viernes, 21 de octubre de 2011

The Company

Miniserie de TV que cuenta en tres capítulos de hora y media la historia de la CIA desde el fin de la segunda Guerra Mundial hasta la caída del muro de Berlín.

Mantiene un buen nivel narrativo gracias a que está basado en una novela de Robert Littell, tiene una ambientación muy conseguida (producción de Ridley y Tony Scott) y un contrastado elenco en el que sobresale el trabajo de Alfred Molina y un renacido Michael Keaton.

El primer capítulo es el más conseguido. Nos presenta a tres amigos que recién acabada la Universidad son captados, dos para la CIA y uno para el KGB dado su origen ruso. En plena guerra fría, en el Berlín dividido por las potencias ocupantes comienza "El Gran Juego". La trama con traiciones, mensajes cifrados y un topo en el MI6 está muy bien elaborada y el paisaje de escombros y calles sombrías muy conseguido.
El segundo capítulo es el más flojo, con una representación muy funcional y escueta de las revueltas de Hungría posteriormente aplastadas por el Kremlin y del desastre de Bahía Cochinos en Cuba.
El tercero vuelve a tener una potente intriga al dilucidarse las sospechas sobre un topo ruso en el más alto estamento de la CIA. Los tres amigos vuelven a tener su destino trenzado los unos con los otros. Buena.

Jadzhi Murat

de  León Tolstoi

Este libro es un regalo en su concepción. Hay que agradecer a la estupenda editorial Nórdica la publicación de estos dos extraordinarios textos en un formato tan elegante, con una tipografía y un papel dignos de elogio.

Jadzhi Murat es un relato terso en su escritura y palpitante en su peripecia que nos presenta a un orgulloso e íntegro guerrero sometido a los avatares de las guerras. Es famoso el preámbulo donde Tolstoi paseando encuentra un "cardo tártaro" en flor. Al intentar arrancarlo para añadirlo a un ramo, el cardo se resiste, lastima sus manos y finalmente queda mustio. Esta anécdota le inspira el recuerdo y el valor de Jadzhi Murat.  Aparte de los valores literarios, me llama la atención que la obra trate de un guerrero checheno luchando contra los rusos, tal y como casi ayer mismo podíamos leer en el periódico, ¡siglo y medio después!

Es una novela crepuscular que comienza con la huida del héroe para unirse al enemigo ruso. Los enfrentamientos entre clanes chechenos son constantes y la obligación de la venganza los somete a un eterno círculo belicoso.

A pesar de ser una novela corta centrada en la última parte de la vida del guerrero tártaro, Tolstoi nos brinda todo el espectro de estas guerras, desde el más humilde soldado hasta el orgulloso emperador.  En una reyerta un soldado anónimo resulta herido y Tolstoi nos conduce hasta su cama de moribundo y nos refiere los problemas en los que está sumida su familia.
Igualmente el narrador nos hace acompañar a la misiva que anuncia la entrega de Jadzhi Murat al zar Nicolás I. Con ella penetramos en el palacio y asistimos a las rencillas y miserias de los ministros y del propio zar, voluble e incompetente. Y volvemos con la misiva de órdenes imperiales y el propio Jadzhi a  la frontera.
Jadzhi es prisionero de sus tradiciones. Debe vengar la muerte de su Jan, lo que le lleva a enfrentarse al imán Shamil. Es un héroe solitario, orgulloso y justo, que obtiene el respeto incluso de sus enemigos.

Ambos relatos asumen la fatalidad. En un momento dado le preguntan a Jadzhi qué le va a ocurrir y responde ocurrirá lo que Alá quiera que ocurra.  En  El cupón falso, cuando un asesino sale de la cárcel y le auguran su vuelta, se encoje de hombros y dice: Bueno, ocurrirá lo que tenga que ocurrir.

