jueves, 14 de noviembre de 2013

DE ÓXIDO Y HUESO - de Jacques Audiard

-De rouille et d´os-
Francia-Bélgica, 2012







Cada hora la vida te hiere.-

He sufrido una pequeña decepción con esta película. El director de El Profeta cambia de registro y se aleja del mundo criminal para rodar un drama.

Lo peor es que se pretende desgarrado, pero es muy contenido y sólo se asoma al abismo. Más pendiente de lo formal, en algunos momentos su pretensión frena el impulso emocional.

La película se centra en dos protagonistas: Alí es un tipo marginal que tiene que hacerse cargo de su hijo de 5 años. Sin expectativas de ningún tipo llega desde Bélgica a la Costa Azul para acoplarse en casa de su hermana. En medio de la precariedad logra un trabajo como segurata. Mientras tanto Seraphine, entrenadora de orcas en un parque acuático, sufre un accidente en el que pierde sus dos piernas de rodilla para abajo. Un encuentro fortuito unirá a estas dos almas dolientes. 

Él es un brutote con nobleza que en muchas ocasiones se ha ofuscado con la vida. Tiene una energía desbordante y aprovecha su pasado como boxeador para ganar dinero extra en peleas ilegales. A ella el accidente la ha arrinconado en casa. No tiene ganas de nada; pero poco a poco el  vitalismo elemental de Alí la arrastrará de nuevo a la vida.

Como se ve, una historia de redención y superación que apenas va más allá de unos planos con ínfulas de trascendencia. Aunque es cierto que en ningún momento busca el melodrama, ni la compasión. Es un drama correcto cuyo mejor valor es la veracidad de sus planteamientos. También la pericia técnica en las escenas donde Marion Cotillard aparece con las piernas amputadas. A las prótesis mecánicas que le implantan hace referencia el título, poético y sugerente como pocos.

Lo más atractivo es el contraste entre estas dos personas tan disímiles. La cinta contiene dos momentos de intensa emoción que, curiosamente, comparten un cristal de por medio. La visita de Seraphine a la orca que le amputó las piernas, su reconocimiento y perdón. Y cuando Alí se destroza los puños golpeando el hielo para salvar a su hijo en un lago helado.















Se me queda en la retina el personaje de Alí -gran interpretación de Matthias Schoenaerts-. Es pura energía vital y escaso raciocinio. Las mujeres pasan por su vida sin más, con la misma indiferencia que muestra por su hijo. Pero un accidente le hará descubrir su necesidad de él. 
Alí vive la vida a grandes sorbos. Cuando sale de las peleas a puño descubierto está rebosante de adrenalina. Así se quiere reconocer. Siendo un tipo hosco y cerrado sobre sí mismo nos acaba imponiendo su presencia. Pero la película no profundiza lo necesario. 

LA CAZA - de Thomas Vinterberg







El hombre acosado


Seco y cortante como la arista de un hielo se presenta este film sobre el terremoto personal y social que causa una calumnia.

Lucas es un recién divorciado que está recomponiendo su vida. Trabaja como profesor en una escuela infantil, acaba de comenzar una nueva relación e intenta restablecer lazos con su hijo adolescente. Pero una imaginativa niña desliza a una profesora un posible abuso sexual.

A partir de ese momento la vida de Lucas se convierte en tormento. Una insidiosa mancha de aceite comienza a impregnarlo todo. La histeria colectiva se va extendiendo hasta desembocar en una irreversible condena sin investigación ni base.

Lo mejor de la película es la exposición desapasionada pero rotunda de los hechos. Sin morbo alguno Vinterberg mira de frente a los mecanismos descontrolados de los prejuicios. 

Lucas es condenado al ostracismo: no quieren que acuda al trabajo, le impiden relacionarse o entrar en cualquier casa e incluso le impiden hacer la compra en el supermercado.

La idealizada Europa del Norte, con su avanzada organización social, nos ha mostrado los últimos años su lado más oscuro. Los crímenes y las corrupciones han aflorado en una novelística que ha terminado creando escuela. También el cine se asoma a sus demonios.

La película posee tal franqueza y los comportamientos nos son tan cercanos, que acabamos sintiéndonos incómodos: ¿cómo hubiésemos reaccionado ante un caso semejante? La pederastia es asquerosa y vil; pero la tantas veces proclamada alarma social nos puede convertir a todos en miserables. 
Me recuerda en sus ecos a La duda. La maledicencia y la condena se disparan con demasiada facilidad.  

