martes, 7 de julio de 2015

Equipo CRÓNICA: un juego y una historia

Pintar es como golpear. 1971. Equipo Crónica




















Artífices de una obra muy pegada a su tiempo, pero también de gran potencia iconográfica, el estilo del Equipo Crónica discurre entre dos riberas bien definidas: apropiación crítica de otros artistas y elementos de los mass media,  e introducción de una carga política y social en el colorista e ingenioso mundo del pop-art.


UNA HISTORIA
Cuando en 1967, el ministro franquista de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne, quiere vender una imagen de apertura, lanza una masiva campaña internacional basada en el slogan "Spain is diferent" y en la utilización espuria de obras universales de Velázquez, Goya o Zurbarán. El Equipo Crónica desmonta esta apropiación del régimen franquista realizando la serie La Recuperación, basada en arrastrar la obra de estos gigantes de la Historia del Arte hasta la paradoja de convertirse en clichés en el mundo contemporáneo.

Pero la historia de la que quería hacerme eco es otro intento de la dictadura por apropiarse del arte. Los tecnócratas del régimen querían ofrecer un rostro más amable de aquella España represiva y cuartelaria. Querían mostrar al mundo una España normalizada y abierta. Incluso construyeron un museo de Arte Contemporáneo cerca de Moncloa......pero faltaban los cuadros. Se puso el ojo sobre los artistas patrios más internacionales para avalar la propuesta. Hueca.
Dispararon alto. El Guernica de Picasso. Obra encargada por un gobierno español (aunque "rojo"), consagrada y reproducida ya en aquella época como un patrimonio universal. El mismísimo Franco dio permiso para entablar las negociaciones con el MOMA de Nueva York. Depositado en el museo neoyorkino hasta el final de la Guerra Civil; en 1958 Picasso había renovado el préstamo  por tiempo indefinido, hasta que se restablecieran las libertades democráticas en España.
Aunque las negociaciones se llevaron con el máximo secreto, los rumores se extendieron y el Equipo Crónica reaccionó presentando la serie Guernica69, compuesta por cuadros como El Embalaje, Después de la batalla, La Visita o el célebre El Intruso
El Intruso. Equipo Crónica

En este cuadro el choque se produce en múltiples niveles: los tonos grises contra el color, el dramatismo y los cuerpos mutilados contra la amable fantasía que representa el Guerrero del Antifaz. Pero sobretodo convoca una enorme ironía. El popular héroe juvenil de los tebeos (aún no eran cómics), íntegro y protector, irrumpe en un contexto absolutamente ajeno de terror, dramatismo e indefensión. El valiente y noble guerrero queda identificado así con el poder destructor de la dictadura y el fascismo.

La historia de esta tentativa de recuperación del Guernica se ha contado varias veces. Una de las narraciones más detalladas y fiables se encuentra en Gijs van Hensbergen. Guernica : the biography of a twentieth-century icon. London, 2004; según recomienda el  historiador, ideólogo y teórico del Equipo Crónica, Tomàs Llorens, que, en el catálogo de la Exposición del Museo de Bellas Artes de Bilbao, escribe:
"Guernica 69 es, sin duda, una de las series más conseguidas del Equipo, muy continuista. Como expresaron ellos mismos, «no existen [en ella] variaciones importantes respecto a La recuperación». Su éxito se debe a que, como dice Marín Viadel, «el Equipo Crónica abordó en el conjunto de la serie un relato fantástico»: el del supuesto retorno del Guernica, su instalación en el nuevo edificio del museo (que estaba en construcción cuando se pintaron los cuadros y había de tardar aún seis años en abrirse al público), la inauguración, retransmitida en directo por TVE, etcétera. Cada cuadro puede verse como un episodio engarzado en el hilo narrativo de la ficción general, aunque, como ocurre en las narraciones fantásticas medievales, cada episodio goza de una amplia autonomía. El vigor narrativo de la historia se alimenta, escena por escena, de las iluminaciones y sorpresas que producen las citas, descontextualizaciones y recontextualiciones de las figuras pictóricas, extraídas del cuadro de Picasso, pero situadas en espacios arquetípicos cargados de referencias culturales: el museo, el convento zurbaranesco, el paisaje de la meseta castellana, la galería de tiro, etcétera. Uno de los episodios más memorables, El embalaje, está dedicado al traslado físico del cuadro; el embalaje de papel se ha roto y por el hueco asoma la cabeza del caballo picassiano enloquecida, no se sabe si por el bombardeo de 1936 o por el descubrimiento de que ha llegado al Madrid franquista de 1969."
El Embalaje, Equipo Crónica. Obra Social La Caixa















































