movimiento; pero no percibí ninguno, y finalmente adopté la costumbre de desvestirme con total despreocupación delante de mi ventana abierta y hacer optimistas ejercicios respiratorios en el aire denso de Pest Street. Esto debió de dejarme los pulmones tan negros como las casas.
  Una tarde me lavé el pelo y me senté afuera, en el diminuto arco de piedra que hacía de balcón, para que se me secara. Apoyé la cabeza entre las rodillas, y me puse a observar una moscarda que chupaba el cadáver de una araña, a mis pies. Alcé los ojos, miré a través de mis cabellos largos, y vi algo negro en el cielo, inquietantemente silencioso para que fuera un aeroplano. Me separé el pelo a tiempo de ver bajar un gran cuervo al balcón de la casa de enfrente. Se posó en la balaustrada y miró por la ventana vacía. Luego metió la cabeza debajo de un ala, buscándose piojos al parecer. Unos minutos después, no me sorprendió demasiado ver abrirse las dobles puertas y asomarse al balcón una mujer. Llevaba un gran plato de huesos que vació en el suelo. Con un breve graznido de agradecimiento, el cuervo saltó abajo y se puso a hurgar en su comida repugnante.

  La mujer, que tenía un pelo negro larguísimo, lo utilizó para limpiar el plato. Luego me miró directamente y sonrió de manera amistosa. Yo le sonreí a mi vez y agité una toalla. Esto la animó, porque echó la cabeza para atrás con coquetería y me dedicó un elegante saludo a la manera de una reina.
  —¿Tiene un poco de carne pasada que no necesite? —me gritó.
  —¿Un poco de qué? —grité yo, preguntándome si me habría engañado el oído.
  —De carne en mal estado. Carne en descomposición.
  —En este momento, no —contesté, preguntándome si no estaría bromeando.
  —¿Y tendrá para el fin de semana? Si fuera así, le agradecería inmensamente que me la trajera.
  A continuación volvió a meterse en el balcón vacío, y desapareció. El cuervo alzó el vuelo.
  Mi curiosidad por la casa y su ocupante me impulsó a comprar un gran trozo de carne a la mañana siguiente. Lo puse en mi balcón sobre un periódico y esperé. En un tiempo relativamente corto, el olor se volvió tan fuerte que me vi obligada a realizar mis tareas diarias con una pinza fuertemente apretada en la punta de la nariz. De cuando en cuando bajaba a la calle a respirar.
  Hacia la noche del jueves, noté que la carne estaba cambiando de color; así que, apartando una nube de rencorosas moscardas, la eché en mi bolsa de malla y me dirigí a la casa de enfrente.
  Cuando bajaba la escalera, observé que la casera parecía evitarme.
  Tardé un rato en encontrar el portal de la casa. Resultó que estaba oculto bajo una cascada de algo, y daba la impresión de que nadie había salido ni entrado por él desde hacía años. La campanilla era de ésas antiguas de las que hay que tirar; y al hacerlo, algo más fuerte de lo que era mi intención, me quedé con el tirador en la mano. Di unos golpes irritados en la puerta y se hundió, dejando salir un olor espantoso a carne podrida. El recibimiento, que estaba casi a oscuras, parecía de madera tallada.
  La mujer misma bajó, susurrante, con una antorcha en la mano.
  —¿Cómo está usted? ¿Cómo está usted? —murmuró ceremoniosamente; y me sorprendió observar que llevaba un precioso y antiguo vestido de seda verde. Pero al acercarse, vi que tenía la tez completamente blanca y que brillaba como si la tuviese salpicada de mil estrellitas diminutas.
  —Es usted muy amable —prosiguió, tomándome del brazo con su mano reluciente—. No sabe lo que se van a alegrar mis pobres conejitos.
  Subimos; mi compañera andaba con gran cuidado, como si tuviese miedo.
  El último tramo de escalones daba a un «boudoir» decorado con oscuros muebles barrocos tapizados de rojo. El suelo estaba sembrado de huesos roídos y cráneos de animales.

