miércoles, 20 de mayo de 2015

El Gran MEAULNES - de Alain Fournier









En este maravilloso libro está contenida la magia de la adolescencia enfrentada al misterio de lo desconocido: el descubrimiento del amor y de esa etapa adulta que excita y atemoriza por igual.

El gran Meaulnes es una novela de iniciación y de exaltación. En sus páginas se convoca al amor absoluto. Alain Fournier intentó transmitir "le merveilleux pouvoir de sentir", según escribió a su amigo y cuñado Jacques Rivière.

El palo mayor de este velero es Augustin Meaulnes, un joven grandullón, silencioso y decidido, que se impone sin violencia gracias a su carisma. Por sí mismo producirá un intenso campo gravitatorio alrededor del cual girará todo; el joven François Seurel, fascinado admirador que ejerce de narrador, y el microcosmos entero de un pueblecito francés de finales del siglo XIX: la escuela, los juegos, las escapadas... 

La segunda estrella que brilla en la narración es el Dominio Misterioso, un lugar donde todo es posible, un caserón engalanado de fiesta y sugestión, donde arriba Meaulnes tras un día extraviado por montes y arboledas. Un territorio colmado de promesas -como un Camelot idílico- que marcará de forma indeleble al protagonista. Llegará como un guerrero cansado y harapiento y desde el primer momento reconocerá aquello que se convertirá en su Grial.
"En un recodo del bosque desembocaba, entre dos postes blancos, una avenida por la que se metió Meaulnes. Dio algunos pasos y se paró, todo sorprendido y turbado por una emoción inexplicable. Sin embargo, seguía con el mismo paso fatigado, el viento helado le agrietaba los labios, casi la ahogaba, pero le entró una alegría extraordinaria y casi embriagadora, la certeza de que había conseguido su meta y que ya sólo le esperaba la felicidad." pág 63
La tercera estrella es el atormentado Frantz, un romántico impenitente que huye de la fiesta en el Dominio por causa de amores contrariados.
(Acuarela de  Jean-Michel Skoric) 

Se trata, sin duda, de un libro cargado de emociones, capaz de agitar y suplantar tus propios recuerdos y sensaciones de una forma prodigiosa. En él se cifra una constante exaltación de la aventura y el amor.

El relato tiene un aire onírico y de encantamiento que nos atrapa y con el que es imposible no empatizar. Al contarnos sus recuerdos, Seurel lo impregna todo de una agridulce melancolía. El libro está jalonado por agudos contrastes. El anhelo del ideal enfrentado a la amenaza de la realidad, el dolor de la pérdida al gozo del amor y la amistad. La misma casona de las Sablonnières albergará alternativamente el ensueño y la desgracia. La inocencia de estos adolescentes contrasta enormemente con la intensidad de sus emociones y la firmeza de sus promesas. Resulta conmovedora la pasión con que Meaulnes sacrifica su felicidad  por el compromiso adquirido con Frantz.  Como dice J. M. Valverde en el prólogo:
"Al final la tragedia queda vibrando, abierta: un sueño de la adolescencia, un momento alucinado, un encuentro, la entrada en un caserón que parece hechizado, pueden trastornar toda una vida, dejando una herida de nostalgia que no se cerrará nunca, ni aún con el hallazgo del ser amado y buscado."
Meaulnes aparece como el hombre íntegro, dispuesto a sacrificar todo en la búsqueda de su amor o por una promesa de amistad. En Frantz está personificada la fantasía, el amor romántico y loco que todo lo trastorna. Ivonne de Galais es la mujer ideal y soñada. François Seurel, como narrador, siempre está en el umbral. Los demás lo trapasan y corren aventuras, pero no él. En el reencuentro ejercerá de notario y, hallada Ivonne, para él sólo quedará un amor platónico.
Château de Cornancay

La novela se divide en tres partes. La primera es idílica, refiere la llegada de Meaulnes y el descubrimiento del Dominio. La segunda prueba la frustración de la pérdida del paraíso. En la tercera Seurel encuentra a Ivonne y al Dominio; pero ya nada es lo mismo. La vida ha emborronado el camino. 