UN JUEGO

En el cuadro Escuela de Paris, obra de grandes dimensiones (200cm x 200cm), el Equipo Crónica incluye múltiples citas. La cita, según Ricardo Marín Viadel, "sustituye nuestras palabras por las de otro. Así, junto a la mera expresión de esa idea o de esa imagen se da pie a un diálogo entre el autor citado y el que cita, entre lo que tal fragmento significaba en su lugar originario y lo que le hace decir quien lo toma prestado. La cita crea una red de asociaciones e implicaciones, de interconexiones entre diferentes épocas y circunstancias sumamente sugerentes." 

El cuadro pertenece a la serie Policía y Cultura (1971) y reproduce la tensión entre el primer plano y el segundo tan característico del colectivo, que en este caso no es, por otra parte, más que la tensión entre la represión (franquista o institucional) y las corrientes culturales que unidas a la libertad y la democracia recorrían Europa. El blanco y negro de la realidad nublando la imaginería de las vanguardias europeas.

Te propongo un juego. Identificar las citas pictóricas que bullen por la tela. 

Escuela de Paris, Equipo Crónica


g     a     b     p     b     b     a      n     I     p     n     h
i      u     a     i      o     o     r       a     a    e     u     o
r     t       i      f     d     d     q       t     n     r     b      j
a    o       l     a     e     e     u      u     d    s     e     a 
s    r       a     n     g     g     i       r     T     o    s     M
o    r       r     o     ó     ó     t       a     h     n    y     a
l     e       i     M    n     n     e      l      e     a     á    g
e    t       n     a     P     J     c      e     V     j     r     r
s    r       a     n     i      u      t      z      i      e    b     i
V   a      T     e     c     a     u      a      l      M   o     t
a    t      o      t      a     n     r      m     l      o     l     t
n    o     u             s     G    a      u     a      d    G   e
G   V     l              s     r     s      e      g      i     a
o    a     o             o     i     L      r       e     g     u
g    n     u                    s    è      t       C     l     g
h   G     s                           g     a      h      i     i
      o     e                           e     C     a      a    n
      g     L                           r      e     g      n
      h     a                                  z      a      i
             u                                  a      l
             t                                   n      l
             r                                   n
             e                                  e
             c


domingo, 28 de junio de 2015

KILL List - Ben Wheatley

Inglaterra, 2011











Kill List pertenece a un extraño y reducido tipo de películas que guardan en su interior una violenta quiebra en su aparente itinerario. Con la que más semejanzas guarda, por supuesto, es con El Hombre de Mimbre (The Wicker Man) inclasificable film británico de 1973; pero también con Carrera con el diablo (Race with the Devil), una serie B con el siempre fronterizo Peter Fonda huyendo de una secta satánica en la Texas más profunda. E incluso me atrevo a relacionarla con una propuesta sumamente radical, Martyrs, de Pascal Laugier.

La cinta que nos ocupa comienza como un drama familiar, por el mal encaje de un soldado a su regreso de Afganistán, para derivar hacia la psicosis y desembocar en el puro terror.


Jay (Neil Maskell) es un exsoldado desorientado. Son constantes las broncas con su mujer; pero un día, su amigo y compañero de armas Gal, le propone una forma de reconducir su alborotada adrenalida: hacerse socios y convertirse en sicarios. Dos trazos nos avisan que el misterio acecha. Durante la cena de esta propuesta, la novia del amigo dibuja tras un espejo un símbolo nigromántico. Poco después, cerrando el trato, los tipos que les contratan no se conforman con un simple apretón de manos. Inopidamente retienen la mano de Jay y le hacen un profundo corte para sellarlo con sangre. 
Dos son los puntos fuertes de la película. El personaje de Jay, confuso y alucinado, logra arrastrarnos por el laberinto fungoso en el que penetra. 
Y la forma de narrarlo. Las secuencias tienen planos mutilados, cortados a machete; como que albergasen huecos de memoria en blanco.