La lucha de Lucas es agobiante. Está absolutamente solo y nada de lo que diga o haga servirá. La caza de brujas es total. Dos pinceladas para completar el cuadro. Esa calvinista comunidad siente amor por la caza y hasta practican pequeños ritos de iniciación con los jóvenes. Todo esto se convierte en una metáfora. Y la escena de la iglesia. Allí Lucas explota y se enfrenta a la comunidad reunida mientras rezan hipócritamente por sus almas. 

El guión tiene el acierto de la medida exacta. No carga las tintas y gradúa con sutileza tanto la atmósfera irrespirable como la desesperación de Lucas. Otro de los aciertos indudables es el papel de la niña. Su comentario fue leve y desea seguir jugando con Lucas. Sabiamente queda exonerada en su inocencia. La mirada se centra en las reacciones del mundo adulto.
Tobías Lindholm es quien escribe el libreto; guionista también de otra obra de Vinterberg, la notable Submarino, un drama un tanto sórdido del que me quedó grabada su desesperanza.

Mads Mikkelsen obtuvo, con todo merecimiento, el premio al mejor actor en Cannes 12´. Su rostro aparentemente pétreo logra imponernos su angustia psicológica y la opresión a la que está sometido.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Las mentiras de la noche

de Gesualdo Bufalino







Muchas menos que las cien noches del Decameron, cuatro reos comparten su última noche antes de la ejecución. Son seguidores del Padreterno, el secreto líder de los carbonarios que confabula para derrocar al rey en la Italia decimonónica.

En una fortaleza rodeada de precipicios y mar, compartirán sus últimas horas con fray Cirillo, un bandido sanguinario que durante años asoló el país. El Gobernador ansía la identidad del Padreterno y para esa noche prepara una última celada. Dispondrán de una urna sellada y avío para escribir. Con uno sólo que escriba el nombre secreto se salvarán todos. 

Así que para huir de "la pestilencia de la muerte" y la traición deciden intercambiar historias. Deberán elegir la "más memorable que pueda dar sentido a su vida", la que guardarán bajo los párpados en el postrer instante.

Bufalino escribe profuso como un denso brocado; sus párrafos son barrocos y hermosos. El alma y sus pasiones alimentan cada página. Como un demiurgo teje las historias, evoca los lances y espera que el embriagador perfume de los duelos, amores y pasiones nos hechice.
"Crecido en la fe de una Fuerza y de un Espíritu eternos, pero sintiéndome excluido desde un buen principio del consorcio de los hombres,  yo siempre había advertido dentro de mí un vacío, una especie de cavidad sin fondo, que me correspondería colmar con violencias, desobediencias, venganzas. Contra quién, no sabía; pero, naturalmente encendido de ánimo y propenso a creer que cualquier placer es un delito pero que ningún delito es culpable, me había rendido gustosamente a los paroxismos de la voluptuosidad, buscando en ella más una ocasión de desafío que una señal de castigo. Sólo para no tardar en darme cuenta de que se consumaban ambos, el castigo y el desafío, en mí mismo, intransitivos. " pág 124 
Salvador Dalí -Laberinto-



















Las aventuras se adoban con disquisiciones sobre la vida y la muerte. El autor se mueve a gusto entre lo metafísico y lo aforístico:
"Vivir no me gusta y no me gusta morir"
"No me lamento: curioso de la vida, no lo soy menos de la muerte"
"(Al barón) más de uno le debía la vida, aunque esta vez la muerte".
"Convencido de que ella era mía, a partir del momento en que yo era y me sentía suyo".
"Cualquier insurrección empieza con una saciedad y con un hambre" (Hartos del rey y famélicos de pan).

Un barón, un soldado, un poeta y un estudiante comparten suerte. Narciso, el estudiante, narra su primer e idealizado amor, cuyo fuego se acrecienta en el secreto. La mismísima Vanina Vanini, que Stendhal inmortalizara en sus maravillosas Crónicas Italianas, extiende un salvoconducto a su amada. Y a fe que estas nuevas crónicas no le van a la zaga a aquellas en prisiones, revueltas y pasiones. 