La acción se concentra en sólo tres años, el umbral que conduce de la adolescencia a la primera juventud. 

También Frantz tenía un Dominio propio. Una casa en medio del campo donde jugaba a vivir y a ser un hombre. Esa es la expectativa del libro. Juguemos a ser hombres: fracasemos y triunfemos. Probemos los elixires de la vida, tanto el dolor como la pasión resultan embriagadores.

Incluyendo momentos de una felicidad insuperable, el libro está atravesado por la nostalgia y la sensación trágica de pérdida. El Dominio fue una noche mágica que acabará pesando como una losa. La boda de Meaulnes será una tragedia para Ivonne. El amor exacerbadamente romántico de Fantz causará gran infortunio.

Es un relato en pasado. "Hoy que todo ha terminado, ahora que no queda más que el polvo, de tanto mal, de tanto bien."  Es ineludible la nostalgia. Atisbamos la maravilla, pero, "¡Amargos recuerdos! ¡Amargas esperanzas destruidas!"

Sus páginas nos hacen vibrar con la ebriedad de un amor vitalista y total.
Acuarela de Jocelyne Mate)
Todo en el libro es mágico y se define por una constante e inasible presencia, un rayo de luz que todos llegan a tocar pero que siempre acaban perdiendo. Meaulnes lo es para Ivonne y Seurel, el amor para Frantz o el Dominio para Meaulnes: el atisbo de la felicidad. La vida adquiere así,  la disposición de una profunda búsqueda.
"-Así que Meaulnes, ya no se ocupa de mí? ¿Por qué no responde cuando llamo?¿Por qué no cumple su promesa?
-Vamos Frantz -respondí- ha pasado el tiempo de las fantasmagorías y las niñerías. No estropees con locuras la felicidad de los que quieres, de tu hermana y de Augustin Meaulnes.
-Pero sólo él puede salvarme, lo sabes muy bien. Sólo él es capaz de volver a hallar la pista que busco." pág 213


Alain Fournier con 17 años
Henri-Alban Fournier -Alain Fournier- murió el 22 de septiembre de 1914, sin haber cumplido los 28 años, en la batalla de Verdún. Tan sólo un año antes había publicado su única novela, El Gran Meaulnes, escrita esforzadamente durante siete años. La novela está impregnada de la vida y del alma del autor. En ella encontramos los avatares más sobresaliente de su vida y sobre todo la sensibilidad profunda con que los recordaba.
Por ejemplo, una mañana de verano de 1905 mientras paseaba por la orilla del Sena conoce a una hermosa joven con la que apenas cruza unas palabras, Ivonne Quèurecourt. Nunca volvió a verla pero su recuerdo permanecerá imborrable. O también que su padre fue secretario de una escuela. Incluso él mismo trató en vano, en dos ocasiones, de superar las pruebas de ingreso en la Escuela Normal Superior. Todo ello se encuentra en esta novela exaltada y conmovedora. 

domingo, 17 de mayo de 2015

CIRCUITO CERRADO - de John Crowley














Aunque se trata tan sólo de una de espías, este Circuito Cerrado se revela como una metáfora de la cárcel en que se están convirtiendo nuestras democracias.

Al concepto de justicia ciega, garante de objetividad, vamos a tener que incorporar un lado oscuro, maquinaria de estado ciega: donde no importan los ciudadanos, la Justicia o la verdad; sino que la estructura del estado prevalezca, aunque sea a costa de inocentes. Una estafa, vamos. 

Porque la película, aunque tiene una trama de intriga que afecta a un secreto de Seguridad Nacional y un sospechoso musulmán, no habla tanto del problema del terrorismo, como de la sociedad que lo afronta. De modo que, si ya de por sí las buenas películas de espías suelen ser amargas y entrañan algún tipo de derrota; esta película además, cabría decir, que es anticlimática. Los dos protagonistas sienten y declaran que no podrán ganar a tan poderoso enemigo.