El protagonista parece prisionero de un mecanismo que no controla. Está encerrado en su mente. Según pasan los minutos más parece una pieza ciega de un oscuro engranaje.

Todo carece de equilibrio. Jay y su mujer se gritan y pelean; pero al momento se están besando. Del mismo modo con su amigo Gal. Se insultan, se desprecian y se abrazan sin solución de continuidad.

Lo mejor es esa sensación de mal rollo que se va apoderando del espectador y que ve cómo se acrecienta el desconcierto y la pesadilla. Por momentos es como si la realidad se escapase de entre los dedos. Todo es cada vez más extraño e inquietante y además, sin explicaciones.

La película se divide en capítulos, El cura, El bibliotecario, el Policía Militar... Son los encargos. Pero no se trata sólo de asesinato. Lo perturbador, lo que nos deja con la mosca detrás de la oreja, es que las víctimas parecen darles la bienvenida, como que los están esperando. Golpeados y heridos de muerte, se muestran complacidos: "Hola, te agradezco que estés aquí. Estoy encantado de conocerte."

Esta reacción exaspera a Jay que eleva su virulencia hasta el paroxismo. Alguna de las secuencias son ultraviolentas. Por su falta de asideros, Kill List es desasosegante, aunque tenga un desenlace más bien convencional.

El caso es que el director quiso un final abierto. Según él, "Se puede leer como una película de serie B donde un chico se enreda con un culto y todo va demasiado lejos. O puede leerse como que Jay simplemente es un loco de mierda. Lo cual no es muy satisfactorio, ¡lo sé! Pero decidimos dejarla abierta. No todo tiene que ser explicado. Hay cosas que son inexplicables, y el misterio es mucho más interesante que la realidad."

Película notable de un director muy peculiar. Ben Wheatley tiene en su haber otras tres películas a cual más inquietante y bizarra. Down Terrace (2009), Turistas (Sightseers, 2012) y A Field in England (2013). En todas ellas mezcla, con fuerte sabor, la comedia más negra y la más seca violencia.

jueves, 25 de junio de 2015

El ESCRITOR como OUTLAW - por Blaise Cendrars

Al final de Moravagine, Blaise Cendrars incluye un apéndice titulado: Pro Domo ¿Cómo escribí Moravagine?.  Allí confiesa la delicia y la tortura de ser escritor. Nos declara tres etapas en su proceso de escritura, la primera de formulación (ideas y pensamientos), la segunda de estilo, donde se modulan imágenes y palabras. Y una tercera de fijación, la más dura.
La felicidad inicial de tema, personajes y arquitectura del libro deja paso a la desesperación por no avanzar, a la rebeldía de sentirse prisionero de una obra imposible de concluir. La lucha del autor con su obra es titánica. De tal modo que, cuando logra acabarlo está Brasil y corre a la habitación de su anfitriona, en plena noche,  gritando: "Imagínese, he acabado mi libro, está terminado. ¡Soy un hombre libre!..."

No me resisto a reproducir un par de extractos de este Pro Domo.






     "Es el 31 de julio de 1917.
    Mi pensamiento es claro. Domino el tema. Trazo un plan preciso, detallado. Mi libro está hecho. No tengo más que escribir el desarrollo literario alrededor de su bien plantada armazón. Puedo empezar por cualquier número de mi programa. Todo está bien dispuesto. El libro está dividido en tres partes de 72 páginas cada una. Escribiendo tres páginas por día, puedo acabarlo en un mínimo de tres meses. Todo me parece simple y fácil.
     Ya veremos.
    Tengo que superar la pereza que es el fondo de mi temperamento, la indolencia de mi carácter, esta tendencia satánica a la autocontradicción que interviene siempre y me hace fallar en montones de cosas, que me desdobla y que hace que me ría de mí mismo en cualquier ocasión y en todo momento, que me lanza a situaciones difíciles. Tambien tengo que vencer el miedo, ese estado de trance que me invade y me paraliza en la víspera de empezar un trabajo literario de gran envergadura y que va a encerrarme entre cuatro paredes, trabajos forzados, vida de presidio durante largos meses mientras los trenes circulan, los barcos van y vienen, y yo no estoy a bordo, ¡mientras hombres y mujeres se despiertan, yo no podré estar ahí para darles los buenos días! Verdaderamente es necesario poseer una enorme reserva de felicidad almacenada para ponerse deliberadamente en esta situación de outlaw que es la del hombre de letras en la sociedad contemporánea."