  —Tenemos visita muy pocas veces —sonrió la mujer—. Así que han corrido todos a esconderse en sus pequeños rincones.
  Dio un silbido bajo, suave y, paralizada, vi salir cautamente un centenar de conejos blancos de todos los agujeros, con sus grandes ojos rosas fijamente clavados en ella.
  —¡Vengan, bonitos! ¡Vengan, bonitos! —canturreó, metiendo la mano en mi bolsa de malla y sacando un trozo de carne podrida.
  Con profunda repugnancia, me aparté a un rincón; y la vi arrojar la carroña a los conejos, que se pelearon como lobos por la carne.
  —Una acaba encariñándose con ellos —prosiguió la mujer—. ¡Cada uno tiene sus pequeñas costumbres! Le sorprendería lo individualistas que son los conejos.
  Los susodichos conejos despedazaban la carne con sus afilados dientes de macho cabrío.
  —Por supuesto, nosotros nos comemos alguno de cuando en cuando. Mi marido hace con ellos un estofado sabrosísimo, los sábados por la noche.
  Seguidamente, un movimiento en uno de los rincones atrajo mi atención; entonces me di cuenta de que había una tercera persona en la habitación. Al llegarle a la cara la luz de la antorcha, vi que tenía la tez igual de brillante que ella; como oropel en un árbol de Navidad. Era un hombre y estaba vestido con una bata roja, sentado muy tieso, y de perfil a nosotros. No parecía haberse enterado de nuestra presencia, ni del gran conejo macho cabrío que tenía sentado sobre su rodilla, donde masticaba un trozo de carne.
  La mujer siguió mi mirada y rió entre dientes.
  —Ése es mi marido. Los chicos solían llamarlo Lázaro…
  Al sonido de este nombre, familiar, el hombre volvió la cara hacia nosotras; y vi que tenía una venda en los ojos.
  —¿Ethel? —preguntó con voz bastante débil—. No quiero que entren visitas aquí. Sabes de sobra que lo tengo rigurosamente prohibido.
  —Vamos, Laz; no empecemos —su voz era quejumbrosa—. No me puedes escatimar un poquitín de compañía. Hace veinte años y pico que no veía una cara nueva. Además ha traído carne para los conejos.
  La mujer se volvió y me hizo seña de que fuera a su lado.
  —Quiere quedarse entre nosotros; ¿a que sí? —de repente me entró miedo y sentí ganas de salir, de huir de estas personas terribles y plateadas y de sus conejos blancos carnívoros.
  —Creo que me voy a marchar; es hora de cenar.
  El hombre de la silla profirió una carcajada estridente, aterrando al conejo que tenía sobre la rodilla, el cual saltó al suelo y desapareció.
  La mujer acercó tanto su cara a la mía que creí que su aliento nauseabundo iba a anestesiarme.
  —¿No quiere quedarse, y ser como nosotros? En siete años su piel se volverá como las estrellas; siete años tan sólo, y tendrá la enfermedad sagrada de la Biblia: ¡la lepra!
  Eché a correr a trompicones, ahogada de horror; una curiosidad malsana me hizo mirar por encima del hombro al llegar a la puerta de la casa, y vi que la mujer, en la balaustrada, alzaba una mano a modo de saludo. Y al agitarla, se le desprendieron los dedos y cayeron al suelo como estrellas fugaces.




En El séptimo caballo y otros cuentos,
México, Siglo XXI, 

domingo, 9 de abril de 2017

The EXPANSE - de Mark Fergus y Hawk Ostby

LOS HILOS DE UNA CONSPIRACIÓN.-
Estamos en el siglo XXIII y la Tierra ha colonizado todo el sistema solar. La Tierra y la luna son una federación gobernada por la ONU y mantienen una guerra fría con la otra superpotencia, Marte. En medio está el Cinturón de Asteroides con Ceres a la cabeza. En el Cinturón se trabaja duro y en condiciones precarias: hay restricciones de agua y aire, el trabajo de minería y carga es penoso y la vida en los túneles espantosa. Se suele decir, "el Cinturón trabaja y la Tierra y Marte cogen lo que les da la gana". Los cinturonianos se sienten sojuzgados y han surgido grupos rebeldes (la APE) que buscan la independencia.

El enorme atractivo de la serie viene definido por tres aspectos. 
La amplitud y profundidad de ese universo futuro donde la Tierra y Marte dominan el Sistema Solar y pululan las colonias artificiales y la minería espacial. No hay hipervelocidad, ni razas alienígenas, ni disparos láser. En cambio The Expanse nos presenta un universo muy atractivo y convincente, cercano a nuestra expectativa tecnológica, en el cual la Tierra se "expande" hacia los planetas de su entorno. 