El comienzo es impactante. Un atentado terrorista en el precioso Borough Market de Londres. Un centenar de muertos, confusión y, en pocos días, un detenido como principal sospechoso.

Los dos protagonistas, interpretados por Eric Bana y Rebecca Hall, serán los dos abogados nombrados por el estado para defender al detenido. El lío judicial pasará a otro nivel cuando descubran que el detenido es un simple títere.

La historia mantiene muy bien el pulso y está rodada con una precisa y elegante puesta en escena. Abundando en la metáfora de que vivimos en un vigilante Gran Hermano, se multiplican los planos de cámaras de seguimiento, a través de ventanas o con abundancia de rejas. Los mismísimos paneles de madera del alto tribunal acabarán erigiéndose en un trenzado de rejas para encubrir la verdad. 

La primera parte se solventa con una rápida investigación que descubre la chapuza de los servicios secretos. Las entrevistas y los primeros escarceos judiciales dan paso, en la segunda, a un incremento de la acción. Los protagonistas irán contra reloj  para impedir que se eche tierra sobre el asunto. 

Toda la causa adquiere un halo de conspiración que afecta  a las más altas esferas. "El secreto es mortal", le dice una periodista al abogado, sin sospechar que para ella será verdad en pocas horas. La sensación de amenaza y opresión se hace presente de forma virulenta en la vida de los abogados. Ciertas miradas que sorprenden, un libro mal colocado en el estante... el aparato del estado tiene sus propias reglas y nadie podrá transgredirlas.
Muy entretenida. 

viernes, 15 de mayo de 2015

MATAR al MENSAJERO - de Michel Cuesta

Se cuenta aquí la historia real de Gary Webb, periodista de provincias en California, que descubre la implicación del gobierno en la conexión tráfico de drogas-ayuda a la contra nicaragüense. Sus artículos destaparon el escándalo de un gobierno que, saltándose el mandato del Congreso, financiaba a la guerrilla de Nicaragua a través de operaciones de narcotráfico.


En el verano de 1996, el periódico Mercury News de San José, California, publicó tres artículos de Webb dentro de una serie titulada "Dark Alliance" (¡qué gran título!). Tuvieron tanto impacto que la propia CIA tomó cartas en el asunto, utilizando a los grandes medios (los mismos que Webb había dejado en ridículo) para desprestigiar su investigación.


La película es honesta y transparente, hasta necesaria; pero no logra levantar el vuelo por ceñir su foco al drama familiar y personal, dejando las implicaciones políticas y la intriga de la maquinaria del estado en segundo plano. 


Las entrevistas y recopilación de datos están resueltos con cierta ligereza y la CIA sólo aparece en una reunión de par de minutos. Al estar producida e interpretada por Jeremy Renner parece haber preferido el dibujo íntimo y dramático del personaje antes que hurgar en la conspiración del gobierno. Parece evidente que la historia daba para más y que el propio director ha cortado las alas a una historia con unas posibilidades enormes.

De todos modos  esta lucha de David contra Goliath se sigue con interés. Los hechos ocurrían en plena guerra del gobierno Reagan contra la droga mientras, hipócritamente, él mismo introducía enormes cantidades que se vendían en los guettos de Los Angeles. Aquello llegó a producir una verdadera epidemia de crack en California. 


En su libro Whiteout: the CIA, Drugs and the Press, los periodistas Alexander Cockburn y Jeffrey St.Clair, de la web Counterpunch.com, cuentan detalladamente cómo Webb fue víctima de una verdadera campaña destinada a destruir su reputación. 
El Washington Post, el New York Times y el Los Angeles Times se distinguieron en este trabajo sucio: «El ataque contra Gary Webb y sus artículos del San José Mercury News queda como uno de los asaltos más venenosos y objetivamente ineptos contra la capacidad profesional de un periodista en la memoria viva. En los medios principales, casi no encontró defensores y los que se atrevieron a manifestarse en su favor fueron objeto a su vez de virulentos abusos y tergiversaciones».