Francis Bacon "Crouch"




  "Yo no creo que haya temas literarios, o mejor, no hay más que uno: el hombre.
    Pero, ¿qué hombre? El hombre que escribe, pardiez, no existe otro tema posible.
    ¿Quién es? En todo caso no soy yo, es el Otro.
    "Soy el Otro", escribió Gerard de Nerval al pie de una de sus pocas fotografías.
    Pero, ¿quién es ese Otro?
    Importa poco. Os encontráis con un tipo por casualidad y no le volvéis a ver nunca más. Un buen día ese señor reaparece en vuestra conciencia y os jode durante diez años. No es siempre alguien agudo: puede ser amorfo, incluso neutro.
    Esto es lo que me ha ocurrido con el señor Moravagine. Quería ponerme a escribir y había ocupado mi sitio. Estaba ahí, instalado en el fondo de mí mismo como en un sillón. Podía sacudirle, debatirme, que no quería cambiar de sitio. "¡Estoy aquí y aquí me quedo!", parecía decir. Era un drama horroroso. Con el tiempo comencé a notar que ese Otro se apropiaba de todo lo que me ocurría en la vida y que se engalanaba con todos los rasgos que yo podía observar a mi alrededor. Mis sentimientos, mis estudios favoritos, mi manera de sentir, todo convergía hacia él, era suyo, le hacía vivir. He alimentado y educado a un parásito a mi costa. Al final yo no sé quién de los dos plagiaba al otro. Pero nunca hubo identificación real, ya que cada uno era él mismo, yo y el Otro. Trágico mano a mano que hace que no se pueda escribir más que un libro o varias veces el mismo libro. Así se explica que todos los bellos libros se parezcan. Todos son autobiográficos. Por eso sólo hay un único tema literario: el hombre. Por eso no existe más que una literatura: la de este hombre, la de este Otro, el hombre que escribe."

lunes, 22 de junio de 2015

El NIÑO 44 - de Tom Rob Smith









En la Unión Soviética de 1953, todo ciudadano es sospechoso. Solo hace falta un pequeño indicio para que se active el aparato represivo del Estado....y si se activa ya no parará. Un gesto, una palabra, una mirada de soslayo puede interpretarse como la confirmación de que eres un espía. Si ingresas en la Lubyanca, el tétrico edificio de la Seguridad del Estado, acabarás admitiendo lo que sea. El Estado funciona bajo una atroz premisa: "El terror es necesario. El terror protege la Revolución". El libro se abre con la detención de un veterinario.
"-Puede ahorrarse un sufrimiento innecesario si habla conmigo. No he hablado con nadie que no haya terminado deseando haberlo confesado todo desde el principio. ¿Qué gana usted con el silencio?
-No gano nada.
-¿Entonces me dirá la verdad?
-Sí.
-¿Para quién trabaja?
-Anna Vladislanvovna. Su gato se está quedando ciego. Dora Andreyeva. Su perro no quiere comer, Arkadi Maslow. Su perro se ha roto una de las patas delanteras. Matthias Rakosi. tiene una colección de pájaros exóticos.
-Si es usted inocente ¿porqué huyó?
-Huí porque ustedes me perseguían. No hay otra razón.
-Eso no tiene sentido.
-Estoy de acuerdo, pero no deja de ser cierto. Cuando a uno lo persiguen, siempre lo arrestan. Cuando a uno lo arrestan, siempre es culpable. Nunca traen aquí a ningún inocente."
Leo Demidov es uno de los mejores agentes de seguridad, héroe de la guerra contra los nazis; pero todo es insuficiente cuando un día aparece el nombre de su mujer entre las delaciones de un arrestado. De pronto la vida de Leo da un vuelco. Peligra su status y hasta su vida.