Tolstoi expone magistralmente la acción, no juzga a sus personajes. Hay crímenes, se multiplican los borrachos y ladrones pero él sólo expone el curso de los acontecimientos.
La religión está presente en ambos relatos. Jadzhi rezando sin saltarse ninguna hora. En el segundo, el sastre prisionero crea una secta donde siguen rectamente las enseñanzas de Jesús, adorando a Dios "en espíritu y verdad" (pág 265). El clero oficial maniobra para aherrojarlos: hay que obedecer ciegamente a los popes y adorar los iconos de madera.

El cupón falso es una obra de filigrana. La falsificación del cupón es la espoleta. A partir de ahí las acciones de unos implican a otros y como resultado provocan un cambio que afecta a terceros, etc. De este modo vamos conociendo a multitud de personajes: unos se abocan al fracaso y la bebida, otros triunfan, unos medran, otros caen en la depravación. La lista es interminable, todos bien trabados se cruzan en algún momento y a partir de ahí conoceremos sus andanzas. Al final el destino los va congregando alrededor de una cárcel y un juicio: el juez resulta ser aquel estudiante que inicialmente falsificó el cupón.

En ambos relatos Tolstoi nos presenta hombres libres, de moral superior.
"(El juez) había intuido que aquel hombre aherrojado, con la cabeza rapada, conducido y escoltado por dos soldados, era un ser humano completamente libre y muy superior a él desde un punto de vista moral" (pág. 273)

Jadzhi Murat también es un hombre libre que sigue la ley inveterada y natural. Es recibido por los príncipes y comandantes como un ser ajeno a las miserias terrenales, a las rencillas miserables.

Muchos personajes se encuentran descolocados. "Era consciente de la falsedad de su posición"(pág.287). La joven Liza que quiere deshacerse de su dinero y ser pura. Misail, el profesor de religión del instituto que, aun habiendo perdido la fe, acaba mirando para otro lado con tal de ascender en el escalafón. Incluso cuando aparece el zar en ambos relatos, es consciente de su falsedad. Admite que sólo tiene a su favor el aparato del cargo, y se reconoce moralmente incompetente, para acabar escudándose en "la ley es la ley" y lo que él diga, por injusto que sea, ha de ejecutarse. 

La forma de narrar de Tolstoi es diáfana, directa aunque relate hechos terribles. El resultado es de una viveza y hondura ejemplar.

El Arbol de la Vida

de Terrence Malick

Anoche fui a ver la película y esta mañana me desayuno con que en algunos cines se están devolviendo las entradas a quienes se salen aburridos, desorientados y hasta cabreados. Alucinante.

Bueno, pues la película es valiosa, rica, sugerente y sobre todo poética. No es una obra maestra, está desequilibrada. Tiene un exceso de imágenes que siendo maravillosas resultan reiterativas. Lo que ya se está llamando el "National Geographic" resulta demasiado largo y acaba despistando.

El arco de la película va desde la carta donde se le comunica a la madre la muerte de su hijo, hasta las manos juntas de la misma madre al final, asumiendo por fin la muerte de ese hijo, asumiendo que la vida te da y te quita y finalmente entregándolo. Entremedias queda el dolor de la madre apelando incluso a Dios y la angustia de uno de los hermanos que,  ya adulto, quiere recuperar a su hermano y a su propia infancia.
Es un film abstracto, poético en grado sumo. Hasta tal punto que se olvida de la narrativa convencional. La composición de imágenes y la voz en off nos ofrecen un poema visual, pleno de relámpagos visuales que buscan nuestras emociones.


La película tiene tres partes. La inicial donde se plantea la muerte del hijo y el dolor de la madre. La central donde recuperamos aquella infancia plena de aromas con un padre violento de tan recto y un niño (de mayor Sean Penn) que va descubriendo la vida y sus propias pulsiones.  Y finalmente la tercera, de intensa emotividad. La angustia que nos transmite Sean Penn es honda y su acceso a ese "limbo" donde se reencuentra con sus padres  y hermanos tal como fueron, me emocionó.