No deja de resultarme paradójica la situación. Siempre he admirado el papel de la prensa en EEUU como cuarto poder, garante  último de la denuncia ante los abusos de poder. Ahí están para recordarlo, películas tan notables como Buenas noches y buena suerte, Todos los hombres del presidente o El dilema. Pero también hay películas como Network. Un mundo implacable de Sidney Lumet, que habla de la corrupción de los medios en aras del puro negocio: «ustedes no van a enterarse de la verdad por nosotros. Les diremos cuanto quieran oír», dice el desesperado presentador que siente náusea por su papel.

En los últimos años hemos podido ver bastante de esto. Como por ejemplo la connivencia de los grandes medios con el gobierno Bush para apoyar un guerra ilegal de infaustas consecuencias. O la falta de independencia que afrontan hoy los grandes diarios debilitados por la crisis y el impacto de internet.

La verdad que Gary sacó a la luz era espeluznante y escandalizó sobretodo a la comunidad negra de EEUU, destinatarios finales de aquellas sustancias. Pero los grandes medios de comunicación en vez de continuar la investigación abierta, se centraron en destruir la reputación de Webb. The New York Times, Los Angeles Times y The Washington Post, en un raro caso de unanimidad, publicaron cartas de rechazo al trabajo de Webb. Jerry Ceppos, director del Mercury News, publicó asimismo un escrito renegando de los reportajes, argumentando que no respondían a los estándares de calidad del medio. 
El periodista no fue despedido pero sí trasladado a un diario menor del grupo, donde acabó escribiendo esquelas hasta que renunció al puesto. Justo al cumplirse siete años de la renuncia, el 10 de Diciembre de 2004, a los 49 años, se encontró su cadáver en un barrio residencial de Sacramento. Su muerte sigue estando rodeada de controversia. Fue investigada por el forense Robert Lyons que emitió rápidamente su conclusión: suicidio. El hecho es que tenía la cara destruida por dos proyectiles de revólver calibre 38. El sentido común nos dice que nadie es capaz de pegarse dos tiros para suicidarse. La verdad muchas veces es dolorosa y a veces sale muy cara.
Pese a las presiones en contra, Webb fue a recoger el Premio que la Asociación de Periodistas le había otorgado al calor del éxito inicial de sus reportajes. En su amarga alocución encontramos la esencia del periodismo: 
"-...Eso es lo que hace el periodismo de investigación: levantar ampollas. Aunque no me despidieron, ni mis directores me dejaron tirado; y eso fue porque no había escrito nada hasta ahora que importara a un montón de gente, tanto que daba miedo.
No voy a retractarme, a quedar bien para salvar mi trabajo; porque creía que mi trabajo... creía que mi trabajo era contar la verdad, los hechos...gustaran o no. Que al leer esos hechos, la gente cambiaría su forma de ver las cosas, a sí misma y lo que apoya...¡Pobre de mí! Esto es lo único que siempre soñé con hacer, y durante un tiempo, mucho tiempo, fue un gran honor. "
Gary Webb















Gary dijo en una entrevista: "La gente tiene que conocer estos hechos, no solo para entender lo que pasó, sino también porque hay que pedir cuentas".

sábado, 9 de mayo de 2015

El MAL MENOR - de C. E. Feiling












Tan inocente nos parece dormir que no sospechamos el terror que acecha. Feiling se propone desvelarlo.

Esta novela es toda una rareza en el panorama literario hispánico. Sin complejo alguno se adscribe al género del horror y hay que decir que lo borda. No sólo entronca con la tradición más fructífera del terror, como la casa maldita, el desdoblamiento Jeckyll/Hyde, el terror cósmico o el alumbramiento de la bestia; sino que lo hace con todo desparpajo en un Buenos Aires plenamente contemporáneo y con una voz narrativa muy personal, dinámica e irónica.