El libro se basa en dos tramas paralelas. La investigación que lleva a cabo Leo sobre los múltiples asesinatos de niños a lo largo de una línea férrea y su enfrentamiento con el sistema representado por Vassily, un compañero en la policía que le tiende una trampa para desprestigiarlo y ocupar su puesto.

El ambiente donde se desarrollan estas dos contiendas es el tercer protagonista: la vida irrespirable bajo el férreo estalinismo: la sociedad comunista es la ideal, así que no hay asesinatos que investigar pues "no hay crímenes en el paraíso".

Como todo buen best-seller, El niño 44 es un perfecto engranaje en el que cada capítulo te lleva en volandas al siguiente. Basta un puñado de páginas para que surja una nueva información, un aspecto sorprendente o un nuevo personaje que ilumina la trama. 

El autor sabe introducir cada nuevo giro de forma intrigante y sorprendente. Por ejemplo cuando Leo es degradado y trasladado al remoto poblado de Volks, allí encuentran el cadáver de una niña que Leo relaciona con el primer asesinato, el del hijo de su compañero de milicia Fyodor. Pero la forma de empezar este nuevo relato es a través de una prostituta que nos cuenta sus anhelos. Del mismo modo, la forma de presentar a Nesterov, el nuevo jefe de Leo en Volks, es in media res, salvando a un niño raptado por un joven psicótico, obsesionado con el color amarillo.
Los materiales narrativos conforman un puzzle que va cobrando forma de un modo insidioso y rítmico.

Las escenas están montadas con precisión cinematográfica, no en vano el autor ha sido guionista de tv. La persecución del veterinario es todo acción y nos sirve para conocer el carácter indomable de Leo y la vesania de Vassily, que asesina fríamente a unos granjeros más por reforzar su ego que por ser culpables. Del mismo modo ocurre en el seguimiento que hace Leo de su mujer. O en el viaje de incógnito a Moscú para recabar información de Fyodor.
Fotograma de la película El niño 44

A pesar de primar la acción, abundan las reflexiones sobre el sistema. Los personajes tienen entidad. Leo es un hombre íntegro que verá caer el velo de su lealtad ciega al estado. 
"¿No es así como empieza todo? Tienes una causa en la que creer, una causa por la que merece la pena morir. Muy pronto se convierte en una causa por la que merece la pena matar. Después se convierte en una causa por la que merece la pena matar a gente inocente."
Vassily es un loco que aprovecha los engranajes de un estado basado en el terror. Nesterov, es honesto y provinciano. La mujer de Leo, Raisa, es un personaje complejo que vive profundamente aterrada. Incluso los secundarios tienen brillo, como el pobre encargado de estación que provocará un cúmulo de detenciones, el veterinario o el compañero liberal de Raisa, que esconde un terrible juego a cuenta de un libro, Por quién doblan las campanas

Este es un best seller terso y magnético que circula por los raíles de una investigación criminal por un lado y un ambiente opresivo por otro, siendo éste uno de los mayores aciertos de la novela. Las gélidas temperaturas en que se mueven los protagonistas están exacerbadas por una asfixiante opresión social: "Es mejor que sufran diez inocentes a que escape un solo espía" y espía lo puede ser cualquiera, porque el trabajo policial se basa en la presunción de culpabilidad: "Un agente debe enseñar a su corazón a ser cruel. La crueldad era un valor sagrado en su código profesional. La crueldad era una virtud. La crueldad era necesaria. ¡Aspiremos a la crueldad! La crueldad era la llave para las puertas del Estado perfecto. Si pertenecer a la Cheka era como ser creyente de una doctrina religiosa, la crueldad era uno de los mandamientos principales."

Como en muchas intrigas el comienzo es un pasado remoto que terminará condicionando toda la historia. La hambruna de 1933 llevó a la población incluso a matar niños con los que alimentarse. 
A lo largo de las vías, los niños aparecen destripados, junto a un fragmento de cuerda y unas cortezas en la boca. Un ritual que se revelará, en un sorprendente giro final, como un terrible sistema de comunicación.