La complejidad de la trama donde cohabitan la alta política, las grandes corporaciones y el trapicheo del contrabando.Todo ello se beneficia de estar basado en las novelas de James S.A. Corey (alias de Daniel Abraham y Ty Franck), autores de una saga de seis novelas publicadas desde 2011 (Leviathan Wakes, Caliban's War, Abaddon's Gate, Cibola Burn, Nemesis Games y Babylon's Ashes); cuyo primer volumen, "El despertar del Leviatán", acaba de ser publicada por Ediciones B. Obra que fue nominada en 2012 a los premios Hugo y Locus.

La acción comienza en dos frentes, por un lado el de la nave Canterbury, que transporta hielo desde las lunas de Saturno al Cinturón, cuando recibe una llamada de auxilio de la nave Scopuli. Durante la operación de rescate una misteriosa nave con tecnología Stelz destruye a la Canterbury en lo que parece una acción hostil de Marte. La cosa está que arde, pero los cinco supervivientes de la Canterbury que fueron a la Scopuli son rescatados por una nave marciana, la Donnager. Allí se dan cuenta de que los marcianos no atacaron la Canterbury; pero entonces ¿quién está moviendo los hilos? Por su parte los rebeldes de Ceres no tienen naves, ni ejércitos; por lo que parece que alguien está muy interesado en que la Tierra y Marte entren en guerra. ¿Con qué objetivo? El oficial Holden, al mando de los cinco supervivientes de la Canterbury pondrá su empeño en descubrir el secreto de la Scopuli.

El oficial James Holden y su segundo al mando Naomi Nagata 


Por otro lado el agente Miller (Thomas Jane) recibe en el Cinturón un encargo confidencial, investigar la desaparición de la joven Julie Mao, la hija joven y rebelde de un magnate terrestre que se cree se ha unido a la APE.

Las pistas que siguen tanto Holden como Miller les acabarán llevando de vuelta a la Scopuli, donde parece que ocurrieron unos hechos terribles.

Los aspectos cotidianos del futuro son muy reconocibles y está muy bien trabajados. Así se refleja en la representación de las dificultades que crean la gravedad, el aire o el agua. Los que ya han nacido y se han desarrollado en el Cinturón tienen problemas con los músculos y los huesos. Para ellos la gravedad terrestre es una tortura. También están muy bien reflejados los efectos de las aceleraciones en el cuerpo humano. Tanto los hábitats, como las naves o el armamento tiene una base científica cercana y plausible. Las diferencias fisiológicas, culturales, sociales y lingüísticas entre los terrestres, los colonos y los marcianos están perfectamente definidas y escuchamos el lenguaje autóctono que los colonos han creado. 


Sólo unas pocas generaciones separan a los nativos del espacio de su planeta de origen y todavía están presentes algunos atavismos.
-¿A qué sabe la lluvia? le pregunta Miller a Holden.
-Nunca lo había pensado -le responde.
La serie presenta una producción de alto nivel con naves, ciudades y habitáculos cuidados al detalle. Los diversos escenarios (las zonas nobles del Cinturón y sus cloacas, las distintas naves, la ONU y Nueva York) y los trajes de combate rayan a gran altura. 

"The Expanse" presenta un vasto panorama político y social con múltiples escenarios, personajes y tramas. No faltan las aventuras espaciales adobadas con intrigas políticas e investigaciones policiales. La acción se mueve a ritmo palpitante mientras seguimos a diversos personajes muy bien construidos, con un oscuro pasado y su cuota de dobleces. 
Avasarala interrogando a un cinturoniano

James Holden (Steven Straites el oficial al mando de la patrulla superviviente de la Canterbury. Joven y muy capacitado prefirió quedarse de segundón en un carguero marginal. Josephus Miller es un detective cinturoniano, pero que trabaja para la Tierra. O sea un traidor a su gente. Con pinta de detective clásico, está de vuelta de todo, pero tiene su propio código moral y aunque le despiden y amenazan, como un sabueso cabezota seguirá buscando a la chica hasta el final. El tercer ángulo de este inquietante triángulo es  la ejecutiva de Naciones Unidas Chrisjen Avasarala (Shohreh Aghdashloo), encargada de mantener la paz con Marte mientras las intrigas la rodean.