La novela comienza alternando dos puntos de vista, el de Inés, contado en primera persona, que se acaba de mudar de piso y se estrena con una horrible visión sobrenatural. Y el de Nelson Floreal, un echador de cartas. Ambas líneas confluirán mediada la novela ya que Nelson e Inés deberán unir fuerzas para luchar contra un maligno invasor.

La cosmogonía que maneja Feiling es sencilla, muy bien definida y de articulación tremendamente eficaz. En el mundo real de la Vigilia vivimos los soñadores, ajenos a la amenaza de seres que nos pretenden invadir, los visitantes. El muro que lo impide es el Cerco, una barrera metafísica vigilada por doce arcontes que se distribuyen por el mundo para preservar la normalidad. La visión de Inés se corresponde con un prófugo que ha abierto una brecha en el Cerco. Los arcontes habrán de sellarla, pero están en un momento de transición. Uno de ellos ha muerto y la madre de Nelson Floreal, también arconte, agoniza mientras intenta transmitir sus conocimientos al hijo.
"Los sueños son reales. Mientras dormimos, nuestro cerebro, desprovisto de estímulos externos, necesita contarse historias porque de lo contrario su inactividad le resultaría dañina. Estas ficciones de la mente, con todos sus personajes, objetos y espacios, subsisten durante un tiempo -lo que dura el sueño- en una zona o dimensión paralela a la de la vigilia. El acceso de una dimensión a la otra no es imposible, pero supone un esfuerzo de la voluntad que está ausente de los personajes del sueño, que por lo común sólo ejecutan su papel, o que una persona de la vigilia sepa cómo cruzar del otro lado y desee hacerlo, ya que nadie ha vuelto de allí con sus facultades intactas. 
Hay una tercera zona o dimensión llamada El Cerco. Es la frontera entre las otras, y la que garantiza que el mundo tal cual lo conocemos siga existiendo. En cualquier época de la historia humana ha habido doce personas, por lo común mujeres, que tienen el deber de preservar El Cerco. Son los arcontes, los que nunca sueñan."
Distopía espectral de Alexander Arroyo
Los arcontes tienen que aprender a no soñar ya que han de vigilar los terrores y fantasías con que sueñan los demás. Como le dijo uno de ellos a la madre de Nelson: 
"Los soñadores, Adela, sólo pasan el día en este mundo. Por eso está hecho un kilombo, porque lo tratan como a un cuarto de hotel. Nosotros venimos a ser la mucama, que cuando se van los huéspedes limpia la mugre."
A pesar de inscribirse en una literatura de género, la obra es tremendamente innovadora: la forma de contar es realista, los personajes desarrollan una actividad muy ordinaria (Inés regenta un restaurante y duda si llamar novio a su compañero. Nelson es tarotista), la narración es muy directa.
El desarrollo de la acción es impecable. Comienza con una situación absolutamente cotidiana y personal (la mudanza) para ir ascendiendo hasta elucidar el destino de la Humanidad. Todo ello sin alterar el tono cuando se pasa de lo habitual a lo sobrenatural. De hecho el estilo narrativo tiene un aire de novela negra derivado del relato en primera persona y la presencia de sexo, alcohol y drogas (Inés es cocainómana).

Según Ricardo Piglia escribió en La Nación:
El mal menor no es un relato de terror sino un relato sobre el terror. Algunos protagonistas inolvidables de la novela son los que se mueven en un mundo aterrador y ven lo que otros no ven, y sufren las consecuencias de su sombría clarividencia. Son los arcontes , un grupo de iniciados que lucha contra una ominosa y atroz pesadilla de la que tratan de preservar a los inocentes que pueden caer también bajo la sombra vengativa de los prófugos y los visitantes. El apasionado lector asiste así con lúcida emoción a las apariciones del horror que deambula por las calles y las casas de ciudades diversas, en un relato de suspenso que se expande, como en un sueño, de Buenos Aires a La Habana, de Londres a Nueva York.
"En una noche de invierno, la casa de Nelson Floreal se asemejaba a cierto Magritte..."
La novela resulta absorbente, redonda y divertida. La trama fantástica está contada de forma realista y salpimentada con lúcidas observaciones que atañen tanto a las relaciones de pareja y la obsesión de los hombres con la fellatio o a la Revolución cubana y a los nacionalismos europeos. Los personajes que pueblan el libro son seres comunes, incluso cobardes, destinados sin embargo a una tarea titánica de enfrentamiento con el mal. 