La forma de rodar de Malick es apasionante. Tiene tal pretensión de veracidad que logra meter la cámara entre las manos de la madre y el rostro del bebé, como si no existiese. Todo resulta natural, veraz,  emotivo.
Me llama la atención  el papel del viento en sus películas (las altas hierbas de las colinas en La delgada línea roja. En ésta, el jardín y los árboles mecidos alrededor del padre y sus hijos. Ese leve escalofrío que te hacer sentir más consciente de lo que ocurre a tu alrededor, más vivo, más receptor de tu propia circunstancia.

El comienzo de la película ya nos avisa. "Las monjas nos enseñaban que había dos caminos para vivir, el divino y el de la naturaleza". Malick ha querido, y por momentos conseguido, que siguiésemos ambos.
Es una lástima, la gente iba a ver una de Brad Pitt.

San Manuel Bueno, mártir

de Miguel de Unamuno

Lo he estado leyendo con mi hija, que lo tenía como tarea del Instituto. Hacerlo me ratifica en la creencia de que es absurdo leer por obligación y que para el fomento de la lectura  por lo menos habría que hacer tres cosas:
Una adecuada selección,  "perder" más tiempo en clase leyendo y compartiendo;  y sobretodo aprender a gustar.

No creo que ésta sea una lectura bien seleccionada. Mi hija lee con fruición a Suzanne CollinsNeil Gaiman  o Laura Gallego pero ha tenido dificultades con la sintaxis de don Miguel. Sus dudas y sus reflexiones se retuercen en el texto formando multitud de frases subordinadas, explicativas o yuxtapuestas hasta hacer de los párrafos verdaderos vericuetos en donde lo fácil es perderse.  Y luego está el tema del relato. Evidentemente la distancia literaria entre unos y otros es amplia;  pero existen otras alternativas.

A parte de esto,  tengo que decir que me ha gustado mucho. La memoria que nos refiere  Ángela Carballino sobre Manuel, el párroco de su pueblo, está narrada con pasión.

La obra no llega ni a novela corta. Es un relato largo que abarca toda su vida, trenzada íntimamente a la de Manuel y en la que participa decisivamente su hermano Lázaro. El retrato que hace del cura es apasionado: un hombre siempre bondadoso, siempre solidario que vive entregado a los demás. No es un cura corriente;  su objetivo no es la obediencia ciega a la Iglesia, la condena de los pecadores o el miedo a los Infiernos. Su bondad infinita busca la armonía entre los seres, el consuelo ante las dificultades de la vida. Bastante arduo es vivir como para encima flagelarse con penas y pecados. Pero el santo párroco tiene un secreto que el hermano de Ángela, Lázaro, le arranca en una conversación: él realmente no tiene fe, no cree en la redención, en la vida inmortal del alma. Pero sí cree en su papel de pastor.
"Yo estoy para hacer vivir a las almas de mis feligreses, para hacerlos felices, para hacerles que se sueñen inmortales y no para matarles. (...) ¿Religión verdadera? Todas las religiones son verdaderas en cuanto hacen vivir espiritualmente a los pueblos que las profesan, en cuanto les consuelan de haber tenido que nacer para morir, y para cada pueblo la religión más verdadera es la suya, la que le ha hecho. ¿Y la mía? La mía es consolarme en consolar a los demás, aunque el consuelo que les doy no sea el mío". (pág. 35).
Manuel teme sobretodo la soledad y la ociosidad, que es como decir que teme sus pensamientos. Por esa razón siempre se mantiene activo, ayudando a los demás incluso en las tareas del campo.

Aun sin creer  es capaz de enardecer el sentimiento religioso de toda su comunidad. Hasta Lázaro, que viene de las Américas con  un sentido más pragmático de la vida, acaba reconociendo la santidad del cura: servir a los demás más allá de sus propias convicciones en aras de un bien mayor.