El barón por su parte, evoca el vacío de su alma contrapuesto a la vitalidad de su hermano gemelo. Muerto éste en un duelo en París, lo suplanta resuelto a vivir la aventura revolucionaria.
Mientras el soldado, nacido de una violación y abandonado en un convento, relata la búsqueda de su fortuna y venganza en las armas, donde encontrará a su odiado padre.
"Allí estaba, consanguíneo e ignorante, el costado del que fue mi semilla; allí, su boca cruel, tan parecida a la mía; allí la huella sobre su carne de los dientes de una fierecilla asaltada... Un odio me vino a la boca, tan total y perfecto como para hacer pensar en un amor. Pero inmediatamente volvía a ser racional, frío, un soldado que con aceite e hilachas abrillanta su fusil en la víspera de una batalla." pág 127
Finalmente amanece y un inopinado Diabolus ex machina acecha la representación. La noche conspira entre verdades y mentiras. Bufalino cierra el baile con un brillantísimo coup de théâtre que nos convierte a todos, prisioneros y lectores, en meros comparsas.  El destino y la vida se tornan a veces ininteligibles. El mismísimo Gobernador duda del alcance de la verdad que acaricia.
"Nosotros los hombres ¿qué somos? ¿Somos verdaderos, somos pinturas? ¿Tropos de papel, simulacros, increados, inexistencias llegadas al escenario de una pantomima de cenizas, burbujas sopladas por el canuto de un prestidigitador enemigo?
Si es así, nada es cierto. Peor aún: nada es, cualquier hecho es un cero que sólo puede salir de si mismo. Apócrifos todos nosotros, pero apócrifo también quien nos dirige y refrena, quien nos mal junta o divide: metafísicas nadas, nosotros y él, mezclados a capricho por un reincidente extravío; narizotas de carnaval sobre cráneos llenos de agujeros y de ausencia... Hace un año vi un cuadro en París. Representaba un mono en un taller, con el bastidor y los pinceles. ¿Seremos eso nosotros, criaturas de lágrimas? ¿Los garabatos de un mono pintor? ¿cuando no puros fantoches de pie, en medio de una habitación, multiplicados por dos espejos enfrentados...? " pág. 183


Gesualdo Bufalino fue profesor de Instituto y sobretodo lector impenitente. Cuando publicó su primera novela tenía 61 años. "¡Qué maestro este don Gesualdo!", saludó Leonardo Sciascia ante la aparición en 1981 de Perorata del apestado. Todo un triunfo de un autor secreto que, como tal, se presentó en sociedad con un estilo ya depurado. Barroco y metafísico; sin duda humanista. A esta obra y a la reseñada se añadirán otras entre las que destacan Argos el ciego y Calendas griegas. Cuatro novelas magistrales. Murió en 1996, en un accidente de coche. Contaba 76 años.

martes, 12 de noviembre de 2013

Es allí a donde voy

de Clarice Lispector



            Más allá de la oreja existe un sonido,
            la extremidad de la mirada un aspecto, 
            las puntas de los dedos un objeto:
            es allí donde voy.

            La punta del lápiz el trazo.
            Donde expira el pensamiento hay una idea,
            en el último suspiro de alegría 
            otra alegría,
            en la punta de la espada la magia:
            es allí donde voy.

            ¿O no voy? Voy, sí.
            Y vuelvo para ver cómo están las cosas.
            Si continúan mágicas.
            ¿Realidad? Te espero.
            Es allí donde voy.

            En la punta de la palabra está la palabra.
            Soy un yo que anuncia.
            No sé de qué estoy hablando.
            Estoy hablando de nada. Yo soy nada.
            Es hacia mi pobre nombre adonde voy.

            En la extremidad de mí estoy yo.
            Yo, implorante, yo, la que necesita,
            la que pide, la que llora, la que se lamenta.
            Pero la que canta. La que dice palabras.
            ¿Palabras al viento? Qué importa, los vientos
            las traen de nuevo y yo las poseo.
            Yo al lado del viento.


                                                          Clarice Lispector, en el cuento Es allí a donde voy,
                                                                                                                           del volumen Silencio