El localismo es muy acusado tanto en las expresiones -muy argentinas- como en la ubicación de la peripecia, entre los barios de San Telmo y San Cristóbal de Buenos Aires. Pero este localismo ejerce un perturbador contraste con la tarea metapsíquica que han de afrontar. 

Las situaciones de terror están descritas de forma sencilla y muy vívida. Sobresalen la de Inés en la bañera cuando es despertada por un "olor nauseabundo, como una mezcla de excrementos animales, azufre y sábanas de enfermo", además de un intensísimo frío, mientras observa el giro del picaporte. También la del avión camino de La Habana, con la transformación monstruosa del pasaje; o el ataque al novio de Inés por una sustancia gelatinosa en el Hospital. La incursión del prófugo en Londres a cuenta de una Mrs. Murdoch que ejerce el liderazgo de los arcontes, acaba de dar al relato su dimensión universal. 

Uno de los aspectos más interesantes de la novela es la implicación de Inés con el prófugo diabólico. Éste utiliza las pesadillas de ella para fortalecerse ("Una brecha es como que anda siempre siguiendo a la persona que tiene pérdidas, nunca la vas a encontrar muy lejos de ella aunque el prófugo mismo se mueva mucho"). Incluso en el enfrentamiento definitivo en el plano incorpóreo de El Cerco, el prófugo se alimenta del fuego metafórico de Inés para vencerlos: la pesadilla de un perro monstruoso defendiendo la grieta del Cerco y que en un momento dado le suelta esta inquietante frase: "Vos sos la que te mastica en sueños".

La novela ejerce un formidable crescendo y detona en un sorprendente final que supone todo un tour de force. El invasor que ha producido la brecha y que hemos visto sembrar el caos a lo largo de la novela se convertirá realmente "en el menor de los muchos males, de sus propios males, que han de llover sobre los soñadores."  


Es curioso cómo a los pocos días de subir el post sobre el poema Los Justos, que recrea la tradición judía de los Lamed Wufniks -treinta y seis hombres rectos cuya misión es justificar el mundo ante Dios-; la mariposa de mi mano se posó en la librería sobre el volumen El mal menor.
"-Lamed-VaV Tzaddikim.
-¡Sí, tal cual! ¿Conoce la historia?
-Me interesa todo lo que tenga que ver con el ámbito... digamos de lo religioso. Soy antropólogo, bah, y estoy haciendo un trabajo sobre el tema. Según la tradición hasídica, en cada generación hay treinta y seis hombres justos... o píos, no sé bien cómo se traduce. Nadie conoce quiénes son, pero si ellos no existiesen Dios permitiría la ruina del mundo. Hay otra palabra...Nish...-Tzaddik Nistar, un hombre santo oculto. Los arcontes, como le conté, son doce, y por lo general mujeres, pero ese cuento judío tiene algo de verdad."



El mal menor  fue publicada en 1.996. C. E. Feiling murió en 1997 sin concluir su empeño de abordar un género diferente en cada libro. Esta brillante trayectoria cuenta con un policial El agua electrizada; un relato de aventuras, Un poeta nacional; y el presente de terror. A ellos se suma un singular libro de poesía titulado Amor a Roma. Dejó inconcluso su proyecto de novela fantasy, La tierra esmeralda.

En el artículo señalado, Piglia reflexiona sobre la lucidez y personalidad de Feiling a la hora de adoptar los géneros:  
"La experimentación a partir de los géneros es una de las grandes vías de renovación de la novela contemporánea. Los géneros menores son vistos como formas de literatura potencial a la manera del grupo Oulipo de Georges Perec: el narrador acepta una serie de restricciones y de fórmulas previas que le permiten una invención a la vez más controlada y más abierta."

miércoles, 6 de mayo de 2015

EL ORIGEN del MUNDO - de Pierre Michon















-Le Grande Beune- es el título original de esta obra que Ernesto Hernández Busto reseña en el blog, Penúltimos días.