 
En el relato encontramos conversaciones íntimas y trascendentes  sobre la personalidad, el sentido religioso y la inmortalidad; así como la narración de la muerte de la madre, del santo y del propio hermano. He de decir que estos momentos  poseen un patetismo, una intensidad emocional como pocas veces se dan cita en un texto.  

Al final Miguel de Unamuno nos refiere que entrega este documento, esta memoria, tal y como le llegó. El juego del manuscrito encontrado que pervive en la literatura toda desde el propio Quijote.


En un sermón del párroco, repetido por el tonto del pueblo y escuchado por Angela al conocer la verdad del cura; el grito "Dios mío, Dios mío,  ¿por qué me has abandonado?"  es un eco que reverbera por todo el relato.

viernes, 14 de octubre de 2011

Contagio

de Steven Soderbergh

Está claro que a los americanos les gusta este tipo de historias: una pandemia que amenaza con destruir a la humanidad. Se puede decir que cada década tiene la suya, sea el ébola, la gripe aviar o la peste bubónica.
Soderbergh aporta la tensión de una investigación contra reloj, los movimientos típicos de gobiernos y empresas famaceúticas y los pequeños dramas familiares. La aportación más seria es la veracidad de la propuesta. La película está rodada con limpieza y parquedad, sin caer en efectismos. Pero resulta plana, por momentos carente de interés. Se muestra previsible y, sobretodo,  apenas contiene emoción. Como novedad vemos el papel que juega un blogero free lance, interpetado por Jude Law. Pero como todos los personajes -aunque interpretados solventemente por primeras figuras- acaban resultando intrascendentes.

Cuando el asunto es simplemente el pánico general y sus pequeños dramas, para mí carece de interés. Ya Dustin Hoffman se las vió recientemente con un primo del ébola en Estallido de W. Petersen, un thriller que mantiene el interés aunque no pasa de rutinario.
Creo que la pandemia en cine reacciona mejor como escenario que como actor principal. En 2010 pudimos ver The Crazies, de Breck Eisner que se deslizaba gozosamente al ámbito del terror. También la  miniserie de TV El Factor Hades, con Mira Sorvino y Stephen Dorff, ganaba enteros para mí  al añadir un componente de espionaje y suspense que la hacía muy atractiva. No en vano el libro es de Robert Ludlum, autor de la saga Bourne. Y por supuesto mi preferida si el mundo tiene que venirse abajo por una pandemia es Los doce monos, de Terrry Gillian.  Aunque allí la pandemia es el futuro (o el pasado para un confuso Bruce Willis) y lo interesante está en el camino. Si de virus que amenazan al mundo hablamos, no quiero olvidar el clásico de Don Siegel, La Invasión de los ladrones de cuerpos, donde unas esporas llegadas del espacio  nos ofrecían una catástrofe más íntima, eliminando nuestros sentimientos y nuestra moral, en fin, aquello que nos hace humanos. Este miedo debe ser tan cerval que la película, de 1.956, cuenta ya con tres remakes. Uno más militar de Abel Ferrara, flojo. Otro estupendo y respetuoso con el clásico, dirigido por Philip Kauffman y el último Invasión, interpretado por Nicole Kidman, del montón. Sin salir de los clásicos de ciencia ficción, recordaré La amenaza de Andrómeda de Robert Wise, con un desarrollo muy intrigante al encontrar un pueblo donde todos han perecido menos un bebé llorón y un viejo borrachín.

Y volviendo al terror, seguro que todos retenemos en la retina ese Londres desierto y mudo de 28 días después, asolado por un virus de la rabia. Saga magníficamente continuada por nuestro Juan Carlos Fresnadillo en 28 semanas después. 
No salgamos de Londres para finalizar con una terrible amenaza presentada como muy cercana a nuestros días:  Hijos de los hombres de Alejandro Cuarón;  película rodada con un brío extraordinario que refleja una humanidad incapaz de reproducirse, al borde del abismo.