Un Nueva York del futuro donde la Torre de la Libertad se ha quedado pequeña

La trama seguirá los pasos en paralelo de Holden y Miller hasta que confluyen en el episodio 8 (un episodio trepidante y lleno de intriga), cuando los dos acuden al asteroide Eros. Allí unirán sus fuerzas para 
descubrir una enorme conspiración que se cierne sobre la raza humana.  Genial.

Pero ¿quién está detrás de esa conspiración?. Eso queda para la segunda temporada. Ya la estoy esperando.





P.D. La serie tiene mantiene una curiosa relación con El Quijote de Cervantes. El primer capítulo se titula Dulcinea, la nave camuflada que le presta  Johnson el Carnicero a Holden es bautizada como Rocinante y cuando la ejecutivo de la ONU, Avasarala,  acude al hogar de la madre de Jim Holden para entender a qué juega este chico; se encuentra con una valiosa edición de El Quijote.






viernes, 7 de abril de 2017

CONTRA-ORDEN - de Ángel González

Grafitti de Bansky


CONTRA-ORDEN 
                             (POÉTICA por la que me pronuncio ciertos días)






Esto es un poema.
Aquí está permitido
fijar carteles,
tirar escombros, hacer aguas
y escribir frases como: 
Marica el que lo lea,
Amo a Irma,
Muera el…(silencio),
Arena gratis,
Asesinos, etcétera.
Esto es un poema.
Mantén sucia la estrofa.
Escupe dentro. 
Responsable la tarde que no acaba,
el tedio de este día,
la indeformable estolidez del tiempo.
                                               

                                                                               Ángel González





El poema concebido como el cuenco donde escupir el tedio y el asco. Pero a la postre no habla del tedio el poema, sino de la capacidad de la poesía para rescatarnos.
En la poesía de Ángel González es constante la referencia al quehacer poético, a los distintos motivos, medios y fines de la poesía. Esta autoreflexión fue creciendo a lo largo de su vida y se manifestó en sus últimos años en los distintos estudios y antologías de poetas contemporáneos.
El mismo Ángel González llegó a utilizar el concepto de "metapoesía" en su estudio de la obra de Juan Ramón Jiménez:
"Hasta la estación total, desde el Diario, la poesía de J.R.J. se reduce, en gran parte, a una larga reflexión sobre la poesía: es la palabra que se nombra a si misma, la serpiente que se muerde la cola y está a punto de autodevorarse. Creo que se puede hablar de una 'metapoesia' en J.R.J., del mismo modo que se habla de 'metalenguaje´: es decir, de una poesía que no denota ni connota -salvo secundariamente- ninguna realidad fuera del propio poema. Son textos que reflejan una reflexión: imágenes de imágenes."

miércoles, 5 de abril de 2017

JAGANNATH - de Karin Tidbeck

En una entrevista, la autora se refería al mundo crepuscular en el que vive en Suecia, como caldo de cultivo para sus fantasías:
"Pasamos mucho tiempo en el crepúsculo, que es una condición liminal, una tierra de nadie. La luz posee una cualidad tenebrosa y melancólica. Supongo que esto se manifiesta en lo que escribo, tanto en la idea de lo tenebroso y lo melancólico, como en la impresión de haberse asomado a otro mundo, donde el sol se ha detenido."
Efectivamente en sus páginas encontramos una profunda melancolía y sobretodo las noticias que nos trae de esos otros mundos a los que se ha asomado. El mundo de los trolls y de las hadas, pero también un mundo real inquietante y ofuscado.

Los trece relatos que forman el volumen se podrían agrupar en torno a tres referencias: lo macabro, lo folclórico maravilloso y lo steampunk.

LO MACABRO.  Rebecka es un perfecto ejemplo. Un cuento lleno de perturbación, pastillas y cuchillas en la vida de esta joven que acumula un buen puñado de intentos de suicidio: "lo único que quiero es no tener que estar hecha mierda, ¿Es mucho pedir?" La soledad y el vacío aplasta el alma de Rebecka. No sabe qué hacer. Le reza a Dios. "Él sana a todo el mundo y...¿cómo era? ah, sí, ´libera a las almas de la oscuridad´. Todas menos la mía". Está desesperada. Sólo le queda una amiga que acude en cada ocasión a recoger sus pedazos. Pero Rebecka está dispuesta a hacer algo: "-Pienso obligarlo a escuchar. Voy a hacer algo a lo que no podrá cerrar los ojos." Uff.