"Cada libro de Michon es para mí como una fiesta privada. He comprado, incluso, vinos especiales para acompañarlos. (Con el molesto resultado de leer, exultante, un centenar de páginas… de las que, sin embargo, al otro día sólo me queda un vago recuerdo aderezado con una profunda resaca).

Me leí tres veces esta noveleta (una de ellas, con no poco trabajo, en su idioma original). Es un volumen “raro”, incluso dentro del corpus de este escritor —ya un poco raro de por sí. Tal vez sea el libro más “novelesco” de los suyos, aunque Michon no es nunca novelesco a la manera, digamos, de Tournier. Llevo varios años leyéndolo, una y otra vez, para descifrar los acertijos de su “técnica”. Pero he sacado poco en claro, además del placer. Aún no entiendo cómo hace para contar de esa manera, fluida y densa al mismo tiempo. “No puedo escribir sin cantar”, dijo alguna vez. Y esa parte “cantada” de su prosa evade las definiciones tradicionales sobre la “buena escritura”. Veo a Michon como la encarnación de aquel ideal flaubertiano de una novela que no tratase de nada propiamente, y que se sostendría sólo en el estilo, en el “canto”. Pero siempre se las arregla para tejer historias fascinantes, hipnóticas. Desde luego, es un tipo de escritor que sólo podría existir en francés, como Gracq, Ponge o Pierre Bergounioux, tal vez el más reciente representante de esa estirpe.

El “Gran Beune” es el río de la Dordoña que baña Castelnau, un pequeño pueblo donde el protagonista de estas páginas llega a ejercer como profesor, justo antes de hacer el gran descubrimiento erótico de su vida: Yvonne, la mujer que atiende el estanco de tabaco. De ella sabemos que tiene “entre treinta y cuarenta años”, que es de piel muy blanca y caderas abundantes, que sus manos son casi perfectas y que en su rostro sin afeites, “desnudo como un vientre”, unos ojos claros contrastan con el cabello negro como un ala de cuervo… Cuatro o cinco frases después de que aparezca ya la amamos, de la misma manera desesperada que la ama el narrador.

Novela del deseo total, de la más delicada lujuria y del amor más trascendente, todo al mismo tiempo; relato de la sangre que se atropella ante la belleza madura, y de la herida memoriosa de un deseo no consumado. Suprema delicadeza narrativa para trasvasar algo sumamente íntimo, masturbatorio. Y de la misma manera que hay algo rotundo en la aparición de esa mujer recordada (“No creo en las bellezas que se van revelando poco a poco; sólo me importan las apariciones”), también hay algo rotundo y funcional en cada palabra de este libro apasionado y preciso. Son las palabras de un sabio, ya de vuelta de una vida que nosotros apenas vislumbramos. Un sabio que recuerda —y añora— ese deseo en vilo del que brotan sucesivos encantamientos verbales. Todo lo que dice este narrador sobre la pasión me hizo caminar varios días en estado de gracia. Me trajo noticias de un erotismo que yo nunca he logrado alcanzar, o apenas por momentos, como revelación de una nueva lengua de la que conocemos sólo los rudimentos; un goce primitivo y esencial que olvidamos hace mucho tiempo, mientras nos empeñábamos en ejercicios de posesión.

Hay tres grandes escenas en este libro de apenas 80 páginas: la primera descripción de Yvonne, objeto del deseo y tormento; la reflexión sobre la infancia y los celos infantiles que propicia un niño en bici, y el descenso final a la caverna de las pinturas rupestres, donde tendrá lugar el descubrimiento del arte a través de la comunicación con lo arcaico, un rito de pasaje propiciado por el Eros.

Historia íntima que se vuelve prehistoria: no conozco ningún otro escritor vivo capaz de esa magia."