lunes, 11 de noviembre de 2013

Y amanece la muerte

de Jim Crace











Concluyo la lectura un poco perplejo. ¿Qué ha pretendido el autor? En la primera página relata el asesinato de dos zoólogos cincuentones y en el resto de la obra conocemos su historia. Lo que ocurre es que se trata de dos vidas anodinas, muy poco estimulantes. La propuesta se centra pues en un ejercicio, el de invertir la flecha del tiempo en estas vidas segadas. 
"Iniciar su viaje cuando desembarcan y luego llevárselos de vuelta al punto de partida equivale a una forma de eternidad. Al alba, por lo menos para Joseph y Celice. Una muerte que amanece. Con toda la vida por delante.
Tal vez los doctores en zoología estuvieran fuera del tiempo, pero la memoria, el viaje de regreso, puede rescatarlos de las dunas y arroparlos de nuevo en su lecho mortuorio, todavía dueños de la habitación". pág 16
De este modo la estructura de la novela son capítulos que se alternan. Mientras que unos relatan los seis días que transcurren hasta que los cuerpos son encontrados; en los otros el reloj va atrasando la hora desde el propio crimen en las dunas hasta esa madrugada cuando se despiertan sin saber que será la última.
"Un día vivido de antemano ha huido del futuro en dirección al pasado. Los muertos han resucitado y están acostados en la cama, al amanecer de una jornada que ha invertido el curso del tiempo." pág 231
Valoro una escritura amena y precisa. La psicología de Celice está muy bien retratada, pero la novela es anticlimática. Los materiales narrativos no son despreciables; ahí están apuntados un crimen, una historia de amor demolida por los años, un sentimiento de culpa por la muerte de una compañera o la amenaza de un mal augur en los vientos de la bahía del Barítono. Pero estos aspectos sólo están apuntados, en ningún momento son el objeto de la novela.
La descripción del crimen es minuciosa, pero ni su motivación ni su investigación se afronta. El criminal importa poco o nada.
"No le sería fácil sentir rabia auténtica contra el hombre y la mujer hasta que estuviera más cerca. Entonces, empujado por algún detalle de su ropa o de su rostro, encontraría la furia necesaria para entablar el combate, para envolverlos con su energía. Cuando se mostraba violento (lo había hecho ya dos veces antes) era capaz de comportarse de modo tan franco y desenvuelto como, por ejemplo, un zorro o un grajo. O como un león. Éstos obtenían de su ferocidad un placer desinhibido. Él haría lo mismo." pág. 40
Tampoco la culpa de Celice, que rememora su primer encuentro con Joseph mientras su compañera Festa perece en un fortuito incendio. 
"Aquel fuego, aquella muerte eran culpa de él, y también de ella. La culpa la tenían el amor y la pasión. Una pasión como la de ellos, breve pero lo bastante poderosa para alterar el equilibrio del mundo natural y poner a prueba su sincronicidad. Donde hay sexo hay muerte." pág. 171

Uno de los aspectos más palpitantes de la novela son las meticulosas descripciones. Es notorio que Joseph está suscrito a la revista Entomología. Del mismo modo la personalidad de ambos zoólogos es científica, por lo que muchos capítulos adquieren la textura de un Cuaderno de Campo. Del crimen se nos relata cada golpe y cada hueso al quebrar, el fluir de los líquidos y la postura de cada miembro. Asimismo de la descomposición y las tareas que cada bichito necrófago afronta. Parece como que la zoóloga haya convertido el relato en su clase.
"Tendréis que tragaros dos palabras largas -decía Celice, al tiempo que escribía SENESCENCIA y TANATOLOGÍA en la pizarra. El envejecimiento natural. El estudio de la muerte-. La senescencia es el camino por el cual transcurre la existencia de la mayoría de los seres vivos. Incluidos nosotros." pág 54
El criminal no importa. El asesinato es como un accidente. Se nos invita a intuir que la propia vida es un accidente. Ése es el karma de la novela. El mejor resumen, quizás, sea la página donde Joseph y Celice se enfrentan a los vientos cantarines de la Bahía del Barítono. Han vuelto allí a rememorar su primer encuentro. Conocen sus malos augurios. Quien oiga el cántico del viento sobre la arena será acechado por la muerte. Pero son científicos. A la sabiduría popular que atribuye al rocío predicción de buen tiempo o al nogal fecundo un anticipo de invierno duro, siempre antepondrán una realidad mostrenca.
"la Tierra no es visionaria y no hay que echarle la culpa del futuro. Mira siempre hacia atrás, igual que harían los amantes durante los largos años previos a la muerte, a su agonía en aquel preciso lugar, antes de que se les exigiera un alto precio por su nostalgia. Lo que moldea el mundo es el pasado, el futuro no está en él. Así pues, un rocío abundante sólo indicará que el cielo ha estado claro y se han dado unas condiciones favorables para que se deposite. La superabundancia de nueces de savia no indica otra cosa que la primavera y el verano precedentes fueron propicios para los juglans suca. Y lo mismo sucede con las dunas salinas que cantan. No predicen las desgracias del mundo, se limitan a decir: "Se dan las condiciones correctas para cantar." pág. 208-9

Bien escrito y armado el libro; pero con un interés leve.