¿Quién es Arvid Pekon? es otro relato que se asoma a la oscuridad. Arvid es teleoperador y está enredado en la soledad de las comunicaciones. En un momento dado, entabla conversación con un muerto. La autora juega con la idea de la fragilidad de la existencia y de la propia identidad.

LO FOLCLÓRICO MARAVILLOSO: Es una de las señas de identidad del volumen. Augusta Prima, Pyret, La señorita Nyberg y yo, La montaña de los renos, y Las tías participan de esta recreación de lo folclórico en torno a lo cual reflexionaba la autora en un entrevista publicada en LeeMasLibros:
"Escribo sobre gente, a veces sobre gente que no son seres humanos. Los estados fronterizos, el territorio humano/no-del-todo-humano, me fascina. Para alguien que ha mamado la mitología nórdica, los Aesir y los Vanir resultan un poco aburridos en comparación. Son dioses, se van de aventuras, se meten en problemas y se pelean entre sí o castigan a los seres humanos. Lo sabemos todo sobre ellos, sus historias están escritas.
Las historias sobre dioses son también de índole distinta a las historias sobre criaturas folklóricas: tradicionalmente, los mitos sobre los dioses representan una forma de explicar por qué el mundo es como es, de dónde venimos, qué pasa después de la muerte.(...) En el folclore nórdico, como en el de muchos otros lugares, los seres humanos no tienen contacto directo con los dioses salvo en raras excepciones. Los humanos en cambio ven vittras, gnomos, trolls, nixies y cambiantes. Los dioses son seres enormes y abstractos con los que realmente no quieres chocar. El folclore a menudo se refiere a los problemas humanos más inmediatos: ¿por qué mi vaca no da leche?, ¿por qué mi bebé es distinto de otros bebés?, ¿qué criatura estaba a los pies de mi cama y por qué no podía moverme? Solían ser trolls y brujas; hoy día son aliens (o conspiraciones gubernamentales). Contamos de forma compulsiva historias sobre estas criaturas folklóricas que sentimos alrededor pero que no son ni humanas ni divinas, y que pueden ser autóctonas o venir de alguna otra parte. Son muy interesantes."
Karin Tidbeck
Pyret se presenta como un ensayo científico sobre un ser mitológico. La autora trae a colación  una ingente y veraz bibliografia, sagas islandesas, libros de historia y antropología; para sustentar esta ficción. Todo muy elegante y borgeano. Incluso aparecen actas de juicios por brujería de los siglos XV a XVII. Hasta que la investigadora encuentra el relato de una joven que nació en Lillbo en 1931. Un encuentro directo con esta forma de vida arcaica y misteriosa que ha coexistido (mezclando adoración y miedo), con los granjeros de los países nórdicos durante siglos.
"Mimico e infiltrado. El Pyret se mezcla con y asume la forma de la jauría, de una manada de animales, cambiando de color y de forma para parecerse a los otros. Desde cierta distancia parecerá exactamente como un animal cualquiera. En realidad no le crece pelaje, ni ojos, ni ninguna extremidad; los rasgos no dejan de ser superficiales, dando la impresión de que su piel esté cubierta de cromatóforos, como los pulpos y los camaleones.
Aunque sus hábitos alimenticios continúan siendo un misterio, una cosa es segura: Pyret no se comporta como un depredador. No existen informes documentados de que cause daño físico alguno, aunque sí que insista en el contacto físico, algo que ha traumatizado a varios testigos. Las narraciones de testigos del Pyre describen como norma a una criatura que intenta acercarse, acurrucarse, y en ocasiones incluso aparearse con el animal o persona en cuestión." pág 116
Augusta prima es uno de los relatos más maravillosos del conjunto. Está contado desde el punto de vista de un hada en su mundo de felicidad y sosiego. Los días pasan ociosos hasta que un día Augusta se encuentra una sorpresa en el campo. "Bajo uno de los matorrales de rosa canina había un cadáver humano, un hombre vestido con un traje de lana gris. En ocasiones los humanos se perdían en el bosque y acababan allí por error. Este parecía haber llegado demasiado lejos." (p. 131.)
En el cadáver Augusta encuentra un reloj que le pone en comunicación con un mundo nuevo: ¿qué es el tiempo?, se pregunta. En su mundo nada cambia ni está sometido al desgaste que señalan las manecillas. Acaba fascinada ante la aventura del tiempo:
-Tú y los de tu especie viajáis mucho. Incluso más allá de los bosques. Sabéis cosas.
La genio volvió a mostrar su amplia sonrisa.
-Es cierto.
-Me gustaría conocer la naturaleza del tiempo -dijo Augusta-. Quiero saber por qué el tiempo no puede medirse en condiciones aquí, y por qué todo cambia de sitio.
La genio rió.
Tú y los de tu especie no queréis saber esas cosas. No podríais soportarlo." pág 138
Pero Augusta insiste en penetrar los misterios de la edad hasta conseguir pasar al otro lado. Un camino que suele ser inverso.