P.D.
La historia está inspirada en Andrei Chikatilo, el carniero de Rostov. que asesinó durante doce años a 53 personas, sobre todo niños, niñas y chicas muy jóvenes. Nacido durante la hambruna de los años treinta, siempre le obsesionó la historia de su hermano mayor, Stephan, raptado y devorado por hambrientos campesinos. Vivió impune durante muchos años gracias a su carácter estable y trabajador, llegando a ser un respetado miembro del Partido Comunista. Finalmente fue detenido en 1990 y sentenciado a pena capital en 1992. El juicio se convirtió en un circo mediático debido a su afán de notoriedad y exhibición. Asistió al juicio encerrado en una jaula de barrotes y no dudó en desnudarse y menear su pene fláccido: "Fíjense qué inutilidad. ¿qué pensaban que podía hacer con esto?". Fue ejecutado en febrero de 1994.


Asimismo en la novela podemos descubrir los ecos de una siniestra y maravillosa película española (en coproducción con Alemania y Suiza) de los años 50, El cebo, de Ladislao Vajda. Una obra maestra que nos invita a los miedos que habitan en lo más profundo del bosque y a imbuirnos de ogros, madrastras y cazadores. Cuando una niña aparece asesinada la policía no encuentra más pistas que un dibujo realizado por ésta. La amenaza de un criminal de corpachón grande y oscuro se cierne sobre el pueblo y la policía no encuentra más solución que ponerle un cebo. 
Todo el que haya visto la película guardará en la retina sus expresionistas imágenes y recordará la interpretación de Gert Fröbe en un papel muy diferente al de su mítico Goldfinger.

sábado, 20 de junio de 2015

El NIÑO 44 - de Daniel Espinosa








Desastrosa adaptación del magnífico thriller original de Tom Rob Smith. Sin justificación alguna se carga la motivación del asesino, perdiendo uno de los anclajes más importantes de la trama; así como una de las escenas de mayor intriga del libro: cuando están torturando al policía caído en desgracia, Leo Demidov, y le someten al suero de la verdad. Lo que allí era una revelación que daba sentido a toda la intriga, aquí se ignora y trivializa. Mutilada de sus elementos primordiales, la cinta deviene en un producto lento y disperso.

En la Rusia de Stalin de 1953 conviven dos policías políticos: Leo (Tom Hardy), héroe de guerra, y Vassily, un cobarde que ahora aprovecha su status para mostrarse despiadado con los débiles. Vassily tiende una trampa a Leo para desprestigiarlo y hacerse con su puesto; pero entremedias se cruzarán una serie de asesinatos de niños. El sistema comunista tiene decretada una sociedad ideal donde no cabe el crimen, de modo que los resuelve con detenciones rutinarias. A pesar de ello y de que Leo es degradado, éste continuará su cruzada hasta encontrar al asesino.

La película se articula con lo más básico de la trama del libro, por lo que el interés de la premisa se va perdiendo por el camino. El deficiente desarrollo de la acción hace que ésta suceda a trompicones, desconcertando en muchos momentos al espectador.

Además, la película olvida de forma lamentable al tercer protagonista de la novela, la vida irrespirable bajo el estalinismo; una vida llena de humillación, angustia y silencio opresivo. Esta ambientación, que en la novela permea cada página, en la película se solventa con una simple ironía que le sueltan al investigador, "no hay crímenes en el paraíso".

Para colmo desnuda al protagonista de cualquier complejidad. De modo que la interpretación de Tom Hardy está desenfocada. A veces parece hundido y temeroso, a veces decidido. No logra en ningún momento el tono de un hombre íntegro, punzado por la duda ante el sistema que sirve e incapaz de componendas para echar tierra sobre los crímenes. 

Naomi Rapace sí nos ofrece un personaje angustiado, capaz incluso de engañar a su marido con tal de sobrevivir.

La producción tiene potencia y vistosidad, pero se ha olvidado del libreto, desperdiciando magníficas ideas y secuencias que estaban perfectamente escritas en el libro.