Ilustración de John Bauer
Por su parte, La montaña de los renos tiene el encanto de los cuentos tradicionales donde los niños, los bosques y las grutas de las montañas tejen historias de monstruos y de miedos. 
-¿Y qué se supone que son los de la montaña? -preguntó Sara-. ¿Son hadas?
-¿Cómo? -Hedvig la miró sin entender.
-La vittra -apuntó Cilla-. Los que viven arriba en la montaña.
-Ah -dijo Hedvig-. Las hadas son unas personitas que van dando tumbos por ahí por los prados. La vittra se parece a los humanos, pero son más altos y apuestos. Y viven dentro de la montaña, no encima. Siempre ha habido historias en estas partes sobre vittra viviendo aquí. Algunas veces bajaban para intercambiar cosas con los humanos. Pero tienes que tener cuidado. Si las enfadas te echan una maldición, pueden hasta matarte." pág 98

LO STEAMPUNK y la Ciencia-Ficción se encuentran en el primer y el último relato: Beatrice y Jagannath. El primero es una narración steampunk y un poco naif; al estilo de La mecánica del corazón de Mathias Malzieu. Ideal para una novela gráfica ilustrada por Ana Juan. "El doctor Franz Hiller se enamoró de un dirigible" es su comienzo. Nos refiere la relación de amor y desamor entre un hombre con un zepelín, a la vez que la de una mujer con una bomba de vapor. El relato está poblado de bielas y mecanismos con los que su pareja protagonista establecen una especial relación, como muchas de las que aparecen en un volumen donde abunda lo insólito.

Este relato, como muchos otros, reincide en asuntos como la maternidad y la relación padres-hijos. Así se puede apreciar en Beatrice, La señorita Nyberg y yo (en el que una criatura nace entre las plantas), Cartas a Ove LindströmMermelada de mora ártica y Jagannath. En este último una nave que es un ente biológico, "la Gran Madre",  transporta los escuálidos restos de la humanidad. Ella provee la vida y los alimentos. Se puede vivir dentro de sus habitáculos, comer lamiendo sus paredes y viajar por sus conductos hasta los ojos y el cerebro.

Jagannatha es uno de los nombres sánscritos usados para denominar al dios Krisna. Significa ‘señor’ (nātha) del ‘universo’ (yagat).
"Cuando las ciudades murieron, vinieron a mí. llegamos a un acuerdo. Vosotros me haríais compañía, y a cambio yo os protegería hasta que el mundo volviera a ser un lugar bueno.
-¿A donde vamos?
-Necesito encontrar con quien aparearme. necesito material genético nuevo. Mi sistema no es completamente autosuficiente." pág 161

Después de recorrer sus páginas me queda la sensación de que Tidbeck elabora una literatura fantástica muy personal, donde cabe lo maravilloso y lo inquietante. Sus comienzos son rotundos y nos provocan una violenta inmersión.
"Nació otro niño dentro de la Gran Madre, excretado del tubo que sobresalía del techo de la Guardería." 
"Cilla tenía doce años el verano en el que Sara se puso el vestido de novia de la bisabuela y desapareció montaña arriba."
"Hola papá. Hoy es sábado. Hace treinta y seis días que te encontraron. Llevabas tres en el apartamento cuando los vecinos llamaron a la policía." 
En contraste, sus desarrollos son sutiles. Sus historias están pobladas de ausencias  y presencias fantásticas que se insinúan en pequeños detalles: en Cartas a Ove Lindström es un ruido como de campanillas el que anuncia si la madre que se perdió en el bosque volverá. En La señorita Nyberg y yo es un pequeño ruidito rasposo el que anuncia un ser que brota entre las plantas.

La autora es dueña de una poderosa invención y una fantasía preclara. Logra descubrirnos ciertas grietas imperceptibles de la realidad; pero exceptuando Rebecka y Jagannath, sus historias tienen un punto naif y amable. Quizás su dibujo es demasiado blanco. Lo peor que te pueden hacer la vittra y los pyret es agobiarte con su amabilidad. ¿Será una reacción ante los excesos de papá-estado en una Suecia que te obliga a la felicidad?

domingo, 26 de marzo de 2017

El BAR - de Alex de la Iglesia

Una Comunidad de churros y cañas.-
De la Iglesia tiene un talento visual incuestionable: vuelve a abrir la película con un recurso muy brillante, ya usado en Los crímenes de Oxford, con diversos personajes cruzándose por las calles mientras la cámara va enlazando de uno a otro. El tío rueda con brío y de forma impactante. Sus secuencias nunca aburren y posee un humor gamberro y bastante ácido. Soy superfan. Pero desde Balada triste de trompeta su cine no alcanza más que para unas tapitas, ya que estamos de bares. Tanto La chispa de la vida como sobretodo La gran noche son prescindibles y Las brujas de Zugarramundi patina en el tercio del desenlace.


Son las nueve de la mañana. Un grupo de personas coinciden en un bar del centro de Madrid para tomarse un café. Un día más. Pero cuando uno de los clientes sale del local y recibe un disparo en la cabeza todo se convierte en una locura. Después de mucha discusión otro cliente sale a ayudar y es también abatido. Shock. Nadie más se atreve a salir. La calle está inusualmente desierta. Las ocho personas que permanecen en el bar están atrapadas sin saber qué ocurre.

Por supuesto enseguida nos acordamos de El fantasma de la Libertad, de Buñuel, pero los primeros diálogos y un señor obeso que está tirado en el water tosiendo sin parar, nos avisan de que no van por ahí los tiros. 


El bar es una película dividida en tres actos que parece partir de un planteamiento de mesa de guionistas: ¿cómo reaccionaríamos en una situación extrema y rodeado de desconocidos? La Comunidad se basaba en un planteamiento semejante y es una película redonda (junto con El día de la bestia, sus dos mejores obras); pero me parece que a este bar le sobran churros y frikis y le falta una línea argumental. La variopinta fauna que habitaba aquella Comunidad confluía en un poderoso río de codicia. Pero aquí la pija (Blanca Suárez), el hípster (Mario Casas), el policía amargado (Joaquín Climent), la ama de casa con el síndrome de la idem (Carmen Machi) o el sin techo borracho y enloquecido (Jaime Ordóñez), acaban perdidos en una gresca y un laberinto de cloacas sin mucho sentido. 

El final de la primera parte de la película nos avisa del despiste. El camarero elucubra sobre si esta extraña situación es sólo un sueño o si han sido abducidos. Otro cliente deja caer la posibilidad de que entre ellos haya un terrorista que es al que están cercando. Parece una lluvia de ideas de lo más indecisa. Tampoco los siguientes giros argumentales y situaciones revelan mayor inspiración. 

De pronto aparece un cadáver infectado por enfermedad contagiosa, pero enseguida queda olvidado en un rincón. El whodonit pasa a ser un paquete de dosis de un antídoto contra no se sabe qué y que tampoco se sabe si funciona.  Así que el director tira de su gusto por el exceso, lo salvaje y lo cañí y nos sirve una segunda parte de lo más confusa y baladí. Aparentemente se centra en lo que parece la esencia de la película, quién es cada uno, cuáles son sus fracasos, cómo afrontamos nuestros miedos y cómo reaccionamos cuando hay que elegir y la supervivencia está en juego. Pero entre bromas y veras todo el drama se ha ido ya al garete y todo conduce hacia un final de apariencia salvaje, pero intrascendente. 


Y el caso es que la idea viene muy a cuento de los tiempos que corren: miedo a los terroristas, miedo al inmigrante, miedo al vecino, intransigencia con otras ideas políticas, sociales o religiosas.   "El bar" se constituye como una parábola necesaria sobre la deriva a la que nos arrastra el miedo: hacia un individualismo voraz. De la Iglesia no solo es un cineasta dotado, sino también un guionista que le gusta analizar la sociedad que le ha tocado vivir. En sus películas rastreamos tramas que desmenuzan con acidez la codicia, los celos o la vanidad. Tirando de los miedos que transforman a las personas haciendo aflorar sus bajezas, se ha quedado en algo demasiado superficial. Un café muy descafeinado.